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Escuela

Sin drogas

Orientaciones para prevenir y abordar


el consumo y tráfico de drogas en
establecimientos educacionales a tra-
vés de la construcción de una política
preventiva


Indice Pág.

Presentación 5
Introducción 7

I. Antecedentes 9
a.Estudios 9
b.Marco conceptual 15
c.Marco normativo y legal vigente 21

II. Política Preventiva 25


a.Desarrollo preventivo en los establecimientos educacionales 25
b.Niveles preventivos de los establecimientos 31
c.Elaboración de una política preventiva 37
d.Pasos para elaborar la política 43

III. Tipos de Prevención 60

IV.Prevención Universal Primaria 64


a.El “Continuo Preventivo” en la escuela 67
b.“Prevenir en familia” 76

V. Prevención Selectiva Secundaria 82


Orientaciones para abordar el consumo de drogas en los alumnos 82
a.Consumo de drogas en la adolescencia 87
b.Factores protectores y de riesgo 91
c.Detección precoz del consumo de drogas 95
d.Niveles de consumo 98
e.Consumo escolar: cómo lo enfrentamos 101
f.Pautas de evaluación 104
g.Pautas de intervención 115

VI. ¿Qué hacer con el microtráfico? 122


a.Orientaciones para abordarlo 122


b.Medidas preventivas 124
c.Recomendaciones 126

VII. Seguimiento y evaluación de programas preventivos 128

VIII. Anexos 137


1.Redes 137
2Glosario 149
3.Principales drogas y sus efectos 157
4.Legislación vigente 179
5.Instrumento para diagnóstico en la escuela 207

IX. Biblografía 217


Presentación

El Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE), dependien-


te del Ministerio del Interior, y el Ministerio de Educación han desarrollado el
texto: “Escuela sin drogas”, destinado a entregar orientaciones y recomenda-
ciones para prevenir y abordar el consumo y tráfico de drogas en los estableci-
mientos educacionales a través de la construcción de una política preventiva.

Hacer prevención en el contexto escolar en Chile implica no sólo abordar las


condiciones que pueden estar actuando como factores de riesgo al consumo
de drogas a nivel individual, sino también implica una gestión global del esta-
blecimiento, que permita potenciar prácticas de convivencia escolar y espacios
de participación, que influirán paulatinamente en un mayor nivel de desarrollo
preventivo y en la generación de una cultura de autocuidado. Es necesario
considerar que el Desarrollo Preventivo del Establecimiento se fundamenta en
una orientación integral, es decir, las unidades educativas requieren que todas
sus partes funcionen como un todo para resolver las dificultades asociadas al
consumo y que sus equipos directivos cuenten con el compromiso, las habili-
dades y las herramientas concretas, que les permitan elaborar una política de
prevención que integre las distintas iniciativas desarrolladas.

Este manual constituye un apoyo para la comunidad educativa -en especial los
cuerpos directivos, docentes y co-docentes- de los distintos establecimientos
del país, de tal manera de entregar información, orientaciones, indicaciones
y recomendar líneas de acción concretas para generar un espacio libre de
drogas y estimular estilos de vida saludable entre los alumnos/as. Con ello, se
pretende reforzar y fortalecer valores y principios asociados al autocuidado,
aplicar de manera efectiva los programas preventivos, elaborar normativas que
orienten la manera de actuar asociada al tema de consumo y tráfico, así como
establecer estrategias para abordar los casos en que ya existe consumo.


Junto con detallar los elementos básicos para la generación de una política
preventiva eficaz, que contemple las variables sociales relevantes para dicha
finalidad, entrega antecedentes actualizados sobre consumo y tráfico de dro-
gas entre escolares, desarrolla el marco conceptual sobre el que se inserta la
implementación de los programas de prevención de CONACE y ofrece una
selección de los principales aspectos legales sobre el tema.

Esperamos que este manual sea una herramienta útil para apoyar los esfuer-
zos que realizan los establecimientos educacionales, en su labor de prevenir el
consumo de drogas y propiciar un entorno más saludable.


Introducción

Los diferentes estudios realizados en el mundo plantean que una de las alter-
nativas de solución más importantes para abordar efectivamente el problema
del consumo de drogas es a través de una educación preventiva en la escue-
la.

Prevención significa anticiparse antes que el problema aparezca. Se debe ini-


ciar el proceso preventivo en la educación parvularia y continuar durante todos
los ciclos educativos hasta la educación media y superior, en un proceso gra-
dual, continuo y sistemático. Este proceso debe promover estilos de vida sa-
ludables y el desarrollo de actitudes, valores y comportamientos que permitan
a los alumnos y alumnas enfrentar eficazmente los riesgos a los que se ven
expuestos, autocuidarse, acrecentar su poder de decisión y comprometerse
con un proyecto de vida.

Sin duda uno de los principales desafíos es generar ambientes educativos


saludables, protectores y potencialmente capaces de entregar herramientas y
habilidades a los alumnos para enfrentar con éxito los cambios y las exigencias
sociales.

Se trata de evitar que los alumnos consuman drogas y de orientarlos en aque-


llos casos en que se presente el problema. Esto supone reconocer que el fe-
nómeno existe o puede existir, que constituye una amenaza para su desarrollo
integral, y afecta el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que produce graves
consecuencias personales, familiares y sociales.

Además, es necesario manejar elementos que permitan enfrentar la posible


presencia de redes de microtráfico en los entornos educativos o dentro de
ellos, lo cual genera un reto adicional a la comunidad escolar, la que debe
estar atenta a este fenómeno, para proteger a los jóvenes, fortaleciendo su
formación valórica.


Uno de los principales desafíos para abordar los problemas de consumo de
drogas en los establecimientos educacionales, es generar una cultura escolar
preventiva, que sea capaz de desarrollar herramientas y habilidades en los
alumnos para enfrentar con éxito los cambios y las exigencias sociales.

Para abordar esta problemática resulta relevante impulsar e implementar una


política que permita prevenir el consumo de drogas e intervenir eficazmente,
a través de acciones que incorporen a toda la comunidad educativa (docentes,
co-docentes, familia, alumnos) a fin de procurar el desarrollo de ambientes
saludables, implementando programas específicos para cada nivel educati-
vo, e incorporando la prevención al interior de los sectores y subsectores de
aprendizaje, haciendo de esto un proceso continuo y cotidiano del quehacer
educativo-formativo.

Para ello, CONACE y el Ministerio de Educación han desarrollado una serie


de programas de prevención escolar para los alumnos de los distintos ciclos
educativos, desde educación parvularia hasta educación media, los que con-
forman un Continuo Preventivo, junto con un programa dirigido a la familia,
“Prevenir en Familia”, que busca fortalecer a los apoderados en su rol protector
del consumo.

El material que presentamos, “Escuela sin drogas”, ha sido elaborado especial-


mente para orientar a la comunidad educativa en la elaboración de una política
escolar que aborde la prevención del consumo de drogas, y los problemas
derivados del mismo, desde un punto de vista informado, práctico e integral.
Esperamos que este material constituya una herramienta valiosa para que la
sociedad en su conjunto pueda seguir trabajando en la prevención del consu-
mo de drogas.


I. Antecedentes

a) Estudios

Consumo

La serie de estudios sobre consumo de drogas en población escolar en Chile


realizados por CONACE (2001-2003-2005) destaca la presencia de cinco facto-
res asociados en forma directa al fenómeno:

Percepción de riesgo: en este sentido, mientras mayor es la percep-


ción del riesgo que implican las drogas, se constata un menor nivel
de consumo entre los alumnos.

Familia: los alumnos con padres involucrados en la vida de sus hijos


presentan menores prevalencias de consumo de drogas.

Normas y límites: los alumnos con padres, profesores o amigos


con una clara actitud de oposición al consumo, presentan una menor
prevalencia de consumo de drogas.

Mejor experiencia educativa: se constata que es más bajo el uso


de drogas en alumnos que han tenido una mejor experiencia educa-
tiva, lo que generalmente ha posibilitado un buen rendimiento y la
construcción de claras expectativas educacionales.

Convivencia escolar: los alumnos que se sienten más integrados a


su establecimiento, van contentos al colegio y tienen profesores que
se preocupan y establecen una buena relación con ellos, presentan
menor prevalencia de consumo.


Al leer los resultados de los estudios desde una perspectiva evolutiva, se apre-
cia cierta estabilidad en los niveles de consumo de drogas entre los alumnos
del sistema escolar de nuestro país en el actual decenio. La única droga que
señala un aumento en el consumo/año es la marihuana (15,1% el 2005, en
comparación con el 13,1% obtenido el 2003). Sin embargo, al desagregar ese
dato por cursos, se observa que el mayor incidencia se debe al aumento del
consumo en los cursos superiores de enseñanza media, pues en los demás
el consumo se mantiene estable. En Octavo Básico, por ejemplo, el consumo
de marihuana no ha aumentado y se mantiene con prevalencias del orden del
5%, con un registro decreciente en la serie completa de estudios (2001, 2003,
2005). Por el contrario, en Tercero y Cuarto Medio se han obtenido los regis-
tros más altos de la serie, con diferencias de 3 y casi 5 puntos porcentuales
entre 2003 y 2005. En Cuarto Medio, por ejemplo, el estudio 2003 arrojó una
prevalencia de consumo/año de 22,5%, en comparación con el 27,1 observado
en el estudio 2005.

Tomando siempre como referencia la prevalencia de último año, el último es-


tudio no registra variación en el uso de pasta base: la variación de la serie los
años 2001, 2003 y 2005 arrroja resultados de 2.2%, 2.4% y 2.6%, la que no es
estadísticamente significativa y no debe interpretarse como un aumento.

Los resultados obtenidos en uso de cocaína se mantienen igualmente es-


tables: los datos de la serie son 3.1%, 3.0% y 2.9% con diferencias que no
deben ser interpretadas como una disminución.

A diferencia de la marihuana, que aumenta hacia el final de la enseñanza me-


dia, tanto la pasta base como la cocaína muestran una declinación en Tercero
y sobre todo Cuarto Medio, mientras en Octavo Básico se mantiene estable
y en Primero y Segundo Medio registran incrementos estadísticamente signi-
ficativos.

También en contraste con la marihuana, la pasta base y cocaína siguen man-


teniendo una mayor presencia entre los hombres, quienes presentan preva-
lencias que casi doblan las de las mujeres. El uso de pasta base (y en menor
medida el de cocaína) conserva su sesgo característico en contra de los co-

10
legios municipalizados, donde las prevalencias son siempre mayores que las
que existen en los colegios particulares. En su conjunto, las prevalencias de
cocaína total (pasta base y/o cocaína) se han mantenido estables en torno al
4% en el cuatrienio, con una tendencia, sin embargo, a que los consumos se
equiparen en los diferentes niveles de la enseñanza.1

Otro dato significativo lo aporta la relación entre tabaco y drogas, en tanto


el 90% de los consumidores de drogas ilícitas son fumadores de tabaco. Es
destacable que el inicio del uso de tabaco es casi siempre anterior al de drogas
ilícitas.

El mismo estudio permite deducir que los alumnos que han participado 2 años
en los programas del Continuo Preventivo presentan una mayor percepción de
riesgo en torno al consumo de drogas, en comparación con aquellos alumnos
que no han participado. Así, los alumnos de Octavo Básico que han participado
dos años en el programa “Quiero Ser” declaran que consumir marihuana y
cocaína es un “gran riesgo” en un 35% y 42% respectivamente. En cambio,
quienes no han participado en este programa presentan un índice de “gran
riesgo” que baja al 21% y 26% respectivamente. Este dato es relevante, pues
como señalamos, la variable “percepción de riesgo” es inversamente propor-
cional con el consumo de drogas.

Asimismo, los estudios demuestran en forma constante la importancia del


“involucramiento paterno” en la vida de los hijos y de la “vida en familia” en la
prevención del consumo de drogas. Padres que comparten, conocen y super-
visan las actividades que realizan sus hijos o hijas, inhiben significativamente
el uso de drogas. Los hijos de padres “muy involucrados” presentan preva-
lencias año de consumo de drogas de 10%. Al contrario, los hijos de padres
“nada involucrados” en su formación presentan prevalencias de consumo de
drogas de 35%.

1 CONACE, Sexto Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar de Chile, 2005, 8º básico a 4º
medio, Informe Final, octubre 2006, Santiago, http://www.conacedrogas.cl/inicio/pdf/Informe_Fi-
nal_Escolares_05_octubre_11_06.pdf

11
En este sentido, es relevante observar que los índices de consumo de drogas
están asociados al tipo de experiencia educativa. Los estudiantes que han
tenido buenas experiencias educativas presentan un menor índice de consu-
mo de drogas, insertándose en un contexto que generalmente ha posibilitado
un buen rendimiento y la construcción de claras expectativas educacionales.
Como dato significativo en este punto destaca que entre los jóvenes de 12 a
18 años que desertan del sistema escolar las tasas de consumo de marihuana
y cocaína son 5 y 4 veces más altas, respectivamente, que las observadas en-
tre los jóvenes que permanecen en el sistema escolar, constatando el rol de la
comunidad educativa como un importante factor de protección.

Al observar estos datos, se colige que asegurar la aplicación de los programas


del Continuo Preventivo, propiciando la participación de los alumnos en sus
sesiones, buscando integrar a sus contextos familiares y sociales con el fin de
conformar contextos preventivos, se constituye en el principal eje de acciones
de la gestión en este ámbito.2

Exposición al tráfico

A diferencia del consumo, la percepción de facilidad de acceso a las drogas


baja significativamente en el último estudio (2005). El porcentaje de estudian-
tes que declara que le sería fácil conseguir marihuana, que se mantuvo alrede-
dor de 45% en los estudios anteriores, baja a 41% en el estudio actual, con un
descenso de 27% a 22% en Octavo Básico. También el porcentaje de alumnos
que declara que podría conseguir marihuana dentro del día desciende los mis-
mos 4 puntos porcentuales, de 44% a 40%. Esta caída en la facilidad de acce-
so a la marihuana está enteramente localizada en colegios municipalizados y
subvencionados, mientras que los particulares pagados se mantienen igual.

2 CONACE, Op.Cit.

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La exposición total a ofrecimientos de drogas ilícitas en los últimos 12 me-
ses confirma estos resultados. Entre los años 2003 y 2005 el porcentaje que
declara que le ofrecieron marihuana en los últimos 12 meses bajó de 30% a
28%. Sin embargo, estos progresos obtenidos en el caso de la marihuana no
se repiten con igual fuerza en cocaína, pasta base y éxtasis. Los ofrecimientos
directos de cocaína y pasta base se mantienen estables alrededor del 10%
y 8% respectivamente entre 2003 y 2005, mientras que el éxtasis vuelve a
marcar cerca de 7%.

Un resultado muy importante en el ámbito escolar es la caída pronunciada en


la percepción de uso, porte y tráfico de drogas en los colegios. El porcentaje
de alumnos que declara que dentro de los colegios hay drogas (algunos estu-
diantes traen, prueban o se pasan drogas dentro del colegio) ha marcado 38%,
35% y 30% en el período, es decir, ha descendido en 8 puntos porcentuales.
Asimismo, el porcentaje que indica que en los alrededores del colegio hay
drogas ha caído de 47% en los dos estudios anteriores a 41% en el estudio
actual, esto es, 6 puntos porcentuales.

Estos resultados son similares en todos los cursos, aunque más pronunciados
todavía en los cursos superiores de la enseñanza media, como se puede ob-
servar en la caída de 14 puntos que registran los Cuartos Medios en el caso
de drogas dentro del colegio.

La percepción de que existe droga dentro del colegio sigue siendo más alta en
los colegios municipalizados respecto de los particulares, con una brecha muy
amplia que va de 38% a 23% en los subvencionados y 26% en los pagados.
Sin embargo, también los colegios municipalizados han progresado enorme-
mente, con una caída de 7 puntos porcentuales en la percepción de drogas
dentro del colegio y de 5 puntos en los alrededores del colegio.

Algunos de estos datos pueden estar incidiendo en la caída que se ha regis-


trado en la percepción de facilidad de acceso que se comentó anteriormente.
El esfuerzo por construir ambientes escolares libres de drogas tiene un buen
indicador de éxito en estos resultados.

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De acuerdo a estos antecedentes, podríamos señalar que los equipos direc-
tivos de los establecimientos educacionales, así como los(as) profesores, los
padres, madres y apoderados, tienen un importante rol que cumplir en rela-
ción a desarrollar medidas para hacer frente a las situaciones de tráfico que se
detecta en el entorno en el cual conviven los alumnos. En ese sentido, se ha
constatado que aquellos centros de educación que efectivamente tienen una
actitud de clara oposición al consumo de drogas, así como normativas explí-
citas al respecto, presentarían una menor tasa de consumo de drogas ilícitas
dentro del establecimiento, lo que podría incidir en la disminución del nivel de
la magnitud de tráfico existente.

En conclusión, y tomando en cuenta los antecedentes mencionados, para


abordar el fenómeno del consumo de drogas y generar un contexto preventi-
vo, es indispensable:

Reconocer que los/as estudiantes de educación básica y de educa-


ción media del país están expuestos/as a distintos ambientes en que
existe el consumo y tráfico de drogas ilícitas, lo que puede afectar
las condiciones educacionales en que se desenvuelven y asimismo
sus proyectos de vida.

Desarrollar una actitud de clara oposición al consumo de drogas ilíci-


tas, así como normativas explícitas al respecto, presentan una menor
tasa de consumo de drogas.

Evitar la tendencia a normalizar el consumo, aumentando la percep-


ción del riesgo que involucra.

Dificultar las posibilidades de acceso directo a drogas, a través de


medidas que integren la prevención.

Comprender que la forma de abordar esta problemática no sólo debe


considerar respuestas parciales desde una perspectiva punitiva, sino
que debe integrar una visión de conjunto que vincule el fenómeno a
la realidad social local.

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Propiciar la atención y preocupación de los padres por lo que hacen
sus hijos.

Fomentar el desarrollo de comunidades educativas con identidad,


que integren, apoyen y motiven a sus alumnos, fortaleciendo la co-
munidad escolar.

Propiciar la inserción en los reglamentos internos, de normas claras,


consensuadas y conocidas por todos, orientadas a la prevención del
consumo y tráfico de drogas.

b) Marco conceptual

Modelos preventivos

El desarrollo programático experimentado por CONACE, desde una perspec-


tiva de política de Estado, considera un marco conceptual y teórico integral,
que recoge elementos de distintos modelos de análisis y que requiere ir ade-
cuándose en forma dinámica, en la medida que lo aconsejan la evidencia de
los estudios y el aprendizaje acumulado durante estos años.

La experiencia acumulada ha demostrado la gran importancia que tiene el de-


sarrollo de una política de prevención del consumo de drogas y alcohol en
las unidades educativas, en la cual se pueda integrar la prevención de drogas
como una estrategia enfocada a abordar integralmente estas problemáticas.
Asimismo, el desarrollo de una política de prevención de drogas en los esta-
blecimientos deberá contemplar la asociación entre consumo y tráfico, defi-
niendo normas, procedimientos y estrategias de coordinación intersectorial
que permitan focalizar las acciones preventivas en el abordaje de los hechos
relacionados con consumo y tráfico de sustancias al interior de las unidades
educativas.

De esta manera, las estrategias de intervención consideradas en los progra-


mas presentan en su base una aproximación integral al fenómeno, el que ar-

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ticula elementos sustanciales de diferentes modelos: el modelo de factores
protectores y de riesgo, el de habilidades para la vida, el de competencias, de
resiliencia, de vulnerabilidad y riesgo social, el integrativo, el de empodera-
miento y últimamente el ecológico sistémico.

En ese sentido, es necesario considerar las implicancias de los principales


modelos:

Modelo de habilidades para la vida: busca fortalecer habilidades y


destrezas psicosociales en el niño/a o adolescente, que les permitan
desarrollarse en distintos contextos y situaciones a lo largo de su
vida.

Fomento de compromiso de estilo de vida saludable: actitudes,


hábitos y valores acordes a un estilo de vida saludable (libre de dro-
gas).

Modelo de factores protectores y de riesgo específicos: busca


fortalecer factores protectores asociados al consumo de drogas y
disminuir o evitar la aparición de factores de riesgo, relacionados con
factores personales, familiares, culturales y del contexto principal-
mente.

Empoderamiento: proceso a través del cual los niños y jóvenes se


fortalecen y adquieren destrezas que le permiten actuar en pro del
bien personal o grupal, disminuyendo los factores de riesgo para el
consumo.

Modelo de competencia social: desarrollo de aptitudes para des-


empeñarse en distintos contextos, que contempla la adquisición de
conocimientos, actitudes y habilidades socio-afectivas (autoeficacia,
autoestima, responsabilidad, locus de control, etc.).

Modelo ecológico sistémico (cultura juvenil preventiva): incorpo-


ra las variables culturales, del micro sistema y macro sistema (grupo
curso, escuela, jóvenes, instituciones, sociedad, etc).

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Es destacable que el desarrollo de este marco ha favorecido:

La consideraración de distintos factores intervinientes en el consu-


mo de drogas.

Dar integralidad a la respuesta.

Orientar desde un enfoque positivo y esperanzador, que posibilita el


cambio en las personas.

Focalizar y concentrar esfuerzos preventivos, lo que optimiza y hace


más eficiente y efectivas las intervenciones.

Considerar distintas entradas y multiplicidad de ámbitos y contextos


de intervención.

De este modo, se podrán reconocer tres dimensiones de análisis e interven-


ción:

El espacio individual: Recursos personales y estilos de vida

Los contextos en que se desenvuelve: Familia, escuela, servicios


institucionales, juntas de vecinos, grupos de pares como recurso,
etc.

El ambiente global: Leyes, políticas, normas y valores, etc.

Por tal razón, los distintos dispositivos que elaboremos para desarrollar la pre-
vención en educación, deberá considerar estrategias que se orienten a abordar
simultáneamente estos tres espacios. Por una parte estrategias individuales
que se orienten a desarrollar habilidades de autocuidado en los niños/as de
los primeros ciclos, aumentar la percepción de riesgo y una actitud crítica al
consumo de drogas en alumnos de segundo ciclo básico y enseñanza media;
en segundo lugar, estrategias que posibiliten desarrollar contextos preventivos
en los establecimientos educacionales, en los hogares, en centros de padres
y centros de alumnos, consejos escolares, entre otros; finalmente, estrategias
que se orienten a contar con políticas sociales, legislatura y campañas de difu-

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sión masiva adecuadas, pertinentes, oportunas y que impacten positivamente
en los contextos señalados.

Hacia una política preventiva en el actual contexto social

Diversos estudios acerca de la realidad social por la que atraviesa nuestro


país enfatizan la tensión generada en la cultura por dos impulsos propios de
la modernidad: el de libertad personal y el de conformación de sistemas au-
torreferentes, tensión que debilitaría la trama de confianzas, certidumbres y
seguridades de nuestros grupos humanos, elementos constitutivos del capital
social situado en la base de cualquier contexto preventivo.

Se menciona entonces que ciertas características de la modernidad, espe-


cíficamente las relacionadas con el impulso a la subjetividad personal y a la
posibilidad de libertad individual, no estarían acopladas a la tendencia –tam-
bién propia del proyecto moderno- a conformar subsistemas autorreferencia-
dos y autónomos, en un proceso constante de diferenciación y racionalización
(PNUD: 2000). De esta manera, cada sistema tendería a clausurarse sobre sí
mismo, potenciando la fragmentación social en esferas sin contacto entre sí,
lo que además de reducir la posibilidad de una acción colectiva, provocaría el
llamado “malestar en la cultura”, al disociarse la sociedad del sistema. Sin em-
bargo, algunos autores enfatizan que, pese al proceso de autorreferencialidad
y autonomización sistémica, las legitimidades propias del campo económico
-comandado por la racionalidad instrumental y la eficiencia- han comenzado
a permear los demás campos, desarticulando y transformando aún más las
anteriores lógicas internas.

En dicho contexto, marcado por la hegemonía de los patrones de mercado


como legitimadores de la acción social, se observa el desarrollo de una indus-
tria cultural de la entretención y el goce que privilegia una producción simbóli-
ca que tiende a desplazar la concepción del sujeto desde el centramiento y la
racionalidad crítica a una que destaca el descentramiento y la intensidad de las
sensaciones, en un juego de superficies carente de profundidades, que enfati-
za la búsqueda exacerbada del placer inmediato como objeto consumible.

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Esta industria recreativa promueve un modelo de diversión hedonista indivi-
dual, patrón que participa en el proceso de socialización juvenil. El “carrete”
entonces adquiere el carácter de espacio de búsqueda de intensidades, lo que
potencia el ingreso de las drogas como medio de recreación. Este fenómeno
complejiza la posibilidad de prevenir el consumo de drogas, en tanto genera
una conexión cultural e instrumental entre espacio de diversión y consumo de
drogas, lo que conlleva la tendencia a naturalizar su uso y debilitar la percep-
ción de los problemas asociados que conlleva.

Desde esa mirada, se acostumbra destacar la supuesta superación de los prin-


cipios que dirigieron las estructuras modernas, con su respectiva tipología de
acción social. Se estaría en presencia, entonces, del ingreso en una nueva
relación espacio-temporal, en cuyo piso se identifican sensibilidades y relacio-
nes sociales hiperindividualizadas y superficiales, generalmente desprovistas
de un marco de racionalidad, inaugurando el sentido a partir de cadenas de
significantes que no remiten a un referente, y que son vivenciadas fragmenta-
damente, en una serie de presentes sin relación en el tiempo ni entre sí.

Esto develaría la disolución de los sentidos e identidades propios del proceso


de modernización en sus conceptos clásicos, identidades que generalmente
se fundaban en metarrelatos con una fuerte proyección épica, basados en la
pertenencia a un territorio, a lazos de sangre, etnia o clase. Las lecturas que
dan cuenta de esta transformación enfatizan el rol del mercado como máxima
expresión de dicho momento de dispersión y descentramiento social.

Es pertinente entonces destacar que pese a sus diversos énfasis, la mirada


desde las ciencias sociales tiende a relevar la “ruptura del lazo social” y los
diferentes grados de “fragmentación del todo social”. A partir de esa constata-
ción, que implica reconocer la fractura entre sociedad y sistema, se plantea el
desafío de generar e implementar políticas públicas, específicamente en los
ámbitos identificados para la prevención del consumo de drogas.

Desde esa perspectiva, un posible intento de suturar dicha “fractura cons-


titutiva” dice relación con estimular la generación de más ciudadanía, más
sociedad para “moldear” el sistema, lo que se obtendría, entre otros factores,

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a partir de una mayor asociatividad y sociabilidad (PNUD:1998 y 2000). El desa-
rrollo de un contexto preventivo real y eficaz requiere fundarse sobre este lazo
social, lo que hace indispensable la formulación de prácticas de participación
ciudadanas que no sólo se desarrollen democráticamente, sino que su resul-
tado redunde asimismo en “más democracia”.

Esta necesidad debe considerarse al momento de operacionalizar uno de los


principales impulsos que guiarán la generación de una política preventiva en
el ámbito educación, en el entendido de que no es suficiente la sola imple-
mentación y reproducción de programas u otros dispositivos, sino que
además –y simultáneamente- es urgente generar políticas y contextos
preventivos. Lo anterior tendrá escasas posibilidades de lograrse si no cuen-
ta con un mínimo respaldo en el capital social de los grupos “acompañados”.
Desde esa perspectiva, ya es de sentido común constatar que no basta con
aumentar las capacidades personales de los individuos, pues se requiere ade-
más de un conjunto de tramas sociales que hagan que esas capacidades pue-
dan efectivamente actualizarse (PNUD:2000).

De ahí nace el requisito de ampliar la participación de familias, centros de


padres y centros de alumnos -comprendidos no como individualidades- en los
programas del Continuo Preventivo, estimulando la participación en redes pre-
ventivas formales o informales, es decir en agrupaciones propiamente consti-
tuidas o bien en espacios de sociabilidad de vida sana.

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c) Marco normativo y legal vigente

Normativa existente

En relación a la normativa legal vigente, es necesario señalar lo siguiente:

Existe tráfico de drogas ilícitas no sólo cuando alguien la vende o co-


mercializa, sino también cuando éstas se transfieren a cualquier otro
título, sea que se distribuya (regalen) o permuten. La ley entiende
que también trafica todo aquel que porta, guarda o lleva consigo dro-
gas ilícitas, a menos que se acredite ante el tribunal, que la droga que
el sujeto portaba era para su propio consumo personal, o que está
sometido a un tratamiento médico. En ese caso, se aplica la sanción
propia del consumo de drogas ilícitas en lugares públicos (multa, o
asistencia a programas de prevención).

El tráfico de drogas ilícitas es un delito que la ley sanciona con penas


muy altas, que van desde los 5 años y un día hasta los 15 años de
privación de libertad3. Cuando el Estado penaliza una conducta es
porque considera que hay un bien jurídico que es necesario proteger
(la vida, o la propiedad, por ejemplo). En este caso, el bien jurídico
protegido es la salud pública, que se ve seriamente lesionada con la
actividad desplegada por los/as traficantes, al introducir al mercado
drogas ilícitas (sustancias estupefacientes y psicotrópicas) destina-
das al consumo de la población.

El microtráfico de drogas es un delito que la ley sanciona con presidio


que va de los 541 días a 5 años, y multa de diez a cuarenta unidades
tributarias mensuales, a menos que justifique que están destinadas a
la atención de un tratamiento médico o a su uso o consumo personal
exclusivo y próximo en el tiempo. No concurrirá esta circunstancia

3 Art. Nº 1 de la Ley Nº 20.000, Ley de Drogas.

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cuando la calidad o pureza de la droga no permita racionalmente su-
poner el uso o consumo descrito, o cuando sea indicataria del propó-
sito de traficar a cualquier título.

De acuerdo a nuestro ordenamiento jurídico, si el tráfico de drogas


ilícitas se realiza en las inmediaciones o en el interior de un estable-
cimiento educacional, la conducta se castiga más severamente, es
decir, constituye una circunstancia agravante de la responsabilidad
penal. Lo mismo ocurre si se suministran o si se promueve o facilita
el consumo de éstas, entre menores de edad. Lo anterior demuestra
la importancia que se le asigna a la persecución del delito de tráfico
de drogas ilícitas cuando éste puede afectar a menores de edad y, en
consecuencia, la gravedad que reviste si se configura al interior de
los establecimientos educacionales.

Los menores de edad se encuentran en una situación de mayor vul-


nerabilidad, en la medida que suelen ser utilizados o reclutados por
las redes de tráfico para la realización de actividades ilícitas en este
ámbito, ya sea para la distribución o producción de la droga. La OIT
considera que esta conducta constituye una de las peores formas
de trabajo infantil y el Estado de Chile ha ratificado el instrumento
internacional (Convenio 182) que prohíbe esta forma de explotación
de los/as menores.

La Convención de los Derechos del Niño, en tanto, junto con reco-


nocer el derecho de niños, niñas y adolescentes a la educación, re-
conoce también su derecho a estar protegidos contra la explotación
económica, e impulsa a los Estados Partes a adoptar las medidas
apropiadas para proteger a los niños, niñas y adolescentes contra el
uso de drogas ilícitas, así como para impedir que sean utilizados en
la producción y el tráfico ilícitos de esas sustancias.

Por su parte, la nueva normativa procesal penal, que estará vigente


en todo el país, obliga a una serie de personas a denunciar los delitos
de que tengan conocimiento. Entre ellos/as, se cuentan los direc-

22
tores, profesores e inspectores de establecimientos educacionales
de todo nivel, a quienes se impone la obligación de denunciar los
delitos que afectaren a los alumnos o que hubieren tenido lugar en el
establecimiento. El incumplimiento de esta obligación de denunciar
acarrea una sanción penal que consiste en el pago de una multa de
una a cuatro UTM4.

Hay que hacer presente, asimismo, que en cada fiscalía regional del
Ministerio Público existe la Unidad de Atención a las Víctimas y Tes-
tigos, cuya misión es proteger a las víctimas de los delitos, facilitar
su intervención en los procedimientos a que dé lugar la investigación
y evitar o disminuir cualquier perturbación que tuvieren que soportar
con ocasión de dichos trámites.

La ley de drogas, por su parte, contempla una serie de medidas es-


peciales de protección que el Ministerio Público puede tomar mien-
tras dura la investigación y los tribunales, si el caso va a juicio, si se
estima que, por las circunstancias del caso, existe un riesgo cierto
para la vida, o integridad física de un testigo y de su entorno familiar
más cercano.

Es necesario reforzar la idea que el MINEDUC tiene como mandato


asegurar la calidad de la educación en el país. En este sentido, la
meta de aumentar de 8 a 12 años la escolaridad representa un gran
desafío para todos los actores involucrados y compromete a realizar
las acciones pertinentes que contribuyan a su logro.

4 Artículo Nº 175 letra e del Código Procesal Penal.

23
De acuerdo a la Ley de Jornada Escolar Completa (Ley JEC), desde el
año 2005 todos los establecimientos deben contar con un reglamen-
to interno, marco normativo que deberá ser visto oportunamente por
las Direcciones Provinciales correspondientes, cuya elaboración sea
producto de una reflexión informada de la comunidad educativa y que
permita definir los procedimientos y sanciones, para abordar los pro-
blemas más significativos que afectan a la comunidad escolar, entre
los cuales se encuentra el tráfico de drogas ilícitas.

24
II. Política preventiva

a) Desarrollo preventivo
en los establecimientos educacionales

En el marco de la Estrategia Nacional de Drogas 2003-2008, CONACE y MI-


NEDUC promueven el desarrollo de habilidades personales y condiciones en
la gestión global de los establecimientos educacionales, que potencien los
factores protectores del consumo de drogas, ya sea a nivel individual, grupal
y social. Esta labor preventiva no puede estar alejada de los objetivos propios
de la educación en Chile, la que desde un enfoque de derechos, toma una
perspectiva de equidad y calidad para generar contextos preventivos que posi-
biliten condiciones más adecuadas para el logro de los procesos de enseñanza
y aprendizaje, así como la promoción de un desarrollo humano integral, el que
comprende una vida más saludable.

De esta manera y considerando la alta cobertura alcanzada actualmente por


los programas de prevención de drogas en el país y la necesidad de definir
e intencionar umbrales de calidad en su oferta de prevención, es que se ela-
boran orientaciones y sugerencias que potencien el desarrollo preventivo de
cada unidad educativa, dirigiendo sus intervenciones en el ámbito local a la
articulación de las distintas acciones, contenidos, tipo y frecuencia de inter-
venciones preventivas en el marco de una asistencia técnica ajustada a los
requerimientos de cada establecimiento.

Modelo de desarrollo preventivo

Hacer prevención en el contexto escolar implica no sólo abordar las condi-


ciones que pueden estar actuando como factores de riesgo al consumo de
drogas, sino también implica cambios en la gestión global del establecimien-
to, a través de las prácticas habituales, las que influirán paulatinamente en la

25
cultura y el clima organizacional del establecimiento. Cualquier mejoramiento
hacia las condiciones existentes en él, que tenga por objeto la prevención del
consumo de drogas, afectará más o menos directamente la forma de vida de
los distintos miembros de la comunidad escolar.

El desarrollo preventivo del establecimiento requiere aplicar en forma sistemá-


tica una intervención en distintos niveles (individual, grupal y organizacional), la
que debe integrar el aprendizaje obtenido en las prácticas de gestión con ma-
yores posibilidades de éxito, en la perspectiva de alcanzar una mejor calidad de
vida escolar, mejores resultados en el desempeño escolar, mayores grados de
flexibilidad y eficiencia. En este sentido, es necesario muchas veces propiciar
cambios en las creencias, actitudes, costumbres, políticas, estrategia y estruc-
turas existentes, de tal manera de que el establecimiento pueda adaptarse
de mejor forma a las condiciones que impone el mundo moderno, a la cultura
juvenil y a la dinámica del fenómeno del consumo de drogas.

Es necesario considerar que el desarrollo preventivo del establecimiento se


fundamenta en una orientación sistémica, es decir, las unidades educativas
requieren que todas sus partes funciones como un todo para resolver las di-
ficultades asociadas al consumo y que sus equipos directivos visualicen a su
organización en base a un modelo que incluye tres tipos de variables: las varia-
bles causales, variables afectadas y variables de resultados finales.

Entre las variables causales se encuentran la estructura existente en la unidad


educativa, los reglamentos y controles, las políticas, la capacitación, la aseso-
ría técnica y el estilo de liderazgo imperante. Entre las variables afectadas se
encuentran las actitudes de rechazo al consumo de drogas y de aceptación al
desarrollo de un entorno preventivo por parte de los miembros de la comuni-
dad educativa, las percepciones existentes respecto al fenómeno y a la impor-
tancia de la participación de los distintos actores, la motivación en participar en
las iniciativas realizadas, las habilidades que pongan a disposición del desafío
preventivo y en el trabajo de equipo preventivo, el comportamiento individual
y grupal que contribuya a generar un contexto escolar preventivo. Finalmente
las variables de resultados dicen relación con la colaboración de los miembros
de la comunidad educativa en la implementación de las iniciativas y medidas

26
preventivas, el mejoramiento en la aplicación de los programas, en la utiliza-
ción eficiente del material distribuido, el compromiso y respeto de los acuerdo
adoptados y la proyección de sus resultados, en definitiva mayores niveles de
desarrollo preventivo en el establecimiento.

Por otra parte, otro de sus fundamentos esenciales dice relación con los valo-
res y principios humanistas, es decir, las creencias positivas del potencial que
tienen las personas, que permite dar importancia a su participación en los dis-
tintos momentos y etapas del desarrollo preventivo, preocuparse por generar
un mejor ambiente, clima y convivencia escolar, así como también establecer
canales de comunicación directa y fluida, de tal manera de ir construyendo los
lazos de confianza que se requiere para abordar este fenómeno y las distintas
problemáticas asociadas.

De la misma manera, es relevante considerar la necesidad de contar con un


equipo responsable, conducido por el Director del establecimiento, que se
encargue de sensibilizar, incentivar, facilitar y coordinar el proceso en marcha.
Estos agentes preventivos deben tener la motivación, las competencias, la
autonomía y la autoridad necesaria para lograr orientar las acciones realizadas,
así como la participación de todos los involucrados en un ambiente de respeto
y compromiso.

La gestión para lograr mayor desarrollo preventivo debe poner énfasis en la


búsqueda de soluciones de problemas, capacitando a los participantes en ha-
bilidades concretas y prácticas para la identificación y resolución de problemas
asociados al consumo de drogas y de aquellos temas asociados que sean re-
levantes para ellos. En este sentido, es necesario utilizar modelos como el de
investigación-acción, que permiten recoger información, emprender acciones,
evaluar resultados y realizar los ajustes que sean necesarios, a través de un
ciclo de visión sistémica del problema y la solución.

El objetivo general del desarrollo preventivo es lograr establecimientos más


efectivos en la prevención de drogas, que permita instalar prácticas que per-
mitan el aprendizaje, la adaptación y el mejoramiento continuo en la forma
que se lleva a cabo esta gestión. Por tal razón, apunta a reconocer que los

27
problemas son multicausales y que involucra factores individuales, grupales,
organizacional y sociales, por lo que las intervenciones planeadas deben abor-
dar estos distintos niveles.

En el plano individual las acciones se orientarán a reforzar las habilidades per-


sonales y profesionales que permitan fomentar la aplicación efectiva de los
programas y a la participación de los alumnos y sus familias. En el plano orga-
nizacional apuntan a generar la participación informada de las instancias que
agrupan a los distintos actores de la comunidad educativa, a través del recono-
cimiento y comunicación permanente con sus representantes.

En este sentido, el modelo descrito nos permitirá identificar las variables invo-
lucradas en la perspectiva de posibilitar esfuerzos de primer y segundo orden,
es decir “transaccionales” y “transformacional” respectivamente. Los cambio
de primer orden o transaccional esperados son evolutivos, de adaptación y por
tanto más modificables desde las características del establecimiento, tales
como las prácticas directivas, los sistemas de trabajo y los procedimientos
existentes. Por otra parte los cambios de segundo orden son más de fondo,
fundamentales y a largo plazo, impactando la naturaleza de la unidad educati-
va, tales coco la cultura e identidad y los principios y valores.

Criterios y estrategia de desarrollo

Actualmente el desafío de asegurar la calidad en la implementación de los


programas del Continuo Preventivo y orientar el trabajo de los establecimien-
tos educacionales hacia la construcción de una Política de Prevención, en la
perspectiva de contribuir al desarrollo de una Escuela Preventiva, nos obliga a
reconocer distintos niveles de desarrollo alcanzado por los establecimientos
educacionales participantes durante estos años, de tal manera de brindar una
asesoría técnica pertinente y ajustada a sus distintos requerimientos.

28
Escuela preventiva

Una Escuela Preventiva es aquella que ha comprendido el sentido más pro-


fundo de los principios y objetivos de la prevención del consumo de drogas,
orientando de este modo su gestión global, con un estilo de dirección valida-
do, participativo y sensibilizado de la importancia de abordar el tema del con-
sumo de drogas. De la misma forma, es un establecimiento que reconoce a
los representantes de los estamentos que componen la comunidad educativa,
propiciando instancias de información, diálogo y decisión los distintos repre-
sentantes de convocando a todos los miembros de su comunidad educativa
para el logro de este propósito y consolidando prácticas preventivas, como un
modo cotidiano de hacer escuela.

Estos establecimientos se han convertido en la práctica, en espacios educa-


tivos que han tomado cuenta la necesidad de desarrollar una política para
trabajar la prevención del consumo drogas, que más allá del trabajo siste-
mático realizado con los Programas del Continuo Preventivo, han incorporado
el tema como elemento central de su gestión global, haciendo de la preven-
ción un proceso continuo y sistemático, inserta en el quehacer formativo-edu-
cativo, introduciendo elementos propios de su realidad, informando, sensibi-
lizando y posibilitando la participación de los diferentes actores de la unidad
educativa, estableciendo un trabajo sistemático de capacitación y perfecciona-
miento de profesores, padres, madres y apoderados y co-docentes, así como
un permanente trabajo en Red a nivel comunal. De la misma manera, estas
escuelas presentan un liderazgo activo y participativo, que impulsa y motiva
la realización de las acciones de prevención y la utilización del tiempo libre en
forma saludable.

De esta manera y para poder determinar en qué nivel se encuentra cada es-
tablecimiento educacional o a qué perfil de establecimiento responde, se
consideran siete criterios, que son condiciones fundamentales en el trabajo
desarrollado por la comunidad educativa en torno a consolidarse como un es-
pacio efectivamente preventivo y promotor de estilos saludables para niños/as
y adolescentes.

29
Criterios

Implementación efectiva del Continuo Preventivo, de acuerdo al nivel


de enseñanza que imparten.

Participación de la familia en el trabajo de prevención, tanto en su


rol como adultos significativos en los hogares de los alumnos/as, así
como actores fundamentales de la comunidad educativa..

Elaboración e implementación de una política preventiva.

Compromiso y colaboración de la dirección escolar.

Participación de los alumnos, tanto en las sesiones de los programas


preventivos, así como en su rol de actores de una comunidad edu-
cativa.

Información, sensibilización y capacitación de los distintos actores


del establecimiento, tales como profesores, co-docentes, adminis-
trativos, entre otros.

Participación en la red de prevención comunal.

30
b) Niveles preventivos
de los establecimientos

Primer nivel (1): “Nivel inicial”

Falta una implementación efectiva de los programas preventivos: Los


establecimientos que se encuentran en este nivel, son unidades educativas
inscritas para implementar los programas del Continuo Preventivo, pero que
no aplican efectivamente sus sesiones o que un gran número de alumnos no
participa de ellos.

Las familias no participan de las sesiones dirigidas especialmente a ellas


en los programas preventivos o del programa “Prevenir en Familia”, así como
también sus representantes en el centro de padre, no son considerados para
ser informados y canalizar adecuada y oportunamente la información respecto
al tema y acerca de la oferta preventiva existente.

Falta la elaboración de una política preventiva: En estos establecimientos


el fenómeno del consumo de drogas no es abordado o se realiza a través de
iniciativas aisladas, poco sistemáticas, que no definen canales de acción para
abordar casos de consumo y incorporan en su reglamento interno las normas
pertinentes.

Bajo compromiso y colaboración de la dirección: El equipo directivo de


estas escuelas asume un rol de carácter pasivo en relación a la prevención del
consumo de drogas, rehuyendo abordar el tema e incluso en algunos casos
obstaculizando en la práctica el desarrollo preventivo de las escuelas, con al-
gunas medidas que impiden la participación de los actores de la comunidad
educativa.

Baja participación de los alumnos/as: Falta de participación en las sesiones


de los programas preventivos, limitando en la práctica las posibilidades de

31
acceso a los dispositivos la oferta programática. De la misma forma, sus re-
presentantes en el Centro de Alumnos no son reconocidos como tales y no se
valora su participación como actores fundamentales de la comunidad escolar.

Co-docentes y administrativos: generalmente no están considerados dentro


de la temática de la prevención o son aquellos que tienen un rol de fiscalización
de los alumnos en el tema de prevención. No se logra un alcance distinto a sus
funciones formales en la relación con los alumnos/as. En su gran mayoría, los
distintos funcionarios del establecimientos no han participado en jornadas de
capacitación o perfeccionamiento, y si lo han hecho, ha sido producto de un
interés personal poco integrado al trabajo que realizan cotidianamente.

Participación y trabajo con la red comunal: no se cuenta con un conoci-


miento de los distintos actores e instituciones preventivas a nivel local o no
existe contacto con las redes de apoyo en torno a la prevención.

Segundo nivel ( 2 ) : “Nivel de compromiso”

Implementan los programas de una manera regular y sistemática: los es-


tablecimientos que se encuentran en este nivel participan de la implementa-
ción del “Continuo Preventivo”, sin embargo aún no se reconoce la importancia
de generar un proceso paulatino de inserción curricular de sus contenidos.

La familia: está incorporada al trabajo de prevención a través de las sesiones


propuestas en los Programas desarrolladas en instancias como las reuniones
de apoderados, puede haber también algunos monitores activos del “Prevenir
en Familia” o familias que hayan participado de su aplicación, sin embargo no
se visualizan como parte importante de los recursos propios e integrados de
la comunidad educativa para la prevención de drogas.

Política preventiva: hay conciencia de la necesidad de su elaboración, sin


embargo aún no se ha escriturado y difundido.

32
La dirección del colegio: se encuentra involucrada y comprometida con la
prevención de drogas, reflejando una sensibilidad hacia el tema, entregando
las facilidades para la implementación de las acciones planificadas. No obstan-
te, aún no se visualizan como parte integrante de la red comunal y no conside-
ran la posibilidad de generar y liderar iniciativas propias.

Participación de los alumnos: se observa una alto nivel de participación de-


bido a que la escuela, considerándolos un actores relevante de la comunidad
escolar, abre los espacios necesarios y realiza con ellos las actividades con-
templadas en el contexto de la implementación de los programas de manera
regular y sistemática. Sin embargo, los alumnos y sus organizaciones no se
visualizan como parte integral de los recursos que permiten generar iniciativas
preventivas propias en el establecimiento educacional.

Profesores, orientadores y co-docentes: se encuentran capacitados en los


programas preventivos, de acuerdo a los niveles y roles en que se desempe-
ñan, permitiendo en algunos casos alcanzar un rol activo en el vínculo con los
procesos de formación de niños/as y jóvenes. No obstante lo anterior, aún no
se ha consolidado un equipo transestamental, que integre sus conocimientos
y capacidades.

Red preventiva: existe conocimiento de ella, compartiendo actividades y ac-


ciones, desde una perspectiva funcional específica y, en algunos casos, de
carácter asistencial con las necesidades de algunos estamentos del estable-
cimiento.

33
Tercer nivel ( 3 ) : “Nivel de gestión”

Trabajo sistemático e integral con los distintos programas del “continuo


preventivo”: Los establecimientos que se encuentran en este nivel presentan
desarrollo de los programas y reconocen la necesidad de generar un proceso
de inserción curricular de sus objetivos, contenidos y metodologías. En este
sentido, trabajarán con los documentos pertinentes que CONACE y MINE-
DUC han puesto a su disposición y gestionarán recursos profesionales propios
o externos, que les facilite este desafío en el ámbito técnico.

Micro Centros de Padres: existen estas instancias y se encuentran informa-


das y sensibilizadas respecto a su rol y a las herramientas necesarias para
abordar el consumo de drogas.

Padres y apoderados: han participado en la aplicación de los talleres del Pro-


grama “Prevenir en Familia” y se han organizado para replicar su experiencia,
generando espacios e instancias de coordinación y difusión al interior y al ex-
terior del establecimiento. En este sentido, la organización de padres se en-
cuentra en un proceso de integración con los demás actores de la comunidad
educativa, de tal manera de contribuir y participar de la instalación de la política
preventiva en desarrollo. Las organizaciones de padres se transforman en un
promotor relevante de la sensibilización y formación de otros padres en el
tema, propiciando su incorporación en las preocupaciones del funcionamiento
de las Uniones Comunales de Centros de Padres, en la realización de las Es-
cuelas para Padres, en los Consejos Escolares y en todas aquellas instancias y
espacios internos del establecimiento y de la red comunal. Finalmente, reque-
rirán de apoyo técnico y de gestión para la sistematización de las experiencias
desarrolladas y obtención de recursos para la realización de proyectos.

Política de prevención: estos establecimientos reconocen la necesidad de


elaborar una política de prevención y en algunos casos, ya han iniciado su
proceso de preparación, se han definido las etapas y se han conformado los
equipos responsables. La dirección y las unidades técnicas de los estableci-
mientos, han reconocido la necesidad de fortalecer las capacidades técnicas

34
propias, como por ejemplo a través de su participación en cursos de perfec-
cionamiento reconocidos por el CPEIP, de tal manera de contar con los conoci-
mientos y habilidades que les permitan culminar con éxito la escrituración de
la políticas y su integración al PEI.

La dirección del establecimiento: es capaz de visualizar la integralidad de los


recursos existentes en la comunidad educativa, para abordar el tema de la pre-
vención de drogas. Es posible encontrar un liderazgo que promueve las accio-
nes en torno a la prevención y que realiza esfuerzos para empoderar de esta
forma, a los distintos actores de la comunidad educativa, generando iniciati-
vas, experiencias y proyectos propios en este ámbito. Es capaz de visualizar
la importancia de integrarse progresivamente a los recursos existentes en la
comunidad y sentirse parte de los desafíos preventivos a nivel local, intercam-
biando el conocimiento y la experiencia obtenida, con otros establecimientos
a nivel comunal y regional.

Los alumnos: a través de sus organizaciones se sienten sensibilizados a par-


ticipar y apoyar la implementación de las estrategias de prevención del consu-
mo de drogas al interior del establecimiento. No obstante, requieren asesoría
para visualizarse como un actor relevante en el trabajo de la red comunal,
propiciando iniciativas en conjunto con alumnos de otros establecimientos y
con representantes de otras instituciones a nivel local.

Profesores, orientadores, co-docentes y administrativos: se encuentran


capacitados en el tema y participan en cursos de perfeccionamiento en pre-
vención de drogas. Del mismo modo, logran estructurar una orgánica interna,
que a través de la identificación de responsables validados por la comunidad
educativa, coordinan las acciones de prevención, control y referencia para el
tratamiento de drogas. En este sentido, la comunidad educativa formada en
prevención, requerirá de apoyo técnico para el manejo de herramientas de
construcción de equipos de trabajo, que permitan contribuir al seguimiento y
evaluación en la implementación de las políticas preventivas en desarrollo.

35
Red comunal: se manifiesta el reconocimiento a la importancia de la par-
ticipación y trabajo con ella, se conocen las instituciones, se contactan fre-
cuentemente con sus representantes y apoyan la realización de jornadas de
encuentro, lo que redunda en un nivel de participación activa en prevención.
Del mismo modo, conocen las redes de referencias para tratamiento infan-
to adolescentes, los proyectos comunitarios de prevención que se ejecutan
en la propia comuna y en las comunas cercanas y desarrollan esfuerzos para
sensibilizar a la comunidad respecto a la importancia de prevenir, desde una
perspectiva de movilización y construcción social.

36
c. Elaboración de una política preventiva5

¿Por qué prevenir en el establecimiento educacional?

Porque es uno de los principales agentes de socialización, junto con


la familia y el grupo de pares, y es un espacio donde es posible re-
forzar actitudes generadas en él, o modificar en aquellos casos que
sea necesario.

Porque se hace posible abordar la prevención del consumo de drogas


y los problemas de consumo, no sólo con los alumnos sino también
incorporando a la familia en la prevención.

Porque el establecimiento actúa en los alumnos en una fase del pro-


ceso de maduración en el que la intervención del adulto (docente)
tiene gran influencia. Esto resalta el rol del docente como agente
preventivo, debido a la cerca­nía con los alumnos, a su papel como
modelo y a su función educadora.

Porque en el grupo curso se puede discutir la problemática colectiva-


mente, integrando visiones y puntos de vista de sujetos diferentes,
generando en con­junto nuevos sentidos.

Porque a lo largo de la edad escolar, los alumnos están sometidos


a cambios y momentos de crisis en los que se exponen a diversos
riesgos, entre ellos el consumo de drogas.

Porque es un espacio ideal para detectar precozmente posibles fac-


tores de riesgo de consumo.

Porque la Reforma Educacional crea un marco en el que se hace po-


sible trabajar la prevención de consumo de drogas.

5 El siguiente texto fue extractado y adaptado de “Prevenir en la Escuela”, Conace, 2004.

37
Objetivos de la prevención en el ámbito escolar

Las acciones preventivas que se desarrollan en el ámbito escolar deben cum-


plir los siguientes objetivos:

Promover estilos de vida y entornos educativos saludables.

Evitar el consumo de drogas.

Fortalecer factores protectores personales que los preparen para en-


frentar y evitar riesgos.

Fortalecer vínculos en la comunidad educativa.

Detectar e intervenir tempranamente frente al consumo de drogas


en los alumnos.

Desarrollar actitudes, valores y competencias con los docentes para


asumir un rol activo en la prevención del consumo de drogas.

Sensibilizar a la familia a asumir un rol activo en la prevención del


consumo de drogas con los hijos.

¿Qué es una política preventiva en el ámbito educacional?

Entendemos por política preventiva del consumo de drogas, el proceso de


construcción de directrices para el desarrollo de un plan y estrategias de ac-
ción al interior de un establecimiento educacional, que pretenden, por una par-
te, evitar y prevenir el consumo de drogas y las conductas de riesgo asociadas
a éste; y por otra parte, fortalecer, mejorar y potenciar la toma de decisiones
responsable, así como el desarrollo de conductas saludables en dichos alum-
nos. Esta política se expresa en un documento que debe ser escriturado.

Para que la política logre desarrollarse adecuadamente en el establecimiento,


es necesario que se inserte en el Proyecto Educativo Institucional (PEI), se

38
articule y actúe en forma coordinada con otros proyectos del establecimiento,
e involucre a toda la comunidad educativa.

El proyecto educativo institucional y su relación con la política

Para insertar la temática de la prevención de drogas en el establecimiento, es


necesario, en primer lugar, que el objetivo de la prevención sea incorporado en
el Proyecto Educativo Institucional (PEI) del establecimiento lo cual se logra a
partir de la reflexión y debate interno que realiza la comunidad educativa y que
se expresa, finalmente, en dicho proyecto educativo que el establecimiento
define.

Incorporar el tema dentro del PEI permite asegurar la sustentabilidad de las


intervenciones, posibilitando que la prevención forme parte de las finalidades
educativas del establecimiento independientemente de las personas que es-
tén a cargo o se incorporen a lo largo del tiempo.

Otro aspecto que facilita la instalación de una política de drogas, es el ambien-


te educativo en el que se desarrolla. Un establecimiento que se organiza para
abordar la prevención del consumo de drogas, es aquel que se logra configurar
en un “contexto preventivo”, entendido como el medio que facilita el abordaje
de la prevención del consumo de drogas, en el que se reconoce la existen­cia
del problema, en el que existe una clara disposición y voluntad de abordar el
tema, incorporándolo como parte de una “cultura escolar preventiva”.

39
Situaciones que propician la elaboración de una política

La motivación inicial para construir una política puede surgir a partir de diversas
situaciones:

Padres preocupados por el tema o por conductas de riesgo de sus


hijos en relación al consumo, sugieren al establecimiento una postu-
ra al respecto.

Profesores sensibilizados, capacitados en la materia, o que trabajan


en estrategias de prevención, proponen que el establecimiento se
movilice en torno a esta temática.

Alumnos solicitan ayuda al establecimiento o sus pares proponen


acciones.

El director del establecimiento se sensibiliza, asume que tiene alum-


nos en riesgo, se responsabiliza del problema, solicita asesoría e ini-
cia un proceso.

Situaciones de consumo generan la discusión del tema y se propo-


nen alternativas en toda la comunidad educativa (problemas causa-
dos por drogas, alumnos sorprendidos consumiendo o vendiendo
dentro del establecimiento, etc.).

Diagnósticos realizados por el establecimiento en torno al consumo


de dro­gas de sus alumnos (ver anexo: Instrumento diagnóstico de
percepción del consumo de drogas al interior de un establecimien-
to).

Conocimiento de los estudios nacionales del consumo de drogas en


la población escolar y general (CONACE).

Cuando algunas de estas situaciones se presentan y cualquiera se interesa


por el tema, se debe proponer una instancia para involucrar a los demás acto-
res de la comunidad educativa y tomar decisiones que propicien el diálogo y
búsqueda de soluciones apropiadas.

40
El apoyo de todos los estamentos facilitará la elaboración de la política y res-
guardará que todos se sientan parte del proceso y por tanto, responsables del
logro final de la política escrita. Esta participación general otorga sustentabili-
dad a la política en el tiempo, a partir de lo cual se definirán las responsabilida-
des específicas de coordinación de las acciones necesarias para la elaboración
de dicha política.

La elaboración participativa de la política

Favorece que todos se comprometan mucho más con el respeto de


las reglas.

Ayuda a que la discusión en sí se constituya en una instancia de re-


flexión y debate de creencias y posturas respecto del consumo de
drogas y alcohol.

Asegura que las reglas sean representativas de toda la comunidad


educativa.

Favorece que sea asumida por toda la comunidad educativa.

Por otra parte, las situaciones ligadas a las drogas y el alcohol generan una
carga afectiva relevante, lo que las transforma en fuentes importantes de an-
siedad especialmente para los docentes; contar con un procedimiento sobre
los pasos a seguir frente a estas situaciones, no sólo se convierte en una alter-
nativa de solución para las familias y los alumnos que presentan problemas de
consumo, sino también, en una importante herramienta de autocuidado para
los equipos de la comunidad educativa que se hacen cargo del tema.

Cada comunidad educativa deberá definir la manera de canalizar los problemas


y ellas serán diferentes dependiendo de las posturas que se tengan (que se
van a ver reflejadas en el documento de políticas y normas). Esto permitirá a
su vez que los establecimientos educacionales puedan ir definiendo los lími-
tes de su responsabilidad en el enfrentamiento de este tipo de problemas, de-

41
jando que las diferentes instituciones de salud se responsabilicen en lo que les
corresponde para sumar esfuerzos en el abordaje de este importante tema. Es
necesario verificar y clarificar:

Las situaciones más problemáticas en el establecimiento (diagnósti-


co de la situación).

Las oportunidades de trabajo integrado y de grupos o personas cla-


ve dentro del establecimiento (grupos de scouts, grupos culturales,
etc).

La forma que se ocupará para intervenir (procedimiento o plan de


acción). Las personas que lo harán (definición de roles y funciones).
Los objetivos que se pretende lograr (metas realistas).

Los circuitos por donde circulará la información (funciones y “confi-


dencialidad”).

Cómo se procederá con las familias o apoderados (abordaje con la


familia).

Dónde se derivan o refieren los casos que necesitan tratamiento,


cuando ya se requiera atención especializada (redes locales de refe-
rencia).

Por último, el documento final de la política debiera ser conocido y comunica-


do a toda la comunidad educativa, empezando por los docentes a través de las
reuniones de Consejo de Profesores, a los padres, apoderados y familia en las
reuniones de curso y/o escuelas para padres, etc. Esto cobra gran relevancia
especialmente respecto de las normas, dado que las reglas bien establecidas,
informadas y difundidas, permiten clarificar, ordenar y tener un marco de re-
ferencia para las distintas situaciones relacionadas con consumo y problemas
con drogas en los establecimientos, evitando de esta manera las arbitrarie-
dades en los procedimientos internos frente a las distintas situaciones que
pudieran presentarse.

42
La importancia del diagnóstico

Realizar un diagnóstico inicial facilita la sensibilización del tema dentro del es-
tablecimiento y entrega antecedentes relevantes que justifican la creación de
una política al interior de la unidad educativa.

El diagnóstico es fundamental y necesario al momento de desarrollar un plan


de acción en prevención (universal o selectiva) dado que permite cono­cer la
realidad del consumo en el establecimiento; la magnitud del problema en los
distintos ciclos de enseñanza; las percepciones y creencias de los alumnos y
docentes; las inquietudes y necesidades respecto del tema, esto es la cultura
en que se inserta el fenómeno, etc. Permite conocer los problemas asociados
como rendimiento, repitencia, disciplina, deserción, convivencia, etc.; conocer
los recursos humanos y materiales con los que cuenta el establecimiento, y
las acciones preventivas que se encuentran desarrollando.

Esta evaluación inicial puede realizarse a través de una reflexión y debate en


conjunto en la comunidad educativa, o a través de un estudio diagnóstico con
instrumentos estandarizados para recabar información más exhaustiva (Ver
anexo para conocer ejemplo de pauta diagnóstica).

Lo importante de esta evaluación inicial, es que provoca un acercamiento a la


realidad del problema, sensibilizando y motivando de esta manera a los distin-
tos actores para la posterior intervención.

d.Pasos para elaborar la política

La elaboración de la política preventiva debiera completar los siguientes pa-


sos:

Definir un equipo responsable, señalando los roles y funciones. El di-


rector puede realizar una invitación abierta a la comunidad educativa

43
a participar de este proceso; de esta manera se logra la participación
de los actores clave, para consensuar los contenidos de la política.

Definir los principios respecto de la prevención del consumo de dro-


gas y alcohol, incorporado en el Proyecto Educativo Institucional.

Definir las normas y procedimientos coherentes para el estableci-


miento. Integrar los contenidos preventivos en el currículo escolar.

Implementar acciones y/o programas de prevención universal para


cada uno de los ciclos educativos.

Implementar acciones y/o programas de prevención selectiva (proce-


dimientos para abordar los hechos relacionados al consumo).

Conocer y definir la red de referencia para alumnos con problemas de


consu­mo (servicios, instituciones, organismos sociales en la comuna
que se especia­lizan en el abordaje y tratamiento con adolescentes).

Desarrollar acciones y/o programas de prevención dirigidos a la fami-


lia. Capacitación permanente al estamento docente.

Realizar seguimiento y evaluación del impacto de las acciones pre-


ventivas.

A continuación, se describen las tareas principales en cada uno de los pasos


para desarrollar una política de prevención en el establecimiento, la que inte-
gra diferentes tipos de prevención, orientaciones para enfrentar el microtráfico
y formas de seguimiento y evaluación de los dispositivos aplicados.

1. Equipo responsable y actores clave

Para implementar una política de prevención del consumo de drogas en el


ámbito escolar, se requiere un equipo que asuma la responsabilidad del diseño
e implementación de los diferentes enunciados y procesos que éste compren-
de.

44
Se requiere un equipo motivado que trabaje y actúe coordinadamente, e in-
volucre al menos un representante de los distintos estamentos del estableci­
miento, en especial algún directivo. En este sentido, convocar en forma am-
plia a la comunidad educativa de personas voluntarias y motivadas, facilita la
integra­ción de los temas necesarios que debe contener la política y fortalecen
la pues­ta en marcha de la misma.

El equipo conviene que esté formado por:

Una persona que tenga legitimidad y atribuciones frente a la directiva


del colegio. Puede ser un directivo, o bien alguien en quien el Direc-
tor o la Directora delegue. Esto permitirá contar con el compromiso y
voluntad del Director del establecimiento para instalar una política de
prevención.

El/la Inspector/a General, quien es por rol, el/la encargado/a de la con-


vivencia escolar.

El Jefe Técnico o encargado del currículo, de manera que exista una


preocupación para que éste refleje el espíritu de la propuesta, y logre
insertarse transversal­mente la prevención en el Proyecto Educativo
Institucional, y en el currículo escolar.

Profesores, que tengan legitimidad frente a sus colegas.

Estudiante(s) o representante(s) encargado(s) del Centro de Alumnos,


elegidos por sus pares.

Un representante de los co-docentes que pueda trabajar con sus co-


legas.

El/la encargado/a del Centro de Padres y otro apoderado elegido por


éste.

El psicólogo/a y el orientador/a, si los hubiera, que son por rol, los que
se ocupan de temas formativos y de trabajo con alumnos con proble-
mas.

El/la asesor/a del Centro de Alumnos y encargado Acles o talleres co-


programáticos, que serán actividades que también deben incluirse
muy centralmente.

45
Funciones del equipo responsable

El equipo responsable de prevención de drogas podrá cumplir algunas de las


siguientes funciones:

Realizar un diagnóstico de la situación actual del consumo de drogas


en el establecimiento.

Elaboración del documento de la política de prevención de drogas


para el establecimiento.

Mantención de la vigencia del documento que contiene las políticas y


normas respecto de drogas y alcohol, así como su difusión.

Coordinación de las acciones que implica implementar los programas


y estrategias de prevención definidas por el establecimiento (donde
se incluyen las acciones con apoderados, jóvenes, capacitación de
profesores, difusión).

Coordinación de las instancias para la capacitación y perfecciona-


miento docente permanente (con CONACE, MINEDUC o redes de
la comuna).

Incorporación de los padres y apoderados en la tarea preventiva.

Evaluación de las acciones desarrolladas de manera permanente (tri-


mestralmente, y/o al finalizar el año).

Durante la fase inicial del diseño de la política, el equipo responsable


debe:

1.Informar y sensibilizar al Director/a y/o Sostenedor del establecimiento res-


pecto a la importancia de desarrollar una política de prevención en el liceo
o escuela. Esto facilitará que exista un compromiso y voluntad explícitos
desde la dirección por desarrollar e implementar la política de prevención de
drogas, insertarla en el Proyecto Educativo Institucional, e incorporar el plan
de acción en la planificación anual del establecimiento.

46
2.Acordar las formas de trabajo y repartir responsabilidades. Distribuir y definir
a los responsables de cada tarea.

3.Reflexionar acerca de la importancia y necesidad de construir una política en


el establecimiento, y definir cual será su enfoque.

4.Elegir un coordinador y los encargados de los programas de prevención.

Materiales sugeridos para tener a la vista en el equipo de trabajo

Para facilitar la coordinación, planificación y evaluación, se sugiere


que los siguientes materiales se encuentren disponibles para cual-
quier miembro del equipo que necesite revisarlos:

Documento que dé cuenta de las políticas, normativas y plan de ac-


ción. Una carta Gantt a la vista, con las acciones y sus fechas cla-
ves.

Un organigrama (a la vista) de los distintos sub-equipos y los nom-


bres de sus responsables.

Un archivador con los documentos de difusión y capacitación utili-


zados, y otro con el proceso anual de evaluación (para registrar el
proceso, los resulta­dos y el análisis).

El coordinador de los programas de prevención al interior del estable-


cimiento estará a cargo de:

Velar por la coordinación de los programas de prevención específicos


y las instancias donde se aplican en cada uno de los ciclos educati-
vos.

Coordinar la existencia de estos programas en el establecimiento


con los encargados de los distintos programas en el liceo o escuela.

47
Coordinar las instancias de perfeccionamiento docente y/o evalua-
ción de los programas con las entidades correspondientes (CONACE
Regional y/o PRE­VIENE, MINEDUC, DAEM, DEM).

Evaluar en conjunto la implementación de la política.

De esta manera, en la medida que el establecimiento tenga más de


un progra­ma de prevención implementándose, el Coordinador de los
Programas podrá representar a los encargados de cada programa en
instancias de evaluación, jornadas, etc., pudiendo tener una visión
global de la implementación de éstos.

El encargado del programa tiene la función de:

Coordinar el programa específico de prevención que se está aplican-


do en el ciclo educativo, con todos los demás docentes. Los encar-
gados de programas son:

Encargado de Educación Parvularia (Programa “En Busca del Te-


soro”).
Encargado de 1º Ciclo Básico (Programa “Marori y Tutibú”).
Encargado de 2º Ciclo Básico (Programa “Quiero Ser”).
Encargado de Enseñanza Media (Programa“Yo Decido”).
Encargado del Programa “Prevenir en Familia”

Velar por el desarrollo e implementación del programa específico del


ciclo.

Asistir a las instancias de capacitación y perfeccionamiento docente


de prevención de drogas; el encargado del programa deberá transmi-
tir o replicar lo aprendido hacia otros docentes.

Informar al Coordinador de los Programas sobre el desarrollo de la


implementación y la evaluación de ésta al finalizar el programa.

Motivar y sensibilizar a los docentes de los diferentes sectores y sub-

48
sectores de aprendizaje para incorporar este tema en el currículo de
su curso.

Otros actores clave

Directivos del establecimiento. Es importante que los directivos propicien y


faciliten el desarrollo del o los programas de prevención en el establecimiento,
ya que esto legitimiza y motiva a los demás miembros de la comunidad edu-
cativa.

El sostenedor. Necesita conocer y comprender el o los programas o proyec-


tos que se van a desarrollar, sus beneficios y metas, así como los recursos
que implica.
En la medida en que el Sostenedor y el Director del establecimiento estén
informados y sensibilizados en el tema, se facilitarán los canales de comuni-
cación y coordinación para que la escuela o liceo cuente con los recursos y
autorizaciones correspondientes (asistencia de docentes a jornadas de capaci-
tación, actividades o talleres a desarrollar, etc.).

La municipalidad (en establecimientos municipalizados). Suele tener un área


destinada al tema de la prevención del consuno de drogas y/o alcohol. Esto im-
plica personas que conocen el tema, y con las que se puede establecer algún
tipo de coordinación. A veces cuentan con recursos para proyectos o conocen
organismos de referencia de atención de casos

El DAEM o (DEM) Departamento de Educación Municipal, a través del En-


cargado Comunal de Educación, que en algunos casos cuenta con un encar-
gado de drogan se constituye en un referente importante a nivel conunal, al
momento de coordinar las acciones o actividades preventivas Puede facilitar
los canales de comunicación y coordinación con la Secreduc (Secretaría Rego-
na) Ministerial de Educación), no sólo en os de asesoría técnica en ternas de
educación (deserción escolar, problemas conductuales y de rendimiento), sino
también respecto a las autorizaciones y gestiones correspon­dientes (realiza-

49
ción de talleres charlas, distribución horaria requerida para planificar jornadas y
encuentros, salida de docentes a capacitaciones, etc.).

El PREVIENE. CONACE ha instaurado oficinas comunales de prevención del


consumo de alcohol y drogas denominadas PREVIENE, el cual cumple la fun-
ción de coordinar las políticas de prevención de drogas en la comuna, relacio-
nadas con el control, prevención y tratamiento del consuno de drogas El PRE-
VIENE se constituye en un importante referente técnico especializado, al cual
los establecimientos pueden acudir por orientación, información sobre redes
en el municipio o comuna, y asesoría técnica especializada en dogas

En los municipios o comunas en que existe oficina del PREVIENE, el equipo


de profesionales está capacitado para acompañar, asesorar y apoyar a los es-
tablecimientos en el proceso de implementación de la política y ejecución de
los programas específicos en cada nivel.

En las comunas en donde no existe la oficina del PREVIENE en caso de coordi-


nación y/o asesoría técnica se supere comunicarse directamente con la oficina
regonal de CONACE (ver anexos con direcciones y teléfonos).

El supervisor del Departamento Provincial de Educación (o DEPROV). En cada


DEPROV suele haber un encargado de la prevención del consuno de drogas
y/o alcohol, que conoce el tema y puede ser un actor clave para establecer
redes, entre otras funciones

50
Diagrama de coordinación programa
de prevención escolar

CONACE MINEDUC
Nacional

Secretaría
CONACE Regional Ministerial
Regional de Educación

Unidad Técnica Regional


Unidad Gestión Coordinación Regional
Mesa Técnica Regional
Técnica-Territorial Programa Drogas

Municipios Sostenedores
PREVIENE

Equipo de Gestion Comunal


(DAEM, DEM o Corporación
y PREVIENE)

Mesa de Prevención Escolar Establecimientos


(Representantes de Centros de Municipales,
Padres, Directores, comunidad) Particular Subvencionados y
Particulares
STAFF No Subvencionados

51
2. Principios de prevención del consumo
de drogas y alcohol

Las políticas se fundan siempre sobre grandes valores y postulados acerca


del hombre y la sociedad. Por lo tanto, el documento de la política preventiva
debe contener, para empezar, los ejes rectores que definen la orientación va-
lórica y educacional del colegio, en concordancia con su proyecto educativo
particular.

Los principios son los valores y directrices que el liceo considerará válidas
respecto del consumo de drogas y alcohol y su forma de enfrentarlo. Son de-
claraciones de intención respecto del consumo, del tráfico y de las acciones
de prevención del colegio; en general, se justifican según el diagnóstico inicial
del problema en el establecimiento y de su cultura.
Por lo tanto, la definición de la política del establecimiento expresa una visión
acerca del problema y permite tener una acción o postura frente a la temáti-
ca.

Algunos principios que una política de drogas debería considerar:

Incentivar la participación de la comunidad educativa.

Promover el no consumo de drogas y /o alcohol.

Fomentar estilos de vida y entornos saludables.

Rechazo categórico a la oferta, demanda y tráfico de drogas en ge-


neral.

Fomentar el desarrollo de valores, actitudes y habilidades protecto-


ras.

Adoptar una mirada integral y comprensiva para enfrentar y abordar


el tema.

Implementar programas de prevención que promuevan estilos de


vida saludable.

52
Definir estrategias de prevención universal y selectiva que orienten y
contengan los problemas de consumo que se presentan.

Asegurar la no discriminación y la permanencia en el sistema de los


alumnos y alumnas que presenten algún tipo de consumo.

Procurar integrar a alumnos que desertan del sistema escolar o que


faltan a clase.

Incorporar en las estrategias de prevención, las características propias


de la cultura juvenil, promoviendo la autonomía, el discernimiento y el
diálogo y debate, rescatando los distintos matices y especificidades
que componen su cultura.

Fomentar una actitud no estigmatizadora con jóvenes que presentan


consumo dependiente y abusivo de drogas.

Involucrar a la familia en el proceso preventivo.

53
3. Normas y procedimientos sobre drogas y alcohol

A partir de la declaración de principios del establecimiento, su cultura y el pro-


yecto educativo, se generan las normas y los procedimientos para abordar los
diferentes problemas relacionados a este tema.

Las normas se establecen en el colegio para lograr el acuerdo de convivencia y


su resguardo. Naturalmente deben ser congruentes con los principios y los va-
lores fundamentales e involucran a todos los actores, no sólo a los alumnos.

Las normas establecen los derechos y deberes al interior de la comunidad


educativa, definiendo los criterios que se aplicarán. Las normativas son una
parte del llamado “Reglamento Interno” del establecimiento, en lo que se
refiere al consumo, abuso y tráfico de sustancias, explicitándose las conse-
cuencias al momento de faltar en el cumplimiento de una norma.

Los procedimientos son los pasos a seguir en cada una de las distintas situa-
ciones que se presentan respecto del consumo de drogas y alcohol. Definir
qué pasos se van a seguir al momento de enfrentar una situación problema,
permitirá orientar y clarificar la forma de enfrentar y abordar situaciones a ve-
ces de difícil manejo y deben estar de acuerdo con los principios y las norma-
tivas del establecimiento.

Algunas preguntas que debieran considerarse:

¿Qué hacer cuando un alumno se acerca a pedir ayuda por presentar algún
problema de consumo?

¿Qué hacer frente a los padres o apoderados que solicitan apoyo u orientación
frente a un hijo o hija que consume?

¿Qué hacer cuando se sabe que algún alumno o alumna falta a clase por pro-
blemas de alcohol o droga?

54
¿Qué hacer cuando se está en conocimiento que algún alumno o alumna tra-
fica sustancias en el establecimiento?

¿Qué hacer cuando se sorprende a algún alumno o alumna consumiendo dro-


gas y/o alcohol al interior del establecimiento?

Se debe enfatizar que los reglamentos deben obedecer a una lógica preventi-
va, no basada en criterios de punición y control, sino apelando a la responsa-
bilización de las personas.

Es importante en este punto conocer a fondo las leyes existentes en rela­


ción al consumo, uso o tráfico de drogas y alcohol. Las normativas deben
estar definidas en función de las leyes vigentes, así como con los diferentes
procedimientos a seguir según lo establecido en estas leyes, aun cuando in-
ternamente el establecimiento también define sus propios procedimientos y
normativas. Se sugiere leer el anexo sobre las leyes vigentes.

4. Integración de los contenidos preventivos


en el currículo escolar

Uno de los aspectos centrales del nuevo currículo escolar es que focaliza su
mirada en los aprendizajes esperados, más que en los contenidos a desarro-
llar. En este sentido, el diseño curricular nos ofrece la oportunidad de seleccio-
nar aquellos aprendizajes que se relacionan con los objetivos preventivos en
los programas de prevención (mapeo curricular). En el caso que el aprendizaje
esperado no se relacione con el objetivo preventivo, podemos incorporar di-
chos contenidos que pueden ser de utilidad para el logro de los aprendizajes
planificados (inserción curricular).

El diseño curricular se expresa en los Programas de Estudio, ya sean elabora-


dos por la misma unidad educativa, o aquellos ofrecidos por el Ministerio de
Educación. Cada programa de estudio da cuenta de los aprendizajes espe-
rados para cada subsector, como también de una selección de contenidos y

55
actividades que conducen al logro de tales aprendizajes. Este proceso permite
en el alumno, el desarrollo de aspectos conceptuales, procedimentales y való-
ricos a través de la adquisición de conceptos fundamentales relacionados con
la sociedad, el entorno y el desarrollo de metodologías de trabajo y habilidades
de pensamiento relacionadas con la resolución de problemas y análisis de
diversas situaciones.

Teniendo presente que en el marco curricular se establecen objetivos cuyo pro-


pósito es contribuir a la formación integral y armónica de los alumnos y alum-
nas, cada subsector permite problematizar los diversos contenidos míni­mos,
a través de la vinculación de éstos con la vida cotidiana de los estudian­tes, la
formulación de juicios morales y el desarrollo de compromisos sociales.

En este sentido, el Programa de Estudio ofrece múltiples posibilidades forma-


tivas y de esta manera, se transforma en una oportunidad para la prevención
del consumo de drogas. En primer lugar, a través de la generación de situa-
ciones de aprendizaje que apunten al pleno desarrollo de los niños, niñas y
jóvenes, ya que una persona integrada y actualizada en sus potencialidades
tenderá a estilos de vida y generación de valores saludables, a contar con un
amplio repertorio a nivel cognitivo, afectivo y conductual para enfrentar los
dilemas de la vida y para decidir responsablemente sobre el consumo, si éste
apareciera como posibilidad. En segundo lugar, fortaleciendo aquellos factores
protectores ante el consumo de drogas.

El conocimiento progresivo de sí mismo, de las propias fortalezas y limitacio-


nes, la autoaceptación y valoración de éstas, el reconocerse como una per-
sona única y distinta, valorando los aportes de las diferencias personales al
momento de realizar un trabajo conjunto, permitirá el desarrollo de una mayor
confianza y seguridad en sí mismo y una menor necesidad de buscar estos
elementos en otros. En cada subsector se favorece el reconocimiento de las
propias potencialidades y necesidades de los alumnos y alumnas en distintas
áreas, así como la toma de conciencia de que para desarrollarlas y satisfacer-
las necesitamos de otros, entendiendo que el ser humano es un todo que se
mueve, siente, conoce, expresa, necesita e interactúa con y desde los distin-
tos ámbitos de la sociedad.

56
Cada subsector constituye una oportunidad para aprender a identificar nues-
tras emociones y sentimientos, valorarlos y expresarlos, tomando conciencia
de la importancia de establecer vínculos afectivos, fuertes y estables con otros
y con nosotros mismos, permitiendo mejorar nuestra calidad de vida. Este
aprendizaje nos hará reflexionar críticamente sobre los estímulos del mundo
que nos rodean y expresar las emociones que nos oprimen y nos tensan,
éstas muchas veces pueden conducirnos a medios inadecuados de expresión
como consumir tranquilizantes, alcohol, drogas, televisión, etc.

Por otra parte, en la etapa en la que se encuentran los y las estudiantes flo-
recen sentimientos y emociones relacionados con los cambios a nivel físico,
psicológico y social propios de la pubertad y la adolescencia. El estudio de
los procesos asociados a la maduración biológica promueve la anticipa­ción a
estos cambios al menos en el plano cognitivo, y permite que éstos sean más
fáciles de aceptar y compartir, disminuyendo los sentimientos de inseguridad
y ansiedad en los jóvenes. En la medida en que los adolescentes aprenden a
reconocer lo que les pasa, a aceptar los sentimientos y emocio­nes que les
surgen ante determinadas circunstancias y a expresarlos, están más prepa-
rados para manejar situaciones problemáticas o de riesgo, entre las que se
encuentra el consumo de drogas.

La adquisición ejercitación y fortalecimiento de una visión comprensiva de la


realidad social, que permita a los estudiantes mantener o mejorar un estado
de apertura a principios clave para la toma de conciencia del valor de la vida, la
justicia y la verdad, son articuladores claves para la vinculación con el entorno
social y natural.

El desarrollo de un juicio crítico permitirá a los estudiantes estar en mejo­res


condiciones para ejercer su libertad y capacidad de autonomía. El fortaleci-
miento de recursos personales desarrolla en el individuo la capacidad de filtrar
la información y las presiones que provienen permanentemente del medio
social. Esto permite mayores posibilidades de enfrentar eficazmente las deci-
siones frente a diversas situaciones.

57
Finalmente, los diferentes subsectores ofrecen la posibilidad de conocer y
reflexionar en relación a información clara y precisa sobre los efectos y conse-
cuencias que el uso y abuso de drogas tiene para la vida personal, familiar y
social, basados en la evidencia científica. Es importante que las personas pue­
dan estar informadas sobre las consecuencias de sus actos y de esta manera
tomar mejores decisiones.

El rol del educador es fundamental en este proceso, como guía y facilitador


en el descubrimiento y construcción de la propia identidad de los alumnos,
la aceptación, valoración de fortalezas y debilidades, para el aprendizaje de
nuevos conocimientos y conductas. Es importante tener presente que para
el logro de los objetivos propuestos es clave la capacidad de generar un clima
cálido, afectivo y de aceptación, que facilite la participación de todos los alum-
nos y alumnas en un espacio de confianza, con sentido de grupo, pertenencia
y solidaridad.

Será un desafío de cada educador buscar nuevas relaciones entre los Objetivos
Fundamentales y Contenidos Mínimos de cada subsector y los conocimien-
tos, habilidades y actitudes que ayudarán a los jóvenes a enfrentar fortalecidos
las diversas tareas y situaciones que se les presenten en la vida. En este senti-
do, ofrecemos una invitación a repensar los programas, identificando aquellos
elementos que son necesarios de intencionar para enriquecer la formación
de los alumnos y alumnas. Para ello una buena herramienta a utilizar puede
ser el material elaborado por el Ministerio de Educación y CONACE que se
encuentra a disposición de los establecimientos (“Contenidos de prevención
del consumo de drogas en el marco curricular”. Subsectores de aprendizaje
para educación básica y educación media, CONACE-MINEDUC, 2001). Dicho
material entrega apoyo a los docentes para los diferentes secto­res y subsec-
tores de aprendizaje desde 5º año básico hasta 4º año medio, con el objetivo
de incluir en el marco curricular de la educación chilena los contenidos de pre-
vención del consumo de drogas. En esta lógica y de acuerdo a los Objetivos
Fundamentales Transversales, se busca incluir la tarea preventiva de manera
continua y cotidiana en el quehacer educativo.

58
A modo de ejemplo

Podemos relacionar algunos objetivos preventivos del programa “Quiero Ser”,


con algunos aprendizajes esperados, por ejemplo en el subsector de Estudio y
Comprensión de la Sociedad, de octavo año básico. En la unidad tres de este
programa de estudio, se mencionan dos aprendizajes esperados que se rela-
cionan directamente con los objetivos preventivos; estos son:

Los alumnos y alumnas:

Aprecian la complejidad y urgencia de los problemas que afectan a la humani-


dad, en particular la pobreza.

Diseñan y ejecutan un proyecto de acción social, inscrito en la lucha contra la


pobreza o cualquier otro problema del mundo contemporáneo.

Ambos aprendizajes se relacionan con la mirada del consumo y tráfico de dro-


gas como uno de los principales problemas de las sociedades modernas; en
este sentido, las actividades desarrolladas en el manual del programa “Quiero
Ser”, para octavo año, pueden servir de apoyo para la profundización de activi-
dades y contenidos que fortalecen el logro de estos aprendizajes.

59
III. Tipos de prevención

Tradicionalmente se han diferenciado tres niveles en el desarrollo de los pro-


gramas de prevención: primaria, secundaria y terciaria. Esta clasificación, pro-
cedente del ámbito de la planificación sanitaria, se construyó en función de los
distintos tipos de poblaciones a los que se dirigía la acción preventiva y de los
objetivos que se perseguía con éstas.

La prevención primaria: Tiene como población destinataria a las personas


no consumidoras de drogas y su objetivo es evitar que se inicien en estos
consumos.

La prevención secundaria: Se dirige a consumidores de drogas en fases ini-


ciales, donde todavía no están consolidados los problemas de abuso y su ob-
jetivo es el de lograr una detección precoz y el prestar una atención temprana
a estas personas.

La prevención terciaria: Se dirige a personas que ya presentan problemas


de abuso o dependencia de las drogas, y su objetivo es el de prestar atención
a estas personas y reducir posibles daños asociados al consumo (alude a la
rehabilitación y reinserción social).

Las dificultades de ubicar en este esquema el conjunto de actuaciones que


venían siendo promovidas desde los programas de prevención y la confusión
que con frecuencia provocaba a la hora de delimitar las intervenciones pre-
ventivas y asistenciales, ha llevado a superar progresivamente esta clásica
clasificación y sustituirla por otra articulada en función de los distintos niveles
de riesgo de uso de drogas a los que están sometidas las poblaciones a las
cuales se dirigen los programas de prevención.

Estrategias universales: Son aquellas que se dirigen al conjunto de la pobla-


ción (por ejemplo, los adolescentes), independientemente del nivel de riesgo

60
al que estén sometidos. Estas estrategias inciden sobre una serie de factores
de riesgo y protección identificados con carácter general.

Estrategias selectivas: Son aquellas que se dirigen a grupos de riesgo pre-


viamente identificados, de los que se conoce que están sometidos a niveles
de riesgo superiores a los de la media (por ejemplo los hijos de drogodepen-
dientes).

Estrategias indicadas o particulares: Son aquellas que se dirigen de forma


específica a una serie de sujetos o individuos de los que se sabe que están
sometidos a situaciones de alto riesgo (por ejemplo componentes de un gru-
po seleccionados por el hecho de proceder de familias desestructuradas, de
zonas geográficas que registran altos niveles de consumo y tráfico de drogas,
que han experimentado a tempranas edades con distintas drogas, etc).

En general son las estrategias universales las que cuentan con un mayor grado
de implementación, dado que su desarrollo no requiere de estudios o investi-
gaciones previas, puesto que inciden sobre factores de riesgo y protección ge-
nerales ya conocidos. Por el contrario, las estrategias selectivas, y en especial
las indicadas, exigen un mayor nivel de análisis y conocimiento de la realidad
sobre la que se desea intervenir. Para su aplicación es preciso realizar estudios
que establezcan diferencias entre los distintos niveles de uso de drogas de
distintos grupos o individuos, así como la identificación de los factores de ries-
go presentes en cada uno de ellos. Por otra parte, las estrategias selectivas
requieren movilizar un mayor número de recursos humanos y materiales para
su implementación, e incidir con mayor frecuencia en poblaciones reducidas.

61
Características de programas preventivos efectivos

Se ha visto que aquellos que tienen buenos resultados, en general, poseen las
siguientes características:

Implica diversas instancias del establecimiento (talleres, currículo,


reuniones de apoderados, diarios murales). Impregna distintos as-
pectos de la institución, haciendo de esta manera el tema transversal
(normas, estilo pedagógico, relación con los apoderados, etc). Incor-
pora y establece alianzas con la comuni­dad en su totalidad (apodera-
dos, estudiantes, docentes, co-docentes, sostenedores, auxiliares).

Las actividades se mantienen de manera periódica, continua y sis-


temática en el tiempo. Las actividades requieren de un compromiso
activo más que pasivo (hay muchos encargados, muchos participan-
do activamente).

Las actividades se hacen a la medida de las necesidades específicas


de los grupos del establecimiento. Los estudiantes son los principales
usuarios, y ellos le asignan valor a las actividades (permite seleccio-
nar las actividades más adecuadas a sus intereses y características).

62
La formulación de una política preventiva certera, que dé respuesta
a los requerimientos de cada realidad local, requiere no sólo el cono-
cimiento teórico sobre el tema, sino también el manejo de informa-
ción sobre la oferta programática específica desarrollada desde la
política pública y sobre las orientaciones básicas para una adecuada
intervención.

A continuación se dan a conocer los programas desarrollados por


CONACE para aplicar en los distintos contextos, destacando los di-
rigidos a una prevención universal primaria. Asimismo, se entregan
las orientaciones para formular una política de prevención selectiva
secundaria y los elementos centrales para abordar casos de tráfico
en la escuela.

63
IV. Prevención Universal Primaria

La oferta programática de CONACE se inserta en un desarrollo histórico del


tema, el que surge como preocupación emergente en la década de los 80,
principalmente en el discurso y acciones de ONG’s que desarrollan su trabajo
en sectores de vulnerabilidad social.

Es en la década del 90 cuando se instala como parte de políticas de salud


pública por parte del Estado, las que promueven una Política Nacional para
la prevención y el control de drogas y la firma de tratados internacionales so-
bre control de drogas. En ese contexto se insertan la firma de la Convención
Internacional de Derechos del Niño en 1990 y la promulgación en 1995 de
la ley Ley 19.366, que sancionó el tráfico ilícito de estupefacientes y drogas
psicotrópicas.

Las primeras acciones sobre el tema son desarrolladas especialmente por el


Ministerio de Salud con las iniciativas “Quiero mi vida sin drogas” y “Sin dro-
gas más libres”. En paralelo, ingresa al sistema educativo a través de los Pro-
yectos Educativos de Prevención (PEP) y en algunos programas específicos
por nivel, como “Pasarlo bien”, “Ser y Crecer”, “Vitales y libres”.

A partir de esta experiencia y constatando la complejidad del fenómeno, se


hizo necesario, además de la promulgación de una nueva ley de drogas (Ley
N°20.000, publicada el 2005 en reemplazo de la anterior), asumir desde la
política pública una estrategia concebida como un proceso, lo cual dio origen a
los actuales programas del Continuo Preventivo, diseñados para su aplicación
sistemática en el sistema educativo nacional, acoplando sus ejes temáticos y
conceptuales a los objetivos fundamentales definidos por el MINEDUC en su
nuevo marco curricular, el que explicita un conjunto de orientaciones valóricas
“transversales”, donde la prevención del consumo de drogas encuentra su ma-
yor conexión.

64
Continuo Preventivo
Educación Parvularia Educación General Básica ( E.G.B ) Educación Media ( E.M. ) Educación Superior

Primer Ciclo Segundo Ciclo

Proceso Educativo

65
66
Factores protectores o habilidades para la vida en la
estrategia de prevención

NT1 y NT2 1o a 4o 5o a 8o 1 o a 4o
Ed. Parvularia Ed. Básica Ed. Básica Ed. Media

Resistir la presión del grupo


Identidad y Identidad Imagen personal Toma de decisiones
Autoestima Afectividad Comunicación Expresión
Afectividad Autocuidado Expresión Manejo ansiedad
Autocuidado Extensión de sí mismo Toma de decisiones Valores
Integralidad del Ser Integralidad del ser Proyecto de vida
Resistir presión grupo
Vínculo con la familia Vínculo con la familia Uso positivo del tiempo libre
Adolescencia
Habilidades sociales
Manejo ansiedad Relacionarse entre
Información (drogas) hombres y mujeres
Vínculo familia Vínculo comunidad
Información drogas

Información (drogas). Adolescencia y drogas


Comunicación efectiva. Clima e identidad familiar.
Prevención temprana. Estilo de vida saludable
Normas y límites. Detección precoz
Familia y dependendencia
a. El “Continuo preventivo” en la escuela

Para prevenir el consumo de drogas se requiere que además de instalarlo


en el currículo, se aplique o desarrolle un programa preventivo sistemático,
continuo y gradual que aborde específicamente el tema de acuerdo al nivel de
desarrollo de los alumnos. Esto es lo que caracteriza a un programa y lo dife­
rencia de las acciones aisladas.

Respecto de la oferta de programas de prevención de drogas en educación,


CONACE y MINEDUC han desarrollado un conjunto de programas dirigidos a
prevenir el consumo de drogas para cada ciclo educativo, que están a dispo­
sición de las escuelas y liceos del país y que tienen como objetivo desarrollar
los factores protectores y potenciar las habilidades para la vida.

Los programas de prevención escolar que han sido evaluados, estandarizados,


y que están a disposición de la comunidad educativa son:

Programa “En busca del tesoro”: Niños de 3 a 6 años de Educación


Parvularia.

Programa “Marori y Tutibú”: 1º a 4º de Educación Básica

Programa “Quiero Ser”: 5º a 8º de Educación Básica

Programa “Yo decido”: 1º a 4º de Educación Media

Todos estos materiales cuentan con un manual del profesor, cuadernillos para
los alumnos y material para trabajar con las familias.

Además de los programas específicos de prevención de drogas, el estableci­


miento puede realizar otras acciones destinadas a sensibilizar, promover y pre­
venir el consumo de drogas dirigidas a los alumnos, docentes y apoderados,
como es el caso de la aplicación del programa “Prevenir en Familia”. Este pro­
grama consiste en un taller que dura entre seis y diez sesiones, coordinadas

67
por un monitor o monitora surgidos del propio establecimiento o designado
por una institución u organización (centro de padres, ONG’s, organizaciones
sociales, las propias familias del centro educacional, servicios de salud, etc.).

Programas de prevención del consumo


de drogas en el ámbito educacional

Estrategia de prevención escolar

En el marco de la Estrategia Nacional de Drogas del gobierno de Chile, CONA-


CE, dependiente del Ministerio del Interior, en conjunto con el Ministerio de
Educación, ha desarrollado una serie de programas de prevención en el ámbito
educacional, los cuales se ofrecen y se aplican en establecimientos municipa-
lizados, particular subvencionados y particular pagados de todas las regiones
del país. Esto se debe a la relevancia que tiene en la prevención del consumo
de drogas la comunidad educativa, conformada por los alumnos, padres y apo-
derados, docentes y co-docentes.

Los estudios realizados en la población escolar confirman y destacan la impor-


tancia de los docentes, la familia y la escuela como agentes relevantes en la
prevención. Una escuela que se constituye en un ambiente protector frente al
consumo es aquella que posee una política de prevención incorporada en el
Proyecto Educativo Institucional, organi­za a la comunidad educativa frente al
tema, posee una adecuada disciplina y desarrolla programas específicos para
formar valores, actitudes, conocimientos y habilidades en los alumnos, que
favorezcan el compromiso con estilos de vida saludable y una actitud crítica
frente al consumo de drogas.

Los programas de prevención escolar que se ofrecen, constituyen un continuo


que abarca desde la educación parvularia hasta la enseñanza media, y están
dirigidos a los alumnos y a sus familias, con el objetivo de entregar herramien-
tas que permiten abordar el tema.

68
Cada programa de prevención ha sido elaborado por especialistas y validado
mediante estudios de evaluación y la aplicación práctica a alumnos de esta-
blecimientos educacionales. A partir de esto, se han modificado para mejorar
su eficacia y calidad, traduciéndose en sus nuevas versiones, actualmente en
aplicación.

Esperamos que el material que presentamos constituya una herramienta va-


liosa para las comunidades educativas, de modo que en conjunto como so-
ciedad, trabajemos en la prevención del consumo de drogas en los niños,
adolescentes y familias de nuestro país.

“En busca del tesoro”

Programa de prevención temprana dirigido a niños y niñas de tres a seis años


de edad que cursan el 1º y 2º nivel de transición en educación parvularia. Se
implementa en los establecimientos educacionales, jardines infantiles y cen-
tros abiertos del país.

“En busca del tesoro” es una herramienta para orientar la labor pedagógica de
educadoras/es de párvulos, diseñada para fortalecer en los niños y niñas valo-
res, actitudes, habilidades y comportamientos que les permitan desarrollar un
estilo de vida saludable.

69
El programa contempla ocho sesiones con los niños y la posibilidad de realizar
actividades complementarias con un material de apoyo (“En la huerta con
mis amigos”). La intervención con las familias se efectua a lo largo de todo el
programa a través de actividades para realizar en el hogar, una sesión con los
niños y tres sesiones para padres.

El programa se centra en el desarrollo de los factores protectores, y se articula


en torno a la prevención temprana del consumo de drogas a través de cuatro
ejes preventivos o factores protectores, los cuales son: identidad, autoestima,
integralidad del ser, afectividad y autocuidado.

Consta de los siguientes materiales:

1. Manual “En busca del tesoro”. Contiene los elementos teóricos


y metodológicos del programa. Se puede aplicar en años conse-
cutivos al mismo grupo de niños, enriqueciendo las actividades o
complementándolas con otros textos.

2. Mapa. Afiche que ilustra las diferentes sesiones-pruebas por las


cuales se avanza en el trabajo preventivo.

3. “En la huerta con mis amigos”. Libro con 12 cuentos. Contiene


una “Guía para el educador”, con actividades preventivas que se
realizan directamente con los niños y niñas entre cuatro y seis
años y sus familias o adultos significativos.

4. Material educativo para familias. Informa a las familias acerca


del programa, y orienta respecto de acciones preventivas a desa-
rrollar con los hijos.

70
“Marori y Tutibú”

Dirigido a niños y niñas de nivel básico –primero y segundo (NB1 y NB2)– y


a sus apoderados, es un programa que tiene una duración general de cuatro
años. Su objetivo principal es fortalecer factores protectores del consumo de
drogas en edad temprana, que permita a los niños y niñas desarrollar estilos
de vida saludable y enfrentar de manera responsable y crítica las posibles si-
tuaciones de consumo que se les puedan presentar durante la vida.

A través de sus personajes, “Marori y Tutibú”, se desarrollan las sesiones en


torno a cinco ejes preventivos o factores protectores:

Identidad

Integralidad del ser

Afectividad

Autocuidado

Extensión del sentido de sí mismo

71
Las sesiones para los niños y niñas están organizadas en cinco módulos de
trabajo, que corresponden a los cinco ejes temáticos que se trabajan por cada
nivel, desde 1º a 4º básico. Se ofrecen sugerencias para profundizar en otras
asignaturas y dar continuidad al trabajo con las sesiones.

Consta de los siguientes materiales:

1. Manual para el docente, contiene orientaciones generales para la


aplicación del programa y sus contenidos teóricos y metodológi-
cos.

2. Cuadernillo de trabajo para el alumno, uno para cada nivel de en-


señanza, de 1º a 4º básico. En él se refuerzan –a través de activi-
dades para el alumno– los contenidos trabajados en la sesión y se
dan indicaciones para que ellos/as puedan trabajar en el hogar con
la familia, reforzando los contenidos.

“Quiero Ser”

Está dirigido a alumnos de 5º, 6º, 7º y 8º de enseñanza básica; su objetivo es


potenciar los factores de protección en los niños, niñas y adolescentes entre
10 y 14 años para evitar el consumo de drogas, ofreciéndoles información so-
bre las distintas sustancias y desarrollando habilidades psicológicas, afectivas,
cognitivas y sociales que les permitan un desarrollo más integral y pleno, pre-
parándolos para enfrentar situaciones y conflictos propios de la edad.

72
El programa se imparte de manera secuencial durante cuatro años. Comienza
su aplicación en 5º básico, ampliando y reforzando los objetivos propuestos en
los años sucesivos, hasta llegar a 8º básico.

Los contenidos y temáticas de las sesiones para los alumnos están adaptados
para cada nivel desde 5º a 8º básico; contemplan siete sesiones para 5º, 14
sesiones para 6º, 12 sesiones para 7º y 10 sesiones para 8º básico. Se contem­
plan también sesiones de trabajo con los apoderados y con los profesores.

Los ejes temáticos o factores protectores que trabaja este material son:

Imagen personal

Comunicación

Información sobre drogas

Toma de decisiones

Manejo de la ansiedad

Presión de grupo

Adolescencia

El programa consta de los siguientes materiales:

1. Manual del profesor: contiene la información necesaria sobre las


diferentes drogas y su consumo, así como la guía metodológica
para realizar las sesiones con apoderados y alumnos/as de todos
los niveles y las sesiones con los profesores.

2. Manual para el alumno: existe un manual o cuadernillo para cada


curso (5º, 6º, 7º y 8°).Todos los estudiantes cuentan con su propio
cuaderno de trabajo, que incluye los contenidos del programa y les
permite hacer anotaciones, dibujos y comentarios.

73
“Yo decido”

Está dirigido a estudiantes de 1º, 2°, 3° y 4º de enseñanza media. Su objetivo


es dotar a los establecimientos educacionales de un conjunto de herramientas
y actividades, para prevenir y abordar los problemas relacionados con el con-
sumo de drogas en los alumnos.

Las cifras e investigaciones indican que el consumo de drogas asciende y se


duplica de 8º a 1º medio (de un 6% a 12%), y vuelve a doblarse entre 1º y 4º
medio (de 12% a 24%), por lo que el ingreso al ciclo de enseñanza media es
especialmente sensible en relación con el consumo de drogas; de allí la rele-
vancia de centrar las estrategias de prevención en esta población objetivo.

El material del programa considera las características de la etapa adolescente


y, por lo tanto, procura fomentar la reflexión, la discusión y el análisis crítico de
esta problemática en los alumnos y sus familias, a través de actividades lúdi-
co-participativas. Los contenidos del programa se centran en informar sobre
drogas y alcohol, desarrollar habilidades para el discernimiento, el desarrollo
de la autonomía, y el cuidado mutuo en la comunidad, curso y escuela.

Contiene además un texto de orientaciones para abordar los problemas de


consumo de alcohol y drogas en adolescentes de enseñanza media. En él se
encuentran los principales conceptos que deben manejar los docentes y orien-
tadores con sus alumnos para enfrentar los problemas de consumo de drogas:

74
pautas de entrevista, estrategias de apoyo y cambio, sistemas de referencia y
derivación, entre otros.

“Yo decido” es un set de materiales que se pone a disposición de la comuni-


dad educativa, que consta de lo siguiente:

1. Seis cuadernillos que contienen 59 actividades que se organizan


dependiendo del tipo de actividad. Estas son: reflexión personal,
diálogo y/o debate, concursos, juegos y eventos, cine-foro en tor-
no a películas relacionadas con el tema, actividades de expresión
artístico-teatral, actividades de investigación y desarrollo de pro-
yectos, visitas a comunidades terapéuticas, etc.

Los títulos de los cuadernillos son:

Investigación y proyectos

Juega y relájate

Reflexión personal

Teatro

Diálogo y debate

Cine-foro

2. Un manual para el profesor que sirve de guía para la aplicación


de las actividades.

3. Cuatro sets de juegos de naipes con contenidos que motivan a


los jóvenes a expresarse sobre diversos temas.

4. Un video con testimonios y campañas comunicacionales sobre


drogas.

5. Guía de orientaciones para abordar los problemas de consumo


de alcohol y drogas en el establecimiento.

El set no contempla material para cada alumno, lo que facilita su aplicación.

75
Características de los programas de prevención escolar

Son programas autoaplicables. El docente tiene todo lo que necesita para im-
plementarlos en la sala de clases.

Son flexibles, permiten a los profesores adecuarlos a las necesidades que


presente el grupo-curso.

Abordan ejes preventivos coherentes con los Objetivos Fundamentales Trans-


versales de la educación, e incluyen estrategias de inserción curricular.

Los programas integran a la familia de los niños, niñas y adolescentes, entre-


gando herramientas para el desarrollo de actitudes preventivas, además de
generar un espacio de discusión en el hogar, sobre el problema del consumo
de drogas.

Los programas incorporan a directivos, docentes, co-docentes, apoderados y


alumnos como agentes preventivos.

b.“Prevenir en Familia”

Si bien todos los programas de prevención escolar contemplan actividades


con los niños y sus familias, se deben ofrecer programas específicos dirigidos
a la familia para abordar el tema con los padres, especialmente si éstos tienen
hijos adolescentes.

El programa “Prevenir en Familia” desarrollado por CONACE, consiste en un


taller que dura entre seis y doce sesiones; tiene como objetivo sensibilizar,
fomentar y potenciar el rol de los padres o apoderados como agentes protec-
tores de modo que asuman una actitud activa y responsable ante el tema del
consumo de drogas.

76
Para el desarrollo de este programa, CONACE ofrece a los establecimientos
educacionales formar monitores voluntarios (apoderados, docentes, co-do-
centes) para implementar los talleres preventivos, en los cuales se trabajan
los temas principales relacionados con la prevención, procurando espacios de
reflexión y aprendizaje para grupos de familias. El programa se centra en aque-
llos factores que promueven un estilo de vida saludable y un clima protector
frente a los riesgos del entorno y en especial del consumo de drogas.

Los objetivos generales del programa prevenir en familia son:

Sensibilizar a padres y/o adultos significativos para que asuman una


actitud activa y responsable para enfrentar el tema del consumo de
drogas.

Fortalecer los recursos personales y sociales de la familia para apoyar


y crear las condiciones para facilitar su labor preventiva.

Ofrecer un instrumento de apoyo a la familia para facilitar la labor de


prevención que debe realizar.

Objetivos específicos:

Sensibilizar a los padres y/o adultos significativos acerca de la impor-


tancia de su papel como agentes preventivos.

Promover el desarrollo de factores protectores orientados a evitar el


consumo de drogas al interior de la familia.

Promover una actitud activa y responsable para intervenir y fortalecer


factores protectores del entorno en que viven. Fortalecer el sentido
de competencia de los padres y el grupo familiar para resolver sus
problemas.

Aumentar los conocimientos de la familia sobre los efectos y con-


secuencias de uso de drogas, entregando la información necesaria
para que sean capaces de intervenir precozmente en el consumo de
drogas de sus miembros.

Entregar pautas de acción para enfrentar el consumo y detenerlo.

77
Estructura del programa

El programa está concebido para ser aplicado por monitores capacitados pre-
viamente (uno o dos) y contiene un Manual para el Monitor, que explicita todos
los contenidos y actividades que se requieren sesión por sesión, de modo de
facilitar su aplicación, un material educativo para los padres/ apoderados; y un
conjunto de materiales de apoyo necesarios para desarrollar las actividades
propuestas (video, juegos, tarjetas de actividades etc.).

Este programa consta de 12 sesiones, la mayoría de las cuales están dirigidas


específicamente a los padres y/o apoderados, y otras sesiones están plani-
ficadas para aplicarlas a los padres/apoderados en conjunto con los hijos en
edades pubertad/adolescencia (11-13 años a 18-19 años).

En cada sesión se trata un contenido fundamental relacionado con los prin-


cipales problemas que preocupan a los padres y junto a su denominación se
identifica el factor protector a desarrollar.

El monitor podrá organizar el taller con cinco sesiones básicas, pudiendo se-
leccionar las que considere pertinentes en función de las características del
grupo con que trabajará, los objetivos planteados para ese grupo y el tiempo
que disponga.

El taller puede ser programado como una actividad diaria, semanal, quincenal
o mensual.

El tiempo estimado por sesión es de alrededor de 90 minutos. Cada actividad


incluye el tiempo estimado y los objetivos para ella.

El desarrollo de las sesiones contiene una motivación o introducción de la se-


sión, donde se hace un breve resumen de lo que será la sesión e integra los
contenidos de sesiones anteriores; también están contenidas cada una de las
actividades que se proponen para la sesión, cada una de las cuales tiene indi-
cado los objetivos específicos y el tiempo estimado para ellas. Para ayudar a la

78
reflexión y la conducción del taller, cada sesión cuenta con ciertas ideas fuerza
destacadas para el monitor, así como sugerencias para enriquecer la actividad
y notas (datos importantes con respecto a la actividad). También se refuerzan
los conceptos e ideas preventivas en los resúmenes que se encuentran al final
de cada sesión.

79
Descripción de las sesiones

Sesión Factor Protector Dirigido a

Recursos familiares frente a factores Padres y/o adultos


Sesión 1 Familia y drogas
de riesgo identificados significativos e hijos

Mitos y realidades Padres y/o adultos


Sesión 2 Información sobre drogas
acerca de las drogas significativos e hijos

Clima e identidad familiar Padres y/o adultos


Sesión 3 Familia preventiva
protectores frente al consumo significativos e hijos

Comunicación Habilidades comunicacionales Padres y/o adultos


Sesión 4
Efectiva entre padres e hijos significativos

Adolescencia Motivaciones frente al Padres y/o adultos


Sesion 5
y drogas consumo en la adolescencia significativos

Establecimiento de normas
Padres y/o adultos
Sesion 6 Normas y Límites y límites adecuados a la etapa
significativos
de desarrollo

Claves para la Detección e intervención precoz Padres y/o adultos


Sesión 7
intervención temprana ante consumo de drogas significativos

Identificación del clima y el estilo


Padres y/o adultos
Sesión 8 Familia y dependencia de comunicación familiar, en familias
significativos
con un miembro dependiente

Construyendo un Fortalecer factores protectores Padres y/o adultos


Sesion 9
entorno protector del entorno sociocultural significativos

Promoción de cultura de no Padres y/o adultos


Sesión 10 Prevención temprana
consumo y estilo de vida saludable significativos

Somos el motor Desarrollar en las personas la Padres y/o adultos


Sesión 11
de la familia capacidad para valorarse a sí mismos significativos

Detección e intervención precoz


Padres y/o adultos
Sesión 12 Alcohol en la familia del consumo problemático
significativos
de alcohol en la familia

80
Metodología del programa

Esta estrategia está dirigida a familias en general, cuidando el respeto a la gran


diversidad de estilos de familia, estilos educativos y condiciones de vida.

Se utiliza una metodología participativa, en que velando por los objetivos del
taller y de cada sesión, se construye, en conjunto con los participantes, el
conocimiento. La reflexión tanto individual como grupal es fundamental para
lograr integrar los contenidos entregados y construidos como nuevos apren-
dizajes.

Para lo anterior, el monitor debe ser un “facilitador”, es decir, el que promueve


la participación, reflexión y construcción de aprendizaje, logrando integrar y
adecuar los objetivos de las sesiones con las realidades de los participantes.

Este taller toma en cuenta el ciclo de vida de las familias, es decir que se cen­
tra en familias que se encuentran en un ciclo con uno o más de los hijos en
la etapa de adolescencia. En este ciclo vital la familia se ve enfrentada a una
serie de desafíos que conllevan cambios en los roles, en la determinación de
las normas, en la redefinición de los límites entre la familia y el medio social,
etc., todo lo cual puede constituirse en factor de riesgo si es que no se tienen
las herra­mientas para enfrentar esta etapa con éxito.

Cómo acceder a los programas

Los establecimientos educacionales, así como los Centros de Padres,


Cen­tros de Alumnos, organizaciones sociales y otras instituciones que
se intere­sen por estos programas, pueden acceder a la información
a través del portal: www.conacedrogas.cl o comunicándose directa-
mente con las oficinas de CONACE en su región (ver anexo1).

81
V. Prevención Selectiva
Secundaria 6

Orientaciones para abordar situaciones


relacionadas con consumo de drogas

La anticipación de las situaciones relacionadas con consumo de drogas y sus


consecuencias es responsabilidad de toda la comunidad educativa. Cuando
se presentan en los alumnos situaciones de consumo es necesario actuar en
forma responsable y en especial involucrando a los distintos actores (docen-
tes, co-docentes, alumnos, apoderados) en la reflexión del problema y en el
desarrollo de estrategias en conjunto.

Un especial acento revisten las recomendaciones en torno al tipo de normas


y procedimientos que se implementen en los establecimientos. El diseño y
definición de la política, no equivale necesariamente a permitir conductas de
consumo al interior del establecimiento, o buscar reducir solamente los ries-
gos o daños asociados, ni tampoco estigmatizar a los adolescentes por el
consumo, menos aún expulsar a un alumno que esté consumiendo alguna
sustancia psicotrópica. Por el contrario, por principio, la política promueve un
cambio en la mirada del fenómeno, entendiendo que las causas del problema
son multifactoriales. La propuesta es establecer una relación educativa, de
diálogo, apertura y búsqueda de alternativas para aquellos que presentan con-
sumo problemático y desarrollar factores protectores para quienes aún no se
inician en el consumo. Esto no significa relativizar la clara postura de oposición
al consumo por parte del establecimiento.

Las medidas que se asuman en los establecimientos deben, ante todo, garan-
tizar la no discriminación y permanencia en el sistema, de los alumnos y alum-

6 El siguiente texto ha sido extractado de “Orientaciones para abordar el consumo de alcohol y drogas
en Enseñanza Media”, Conace-Escuela de Salud Pública U de Chile-Ministerio del Interior, Santiago,
2003.

82
nas que puedan presentar problemas de consumo de drogas. Entendiendo
que la escuela es un factor protector reconocido, que contribuye a dismi­nuir
la probabilidad de consumo de quienes se encuentran adscritos al sistema
o, al menos, provee ciertas herramientas y recursos que permiten tener una
relación más distante con las drogas.

Insistimos en que se deberá priorizar la permanencia en el sistema de quie­


nes presenten problemas de consumo, en virtud de que ello representa una
forma concreta de protección, ayuda y atención al interés superior de niños,
adolescentes y jóvenes, como es el aprendizaje y la educación, aun cuando en
situaciones complejas relacionadas con tráfico, es vital consensuar los proce-
dimientos a seguir, buscando siempre lo más adecuado para el alumno.

Se presupone entonces, la necesidad de conocer y desarrollar acciones que


contribuyan a detectar precozmente situaciones tanto de tráfico como de con-
sumo, y establecer los mecanismos de apoyo que permitan evitar la agudiza-
ción de la conducta y/o la deserción del sistema.

Como último recurso y luego de un acuerdo en el equipo, se recurrirá a otras


instancias de intervención, apoyados por la red asistencial (ver anexo), procu-
rando una vez más mantener dentro del sistema escolar al adolescente invo-
lucrado.

En este sentido cobra especial importancia, definir claramente cuales serán


entonces los procedimientos a seguir en situaciones de consumo, tráfico, pro-
moción del consumo y porte de drogas, al momento de construir los linea-
mientos más delicados y específicos de la política.

La Estrategia Nacional Sobre Drogas (2003-2008), aborda el consumo de


drogas desde diferentes ámbitos de intervención. En el nivel educacional, la
prevención se plantea como una intervención continua y sistemática desde
la educación parvularia hasta la educación superior, con una acción donde la
participación de los distintos actores sociales es fundamental para la eficacia
de las políticas preventivas.

83
La aproximación a los jóvenes y adolescentes con problemas de consumo
de drogas debe empezar desde la dirección del establecimiento educacional,
tomando conciencia del tema y buscando alternativas para abordarlo: institu-
cionalizar una política de prevención de drogas, incorporada dentro del proyec-
to educativo, comprometer a un equipo responsable de su implementación,
insertar el tema como parte del currículo, desarrollar programas específicos
para cada nivel educativo, formar a los docentes de manera permanente, de-
sarrollar acciones de prevención secundaria e involucrar a las familias. También
sugerimos buscar información acerca de la oferta preventiva existente, selec-
cionar aquellas instancias acordes con su realidad y, sobre todo, integrar esta
problemática en su gestión cotidiana.

La participación de profesores y co-docentes es de gran relevancia, dado que


influyen directamente en niños y adolescentes. Esto debe considerarse como
una herramienta clave para intervenir y abordar el tema. Es imprescindible
potenciar en los educadores aquellos aspectos relacionados con la prevención
del consumo y, particularmente, la manera que esto es tratado con sus alum-
nos, fortaleciendo habilidades para enfrentar situaciones conflictivas.

La Organización Mundial de la Salud define a la escuela como: “un espacio


con grandes potencialidades para la promoción de competencias psicosocia-
les, para la educación en salud mental, para realizar intervención y para reco-
nocer y orientar a un tratamiento profesional a los niños que lo necesitan”.

Esto requiere, por lo tanto, que en los establecimientos educacionales se im-


plementen estrategias que promuevan el desarrollo armónico de los adoles-
centes.

Para esto, es indispensable incorporar determinados valores y conductas:

respeto y reconocimiento de los jóvenes y su cultura

establecer límites claros y adecuados en su relación con los adultos

y, principalmente, acoger sus vivencias, inquietudes y dificultades

84
La comunidad educativa puede jugar un rol preponderante al momento de
intervenir cuando el problema ya existe o evitar que se desarrolle un consumo
problemático. Esto es lo que llamamos “prevención secundaria”.

En el ámbito educacional, la prevención secundaria es aquella que se dirige


a los jóvenes y adolescentes que consumen drogas en fases iniciales, donde
las consecuencias no implican un deterioro o gravedad mayor (drogodepen-
dencia), y su objetivo es lograr una detección precoz y prestar una atención
temprana, para evitar que se produzca un consumo más severo.

En materia de prevención, será necesario entonces tener un enfoque preven-


tivo integral al momento de intervenir. Aquí se entiende el consumo de drogas
no como un “comportamiento aislado” en la vida del adolescente, sino como
una conducta que tiene relación directa con su estilo de vida, la adaptación en
cada una de las áreas de vida cotidiana, los procesos propios de la adolescen-
cia, etc. Los comportamientos conflictivos y sus consecuencias, entre ellos el
consumo de alcohol y/o drogas,pueden responder al proceso de búsqueda de
identidad de esta etapa, en el cual todo está interrelacionado. Una condición
necesaria para avanzar en este objetivo es que los adultos y demás jóvenes
de la comunidad escolar no estigmaticen ni rechacen a aquellos que presentan
problemas de consumo de drogas.

La intervención efectiva debe enfocarse, por lo tanto, desde una perspectiva


que comprenda la integralidad del adolescente, las conductas de riesgo, los
conflictos y necesidades, etc., en lugar de centrarse exclusivamente en una
de ellas. Los programas que tienen mejores resultados son aquellos que se
orientan a optimizar el desarrollo integral, conjuntamente con evitar que los
estudiantes se involucren en las redes del tráfico de drogas, no sólo porque
esto constituye una infracción a la ley, sino como una forma de evitar conse-
cuencias graves para sí mismos y para otros. Soslayar esto último es ingenuo
y puede ser contraproducente.

Invitamos a directores, profesores y co-docentes de la comunidad escolar a


utilizar este documento, como un apoyo en el desafío de facilitar el desarrollo

85
armónico de los adolescentes en busca de su identidad y autonomía, en el
marco de un estilo de vida saludable, sin drogas.

Esperamos que estas orientaciones sean un instrumento útil para los educa-
dores, apoderados y comunidad en general, que están comprometidos con la
prevención del consumo de alcohol y/o drogas en los establecimientos educa-
cionales. Que pueda servir de guía para acoger y apoyar adecuadamente a los
jóvenes que están en riesgo o que ya se han iniciado en el consumo.

86
a. Consumo de drogas en la adolescencia

La etapa de la adolescencia es altamente vulnerable al consumo y abuso de


drogas. En esta etapa de la vida se generan una serie de tensiones y necesi-
dades. El uso de drogas puede resultar atractivo y funcional para “solucionar”,
aparentemente, aquellos conflictos propios de esta edad.

Hay una gran diversidad de intereses, motivaciones y necesidades en los jóve-


nes que los distinguen del mundo de los adultos, creando una cultura propia.
Asimismo, existen códigos que los llevan a diferenciarse entre sí, generando
subculturas dentro del mundo juvenil. Esta diversidad se presenta muchas ve-
ces como amenazante para los adultos y, con frecuencia se generaliza, atribu-
yendo determinadas características o conductas al conjunto de los adolescen-
tes. Esto, por el contrario, constituye una gran riqueza y deberían potenciarse
aquellos aspectos que favorecen el desarrollo de la autonomía emocional, con-
ductual y cognitiva de los jóvenes.

Las pautas de consumo adolescente aparecen habitualmente en determina-


dos espacios y tiempos y cobran sentido al relacionarlas con el binomio “fin
de semana/prácticas de ocio dominantes”. Gran parte del fenómeno de uso de
drogas entre los jóvenes tiene que ver con su especial manera de divertirse,
concentrada en sus actividades de fin de semana y en un contexto de liberali-
zación creciente. Esto tiene que ver con factores muy típicos de la etapa evolu-
tiva en la que se encuentran: curiosidadad (búsqueda de sensaciones nuevas)
y obtención de refuerzos positivos del grupo de pares (sentirse “unido” al gru-
po, desinhibición en las relaciones, prolongar los tiempos de diversión, etc.).

Los estudios sociológicos sobre drogas confirman que en los últimos años se
ha producido un importante aumento del consumo entre los adolescentes,
señalando que su perfil es muy distinto al del “toxicómano” de otros tiempos.
“Se trata de un consumo con características muy particulares, que por tanto

87
requieren un tipo de intervención diferente respecto de los enfoques preven-
tivos o terapéuticos tradicionales”7.

Dentro de las necesidades y conflictos propios de la adolescencia, donde la


droga puede funcionar como un elemento pseudo satisfactor, podemos men-
cionar: el proceso de consolidación de identidad, la necesidad de tiempo de
ocio y recreación, ser reconocidos como sujetos válidos por los adultos, bus-
car nuevas experiencias y sensaciones, sentirse aceptados y valorados por
sus pares, buscar seguridad personal, entre otros. En este aspecto, la droga
puede generar una falsa sensación de seguridad, disminuyendo la ansiedad y
provocando una sensación momentánea de bienestar. Si el adolescente no lo-
gra satisfacer este requerimiento con sus herramientas y recursos personales,
probable­mente buscará en las drogas una alternativa de salida.

En esta etapa de la vida, como ya mencionamos, uno de los objetivos de la


búsqueda de identidad y autonomía es la diferenciación con los adultos; esto
puede ser vivido con más o menos tensión, de acuerdo a la calidad de la
relación con las figuras parentales. En esta diferenciación del mundo adulto,
el/la joven requiere sentirse parte de una comunidad de pares, integrándose
a un grupo y creando lazos. Cuando esto se vive con escasas herramientas,
la necesidad de pertenencia puede llevar a reproducir patrones de conductas
propias del grupo, como el consumo de drogas, por ejemplo, que por sus ca-
racterísticas provoca una falsa sensación de integración. Por lo tanto, junto con
apoyar el desarrollo de los jóvenes, hay que estimular el desarrollo adecuado
de los grupos en los cuales el consumo de drogas no funcione como mecanis-
mo de integración.

Otra característica de esta fase es la búsqueda de espacios de acción y par-


ticipación (alejados del hogar, grupos distintos a los compañeros de curso y
amigos del barrio, a través de fiestas, etc.). Esto requiere que los adolescentes
desarrollen habilidades sociales y de comunicación. Para quienes las tienen
menos desarrolladas, el uso de drogas puede funcionar como un elemento

7 Arbez S. et al, 2002.

88
facilitador de las relaciones interpersonales, por el efecto desinhibidor de al-
gunas de ellas. Esto es nuevamente una pseudo solución, que lleva al adoles-
cente a consumir para buscar el efecto deseado, pudiendo generar un círculo
vicioso difícil de romper.

Un elemento paralelo al desarrollo cognitivo, es la toma de conciencia de los


procesos personales y de las experiencias que se viven. Por ello, aumenta
fuertemente la necesidad de explorar y experimentar distintas situaciones, sin
necesariamente evaluar de manera adecuada los riesgos. En este contexto,
las drogas proveen de sensaciones rápidas y estimulantes a nivel psicológico
y sensorial. De hecho, es una de las principales razones por las cuales los ado-
lescentes inician el consumo. Esto puede llevar a querer experimentar reitera-
damente esta sensación, teniendo que requerir cada vez de mayores dosis.

Lograr progresivamente la autonomía personal sin tener que llegar al uso de


pseudo satisfactores, es una tarea en la que los adultos debemos colaborar. El
rol de los agentes educativos consiste en apoyar y generarlas condiciones para
que esto sea posible, con respeto hacia los jóvenes,,comprensión y capacidad
de acogida.

Un aspecto relevante en el inicio del consumo es la influencia de los pares,


debido a la aceptación del consumo y la ausencia de sanciones al interior del
grupo.

Entre los factores que ayudan al no consumo, están la influencia familiar y el


involucramiento de los padres en las actividades de los hijos: aquellos padres
que “saben donde están sus hijos”, conocen a sus amigos, establecen y ha-
cen respetar horas de llegada y se preocupan por el rendimiento y asistencia
escolar, entre otros, disminuyen tres veces la prevalencia de consumo en los
hijos.

89
Otros factores protectores son el ambiente escolar y la actitud de los profe-
sores: una actitud clara de oposición al consumo, una relación estrecha de los
profesores con los alumnos y un ambiente disciplinado, entre otros, protegen
frente a la probabilidad de consumo.8

El primer objetivo de la prevención es que los adolescentes nunca lleguen a


consumir, que aquellos que han probado no lo vuelvan a hacer, que aquellos
que consumen ocasionalmente en lo posible dejen de hacerlo y que quienes
tengan consumo abusivo reciban el apoyo adecuado para que lo dejen, al igual
que quienes son dependientes.

Para las primeras situaciones, el Ministerio de Educación y el CONACE han


generado una serie de programas con el fin de que los establecimientos edu-
cacionales desarrollen una política y apliquen programas para cada nivel y ciclo
educativo, formando actitudes, valores, habilidades y conocimientos para com-
prometerse con un estilo de vida sano y prescindir del consumo de drogas.
Específicamente el programa “Yo decido” está orientado en este sentido.9

8 CONACE, MINEDUC. “Estudio nacional de drogas en población escolar de Chile, 2001”. Santiago,
Chile. 2002.

9 El programa preventivo “Yo decido” ha sido diseñado para trabajar con estudiantes de Enseñanza
Media y consta de un set de actividades para prevenir el consumo de drogas.

90
b. Factores protectores y de riesgo10

Al momento de evaluar el problema de consumo en el alumno/a, hay que


considerar los factores protectores y de riesgo relacionados con la persona
que consume, el contexto en que vive, las relaciones familiares y el tipo de
drogas. Entre los factores de riesgo o protección se pueden mencionar: las
características familiares, la adaptación social y escolar, la relación con los pa-
res, las actividades de recreación y ocio, habilidades personales y sociales
(baja autoestima, inhibición social, descontrol de impulsos, etc.). En síntesis,
antes de tomar una decisión y generar un plan de acción, se debe tener en
cuenta qué factores influyen en que la probabilidad de consumo sea de mayor
o menor gravedad.

10 Adaptado de “Guía de Intervenciones: Menores y consumo de drogas”. Madrid, España. 2002.

91
Factores de riesgo Factores de protección
Organizado.
No estructurado.
Ocio y tiempo libre

Aficiones diversas.
Implantación del modelo de ocupación
Acceso a actividades y recursos positivos
deltiempo libre (“carretes” y diversión)
para el ocio y otras actividades informales.
asociado al consumo de drogas y alcohol.
Actitud crítica ante el modelo de ocupación
Pautas culturales de diversión asociadas
del ocio.
a “descontrol”.
Ausencia de asociación diversión = consumo
Escasez de alternativas de uso del
de drogas.
tiempo libre.
Inquietud cultural, deportiva, recreativa...

Factores de riesgo Factores de protección

Ausencia de afectividad y comunicación. Límites y normas claras.


Actitudes y comportamientos permisivos y/o Reconocimiento y aceptación del hijo/a.
positivos ante las drogas.
Experiencias de refuerzos positivos ante el
Falta de cohesión del grupo familiar y esfuerzo y valoración del rendimiento y
aislamiento emocional de sus miembros. motivación de la eficacia; apoyo para
Pérdida de roles de las figuras de autoridad: superar los fracasos.
ausencia de límites y normas claras. Ambiente familiar afectivo y comunicación
Incoherencia en la supervisión: excesiva positiva.
exigencia en determinados aspectos y Cohesión del grupo familiar.
Relaciones con la familia

excesiva tolerancia en otros.


Actitudes y comportamientos contrarios al
Exceso de protección; disciplina severa. consumo de drogas; rechazo a las conductas
Falta de reconocimiento y aceptación del/la de riesgo.
hijo/a. Modelos de conducta positiva en los padres.
Ausencia de participación y disfrute en el Roles claros y presencia de figuras de
uso del tiempo libre. autoridad.
Alcoholismo y/o drogadicciones de alguno Supervisión y procedimientos de control
de los miembros de la familia. adecuados sobre sus conductas.
Situación de estrés de la familia por Seguimiento y apoyo en el rendimiento y
problemas económicos, de pareja, etc. asistencia escolar.
Cuando hay antecedentes familiares de Participación y disfrute en el tiempo libre
adicción al alcohol y otras drogas, aumenta familiar.
significativamente la probabilidad de que se
Adecuado estilo de resolución de conflictos
desarrolle una dependencia. Por esta razón
(no violento), ambiente de humor y calidez.
se recomienda que los hijos de padres
dependientes NO consuman alcohol u otras
drogas, ya que el riesgo de desarrollar una
dependencia es mayor.

92
Factores de riesgo Factores de protección

Concepto positivo de sí mismo.


Niveles bajos de autoestima.
Adecuada autoestima.
Falta de autonomía en la acción y en tomar
decisiones. Autonomía acorde a su edad.
Relaciones personales

Dificultad para asumir responsabilidades. Responsabilidad.

Ausencia de normas y límites. Interiorización de límites y normas.

Ausencia de adultos dispuestos a apoyar al Manejo en la resolución de problemas.


joven. Autocontrol emocional y conductual.
Incapacidad de autocontrol, impulsividad y Habilidades sociales.
baja tolerancia a la frustración.
Capacidad para reconocer y expresar
Actitud evasiva ante los sentimientos.
problemas/conflictos.
Tolerancia a la frustración.
Dificultad para reconocer y expresar
Disponibilidad de adultos que sirvan de apoyo
sentimientos.
al joven.
Patología psiquiátrica.
Tener metas personales y proyecto de vida.

Factores de riesgo Factores de protección

Dificultades de adaptación. Integración en la dinámica escolar.


Sensación de inutilidad y desmotivación. Motivación escolar, puntualidad, asistencia,
Ausentismo escolar y pasividad. cumplimiento de horarios.

Mal rendimiento académico unido a Hábitos de estudio.


autoconcepto bajo. Adecuado rendimiento y autoconcepto
Ausencia de hábitos de trabajo y de positivo.
recursos culturales. Modelos positivos de referencia en el
Relaciones con la escuela

Ausencia de modelos de referencia en los profesorado.


profesores/tutores. Integración en el grupo/clase.
Poca integración con sus compañeros. Interés hacia lo escolar entre sus iguales.
Desinterés hacia lo escolar entre sus Interiorización de normas escolares.
iguales. Relaciones cercanas con los profesores,
Problemas de integración de normas. buena comunicación.
Experiencia de poca competencia: fracaso Experiencias de reforzamiento positivo ante
escolar y abandono temprano de los el esfuerzo y valoración del rendimiento y
estudios. motivación de la eficacia: apoyo a superar
Falta de preparación y de oportunidades; los fracasos.
intereses y niveles de aspiración bajos.
Relación distante de los profesores con sus
alumnos.
No abordaje de la prevención del uso de
drogas en la institución educadora.

93
Factores de riesgo Factores de protección

Excesiva dependencia del grupo. Capacidad crítica y desarrollo del criterio


Relaciones con el grupo de iguales

propio.
Inclusión en grupos proclives a la transgresión
y con actitudes positivas hacia el consumo de Toma de decisiones personales.
drogas. Inclusión en grupos con ausencia de conduc-
Oportunidades para incurrir en conductas tas desadaptativas.
problemáticas. Modelos de amigos no consumidores de
Exposición a modelos que manifiestan drogas.
conductas de riesgo (amigos o consumidores). Participación en grupo de carácter positivo
Dificultad para establecer relaciones perso- (asociaciones, club deportivo...).
nales. Red amplia de amigos.
Dificultad para identificarse con otros grupos Competencia social para las relaciones
no relacionados con el consumo. personales.
Escaso desarrollo de habilidades sociales. Desarrollo adecuado de habilidades sociales.

Factores de riesgo Factores de protección


Entorno social, barrio y comunidad

Situación socioeconómica precaria. Organización social adecuada.

Problemas de integración e inclusión social. Cohesión social en el barrio.

Desestructuración social. Relaciones positivas de vecindad.

Ausencia de apoyo social: escasos recursos Apoyo social y protección a los adolescentes.
comunitarios. Recursos comunitarios suficientes para el
Degradación de la zona (barrios conflictivos adolescente, conocimiento y accesibilidad a
los mismos.
del entramado urbano).
Dificultades de acceso a las sustancias.
Accesibilidad a las sustancias y tráfico de
drogas. Integración e inclusión social.

94
c. Detección precoz del consumo de drogas

La detección precoz tiene como objetivo poder intervenir antes de que se


generen problemas en el alumno/a, en los ámbitos del rendimiento escolar,
las relaciones interpersonales, el estado de ánimo y otras. La red escolar para
la prevención secundaria será activada cada vez que los docentes perciban en
los jóvenes una señal de algún problema de consumo.

Señales de alerta

Entre las señales de alerta, se encuentran cambios conductuales, psicológicos


y físicos. Estos muchas veces se confunden con procesos propios de la ado-
lescencia y, de hecho, cuando se presentan aisladamente es posible que lo
sean. Por sí sola cada señal no indica compromiso con la droga, sin embargo,
prestarles atención puede constituir un importante elemento preventivo y se
debe estar especialmente alerta ante la aparición combinada de estas conduc-
tas. Por otra parte, estas señales también indican que el/la joven puede tener
otras dificultades.

Cambios en el comportamiento

Ausencias frecuentes e injustificadas al colegio; atrasos reiterados.

Rebeldía y descontrol de impulsos, problemas de conducta reitera-


dos, sanciones disciplinarias.

Mentiras reiteradas.

Necesidad y búsqueda continua de dinero, desaparición de objetos.

Cambios notables en los hábitos y conducta: somnolencia reiterada,


aspecto desaseado, irritabilidad.

Agresividad al discutir el tema “drogas”.

95
Cambios en el área intelectual

Problemas de concentración, atención y memoria.

Baja en el rendimiento escolar y desinterés general.

Cambios en el área afectiva

Cambios bruscos y oscilantes en el estado de ánimo; reacciones


emocionales exageradas.

Desmotivación generalizada.

Desinterés por las cosas o actividades que antes lo motivaban.

Desánimo, pérdida de interés vital.

Actitud de indiferencia.

Cambios en las relaciones sociales

Preferencia por nuevas amistades y, algunas veces, repudio por las


antiguas.

Pertenencia a grupos de amigos que consumen drogas.

Valoración positiva de pares consumidores.

Alejamiento de las relaciones familiares.

Selección de grupos de pares de mayor edad.

Señales de consumo

A estas señales de alerta, se agregan las señales de consumo, entre


las cuales podemos mencionar:

Posesión de drogas.

Olor a drogas o a otros aromas para despistar, como incienso.

Robos en el establecimiento educacional.

96
Posesión de accesorios relacionados con la droga: papeli­llos, pi-
pas, gotas para los ojos, etc.

Por último, una vez pesquisadas estas señales de alerta o de consumo, el


docente debe iniciar un proceso de búsqueda de información, ya sea realizan-
do una observación más sistemática del alumno o alumna, comunicando lo
percibido de preferencia al docente u otro profesional responsable del tema, o
corroborando directamente con el/la joven si le sucede algo, por medio de una
entrevista de acogida.

97
d. Niveles de consumo

La información obtenida de las observaciones, de la conversación con los otros


profesores y con el propio alumno/a, ayudará a decidir si éste se encuentra en
una fase experimental o si está en una fase más avanzada de consumo. Ade-
más, se puede conocer el grado de aceptación del problema por parte del es-
tudiante, y si cuenta o no con una familia protectora o de riesgo, antecedentes
relevantes antes de decidir cualquier plan de acción.

El joven generalmente comienza por experimentar con drogas por mera curio-
sidad y la gran mayoría no pasa de esa fase. Sin embargo, en algunos casos
puede proseguir hacia un consumo ocasional y/o habitual, hasta llegar final-
mente a la dependencia. Los estudios señalan que hay una mayor probabilidad
de consumo de drogas ilícitas en la medida que se abusa de drogas lícitas.
Además puede darse un policonsumo, es decir, un consumo combinado de
distintas drogas durante un mismo período. Esta conducta multiplica los ries-
gos asociados al consumo de diversas sustancias (por ejemplo, un estudiante
puede ser dependiente del tabaco, consumidor habitual de marihuana y haber
probado alguna vez alucinógenos).

De acuerdo a esta definición, se pueden clasificar los tipos de consumo para


evaluar la intensidad, frecuencia, gravedad o riesgos, lo cual dará orientaciones
para abordar el problema. Cabe destacar que éstas son características genera-
les, ya que el diagnóstico propiamente tal requiere de una evaluación por parte
de un especialista.

Consumo experimental

El adolescente tiene contacto inicial con una o varias drogas, las que puede
abandonar o continuar consumiendo. Las motivaciones más frecuentes son
la curiosidad, presión del grupo, atracción por lo prohibido, desconocido y el
riesgo, búsqueda de placer. El adolescente desconoce los efectos de la droga,

98
su consumo se realiza generalmente en el contexto de un grupo que le invita
a probarla, comúnmente en fines de semana o en fiestas. Su desempeño
es adecuado en la mayoría de los ámbitos, como la escuela y familia, entre
otros.

Consumidor ocasional

El joven continúa utilizando la droga en grupo, su frecuencia de consumo es


esporádica y no sigue una rutina determinada. Las motivaciones principales
para el consumo son: facilitar la comunicación o relaciones interpersonales,
búsqueda de placer y sensación de “relajo”, transgredir normas. Aunque el
adolescente es capaz de llevar a cabo las mismas actividades sin necesidad
de consumir droga alguna, ya conoce la acción de la misma en su organismo y
por este motivo la usa. El joven aprovecha las ocasiones para consumir, no las
busca directamente; se relaciona con grupos o personas que pueden proveer-
lo, generalmente no compra.

Consumo habitual

El joven ha incorporado la droga en sus rutinas, conoce el precio, la calidad


y efecto de las drogas (solas o combinadas), las busca y las compra. Se es-
tablece un hábito de consumo, cuya frecuencia puede llegar a ser semanal,
obedeciendo a una rutina individual o grupal. Esta práctica puede conducirlo
a otras formas de consumo, dependiendo de la sustancia de que se trate,
la frecuencia con que se emplee, las características de la persona y el con-
texto cercano. Entre las motivaciones para mantener el uso de la droga se
encuentran: intensificar sensaciones de placer o “bienestar”, sentimiento de
pertenencia de grupo y necesidad de reconocimiento dentro de éste, mitigar
sentimientos de soledad, aburrimiento, ansiedad, reafirmar su independencia,
reducir el hambre, el frío o cansancio, entre otras.

99
Consumo problemático o abusivo

El adolescente consume en situaciones grupales o individuales en forma con-


certada para ese propósito. El consumo es selectivo de una o más drogas,
conoce su calidad y busca impulsivamente los efectos tanto físicos como psi-
cológicos de las sustancias (solas o combinadas). Consume en situaciones de
riesgo o peligro para sí mismo o para otros y no dimensiona las consecuencias
de su conducta. Se generan cambios en su desempeño y en sus relaciones
interpersonales, presentando consecuencias negativas en su funcionamiento
familiar, educacional, social, etc., pero aún no presenta los fenómenos de to-
lerancia y síndrome de abstinencia.

Consumo dependiente

El joven utiliza drogas en mayor cantidad o por períodos más largos, aumen-
tando la dosis para obtener los mismos efectos (tolerancia), con dificultad para
controlar su uso. Realiza acti­vidades ligadas a la obtención de drogas, con
intoxicación frecuente y síndrome de abstinencia (la persona presenta sínto-
mas físicos y psicológicos de dependencia cuando no está consumiendo), se
recurre a la droga para aliviar el malestar que provoca su falta. Hay reducción
considerable o abandono de actividades sociales, educativas o recreativas y
un uso continuado de la droga, pese a estar consciente de los problemas que
le está causando. Presenta incapacidad de abstenerse o detenerse, con pro-
blemas físicos asociados.

100
e. Consumo escolar: cómo lo enfrentamos

Desde la institución

Para poder abordar la Prevención Secundaria del consumo de drogas en los


establecimientos educacionales, se requiere incluir políticas de prevención en
el proyecto educativo institucional o en programas espe­cíficos de acción.

Es necesario que la propia comunidad educativa, docentes, co-docentes,


alumnos y apoderados, reflexione sobre esta problemática, desarrollando es-
trategias conjuntas.

Con este fin, proponemos el “modelo de comité tripartito”, en el que se incluye


a los propios alumnos, a sus familias y al equipo docente. La constitución de
este comité posibilitará crear una red intra-escolar para abordar la Prevención
Secundaria que permitirá responder a las necesidades de los jóvenes en ries-
go y en situación de consumo.

Como primer paso se sugiere conocer a fondo los derechos y obligaciones


presentes en el establecimiento escolar. Para ello los profesores o co-docen-
tes pueden acordar los procedimientos específicos y el personal para detectar
y ayudar a los alumnos que tengan problemas con alcohol u otras drogas.

Algunas preguntas que pueden orientar prácticas de prevención secundaria al


interior del establecimiento educacional son: ¿existen programas de orienta-
ción en la escuela?, ¿hay otros servicios en la comunidad para la evaluación y
el tratamiento de problemas de drogas?, ¿cuándo y cómo deben involucrarse
los estudiantes, padres, personal de la escuela y comunidad en general? Las
respuestas a estas interrogantes permitirán a los profesores tomar las medi-
das adecuadas cuando se presenten problemas relacionados con el alcohol y
otras drogas en los alumnos.

101
El proceso de ayuda debe ser un esfuerzo de equipo, para lo cual se requiere
un clima de cooperación y participación de todos los miembros de la comuni-
dad educativa.

Desde los educadores

Los jóvenes son especialmente sensibles para percibir si el interés y ayuda


proporcionada por un adulto es honesta, si la está ofreciendo porque es “su
obligación” o porque es enviado como emisario. Por ello, cualquier adulto que
desee ayudar debe hacerlo con un interés genuino, de otro modo no avanzará
más allá de una primera conversación.

El adolescente requiere que los adultos que lo apoyan sean:

Profesionales serios, competentes y cálidos.

Confiables, capaces de confidencialidad.

Apoyadores, acogedores y que confíen en el potencial del adoles-


cente.

Que conozcan los diversos intereses que él o ella aporta en la socie-


dad que le toca vivir.

Que ofrezcan oportunidades de desarrollo.

Que sepan escuchar, con una actitud empática y receptiva.

Que ofrezcan espacio a la expresión y no impongan contenidos. Por


ejemplo: “Y tú ¿qué piensas de...?”, “¿Cuál crees tú que es el proble-
ma más importante?”,“¿Cómo piensas tú que yo podría ayudarte?”

Que sean capaces de poner límites con claridad y afecto.

102
Los adultos en el colegio deberían evitar estrategias erróneas para acercarse
a los jóvenes, tales como:

Paternalismo y sobreprotección: los adolescentes necesitan adul-


tos que les otorguen herramientas para tomar mejores decisiones,
brindándoles apoyo y cercanía y, al mismo tiempo, favoreciendo la
autonomía.

Ayuda mediatizada a los padres: los adolescentes deben tener cla-


ro que el interés del docente es ayudarlos a ellos y no que los padres
tengan menos problemas. Como adultos, los profesores y directivos
son aliados de los padres en acompañar el desarrollo de los jóvenes,
pero su relación es directa con los alumnos.

Trato “igualitario”: los jóvenes no necesitan que los adultos se vis-


tan como ellos, utilicen su lenguaje o su estilo. El adulto debe enten-
derlos, conocerlos, pero no expresarse como un adolescente. Esto
le resta credibilidad.

Lo más importante es desarrollar la capacidad para escuchar y


acoger, evitando sermonear o aconsejar permanentemente con fra-
ses como: “Yo, a tu edad, ya había hecho...” o “Lo que deberías hacer
es...”. Un adulto presente y cercano permitirá que el adolescente se
acerque a pedir apoyo u orientación cuando lo necesite.

103
f. Pautas de evaluación

Identificar el problema en las distintas situaciones de consumo

Antes de tomar cualquier decisión frente a situaciones relacionadas con el


consumo de drogas por parte de un alumno, es indispensable aplicar algunas
pautas orientadoras que nos permitan conocer el real estado de situación.
Para esto es necesario poner atención a las llamadas señales de alerta y de
consumo, así como considerar los factores de riesgo, y familiarizarnos con su
nivel de consumo y su grado de motivación para enfrentar el tema. Es decir,
se debe realizar una acabada identificación del problema en cada caso, para
no equivocarse, adelantarse a tomar determinaciones erradas o emitir juicios
erróneos.

Para la realización de este diagnóstico, contamos con algunas herra­mientas


específicas, una de las cuales es:

La entrevista de acogida

Es la que nos permitirá mantener un primer contacto con el alumno en relación


a su consumo de drogas. La actitud de la persona que realice la entrevista es
fundamental para su éxito. Antes que todo, debemos ayudar al alumno a co-
municarse. Para ello sugerimos que:

Adopte una postura relajada y escuche con atención y natu­ralidad, así


el adolescente no se sentirá intimidado ni eva­luado.

Explicite que en ningún caso la entrevista tiene un fin académico o


de evaluación.

Haga preguntas abiertas y poco amenazantes, dando espa­cio para


que el joven se sienta en libertad de comentar aquellos aspectos que
más le interesen o preocupen.

104
Focalice la conversación en aquello que el adolescente sienta como
importante. Por ejemplo, intervenciones como: “Parece que eso te
interesa, ¿quieres hablar más al respecto?”.

Demuestre atención e interés genuino por ayudarlo.

Si le pregunta su opinión, trate de devolverle la pregunta con frases


como: “¿Qué piensas tú?”, “¿qué crees tú?”.

Transmita calma. En ocasiones, el alumno puede contar­nos situacio-


nes que escapan a nuestra realidad y nos incomoden. Es importante
no angustiarlo más de lo que probablemente está.

No juzgue al alumno: escuche lo que cuenta sin criticar ni juzgar y sin


tratar de convencerlo con sus argumentos. En un primer acercamien-
to, esta actitud, más que ayudar, puede dificultar la comunicación y
dañar el clima de con­fianza.

Entréguele información y elementos para ayudarlo a reflexionar.

Si no refiere el antecedente de consumo en un primer encuentro,


no lo presione para que lo haga. Deje siempre la puerta abierta para
continuar conversando. Es posible que el adolescente necesite pro-
bar primero su confiden­cialidad, antes de entregarle información im-
portante.

Preguntas como: “¿Has probado alguna vez alcohol u otras drogas?”


o “¿Con qué frecuencia fumas o consumes alcohol?” ayudarán a es-
tablecer si el alumno ha comenzado el consumo y la frecuencia del
mismo.

También es importante que cuide algunos aspectos en rela­ción a su actitud,


de manera que se facilite la comunicación:

Relaciónese de manera no autoritaria. Recuerde que en esta etapa,


los jóvenes tienden a ser muy cuestionadores.

No olvide que en toda comunicación, tanto el lenguaje verbal como


el no verbal son indicadores muy importan­tes. El alumno se sentirá

105
poco acogido, si mientras le habla de sus conflictos, Ud. pone aten-
ción en otras cosas.

Exprese empatía poniéndose en el lugar del adolescente, demostran-


do que ha entendido sus sentimientos.

Sea consecuente con la confidencialidad ofrecida: no comente lo


conversado sin previa autorización del adolescente. En caso de en-
contrarse frente a una situación de riesgo vital, manifiéstele que para
ayudarlo verdaderamente necesita comunicárselo a otras personas:
psicólogo, orienta­dor, padres, etc.), avisándole de manera previa que
lo hará.

Demuestre confianza en las potencialidades del alumno, cen­trándose


en sus rasgos positivos. Muéstrele las característi­cas y recursos per-
sonales con que cuenta, dejando de lado aquellos aspectos que pu-
dieran aparecer como negativos.

Las razones que pueden motivar esta primera entrevista son diversas. En cada
caso, usted deberá considerar matices espe­cíficos. Veamos las circunstancias
más frecuentes:

Ud. sospecha que el alumno está consumiendo alguna droga

Acérquese en forma personalizada al joven, planteando directamente


su interés por conversar con él. Señálele su preocupación por saber
cómo ha estado durante el último tiempo, pues ha notado algunos
cambios en él. En este primer acercamiento, jamás connote negati-
vamente estos cambios.

Invítele a conversar en un lugar tranquilo dentro del esta­blecimiento,


procurando que el espacio físico propicie un clima de confianza para
el alumno. Es recomendable el uso de una sala u oficina, ya que el
adolescente podría sentirse amenazado en espacios abiertos, donde
pudiera ser obser­vado por sus pares.

106
Si el alumno se muestra reticente o se niega abiertamente a con-
versar, no asuma una actitud autoritaria que podría aumentar su re-
sistencia. Motívelo a reflexionar sobre esta invitación, entregándole
la responsabilidad de decidir sobre cuándo y dónde reunirse. Esto
promoverá su confianza y habilidad de decidir.

Terceras personas le han manifestado sus sospechas de que un alumno


consume drogas

Tome contacto con el adolescente, considerando los elementos


mencionados.

Además de plantearle su interés personal por conversar con él y saber


cómo ha estado durante el último tiempo, manifiéstele que terceras
personas se han acercado a Ud. con preocupación, comentándole su
situación de consumo de drogas.

Sea muy claro en asegurar al alumno la confidencialidad de esa en-


trevista. Recuerde que la coherencia y la con­gruencia son esenciales,
por lo tanto si quiere que él sea sincero y auténtico, Ud. también
debe serlo.

El adolescente se sentirá probablemente acusado, traicio­nado, eva-


luado y amenazado, sentimientos que Ud. debe encargarse de ate-
nuar, a través de las sugerencias seña­ladas en la situación anterior.

Si el joven le solicita el nombre de la persona que le hizo el comen-


tario, le sugerimos no revelarlo. Un buen argu­mento es el respeto a
la confidencialidad, en este caso frente al otro. En vez de ello, ma-
nifieste que esa informa­ción es irrelevante y lo importante es la pre-
ocupación que la persona en cuestión manifiesta por él. Esto último
ayu­dará al alumno a hacer una lectura positiva de los hechos, permi-
tiéndole sentir que se le quiere ayudar por una pre­ocupación real y
porque se lo estima.

107
Ud. ha sorprendido al alumno consumiendo drogas:

Acérquese con serenidad, señalándole que lo ha visto y háblele de-


jando en claro que quiere comprender por qué lo hace. Las actitudes
represivas y coercitivas, así como la vigilancia o control, son poco
útiles para ayudar al consu­midor. La única forma de ayudar es ofrecer
confianza y diá­logo sincero.

Si el joven se da cuenta que usted lo ha visto, acérquese inmedia-


tamente para ofrecerle una conversación en priva­do ese mismo día.
Resulta fundamental que el encuentro ocurra fuera del contexto en
el que fue sorprendido con­sumiendo.

Si el consumo ha ocurrido fuera del establecimiento, siga las mismas


pautas que si lo hubiere sorprendido dentro del recinto.

Recuerde que es importante no emitir juicios negativos sobre el joven y su


conducta, y que esto debe se percibido así por el alumno. El castigo, la sus-
pensión o expulsión, como única o principal medida a tomar, sólo aumentará la
probabilidad de que continúe el consumo, perdiendo la opor­tunidad de abordar
el problema desde otras dimensiones.

Si bien el establecimiento debe tener una postura clara fren­te a si-


tuaciones de consumo (sanciones o medidas según la gravedad de la
situación), esto no significa que un profesor u otro docente distinto al
que aplica la sanción, no pueda acercarse para acoger, comprender y
apoyar al alumno. Los procedimientos frente a estas situaciones son
parte del “plan de acción” que determine el establecimiento, con
el equipo y las funciones correspondientes, para realizar un trabajo
conjunto, coordinado y diferenciado.

108
El alumno con problemas de consumo le pide ayuda

Es probable que se acerque con alguna excusa, solicitando, por ejem-


plo, apoyo para mejorar la relación con sus amigos, su polola, familia
o hermanos. También puede ocurrir que le comente otras situaciones
de riesgo, como relaciones sexua­les tempranas, el embarazo precoz
o una situación de vio­lencia intrafamiliar. En esos casos, se debe aco-
ger al joven, hablar de los problemas planteados y ver como éstos se
relacionan con un probable consumo de drogas.

Como en los casos anteriores, si el alumno no refiere desde un inicio


una situación de consumo que usted supone, no debe presionarlo
y, por el contrario, debe darle espacio a expresarse sobre aquello
que lo aqueja. Si esto fuera un desvío para llegar a lo otro, ya el solo
hecho de que el joven haya acudido a usted, significa un importante
avance.

Los padres le piden ayuda preocupados porque su hijo o hija posible-


mente consuma drogas (En este caso la entrevista es con los padres)

Transmita calma, acogiendo a los padres. Manifiésteles que el hecho


de pedir apoyo al establecimiento ya es, en sí, una forma de ayudar a
su hijo y buscar alternativas de solución al problema.

Exprese empatía. Demuestre que entiende sus sentimien­tos, con


una actitud de escucha y comprensión.

No juzgue ni sermonee. Indague en la preocupación de los padres,


pregunte por las señales que han observado en su hijo, las situacio-
nes que les han parecido sospecho­sas y las medidas que han tomado
para intentar enfrentar el problema.

Comuníqueles los procedimientos a seguir que el estable­cimiento


contempla para abordar la problemática de un posible o efectivo con-
sumo en un alumno (el equipo y sus funciones, las medidas a to-
mar para ayudarlo a él y su familia, los diferentes ámbitos de acción,
etc.).

109
Manifiésteles, que para dar respuesta a la ayuda solicita­da, usted
debe abordar su preocupación con el joven. Cuénteles la manera en
que lo hará, los pasos que va a seguir, de forma que los padres ten-
gan claridad sobre lo que se va a hacer y el rol que a ellos les cabe
en este pro­ceso.

Identificación del problema desde la disposición al cambio

Tan importante como el tipo y nivel de consumo de una persona para determi-
nar qué acciones y actitud corresponde tomar, es el nivel de reconocimiento
que el propio joven tenga del problema, su moti­vación al cambio y los factores
de riesgo o protección asociados a cada caso particular.

Esa información nos permitirá establecer una red de apoyo eficien­te. El ideal
es que en esta tarea se involucre a la escuela, a la familia y al sector salud. Sin
embargo, en algunos casos esta red probable­mente estará integrada sólo por
la escuela y el sector salud.

Dado que el nivel de motivación al cambio es un aspecto clave en el enfren-


tamiento del problema, debemos apoyarnos con algunos ins­trumentos para
determinar, de la manera más certera posible, cuál es el estado de disposición
al cambio.

El modelo de Prochaska y Di Clemente (1992) puede ser muy útil en este


sentido. En él se proponen diversas etapas en el consumo, precisamente en
relación a la disposición al cambio, por parte del consumidor.

Es importante recordar que lo fundamental en este proceso consiste en lo-


grar establecer una red de apoyo al alumno, que en lo posible involucre a la
escuela, a la familia y al sector salud. Las características que adquiera esta red
de apoyo y acogida, dependen de una serie de variables relacionadas con el
alumno, su familia y la escuela.

110
Modelo de Prochaska y Di Clemente

5 Mantención
Apoyo

4 Accción
Tratamiento

3 Preparación
Motiva a buscar ayuda

2 Contemplación Recaída

1 Precontemplación

Actitud del docente en los distintos niveles de disposición al cambio

Precontemplación

No se tiene conciencia del problema ni motivos para buscar ayuda. La depen-


dencia y sus consecuencias seguirán evolu­cionando. El razonamiento en esta
fase es del tipo: “yo lo dejo cuando quiero”.

Se debe tener una actitud empática, abierta a escuchar.

Entregar al joven información y retroalimentación para ayudarlo a to-


mar conciencia de lo que le está pasando, y aumentar la posibilidad
de cambio.

Confrontar los mitos y creencias en torno a sí mismo y las drogas,


usando frases como: “todos los que consumen empiezan creyendo
que lo dejan cuando quieren”.

111
Contemplación

El daño comienza a hacerse visible para el consumidor, de­sarrollando una con-


ciencia creciente del problema. Se pien­sa en el cambio, pero esto no se tra-
duce en acciones con­cretas. La actitud es ambivalente: a veces quiere dejar la
droga y otras, no. Etapa de fuerte conflicto interno.

Se debe ayudarlo a resolver la ambivalencia ofreciéndole razones


para cambiar y enfatizando los riesgos de no hacerlo.

Ayudarlo a buscar experiencias placenteras sin consumo. Otras co-


sas que le permitan relajarse.

Preparación

La conciencia de que se debe hacer algo para enfrentar el pro­blema crece y


la persona se motiva a buscar ayuda. Pero toda­vía no está dispuesta a invertir
mucha energía en los cambios. El problema sigue evolucionando.

Es importante reforzar la conciencia de que se tiene un problema,


pero que éste puede enfrentarse y que el joven no está solo en ese
proceso.

Frente a la afirmación “tengo que hacer algo”, hay que ayudarlo a


encontrar soluciones. El problema debe mostrarse como una posibi-
lidad para el cambio y para su bienestar.

Ante preguntas como “¿qué puedo hacer?”,“¿cómo puedo cambiar?”,


hay que señalar que ya está cambiando, que el proceso es lento y
paulatino, que cada día es un avance hacia el logro.

Orientar en las alternativas de ayuda más adecuadas, acce­sibles y


efectivas según el contexto en que el joven vive.

112
Acción

Hay cambios visibles, incluso períodos de abstinencia total, pero éstos impli-
can un gran gasto de energía y tiempo. La per­sona ya no quiere seguir vivien-
do en su actual situación y está dispuesta a trabajar por el cambio, pero si no
se canaliza ade­cuadamente esa actitud, puede no lograrse la meta final.

Se debe ayudar al joven a dar los pasos hacia el cambio y a afirmarse


en ellos.

Hay que orientarlo/a hacia opciones efectivas de ayuda. Derivarlo/a,


por ejemplo, a redes de apoyo o a personas o instituciones especia-
lizadas, si corresponde.

Orientarlo/a a producir cambios reales y duraderos en su estilo de


vida, para poder prescindir del consumo y no recaer.

Valorar y reforzar su capacidad y deseos de cambiar.

Mantenimiento

La persona ha dejado de consumir, pero la recaída es un riesgo. Es usual que


quienes están en recuperación se des­cuiden en esta etapa, porque muchos
no tienen real con­ciencia de la tendencia a recaer. El apoyo en la fase de man­
tención es de vital importancia.

Se debe apoyar permanentemente al joven para que se mantenga en


abstinencia o continúe el tratamiento, haciéndole ver que la probabi-
lidad de recaer es muy alta.

Ayudar al fortalecimiento de redes formales e informales de apoyo


(en la escuela, familia, pares).

Potenciar su participación en otras redes sociales. Actividades depor-


tivas, por ejemplo, de recreación, apor­te a la comunidad, etc.

113
Recaída

La persona vuelve a consumir, como resultado de una ten­dencia natural, abru-


mada por los cambios en su vida o por una combinación de ambos. Las recaí-
das son parte de un ciclo de aprendizaje hacia la recuperación y, por lo mismo,
normales y esperables.

La tarea del docente o establecimiento tiene que estar orientada a


apoyar el tratamiento para evitar las recaídas. Ejemplo: otorgar las
facilidades que se requieran para que asista a tratamiento, entregarle
apoyo para su desempeño escolar involucrando alumnos y profeso-
res, reforzar el apoyo de las redes familiares y de pares, etc.

114
g. Pautas de intervención

Actuar de acuerdo al nivel de consumo

El enfrentamiento efectivo de un problema de consumo, requiere de la puesta


en práctica de un plan de acción que sea acorde al nivel y tipo de consumo, y al
grado de reconocimiento del problema y motivación para el cambio. Para que
las intervenciones sean oportunas, debe evaluarse de la manera más comple-
ta e integral posible antes de decidir el modo y el momento de intervenir con
el alumno y la familia. Un aspecto clave en esta evaluación será determinar si
se trata de un consumo experimental, ocasional o dependiente y el riesgo de
aumento del mismo.

En la tabla siguiente se detallan los niveles de consumo y se enumeran po-


sibles intervenciones para cada uno de ellos. Estas acciones responden, en
términos generales, a dos objetivos, según el caso:

Evitar el inicio del consumo.

Evitar que continúe el consumo y reducir sus consecuencias nega-


tivas.

No consumo

Prevención Primaria: educar, sensibilizar y promover estilos de vida


saludable, sin drogas.

Promover la participación en actividades culturales, recrea­tivas, so-


ciales y deportivas que puedan significar un aporte para el joven y su
entorno.

Reforzar el no consumo.

Informar sobre las drogas y sus efectos.

115
Desarrollar programas de prevención en el establecimiento u otras
actividades con similares objetivos.

Consumo experimental y consumo ocasional

Contener el consumo, enfrentando el tema con el adoles­cente, con


una actitud acogedora y comprensiva, pero de firme oposición al con-
sumo.

Apoyar y observar. Poner atención a señales de consumo más gra-


ves.

Realizar una entrevista familiar, según el caso.

Reforzar el no consumo.

Prevención Primaria y Secundaria: educar y promover estilos de vida


saludable, sin drogas.

Entregar información y orientación clara a los alumnos acerca de las


drogas y sus efectos.

En las fases siguientes, los educadores jugarán un rol secundario, facilitando


que el joven reciba ayuda externa en las instancias ade­cuadas. Es decir, el
liceo debe intentar derivar al adolescente al siste­ma de salud.

Consumo habitual

Realizar un seguimiento continuo.

Prevención secundaria: evaluación, apoyo y/o derivación a tratamien-


to.

Promover el involucramiento de la familia en el trata­miento y/o apoyo


psicosocial.

116
Abuso y Dependencia

Promover el involucramiento de la familia y/o adulto sig­nificativo.

Prevención secundaria: evaluación y apoyo.

Realizar un seguimiento continuo.

Tratamiento (realizado por otra instancia).

Plan de acción paso a paso

Si ya se ha iniciado el consumo, es necesario un plan que incorpore las si-


guientes acciones:

Realizar actividades educativas y de prevención en el esta­blecimiento.

Transmitir al joven y/o a su familia la necesidad de pedir ayuda.

Consultar a profesionales especializados en el estableci­miento y/o


en la comunidad (programas municipales o loca­les de prevención) y
realizar intervenciones complementa­rias, como incorporar a los es-
tudiantes con problemas de consumo en programas de autoayuda o
prevención, dirigi­dos por estudiantes.

En el caso de los consumidores habituales, el objetivo y la línea de


intervención dependerán de la gravedad actual del consumo y de sus
consecuencias.

Si el consumo actual no es problemático y el estudiante no ha experi-


mentado consecuencias negativas visibles, será apropiado continuar
con la educación sobre drogas y con otras técnicas de prevención.

Se sugiere evaluar en equipo la situación del alumno, apo­yado por


el orientador u otros especialistas. Se debe consi­derar también a la
familia para esta decisión.

Si el estudiante tiene riesgo de aumentar los problemas y ya ha ex-


perimentado consecuencias negativas, será apropiado derivarlo a un

117
centro especializado para realizar una eva­luación global, seguida de
un plan de tratamiento cuyo objetivo sea revertir el problema actual.
Se debe incorporar a la familia en esta decisión.

Acciones sugeridas según el nivel de reconocimiento del problema

El alumno reconoce su problema de consumo y está motivado a cambiar

Mantener el espacio de acogida al interior del colegio y evaluar en


conjunto con el joven la posibilidad de solici­tar apoyo del sector sa-
lud.

Entregarle datos precisos de lugares donde puede consul­tar o recibir


tratamiento. En esta fase es importante orientarlo sobre la derivación
más adecuada a la magni­tud y características del consumo. Según el
caso, se tra­tará de un Consultorio, un Centro de Salud Mental y Fa-
miliar (COSAM), un Hospital o Clínica, una Comunidad Terapéutica o
Grupo de Autoayuda. El Fonodrogas de CONACE ofrece información
al respecto.

Si el alumno acepta acudir al sector salud, usted debe coordinar la


derivación al Centro correspondiente.

El primer paso en esta dirección es averiguar si la fami­lia conoce la


situación de consumo. Si la respuesta es positiva y previa consulta al
alumno, deberá reunirse con el joven y la familia, para evaluar si algu-
no de sus miembros está dispuesto y en capacidad de hacerse cargo
y apoyar al adolescente, por ejemplo, acompañán­dolo al consultorio o
visitándolo regularmente en caso de una internación. En este punto,
es importante relevar la importancia de la participación familiar en el
proceso de rehabilitación.

Si alguno de los integrantes de la familia puede asumir ese rol, se


deberá coordinar la derivación en conjunto con dicho familiar.

Tras la derivación, el docente responsable debe mante­nerse en con-


tacto permanente con la familia y el joven para seguir la evolución del
problema.

118
Si en la familia, por el contrario, no existe ningún miembro en condiciones
de brindar el apoyo necesario, el alumno deberá ser derivado de todas for-
mas al centro asistencial que corresponda. En estos casos, es crucial que
la escuela continúe prestando apoyo y acogida. Se deberá llevar a cabo un
seguimiento, reuniéndose permanentemente con el joven y contactándose
con los profesionales de salud que lo atienden, para conocer cómo evolu-
ciona.

En los casos en que la familia no conoce el problema, es necesario evaluar


si es o no conveniente comunicarlo, en función de la gravedad de la situa-
ción. Para ello, es importante saber la razón del desconocimiento. Es posi-
ble que el joven no quiera explayarse de manera directa sobre el tema.

En ese caso, habrá que estar atento a aspectos como los siguientes: pre-
sencia de otros problemas de consumo de drogas en la familia, violencia
intrafamiliar, grado de apoyo emocional dentro de la familia, formas en que
la familia pone límites. La razón del ocultamiento puede deberse a la pre-
sencia de alguno de estos elementos o resultar de un temor infundado por
parte del joven a la revelación.

En el primer caso, la familia constituye más bien un factor de riesgo que un


factor protector. Aquí no resulta adecuado comunicar el problema; lo mejor
es derivar al alumno con el solo apoyo y acogida del liceo.

Si la familia, en el contexto recién enunciado, se entera de la derivación y


consulta por sus razones, se deberá aludir a causas que, siendo verdade-
ras, no sean las fundamentales, como, por ejemplo, dificultades de con-
centración, baja en el rendimiento, problemas de conducta. Lo anterior,
deberá acordarse previamente con el alumno.

En los casos en que el joven esté de acuerdo con comunicar su consumo a


su familia y usted evalúe que ésta jugará un rol de refuerzo positivo, deberá
juntarse con el grupo fami­liar y apoyar el proceso de entrevista.

119
Es importante que Ud. le haga preguntas a los padres que evidencien que
sí están en conocimiento de que algo le ocurre a su hijo, pero que quizás
no lo quieren reconocer. Por ejemplo, “¿Lo notan bien?; ¿Ha cambiado en
el último tiempo?; ¿Hay algo en él que les preocupe?; ¿Sienten que han
perdido comunicación con su hijo?”. Idealmente la sospe­cha o certeza de
consumo debería salir de ellos.

El alumno reconoce el problema pero no se encuentra motivado a solucionarlo

Acoger al adolescente sin sermonearlo ni tratar de con­vencerlo de


nada. Dele todo el espacio posible para que se explaye sobre lo que
le está pasando. No lo juzgue; pro­cure que se sienta acogido.

Manténgase atento a las señales de alerta para evaluar si el alumno


continúa el consumo. De ser así, acérquese nuevamente para mos-
trarle la necesidad de ser derivado a un centro de salud.

Si su acercamiento tuviera frutos y el joven accediera al apoyo del


sector salud, coordine su derivación. Para incorporar a la familia a
este proceso siga los mismos pasos del punto anterior.

Si, por el contrario, el joven continúa su consumo y no acepta ser de-


rivado a un centro de salud, le sugerimos reunirse con la familia para
buscar al miembro más ade­cuado para que se responsabilice por el
adolescente.

Aun cuando el joven no acepte ser derivado a un centro de salud,


puede ser que su acción tenga éxito y se inte­rrumpa el consumo. En
ese caso, refuerce al alumno en forma continua y sólida.

El alumno no reconoce el problema

Ésta es una de las situaciones más difíciles al momento de proponerse realizar


alguna intervención y es altamente pro­bable que cualquier intento por prestar
apoyo resulte infruc­tuoso.

120
No obstante, es importante que la persona o equipo del establecimiento acor-
dado para ello, se mantenga en con­tacto permanente con el alumno, con el
propósito de sensibili­zarlo y prestarle apoyo. En estos casos es recomenda-
ble:

Mantenerse atento a las señales para evaluar si el alumno continúa


el consumo. De ser así, es importante que se acerque a él con el
propósito de intentar sensibilizarlo y darle apoyo.

Si el joven finalmente reconoce su problema y acepta el apoyo del


sector salud, coordine su derivación. Para incorporar a la familia a
este proceso le recomendamos seguir los mismos pasos expuestos
en párrafos anteriores.

Si pese a su preocupación y acogida el joven no reconoce el proble-


ma y continúa su consumo, sugerimos que se reúna con la familia
para buscar al miembro más adecuado para que se responsabilice
por él.

Se le puede decir al adolescente que efectivamente puede que tenga


razón y sea usted el equivocado, pero que para su tranquilidad le pide
que acepte ir una vez a ser evaluado por un profesional de la salud
y contar así con una opinión más especializada. Por último, como
señalamos anteriormente, si no se conocen alterna­tivas en la red
para buscar apoyo y/u orientación, siempre es posible consultar al
Fonodrogas de CONACE.

Este es un servicio gratuito, confidencial, atendido por especialistas en el


tema, que ofrece orientación e información para acoger y derivar a personas
con problemas de consumo de alcohol y/o drogas.

121
VI. ¿Qué hacer con el microtráfico?
Orientaciones para abordarlo

a. Orientaciones

Frente a la detección de casos de microtráfico de drogas ilícitas al interior


del establecimiento educacional, la unidad educativa podría orientarse en el
siguiente sentido

1.Una vez recolectados el máximo de antecedentes, ponerlos en co-


nocimiento directo del(la) fiscal del Ministerio Público correspon-
diente, con el objeto que la investigación se desarrolle en un con-
texto que garantice, de la mejor manera posible, los derechos de
los niños, niñas y adolescentes que pudieren aparecer involucra-
dos/as en las redes de tráfico, así como los de sus compañeros/as
expuestos/as al tráfico desplegado al interior del establecimiento
educacional.

2.Es aconsejable que las situaciones de esta naturaleza se aborden


institucionalmente, pudiendo ser el propio director/a del estableci-
miento educacional quien canalice la información a las autoridades
que correspondan.

3.Considerando que efectivamente los niños, niñas y adolescentes


involucrados pueden ser instrumentos, más que sujetos activos
del delito, así como la necesidad de proteger sus derechos frente a
quienes sean los verdaderos/as responsables de la actividad ilícita,
se orienta a los establecimientos educacionales en el sentido que,
sin perjuicio de lo dicho en el numeral 1, ante situaciones de esta
naturaleza, recurran y tomen contacto con las Oficinas de Protec-
ción de Derechos (OPD) que se encuentran en los Municipios (en
los cuales esté implementada), y que corresponden a una línea de

122
trabajo comunal desarrollada por el SENAME. La función de las
OPD es la de facilitar que los adultos responsables denuncien el
caso ante la justicia, si corresponde, y de brindar medidas de pro-
tección a los niños, niñas y adolescentes que lo requieran, a través
de sus profesionales o derivándolos a las instancias especializa-
das.

4.Es necesario reforzar la idea de evitar que los establecimientos


educacionales tomen medidas administrativas, como la expulsión
de niños, niñas y adolescentes involucrados en microtráfico de dro-
gas ilícitas. Estos niños, niñas y adolescentes, están siendo vícti-
mas de grave explotación, por lo que la denuncia de estos casos no
debe considerar sanciones administrativas como la expulsión.

5.Se recomienda que las orientaciones para abordar la prevención


del tráfico de drogas ilícitas en los establecimientos educacionales
sean incorporadas en las Políticas de Prevención que cada unidad
educativa desarrolle e implemente, insertándola de esta manera
en su Proyecto Educativo Institucional y en su reglamento interno.

6.En esta perspectiva, los establecimientos educacionales debieran


intensificar el trabajo de prevención entre los/as estudiantes, im-
plementando los programas preventivos que han desarrollado y
que CONACE y el MINEDUC ofrecen gratuitamente para todos los
ciclos educativos, habilitando técnicamente a los/as profesores/as
en la aplicación de las estrategias preventivas y estrechando lazos
con la comunidad de apoderados, de tal manera de trabajar man-
comunadamente en la prevención del consumo y del tráfico de
drogas ilícitas de manera integral y sistemática.

7.Los establecimientos educacionales podrían establecer redes de


apoyo en la comunidad en que se insertan, con el objeto de pro-
curar una respuesta colectiva y solidaria de protección a quienes
puedan estar expuestos a represalias como consecuencia de las
denuncias por tráfico de drogas ilícitas ante las autoridades corres-

123
pondientes. En este sentido, la coordinación y el trabajo conjunto
con la Municipalidad, OPD, PREVIENE, Programa Barrio Seguro,
Carabineros, Policía de Investigaciones, organizaciones no guber-
namentales, juntas de vecinos y otras organizaciones sociales que
aborden la prevención de drogas ilícitas, contribuirá a la articulación
de medidas apropiadas para la prevención del tráfico de drogas
ilícitas en la realidad local.

b. Medidas preventivas

La prevención del tráfico de drogas ilícitas al interior de los establecimientos


educacionales debería contemplar las siguientes medidas:

1.Definir los principios respecto a la prevención del consumo y tráfico


de drogas, incorporándolos en el Proyecto Educativo Institucional
(PEI).

2.Incorporar las orientaciones respecto a la prevención del tráfico de


drogas a la política de prevención de drogas que elabore el estable-
cimiento educacional, en el marco de su Proyecto Educativo Insti-
tucional (PEI).

3.Constituir un equipo responsable de la prevención del consumo y


tráfico de drogas al interior del establecimiento educacional, defi-
niendo roles y funciones específicas. El/la director/a del estable-
cimiento puede liderar este equipo, invitando a distintos actores
claves de la comunidad educativa.

4.Incentivar la sensibilización y capacitación de los distintos actores


de la comunidad educativa, en relación a los principios y orientacio-
nes para prevenir el consumo y tráfico de drogas en los estableci-
mientos educacionales.

124
5.Asegurar la implementación de los programas de prevención del
consumo de drogas en los diferentes cursos de los ciclos educati-
vos del establecimiento, en la perspectiva de la elaboración e im-
plementación de una política de prevención del consumo y tráfico
de drogas.

6.Desarrollar acciones e implementar programas de prevención diri-


gidos a las familias.

7.Implementar programas y acciones de prevención para abordar


aquellos casos en que se ha detectado que ya existe consumo y
tráfico de drogas.

8.Informar acerca de la Ley Nº 20.000, Ley de Drogas, y sobre la Ley


Nº 19.925, ley de Alcoholes vigente, a los diferentes actores de la
comunidad educativa.

9.Realizar acciones que faciliten la coordinación permanente con ins-


tancias de la red comunal, tanto en el ámbito preventivo, de tra-
tamiento y de control, así como con las organizaciones sociales
correspondientes. Coordinarse con la OPD, PREVIENE, Programa
Barrio Seguro, Carabineros, Policía de Investigaciones, entre otros.

10.Realizar actividades de sensibilización y capacitación, para la pre-


vención del consumo y tráfico de drogas, dirigidas al Consejo Es-
colar y a las distintas instancias de participación que existan en la
unidad educativa.

11.Realizar acciones para el seguimiento y evaluación del impacto de


las acciones preventivas implementadas.

125
c. Recomendaciones

Las recomendaciones para abordar un caso concreto de tráfico de drogas al


interior de un establecimiento educacional son las siguientes:

1.Siempre la mejor estrategia será la prevención. Los establecimien-


tos deben manifestar su clara oposición al consumo y tráfico de
drogas en el proyecto educativo, contar con normativas claras in-
corporadas al reglamento interno, dar a conocer la normativa legal
existente, implementar políticas de prevención del consumo de
drogas y coordinarse con la red local de prevención y protección.

2.Proceder resguardando el principio de inocencia. Recoger todos los


antecedentes posibles de la situación detectada de manera reser-
vada y oportuna.

3.Garantizar el derecho de los/as alumnos/as posiblemente involucra-


dos/as. Considerar que están siendo víctimas de explotación y por
tanto evitar medidas administrativas tales como la expulsión.

4.Resguardar el derecho de los/as alumnos/as a vivir y estudiar en un


entorno libre de drogas. Asumir de manera organizada e informada
la responsabilidad ineludible de poner en conocimiento de la situa-
ción a la autoridad competente.

5.Actuar de forma institucional. Poner los antecedentes en conoci-


miento del director/a y del equipo responsable de la implemen-
tación de la política de prevención y tráfico drogas del estableci-
miento, de tal manera de utilizar las redes y programas de apoyo
correspondientes, principalmente a través del PREVIENE y OPD.

6.El/la director/a debería canalizar en forma reservada la información


acerca de la situación, al fiscal y a la Unidad de Atención de Vícti-
mas y Testigos del Ministerio Público.

126
7.Tomar contacto con la OPD. La OPD (Programa comunal de SENA-
ME) realizará las acciones que faciliten que los adultos responsa-
bles realicen la denuncia y de brindar las medidas de protección a
los niños, niñas y adolescentes que lo requieran.

127
VII. Seguimiento y evaluación
de los programas preventivos

La evaluación de la política y de los programas y acciones preventivas desa­


rrolladas en el establecimiento, es un elemento fundamental que permite te-
ner una perspectiva de las intervenciones realizadas. Permite reflexionar sobre
las maneras en que se llevan a cabo los programas y acciones y sus resulta-
dos, y generar los cambios y tomar las decisiones pertinentes a esa realidad
en un determinado momento o en futuras acciones.

Razones por las cuales desarrollar una evaluación

Realizar un diagnóstico de la situación actual del consumo de drogas


y alcohol. Determinar la eficacia de los programas.

Comprobar si los objetivos de un determinado programa se cumplen


o no.

Proporcionar información del proceso de la implementación de una


política de prevención.

Conocer y realizar los cambios necesarios para el logro de los objeti-


vos pro­puestos durante su aplicación.

“El tipo de evaluación dependerá de lo que se quiera evaluar”.

Evaluación de la política

La evaluación de la política acordada por la comunidad educativa, se conci­be


como un proceso permanente y continuo de observación y valoración de ésta,
que se inicia con su diseño y planificación y la acompaña toda su vida útil.

128
Su finalidad es reflexionar, revisar y actualizar los acuerdos en relación a las
normas, procedimientos, y actividades planificadas en toda la estrategia pre­
ventiva, planteada en el documento de la política del establecimiento.

Para esto se recomienda que existan mecanismos de evaluación en distin­tas


instancias o momentos del año, para ser analizados o discutidos al interior de
la comunidad educativa.

Evaluación del proceso

Se realiza durante toda la aplicación de la política preventiva en el estable­


cimiento, la que consiste en describir cómo se llevaron a cabo las acciones y
programas preventivos planificados, y saber quiénes y cómo se beneficiaron
de las actividades realizadas. Asimismo, hace referencia a la “calidad” de la
intervención. La evaluación del proceso, al recoger todos los datos relevantes
sobre el mayor o menor éxito de la intervención, ofrece información útil a fin
de tomar la decisión y realizar las correcciones y modificaciones pertinentes y
oportunas a la política en marcha.

La evaluación es realizada de manera permanente y sistemática por el equi-


po coordinador, quienes deciden la frecuencia y los contenidos o temáti­cas a
evaluar.

A partir de la planificación de las acciones y programas preventivos acorda­do


al inicio del año, al momento de evaluar cualitativamente el proceso, se deben
responder las siguientes preguntas, a través de la consulta a los docen­tes,
personal del establecimiento, apoderados y alumnos.

El objetivo de esta encuesta es comprobar hasta qué punto la comunidad


educativa conoce los programas, participa o participaba de los mismos,11 y qué

11 Extraído del texto “Banco de Instrumentos para la Evaluación de Intervenciones Preventivas (BIP).
Comunidad de Madrid 2003.

129
opina de lo que se está haciendo al interior del establecimiento. A continua­
ción algunos ejemplos:

Conocimiento del proyecto educativo del establecimiento en relación a las


drogas

No sabe /
Pregunta Sí No
no está seguro

1.Ha oído hablar del programa de drogas


en su establecimiento (o de su hijo)

2.Ha visto alguna vez un folleto, díptico


o afiche al respecto

3.Ha participado de alguna charla o actividad


relacionada con prevención en su establecimiento

4.Lo han invitado a conversar el tema en su


establecimiento

5.Conoce algún material sobre prevención


de drogas en su establecimiento.

130
Implicancias

En cuanto a la implicancia de los docentes, padres y alumnos, las investiga­


ciones dicen que son un factor decisivo a la hora de implementar programas
de prevención del consumo de drogas. Algunas preguntas podrían ser:12

Muy Muy
Pregunta Bueno Regular Deficiente
bueno deficiente

1.Motivación de los profesores


por los programas

2.Motivación de las autoridades


por los programas

3.Motivación de los alumnos


por los programas

4.Motivación de los padres


por los programas

5.Efecto en la dinámica del


establecimiento en términos
valóricos

Percepción de apoyo social

Los estudios nacionales e internacionales informan que el grado de apoyo


social, de control, de la calidad de las relaciones, que manifiestan los padres y
que perciben los alumnos, son factores de protección o de riesgo en relación

12 Extraído del texto “Banco de Instrumentos para la Evaluación de Intervenciones Preventivas (BIP).
Comunidad de Madrid 2003.

131
con el consumo de drogas. Evaluar estos aspectos, facilita evaluar las acciones
de prevención dentro del establecimiento. Algunas preguntas podrían ser:

Totalmente De No En Totalmente
Pregunta
de acuerdo acuerdo sé desacuerdo en desacuerdo

1.En mi casa existen


reglas establecidas por mis
padres, sobre lo que puedo
y no puedo hacer

2.Mis padres conocen a


mis amigos y los admiten
en mi casa

3.Mis padres saben


generalmente donde estoy
en las tardes y noches

4.Consigo dinero fácilmente


de mi padre o madre

5.Mis padres me apoyan


en todas mis actividades

6.Cumplo las normas que


mis padres establecen
para mí

7.Me asustaría que mis


padres descubrieran que
he probado drogas

8.Mis padres me han


dejado claro lo que piensan
de las drogas.

9.Mis padres y parientes


desaprueban el consumo
de drogas

132
Existen también algunas preguntas claves para conocer cual es la percep­ción
que tienen los alumnos en relación con sus compañeros y/o alumnos relevan-
tes para ellos. Estos resultados entregan información sobre la normati­va en
el establecimiento y como perciben los alumnos la frecuencia del consu­mo
de drogas en general o alguna droga en particular. Algunas preguntas pue­den
ser:13

1 ó 2 veces Una vez al mes Más de una


Pregunta Nunca
al año aproximadamente vez al mes

1.Mi mejor amigo


fuma marihuana
(alcohol, coca, pasta, etc.).

2.Otros amigos
fuman marihuana
(alcohol, coca, pasta, etc.).

3.Alumnos de otro colegio que


yo conozco fuman marihuana
(alcohol, coca, pasta, etc.).

Por otra parte es importante y útil evaluar un programa, para conocer cual es la
percepción de aprobación o desaprobación que tienen los alumnos acer­ca del
uso de drogas por parte de sus compañeros.

Los programas preventivos del consumo de drogas en el establecimiento pue-


den ser evaluados también a partir de la percepción del riesgo que ven los
alumnos en el uso de drogas, nivel de asertividad que tienen los alumnos,

13 Extraído del texto “Banco de Instrumentos para la Evaluación de Intervenciones Preventivas (BIP).
Comunidad de Madrid 2003.

133
nivel de su autoestima, habilidades para tomar decisiones, apoyo y confianza
en los docentes, conductas problemáticas, etc. La idea es poder conocer cuál
es el impacto que los programas van generando en los alumnos. Se propone
que los docentes preparen encuestas tipo sobre cada uno de estos tópicos
y esta­blezcan un panorama general del tema dentro del establecimiento. Así
mismo se puede evaluar el nivel de deserción escolar de los alumnos, su nivel
de ina­sistencia, logros académicos, nivel de agresividad, relaciones interper-
sonales, etc., y correlacionarlo con otras variables, para establecer parámetros
de intervención en cada nivel.

Preguntas específicas para el equipo encargado de la política

¿Qué actividades y programas de prevención se aplicaron en la prác-


tica y como fueron sus resultados en términos cualitativos? Compare
sus respues­tas con el plan de acción y los acuerdos tomados origi-
nalmente en la política.

¿Cómo se han desarrollado las instancias de coordinación en el


establecimien­to para desarrollar las acciones planificadas?

¿Cómo se han desarrollado las instancias de coordinación con la red


comunal (salud, educación, etc.) para abordar los hechos relaciona-
dos con el consumo en el establecimiento?

¿A cuántas y qué tipo de personas de la comunidad educativa ha


alcanzado la intervención en la práctica (alumnos, docentes, apode-
rados)?

Para recopilar la información de los distintos actores de la comunidad educa­


tiva, se puede realizar una pequeña encuesta de opinión, o a través del desa­
rrollo de instancias de reflexión y discusión (consejo de profesores, reunión de
apoderados, jornadas, etc.)

134
Evaluación de los resultados

Busca analizar los efectos y resultados de la intervención, y constatar de que


forma responde a los objetivos definidos al inicio de la actividad, progra­ma,
intervención, etc. Por esto, se propone realizar la evaluación una vez finali­zado
una intervención o período determinado, al cabo de un año de su aplica­ción,
como mínimo.

Al momento de evaluar, es necesario comparar los resultados con la eva­luación


o diagnóstico inicial, las evaluaciones del proceso y la evaluación final, de ma-
nera de realizar propuestas para el futuro. Para esto se sugiere respon­der a las
siguientes preguntas:

¿Se obtuvieron con la intervención los resultados previstos?

¿Cuáles fueron los resultados más importantes y significativos?

¿Existen otras razones alternativas para explicar los resultados?

¿Qué explicación se puede dar a los resultados negativos?

¿Qué propuestas relativas a las intervenciones, similares o no, se


sugieren para una próxima planificación?

¿Las evaluaciones de proceso realizadas durante el año, arrojaron da-


tos rele­vantes para la política y los programas?

¿A cuántos alumnos llegaron los programas?

¿Cuál es la evaluación final de esos programas?

¿En relación a la detección precoz, cuáles son los resultados?

¿En cuanto a la red de asistencia, cuál es la evaluación?

Finalmente, es importante recordar que al momento de evaluar las acciones


o tipo de actividades desarrolladas, todos los que participan debieran tener
retroali­mentación de los resultados al menos una vez al año, como un modo
de mantener la motivación. Junto con esto, analizar lo positivo y lo negativo, lo
que debe continuar, lo que hay que desechar. Esto permitirá realizar acciones
en prevención que sean adecuadas y pertinentes a la realidad particular de
cada establecimiento.

135
Anexo 1
Redes preventivas

137
Anexo 1: Redes

Redes preventivas

Dada la complejidad del tema, es importante tener en cuenta que no es res­


ponsabilidad exclusiva del establecimiento resolver y/o tratar los problemas
de consumo en los alumnos. En este sentido, los alumnos que sean evaluados
por el equipo encargado y que presenten consumo problemático de drogas
debe­rán ser referidos a las redes especializadas existentes en la comuna.

Por tanto, las redes existentes en la comuna son las encargadas de prestar los
servicios especializados correspondientes para abordar las problemáticas de
consumo de drogas que presente el alumno.

Redes de salud

Son los organismos, instituciones o centros de atención en salud que ofre-


cen equipos especializados para abordar el tratamiento y rehabilitación de per-
sonas con problemas de consumo de drogas. Dentro de estos, los centros,
organis­mos o instituciones que pertenecen a la red de la comuna que diag-
nostican, resuelven o derivan en caso de mayor complejidad a otros centros
de trata­miento (comunidades terapéuticas, hospitales, etc.), son los Centros
de Aten­ción Primaria, Consultorios, Hospitales, COSAM, ONGs, Centros de
Atención Privada, Centros Infanto Juveniles, etc.

PREVIENE

El programa PREVIENE, de CONACE se constituye en un referente importan-


te a nivel comunal, puesto que como ya se mencionó anteriormente, tiene la
función de coordinar las políticas en la comuna en las áreas de prevención,

138
tratamiento y control. Los profesionales del PREVIENE no realizan atención de
casos, pero, pueden orientar e informar sobre la posibilidad de tratamiento en
los distintos niveles o planes de intervención.
En las comunas donde no existe PREVIENE, CONACE Regional podrá entre­
gar las orientaciones correspondientes.

DAEM o DEM

Respecto de los problemas que pueden o no estar asociados al consumo de


drogas y relacionados con el ámbito educacional (problemas de rendimiento,
repitencia escolar, deserción, etc.,) el DAEM o Departamento de Educación
Municipal (DEM) puede ser una alternativa de asesoría, evaluación (diagnósti­
co) y orientación para abordar esta problemática. Dependiendo de la realidad
de cada comuna, podrá existir en este organismo un equipo multiprofesional
(psicólogo, asistente social, psicopedagogo, etc.) que ofrece atención en es-
tas áreas.

Finalmente, para que el establecimiento pueda implementar acciones que


atiendan los hechos relacionados con consumo de drogas y pueda referir a
estos alumnos, es fundamental que la escuela o liceo conozca la red existente
en la comuna. Debe definir también los canales de coordinación con las per­
sonas de las instituciones correspondientes, para mantener una comunicación
fluida y utilizar los instrumentos que posee la red comunal.

Se puede obtener más información y asesoría directa de los profesionales del


CONACE en:

Fonodrogas:188 800 100 800


Página web: www.conacedrogas.cl

139
Oficinas Regionales de CONACE

Región Dirección /Teléfonos

Orella Nº 642 - Iquique


I
57 / 424144 - 424171 - FAX: 424093

Manuel Antonio Matta Nº 1999 P.3 - Antofagasta


II
55 / 498060 - 497391 - 498119 - FAX: 493491

Colipí Nº 611 - Copiapó


III
Fonofax: 52 / 232767 - 52 / 233445
Colón N°335 - La Serena
IV
Fonofax: 51 / 214346
Errázuriz N° 1852 - Valparaíso
V
32 / 225191 - 224519 - 225183 - Fax: 233618
Av. El Membrillar N° 93 - Rancagua
VI Fonofax: 72 / 222343 - 221919
Enviar correspondencia a Casilla Nº33 Rancagua
2 Sur Nº 550 entre 2 y 3 Poniente - Talca
VII
Fonofax: 71 / 234378 - 215356
Chacabuco Nº 645 - Concepción
VIII 41 / 741430 - 741433 - 741425 - 741426 - 741429 - 741427 - 741432
Fax: 741431
Caupolicán N°428- Temuco
IX
Fonofax: 45 / 955030
Vial Nº 865 - Puerto Montt
X
65 / 295421 - 295420 - Fax: 280784

Baquedano Nº 310 - Coyhaique


XI
67 / 215690 - 215691 - Fax: 215696
Magallanes Nº 453 - Punta Arenas
XII
61 / 220331 - Fonofax: 229708

Agustinas Nº1235 P. 7
RM
02 / 51 00 900 - Fax: 6713795

140
Oficinas PREVIENE región Metropolitana

Comuna Teléfono Dirección E Mail

Buin 8218434 Manuel Montt 354 previene@buin.cl

Cerrillos 5384258 Las Hortensias 400 agomez@mcerrillos.cl

Cerro Navia 3766925 Del Consistorial 6645 previene@imcerronavia.cl

Av. Concepción 02
Colina 8444748 conace-colina@colina.cl
Esq. Carretera S/M

Conchalí 7286527 Av. Dorzal 1901 previenedeconchali@yahoo.com

Av. Central 291 P.36 1/2


El Bosque 5293755 simacoma@yahoo.com
G. Avda.

Huechuraba 7511205 Recoteta 5640 cunyta@hotmail.com

Independen-
7321267 Gamero 2761 previeneindependencia@vtr.net
cia
A. Vespucio 0606 P.25
La Cisterna 5271451 previenelacisterna@123mail.cl
G. Avda.OF 11

La Florida 2944579 Rupanco 120 P. 13 V. Mackenna previenelaflorida@yahoo.es

Padre Esteban Gumucio 0323


La Granja 5113166 carmengloria237@hotmail.com
Pard 18 Sta Rosa
Porto Alegre 12537
La Pintana 3896814 pola_@hotmail.com
Pobl. San Rafael

La Reina 2730515 Av. Larraín 9750 previenelareina@tutopia.com

Lampa 2586316 Directora María Mella 765 previenelampa@hotmail.com

Lo Barnechea 7573221 Av. Las Condes 14891 previenelobarnechea@hotmail.com

8106200
Lo Espejo Salvador Allende 01441 previeneloespejo@hotmail.com
Anexo 141

Lo Prado 7866207 Av. San Pablo 5597 preveneloprado@hotmail.com

Macul 8739190 Quilin 3248 ivonneeipinza@yahoo.es

5310316 /
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7668380

Melipilla 8325754 Av. Vicuña Mackenna 0383-A pepeguerramelipilla@hotmail.com

2533926 /
Ñuñoa Los 3 Antonios 1650 jolivares@nunoa.cl
2533942

P.A. Cerda 5639145 Florencia 1920 previene_pac@adsl.tie.cl

141
Alcalde Luis Araya Cereceda
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Peñalolén 4868012 previen@peñalolen.cl
Cultura
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Concejales

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San Joaquín 5122021 previenesanjoaquin@entelchile.net
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Talagante 4512972 previenetalagante@yahoo.es
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142
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II Antofagasta 55/358295 previene@imantof.cl
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II Tocopilla 55/421324 21 de Mayo 1640 previenetocopilla@hotmail.com

52/245066
III Copiapó Calle los Concejales s/n previenecopiapo@123mail.cl
/52/473660

III Caldera 52/319853 Carvallo S/N Of. DIDECO scaldera@terra.cl

Plaza A. O Higgins 2
III Vallenar 51/610053 previenevallenar@hotmail.com
Depto.11

IV La Serena 51/213120 Av. Juan Bon 1403 previenelaserena@123mail.cl

IV Ovalle 53/621011 Vicuña Mackenna 441 ovallepreviene@123.cl

IV Illapel 53/521051 Constitución 24 previene@municipalidadillapel.cl

IV Coquimbo 51/312033 Melgarejo 1238 previene.coquimbo@terra.cl

32/2939867
V Valparaíso Av. Argentina 864 P.2 previene_valparaiso@yahoo.es
09/ 2500500
32/2991621
V Viña del Mar 3 Oriente 974 oficina_previene@yahoo.com
09/ 4397894
35/283109 Pasaje Los Cisnes 435
V San Antonio mlgonzalez@tie.cl
09/ 3564501 Sector Cristo Rey
32/2535122 Calle Santiago 655
V V. Alemana previalemana@yahoo.com
09/ 7891978 Of. 5 - B

V Quillota 33/291231 O”Higgins 480 OF. 14 fcorvalan@previenequillota .cl

143
V Quilpué 32/2926535 Manuel Rodriguez 853 previene@quilpue.cl

V Los Andes 34/469650 Yerbas Buenas 330 previeneandes@terra.cl

Palmira Romano Norte


V Limache 33/412169 previenelimache@yahoo.com
210 P.2

V San Felipe 34/509090 Prat 740 Piso 3 Of.306 previene@sanfelipe.cl

Av. Gonzalo Lizasoain 405


V La Calera 33/221759 yarelarach@hotmail.com
OF.6

VI Machali 72/412774 Castro 390 previenemachali@gmail.com

San
VI 72/719675 Argomedo 490 previenesanfernando@tie.cl
Fernando

VI Rancagua 72/251644 Chorrillos 860 previene@rancagua.cl

Guacolda s/n esquina


VI Rengo 72/512863 previenerengo@gmail.com
calle A

VII Talca 71/203809 1 Oriente 1384 Piso 2 previenetalca@hotmail.com

VII Cauquenes 73/563068 Antonio Varas S/N previene.cauquenes@gmail.com

VII Molina 75/543868 Independencia 1926 previenemolina@gmail.com

VII Curicó 75/327867 Estado 279 P.3 curicopreviene@hotmail.com

previeneconstitucion@hotmail.
VII Constitución 71/672058 Tocornal 269
com
Edif O”Higgins Piso 1
VII Linares 73/560129 previenelinares@hotmail.com
Of. 9
Calle Nonguen 235
VIII Concepción 41/2213562 jorgemas71yahoo.com
Sector Lo Pequen

VIII Curanilahue 41/2405948 Ernesto Riquelme 701 Alexandro3@123mail.cl

VIII Talcahuano 41/2558214 Anibal Pinto 222 OF. 74 P.7 previeneth@yahoo.es

VIII Los Angeles 43/320822 Colón 185 previene@losangeles.cl

41/2352831 previenechiguayante@entelchile.
VIII Chiguayante Cochranne 253
08/ 4095066 net

VIII Hualpén 41/2411050 Finlandia 788 previene@hualpenciudad.cl

144
VIII San Carlos 42/ 201450 Brasil 675 P.2 presanca@munitel.cl

VIII San Pedro 41/2741818 Los Olivos1519 previenesanpedro@latinmail.com

Sargento Aldea s/n


VIII Coronel 41/407055 coordinador@previene.cl
Mercado Municipal P 2

VIII Lota 41/2872046 AV. El Parque 18 Lota Alto laurapg76@hotmail.com

VIII Penco 41/2261396 O”Higgins 500 previenepenco@hotmail.com

VIII Tomé 41/2658865 Covadonga 1024 paulinafuentes@hotmail.com

VIII Chillán 42/220716 5 de Abril 555 P.2 previenemilenium@123mail.cl

IX Temuco 45/203693 Manuel Bulnes 345 P.2 previenetemuco@gmail.com

IX Angol 45/717808 Pedro Aguirre Cerda 125 previeneangol@entelchile.net

P. de las
IX 45/335800 Pleiteado 268 previeneplc@gmail.com
Casas

IX Victoria 45/841200 Confederación Suiza 1037 previenevictoria@gmail.com

IX Pucón 45/293124 O” Higgins 669 Of.303 P.3 previene@municipalidadpucon.cl

IX Villarrica 45/412464 Pedro de Valdivia 1070 previene@villarrica.org

X Castro 65/636284 Los Carrera 313 Piso 2 previenecastro@hotmail.com

X Valdivia 63/220401 Independencia 455 preievald@munitel.cl

X Ancud 65/628115 Blanco Encalada 660 previene@ancud.cl

Puerto Buena vecindad esq.


X 65/261803 previenemontt@chile.com
Montt Deber cumplido

X Quellón 65/683539 22 de Mayo 351 previenequellon@telesur.cl

X Osorno 64/218720 Amthauer 933 previene@municipalidadosorno.cl

XI Coyhaique 67/213157 Dussen 210 previene@coyhaiquepatagonia.cl

61/20063
XII Pta. Arenas Armando Sanhueza 1046 previene@hotmail.com
9/ 200607

145
Redes de tratamiento de alta complejidad

El establecimiento educacional debe trabajar en conjunto con otras instancias


para lograr abordar con éxito la problemática del consumo de drogas.

A partir de esto surge el concepto de red, el cual implica un enfoque de inter-


vención que involucra a diversos actores sociales
como agentes en la prevención, tanto en la evaluación de la situa­ción proble-
ma, como en la toma de decisiones posteriores que se realizarán en el plan
de acción.

Estas redes se pueden construir desde el establecimiento educacional, mo-


tivando a otros actores sociales a que puedan intervenir desde las distintas
áreas y disciplinas.

Algunos de los actores que deben estar presente en este tra­bajo son: los ser-
vicios de salud de la comuna (consultorio, hospi­tal), la municipalidad y su pro-
grama PREVIENE, la comunidad (cen­tros juveniles, deportivos), otros liceos
del sector, representantes de agrupaciones de jóvenes, la iglesia, entre otros.

Con esto se abren otras oportunidades de asistencia, orientación y colabora-


ción a los equipos docentes para la preven­ción, primaria y secundaria, y de
tratamiento cuando esto se requiera, para algún alumno/a con problemas de
consumo.

En 190 centros de tratamiento en todo el país (consultorios, COSAM y comu-


nidades terapéuticas) se ofrece tratamiento en diversos programas apoyados
por CONACE y MINSAL, a los cua­les pueden acceder personas beneficiarias
de FONASA o indi­gentes.

A continuación se presenta un cuadro resumen de la oferta de Planes de Trata-


miento, los que se ofrecen de acuerdo al nivel de compromiso con las drogas
que tenga el consultante.

146
Duración
Tipo de Centro con
Plan de Tratamiento Objetivos aproximada del
convenio
Tratamiento

Evaluar, diagnosticar com- Consultorios


promiso biopsicosocial, Hospitales
Primera Respuesta 1 mes
resolver o derivar a planes COSAM
de mayor complejidad ONG

Consultorios
Personas abusadoras o
Hospitales
dependientes con com-
COSAM
Ambulatorio básico promiso biopsicosocial 6 meses
ONG
moderado; es de mediana
Comunidades terapéu-
contención
ticas
Consultorios
Personas abusadoras o de-
Hospitales
pendientes con compromi-
Ambulatorio intensivo 8 meses COSAM
so biopsicosocial severo;
Comunidades terapéu-
es de alta contención
ticas

Personas abusadoras o de-


Comunidades terapéu-
pendientes con compromi-
Residencial 10 meses ticas
so biopsicosocial severo;
Clínicas privadas
es de alta contención

Nota: Si se observa que un alumno presenta algún problema de mayor com-


plejidad en relación al consumo de alcohol y/o drogas, el establecimiento edu-
cacional deberá referirlo a atención especializada en la red local. En algunas
comunas existe el Plan Primera Respuesta, el cual realiza la evaluación y el
diagnóstico global y deriva al plan de tratamiento respectivo, según el grado
de complejidad. Además de los programas anteriores, existe en algunos hos-
pitales y clínicas privadas, atención especializada para personas que presentan
patología dual o requieren desintoxicación.

147
Anexo 2
Glosario

149
Anexo 2: Glosario

Conceptos básicos

Los conceptos son herramientas elementales para manejarse en el tema de


las drogas. Constituyen los códigos básicos que cualquier persona debe cono-
cer para enfrentar el consumo de drogas con las familias.

Droga

Se considera droga a toda sustancia que, al ingresar al organismo produce
cambios en la percepción, en las emociones, el juicio o el comportamiento y
puede generar en la persona que la consume la necesidad de seguir consu-
miéndola.

Uso de drogas

Es aquella modalidad de consumo que no tiene consecuencias graves para la


persona, ya sea porque la cantidad de droga es mínima o por realizarse con
escasa frecuencia o bajo un estricto control médico. Todo uso de drogas no
prescrito por un médico reviste más riesgo.

Abuso

El abuso es cualquier consumo de droga que dañe o amenace con dañar la


salud física, mental o el bienestar social de un individuo, de un grupo social
o de la sociedad en general. La persona que consume abusivamente se dis-
funcionaliza (no realiza las tareas que se propone en distintas áreas) en forma
personal (física y psíquicamente), familiar, social, judicial, etc.

150
Dependencia o adicción

La dependencia podría llegar a ser el final de un proceso que comienza cuan-


do se consume por primera vez drogas o alcohol y se ahonda a través de la
experimentación y el abuso. Los aspectos que la caracterizan son la pérdida
del control de sí mismo y de sus actos, la preocupación compulsiva por tener
acceso a la droga y uso continuo de ésta a pesar de sus consecuencias nega-
tivas. Generalmente va acompañado de tolerancia y síndrome de abstinencia.
Las personas en este nivel se consideran consumidores problemáticos

Co-dependencia

Es el conjunto de conductas y actitudes de las personas que rodean (familia,


pareja, grupo de iguales, etc.) al individuo que presenta una dependencia o
abuso de droga, que favorece la mantención del problema (sin conciencia de
ello). Estos generalmente pueden perjudicar aún más su problema de depen-
dencia, incluso llegando a compartirlo.
Formas de consumo

De acuerdo a las diversas relaciones que una persona puede establecer con
las drogas, se distinguen diversos tipos de consumo experimental, ocasional,
habitual, abusivo y dependencia o adicción.

Patrón de consumo

Son los hábitos generales de la población respecto del consumo de drogas:


cuáles son las drogas de las que más se abusa, cómo se suelen consumir, en
qué contextos se consumen, cuál es la distribución geográfica de ese consu-
mo, etc.

151
Sobredosis

Supone la administración de una droga en un breve espacio de tiempo, en una


dosis que supera toda capacidad de asimilación por parte del organismo, ge-
nerando una intoxicación de distin­tos grados de severidad que pueden llevar
incluso a la muerte.

Intoxicación

Es un trastorno inducido por el consumo de drogas que cumple con los si-
guientes criterios:

Presencia de un síndrome reversible específico de una sus­tancia de-


bido a una ingestión reciente;

Cambios psicológicos o comportamentales desadaptativos, clínica-


mente significativos debido al efecto de la sustancia sobre el sistema
nervioso central. Estos cambios se presen­tan durante el consumo o
poco tiempo después;

Los síntomas no se deben a enfermedad médica y no se explican


mejor por la presencia de otro trastorno mental.

En la intoxicación hay distintos grados de intensidad que van desde


leve, moderada, hasta severa y aguda. La intoxi­cación aguda es aque-
lla que aparece cuando un organismo recibe en un corto lapso una
cantidad de droga que altera sus funciones psíquicas y su comporta-
miento. Si es intensa, puede provocar reacciones graves y exigir una
atención médica de urgencia.

152
Desintoxicación

Proceso por el que pasa una persona desde que deja de consumir la o las
drogas de las que depende o abusa hasta que supera las manifestaciones
propias del síndrome de abstinen­cia inducido. La persona requiere apoyo es-
pecializado.

Potencial de dependencia

Es la capacidad de determinada sustancia para generar depen­dencia en la


persona consumidora. Ésta se da no sólo por la naturaleza de la droga utilizada
(tipo, dosis, frecuencia, vía de administración) sino también por las propias ca-
racterísticas de la persona consumidora, sus hábitos, la utilización simultánea
de más de una droga, el contexto que le rodea, etc.

Síndrome de abstinencia

Es aquel síndrome que cumple con los siguientes criterios:

Reacción frente al cese o reducción del consumo prolongado y en


grandes cantidades de una sustancia;

Causa malestar clínicamente significativo (irritabilidad, su­doración,


angustia, temblores, dolores abdominales, insom­nio y otros, depen-
diendo del tipo de droga) y/o un deterioro de la actividad laboral y
social o en otras áreas importantes de la actividad del individuo;

Los síntomas no se deben a una enfermedad médica y no se explican


mejor por la presencia de otro trastorno mental. Los síntomas se ali-
vian al volver a consumir la sustancia en la dosis que se suspendió.

153
Tolerancia

Proceso mediante el cual el organismo se va adaptando a la presencia regular


de la droga, por lo que para obtener el efec­to deseado es necesario incremen-
tar progresivamente la dosis.

Policonsumo

Consumo combinado de distintas drogas durante un mismo período. Esta


pauta de consumo multiplica los riesgos asocia­dos al consumo de diversas
sustancias.

Rehabilitación / Tratamiento

Proceso que busca la superación de los problemas de abuso y/o dependencia


de las drogas. Incluye el desarrollo de accio­nes de carácter sanitario, psicoló-
gico, social, ocupacional y educativo, tanto a nivel individual como grupal. Los
procesos de rehabilitación de las dependencias se realizan a través de una va-
riada gama de opciones terapéuticas y de recursos asis­tenciales y sociales.

Reinserción social

Proceso en el cual se busca promover una situación de estabilidad emocional,


personal y de relaciones, que permita al indi­viduo una participación activa y
adecuada en su contexto social tras haber superado su problema de droga-
dicción.

154
Referencia eficaz

Acciones que se implementan para que la persona y/o fami­liar con consumo
problemático de drogas (abuso o dependen­cia) se vincule efectivamente con
un plan o programa de tratamiento para abordar su situación de consumo y
sus conse­cuencias. Se utilizan instrumentos, herramientas, actitudes y con-
ductas que logren el resultado esperado.

Compromiso biopsicosocial

Se refiere a la cantidad y severidad de los problemas asociados al consumo


de drogas. La severidad del compromiso está directamente relacionado con
el nivel de disfuncionalidad que su forma de consumo produce en algunas
áreas de la vida de la persona. Cuando la persona “deja de funcionar” en lo
bioló­gico, lo psicológico y lo social, se habla que presenta un com­promiso
biopsicosocial desde leve, a moderado o severo.

Síndrome amotivacional

Se trata de un estado caracterizado por la apatía, la falta de interés por prác-


ticamente todo lo que no sea conseguir y con­sumir drogas, reduciéndose al
mínimo el resto de actividades y produciéndose un déficit en las funciones
psíquicas básicas.

155
Anexo 3
Principales drogas

157
Anexo 3: Principales drogas

La clasificación de las drogas puede realizarse de acuerdo a distintos puntos de


vista: farmacológico, conductual, clínico, social, epidemiológi­co o legal, entre
otros. El cuadro que se expone a continuación corresponde a la clasificación
que agrupa las drogas por sus efectos predominantes, es decir, que no son
los únicos efectos en el sistema nervioso central: depresoras, estimulantes y
distorsionadoras.

158
Clasificación de drogas

Depresoras Estimulantes Distorsionadoras


Definición
Disminuyen y/o Aceleran la Actúan sobre el
enlentecen el actividad del sistema nervioso
funcionamiento sistema nervioso central, produciendo
del sistema central alucinaciones o
nervioso central ensueño, alteran la
senso-percepción

Tipos de drogas
Alcohol Tabaco Marihuana y hachís.
Opio y sus Cocaína: pasta Ácido lisérgico
derivados: morfina, base, crack dietilamídico (L.S.D.)
codeína,heroína,
Anfetaminas Peyote y mezcalina
metadona
Cafeína Hongos
Barbitúricos
Drogas de diseño: Inhalables
Tranquilizantes
éxtasis

Efectos
Alteración de la Euforia Modificación del
concentración y estado de vigilia
Desinhibición
en ocasiones del
Modificación de la
juicio Menor control
noción de tiempo y
emocional
Disminución de la espacio
apreciación de los Irritabilidad y
Exageración de las
estímulos externos agresividad
percepciones
Relajación Menor fatiga sensoriales, en
especial de los
Sensación de Disminución del
sentidos de vista y
bienestar sueño
oído
Apatía Excitación motora

Disminución de la Inquietud
tensión
Desaparición de
la angustia

159
Drogas más consumidas en Chile

Alcohol

El alcohol es un depresor que reduce la actividad del sistema ner­vioso central


(SNC). Su elemento químico activo es el alcohol etílico o etanol. El alcohol es
un elemento embriagante de las bebidas alcohó­licas. La cerveza contiene en-
tre un 4% y 7% de alcohol; el vino entre un 9% y un 21%; y los licores (como
el ron, el whisky o el pisco) entre un 35% y un y 50%.

El consumo de alcohol puede generar dependencia. Cuando se con­sume ha-


bitualmente, produce el síndrome de abstinencia. El delirium tremens es una
forma intensa y severa del síndrome de abstinencia, causado por la suspen-
sión brusca de la ingesta en las personas que con -sumen grandes cantidades.
Algunos síntomas son: temblores, sudor, náuseas, insomnio, convulsiones,
ideas delirantes y alucinaciones.

Las bebidas alcohólicas más consumidas en Chile son el vino, la cer­veza, el


pisco y la chicha. Influirán en las características de la embriaguez: la tolerancia,
el tipo de alcohol y la cantidad de bebida ingerida, la ingesta –o no– de alimen-
tos, circunstancias ambientales, personali­dad y la medicación en paralelo con
algún fármaco, entre otros factores. El proceso de metabolización del alcohol
está dividido en 4 etapas:

La absorción del alcohol está caracterizada por ser un pro­ceso rápi-


do, a través de la mucosa del estómago y del intestino delgado. La
velocidad de absorción depende principalmente de la cantidad de ali-
mentos que se encuentra en el estómago al momento del consumo
de alcohol.

La distribución del alcohol por el organismo es a través del torrente


sanguíneo, actuando como depresor del SNC.

160
La metabolización del alcohol se hace en el hígado, el que lo transfor-
ma –gracias a la acción de enzimas– en com­puestos menos activos e
inactivos. Se estima que el híga­do de un adulto hombre, sano, de 70
kilos de peso, puede metabolizar aproximadamente 15 ml de alcohol
absoluto por hora.

La eliminación se efectúa a través de la orina, transpira­ción y respi-


ración. Existen métodos bastante eficaces de detección del nivel de
alcohol en la sangre, como la alcoholemia.

Efectos del alcohol en el organismo

Sistema Cardiovascular
Puede producir alteraciones en el ritmo cardíaco, hipertensión arterial, eleva-
ción de la presión sanguínea. La intoxicación de la sangre con alcohol puede
producir anemia y dificultades para la coagulación sanguínea. Su uso frecuen-
te y prolongado puede producir enfermedades en las arterias coronarias e
insuficiencia cardíaca, llegando a producir cardiopatía alcohó­lica.

Sistema Nervioso Central


Puede producir pérdida de la memoria a corto plazo, baja concentración, pér-
dida de las funciones de control y coordinación motora. Su uso frecuente y
prolongado puede producir dete­rioro psico-orgánico, depresión y trastornos
de la conciencia como alucinaciones y psicosis.

Sistema Respiratorio
Un consumo frecuente y prolongado puede facilitar infecciones respiratorias,
neumonías y tuberculosis.

Sistema Digestivo
El consumo puede producir inflamación de esófago, gastritis. Su uso prolon-
gado y frecuente lleva a una deficiencia de minerales (hierro, calcio, etc.); defi-

161
ciencias de vitaminas (A,B,D, etc.), alteración del nivel de azúcar en la sangre,
aumento del colesterol, inapetencia y desnutrición.

Páncreas
Puede producir inflamación.

Hígado
Puede producir disfunción, hepatitis alcohólica, pudiendo lle­gar a la cirrosis
(paulatina insuficiencia hepática y fibrosis).

Sistema Reproductor
Podría provocar impotencia masculina.

Músculos
Su uso crónico podría producir aflojamiento y pérdida de la tonicidad muscu-
lar.

Alteraciones psicológicas
Puede provocar o facilitar que se presente: insomnio, angus­tia, amnesia, alu-
cinaciones, delirium tremens, abuso de otras drogas, depresión, intentos de
suicidio, disminución de la autoestima, demencia. El consumo prolongado y
crónico de alcohol puede producir una serie de alteraciones cerebra­les aso-
ciadas a las emociones y el razonamiento, provocan­do un estado depresivo,
alteración del juicio de realidad, acompañado de psicosis y delirio.

Alteraciones sociales
El abuso de alcohol o dependencia puede producir una serie de conflictos con
las personas cercanas, como por ejemplo, violencia intrafamiliar con la pareja
o hijos; problemas labo­rales que se expresan en ausentismo, accidentes de
trabajo, cesantía; conflictos con la ley, accidentes y violencia calleje­ra; proble-
mas económicos, etc.

Efectos del alcohol en el feto


El consumir alcohol durante el embarazo, especialmente durante los primeros
tres meses, pone en alto riesgo el desarrollo fetal. El alcohol pasa directa-

162
mente del torrente sanguíneo de la madre al feto, a tra­vés de la placenta. Las
mujeres embarazadas que beben tres o más veces al día pueden causar daños
permanentes al feto, tales como: bajo peso al nacer, crecimiento insuficiente
de la cabeza y el cerebro, desarrollo incompleto del corazón, fisura del paladar,
retraso mental, crecimiento lento y defectos cardíacos y genitales.

Asimismo, investigaciones recientes muestran una predisposición de los hijos


de padres alcohólicos a desarrollar problemas con el alcoholen el futuro.

Tabaco

El tabaco es una planta de la familia de las solanáceas, originaria de América.


El que se usa comercialmente proviene casi en su totalidad de la especie Ni-
cotiana Tabacum, cuyo cultivo está extendido por todo el mundo.

La forma más extendida de consumo de tabaco es el cigarrillo, en cuyo humo


se han identificado más de 4.000 componentes tóxicos. Entre los más impor-
tantes destacan los siguientes:

Nicotina
Sustancia estimulante del sistema nervioso central, responsa­ble de los efec-
tos psicoactivos y de la intensa dependencia física que el tabaco provoca.

Alquitranes
Sustancias probadamente cancerígenas que son inhaladas por el fumador y
quienes respiran el humo tóxico que éste devuelve al ambiente.

Irritantes
Tóxicos responsables de la irritación del sistema respiratorio (faringitis, tos,
mucosidad, etc.), ocasionada por el consumo de tabaco.

163
Monóxido de carbono
Irritante que se adhiere a la hemoglobina de la sangre, difi­cultando la distribu-
ción de oxígeno a través del torrente sanguíneo.

Efectos del cigarrillo sobre el organismo

Sistema Cardiovascular
El consumo puede contraer venas y arterias haciendo que el corazón trabaje
más y puede provocar arritmia.

Sistema Nervioso Central


Puede disminuir la capacidad de concentración.

Sistema Respiratorio
El anhídrido carbónico entra a los pulmones, dificultando la oxigenación nor-
mal, dificultando muchas veces la actividad física. Su consumo frecuente pue-
de producir bronquitis, enfisema y cáncer al pulmón en forma progresiva.

Nariz
El uso frecuente disminuye el olfato.

Boca
El uso frecuente daña la piel que cubre los labios, la lengua y garganta, al-
terando el sentido del gusto. También puede provocar infecciones bucales y
aumenta la probabilidad de cáncer en esta zona.

Ojos
Produce irritación.

Entre los riesgos psicológicos del consumo de esta sustancia, se encuentra la


dependencia psicológica, así como reacciones de ansiedad y depresión rela-
cionadas con la dificultad para dejar el tabaco. El consumo de tabaco provoca
una dependencia tanto física como psicológica difícil de superar. El síndrome

164
de abstinencia que aparece cuando se deja de consumir esta droga (a pocas
horas de terminar el último cigarrillo), está caracterizado por insomnio, dolor
de cabeza, fatiga, aumento del apeti­to, dificultad de concentración, entre otros
síntomas.

Marihuana

Se extrae de la planta llamada Cannabis Sativa, que contiene más de 400 quí-
micos, entre los cuales se encuentra un compuesto alucinógeno llamado te-
trahidrocannabinol (THC). Actualmente el THC contenido en la marihuana que
se comercia, que es de producción industrial y no artesanal, es mucho más
poderoso y concentrado que en las décadas anteriores. A eso se suma que en
la actualidad, la mayor parte de la marihuana que venden los traficantes viene
con aditivos químicos solventes como kerosene y benzeno, para lograr pren-
sarla, lo que produce daños anexos y más graves en el organismo (este es el
caso de la marihuana prensada o “paraguaya”). La marihuana actúa como de-
presor y desor­ganizador (alucinógeno) del sistema nervioso central.

Dado que el THC no es soluble en agua, las únicas formas de consumo de la


marihuana son la ingestión o la inhalación. Normalmente se fuma en cigarrillos
hechos a mano o mezclada con tabaco. Los principales efectos son de rápida
aparición y varían según el estado de ánimo del individuo, las dosis, el tipo de
Cannabis, etc.

Inicialmente, en dosis bajas puede producir sensaciones placenteras de calma


y bienestar, aumento del apetito, locuacidad e hilaridad, taquicardia, enrojeci-
miento de los ojos, dificultades en los procesos mentales complejos, como
pérdida de memoria a corto plazo, de la capacidad de concentración y reacción
motora, alteración de la percepción del tiempo, del tacto, olfato y gusto. Esto
prosigue en una segunda fase caracterizada por depresión y somnolencia.

En dosis altas, el consumo de marihuana puede provocar confusión, letargo,


estados de pánico, percepción alterada de la realidad. El consu­mo frecuen-

165
te de marihuana puede producir alteraciones en la memo­ria a corto plazo, la
capacidad de razonamiento, atención y aprendi­zaje, provocando un adorme-
cimiento de los sentidos y la capacidad de reacción. Llega a producir lo que
se llama el “Síndrome amotivacio­nal”, caracterizado por una falta de interés y
motivación en los pro­yectos y relaciones personales.

Existen evidencias que el uso crónico de la marihuana puede alte­rar la produc-


ción de espermatozoides en el hombre, consecuencia de la baja en la testos-
terona. En las mujeres puede producir alteración en el ciclo menstrual, afec-
tando así la fertilidad de ambos sexos.

Sin embargo, el riesgo más importante que presenta esta sustan­cia es su


clasificación como droga de inicio entre los niños y jóvenes que comienzan
su consumo de drogas. Es decir, muchos de los con­sumidores de Cannabis
Sativa se inician con la marihuana para des­pués experimentar con otras drogas
o sustancias con un poder más adictivo y más perjudiciales para la salud. Si
bien no todo usuario experimentará necesariamente con otras sustancias más
peligrosas, sí existe un riesgo derivado de ingresar en el circuito de consumos
ilí­citos. Casi la totalidad de los consumidores de otras drogas ilegales iniciaron
su consumo primero con alcohol, tabaco y marihuana.

Efectos sobre el organismo

Sistema Nervioso Central


Estado inicial de excitación y euforia, luego produce rela­jación (sueño, laxitud).
En dosis altas: se puede afectar la memoria a corto plazo. Provoca alteraciones
en la percep­ción, alteración del juicio, la coordinación motora, razona­miento
y pensamiento lógico, alucinaciones (especialmen­te en lo que se refiere a
tiempo y espacio), ansiedad, sen­timientos persecutorios. Puede provocar tras-
tornos men­tales.

Su consumo crónico deriva en dependencia y en el “síndro­me amotivacional”


(depresión, desinterés generalizado).

166
Sistema Reproductor
Su uso crónico puede provocar alteración de las hormonas sexuales: disminu-
ye la cantidad de espermatozoides en el hombre y altera el ciclo menstrual en
la mujer.

Sistema Respiratorio
Produce la aceleración del ritmo respiratorio. Al ser fumada, provoca los mis-
mos efectos que el cigarrillo sobre los pulmo­nes, es decir, irritación, y mayor
probabilidad de infecciones respiratorias (neumonía, bronquitis crónica, etc.).
El fumador la inhala y retiene en sus pulmones el humo el mayor tiempo po-
sible. Esto inflama los pulmones y produce efectos dañinos en otros órganos,
como la garganta.

Sistema Cardiovascular
Aumenta el ritmo cardíaco.

Algunos de los efectos psicológicos (además de los efectos en el sis­tema


nervioso central) puede producir son: Desinhibición de la conducta, dificultad
para expresarse con claridad, episodios de pánico. Además, se distorsiona la
capacidad para percibir con claridad los peligros potenciales, como por ejem-
plo, cruzar la calle inadvertidamente. La dependencia psicológica de la mari-
huana puede presentar dificultad para disfrutar de la vida y hacer frente a sus
exigencias, a menos que se esté bajo los efectos de las drogas. La persona
empieza a creer que si no consume, no puede rendir ni funcionar en sus acti-
vidades cotidianas.

La marihuana es una droga ilegal y su consumo está sancionado. Si la perso-


na es sorprendida consumiendo marihuana en un espacio público, o si se ha
reunido especialmente con un grupo para consumirla, corre el peligro de ser
detenido. También es falta portarla. Además, está penalizada su elaboración y
comercializarla constituye delito.

167
Clorhidrato de Cocaína

La cocaína es un alcaloide extraído de la hoja de un arbusto llama­do coca,


oriundo de la región de Los Andes, en América del Sur. El con­sumo de hojas
de coca ha existido desde hace miles de años en gru­pos indígenas, con fines
rituales o como complemento alimentario. Su consumo tradicional consiste
en mascar la hoja de coca para provocar su acción sobre el organismo. Las
cantidades absorbidas de este modo son muy reducidas, por lo que apenas se
registran consecuencias adversas.

El procesamiento químico de las hojas de coca, da lugar a distintos deriva-


dos:

El clorhidrato de cocaína, conocido popularmente como cocaína.

El sulfato de cocaína, conocido como pasta base.

La cocaína base, conocida como crack.

La cocaína es una droga estimulante consumida generalmente por inhalación.


Su fácil absorción hace que llegue rápidamente al cerebro, provocando efec-
tos a los pocos minutos. Su consumo provoca una sensación de energía, vi-
gor, alerta y rendimiento físico, pérdida de apetito, aceleración del corazón y
aumento de la presión sanguínea; sin embargo, esta sensación de potencia va
acompañada de nervio­sismo, aumento de la ansiedad, palpitaciones y aumen-
to de la presión arterial, donde las irregularidades del funcionamiento cardíaco
pueden causar un infarto. Produce tolerancia, es decir, la persona requiere de
dosis cada vez más altas para provocar los efectos deseados, y sín­drome de
abstinencia: la persona experimenta una serie de alteracio­nes físicas y psico-
lógicas al dejar de consumir en forma abrupta (fati­ga, depresión, ansiedad, al-
teraciones del apetito, irritabilidad, deseo incontrolable de consumir). Por todo
esto, se ha llegado a la conclu­sión de que la cocaína es adictiva. Se consume
habitualmente por vía nasal; unos pocos consumidores se la inyectan, ya sea
sola o mezcla­da con otras drogas.

168
Efectos inmediatos de dosis moderadas de cocaína

Ausencia de fatiga, hambre y sueño.

Exaltación del estado de ánimo.

Mayor seguridad en sí mismo.

Disminuyen las inhibiciones y el individuo suele percibirse a sí mismo


más capaz y competente.

Aumento de la temperatura corporal y la sudoración.

Sensación general de euforia y bienestar.

Anestésico local.

Efectos de altas dosis

Ansiedad intensa y agresividad.

Alucinaciones.

Temblores y convulsiones.

Paranoia.

Efectos de la cocaína en el organismo

Sistema Cardiovascular
Aumento del ritmo cardíaco y presión sanguínea. En dosis altas puede produ-
cir arritmias e infarto.

Sistema Nervioso Central


Euforia, estado de ánimo expansivo. Alteraciones en el sueño y apetito. Impul-
sividad, ansiedad y agresividad. Su uso crónico puede producir alucinaciones,
paranoia, ansiedad, psicosis (alteración del juicio), insomnio, violencia, conduc-
ta errática.

169
Mucosa Nasal
Perforación del tabique nasal (por infarto de la mucosa nasal).

Hígado
Se puede contagiar la hepatitis (B y/o C) por intercambio de jeringas usadas
en los consumidores de cocaína por vía inyectable (en Chile todavía es poco
frecuente).

Sistema Respiratorio
Puede facilitar infecciones respiratorias (como sinusitis y otras, y puede au-
mentar la irritación de las vías respirato­rias).

Efectos psicológicos

El consumo de cocaína puede provocar importantes trastornos psí­quicos, ta-


les como crisis de ansiedad, insomnio, desazón, irritabilidad; desinterés por su
familia, trabajo y relaciones en general; ruptura de conductas éticas habituales;
psicosis (ideas persecutorias, alucinacio­nes visuales y auditivas, reacciones
agresivas) y depresión. La depen­dencia psíquica a esta droga es una de las
más intensas.

Debido a las características toxicológicas de la cocaína, se pueden producir


muertes por sobredosis. Durante el embarazo el consumo de esta droga afec-
ta seriamente al desarrollo fetal.

Pasta base de cocaína


(Sulfato de cocaína)

La pasta base de cocaína es extraída de las hojas de coca a través de un pro-


ceso de maceración y mezcla con solventes tales como la parafina, bencina,
éter, ácido sulfúrico, etc. Tiene apariencia de polvo blancuzco o amarillento,
dependiendo de la sustancia con que ha sido mezclada. El sulfato de cocaína

170
o pasta base se puede fumar porque el calor no desnaturaliza o inactiva el
alcaloide, lo que sí ocurre con el clorhidrato de cocaína si se expone al calor in-
tenso. La pasta base se fuma mezclada con tabaco (se conoce como “mono”)
o marihuana (llamado “marciano”) o directamente en pipas o antenas de TV.
Contiene importantes residuos altamente tóxicos como ácido sulfúrico, kero-
sene, plomo, metanol, entre otros, lo que la hace altamente adictiva.

El hecho de que la pasta base contenga el alcaloide más los solventes, y sea
altamente adictiva, la hace mucho más peligrosa para el organismo que otras
drogas. Produce fuerte adicción porque la sensación inicial de excitación y
bienestar dura muy poco y es seguida rápidamente por angustia. Esta angus-
tia es lo que empuja a seguir consumiéndola; por eso popularmente el período
tras la sensación inicial se conoce con el nombre de “angustia”, y los que la
consumen se denominan “angustiados”.

Dado el carácter extremadamente adictivo de la cocaína y las particularidades


químicas de la pasta base, un consumidor de fin de semana puede fácilmente
pasar a ser una persona adicta. Se calcula que el tiempo promedio para que
una persona que aspira cocaína se convierta en adicta es de dos años, mien-
tras que el tiempo promedio para los consumidores de pasta base es de tres
meses.

Los efectos de la pasta base dependen de muchas variables como el tipo


de preparación, la dosis, la frecuencia del consumo, las impurezas, etc. Sin
embargo, cuando se fuma tiene un efecto muy rápido, intenso y de corta du-
ración. Las vías más rápidas de llegar al sistema nervioso central y cerebro es
fumándola o inyectándosela.

Efectos de la pasta base en el organismo

Sistema Cardiovascular
Produce taquicardia, hipertensión arterial.

171
Sistema Nervioso Central
Provoca euforia y rigidez muscular inicial. Luego disforia, depresión, insegu-
ridad y ansiedad. En dosis altas se ha obser­vado una falta de coordinación,
alucinaciones y psicosis. Las conductas son agresivas y antisociales. Su uso
crónico lleva a un déficit en la memoria, alteración del juicio, paranoia, depen-
dencia, desgano, agotamiento, deterioro psicológico y orgánico, desinterés
laboral y académico. También provoca una fuerte inhibición del apetito.

Físicamente, los consumidores de pasta base suelen perder peso en forma


rápida, presentar palidez y taquicardia y otros efectos físicos tales como vómi-
tos, temblores, agitación y mareos.

Efectos psicológicos

Sus efectos suelen dividirse en 4 etapas: la primera es de euforia, observándo-


se una disminución de las inhibiciones, sensación de placer e intensificación
del estado de ánimo. En algunas personas puede provocar cambios en los
niveles de atención, hipervigilancia, hiperexcitabilidad, impresión de ser com-
petente y capaz, aceleración de los procesos del pen­samiento. En la siguien-
te etapa, llamada de disforia o angustia, el sujeto bruscamente empieza a
sentirse angustiado, deprimido e inseguro. Se pro­duce un deseo incontenible
de consumir buscando los efectos de la prime­ra etapa. Se produce tristeza,
apatía e indiferencia sexual. En la tercera etapa, el sujeto empieza a consumir
ininterrumpidamente para evitar los efectos de la segunda etapa angustiosa.
Finalmente se cae en la etapa de psicosis o pérdida del contacto con la rea-
lidad. Las alucinaciones pueden ser visuales, cutáneas, auditivas u olfativas.
Las psicosis se presentan con agitación motora, ideas paranoides (sensación
de persecución) y agresivi­dad. Los episodios de psicosis pueden durar sema-
nas o meses.

172
Efectos sociales

La pasta base es una droga sumamente adictiva, y producto de las alteracio-


nes y efectos psicológicos inmediatos al consumo, las relaciones interperso-
nales se ven sumamente alteradas. Los altos niveles de angus­tia en los que
se sume la persona producto del consumo compulsivo, lo llevan a realizar
acciones desesperadas para conseguir la droga, involu­crándose en problemas
de orden familiar, social, laboral y judicial.

Inhalables

Bajo este nombre se agrupa a una serie de sustancias químicas que tienen en
común el ser solventes volátiles que se inhalan (barnices, acetona, tolueno,
lacas, esmaltes, etc.).

Los vapores inhalados llegan rápidamente al torrente sanguíneo, como si fue-


sen inyectados. Los efectos de estas sustancias son náuseas, estornudos,
tos, hemorragias nasales, sensación y aspecto de cansancio, mal aliento, falta
de coordinación y pérdida de apetito.

A nivel del corazón puede producir insuficiencia cardiaca por daño directo de
las células del músculo cardíaco, pudiendo producir la muerte por paro cardía-
co. A nivel pulmonar, se reduce el ritmo respiratorio, la cantidad de oxígeno
en el cuerpo y se facilitan las infecciones de las vías respiratorias (faringitis,
bronquitis, y otras). La menor cantidad de ener­gía y la mayor cantidad de sus-
tancias químicas (normalmente en bajas concentraciones en el cuerpo de un
no consumidor), provoca una más rápida fatiga muscular. Existen evidencias
que los inhalables podrían dañar la médula de los huesos, disminuir la cantidad
y movilidad de los espermios en los hombres y alterar el ciclo menstrual en
las mujeres.

173
Efectos en el organismo

Los inhalantes pasan rápidamente a la sangre y se adhieren a los tejidos gra-


sos del cerebro, sintiéndose casi de inmediato sus efectos. La intoxicación
producida tiende a ser de breve duración, pero puede prolongarse por varias
horas si el producto se consume repetidas veces. Aunque son diferentes en
su constitución, casi todos los inhalantes que son objeto de abuso producen
efectos análogos a los anestésicos y el retardo de las funciones corporales.

En dosis bajas, las personas pueden sentirse ligeramente estimula­das. A me-


dida que se aumenta la cantidad se produce desinhibición, con pérdida de
control, llegando incluso a perder la conciencia cuando las dosis son muy ele-
vadas. Entre los efectos iniciales pueden citarse náuseas, tos, estornudos,
sangramiento de la nariz, sentimiento y aspecto de cansancio, mal aliento,
falta de coordinación y pérdida de apetito. Además, los disolventes y aeroso-
les reducen el ritmo cardía­co y pulmonar y afectan la capacidad de juicio de la
persona.

Peligros a corto plazo

Se observan efectos más graves al respirar profundamente estos vapores o


utilizar una gran cantidad en un breve espacio de tiempo. En estos casos pue-
de producirse la pérdida de contacto con el ambiente que rodea a la persona,
una pérdida de control, comportamiento vio­lento, pérdida del conocimiento
e incluso la muerte. Esta última se puede producir por depresión del sistema
nervioso y parálisis de la res­piración, por insuficiencia cardíaca aguda o por
aspiración de vómitos.

174
Peligros a largo plazo

Pérdida de peso.

Fatiga.

Desequilibrio electrolítico (sales).

Fatiga muscular.

Daño permanente al sistema nervioso con la consiguiente reducción


de las capacidades físicas y mentales.

Daños al hígado, riñones y a la médula ósea.

Disminución de la producción de espermios en los hom­bres y altera-


ción del ciclo menstrual en las mujeres.

Daño a las células del músculo cardíaco provocando even­tual insufi-


ciencia y paro cardíaco.

Barbitúricos

Se trata de medicamentos que disminuyen la actividad funcional. Son receta-


dos por los médicos como sedantes, para inducir el sueño o como tranquili-
zantes, en dosis pequeñas para calmar al paciente (pre-anesté­sicos).

Generalmente, las personas se automedican ante el menor insomnio o situa-


ción de ansiedad, sin tomar en cuenta los riesgos físicos y psicológicos que
conlleva el consumo de estas sustancias sin el debido control médico.

Los efectos de estas sustancias a corto plazo son la disminución de la ansie-


dad y de la agitación, de las respuestas emocionales y del dolor, el nivel de
atención baja, se produce relajación muscular y se facilita el dormir (que no es
lo mismo que descansar). Con dosis elevadas disminuye la presión arterial y se
presentan vértigos y desmayos; puede haber depresión respiratoria.

175
El consumo de barbitúricos en dosis elevadas produce efectos como euforia
inicial, incapacidad de coordinar las ideas y de articular el lenguaje, y pérdida
del equilibrio. Con dosis mayores hay pérdida de conciencia y posteriormente
la muerte, que es provocada por paro respiratorio. En esta categoría se en-
cuentran por ejemplo, el fenobarbital, nem­butal, seconal, etc.

Anfetaminas

Las anfetaminas son estimulantes ampliamente conocidos y su consu­mo es


muy frecuente. Incrementan la actividad física y psicológica, el estado de alerta
y la excitación. Sus efectos ocultan la fatiga y las personas que las consumen
indebidamente exceden los límites de su resistencia física sin darse cuenta.

Las anfetaminas, la dextroanfetamina y la metanfetamina, fueron utilizadas


como medicamentos en el tratamiento de enfermedades como la narcolepsia
(raro desorden que causa una tendencia incon­trolable al sueño), la depresión,
la obesidad (por ser un potente inhi­bidor del apetito) y la hiperactividad de la
niñez. El reconocimiento por parte de los médicos de los efectos dañinos y el
limitado valor tera­péutico de estas drogas, ha llevado a una marcada reducción
de su uso. Actualmente en Chile sólo se autoriza para el tratamiento del déficit
atencional con hiperkinesia en los niños.

El consumo de anfetaminas produce una sensación temporal de exaltación


de ánimo, hiperactividad, pérdida de apetito, insomnio, Los efectos a nivel del
comportamiento son: aceleración, irritabili­dad, ansiedad, agresividad, pánico y
alucinaciones. Sin embargo, cuando los efectos desaparecen, sigue un perío-
do de depresión (de rebote).

176
Drogas de síntesis – Éxtasis

Son sustancias producidas por una síntesis química (es una droga artificial y
no natural) en laboratorios clandestinos. Generalmente se trata de derivados
anfetamínicos, a los que muchas veces se añade un componente de efectos
alucinógenos. Estas drogas se comercializan en forma de pastillas o compri-
midos y sobre su superficie se graban diversos dibujos o iniciales que sirven
como elementos de identifica­ción.

Existen varias sustancias que entran en la denominación de “dro­gas de sín-
tesis”, sin embargo, nos referiremos a la más conocida y consumida de ellas:
el metilendioximetanfetamina (MDMA) o común­ mente llamada “Extasis”. El
consumo de esta droga tiene como efec­to una experiencia mixta de estimula-
ción de la percepción, euforia, empatía social y muchas veces efecto alucinó-
geno visual similar al efecto de la mezcalina.

Los análisis farmacológicos de las sustancias decomisadas por la policía en


Europa han demostrado que muchas de ellas son objeto de una importante
adulteración, lo que las hace más peligrosas, pues son mezcladas con otros
productos, constituyendo lo que algunos han denominado “basura química”.
Su aspecto es el de comprimidos, tabletas o cápsulas de diversas formas y
colores, ilustrados con dibujos y logotipos variados.

Entre sus principales efectos psicológicos podemos nombrar la sociabi­lidad,


empatía, euforia, sensación de omnipotencia, desinhibición, locua­cidad, in-
quietud, confusión y agobio.

Efectos fisiológicos del éxtasis

Taquicardia.

Arritmia e hipertensión.

177
Sequedad de boca.

Sudoración.

Contracción de la mandíbula.

Temblores.

Deshidratación.

Aumento de la temperatura corporal (hipertermia).

Mientras no existían investigaciones sobre las consecuencias del uso del éx-
tasis en el organismo, se trató de presentar esta droga como inofensiva e
inocua. Sin embargo, los daños producidos en algunos consumidores reve-
lan graves riesgos para la salud y específicamente sobre el sistema nervioso
central, tales como crisis de ansiedad, trastornos depresivos y alteraciones
psicóticas.

Cabe señalar que el consumo de éxtasis en los ambientes congestionados


en los que a menudo tiene lugar y bajo las condiciones de baile intenso a las
que se asocia, conlleva una serie de riesgos que pueden ocasionar: aumento
severo de la temperatura corporal (hipertermia severa), arritmia, convulsiones,
radomiólisis (acumulación de proteínas muscula­res en la sangre), insuficiencia
renal, coagulopatía, hemorragias, trom­bosis, infartos cerebrales e insuficiencia
hepática y deshidratación.

178
Anexo 4
Legislación

179
Anexo 4: Legislación

1) Marco normativo y legal vigente

Ley Orgánica Constitucional de Educación – LOCE (18.962)

Artículo 2º

“La educación es el proceso permanente que abarca las distintas etapas de


la vida de las personas y que tiene como finalidad alcanzar el desarrollo moral,
intelectual, artístico, espiritual y físico mediante la transmisión y el cultivo de
valores, conocimientos y destrezas, enmarcados en nuestra identidad nacio-
nal, capacitándolos para convivir y participar en forma responsable y actividad
en la comunidad.”

“La educación es un derecho de todas las personas. Corresponde preferente-


mente a los padres de familia, el derecho y el deber de educar a sus hijos; al
Estado, el deber de otorgar especial protección al ejercicio de este derecho; y,
en general, a la comunidad, el deber de contribuir al desarrollo y perfecciona-
miento de la educación.”

De la misma manera señala en el artículo:

“Es también deber del Estado fomentar el desarrollo de la educación en todos


los niveles, en especial la educación parvularia, y promover el estudio y cono-
cimiento de los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana,
fomentar la paz, estimular la investigación científica y tecnológica, la creación
artística, la práctica del deporte y la protección e incremento del patrimonio
cultural de la nación”.

180
Artículo 3º

“Es deber del Estado financiar el sistema gratuito destinado a asegurar el


acceso de la población a la enseñanza básica”.

Reforma Constitucional que Establece la Obligatoriedad y Gratuidad


de la Educación Media – Ley 19.876

Artículo Único que sustituye el inciso quinto del numeral 10º del artículo 19 de
la Constitución Política de la República, por el siguiente:

“ La educación básica y la educación media son obligatorias, debiendo el Esta-


do financiar un sistema gratuito con tal objeto, destinado a asegurar el acceso
a ellas de toda la población. En el caso de la educación media este sistema, en
conformidad a la ley se extenderá hasta cumplir los 21 años de edad.”

Convención Internacional sobre los Derechos del Niño

Chile suscribió la Convención Internacional de los Derechos del Niño, junto a


otros 57 países, el 26 de enero de 1990. El 10 de Julio de ese año, la Con-
vención fue aprobada unánimemente por ambas ramas del Congreso Nacional
y ratificada ante Naciones Unidas el 13 de agosto. El 14 de agosto de 1990,
fue promulgada como ley de la República mediante el Decreto Supremo Nº
830 del Ministerio de Relaciones Exteriores, el cual fue publicado en el Diario
Oficial el día 27 de Septiembre de 1990, fecha en que definitivamente la Con-
vención entró en vigencia en Chile.

La Convención sobre los Derechos del Niño, es un convenio de las Naciones


Unidas que describe la gama de derechos que tienen todos los niños y esta-
blece normas básicas para su bienestar en diferentes etapas de su desarrollo.
Los países que ratifican la Convención (y que por consiguiente se convierten
en Estados Partes de la misma) aceptan someterse legalmente a sus estipula-

181
ciones e informan regularmente a un Comité de los Derechos del Niño, acerca
de su estado de avance.

En este sentido, los Estados miembros tienen la responsabilidad de proteger


a los niños contra el uso indebido de drogas e impedir que se les utilice en la
producción y tráfico ilícito de estas sustancias. La orientación para responder
a este gran desafío por parte de los Estados miembros, se hace explicita en
los siguientes artículos descritos en la Convención:

Artículo 1

“Para los efectos de la presente Convención, se entiende por niño todo ser
humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que
le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad.”

Artículo 2

1. Los Estados Partes respetarán los derechos enunciados en la presente Con-


vención y asegurarán su aplicación a cada niño sujeto a su jurisdicción, sin
distinción alguna, independientemente de la raza, el color, el sexo, el idio-
ma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico
o social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o
cualquier otra condición del niño, de sus padres o de sus representantes
legales.

2. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar
que el niño se vea protegido contra toda forma de discriminación o castigo
por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las
creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares.

182
Artículo 3

1. En todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones
públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades admi-
nistrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial a que se
atenderá será el interés superior del niño.

2. Los Estados Partes se comprometen a asegurar al niño la protección y el


cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los de-
rechos y deberes de sus padres, tutores u otras personas responsables de
él ante la ley y, con ese fin, tomarán todas las medidas legislativas y admi-
nistrativas adecuadas.

3. Los Estados Partes se asegurarán de que las instituciones, servicios y esta-


blecimientos encargados del cuidado o la protección de los niños cumplan
las normas establecidas por las autoridades competentes, especialmente
en materia de seguridad, sanidad, número y competencia de su personal,
así como en relación con la existencia de una supervisión adecuada.

Artículo 6

1. Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a
la vida.

2. Los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la superviven-


cia y el desarrollo del niño.

Artículo 19

1. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas legislativas, administrati-


vas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda for-
ma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos
tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre

183
bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra
persona que lo tenga a su cargo.

2. Esas medidas de protección deberían comprender, según corresponda, pro-


cedimientos eficaces para el establecimiento de programas sociales con
objeto de proporcionar la asistencia necesaria al niño y a quienes cuidan de
él, así como para otras formas de prevención y para la identificación, notifi-
cación, remisión a una institución, investigación, tratamiento y observación
ulterior de los casos antes descritos de malos tratos al niño y, según corres-
ponda, la intervención judicial.

Articulo 28

1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a la educación y, a fin


de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de
oportunidades ese derecho, deberán en particular:

a) Implantar la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos;

b) Fomentar el desarrollo, en sus distintas formas, de la enseñanza


secundaria, incluida la enseñanza general y profesional, hacer que
todos los niños dispongan de ella y tengan acceso a ella y adoptar
medidas apropiadas tales como la implantación de la enseñanza
gratuita y la concesión de asistencia financiera en caso de nece-
sidad;

c) Hacer la enseñanza superior accesible a todos, sobre la base de la


capacidad, por cuantos medios sean apropiados;

d) Hacer que todos los niños dispongan de información y orientación


en cuestiones educacionales y profesionales y tengan acceso a
ellas;

e) Adoptar medidas para fomentar la asistencia regular a las escue-


las y reducir las tasas de deserción escolar.

184
2. Los Estados Partes adoptarán cuantas medidas sean adecuadas para velar
por que la disciplina escolar se administre de modo compatible con la digni-
dad humana del niño y de conformidad con la presente Convención.

3. Los Estados Partes fomentarán y alentarán la cooperación internacional en


cuestiones de educación, en particular a fin de contribuir a eliminar la ig-
norancia y el analfabetismo en todo el mundo y de facilitar el acceso a los
conocimientos técnicos y a los métodos modernos de enseñanza. A este
respecto, se tendrán especialmente en cuenta las necesidades de los paí-
ses en desarrollo.

Artículo 29

1. Los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar
encaminada a:

a) Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y


física del niño hasta el máximo de sus posibilidades;

b) Inculcar al niño el respeto de los derechos humanos y las libertades


fundamentales y de los principios consagrados en la Carta de las
Naciones Unidas;

c) Inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad


cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del
país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizacio-
nes distintas de la suya;

d) Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad


libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los
sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, naciona-
les y religiosos y personas de origen indígena;

e) Inculcar al niño el respeto del medio ambiente natural.

185
2. Nada de lo dispuesto en el presente artículo o en el artículo 28 se interpreta-
rá como una restricción de la libertad de los particulares y de las entidades
para establecer y dirigir instituciones de enseñanza, a condición de que se
respeten los principios enunciados en el párrafo 1 del presente artículo y
de que la educación impartida en tales instituciones se ajuste a las normas
mínimas que prescriba el Estado.

Artículo 32

1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra
la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que
pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su
salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.

2. Los Estados Partes adoptarán medidas legislativas, administrativas, socia-


les y educacionales para garantizar la aplicación del presente artículo. Con
ese propósito y teniendo en cuenta las disposiciones pertinentes de otros
instrumentos internacionales, los Estados Partes, en particular:

a) Fijarán una edad o edades mínimas para trabajar;

b) Dispondrán la reglamentación apropiada de los horarios y condicio-


nes de trabajo;

c) Estipularán las penalidades u otras sanciones apropiadas para asegu-


rar la aplicación efectiva del presente artículo.

Artículo 33

“Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas, incluidas medi-
das legislativas, administrativas, sociales y educacionales, para proteger a los
niños en el uso ilícito de los estupefacientes y sustancias sicotrópicas enume-
radas en los tratados internacionales pertinentes, y para impedir que se utilice
a niños en la producción y tráfico ilícito de esas sustancias”.

186
Artículo 34

“Los Estados Partes protegerán al niño contra todas las demás formas de ex-
plotación que sean perjudiciales para cualquier aspecto de su bienestar.”

Artículo 39

“Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para promover la
recuperación física y psicológica y la reintegración social de todo niño víctima
de: cualquier forma de abandono, explotación o abuso; tortura u otra forma de
tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; o conflictos armados. Esa
recuperación y reintegración se llevarán a cabo en un ambiente que fomente
la salud, el respeto de sí mismo y la dignidad del niño.”

Artículo 40

1. Los Estados Partes reconocen el derecho de todo niño de quien se alegue


que ha infringido las leyes penales o a quien se acuse o declare culpable de
haber infringido esas leyes a ser tratado de manera acorde con el fomento
de su sentido de la dignidad y el valor, que fortalezca el respeto del niño por
los derechos humanos y las libertades fundamentales de terceros y en la
que se tengan en cuenta la edad del niño y la importancia de promover la
reintegración del niño y de que éste asuma una función constructiva en la
sociedad.

2. Con este fin, y habida cuenta de las disposiciones pertinentes de los instru-
mentos internacionales, los Estados Partes garantizarán, en particular:

a) Que no se alegue que ningún niño ha infringido las leyes penales,


ni se acuse o declare culpable a ningún niño de haber infringido
esas leyes, por actos u omisiones que no estaban prohibidos por
las leyes nacionales o internacionales en el momento en que se
cometieron;

187
b) Que a todo niño del que se alegue que ha infringido las leyes
penales o a quien se acuse de haber infringido esas leyes se le
garantice, por lo menos, lo siguiente:

i) Que se lo presumirá inocente mientras no se pruebe su


culpabilidad conforme a la ley;

ii) Que será informado sin demora y directamente o, cuando


sea procedente, por intermedio de sus padres o sus repre-
sentantes legales, de los cargos que pesan contra él y que
dispondrá de asistencia jurídica u otra asistencia apropiada en
la preparación y presentación de su defensa;

iii) Que la causa será dirimida sin demora por una autoridad
u órgano judicial competente, independiente e imparcial en
una audiencia equitativa conforme a la ley, en presencia de un
asesor jurídico u otro tipo de asesor adecuado y, a menos que
se considerare que ello fuere contrario al interés superior del
niño, teniendo en cuenta en particular su edad o situación y a
sus padres o representantes legales;

iv) Que no será obligado a prestar testimonio o a declararse


culpable, que podrá interrogar o hacer que se interrogue a
testigos de cargo y obtener la participación y el interrogatorio
de testigos de descargo en condiciones de igualdad;

v) Si se considerare que ha infringido, en efecto, las leyes pe-


nales, que esta decisión y toda medida impuesta a conse-
cuencia de ella, serán sometidas a una autoridad u órgano
judicial superior competente, independiente e imparcial, con-
forme a la ley;

vi) Que el niño contará con la asistencia gratuita de un intér-


prete si no comprende o no habla el idioma utilizado;

vii) Que se respetará plenamente su vida privada en todas las


fases del procedimiento.

188
3. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para promover el
establecimiento de leyes, procedimientos, autoridades e instituciones es-
pecíficos para los niños de quienes se alegue que han infringido las leyes
penales o a quienes se acuse o declare culpables de haber infringido esas
leyes, y en particular:

a) El establecimiento de una edad mínima antes de la cual se pre-


sumirá que los niños no tienen capacidad para infringir las leyes
penales;

b) Siempre que sea apropiado y deseable, la adopción de medidas


para tratar a esos niños sin recurrir a procedimientos judiciales,
en el entendimiento de que se respetarán plenamente los de-
rechos humanos y las garantías legales.

4. Se dispondrá de diversas medidas, tales como el cuidado, las órdenes de


orientación y supervisión, el asesoramiento, la libertad vigilada, la coloca-
ción en hogares de guarda, los programas de enseñanza y formación profe-
sional, así como otras posibilidades alternativas a la internación en institu-
ciones, para asegurar que los niños sean tratados de manera apropiada para
su bienestar y que guarde proporción tanto con sus circunstancias como
con la infracción.

189
Convenio 138 y 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)

Desde de su creación, la OIT ha incluido el trabajo infantil como una de sus


preocupaciones fundamentales. “El principal instrumento de OIT en su lucha
por abolir el trabajo infantil han sido y siguen siendo las normas del trabajo
que determinan el concepto de una edad mínima para ingresar en el empleo.
Este criterio responde a dos deseos, el de proteger a los niños respecto de un
trabajo que interfiera con su pleno desarrollo y la búsqueda de una eficiencia
económica mediante mercados de trabajo de adultos que funciones correcta-
mente”.

“ Al respecto, la Organización Internacional del Trabajo aprobó los convenios


138 (1973) y 182 (1999). El convenio 138, ratificado por nuestro país en 1999,
plantea que los Estados realizarán esfuerzos por subir progresivamente la
edad de la incorporación de los niños y niñas al mundo laboral. Como conse-
cuencia, al año siguiente, se elevó de 14 a 15 años la edad mínima de admisión
al empleo”14.

Al año siguiente, Chile suscribió el Convenio 182, referido a la erradicación de


las peores formas de trabajo infantil. Este convenio plantea que “se entenderá
por peores formas de trabajo infantil:

a) Todas las formas de esclavitud, o práctica análoga como la venta y


trata de niños, la servidumbre por deuda y condición de siervo, y el
trabajo forzoso u obligatorio, incluyendo el reclutamiento forzoso u
obligatorio para su utilización en conflictos armados.

b) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitu-


ción, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas.

14 Manual de Capacitación para el Registro Único de Peores Formas de Trabajo Infantil. Documento
SENAME, Ministerio del Trabajo, IPEC / OIT.

190
c) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realiza-
ción de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico
de estupefacientes, tal como se define en los tratados internacio-
nales pertinentes.

d) Cualquier trabajo que, por su naturaleza o por la condición en que


se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la
moralidad de los niños, lo que deberá ser determinado por la legis-
lación nacional o la autoridad competente.

La adopción de estos convenios establece obligaciones de carácter recíproco.


Por una parte, los Estados miembros están obligados a respetar, promover y
aplicar los principios de la Declaración relativa a los derechos fundamentales
en la mayor medida en que lo permitan sus recursos y habida cuenta de las
circunstancias específicas. La organización está obligada a asistir a sus miem-
bros para lograr la meta”15.

Ley de Alcoholes (19.925)

El día 19 de diciembre del año 2003 se promulgó la nueva ley de alcoholes,


esta ley regula el expendio de bebidas alcohólicas, las medidas de prevención
y rehabilitación del alcoholismo, así como las acciones y los procedimientos
aplicables. Los artículos que pueden facilitar y orientar las acciones y los pro-
cedimientos acorde a la ley, con alumnos o personas que presenten proble-
mas con alcohol, son los siguientes:

Título I / Del expendio de bebidas alcohólicas

Artículo 8º

“La municipalidad determinará, en su respectivo plano regulador, o a través de


ordenanza municipal, las zonas de su territorio en las que podrán instalarse es-

15 Manual Op. Cit.

191
tablecimientos clasificados en las letras D), E) y O) del artículo 3º y locales que
expandan bebidas alcohólicas para ser consumidas fuera del respectivo lugar.

Sin perjuicio de ello, no concederá patentes para que funciones en conjuntos


habitacionales, a aquellos establecimientos de expendio de bebidas alcohóli-
cas que determine mediante ordenanza municipal.

Para los efectos previstos en los incisos anteriores, la municipalidad solicitará


a Carabineros de Chile informe escrito, el que deberá ser evacuado dentro del
plazo de treinta días, contados desde la fecha en que se reciba la respectiva
solicitud. Si Carabineros de Chile no emitiera el informe dentro del plazo seña-
lado, se procederá sin este trámite.

Tampoco se concederá patente para el funcionamiento de alguno de los esta-


blecimientos indicados en el inciso primero, que estén ubicados a menos de
cien metros de establecimientos de educación, de salud o penitenciarios, de
recintos militares o policiales, de terminales y garitas de movilización colecti-
va. La municipalidad podrá excluir de esta prohibición a los hoteles o restau-
rantes de turismo.

La distancia se medirá entre los extremos más próximos de los respectivos


establecimientos, tomando la línea de acceso principal más corta, por aceras,
calles y espacios de uso público.”

Título II / De las medidas de prevención y rehabilitación

Artículo 25º

“Se prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas en las calles, caminos, plazas,


paseos y demás lugares de uso público. La contravención a esta prohibición
será sancionada con alguna de las siguientes medidas:

1º Multa de hasta una unidad tributaria mensual.


2º Amonestación, cuando aparecieren antecedentes favorables para el in-
fractor”.

192
Artículo 26º

“Lo dispuesto en el artículo precedente también tendrá lugar respecto a quie-


nes fueren sorprendidos en la vía pública o en lugares de libre acceso al pú-
blico en manifiesto estado de ebriedad. En este caso, si una persona hubiere
incurrido en dicha conducta más de tres veces en un mismo año correspon-
diente, Carabineros denunciará el
hecho al juez de policía local correspondiente, el cual podrá imponer alguna de
las siguientes medidas:

1º Seguir algún programa de prevención o de tratamiento médico, psicológico


o de alguna otra naturaleza, destinado a la rehabilitación, y

2º Internarse en un establecimiento hospitalario o comunidad terapéutica que


cuente con programas para el tratamiento del alcoholismo.”

Artículo 28º

“Si un menor de dieciocho años de edad fuere sorprendido realizando algunas


de las conductas prohibidas en los artículos 25º, inciso primero, y 26º inciso
primero, como medida de protección será conducido por Carabineros al cuar-
tel policial o a su domicilio, con la finalidad de devolverlo a sus padres o a la
persona que se encuentre encargada de su cuidado, siempre que éste fuere
mayor de edad.

Si el menor fuere conducido al cuartel policial, Carabineros adoptará las me-


didas necesarias para informar a su familia o a las personas que él indique
acerca del lugar en el que se encuentra, o bien le otorgará las facilidades para
que se comunique telefónicamente con alguna de ellas.

Al devolver al menor a sus padres o a la persona encargada de su cuidado,


Carabineros los apercibirá por escrito que, si el menor incurriere en las contra-
venciones a que se refiere este artículo más de tres veces en un mismo año,
se hará llegar sus antecedentes al Servicio Nacional de Menores. Asimismo,

193
consignará en ese documento las ocasiones precedentes en que aquél hubie-
re realizado tales conductas. La persona que reciba al menor, previa individua-
lización, firmará la constancia respectiva.

Carabineros, en la oportunidad que corresponda, dará cumplimiento al aperci-


bimiento señalado en el inciso precedente.”

Artículo 29º

“Prohíbase el ingreso de menores de dieciocho años a los cabarés, cantinas,


bares y tabernas, y el ingreso de menores de dieciséis años a discotecas, sin
perjuicio de lo dispuesto en el artículo 42.

El administrador o dueño de esos establecimientos, así como quien atienda


en ellos, estará obligado a exigir la cédula de identidad u otro documento de
identificación expendido por la autoridad pública a todas las personas que de-
seen ingresar y tengan, aparentemente, menos de dieciocho años o, en su
caso, dieciséis años de edad.”

Artículo 34º

“Deberán asistir a dichos programas las personas a que se refieren el artículo


26 y los reincidentes en la conducción de vehículos bajo los efectos del alcohol
o estado de ebriedad.

Lo anterior, salvo que el juez, en su sentencia, resuelva imponerles la medida


de seguir otro tratamiento médico, sicológico o de otra naturaleza, destinado
a la rehabilitación.”

194
Artículo 35º

“En las mismas condiciones, el juez de policía local también podrá ordenar la
asistencia a esos programas de tratamiento y rehabilitación del cónyuge o del
padre o la madre de familia que habitualmente se encontrase bajo la influencia
del alcohol, de modo que no le sea posible administrar correctamente sus
negocios o sustentar a su cónyuge o hijos.”

Artículo 36º

“El juez podrá ordenar la medida de internación no voluntaria, en una unidad


de hospitalización del servicio de salud correspondiente o en otro estable-
cimiento hospitalario o comunidad terapéutica que proporcione tratamiento
para bebedores problema y alcohólicos.”

Artículo 39º

“En todos los establecimientos educacionales, sean de enseñanza parvularia,


básica o media, se estimulará la formación de hábitos de vida saludable y el
desarrollo de factores protectores contra el abuso del alcohol. Se incluirán te-
mas relativos a cultura gastronómica y a actividades sociales que consideren
un consumo adecuado de bebidas alcohólicas, a fin de prevenir positivamente
el alcoholismo.

Con el objeto de contribuir a la finalidad prevista en el inciso precedente, el Mi-


nisterio de Educación proporcionará material didáctico a los establecimientos
educacionales de menores recursos y capacitará docentes en la prevención
del alcoholismo.

Se prohíbe la venta, suministro o consumo de toda clase de bebidas alcohóli-


cas en los establecimientos educacionales.

195
No obstante lo dispuesto anteriormente, la dirección del respectivo estableci-
miento, a solicitud del centro general de padres y apoderados o con la aproba-
ción de éste, podrá autorizar que se proporcionen y consuman bebidas alcohó-
licas durante fiestas patrias, actividades de beneficencia que se realicen hasta
3 veces por año calendario, de lo cual se dará aviso previo a Carabineros y a
la respectiva Municipalidad. Esta autorización no se concederá durante el año
escolar a establecimientos que cuenten con internado. La dirección del esta-
blecimiento velará por el correcto uso de la autorización concedida y porque la
realización de la actividad no afecte de manera alguna el normal desarrollo de
las actividades educacionales.

La contravención a lo dispuesto en los incisos tercero y cuarto precedentes


será castigada con las sanciones previstas en el artículo 43.

Una comisión interministerial, compuesta por representantes de los Ministe-


rios de Educación, de Salud y de Trabajo y Previsión Social, estará encargada
de implementar y fomentar programas de prevención del abuso de bebidas
alcohólicas para ser impartidos en establecimientos educacionales, empresas,
servicios públicos y municipalidades, y de arbitrar las medidas y efectuar los
estudios necesarios para evaluar sus resultados.”

Título III / De las sanciones y procedimientos

Artículo 42º

“El que vendiere, obsequiare o suministrare bebidas alcohólicas, a cualquier


título, a un menor de dieciocho años en alguno de los establecimientos seña-
lados en el artículo 3º, será sancionado con prisión en su grado medio y multa
de tres a diez unidades tributarias mensuales.”

196
Ley de Drogas (20.000)

El día 16 de febrero de 2005, se promulgó en el diario oficial la Ley Nº 20.000


que sustituye la Ley Nº 19.366 que sanciona el tráfico ilícito de estupefacientes
y sustancias sicotrópicas. Los artículos que pueden orientar los procedimien-
tos para abordar el tráfico de drogas ilícitas al interior de los establecimientos
educacionales son los siguientes:

Título I / De los delitos y sanciones


Párrafo 1º / De los crímenes y simples delitos

Artículo 1º / Elaboración de drogas

“Los que elaboren, fabriquen, transformen, preparen o extraigan sustancias


o drogas estupefacientes o sicotrópicas productor de dependencia física o
psíquica, capaces de provocar graves efectos tóxicos o daños considerables a
la salud, sin la debida autorización, serán castigados con presidio mayor en su
grado mínimo a medio y multa de cuarenta a cuatrocientas unidades tributa-
rias mensuales.

Si se tratare de otras drogas o sustancias de esta índole que no produzcan


los efectos indicados en el inciso anterior, podrá rebajarse la pena hasta en un
grado.

Incurre también en este delito, quienes tengan en su poder, elementos, instru-


mentos, materiales o equipos comúnmente destinados a la elaboración, fabri-
cación, preparación, transformación o extracción de las sustancias o drogas a
que se refieren los incisos anteriores.”

Artículo 3º / Tráfico

“Las penas establecidas en el artículo 1º se aplicarán también a quienes tra-


fiquen, bajo cualquier título, con las sustancias que dicha disposición se re-

197
fiere, o con las materias primas que sirvan para obtenerlas y a quienes, por
cualquier medio, induzcan, promuevan o faciliten el uso o consumo de tales
sustancias.

Se entenderá que trafican los que, sin contar con la autorización competente,
importen, exporten, transporten, adquieran, transfieran, sustraigan, posean,
suministren, guarden o porten tales sustancias o materias primas.”

Artículo 4º / Microtráfico

“El que, sin competente autorización posea, transporte, guarde o porte consi-
go pequeñas cantidades de sustancias o drogas estupefacientes o sicotrópi-
cas, productoras de dependencia física o síquica, o de materias primas que sir-
van para obtenerlas, sea que se trate de las indicadas en los incisos primero o
segundo del artículo 1º, será castigado con presidio menor en su grado medio
a máximo y multa de diez a cuarenta unidades tributarias mensuales, a menos
que justifique que están destinadas a la atención de un tratamiento médico o
a su uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo.

En igual pena incurrirá el que adquiera, transfiera, suministre o facilite a cual-


quier título, pequeñas cantidades de estas sustancias, droga o materia prima,
con el objetivo de que sean consumidas o usadas por otros.”

Artículo 5º / Suministro de inhalables a menores

“El que suministre a menores de dieciocho años de edad, a cualquier título,


productos que contengan hidrocarburos aromático, tales como benceno, to-
lueno u otras sustancias similares, incurrirá en la pena de presidio menor en su
grado medio a máximo y multa de cuarenta a doscientas unidades tributarias
mensuales.”

198
Artículo 8º / Siembra y plantación de especies vegetales

“El que, careciendo de la debida autorización, siembre, plante, cultive o cose-


che especies vegetales del género cannabis u otra productora de sustancias
estupefacientes o sicotrópicas, incurra en la pena de prisión menor en su gra-
do máximo a presidio mayor en su grado mínimo y multa de cuarenta a cuatro-
cientas unidades tributarias mensuales, a menos que justifique que están des-
tinadas a su uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo, caso
en el cual sólo se aplicarán las sanciones de los artículos 50º y siguientes.

Según la gravedad del hecho y las circunstancias personales del responsable,


la pena podrá rebajarse en un grado.”

Artículo 12º / Responsabilidad de quien tolere consumo o tráfico

“Quien se encuentre, a cualquier título, a cargo de un establecimiento de co-


mercio, cine, hotel, restaurante, bar, centro de baile o música, recinto deporti-
vo, establecimiento educacional de cualquier nivel, u otros, abiertos al público,
y tolere el tráfico o consumo de algunas de las sustancias mencionadas en el
artículo 1º, será castigado con presidio menor en su grado medio a máximo y
multa de cuarenta a doscientas unidades tributarias mensuales, a menos que
le corresponda una sanción mayor por su participación en el hecho.

El tribunal podrá, además, imponer las medidas de clausura a que hace refe-
rencia el artículo 7º16.”

16 Artículo 7º “Atendidas las circunstancias del delito, podrá imponerse además la medida de clau-
sura temporal del establecimientos, por un plazo no inferior a sesenta días, ni superior a ciento
veinte días, aun cuando el autor del hecho sea empleado o dependiente de cualquier modo en di-
cho establecimiento. En caso de reiteración, podrá imponerse la clausura definitiva y la prohibición
perpetua para el autor de tales ilícitos de participar en otro establecimiento de igual naturaleza.”

199
Artículo 13º / Obligación de los funcionarios públicos a denunciar

“El funcionario público, que en razón de su cargo, tome conocimiento de algu-


nos de los delitos contemplados en esta ley y omita denunciarlos al Ministerio
Público, a los funcionarios de Carabineros de Chile o de la Policía de Investi-
gaciones, o de Gendarmería en los delitos cometidos dentro de los recintos
penitenciarios, ante cualquier tribunal con competencia en lo criminal, será
castigado con presidio menor en su grado medio a máximo y multa de cuaren-
ta a cuatrocientas unidades tributarias mensuales”.17

Párrafo 2º / De las circunstancias agravantes


Artículo 19º / Circunstancias agravantes

“Tratándose de los delitos anteriormente descritos, la pena deberá ser aumen-


tada en un grado si concurre alguna de las circunstancias siguientes:

a) Si el imputado formó parte de una agrupación o reunión de delin-


cuentes, sin incurrir en el delito de organización del artículo 16º.

b) Si se utilizó violencia, armas o engaño en su comisión.

c) Si se suministró promovió, indujo o facilitó el uso o consumo de


drogas o sustancias estupefacientes o sicotrópicas a menores de
dieciocho años de edad, o a personas con sus facultades mentales
disminuidas o perturbadas.

d) Si el delito se cometió por funcionarios públicos aprovechando o


abusando su calidad de tales.

e) Si el delito se cometió valiéndose de personas exentas de respon-


sabilidad penal.

17 Código Procesal Penal, Artículo175 “Denuncia obligatoria”: “Estarán obligados a denunciar: Letra
e): Los directores, inspectores y profesores de establecimientos educacionales de todo nivel, los
delitos que afectares a los alumnos o que hubieren tenido lugar en el establecimiento.”

200
f) Si el delito se cometió en las inmediaciones o en el interior de un
establecimiento de enseñanza o en sitios a los que escolares y
estudiantes acuden a realizar actividades educativas, deportivas
o sociales.

g) Si el delito se perpetró en una institución deportiva, cultural o so-


cial, mientras ésta cumplía sus fines propios o en sitios en donde
se estaban realizando espectáculos públicos, actividades recreati-
vas, culturales o sociales.

h) Si el delito fue cometido en un centro hospitalario, asistencial,


lugar de detención o reclusión, recinto militar o policial.

Si concurren dos o más de estas circunstancias señaladas precedentemente,


la pena podrá ser aumentada en dos grados.”

Título III / De la competencia del Ministerio Público


Párrafo 2º / De las medidas de protección a testigos, peritos, agentes en-
cubiertos, informantes y cooperador eficaz

Artículo 36º

“Cuando se trate de la investigación de los delitos a que se refiere esta ley,


si el Ministerio Público estimare que existe riesgo para la seguridad de los
agentes encubiertos, agentes reveladores, informantes, testigos, peritos y, en
general de quienes hayan cooperado eficazmente en el procedimiento, podrá
disponer que determinadas actuaciones, registros o documentos sean mante-
nidos en secreto respecto de uno o más intervinientes.

Se aplicará lo dispuesto en el artículo 182 del Código Procesal Penal18, pero el


Ministerio Público podrá disponer que se mantenga el secreto hasta el cierre

18 Código Procesal Penal.

201
de la investigación. Además, deberá adoptar medidas para garantizar que el
término del secreto no ponga en riesgo la seguridad de las personas mencio-
nadas en el inciso anterior.”

Título IV / De las faltas


Párrafo 1º / De las faltas comunes

Artículo 50º

“Los que consumieren alguna de las drogas o sustancias estupefacientes o


sicotrópicas de que hace mención el artículo 1º, en lugares públicos o abiertos
al público, tales como calles, caminos, plazas, teatros, cines, hoteles, cafés,
restaurantes, bares, estadios, centros de baile o de música; o en estableci-
mientos educacionales o de capacitación, serán sancionados con alguna de
las siguientes penas:

a) Multa de una a diez unidades tributarias mensuales.

b) Asistencia obligatoria a programas de prevención hasta por sesen-


ta días, o tratamiento o rehabilitación en su caso por un período
de hasta ciento ochenta días en instituciones autorizadas por el
Servicio de Salud competente. Para estos efectos el Ministerio de
Salud o el Ministerio del Interior deberán asignar preferentemente
los recursos que se requieran.

c) Participación en actividades determinadas a beneficio de la comu-


nidad, con acuerdo del infractor y a propuesta del departamen-
to social de la municipalidad respectiva, hasta por un máximo de
treinta horas, o en cursos de capacitación por un número de ho-
ras suficientes para el aprendizaje de la técnica o arte objeto del
curso. Para estos efectos, cada municipalidad deberá anualmente
informar a el o los juzgados de garantía correspondientes acerca
de los programas en beneficio de la comunidad de que disponga.
El juez deberá indicar el tipo de actividades a que se refiere esta

202
letra, el lugar en que se desarrollarán y el organismo o autoridad
encargada de su supervisión. Esta medida se cumplirá sin afectar
la jornada educacional o laboral del infractor.

Se aplicará como pena accesoria, en su caso, la suspensión de la


licencia para conducir vehículos motorizados por un plazo máximo
de seis meses. En caso de reincidencia la suspensión será de has-
ta un año y, de reincidir nuevamente, podrá extenderse hasta por
dos años. Esta medida no podrá ser suspendida, ni aun cuando el
juez hiciera uso de la facultad contemplada en el artículo 398 del
Código Procesal Penal19.

Idénticas penas se aplicarán a quienes tengan o porten en tales


lugares las drogas o sustancias antes indicadas para su uso o con-
sumo personal exclusivo y próximo en el tiempo.

Con las mismas penas serán sancionados quienes consuman di-


chas drogas en lugares o recintos privados, si se hubiesen concer-
tado para tal propósito.

Se entenderá justificado el uso, consumo, porte o tenencia de


alguna de dichas sustancias para la atención de un tratamiento
médico.”

Párrafo 2º / De las faltas especiales

Artículo 51º

“Si la falta de que hace mención el artículo anterior se cometiere en un lugar


de detención, recinto militar o policial por personas ajenas a él o en un estable-
cimiento educacional o de salud por quienes se desempeñen como docentes
o trabajadores, la sanción pecuniaria se aplicará en su máximo.”

19 Código Procesal Penal.

203
Párrafo 3º / De la aplicación de la pena

Artículo 52º

“Si el sentenciado no pagare la multa impuesta sufrirá, por vía de sustitución,


la pena de reclusión, regulándose un día por cada unidad tributaria mensual.
En todo caso, la reclusión no podrá exceder de seis meses.

Sin perjuicio de lo dispuesto en el inciso anterior, en casos debidamente cali-


ficados, el tribunal podrá eximir al condenado del pago de multa o imponerle
una inferior al mínimo establecido en esta ley, debiendo dejar constancia en la
sentencia de las razones que motivaron su decisión.”

Artículo 53º

“Las disposiciones de este Título se aplicarán también al menor de dieciocho


años, el que será puesto a disposición del juez de menores correspondiente.
El juez prescindiendo de la declaración de haber obrado o no con discernimien-
to respecto del que tuviere más de dieciséis años, podrá imponer al menor
algunas de las medidas establecidas en la Ley número 16.618 o de las siguien-
tes, según estimare más apropiado para su rehabilitación:

a) Asistencia obligatoria a programas de prevención, hasta por sesenta


días, o tratamiento o rehabilitación, en su caso por un período de
hasta ciento ochenta días, en instituciones consideradas idóneas por
el Servicio de Salud de la ciudad asiento de la Corte de Apelaciones
respectiva. Esta medida se cumplirá, en lo posible, sin afectar la jor-
nada escolar o laboral del infractor.

b) Participación del menor, con acuerdo expreso de éste, en actividades


determinadas a beneficio de la comunidad, a propuesta del departa-
mento social de la municipalidad respectiva, hasta por un máximo de
treinta horas, o en cursos de capacitación por un número de horas
suficientes para el aprendizaje de técnica o arte objeto del curso. El

204
juez de menores deberá indicar el tipo de actividades de que se trate
, el lugar en que se desarrollarán y el organismo o autoridad encarga-
da de su supervisión. Esta medida se cumplirá sin afectar la jornada
escolar o laboral del infractor.”

Artículo 54º

“Las faltas a que aluden los artículos 50 y 51 serán de conocimiento del juez
de garantía, de acuerdo a las reglas generales establecidas en el Título I del
Libro Cuarto del Código Procesal Penal.

Los autores de las faltas contempladas en este Título serán citados por los
agentes de la policía para que comparezcan a la fiscalía correspondiente, a la
cual se remitirá la respectiva denuncia.

Si las personas señaladas en el inciso anterior, no tuvieran manifiestamente,


control sobre sus actos y hubiere riesgo de que pueda afectarse su integridad
física o de terceros, los agentes de la policía podrán conducirlos al recinto
hospitalario más cercano, para que reciban la atención de salud que según el
caso se necesite.

El tribunal determinará la sanción correspondiente teniendo en cuenta las cir-


cunstancias personales del infractor y su mayor probabilidad de rehabilitación.
Para estos efectos, el juez establecerá la obligación del infractor de ser exami-
nado por un médico calificado por el Servicio de Salud correspondiente, con
el fin de determinar si es o no dependiente de sustancias estupefacientes, el
grado de dependencia y el tratamiento que debiera seguir el afectado. En todo
caso, el aludido examen podrá ser decretado desde que se inicie el respectivo
procedimiento.

En caso de resistencia o negativa del infractor a realizarse el examen decreta-


do, el juez ordenará las medidas conducentes a su cumplimiento.

205
La Secretaría Regional Ministerial de Justicia, previo informe de la Secretaría
Regional Ministerial de Salud, entregará a la Corte de Apelaciones respectiva
la nómina de facultativos habilitados para practicar los exámenes y remitir los
informes a que se refiere el artículo.

El fiscal, con el acuerdo del infractor, podrá solicitar al juez de garantía la sus-
pensión condicional del procedimiento, en los términos previstos en el artículo
237 y siguiente del Código Procesal Penal. En tal evento, se podrá imponer
como condición la asistencia obligatoria a programas de prevención, trata-
miento o rehabilitación, en su caso por el tiempo que sea necesario, de acuer-
do al informe que se refiere el inciso cuarto de este artículo, en instituciones
consideradas idóneas por el Servicio de Salud competente.

Si el imputado sirviere un cargo público que, legalmente, no puede ser desem-


peñado por una persona que tenga dependencia a sustancias o drogas estupe-
facientes o sicotrópicas, el juez de garantía enviará al órgano respectivo copia
de la sentencia ejecutoriada que lo condene por alguna de estas faltas o de
la resolución que dispone la suspensión condicional del procedimiento, en su
caso, a fin de que se adopten las medidas pertinentes para dar cumplimiento
a las disposiciones estatutarias que procedan.

206
Anexo 5
Instrumento

207
Anexo 5: Instrumento

Instrumento de percepción del consumo de drogas al interior de un


establecimiento

La siguiente pauta es sólo un ejemplo de cómo realizar un diagnóstico de


percepción del consumo de drogas a nivel escolar. Los datos y las preguntas
deben de adaptarse a la realidad de cada establecimiento. Se sugiere construir
una pauta diagnóstica consensuada por el equipo a cargo de la política. Es
importante tener en cuenta que estas pautas diagnósticas son anónimas, en
ningún caso se debe conocer la identidad de los alumnos.

Encuesta

A continuación te presentamos una serie de preguntas sobre las cuales de-


seamos conocer tu opinión. Recuerda que es una encuesta anónima. No dejes
respuestas sin contestar. Si tienes dudas puedes consultar al profesor que te
ha presentado la encuesta. Recuerda que es una encuesta y que sólo intere-
san los datos agregados de muchos alumnos que están contestando el mismo
cuestionario. Responde honestamente.

Agradecemos sinceramente tu participación,

¿Qué edad tienes? Sexo

Entre 12 y 14 años Masculino/Femenino


Entre 15 y 17años
Entre 18 y 20 años
Entre 21 y 23 años

208
1. ¿Crees que en este establecimiento, liceo o colegio, existen problemas
respecto del consumo de alcohol y otras drogas?


No
Puede ser
No conozco el tema

2. Señala las causas que generan el consumo de drogas en tu colegio (puede


señalar más de una opción).

La falta de confianza con Falta de disciplina en


los profesores el establecimiento

La falta de valores Los amigos que consumen o venden

La falta de seguridad Falta de educación o información

Problemas familiares Otras causas, señala

3. El consumo de drogas es algo que afecta: (marque una o más alternativas)

Al que consume
A los compañeros del liceo
A su familia
A ninguno
A los profesores y al liceo
A todos

4.Tú dirías que los efectos del consumo de drogas:

Ayudan a estudiar mejor


No afectan el estudio
Empeoran el estudio

209
5. El consumo de alcohol y/o drogas en el liceo genera:

Incumplimiento de horarios - atrasos Cansancio físico

Ausencias o cimarras Desmotivación

Problemas de violencia - Irritabilidad Problemas en la familia

Afecta el rendimiento escolar No causa problemas

6. Qué características de tu liceo podrían favorecer el consumo de drogas:

La cantidad de horas de clase Exceso de disciplina

La falta de espacios de recreación


Falta de disciplina
sana en el liceo

Falta de seguridad Ambiente agresivo

Falta de apoyo de
El tipo de enseñanza
los docentes

Malas relaciones entre Malas relaciones entre


compañerosde clase o liceo alumnos y profesores

Escasas actividades Falta de incorporación


extraprogramáticas de la familia

Ambientes de estudio
Presencia de microtráfico
poco agradable

Ausencia de actividades
Falta de identidad de
de integración y oportunidades
nuestro liceo
para los alumnos

210
7. Marca con una cruz tu opinión. Tú consideras que:

Sí No

El alcohol es una droga

Las sensaciones provocadas por el alcohol son placenteras

El alcohol es necesario en un carrete

El uso continuo de la marihuana produce dependencia

La marihuana genera algún tipo de enfermedad

Uno de los efectos de consumir marihuana es la alteración


de la percepción, como ver cosas que no existen

Sin marihuana no hay carrete

El alcohol no es droga

La pasta base no produce daño

El cigarrillo afecta sólo al que la fuma, no a los que están cerca

La marihuana no hace daño

8. En caso de conocer situaciones de consumo de drogas y alcohol dentro de


tu colegio, liceo o establecimiento, tú dirías que éste es:

Muy frecuente Escaso

Frecuente No existe consumo

211
9. Cuáles dirías que son las drogas más consumidas por los alumnos en este
establecimiento:

Alcohol Pasta base

Cigarrillo Pastillas (estimulantes,Anfetaminas ,Tranquilizantes)

Marihuana Otras

Cocaína

10. El consumo de drogas entre los alumnos es un tema que:

Se conversa bastante
Se evita conversar
Se conversa poco
No se conversa

11. Si se descubre un alumno consumiendo drogas habría que: (marque una o


más alternativas)

Expulsarlo inmediatamente Orientarlo a un tratamiento

Mantenerlo en el colegio Dejarlo solo y que él decida

Hablar con él Hablar con su familia

Ayudarlo a dejar el consumo No inmiscuirse

12. La información que recibes acerca de la prevención del consumo de dro-


gas en su liceo es:

Suficiente
Insuficiente
Nula

212
13. ¿Qué harías para prevenir el consumo de drogas en tu colegio?

14. En esta lista, marca aquellas cosas que, en tu opinión, son más importan-
tes para una vida mejor tanto en el colegio como en el hogar.

Practicar deportes

Comer mejor

Dormir mejor

Tomar menos medicamentos

Tomar menos bebidas alcohólicas

Fumar menos

Conversar con los padres

Concentrarse en los estudios

Pasar más tiempo con la familia

Salir más, tener nuevas amistades

Tener alguien a quien contarle mis problemas

Participar en grupos de baile, música, teatro, cantar en un coro

Participar en actividades sociales (fiestas, cine, playa, club, viajes, excursiones...)

Tener más horas para el entretenimiento

Otras

213
15. Marca con una cruz tu opinión. Tú consideras que:

Sí No

No probaría drogas por ningún motivo

Si me ofrecieran drogas, no aceptaría

Creo que me atrevería a probar, pero con temor

Probaría drogas para saber qué se siente

Consumir drogas de vez en cuando no es tan peligroso

Consumir drogas es una forma más de pasarlo bien

He consumido drogas, pero no soy drogadicto

Consumo drogas continuamente, pero lo puedo dejar cuando quiera

16. ¿Consumes alguna de estas drogas?

Sí No

Cigarrillos

Alcohol (cerveza, vino o licores fuertes)

Tranquilizantes con receta médica como clonazepam,


alprazolam, lorazepam, valium

Marihuana

Pasta base

Cocaína

Alucinógenos como LSD u otros ácidos, polvo de ángel,


mescalina o peyote

Inhalantes como neoprén, tolueno, éter, acetona, poppers o pinturas

Analgésicos sin receta médica como morfina, codeína, petidina,


metadona, tylenol con codeína

Anfetaminas sin receta médica

214
En caso de que hayas probado alguna droga como marihuana, cocaína, pasta
base u otras en los últimos 12 meses, contesta las siguientes preguntas:
Piensa en los últimos 12 meses

Sí No

17. ¿Has tenido algún problema serio en la casa o en el liceo


a causa del consumo de alguna droga como marihuana,
cocaína, pasta base u otras, como descuidar los estudios,
faltar al liceo o bajar tu rendimiento académico?

18. ¿Te ha sucedido que a causa del consumo de alguna dro-


ga te hayas expuesto a algún peligro contra tu integridad
física? Digamos has estado a punto de pelear o agredir, o
sufrir cualquier clase de accidente?

19. ¿Has hecho algo bajo los efectos del consumo de alguna
droga que pudiera causarte problemas con la autoridad
pública o con la ley, como conducir vehículos en ese esta-
do, rayar paredes, destruir equipamiento público, moles-
tar a los vecinos, robar o algo parecido?

20. ¿Has tenido algún problema con la familia o los amigos a


causa del consumo de alguna droga, como un disgusto o
pelea seria que haya dañado esa relación?

215
Análisis de los resultados de la encuesta

Tabule las pautas, extraiga porcentajes y cifras significativas para correlacionar


con los factores protectores y de riesgos asociados al consumo –o no– de
drogas. Además de los otros índices obtendrá un diagnóstico general del liceo
y alumnos en relación a las drogas.

Interesa saber, por ejemplo:

Percepción del problema del consumo de drogas, en el barrio, la fa-


milia, el liceo.

Grado de accesibilidad a las drogas o microtráfico.

Tipos de consumo y drogas consumidas por los alumnos.

Percepción acerca de los factores de riesgo que inciden en el consu-


mo. Información que tienen los alumnos sobre las drogas. Interés de
los alumnos por el tema de las drogas.

Etcétera.

Este diagnóstico puede fortalecer y justificar la implementación de una políti­ca


de prevención del consumo de drogas en el establecimiento y potenciar aque-
llos niveles que sean necesarios, como por ejemplo fortalecer la preven­ción y
trabajar o potenciar la intervención precoz.

216
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con­sumo de drogas en el marco curricular”, Educación Básica y Media.
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