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Psicosis, perversión,


neurosis
La lectura de Jacques Lacan

Philippe Julien

Amorrortu editores
Buenos Aires - Madrid

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Biblioteca de psicología y psicoanálisis
Directores: Jorge Colapinto y David Maldavsky
Psychose, perversion, néurose. La lecture de Jacques Lacan, Philippe Indice general
Julien
© Editions Eres, París, 2000
TraduccióH: Horacio Pons
Primera edición en castellano, 2002. Segunda edición, 2012
©Todos los derechos de la edición en castellano reservados por
Amorrortu editores S.A., Paraguay 1225, 7º piso - C 1057 AAS Buenos Aires
Amorrortu editores España S.L., C/López de Hoyos 15, 3º izquierda -
28006 Madrid

www.amorrortueditores.com 9 Introducción
La reproducción total o parcial de este libro en forma idéntica o modificada
por cualquier medio mecánico, electrónico o informático, incluyendo foto-
copia, grabación, digitalización o cualquier sistema de almacenamiento y
recuperación de información, no autorizada por los editores, viola dere-
11 I. Psicosis
chos reservados.
13 l. Una paranoia común
Queda hecho el depósito que previene la ley nº 11.723
19 2. Una relación demasiado poco paranoica
Industria argentina. Made in Argentina
ISBN 978-950-518-238-1 25 3. Psicosis y modernidad
ISBN 2-86586-863-X, París, edición original
37 4. La vía freud iana
45 5. La psicosis, una respuesta al acontecimiento
59 6. Un retorno al tope freudiano
71 7. Del Nombre-del-Padre al Padre-del-Nombre como
Julien, Philippe sínthoma
Psicosis, perversión, neurosis : la lectura de Jacques Lacan.-
2º ed.- Buenos Aires: Amorrortu, 2012 . 83 8. La publicidad del nombre propio
208 p. ; 23x14 cm.- (Biblioteca de psicología y psicoanálisis/ Jorge
Colapinto y David Maldavsky)
Traducción de: Horacio Pons 97 II. Perversión
ISBN 978-950-518-238-1
99 l. Un escandaloso descubrimiento
l. Psicosis 2. Perversiones. 3. Neurosis. l. Pons, Horacio, trad.
11. Título. 109 2. Delante o detrás del velo
CDD 150.195
117 3. Dos casos de inversión
123 4. Una desmentida de lo real

Impreso en los Talleres Gráficos Color Efe, Paso 192, Avellaneda, provin- J 29 III. Neurosis obsesiva
cia de Buenos Aires, en noviembre de 2012.
Tirada de esta edición: 1.500 ejemplares. 131 l. La neurosis normal
t:'l 7 2. La verdad de Freud

7
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Intro ucción ,
----¿ fr'>crr;._/ "ÓV! ;;,.tr ~º i.e¡
145 3. El retroceso de Freud
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C'C!l.
Í; ·'/ ~¡,. l

157 Iv. Histeria I

159 l. La subversión histérica


167 2. La ruptura freudiana
175 3. La histeria no es una neurosis Psicosis, perversión, neurosis. Esta clasificación consti-
tuye una nomenclatura: un saber para compartir que da el
185 4. La histeria del psicoanálisis sentido de cada denominación, una tras otra, en la claridad
y la fijeza.
191 Conclusión Pero la verdad, por su parte, es otra: «Yo, la verdad, ha-
blo». Habla por la boca del analizante. Y no se detiene. Por
haber querido escucharla, Freud no dejó de despertar para
conquistar un saber siempre nuevo sobre ella. Habría de ser
ese Acteón perseguido por los perros lanzados por la diosa,
que lotrañ"sformó en ciervo por su ambición de sorprenderla
en su verdad desnuda.
Así, Freud no dejaría de correr para desconcertar a los
suyos, sus discípulos, que creían saber por fin a qué atener-
se con él: «¡Pero no, no es eso!», les respondía.
Í Cada analista hace la experiencia de ello, preocupado y
f perseguido por los perros de sus pensamientos: «¡Eh! ¿Qué
piensas entonces de la verdad que a~abas -de ~scuchar de es-
1 de aquella ... en su decir a medias?».
te,
~ Y, a su turno, un tal Jacques Lacan se pasaría la vida
dando testimonio público de los perros de su pensamiento.

\ Acteón parisino, no dejaría de poner en cuestión el sentido


oficial de las definiciones: psicosis, perversión, neurosis. No
para borrar sus huellas, como lo quiso el DSM III, sino para
subvertir su significación.
La institución analítica juzgó insoportable esa actitud, y
Lacan fue excluido de ella en 1963. Pero a partir del año si-
guiente relanzó a los suyos, al punto de hacerles esta confe-
sión, el 29 de mayo de 1964:

«La verdad es lo que corre detrás de la verdad, y ahí corro


yo, ahílos llevo, como los perros deActeón, tras de mí. Cuan-

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do haya encontrado el escondite de la diosa, me convertiré
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9
8
sin duda en ciervo y ustedes podrán devorarme, pero aún te- I. Psicosis
nemos algo de tiempo ante nosotros».1

Hoy, ese tiempo ha pasado. «Devora el libro», todavía gri-


ta la verdad. Ahora, empero, es posible un saber literal. Esa
es en lo sucesivo la apuesta, tal como Lacan la anunciaba:
«Lo importante es saber qué dará el libro cuando haya sido
devorado por completo». 2
Por completo, es decir, no tal Lacan, de tal período, el de
- lo imaginario (1936-1951), el de lo simbólico (1951-1963) o «Si no somos capaces de darnos cuenta de que hay cierto grado, no
el de lo real (1964-1980), sino Lacan tomado en la dinámica arcaico y que deba situarse en alguna parte en el nivel del naci-
misma de toda su marcha, desde la A hasta la Z. miento, sino estructural, en el nivel del cual los deseos son propia-
¿Qué resulta de esto? Scilicet: puedes saberlo ... ¡si mente hablando locos, si para nosotros el sujeto no incluye en su
quieres! - o' / definición, en su articu~n primera, la posíbilidad de la estruc-
S é ¡ re l r ( e
tura psicótica, entonces nunca seremos -otra cosa que alienistas».
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J. Lacan, seminario L'identification, clase inédita del 2 de mayo de
1962

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1 Le Séminaire, Livre XI, Les qzwtre concepts fondumenluux de la psy-

chanulyse, París: Seuil, 1973, pág. 172. [El Seminario de Jacques Lacan,
Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, 1964, Bue-
nos Aires-Barcelona: Paidós, 1986].
2 Le Séminaire, Livre Vil, L'éthique de la psychanalyse, París: Seuil,

1986, pág. 375. [El Seminario de Jacques Lacan, Libro 7, La ética del psi-
coanálisis, 1959-1960, Buenos Aires-Barcelona: Paidós, 1988.]

10
l. Una paranoia común

El psicoanálisis no tiene palabra propia; la idiotez, si la


tomamos en su etimología, no es su fuerte. _Como el_yiddish,
sólo habla con préstªmos de otras lenguas. Pero con una
condición: dar un nuevo sentido a los significantes incorpo-
rados.
De tal modo, Lacan, como lo había hecho Freud en el ca-
so de la histeria, pervierte como hereje la significación de
palabras de origen psiquiátrico. En efecto, si la locura no es
ni un déficit ni una disociación de funciones, tiene, enton-
ces, mucho que enseñarnos; saca a relucir lo que está pre-
sente en la llamada persona normal, y por eso concierne a
cualquier hijo de vecino. Es lo que tacan mostró, muy en
particular, para las denominaciones de paranoia y psicosis,
la primera antes de 1953, la segunda a partir de ese mismo
año, con la invención de RSI.
Tomemos la noción de paranoia. ¡Psicosis paranoica,
dicen! ¿No es el tema de la tesis de 1932 del joven Lacan?
Pero la senda desbrozada por él consistió en desanudar ese
lazo, para enlazar el calificativo de paranoico con el con-
cepto de conocimiento. Por su ladÜ,-:Í{raepelin y Genil-Pe-'
rrm- habían separado la paranoia de la demencia para de-
finir con ella un carácter, una personalidad o una consti-
tución según estos cuatro rasgos: fatuidad, desconfianza,
raciocinio, marginalidad. En lo que respecta a Lacan, su
invención primera, destinada a sorprender -antes de la de
RSI (real, simbólico, imaginario) en 1953-, fue efectuar
'{ otra identificación, al ligar paranoia y conocimiento.
Y así, como consecuencia, la psicosis, lejos de ser para-
noica, ¿no aparecería con el delirio a partir de una falta de
paranoia? Pregunta que tendremos que responder. En efec-
to, el trabajo del análisis no consiste únicamente en escu-
char, sino en fundar un saber teorico a partir de la escucha.
Trabajo incesante que recusa el saber establecido.

13
De ese modo, desde 1931 Lacan comienza a efectuar una cuanto a la referencia literal, es falso; sin embargo, Lacan
disyunción entre psicosis y paranoia. En su artículo «Struc- no deja de tener razón al hablar así a posteriori. En efecto, la
ture des psychoses paranoi:aques»,r distingue con claridad significación de lo que va a desarrollar de 1936 a 1951 está
lo que llamamos constitución o personalidad paranoica de sin duda en la tesis de 1932, y tomará el nombre de '~
los delirios de interpretación o los delirios pasionales. miento paranoico» para distinguirlo claramente del delirio
Del mismo modo, un año después, en 1932, mientras es- psicótico. -
cribe su tesis sobre la psicosis paranoica, tropieza con esta El argumento se presenta así: el conocimiento es esen-
dificultad: cialmente del orden de la visión; la bipolaridad vidente-vis-
~~~ orde~~paran_Q_i~ . AlÍ.orafüen, el yo hunÍano se
«En esta enferma, nada nos permite hablar de una dispo- constituye por identificación gracias a la visión del objeto y
sición congénita y ni siquiera adquirida, que se exprese en de acuerdo con la misma bipolaridad. El yo tiene, por lo tan-
los rasgos definidos de la constitución paranoica». 2 to, una estructura paranoica, o no es.
Retomemos los distintos elementos de esta proposición.
En rigor, podríamos hablar de una disposición adquiri- El conocimiento no es ni palabra de verdad ni demostración
da, «Secundaria con respecto a la eclosión delirante». 3 Pero de un saber. Es evidencia del ver en la luz de los ojos del es-
lo decisivo de la psicosis está en otra parte. píritu. Heidegger, a quien Lacan llamaba su amigo, reco-
Entonces, ¿cómo puede hablarse aún de psicosis para- noció esta tradicional afinidad del conocimiento con lo es-
noica? Lacan responderá dando una nueva definición de esa pecular, el espectáculo, lo especulativo. Así, escribía lo si-
«paranoia» de Aimée: I?_?ranoia de autocastig<]. Se apoya en guiente: «Los griegos, especialmente en la época de Platón,
la comprobación de que el delirio desaparece en ella cuando concibieron el conocer como una especie de visión y de
la encierran, y ve en ese hecho una relación de causa a eféC- contemplación». Esto proviene de la interpretación que ha-
to: jun castigo exitoso!. Pura hipótesis, «pescante», dirá en cen del ser:
1966, 4 que abandonará más adelante; veremos cómo.
Pero el lazo psiquiátrico entre psicosis y paranoia va a «Porque "ser" enuncia: presencia y consistencia, la visión, el
desanudarse poco a poco, y cada vez más claramente, en el hecho de ver, es particularmente apto para dilucidar la per-
transcurso de los años siguientes. cepción de la presencia y la consistencia». 7
En el apres-coup, en 1966, al presentar sus Escritos, La-
can señalará que introdujo la noción de «conocüniento para- La filosofía interroga sobre ese don maravilloso de la in-
noico» con su tesis de 1932 sobre Aimée. 5 Del mismo modo, tuición de la presencia: ¿qué es activo, qué es pasivo, el ojo
en 1975, en su presentación de la traducción de las Memo- del espíritu o el objeto visto? Hay bipolaridad. Hay ante todo
rias de Schreber, hablará de su tesis de 1932 como «una fa- actividad del objeto: este toca, impresiona la tabula rasa del
se de nuestra reflexión que fue en principio la de un psi- espíritu que recibe. Pero ver, a cambio, es ob-jetivar, poner
quiatra, armada del tema del conocimiento paranoico». 6 En delante, alú, a distancia sobre el cuadro del mundo. No es
absorber, asimilar, sino acoger ob-jetando: registro como
1 Semana de los Hospitales de París, julio de 1931. Reeditado en Orni-
fuera de mí la presencia del objeto que se revela a mis ojos.
car?, nº 44, París: Navarin, 1988.
2 De la psychose paranofoque dans ses rapports avec la personnalité, Pa- Ahora bien, en razón de ese doble movimiento, el conoci-
rís: Seuil, 1975, pág. 241. [De la psicosis paranoica en sus relaciones con lo miento es po~ sí_paranoico, ~diferencia de la verdad o el sa:
personalidad, México: Siglo XXI, 1976.]
3 !bid., pág. 243.
4 Ecrits, París: Seuil, 1966, pág. 66. [Escritos, I y II, México: Siglo XXI, 7
Nietzsche, ll, París: Gallimard, 1971, pág. 178. [Nietzsche, Barcelona:
1984.] Destino, 2000, 2 vols.] Se comprende por ello por qué Lacan adoptará a
5 lb id., pág. 65. partir de 1973 el término «consistencia» para definir el acto de mant.ener
6 J. Lacan, en Cahiers pour l'analyse, nº 5, pág. 71. unidos el objeto topológico y su presentación espacial de dos dimensiones.

14 15
ber. Eso es exactamente lo que comprueba Lacan con res- porcionan el modelo de la identificación en la cual el ego en-
I>ecto a la formación del yo, en la medida en que su principio cuentra su punto de partida (starting point) y dejan su hue-
fundador es de orden visual. lla para siempre» .10

Frani;oise Dolto dirá de igual modo: «Hay que falicizarse


la imagen del cuerpo; si no, naturalmente no podemos per-
El conocimiento paranoico manecer sentados, nos caemos al suelo».11
¿Por qué caminos llegó Lacan a ese punto? Para definir
este conocimiento, debemos distinguir cinco rasgos funda- El olvido de sí mismo
mentales.
Esa es la estructura paranoica del yo: «El sujeto se _aj~ga
Visibilidad a sí mismo y acusa al otro». 12 Se desconoce, como puede acr:-
vertirse con facilidad en el transitivismo del niño: «jNo soy
Según el estadio del espejo presentado en Marienbad en yo, es él!». Del mismo modo, Alcestes y el «alma bella» según
1936, la mirada del niño entre los ocho y los dieciocho meses Hegefdesconocen su participación en el mal que no dejan de
hace que la imago del cuerpo del otro funde la imagen unifi- denunciar.
cada del cuerpo propio más allá de su fragmentación. La
imago del semejante, de la madre, del hermano, anticipa la
motricidad futura del niño en cuanto nacido prematura- El objeto del deseo
mente. Así, en 1938 Lacan inventa la noción de complejo de
intrusión, que debe situarse entre los dos complejos pro¡)ia: · El conocimiento paranoico instituye la tríada imagina-
mente freudianos: el de destete y el de Edipo.~ -~ia del otro, el yo y el oojeto. El Ínterés por-ese objeto nace a
partir del deseo del otro por él. Así, «una alteridad primitiva
se incluye en el objeto, en la medida en que este es primiti-
Unidad y fijeza vamente el objeto de rivalidad y competencia. ~ólo_ interesa
en tanto objeto del deseo del otro». 13 De tal modo, competi-
La intrusión del semejante funda la unidad del yo del ción, rivalidad, competencl.í:i. y celos son la génesis y el ar-
ego en su narcisismo de objeto unificado. Bay ~ol!f:gsión quetipo de los sentimientos sociales.
entre identificación y amor a sí misll!O. Confusión que debe
mantenerse en favor de fa e-;tabilidad de la personalidad.
En efecto, el conocimiento humano está bajo el signo
ESTA [STA] por el estancamiento [stagnation] de las for-
mas corporales: estructura «que constituye el yo y los obje-
tos con atributos de permanencia, identidad y sustanciali-
10
dad».9 Tal es el ego: «Quelques réflexions sur l'Ego•>, Le Coq Héron, nº 78, 1980, conferen-
cia publicada en inglés en el lnternational Journal ofPsycho-Analysis, vol.
«La estabilidad [stabilité] de la posición [station] vertical, el 34, 1953.
11
prestigio de la estatura, la solemnidad de los estatutos, pro- Autoportrait d'une psychanalyste, París: Seuil, 1989, págs. 248-9.
[Autobiografía de una psicoanalista, 1934-1988, México: Siglo XXI, 1991.)
12
Ecrits, op. cit., pág. 114.
8 Les complexes familiaux, París: Navarin, 1938. [La familia, Buenos Ai-
l3 Le Séminaire, Livre lll, Les psychoses, París: Seuil, 1981, pág. 50. [El
res-Barcelona: Argonauta, 1978.) S eminario de Jacques Lacan, Libro 3, Las psicosis, 1955-1956, Buenos Ai-
9 J. Lacan, Ecrits, op. cit., pág. 111. res: Paidós, 1984.)

16 17
Un doble movimiento 2. Una relación demasiado poco paranoica
Ahora bien, el rasgo decisivo y pese a ello problemático
de esta paranoia es el mantenimiento de una bipolaridad
irreductible. Tenemos a la vez:

- inclusión con captura, fascinación, alienación en la


imagen del otro por identificación; Í tA ej M 'h~
y exclusión recíproca: «jO tú o yo!». ~/ .. •< m n'
\'
~!u 71" - 1u7"" Hemos visto que el conocimiento paranoico implicaba
Cada polo remite sin cesar a su contrario, a imagen de cinco rasgos específicos. Ahora bien, puede suceder que el
los puerco espines de Schopenhauer: demasiado lejanos \~. último sea deficiente: hay inclusióri__ c;:_.n capt~!..ª ~la ima-
(¡hay que incluirlos!), demasiado cercanos (¡hay que excluir- / gen del otro, pero la exclusión recíproca está ausente. Ese
los!). Hay reciprocidad de privación: ¡yo te excluyo y tú me · füeuno de los~ desc;brimientos fundamentales de L~can.
excluyes! ¿Psicosis sin delirio o prepsicosis? ¿Borderline o falso self!
Estos cinco rasgos del conocimiento paranoico, desarro- De una u otra forma, hay una falla eii la paranoia común,
llados poco a poco por Lacan desde 1931hasta1951, definen un defecto de la relación imaginaria. Lacan lo presentó con
con exactitud lo que a partir de 1953 llamará relación ima- tres casos: en 1932, 1965 y 1976.
ginaria, ni simbólica, ~i r~al.:.
- ... - ·- - '!

Aimée (1932)

Lacan llama «el acontecimiento decisivo en el desarrollo


de la vida de Aimée» 1 lo que para él fue el objeto de w1a in-
tuición primordial, que ordenaría el conjunto de su tesis de
1932: la intrusión de la hermana mayor en la vida matrimo-
nial de Aimée y su marido luego del nacimiento de un hijo y
«Su imposición en la dirección práctica deJ-ª..v.areja» al asu~
' mir «un papel de madre». 2 Ya ant~es del nacimiento de ese
niño, Didier, Aimée, cuyo verdadero nombre era Marguerite
Anzieu, había perdido una niña, nacida muerta. Comenza-
ron entonces los primeros trastornos psíquicos.
Ahora bien, lo que sorprende a Lacan, al extremo de
determinar todo el sentido de su investigación, es que Ai-
mée no reacciona ante la actitud de su hermana en el hogar
familiar. Más aún, frente a Lacan, que hoy la interroga so-
bre ese punto con la expectativa de la confesión de alguna
queja legítima (¡para él!), Aimée se calla: nada de agre-

1
J. Lacan , De la psychose paranoi"aqu.e ... , op. cit., pág. 230.
2
!bid.' pág. 231.

18 19
sividad. Frente a ella, a quien trata durante un año y medio, Si es cierto que el yo tiene una «estructura paranoica»
Lacan se asombra de esa ausencia. Y ese asombro lo pone en -como Lacan lo mostrará en 1948 en «La agresividad en
marcha para descifrar este enigma: psicoanálisis»- , es preciso concluir que en Aimée hay un
déficit del yo (y no del intelecto), ausencia de amor propio, de
«La personalidad de Aimée no le permite reaccionar direc- ~elbstgefühT¡ Ella está fuera de lugar, fuer a del nombre, fue-
tamente mediante una actitud de combate, que sería la ver- ra ael yo. '!t. J- ,,,..,,
dadera reacción paranoica, entendida en el sentido que to- ¿l 1 ("
'1 ,. , >1 '
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oU:' ¿,-¡

mó esta expresión desde la descripción de una constitución


de ese nombre». 3
Lol V Stein (1965) e?<-s-:. 11. r ,,.., )-..../ rt' 9..a J. ;;. / t1
Aimée constituye una objeción a la reacción paranoica,
tal como esta suele reconocerse. Lacan sostiene justamen- En 1964, Marguerite Duras P.Ublica Le rauissement de
te esa objeción apoyándose en Kraepelin, que decía, acerca {bolv. Steinl El año sigui~nte, Lacan le dedica algunas
del paranoico, que «a menudo, cuando tiene los medios, páginas titu atlas «Hommage fait a Marguerite Duras, du
no busca, consciente de su vulnerabilidad, más que huir de Rauissement de Lol V. Stein». 7
los combates serios de la existencia, y no procura asumir En efecto, Lacan encuentra en esa novela el mismo
ninguna posición firme sino, antes bien, vagabundear, no síntoma anterior al delirio: inclusión del otro sin exclusión
ocuparse más que de bagatelas y evitar el contacto con la recíproca. Más adelante, en -i9S7, en La uie ;,;:;;,teiieÜ~, Du-
vida». 4 ·:ras se explieará así:
Ahora bien, Elise, la hermana mayor, es sistemática-
mente protegida. En efecto, Lacan escribe: «En el momento del baile de S. Tahla, Lol V. Stein está tan
atrapada en el espectáculo de su prometido y esa desconoci-
«En las reacciones de Aimée, aparecen sin lugar a dudas da vestida de negro que se olvida de sufrir. No sufre por ser
unas resistencias especiales (véanse págs. 232-3) con res- olvidada, traicionada. E AA8upresión del dolor la volverá lo-
pecto a esta persona en particular; en efecto, no sólo aban- ca. Podría decirse de otra manera: decir que compren-de qué
dona la lucha directa, sino que renuncia a toda reivindica- s u comprometido vaya hacia otra mujer, que adhiere por
ción moral de sus derechos». 5 completo a esa elección hecha contra sí misma y que debido
a ello pierde la razón».8
Del mismo modo, mucho más adelante, en 1946, al reto-
mar este caso, Lacan escribirá: A los dieciocho años, Lol, comprometida con Michael,
asiste a un baile en T. Beach, durante el cual su novio la
f:Es digno de señalarse que si bien la enferma parece sufrir traiciona. Se produce la intrusión de otra mujer, Anne-Ma-
j ;ue su hijo le haya sido sustraído por esta hermana, cuyo rie Stretter , c on quien Michael va a bailar y alejfil§.!L.pª :r:.a_
mal agüero bastaba para revelarnos la mera entrevista, se siempre ante la mirada de Lol. -
; niega a considerarla como hostil a ella misma o simplemen- ---i:orha p erdido su ropa, su imagen, su yo. El genio de
te nefasta, ni en ese aspecto ni en ningún otro».6 Duras radica en señalar que la joven no puede decir su do-

7 Publicado en los Cahiers Renaud-Barrault nº 52. Reeditado en Omi-


3 Ibid., pág. 232. car?, nº 34, otoño de 1985, Navarin. [«Homenaje hecho a Marguerite Du-
4 lb id. , pág. 59.
ras» , Conjetural, nº 3, abril de 1984.]
5 Ibid., pág. 282. 8 M. Duras, La vie materielle, París: POL, 1987, pág. 32. [La vida mate-
6 J . Lacan, Ecrits, op. cit., pág. 170.
rial, Barcelona: Plaza y Janés, 1988].

20 21
lor. No hay afecto, celos, lucha para conservar su lugar de nera que le convenía, sin haber pasado por el salvajismo de
novia. Así, Lacan puede escribir con respecto a ella: una elección». 13
Vivirá así durante diez aü.os, como mujer adaptada a la
cvV «No supo encontrar la palabra, esa palabra que, al cerrar situación, «dormida de pie» en el orden y la p~ntualidad. No
f \; 1 e,
las puertas sobre ellos tres, la hubiese casado al momento reemplaza a ·MiChael por otro hombre. No, no lo traiciona:
c~v-. le¡
en que su amante despojara de su vestido negro a la mujer permanece en el abandono ejemplar en el que él la dejó una
\ \[ 1~ para develar su desnudez. ¿La cosa va más lejos? Sí, a lo in- noche, durante el baile de T. Beach.
. ,. ' L \; ,<- decible de esa desnudez que se insinúa para reemplazar su ¿Saldrá algún día de esos estados límites al encontrar a
' D'' propio cuerpo. Allí, todo se detiene».9 Jacques Hold y Tatiana? Ese es el enigma que nos plantea
,I·
'I
~\
"'
rt ·11:
Duras con esta obra maestra.
(/O 'i 1 d< ¿Por qué entonces ese no-dicho? Duras nos responde:
riJ,
" ' ) ; Ú'

\! ,e- «Creo que Lol no piensa jamás en lo que pasó entre ellos,
y ' luego del baile y sin su presencia. Que pensara que, luego de James Joyce (1976)
su separación, él se había marchado para siempre, a pesar
de ella, sería una buena señal en su favor».10 Por último, en la clase del 11 de mayo de 1976 de su se-
, rc<v/Jje v.-._c.1J - / e-¡·± _ minario Le Sinthome, Lacan presenta el ejemplo típico de
'~<1 1 ' r~ro Lol está arrebatada, des-vestida.'7Ahora bien, esta Joyc~ Con la decisión de no hablar ni de psicosis ni de per-·
{~, , ...:··' ausenªa_ d~_,t::;¡;clu!ión recípro~ en la relaci?n imaginaria
. :., pone '3({relieve lo que estaba presente desde siempre. Según
lv( t 6 versión, muestra por fin de qué se trata: Joyce, sin duda, es-
tá «chiflado», pero con una «chifladura» que no es el privile-
· •. r :~. dice Tatiana, su amiga de la infancia, Lol «daba la impre- gio de un valedor único y singular, sino que concierne a la
;< /,~ í, , .) sió~ de soportar en un tedio tranquilo ~ una persona a quien 1:el~ción con el cuerpo R_roQ!Q.
.., · debia parecerse pero de la que se olvidaba a la menor oca- La causalidad psíquica es el{eidolo11;. ~lajm~~ decía ya
sión. Gloria de sosiego pero también de indiferencia, como Lacan en 1946 en «Acerca de la causalidad psíquica». Y en
se descubriría muy pronto; nunca había dado muestras de esa última clase del seminario de 1976 lo reitera exacta-
sufrir o estar apenada, nunca~ ae mu d 1á.Cha, se·re hafoa vis.:- mente: «La psicología no es otra cosaq~e esto, a saber, la
t~~a lágrima;, .11 imagen confusa que tenemos de nuestro cuerpo». Lo cua
En efecto, «mm parte de sí misma estaba siempre lejos no debe tomarse únicamente eñel sentido -éognl.tivo o in-
de ti y del instante. ¿Dónde? ¿En el sueño adolescente? No, telectual; en efecto, esa imagen es la condición del af_ecto:
contesta Tatiana, habríase dicho que en nada aún». 12 me siento tocado, interesado, afectado ... ¡narcisistam~
Y Lol va a pagar cara esa extraña omisión. Algún tiempo ~ Gracias a la relación imaginaria, «hay algo qu-e sea fecta:
después del baile de T. Beach, en su primera salida a la ca- que reacciona, que no es separable»; vale decir que mi cuer-
lle, sigue como una autómata a un hombre con quien tropie- l
po no me es ajeno: lo tengo, lo sostengo, lo siento y... soy
za. Y de e~~ modo <l,01 se casó sin haberlo querido, de lama- f susceptible a él.
- Ahora bien, resulta que en Joyce la relación imaginaria
su
se derrumba; no siem¡Jre tiéñe luga-¡:~ Ese es ;1 signo d e
9 Ornicar?, nº 34, pág. 9. particularidad. Pa; a~nostrarlo, LacarÍ señala en el Retrato
10
Le ravissem.ent de Lol V. Stein, París: Gallimard, 1964, pág. 56. [El del artista adolescente un episodio que, según dice el herma-
arreb,ato-de_f;:_ol V. Stein, Barcelona: 'I\.1squets, 1987.] no de James, es completamente autobiográfico: la escena de
''(!!é-robée e n el original: juego de palabras entre dérobée, sustraída,
arrancacla, ¡(surpada, y robe, vestido, traje. (N. del T.l -··-----r-
-
11
M. Duras, Le ravissem.cnt de Lol V. SteúÍ, ojJ.cÚ., pág. 11. I_
12 lb"d 0' p 1
~ lbid., pág. 33.
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. 1.A.ei¡v {..,..., 4 ..1.., J¡
22 l í/ 23
¡ f• -, r

J1 , , 1
la tunda que Heron y sus dos amigos aplican a Stephen. Un
poco más adelante, al recordar el furioso ataque del que fue
3. Psicosis y modernidad
víctima, Stephen «Se preguntaba por qué no se sentía mal
dispuesto contra quienes lo habían atormentado. No había
olvidado un solo detalle de su vil cobardía, pero el recuerdo
no despertaba en él ninguna ira. Todas las descripciones de
amor y odio feroces que había encontrado en los libros le
parecían, debido a ello, desprovistas de realidad. Y aun
aquella noche, mientras regresaba vacilante por la Jones
Road, había sentido que una fuerza lo despojaba de esa Leer a Lacan sobre el tema de la psicosis es leer cómo
furia súbitamente acumulada, con la misma facilidad con evoluciona bifurcándose, cómo se reitera objetándose. ¿Por
que se quita a un fruto su piel suave y madura». 14 qué, por ejemplo, llegara a decir que, en definitiva, sólo el
De igual modo, en el capítulo 4, Joyce escribirá lo si- péc~t~co de~n~~1P1.~~lisis? 1 ¿No significa eso dáirina"
guiente con referencia a sus iras: «En todas las ocasiones nueva significación a esta denominación? Antes de respon-
había tenido la impresión de salir bien parado, como si su der, consideremos la primera contradicción: ¿qué pasó entre
mismo cuerpo se hubiese despojado con facilidad de una piel 1932 y 1956, para que Lacan llegara a decir este último año
o una corteza superficial». exactamente lo contrario de lo que afirmaba en su tesis de
Por lo común, !a imagen que tenemos de nuest_ro proJ?.!:~ 1932?
cuerpo entraña afectos; pero Stephen tiene un cuerpo que es
Coiñü-ün oojeto extraño, como un «mueble;~ dice Lacan.-se"
separa ·ae-s~imagen:-como de üñ peÜe}o~>. La relación nJir-
cfsista del cuerpo C'oñ efyo-no eXiste. Hay deficiencia de c~~
Comprender al psicótico
nacimiento paranoico. Eso es «lo sospechoso para un analis-
ta», concluye Lacan: esa manera de «abandonar» lo que con-
La originalidad de la tesis de 1932 sobre la psicosis pa-
cierne a la imagen del cuerpo propio.
ranoica consistió en situarse en la línea de Dilthey (1833-
Así, de 1932 a 1976, con Aimée, Lol V. Stein y Stephen,
1911), que fundó la antropología separándola de cualquier
Lacan nos transmite su inquietud con respecto a ~q~n.o metafísica, así como en la de Jaspers (1883-1969), que opu-
~ absoluto la psi¡;_o~;!s con delirio, pero que sin embarg9
so las ciencias «puras» que «explican» (erkldren) a las causas
la precede, sin que pese a ello baste para causarla. Se plan-
y las ciencias humanas que «Comprenden» (verstehen) se-
te a eñtonces una cuestión: ¿qué hace falta, en consecuencia,
gún el sentido.
para que algún día se desencadene la psicosis?
Lacan define entonces su método de lectura:

l. La relación de comprensión concierne a la «personali-


dad», concebida como la unidad de un desarrollo regular y
orientado. Esta relación es posible si se opta por una psico-
génesis de los fenómenos manifiestos.
2. El acontecimiento que surge se llama «proceso psíqui-
co», y se opone directamente al desarrollo de la personali-
dad. Pero este mismo elemento, nuevo y heterogéneo, se in-
14 James Joyce, Le portrait de l'artiste enjeune homme, en Oeuvres, t. 1,

f.
arís: Gallimard, pág. 611. [Retrato del artista adolescente, Madrid: Alian-
a, 1997.]

24
1 El 9 de enero de 1978, en Lettres de l'Ecole Freudienne, nº 23, pág. 181.

25
troduce en la personalidad, que efectúa entonces una nueva gica colectiva según la cual «si bien en esta carrera a la ver-
síntesis según relaciones de comprensión.2 dad uno está solo, si bien uno no es todos al tocar lo verdade-
3. Si el proceso psíquico, al contrario, se mantiene en su ro, nadie lo toca, sin embargo, como no sea por los otros». 7
oposición, el desequilibrio se agrava, razón por la cual se en- ¿Cómo por los otros?
tiende que algún día se produzca un pasaje a la psicosis. Pe- El silogismo final de la prisa por concl~ir se enuncia así:
ro, ¿por qué? :t:{o a causa de trastornq_s _orgánicoso aé'onte- «Afirmo para mí mismo que soy un hombre, por temor a que
cimientos de la historia; estos «IW nos .~:!1Uestrall1?LáS. gue el loshombres--1n e coi~venzan-de que no lo soy». Pánico y pr o-
(f): desencadenamiento del proceso mórbido». El verdadero ori-
gen es el de una «anomalía ps!_qyi_ca anterior», que debe ae-
tesfU: ¡per ocfar o que sí, soyüñ h ombre! S( pero ¿de acuerdo
con qué rasgo se asimila el sujeto a la esencia de hombre, si
finirsec omo «un tr~~torno psicogénico» de l_a per~@aITd.ad.3 no es por lo que se toma, se proclama, se exige en el campo
Todo debe comprenderse de acuerdo con la potencialidad de social y cultural?
un dinamismo interior e inmanente. Así en el caso de Ai- En 1946, en «Acerca de la causalidad psíquica», Lacan
;;;ée, ese trastorno anterior es(uñ conflicto~n su h er-
l 1~~i,j)roc_ecj.ent,e de una fijació_E. antigua en_eJ c9mJ2!.ajj)
L!@.terno.
muestra que la locura es un problema de idel!_tjfic~sió11 y

imagen del otro.


a
que esta sólo se realiza partir de ese afuera social que es la

En 1947, por último, al hablar de su experiencia ingle-


Ahora bien, en su seminario de 1955-1956 sobre las psi- sa de los grupos con Bion y Rickmann, protestará vigorosa-
cosis, Lacan dirá precisamente todo lo contrario: nada de mente contra su antigua posición:
psicogénesis de la psicosis ni de relaciones de comprensión;
el proceso psíquico es «una concepción falaz». 4 Del mismo «¿Es lícito porfiar aún en la psicogénesis de los trastornos
modo, «el verstehen es la ªE.er.!u!~~ toª as l~~ confl!_~~s» . 5 mentales, cuando la estadística ha mostrado una vez más el
Jaspers se aleja y Freud se acerca, con la noción de incons- sorprendente fenómeno de la reducción, durante la guerra,
ciente como puro efecto de lenguaje, sin presuponer un di- de los casos de enfermedades mentales, tanto entre los
namismo o un proceso: civiles como en el ejército?». 8

¡Lugar al acontecimiento!
«La naturaleza del erkliiren es el retorno al significante co-
m~ único.fundameñto d e todaestr~ct~ración científica con-
cebible».6 . . - - -.

Este cambio radical con respecto a la locura se produce Una nueva nosografía
dos aüos antes con el Discurso de Roma (1953). Veremos
que se efectúa a través de la consideración de la historia co- Esos años no hacen más que preparar el momento deci-
lectiva y por lo tanto del contexto social y cultural del sujeto. sivo de 1953, que va a inaugurar un nuevo esquema: el Dis-
Pero se ha preparado lentamente a lo largo de la década curso de Roma. En tres páginas y media, 9 Lacan presenta
de 1940. En 1945, al final de la guerra y cuando regresan una nueva nosografía que va a determinar la orientación de
alb'1mos deportados sobrevivientes de los campos alemanes, su investigación por el lado de[ o si~~ en el momento
Lacan escribe «El tiempo lógico». Un sofisma ilustra una ló- en que acaba de distinguirlo con claridad de lo imaginario y
lo real.
2
De la psyclwse paranofoque . .. , op. cit., pág. 142.
:llb id., pág. 254. 7 Ecrits, op. cit., pág. 212.
8
4
Ecrits, op. cit., pág. 536. «La psychiatrie anglaise et la guerre», L'Evolution Psychiatrique, fas-
5 cículo I, 1947, pág. 308.
Le Séminaim, Livre III, Les psychoses, op. cit., pág. 216.
6 !bid. 9 Ecrits, op. cit., págs. 273-83.

26 27
"),_ / v Lt~/,,.11'"',¿. ..:t~

(
En efecto, el deseo del hombre encuentra su sentido en el ' _ocer por _y en la P!_2Eia l.lill;
_!llo el intento de hacerse reco:p.
deseo del otro, porque «Su primer objeto es ser reconocido \ gua. La segunda es la~sis;)gracias al retorno de lo re-
º
por el otro». 1 Ese es sin duda el destino del ser humano. La- 1J;>r1mido que son las formac1óñ es del inconsciente, lenguaje
can lo aprendió de Hegel por intermedio de Kojeve, quien lo l y palabra se encuentran; se dialectizan, se ponen en marcha
'"·,··e comenta así: el uno a la otra.
Pero lo decisivo es la invención de una tercera paradoja,
$') í l<El ser humano sólo se constituye en función de un deseo en la cual está atrapado elhombre moderni). La novedad de
t;;:¡J/ referido a ~tr? deseo; es decir, a fin de cuentas, de un deseo
la actitud de Lacan radica en salir de la psiquiatría, es decir,
de reconocimiento». 11
:..---- de una nosografia general e intemporal, cuya ambición se-
Y he aquí que Lacan lo retoma ahora exactamente en el ría definir un psiquismo humano en todo momento y todo
Discurso de Roma: lugar. Es preciso tomar en cuenta la historicidad del ser hu-
mano. Y por eso Lacan adopta un acento típicamente heide-
«Para ser satisfecho en el hombre, ese deseo mismo exige ggeriano para describir al hombre moderno, mostrando ~ill
ser reconocido, por el acuerdo de la palabra o la lucha de semejanza de esta situación con la alienación de la locura»,
prestigio, en el símbolo o en lo imaginario». debido a que-ta.fito en una como en otra, «más que hablar, el
sujeto es hablado». ¿De qué manera? Por una antinom/,Ci eñ -
Y esa es la apuesta misma del psicoanálisis: «Nuestro tre ~l lengua}é y la palabra, de modo tal que ~ }'l,!xtaponen
camino es la r._:.
ex¡>eriencia intersubjetiva en la cual ese deseo sin encontrarse. ·
...... .,,. ·'."\:_ -.... ...... "- '"' - -
se hace reconocer» .12 Y Lacan concluye: «Se advierte por ello
..- - ~-·

que el problema es el de las relaciones de la palabra y el


lenguaje en el sujeto».13 Un lenguaje sin sujeto
Allí está el problema, porque la relación entre palabra y
lenguaje difiere según los casos, en lo concerniente a la En el siglo XVII nació un nuevo discurso, el de la ciencia,
realización de un reconocimiento intersubjetivo. Y a partir que se desarrolló lentamente y determinó la llamada civili-
de esa diferencia se engendra una nueva nosografia. Si el zación científica. La objetivación en ese discurso es la alie-
lenguaje es el enunciado colectivo en una sociedad y la nación más profunda del sujeto de nuestros días, en princi-
palabra es la enunciación de un sujeto, encontramos estas pio en Occidente y luego, y poco a poco, en todo el planeta,
tres posibilidades: cubierto por la ciencia y la tecnología.
De ello se deduce una obra común en la que circula una
Estructura Lenguaje enorme objetivación según esta triple comunicación sin
Locura sin palabra fronteras: el mercado de bienes, la migración de las fami-
Neurosis y palabra lias, la información mediática. Ahora bien, Lacan retorna a
--- -~ Hombre moderno o palabra Heidegger para hacer un diagnóstico: esa obra que invade
~
trabajo y ocio tiene una función de ocultación del sentido es-
La primera es la que llamamos 1ocum):lesde siempre: el pecífico de la existencia. En ella, el hombre se olvida en la
sujeto
'----
está en el lenguaje pero no haofi( si se entiende por forclusión (¡corresponde decirlo!) de la interrogación sobre
su ser: ¿qué soy, entonces, en todo esto? La pregunta ni si-
!bid.' pág. 268.
lO quiera se plantea. Nacimiento y muerte se desubjetivan. El
Introduction a la lecture de Hegel, París: Gallimard, 1947, pág. 14. [La
11
enigma del deseo del Otro: che vuoi?, queda triturado por in-
dialéctica del amo y del esclavo en Hegel, Buenos Aires: La Pléyade, 1971.)
, 12 Ecrits, op. cit., pág. 276. quietudes técnicas de autoconservación, promoción buro-
\
13
!bid. crática y rendimientos numéricos.
· ÁJ M/h ~ J 'f . /'t"~/ c1 e.e, ;..,-,,..,,., L.,.U
28 29
Ese universal que es el discurso de la ciencia subvierte a Con mayor razón desde 1953: la comunicación generali-
la vez nuestra lengua y nuestras relaciones sociales. Del he- zada mediante la computadora, y luego por Internet.
cho de que sólo hay ciencia de un saber que se comunica sin En síntesis, anonimato del horno technicus que se olvida
límites puramente internos nace un universal. El poder al erigirse en el instrumento que debe responder al fracaso
poético y particular de la lengua se borra en beneficio de un técnico del «¿cómo hacer?» mediante una solución puramen-
poder instrumental y universal de pura transmisión de in- te técnica, para no tener que pensar en el «¿por qué hacer
formaciones. Así, el conflicto entre grupos o individuos se esto?». Se suman a ello la globalización de los mercados, la
explicará hoy de buen grado por una comunicación insufi- uniformación de los usos (lo que suele llamarse «macdonali-
ciente de saberes: ¡hablemos más clara y extensamente, y el zación» ), un cuerpo de funcionarios de mera aplicación ges-
malentendido se disipará! Como lo universal del lenguaje es tionaría de reglamentos. A escala planetaria, el espacio de-
una pared contra la palabra del sujeto, esta debe borrarse be dominarse y neutralizarse quitándole poesía, recuerdo,
para que la pared caiga y, de ese modo, triunfe lo universal. éxtasis, en pro del triunfo de una emigración general y per-
En ese conflicto, la palabra es el lugar de la verdad del suje- manente.
to, en cuanto se manifiesta en la historicidad de una memo-
ria (de acuerdo con tal o cual pasado) y el saber de la finitud
de su propio ser mortal. El lenguaje, por el contrario, es el Una palabra delyo
lugar de un saber sin sujeto, porque carece de pasado y tiene
un futuro ilimitado. Así, Heidegger, al hablar del hombre Ahora bien, ese lenguaje universalizante no deja de te-
moderno, decía: .,_. ner efectos sociales exactamente contrarios: una segrega-
ción, es decir, la exclusión de tal o cual otro, se pone en el
«aunque sea lícito preguntarse, acerca del hombre de hoy en fundamento de una fraternidad. El reconocimiento mutuo
día, cuya "cultura", con frecuencia, sólo es producto de "com- entre sujetos es sustituido por la reivindicación del yo de ca-
pendios" y "revistas ilustradas'', de "reportajes radiofónicos" da uno de ellos, en favor de una fraternidad grupal de re-
y "salas de espectáculos", si aún sabe, este hombre pura- pliegue identitario; el llamado a los líderes (Führers) desig-
mente norteamericano zarandeado en un torbellino seme- na en alta voz una frontera inmutable entre amigos y ene-
jante, y si aún puede saber, lisa y llanamente, qué quiere de- migos del grupo, como salvaguardia de una pureza étnica.
cir "leer"». 14 Lo mismo ocurre con la exaltación de las raíces y tradiciones
locales, la visibilidad de los signos distintivos (dialecto, ves-
Palabras publicadas en 1941, a las que Lacan hace eco timenta, alimentos, vivienda) y la salvaguardia del secreto
en 1953 al hablar de ese hombre: contra la transparencia mediática y la mirada médica, edu-
cativa o jurídica.
«En su trabajo cotidiano, colaborará eficazmente en la obra Así, hay complicidad entre dos opuestos: la exigencia de
común, y llenará sus ocios con todos los esparcimientos de información sin censura que nos deja sin pensamiento y la
una cultura profusa que, de la novela policial a las memo- propaganda que nos impone tal o cual respuesta urgente a
rias históricas, de las conferencias educativas a la ortope- las cuestiones planteadas por la información.
dia de las relaciones grupales, le dará motivos para olvidar
su existencia y su muerte, al mismo tiempo que para des-
conocer en una falsa comunicación el sentido particular de
su vida».15 El caso Eichmann
14
Conccpts fondamentaux, París: Gallimard, 1985, págs. 27-8. [Concep-
tos fundamentales, Madrid: Alianza, 1994.] Heidegger decía: «La ausencia de pensamiento (Gedan-
15 Ecrits, op. cit., pág. 162. kenlosigkeit) es un huésped inquietante que se insinúa por

30 31
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(d~ui:r en ~l mundo de nuestros dí~;,,:;~_~::::;:'~~~- '.~ d::


tac10nes mas sorprendentes de ese «huesped mqmetante» /- .ír"
hombre que los había cometido». 23 En efecto, para él sólo
importaba lo que estaba ligado «técnica y burocráticamen-
es el testimonio dado por Hannah Arendt en su libro Eich- · te» a su trabajo; 24 así, lo que <<para Eichmann no era más
mann a Jérusalem. Rapport sur la banalité du mal. 17 ( ,. que un empleo con su rutina, fue para los judíos literalmen-
Ese texto no siempre fue bien comprendido. Se vio en él ' ,e·· te el fin del mundo».25
,¡_, •,(Y).?!

t>~ ". ·.l.:r...-~'


una tendencia a «minimizar» ese mal que es la Shoah. Si se 1.fa/,r, (}, 1
Eso es la banalidad del mal: «Lo que le había pasado
/... ( .~· lo lee bien, es lo inverso, como nos lo señaló Myriam Revault ~;7., e. --dice H. Arendt- podía pasarle en el futuro a cualquiera:
f- ~ ¡ d'Allones en Ce que l'homme fait a l'homme. 18 AdolfEich- l,,¡_,1 todo el mundo civilizado estaba frente al mismo proble-
mann es el ejemplo típico del burócrata afanoso, atrapado c,r·; '•. ° 1
ma». 26 Efectivamente, es el problema del hombre de hoy, el
en un sistema. «Recordaba perfectamente -escribe H. r '''." de nuestra civilización técnica y científica: Eichmann no es
Arendt- que sólo habría tenido mala conciencia si no más que uno entre otros; ni un monstruo ni una excepción
lmbiese ejecutado las órdenes», 19 las de llevar a la muerte a (la excepción, al contrario, es el a-normal que por conciencia
millares de inocentes. El «sólo... si ... » es decisivo. Así, los moral se rebela o margina).
psiquiatras consultados atestiguaron que Eichmann era Y Hannah Arendt llega a la conclusión de que esa nor-
«normal»: vida familiar respetable, conformidad social, nor- malidad es absolutamente aterrorizadora, ya que supo-
malidad psicológica. Y él mismo decía que «personalmente ne que este hombre normal «comete crímenes en circuns-
(. .. ) nunca había tenido nada contra los judíos». 20 tancias tales que le es imposible saber o sentir que hace el
En efecto, Eichmann es el hombre «normal» en tanto «no mal». 27 Hay_gara él algo indecible, impensable_,_igexpfü~:able
era una excepción» 21 en el contexto social y político del na- que hace de lam aldad del mal perpetrado~ «banalidad».
zismo. Era el hombre de la calle, bien adaptado y buen eje- All!eSta-eTñorrof: ~~li_mailn~n-º-liªy nif!guna profunai:
cutante, sin demasiados afectos ni emociones. dad ;~reta de orden diabólico o maligno, sino una «p~ra au-
Entonces, ¿por qué entrar al partido y las SS? Porque, sencia de pensamiento», 28 ausericía q"ú.e-coñcierne af ~~l
escribe H. Arendt, «en su vida monótona, vacía de sentido, mismo. Esa es
sin duda la novedad del siglo XX, de modo
desprovista de impOrta;cia~ ¡;_·abía s~plado eCviento de la que ese crimen carece de precedentes: burocracia, adminis-
Historla;,, 2Z-coñ toda naturalidad. ¿Ser SS no es un medio tración, cuerpo de funcionarios y tecnocracia alcanzaron
--- ---
como cualquier otro de hacer carrera? una forclusión del sujeto.
Y en este caso lo que cuenta son los actos y no los senti- Estamos ante una paradoja: en efecto, si no hay inven-
mientos subjetivos. Así, en el proceso, Eichmann repetía los ción de una nueva ciencia sin sujeto (como lo mostró Descar-
mismos clisés «entusiastas», las mismas «banalidades» tes), en cambio la tecnociencia, una vez constituida, tiene
acerca de un acontecimiento capital como la muerte de otro efectos sociales que borran a cualquier sujeto.
o la suya propia en la horca. De allí la contradicción «entre
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el indecible horror de los actos y la indiscutible ridiculez del
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l6 «L'expérience de la pensée», en Questions III, París: Gallimard, 1966,


pág. 133. [Desde la experiencia del pensamiento, Barcelona: Península,
1986.]
17 París: Gallimard, 1996, «Folio/Histoire», nueva traducción. [Eich·

mann en Jerusalén, Barcelona: Lumen, 1967.] 23 !bid., pág. 93.


24 !bid.
l8 París: Seuil, 1997, págs. 21-41.
l9 Eichmann ii. Jérusalem, op. cit., pág. 48. 25 !bid., pág. 251.
20 !bid., pág. 49. 26 !bid., pág. 399.
21 !bid., pág. 50. 27 !bid., pág. 444.
22 !bid., pág. 61. 28 !bid., pág. 460.

32 33
El psicoanálisis interrogado partir de esta nueva nosografía de Lacan; pues ella abre en
1953 un sendero que va a subvertir la denominación de psi-
Esa borradura está en el origen de la nueva nosografía cosis. En efecto, dos años después, en su seminario Las psi-
mediante la cual Lacan da lugar al conocimiento paranoico cosis, Lacan introduce una analogía entre estado prepsicó-
del yo del hombre moderno como función reactiva contra el tico y situación del hombre moderno. 30 Y así resulta claro
universal abstracto del lenguaje tecnocientífico. De allí la que elñacim ient o def ¡:}Sic oanálisis er{ tal o cual cultura sólo
siguiente antinomia: o bien el discurso científico, o bien una es posible en la modernidad; aquel «es intrínsecamente sin-
palabra del yo, pero de tal modo que la segunda alternativa rónico de la ciencia moderna». 31 Por ello, podemos decir
venga a dar una respuesta compensatoria a la primera.
Pudimos llegar a creer que el universalismo de la comu-
nicación de nuestra civilización homogeneizaría las rela-
ciones entre los hombres en su demanda de reconocimiento
a ue sólo el pasaje del hombre moderno a la «psicosis» da ori-
en a una demanda de análisis.
;,1,Í¡ .fV\-1."1? f9y..
/
,,.
(':?{.,' ..1· ~-1 ~-u._
mutuo. Ahora bien, no hay nada de eso. El siglo XX se carac-
teriza por una segregación más fuerte que nunca, de tal mo-
do que el nazismo aparece hoy en el papel de precursor.
Lacan expresó esta inquietud al término de las Jornadas
de Estudio sobre la Psicosis Infantil, el 22 de octubre de
1967. En efecto, se trata, dice, del «problema más candente
de nuestra época, en cuanto esta es la primera en experi-
mentar el cuestionamiento de todas las estructuras sociales
por el progreso de la ciencia. Aquello con lo cual (. .. ) vamos
a tener que vérnoslas, y cada vez de manera más apremian-
te: la segregación. Los hombres se internan en un tiempo al
que se califica de planetario, en el que se informarán de lo
que surge de la destrucción de un antiguo orden social».
Ahora bien, lo que surge es esta nueva cuestión, que Lacan
enuncia del siguiente modo:

«¿Cómo hacer para que las masas humanas, condenadas al


mismo espacio, no sólo geográfico sino, llegado el caso, fa-
miliar, sigan separadas?».29
y .::.o;-
¡~,/c• ';,. Esa es la verdadera cuestión: ~qué separación es_t~
juego en el psicoanálisis? ¿Es este cómplice de una separa-
ción segregatiüa7 fa que el conocimiento paranoico del yo
instaura contra la ciencia? ¿Una separación en beneficio de
un yo fuerte?
Este interrogante es ineludible para los psicoanalistas;
coincide con el que planteamos en el capítulo anterior acer-
30
ca de la exclusión recíproca. Para responderlo, es preciso Por ejemplo, con referencia al «conformismo» de uno y otro: Le Sémi-
naire, Livre 111, op. cit. , págs. 226 y 231.
31
Jean-Claude Milner, L' amure claire, París: Seuil, 1995, pág. 149. [La
29 Recherches, «Enfance aliénée>>, 2 diciembre de 1968, págs. 144-5. obra clara, Buenos Aires: Manantial, 1997.]

34 35
4. La vía freudiana

La respuesta del psicoanalista a la cuestión que plantea


la antinomia entre lenguaje y palabra en el hombre moder-
no, nacido de la civilización científica, dependerá ante todo
de la manera como conciba el inconsciente freudiano.
Este debate esencial comenzó entre Freud y Jung. Pero
sigue siendo actual. La aparición reciente de la nueva tra-
ducción francesa del libro de H . Ellenberger, Histoire de la
découverte de l'inconscient, 1 nos brinda la oportunidad de
precisar cuál es la- apuesta de ese debate, de acuerdo con los
cuatro postulados siguientes:

l. La noción de inconsciente tendría por origen la psi-


quiatría dinámica, de la que el psicoanálisis sería el~
redero. En oposición a una Esiguiatría científica, organicis-
ta y mecanicista, a partir de fin.el y Esquirol se afirmó una
psiquiatría que supo recoger de la sabiauría grecolatina, a j ,
y
ia vez médica filosóficj ,l a_noción_de stvnaaiiis o impetus .- ::v /t:r~ ~
En nuestra naturaleza está inscripto un poder, una fuerza, . . .;
1

una potencialidad que se halla en el origen de todos los ac- ·. ·' '''(:
(· •.. J
_":~.) ~

tos, para orientarlos y darles una finalidad. Hablar de in- a -' 4t r :.~
consciente es calificar el lugar de ese proceso inmanente (" t '"' 1 " •
que, en el apreS-COUIJ., permite decir que tal síntoma es el f
signo del desarrollo negativo o positivo de una tendencia su- J)",. .,,,
puestamente presente. '
v--.l "~
Contra los pavorosos racionalistas modernos que sólo
(_2 / (.
admiten lo demostrable a la vez experimental y estadístico ., ('!, r/r ;.::,, i

y niegan cualquier finalidad natural o religiosa, médicos y


filósofos románticos coinciden en afirmar un inconsciente
que colma felizmente las fallas de lo consciente. Así, Von
Hartmann, Schopenhauer, Nietzsche, Fechner, H. Jackson,

1
P arís: Fayard, 1994. [Historia del descubrimiento del inconsciente ,
Madrid : Gredos, 1976.]

37
E. Bleuler y H. Ey se unirían a Freud, Adler y Jung, sus he- La curación, por lo tanto, es un pasaje a la posmoderni-
rederos. Por ejemplo, con su principio de placer-displacer, dad mediante un retorno a la premodernidad de cada uno,
Freud no hace más que retomar la tesis de Schopenhauer: según su propia historia. De allí proviene el éxito de la etno-
un acto no deriva de la calidad de las representaciones cons- p~l hombre moderno es o bien un migrantedefin-
cientes, sino de un impetus, una voluntad inconsciente qm~. erior por el paso de la comunidad rural al monoblock urba-
admite o reprime tal_? cual repr~_gtación según el placer o no, 5 o bien un migrante llegado del exterior, de un país de
el displacer q!:!~xperimenta con ella. Así,__!lp exceso de re- cultura tradicional. Algún día, el desarraigo hace un trau-
presión en el hombre moderno lo convierte en impotente y ma. ¿Cómo superarlo y darle sentido, si no por el retorno al
enfermo. 2 · material cultural y religioso del grupo de origen? Curar es
Ahora bien, ¿qué nos dice Freud contra esta interpreta- curar de la modernidad reconciliando al sujeto con su propio
ción? El inconsciente está hecho de huellas mnésicas (Erin- inconsciente como feliz presencia del pasado.
nerung;p¡;;;n), d~ in~~riyción {Niedersc_hrift);-«La oposición Pero el inconsciente freudiano es muy distinto: rompe
entre Cs e les no se aplica a la pulsión».3 ~n efecto, la repre.- con el pasado. La función del retorno de lo reprimido no con-
sión es «Un proceso que actúa sobre representaciones (Vors- siste en colmar las lagunas de lo consciente del hombre de la
ielluYJ:.gen )», 4 con retorno d.§ lo reprimido como Vorstellung- civilización moderna. Muy por el contrario, instaura en él _
repriisentanz, es decir, representante de la representación. una laguna, restaura una pérdida original, una falta pri- ,,.17;
mera de objetos colmantes y totalizantes. Provoca el tropie- " 'ª
e-
Pero hablar de ese modo no es recurrir a una energética ni
al afecto, sino a lo que depende específicamente de la rela- zo del dlscurso social qué pretend-; dará cada verdad su sa-
ción de significante con significante, o sea, desde Saussure, ber. El retorno de lo reprimido es repetición con respecto a
del campo de la lingüística. ¡Se terminó la apelación a la un encuentro siempre fallidÜ: -
dynamis griega, a las divinidides de la noche del romanti- Por lo tanto, lejos de darc abida a significaciones del dis-
cismo y de la filosofía de Schopenhauer! Lacan insiste en curso social, el inconsciente introduce el sinsentido y actua-
ello: el lenguaje es la condición del inconsciente (y no a la in- liza en el sujeto lo no realizado. @ 3 agujero de des~
versa), y por lo tanto el inconsciente como efecto de lenguaje Cüñücimierito,-heñdiaura, cojera enfre la causa y el efecto,
tiene una estructura de elementos discretos. tropiezo, claudicación, fisura, traspié: en resumen, el in-
consciente, de acuerdo con el juego de palabras de Lacan,
2. La segunda apuesta del inconsciente sería, contra la debe pronunciarse en voz alta en alemán y leer en él lo que
modernidad y su vagabundeo, un retorno por fin posible a deja oír el francés: § 0 évue [~e_quivocaciónJ.) ('/'
nuestras fuentes siempre presentes, aunque reprimidas: lo Vale decir que el inconsciente tiene, topológicamente :r'f' ,, .,.
primitivo, la infancia, lo mítico, lo oculto, lo legendario, lo fe- hablando, estructuraaeborlle. Pone oe rélieve la ausencia (' •'() Cn"
menino. Contra el universal abstracto de la razón, el incons- de un significante que pueda ci'ecir el ser del sujeto,-y marca
ciente sería la presencia de la particularidad de nuestras esa ausencia con un trazo de borde.
raíces, nuestra genealogía y nuestra cultura. La locura mo-
derna se origina en la destrucción de esa particularidad. 3. De ese punto de disputa se deriva un tercero: ~
habría inconsciente colectivo. Lo cual sería evidente por sí
2 Cf. el artículo de Michel Henry en R. -P. Droit (comp.), Présences de
' mism<\ya que el retorno a 13.s fuentes es la recuperación de
Schopenhauer, París: Grasset, 1989, así como el libro de P. Raikovic, Le
sommeil dogmatique de Freud, Le Plessis-Robinson: Les Empecheurs de
la pertenencia y la afiliación al grupo cultural propio. Hay
penser en rond, 1994.
homología entre psiquismo y cultura. La psicosis del hom-
3 S. Freud, Métapsychologie, París: Gallimard, «Folio/Essais», 1968, bre moderno es la de un desarraig_ado, Uilvagabundo, por:
pág. 81. [Trabajos sobre metapsicología, en Obras completas, Buenos Ai- q.ue es la de u n n<?_ embaucado [non-dupe] por·s~ in~onscie~-
res: Amorrortu editores (en adelante AE), 24 vols., 1978-1985, vol. 14,
1979.]
4 lb id., pág. 86. :; Cf. Tobie Nathan, La folie des autres, París: Dunod, 1986, pág. 217.

38 39
te. Pero para dejarse embaucar por él de la manera adecua- Justamente con respecto a este punto Freud dice no. El
da, sería preciso entonces que el terapeuta no estuviera en análisis es laico o no es. Si la transferencia es su cond1Ci~
la a-topía, en el fuera de lugar de una neutralidad objetivis- no es ni su término ni su meta. Y Lacan agrega: «El analista
ta. En efecto, si rituales y mitos son los verdaderos lugares es el desecho del goce», vale deci&_lo ir!_verso del maestro de
de la transmisión de los sentidos, ¿cómo recibirlos, si no en antaño. Tal es nuestra situación: laica, científica y democrá-
la comunidad étnica fundada en un asentimiento común, de tica. Por eso el psicoanálisis freudiano sólo puede practicar-
acuerdo con una misma dinámica integradora? se en ciertas circunstancias socioculturales, las que permi-
Pero Freud rompió radicalmente con cualquier incons- tieron su nacimiento en Viena con Freud, es decir, con el su-
ciente colectivo. La Massenpsychologie promueve la identi- jeto nacido de la civilización científica. La historia de ese
ficación del yo seifui los rasgos del ideal del yo. Pero el yo no sujeto se puntúa según la lógica de estos tres tiempos:
es el sujeto. Este es eCefecto dé Ürt inconscie~te individual
según la estricta singularidad de una historia. Por eso La- en el nacimiento de toda ciencia en el sentido moder-
can podrá decir: «No hay enunciado colectivo del sujeto de la no, está la duda con respecto a los saberes constitui-
enunciación». El genio de Freud-consistió en habersaoiaó dos, recibidos por la costumbre y la educación. Es la
es~uchar a ese sujeto de labios de la histérica, que por defi- divisa de las Luces; el estado de minoridad se define
nición impugna cualquier rasgo común y por lo tanto colec- .como «la incapacidad de valerse del propio entendi-
tivo que diga el ser femenino o el ser masculino. miento sin ser dirigido por otro», según decía Kant,
El discurso del sujeto de la enunciación es el discurso del que agregaba: «Ten el valor de valerte de tu propio en-
Otro en la singularidad de tal o cual historia. En ese senti- tendimiento», es decir, de hacer de la duda el apoyo
do, el inconsciente está marcado por una alterigi!_d, no obs- mismo de la certeza. Así, de esa distancia moderna
tante lo cuai no es colectivo: -· wtre verdad y saber nace sin cesar el sujeto de la
ciencia, sujeto dividido entre el significante con el :-'~ < /....
«En cada cual -¡no se sabe por qué vía!- algo camina des-
de sus primeras palabras escuchadas, y hace que cada uno
tenga su inconsciente». 6
0 cual ~e ,identifica pero- que él no es, y el sign~ficante. (~e_,/,
que dina su ser pero falta;
pero una vez constituida y establecida, la ciencia olvi-
·

da su nacimiento y reprime al sujeto. Transmite el sa-


4. Para terminar, el último punto: por ser grupal, el in- ber adquirido como verdad y sutura al sujeto. Es la
consciente psíquico sería transmitido por el líder de la co- enseñanza escolar;
munidad cultural o religiosa. Contra la psiquiatría organi- ahora bien, ese sujeto olvidado por la ciencia estable-
cista, la psiquiatría dinámica redescubrió la eficacia tera- cida espera. Ese sujeto, y ningún otro, espera su re-
péutica de la palabra del maestro que tiene un poder mágico torno con Freud y un psicoanalista, con vistas a su
~ sobre el psiquismo. La verdad actúa como causa eficiente certidumbre a partir del apoyo del primer tiempo.
por medio de la consigna. Con y por el psicoanálisis, en lo sucesivo está en su
Así, el psicoanalista ocuparía el lugar del chamán, el sa- propia casa.
nador, el exorcista, el hipnotizador. La terapéutica sería
uña cura psíquica, un tratamiento moral, como diría Pinel, Estas cuatro negaciones permiten señalar cuál es la res-
gracias al poder de sugestión del verbo y la mirada, que el puesta freudiana al hombre de la modernidad: no perpetuar
paciente reclama. En efecto, el hombre moderno estaría en- una nostalgia identitaria sino, al contrario, permitir,-como
fermo por carecer de maestro; laico, demanda un clérigo que decía-:Cacan, que nadie más «que el sujeto de la ciencia se.
sepa hablar bien. realice de manera satisfactoria». 7
6 J. Lacan, «Üuverture de la section clinique» (5 de enero de 1977), Orni·
7
car?, nº 9, pág. 10. Ecrits, op. cit., pág. 862.

40 41
El paso que hay que dar

Como el lenguaje es la condición del inconsciente, Lacan,


al retomar el inconsciente según Freud, podrá abordar por «Todos hemos conocido a esos hijos delincuentes o psicóticos
fin la psicosis gracias a la invención de una triple nomi- que proliferan a la sombra de una personalidad paterna de
nación. Esa es la clave de su seminario sobre las psicosis carácter excepcional, uno de esos monstruos a los que se lla-
(1955-1956). ma sagrados(. .. ) SÜpongamos que es ta situación entra-
ña para el sujeto, justamente, la imposibilidad de asumir
la realización del significante padre en el nivel simbóliCO. ·
«Dentro del fenómeno mismo de la palabra, podemos inte-
i Qué le queda? Le queda la imagen á la cual se reduce la
grar los tres planos:
función paterna. Es una imagen que no se inscribe en nin-
- de lo simbólico, representado por el significante;
guna dialéctica triangular, pero cuya función de modelo, de
- de lo imaginario;'"representado por la significación;
alienación especular, da al sujeto, de todos modos, un punto
- y de lo real, que es el d[sclirso efectiva y realmente pro-
de enganche, y le permite aprehenderse en el plano imagi-
nunciado en la dimensión diacrónica».s
nario». 9

Esta triple afirmación es determinante para la interpre- Pero si permanece en ese plano, la relación, en conse-
tación de la psicosis, y permite distinguir significante y sig- cuencia, «no tiene la significación de exclusión recíproca que
nificación. Durante casi veinte años, desde 1932, Lacan qui- implica el enfrentamiento especular, sino la otra función,
so «comprender» la psicosis, es decir, captar sus significacio- que es la de la captura imaginaria». Así, «será preciso que el
nes. Desde 1953, la actitud es la inversa: ya no comprender, sujeto haga suyo el peso de esta verdadera desposesión pri-
sino explicar. mitiva del significante y asuma largamente su compensa-
ción, en la vida, mediante una serie de identificaciones pu-
1) si~nificant~xe_l§yorffi!§
Primera ley: en cuanto de las el _
JC> simp_ólico determina lo ima-
~aQsa signifisacion~s, ramente conformistas con personajes que le darán la idea
de lo que hay que hacer para ser un hombre». 1 º
ginario y no al revés. No hay imaginario puro, como Lacan
.) Segunda ley: si el significante falta, hay a cambio proli-
pudo hacerlo cree"; i!~~l estadio del espejo. El significante
feración de significacíO~esqu_e suplen esa fa lta: El Nom~e: u . 11
procedente del Otr~al o cual significación a una imagen
del-Padre es u_!.1 puro siggificante. Si falta, se darán signifi- ·X,
del cuerpo.
caciones que respo!ld~njl la pre~ta: ¿qué es ser padre? y
El ejemplo más sorprendente es el del conocimiento pa-
aquí lac osa fluye, se desenhebra sincesar: ¡es el genitor!
ranoico. En el capítulo 1 vimos que su rasgo específico es la
bipolaridad inclusión-exclusión. Ahora bien, la exclusión re-- ¡No, es el sostén que asegura la subsistencia! ¡No, es el edu-
cador que sirve de modelo! ¡No, es el padre legal inscripto en
1
b!' ~ÍP!¡;ca no es purament; imaginaria como Lo ~s la inclu-~i@
1
.; el discurso jurídico sobre el matrimonio o la cohabitación
de lo semejante. Aquella es el efecto, en la relación imagina-
prolongada! Etcétera.
ria, de un significante primordial, sin el cual sólo la inclu-
La cosa puede sostener durante un tiempo, pero ¿reem-
sión existe, cautiva, subyuga, fascina.
plaza realmente el significante faltante?
El paradigma de esta ley de la primacía de lo simbólico
Es cierto, Lacan constata esta suplencia:
sobre lo imaginario es el del significante fundamental que
es el Nombre-del-Padre. En efecto, sólo este introduce la ex-
-------- «Así, la situación puede sostenerse mucho tiempo, los psicó-
ticos viven compensados, tienen en apariencia los compor-
9 lb id., pág. 230.
8
Le Séminaire, Liure III, op. cit., págs. 75-6. . /
10 lbid., pág. 231.
Cti. , , /:ve._/< '¡ {. e ,' ~~ ~ • JC ¡,....,p~,,::......,.jc<
J¿..._¿j.. ~-tq ~Á-'""-,:· ~ / ! tC l " . "
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e cA,..,{t:JJ...d. ,.l.,..,_.,"}/',/., /rr ;.i • 1 • (-1•1'-• o


tamientos ordinarios considerados como normalmente vi- 5. La psicosis, una respuesta al
riles, y de repente, de manera misteriosa, Dios sabe por qué,
se descompensan». 11 acontecimiento

Es preciso, por lo tanto, abordar por fin la cuestión fun-


damental: «¿Qué convierte en súbitamente insuficientes las

@
muletas imaginarias que permitían al sujeto compensar la
ausencia del significante? ¿Cómo vuelve el significante a
formular sus exigencias en cuanto tales? ¿Cómo interviene
e interroga lo que faltó?».12 Como todo el mundo
No hay psicogénesis de la psicosis, si se entiende por gé-
nesis un movimiento inmanente que conduce necesaria-
mente a tal o cual término. Eso significaría atribuirlo todo
al psiquismo.
< Así, Lacan preguntaba: «¿Tiene una psicosis, como una
<-l neuros!§.,,_1m_a_nreh~?». Y contestaba: «Todo hace-peñ-
':~ sarque la psicosis no tiene prehistoria». 1 Aparentemente,
i.;.- ;;fiada sé parece tanto a una sintomatología neurótica como
-~; 1 una sintomatología prepsicótica». 2 Desde luego, a poste-
,~·· riori, al querer como buen discípulo de Jaspers «compren-
der» al delirante, se atribuirá significación a tal o cual ante-
cedente, calificado entonces de síntoma específico. Pero no
se trata sino de una reconstrucción en el apres coup.
/' 1 ( •,.·~ Reconozcamos este hecho: aquel a guien se llama~­
f f ~ )'-,~·> 'c~ no es reconocibl~ como tal. Al parecer, se compo~ta~
1: / mo toaüel munao; social:rlleñtelíablando, se las arregla oas-
·-.. ~ "tante bien para a6rirse camino. ¿De qué manera? «Median-
"J . ----
te una serie de identificaciones puramente conformistas con
personajes que le darán la idea de lo que es preciso hacer pa-
ra ser un hombre», 3 o lo que es preciso hacer para ser una
mujer. Así, «por intermedio de una imitación, un engan-
che»4 a la imagen del semejante, del par, que le sirve de mu-
leta, el:Qrepsicótico puede vivir sin que se declare_una psico-
sis. Vive «en su capullo, como una polilla». 5
- -¿Hasta su muérte?7,POrqúé no, en efecto? ¿No es la si-
tuación de todo el mundo, por lo menos la del hombre mo-
1 J . Lacan, Le Séminaire, Livre III, op. cit., pág. 100.
2 Ibid., pág. 216.
3 !bid., pág. 231.
4 Ibid., pág. 217.
11 !bid.
12 !bid. 5 !bid., pág. 285.

44 45
derno reducido «a permanecer muy perezosamente en el _ En cada ocasión, con una nueva verdad, el saber falta y
conformismo», 6 según moldes exteriores y estereotipos de la interrogación queda suspendida.
comportamientos?7
La cosa se repit~ en el Rªr hast~ el día en_que aparece el
impar: puede_§ei:,: que~l acontecimient~Emo encuenJ;raso!!:.
verdad
o real, trastorne ese e_guilibri~. ¡Contingencia del aconteci-
miento! No es previsible en virtud de un movimiento pura-
mente inmanente y de una prehistoria determinante. Pero saber ?

r
puede ocurrir... ¡a algunos!
r. ~rl 1-1~~ ~ - ,..,~l--4 ~~.
---------------------·
¿Cuál va a ser la respuesta psicótica a esta interroga-
ción? Para que una psicosis llegue a dar respuesta, se re-
quiere ante todo la ca-incidencia (en griego sín-toma) de ~
os
Un nuevo reparto de cartas <~ídas;>, ~~n~o fortu~, uñ aeñ10
imaginario, la otra en IOSímbólico: yuxtaposición de dos .
Puede suceder fortuitamente que un acontecimiento,
como encuentro con lo real, rompa con las significaciones
adquiridas; se les escapa. La verdad singular sobrepasa el ,3
---
agujeros.
,, ()_ . ,/,.1,(,
saber que respondía hasta ese momento. Había coinciden- ,.,t~ ~~~---f
_. Gvv
cia entre saber y verdad, y resulta que, de improviso, el
acontecimiento__se erige ep. supJemell!Q,_§egúnJ a expr~ajQn
La elisión en lo imaginario f -Tí'CWflO'--
1- 6
de A. Badjoµ .8 En efecto, es transgresión de las reglas admi- Para posibilitar la comprensión de la primera elisión,
t idas y de las garantías reconocidas de acuerdo con lo que Lacan retoma su esquema L, que articula dos diagonales: la
ordena la ley de los intercambios. Bueno o malo, el aconteci- de la relación en lo simbólico (A~ S) y la de la relación en lo
miento es uno de más, que hace impar: imaginario (a' ~ a):
por un lado, un encuentro amoroso, una.próxima pa- Esquema L
ternidad, un descubrimiento científico o artístico, una (Es) S •:········._ ......... ,@otro
causa política o militar, 9 una revelación religiosa; ·~
por el otro, una traición conyugal, un fallecimiento ·'lr

inesperado, un fracaso profesional, una derrota políti- §
·-.$','lró-0,
ca o militar, 10 una desconsoladora noche mística.
Cl

6 '.>;: ':'.>,.
!bid., pág. 226. A...,<lJ ~-
7 Es justamente lo que la teoría comportamentalista utiliza como méto- ~<(,
do de curación.
8 L'éthique, París: Hatier, 1993, cap. 4. (yo) a u " • 'C @Otro
9 Cf. ~ asom~p2:!:.lat~ J~ !:.aulhan, Le guerrier appliqu.~, París:
Gallimard, «lmaginaire», 1982, con esta presentación del autor: «En Le
guerrier appliqué se verá que las trincheras, la muerte de un amigo, un La relación en espejo según la imagen puede sostener
ataque bastante torpe, pueden enseñar a un joven soldado lo que el amor, una distancia a lo largo de toda una vida, salvo que un día
el matrimonio, el trabajo y las demás distracciones de la vida le hubiesen
enseñado de manera más negligente».
no logre proporcionar la respuesta exigida por la novedad de
10
Lo que el artículo 16 de la Constitución francesa llama «una situación la aparición de tal o cual acontecimiento. En efecto, para
excepcional», por ejemplo la de junio de 1940 en Francia. responder a ella, el modelo de las significaciones que dan los

46 47
otros (los otros con minúscula: a' ~ a) ya no basta para El esquema L y la psicosis
echar luz sobre la conducta requerida.
,j)S Por ejemplo, Daniel Schreber, con su lucidez habitual, Lacan se explayó de distintas maneras sobre la natura-
hace esta observación respecto ae su designación como pre- leza de ese pasaje, que la aparición del acontecimiento hace
sidente de cámara en la corte de apelaciones del Land de necesario algún día. La apuesta consiste, en todas las opor-
Dresde, el 1º de octubre de 1893: tunidades, en explicitar lo que presentan el esquema L y
sus dos diagonales. Una de las fuentes de ese esquema es la
«Esta tarea era tanto más pesada cuanto que los miembros lectura que hace Lacan de los estudios de Etienne Gilson so-
del consejo (compuesto por cinco jueces) cuya presidencia bre la Edad Media. 12 En ellos encuentra la cuestión plan-
tenía que asumir me superaban en edad, y con mucho (has- teada por la teoría del amor en el medioevo y, más preci-
ta en veinte años)». 11 samente, por el debate que provocará e( tr~bajo de Pierre
Rousselot, Pour l'histoire du probleme de l'amour au M(jjeñ

~
Hay inversión de generaciones. En ese caso, ¿cómo asu- Age. 13 Laca'ii. hablará a menliao de -ello durante el semina-
r entonces una función de autoridad paterna de presiden- rio, en particular para hacer comprender qué es la psicosis:
? Sólo es posible hacerlo pasando del ~º~ªl Otro, del apo-
yo Óe lo eSP.eCul~,r al apoyo ,de la palabra, O bien ae ~i­ "·/ «Tal vez les parezca un curioso y singular rodeo recurrir a
fic;¡ciones establecidas a los significaiites puros como funda- .~ 11 una teoría medieval del amor para introducir la cuestión de
dores de nuevas significaéiones. ··· • - la psicosis. Sin embargo, de lo contrario es imposible conce-
- Si ese pasa]e se ef~túa, el s~jeto puede tomar por sí solo bir la naturaleza de la locura». 14
la palabra y hacer frente al acontecimiento. Ahora bien, el
asaje requiere que en el Otro, lugar de los siggificantes 1 lll- En la Edad Media hubo dos teorías sobre la naturaleza
gar que Freudllamá-Unbewuf3te, se inscriban para el sujeto del amor. Una, llamad.affisicilJ, se funda, no en lo corporaÍ,
·tüssignificantes fun71.amenta1es üei.a existencia bumaña, ·sino en la Physis, la Naturaleza. Propiciada por santo To-
en particular el de la paternidad: el Nombre~del-Pádre. Con más, tiene su origen en la ética de Aristóteles y su presen- Í.j .
esta condición, el sujeto que debe cortar amarras c on lo tación de la philia, el amor de amistad. El amor es atracción 'c.;- 7'
especular puede internarse pese a todo en lo desconocido, por el bie'Ti; el v-erdadero bien, sin em.b argo, no puede ser·
con la ley del significante inconsciente como único apoyo. más que mi filen, el g,e mi psique, bien interior_y espiritual.
Así, a fin de cuentas, lo que veo en el otro en cuanto amado
es mi porvenir anticipádo, mi yo ideal. ¿Cómo no reconocer
eñello el-estadio derespejo?
La otra teoría, menos lógica pero más lírica y poética, es /e í,
la «extática» Presentada por Abelardo, san Bernardo de 0-:1 ticc...
laraval y o ros, retoma el neoplatonismo a través de san
Agustín. El amor es Eros¡ no tiene nada que hacer con ~

-
propio bien porque pone «fue ra de sí mismo», nos hace ex-

12 Es indudable que Lacan conoció a Gilson gracias a J. Baruzi, su


profesor de filosofia en el colegio Stanislas.
l3 París: Vrin, 1933 y 1981. M.-C. d'Arcy, en La double nature de l'amour,
París: Aubier, 194 7, nos dio un panorama general de la historia literaria y
11 teológica de esta dualidad.
Mémoires d'un névropathe, París: Seuil, 1975, pág. 46, § 37. [Memo-
rias de un enfermo nervioso, Buenos Aires: Perfil, 1999.] 14 J. Lacan, Le Séminaire, Livre III, op. cit., pág. 287.

48 49
státicos ., ¿No es la relación A_-7 S en el esquema L? Ahora parte, una relación «tan elevada como la de la amistad en el
bien, esa relación es interrumpida y detenida por el muro de sentido en que Aristóteles hace de ella la esencia del lazo
la relación imaginaria; debe hacer ese rodeo; ya veremos conyugal», 16 de acuerdo con la ética siempre actual del bien
cóillü. Podemos presentar la oposición entre ambas teorías y el bienestar.
en el cuadro siguiente: Pero, ¿cómo se produce la eclosión de la psicosis? Esta
eclosión se define como el estallido de ese mismo recubri-
Física ~ J ,,_d.ü, "'- Extática miento. La relación de amistad en espejo ya no basta y abre
un abismo, eí del Otro absoluto.: - - - -
Philia -1'- _ - ~ -> Eros

~
.Amor de amistad
.• • Amor de deseo ara el psicótico, es posible una relación amorosa que lo
__ Sa ber de mi bien No sa ber de mi bien imine como sujeto, en la medida en que ella admite una
t1.'JQifcl
t! El amor por el otro es la razón del El amor por el otro carece de razón eterogeneidad radical del Otro. Pero ese amor es también
}7ci,,¿ ,.._ amor de sí un amor muerto». 17
,·,,-(e< 4
if. k;
S abiduría, mesura Jo
Unidad del am ado y el amante por
A;• l".J Locura, viol encia
Dualidad y desigualdad
11'-·~/ .;rh,

El amor «extático» se convierte en el amor loco, insopor-


· ""' " ' ' identificación table, que conduce al suicidio. ¿No decimos acaso que el loco
La unicidad del goce del amado y el El absoluto del goce del otro no está «fuera de sí», ex-stasiado?
amante los relaciona constituye una r elación entre el En consecuencia, en la psicosis tenemos el amor «físico»
,., , / l ,
amante y el amado
bien el amor «extático», pero nunca ambos en su relación
é~C\·ózr¡!; ><~' [eºffEV'ó.J
La aRuesta_deLdebate.consiste.en mantener Ja dualidad
<!_e lÜs dci~ a_mores yno.r_educir el uno al otro. El amo~ sólo es
Gde distinción.

sostenible entre el ser humano y Uios-;-éhtre un hombre y


una mujer (y a la inversa), si puede mantenerse esta distin-
ción sin separación. El esquema L de Lacan retoma la dis- La elisión en lo simbólico
tinción: no el uno sin el otro.
¿Qué pasa, al contr~, en el prepsicótico? La relación Hemos visto una primera elisión. Un día, lo imaginario
imaginaria según el amor de amistad existe, pero de tal mo- que hacía de sostén y referencia en la prepsicosis falla. Así,
do que excluye la otra relación. La diagonal a' -7 a tapona, Ida Macalpine podía señalar en Schreber una incertidum-
obtura la relación A -7 S. Dice Lacan: bre acerca de su identidad sexual: ¿qué es ser un hombre,
una mujer? 18 Los modelos ya no bastan para responder.
«En nuestro pequeño esquema debemos hacer recubrir la V" 1 . (,~; Hay, se dice, descompensación, descomposición (Verwes-
¡,.11J
relación amorosa con el Otro en cuanto radicalmente Otro, ung.) - - - - - --

con la situación en espejo, todo lo que es del orden de lo · Pero una psicosis se desencadena cuando a esa falla se
imaginario».15 suma, coincide con ella una segunda, debido al encuentro
9'' fCon otro acontecimiento: ~l ll~n!_ado a.un-significante deba~
,~ -v,., a a' U• se, llamado procedente de una autoridad calificada de pa-
)" terna y dirigido a l-süjefo_. Porejemplo, en el caso de Schre-
cflfCC
' A s
Tenemos una huella de esta situación en Schreber. Aun l6J. Lacan, Ecrits, op. cit., pág. 574.
después de su delirio, este mantendrá con su nmjer,por otra 17Le Séminaire, Livre Ill, op. cit. , pág. 287.
l8 Cf. su notable exposición «Discussion sur le cas Schreber» (1955),
15 Jbid. incluida en Le cas Schreber, París: PUF, 1979, págs. lTl:füL- - --

50 51
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ber, en junio de 1893, «un llam ado 7expreso de los minis-
( tros»19 en posición de pares reales. Ahora bien, esta invoca-
un río (el Sena), es una vía de comunicación a partir de la
cual se instalaron ciudades (Mantes, Rouen) en ciertos nu-
ción situada en el Otro, lugar de los significantes primordia- dos. Las departamentales, al contrario, abren un camino
les, no es recibida por el sujeto. Esos significantes son for- que va a unir entre sí aldeas que preexistían a él. 21 Así, co-
cluidos, abolidos, sin Bejahung posible. Conminado a con- mo la ruta nacional con respecto a las ciudades, eTSigni-"
corda r con tal o cual significante fundamental, allí mismo cante es primero_«en tanto polariza,~p.gancna,~grup~a
tJ;Uvl~ donde hay elisión de las significaciones en lo imaginario, er :' en haces de significaciones». 22 Pero si el significante falta,
[l-1? V'-" C""
Süjeto no pu e<!e responder: hay elisión eñ lo simbólico. - ; ,~': es preciso suplirÍo.-¡zdici;;n~·ndo significaciones, unas tras
rrr.~' . · Lacan se refiere a los recursos gramaticales CíeTa lengua ,.~_,.,. otras, ~ y con el ri_esgo d~ equivocarse en l~ s~­
para hacer que captemos esa imposibilidad en el futuro psi- ·, ~t roa . . . y en la lectura de las senales viales y los carteles md1-
. .':'""'\'/''r>'
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Jol"'
~ i:f
¡:".·..."
cótico. Escoge esta afirmación procedente del lugar del Otro .Ju A1" cadores.
;t..._ ée y dirigida al sujeto: ~Tú eres quien me seguirás». 20 ¿Cómo
c{r.,C ... ? salvará el «tú» la pantalla del «quien » para hacer oír lo que ~
••'"~
t'I ..-·
Esta metáfora nos aclara otra, la del significante del j ·~~
(/...f..t-,.~,, a 111. e
· · . Nombre-del-Padre. En efecto, este significante no es trans- ~'"t s
sigue? ¿El sujeto recibirá un «me seguirá» o un «me segui- ' •' • mitido al sujeto ni por un hombre que se declara adre ni t~ o
rás»? ¿Cuál recibirá con exclusión del otro, pese a su idenb-·· ' .·: .- por la sociedad política o religiosa, sino por el.2_es?O del!!. ~ ~:
d ad fonemática? '!Jiaaéf,1 en cuanto mujer. Ella da respuesta a la interroga- '.'> i ..:>

El primer caso, el «me seguirá», es el del prepsicótico. Es- ción del hijo o la hija ante la imagen materna. t'\)~~
te recibe una constatación en tercera persona: tú eres una .1..... ¿~é de~anillla esa imagen tan dominante, qu~-s~~­ (J ~. ~
~~~,
persona afanosa, identificada con su tarea, conforme a su yuga y fascina la mirada del niño? Viene y se va: ¿cuál es la "' "J'Y.
papel, buen elemento de un sistema. Y por lo tanto respon- ~2~ ~a alternancia d~ pres~~~a f._ a~sencia?~r,"fa­ ra r ~'
o ,, :1
de: ¡sí, claro, lo soy! pricho, arbitrariedad que la madre disipa al responder; y ~ 1
Pero he aquí que un día la cosa ya no funciona; la identi- "~ -~ pueae fíacerlo en tañto -no es toda- madre, sinOJp.:Uj§r. ~ll~ ;-,,,,'1~
ficación según la imagen deja al sujeto en la incertidumbre ' iñstaura esta metáfora: sustituye el sigJ:!ificante d~u~eseo :> f> ~
yel<IeSaSosiego. Y en ese -m omento sÓlo el ; poyo del Otro ' queeseñigmático para el niño or carecer de significació~, ~~-~
a bsoluto permitiría avanzar en lo desconocido: «Tú eres
{ '(.~
por otro s1gni cante, el del padre, el significante de la pater-
-c.. ---- ' '
quien me seguiráS::ñlañ dato: delegación, misión, por la in= - nidad. Y de esa metáfor7i nace una significación: el fal;;,:-; s f' ..,
"
vocación hecha a ~na Bejahung de un significante funda- li decir, lo que falta en la madre y es la razón de s17'feseo de " ~ (..
mental, ciertamente sin significación actual, pero que pue- 4,. •J mujer. 3 'f'- 6
_ n~
j
""
~

de engendrar más adelante una nueva significación. Pero, ,. ' 1 Así, a la angustia del sujeto frente al enigma del deseo de
~ ·\.
¡ay!, el significante está forcluido: el llamado abre en el la madre (pero, ¿qué quiere ella, entonces?), esta misma res- !l 3
prepsicótico un vacío insoportable en el orden simbólico. -
¿Cuál es entonces ese sig~ificante fundamental en lo
ponde transmitiendo el significante de su falta. Tal es la
condición previa del Edipo freudiano. Lacan no dejará de re-
~ ~-~
simbólico, al que recurre un interlocutor pero que en el suje- petirlo, de manera que más adelante, en 1971, podrá decir:
'
-l..:
s
s ~
to no responde? Lacan va a darle diversos nombres, para
L~
tSl!minar por llamarlo definitivamente Nombr~-~.!:-Psi..dl:.f . «Yo podía situar ajusto título el Nombre-del-Padre en cuan-
1
Lo presenta con la ayuda de una metáfora caminera: hay to significante, significante capaz de dar sentido al deseo de
1dos maneras de ir en auto de Mantes a Rouen: por la ruta la madre».23 yv? a.cl.t~ - -
nacional 15 o por las rutas departamentales. Ahora bien, "-' --i_::;;. yYt..-t.(f~ (
\:_sas rutas no tienen la misma función. La nacional, como 21 Saint-Martin-la-Ga renne, La Roche-Guyon, Vernon, Les Andelys,
Pont-Saint-Pierre.
22 J. Lacan, Le Séminaire, Livre 111, op. cit., pág. 328.
19 J. Lacan, Le Séminaire, Livre Ill, op. cit., pág. 360. 23 Seminario D'un discours qui ne serait pas du semblant, clase inédita
2
º !bid. , cap. 22. -• .L q vv• 'Yrú 4'-<-0 del 16 de junio de 1971.
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52 53
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Entonces, después de esta transmisión primordial, pue- -"JJ;,:;b.-. ,.. comentari.Q§_§obre ellos. A raíz de un nuevo acontecimiento
den resultar para el sujeto dive~ si@ificaciones d~a ~- \ """'-" frente al cual el sujeto no sabe qué hacer, he aquí que apare-
ternidaJ!. de acuerdo con la singularidad de su historia y su éen signos pers;nalmente dirigid~: una frase escucha-
cultura; la desaparición o el cambio de aquellas no es catas- da que se repite a propósito de tal o cual color, tal o cual ges-
trófico. to o un objeto puesto aquí y no allá. Clérambault escribe jus-
Si, al contrario, el Nombre-del-Padre está forcluido, ha- tamente:
brá que adicionar sin cesar significaciones como respuesta
al ser padre, con el riesgo de que algún día la adición no bas- ndiferenciado al principio, el pensamiento se vuelve
te. Por ejemplo, se definirá al padre como genitor, o quien se gradualmente auditivo o verbomotor: verbal, objetivo, indi-
ocupa del niño, o quien transmite el patronímico (no hay
que confundirlo con el Nombre-del-Padre), o aquel a quien
ffi idualizado y temático».24 .

el niño reconoce y adopta como padre, y más ... y más ... : ¡no Hay intrusión del significante: la cosa habla sola, auto-
hay fin! La psicosociología se agota en ello, porque ninguna . máticamente, según una sonoridaa esRecífica, y suscita en
significación es decisiva, a menos que el significante del el suJe to fa. impresión de que ió interpela; la cosa habla para
Nombre-del-Padre la enganche, la polarice. él.. Por lo común, decía Lacan, «para el hombr; se trata, jus-
tamente, de arreglárselas con esa modulación continua, a
fin de que la cosa no lo ocupe demasiado». 25 Pero en este ca-
so es demasiado: el discurso interno no se detiene. Como lo
Las dos caras de la psicosis ___ dice muy clarameñ"te Sch-;eber: «Todo eso no me brotó por sí
Ta
..,+/ \ sofo eñ cabeza, sino que se entrom~tiÓ en ella, hahló de~
,J c.-~,.: Una psicos.is se desencadena a partir de la coincidencia \.) af'uera» .26 ne-
allí efinte'"iTogante: ¿qué quiere eso al decirme ··;;
/ / de dos a~erQLen ~~: por una parte, l~ elisi§n en lo eso? ·No 1rny respuesta! Segiín la expresión de Maupassant, ¡/ :ea.,
imaginario a raíz de la novedad de una elección a hacer, y es el hor a: al margen ors de toda designación de un allí f.!.-: - .:
• ~"1.r,,.pOr la otra~iiielisióñen lo simbólico por la ausencia de ape- [la] i; ¡mente señalable. Ante el enigma insuperable, .
~-
,.. persiste la perplejidad.
<...!•
,/:!f'>ccv->
" lación al Nom6re-del-Padre. A partir de ese agujero único
no va- a tardar en generar~e un desencadenamiento de la .. Ese «núcleo de las ESicosis -dice Clérambault- es Je,. .. ·
palabra según estos @.o-;tiempos sucesivoSJ el de la pereleji- . • ¡,r1 ideáticamente neutro». En efecto, las voces no tienen nada r/7/Á 34
dad, el de la convicción. -- • · de persecutorio; su neutralidad, por lo tanto, no hace más f ·
¡ -
., , .... t"> que acentuar la sensación de extrafi.eza causada por el enig- --~
,. >~) ma de su presencia insistente. ¿Qué hacer, entonces, con esa · ,J.'-'-,'¿
Perplejidad ( ~ ~ V" Y?) " . imperson.alización? ¿Cómo salir de la perplejid: a?J e~ c .. ·:('·
.J.,....,,.,-;¡ ,c.r,_(.,(,, /~,.,,..,(-NI~·¡,
.;~ ,
/ )
''"''"'"""""""'"' . ;....> )¡...
rir,,.., !,,..¡.,·
¡/ ""'
Lo que en el Otro está forcluido de lo simbólico vuelve V . .t , ¡ - - ' ~ _,. VJ '
desde afuera en lo real. Allí donde en el Otro se revela un va- pon__viccwn
(qú.,_ >
J. ··-
L¡ '
· ¿~< ~ r\, l ~fl'.r·
cío, surge lo que se denomina fenómenos..ill~m®tales, tan (J.j) f"""
t'°) ) ) p-• r·

bien descriptos por Clérambault con el nombre de automa- ~./-o, f't. La función del delirio es dar respuesta al enigma: una
tismo mental. Lacaii,'(iüe-en 1928 fue durante un afuin:ter- ,.,.Y" «tentativa de curación, una reconstrucción», escribe
ño en la Infirmerie Spéciale dirigida por Clérambault, no 1 24Oeuvres psychiatriques, París: Frénésie, 1987, pág. 485.
olvidaría jamás su deuda con él respecto de ese punto. La '11
25Le Séminaire, Livre III, op. cit., pág. 128.
psicosis se declara así: unas palabras se imponen al suj~to 26 En alemán: «Sondern von auflen her in denselben hineingesprochen
~º.!!1º s! procedLei:_an del exterior con la forma de voce; , co- worden sind». D. Schreber, Mémoires d'un névropathe, op. cit., cap. XV,
!:11º eco del pensami~nto, ~nu~ciación de actos a ClJmplir o § 203, pág. 170.

54 55
Freud, 27 lo cual permite al psicótico «reconstruir el univer- Otro mediante «una abundancia imaginaria de modos de
~ no en la verdad más espléndida, ¡)e;o sí al menos de tal ser que son otras tantas relaciones con el pequeño otro». 31
manera que pueda volver a vivir en él. Lo reconstruye por El Otro se afirma vigorosamente, pero en la modalidad de la
medio de su trabajo delirante». 2-8 Trabajo de convicc1óñ : ·-- relación dual, imaginaria, por una proliferación de signifi-
-""Enefdeiiri;,Ia; voces del discurso inte; ior"se atribuyen caciones. \
a tal o cual otro, en lo sucesivo nombrable y denunciablei:ÍY'!) --· Así, dice Lacan, «llega a restaurarse la estructura imagi-
no~orla, s~nó]2anla~Además, .el delirio da siguifi.caciones naria».32 Freud pretende que el objeto delirante sea de igual
'lM'as voces, y los sigm cantes quedan reducidos a la mera sexo: un hombre para un hombre, una mujer para una mu-
función de expresad~ - --·- 1 jer. Esta cuestión inquietó mucho a los psicoanalistas pos-
As(laconvérsaciói'.i de noviembre de 1893 de Flechsig 1 freudianos. 90~0 ~ie~pr~, Lacan jp.te.µt~ sa~v~~ :ffe~d: lo
con Schreber se convierte en el punto de partida de una me- que este designa al hablar a e homosexualidad, es la rela-
táfora delirante. Flechsig «dio muestras», escribe Schreber ción con el semejante como imagen, aquel a quien creemos
en sus Memorias, «de una elocuencia muy notable que sus- comprender, a quien hemos examinado, cuyas intenciones
citó en mí una profunda impresión». Le habla de nuevos con respecto a nosotros conocemos. No es el heteras del Otro
somníferos, y entonces: «Me da la esperanza de que bajo el sexo, con O mayúscula; se nos escapa por definición.
efecto de un sueño fecundo(. .. )», ausgiebigen Schlaf 29 El - - ~ d c;:,t.,1-~--rCfr!CJ ,- ,., l!f a(ú.._p \
{ dJ.,,::J ,?(, /'•">) '/
lugar en el que falta la metáfora paterna (metáfora efecti"ia:.
Elisión R estauración
da por el signifkante del Nombre-del-Padre) es ocupado por
otra metáfora: íaa:e la impregnación, una fecundación fe- l. De lo imaginario 3. En lo real: perplejidad
f.',.,., 4. En lo imaginario: delirio
memna con vistas a la procreación..de una nueva humani- 2. De lo simbólico
dad, b'ajo la influenc ia d.e Flechsigy luego-de Dios. "8ci1rcl>er '-1~ .. \'0,_

º
7.reconstrui,e al ~~,. 3 El padre vuelve en lo re al desde e-
r - P ara terminar, la apuesta del delirio no es un asunto pri-
E!xrnor, en la ti"OOiaa en que, como Nombre, está forcluido
desde siempre en el Otro. vado. Consiste en dar testimonio de un mensaje recibido y
El otro quiere esas significaciones: siempre es él quien hacerlo saber públicamente: ¡que todos sepan que la injusti-
tiene la iniciativa, cualquiera sea la forma del delirio (perse- cia reina y que la ley debe actuar sin demora! :Qg lo contra-
cución, erotomanía;·celoS). N o soy yo, es el otro gui eñliízo áe 1\ rio, el sujeto se verá en la obligación de hacer justicia por sí
ñííe l centro Cfe sü'Üniv~f?_o~(megalomanía): fenómeno de mismo, mediante un pasaje al acto. Veremos cómo, a partir
«Concernimiento». El otro está concernido por mí, y no a la de-dos ejemplos. - - -- -
'--'
inv ersa. Yo soy su áoble ; ¡y he aquí que nos tute~os unoa
otro! - - - -- --·
--r.le tal modo, cuando el sujeto no ha podido responder a
cierto llamado, el delirio llega a recubrir la relación con el ¿Qué inconsciente?
27 «Remarques psychanalytiques sur l'autobiographie d'un cas de para- Como los desencadena una forclusión, estos dos tiempos
noia: Dementia Paranoides .. . en Cinq psychanalyses , París: PUF, 1985, de la psicosis -perplejidad, convicción delirante- nos
pág. 315. [«Puntualizacion1 ·,; psicoanalíticas sobre un caso de paranoia muestran en definitiva que psicosis y neurosis tienen una
(Dementia para noides) descrito autobiográficamente•>, en AE, vol. 12,
1980.)
estructura completamente diferente, aunque pueda suce-
28 !bid. der que el prepsicótico y el neurótico tengan una sintomato-
* Así como horla se compone de hors + za, fuera de allí, danla está for- logía parecida.
mado por dans +za, dentro de allí. (N. del T.)
29 D. Schreber, Mémoires d'un névropathe, op. cit., pág. 48.
31 !bid., pág. 289.
30 J. Lacan, Le Séminaire, Livre III, op. cit., pág. 361.
32 Ecrits , op. cit., pág. 568.

56 57
Freud se dio cuenta de ello y Lacan retomó a Freud de- 6. Un retorno al tope freudiano
sarrollándolo por extenso. La psicosis no compete al incons-
ciente como lugar de lo reprimido y de su retorno en la neu-
rosis. Ya en 1911, justamente con referencia a Schreber,
Freud reconoce otro mecanismo:

«No era exacto decir que el sentimiento interiormente re-


primido se proyectó hacia áfue"ra (die innerlich untera rück-
.
te Empfindungw irdnachdujJen projiwiert); vem~, iñ.~,
/S¿)
~ que lo abolido en e! interior vu_elvej.esde el ~ter~or (da~ No es tendencioso ni exagerado decir que la enseñanza
innerlich Aufgehobene uon g,ufJen._ wiederkehrt)». 33 de Lacan habrá sido un diálogo constante con Freud respec-
I ,. • - --
.i:Í· t,.·r.t • to del complejo de Edipo. ¿No fue este, en efecto, lo esencial
-A-ro.)""~.i Abolición, rech~ , ~iento, ~ - Lacan dirá: del descubrimiento de Freud? En una nota de 1920 agre-
::l~/-,..'',_ forclusión, es decir, au~cia de Bejahw¿g referida a un sig- gada a la cuarta edición de los Tres ensayos de teoría sexual,
S:" "' V7'. 1' 'nificante ~_!:leda ut,rmitir luego una re2res10n J?Or Ver-
1 ¡,.,t-t -- -- - -
Freud escribía:

1
~·· r !ieinung. Esa ausencia abre una perspectiva muy distinta,
que nos' lleva a una nueva definición del inconsciente, a «A todo ser humano que nace se le plantea la tarea de domi-
avtl- «una función del inconsciente distinta de lo reprimido»; 34 el nar el complejo de Edipo (... ) su reconocimiento ha pasado
(i.1( (..-.. inconsciente como transmisión de una no-transmisión. La- a ser el shibbólet que separa a los partidarios del análisis de
can lo llamará más adelante una ausencia de nudos, un des- sus opo"ñeñte;,}:
anudamiento, una des-ligazón. -
--Pero hablar de nudos, ·¿no es recurrir a otro camino, no Esa es la piedra angular del psicoanálisis, la que sostie-
de palabra, sino de mostración?
ne todo y sin la cual este no puede sino convertirse en un de-
lirio de a dos.
Pero el complejo de Edipo recibe ese nombre por estar en
correlación con el complejo de castración. Y aquí comienzan
las dificultades: ¿áe qué relación se trata? Pregunta que só-
lo puede encontrar su respuesta si se la sustituye por otra:
¿qué es, entonces, la función paterna? Así, Lacan podía decir
durante su seminario, el 6 de marzo de 1957:
1
«Toda la interrogación freudiana se resume en esto: ¿qué es
ser un padre? Ese fue para Freud el problema central, el
punto fecundo a partir del cual se orientó, verdaderamente,
toda su investigación».2

1 Trois essais sur la théorie sexuelle, París: Gallimard, «Folio/Essais»,

1987, pág. 170. [Tres ensayos de teoría sexual, en AE, vol. 7, 1978.]
33 2 Le Séminaire, Livre IV, La relation d 'objet, París: Seuil, 1994, págs.
«Remarques psychanalytiques .. .>>, en Cinq psychanalyses, op. cit.,
págs. 314-5. 204-5. [El Seminario de Jacques Lacan, Libro 4, La relación de objeto,
34
J. Lacan, Ecrits, op. cit., pág. 558. 1956-1957, Buenos Aires: Paidós, 1998.]

58 59
Del mismo modo, hoy podemos decir, a posteriori, que la Tercer tiempo
investigación de Lacan consistió en retomar con Freud esa
orientación. Y más aún, si inventó la distinción de lo simbó- El apego edípico a la madre y la angustia de castración
lico, lo imaginario y lo real, fue ante todo para poder leer lo por el padre menguan y desaparecen: ~rstoru'!:_g (destruc; 'í, J,. .r·
que mantiene o no su vigencia en el descubrimiento freudia- ~) y Auf!!,ebung (~nula~ión)~ escribe Freud. 3 1!.ax_~n J ~50· •·.r
0

no sobre el padre en el complejo de Edipo y el complejo de abandono del objeto materno y un repliegue narcisista so- <
castración. Pero, ¿cómo escribió Freud su descubrimiento? Ere el yo (lo cualn o excluye- la protesta viril del var-ón y -el
"enisneid de la niña). Pero ¿cuál es, entonces, el resorte de
7: ¡5 ¡c,u,_,,, t/J Je.;....,.
esa elección?
El niño se vuelve hacia el padre, en la medida en que lo
La presentación de Freud prefiere a la madre. El padre es amado. Y ese amor es de-
manda dirigida a él; es expectativa:
Descubierto muy tempranamente -como lo atestigua la
en el varón, de recibir algún día, por identifica-
carta a Fliess del 15 de octubre de 1897-, el Edipo se ar-
ción, las insignias de la virilidad según el ideal del yo
ticula en tres tiempos.
masculino. Tiene su título de hombre en el bolsillo;
en la niña, de recibir de un hombre que ocupe el lugar
del padre el falo que ella no tiene, según la equivalen-
Primer tiempo
- cía simbólica: pene/hijo.
El niño está apegado a su madre y excluye al padre. Así En cada <m_ortunidad, el amor por el padre es el resorte
se anudan dos deseos: el incesto y el asesinato del padre, de- de l;decli~ación del complejo de Edipo yla angu~ia de cas-
seos a la vez primordiales y olvidados. tración. y elefe<;tQ de e se amor es la fntray~cción_e incorpo-'
1
ración C&verleibung) de la auto_:i~ad patern~. Vale decir
que el superyó es el7ieredero de la resolución edípica: la voz
Segundo tiempo 1
de la conciencia perpetúa la del padre a la vez amado e in-
terdictor.
Nace entonces la angustia de castración. ~l nií;ío se re.- Ahora bien, entre los analistas posfreudianos el Edipo
presenta al padre como dominador, como rival celoso que, deja de ser cada vez más la piedra angular del psicoanálisis.
como !:_epresalia contra-su_~E¿sividad, amenaza al niño. Pe- Por diversas razones. El padre tal como lo describe Freud,
ro ¿con qué lo amenaza? En este punto, Freud tuvo la genia- celoso, violento, castrador, conviene quizás al patriarca de
lidad de advertir la importancia de la imagen del cuerpo y antaño (¡y al padre del propio Freud!), pero está en contra-
de la visión de la di~ iade-los sexos. Para el niño no hay dicción con el padre de nuestros días. La prohibición de la
dos órganos, uno masculino y otro femenino, sino uno solo: masturbación procede tanto de la madre como del padre
el falo, presente en un lado, ausente en el otro. Por eso la (¿no es el caso de Hans?). Hay que tener en cuenta un super-
amenaza de castración concierne a la integridad de la ima- yó materno, dice Melanie Klein, tan exigente como el pater-
gen corporal, de acuerdo con la dialéctica temporal del «ya no; para el niño, el trauma es mucho mayor si se lo separa
presente» y el «aún no». La niña no lo tiene; la castración ha- de la protección del nido materno que si se expone al com-
bría tenido lugar, pues el niño todavía lo tiene. En cuanto a plejo de Edipo al quedarse en él. En síntesis, la lógica freu-
este último, si bien todavía lo tiene, teme que la amenaza de
castración se cumpla, como ya sucedió en el caso de la niña. 3 «La disparition du complexe d' Oedipe», en La uie sexuelle, París: PUF,
1969, pág. 120. [«El sepultamiento del complejo de Edipo», enAE, vol. 19,
1979.]

60 61
diana ya no se sostiene; es preciso abandonarla en favor de Azar, capricho, arbitrariedad: la madre los disipa dando
un eclecticismo heurístico. una respuesta. ~nde en tanto es no toda madre, sino ~
mujer. Sustituye el significante de su deseo, que es enigmá- '?[SI
En ese contexto de «establos deAugias», Lacan responde
por la negativa y orienta su enseñanza de acuerdo con el re-
chazo a abandonar el Edipo.
~o P:.ra el nulo por carecer de significación, por otro signifi-
cante, el del padre, el significante de la paternidad. Y de es-
S? 1
ta metáfora nace una significación: el falo~ v~le decir, lo que 4
~ {'\..~
falta en la madre y_es la razón de su deseo de mujer. Lacan {;,,...f,'{~Z
lo anota como phi: <I>. Así, para un sujeto, una madre funda ,.__::; ~
El Edipo revisitado al padre como Nombre en el orden simbólrc;- - - -- 1.i?c:; e.o~
Lacan decía: · - c:U n -•1 <.i

Para hacer que los psicoanalistas vuelvan a honrar el 51 1


descubrimiento edípico de Freud, Lacan concentra su aten- t La madre funda al padre como mediador de algo que es-
ción sobre el padre en el Edipo, para lo cual inventa la triple tá más allá de su ley y su capricho y que es lisa y llanamen-
distinción de lo simbólico, lo imaginario y lo real. Distinción I ~e la ley como tal, el padre, por lo tanto, como Nombre-del-
necesaria para leer en el texto freudiano lo que no concierne ~adre».4
ni a la madre ni al hijo, sino al padre. Aél conviene calificar
con esos tres nombres tomados como adjetivos. Más adelan- Ella es la que fünda. Hay en esto algo inaudito y difícil de
te, estos se independizarán como sustantivos; pero en su entender. ¿La historia pública de la familia no nos muestra
origen los promueve el decir de Lacan para nombrar lo que todo lo contrario? ¿La imagen de un verdadero padre no es
ocurre con el padre, según los tres tiempos del Edipo. la de un hombre que decide por sí solo tomar un lugar de pa-
Para hacerlo, es preciso que abordemos una nueva pro- dre frente a un hijo?
blemática: no partir del deseo del niño, sino de la madre en Eso es, en efecto, lo que se pone en primer plano, justa-
ese lugar dél Otro. ¿El niño sería, por lo tanto, naturalmente- mente para ocultarnos y hacernos olvidar lo que pasó con
ñionógamo y parricida? No, lo primero es la estructura, ocu:.. cada uno de nosotros, en la medida en que fuimos hijos. En
pada por la madre y luego por el padre. El deseo del niño es respuesta a nue_§trª-angustia frente al enigma del deseo de ' ,.
t t..P
su efecto, visto que deseo no es necesidad y sólo se engendra la madre (¿qué quiere ella, entoñces?), sólo la madre puede :J ('
''
a partir del deseo del Otro. trañSlnitir el significante de sü íalta.Lacan no dejará de re-
Siguiendo este camino, Lacan va a insertar el Edipo en- petirlo. Así lo hará uña vez ni°ás en 1971:
tre Uñtiempo que lo precede y un tiempo que lo sucede. Ese ~
es elve;c¡;dero camino de Lacan: justificar el Edipo relativi- . ~Yo podía situar aju~to título el Nombre-del-Padre en cuan-
zándolo como un momento inevitable, que supone un antes y to significante, significante capaz de dar sentido al deseo de
un después. la madre». 5

t. ""'-'~ 1
Si esa función de la madre como mujer es tan difícil de
I"'-' admitir, es porque se la interpreta en términos de domina-
Primer tiempo: el más allá de la madre
ción femenina y dependencia masculina. Pero el psicoanáli-
Esta ima~ mate! na, tan do~ , que subyuga y
4 Le Séminaire, Livre V, Les formations d e l'inconscient, París: Seuil,
fascina la mirada del niño, íntegramente fuera de sí mismo,
1998, clase del 22 de enero de 1958, pág. 191. [El Seminario de Jacques
¿por qué deseo está animada? Viene y se va: ¿qué explica
Lacan, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, 1957-1958, Buenos Ai-
esta alternancia de presencia y ausencia? ¿No soy todo para res: Paidós, 1999.]
ella, dado que vuelve? ¿Acaso no soy nada para ella, puesto 5 Seminario D'un discours qui ne serait pas du semblant, clase inédita

que se ausenta? del 16 de junio de 1971.

62 63
sis, en éambio, revela algo muy distinto: que la apuesta está función del padre. La única función del padre en nuestra
en otra parte. enunciación del mito es siempre y exclusivamente el Nom-
Concierne al hijo, que puede respirar gracias a la cesa- bre-del-Padre, es decir, no otra cosa que el padre muerto, co-
ción de la alternancia mortífera y el eñígma angustíaiifeY mo Freud nos lo explica en Tótem y tabú». 8
enloguecedor. Hay p or fin referencia y por ello nacimiento
e una ~ue~~-P.osi~l~~ es~que falta a la madr~. ~pues­ Nos lo explica en Tótem y tabú, y por esa razón en Moisés
ta narcisista: por mi yo, por la imagen total de mi cuerpo, y la religión monoteíst Ereud hará un extenso comentario
<~(.' \ () ser"Oñ.~r,"to be or not to be, el falo imaginario, que dé res- del dicho latin ater incertus est, mater certissiñüi]«La ma-
\ft) puesta a la significaciÓn def d.; seo de la- madré."Lacan anota ternidad se verifica por el testimonio de los sentidos, mien-
'- ( '
e;r: ~
~roo phi minúscula ese falo imaginario: cp. 6 tras que la paternidad es una conjetura». 9 Y muestra de ese
Esa es la posición primera del hijo (si no hubo forclusión modo quea firmar en qué coil.siste la Pá'ternidad supone un
, ...• T. f,, •J del Nombre-del-Padre). El niño se identifica en su..toral:iil!4, progreso de la vida del espíritu y una victoria de esta so bre'
1. '~"-·.. en la totalidad de su imageµ erigida, ~on ese falo imagina- fos sentidos. A contin~ción, Lacan podrá d~cir:
-- ----· --
• (J,:;:c rio, como objeto del deseo de la madre. Así comi~za ese]ue- ¡---
-
l"'\•l, ,J ' e

~
. ,,,e go de embuste y alarde, mediante el cual el niño intenta ,'«Es extremadamente curioso que haya sido necesario el dis-
·f ,~ seducir a su madre y hacerse su cómplice, su héroe o su he- curso analítico para que en este asunto se plantee la pre-
~t.--' roína, al servicio de su goce. gunta: ¿qué es un padre? Fre.ud no vacila en enunciar que es
}):.-
,~ ~· ... ,..
~ Ahora bien, si se lee a Freud con detenimiento, puede ' el nombre que por esencia implica la fe,,_ lo
f··'i ~ ,l
I concluirse que plantear en primer lugar la paternidad co-
)
mo significante en lo simbólico es propiamente freudiano. / Pero añade a lo dicho por Freud: ~ fe del hijo en la pala-
Tótem y tabú es «un mito científico», dice Freud, relato nece- bra de la madre; el discurso oficial de la sociedad civil o reli-
sario para mostrar que el padre simbólico es lo que se trans- giosa no puede sino someterse a la palabra materna, aun-
mite a partir del padre muerto, como origen mismo de la que le cueste, es cierto, admitir esa sujeción.
humanidad en cuanto pasaje de la naturaleza a la cultura. La madre funda a ese padre al inscribirlo como Nombre
En el origen de la historia, Freud no sitúa un padre real que en el inconsciente de su hijo. En cuanto a la respuesta de
impone su ley arbitraria a los hijos (reserva para él no a una este que resulta posible: ser el falo (<p) que falta en la madre,
smo a todas las mujeres), sino al padre muerto. Necesita la es igualmente freudiana~UdSeñaló quee sa identlñca-
ficción de un mito para mostrar simplemente que a partir ción es la posición prim.era,_de todo niño como «perverso poli~.

r de ese lugar vacío del Qadre muerto puede engendrarse el


Pa~m.b7ól.if.i, es decir, la tE.~siñ.isió? de una ley 9 ue los
1~manos reconocen y se imponen. «Prohibirse a sí mismos
inorfo»_. La sexualidad es originalmente perversa o no es.
Ese es el abe del psicoanálisis.

110 que se trataba de arrebatarle»: 7 sólo el padre como signi-


0 cante puede explicar y permitir una operación semejante. Segundo tiempo: el Padre interdictor
En cuanto al mito edípico, es de la misma vena; Lacan lo
lee en Freud: En este segundo tiempo tiene lugar el Edipo freudiano
propiamente dicho. ~l pri~r tiempo permitió instaurar al ,
«En lo que se refiere al padre que Edipo conoció, no es, pre-
cisamente como lo indica el mito de Freud, más que el padre 8 J . Lacan, Le Séminaire, Livre VII, L'éthique de la psychanalyse, op. cit.,
una vez muerto. Por eso, como les dije cien veces, esa es la pág. 356.
9 París: Gallimard, 1986, pág. 213. [Moisés y la religión monoteísta, en
AE, vol. 23, 1980.]
6 Cf. el esquema R en los Ecrits, op. cit., pág. 553. 10 Seminario D'un discours qui ne serait pas du semblant, clase inédita
7
J . Lacan, Le Séminaire, Livre IV, op. cit., pág. 211. del 16 de junio de 1971.

64 65
Padre como significante, como Nombre-del-Padre fundado referida metonímicamente al tenerlo, con temor de no tener-
orla madre. Así, gracias a esa referencia-en lo simbólico, el lo en el va;(Sñ YJt@talgia de no tenerlo más en la ñTha.- -
niño pudo ocupar su lugar, identificándose en su ser y su Esta función del padre privador es posible con una condi-
imagen con el objeto metonímico del deseo de la madre: el ción: ~adr_eJ;_enga...urup_jfilmo de respeto por la p~l~
falo imaginario. bra del padre y que reconozca en su propio mensaje al niño
¿Qué aporta ahora, entonces, el complejo de Edipo? El la autoridad del meñsaje dea quel. -§! la palabra é!_el_nacITe,
padre es ~e~es.e~~de a esa situación primera. Lo hace al contrario, no es para ella más que pura futilidad y charla-
como§agoyrivador~r Instaura la prohibición del incesto y funeríavaña, el níño no- se moverá un miÍíiiicl';; de su posi-
su ley privando ante todo no al niño sino a la madre. La pri- crórí"pñiñerá. La madre hace la ley para el padre: ¿no es eso
va del fa.los imbólico como significación de su d;;eo . Instau- To que testimonia con elocuencia el hijo convertido en homo-
ra una negación: t;¡No reincorporarás tu prodüCtor: sexual? La «charla constañ~delwloteo del padrem!~
¿En qué sentiati puede decirse que el padre es p rivador más piedad que temor.
de la madre? En lo real nada falta, todo es pleno. Se puede - Pero ¿eso 'e st odo""ei Edipo? ¿La salida de este no exige
decir que el padre priva a la madre en la medida en que la otra cosa? ¿Podemos conformarnos con la imagen de un pa-
priva de lo que ella no tiene; esto es, como decía Lacan, «de dre legislador que hace la ley para la madre? ¿No se presen-
algo que sólo tiene existencia en cuanto hacemos que la ten- ta como impostor quien pretende establecer la ley? 12
ga como símbolo».11 Ahora bien, esta simbolización es la que
ha cumplido el primer tiempo: el falo como significante de la
significación del deseo de la madre, no como objeto real o Tercer tiempo: lo real del padre r/Í-<. 6 rrt"Lrl r<
imaginario. CQ!!lo e~e .falo sim_!?ólico ha inscriRto ante J odo._ ( ,,'n., "'/)
el deseo de la madre, en un segundo tiempo su falta se atri- En su cara negativa, el padre pnvadorno es más que el
buye al Padre como p:rj_vador, privador de phi: -<I>. - reverso de un anverso que sólo aparece en el tercer tiempo,
· Ese es el padre que describe Freud en el complejo de Edi- con el padre real como agente de una castración simbólica
po. El padre edípico tiene necesariamente la imagen de la que permite la salida del llamado complejo de Edipo. El pa-
omnipotencia, el poderío total del amo legislador: hace la ley dre que prohíbe el deseo es sucedido por el que unifi~~'~Lc:l~
para la madre. seo -y la lei Así da Lacan una continuación a l~scnpc1óñ
·~=eücrrnna.
~ildl
--Zí>or qué esa necesidad? El niño imagina un padre celoso
y tiránico: Le achaca una amenaza de castración que sólo sé Lo hace mediante la función del padre real. Esta dimen-
justifica como represalia contra su propia agresividad hacia sión de lo real es propiamente lo que define la novedad del
él. En respuesta a ella, es preciso que el padre privador ten- camino abierto por Lacan. Este lee lo simbólico y lo imagi-
ga esa vigorosa estatura, esa imagen de elevada estatua. nario en el texto freudiano; pero inventa lo real por su cuen-
Por estar situada en la imago, esa relación dual es de exclu- ta para responder las cuestiones en suspenso que le plantea
sión recforoca: o el otro o yo. - Freud. Esa será la senda desbrozada por él, pero también
=e~a=;;~esta de esa privación de la madre está en otra una búsqueda sin cesar retomada, reexaminada, puesta
parte: si el hijo acepta que l;:i madre sea privada por ese pa- una y otra vez en juego a lo largo de los seminarios.
dre, entonces él mismo pod~á desprenderse de su identifica- El padre real es quien ing_oduce una diferencia respecto
Ción originaria con el falo~o objetod el deseo de la Iñaiire. del padre imaginario, diferencia_gll.e permitela declinación
b-J privar al niño, ese padre-lo _desalQja diJ l~ posición ~­ y la salida del EdipO:-U no y otro tienen el falo; y si el padre
:a llamada d~Ji~f.§.i~, y engel]-ªra en é!_!o que Freud de- imagmário priva de él a la madre, el padre real, al contrario,
-
nominó complejo de castración: angustia por_no ser el falo,
- - -

11 Ecrits, op. cit., pág. 813. 12 [bid.

66 67
/
/

se lo da. Este es dador a su manera~ Gran Jodedor» 13 El padre real instaura así la diferencia entre las genera-
vuelto h7ici'iüilla mujer, la q~é~ ha elegido. - ciones, diferencia que es la última palabra de la prohibición
- ASí, eñ la clase del 21 de enero de 1975 del seminario del incesto: el hoy de la madre no es el del hijo. Esta nega-
RSI, Lacan hablará del padre real como un hombre cuyo de- ción es anulación del ser en el niño, anulación que, asumida
seo es causado por una mujer, la madre de sus hijos: como feliz receptividad, permite un tener que se transmitirá
en el futuro. La castración, por lo tanto, recae sobre el yo co-
«Un padre sólo tiene derecho al respeto, si no al'amor, si mo totalidad ñ arcisista: tú no eres el falo; Lacan lo állota: -<p--:-
dicho amor, dicho respeto, está -no van a dar crédito a sus N egativiza en el varón fa protesta viril, y en la niÍía el Penis-
1
.r
?\
1oídos- ~adre::.Yersamente JE!re-~s_i:_ment] or~ado, es
decir, si nace de una mujer el objeto a minúscula que causa
neid. Es de orden simbólico; es la ausencia en la imagen es-
pecular de ese elemento significante que es el órgano sexual
\ su deseo. ---- de la cópula. Es escamoteo de lo que en la imagen marca
~
l)
»Pero lo que esta "infame mujer" [une femme] como mi-
núscula a-coge, si puedo expresarme así, no tiene nada que
una diferencia sexual: no pene/ vagina, sino presencia-au-
sencia del falo.
~ ver en la cuestión. Ella se ocupa de otros objetos a minúscu- Pero este será dado a partir de la aceptación de esa anu-
la, que son los hijos ante los cuales efpadre, sin embargo, in~· lación. El varón lo tendrá como un título en el bolsillo: título
-;--z\ erviene, excepcionalmeñte en el buen caso, para mantener a la virilidad masculina. La niña, de igual modo, lo recibirá
(¡ ¡ ::1 laEep:_e~i~~' en eljusto me-dios [mi-dieu], por así decirlo: según la equivalencia simbólica pene-hijo. Esa es la con-
~ , la versión que le es propia de su padre-versión i]Jere-ver- secuencia de la declinación del Edipo: una salida de la neu-
~ sion], única garantía de su función de padre (. .. )
»Poco importa que tenga síntomas, si les suma el de la
rosis.
"'~!· Simbólico, imaginario, real: estos tres nombres definen

"' 1
padre-versión paterna, es decir, que la causa de ello sea una tres dimensiones, tres registros, tres funciones de la pater-
~ mujer que se haya ganado para hacerle hijos y que, quiéralo nidad según el carácter ordinal de una sucesión: simbólico,
o no, él los cuide paternalmente. La virtud paterna por exce- luego imaginario y por último real. De allí el cuadro si-
lencia no es la normalidad, sino únicamente el justo me-dios guiente:
\ recién mencionado, o sea el justo no-decir (. .. ) Es raro que
; él alcance ese justo me-dios (. . .) Lo señalé simplemente de Padre Agente Operación Objeto Efecto
pasada en un artículo sobre Schreber. Allí, nada peor, nada
l p~or que el padre que profiere l~ ley sobre todo: ¡no ha~ ~nb~9 Deseo de Nombre-del-Padre l<t>J No-psicosis
! ~re educador sobre todo, sino más bien en retirad8: respecto ,, ~:4t. la madre Las
perversiones
E todos los magisterios!». ~ í-1vri'tt'f ,,::v,,./.; ¿..Ja/c_(_
Imaginario El padre Privación [-<P] Privación real
Esto no carece de efectos para el niño. Ese padre capaz tiene el falo de la madre Neurosis
<;!e tener y dar, ese padre que dio muestra;- de su aptitud, Real El padre Don a Ja [-<¡>] Castración
abre un porvenir para el hijo. Es prometedor: podrá dar el da el falo madre simbólica
falo, transmitirlo al hijo y dejar de privarlo. Normalidad
Pero no es más que una promesa. Esa es la castración
simbólica: una separación entre el presente y el futuro. Se
refiere al tener: hoy no lo tienes. Será más adelante, pero
--- - -
- .. ... ..::.....--
~U!1ª condición: que re!?-':ncies a serl~ hoy:.

13 J. Lacan, Le S éminaire, Liure VII, op. cit., pág. 354.

68 69
7. Del Nombre-del-Padre al Padre-del-
Nombre como sínthoma

Hemos visto que, mediante la invención de la tríada RSI,


Lacan dio una nueva significación a los términos paranoia y
psicosis. Estas se alejan una de otra; la paranoia califica el
conocimiento y la psicosis, a la inversa:I-ecibe una nuevá ca --
ITffc;ciói;. ~ el sü]eto dela c ivilización ci~ntífic~Giñicó
lu ga; histórico en el que pudo nacer y puede actuar el psico-
análisis.
Es hora de extraer las consecuencias de ello. Ese des-
plazamiento fue posible a partir de la noción de inconscien-
te como efecto del lenguaje en el lugar del Otro, es decir, de
un afuera transindividual: no hay psíquico separado de lo
social.
¿Vamos, empero, a volcarnos a la acción política? En vez
de continuar a Freud, lo urgente sería entonces cambiar la
sociedad moderna_, Ese fue el camino elegido ~ Rejch~
H. Marcuse. Del mismo modo, la urgencia consistiría en su-
perar a Freud para adaptarse a una sociedad distinta de la
de su tiempo, como lo sugiere E. Fromm. O bien, con M.
Foucault, lo importante sería poner al descubierto en el psi-
coanálisis mismo una ~pJ.icida~ascarada col!..fil.J>o-.
.der ejercido sobre el individuo en nombre de la modernidad.
Para Lacan en su recuperación de Freud, n..2, ~arar psí-
quico y social es optar por la modernidad y el combate de las
Luces, o ~a, decidir, por medio del psicoanálisis, que no
triunfe otro sujeto que el sujeto de la ciencia, en la medida
misma en que el discurso científico y sus efectos sociales lo
suturan y lo borran. Por lo tanto, si lo colectivo no se inscri-
be en ninguna parte si no es en lo individual, a cambio no
hay enunciado colectivo del sujeto de la enunciación: este
habla yo [je] o no habla en absoluto.
A partir de esa constatación, podemos señalar cuáles son
las relaciones que mantienen conocimiento paranoico y psi-
cosis del hombre moderno.

71
Durante veinte años, entre 1953 y 1973, Lacan se consa- valerme de ellas como iniciales de lo que les hablo como real,
gró con constancia a distinguir claramente lo simbólico de lo simbólico e imaginario? La cosa cobra sentido». 2
imaginario, y luego lo simbólico de lo real. Según el esque-
ma L, mostraba que dos no son uno, sino dos a causa de tres. Pero entonces, en razón del sentido diferente, la equiva-
Pero para hacer esadffitinción, hablaba, hablaba . .. hasta lencia se pierde. Para ligarlos en una distinción que no su-
el día en que, por fin, consideró que el mismo naming que prima la equivalencia, es preciso por lo tanto mostrarlos
efectúa esa distinción está en lo simbólico, como f'ündamen- mediante una presentación plana de dos dimensiones, es
to privilegiad~ Nombrar con un nombre "propio cada una de decir, por la escritura de la espacialidad, por una topografía
esas tres dimensiones es situarse en lo simbólico y, por lo que, a la vez que no es algebraica, se sostiene no obstante
tanto, darle la primacía. por sí misma, sin fundarse en una nominación.
Ahora bien, ¿qué nos muestra la presentación plana de
RSI? Nos indica aquí la diferencia entre conocimiento para-
noico, psicosis y neurosis.
De una espacialidad que hay que mostrar

Ahora bien, esas tres dimensiones, funciones, órdenes, si


bien son distintos por su denominación, no son separables Equivalencia sin distinción
en lo real. Existenjuntos o no existen en absoluto. Pero fa-
llamos en pensar los tres juntos, en razón de lo irreductible Como hemos visto, el conocimiento paranoico proviene
del pensamiento paranoico en cada uno, que hace que sólo del hecho de que no tenemos sentido del volumen. Reduci-
pensemos bien en dos dimensiones y no en tres. De allí esta mos al Otro a lo que vemos de él, una silueta, un traje, un
insistencia, a partir de 1973: ícono.
Por eso su mostración es la del nudo de trébol: equivalen-
«No tenemos el sentido del volumen. Independientemente
cia de tres dimensiones reducidas a una.
de lo que hayamos logrado imaginar como tres dimensiones
del espacio, el sentido de la profundidad es algo que nos fal-

&
ta, algo que nos falta mucho más de lo que creemos (. .. ) So-
mos, tanto ustedes como yo, seres de dos dimensiones». 1

Por lo tanto, el naming no alcanza; debe someterse al


showing, al mostrar, es decir, a una topología que tenga con-
sistencia no por su carácter algebraico, sino por el hecho de
dejar ver. El analista no sólo es un ser hablante, tiene un Así, Lacan, podía decir:
cuerpo.
En otras palabras, ¿cómo mostrar el lazo entre simbóli- «En la mayoría, lo simbólico, lo imaginario y lo real se enre-
co, imaginario y real, de tal modo que sean no sólo distintos dan al extremo de continuarse el uno en el otro (. . .) Cada
sino equivalentes, como números cardinales? No se trata de uno de estos rizos se continúa en el otro de una manera no
nombrarlos. En efecto, como decía Lacan: distinguida, y de resultas no es un privilegio estar loco». 3

«RSI no son más que letras que, como tales, suponen una Hemos visto que esta es una definición de la paranoia
equivalencia. ¿Qué resulta del hecho de que yo las hable, al común.
1 2 Seminario RSI, clase inédita del 11 de marzo de 1975.
Seminario Les non-dupes errent, clase inédita del 11 de diciembre de
3 Seminario Le Sinthome, clase inédita del 10 de febrero de 1976.
1973.

72 73
Equivalencia y distinción Distinción sin equivalencia

Esta figura es el caso del nudo borromeo: no el ordinal, Es el «buen caso» en comparación con el malo: ¡la cosa no
sino el número cardinal, 3 igual a l. se va a pique! Se trata de la definición de la neurosis, pre-
sentada aquí mediante el nudo olímpico:


Si uno de los anillos de cordel se va a pique, otros dos se
Lacan se refiere así a ella: «El interés de unir de este mo- mantienen juntos y «eso quiere decir que uno es un neuróti-
do lo simbólico, lo imaginario y lo real en el nudo borromeo co». 5 Y Lacan agrega:
es lo que resulta de ello, y no sólo resulta sino debe resultar;
vale decir que si el caso es bueno, basta cortar uno cualquie- «Aspecto en el cual, en verdad, siempre afirmé esto, que no
ra de los anillos de cordel para que los otros dos queden li- se sabe lo suficiente: que los neuróticos son incansables(. .. )
bres uno de otro». ¡Ya les falte lo real, lo imaginario o lo simbólico, siempre
Pero agregaba: aguantan!».

«En otras palabras, si el caso es bueno, cuando les falta uno


de esos anillos de cordel, ustedes tienen que volverse locos.
Y en eso consiste el buen caso, a saber, que si hay algo nor- El Nombre-del-Padre como sínthoma
mal, es que, cuando una de las dimensiones se les va a pique
por una razón cualquiera, ustedes deben volverse locos». 4 Gracias a la mostración topológica, vemos cómo se abre
la falla entre dos «locuras», entre el nudo de trébol y el desa-
Razón cualquiera que hemos llamado acontecimiento co- nudamiento del nudo borromeo, entre la paranoia común
mo encuentro con lo real. Y vimos que la elisión de lo ima- (descripta en el capítulo 1) y la respuesta psicótica al acon-
ginario y de lo simbólico hace que la respuesta falte. Es el tecimiento mediante la eclosión de un delirio.
«buen caso»: uno debe delirar. Esa es la segunda significa- Pero ¿cómo interviene el psicoanálisis? No lo hace a tra-
ción de la «locura», luego de la primera concerniente al cono- vés de la paranoia común que es muy normal, ni del mero
cimiento paranoico. Pero ¿por qué es el «buen caso»? delirio psicótico (¿no es un poco demasiado tarde?), ni, desde
luego, de la neurosis «incansable» . Hace falta otra cosa para
que se demande un análisis con vistas a una respuesta es-
pecífica al acontecimiento. En consecuencia, esta nosografia
no basta. Debe ser completada por otra «locura». Es exacta-
mente lo que Lacan hace a partir de 1974, con los semina-
rios RSI y Le Sinthome.

4 Seminario Les non-dupes errent, clase inédita del 11 de diciembre de

1973.
5 /bid.

74 75
En efecto, en 1973, gracias a la topología del nudo, Lacan Ya el 14 de enero de 1975 Lacan reconocía haber leído en
había formulado una definición de la psicosis: el desanuda- Freud esta necesidad:
miento de las tres consistencias. Pero dos años más ade-
lante, en su progreso por este camino, añade una precisión: «Freud necesitó, no tres, el mínimo, sino cyatrp_consisten-
la psicosis es el no anudamiento de tres; pero esta negación cias para que la cosa se sostuviera, de suponerlo iniciado en
puede significar no sólo ese desanudamiento que es la «lo- ·1a w nsistencia de lo simbólico, lo imaginario y lo real».
cura», sino, de muy otra manera, un anudamiento que no se
sostenga sin un cuarto elemento. - Ahora bien, resulta que, al recoger la posición de Freud,
Así, Lacan se ve en la necesidad de llamar sínthoma Lacan nombra así esa cuarta consistencia: Nombre-del-Pa-
[sinthome] ese cuarto elemento. ¿Por qué? La grafia sympto- ~· En este punto ·10 entendieron~al. ¿É.or qll&~o-:qibr~
me recién ap~r;ce ; n el siglo XV Lacan escoge la antigua es- ese cuarto elemento como Nombre-del-Padre y luego como
sínthomi?- - - -
711 critura en razón de la etimología griega. Sym-ptome es lo
que cae,~toma)junto (sym). Es lt:~-inc~encia» latir_ir ya-
ra el medico, es la enfermedad y s S1g}JQ, os acontec1mien-
Desde hacía mucho tiempo, el seminario de 1955-1956
sobre las psicosis, Lacan había introducido el Nombre-del-
t2_s_que «c_ae~. al mismo tiempg. Lacan se orienta hacia el Padre para designar el significante que, al sustituir el signi-
aspecto no médico: el sin-thome es el syn-théma, el sustan- ~~nte enigmátiso del deseo de Ja !11.~~ ' da una respuesta
tivo del verbo_syn-tith1_.mj,, J,!.O !}e_rju~tos; en otras palabra~ al hijo. J?~odu~e~@ significaci~ fálic~ d~l.s!~!r.2sleJa.~~
!igar, anmla:r;(ETsfuthoma hace nu{iO) El sínthoma griego es Así, el Nombre-del-Padre es fundado por la madre o no exis-
la con-sistenci'; latina; lo que mantiene unido. Y el 14 de te. Es preciso señafar que expli~ár 1-; psicosis ~edi;rt°e esta
enero de 1975, en el seminario RSI, Lacan lo presenta así: lÜrmulación no es propiamente freudiano
Pero, ¿qué pasa en 1975? Lacan lee el Nombre-del-Padre
en Freud dando un nuevo sentido a esta nominación. ~
es simplemente el nombre que nombra el lugar del Padre en
~ ~""""" !,,"...., . él-ordens imOóiico;-sino lo inverso: el Pa dre-ael-Norribre, el
. (, ~ r<¡z., ••~ ~rfn, . . ;(11,t)
C'nÑ i.'.i •
Péúlre nombraaor. Cuando Lacan habla a partir de 1975 cfei
Nombre-del-Padre, es el uno o el otro según el contexto .
•:~. t ,;t.. ,·.;. Por ejemplo, podrá ponerlo en plural, de acuerdo con el

~/ segundo sentido:

\:V «Los nombres del Padre son eso: lo simbólico, lo imaginario


y lo real. Son los nombres primeros, en cuanto nombran
algo».6
¿Qué designa el sínthoma como cuarto elemento que ha-
ce nudo? Lacan responde el 11 de marzo de 1975 en el mis-
mo seminario:
l Así, en la Biblia, el padre Adán al dar un nombre a los
~imales. 7
«¿Cómo anudar estas tres consistencias independientes?
Hay una manera que es la que yo llamo Nombre-del-Padre.
Es lo que hace Freud».
6
Seminario RSI, clase inédita del 11 de marzo de 1975.
Y escribe en el pizarrón un nudo borromeo unido por un 7
En Génesis, capítulo 2, versículo 20. Al referirse a este texto, Lacan
cuarto elemento. atribuye al propio Dios ese acto de nominación.

76 77
Para evitar la confusión entre el genitivo objetivo y el al que, en consecuencia, habría que matar para tenerlas a
genitivo subjetivo, Lacan aclara: nuestro turno. Pero ese no es más que un anhelo, a fin de
que lo imposible se mantenga. En efecto, tras la muerte de

~
El Padre como nombre y como quien nombra no es lo mis- ese Padre, los hermanos se prohíben el acceso a sus mujeres
no. El Padre es el elemento cuarto sin el cua!en el nudo de por amor al amo omnipotente. La Voz del Padre que nombra
IOSimMlico, lo imaginario y lo real nada es posible». 8 el interdicto se perpetúa en la conciencia de los hijos como
superyó. -- -
El primero es de Lacan, el segundo de Freud, tal como lo
- · En lá. neurosis histérica, con el padre de Edipo, el mito
lee Lacan: «Carril del Nombre-del-Padre, del Padre en tanto
enuncia que el asesinato del padre, lejos de permitir un re-
nombrador». 9
encuentro feliz con la madre, no hace sino mantener el de-
seo en la insatisfacción. Así, no hay cumplimiento del deseo
edípico, sino únicamente un saber conquistado por Edipo
El sínthoma con Freud sobre la verdad del deseo siempre insatisfecho.
Dos veces, según las dos neurosis, Freud hace que todo
Ahora bien, clínicamente hablando Freud no se equivo- se mantenga unido mediante el sínthoma neurótico que es
ca; y por eso, sin duda, el psicoanálisis puede encontrar su el Padre-del-Nombre. En efecto, la declinación del Edipo se
lugar. Así, Lacan, al hablar de ese Nombre-del-Padre pro- concreta al volverse hacia ese Padre, que la teoría calificó
piamente freudiano, hace la siguiente constatación, en la de Padre ideal, un padre digno de ser amado. Ese «volve~ ¡(]?\
cual se incluye a sí mismo: ~instaura el nudo borromeo con un cuarto elemento. \V
La voz del :P;ire nombrador que se perpetúa en el superyó J ~ ../. , M_
«La razón de que esta suplencia no se produzca no es que no es ha herencia del E~ ~-el·t:' ~
sea indispensable. Tal vez, nuestro imaginario, nuestro '"Ahora bien, esa es exactamente la definición que, en lo
simbólico y nuestro real aún se encuentran ~n cada uno d~ sucesivo, da Lacan de la psicosis: un no anudamiento de
n.2_sot_ros en un estado de disociación suficiente para qu~ tres, un anudamiento no sin el sínthoma. La demanda de
lo el Noni.Qre-áe!-P adrehaga nudoborromeo y lllant~nga_ análisis nace entonces araíZdel acontecimiento como en-
~ido todo eso.».10 - --- cuentro con lo real, y sólo el sínthoma neurótico impide la
disociación de lo simbólico, lo imaginario y lo real. La res-
Ahora bien, sólo puede mantener unido todo eso porque puesta P-Sicótica al acontecimiento es sin-thomática. Pero
«todo se sostiene en la medida en que el Nombre-del-Padre esta respuesta no deja de plantear la cuestión del lugar que
es también el Padre del nombre».11 debe ocupar el psicoanálisis.
Esa es la función misma del sín-thoma. Hay otras, por Así, la última constatación de Lacan se formularía del si-
cierto; pero el sínthoma freudiano como Padre nombrador guiente modo: «¿Por qué demandaríamos a un analista el
es un síntoma neurótico. Es lo que Lacan mostró acerca de temperamento de nuestros síntomas?». Y Lacan responde
las dos presentaciones freudianas del Padre. indicando el deslizamiento de nominación de la estructura
~ \ En la neurosis obsesiva con el Padre primordial, el Urvg_- al síntoma:
f'S• óbi' ter de Tótem y tabú, el mito representa la demanda del obse-

-
SiVO:Ün Padre to°"d7>poderoso que posee a todas las mujeres y

8 Conferencia «Joyce le sinthome !»,en J. Aubert, comp., Joyce avec La-


«Todo el mundo lo tiene, dado que todo el mundo es neuróti-
co; por eso se lo llama,-llegado el caso, síntoma neurótico. Y
cuando no es neurótico, la gente tiene la prudencia de no ir
can, París: Navarin, 1987, pág. 28. a pedir a un analista que se ocupe de él».
9 Seminario RSI, clase inédita del 11 de marzo de 1975.
10 !bid., clase inédita del 11 de febrero de 1975. Y concluye así: «Lo cual prueba, con todo, que sólo su-
11 Seminario Le Sinthome, clase inédita del 18 de noviembre de 1975. pera eso, a saber, pedir al analista que lo arregle, aquel a

78 79
quien, sin duda, es preciso llamar psicótico», 12 por lo tanto, Si a la izquierda lo imaginario faltante hace fracasar el
el psicótico con síntoma neurótico. nudo, en cambio a la derecha el ego del artista toma sitio co-
La psicosis, en efecto, se define mediante el nudo borro- mo sínthoma. 14 - - -- -~
meo, anudado por ese sín-thoma cuarto elemento que es el - La apues tá es la siguiente: hacerse un nombre en el pú-
Nombre-del-Padre, como Padre-del-Nombre: sínthoma blico. El interés de Joyce consiste en lograr publicar, gracias
neurótico que es la figura del Padre edípico según Freud. a su editor, para hacer que se hable de él y tener renombre,
al extremo de esperar que su nombre propio sea reconocido
por lo menos durante tres siglos. No está del lado de lo que
Lacan, en el Discurso de Roma de 1953, llamaba locura, es
Ser el sínthoma
decir, la renuncia a hacerse reconocer. Al contrario, su yo d~
~critor tiene función reparad_~ por' ~gloria -ªel Nombr~
Así, el sínthoma tiene función de suplencia y compensa-
propio.
ción cuañdo liay for clusiOn del NOiñbre-de l-Padre y po7° lo
Pero ¿con qué estilo? Desquiciando las palabras. Joys_e
tanto ausencia-de anudamiento borromeo de las trés consis-
tencias: RSI. Un cuarto elemento llega entonces a actuar de
empalme e impedir la locura del desanudamiento. ·
ora bien, e sa funcióñ no se redÜce al sínthoma neuró-
- -
'-:oco constituy_g un emgma.
. ~-- ___
rompe, corta las palabras que se le imponen todos los días,
>ara fugar. con la homofOñíá. Ahofaoie n, ése carácter equí-
_...._

Y sigue siéndolo, porque no nos sentimos ni afectados ni


tico, tal como Lacan lo leyó en Freud. Se ejerce de maneras
T"'l. conmovidos. En efecto, dice Lacan, son «)okes inconcebible-
muy diversas según los casos, en lugar del Nombre-del-Pa-
mente privados». 15
dre forcluido. Y cuando esa función fracasa ante la novedad
,
1
~ ¿Por qué? Porque, como un lfJrderl f!!; Joyce está «desa-
del acontecimiento, se desencadena una psicosis con delirio.
bonado al inconsciente», según decía acan. 16 Es el sínto-
En su seminario Le Sinthome, Lacan presentó un caso
ma puro de la escritura en su abstracción, «en la medida
ª e ~xito, por ~ecirlo así, con J . Joyce. Este no tiene un sín-
-agregaba Lacan- en que no hay ninguna posibilidad de
thoma freudiano; lo es él mismo, y de allí su nombre: Joyce
que enganche algo de nuestro inconsciente». 17 Pero, pese a
el Síntoma.
todo, ganó su apuesta: no tener sino ser el sínthoma que da
Joyce no tiene el sínthoma freudiano que es un Padre
una consistencia borromea a RSI al hacerse un nombre.
Ideal: su padre es indigno, carente; y Joyce reniega de él a la ¡,,., rí" ·~
vez g_ue se_Jilai'itiene «arraigado en su padre». 13 Está carga- v \. ,){•ke..
dode padre y por ~ él mismü;é erige en el Padre-del-Nom-
\, -v'' bre mediante el artifi-cio- delaJetra. El es el sínthomª po~cl
~ ­
,_
'-
~ l ayt~ ge~sc_tibi:s La función de este és suplir el fracaso de la_
relación imaginaria,. tan bien mostrada en ;·la descri ción de
~~u~a ~ ~e~~~p.k_trg.tQ delarti~a a o"f&.ES.?J@·
""'~ __.....,,,.....,
(~fraraooRS (~'"
R\_S)Js R0.Jlcs
L. punto de L. no borromeo
anudamiento
14 Lacan, op. cit., clase inédita del 11 de mayo de 1976.
15 Lacan, op. cit., clase inédita del 20 de enero de 1976.
12 Lettres de l'Ecole Freudienne, nº 23, pág. 181. 16 Lacan, conferencia «Joyce le sinthome 1», op. cit., pág. 24.
l3 Lacan, seminario Le Sinthome, clase inédita del 13 de enero de 1976. 17 !bid., pág. 25.

80 81
8. La publicidad del nombre propio

Ser un sínthoma, ser una personalidad: Joyce lo logró al


hacerse un nombre entre el público. Así, su ego tiene fun-
g ón de sínthoma como suplencia y compensación de la psi-
cosis, es decir, del no anudamiento de RSI. Al no sostenerse
la relación imaginaria como exclusión recíproca entre el yo
y el otro, e~eciso un cuarto elemento, cuando el Nombre-
del-Padre estárorclúido~ - - - ·-
J oyce es ese cuarto elemento por su nombre propio. Lo
fue con dos condiciones. En primer lugar, respondió a las pa-
labras impuestas. Descomponía día a día las P-alabras que
lo atacaban como proyectiles de ámetralladora} ascortaba
en pedazos gracias alju~go de su escritura: una ensalada de
palabras, cuya lecfora erfVO'Z""áfta lo haciareír-en s olea ad.
' Pero, más ~ún, pudo editar su escritura y hacerse leer
por el público. Así logró realizar su esperanza: ¡que los uni-
versitarios hablaran de él!
De ese modo, Joy udo evitar d ~ Hay que tener
presente, sm u a, el fracaso de su vida con Nora; pero ese
fracaso de su vida privada era el reverso de u~o público.
La biógrafa de Nora lo advirtió con mucha claridad:

u tragedia -escribe- fue que Joyce nunca pareció darse

~uenta de que su vida familiar y el apetito sexual de Nora,


ue él admiraba, se sacrificaban en el altar de su arte». 1

El último avance de Lacan por la topología de los nu-


dos habría de consistir, por lo tanto, en distinguir _Qsicosis
delirio. Joyce fue su última mostración en 1975. Pero esta
crerra lo que ya se mostraba en 1932 mediante un contra-

1 Brenda Maddox, Nora. La vérité sur les rapports entre Nora et James

Joyce , París: Albin Michel, 1990, pág. 4 75. [Nora, Barcelona: Nuevas Edi-
ciones de Bolsillo, 2001.]

83
ejemplo, el d~En efecto, hay delirio cuando el cuarto samiento, escucha de palabras calumniosas, insultantes,
elemento no logra haéér nudo. Y, al contrario, el delirio cesa burlonas.
el día ~ue se instaura el cú árto elemento. Podemos verlo
s-i- reféemos el testimonio de dos mujeres: Marguerite An-
zieu, llamada Aimée, y Camille Claudel. Segundo tiempo
/Ío i ~~.:e_
&- rd.
"J (.,,, ~e.f J-~ r'}- _e:·~
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.., .. hz1...,., ... Pero ¿cómo resolver la perplejidad sobre el origen y la
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1
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. e >-i.t4-<' 4.
c/..J¡::¡ vJ A,..{f significación de esos significantes?
jt) «Buscando en mí misma como siempre de dónde podían
'11 ¿,. ~ ~ C/ "\._ ....,,..__ IU'V~/ (//:J ~ 11' ........ . . _ ,. ... ,...,... ¡ $<.- venir esas amenazas», 3 confiaráAimée a Lacan, he aquí que
d ""' .,.i,.- Eacan conoció a Aimée, cuyo verdadero nombre era Mar- sale a relucir el nombre de C. de la N., la intrigante. No obs-
(c., , guerite.A:1zieu, en Sainte-Anne en 1931, y escribió su tesis ~te, el enigma que esta representa persiste hasta fines de
1923, cuando, al leer la novela de Pierre Benoit, Mademoi-
• ~ de med1cma, De la psychose paranofaque dans ses rapports
.,,._ •Yl. (< avec la personnalité, un año después. 2 selle de la F:_eJt"é..) que acaba de publica~e, Aimée recüñocé
1 C\-L(.,.:.• 1\ / 'l que en ella el autor describe exactamente la relación entre
r<-t _ . , ~ "<Z. ~ c....,/--.?<. t-""' 4 C--1> t-IAl "-
J.'\" ( 0 1.1 '-"' 0 ' J · C. de la N. y ella misma.
f' "-~ 1.'
.JC 1 ,./\1 "1
f
No es una mera coincidencia: ~ signa la con- '.
. ( \ [ . , 'f ¡n...•YI ''-"> ¿.. 1.1 •"-'tri:!"'' • d
Primer tiempo 'j . . , } J"'.f ~...,..;., r,,,,,. A.)
F.cción delirante. Aimée podía llamar por su propio nombre
f Aimée nació en 1892. El primer acontecimiento impor- ( ~~ Pierre Benoit a quien se inmiscuía en su vida privada al
1tantees, a los dieciocho años, su amor por un joven poeta de extremo de publicarla, para hacerse un nombre entre el pú-
pueblo, que duró tres años y la llevó a sostener una larga y __bJico a expensas del nombre deAimée. ~otro se intere~a:
fiel correspondencia. Pero ese amor, desgraciadamente, no ha en ella y no ella en él: postulado de todo delirio. La inicia-
( fue correspondido. Se transformó entonces en odio, debido tiva de la intru~ de algüños sigñificantes podÍa atribuir-
al encuentro en Melun con una compañera de trabajo en la se por fin a un nombre y recibir una significación: Pierre
administración postal: la señorita C. de la N. Benoit escribe sobre mí y mi relación con C. de la N. en be-
'- Esta mujer, a quien Lacan califica de intrigante refina- neficio de su propia notoriedad.
da, fue el objeto de una verdadera adoración por parte de la \.- En efecto, «los llamados fenómenos primitivos(. .. ) no
joven Aimée, en razón del fracaso de su primer amor. Las explican la fijación y la organización del delirio», 4 escribe
confidencias compartidas sobre el antiguo amor no corres- Lacan. Sólo caen en un delirio el día en que el enigma de su
pondido otorgaron a C. de la N. un seguro ascendiente sobre intrusión encuentra por fin su respuesta. Así, el saber reve-
Aimée. En la relación imaginaria yo-yo ideal, C. de la N., lado del goce de P. Benoit tuvo un carácter iluminador: «Eso
perteneciente a una familia de la nobleza venida a menos, pareció hacer algo así como un rebote en mi imaginación>~
ocupó en lo sucesivo para Aimée el lugar de mujer ideal. confiesa Ainíée a Lacan:- - - h -

Esa intrusión del otro no carecería de consecuencias. La La novela de P. Benoit es la historia de dos mujeres fasci-
relación duró cuatro años. Luego, en 1917, Aimée se casó nadas la una por laotra; entanfo que un fiüiñbre-amado y
con René Anzieu, un compañero de trabajo: un aborto natu- -fallecido las une y_ opone..a la v~z:

-
ral y después el nacimiento de un varón, Didier, en 1923.
Ese año 1923 es decisivo. Aparecen «fenómenos elemen- «Ahora, ya hiciera buen tiempo o lloviera, ya estuviesen
-
tales»:señSacion de penetración, de adivinación del pen- tristes o alegres, ya pasaran por la orilla de un estanque o

3 !bid., pág. 167.


2 4 !bid., pág. 217.
Reedición, París: Seuil, 1975.

84 85
atravesaran un bosque, todo era para ellas un pretexto para Sí, pero he aquí que, en momentos de sobresalto, la seño-
evocar al muerto gracias al cual se habían unido tan sóli- ra de Saint-Selve sabe afirmar su yo, su lugar de elegida
damente como si hubieran sentido sus manos juntas en las frente a la intrusa:
manos frías de aquel». 5
«Jacques, además, había sido su marido, ¿no era verdad?
Se reconoce aquí el trío gue formanAimée, C. de la N. y Conservaba de él ciertos recuerdos que le permitían, si que-
el~poetª'- LacanTo señaló al escuchar aAimée hablarle ría tomarse el trabajo, hacer temblar de celos a su d~igtdª=
aé C. de la N.: «No podemos -escribe- dejar de vincular la da interlocutora. No teñía más que hablar, decir, aunque la
nueva actitud amorosa de Aimée con el fracaso doloroso de evocación de esos detalles la devolviera enseguida, extasia-
su primera aventura».6 0!:._a y delirante, a su lecho de dolor».9
Pero, ¿de qué manera? Como C. de la N., Anne de la Fer-

~
té es una joven de la nobleza venida a menos; su padre, el Tales pasajes tienen un valor iluminador para Aimée:
conde Michel de la Ferté, dilapidó la herencia. La muchacha no es exactamente eso lo que ella vivió, al hablar a C. de la
tiene una rival en la señora de Saint-Selve, que acaba de . del joven poeta amado y perdido?
perder a J acques, su marido, es decir, el hombre con quien Lacan no habla del carácter decisivQJiela..lectura de esa
Anne había estado comprometida. Con una tranquila apa- novela, que desenc~ un delirio e~ 1923. No obstante, se
riencia de bondad y devoción a una enferma, Anne muestra interroga: «La fech; de aparición del perseguidor masculino
una curiosidad invasora y suscita los recuerdos sobre el en el delirio sigue siendo un problema». 1 Lo seguro es queº
hombre amado: en MelunAimée leía: «¿Qué se puede hacer en Melun salvo
leer?», decía. Y he aquí que en 1923 aparece una novela de
f:Así, las noches se sucedían para ellas, entrecortadas de al- P. Benoit en la cual puede reconocer sin esfuerzo episodios
ternativas hostiles y tiernas. La aurora lluviosa las encon- esenciales de su propia vida. Pero delirar es ver en ellos no
itraba hablando aún de su pasado, evocando ese pasado car- un azar feliz o desafortunado, sino-?n~tenciÓn del auto1 _¡ l,1 ~
intenció? apu!!.t.ada hacia ella, directa y exc!usivamentEl; -1 {.¡~;.,
nal que, uniéndolas, las oponía». 7
1 ~ Por eso ese delirio se constituirá a fines de 1923, a punto tal i..C'-c .....:..., ¡
que su familia internará a Aimée en Epinay-sur-Seine ........, !.......N",
en-r.,

~
, '\ Mediante la anexión de la vida de la otra, Anne revela -- -
. )\ poco a poco un odio y una frialdad espantosos ... hasta la o~bre de 192! ~-··~:<;...,~~
muerte de la querida enemiga. Así, desespera a la agonizan- Saldrá de allí algunos meses después, en marzo de 1925, ~ ..,,~~""'
1 «no curada» de su delirio, pero decidida a actuar. Deja en- ..:_: ;z,:.,
( l'í.c \ te con sus confidencias sobre Jacques:
, v. \..~ l t~nces a su marido y su hijo en agosto para ir a vivir a París. "'aJ' fi; ,,_.,,
,.., . ~' '- «Hasta que, finalmente, se hundiera, reducida a vo~untad, r''2:;."'
\t.._.~ l--r:1-·:~_··-
entre sus almohadas desordenadas, la señora de Samt-Sel-
v1~ -.,_,..~
ve escuchaba con avidez las confidencias monstruosas sali- Tercer tiempo _,....,.. e.~

~s de esa sombría imaginación de virgen». 8 .,.;d.c


f...r/'". ~-. .
Como lo mostró Clérambault acerca de las psicosis pa-
r~r.'.:,.'"
sionales, la erotom~a vira rápidamente hacia el delirio de
persecución: él me roba mi vida privada, quiere matar a mi

5 Mademoiselle de la Ferté, París: Albín Michel, 1923, pág.


rita de la Ferté, Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1952.)
149. [La seño- -- ----- - - -
hijo, me vigilá"Ror intermedio de mujeres. -
-·-
·

6 De la psychose parano'iaque . .. , op. cit., pág. 228.


7 Mademoiselle . .. , op. cit., pág. 249. 247.
9 !bid., pág.
8 !bid. 10 De la psychose paranofaque . . . , op. cit., pág. 165.

87
86
Ese paso al tercex tiemw_es.Lespue~ta mediante_lUlJ~_c tQ. ,
a lo que exige la constatación indudable del contenido del
,..-....:- -~~
de Marguerite A!i~ieu~
·- --·
mée, ll!lva a cabQ lo C@e Flammarion rechazó con el nombre
-
·-
.....---...
delirio. Así, Aimée se siente llamada a ;,hacer algo».11 ~ Esta lógica del pasaje al acto en la psicosis nos ilustra.
como destino la misión de denunciar el mal del que se hacen La descalificación de la vida privada, tan sorprendente en
cómplices «artistas, poetas, periodistas», 12 para conminar a los psicóticos, no debe tomarse como un déficit, sino como el
las autoridad esapoñerle remedio.-Es un deber. llamado a una inserción socf:!!:J en la que el._112mbre nroRiQ
Pero ¿mediante qué acto? Aimée no vacila; hará justicia nunca se reduzca a un nombre común: ¡público sí, basl!re~-
, 1 orla misma vía que denuncia en los otros: publicando. Y donoT*"'Esa es la paradoja de-esté acto. · -~ ·~
(. .1~ 1 ~1A''l~~ja el m~uscrito de su primera novela,..Le détracteur, en
tf Jº7Jc.l. ~ammanon. Pero, ¡ay!, se lo devuelven rechazado.
t ' ' ¿Va a fracasar entonces en su misión? ¿Su nombre va a
seguir siendo desconocido para el público? Y:a n9 t~ene 1!11
nombre de pila propio, puesto que le pusieron el de su her-
hiana mayor, P!E::n:n~turfil!.l.E¡nte I!!Uerta;_a raíz de !lS~fallec:Í::__ Los archivos del museo Rodin, así como los documen-
miento, su madre hizo U1Ldelirio de_p_er.secución_.. La apues- tos en poder de los descendientes de la familia Claudel, se
~ta, por lo tanto, es hacerse por sí misma un nombre, al mar- abren poco a poco al público y nos permiten «hacer caso» del
gen de la vida privada. El camino «normal» habría sido que destino de Camille.
su escritura llegara a ser pública gracias a su editor, y que El primer acontecimiento que constituye un destino es la
de ese modo ella lograra protegerse del delirio mediante el muerte prematura de su hermano mayor, Charles-Henri,
reconocimiento del público. fa líeCiCl.OelT6d.eagosto-de l863,-quinced ías después d-;ñá-
Pero, puesto que la rechazan, va a hacer justicia de otra cer. La s~~l-ª.11deljlará el duel;;porél durante toda su
manera, atacando a una mujer no rechazada como actriz y vida, y en lo sucesivo sólo se vestirá de n~W· Más adelante,
promovida entre el público por P. Benoit, ya que r~Rresent& Paul Claudel podi:a aartestimonio de ese duelo incumplido
en el teatro su obra Kamigsmark : Huguette ex Duflos. Y en- mediante esta confidencia: «jNuestra madre nunca nos be-
i onces s.~ p_rod'l!Q.§..1ª_~uchillada del 18 de abril de 1931 , ~ saba!». - -- - -
tada a la cómplice de Benoit en la entrada del teatrq. - - Ca mille es una niña dotada; a los doce años ya esculpe y
" Así, con el pas-o de lo imposible a lo posible, Aimée hace su primer encuentro decisivo será el de Alfred Boucher,
justicia en el lugar mismo en que la ley claudica ante el mal quien la iniciará en la escultura y sabrá reconocer sus do-
de este mundo: ¡que el público conozca la injusticia de la que nes. El encuentro se produce en Nogent, donde el padre
ella es víctima! Media nte este acto e:iZplosivo: Aimée tiene-- trabaja entonces como funcionario. Pero cuando lo destinan
éXitO; en efecto; c¿mo-dirá Lacan en 1975 en la Yale Univer- a Vassy, se suscita un «cataclismo», según la palabra que
slty, ya al día siguiente, «esa persona veía su nombre en los utilizará Paul: Camille, que cree tener vocación de artista,
diarios a raíz del gesto cometido contra una actriz por en- logra que sus padres se separen: el padre permanece en
tonces célebr.e».13 A raíz del éxito, veinte días después el de:
- ~... . ... --- - _..,. .............-. ·~ - !l!to....
Vassy mientras la madre va a vivir con sus tres hijos a Pa-
lin~ desaparece co!1;!o ~v~~~I~ vi~~·~imée s~ h~ :~­ rís, a fin de que Camille pueda trabajar en un taller de es-
~fado en una «persóñai{aad» de la qu.e s~ habla púohca- cultura, el de Colarossi. Esto sucede en 1881, cuando la jo-
mente, y Laca~ confirmará ese ~cto median~ la publicacióñ_ ven tiene diecisiete años.
.
de su tesis en la editorial Le Frarn;ois: con el nombre de Ai-
- - - ---~-· -· ··- --
11 !bid.' pág.
170. *En el original, «public, oui, poubellifié, non!». Aquí el autor juega con
12 !bid., pág.
166. cierta semejanza entre los sonidos de public y poubelle (cubo de la basu-
13 «Conférences et entretiens dans des universités nord-américaines», ra), de la que ya se valiera Lacan para forjar el neologismo poubellication.
Scilicet, nº 6-7, P arís: Seuil, 1976, pág. 9. (N. del T.)

88 89
Primer tiempo sión en mi vida?». Y no hay respuesta. Camille intenta una
ruptura en 189~ y mon~a un t~ller pro:PiO'eñfil boy tevaw
En 1883, vale decir, dos años después de su llegada a Pa- d'Italie. Tiene un éxito social objetivament~.asombroso:. e~

~ que tiene exactamente la misma edad que'-""- -


rís, se produce el encuentro con Un padre real, Auguste Ro-
la señora
reconocida,...sale ael anonimato. Pero no es una ruptura con
ROain: sifüenseven.poco, se éscriben regularmente. ¿CÓ~~
Claudel, cuarenta y tres años, mientras que Camille tiene respoñder a esos enigmas, a esos «fenómenos elementales»?
diecinueve. A raíz de ese encuentro, Camille deja el taller Aquí se pone en juego la noción de acto, con el aconteci-
olarossi para empezar a trabajar en el de Rodin. Intrusión miento capital que va a determinar el futuro de Camille: el
del otro: muy pronto, Auguste la distingue. Entre todos sus acontecimiento que va a unir su amor y su arte, su arte c-;:'
alumnos, la privilegia y le confia la tarea de modelar las ma- mo exposi.Ción publica del amor, como paso de lo"'p rivado a lo
nos y los pie~~~SJ?!.9@.as ~statuas:Así, fapr1mera cues- público con su propio nombre de Camille Claudel.
t ión que se plantean hoy los peritos cuando ven una esta- Bruno Nuytten lo mostró con muchajustez.a en su filme:
tua de Rodin es la siguiente: «¿Las manos y los pies son ver- lo decis ivo ser'áun- proyecto de escultura que en un princi:
daderamente de Rodin?». Tienen dudas en el caso de unas pio es aceptado por el director de Bellas Artes y firmado en
cuantas obras. Ahora bien, el problema se plantea así: de to- 1895. En 1898 el pago aún está pendiente. Se concretará el
das maneras, quien firma es Rodin. Sistemáticamente y 5 de enero de 1899. Camille p__Qlle manos a la obra, pasa del
siempre, quien firma con su propio nombre es el maestro. modelado del yeso al~ y el 16 de junio est~ se encuen-
Pero pronto va a plantearse una segunda cuestión: la del tra terrñinado.-Ahora bien, ef 24 de junio el director de B_e-
trío. En efecto, Rodin tiene una mujer, No están casados llas Artes can~eiá el enc~rgo de una manera brutal y sin ex-
(sólo se casará con ella en su lecho de muerte), pero viven ~~icacio~ ¿Qué pasó, entonces, entre el 16 y el 24?
juntos en Boulogne, en una casita. La mujer se llan1a Rose
Beuret; tiene cuatro años menos que él. Aunque Rodin no
siem-pre le es fiel, siempre vuelve a ella. Rose es la comodi-
dad, quien sabe hacer una buena sopa y lo recibe en cual-
quier momento. Auguste tiene amoríos, pero pasajeros.
A partir de ahí van a nacer los celos en Camille. ¿Por
qué? Porque algunos años después del primer encuentro
(entre tres y cinco años, según los historiadores), Rodin to-
ma la iniciativa.de- alquilar en-el boulevard d'Italie, en el
parque Clos-Payen, que hoy no existe, una casa del siglo
XvrII, la Folie-Neubourg. Y en e lla se reúne con Camille-en
secreto y la hace su amante. La joven quedará eiñoarazada
yáeberá aoortar (al comffiita:r·rñás adelante el suceso con la
esposa de Romain Rolland, su hermano Paul condenará ese
acto). Así, irá a vivir a Turena durante algunas semanas,
oculta, siempre oculta.
Surgirá entonces en ella, poco a poco, una doble r.eivindi-
~ón IJara ~alir del anonimatq. Ante todo, ser la mujer de Camille Claudel, La edad madura, Museo Rodin, París,
Rodin, públicamente; además, tener sus propias exposicio- © Adagp, París 2000.
nes de sus propias obras, con su propio nombre. Así nacen
los significantes que constituyen un enigma: «¿Qué quiere Simplemente, que ese paso de lo privado a lo público de-
él, entonces, al ocultarme de ese modo? ¿Por qué esta intru- .
-
terminó la intervención de Rodin ante' el director de Bellas
- - - -

90 91
Artes, a fin de gue el pedido fuera anulado. ¿Por qué? Se tra- !~ólo hay uno que le muestra su interés, siempre el mismo, ni
ta de l~.~~~~ul!~:..i: ~e Le; e<!.ad:_rr:.a~6 también titulada..f:~ ~os, ni tres, sino uno solo: Rodin ... ¡para plagiarla!
caminos de la vida. Tres personajes: en el centro, Auguste
R~din, un anciano;·que se apoya con su brazo derecho sobre
una mujer de su edad, su sostén; a su izquierda, una mujer Tercer tiempo
joven arrodillada que, con el rostro dirigido hacia él, inten-
ta en vano atraerlo. ¡Escándalo, indiscreción! Lo que está Los pasajes al acto se sitúan en este tercer tiempo y van
oculto debe seguir estánd.OIO y no hacerse púb lico. Rodin To a determinar, en sustancia, el resto de su vida. A partir de
~echaza. Es él quien tiene el poder; es un hombre de éxito, 1906, Camille destruye sistemáticamente, cada mes de ju-
con buenas relaciones. Para Camille es el fracaso de la expo- nio, sus propias obras, que oculta en su taller y se niega a
sición de su amor a los ojos del público. mostrar. Toma vacaciones enjulio y deja el taller del muelle
Bourbon en París, a orillas del Sena. Destruye con una gran
maza todas sus obrl:!§., año tras año. Hace de su taller u~
Segundo tiempo fortaleza; clav; las persianas y las ·puertas, prohíbe la en-
trada a todo el mundo.
El acto ha fracasado y por eso, algunas semanas des- Segundo pasaje al acto: deja de alimentarse, porque sa-
pués, hace eclosión un delirio. Como el acto de la obra de be que la banda de Rodin quiere envenenarla. Sólo come
arte «pÜo fícifaaa» no puaoengirse en respuesta, será nece- huevos duros protegidos por la cáscara, metáfora de esa
sario, por lo tanto, dar otra, la del psicótico, un delirio de fortaleza que ha levantado para proteger su taller, su vida, a
persecución: sí misma. Vive por lo tanto en la miseria. Sólo el sostén de su
padre, que todos los meses paga el alquiler del taller, le

~
a banda de Rodin -como ella la llama- me glagia, Cada permite continuar de esa manera, hasta que en 1913 aquel
ez que hago una estatua, me la .robaii. o la copian. Y tienen muere.

~L
xito con un nombre que no es el mío». Y cuando muere, el 2 de marzo, la señora Claudel queda
bre. Por fin puede intervenir: el 10 de marzo de 1913, por
Sin embargo, se le proponen exposiciones que ella acep- ntermedio de los médicos, hace encerrar a su hija en Ville-
ta. ¿Qué dicen los críticos, empero? Camille lee exclusiva- Evrard y luego en Montdevergues, cerca de Aviñón, duran-
mente las críticas que señalan: «Caricatura del genio de Ro- te casi treinta años. Y logrará que el director del hospital
din». Es bello, pero sólo una caricatura. Entonces, ¿quién prohíba todas las visitas, así como la correspondencia.
imita a quién? ¿Rodin imita a Camille, o a la inversa? El de- - En otras palabras, como el acto de exposición de La edad
lirio da una respuesta: «¡El que me imita es él!». Frente a la madura no fue posible, es preciso otro acto, este sí posible.
ambigüedad de la opinión, Camiiie respondecon su delirio: La apuesta es que el público conozca la injusticia de la que
«jRodin y su banda me roban mis ideas, mis Qbras!». Más es víctima: «Hago justicia por mí misma, allí donde la ley
~ó."ñ,' cüá;ao ella tie ne un éxito de orden social, público, gra- claudica». E~ es, una y otra vez, la fórmula del pasafe al
cias a una exposición, no puede atribuírselo. acto. .. . - '
En lo sucesivo, va a rechazar todas las propuestas de sus
amigos para que monte exposiciones. Se niega a todo y es-
cribe: «Toda la vida me perseguirá la venganza de ese mons-
truo», el perseguidor, Augiiste Rodiñ: Así~ el delirio se siste~ Conclusión
matizá: robo de estatuas, -éñVenenain1entol Y-resutfin:¡ue
~;;hace creer qÚe ella le debe todo! Pór eso, cuando al- Dos veces, una con Marguerite, otra con Camille, tene-
1
guíen se interesa en su persona, Camille se sorprende. Pues mos una tentativa de acto antes del delirio para dar res-

92 93
puesta a la intrusión del otro mediante una serie de signifi- Hoy, más que nunca, la participación social se cumple
cantes privilegiados: intento de acto por el arte, en cuanto por la imago del cuerpo propio, presentada, expuesta, «pu-
este es efectivamente uno de los medios privilegiados de ha- blicitada». De allí la conclusión de Lacan:
cerse un nombre. Un pasaje a lo público daría respuesta a la
intrusión del otro, pero una y otra vez el intento fracasa. «Es evidente que el gran tema del delirio de nuestra pacien-
Se produce entonces el paso al segundo tiempo del delirio te no es otro que la imagen que señalamos como una forma
y al tercer tiempo, que es el de otra clase de acto, lo que psi- moderna de la participación social, a saber, la de la estrella
quiátricamente se llama «pasaje al acto» violento: en el caso del teatro o el libro; de ser hombre, habría sido la del depor-
de Camille, la destrucción de sus estatuas; en el deAimée, el te o la exploración. La situación vital de nuestra enferma,
asesinato con un cuchillo de caza, por no haber podido con- campesina desarraigada, nos hace concebir la posibilidad
seguir un fusil, ¡aunque Dios sabe que lo intentó! de que una imagen semejante haya servido de motivo co-
En ambos casos, el fracaso del acto de hacerse un nom- mún a su ideal y su odio». 16
bre tiene como consecuencia un delirio de erotomanía que se
invierte para transformarse erÍ áeiino de persecución. En Estrella del teatro como era Huguette ex Duflos para Ai-
Aimée, sólo cesara-por ~saje-al acto he cho públic";gra- mée, o estrella del libro como logra ser James Joyce, o estre-
cias a los diarios. En cambio, en el caso de Camille prosegui- lla de la escultura como no llega a ser Camille Claudel. El
rá en Montdevergues, y su pasaje al acto será un aparta- delirio de Aimée sobre la «divulgación literaria de su vida» 17
miento de la publicidad posible, por la negativa a ser vícti- por parte de P. Benoit muestra con claridad la fascinación
ma de un robo. por la imagen de Huguette ex Duflos, como actriz promovi-
En su tesis de 1932, Lacan ya supo discernir lo que luego da a la consideración del público por el propio Benoit. Ese es
confirmaría: la relación entre la psicosis y la condición del sin duda el signo de un modelo de mujeres de fuerte «parti-
hombre moderno. «Los trastornos afectivos y mentales» no cipación social». Así, la erotomanía como convic.ción ge q_ue
son un déficit, sino la «Vía» por la cual Aimée «Supo tomar otro está interesado eñ «mÍ» (y no a la inversa) tiene por ob-
con las ideas, los personajes y los acontecimientos de su jeto personálidades importa~tes de la vicia.públ ica, artísti~
tiempo un contacto mucho más íntimo y, a la vez, más am-
c;:a, medi ática, política o religiosa.
plio de lo que implicaba su situación social». 14 Así, Lacan
Siempre, como en el caso de Joyce, la apuesta es ser el
puede agregar:
sínthoma, ser el cuarto elemento que anuda RSI, gracias a
«Las concepciones mismas de la psicosis, cualquiera sea el una participación social manifiesta. Esa constituye en efec-
descrédito en que caigan por su motivación radicalmente in- to la psicosis del hombre moderno, coñdeñ.ado tal como es-ai
dividual que es el dato mismo del delirio, traducen curiosa- ~onimato de la -vida urbana: si la dicha no se encuentra erÍ
mente, sin embargo, ciertas formas, características de nues- J."avida prívada, se impone-ei'éxito social, so pena de delirar.
tra civilización, de la participación social». Pero si se impone el delirio, sólo el acto hará que deje de
darse a conocer al público. Así, cuando escribe sobre las Me-
Ese es el punto capital: la puesta en primer plano, frente morias del presidente Schreber, Freud designa la «Cura-
al público, de imágenes de personalidad: «En efecto -escri- ción» por un acto que no es la concreción del fantasma, sino
be Lacan-, nada menos que un papel semejante, frente a un pasaje a lo público:
las masas humanas características de nuestra civilización,
es el que asume la imagen de la estrella, ya sea la del diario «Contrariamente a la puesta en acto (Betdtigung) del fan-
o la de la pantalla».15 tasma de emasculación (Entmannung), el enfermo nunca se
14 J. Lacan, De la psychose paranofaque. . ., op. cit., pág. 317. 16 !bid., pág. 318.
15 !bid. 17 !bid.

94 95
propuso otra cosa que la publicación (Veroffentlichen) de sus II. Perversión
Memorias, para hacer que se reconociera su misión de re-
dentor».18

18
S. Freud, «Remarques psychanalytiques .. "" op. cit., pág. 273.

96
l. Un escandaloso descubrimiento

Aunque el psicoanálisis ya tenga un siglo de vida, aún


sigue escuchándose la afirmación: «jEs un perverso! ¡Es una
perversa!».
Habría podido pensarse que ese sustantivo desapare-
cería finalmente ante el adjetivo que califica un acto o un
fantasma, o bien que se borraría para dejar su lugar a lapa-
labra «perversión», que designa un campo y una estructura.
Pero no ha sido así. La nominación de perverso(a) como sus-
tantivo persiste en la llamada opinión ilustrada, así como
en el discurso médico-legal o psicológico. E incluso entre los
psicoanalistas.
En cambio, la investigación epistemológica sobre las ra-
zones de esa nominación fue escasa. El psiquiatra francés
Ernest Dupré decía en un congreso de alienistas:

«El término perversión es uno de los que se emplean con:


más frecuencia en el lenguaje psiquiátrico; lo encontramos
habitualmente en las observaciones clínicas, los informes
médico-legales y los certificados de internación(. .. ) Ahora
bien, si se recorre la bibliografia corriente sobre la aliena-
ción mental, si se consultan los grandes tratados de psiquia-
tría, no se encuentra ninguna obra, ningún capítulo consa-
grados con ese título a ese tema».

Así sucedía en 1912. Pero, ¿es verdaderamente diferen-


te hoy?
En efecto, podemos interrogarnos sobre ello. Ese estan-
camiento del saber procede de la historia de la palabra «per-
versión». Su sentido no deja de depender de la palabra de la
que proviene: la perversidad. Ese sentido moral y religioso
es primordial. En~el ser humano hay una duplicidad, una
«moral insanity»: quiere el bien, cree en él y lo dice, pero ha-
ce el mal. Lleva a cabo el acto de l!,erv!Ir,!ere, nos dice su raíz

99
latina, vale decir, de <~tergiversan> el_bi~nJ¡n m31!:,Lo que era Por eso esta ausencia de demanda crea una ausencia de
bueno «Se desvía» y se invierte en su contrario; se hablará investigación psiquiátrica. Así, bastará con hablar de des-
así de efectos perversos. viaciones del instinto, de su inmadurez, de su fijación regre-
La inquietud de la predicación eclesiástica consistió en siva o de degeneración. Pero ¿por qué?
indicar por la ley la frontera que no había que traspasar y No obstante, a fines del siglo XIX se dio un paso adelan-
castigar a quienes la transgredieran. Pero la religión no tie- te, por ejemplo con Magnan en 1885, con Kraffi-Ebing en
ne ese privilegio. En efecto, la sociedad política está directa- 1887, con A. Moll en 1893, quienes hacían referencia al ins-
mente concernida. Y por eso el poder judicial actúa con una tinto sexual. La sexualidad es la verdadera razón de la per-
triple función: enunciar la frontera, castigar al transgresor, versión en la medida en que el placer sexual puede llevar a
proteger a la sociedad evitando la reincidencia del acto. la anormalidad.
Ahora bien, en lo que se refiere a las dos últimas funcio- ¿En qué caso? Kraff-Ebing nos responde en su texto reor-
nes, en el siglo XIX se produjo un nuevo acontecimiento: la ganizado por A. Moll:
apelación del poder judicial al discurso médico para que se
pronunciara sobre la responsabilidad del sujeto. ¿Se trata «Krafft-Ebing declaraba perversa cualquier exteriorización
de «perversidad» moral o de «perversión» patológica? del instinto sexual que no responde a la meta de la naturale-
E'n efecto, lo lega(y lo médico se encÜentrañ anteese fe- za, es decir, a la reproducción cuando surge la oportunidad
11Q!peno ~mano e i.!l.humano del exceso, l~ desmes~_ la- de una satisfacción sexual natural». 1
violencia de una fuer.za i!?-terior que se impone. Así, el juez
interroga al médico: si esta fuerza que empuja al acto de la La naturaleza nos da la finalidad consciente y no violen-
llamada transgresión «perversa» es tan irresistible y pode- ta de la sexualidad. Tergiversar ese bien en mal es transgre-
rosa, ¿no se debe a que el sujeto está enfermo y por lo tanto dir su objeto y su meta, si se admite que el objeto según la
es irresponsable? naturaleza es la unión genital heterosexual entre dos adul-
El ámbito médico responde hablando de monomanías tos; y la meta según la naturaleza es la satisfacción sexual
instint_ivas
- ..
(Efill.uirol), búsqueda
L-
de
-
excitació~t), - .
~- de uno y otro a raíz de esa conjunción.
restesias (Kraffi-Ebing), etc. La pericia consiste entonces en Así, la clasificación se modifica, se ordena y se diversifica
incluir tal o cual conducta en las clasificaciones descriptivas según el objeto y según la meta. Kraffi-Ebing fue con ello ca-
de la perversión. Se hace semiología, inventario y nomen- paz de clasificar las perversiones:
clatura para responder a los jueces.
Pero al someterse de tal modo a la demanda del campo «Las perversiones se dividen en dos grandes grupos: en pri-
judicial para evitar la reincidencia y proteger el entorno, el mer lugar, aquellas en las cuales la meta de la acción es per-
psiquiatra evita hacer progresar la ciencia de las causas. versa, y aquí hay que incluir el sadismo, el masoquismo, el
¿De dónde procede entonces esta anormalidad, calificada de fetichismo y el exhibicionismo; en segundo lugar, aquellas
patológica? en las cuales el objeto es perverso, mientras que la acción,
Podría pensarse que la psiquiatría progresó en la res- las más de las veces, lo es como consecuencia: es el grupo de
puesta, en la medida en que la clínica no se reduce a la peri- la homosexualidad, la pedofilia, la gerontofilia, la zoofilia y
cia. Y sin embargo no hay nada de eso, por la sencilla razón el autoerotismo». 2
de que el susodicho perverso no se considera como un enfer-
mo. La mayoría de las veces se trata de hombres o mujeres
respetables y respetados en su vida social, profesional y fa-
1 Psychopathia sexualis, edición refundida por A. Moll, Castelnau-le-
miliar, pero que tienen por lo demás, secreta y discretamen-
Lez: Climats, 1990, pág. 86. [Psychopathia sexualis, Valencia: La Máscara,
te, otra vida al margen de la mirada de los custodios del or-
2000.]
den médico-legal. 2 !bid., pág. 86.

100 101
Tal fue el avance de cierto saber psiquiátrico, a la vez embargo, ¿no nos indica Freud que la perversión sólo es con-
que, por otra parte, se salvaguardaba lo esencial: definir lo cebible artiCülada p oi," con y en el compléjo de Edipo? Res-
punible, proteger el futuro. ponder a-esta pregunta es retomar con Lacaii la lectura de
Freud en su investigación a partir y más allá de los Tres en-
sayos de 1905.
En 1915, en «Pulsiones y destinos de pulsión», Freud nos
La ruptura freudiana habla de su tentativa de hacer coincidir el amor por el otro
como objeto sexual con la síntesis posible de las pulsiones
El escándalo de la novedad del psicoanálisis radica en parciales en una sola pulsión totalizadora. Dice lo siguiente
suprimir la frontera entre perversión y normalidad. ¡Basta acerca del amor:
de condenas! Hay «impropiedad» (Unzweekmiissi1tkeit), es-
cribe Freud en los Tres ensayos de i905, «en el empleo r~pro­ «El uso de esta palabra para una relación semejante sólo
batorio de la palabra perversión». 3 puede comenzar con la síntesis de todas las pulsiones par-
En efecto, todos los niños son «polimorfamente perver- ciales de la sexualidad bajo la primacía de los órganos geni-
sos» en cuanto a la meta (Ziel) y el objeto (Objekt), porque la tales y al servicio de la función de reproducción». 5
sexualidad infantil es en su origen una libido de las pulsio-
nes parciales con objetos pregenitales (oral, anal, escópica, Pero, ¿es verdaderamente posible? Freud nos confiesa su
vocal). Ahora bien, es universal, ya que todo ser humano ha perplejidad: «Preferiríamos ver en el amor la expresión de la
sido un niño: pulsión sexual total, pero pese a ello no salimos del apuro».6
- En efecto, no es tan sencillo. Amor y sexualidad no se
«Frente al hecho, reconocido desde entonces, de que las in- confunden, como preferiríamos pensarlo y hacerlo creer. Si
clinaciones perversas estaban ampliamente difundidas, se amar es ser amado en el propio yo total y unificado, ¿pasa lo
nos impuso la idea de que la predisposición a las perversio- mismo con lo pulsional? ¿Amor y deseo sexual coinciden?
nes era la predisposición original y universal de la pulsión Podemos salir de este apuro si apelamos a otro Freud, el
sexual humana». 4 que poco a poco va a identificar perversión y Verleugnung .
Es la elección que hizo Lacan para upa diyisoria entre un no
y un sí. Por un lado, no se puede decir, según la lectura que

f
Sólo la primacía ulterior de lo genital debía permitir la
uperación de las perversiones por unificación de las pulsio- hacen algunos, que la perversión infantil universal no es
nes parciales de la vida infantil en una sola pulsión totali- más que un estadio provisorio del desarrollo de la sexuali-
zadora, dirigida hacia el llamado objeto genital heterose- dad humana. Esta es negación del instinto en cuanto ten-
xual, de acuerdo con el modelo de la finalidad biológica de la dencia finalizada por tal o cual objeto según una ley de la
~eproducción. naturaleza. La libido es la anti-physis, y en ese sentido es
Justamente en ese punto los psicoanalistas se dividen. perversa o no es. Lacan no dejará de repetir esta negación:
Para algunos,Ja_p_eJ:Y.e rsión swa1ª'..Qe.:rsistencia de u~­
ción a una pulsión parcial: se trataría del signo de un retra- «La sexualidad sólo se realiza por la operación de las pulsio-
so en el desarrollo yilleVolución hacia la pulsión genital. Se nes en cuanto son pulsiones parciales, con respecto a la fina-
definiría por una detención (ein Verweilen) en tal o cual pla- lidad biológica de la sexualidad». 7
cer calificado de preliminar, pero que no tiene nada de tal.
5 S. Freud, «Pulsions et destins des pulsions», en Métapsychologie,
La transformación por el Edipo no habría tenido lugar. Sin
op. cit., pág. 40. [«Pulsiones y destinos de pulsión», en AE, vol. 14, 1979.)
6 lbid., pág. 34.
7 J . Lacan, Le Séminaire, Livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de
3 S. Freud, Trois essais sur la théorie sexuelle, op. cit., cap. 1, § 3.
4 lbid., pág. 179. la psychanalyse, op. cit., pág. 161.

102 103
r --En efecto, «la pulsión, en tanto representa a la sexuali- jcomo falo desplazado.. ~a perversión es renegar de la dife-
dad en el inconsciente, nunca es sino pulsión parcial» ;8 y por l!encia sexual: todas las mujeres tienen el falo.
1~so «no hay acceso al Otro del sexo opuesto como no sea por •· Freud se mantendiá fiel a esta definición hasta su muer-
~ vía de las llamadas pulsiones parciales». 9 te, que interrumpirá la escritura del famoso artículo comen-
Ahora bien, esta negación de una finalidad totalizadora zado en 1938: «La escisión del yo en el proceso defensivo», en
es exactamente lo que Lacan leyó en Freud: el que !a Ichspaltu._ng es el efecto misplO de la Vfrleugnung,
: ecaída sobre la presencia del falo en la mujer. 0 d; . '-:/5'
1

- '} l {l :;/...L.( tí'i. "


«Laganze Sexualstrebung, representación de la totalidad de
la pulsión parcial-nos dice Freud-, no está ahí_ En el ca-
mino de este resultado, los conduzco tras él y les afirmo que
todo lo que aprendí de mi experiencia concuerda con ello».10 El comentario de Lacan
Pero ¿Lacan va a quedarse ahí? No, se vuelve, con un La lectura de Lacan consiste en trazar la distinción en-
Freud ulterior, hacia otra definición, más precisa y sobre to- tre simbólico, imaginario y real. Freud habla de la percep-
do más explicativa de la perversión. ción visual de la ausencia de un órgano real en la mujer. La-
can desplaza a Freud: no se trata de lo r~al, sino del falo
imaginario y simbólico. La argume~tación se ordena en tres
tien:lpos. - ~
El punto de inflexión de 1910 "\
l. La madre no tiene el falo
En efecto, Freud no se conforma con definir la perversión P~ el niño que no es :gsicótico1 la _significación del deseo
como la negación del instinto cuya finalidad es la reproduc- de la madre no está forcluida; designa lo que le falta, es de-
ción biológica. Avanza paso a paso. En primer lugar, efectúa CIT,el s1gníficado del falo como significante de su deseo. Aho-
la conjunción entre el descubrimiento de 1905 del fetichis- r a bien, ese simbólico no carece de efecto sobre lo imagina-
mo del pie o de la cabellera como aberración de orden sexual rio. Si el niño ha recibido de su madre la significación fálica
(primero de los Tres ensayos) y, por otra parte, el descubri- de su falta, puede entonces hacerse para ella objeto fálico co-
miento de 1908 respecto de que entre «las teorías sexuales mo imagen (Lacan lo anota como phi minúscula: <p). El suje-
infantiles» están las consistentes en atribuir un falo a las to, varón o niña, es por la imagen de su yo lo que falta en la
mujeres. Ese lazo se anuda en 1910 con Un recuerdo infan- i~dre. Esa es la apuesta en el caso del no psicótico. La ~a-
til de Leonardo da Vinci: el fetiche es el Ersatz (sustit~ dre no tim e el falo, por lo tanto yo lo soy. .. ¡paraclla! / o rJ '/ ~11 r
fJ/7¡1 { ,-,,(
del falo de la madre. - -- - '\ Scfvf./cU,c {,;,',l-'"J -
De tal modo, Freud se encamina finalmente hacia una 2.JI:'.a angustia I
nueva definición de la perversión. Esta no es preedípica. Al Pero esta posición no es evidente por sí misma. Como
contrario, a partir del complejo de castración, la perversión dice Lacan: «Es siempre la cuestión de saber por qué medio
recibe en 1927, en el artículo «Fetichismo», su verdadero el niño dará a su madre ese objeto del que ella carece». 11-Y
nombre: ni una represión ni una forclusión, sino una rene- áñade: «Todo el camiO:-; en torno def c~á.lcl yo conquista su

~
ación <VerleugnÜng), e s-decir, una doble- posición a la vez: estabilidad se construye, justamente, en la medida en que él
econocimiento de
que la madre no tiene el falo y negación muestra a su madre lo que no es». 12 Sí, pero ¿cómo estar ala
e este reconocimiento: la madre lo tiene a través del fetiche altura del deseo de la madre?
8 J. Lacan, Ecrits, op. cit., pág. 849.
9 !bid. 11 Le Séminaire, Livre IV, La relation d'objet, op. cit. , pág. 193.
lO J . Lacan, Le Séminaire, Livre XI, op. cit., pág. 172. 12 !bid., pág. 194.

104 105
De lo imposible de responder nace la angustia de castra- SIR
ción. Por eso, sin duda, Lacan decía lo siguiente:
Ahora bien, esta lectura de Freud sólo es posible si se sa-
«Si hay castración, la hay en cuanto el complejo de Edipo es be descifrar en su texto estas tres funciones: simbólico, ima-
castración. Pero no por nada se advirtió, de manera tene- ginario, real. Sin esa distinción, no se entiende cómo puede
brosa, que la castración tenía tanta relación con la madre Freud, a partir de 1910, fundar la perversión sobre la rene-
como con el padre. La castración de la madre (. . .) implica
---
gación de la diferencia sexual.
para el niño la posibilldacT de ladevoraciün y el moraisco» .13 En efecto, no sin razón Lacan, en 1956 -vale decir, el
-- ' ·- año de su seminario La relación de objeto acerca de la per-
Ser el objeto fálico imaginario para colmar el deseo de la versión-, agrega su firma a un texto de W. Granoff justa-
madre es la angustia misma de ser tragado por ella. Freud mente titulado «El fetichismo: lo simbólico, lo imaginario y
lliililabá de horror (Gralien) a la ca stración de ia mujer. Lo lo real». 15 No ha escrito una línea de ese artículo, pero al fir-
hacía con referenciaa l fetichismo. En efecto, la perversió~ marlo da su acuerdo a lo que en adelante constituye saber
se origina allí como consecuencia de la angustia. compartido y comunidad de trabajo.
En ese texto, Granoffhace el análisis teórico de un caso 1Jº•·1
3.JLa madre tiene el falo de fetichismo presentado en 1930 por ~lexanderl,¡m:_anq: d., 4~. <'· <,
Tal es la Verleugnung: renegación de la primera posición, «Fetishism in statu nascendi». 16 Se trata de un varón de 1 <'
según la cual la madre no tiene el falo. Así, el sujeto puede cuatro años, Harry, a quien Lorand ve una o dos veces por
respirar: postula el fetiche como sustituto del falo faltante semana a lo largo de seis meses. El niño tiene la costumbre
{en la madre. Allí donde falta en ella el falo simbólico, el suje- de acariciar y besar los zapatos de las amigas de su madre.
~ sitúa un fetiche como falo imaginario. Pregunta si tal o cual de esas amigas tiene un gran «gatito»
«Lfl mujer, por lo tanto, tiene el falo en el mgirco ~ como su padre y dibuja tanto a las niñas como a los varones
de no tenerlo»,decía Lacan. 14 Es a la vez una cosa y la otra: con un «gatito».
_ay ~livaJe, di;isión, disyunción. Y el féticb,ismQ.__s e convierte ¿Cómo interpretarlo? W. Granoff responde: no se trata
en el ~aradigma de t~da perversión. Eirf?..litti~{}i por el lado del pene real, sino del falo en lo simbólico. En efecto, el feti-
: del obJeto materno tiene efecto de sphttingpor el lado del che debe tomarse comoelemeñ to de unaactividad simbólica
ujeto: él es el falo y no lo es, porque la madre no lo tiene en sin «confusión entre la palabra y Sl1 r~ferente» .17 La palabra

U cuanto deseante y lo tiene como fetiche en cuanto está col-


mada. Así, ~l sujeto no elige entre to be or not to be e~.
~l f~tic~ p..Q!_consiguiente una defensa contra @.@ -
hace presente lo que está ausente. ·
Pero, sin embargo, ~l zapato o ei pie, ¿no son imafJE!:_ fáli-
ca? No, contesta Granoff: «Lo imaginario sólo es descifrable
·

~
gustia del deseo de la madre; por eso, sin duda, tiene la mis:. si se presenta como símbolo». 18 En efecto, «el elemento ima-
ma funcióñqüela fobi~alar una protección en u~ pues- ginario tiene exclusivamente un valor simbólico». 19 Esta-
to de avanzada frente al peligro de ser devorado por el deseo mos «en el dominio de la búsqueda del sentido lenguajero
insaciable del Otro.
15 Publicado en inglés: W. Granoffy J. Lacan, «Fetishism: the symbolic,
the imaginary and the real», en Perversions: Psychodynamics and Thera-
py, Londres: The Ortolan Press, 1956.
16 lnternational Journal ofPsycho-Analysis, vol. 11, 1930. La traducción
francesa apareció en la revista Apertura, vol. 5, 1991, págs. 123-30.
17 Cf. el texto aparecido en francés en L'objet en psychanalyse, París: De-
13
Ibid., pág. 367. noel, 1986, pág. 24.
14
Le Séminaire, Livre V, Les formations de l'inconscient, op. cit., pág. 18 [bid.
453. 19 !bid.' pág. 26.

106 107
más que en el de vagas analogías visuales (por ejemplo, las
formas huecas que recuerdan la vagina),,.20
2. Delante o detrás del velo
El caso del pequeño Harry muestra claramente qué es la
interpretación analítica: pasar de la relación de dos según lo
imaginario visual a la relación padre-madre-sujeto según el
orden simbólico del intercambio. Así, la Verleugnung es el
~@9 de u:i:_i~~~cilación constru.ite entreu na y otra.- -

Si a partir de 1910 Freud presentó la perversión con la


ayuda del fetichismo, es porque este es el paradigma de
aquella. Así, Lacan va a poder presentar a partir del fetiche
la estructura de cualg_ uier 12erversión.
----r:oñ ace en el capítulo 9~se;ninario La relación de
objeto, ~ que muestra la doble función del velo o la corti-
na. El ~~s a la vez lo que oculta y lo que designa. En la
t ·· pervers10n, la tarea del sujeto es ocultar la falta falicn de la
madre, a un tiempo que designa 'COn la ayudauel velo la fi-
" gura de aquello que falta. De allí el esquema de Lacan:1
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El velo oculta la Nada [Ríen] que está más allá del Objg-
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to en cuanto deseo del Otro: lañ:nrrlre no tiene el fálo . Pero al
mismo tieiñP'OY p-ese a eIIO, el velo es el lugar en el cual se
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proyecta la imagen fija del fitlo simbólico: la madre tíeiiéef
fálo. · - -- ·• - - - _--- 1
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20 !bid., pág. 21. 1 Le Séminaire, Livre IV, La relation d'objet, op. cit., pág. 156.

108 109
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Delante del velo del Otro, 12 sorprende en su pudor y su intimidad; se intro-
duce en su mundo privado. ¿Gracias a qué? Ala hendidura.
Esta proyección de la imagen fálica que oculta y designa vr~ En el fantasma, el sujeto es la hendidura, a fin de que el
\
la Nada [Rien] es lo que el sujeto coloca delante de él. Según O!ro_g interes~a ców.p.,.gce, esté abierto a ese espectáculo
esta estructura, tenemos las siguientes perversiones: yparticipe en esa mostración.
El sujeto es hendidura, fisura del velo que seRara lo ocul-
Fetichismo
to de lo mostrado, lo privado de lo Rúblico d~spaci.Q__Qfil
Masoquismo Cftro~Freud habló de ello con referencia a la escena primiti-
Sujeto Objeto Nada [Rien] vá c~ncerniente a los padres. Lo que el Otro deja ver sin §1\.-.
Voyeurismo berlo es lo que permite negar Ía falta fálica, de conformidad
Homosexualidad con la cree;cia perversa: todos 108seres h~ffiaños tienen®
falo~ . ---- · -----·--., - - · ·
femenina

Velo 4. La homosexualidad femenina


En su seminario La relación de objeto (1956-1957), La-
l. El fetichismo can comenta el artículo de Freud de 1920 titulado «Sobre la r

~
, :1 'Í UV' ,:r;>sicogénesis de un caso de homosexualidad femenina». En
3 .., '"""
Pone un velo sobre la falta fálica de la madre. El velo es ..,,.
, f"~~dicho caso, lo que_~a joven desea en la Dama está más allq
1 ,;:.

el Ersatz del falo desplazado sobre el pie, el zapato, la pan- o


k {~de la mujer amada; es lo_que le falta, el falo simbóJico., La

1
2. El masoquismo
f
tufla, la trenza, la cabellera. ".:" t , , ~ c9--rJ~ .:.
,
Vf ,., .-"!,
"· ' AA~
_,,.
pervers10nliomosexual consiste en velar esa falta mediante
un sustituto, un Ersatz: el hijo como imagen fálica.
No debe definirse en relación de complementariedad con 'Y Para la joven, esa actitud es posible al identificarse con
el sadismo, o a la inversa. Gilles Deleuze y J acques Lacan lo su padre y asumir su papel. Ella ama como un hombre
mostraron: ¡nada de sadomasoquismo! (mannliches Typus, dice Freud). Tiene el pene y lo da a la
Freud describió el masoquisriiü'eñ su artículo de 1919, Dama, que no lo tiene. Y lo da de acuerdo con la equivalen-
«Pegan a un niño»: es preciso que el Otro tenga el látigo co- cia pene imaginario/hijo.
ft f.· 1 ( mo poder fálico. Leopold de Sachér Mas oCli no dejó de des- ¿Cómo llegó hasta allí? En el momento de la declinación
1' ' ' -I: eribir en sus libros esa demanda dirigida a una mujer, para del Edipo, dirigía las miradas hacia su padre en la expecta-
que esta disfrutara de absolutamente todos los derechos. tiva de recibir un hijo de él. En efecto, se complacía en ac-
Fue un éxito público. En cambio, en su vida privada, su 11!!!:. tuar como una madre con un varón de cuatro años, hijo de
jer Wanda sólo pudo cumplir el contrato de azotar a Leopold unos amigos de sus padres. Pero, dura decepción, el padre
d.uri'n~ algunos años de matrimonio (1872-1883). embaraza a la madre; vuelto hacia esta, es a ella a quien da
un hijo. La joven, entonces, dirige su mirada hacia la Dama,
3. El voyeurismo más grande que ella.
No es el complemento del exhibicionismo, sino su parale- Hay una inversión: en el lugar de la frustración del obje-
lo. Lacan, al respecto, introduce la noción de hendidura to real (el hijo) por el padre simbólico, se establece una iden-
[{ente]. 2 El voyeur entra en el deseo del Otro por la hendíau: tificación con el padre imaginario. Ese duelo del objeto de-
iá, la-ranura, el postig~ (en francés se habla de,J'alous~[ce: mandado se cumple mediante la identificación con quien
losía]), el telescopado o cualquier pantalla. Enfoca erdeseo podría darlo, pero lo ha negado.

2
3 En Névrose, psychose et perversion, París: PUF, 1973, págs. 245 y sigs.
Seminario Le désir et son interprétation, clases inéditas del 3 y el 10 de [«Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina», en AE,
junio de 1959.
vol. 18, 1979.]

110
111
~
Así, la joven se sitúa en la posición de la perversión: ve- de un hombre cuyo fetiche era un impermeable (mackin-
ar la falta fálica en la Dama por el don del hijo como imagen tosh). Su presencia «como acompañamiento necesario de la
álica. sexualidad» era por su textura, lisa o no, un estimulante del
Y cuando el padre interviene públicamente con una erotismo de la ~l. Pero sobre todo, sefialaba S. Pa)'l!e,.J!!In
mirada furiosa dirigida hacia su hija y su amiga, la primera vivo recuerdo de sus tres años, cuando lo obligaban a usar
¡. s"'A~ pasa al acto; actúa un alumbramiento público de su amiga JI w cvi bombachas de goma, esfaba ligad oareXhibiCioñlsiñO, aT
ISP-'t~, mediante un niederkommen, «parir» [«mettre bas»]. Tal es la <.J espectáculo .Y al mlellO-iffáeastracioll.;,. 6 - - - - -· ·-- ·
significación de pasa;p~~-encima del parapeto- y «caer» so- --ne-d.icho iñ!edoprocede; en efe.Cto~ la función simbólica
~iA
tJ (. L1 Í<i bre las vías del ferrocarril. Ella «Se hace» la hija de la Dama, de ese fetiche: «El impermeable es una protección mucho
___
L< lt j como sustituto de la falta fálica en ella. ¡Perversión lograda más notoria que los zapatos o el corsé». Enmascara como
J (}..;
contra el padre! imagen fálica lo que designa como elemento simbólico, la
falta fálica de la madre como causa de angustia del sujeto.
Este cumple de manera activa esa operación de renegación
revistiendo públicamente el impermeable.
Detrás del velo Así, de esta posición del sujeto detrás del velo se deducen
varias perversiones posibles:
Pero el feti¡;;hg_ como falo imaginario no siempre es puesto
por el sujeto delante de la Nada [Rien] como más allá de la Travestismo
madre. A la inversa, puede ser puesto por un sujeto que, al
Sadismo
identificarse con la madre, lo presenta a partir de ese lu-
Sujeto Objeto Nada [Rien]
gar situándose detrás del velo: «No se sitúa delante del
Exhibicionismo
velo -dice Lacan-, sino detrás, es decir, en el lugar de la
mad~ 4 Homosexualidad
masculina

nSujeto Objeto Nada [Rien] Velo

l. El travestismo
Como el impermeable, la actitud de envolverse en trajes
femeninos es una identificación del sujeto masculino con la
madre poseedora del falo. Así, la protección contra la angus-
tia es exitosa y se trata de «Ocultar la falta de objeto». 7 Es
preciso «que siempre sea poSí6fe""pensar que está precisa-
Velo mente donde no está».s . ---· ' - -
~~~~~·-- ~

Lacan supo leer esta otra posición en la presentación de 2. El sadismo


un caso hecha por Sylvia Pay:ne en su artículo «Sorne obser- No está en simetría con el masoquismo. El látigo, el bas-
vations on the ego development of the fetishist». 5 Se trata tón, el cetro, el cayado, presentifican la imagen fálica. La
identificación con la madre que «ll~va }o~ Q~gta'!,Qn~." prote-
4
Le Séminaire, Liure IV, op. cit., pág. 162. 6 /bid.' pág. 166.
5 En International Journal of Psycho-Analysis, nº 20, 2, 1939, págs. 161- 7 Le Séminaire, Liure N, op. cit., pág. 166.
70. 8 !bid.' pág. 194.

112 113
sualmente grandes. Por fin, al completarse el proceso de la
ge de la angustia. ¿No es lo que consiguió Sade con la presi-
pubertad, llega el momento de permutar a la madre por otro
dente de Montreuil?
objeto sexual. Sobreviene entonces una inversión (Wend-
3. El exhibicionismo ung) repentina; el joven no abandona a su madre, sino que
en
$e identifica con ella; se trá~smuda elfuy ahora 15UsCaüb-

~
Hemos visto que el voyeurismo es presentación de la ~~
hendidura como entrada en el espacio del deseo del Otro. El jetos que puedan sustituirle al yo de él, a quienes él pueda ~A-;e111:
14
amar y cuidar como lo experimentó de su madre». ~$;....;;"',
¿;. .....,,;:¡ 1

y
exhibicionismo no es la recíproca, así como el masoquis- '(
Q&
mo no lo es del sadismo. El exhibicionista no espía como el
voyeur; «entreabre su lli!!!tfi.lla»,9 como un pantalón gue se En este punto, Lacan retoma a Freud y lo prolonga con ~#
abre, Eara ofrecerse a la ~is!a del Otro 1 tos arlo «más allá de una precisión: identificación, no con el deseo de la madre '¡
tampoco con su amor, sino con su goce. Hay repetición del
su pudor» 10 y ponerse -ªJner.c:e.d.d~~-~ mismo goce por inversión: el hijo, en tanto fue el objeto de
eja ver pa;; ver al Otro sorprendido por el develamien-
to. ¿En qué sentido hay perversión? Lacan decía: «La téc- tal goce del Otro, lo perpetúa gozando a su vez de un objeto
nica del acto de exhibir consiste, para el sujeto, en mostrar semejante a lo que él mismo fue. Hay pues narcisismo en
lo que tiene en la medida en que el Otro no lo tiene». 11 Se materia de elección de objeto, pero al servicio del goce del
tra~aerevelar arOfro lo que éSte;;;;;;:estamente ;;_~ tiene, Otro que debe mantenerse.
Sometida la clínica a la ley de la confidencialidad, reco-
para huna::u:10almi~ tiem[JO en la ':'..«::!.~enza ¡;fe lo_que le
falta». El sujeto presentifica a la madre como si en ella no jamos la experiencia de quienes testimoniaron públicamen-

----
hubiera falta.--·- - - - -----·-
_._
te esa «inversión».

4. La homosexualidad masculina
Por último, resulta claro que, en el caso de la homose-
xualidad, «en el sujeto se trata de su falo -decía Lacan-,

debe tenerlo, es decir,


hace Ja ley pará 'el padre».13
. --
pero, cosa curiosa, del suyo en cUaíi"to"' va a buscarlo en
otro».12 ¿Por qué? Porque se identifica con una madre 9_\le_
~ ---·«en el lugar que ocupa l~ 111ªgre _q!'.1~

Por eso la exigencia del homosexual es demandar a su


G
partenaire que «muestre que lo tiene».
Freud designó como Wendung , inversión, esta identifica-
c;ión con la madre, y se explaya del siguiente modo en el ca-
pítulo 7 sobre la identificación en Psicología de las masas y
análisis del yo:

f:E1joven ha estado fijado a su madre, en el sentido del com-


j plejo de Edipo, durante un tiempo y con una intensidad inu-
9 Seminario Le désir et son interprétation, clase inédita del 10 de junio
de 1959.
10 !bid.
11 Le Séminaire, Livre IV, op. cit., pág. 272.
12 !bid.' pág. 194. 14 Essais de psychanalyse, París: Payot, 1981, págs. 171-2. [Psicología de
13 Le S éminaire, Livre V, Les formations de l'inconscient, op. cit., pág.
las masas y análisis del yo, en AE, vol. 18, 1979.)
210.

115
114
3. Dos casos de inversión

El primer testimonio es el de André Gide. En efecto, sus


relatos muestran admirablemente la distinción entre la ley
del amor que protege y la ley del goce.
El amor que protege concierne a su prima Madeleine,
que se convertirá en su mujer, la única a quien amó. El gran
acontecimiento de su adolescencia fue el descubrimiento del
dolor de Madeleine ante la mala conducta de su madre, que
abandonaba a su marido por un amante: «Abominable se-
creto que la hacía sufrir», escribe Gide al descubrir su voca-
ción:

«Yo sentía que en ese pequeño ser a quien ya quería habita-


ba una enorme, una intolerable pena, un pesar tal que, para
aliviarlo, no bastarían todo mi amor, toda mi vida. ¿Qué
más he de decir? Hasta ese día, yo había vagabundeado a la
aventura; descubría repentinamente un nuevo oriente para
mi vida».1

1 Pero a esta ley del amor se opone otra, la del goce del

~
Otro. En ese lugar se sitúa la madre de Madeleine, la tía
Mathilde, cuyo goce del cuerpo del joven André hizo de él el
objeto de una intrusión inolvidable:

«Con el corazón palpitante, me acerco a ella y me obligo a


sonreírle y tenderle la mano. Ella la cubre con una de las
suyas mientras con la otra me acaricia la mejilla. "¡Qué mal
te viste tu madre, mi pobre pequeño!". Yo llevaba entonces
una especie de casaca con un gran cuello que mi tía empieza
a arrugar. "¡El cuello marinero se usa mucho más abierto!",
dice, a la vez que me desprende un botón de la camisa.
"¡Vamos! ¡Mira si no estás mejor así!". Y, sacando su espejito,
1 Si le grain ne mewt, París: Gallimard, «Folio», 1955, pág. 125. [Si la

semilla no muere, Buenos Aires: Losada, 1969.]

117
atrae mi rostro contra el suyo, me rodea el cuello con su bra- Una extraña identidad
zo desnudo, baja la mano por mi camisa entreabierta, pre-
gunta riendo si soy cosquilloso, sigue más adelante ... Mi Esa semejanza singular que hemos visto entre André
sobresalto fue tan brusco que provoqué un desgarrón en la Gide y su tía Mathilde volveremos a encontrarla en Henry
casaca; con el rostro encendido, y mientras ella exclamaba: de Montherlant., con el nombre de la «extraña ident iaacr;;
"¡Vaya! ¡El gran tonto!", me escapé». 2 que su historiador constata entre los deseos y los sueños de
su madre y los de su hijo Henry. 5
Ahora bien, anota Lacan en los Escritos: «No puede dejar Esta identidad permanecerá secreta durante mucho
de señalarse que esas maniobras se parecen singularmente tiempo, hasta la publicación tardía, en 1969, de una auto-
a las atormentadoras delicias» 3 que Gide nos confesará biografía titulada Les garxons. 6 En ella, Montherlant deja
cuando haya cumplido su «inversión» freudiana. En efecto, por fin de atribuir eí dram;d;"su vida a sus educadores del
¿qué nos dice de su experiencia durante el viaje de bodas? colegio de Sainte-Croix de Neuilly, como lo hace en La uille
dont le prince est un enfant. Habla de una vez por todas del
«En el tren que nos traía de Biskra, tres escolares que vol- estrecho lazo entre el amor de su madre por él y el que él
vían a su liceo ocupaban el compartimento contiguo al nues- mismo sentía por un compañero. Amor único, irreemplaza-
tro, casi completo(. .. ) En cada una de las frecuentes pero ble, que nos confesará poco antes de suicidarse en 1972, en
breves paradas del tren, asomado por la ventanilla lateral, un texto que se publicará con el título~;dimons-nous
que había bajado, podía alcanzar con la mano a uno de los ceux que nous aimons? 7 Sin duda se trata de su testamento:
tres escolares, que se entretenía en inclinarse hacia mí, des- a partir de un sueño del 12 de diciembre de 1971, Monther-
de la ventanilla vecina, y se prestaba riendo al juego; yo sa- lant nos habla del objeto de su amor, el joven que perdió a
boreaba atormentadoras delicias al palpar la vellosa piel los diecisiete años:
ambarina que él ofrecía a mis caricias(. . .) Madeleine, sen-
tada frente a mí, no decía nada y simulaba no ver, no cono- «El sueño del 12 de diciembre me mostró que ese ser fue el
cerme .. . Llegados a Argel, solos en el ómnibus que nos lle- único a quien amé durante toda mi vida, que nuestros otros
vaba al hotel, me dijo por fin, con un tono en el que yo perci- amores no habían sido más que una caricatura de aquel y
bía aún más tristeza que censura: "Tenías la apariencia de que la felicidad misma había sido poca cosa luego de él».
un criminal o un loco"». 4
Y agrega: «Sólo se ama una vez, y cuando lo pienso se

~
Tal es el sen~l~prueba de padecer la 0-- abre ante mí la desolación».s
romisión d~! O! ro en el propio cuerpo, convertido en el l?ª- Pero, ¿de dónde procede entonces la unicidad de ese en-
ente de la arbitrarieclaa-c:re·su goce. cuentro, relat~~fes ¡¿an;ons, e~tre Henry, llai:i~<!o_Al_- ¡f{J;.1,,
4'""'-- ---·- ~an, ª-e di~ciséis a~os y ~e~io, y el i:'-d~}esce~~e llamado §er- · Jt {°;; '-
ge, de catorce años y medio? En lo fundamental, del lugw ('
-------·-·- ·~ -
2 André Gide, La porte étroite, París: Gallimard, «Folio», 1959, pág. 21.

[La puerta estrecha, Barcelona: Orbis, 1997.]


3 Pág. 753. 5 Pierre Sipriot, Montherlant sans masque, París: Laffont, 1990, vol. 11,
4 Et nunc manet in te, París: Ides et Calendes, 1947, pág. 41 [Et nunc pág. 440.
6 París: Gallimard, 1969. [Adolescentes, Buenos Aires: Emecé, 1969.]
manet in te, Tlaxcala: Universidad Autónoma de Tlaxcala, 1985]; véase
7 París: Gallimard, 1973.
también Journal JI, París: Gallimard, «Bibliotheque de la Pléiade», 1977,
pág. 1134 [Diarios, 1889-1949, Buenos Aires: Losada, 1964] . 8 lbid., pág. 217.

119
118
Pero, ¿de dónde viene ese beso en los párpados? El final
irreemplazab~~-gueJI.J).!!fY.!~S.Lbió _qe
S2:1 mª.Q.re: De este mo- de la obra nos da la respuesta, cuando nos habla de la ma-
do, al hablar de sí mismo, escribe lo siguiente:
dre de Alban, el seudónimo de Henry.

~
Hasta los doce años iba a la cama de su madre, una media U na mañana en que está muy decaída, ella dice a su hijo:
ora antes de acostarse. Ella, en camisa de noche, lo apreta-
a contra sí, cálido como un polluelo». 9 «Soñé que te tenía sobre las rodillas, a los doce años, con
pantalones cortos. Bajabas la cabeza para que sólo te pudie-
Esa situación se prolonga hasta el día en que, «Sin saber ra besar en el pelo. Luego volvías a subirla suavemente y te
ué hacía, tocó a su madre donde no debía». 10 Y cuando su besaba en los párpados, como lo hacía a menudo cuando

U
hijo tiene catorce años, ella le escribe: dormías ("conocemos eso", se dijo Alban). Pero entonces me
daba cuenta de que ya no eras tú; era Souplier. Te habías

~
Cómo te amo! Es verdaderamente terrible, porque mi convertido en Souplier... ».
mor no hace sino aumentar día tras día(. .. ) Querría vivir
il años para poder amarte mil años». En esas últimas agonías, suspendida por encima de un
infinito terrible, ella confundía a esos dos niños, culpables o
Su marido cuenta muy poco; no tienen gran cosa que de- no culpables, para hacer de ellos un bien único. Y él, por su
cirse el uno al otro. En cambio, el amor por Henry es salvaje parte, pensaba: «Si mi madre lo vio tan a menudo en sueños,
13
y fuerte: quiere decir que tengo derecho a amarlo».
A11ora bien, esta reconstrucción del hijo le permite ver
«Mi vida -escribe su madre- está absorbida en la tuya de que aquello de que goza en Serge Souplier es el goce mismo
una manera inverosímil, y no deseo a mi peor enemigo de su madre:
amar como yo te amo». 11
«Y repentinamente, Alban por fin comprendió. Ese tono car-
nal que ella adoptaba para hablar de él, esos sueños en los
·-~ ·-··-·
tenga un encuentro - con ~n~-
amoroso ·---
En efecto, la pasión va a desencadenarse cuando Hen
el cole- que él se le aparecía, su anhelo de hacerlo ir a la casa y, por
ii0Samte:c;~~Apá7ece entonces fa «extraña ícféñtidad:>. último, luego del incidente final, su manera sorprendente
El mome~eclsivo que va a provocar la expulsión defini- de echar aAlban en sus brazos ... ¡Qué claro le parecía todo
tiva del colegio es el de la cita en el invernadero: ahora!». 14

«Como si presintiera que era la última vez en su vida que Por eso, «más que nunca, ella permanecía en su vida por
1
iba a tocar el rostro de ese niño, como si hubiese sabido que Serge. Por Serge, ella lo conservaba». 5
la suerte estaba echada y que no quedaba sino poner algo de Así, Montherlant puede concluir:
dulzura inolvidable en lo que no iba a ser más por toda la
eternidad, se arrodilló junto a Serge. Se deshizo calmosa- Era ella quien, por sus insinuaciones, había dado a Alban
mente de la bufanda y hundió la cara en su cuello cálido; le a idea de un acto con Serge -el del frontón vasco-, acto en
1 cual él no pensaba y que, en consecuencia, no deseaba
rodeó el rostro con el brazo y lo besó en los párpados. Todo
eso con lentitud y en un completo abandono a su destino». 12 U ... ) Es terrible que esa madre, con todo su amor maternal,
toda su honestidad, toda la vivacidad de su espíritu, toda su
9 Les garr;ons, op. cit., pág. 43.
10 !bid., pág. 44.
11 13 !bid., pág. 306.
Citado por P. Sipriot, Montherlant sans masque, op. cit. , vol. I, págs.
14 !bid., pág. 353.
125-6.
15 !bid., pág. 165.
12 Les garr;ons, op. cit., págs. 195-6.

121
120
"educación", no entrara casi nunca en la vida de su hijo co-
mo no fuera para falsearla, para rebajarla o para desasose- 4. Una desmentida de lo real
arla. Pero ¿qué? ¿Era su culpa, o es simplemente que los
~ dultos, hagan lo que hicieren, no hacen nunca sino echar a
erder la adolescencia y la infancia?,,.16

En efecto, «¿quién habría creado como ella ese clima de


atrocidad bonachona en la que ambos se complacían? ¿Có-
mo habría podido él tener una madre más inverosímil que
ella? Lo había marcado para toda la vida, como ella estaba
marcada por la Parca» .17 Hemos visto con Freud dos definiciones de la perversión,
Marcado, no por la expulsión del colegio debido al escán- de tal modo que en una y otra oportunidad se enunciaba la
dalo de esa amistad muy particular, sino por este goce de la afirmación de una proposición universal: ~m}mer lug¡g-,
madre que Henry debe perpetuar sin cesar volviéndose ha- todf niño tiene una sexualida~rv~ ; luegQ, _~a_c_ia_s ~
cia un adolescente, como ella se había vuelto hacia él. Así, laVerleugnung, todo ser humano tiene un falo. ¿Podemos
conÍOÍ'marnos-con ello? -· - -
por intermedio del hijo, ella sigue en posesión del falo . . . ¡in-
cluso más allá de su muerte! Ese habría de ser el destino de Tardíamente, a partir de 1966, Lacan va a añadir el
j Montherlant, en virtud de lo que él llamó «las operaciones enun ciado de una ~r~iara_p!Qp_s¡~_i.<:ión _universaC - .. -
misteriosas». - Pero, añfes ·de proseguir por este nuevó ca mino, parta-
mos del siguiente interrogante que plantea la función del fe-
tiche: la presentación de diversas formas de perversiones,
delante o detrás del velo, ¿no relega la perversión al lado
masculino? ¿Escaparían las mujeres a ella?
Con referencia a ellas, justamente, Lacan va a avanzar
en su búsqueda de la estructura de la perversión: con refe-
rencia a ellas como madres. Así, en el seminario de 1958-
1959, dice a propósito de l~ mujer_: "~-~-~_Jljngu!a:r:_ si~i~
litud de su fórmula tra:ns-subjetiva, :inconscjente, con la del
pervefso:Sitódo lo que he~os Q.escubierto d~ la economía
iñCoI'i§"cien~~:Di-mujer..S.EL§.Q§ti~n~ en equivalencias sim-
bólicas del falo con todos lo~ objetos que se separan de ella, y
en primer lugar el objeto más natural. que debe separársele·,
a sáber, su producto infaritiJ::>,. Pero entonces se trataría de
satisfacciones-muy «naturales». Y Lacan agrega con ironía:

«Es lo que expresaron algunos autores analistas al decir


que, si hay menos perversión en las mujeres que en los hom-
bres, es porque e~....sat:isfacen..su_grandeza ner.versa en la
relación con sus hijos. Por eso (. .. ) hay algunos hijos de los
que nosotros, como analistas, tenemos que ocuparnos». 1
16 !bid., pág. 234.
17 !bid., pág. 343. 1 Seminario Le désir et son interprétation, clase inédita del 7 de junio de

1959.

122
123
Sí, pero en cuanto mujer, ¿qué pasa entonces? Esta es la 1966-1973: del deseo al goce
pregunta que debemos responder ahora.
La perversión va a introducirse con el punto de inflexión
de 1966. En el seminario La logique du fantasme (1966-
1967), Lacan enuncia lo siguiente: «El Otro, al fin y al cabo,
1960-1966: del fetiche al fantasma si aún no lo adivinaron, es el cuerpo». 3

~
Esto no es lacanismo, por cíeftü,p'éro es el nuevo camino
Pero responderla supone un desvío, el desvío de una .e Lacan: el Otro, porque no existe, porque está barrado, de-
primera etapa entre 1960 y 1966, durante la cual Lacan e reducirse al objeto a minúscula.
hace silencio sobre la perversión. Lo que importa está en Ese es sin duda el camino del análisis: no conformarse
otra parte: la invención del objeto a minúscula a partir de la con la palabra y el deseo, sino alcanzar el deseo del Otro, es
agalma del Banquete de Platón en el seminario Le transfert decir, del cuerpo; pues sólo hay goce del cuerpo. Por eso el
(1960-1961). Esta invención del objeto a como causa del de- objeto a no sólo es caü'Sa del deseo, sino lá aruesta de un
seo por el lado del sujeto permitirá escribir el famoso grafo plus de gozar. Allí vuelve a ocupar su lugar la perversión. ~· ~~/- ,z
del deseo en el artículo «Subversión del sujeto y dialéctica Pero, ¿en qué sentido? ;,, ~~:l
del deseo». 2 Dos años después, con D'un Autre a l'autre (1968-1969), ~
¿Por qué se introduce? Porque hay incompletud de lo Lacan dicta un seminari; sob~eTa ñeurosis_y fa perversió![ ~t(í;f;_~v
simbólico, que Lacan anota S(.~). El Otro está barrado; el ¿CU.ares entüñ ées la posición del sujeto en la perversión? No "''
~ significante que daría respuesta final a la pregunta del su- se conforma con el fantasma como respuesta a la cuestión / 1 ,
,<\l jeto, «¿qué quieres? Che vuoi?», falta para siempre; el falo del deseo del Otro, sino que el sy jeto se hag;.pl~if#t.B.al sG,Wi: o.¡¡e.l-c
1
>a:
'{J ¡{ como significante que permitiría responder está fuera del ¡jg,Q_tlgoc~ de!,.Otro. Esa es efectivamente la novedad pre- ( r-i<t ' :...,
sistema. Entonces, ¿voy a esperar sin fin como el neurótico?
/1f1 No, el sujeto engendra la respuesta sitl!;ang o e!!.~§e a@i~IQ_
sentada en la clase J el 26 de marzo de_!969.{Xvt)
(- Ese día, Lacan se levanta contra un juicio que suele ha-
VJ"'..-, 1")
en lo simbólico-su fantasma, anotado $ oa
zón a mimiscula). - - - . ·- - -
barrado pun-
- -· - -
es cerse, según el cual el llamado perverso no piensa más que
en su propio goce y no tiene en cuenta al Otro. Es al revés:
- A.hora bien, ¿qué es entonces esa a minúscula como obje- «Lejos de fundarse en un desprecio del Otro, la función del
to parcial? Es lo pulsional mismo, subje9:vidad según los ~\~) perverso es algo que se debe calibrar de una manera muy . ,J.
cuatro objetos: pecho, heces, mirada, voz. lfº:Ja.fo) rica (. .. ) Es uien se consa ra a ta ar e~e · e 1 ~ ..vi 1'
Ese lazo entre el sujeto y el objeto pulsiortal se efectúa f.'d~ ~trg. ~e en rega - e
y se de~ca al goce del Otro, para que el t?~. tí·. ·r.,.,,
según el modo reflexivo del verbo: ni activo ni pasivo, sino tro exista no barrado, no mcompleto. ir4 1 v&
reflexivo. El sujeto se hace manducar, rechazar, ver, oír; esto Así, según las dos pulsiones, la escópica y la invocante, el
es, se hace deseo del deseo del Otro. ¿~jeto se hace objeto a en favor de uQplus de gozar del OtrO,
Así, la palabra «fantasma» pierde su sentido peyorativo; de acuerdo con dos modalidades: - ·- - - - - -
da lugar a lo pulsional más allá del lenguaje. En este caso, e:.---- ·-- - --

no se trata de perversión. . r Suplemento a: Complemento de:


- ~ hA1"-2B_ _;¿¡-J f aÁ. O< ~º"'"'
'.)) tYCr -'>ti ~.uJc _t.TY crim sadismo masoquismo
y"'""
'\_'
, .::-· ,¡;., ,;,..
{nP 4 1 1nél~ ))
~ o/Yt> 1
. ,,./ . . > 1 r
{(Mi¿.,,,)"'H:)
voyeurismo exhibicionismo
'-.J

2
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rn ; ,.,.,. n
.C.1:.!:!.-::.::'L.L - --~_.,.,
J; 17l<. 1 3 Seminario La logique du fantasme, clase inédita del 10 de mayo de
París: Seuil, 1966, Ecrits, págs. 793-827. /«Subversión del sujeto y dia-
léctica del deseo en el inconsciente freucliano», en Escritos ll, op. cit.] 1967.
j. <, ,,{:,/, J~ cu,,
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124 .<¡.
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I 125

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aportado-al~~- ;J:;;,,~""',
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Un suplemento una similitud en espejo, de modo que uno más uno fuera
,v.- ~( {/,.¡j ,J.!./
,t.J, Dr.,... e;
1 ~al a uno. N O,-eif imposible_. -
r,. Q._y. /..P- El voyeur interroga por la mirada lo que falta como falcf ~
Jv t'-'1 f tA.
~¡<;·v::p. e~ el Otr? p.ara darle, ~n suplemento y de tal. modo. reme-
;\·¡).. J ·y<'"' diarlo. As1m1smo, el sad1co da voz al Otro; se erige en mstru-
.JJ··1 mento de lo que supone faltante en el Otro para su goce. La perversión
12·-re e U~ Vt-t Í'?'V'I, í ,._,,.[,.. J u·O-t //J a..r ri t ( D J,,.o
Por lo tanto, la perversión toma su lugar a-p.~rtir de esa
. fal.ta en lo_ si~bólico [que hay que anot. arfsCÁ)J ~ gracias al
Un complemento procedente del Otro ' ' .oh.Jeto a mmuscula, hacer de comn.lement;k J5Íementoil.el
"- Otro en beneficio de su plenitud, que debe anotarse S(b).
- Esa era la lógica ~lá~c-a:-una relación necesaria y, por
El exhibicionismo apunta a hacer aparecer en el Otro la
mirada como signo de posible complicidad en el goce. [,/ ende, que no cesa de escribirse, entre dos universales, el
De igual modo, el masoquista se somete totalmente a la hombre y la mujer.

~
voz del Otro y se desloma para que ella surja y se imponga. Así, por el lado del hombre, Lacan podrá decir: «Si El
Ahora bien, la apuesta de un plus de gozar del Otro pro- ombre quiere a La mujer, sólo la alcanza al fracasar en el ,(
sigue sin fin, sin toparse con mngún límite. ¿Por qué? ampo de la perversión». 4 Ypor el lado de la mujer, dirá: «La "'':·< '. ·¡v
e)u---;-yu; I: r-n, a ,.., . . . ·r "'" ¿.) v ü .¿ ,.{J (}-/y.o mujer no entra en funciones en la relación sino ~;7aln'to l~ ,;~ 1~ 1~.:i ';;..
madre». 5 En efecto, allí donde no es toda porque S(.Q\.), «en- 1-rr•u"h

Una nueva lógica contrará el tapón de ese a que será su hijo», 6 de modo que, ,;;,:, - JH'"
~cuanto madre, estará toda ent.m:..a.JID.lllgoce fál~ ::~/re..,,,,,.
Esta definición de la perversión como dedicación al goce Tenemos por lo tanto esta definición de la pervers10n con
del Otro como su complemento o su suplemento se demues- la siguiente proposición universal: tggo goce fálico es per-
tra a partir de una nueva lógica, de acuerdo con estas tres verso, es decir que hace relación sexual gracias al Otro, com-
coordenadas: pleto. Definición última de Lacan, que enunciará por ejem-
plo el 11 de mayo de 1976: «Toda sexualidad humana es per-
versa si seguimos con claridad lo que dice Freud», 7 Freud
leído por Lacan.
Lo real

La fórmula de Lacan se enuncia así: «No hay relación se- Un nuevo clivaje
xual». O sea: como el Otro, en cuanto lugar de los significan-
tes, es incompleto y barrado, se revela un imposible en lo
«Ya lo sé, pero, sin embargo», decía Octave Mannoni para
concerniente a la i.!.!§fti.es:~í~ q~e pueda constitüir "rela - articular la Verleugnung. Aho¡:;-~e tr"ata d; ·otro clivaje, un
ción. ¿Entre qué? Entre dos goce'8,el a e un hombre ~eL.de.­ .._.. _._,,_'

Uiia'müjer, ae tal modo que,-eñ -el llamado encuent~exual, 4 Télévision, París: Seuil, 1973, pág. 60. [«Televisión», en Psicoanálisis:

1 _,...ª~dos n"o hagª1! más. q-Q.~ u.n9·.-Es imposible, vale decir: lo radiofonía y televisión, Barcelona: Anagrama, 1980.]

§
que no cesa de no escribirse es lo real de la no-relación se- Le Séminaire, Livre XX, Encare, París: Seuil, 1975, pág. 36. [El Se-
xual. Negación de lo que constituiría relación si hubiese un nario.de Jacques ~acan, Libro 20, Aun, 1972-1973, Buenos Aires: Pai-
Otro del Otro, que inscribiera el saber del decir de toda la s, 1989.J f'41j
!bid. _~- -
-·\J verdad. Por ejemplo, habría una comfil..e_mentariedad hom- ·7-Seminario Le Sinthome (1975-1976), clase inédita del 11 de mayo de
bn:)-m.3i_er, de modo qu~_ios mitades hicieran uno;~ 1976.

126 127
clivaje entre do •~·Uno es fálico, el otro está más allá III. Neurosis obsesiva
del goce fálico.

~
Así, hay dis ción entre, por un lado, ~l .egstulado d~
t1N· . ,
erversión:
. gracias al objeto a y, por el otro, el enigma ~ ¡ti 0-1 J..,-";, f'I,,\ ~ ~ {_ <J 1/tJ h ,.......

1'}-
que es el no sab~r de .!!!!.. gocedist imo del perverso: SCA).
Lacan lo llama inadecuación:
cfe-v.\ )/bÍ{.(·Jt!i-, , Ji""',.V (.:n... ea ~<.r~\í ; ,,...:.,,
~.,&,,.~r -b 1..,, G."'~"'·""--~ .1< ~.J ~rD"+' c..o, fv._..,A._,.
11 ,pv «No hay relación sexual porque el goce del Otro tomado co- f¡t..'V?f f,¿A_(Ád:¡.::> ~G. 1,~t.-vi./,
oÍ--;J l°" .l.,. ,f~'-f •'- f<"~ et r(e~ <-o
¡- ~ mo cuerpo siempre es inadecuado, perverso por un lado en
tant~l Qt~Q..§_e reduce al objeto f! , y por el otro, yo dirí~
o 1 ¡
~ ~;) ~
.PJ
.
,...... GP---,.::U"' ~ CA.;oQ•""-''"I .Íl
1 '
.......
C,...

loco, enigmático»."

Ese es en efecto el encuentro entre un hombre y una


v.-~h'v~~- •
\( '1 2-:S3)
r-~ A' lA ::, J,- •""VV-i
1 \,

1
~ ' .:J • mujer: pura contingencia; lo imposible del «no escribirse»
1.
l '.1., •.
~.
,J..
cesa. ¿No es lo que permite"'iin día la experiencia analítica,
X I bO. {/'fi""
1-""" ~ "'" cJ >/"C..(¡ """> ,,
e:~'- \ "'*"'' "'fl "'
,. , '(J

sie'Sta no se reduce a la psicología? ¡Cuestión de suerte! 5;~..<..c ti ~ .. i•,,...\."'


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....... \G.. I / <
De allí procede el cuadro siguiente:
~ ~--
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( a..ft () ~J' ~ ~v•I 11,~.


... h J '·

~ Cl. W ,f¡. ,
.J~ .l1e:c..r. !-.,.;~:)
I ( t
'J.,.._ .._.iV _Joto rv ,·. l1 J..,.. j;t 1.-·•
Perversión S(A) S(J/,.)
v., C.""1
¡.. , .
'~ ~ ,....,
V
a La Mujer ---- _____ ,. Una mujer /..;> f ·~ I ( ..-'.... (,_.
e(,.
Hombre
µo+,.." *'<" ,f1"'t.~ ,, ( ri!>-c ~...,
Mujer
_______________ ...,_ El Hombre ---- -----+ Un hombre ~l <ft,. f..:>--- f./L 1"""' ... C'R
-------a-- ..,..-.-......~..!:; '"' ...._......._ce. f. e<'~
niño
~·· " A..'""" l:....::!'I .J .a:¡
!{JJ ~ e· , º r -,< ' {y''.,¡
..

V , t)
G'I """' Cq """,
Si el hombre alcanza a La mujer en la perversión, ¿qué

~
asa con una mujer? En tanto madre, hay «naturalmente» _
erversión; en cambió,Sí"'ñoes toCla madre, «una mujer sFo
~u~nt~a El hombre en la psicosis», decía Lacan. 9
Por eso, agregaba, ella «Se lo prohíbe» habitualmente,
pues ese universal de El hombre «es la locura»; así, al prohi-
bírselo, ella no está toda del lado del goce fálico. En una par-
te de sí misma está en otro lugar, del lado de «Un goce que se
siente y del que no se sabe nada». 10 Se trata de un goce otro
que sexual; el otro que es el heteros griego, lo cual hacía de-
cir a Lacan: «Digamos heterosexual por definición, aquello
que ama a las mujeres, cualquiera sea su propio sexo». 11

: Le_ ~éminaire, Livre ~, Encore, op. cit., pág. 131. 11 tf-


(•
. Televiswn, op. cit., pag. 63.
10 Le Séminaire, Livre XX, Encore, op. cit., pág. 71 .
11 «L'étourdit.. , Scilicet, nº 4, 1973, pág. 23. [«El atolondradicho», Escan-

sión, nº 1, Buenos Aires: Paidós, 1984.)

128
l. La neurosis normal

a zw-;;:;;;s-;;;;;;;;;;;
Í~zdel psicoanalista) Si Freud
puao mventar la regla fundamental parafáiilst eria, no nos
hace sentir tan cómodos con ella en lo que se refiere a la
neurosis obsesiva. El mismo lo reconocerá en 1926:

Todos hemos notado que el sujeto afectado de neurosis

Q
bsesiva tropieza con una dificultad particular para seguir
a regla fundamental del análisis». 1

En efecto, en lugar de la Uamada asociación libre, es o


«Call;;se:O«repe'firse»: ,;Me callo; Sl no voy a repetirme una
vez más y ae ese moao, como de costumbre, careceré de inte-
rés ... ¡para usted!».

:1;
'-·.
Por eso, sin duda, Lacan tuvo que inventar las sesiones,
no cortas, sino de duración. variable, como cond.ición del acto
analítico. En efecto, la neutralidad inmutable se hace cóm-
plice del obsesivo queñoespera más que eso :P~r.~ w os_t;iik
ii§)osible:";c~~-se cia! á cu~nt~,~hi!y_11nl.>!2.<1~~.'~>
· Nos es preciso, por lo tanto, restablecer el lazo con Freud
e inventar con él a partir de la clínica misma:

«En una dirección de la cura -decía Lacan en 1958-, se si-


túa el horizonte en el que se revelaron a Freud los descubri-
mientos fundamentales, en los cuales aún vivimos en lo con-
cerniente a la dinámica y la estructura de la neurosis obse-
siva. Nada más, pero también nada menos». 2

1 Inhibition, symptóme et angoisse, París: PUF, 1968, pág. 44. [Inhibi-

ción, síntoma y angustia, en AE, vol. 20, 1979.]


2 Ecrits, op. cit., pág. 598.

131
El horizonte de Freud de preocupación por el orden o la limpieza y síntomas de
obstinación.
Este horizonte se nos abre en las tres etapas cumplidas En esta perspectiva toma su lugar en 1909 el análisis del
porFreud. «Hombre de las Ratas». La revelación a este del «horror de
un goce ignorado por sí mis~~'~; pro~rante el famo-
sorelato que hace.el capitán X de un suplicio oriental de or-
De 1894 a 1905 den anal. Contra es~entación surgen conminacio-
nes y juramentos: (Eú debes. ~
La innovación nosográfica de Freud consistió en hablar En 1913, en el arffélílo '~J:'a predisposición a la neurosis
de Zwangsneurose a partir de los síntomas de ideas o actos obsesiva», Freud establece así un lazo entre esta neurosis y
compulsivos. Ahora bien, Freud con,;stTIJ,ye es!_a...E..1;1eva neu- las pulsiones erótic.o_anales sádicas. Las pulsiones parcia-
rosis por analogÍI! con_e(méCanismo de la histeria, de acuer- es ya es an concentr~ s_en_un e eccióñ de objeto, minqU:e
doco~ est~~ dos tiempos~d ----~-.. ··· -··· ·--- fódavía no se haya est lecido 1 primacía de las zoñll's ge-
.
mtales.
-- -·- \ .
- un primer tiempo, de orden etiológico. En la infancia
hubo una excitación sexual precoz (en principio supuesta- e t:-0,,.
/)
'l ( e(
1
p~;,¿,.{~·A,,~ tdt
r,,,,..,e.: ¡,,~ ai. fl"--r·1.A.~..r,....,""".
mente provocada por el adulto y luego, después de 1897, se De 1913 a 1929 (f',.,., r-<J
presume que espontánea). Así como ese trauma se sufre pa-
( c_ c.t1 v9
sivamente en la histeria, en la neurosis obsesiva, al contra- Este último período es al mismo_ti~mpo el más audaz y
rio, hubo actividad con placer; problemático. Freud aplica e «tú debes» el «Hombre de las
- un segundo tiempo. Los afectos que resultan de él, por Ratas» a cualquier neurosis o ses1va: ay relación intrínse-
ser inconciliables con el yo, se separan de sus representacio- ca entre esta Ylafu""~6ndei superyó, de acuerdo con la se-
nes primeras para efectuar una «falsa ligazón» con nuevas gunda tópica.
representaciones por desplazamiento. Esta sustitución es En 1923, en El yo y el ello, Freud postula que la declina-
una defensa del yo. No hay represión sin retorno de lo repri- ción del complejo de Edipo proviene de una inter~acióñ
mido, no por conversión somática como en la histeria, sino deillprohiOiC1on patérñ a. Tal es, e~ cuanto conciencia mo-
por transposición a otras representaciones más conciliables raT,'laao1ñ iñación del superyó sobre el .Y2· Pero ¿de dónde
n el yo. Esas son las obsesiones propiamente dichas como procede entonces la fuerza de ese imperativo categórico,

li
r lx.1-(¡;' ormaciones de compromiso: reproches a sí mismo, inhibi-
U oJ ~ 10nes para actuar, aislamiento de una representación, anu-
°"111" ación de a-contecimi~ntos pasados, ttua~es prrv;dos.
vuelto contra el yo?
En el último capítulo, el 5, al hablar de sadismo, Freud
agrega:

~
o que reina en el superyó es una pura cultura de la pul-
{_; ,t'.f C-:>
I
De 1905 a 1913 ón de muerte (. .. ) El superyó puede volverse hipermoral

Los Tres ensayos de teoría sexual de 1905 marcan un ---------


a la sazón, tan cruel como sólo puede serlo el eTI"o». 3
- ·~~-

punto de inflexión, al mostrar la importancia capital de las Se aplica al superyó lo que incumbía al sadismo de la
zonas erógenas y las pulsiones parciales, con la apuesta de erótica añat_¿Con'ío e8p0sifiíe? Eñ 1926,eñ!nfiib/,c"i'óñ;Sin-
un Lustgewinn (un plus de gozar, traducirá Lacan). Las de-
fensas del yo efectúan un retorno regresivo al estadio anal.
El artículo de 1908, «Carácter y erotismo anal,~, establece e'l
3 «Le moi et le 1;a», en Essais de psychanalyse, París: Payot, 1981, págs.
lazo entre el objeto anal y la neurosis obsesiva con síntomas 268-9. [El yo y el ello, en AE, vol. 19, 1979.]

132 133
toma y angustia, Freud nos confiesa su perplejidad con res- La cuestión es muy distinta, y concierne a la «peste», el «Ve-
pecto a la neurosis obsesiva: neno» que es la sexualidad misma, contra la cual hay que
efenderse a toda costa. ·

~
ay que confesar que si queremos penetrar más profun- Con honestidad, Freud nos informa de sus interrogan-
amente en su naturaleza, no podemos aún prescindir de tes, así como de la sucesión de sus respuestas: erotismo
oponer hipótesis inciertas y suposiciones carentes de anal, superyó, pulsiones de destrucción y de muerte. Pode-
uebas». 4 mos señalar el rasgo claramente destacado por Freud: el su-
peryó es una instancia que habla adentro, que da sin cesar
Así, en este último período, Freud nos presenta un doble <Ñ oz», Taññsma que se átribuye a la có"~ciencia moraf ··
fenómeno: uno de ~~mesura1J;~l.otJ:.o.--. e inversión. -~:ra bieñ, ¿no compete-ese objeto vacar a-Üna pÚlsión,
Hay en primer lugar un "fdesmesura. Durante la declina- la pulsión invocante? ¿No debe, en ese caso, distinguirse del
ción del Edipo, hay creación · o idación del superyó. erotismo anal? Cuestiones que queda por dilucidar... ¡con
Ahora bien, «en la neurosis obsesiva, esos procesos superan Lacan!
la medida normal; a la destrucción del complejo de Edipo se
suma la degradación regresiva de la libido; el superyó se
vuelve especialmente severo y duro, mientras que el yo, a
una orden de aquel, desarrolla importantes formaciones
reactivas, que adoptan la forma del escrúpulo, la piedad, la
limpieza». 5
Freud hace la desconsoladora constatación en los dos úl-
timos capítulos de El malestar en la cultura, de 1929: cruel-
dad y severidad contra sí mismo con sentimiento decuii2a
süñtañfo- íñás implacables cuanto ñiás virtuoso es, de he-
cho, el s11jeto-:- ~ --
. ¿Cómo explicarlo? ·e!!d responde mediante una segun-
da hipótesis: ha inversión el sadismo de la erótica anal.
~c4iertzp4ia. i~~~§.?~, es ec~r, en
agres10n contra si mismo. ~SieSel superyo en su sadismo:
ia ap1icacion a síñllsmo a:e una aestrucciÓn antigua dirigida
cmrtra el <'.>w~-D-;altí proceñe laéXtrañeza de la deducción
~:

«La experiencia nos enseña que la severidad del superyó


que elabora un niño no refleja en modo alguno la severidad
de los tratamientos que ha padecido».6

Dejemos por tanto de hacer sociopsicología y de estigma-


tizar a tal o cual padre, tal o cual madre, tal o cual educador.
4 Inhibition, symptóme . . . , op. cit., pág. 34.
5 Ibid., pág. 35.
6 Malaise dans la civilisation, París: PUF, 1971, pág. 88. [El malestar en

la cultura, enAE, vol. 21, 1979.].

134 135
2. La verdad de Freud

La operación de Lacan no va a consistir en copiar a


Freud para aplicarlo a la práctica presente. Al contrario, re-
parar su olvido es reencontrar la verdad de sus escritos, ver-
dad siempre nueva, siempre actual. . . si se sabe leerlos en
la reescritura y descifrarlos en la cifra.
Al hablar de un colega que manifestaba su desprecio por
las observaciones de Freud, Lacan agregaba: «El árbol de la
práctica cotidiana ocultaba a mi camarada la altura del bos-
que surgido de los textos freudianos». 1
En efecto, la fascinación por la clínica hace que descon-
fiemos de Freud: ¿qué puede aún enseñarnos ese viejo? ¿No
es acaso, cuarenta años después, lo que se dirá del propio
Lacan?
Ahora bien, en 1953, al dictar una conferencia en el
College philosophique sobre «El mito individual del neuró-
tico», Lacan nos presenta la verdad siempre presente de la
interpretación de Freud acerca del «Hombre de las Ratas».2
Para captar su genio, partamos de la noción de mito. El
mito no es ni ilusorio ni irreal. Es, según lo que Lacan reco-
gió de Lévi-Strauss, un relato que, por sus significantes pri-
vilegiados, articula lo que funda toda sociedad humana en
cuanto no natural, o sea, la ley de los intercambios. Tal es la
deuda simbólica del don y el contra-don de acuerdo con es-
tos tres intercambios: de mujeres, de palabras y de bienes.
Deuda necesaria que, en su carácter de fundadora, se trans-
mite de generación en generación mediante el discurso con
el cual un sujeto se dirige a otro sujeto.
¿Qué supo leer Freud en el mito familiar del «Hombre de.-
las Ratas»TEste acude a -éia raíz de una Zwangsbefürcht-
uñg -aprensión obsesionante, como traduce Lacan-, que

1 «Le mythe individue! du névrosé», Omicar?, nº 17-18, 1979, pág. 294.


2 /bid., págs. 291-307.

137
Í-' ?~.
hace síntoma como consecuencia del relato de un oficial
sobre la tortura oriental consistente en introducir una r ata
en el recto de la víctima. Espantado por el goce desconocido
que se le revela entonces, el Hombre de las Ratas vive con el
r:
!
tervenir.
V
La apuesta es de importancia. Incapaces de apreciar su
p so, los analistas se dividen en cuanto a su manera de in-

temor obsesivo de que lo mismo suceda a su padre o a la da- ·1 ~


ma de sus pensamientos. ¿Y por qué a estas dos personas?
Ahora bien, lo que Freud supo descifrar es que la doble .....:;¡ Las resonancias de la interpretación
infracción a la ley de la deud~imbólif~J~_or parte delp~d~ ,..
d.el Hombre d.e IaSRafiís engendró en el hijo, precisamente, En efecto, la lectura de Freud no basta si nos exime de
una doble deuda obsesiva, que instauró un imposible. En --~, examinar en qué se ha convertido la clínica con los posfreu-
efecto, ¿qué se contaba en la familia? Ante todo, que, según dianos. En su seminario, Lacan va a cuestionar, en los he-
la ley de intercambio de las mujeres, el padre, al hacer un ...... chos, la interpretación «ortodoxa» que se hace de los sínto-
matrimonio de conveniencia e interés, «había traicionª5filiL- - mas obsesivos. Y esto para decir que esa interpretación ad-
~
la m~jer «pobre pero !?wita»,.iilljeto de_slL&s;;:Dd mi~mo mitida no lleva sino a semianálisis que en definitiva no lle-
,\ ~
modo, da la casualidad que el hijo está dividido entre la mu- an a nada, como no sea a cierto alivio de la culpa.
jer p,obre a quien idealiza y la mujer de buena familia que su
"( 'ª ~ Ahora bien, para mostrar esa desviación actual, Lacan
j 1 mad~ asigna . · - ~ \: toma por blanco el informe de un análisis. de neurosis obse-
'-mEn seguñdo lügar, según la ley de intercambio de los bie- t siva, publicado por aurice ouvet, y P'rÜS1g\iesúd.iscúsíóll ~
nes y las palabras, el padre, durante su carrera militar, dila-
pidó en el juego los fondos de un regimiento. Y sólo pudo sal-
var su prestigio gracias al préstamo de un amigo. Pero ja-
más cumplió la promesa de devolverlo. De igual manera, he ~~
"
~~
~V,
sübréese cáso duran e s1e e años: e mayo de 1958 a junio
te 1965. Durante siete seminarios -desde Las formaciones
'-'
del inconsciente hasta Problemes cruciaux de la psychana-
lyse-, Lacan hace y rehace cada año la demostración de lo
ri
i
aquí que el hijo cae un día en la contradicción entre dos que debe sér el-;inálisis de la ne~osis obsesiva si quiere ser
ideas apremiantes: la de tener que pagar a la señora encar- ve rdaderament e freudiano. ¿Por qué esa insistencia y ese
gada del correo por el envío de unos anteojos y la de devolver eñcarnizanlientÓ? - - _ ,
el dinero al teniente Ay el teniente B, que habrían pagado La apuesta consistirá en mostrar el callejón sin salida de
en su lugar. los posfreudianos con su promoción de la siguiente tríada,
Ahora bien, lo que Lacan señala con respecto a la prime- de acuerdo con una relación de causa a efecto:
ra obligación en que se ve el sujeto: renunciar a la mujer que
ama y hacer un matr!_1!!Q.n !Q de cq_nyenien~i_a, ~s qué Fre,!:ld l. Los síntomas proceden de una frustración sufrida en F
ifn0uyeesa7ne~sid~d» no a la madre, sino al ~dre. Cosa ·I'e 4-
la infancia. •
que,enrealidad, es «mater ialmente» inexacta, dado que el ~ 1 ; ,(l;"" 2. Esta frustración pro.;rocó ep._el Sl!jeto una agresividqd A
padre murió bastante tiempo atrás. Y sin embargo es ver- ¡•
1 \e dirigidacoñtra la persona que supuestamente está en el ori-
dad: la ~r~ad ~~!_:ni~n su enunciaci~b~a ~Céñ;;_ 1. J_ t, gen de la frustración.
zón de un saber lextUal y no referencial. En su Discurso de •'' '' r, 3. Esta agresividad engendra a su vez una regresión, con R.
Roma, Lacaññ;-;~rá en mostrM qü'e los síntomas obse- a
retorno estadios pregenitaléS, calificados de oral o anal.
sivos pueden suprimirse precisamente gracias a esta lectu-
ra de Freud. 3 Tan grande es, en efecto, la resonancia de la Esa es la FAR, la nueva grilla de análisis mediante la
interpretación cuando es analítica y no médica ni policial. cual la terapia consistirá, por parte del analista, en supri-
mir la causa que es la frustración y reemplazarla por su con-
trario gracias a la transferencia: don, oblación.._generm¡idaq,
3 recepción de la demanda¡ en síntesis, ser una «buena ~
Ecrits, op. cit., págs. 302-3.

138 139
dre» o un «buen padre». Así, la agresividad se reduce y, como porar el falo. ¿Y de quién, entonces, si no del analista? En
la regresión ya no tiene razón de ser, resulta posible el esta- efecto, lejos de frustrarla, he aquí que este da y responde a la
dio genital. demanda. Tiene el falo y lo transmite como buena «madre
OWº Maurice Bouvet nos lo demostró de manera evidente con benévola», nos dice Bouvet." Ásí puede bÓrrarse la tríada ñe
,J /' la presentación de un caso titulado «lncidences thérapeuti- laFÁR.
l'Q 11ec

~
La agresividad contra el otro que tiene el falo dejó su lu-
---- -
ques de la prise de conscience de l'envie de pénis dans la né-
vrose obsessionnelle féminine». 4 Se trata de una enfermera ar a la embriaguez y la exaltación de tener por fin uno mis-
de cincu~~ta añ; s, que padece obsesiones: mo esa potestad. Y entonces puede cesar la demanda de
/l análisis, aun cuando, nos confiesa Bouvet, las obsesiones
injurias escatológicas concernientes a la hostia, ima- ,. f · persisten; hay que admitir, no obstante, que con una menor
)J culpa.
·-
ginada como representante de los órganos genitales -
masculinos;
miedo a haber contraído sífilis y haberla transmitido
a su hijo;
obsesiones infanticidas o de envenenamiento de su
-
¿ Qué responde Lacan,_QQr lo tanto, durante siete años,
en sus seminarios? Si se sabe leer a Freud, surge entonces
que el problema no es el que supone M. Bouvet al escuchar
familia; a Renée. En efecto, la cu~tión esencial que concierne a
en la pubertad, obsesiones de estrangular a su padre cualquier ser huma.no, n~urótico o no, no ..~ plfül,\~fh~ ¿/ )('
y «pinchar» a su madre.
,,...
iñiñOs de tener o no tener el falo. Es ~~-.pji~.
escu nmiento freudiano de que el acceso al deseo
;K--
Así, contra ellas, se multiplican las defensas del yo: ri- ~ supo~~ la castración se ~efiere a la p~ición I?E!ner a del hijQ.
tuales de verificación y anulación. Ahora bien, su situación ..J o la h1Ja que son, por su imagen, el falo de la madre, o sea, lo
familiar revela que la autoridad estaba en manos de lama- c:\l que a est;-le falta.Si el sujeto no es psicotico, vale decir, si le
dre y que el padre era un hombre sumiso. De tal modo, ella ~ ha sido transmitid9 el falo simbólico como si@ificación~
reproduce la misma situación en su propio hogar. Pero ¿có- ~ ~:ze~a'mad:r;e, entonce s pue~e introct:i"~rrse una a;Grs- /J/)
mo interpreta Bouvet los sueños de Renée y su evolución? ~ fta: ser erfalo como Gestalt de la imagen deseable para ella. tjJ;;;/
Distingue dos períodos en el análisis en función de la tríada ';,\ Esa es la posición primordial a partir de la cual la castra-
de la FAR:

l. El primer período es el de agresividad y destrucción


~ ción podrá cumplirse en un segundo momento, es decir: «Jú
í no eres el falo de la que te concibió!». La neurosis no provi~.-
~ ne de una frustración por no tener el falo, sino de una castra- ¿/¡
%
antimasculina del falo en la medida en que el honibre lo
time:- -
'f::._ ción~O apmitid~ no suojetiv@a, J?;O reconocida e~ SU =in~
\'-'1 ~p.-~érminos de se.::
r" ,
_ 0_11>1""1u
Ahora bien, la interpretación decisiva consiste en re- En efecto, el descubrimiento freudiano del Edipo y de su
montarse a la causa: la frustración de un deseo de posesión actualidad se resume así: en el marco de no ser el falo del
fálica. Esta toma de c00cien~ia d~f Pe;,isneid señala un Q!ro, el sujeto, a continuación, puede aceptar:
"pünfo de inflexión que se cumple, en efecto, con referencia a
un sueño de zapatos reclamados, que muestra gue la madre o bien tenerlo, por el lado masculino, con riesgo y te-
tiene el falo y, por lo tanto, que la agresividad se dirige a ella. mor de perderlo;
2. Así, este reconocimien to ; ;-parte del anafistii' d~ o bien no tenerlo, por el lado femenino, como falta y
deseo de posesión fálica abre un segundo período con trans- ausencia.
formación de la agresividad en receptividad: acoger e incor-
El problema del neurótico es el de su agresividad cul-
4 l;le vue Frani;aise de Psychanalyse, vol. 14, nº 2, 1950, págs. 215-43. g~liza~.t:,.~n r~s~tz.! su semejanJ¡e supuestamente po-
f/!A' Dtr tl-?fdpOpvl/l_,J, r /11&1 /lr vVl ~9 .,,..,(,.(..( s~ (;•-.,·)/ ({,.J oM
• 1 . 'ff-1<é ~~:> O'(., .,,,,.,~;!h,
140 t--'vt /1 VI H.I 11.-(./¡....I ( .!¡!{AA V ;...{ ' ?..•, ¿./, ~. e~ Y. 141
/ d- / ~.,...,.(.·
«Si me resulta difkil sostenerme y progresar en lo que pien-
so, no es tanto po;q~e lo que pienso sea.culpable, sino por-
que resulta absolutamente necesario que piense en mí y
nunca en el vecino, en otro».7

,,.- 3. L spera a que te deman~. Es~~e el Otro com- t2A..7


/ prenaa u s1 enci2:. En efecto, para remediar la ª. ngustia cJ.el ..<-""<...., ,,_.,.,,
/ deseo del Otro, debes recubrirla con su demanda: J,Wa de- -
1 manda anal de d~Acambio, sé oblativo; nuñca~ás lo su-
ficiente para ~ue el Otro persiS't'"a en Mexistencia. ·" /
Lacan decrn: '---_-y ó C-4.,C:-~ ~ r; rft~. ~,',
b
tjt (.r ,'(: ,.. .d'. i ;¡,.

«No hay mayores oblativos que los verdaderos, los grandes


obsesivos. El o ella ofrecen con tanto má.§._gysto todo cuanto
gy,e todo lo gue ofrec~-?-_!lS, como ust~~~~ .!'22.eni...mierda». g-
l
@:o tires ~a, acumula hasta el atascamiento. Nunca
~~ ' se sabe; ¡eso siempre puede llegar a servir! Amar es tener
r't'\~.re
1 siem@e.al_g<l_p_era g.!rr. ¡Y para tener algo para dar, ~o~~a
1
\ 1~~ . t1i1enes, aprieta las nalgas! LI>iente§.ª pretªgo.s.!
~u propio deseo lo pondrás en juego mañana, pasado
manana, más adelante. Tienes tiempo: ll,e,zte el muerto. Así
t
f'OOJi!J) · 1

\ sabrás hacer esperar al o t'ro mucho tiempo, pue~t;;"~8610

~~
deseo en lo imposible:-·-- -- --· -·~
6 . ..2!.!aq.::;~p~f.?t, da p:r;iebas de tu aptitud. Supera la inhi-
mediante la proeza, la prestancia, el alarde, el «en-
greimiento», a imagen de la rana que pretendía ser tan gor-
d~~o el buey. ¡Sí, pero tú nunca reventarás!
\2)_'!.Q.hagas nada_~finitivo~xcluy~E:.t~: j§.i emw e un pi,;.
adentro.._y otrQJJ.fuera! ¡Nada de avances si.n la seguridad de
~ . ,, Que tu demanda ..:rnl.!era para rea- ~miúefarada! «A la vez» Y:-al m isnio"fiempo» son expres~o-
n¡~-<\~e deben atravesar tu lenguaje. jtn-<-~/ .
6

hzar así tu dem-mm:a, que es ser un sujeto muerto, desvane~


ciaü;'ñórrad9. Eso es lo q~e debes exponer. -· ~~! imperat~vo de~_ superyó que te ordena: «jgB'za!», f, ~"'
~~_de tu impo}encia :Rª!'.§l re~~i~1:.~~~demffi2q~_aairi_gi..I /";;: ·'.'':Hr•
r
,,q
~ ~~l~h
5
S. Nacht (dir.), La psychanalyse d'aujourd'hui, París: PUF, 1956. [El ~acan, Le Séminaire, Livre VIII, Le transfert, París: Seuil, 1991, )~IR•~
psicoanálisis hoy, Barcelona: Luis Miracle, 1959.]
6 Le Séminaire, Livre Ill, Les psychoses, op. cit., pág. 312.
P~; 300.
Seminario RSI, clase inédita del 16 de junio de 1975.
J".r&: ce. ;,

142 143
3. El retroceso de Freud

10.)Interrumpe tu análisis el día en que puedas aliviar


tu Cü:lPa culpabil~do a otro. A tu turno, que tu propia voz
'.ransmita esta orden de liierro a tu entorno, sin explicacio-
1
nes ni murmullos: ¡es así porque es así! ¡Fin del análisis! Hemos visto que en su último período, de 1923 a 1929,
Freud se interroga sobre la neurosis obsesiva: ¿por qué un
superyó tan feroz y cruel? ¿Por qué e§el azo tap. fuerte con la
pulsión de destrucción y de muerte? Freud comprueba con
mucha honestidad los hechos psíqmcos, pero no puede dar
respuesta al porqué.
Lacan va a responder exactamente esa pregunta: si
Freud no puede ir más l~pru::qu..t;...no logra superar S!!
- -·
_.. - -
- ·-· - __..,,,___.._ ....,, - ...
...._ _-- -· ·-
senfamiento de sorpresa (Uberaschung) ante la extrañez-ª
{Befremden) del precepto: «Amarás a t& w:ójimo c:m¡io,a ti
mismo». En ese fa~pffulo 5 ae Das Unbehagen in der
# udiíiJ:El malestar en la cultura], Freud se ClehenEi, ~
protesta: ¡no, no es posible!
Lacan responde diciendo por qué es así para Freud y, co-
mo consecuencia, por qué este no sabe qué pensar en cuanto
a las razones de la malignidad del superyó.
Con claridad-:- Freud pl~tea que el problema es el de
siempre y el de todo el mundo: el problema del goce del
Otro ... ¡y el propio! Sucede que .. ~ es posible que el goce no
sea del orden del bien y el bienestar. Entonces, ¿no hay un
!azo entre el goce del Otro y la maldad? ¿Es una relación ne-
cesaria o contingente? Allí donde Freud tropieza con el pre-
cepto de amar al prójimo como a uno mismo, Lacan va a
avanzar.

El verdadero escándalo
Pero va a avanzar por ese camino que Freud fue el pri-
mero en trazar, señalando cuál es el verdadero ese~:
la maldad.del.pt'.óji.:m.Q; Lacan lo retó"m a muy claramente el

144 145
/{ -" l,.vJ ·""~" (,¡_ e'" hu: iJ l/fJ
. ~) r. ~ 11 rv'.-;.t'(t•,
9 de marzo de 1960 en Bruselas, al hablar de ese «escándalo , ue w1 mouo que se convierm en «!,plleJ! puedEL.~
(. .. ) que se formula asÍ»: -º
«Entre esos hombres, esos vecinos, buenos o incómodos, que
se ven en medio de este asunto (. . .) del cual diremos que lo
que tiene de defectuoso es sin duda lo que persiste como más
comprobado ( . . . ) ¿cómo puede ser que esos hombres se
abandonen unos a otros, víctimas capturadas por esos espe-
jismos por los cuales su vida, desperdiciando la oportuni-
dad, deja escapar su esencia, por los cuales se ve burlada su
pasión, por los cuales su ser, en el mejor de los casos, no al-
canza más que esa escasa realidad que sólo se afirma en el
hecho de no haber sido sino el objeto de w1a decepción? La Cosa
»Eso es lo que me deja mi experiencia, la cuestión que le- Goce del Otr o
go en este punto sobre el tema de la ética».

/r~
Sí, sin duda es esa la verdadera experiencia que el psico-
analista escucha a lo largo de la jornada. ¿No es la esencia
de lo trágico, de la existencia misma? ir

Así, Serge Lecla~, en una entrevista publicada en el f't j ~ Servicio de los bienes , Superyó Ley del deseo
diario Libération el 3 de mayo de 1993, podía decir lo si- -- ~ ~t?):/",_~or~
guiente acerca del suicidio de Pierre Bérégovoy: ~ ~"A P.-. e,>,, dr ~r:,P<.

«Creo que, como en toda tragedia, se trata de las r elaciones Primera ley
más íntimas, algo que debió vivir en lo más profundo de sí
mismo, como un abandono, una deserción. ]?do suic,;idio di;__ La primera respuesta es la ética tradicional de la ten-
@ e algo a los otros, pero no me refiero a ese mensaje. Es la
ragedia de un sentimiento de abandono».
dencia interior con el fin del Bien soberano, a través de los
bienes particulares que ese :BTeñürdena. La caída teológica
de ese soberano nos arroJÓhoy al servic10 de los bienes plu-
Qr 10 tanto, la iínica búsqueda importante es la de una rales. Jeremy Bentham lo presentó con claridad en su teoría
!!.€. esté a la altura de ese abandono por el Otro. Lacan de las ficciones. ¿Cuáles son los bienes? El instinto no es
presentará esa ética, que es la mISma 'del psicoanálisis, en una respuesta, como en el caso del animal. Los bienes son
su seminario de 1959-1960. Y concluirá de este modo: si pa- de orden simbólico: lo que se dice en tal o cual momento en
ra el hombre del común «la traición tiene como efecto arro- tal o cual sociedad, señalado como lo más útil para cada uno
jarlo de manera decisiva al servicio de los bienes», será «con y para la mayor cantidad.
esta condición que no reencontrará jamás lo que lo orienta t La ficción no es engañadora. Es del orden de la opinión,
verdaderamente en ese servicio».1 Pero entonces, si acude de lo que se comparte en el lenguaje y la imagen, en nombre
en demanda de un análisis, ¿será para poder orientarse en tj_~1 amor entre semejantes. La publicidad mediática lo sabe;
ése s_ervicio o p orüna_~fjca·~ §..~aJa...Qel servicio cl~J~ llegado el caso, usa y abusa de ello; el discurso médico-legal
pretende saber cuáles son los bienes no engañadores; y los
1
J . Lacan, Le S éminaire, Livre VII, L'éthique de la psychanalyse, op. cit.,
pág. 370.
2Jbid.

146
147
,,,,} 6 V-?,Pr> 05 b v7
7,f ~'iJ.. .l'r<>iS
propicia en nombre de ru- s-í n_t_o_m_a_ e_v-id_e_n_t_e..:.:-el bie~est~~ "\
gún el superyó parental. En efecto, ~ata-O.e unª iden;
r¡t ~ Así, las palabras clave son: mesur :o · erac10n, pru encia.U
1 filícac10n imaginaria, sino simbólica.
~(, 11' · reud lo llamó principio de plac~l_;le es un principi.o de nO-

t.
Ahora bieñ:-¿cómo la-ca lificaf uud? En el capítulo 3 de
l¿l'" d~la~er que evita lo d emasiado .Y_.ló de,lfillsiad~oco. El yo y el ello, le da su verdadero nombre de imperativo cate-
fP ¿;e oñtO responde entonces ese discurso frente al"g()ce del górico. Del mismo modo, en el artículo «El Pr'<i61ema econÓ-
0:f.<J Otro? ¡Presten atención! Por una parte, protecs~ón median- ,,tA;: lihco "i:lel masoquismo», de 1924, escribe lo siguiente: «El
.,S¡r te_l!!~paración df;L~ efectuad:2.con e1 castigo del culpá- ~ . imperativo categórico de Kant es el heredero directo a'éí
. . ""'" ~~.:_a del enfer~o. ~~g:ot~~c10n meChan~ $ 1 Y'll-1 co mPleio. de EID.p_.01.!.3 Fre'h~d sabe reconocer ~on Ka ñtíii
\ f· iif}'-v.) prevenci. oñ"üe un n.~12re:y:ig 15le 2.Q~~~g10 fu~o E_e~ci- verchtdera transmisión entre generaciones, según estos dos
~ dencia del culpable.
principios:
- Ese "d.íscur so oficial invade hoy cada vez más la vida pri-
vada de las familias en nombre del bien y el interés de los l. El categórico. La ley tiene_ya~al en todos los
niños. Se supone a la il}adre «good enough:: y que el P.ad~e, casoí,'Cualesquiera sean ras consecuencias afectivas de bie-
por el contrario, debe ser vigilado o reemElazado. nestar o malestar. De tal modo se descalifican los dos senti-
Ahora bien, he aquí la verdadera cue~sta ley del miento~ ie ~~or Pº! id~nt~f!c~ción_<::.o_!!__el~r~jim.9 ~~J<!~,
.~rvicio de ~os bi~nes.0es eficiente frei:!e al goce "'d efO§ f efectos ae la ~ald_aj: so~pas_ión por l_a '.'._ÍCti~.a, tem_.?r por si )('!~
sus íñ'ale:ftcroE?-Desde luego que no, porque el amor por el
s"emejánfe~ qu-;; la justifica, se funda en la identificación:
~Es «patológico», nos aice Kant, y por lo tanto no acla-
ra en absoluto nuestra conducta, como nos lo hace creer el
J
°"t"'"
quiero para el otro el bien que querría para mí. ~lidaridad, servicio de los bienes.
Cóillprensión, capacioau ue compartir: esos sob los signifi.: 2. J?l incon;iida.11,ql,,,~y_ s_e basa únicamente ~el~~e_1 ~
cantes que pe rfñíte'n vivir Juntos: <!t.§2. ~nu11cjªciqJ}...intetio!:...! jD~be~.... np.,,.de~sh~.pe justi- ~ ~ ~
- i_y desp~és, ~n día, la co; ; ; desmorona! Habría podido fica por ese mismo acto y, por lo tanto, prescinde de razo- j ó ~ ~
durar hasta mi muerte. ¡Pero estamos lis'fü !..Y.Q creía cm - namientos, argumentos y deducciones: «Si es así, enton- ~J'
prenderte; tú creías comprenderme. Per <las Din e tá más.. ces ... ». Ahora bien, la luminosa intuición de Lacan consis- .,..-~ ~
allá del espejo-!-en ~c_rra "di~.§Ión. aic 011."11'. .an ono:
e0 :!a que Sio ere~ La negac10n marca la alteri-
tió en mostrar, en el linafa de G. Bataille P. Klossowski ,}! M. ~ ~ ~ f
f iNOies
CI?r'ácle la élíférencia que es, dice Freud, «!¡il más allá del Iaj.p;
~~~~~Afn!. s~@ coi pEsa famosa yo_z de ~ ·~
~aentro que es e supe!:YQ_P~.d~ e Otro; revela su ongen .\\'
cipio de placer», es decir, goce. en la máxima que enuncia el derecho del Otro al goce, dere- ~· },. "-,
'llllli:pQ?eso;"'filrr"' u - a, es a · y el servicio de los bienes es cho sobre mi cuem o: - ~ f-~
una ~arrera.~y ~l,ant~ el h.2r!2f..~e! g~"' Este se burla
claramente de la vida y del bienestar. Y de tal modo, Freud -T~ngo der:cho ~gozar
de tu cu~rpo, p~e~e
decirme quien-
mera, y eJercere ese derecho, sm que hm1te alguno me de~
i § ~.
~
habla de «reacción terapéutica negativa». El marco médico
legal se derrumba.-. . y coiieTiaOueñapsiéOiügia:
@ enga en el capricho de las exacciones que me complazco en 0~I ~~
Segunda ley
o .~h.
~
f''
2- s~- ~ ~-r.;_//~
J;~/k t1-¡ ~./ft .. e_..
·f YJ (/
aciar con él». 4

Ese es el argumento del artículo «Kant con Sade». Sade


t
.
? ice, la_verdad ~e Kant d.~ ~cue~do co~ d?s principi~s: l~a~
~ f'f
~

por
1
Pero Freud reconoció una ~X.JIU.U;: distinta, la heredada
el niño con la declinación d~l compJ.ejQ de Edipo. A partir
· e 1923 y de la segunda tópica, la llama superyó. 'Erste no se
' -Le p<0bl•m• éoonomlque du m•wohlsme•, en Nfo~, peyoh~ ,J. ' l
perversion, op. cit., pág. 295. [«El problema económico del masoquismo",_,~~
enAE, vol. 19, 1979.) \; ~

--
construye de acuerdo con la imagen de los padres, sino se- 4 J. Lacan, Ecrits, op. cit., págs. 768-9. \__,,

148 149
úk?a.f;. µ CJ/'r'C
1/ ( C""-r..{".:~k.r ~ú """ cf<.J'«,h-c
( ji " ,_,,,,,,,e_.·, )
,.,..(é (~.:<_Y
tía del Otro en cuanto a lo que yo puedo sentir de su goce de Q.ios como «Ser Supremo de maldad» 9 se eri e en su voz e 12, 6 e/
mi cuerpo, y el carácter sin condiciones de su derecho de go-
ce. La voz deia c'<mcie~cia s;~ ~te-; la del Otro enSü
instru1~tO.'''&"Y · sa con reud? Supo recoger la ver:. ~: ~ (P ...... .:¡.-,
dad que habla en los labios del obsesivo y la transcribió en c... O.¡... 7. .
goce que se calificará de¿ádico¡J.~ ~elE!~~ Freud un su «mito científico» que e . Tótem y tabú; el su eryó es inte-
siglo después: rio,&zación de:::~n~~qy4rq1ii hace la eyi ~111ª a a am2
jj'ah"'rrfMrporarÍ o y, as1, meJor someterse a el.
«La autoridad dtlLI2ª1lm..<Lcle los padre~ilg!;z:oyec~g._a en ~l ... - Dé tal modo~e; la clased el 9 de juci~~de 1971 de su semi-
yo, forma en él el núcle.o_d.e1 supg__ry...Q, que tom~l2adre el nario, lO Lacan podrá decir por fin que «Tótem y tabú es un
n.gor, pergetúa SlJ..Jl~Qhil>ición,,,deLincesto y, as~,_asegu_~ producto neurótico», pero para agregar de inmediato:
yo contra el retorno de la investid.ura libidinaJ del objeto». 5
·-·~- --
- ... ' .,........ ... --· ... «No se psicoanaliza una obra, y la de Freud aún menos que
Y Lacan lo registra y confirma con la ayuda de Sade: otras. Se la critica y, lejos de que una neurosis haga sospe-
chosa su solidez, eso mismo es lo que la suelda. En este caso,
«Ese superyó es en verdad algo como la ley, pero una ley sin
debemos el mito de Freud al testimonio que el obsesivo
dialéctica, y no por nada se lo reconoce, con mayor o menor
aportá: d; su estr~cl~ra ·a lo gÜe se revela en la relación se-
justeza, en el imperativo categórico, con lo que llamaré su
xual col:nó Ímposible de formular en el discurso».
neutralidad maléfica; cierto autor lo denomina saboteador

---
interno». 6 - -

¡Neutralidad maléfica! ¿Vamos a hablar entonces de re-


Por eso, la verdadera pregunta sigue siendo: ¿g,ué hacer
entonces ante el goce del Otro, ante «SU» maldad?¿Hay otra
'le y que Ia del supecyq?~~~h;cia" otra r e sj)Üesta: süpO'-~ .
lación sadomasoquista, sádica por el lado del Otro, maso-
quista por el lado del sujeto? No, eso sería una psicología de- ne ir más allq_de_S~~X más allá de Freud, del Freud que
masiado fácil. Jean Paulhan mostró que en su propia vida retrocede ante el horror del precepto a~ar al prójimo co-
Sade era un masoquista. 7 Lacan g~n~r.fil!za~:Rr~..§!l~­ mo a uno mismo. Ir más allá es admitir esta constatación de
dico, partenaire ~lwasogyista, es guien g~i~re ver y escu- Lacan:
~~ el otro.e~<12!or de_ex!_s~,-~Ja guej_a melaocólica, el
:rp.asoquismo de la delectatio morosa. Y para escucharlo me- «Creemos que Sade no está suficientemente cerca de su pro-
jor, lo provoca y se erige en su cómplice fraternal, en cuanto pia maldad para encontrar en ella a su prójimo. Rasgo que
masoquista que se mira a sí mismo. ¿No es eso lo que reco- comparte con muchos, y en especial con Freud. Puesto que
nocemos en Kant y Sade cuando publican sus escritos para ese es, sin duda, ej... , ni o oti o d l o atrás de al os
hacerse leer en voz alta? ~fi@g~e~, .~nt~ ~l mandamiento cnstiano». 11
.l. ' •.• ,.,(,._ :.~.......... ..,¡ ~,/.­
Pero entonces, frente a la Cosa y el goce del Otro, ¿la ley j ~~"' / '/ '~" . /• 'f' V
kantiana del superyó es más exitosa que la ley del servicio
de los bienes? No, aquella perpetúa ferozmente el horror de
esa «neutralidad maléfica» mediante un vuelco contra sí Tercera ley
mismo y una transmisión a la generación siguiente. En
efecto, lejos de inclinarse hacia el ateísmo, Sade exalta a un
5
En el artículo «Le déclin du complexe d' Oedipe», publicado en La vie
sexuelle, París: PUF, 1969, pág. 120. [«El sepultamiento del complejo de
Edipo», en AE, vol. 19, 1979.] 9 lbid., pág. 773.
6 Le Séminaire, Livre lll, Les psychoses, op. cit., pág. 312. lO Seminario D'un discours qui ne serait. pas du semblant, clase inédita
7
G!uvres, vol. IV, París: Cercle du livre précieux, 1969, págs. 33-6. del 9 de junio de 1971.
8 Ecrits, op. cit., pág. 778. 11 Ecrits, op. cit., pág. 789.

150 151
del complejo de Edipo según Freud, sino el del fin de un aná- Aquí, Pablo cita el noveno y el décimo mandamientos de
lisis. la Ley mosaica (Exodo, XX, 17) . .La.negación..del_~pü» h~
Ñ o retroceder ante el precepto de amar al prójimo como nacer el deseo, a diferencia de la ne~.siQ.ad 9ue es innata,
a sí mismo es darle una nueva interpretación. Amar a ese
prójimo que es uno mismo aproximándose a su propio goce,
:::- - ·- ..,/ - e/
natural. YPablo prosigy..@: : - l •.,. ,., ..-. . ,., ,
<
L / ...,
r(/.)
V <

:.,__
' /' I - • 1

aIIídonde puedew;gi;1. aida.d~hañCe"téG(illªi:;c «Aprovechando el mandamiento, el goce suscitó en mí toda


[mé-c{!gir] de la voluntail e ien. a es e w~fil:,..,,J~--ª ~ clase de deseos; sin la- Ley,
-
en efecto, no hay
- -S--· .~
goce.
_.),
¡Ah! Yo vi-
~ el!,,esa~.z~~ de sÍ.:qi~SJl.!.O ~esconofiQ.aJ_§lJ~, a la ~!!l:. vía antaño cuando carecía de Ley; pero surgido el manda-
tima y éxfima; digamos: el lugar de una extimidad~ aistinta miento, el goce cobró vida y yo estoy muerto».
deJa del ámor p_or1d~ntjficació.n,. - - · - .~ -
J~· Esto supone una ley, la del deseo. Pero, ¿cuál es ella? No Tal es en verdad el escándalo de la Ley para los paganos
prejudaicos, para quienes sólo importa la salvaguardia de
V1J ' es la ley que obedecemos y nos culpabiliza en caso de incum-
)J? (/,,.( <f plimiento. Tampoco el rechazo de toda ley y la arbitrariedad esta vida humana a cualquier precio. Pero en este caso se
( ..... ¡.,
,~'.C.1f,,,.. -"' presunta del libertinaje. Eso sería la ausencia de deseo. trata de una ley que permite negar la vida, de tal suerte qué
"' ~ e:. Esta tercera ley funda el deseo. No es fácil demostrarla, enlo sucesivo m~n.ieg<J "ªperder i:ñlsii.zon"es de vivir a cau--
;¿,, " ?'Í l'."1
'4A' - t
habida cuenta de su extrañeza y su lazo con el goce. Por eso ~~a v@ID>(jjropter vit<j'm _viv,endi perd!fe causas). I~
:.:-:.,.,.._r- Lacan decidió dar un rodeo. En su seminario La ética del es el riesgo del deseo. El bien y el bienestar dejan de motivar

~
psicoanálisis, presenta su articulación al comentar la«~ f a Afncion de fa fey. Así, Pablo precisa:
tola a los romanQ_s» d~ an P~~J?. el capítulo 7: «Comete- s aort> ~of-t..t4
,,..~ .,
rían un error --dice-- si creyeran que los autores sagrados «Sí, la ~~y e~a~ada y el p ,andamiento santo.Justo y bueno. //;1t.:'"""~ ',,

~~)
no son buenas lecturas».1 2 Lo repite: Pero ¿lo que es bueño se habrá convertido en la muerte para (,.e;,*>
mí? ¡En absoluto! Mas es el goce el que, para revelarse tal, 9r·)';,~

«No basta que ciertos temas sólo sean usados por personas se sirvió de lo que es bueno para darme muerte, a fin de que fa<:.<[
que creen creer ---después de todo, ¿qué sabemos de ello?- el goce se volviera desmesuradamente (kath'hyperbolen) go-
para que ese dominio les esté reservado».13
-- - "' ... --
zoso por medio del mandamientQ,,-:--- · ·

Desmesuradamente, en exceso, con locura· es lo propio


En efecto, allí hay un saber, «Y en ese concepto esto se in-
cluye en el campo del examen que debemos acordar a todo de to o goce, estar «mas a a e prmcipio e placer», decía
saber», 14 sin tener, no obstante, que adherir a las verdades Freud, más allá de esa evitación del displacer que es la pro-

~
que algunos toman por creencias. cción de la vida. Así, Pablo demuestra que hay transgre-
Así, el 23 de diciembre de 1959 15 Lacan muestra ese sa- ón, y por lo tanto goce, por el solo medio del manda.mien-
ber sobre el nudo entre la ley y el deseo, con la ayuda de san ' con el apoyo de la ley. Como decía Lacan, «es necesaria
P-a6lo. Le ffiista reemplazar la pala'Eir a «pecado» (amartia) una transgresión para tener acceso a ese goc~y recÚperar a'
s~ Pablo; pre<j.sam~t~_ p_ar_a~e_so sirY,.i::)~ Ley». La prohl:
17
por la Cosa, es decir, por el goce, y entonces todo se aclara.
De tal modo, tenemos la siguiente transcripción: bición sirve al goce «de vehículo todo terreñO:O.é camión con..
orugas» .18 - /} L·S~
- Así, la t~l).9gr~i~es una rav sí más all' de s límº - O(,
t
r,Sólo conocí el goce por la ley. En efecto, no habría conocido
deseo si la ley no hubiese dicho: no codiciarás» (VII, 7). ~,J'dl,'"'eñ'fa que~se corre e nesgo e la pér ida posi-
""'..¡C-l-<CP-.!f,

12 Le Séminaire, Livre VII, op. cit., pág. 101.


13 /bid., pág. 202. l6 Lacan cita la máxima en latín en Ecrits, op. cit. , pág. 782.
14 /bid. 17 Le Séminaire, Livre VII, op. cit., pág. 208.
15 /bid., pág. 101. 18 !bid.

153
152
de unicidad de dos goces deja un vacío irreductible. Enton-
ble de la pequeña dicha del otro y de uno mismo; en resu- ces, sólo el apoyo aeia"belleza permite no retrocede r y amar
men, lo que se llama maldad. al prójimo aproximándose al propio goce.
Esta tercera ley, la del deseo, da l!!!Jlu_e_v_o_senti~ Así, Lacan, al hablar del arte de Sófocles que se dirigía
castración: una negación croadora. De allí la conclusión de al público con Antígona, decía: «Función de la belleza: ba-
Lacan: ~ex1:i_~ma p~a~hib~ el acceso a un fiorror funillí-
~nental». 7 ¡,'?/•·• ~ f¡:;••,,••,.•.tt...C:J:.iAA-"(,. ('<A~f'"..t'f~
0
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r... ! bJf!f. '" ~ .¡:,.. • <-V~,.--·J-,,,,.,.,,¿.,
/º. n~ ·" ..
.... <t..

El fin del análisis


Ya en 1957, Georges Bataille había expresado la intui- cL í!&
ción de ello en sü'IiEro Elerotismo: De tal modo, en el caso de la neurosis obsesiva el fin~ '!-6.a:i""'
análisis es_e!J>3~ la se~d~a1ercera~. Las interro-;{..,, ~ e.d
«Lo notable en el interdicto sexual es que se revela plena- gac10nes de Freud sobre el superyó nos llevan, por lo tanto, ~ ~~
mente en la transgres1on (. . .) I:a esencia del erotismo se di a concluir con Lacan que esa neurosis, lejos de ser patoló- L( ~¡ ,~ ,,.
e?raasociación iñextricable dél placer seiual y el inter dic=- gica, compete al contrario a la normalidad..cQl~ctiva. Nadie ~ .:' ·
t2.: Humanamente, este último nunca aparece sin la revela- máldeseo_sÓJle~ormg,ti.vidaCÍ.:~~esivo. E~cfo.·-,'·':s~
~ ~··~
ta neurosis es eLsíntom_Jt.de las exig~n$ias e famOht"C'iVí-
...JIFA nU•., .._ .
ción del placer, y el placer jamás lo hace sin el sentimiento
del interdicto(. .. ) En la esfera humana, la actividad sexual • d E'llf .. . -- "' _.., .. l!i ' ~
se aparta de la simplicidad animal. Es en esenci; u"iia trañS="· 1iza a.
:a normalidad bien puede soportarse durante algún
gres~n,.No es, triiSeE ñteraict:o, el retorno a 1alibertad pri- tiempo, hasta el día en que se revela la debilidad del yo ante
mera. La transgresión es la obra de la humanidad organiza- las coacciones del superyó. Así puede ocupar su sitio el psi-
da por la actividad laboriosa». 20
coanálisis.
Pero, ¿para llevar adónde? No negarse a responder es
reconocer que a menudo el psicoanálisis se detiene a mitad
de camino: supresión de algunas defensas del yo, menor
sentimiento de culpa. Por eso el fin del análisis puede resu-
mirse entonces en esta fórmula: naso del suwq.ó del t<m:.e¡; '/ ~
al ser. .,.,.~ • .......1. ..... ¡...,..,
--ru'"superyó que el sujeto tenía con referencia a sí mismo a.{ •.
se convierte en aquel en que el sujeto se ha vuelto con res- ~ Ct<.J
pecto a su entorno familiar, profesional, político ... ¡y even-
• tualmente religioso! ~ey el li ra ie to 1 super ó
~~~.9.. d~~l~""'En vez de sentirse obligado, umi-
er
llado:Culpahle, sUjeto obliga, humilla, culpabiliza a los
otros; así, se siente mejor. Impone su hipera<ilivif!@~a q!J.~­
nes lo rodean y les reproch'i"Perder tiem.R_o_y dejarse estar.
--Por eso, cuando dos-obsesivos s¡;encuentran para hacer
) un mismo trabajo, estalla la guerra. En efecto, no hay recep-
~- ;:\ /(;- ,, f ,,. " /!: ,4 :
l9 82=
Ecrits, op. cit., pág.
París: Editions de Minuit, 1957, pág. 118. [El erotismo, Barcelona: 21 Ecrits, op. cit., pág. 776.
Tusquets, 1979.]
j( cv- 1., r ·:y"" ..:C.h
155
154
tividad posible al discurso del otro. Este no puede parecer IV. Histeria
más que insensato. Así, Lacan podía decir:

~
s inconcebible que un obsesivo pueda asignar el menor
ntido al discurso de otro obsesivo. Incluso puede decirse
ue de allí surgen las guerras de religión». 22

Y lo «religioso» puede encontrarse por doquier... aun en


la comunidad analítica. 23
Al contrario, ir hasta el final del propio análisis es descu-
brir otra ley, la del deseo, mediante la cual el goce puede :rl-
a
can~a:se i.7J;flU~O . pjrt]¿d~fiñterdicto, en el riesi2:de la
pérdida de dominio y normalidad social. -

22 «Introduction a l'édition allemande des Ecrits», Scilicet, nº 5, París:

Seuil, 1975, pág. 16.


23 Así, se calificará de «trabajo» la experiencia analítica, olvidando que

la etimología de esta palabra, tripalium, se refiere a un instrumento de


tortura. ¿No es la orden de hierro del superyó?

156
l. La subversión histérica

¿Se puede aún hablar de histeria? ¿Cómo definirla? ¿No


es cualquier definición efimera y cuestionada sin cesar en
función del contexto social?
Sin embargo, quienes usan esta denominación, ¿no de-
ben saber por fin, después de tantos siglos de investigación
y de atención terapéutica?
La histeria desconcierta en primer lugar por los sínto-
mas que se le atribuyen. En efecto, son contradictorios: lll.!L.
sa y el llanto, la depresión y la euforia, la frigidez y el ardor,
' 1a hi2erestesia y la_anestesia, la afasia y la volubilidad', la \
~ia y la bulimia, las convulsiones y las parálisis:-la \
epilepsia y la contracción, etcéter.11. 1
Pero ¿qué pasa con su causa? ¿Qué respuesta de orden
etiológico? En este aspecto, es sorprendente comprobar una
constante en la respuesta de quienes saben: la causa sería
del orden de una fuerza, un poder a la vez interno y externo,
que una vez libre trastorna, a pesar nuestro, nuestras sen-
saciones, pensamientos y actos. En el transcurso de los si-
glos esta fuerza recibió diversos nombres, y la historia de la
histeria es la de una sinonimia.

En la Antigüedad
Desde la época de los médicos y filósofos griegos hasta el
siglo XVII, la patología histérica (ta hysterika pathe) provie-
ne del ?11-o..fem.e.Qino del útero (hystéra). Cuando este se
mueve ~u c~ ~ el cuerp~ prov?ca so~oc!:lc~.z. afQ:-
nía, ~pjl~p_s~orpor. Esa es la postura de Hípócrates, Cel-
~o, Areteo y Soranos.
Pero ¿por qué entonces ese trastorno y no otro? Debido a
la falta de relaciones sexuales (viudas, mujeres sin hijos); de

&."'
159
tal modo, upa rnatriz_demas.iad()_seca_se_~ en vaga- Ahora bien, estas cuestiones no se plantean y seguirán
bunda y ambulante. En efecto, el pensamiento deiosme: ausentes durante mucho, mucho tiempo.
CÍÍcos y filósofos griegos es que una mujer debe estar someti-
da a un hombre, como el cuerpo al alma. Aristóteles decía
que «el alma gobierna el cuerpo con la autoridad de un amo,
y el intelecto gobierna el deseo (oréxis) con la autoridad de La tradición teológica
un hombre de Estado o un rey». Y agregaba: «La relación del
varón con la mujer es por naturaleza (physei) la del superior /).. partir de ~n Agustíq, la etiología queda trastocada.
con el inferior, del gobernante con el gobernado». 1 La histeria ya_!!Q__compete más alª mQtri_z; cambia de nom-
Esta complementariedad en la desigualdad se encuen- bre ara designar ~sa fuerza subversiva en la mujer: sella-
tra en todas las sociedades tradicionales. Así, Franc;oise Hé- ma «posesión» Pero, entonces, esta fuerza que no es «segÓ.n
ritier decía al respecto: la naturaleza», ¿es divina o demoníaca? Esa es la pregunta
que debemos responder, de acuerdo con estos tres tiempos:
«La clasificación dicotómica valorizada de las aptitudes, los
comportamientos yl as c uaíidades según los sexos, que en- .L-El in11t~n_te de V<iT .
contramos en todas las sociedades, remite a un lenguaje de Extasis, trances, convulsiones, estigmas en el cuerpo de-
/)J (L rt,Js.. categorías más amplias: se establecen correspondencias jan ver signos; esas marcas son una mancha que llama la vi-
1
(. .. )entre esas relaciones macho / hembra, derecha / iz- sión. Mediante una aguja, el picador públicc{somete el cuer-
quierda, alto / bajo, calor/ frío, etcétera». 2 po a la cuestión:* ¿sufre? ¿O está anestesiado?

Esa es la razón por la cual Danielle Gourevitch pudo con- 2. El tiempo de saber
cluir de este modo: Este tiempo está reservado a los expertos, que no son los
'- médicos sino los teólogos. Lo que se llamaba histeria ya no
«Los médicos antiguos comprendieron con claridad que la es una enfermedad sino u 1hechizo ue exige una interpre-
hi~- enfermedad del cuerpo femenino, era la enferme- tación erudita. De este mo o orna sitio la ciencia teológica
dad de la mujer en su totalidad, y más precisamente de la que, de acuerdo con criterios cada vez más precisos, permi-
mujer en sus relaciones con el hombre, en la medida en que " te decidir: causa divina o demoníaca. Ese manual que es el
las relaciones sexuales o su- auseilcia modifican su equili- Malleus maléf[cg,ru_m J~artillo de las brujªs] es su mejo.r.
brio hormonal y la topografia de sus órganos». 3 ~jEm1p_lo .

Sí, pero entonces la verdadera cuestión es la siguiente: 3. El momento de concluir


~ ¿de dónde procede la enfermedad en la mujer? ¿Se debe a 12 · -Este momento permite pasar del saber al poder: el del
1'-....
~ que le falta un hombre que se le imponga y, de ese modo, exorcista que por su palabrá expulsa al demonio del hechi-
zado, o el poder político que ejecuta en la hoguera la conde-

~
vuelva a poner el útero en su lugar de matriz fecundada?
¿O, a la inversa, a que la mujer se rebela contra la domina- na pública de la bruja o los hechiceros. O bien, al contrario,
ción del principio masculino, dominación a la vez sexual y se reconoce que la posesión es la del propio Espíritu divino,
social? que toma caminos extraños, calificados de místicos, para
manifestarse. Así, en todas y cada una de las oportunidades
se pone enjuego la conformidad a las reglas de la institución
1 Política, I, 6 y 7. eclesiástica.
2 Masculin / féminin,París: O. Jacob, 1996, pág. 70. [Masculino/femeni-
no: el pensamiento de la diferencia , Barcelona: Ariel, 1996.] *Lo cual debe entenderse en dos sentidos: el del cuestionamiento y el de
3 Le mal d'etre femme, París: Les Belles Lettres, 1984, pág. 127. la cuestión (question) como tormento. (N. del T.)
\; fry(/c vvi C r~t

160 161
En efecto, como la histeria, la posesión recusa el poder según los médicos); y al mismo tiempo, inmovilizada en su
político-religioso, es decir, la dominación masculina de la cama pero siempre despierta y disponible, recibe y aconseja
autoridad sobre sí y los otros, según las reglas de la mesura a decenas de miles de peregrinos; también funda hogares de
y la identificación común. Ahora bien, esta etiología sigue caridad. Ahora bien, en sus estudios, J. Guitton5 y G. Mot-
viva. Ese poder de discernimiento, efectivamente, continúa tet6 se cuidan de juzgar y desechan eseTálsü dilemá: o enfer::"
hasta nuestros días: la calificación de histe_ria toma el relevo íilll" o mística; una cosa no excluye la otra. Pero ¿qué pasa
de la posesión demoníaca. El saber teológico se duplica ahÓ- entonces con el discurso psiquiátrico?
fa con el saber médico; ;1síntoma de los estigmas no proce-
de de Satán, sino de la enfermedad histérica. Así, Juana de
los Angeles, la famosa priora de Loudun, tras ser condenado
su cura a la hoguera, recorrió Francia para mostrar sus es- La histeria como neurosis
tigmas; y los discípulos de Charcot, Legué y Gilles de la Tou-
rette, la diagnosticarían a posteriori como «poseída histé- Hemos visto dos etiologías, dos denominaciones de una
rica». fuerza subversiva: el furor uterino y la posesión demoníaca.
Pero entonces, si una mística tiene síntomas histéricos, Con la psiquiatría va a nacer u~'a ter~era designación: la'
¿no es una falsa mística? Ese es en verdad el dilema plan-
.... - Pero acerca de la significaciónae
.,._____. es una neyrosis.
histeria
teado desde el entendimiento «cordial» entre teólogos y psi- esta neurosis van a oponerse dos corrientes.
quiatras: o místicas o enfermas. ¿Dónde está el límite? Aun-
que, ¿no se trata, después detodo, de un falso dilema? Si l. La corriente organicista
Pierre Janet o Joseph Breuer llaman a Teresa de Avila «pa- La neurosis se debe a una lesión orgánica del sistema ..
trona de las histéricas», ¿impide eso juzgar que es una «Yer:" nervioso, un trastorno nervioso d:l cerebro. ~sí, 9~llel1 in-_ ;(';.)
dadera» santa? El debate no cesa entre los representantes venta en 1769 la palabra «neurosis» para designar ese aéfi-~
del cuerpo eclesiástico y los del cuerpo médico, hombres tan- cit.Otros lo seguirán en el siglo XIX.
to unos como otros.
Uno de los casos más discutidos fue el de la Madeleine de 2. La corriente de la psicogénesis
q Pierre Janet, cuyo verdadero br Pauline Lair La- Con la psiquiatría dinámica, esta tendencia se opone a la
49,)-¡ motte, descripto en De l'angoisse a l'extase La mujer exhi- primera. La histeria proviene de una dynamis, un poder,
,u¡- oía los estigmas de as cmco heridas de la pasión de Jesús y una fuerza que instaura un trastorno de orden funcional.
- una contractura que la obligaba a caminar en puntas de Es por lo tanto una psiconeum si_s.
pies; vivía en el anonimato entre los pobres, y fue seguida Esta recuperación del concepto de~uerza suPY!'rsiwra a
por J anet durante veinte años, en los que ella le eSCTíbió casi explicar en lo sucesivo lo que no se p esenta como un sínto-
adiario. :A.:fiür"a bieñ, Jañet larecibe; la e~aeoñl­ ma, sino como el síntoma esencial, central y constante de la
panacomo «un padre», mientras que por su lado, el teólogo, histeria: la falta de unidad de la personalidad, la falta de fi-
el padre Bruno de Jésus Marie, juzga y resuelve: es una

--·
jeza de la identidad. De allí sus distintos nombres: perso-
enferma y por lo tanto no -es una mística, es decir, lo con- nalidades múltiples, simultáneas o sucesivas, disociaciones
trario de Teresa de Avila. 4 El sabe. (Pierre Janet), desdoblamiento (alter ego), dobl~encia,
El ejemplo inverso es el de ~~ Rob~muerta en ctivaJe def ego, ex-stasis, simulación (Babinski), teatrali-
)..9-81.,)a estigmatizada de la Dróme en Cháteauneuf-de- dad, fabulación inconsciente, mitomanía, etc. Los sinóni-
Galaure. Tiene síntomas calificados de histéricos (estigmas,
completa ausencia de sueño, anorexia total desde 1932,
5 Portrait de Marthe Rob in, París: Grasset, 1985. [Retrato de Marthe Ro·

4 bin, Burgos: Monte Carmelo, 1999.]


Artículo aparecido en Etudes carmélitaines, 16, nº 1, 1931, págs. 20-67. 6 Marthe Robín, Toulouse: Eres, 1989.

162 163
mos se multiplican desde hace casi dos siglos, a tal extremo produce «dinámicamente», es decir, en razón de una energía
que la American Psychiatric Association suprimió de la no- que actúa por sí misma, sin conciencia reflexiva ni voluntad
menclatura del diagnóstico la palabra histeri~ de etimolQ:- deliberada; Henri Ellenberger diría: inconscientemente.8
,,. )
'/r'/ J
gía insoportable. el DSM IlfÍa sustituyó en 1980 por la Ahora bien, según esta perspectiva, la terapia consiste
f /!( en recuperar la unidad perdida, gracias a la intervención
denomina ció PDYmultiple personality disorder).

*-- Ahora bien, n-!{)94, el DSM N reemplaza el MPD por


una nueva denominación: «trastornos disociativos de la
identidad».
....- - - ; - - - -
Es más claro; la noción de personalidád ya-ñO
psiq~agnetismo, hipnosis, sugestión u otros méto-
dos intervienen activamente para provocar una respuesta
que permita hacer frente de otra manera al trauma, de tal
conviene. modo que se restablezca la identidad anterior a él. ¿Curar
Así, el psiquiatra retoma la cuestión del teólogo; este se no es recobrar el statu quo ante, el estado anterior a los
preguntaba: «¿Qué identidad? ¿Es una poseídª 9 l!D.ª-11].ÍS- «agentes provocadores»?
tica?». El psiquiatra plai1teaalgo semejante: «¿Enferma o El psicoanálisis norteamericano, en la línea de la psi- S' t ,/2; (
' manipuladora?». quiatría dinámica, propició la denominación de «personali- ¡· ·
El padre Surin, consejero espiritual de Juana de los An- dades múltiples». El caso más espectacular presentado ante
geles, era poco tolerante con esé cambio incesante de másca- el público es el de una mujer, Sybil Dorsett, nacida en 1923
ra, y le escribía lo siguiente: en Wisconsin. Su análisis de Oñce años (1954 a 1965) con
una psicoanalista de Nueva York, la doctora Cornelia B.
«Escucho decir tantas cosas de vos y que hay en vuestras Wilbur, fue relatado fielmente por una periodista, Flora
maneras tantas sutilezas y finezas, que es dificultoso en- Rheta Schreiber, con el título de «Sybil. La historia verdade-
contrar en vos un espíritu de verdad: tantas contradicciones ra y extraordinaria de una mujer habitada por dieciséis per-
hay en las revelaciones y comunicaciones sobrenaturales sonalidades diferentes».9
que cuesta fundar en ellas un juicio adecuado y hacer pie en ~ Sybil está «habitada», como antaño Juana de los Angeles
algunas buenas cosas». 7 estaba poseída por demonios.
Pero ¿cuá l es el objetivo que se fija este psicoanálisis?
En síntesis, hay inquietud en el experto, que debe saber Instaurar un yo unificado, vna sol.~J~~ffSopalidad COD ~l
para intervenir. En otras palabras, no basta constatar el nombre de syDií,fategranefo los otros dieciséis nombres en
síntoma; hay que mencionar la causa. Uñ «YO aespíer to». Así, las diferentes personalidades corres-
pondientes a un trauma «eran defensas contra su medio in-
tolerable, defensas producidas por lo~ traumas de la infan-
El debate etiológico cia (. .. ) El tratamiento consistía en analizar los traumas a
fin de hacer inútiles la defensa levantada contra cada uno
Si para los organicistas la causa es de orden físico, here- de ellos y la existencia de la personalidad encargada de esa
ditario y lesivo, el gran debate, en cambio, concierne a la psi-
quiatría dinámica. La causa no es de orden sexual; es la r defensa» .10
Pero ese yo unificado, ese sel{ auténtico, ¿no es el mismo
reacción «dinámica» a un trauma psicológico: frente a un
acontecimiento que provoca una conmoción a la vez física y
psíquica, un desborde de la conciencia y un exceso emocio-
f
~ Cornelia B. W,ilbur, con quien Sy~i~ debió identificarse?
1
J
/.yL,<.A-J < /"o _.J r et)_,,,

nal, la respuesta es el trastorno sintomático de la identidad. 8 De conformidad con su estudio en Histoire de la découverte de l'incons-

Esta respuesta es inmediata o bien se da a posteriori. Se cient, París: Fayard, 1994.


9 Sybil. L'histoire vraie et extraordinaire d'une femme habitée par seize
personnalités différentes, París: Albin Michel, 1974. [Sybil, Barcelona: Po-
7 Citado por Michel de Certeau, en La possession de Loudun, París: maire, 1981.]
Gallimard, 1992, pág. 326. - ---------..: lO !bid., pág. 266.

164 165
2. La ruptura freudiana

El descubrimiento de Freud consistió en abrir un nuevo


camino. Teóloff~Y médicos no sabm!_; toca a la histérica
hablar, y_ al 2sicoanalista, recibir ~ a 12alabra.
En efecto, el psicoanálisis no se funda en otra cosa que la
regla fundamental, es decir -a la inversa de lo que se
aprende en la escuela-, la posibilidad brindada al sujeto de
hablar asociando con toda libertad, no «libremente», sino
como se le ocurra. ¡Nada ele hermenéutica, nada ele teoría a
«aplicar» al caso de cada uno y cada una! La libre asoc1aéiüñ
proccGeCfel sujeto y no del analista.

La verdad habla yo [je]


¿Por qué, entonces? Porque la verdad habla así y no de .
otra manera. Habla histéricamente, en el imprevisto, el zig- /1 og( O!J
~g, el malentendido, con~ síntoma, el acto ~~ido, el sue- - l /7' ., ("
fio, fa' afo biá que surge repentina. Y a parfal'Ueesec5ñ="'
tem o nwnifiesto, sólo el sü}~ede pasar al contenido
latente gracias a sus propias asociaciones, esto es, puede
contestar la pregunta: ¿qué quiere eso al decir eso?
El oyente que es el analista ha tenido que aprender ele su
propio análisis que no hay motivo para exasperarse ante la
extravagancia y la incoherencia del discurso del analizante.
En efecto, la asociación no es «libre» en el sentido de arbitra-
ria; oculta una razón que es preciso descubrir.
La verdad habla por la boca del analizan te que dice
siempre la verdad, aunque nunca toda. Respuesta: «Le creo,
por más que usted diga», lo cual no implica «creo en ello», en
el sentido de adhesión a un saber referencial. El saber tex-
tual, no referencial, de lo que se dice basta por~-
En efecto, las formaciones del inconsciente son un retor-
no de lo reprimido, que se debe escuchar y analizar en su Ji-

167
teralidad. Tal es la ruptura de Freud, muy nítida a partir de creo, en el sentido de que su decir no carece de razón». La
1897. ¿Hubo o no abuso sexual por parte de un adulto en la ficción no es ilusoria ni irreal. Así, Lacan dirá en 1953:
infancia del sujeto? ¿~alaimaginario? ¿Es una verdad a
recoger o una falsedad de la que hay que sospechar como «La ambigüedad de la revelación histérica del pasado no
una sugestión o un rumor procedente de otra parte? ¡Falsa obedece tanto a la vacilación de su contenido entre lo imagi-
~u~giónJ Freud supo escuchar de otra manera: lo gi.IB__im.: nario y lo real, pues se sitúa en lo uno y lo otro. Tampoco se
porta y hace sufrir son las reminis.c,enci.av;i.parecidas en el debe a que sea mentirosa. Sucede que ~!a nos presenta el
apres coup como refurño-d_e-lo r~iJnido. Eso es lo que deb; nacimiento de la verdad en la palabra, y de es.e modo trope-
~scucharse, homologarse, registrarse en la palabra compar- zamos con la realidad de lo que no es ñi verdadero ni falso:
tida. al menos, eso es lo más perturbador de su problema. Puesto
El sujeto padece de reminiscencias, y por lo tanto de «re- que la verdad de esa revelación es la palabra presente, la
presentaciones». ¿Reminiscencia de qué? que la atestigua en la realidad actual y la funda en nombre
¿Qué responde Freud en 1905? ¡Importa poco que la cau- de esta realidad. Ahora bien, en esta realidad, sólo la pala-
sa de la actividad sexual infantil sea espontánea o provoca- bra da testimonio de esa parte de los poderes del pasado que
da! Interno o externo, lo que interesa no es la cuestión del se desechó en cada encrucijada en que el acontecimiento
origen, sino la de los efectos en el apres coup. Lo que debe decidió». 4
enteñdeise es «la Idea de que la actividad sexual infantil
(sea espontánea o provocada) prescribe su dirección a la vi- Por eso concluye así, freudianamente hablando:
da sexual ulterior luego de la p_~b~. 1 -
Ya sea esto verdadero o falso con respecto a la «realidad «Seamos categóricos: en la anamnesis _esicoanalítica 1:12..?~
( material», Freud comprueba que «el resultado es el mismo». ~rata de realidad sino de verdad,, porque el efecto de una pa-
1,J trk:".,j No hay_«diferencia en cuanto a los efectos>~2 vale decir, en labra plena consiste en reordenar las contingencias pasa-
'L~ . ...-cliallto a : 1a reafiaaclps:lqüica queoesm;peña el pa~l_dQ.:_ das, dándoles el sentido de las necesidades por venir, tal co-
,f_;J.t<.f. minante».3 Ella, y ella soía, -ños presenta por el síntoma un mo las constituye la poca libertad por la cual el sujeto las
sab~r textual que se debe descifrar. hace presentes». 5
/ ~
) - ~~~
vt. ,, r : 1
1,r(J di. a r,,
1-ccc.t:rfd ¡•- 1~·-c Esa es la posición que sostendrá Lacan en su retorno a
.Ja. frc_r j< .' / t•" (¡ Freud, tal como lo efectúa de 1953 a 1963 .
Freud justificado
Es justamente esta subversión la que Lacan retoma en
1953 en su famoso Discurso de Roma. Lo importante no es U na triangulación fundadora
!ª-Yerdad deLeJJ.JJnciado (un saber referen.r:i gl), sino la ver-
ÁV) da<l de la eQun~jación: la verdad tiene una estructur.a de /k-_ Así, Lacan pone de manifiesto una constante que se afir-
l(1y' ción a descifrar en ~ sab~r~~xtual: «PorqÜe usted lo dice, le
-
ma en la pluma de Freud desde 1892 hasta 1921. La histe-
-----
ria es una tentativa de identificación con un sujeto deseante
----

------- -·-
1 «La sexualité dans l'étiologie des névroses>
>, en Résultats, idées, proble- cuyo objeto está en posición tercera. ----
~-
Y esa identiñcación se
mes, vol. I, París: PUF, 1984, pág. 117. [«La sexualidad en Ja etiología de produce gracias al sínt;;m¡ que le sirve de marca. En conse-
las neurosis», en AE, vol. 3, 1981.) cuencia, hay a la vez nacimiento del deseo por identificación
2 Conférenccs d'introduction a la psychanalysc, París: Gallimard, 1999,
·-·- -·-
cap. 23. [«23" conferencia: Los caminos de la formación de síntoma», en
Conferencias de introducción al psicoanálisis, en AE, vol. 16, 1978.] 4 Ecrits, op. cit., pág. 255.
3 !bid. 5 !bid., pág. 256.

168 169
con el otro deseante, e insatisf_accjón del deseo que se debe dió. Dora no puede aceptarse como o~jeto de deseo por parte
mantener; ambas apue~tas están ~cha~ente ligadas. de él. Su apuesta es muy distinta: interrogar el misterio de f1?'
Úe allí lasiguiente ~ la femineidad presentificado por lá señora K. ¿Qué es serl:Y
una muJ~ifüís a11aáelos rÓÍes pr opl.ciados por el discurso ·
Objeto oficial? ¿Qué es, entonces, lo que mi padre ama en la señora
I
I
K. (y no encuentra en m1 madre)? Estas preguntas se plan--
I

I
I tean por procuración, por mímesl.s, por identificación con el
I
I
señor K. ¿O~ .c... e ,, 'f,f-'-' µ. ,¡.¿..:::<Y k, ~ ,. , "' .e- l9 i.,..

I
I
I
1·c;::...,;r n Q, K/'
I

I
I 4. En 1921, en el capítulo 7 de Massenpsychologie und Ich-
I
I analyse
I
y di-1.1cR4 Freud postula como tercer modo de identificación el cas~
Sujeto Desean te ~1i~t~ria_:_ «La identilicación_ hace cm:ppletaabstra~ció'
de la relación objetal C2._n la p~sona copiada». 8 En efecto,
Lacan leyó en el texto de Freud la constante de esta mediante un síntoma establece un~em.einsamheÜ) una
estructura. comun!slad..2,; situación C01\,~l~WC!.1esg_ante2 por ejemplo
«una de las niüas de un pensionado que acaba de recibir
l J Desde 1892, con Elisabeth von R. .. una carta de aquel a quien ama en secreto». 9 Y, desde luego,
El dolor de piernas sirve de marca identificatoria con su se obtiene una insatisfacción.
hermana, en cuanto süjeto deseante vucltOhacia una mu-
-]er: «Ella me confesó sin rodeos -dice Freud- haber sen-
[ vu., R. .. .tido el deseo ardiente de encontrar la mísma felicidad que
· ' , su hermana. Como respuesta a esta meditación matinal, la Una estética de la imagen
- atacaron violentos dolores». 6
V (,. l-, eAy;•Jo
Ahora bien, en nuestros días los psicoanalistas se divi-
·- .,,,,. ·" \2/ En 1900, con el sueño de[ a mujer del carmcer--o)en la den en torno de esa identificación. ¿Cómo interpretar por
'fraumdeutung mímesis e identificación, en efecto, ese fenómeno de simula-
El sueño efectúa u e iva e entre demaiida y dese~ de tal cro, de máscara, de mascarada?
modo que el deseo de la soñadora, a i entificarse con el de Para unos, se trata de patología que, según el nuevo
su amiga, se mantiene en la insatisfacción como apuesta DSM, se calificará de desorden o trastorno de la personali-
exitosa. Así, Freud eser.ibe: «El signo de esta identificació1~

W es que en la vida real ella se asigna un deseo que se niega a .


colmar».7 •
dad. ¿Por qué habría de ser patológico? Porque esa identi-
ficación es cambiante, móvil, múltiple. Esta teatralidad es
un «histrionic personality disorder», co:rñOíá caracteriza el
DSM en \1pa~ágr~fo301.50. .
n 1905, con Dora
La fascinación por la señora K. se apoya en la imagen del ~J..1_,./rio ":: pe..i.!Oh").;-?..,4l---;JC..G-Y/C\_,: ~1cl-u ,·
§>eñorJ\:.. como supuesto deseañte vue l101iacia ella. El señor 8 «Psychologi e des foules et analyse du moi», en Essais de psychanalyse,
K. no es el objeto de su deseo, ·cosa que Freud-no compren- París: Payot, 1981, pág. 170. [Psicologfo de las masas y análisis del yo, en
AE, vol. 18, 1979.l
6
Etudes sur l'hystérie, París: PUF, 1973, pág. 120. [Estudios sobre la 9 !bid. Esta triangulación es la clave de la obra de Proust En bnsca del
histeria, en AE, vol. 2, 1978.] tiempo perdido. Por ejemplo, 12...<Lu q__el,!g,rrador ~ncuel!,tra en Alb.c rtine no @
7
L'interprétation des reues, París: PUF, 1967, pág. 136. [La interpreta- es el objeto <J..e su de~o, sjl}.O ~n _s.~eto~ con el ~IpuedeJ,~entif),l;ars_e eD,
ción de los sueños, en AE, vols. 4-5, 1979.] cuanto desea a una mujer, Mademoiselle Vinteuil. e
?c::V>Ja_r

170 171
Se trata, por ejemplo, de lo que nos ha descripto Flora nuevas figuras , nuevas Gestalten presentadas a cualquiera
º
Rheta Schreiber al hablarnos de Sybil. 1 Esta joven mujer, pero:-mdiVidualmente y una por-una, a tal hombre, tal mu-
que hizo once años de análisis con la doctora Cornelia B. jer. Lo que llamamos bovarismo, ¿no es la posibilidad, gra-
Wilbur, estaba dividida entre dieciséis personalidades dife- cias a la novela, la pintura, la ópera, el cine, de adoptar una
rentes que se ignoraban entre sí. Y su analista le permitió imagen que a la vez oculta y seíiala la falta que es el deseo,
nombrarlas e integrarlas en una sola persona. y no la necesidad?
En cambio, en otros casos no hay nada de patológico. Lo Así, cuando Madame Bovary exclama: «¡Tengo un aman-
que habría que examinar sería, antes bien, la fijeza en la te!», Flaubert agrega:
seudo normalidad. En efecto, la existencia, como la verdad,
está sujeta a la «Sorpresa y estupefacción» (Freud) de ese «Por fin iba a gozar, por lo tanto, de las ale~:§s deli!!llOJ:',
acontecimiento que es el encuentro, la tyche griega: ¡buena o ~ fiebr1eae lafeliciaa d de la que había desesperado. Ingre-
mala suerte! ------- · - - - saba en algo maravilloso~n donde-loóo sería nasión, éxfa-
j Lugarar azar! Efectivamente, la verdad nos alcanza por Sís, delir.!2 .. . Se -ªcordQ_ entonces de las heroínas de los
el albur -d~l acontecimiento. Así, André Breton conjuga libros que había leído, y la legión lírica de esas mujeres
surrealismo y psicoanálisis cuando, al querer hacer el relato adúlteras comenzó a cantar en su memoria c~es de
de su vida, escribe: T1effilanas que la hechi~aban. Ella misma se cónvertía ~~~~
daderamente en parte de esas fantasías y realizaba el pro-
«Al margen del relato que voy a iniciar, no tengo la intención longado ensueño de su juventud al incluirse en ese tipo de
de narrar más que los episodios más notables de mi vida, tal enamorada que tanto había envidiado>~. . - - -
como puedo concebirla independientemente de su plan or-
gánico , esto es, en la medida misma en que está entregada a La belleza de una imagen femenina o masculina permite
los azares, tanto los más pequeños como los más grandes, en identificarse con ella para dirigirse a otro del otro sexo en la
fos que, respingando contra la idea común que me hago de novedad renovada sin cesar de una erótica unida a una es-
ella, me introduce en un mundo algo así como prohibido, tética. - -- - - -
que es el de los acercamientos repentinos, las pasmosas ¡ En ese sentido terminaba André Breton su libro Nad-
coincidencias, los reflejos que priman sobre cualquier otro ¡Ja con esta afirmación: «La belleza será convulsiva o no
impulso mental, los acordes tocados como en el piano, los re- será». 13
lámpagos que dejarían ver, pero realmente ver, si no fueran Pero esa convulsión, ¿no es la histeria misma? En Tótem
aún más rápidos que los otros». 11 y tabú, Freud captó un lazo secreto entre la histeria y el
arte. Al final del capítulo 2 afirma una curiosa ~dancia
..,.----
Por eso, sin duda, Lacan podía decir de la verdad que ha- ( Uber-einstimmung) entre ellos. La histeria sería algo así
bla: «El yo [je] del que se trata puede ser innumerable; no como una imagen deformante (Zerrooo)d.e la obra de arte,
hay n~esidad alguna de continuidad del yo- [je] para que en la medida e~realiza «po r medios privaaos» lo que el'
multiplique sus actos». 12 arte «engendra» en la propia sociedad.14
En consecuencia, el anª-!i~is nc;> l}e_vll_a la !!_~iQ~ de ~n yo No obstante, se plantea la siguiente cuestión: ¿la misma
fuerte e inmutable, s!_no a la posibilidad de identificarse coñ histeria no puede hacer lazo social? Lacan se encargará de
· rnoy-;¿;¿~;¿_z::: responderla.
10 Sybil,
11
París: Albin Michel, 1974. J
·/ "71..;; YJ..-\
Nadja, París: Gallirnard, 1963, pág. 19. [Nadja, Madrid: Cátedra,
1997.]
l i Le Séminaire, Livre XVII, L'envers de la psychanalyse, París: Seuil, 13 Nadja, op. cit., pág. 155.
1991, pág. 73. [El Seminario de Jacques Lacan, Libro 17, El reverso del 14 S. Freud, Totem et tabou, París: Gallirnard, 1993, pág. 183. [Tótem y
psicoanálisis, 1969-1970, Buenos Aires: Paidós, 1992.] tabú , en AE, vol. 13, 1980.]

172 173
3. La histeria no es una neurosis

De 1953 a 1963, Lacan justificaba a Freu<l mostrando la


primacía ele lo simbólico sobre lo imaginario. A partir de
1964, en su seminario sobre.los..cuatr_o_ concepto~s fm1cla!n~n.­
WeSd~l psicoanálisis, va a «ir más lejos que Freud», según
lo que señala en la primera das~ del semina~io üiterrumpi-
do sobre los Nombres-del-Padre. E interroga a Freudjusta-
mente a propósito de la histeria. ¿Qué dice al respecto el 15
de enero de 1964?

«El rasgo diíerenci_al de la histérica es precisamente este: en


~!!2.ViJJ.üento_mismo_.~ar.-cnns.titn..y.e..su..deseo. Así
pues, no es sorprendente que Freud haya entrado por esta
puerta en lo que eran, en realidad, las relaciones del deseo
con el lenguaje, para descubrir los mecanismos del incons-
ciente».1

En este punto, Lacan reconoce en Freud «el rasgo de su


genio». Pero agrega de inmediato:

«El hecho de que, para curar a la histérica de todos sus sín-


tomas, la mejor manera sea satisfacer su deseo de histérica
-que para ella consiste en mostrar a nuestras miradas su
deseo insatisfech~, deja íntegrameñ te fuera del campo lá
cuestioñ espedfica del porqué ~ólQ pl!_ede §.9S~ner SU deseo
como deseo insatisfecho. Por eso la histeria nos pone, Clina
yo, tras-Ta pista de c· rt ca o orºg! al de a~Sin
duda es preciso que aya uno. La verda no puede ser más
que una sola cosa: es el deseo del propio Freud, a saber, el
hecho de que en Freud hay algo que jamás se analizó».

1 Le Séminaire, Liure XI, Les qualre concepls fondamen.laux de la psy-

chanalyse, op. cit., pág. 16.

175
Así, en los seminarios siguientes, Lacan va a tratar de §entido freudiano: tropiezo, cojera, error, según una equivo-
responder: si Freud no pudo decir por qué el deseo de la his- cación [un:e bévzteLque es el Unbewusst. al es~a letra:lo li-
térica sólo puede ser insatisfecho, se debía a su propia rela- teral que hace~itoral. De. allí la inscripción 82.
• /c· r 1 . µrv•.('-'-!p..rrf..
ción con el padre y la demanda que le dirigía. Hay en él algo rYI oc-t n'.rt"" . i

no analizado que no le permite ir más lejos en el análisis de o( { ( ..o ~r \,,,.·:c(~. t.-t i-f_
la histeria.
Este viraje de 1964 es capital; en lo que concierne a la Del deseo al goce
histeria, sus frutos se verán en el seminario El reverso del
psicoanálisis (1969-1970). En lo sucesivo, ya no basta afir- No podemos conformarnos con constatar en la histeria la
mar la primacía de lo simbólico sobre lo imaginario. Ahora búsqueda del deseo insatisfecho. Responder al por qué de
debe introducirse lo real. ¿De qué manera? esto es interrogar en términos de goce. En efecto, si el Otro
no existe, hay en cambio un «Cuerpo»: es el objeto a mi-
(' .1 ) .AJ ;;. ,,,
ñuscula, la gran «invención» de Lacan. - - -
;''1'1 . .1 (. r '~ >') r~
,t. tJ f71. (~ i1 '( Empero, ese objeto a minúscula ya no debe definirs~ ~::.
Del sentido a la estructura 1 / • I') mo causa del deseo, sino como_plus d~goz~r, u nz..Mehrlug
-~ {Yf..1iA f (e .f·rc, _ que se produce como el ~eJJ_Karl Ma~. Así, hay pa-
Antes del análisis, había una clínica a partir de los tipos saje de un Otro al otro. :/¡011'1;7,:.·~?'/"' - ..., 'f'YV--<'"'·""""''L-Lrc.
. d' C-v .,. (+e,,.,,,. ,M',, ,.., )
de síntomas. Pero lo que aportó el análisis fue un sentido /lVCL-o .,. ,,.¿_ ::) / ·
particular al síntoma. Si nos quedamos en el sentido, no hay 'fiÍ·,d,.¡r,,
nada en común que pueda definir con certeza la histeria. Al- V/'l':rr ·
canzar la certidumbre es ir más allá del sentido siempre Del sujeto dividido al sujeto de la ciencia "<lf~ J""...,.;.:.:
particular y llegar a la estructura por un camino que lo tras-
--- (1 .• 'Í~
cienda. ,,.r~" @ o hay ser d!tl sujet():\el «soy esto, ~oy_aquello» es la con!~.:!:~
Lacan lo hace pasando de la palabra del sujeto de la ·~ ,. vicción delir¡nte del loco. Al contrario, el sujeto es el efecto
aw
enunciación quellama un discurso, es ~cir,_ eñunciado_~ ' ,', de tal.~ual rsignific:_antes privilegiado; /que lo representan y
fundamentales que hacen lazo social a arijr de! _cua! P.Ue- ) éoñ los cuales se identifi.ca como rasgo del lchideal: einziger {))}.)\
'~\/. ~, .-·ere suceder. fa palabra. E. sa es la structur : un_?~scurso sli1 Zug, escribe Freud; sucesión de Sl, anota_Lacan: ¡un «en-000'
J~1r.1bre~T,essaim»l! ,t~ ;,,,
11
-"\ ' palabras, que nos pronuncia en vez de qu nosotros lo pro- ec - • • e ú
. · nunciemos. Hay un pasaje del significante la letra. El significante es lo que representa al sujeto para otro · '" ' ' '
~ ~·-""."I:· ·····-·· ... - ~ - ....... ·~..,.·-·

-fe. +.,.¡_.,J ,0.--V '4'


significante, el que expresaría su ser, pero que está ~primi- ~/;2; ~:k~
do para siempre (Urverdriingt) . Lacan lee en Descartes esta ·,., ·
.
~1~ ~. -:>t,.--)
( divisioñque'e s una faTiaaefa cual nace el sujeto: ~ .• , ~ .. ,
"' ~· :""{"><i 1
. ,/
De la verdad al saber .... r,,<...' ">'• ,. ,.
1 17.,.___. e
l";/J' <1Allí donde pienso (los Sl), no soy».
La verdad habla con un decir a medias qúe no cesa. Aho- «~l{doode soy, no pienso: no hay Sl».
ra bien, el lugar de los significantes~ el Otro, permitiría con-
cluir si existiera. Pero ~.!Y in:?mpletud -de ·1~ -~~ el Ahora bien, ese cogito es el sujeto de la ciencia. El y sólo
Otro está barrado; no hay metalenguaJe que liaga posible él inventa un nuevo saber en el sentido moderno de «la cien-
que un significante se signifique a sí mismo. cia», que debe distinguirse de la th:,_eoria gri~~· Y en lo suce-
Analizar es homologar ese borde que barra al gran Otro; sivo, Lacan lo postula como el l:mico sujeto en acción en el
es instituir gracias a ese sabfil:.que_es_elinconsciente en el psicoanálisis, en su diferencia con respecto al querido yo.
'?{
-t-;,
Sr'f."'/,.¿·
i J7 177
176 .,,., rl..r-r'>tt
1
7 t_/, f'~ - g ;_ ~_JtP• j 9_ ~ ~!._:_ ___.

con otra: ---


Tenemos por lo tanto cuatro letras que se articulan una
/
La consigna, tlJnandam.iento en imper~iv2J.. ponen en
marcha el cuerpo del niño, del adolescente, del adulto. Así,
en la escena I del primer acto deAtalía, de Racine, J.oad pro-
$: el sujeto dividido; nuncia ciertas palabras que hacen salir aAbner de la vacila-
Sl: el significante amo; --/ ?C VV.J Cl.__f (é ;~! {"f-' .1 7) ción y comprometerse. Ahora bien, ese poder inscribe un sa-
82: el saber; ---7 tJc ..ly.,,. Á.< ~/,; v;¡-v ber que Freud llama Unbewusst.
a el plus de gozar. El «jhaz esto!» se recjbe co:i:ple~Q2__por .~.! «j .. :E._~~-- s~r ~-
~ !». Esa es la identificación según la sucesión de los \
/' ,J,,._.c · Ese es el orden de su sucesión. Ahora bien, sólo funcio- ~~ntificación con tal o cual einziger Zug, dice Freud, "·
'i'
-/~~ ( 4 é.~ - nan al.2S!!P.!!!: lug_are~, cuatro lugares ya presentes, que de- ;razo unario del JchideaT:ed.ucacíóll,iñOdeiización, coloni-
1 no ben denominarse del siguiente modo: ~ tr~nsmisió.Q..~~neració1~ en generación, de. acuer- -....-.,,,,)\
C!_o con un 1d~~l d~i~ySlel otro (¡es igual!). v ~ ~·
Ahora füeil,la noveaacI que aporta Lacan como lector r1 ·~
el agente
• el otro
crítico de Hegel consiste en mostrar que en la lucha a muer- ~ ~ 5 .
la verdad •------------------- la producción te de puro prestigio entre el amo y el esclavo, es este último ~ ~ ~ "
y sólo él quien, al renunciar a arriesgar la muerte del cuer- :t-' ~~
Así, las cuatro letras ocupan de acuerdo con su propia po, conoce el goce. ~
sucesión ordenada estos cuatro lugares. Y basta un despla- De tal modo, el saber sobre el plus de gozar anotado 82 \ }' ~
zamiento de un cuarto de giro para que cada una de ellas se ~stá resenrado al_Qj;ro. Ponerlo en posición de agente está ~ ~
instale en el lugar siguiente. Tenemos por lo tanto cuatro ar- excluido; y sólo le incumben los efectos del funcionamiento \ , l\
ticulaciones posibles que escriben la estructura de cuatro del poder. . ~ ~ r e~ : \

la~iales,, q~e La?a.n llam~isc1:1rsos sin pilla~ er_i


1¡ fv-,,,,f--r;J .__,~~ JL ,._J,' ) ~ f '- , J "'
·J\/º 1,' r
,....._.....)1..-.,."\.IC,... .....
1
, ,._ , JJ,
Q
¿n<.. "rf. 1.J'" .._r><> 11
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•. ~ ~ \;"'> '
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e1Ios va a poder mscnbirse la h1stena. · .'l4 • • ~' ~ ,.~,
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0 e.,,,c,,"¡v-·-'·'
d e1un1vers1tano
. . .
. ' ~ ..,
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El d IScurso ~ ,., ?f
,J ¡-,
('
-~
Pero ese saber del dominado, del trabajador, del artesa- '
El discurso del amo
no que tiene !ª-experiencia deleuerpo, es robado por el dis- "
El primer lazo social es instaurado por un amo: no un curso del universitario. Se convi erte en un puro saber, sepa- ~
maestro de escuela, sino alguien que tiene autoridad, es de- rado del cuerpo, un saber teórico, la episteme ~a~l fil~o_!:a.· ,.~
cir, que enuncia un significante amo en imperativo, a fin de Ese es el lazo social docente-alumno:
que el otro se ponga en marcha. Es la primera experiencia 0
82 a '·)..~
humana, puesto que nacemos niños y no adultos.
Mediante tal lenguaje, la madre, el padre y muchos otros }'
"'-"-1
en posición de agentes instauran un lazo dominante-domi- 81 ·------------------- g r\,

nado. Así, ciertos significantes fundamentales constituyen


el inconsciente del otro, en tanto es el lenguaje, y no el ins- El 82 es la transmisión de una continuidad de saber, y "'
tinto, la condición del inconsciente: sólo esto, al margen del goce. Así se prepara a los futuros
amos, los de la generación siguiente, gracias a los títulos. ~
(\
81 82 En efecto, lo que está en lugar de verdad en ese lazo so- (\
cial es la pucesión de los Sl, los significantes amos con los ::i·
$ ·------------------- cuales hay que identificar al sujeto producido: S barrado.
a
"'r~'
'./
178 179 ~-­
~ ~
Michel Foucault lo mostró con claridad: el saber se pone to, un discurso de impugnación del aber oficial,JEso es lo
al servicio del poder económico, político o religioso. Y el amo 'Ciue produce el sujeto dividido, el suje o de-táciencl.a inaugu-
igila con ojo avizor controlando el contenido de la enseñan- rado por el cogito cartesiano, en posición de agente: un sa-

Ll a, cualquiera sea, laica o teológica. ber que es preciso inventar a partir de la duda metódica.
Ahora bien, esa relación del discurso de la histérica con
el discurso del amo escribe exactamente la posición de
Freud con respecto al padre. El supo hacer hablar a la
histérica; supo escucharla e hizo suya su demanda de un
El discurso de la histérica padre semejante.
~ia-no-e&._~ , sino la denominación de Ya en su infancia anhelaba un maestro que fuera como el
un la_zo socia). en el cual el sujeto está en posición de agente, padre deAníbal y no como Jakob Freud. 2 M~el@t.§, la~
~ lazo social que se diferencia de los dos que lo preceden:
tres fisgsra& ~aterna~ que lo fascinan son: La;yo, el Urvdtw;.
.. ~~Ises7 es ecfr1 maestros_políticos o religjog>~, Así, la de-
$ .. 81 J mación del complejo de Edipo sólo puede cumplirse cuan-

a •··················· 82
do uno se vuelv~á_?a un pad!:e ide~Í]digno de ser admira-
do, estimado y amado.
Va~
Eso es lo no analizado en Freud. En efecto, «Un padre
En primer lugar, este discurso encarna y revela lo impo- -decía Lacan- no tiene con el amo sino la relación más
sible de la posición del amo. La relació~oncierne a distá.nte», 3 por lome~~n k --=-.] __, H' - _,_..-,--
las consignas identificatorias de tal o~ o tarea. La d.eclinación social del · ;;-
apuesta consiste en producir un saber, este: el amo es üil"
ñoml5re castrado, porque el dominio excluy e de sí el goce y
secontenta con la mesura y la moderación que impone el
prmcípio de placer-displacer. Así, la histérica encar~ El discurso del
sus propios síntomas ese rechazo del cuerpo.
Esa es la razón por la cual, a cambio, el sujeto se erigirá El último en nacer, este discurso es un lazo social entre
en el sostén del amo castrado: el hijo o la hija, por ejemplo, un analista y un analizante:
Je"'"" , ~encontrarán un lugar de sostén del padre en cuanto amo. De
*;~-~/ allí la afirmación de Lacan: ~l histéricg quiere u n amo,.
}/J.rl r'- ~ sobre el cual gueda reinar». r
a . $

t:. ['" A .:..G? ¿Qué quiere éFfIQüi quiere ella? El o ella cree que la
:)
e¿ t~·J mujer existe, l~ujer que supuestiin:_ente sabe~ue ~2!1-...:..
Í.?, ) yi_e~e pa~_tlgQ9e del nombre. ¿No es eso lo que Dora atri-
82 ~-············· · ···· 81

buía a la señora K.?


En efecto, ese lazo social produce un saber (82) sobre el
r;Jk 2lus de g9zar Sa) en lugar de verdad. Hay mvencion aeüñ
rl) .~ irf' n~aber sobre el gocé, saberque e1 amo quiere ignorar y
;,---- qüeiloes igual als aber del discurso del universitario. Este,
efectivamente, es un saber establecido que debe imponerse 2En la Traumdeutung, cap. 5, § 2.
al estudiante, y cuya verdad es la sucesión de los S 1 del lch- , # e Séminaire, Livre XVII, L'envers de la psychanalyse, op. cit., pág.

--
ideal a transmitir. El discurso de la histérica es, por lo tan- _. 1 .

t{ ., ,..:-
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1~0
1 181
Pero el analizante ($) proviene de los tres discursos la producción de un análisis es la de los significantes

-----
precedentes, de modo que el análisis modifica la re_~
con cada uno de ellos:
-Con el discurso del amo. El análisis produce el retorno
de lo reprimido de los significantes que constituyeron el in-
~ :')
amos que condicionaron ese inconsciente;
la verdad es 1!! CQnqgi§t11_de_es_e...sab~o.b~....cl.r!lus de
~~-ª11 saber que es inconsciente (82).

" lo no analizado de Freud y por lo tanto


consciente del analizante. ~ su nfuers"Ojla relación Slla se Así{ más allá Jlle
invierte en a/Sl. más altt-deht6eo de la histérica, ese lazo social tiene como
efecto, en el fin del análisis, que el sujeto pueda identificar-
81 a se con el objeto a. ¿Para quién? Esto no incumbe más que al
sujeto situado más allá del discurso del analista. Pero si él

~~
ocupa a su vez el lugar de agente en ese lazo social, ¿no se
puede decir nada de ello? Por cierto que no.
a 81

- Con el discurso del universitario. Para el analizante, el


sujeto supuesto saber existía ya a partir de este lazo social,
de modo que lo atribuye a tal o cual analista.
- Con el discurso de la histérica. Este discurso apareció
recientemente. El discurso del amo está en el fundamento
original de todas ociedad humana; el discurso del universi-
tario...§11r:gió más tªr~ con el nacimiento de la escritu ra. En
cambio, el discurso de la íiIStérica es el tercero en aparecer,
con el sujeto cartesiano y la modernidacfAhora bien, ~lo·
las -épocas históricás "y los lugaresgeogralicos en que nació
el sujeto de la ciencia permiten la instauración del discurso
del analista. Sólo el sujeto dividido del discurso de la histéri-
--·---
ser -·---- -
ca es quien 12üede demandar hacer un análisis. Só!Q_puedp
analizante quien ha sido histérico en el sentido lacania-
no y no psiquiátrico de J~~a~. - -
--coñ todü;-eCdiscÚrso del analista transforma radical-
mente lo que el analizante recibió de los tres discursos pre-
cedentes:
cl agente es un analista en quien ese semblante que
~7 es la imagen corporal no se sostiene narcisistamente
del"ideal del yo, sino del objeto a;
él otro es el analizante como sujeto de la ciencia,
puesto que «el sujeto sobre el cual actuamos en psico-
análisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia», de-
cía Lacan; 4
4 Ecrits, op. cit., pág. 858.

182 183
4. La histeria del psicoanálisis

¿Podemos decir: «Usted es un analista»? ¿Podemos decir:


«Soy un analista»? Lacan lo creyó durante un tiempo; en la
década de 1950, puntuaba el enunciado de su seminario con
un «¡nosotros, analistas!».
En 1953, en el Congreso de Roma, califica públicamente
del siguiente modo a Serge Leclaire:

«Por la respuesta que merece de mí frente a ustedes, "eres


un analista", le rindo homenaje por lo que arrostró al plan-
tearla».1

Leclaire le responderá el 15 de marzo de 1977 con una


carta abierta:

«El ser analista con que usted me homenajeaba ("eres un


analista"), y del que hoy sólo puede poner de relieve la vani-
dad, no deja por ello de estar atrapado en la aberración de
un fantasma de origen». 2

El propio Lacan se desautorizará con un juego de pala-


bras: Tu est ... [tú eres], tuer... [matar].
En efecto, el psicoanálisis es la recusación de todo juicio
ontológico quec onjugue esencia y existencia: existe un~
realíza la esencia del psicoanalista. Mediañt'e el juicio de
existencia, afirmo que una existencia consumada encarna
el «aquello que» de la definición conceptual de una esencia.
Es la posición de la locura: «tomarse por». Lacan terminará
por impugnar-la p6si0ilidad de cualquier ontología con la
afirmación de la división del sujeto según el cogito cartesia-

1 La Psychanalyse, nº 1, París: PUF, 1956, pág. 253.


2 «Son psychanalyste», lnterprétation, nº 21, 1978, pág. 56.

185
no: 3 allí donde soy, donde exis~hay,..sigp.iiica11t~_para e~ análisis, la intensional y la extensional, se yuxtaponen, sin
pensamiento, no pienso. Allí donde pienso la esencia, no hay relación entre sí: hay una y la otra.
m ás qÚe significantes que representan al sujeto en el lugar
del significante faltante que diría el ser del sujeto.
¿Vamos a quedarnos ahí? ¿Podemos conformarnos con la ¿En el discurso del universitario?
pura negación: sujeto no identificable? Si no hay ser del psi-
coanalista, ¿vamos, pese a ello, a quedarnos callados? Lo que establece el lazo es el saber, es decir, la t~á~~
lítica, y por lo tanto el retorno al anfiteatro con seminarios,
~ ··- ·-
congresos, artículos, publicaciones. La enseñanza doctrinal
lúnda la práctica. HaJ relacióñ dé fuñdacifu;-1~ extensión
De la ontología a la estructura es fuente y pr incl.pio de la intensión.
Conocemos .e,_sta situación desde hace mucho. Es la posi-
El drama del psicoanálisis habrá de ser, desde su naci- ción de la schola JAsí, la práctica ee_ t~~a que d,eb~«~~ar- .
miento, el del lazo social entre quienes lo practican. Puesto se»,..,.,..._._a _.~cada caso en parfic!liíar,
........ ...-'\- --. '·~:
't\.-. · - ...
Yel psicoa'lí-ªlis
~ .... ~
is ~e convierte
que ocupan el lugar del analista, se sitúan como agentes en en un
,. \ \.. nuevo adoctrinamiento. ,.

el lazo social con un analizante. Pero, al margen de esa rela-


ción con el analizante, ¿qué pasa entonces entre ellos en el
público, en la dimensión pública del psicoanálisis? ¿En el discurso de la histérica?
Responder es poder decir cuál es la relación entre esos
dos lugares del psicoanálisis: uno privado, con el discurso Este lazo social no es el de la neurosis, sino el del sujeto
del analista, y el otro público. Lacan los denomina así: psico- en posición de agente: sujeto dividido entre el sigi;'ili7a:i;te
-análisis en intensión y psicoanálisis en extensión. 4 - - - q ué ló representa y el sigilffi.cante que diría su s er yene11u-
-· Si el psicoanálisis en intensión se sitúa ~videntemente gar del cual es representado. Se trata exactámeiileuel su-
en el discurso del analista, ¿qué pasa con el psicoanálisis en .. jeto del cogito cartesia no, vale decir, el sujeto de la ciencia.
'V' extensión? ¿En cuál de los otros tres discursos puede hacer Allora bien, decía Lacan, «el sujeto sobre el cual actuamos
lazo social? en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia». 5
En otras palabras, el psicoanálisis sólo es posible allí
donde, culturalmente, el sujeto es el sujeto de la ciencia, es
¿En el discurso del amo? decir, el discurso de la histérica. Por ello, Lacan podía decir:
«Por paradójica que sea la afirmación, la cienci~m.tim­
Es lo que sucede, en efecto, en la mayoría de las institu- pulso ~n . ~l discl!rso de la histérica». 6 Y lo repetiría: «No ha -
ciones psicoanalíticas. Los didácticos veteranos dirigen; dan blemos del discurso histérico; eselp ropio discurso científi-
consignas, significantes amos para poner en marcha a los ex C0».7 Así, es ese sujeto que un día ocupa su lugar como ana-
analizantes de sus redes. Vale decir qm~_, pQr eso mismo, nos lizante en el discurso del analista.
encontramos en~!__reve:._s ~ del psicoanális~a experien- Allora bien, ¿en qué está en el fin del análisis? Vuelve al
cia analítica se a vuelta y se invierte: Porla_illstitución, discurso de la histérica en posición de agente, pero esta vez
~ayregresión y amneslli. Así, las dos diñ1ensiones del psico-

Ecrits, op. cit., pág. 858.


5
6
Seminario Le savoir du psychanalyste, clase inédita del 2 de diciembre
3 Cf. el libro colectivo Le moment cartésien de la psychana.lyse, París: Ar-
de 1971.
ca nes, 1996. 7 «Radiophonie», Scilicet, nº 2-3, junio de 1970, pág. 83. [«Radiofonía»,
4 Esta distinción retoma la introducida en 194 7 y 1956 por R. Carnap en

Signification et nécessité, París: Gallimard, 1997. en Psicoanálisis: radiofonía y televisión, Barcelona: Anagrama, 1980.J

186 187
como analizante en el psicoanálisis en extensión. Ese pasaje Así se constituye algún día una Escuela como lugar de
se escribe así: trabajo de esos nuevos analizantes. Pero ¿cómo puede per-
sistir esta escuela?
De la intensión a .. $

~ La precariedad de la institución
a la extensión $ • Sl

Esta diagonal es un pase: un cambio de lugar del psic9.: Si hay verdaderamente análisis, el ejercicio continuo de
análisis: de la intensión en el discurso del analista a la ex- fundación de la institución por cada nueva generación de-
tensióñ en el discurso de la histérica. termina una alternancia de renovación y decadencia. Freud
Por eso Lacan, al hablar de su seminario, decía: creía que una profilaxis del grupo podía implicar una diso-
lución periódica; de igual modo, Lacan decía: «Un psicoana-
«Lo que debo acentuar claramente es que, al ofrecerse a la lista siempre debe estar en condiciones de elegir entre el
enseñanza, el discurso analítico lleva al psicoanalista a la análisis y los psicoanalistas». 10 En efecto, él mismo eligió
posición del psicoanalizante».8 tres veces contra los psicoanalistas en favor de nuevos psi-
coanalistas: en 1953, en 1963 y en 1980. Y el 11 de marzo de
Lo repetirá el 12 de diciep:ibre de 1971: «Como soy yo 1980 se dirigía a otros que no eran aquellos y aquellas cuya
quien habla, soy yo quien está aquí en la posición del anali- Escuela había disuelto. ¿Qué les propuso entonces, si no
~te».9 Con la condición de agregar: no con_un psicoanalis- constituirse en cartel?
i a, sino entre el público, donde el psicoanálisis ocupa s~S1tio De modo que el pasaje a la extensión se articula en tres
en la historia humana como ciencia nueva. tiempos:
Así, la intensión funda la extensión. A la inversa del
poder del amo o el saber del universitario que fundaría la - El punto de partida es un trabajo de carteles, como in-
praxis, con el psicoanálisis sólo la práctica funda institución termediario fundador de la extensión a partir de la inten-
psicoanalítica y teoría. Sólo el discurso del analista es fun- sión.
dador de una y otra por intermedio del discurso de la histé- - Luego viene el tiempo institucional, a partir de varios
rica, en el que toman sitio los sujetos ya analizados. De tal carteles, donde lo común se impone a lo propio. Así, en sus
modo hacen lazo entre ellos en posición de analizantes en el últimos llamamientos, Lacan podía decir: «No espero nada
psicoanálisis en extensión. de las personas y algo del funcionamiento» (15 de enero de
1980). Las personas, su renombre y su prestigio se borran
$ • Sl frente a lo organizacional, con permutabilidad de los indi-
viduos.
a -.------------------- S2
- Esta situación dura un tiempo. Pero poco a poco algu-
nos dirigentes echan raíces en la fijeza. Desde los bastidores
En él retoman los significantes amos de las publica-
dirigen a quienes ponen en el escenario para el público. La
ciones del psicoanálisis, para producir sin cesar un nuevo institución se esclerosa, se agarrota en consignas y obsesión
saber sobre la verdad del goce, en una extraterritorialidad
teórica con inflación de la noción de acto. Los antiguos sir-
histérica con respecto a todo poder constituido. ven de rasgos identificatorios con su red, es decir, con el «pa-

8Clausura del Congreso de 1970, Scilicet, nº 2-3, Seuil, 1970, pág. 399.
9Seminario Le savoir du psychanalyste, clase del 12 de diciembre de 10 «Proposition du 9 octobre 1967», primera versión, Analytica, vol. 8,
1971, nº 1; Lettres de l'Ecole, nº 19, pág. 558. 1978, pág. 20.

189
188
tronazgo del didáctico sobre su camarilla». 11 Es el signo de Conclusión
la decadencia de la institución. Esta ya no es una escuela
sino un lugar para hacerse un nombre propio entre el públi-
co, una especie de plataforma publicitaria en nombre del ac-
to analítico.
La historia del movimiento analítico nos muestra que
ese ciclo dura entre ocho y doce años. Provoca entonces una
cns1s.
Ese es el testimonio del psicoanálisis: una disolución pe-
riódica permite una refundación. Esta elección es analítica, El final del siglo XX no es el fin del psicoanálisis. Pero
y preferida a la esclerosis bajo el patronazgo, manifiesto u nos revela más claramente que nunca lo que habrá sido la
oculto, del didáctico. historia de la transmisión de la enseñanza de Lacan: una
Hay en ello un signo de que el psicoanálisis, que no com- sucesión temporal de tres generaciones de alumnos, cada
pete ni al orden médico ni al orden eclesiástico, se mantiene una de las cuales encuentra esa enseñanza en un momen-
vivo y fiel a lo que su experiencia y su práctica pueden ense- to determinado de su presentación pública. Así, como conse-
ñar a cada cual. . . ¡si quiere aprenderlo! cuencia, cada una asigna el privilegio y la prioridad a este o
aquel período de la enseñanza y relega al segundo plano los
contenidos de los otros momentos.
Hoy podemos comprobar los efectos de ello: un lacanismo
fragmentado, disperso, a la vez en su doctrina y sus institu-
ciones.
Ahora bien, tomar la enseñanza de Lacan en su totali-
dad, en el movimiento mismo de su marcha, se impone muy
en particular con referencia a la interpretación propiamen-
te analítica en respuesta a la palabra del analizante. El
aporte esencial de Lacan, al leer los textos de Freud y los
posfreudianos, fue diferenciarlos y señalar la fünción de la
que dependían. Y, para poder hacerlo, dio tres nombres a
esas funciones: simbólico, real, imaginario.
El fundamento de estas tres nominaciones no se encuen-
tra en ninguna otra parte que la clínica misma, en ese lazo
social entre un analizante y un analista. En efecto, las tres
nominaciones son las tres dimensiones de la interpretación
analítica. Así, al hablar de lo que es la interpretación, Lacan
designó cada una de esas dimensiones, una después de otra,
a lo largo de todos los años de su enseñanza:

en lo simbólico, una palabra a escuchar;


en lo real, una letra a leer;
en lo imaginario, una nueva consistencia a presenti-
ficar.
11 J. Lacan, «Discours a l'EFP», Scilicet, nº 2-3, 1970, pág. 16.

190 191
Lo simbólico yéndolos por los significantes de la teoría analítica conteni-
da en los libros aceptados y reconocidos por la ortodoxia. Eso
Por la boca del analizante, la verdad habla. Habla por sería adoctrinamiento universitario de orden médico oteo-
las formaciones del inconsciente: síntomas, sueños, actos fa- lógico. La traducción supone la existencia de un meta-
llidos, chistes. Ahora bien, estos son sucesiones de signifi- lenguaje, vale decir, la posibilidad de que el significante se
cantes que tienen efecto de sentido. Hay producción de sen- signifique a sí mismo mediante otro significante, sea de or-
tido según las dos leyes señaladas por Freud: la condensa- den teórico, sea identificándose imaginariamente con quien
ción y el desplazamiento, que Lacan, tras los pasos de Ro- habla.
man J akobson, llama metáfora y metonimia. Lacan hace Es la hermenéutica teológica o junguiana (nada de crea-
esta presentación en su conferencia de 1957 titulada «La ción): «Lo que usted dice es la expresión de un sentido prees-
instancia de la letra en el inconsciente», 1 un año después de tablecido que yo le transmito por los significantes de la teo-
la publicación en inglés de la obra de J akobson. 2 Y concluye ría admitida».
de este modo: Ahora bien, interpretar no es traducir, sino recibir las
palabras mismas del sujeto y devolverle su propio mensaje
«Quiérase o no decirlo, el síntoma es una metáfora, así como en una forma invertida: el yo [je] se invierte en usted. Ese es
el deseo es una metommia, aunque el hombre se bi°irlede el Lacan de la década de 1950: la interpretación es cita de la
eTio».3 - - -· secuencia creadora de sentido en la dimensión de lo simbó-
lico. No podemos conformarnos con ello; sería el análisis in-
En efecto, la metonimia -la parte por el todo- «instala terminable: hay sentido y más sentido; la cosa se derrama
la falta de ser en la relación de objeto». 4 En cambio, el sínto- como de un barril agujereado, sin que haya una última pa-
ma crea sentido por la equivocidad homofónica entre el so- labra. Y, sin embargo, ¿no es eso lo que hará escuela? Inter-
nido y el sentido. Por ejemplo, en su artículo «Fetichismo», pretar es dar incesantemente sentido.
reud nos presenta el caso de un joven germanoparlante
que había establecido como fetiche cierto «brillo en la nariz»;
lo había hecho durante su infancia en Inglaterra. Ahora
bien, ese «brillo en la nariz» se dice en alemán Glanz auf der Lo real
Nase; así, lo que hay que escuchar es el retorno del signifi-
cante inglés glance at the nose, o sea una «mirada a la na- La producción de sentido en virtud del significante no
riz», puesta en posición de fetiche en lugar de nada para ver. puede ser suficiente. Lacan disipa la confusión que quizás
No hay traducción, sino una transferencia literal generado- alimentó durante algún~o entre sentido y significa-
ra de sentido. ción. Pasa de Jakobson Freg y su famoso artículo~
Entonces, ¿qué dice el analista? Recoge y acompaña la und Bedeutung». 5 El sen · · concierne a la connotación,
palabra del analizante; homologa y registra esta creación. Y, pero la significación es otra; es del orden de la denotación.
sobre todo, no traduce los significantes del sujeto sustitu- Hay por cierto uñafa:Itae n lo sínibóllco: ¡nada de última
palabra que termine por dar el sentido definitivo! Pero hay
1 Ecrits, op. cit., págs. 493-528. [«La instancia de la letra en el incons- ~O'Vl.f;~ - COY1t1v/,
ciente o la razón desde Freud», en Escritos I, op. cit.]
2 Fundamentals ofLanguage, La Haya, 1956 [Ensayos de lingüística ge-
.r-c'rf-c. -· o(i_,V\ ~1,
neral, Barcelona: Seix Barral, 1985]. Aparecido en francés en 1963 con el
título Essais de linguistique générale (París: Minuit), y reeditado en 1970
5
'--.~
-,
(París: Seuil, «Points», págs. 43-67). G. Frege, «Sens et dénotation», en Ecrits logiques et philosophiques,
3 Ecrits, op. cit., pág. 528. París: Seuil, 1971, págs. 102 y sigs. [«Sobre sentido y referencia», en Estu-
dios sobre semántica, Barcelona: Ariel, 1973.] --...,., \:'\
~
4 Ibid., pág. 515.
"t i; ~ "" '-.... -l\
'""· ... . . ... .. --t:-~ ¡t l
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192 ~ 1. ~ l ~ l. ~ ~ f .' 193 ~
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otra, del orden de la signg~ación, que está más allá del caería en la hermenéutica, por ejemplo con Jung. El enigma
sentido:.,Así, Lacan decía: del deseo del Otro no debe disiparse mediante una significa-
ción que diga qué falta en el Otro. Al contrario, ~
«En los intervalos del discurso del Otro, surge en la expe- ~l! ~s la lectura de un borde y la instauración de uncor-
riencia del niño lo siguiente, que es radicalmente señalable: .!>.--lD~~qvé.Jlll!!lerallio_por_el.sigi1ifiéa11te, i;;fii0Por_!~€'.
me dice eso, pero ¿qué quiere?». 6 Pero, ¿qué es la letra? Deriva del significante; 1 ueve
desde el lenguaje para constituir abarrancamiento, borde,
El sujeto capta claramenk_.el.s.ea.tida..de lo_@_~.ge die~ frontera. En efecto, lo literal hace litoral, ribera entre el mar
pero interroga su significación: ¿qué me señala al decirme y la tierra. Litura: 8 tachadur~z.~~ cifgµ2§.Qibe un ya;
eso? En otras palabras: ¿cuál es el deseo del Otro a mi é· Así es lo real: lOiñlpüsible de saber, lo «sin porqué» del
respecto? Por eso Lacan agregaba: deseo del Otro. He aquí adónde lleva el psicoanálisis.
Tomemos la Trawndeutung de Freud en su capítulo VII.
«El deseo del Otro es aprehendido por el sujeto en lo que no Un padre acaba de ver morir a su hijo, tendido en la cama. aJ~r~
encaja, en las faltas del discurso del Otro, y todos los por- Cansado, decide ir a dormir a una habitación contigua, de- TJ · 1
qués del niño testimonian menos la avidez por la razón de jando la puerta entreabierta. Encarga a un anciano que ve- 1
las cosas que una puesta a prueba del adulto, un ¿por qué le, pero este también se duerme; al rato, una vela caída
me dices eso? siempre re-suscitado desde su fondo, que es el empieza a quemar la manta de la cama donde reposa el
enigma del deseo del adulto». 7 cuerpo del hijo. El padre tiene entonces el siguiente sueño:
«El niño está cerca de su cama, lo toma por el ·brazo y le su-
Esa es sin duda la cuestión decisiva. Freud tuvo la genia- surra, con un tono de reproche: padre,(¿po yes gu e itr@.
lidad de darnos un ejemplo con eljohe que nos cuenta en el ¿~interpret§l.J_este filleño?, ¿Hay que leer en ese
capítulo 3 de su libro El chiste y su relación con lo incons- contenido manifiesto del relato la mera repetición de un
ciente: acontecimiento pasado? Ese fuego sería la reminiscencia de
otro fuego, el de la fiebre durante una enfermedad del hijo.
«En una estación ferroviaria de Galitzia, dos judíos se en- ¡No! Leer analíticamente es otra cosa. Ese fuego es el del re-
cuentran en un tren. "¿Adónde viajas?", pregunta uno. "A mordimiento que abrasa la conciencia del padre. ¿No ten-
Cracovia", es la respuesta. "¡Pero mira qué mentiroso eres!
-se encoleriza el otro-. Cuando dices que viajas a Craco-
~
/lm~r .
;...--
-
dría que haber sido el Padre? ¿El Padre como1ª,l,_qtü~n lo ve
todo y sabe remediar cualquier enfermedad? ¿No es el fuego
-~ . ('?¡_.µ. ( 4"1
~:J

via, me quieres hacer creer que viajas a Lemberg. Pero yo sé deTo;~re¡)roélIB;'q~e el padrese.hace-as ímismo por boca de tP._r-.Á fl?

su hijo? Eso sería la buena psicología de siempre. K¡t,,.__V)


bien que realmente viajas a Cracovia. ¿Por qué mientes en-
tonces?"». Lo que designa este sueño está más allá: ~o reaLcpmo in,s,- Y'l w .f...1
cri pción de la negación; ningún padre humano es Dios; nin- 1.'"ír•.1 "";
....... . lfl '
El objeto no es saber si lo que dice el Otro es verdadero o gún pactre""es capa~ ·a:-verlo todo. Hay aquí un secreto com- '(q·'.-¡.,~, )
falso en cuanto a su verdad referencial (para ello bastaría partiao enfrepadre e hijo por.Ja articulación del sueño, que
ver el pasaje de tren), sino por qué rompe el silencio para conmemora no la impotencia de ese padre, sino lo imposible
dirigirse a mí: ¿qué soy yo, entonces, para que quieras ha- de cualquier padre humano: la imposibilidad de lo simbólico
cerme creer esto? La interpretación, sí es analítica, no con- para decir qué es la muerte de un hijo. En efecto, la letra de
siste en dar la respuesta a ese «¿por qué?». Si así fuera, la ne~~?ión: SN~v~constituye borde. Ese es el nuevo
acontecimiento como encuentro de lo real.
6 Le Séminaire, Livre XI, Les qu.atre concepts fondamentaux de la
8 Cf. J. Lacan, «Lituraterre », Littérature, nº 3, 1971, reeditado en
psychanalyse, op. cit., pág. 194.
7 !bid. Omicar?, nº 41, 1987.

194 195
Así, la intemr~ta~ió!Li;!i§ta!:lr~~J !l?!gm.i;t de la p~ Se requiere una transmisión procedente del mismo ana-
dad. No hay respuesta en términos de ser a la pregunta: lista, una trans-ferencia de lugar, del analista al analizante.
~ es Sfil:..U.&keí}:ral es el saber inconsciente que el psico- Así, ese lugar vacío cuyo borde está circunscripto por la le-
análisis debe conquistar: saber de la negación, saber del en- tra no queda vacío. Es ocupado por un analista que presen-
cuentro fallido entre todo padre y su hijo. ~ación,J1lancia,. tifica el objeto a minúscula según el discurso en el cual toma
~' cojera entre la causa y el efecto, obstáculo, tro- sitio:
piezo, equivocación, así es el trabajo del inconsciente: no
hay significación. Ese""«no»-se inscriben;;d.iante una pull- a • 1'
uacíonqÚehac~ borde. En efecto, este saber se transmite S2 ~---- - -- -- - ---- -- - - - Sl
por la instancia de la letra, que es la verdadera transmisión
intergeneracional entre padres e hijos, entre un analista y En efecto, en 1973, al agregar un epílogo a la publicación
un analizante. del seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del
«The purloined letter» [«La carta robada»], el relato de E. psicoanálisis, Lacan escribe:
Poe ~mentado por Lacan en las primeras páginas de sus
Escritos, nos muestra claramente que la apuesta no es leer «Intención, desafio uno se escabulle, desconfiado se defien-
el sentido de lo que está escrito en la carta recibida por la de, reprime, rezonga, todo le será útil para no entender que
reina. Es otra cosa: la localización de la carta, su trayecto y el "¿por qué me mientes al decirme la verdad?" de la historia
su llegada a destino, al escritorio de la reina. que decimos judía porque en ella quien habla es el menos
¿Es ese el fin del análisis? No, no del todo. tonto, no por ello dice menos que, por no ser un libro de lec-
tura, el indicador de los ferrocarriles es allí el recurso por el
cual se lee Lemberg en vez de Cracovia, e incluso que lo que
zanja la cuestión, en todo caso, es el pasaje que expende la
Un nuevo imaginario estación.
»Pero la función del escrito no es entonces la de indica-
El análisis no es misticismo. ¿Qué hacer frente al enig- dor, sino la vía misma del ferrocarril. Y el objeto (a) tal como
ma del deseo del Otro? ¿Quedarse ahí, boquiabierto, estllj)e- yo lo escribo es el riel por el que llega al plus de gozar aquello
facto? ¿O emprender la huida? No, el análisis es el descu- con lo cual se habita e incluso se abriga la demanda a in-
brimiento del fantasma fundamental. En efecto, el sujeto terpretar».9
recubre con su propia falta ese lugar vacT;d-;f~-faita .. enef ,.,,--· E~tivamente, a partir de 1968 Lacan pasa de Frege a
Otro, en lá medida en que su deseo es el deseo del Otro~~'é­
o
apartÍr del deseo del Otro, tal o cual madre, tál cual padre, (P~i~ 1 º En su tri~ngulo se~iótico, est:, último mostró
'claramente la tercendad de la mterpretac10n:
tal o cual analista, como el deseo de Alcibíades a partir del
deseo de Sócrates en el Banquete de Platón. el objeto: O; r
Entonces, donde lo simbólico no responde a causa de lo
real como imposible, el sujeto mismo responde al final del \= un representamen: R, como signo del objeto;
el interpretante: I, una representación creada por el

[
análisis, poniendo su fantasma en ese lugar vacío. Con la representamen. Por ejemplo, si el representamen del
ayuda y el apoyo del fantasma, el sujeto arriesga el drive : se objeto es la palabra «granada», esta produce una in-
identifica con el objeto pulsional en el encuentro del cuerpo terpretación: «ciudad», u otra, «arma», e incluso una
del otro, con el goce sexual por apuesta. tercera, «fruto» ... sin fin.
El objeto pulsional es lo que Lacan llamaba su única in-
vención: el objeto a minúscula. Pero ¿cómo es posible esa 9 Pág. 252.
identificación? IO C. S. Peirce, Ecrits sur le signe, París: Seuil, 1978.

196 197
R I' I" I'" Así aparece una nueva apuesta: un plus de gozar del
cuerpo del otro en el no-saber del goce del Otro en su alteri-
dad irreductible. Esa es la respuesta final al «Sin porqué»
del deseo del Otro.

En la clase del 21 de junio de 1972 de su seminario Ou En última instancia


pire, Lacan muestra que si la interpretación progresa sin
fin hacia la derecha a partir de I según el esquema de Peir- En su estricta equivalencia, simbólico, real e imaginario
ce, el límite, dice, «es sin duda aquello en lo cual debe adve- son las tres dimensiones de la interpretación, cuando es
nir el discurso analítico, con la condición de que no se ence- analítica. No hay primacía dada a la palabra; eso sería creer
nague en su encenagamiento actual». Y agrega: en el metalenguaje universitario. Nada de primacía de lo
real; significaría inclinarse a la h!stetj.~~<j_Qn__de la insafo¡_-
«¿Qué debe sustituir al esquema de Peirce para que la cosa facción perpetua. Nada de primacía de lo imaginario, si no
encaje con mi articulación del discurso analítico? Es más es más que el fülbito del amor para mejor ser amado.
claro que el agua. A los efectos de aquello de que se trata en Muy por el contrario, el analista es quien llega a anudar
el discurso analítico, no hay otro representamen que el ob- esas tres dimensiones, de tal modo que algún día ese nudo
jeto a». pueda sostenerse por sí mismo ... ¡sin un analista!

Pero, ¿cómo lo introduce el analista? Por su presencia


corporal, es decir, por una imagen que sólo se sostiene del
objeto a, o sea: i(a). Esto supone que el analista haya aban-
donado el amor narcisista, vale decir, el imaginario esférico
que se sostiene a partir del ideal del yo. Si ha hecho verda-
deramente su análisis, habrá aprendido que lo que hace
mantener la imagen corporal es el objeto pulsional.
Como decía Lacan, «sólo con la vestimenta de la imagen
de sí que envuelve el objeto causa del deseo se sostiene las
más de las veces -es la articulación misma del análisis- la
relación objetal. La afinidad de a con su envoltura es uno de
los aspectos fundamentales propuestos por el psicoanálisis.
A nuestro juicio, este introduce esencialmente ese punto de
suspicacia». 11
Entonces, gracias a esta nueva consistencia imaginaria
no narcisista, hay transferencia posible, transmisión del ob-
jeto a como causa del deseo, del analista al analizante. ¡Lu-
gar a lo pulsional! El sujeto se identifica con uno de los cua-
tro objetos parciales no especularizahles, fuera del espejo:
oral, anal, escópico, vocal.

11 Le Séminaire, Livre XX, Encore, op. cit., pág. 85.

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