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Voces: DAÑOS Y PERJUICIOS ~ ACCION CIVIL ~ ACCION PENAL ~ SENTENCIA ~ FUERO CIVIL ~

FUERO PENAL ~ PROCEDIMIENTO CIVIL ~ PROCEDIMIENTO PENAL ~ COSA JUZGADA ~


SENTENCIA DEFINITIVA
Título: La relación entre la acción civil y penal en el Código Civil y Comercial
Autor: Sáenz, Luis R. J.
Publicado en: RCyS2015-IV, 278
Cita Online: AR/DOC/900/2015

Sumario: I. Introducción.— II. La independencia sustancial de las acciones civil y penal.— III.
Suspensión del dictado de la sentencia en sede civil.— IV. Efectos de la cosa juzgada penal en sede civil.—
V. Los efectos de las excusas absolutorias penales en sede civil.— VI. La sentencia definitiva en sede civil
frente a la decisión penal posterior.— VII. Conclusión

Abstract: Las nuevas disposiciones del código en cuanto a la relación entre la acción civil y penal importan una
evolución indudable respecto del texto del Código Civil de Vélez Sarsfield, que merece ser celebrada. No nos
cabe duda de que el nuevo cuerpo legal soluciona muchos de los inconvenientes interpretativos que presentaba
el ordenamiento civil anterior y, asimismo, abre las puertas a una mejor interactuación entre las acciones
resarcitoria y punitiva que se promuevan en razón del mismo hecho ilícito.
I. Introducción
El nuevo Código Civil y Comercial de la Nación implicó un giro copernicano en el sistema normativo del
derecho de daños, acorde con las necesidades de la sociedad actual, y plasmando en el ordenamiento jurídico las
ideas mayoritarias de la doctrina y jurisprudencia de nuestra país y del derecho comparado. Entre ellas, cabe
destacar a la unificación de las órbitas de responsabilidad, la consagración de la función preventiva del derecho
de daños y de la tutela civil inhibitoria, la ampliación del ámbito de la responsabilidad objetiva, etc.
El objeto del presente trabajo es analizar, en particular, uno de los aspectos que fue objeto de importantes
reformas en el nuevo cuerpo legal, el referido al vínculo que existe entre la acción civil y penal. En efecto, si
bien el Código Civil de Vélez Sarsfield regulaba, en sus arts. 1096 a 1106, el vínculo que existe entre la acción
penal y civil promovidas en razón del mismo hecho ilícito, el Código Civil y Comercial consagra, partiendo de
las premisas ya establecidas en nuestro sistema, diversas modificaciones al régimen anterior, con el objeto de
aclarar y facilitar el sistema, y estableciendo nuevas reglas al respecto, arduamente reclamadas por la doctrina y
jurisprudencia mayoritarias.
II. La independencia sustancial de las acciones civil y penal
En los casos en los cuales un hecho ilícito civil, a su vez, encuadra en alguno de los tipos represivos
legalmente contemplados, nacen del mismo hecho dos acciones: una penal (pública, privada o dependiente de
instancia privada) y otra civil, eminentemente resarcitoria, y enderezada a resarcir los daños ocasionados por el
hecho de la víctima. (1) Es por ello preciso regular las particularidades de la relación entre estas dos acciones, lo
que hace el nuevo ordenamiento civil y comercial en sus arts. 1774 a 1780.
Ahora bien, en cuanto a la independencia de estas acciones, dispone el art. 1774 del Código Civil y
Comercial "La acción civil y penal resultantes del mismo hecho pueden ser ejercidas independientemente. En
los casos en que el hecho dañoso configure al mismo tiempo un delito del derecho criminal, la acción civil
puede interponerse ante los jueces penales, conforme a las disposiciones de los códigos procesales o las leyes
especiales".
Como podrá advertir el lector, el nuevo código, al igual de lo que ocurría en el cuerpo civil anterior,
consagra el principio de independencia entre estas dos acciones, es decir, la civil y criminal, cundo ambas
emergen del mismo hecho ilícito. Sin embargo, resuelve los diversos problemas de interpretación que generaba
el art. 1096 del código por derogarse, en cuanto al alcance de dicha independencia, a la luz de lo dispuesto por el
art. 29 del Código Penal. En este sentido, recuerda Pizarro que los dos artículos citados en último término
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merecieron la crítica de la doctrina, principalmente por cuanto su dictado importa legislar sobre cuestiones de
competencia que, como tales, no fueron delegadas por los estados provincias a la nación. (2) Asimismo, no
resultaba claro del art. 1096 si se consagraba la total independencia de las acciones, de forma tal que el
damnificado debía recurrir a la jurisdicción civil obligatoriamente para perseguir el resarcimiento del daño
ocasionado.
Sin embargo, la doctrina y jurisprudencia, ya antes de la reforma, se encontraba conteste, pese a la poca
claridad normativa, en cuanto a que la independencia consagrada en los arts. 1069 del Código Civil de Vélez
Sarsfield y 29 del Código Penal es sustancial, y no procesal. Es decir que lo prohibido es que se acumulen
sustancialmente ambas acciones, mediante su ejercicio ante el mismo órgano, con el mismo procedimiento,
derechos, deberes y cargas procesales. (3)
Con todo, el art. 1744 antes transcripto zanja esta discusión, y establece la independencia sustancial, pero no
adjetiva, de ambos procesos. Por ende, el interesado podrá acumular las dos pretensiones en sede penal,
peticionando al magistrado de esa jurisdicción que establezca la indemnización que considere pertinente, o
perseguir el reclamo resarcitorio en sede civil, en forma autónoma.
Así las cosas, la autonomía de ambas acciones es conceptual, y se sustenta en el diverso régimen jurídico
aplicable (4), más allá de en cuál jurisdicción se promueva la acción. Igualmente, la disposición citada en último
término deja a salvo la posibilidad de que los ordenamientos procesales locales prevean una solución distinta a
la cuestión vinculada con el proceso aplicable y la competencia. Ello es así a fin de evitar que el régimen
sustantivo afecte atribuciones que son exclusivas de los poderes provinciales. (5)
III. Suspensión del dictado de la sentencia en sede civil
La independencia sustancial entre la acción civil y penal derivadas del mismo hecho ilícito, a lo cual nos
referimos precedentemente, deja subsistente el riesgo de que se dicten sentencias contradictorias en ambas
jurisdicciones, con la consecuente afectación de la seguridad jurídica. En efecto, puede ocurrir que el juez civil
considere acreditado el hecho que, en sede penal, fue tenido por inexistente. (6)
Ante ello, el Código Civil y Comercial consagra el principio de prejudicialidad penal sobre la civil, aunque
con algunas excepciones. En efecto, el art. 1775 del cuerpo legal en análisis establece "Si la acción penal
precede a la acción civil, o es intentada durante su curso, el dictado de la sentencia definitiva debe suspenderse
en el proceso civil hasta la conclusión del proceso penal...".
Ahora bien, es preciso tener en cuenta que la suspensión receptada por el código se vincula con el dictado de
la sentencia, pero no con el trámite del litigio civil. De esta manera, aun no existiendo sentencia definitiva en la
causa penal el proceso resarcitorio podrá continuar su trámite, y la suspensión se hará efectiva únicamente en
ocasión de dictarse el llamado de autos a sentencia. Este aspecto de la reforma implica una evolución en cuanto
al texto de la norma análoga del Código Civil de Vélez Sarsfield (art. 1101). En efecto, dicha disposición se
refería a que "...no habrá condenación en el juicio civil...". La terminología utilizada (amén de confusa, pues no
siempre el proceso penal termina en una condena) traía el problema de determinar si se suspendía todo el trámite
del litigo civil o, como lo dice el ordenamiento que pronto entrará en vigor, solo el dictado de la sentencia
definitiva. Sin perjuicio del debate que existió al respecto, la mayoría de la doctrina considera que la suspensión
se vincula únicamente con el dictado de la sentencia. (7) Más allá de ello, el texto del art. 1775 termina con toda
discusión al respecto, al referirse expresamente a la suspensión de la sentencia definitiva a dictarse en el juicio
civil.
Sentado lo anterior, corresponde señalar que, para que proceda la suspensión prevista en el art. 1775 del
Código Civil y Comercial de la Nación es preciso que se encuentren reunidos algunos presupuestos. El primero
de ellos es que exista una causa penal en curso, es decir, no basta la mera amenaza de que se realizará una
denuncia penal para que se suspenda el dictado de la sentencia en sede civil. (8)
Por otra parte, también es necesario que ambas acciones nazcan del mismo hecho, pues si surgieran de
hechos distintos la sentencia dictada en lo penal no tendría influencia alguna sobre el juicio civil. A su vez, aun

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tratándose del mismo evento, es preciso determinar en qué supuestos resulta aplicable la normativa en análisis, y
la doctrina se inclina por considerar que, en principio, no debe extenderse el ámbito de prejudicialidad más allá
del estricto campo de la reparación civil de los daños y perjuicios ocasionados por el ilícito extracontractual, y
con el solo fin de evitar sentencias contradictorias sobre el mismo hecho. Pese a ello, e incluso adoptando esta
postura restrictiva, es posible que muchas veces sea necesario suspender el dictado de la sentencia en sede civil,
aun en supuestos distintos al antes indicado, si existen riesgos ciertos de que se produzca una seria afectación de
la seguridad jurídica. (9)
La suspensión culmina, salvo las excepciones previstas en el art. 1775 —a las que luego nos referiremos—,
cuando se dicte la sentencia definitiva en la sede punitiva. Asimismo, también finaliza en el caso de que recaiga
en la acción penal el sobreseimiento provisional, pues dicha decisión será suficiente para que se levante la
suspensión del reclamo por daños.
Es preciso tener en cuenta, asimismo, que aun cuando la acción no se dirija contra aquel a quien se imputa el
delito en sede penal, puede ser procedente la suspensión del proceso resarcitorio. Ello así pues, como es sabido,
la acción de daños y perjuicios puede dirigirse contra el responsable directo o indirecto. Así las cosas, si lo que
se pretende es imputar el accionar de un dependiente a su principal (en los términos del art. 1753 del código),
aun cuando el primero no se encuentre demandado es preciso que la jurisdicción penal se expida con
anterioridad al dictado de la sentencia en sede civil.
Por otra parte, el art. 1775 prevé también tres excepciones al principio general al cual nos hemos dedicado
precedentemente: a) la extinción de la acción penal (inc. a); b) la dilación del proceso punitivo (inc. b); y c) la
aplicación en el caso de un factor objetivo de atribución (inc. c). A ello nos referiremos a continuación.
a) La extinción de la acción penal. En su primer inciso la norma citada en último término establece que no
procederá la suspensión del dictado de la sentencia en sede civil "si median causas de extinción de la acción
penal". La disposición se refiere al caso en que se configure alguna de las causales de extinción de la acción
penal. De esta forma, el código evoluciona respecto del único supuesto de extinción contemplado en el art. 1101
del ordenamiento civil anterior (fallecimiento del imputado), e incluye, en concordancia con la opinión de la
doctrina nacional (10), todos los supuestos de extinción de la acción penal Ellos son, además del antes
enunciado, la amnistía, la prescripción, y la renuncia del agravio, respecto de los delitos de acción privada (art.
59 del Código Penal). También resulta inaplicable la suspensión del proceso civil si en la sede punitiva se
produce la suspensión del juicio a prueba, en los términos del art. 76 quater del Código Penal. (11)
En puridad, la mayor claridad del nuevo Código Civil y Comercial reside en no inmiscuirse en cuáles
pueden ser las causas de extinción de la acción penal —cuestión que se regirá por la legislación respectiva—, y
limitarse a enunciar que todo supuesto previsto en la normativa específica que configure un supuesto de
extinción de la acción punitiva será suficiente para que cese la suspensión del litigio civil.
b) La demora injustificada del proceso penal. En su segundo inciso el art. 1775 del Código Civil y
Comercial prevé un supuesto de excepción que era arduamente reclamado por la doctrina (12) y jurisprudencia
nacionales: cuando se produce una demora injustificada del proceso penal. En este sentido, ha dicho la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, respecto de la suspensión establecida en el art. 1101 del Código Civil de
Vélez Sarsfield, que "...tal prohibición debe ceder cuando la suspensión —hasta tanto recaiga pronunciamiento
en sede penal— determina, como en el presente caso, una dilación indefinida en el trámite y decisión de este
juicio que ocasiona agravio a la garantía constitucional del derecho de defensa y produce una denegación de
justicia". (13) Así, en todos aquellos casos en que exista una dilación irrazonablemente prolongada del juicio
penal, y se genera una verdadera denegación de justicia, procederá el dictado de la sentencia en la acción
resarcitoria.
Es claro que la valoración de esta salvedad al principio general de la suspensión del dictado de la sentencia
definitiva en sede civil constituye una cuestión de hecho que el juez de la jurisdicción citada en último término
deberá valorar en cada caso en particular, para evitar la dilación sine die del litigio, y teniendo en cuenta las

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posibilidades ciertas de que la paralización quede sin efecto próximamente, o la actividad procesal desarrollada
por el litigante, etc. (14)
c) La existencia de un factor objetivo de atribución aplicable al caso. Finalmente, el tercero inciso de la
norma citada en último término establece la improcedencia de la suspensión "si la acción civil por reparación
del daño está fundada en un factor objetivo de responsabilidad". Esta excepción encuentra su fundamento en el
hecho de que, dejándose al margen la posibilidad de que la condena civil recaiga en relación a la culpa o no del
demandado, se aleja el riesgo del dictado de sentencias contradictorias en ambas jurisdicciones, y se adecua a la
regla de la independencia de las acciones consagrada en el art. 1744 del código. (15)
Sobre esta cuestión, es preciso tener en cuenta que, si bien la existencia de culpa del condenado no podrá ser
reputada en sede civil cuando haya sido considerada inexistente en la sede punitiva, ello no obsta a la
procedencia de la condena en el juicio de daños si la responsabilidad que se le imputa al demandado se sustenta
en un factor objetivo de atribución, como ocurre por ejemplo si se lo pretende responsabilizar como dueño o
guardián de una cosa viciosa o riesgosa (art. 1757).
Igualmente, la circunstancia de que resulte de aplicación en el caso un factor de atribución objetivo no
excluye totalmente el riesgo del dictado de sentencias contradictorias. Así, puede ocurrir que el juez penal
considere que el hecho no se produjo, o que la cosa de la cual el dueño o guardián condenado en sede civil no
participó en el evento, etc. Por ello, como lo veremos más adelante, el art. 1780 prevé, entre los supuestos de
revisión de la sentencia dictada en el litigio civil, aquel en el cual se configura esta situación.
IV. Efectos de la cosa juzgada penal en sede civil
El Código Civil y Comercial regula, en sus arts. 1776 y 1777, los efectos de la cosa juzgada penal en sede
civil. Así, la primera disposición se refiere a los supuestos en que, en la sede punitiva, se condenó al imputado,
mientras que el segundo se refiere a los casos en que este último fue absuelto.
a) La condena del imputado. El art. 1776 del código establece "la sentencia penal condenatoria produce
efectos de cosa juzgada en el proceso civil respecto de la existencia del hecho principal que constituye el delito
y de la culpa del condenado". Como ocurría con el art. 1102 del Código Civil por derogarse, la nueva
disposición mantiene un criterio ecléctico en cuanto a los efectos de la cosa juzgada penal en sede civil.
Conforme a su texto, la decisión penal hace cosa juzgada únicamente en cuanto a la existencia del hecho
principal que constituye el delito, y en cuanto a la culpa del condenado. Por lo tanto, no todas las
manifestaciones vertidas por el juez penal tendrán relevancia en el proceso de daños, sino únicamente aquellas
vinculadas con la existencia del delito y la responsabilidad penal del autor. (16)
Partiendo de esas premisas, la decisión penal no podrá ser revisada en sede civil respecto de la denominada
imputación objetiva, es decir, sobre la materialidad del hecho, su autoría, tipicidad y antijuridicidad. Sin
embargo, no debe perderse de vista que la autoridad de la sentencia penal se encuentra restringida a aquellas
disposiciones que resulten indispensables para determinar la solución del problema penal. En consecuencia, los
hechos que sean tenidos por ciertos por el magistrado de dicha jurisdicción, pero de los cuales podría haber
prescindido a fin de determinar la responsabilidad penal del autor, no revisten el carácter de cosa juzgada en
sede civil. (17)
Las consecuencias de esta última afirmación son varias. En primer lugar, la influencia de la decisión
adoptada en sede penal no afectará a la relación de causalidad y al daño en aquellos procesos en que se trate de
una acción promovida por la existencia de un delito formal (es decir, que no integra al daño en su tipología).
(18) Distinta será la solución, por supuesto, cuando nos encontremos ante un delito en sentido material (que
requiere la consumación de la privación del bien material para que se configure el tipo penal), en cuyo caso la
decisión adoptada en la sede punitiva tendrá plenos efectos en el proceso civil.
En segundo término, y aun cuando nos encontremos ante una decisión penal que recaiga respecto de un
delito en sentido material, la sentencia allí dictada no será vinculante en la acción de daños en cuanto a la
fijación y cuantía del perjuicio, pues su determinación es innecesaria a los fines de la prueba del delito. (19) Sin

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perjuicio de que éste sea el principio general, es preciso dejar a salvo a aquellos casos en que la cuantía de la
indemnización o, mejor dicho, la entidad del perjuicio desde un punto de vista material, son relevantes para
tipificar el delito (como ocurre, por ejemplo, cuando deben calificarse las lesiones entre graves o leves). En
estos supuestos la decisión penal vinculará al juez civil también en este aspecto. (20)
En cuanto a la culpa del condenado, el texto del art. 1776 es claro en cuanto a que la condena que declara la
culpa del condenado no puede ser controvertida en sede civil, de forma tal que el juzgador de esta última sede
no podrá prescindir de este elemento subjetivo a los fines de determinar el factor de atribución. (21) Esta regla, a
su vez, incluye la eventualidad de que en sede penal se haya considerado que el autor actuó dolosamente, lo cual
también hará cosa juzgada en el proceso civil. (22)
Igualmente, es preciso realizar algunas aclaraciones pertinentes. En primer lugar, tanto en el ámbito civil
como en el penal no existe la graduación de culpas, por lo que toda afirmación del magistrado en sede punitiva
sobre la mayor o menor graduación de la negligencia del autor es irrelevante en el ámbito civil.
A su vez, la decisión penal afecta la eventual reprochabilidad de la conducta de quien ocasionó el daño, pero
toda consideración vinculada con el accionar de la víctima carece de relevancia en la jurisdicción civil. Por
ende, aun cuando el magistrado penal se haya referido a la cuestión, nada impide que el sindicado como
responsable invoque el hecho de la víctima como causal de eximición de responsabilidad, en los términos del
art. 1729 del código. Sin embargo, este principio cede frente al supuesto en el cual el comportamiento de la
víctima es indispensable para la calificación del hecho del victimario, y en este último supuesto será vinculante
para el juez civil, quien no se podrá apartar de la decisión adoptada al respecto. (23)
Por último, debemos tener en cuenta que los efectos de la cosa juzgada en sede penal no se restringen
únicamente al condenado en dicha jurisdicción, sino que se extienden al tercero civilmente responsable, quien
no puede discutir tampoco la existencia del hecho principal y la culpa del autor.
Por ende, las defensas del tercero son únicamente aquellas vinculadas con su responsabilidad indirecta con
relación al autor material del hecho, de conformidad con lo dispuesto por los arts. 1753 y concs. del código. (24)
b) La absolución en sede penal. El art. 1777 del código establece que "La sentencia penal condenatoria
produce efectos de cosa juzgada en el proceso civil respecto de la existencia del hecho principal que constituye
el delito y de la culpa del condenado".
Sobre este aspecto de la reforma, debemos diferenciar los supuestos en que dicha decisión se funda en la
inexistencia del hecho material debatido, o en la falta de participación en él del imputado, de los supuestos en
que la absolución encuentre su sustento en otros extremos, tales como que el evento no encuadra en ninguna de
las figuras previstas por el ordenamiento penal.
En efecto, en el primer supuesto, y como sucede en los casos en que el imputado es condenado la sentencia
penal hace cosa juzgada en cuanto a la existencia del hecho principal. Por ende, si la acción penal es
desestimada porque el hecho no ocurrió, este extremo no puede ser discutido nuevamente en sede civil, pues ello
implicaría volver sobre el análisis de una cuestión sobre la cual ya ha recaído cosa juzgada. (25)
Lo mismo ocurre si se afirma en sede penal que el absuelto no intervino en el hecho que se le imputa. Pero
esto último no implica analizar la culpabilidad del autor material, sino la propia existencia material del hecho,
aunque desde un punto de vista subjetivo. (26)
Por su parte, tendrá los efectos de la cosa juzgada en sede civil la decisión absolutoria que se funda en la
falta de autoría por aplicación del principio in dubio pro reo, pues es una hipótesis de inexistencia del hecho. Sin
embargo, si la sentencia penal encuentra su fundamento en la falta de pruebas incriminatorias, dicha absolución
no resultará vinculante para el juez civil, quien incluso puede analizar y producir otros medios de prueba a fin de
dilucidar la verdad jurídica objetiva del caso.
Al contrario de lo que ocurre en los casos antes mencionados, es decir, cuando la decisión absolutoria se
funda en la inexistencia del hecho o en la falta de participación del imputado en él, la decisión que se sustente en
la inexistencia del delito penal, o en la falta de responsabilidad penal del agente no produce efectos de cosa
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juzgada en sede civil.
Ello es así pues la circunstancia de que el hecho no encuadre en alguno de los tipos previstos por el
ordenamiento penal no obsta a que, en sede civil, se considere responsable al autor. Y ello es así porque ciertas
conductas que son insuficientes para fundar la culpa desde el aspecto penal son, en cambio, adecuadas para
determinar la negligencia del agente desde la órbita resarcitoria. (27)
Asimismo, no debe perderse de vista que la ilicitud civil, a diferencia de la penal, es atípica, de conformidad
con lo expresamente dispuesto por el art. 1717 del código. Puede ocurrir entonces que el magistrado penal
considere que no existe un delito penal, y el civil admita la demanda porque el hecho es un ilícito civil.
Sentado lo anterior, en caso de sobreseimiento del imputado es preciso diferenciar según cuáles sean los
fundamentos que sustentan la decisión. Si ella se funda en que se encuentra acreditado que el hecho no sucedió,
o que el autor no participó en él, el juez civil no puede abstenerse de considerar dicha solución a los fines de
resolver la cuestión. Por el contrario, si el sobreseimiento se funda en otras razones, como la prescripción de la
acción penal, el magistrado que intervenga en el proceso de daños queda en absoluta libertad para decidir sobre
las cuestiones que se le planteen. En este último sentido, ha dicho el Cimero Tribunal nacional que "El
sobreseimiento definitivo recaído en la causa penal solo descarta la imputación de que el acusado ha procedido
con culpa capaz de fundar su condenación criminal, pero no excluye que, llevada la cuestión a los estrados de la
justicia civil, pueda indagarse —en la medida en que la culpa civil es distinta en grado y naturaleza de la penal
— si no ha mediado de su parte una falta o culpa civil que lo responsabilice pecuniariamente". (28)
V. Los efectos de las excusas absolutorias penales en sede civil
Conforme a lo dispuesto en el art. 1778 del Código Civil y Comercial, "Las excusas absolutorias penales no
afectan a la acción civil, excepto disposición legal en contrario".
Al respecto, cabe recordar que las excusas absolutorias son determinados supuestos en los cuales el
ordenamiento penal, pese a encontrarse configurados los presupuestos del tipo, considera pertinente eximir de
punibilidad. (29)
Principalmente, se encuentran contempladas en los arts. 115, 116 y 117 del Código Penal, en cuanto a los
delitos cometidos contra el honor. Así, las injurias proferidas por los litigantes, apoderados o defensores en el
marco del proceso, siempre que no hayan sido dadas a publicidad, quedan sujetas únicamente a las correcciones
disciplinarias que correspondan (art. 115 del Código Penal). Por otra parte, el juez podrá eximir de pena a las
dos partes o a alguna de ellas, cuando las injurias fueren recíprocas (art. 116). Por último, el ordenamiento penal
prevé que queda exento de pena el culpable de injurias o calumnias cuando se retracte públicamente, con
anterioridad a contestar la querella o en el acto de hacerlo (art. 117).
Como se puede apreciar, en todos estos casos los presupuestos de la responsabilidad civil (antijuridicidad,
daño, relación causal y factor de atribución) se encuentran reunidos, más allá de que se dicte la absolución en
sede penal. Es por ello que el art. 1778 del Código Civil y Comercial establece expresamente que la existencia
de una excusa absolutoria en la sede punitiva no afecta a la acción civil, salvo que exista una disposición legal
en contrario.
Lo mismo ocurre cuando, en materia de delitos contra la propiedad, el art. 185 del Código Penal establece
que se encuentran exentos de responsabilidad los cónyuges, ascendientes, descendientes y afines en línea recta;
el consorte viudo, respecto de las cosas que pertenecían al difunto cónyuge, mientras no hayan pasado a poder
de otros; y los hermanos y cuñados, si viviesen juntos. En este aspecto el propio ordenamiento penal, en el
artículo citado en último término, establece que la eximición penal no excluye la eventual condena civil, pues se
encuentran presentes los presupuestos del deber de indemnizar antes aludidos. (30) Es que el fundamento de esta
exclusión en sede penal, sustentada en la inexistencia del procedimiento penal entre parientes, no impide a la
víctima del hecho ilícito alcanzar la indemnización de los daños que le hayan sido ocasionados. (31)
VI. La sentencia definitiva en sede civil frente a la decisión penal posterior
Como lo hemos visto anteriormente, si bien muchas veces el proceso civil queda suspendido hasta tanto se
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culmine el proceso penal, puede ocurrir —especialmente en los supuestos de excepción previstos en el art. 1775
del código— que la decisión definitiva en el proceso resarcitorio se dicte en definitiva, sin que se haya una
sentencia en la sede punitiva. Por ende, es preciso que el ordenamiento jurídico prevea los efectos de la cosa
juzgada civil anterior respecto de la sentencia penal posterior.
Así, el art. 1780 del código consagra, como principio general, el del mantenimiento de la cosa juzgada en
sede civil, aun cuando, con posterioridad al dictado de la sentencia, se discuta en la jurisdicción punitiva la
producción o no del mismo hecho. El principio de mantenimiento de la cosa juzgada civil se sustenta,
principalmente, en razones de seguridad jurídica e intangibilidad de la cosa juzgada, cuando ella ha sido
expedida regularmente. (32)
El art. 1106 del Código Civil de Vélez Sarsfield contenía también esta regla, al establecer que la cosa
juzgada civil conserva sus efectos a pesar de la decisión penal posterior. La principal reforma en la materia
reside en las excepciones a dicho principio general.
En efecto, el mismo art. 1780, luego de consagrar el principio de inmutabilidad enunciado, consagra un
recurso de revisión de la sentencia civil hasta ahora inexistente, y que tiene por objeto, en los casos allí
previstos, la reevaluación de la decisión adoptada en el litigio de daños, aun cuando haya recaído cosa juzgada a
su respecto.
Este remedio frente a la existencia de sentencias contradictorias tiene, en primer lugar, un recaudo general
para su procedencia: que la acción haya sido promovida por el interesado. Por ende, el juez no podrá reabrir de
oficio el estudio de la cuestión ya decidida.
Ahora bien, el art. 1780 prevé tres supuestos específicos en que procede la revisión, a saber:
a) Revisión posterior de la sentencia penal. En primer lugar, el código consagra la procedencia de dicho
remedio en los supuestos en que el juzgador civil haya valorado determinados extremos tenidos en cuenta en la
sentencia penal anterior, como si hubiera recaído cosa juzgada a su respecto en sede punitiva. Sin embargo, la
decisión penal es motivo de revisión en cuanto a los puntos que fueron tenidos en cuenta por el juez civil.
Configurados estos dos presupuestos (esto es, valoración por el juez civil de los aspectos tenidos en cuenta
por el magistrado penal, con carácter de cosa juzgada; y revisión de la decisión adoptada en la sede punitiva), se
podrá promover el recurso de revisión de la sentencia resarcitoria.
Partiendo de esas premisas, no será procedente el recurso de revisión en aquellos casos en que no haya
existido un pronunciamiento penal anterior a la decisión civil, pues no se presenta el requisito primordial del art.
1780. A su vez, tampoco será admisible en los supuestos en que el juez civil no haya valorado en su sentencia lo
decidido en la sede punitiva.
Asimismo, tampoco procede el recurso de revisión en aquellos casos en que la revisión de la sentencia penal
se funda en un cambio de legislación. Ello implica, como correlato inevitable, la exclusión de los supuestos
contemplados en el art. 2º del Código Penal, es decir, cuando la modificación de la decisión adoptada en la sede
punitiva se funda en la existencia de una normativa más benigna para el imputado.
b) Supuestos en que no procede la suspensión del juicio civil por resultar aplicable un factor de atribución
objetivo. Cabe recordar que, como ya lo hemos dicho anteriormente, el art. 1775, inc. c del código excluye
expresamente de la procedencia de la suspensión de la sentencia civil a aquellos casos en que el supuesto que se
imputa al responsable encuadre en alguno de los factores objetivos de atribución.
Pero la falta de suspensión del dictado de la sentencia genera, como correlato inevitable, la posibilidad de
que se dicte una decisión posterior en sede penal que sea contraria a lo decidido en sede civil, es decir, existe un
riesgo de que se dicten sentencias contradictorias. En efecto, y más allá de la evaluación de la culpa o no del
imputado, lo cierto es que la sentencia en sede punitiva puede concluir que el sindicado como responsable no
participó en el hecho, o que, directamente, el suceso nunca ocurrió.
Es por ello que el art. 1780 prevé la procedencia del recurso de revisión en estos casos, pero limitándose a
los supuestos en que la eventual absolución del imputado pueda tener incidencia en la sentencia civil, aun
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cuando esta última se funde en un factor objetivo de atribución. Por ende, si en el juicio penal se arriba a la
conclusión de que el hecho principal no existió, o que el imputado por el delito no intervino en la producción de
daño, podrá ser revisada la sentencia que se adoptó en el pronunciamiento civil.
Por ejemplo, en el supuesto en el que se pretendiera responsabilizar penalmente, por homicidio culposo, al
conductor de un automóvil que atropelló a un peatón, la revisión de la sentencia condenatoria en el juicio de
daños procederá si en la decisión penal posterior se arriba a la conclusión de que la víctima no fue atropellada,
sino que falleció por otra circunstancia, o si se prueba que el automotor que intervino en el hecho no era el del
imputado, ni que él conducía. (33) Por el contrario, no será procedente si la absolución penal se funda en la
inexistencia de una conducta subjetivamente reprochable del dueño o guardián del automotor, pues esta última
solución no afectará en forma alguna a la decisión adoptada en la jurisdicción civil.
c) Otros supuestos previstos por la ley. Finalmente, el art. 1780 deja abierta la posibilidad de que la ley
especial prevea otros supuestos en que sea procedente la revisión de la sentencia civil ante la existencia de una
decisión penal posterior.
VII. Conclusión
Como ocurre con todos los aspectos del nuevo Código Civil y Comercial, las importantes reformas que se
incorporan al sistema de Derecho Privado serán, seguramente, objeto de un largo debate y análisis por parte de
la doctrina y jurisprudencia.
Limitándonos al tema que hemos abordado en el presente, consideramos que las nuevas disposiciones del
código en cuanto a la relación entre la acción civil y penal importan una evolución indudable respecto del texto
del Código Civil de Vélez Sarsfield, que merece ser celebrada. No nos cabe duda de que el nuevo cuerpo legal
soluciona muchos de los inconvenientes interpretativos que presentaba el ordenamiento civil anterior y,
asimismo, abre las puertas a una mejor interactuación entre las acciones resarcitoria y punitiva que se
promuevan en razón del mismo hecho ilícito.
(1) SAUX, Edgardo I., Comentario al art. 1101 del Código Civil, en BUERES, Alberto J. (dir.) —
HIGHTON, Elena I. (coord.), Código Civil y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencial,
Hammurabi, Buenos Aires, 1999, t. 3A, p. 302.

(2) PIZARRO, Ramón D., Responsabilidad por riesgo creado y de empresa, La Ley, Buenos Aires, 2006, t.
I, p. 388.

(3) CAZEAUX, Pedro N. — TRIGO REPRESAS, Félix A., Derecho de las obligaciones, La Ley, Buenos
Aires, 2010, t. VI, p. 230; Pizarro, Responsabilidad por..., cit., t. I, p. 389; MESSINA ESTRELLA DE
GUTIÉRREZ, Graciela, Comentario al art. 1096 del Código Civil, en BUERES — HIGHTON, Código Civil y
normas..., cit., t. 3A, p. 288; BUSTAMANTE ALSINA, Jorge A., Teoría General de la Responsabilidad Civil,
Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1997, p. 583 y ss.

(4) BUSTAMANTE ALSINA, Teoría General de la..., cit., p. 584.

(5) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída, comentario al art. 1096 del Código Civil, en BELLUSCIO,
Augusto C. (dir.) — ZANNONI, Eduardo A., Código Civil y leyes complementarias. Comentado, anotado y
concordado, Astrea, Buenos Aires, 1994, t. 5, p. 286 y ss.

(6) SAUX, Comentario al art. 1101..., cit., p. 305.

(7) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Comentario al art. 1101 del Código Civil, en BELLUSCIO —
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© Thomson La Ley 8
ZANNONI, Código Civil..., cit., t. 5, p. 302.

(8) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Comentario al art. 1101..., cit., p. 305.

(9) SAUX, Comentario al art. 1101..., cit., p. 309.

(10) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Comentario al art. 1101..., cit., p. 303; PIZARRO, Responsabilidad
civil..., cit., t. I, p. 429; SAUX, Comentario al art. 1101..., cit., p. 306 y ss.

(11) SAUX, Comentario al art. 1101..., cit., 311.

(12) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Comentario al art. 1101..., cit., p. 303; SAUX, Comentario al art.
1101..., cit., p. 307; CESANO, José D., en TRIGO REPRESAS, Félix A. — LÓPEZ MESA, Marcelo J., Tratado
de la responsabilidad civil, La Ley, Buenos Aires, 2011, t. VI, p. 820 y ss.; PIZARRO, La responsabilidad
civil..., cit., t. I, p. 432.

(13) CSJN, 28/04/1998, "Zacarías, Claudio H. c. Provincia de Córdoba y otros", LL 1998-C, 322; ídem,
20/11/1973, "Ataka Co. Ltda. c. González, Ricardo y otros", RCyS 2004, 1397. En el mismo sentido: Trib. Sup.
de Córdoba, sala civil y comercial, 08/06/2009, "Sanmartino Javier Cematti S.A.I.yC. c. Lizzi, Jorge Osvaldo",
LLOnline AR/JUR/20902/2009; CNCiv., Sala A, 19/09/2002, "Basualdo, Juan C. y otro c. Almirón, Orlando A.
y otros", LL 2003-A, 549; Cám. de Apel. en lo Civ. y Com. de la 2ª Nominación de Santiago del Estero,
08/07/2014, "Torrens, Cristian Edgardo c. Gajardo, Oscar Daniel s/ cobro de pesos por daños y perjuicios",
LLOnline AR/JUR/39457/2014; Cám. de Apel. en lo Civ. y Com. de Concepción, 09/11/2012, "F., L. R. y o. c.
A. E. J. A. y o. s/ daños y perjuicios", RCyS 2013-III, 254; Cám. de Apel. en lo Civ., Com. y Cont. De 1ª
Nominación de Río Cuarto, 30/05/2011, "Frattari, Mirta Esther y Julio César Sola c. Julio Eduardo Luján",
LLOnline AR/JUR/22805/2011; Cám. Civ. y Com. de Jujuy, Sala I, 22/10/2010, "Ferreyra, Omar Teodoro c.
Aguilera, Fausto", LLNOA 2010 (diciembre), 1101; Cám. de Apel. en lo Civ. y Com. de Azul, Sala II,
25/03/2004, "P., J. C. y otros", LLBA 2005 (diciembre), 1311, entre muchos otros precedentes.

(14) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Comentario al art. 1101..., cit., p. 303.

(15) SAUX, Comentario al art. 1101..., cit., p. 314.

(16) SAUX, Comentario al art. 1102 del Código Civil, en BUERES — HIGHTON, Código Civil..., cit., t.
3A, p. 317; PIZARRO, Responsabilidad civil por riesgo..., cit., t. I, p. 442.

(17) TOBÍAS, José W., "Las causas de justificación en la sentencia penal y su influencia en el proceso
civil", LL 1992-E, 393.

(18) SAUX, Comentario al art. 1102..., cit., p. 318.

(19) TOBÍAS, "Las causas de justificación...", cit.

(20) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Comentario al art. 1102 del Código Civil, en BELLUSCIO —
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ZANNONI, Código Civil..., cit., t. 5, p. 309; COMPAGNUCCI DE CASO, Rubén H., "Relación entre la
sentencia penal y la civil", LL 1990-D, 55.

(21) SAUX, Comentario al art. 1102..., cit., p. 318.

(22) TOBÍAS, "Las causas de justificación...", cit.

(23) TOBÍAS, "Las causas de justificación...", cit.

(24) SAUX, Comentario al art. 1102..., cit., p. 322; BUSTAMANTE ALSINA, Teoría General de la..., cit.,
p. 595.

(25) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída, Comentario al art. 1103 del Código Civil, en BELLUSCIO —
ZANNONI, Código Civil..., cit., t. 5, p. 311.

(26) SAUX, Edgardo I., Comentario al art. 1103 del Código Civil, en BUERES — HIGHTON, Código
Civil..., cit., t. 3A, p. 328.

(27) SAUX, Comentario al art. 1103..., cit., p. 325 y ss.

(28) CSJN; 20/12/2011, "Molina, Alejandro Agustín c. Provincia de Santa Fe y otros s/ daños y perjuicios",
RCyS 2012-II, 148.

(29) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída, "Comentario al art. 1089 del Código Civil, en BELLUSCIO
— ZANNONI, Código Civil..., cit., p. 249 y ss.

(30) SOLER, Sebastián, Derecho Penal Argentino, TEA, Buenos Aires, 1973, t. IV, p. 164; NUÑEZ,
Ricardo C., Derecho Penal Argentino, Lerner, Buenos Aires, 1959, t. V, p. 550.

(31) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída, Comentario al art. 1094 del Código Civil, en BELLUSCIO —
ZANNONI, Código Civil..., cit., p. 279 y ss.

(32) SAUX, Edgardo I., Comentario al art. 1106 del Código Civil, en BUERES — HIGHTON, Código
Civil..., cit., t. 3A, p. 343.

(33) PIZARRO, Responsabilidad civil por riesgo..., cit., t. I, p. 459.

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