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El pensar desde la izquierda radical

Juan Pablo Forlin

- Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa
se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma; el Papa y el Zar; Metternich y Guizot,
los radicales franceses y los polizontes alemanes. (Marx K. y Engels F.; Manifiesto del Partido
Comunista; 1847)

- Exceptuando unos pocos capítulos, todos los apartados importantes de los anales de la
revolución de 1848 a 1849 llevaba el epígrafe de ¡Derrota de la revolución!
Pero lo que sucumbía en estas derrotas no era la revolución. Eran los tradicionales apéndices
prerrevolucionarios resultado de relaciones sociales que aún no se habían agudizado lo bastante
para tomar una forma bien precisa de contradicciones de clase… (Marx K.; La lucha de clases en
Francia; 1850)

A modo de terapia, para calmar las propias aguas de algún posmoderno alocado que en el defasaje de su
credo aprovechó la ocasión para augurar un triunfo en un terreno que no se trataba de ganar, o de algún que
otro distraído universalista que pensó por medio del consenso o instituciones enclavar teóricamente, lo que ha
tratado toda la humanidad, unificar las partes diametrales en un todo racional absoluto, es menester analizar,
como bien nos acometeremos, cuál es la situación de emancipación actual en el camino sinuoso que ha
recorrido y recorrió el marxismo.
Antes de hablar con la prestancia que la hacen algunos, que además le agregan la displicencia y la arrogancia
hacia un marxismo que sólo encuentra puntos álgidos de cohesión en pequeños particulares que requieren
para su configuración un nuevo movimiento administrativo, se hace necesario recalcar cuáles ítems
condicionan la idea de emancipación. Emancipación que no puede, de hecho ni imaginarse, sin pensar en lo
otro de toda dominación hegemónica.
Marx decía en uno de sus primeros escritos, Critica de la filosofía del derecho de Hegel, que la miseria
religiosa es la expresión de la miseria real y a su vez una manifestación contra la miseria real. La religión no es
otra cosa que un aire de suspiro de la criatura porosa atormentada, dañada, un alma de un mundo sin alma,
una esperanza donde la desesperanza encuentra su proyección en cada situación recorrida de la vida. Es el
1
opio del pueblo . Tomando esta idea nos sentimos tentados a decir que lo que queda del marxismo –por lo
menos lo que se posiciona como seguidores de la “izquierda marxista”- es la expresión de una entrega del
marxismo real. La miseria del marxismo es la expresión de la miseria de los actuales marxistas. Parece que el
marxismo es el opio de pequeños intelectuales insertos en la mediación constante administrativa hegemónica;
lo que se podría ligar a lo que Marx llamaba pequeñoburgués –una oscilación entre proletariado y burgués-
donde la preeminencia de la expresión socialista se esfumaba en una simple figura retórica con un trasfondo
liberal inherente. Adorno lo deja en claro:

Las masas ya no desconfían de los intelectuales porque éstos traicionan la


revolución, sino porque la desean, y con esa actitud revelan cuánto necesitan de los
2
intelectuales. La humanidad sobrevivirá solamente si los extremos se reúnen .

1
Marx Karl; Crítica de la filosofía del derecho de Hegel; Buenos Aires; Ediciones del Signo; 2004; Pág. 50.
2
Adorno Theodor W.; Mensajes en una botella, traducido por Mirta Rosenberg; en Slavoj Zizek (comp.); Ideología. Un
mapa de la cuestión; Buenos Aires; Fondo de Cultura económica; 2008; Pág. 54.
Antes de que entremos a parte del meollo situacional –es imposible en un breve opúsculo hacer un reconto
ampliado de los saltos y de los distintos intérpretes que ha tenido el pensamiento marxiano – es central
recabar que la fortaleza teórica brindada por Marx se deposita, en parte, en trabajar y dedicarse por entero al
síntoma de lo social, el proletario.
Por síntoma entendemos ese elemento particular que subvierte el fundamento universal que sostiene la propia
estructura que genera la configuración. El síntoma es, viéndolo desde Lacan, una expresión inconsciente, un
efecto de lo simbólico en lo real, es lo más real que tenemos debido a su escasa relación con lo imaginario.
Por tanto el síntoma marxiano, el proletario, lo otro para nosotros, es el retorno de lo reprimido. Al principio se
presenta como una huella, una mancha incomprendida; se presenta como un núcleo real con la adherencia de
un plus, el objet petit a que lo excede, y que retorna más allá de los intentos de domesticarlo. Como dice el
propio Lacan en Las psicosis lo que se rechaza en lo simbólico reaparece en lo real, reaparece en lo real
haciendo un mella en él. Lo no simbolizado, el germen político encarnado por lo otro es el encargado de
reactivar el sedimento hegemónico reinante. Es por ello que podemos decir que Marx inventó el síntoma
detectando una fisura, una asimetría, un cierto desequilibrio patológico que desmiente el universalismo de los
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derechos y deberes burgueses . Por ello podemos decir, el proletario –no debemos confundirnos- no es el
obrero de una industria, no es una figura social inserta en el sedimento hegemónico, el proletario en Marx es
aquel exceso remanente no simbolizado.

Pequeños industriales, pequeños comerciantes y rentistas, artesanos y campesinos,


toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo, caen en la filas del
proletariado; unos, porque sus pequeños capitales no les alcanzan para acometer
grandes empresas industriales y sucumben en la competencia con los capitalistas
más fuertes; otros, porque su habilidad profesional se ve despreciada ante los
nuevos métodos de producción. De tal suerte, el proletariado se recluta entre todas
4
las clases de la población .

Como nos aporta Rancière, el proletario es lo que no es contado en los asuntos de la ciudad ya que sólo tiene
para aportar en ella su fuerza productiva y reproductiva.

Proletario significa, ante todo, aquel que no tiene parte, aquellos que viven sin más, y
políticamente define aquellos que no son tan sólo seres vivos que producen, sino
sujetos capaces de discutir y de decidir acerca de los asuntos de la comunidad… El
corazón de la subjetivación histórica proletaria fue precisamente la capacidad, no de
representar la potencia colectiva, productiva, obrera, sino de representar la
5
capacidad de cualquiera, la capacidad justamente, en tanto que excluido .

Volvamos al ruedo; Marx en su análisis copioso de lo social, de la economía liberal, apéndice esencial de lo
social –es decir que no estamos pensando lo económico por un lado, lo social por el otro, como categorías
ónticas, sino que debemos pensar la ontología del terreno estructurado en la contingencia histórica real donde

3
Slavoj Zizek; El sublime objeto de la ideología; Buenos Aires; Siglo XXI editores; 2005; Pág 47.
4
Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del Partido Comunista; Buenos Aires; Ulrica Ediciones; 2004; Pág. 127.
5
Jacques Rancière; Universalizar las capacidad de cualquiera: entrevista con Jacques Rancière; entrevistado por Garcés
Marina, Cedillo Raúl, Amador Fernández-Savater; Publicada y digitalizada por Revista Archipielago; 2007.
discurre el acontecer utópico e irreal de emborrachamiento libertario y la conservadurez moral solidaria hacia
el retiro de lo privado- nos permite vislumbrar el recorrido interior del modo de producción capitalista, pero nos
focaliza ante el intento de invención política al desliz del mismo. El marxismo, y más precisamente el genio de
Karl Marx inserta el corte, el quiebre de dicho desarrollo. Marx es un teórico de lo otro, en ese terreno es un
pensador de la histeria de lo social, de los tumultos y su proletariado. Es un teórico que sin nombrarlo proyectó
la política con su carácter radical por antonomasia, se encargó de injertar a lo otro –todo injerto altera la
naturalidad de un organismo- en la administración normativa rutinaria. Quiso romper el sedimento
administrativo. Todo ello, lo hace un teórico político tout court.
En fin nos posicionamos, en hora buena, ante el abordaje de la “crisis del marxismo” –está de más agregar
que algunos avizoran la “muerte del marxismo”- pero desde una nueva perspectiva, desde una mirada al
sesgo diferente. Tal atavío, que no pareciera quedar grande, pero que, según vemos, hace difícil la cuestión
de pensar, y cuando decimos pensar lo hacemos en el sentido de reactivar y renovar el avatar actual, dejado
en “ruinas” por el estructuralismo althusseriano. Cosa similar aborda Norberto Bobbio, quien señala que la
aparición de muchos marxismos tremendamente enemigos y animados por un cerrazón de gran fervor
teológico, llevó la disputa a debates estériles que depositan al marxismo como un proyecto ante la pérdida
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inútil de energía y tiempo .
Como sabemos, la crisis del marxismo, la crisis del pensamiento radical del marxismo, es un proceso que
viene desde hace rato, en palabras de Palti siguiendo a Sazbón, la historia del marxismo no es sino la de sus
7
sucesivas crisis . Lo que Sazbón postula, muy por encima, es que el concepto de crisis es propio al
pensamiento mismísimo de Marx, que un Marx y un marxismo incuestionado, alejado de las tensiones no
puede surgir. El marxismo como unidad y paradigma evanescente, sin turbulencias, es imposible, ya que el
mismo inicio es un comenzar de la turbulencia, el marxismo es un pensar en-la turbulencia y sobre-la
turbulencia. Y es eso lo que lo hace importante, particular pero tan amplio.
Ahora bien, a esto le podemos dar un vire de tuercas más, y encontrarnos en el real meollo de la situación. Si
dijimos que el marxismo es un pensamiento político por excelencia, y la emancipación, después de toda
muerte de la metafísica de la presencia, de todo alejamiento de fundamentos estancos y determinados, la
encontramos en la capacidad de acción subversiva de lo otro, no debemos más que ajustar los dos engranajes
presentados y argumentar un proyecto político de izquierda radical como el camino emancipatorio
contemporáneo. Sin embargo, si el marxismo como exponente de lo otro no simbolizado está en penumbras y
con la dificultad de no encontrar salida, si hay un régimen sedimentado hegemónico sin un oponente que vaya
más allá de una búsqueda de mediación administrativa, lo que ha entrado, y de hace mucho tiempo, en la
turbulencia es la política propiamente dicha. Y es esto lo que se busca resaltar. Lo que buscamos es hacer
ver, cómo el horizonte desde donde teorizar, el marxismo, se incrusta en una realidad más compleja, que es la
de la crisis de la política como proceso de subversión. Esto es lo que complica el terreno contemporáneo.
Anteriormente el marxismo estaba en las vicisitudes de ser lo otro, con lo que ello implica, hoy el problema
reside en la debilidad de lo otro, la falta de esencia marxista –el proletariado décadas atrás- preocupa, y de allí
la variedad de caminos tomados por ex-marxistas, como arguye Agustín Cueva, que se encolumnan tras la
nominación de marxistas. Como alegaría Alain Badiou, si hoy vivimos con la desazón de la eminente muerte
del marxismo, la proclama del fin de la historia, de la ruptura de los acontecimientos, lo que vivimos no es más

6
Norberto Bobbio; ¿Existe una doctrina marxista de Estado?; digitalización de corriente praxis; 2007.
7
Elías José Palti; Verdades y saberes del marxismo. Reacciones de una tradición política ante su “crisis”; Buenos Aires;
Fondo de cultura económica; 2005; Pág. 15.
que, lo que no nos es posible ocultar -no se puede tapar el ofuscamiento que ello trae aparejado- es la crisis
de lo político en su integridad.
*
Rescatemos algunos de los puntos que algún que otro “marxista” radical vislumbró para pensar la
emancipación, he hizo virar la cuestión para el recorrido, no sólo más largo, sino para el lugar donde se
incrusta hasta las rodillas del lodo liberal, y en el mejor de los casos se anota con el “apartamiento” de un
prefijo inútil. Si no queda claro, la intensión es planteada con una carga negativa a diferencia de, como ya
citamos, Bobbio que ve en tal ocasión un oportunismo francamente auspicioso; que existan tantos marxismos
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es un signo de vitalidad que hace del marxismo una empresa que no ha muerto , nos acota.
En la globalidad desde donde se piensa y elucubran, se pregona:

− Se debe encontrar en la debilidad momentánea de la izquierda un modo de acción política sin


considerar la renuncia de las ventajas de la sociedad democrática liberal.

− La cuestión radica en no romper con la ideología liberal democrática sino profundizar el momento
democrático liberal mismo. No negar sino profundizar y expandir la ideología liberal democrática para
luchar en pos de mayor pluralidad e inclusión.

− Pensar la izquierda dentro del imaginario viable del capitalismo, introduciendo la regulación
institucional y controles democráticos a la economía liberal.

La posibilidad brindada por Marx es tan amplia y compleja, que en la ampliación se puede, modificando
algunos puntos, obtener y posicionar apariciones conceptuales diferentes que siguen viendo lo mismo.
Wittgenstein es quien nos lo deja en claro, que el ver lo mismo no concuerda con ver lo mismo.
Acá hay que aclarar rápidamente dos cosas. Primero, que el marxismo como acción articulatoria política se
basa en un desacuerdo intrínseco de legibilidad. Marx desarrolla su intelección ontológica entre dos seres
identitarios -opresores burgueses y oprimidos proletarios-, que viendo la misma situación, percatan distintas
posturas. De aquí nace la idea política, de tal desacuerdo inconmensurable, que a la larga o en la brevedad,
se depositará en la disputa. Segundo, es que posiciones “internas” a la nominación del marxismo, ven en el
marxismo algo distinto a lo que el marxismo es. La situación no reside en determinar la cualidad inherente al
marxismo, es algo que no sabemos, ni podríamos ponernos de acuerdo, burdamente sería explayado como,
cuál es el “marxisismo propio del marxismo”, como hubiera sido interpelarse por la tonalidad del blanco, cual
es la blanquez de la blancura. El problema remite, a nuestro modo de ver, en otro lado, en que en este caso se
coarta el desacuerdo innato para tal interpretación. No hay al final un todo que los aúna a los proyectos, más
allá de la nominación, ficticia o no. Tanto al dominado como al dominante los une el terreno social que se tiene
como telón de fondo. En cambio, al englobe pseudo-marxista -democráticos radicales o radicales de la
izquierda- no es posible enmarcarlos tras algún telón de fondo común. Se puede tender diferentes caminos
para pensar y realizar la emancipación, pero no es plausible concebirla sin un quiebre político a la
institucionalización social sedimentada en la rutina normativa. La emancipación es un desgarramiento a la
investidura hegemónica. Si quitamos la mirada de lo otro de la hegemonía liberal no podemos pensar en la
contemporaneidad cualquier subversión, si no articulamos a lo otro, el germen político conflictual, no podemos,

8
Norberto Bobbio; ¿Existe una doctrina marxista de Estado?; Ob. cit.
ni se puede hablar de política. Por ello debemos ser cuidadosos al hablar del marxismo como proyecto político
emancipatorio. En el segundo planteo, aseveramos por el derrotero medido que no se está mirando la misma
situación, de ser de modo contrario, de estar mirando el mismo terreno, se lo está haciendo con armas y
herramientas totalmente diferentes, que de dada posicionan posiciones visuales disímiles.
Ahora bien, si hay algo llamativo en esta senda argumentada, es que hoy encontramos posturas de radicalidad
de la izquierda con una mirada más plural en el autor –aludimos a Marx-, que comprendemos pero no
coincidimos. Es decir, la mirada peyorativa que aducimos sobre la momentización social es, a saber, una
constitución distinta y alejada de la interpretación recabada, que ve, en ella una oportunidad; y este achaque
no es netamente negativo, en ningún momento tenemos la intención de objetar tales visiones –tales se objetan
y contradicen solas-, solamente que cada visión particular –referimos a las posturas radicales de izquierda- no
produce ni introduce un quiebre articulatorio político, lo cual no es dañino, viendo y sabiendo que la política,
como la pensamos aquí, aparece de vez en cuando en la institucionalización social. Lo que sí es preocupante,
es que en ellas no es asequible la idea de generar la inyección al pensamiento de izquierda radical. No se
piensa más allá de la administración.
Si buscamos una victoria con este desarrollo, ella es el comienzo de pensar una izquierda radical, una
izquierda política que introduzca a lo otro excluido en el marco contemporáneo, y alejarnos de la afronta de
radicalidad mediática administrativa del subsuelo estable hegemónico. No nos oponemos a formas radicales
de democracia, no se mal interprete, más allá de si nos interesa o no –a su vez dijimos que las mismas se
autoanulan-, creemos intentar enarbolar un forma plural que acepte el proyecto socialista. Esto sería
acercarnos al pensamiento genuino de Marx, a su herencia, lo más que podamos. Sería rondar cerca de la
onceava tesis feuerbachiana: los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo,
9
pero de lo que verdaderamente se trata es de transformarlo .
Redondeemos y examinemos. Por proyecto radical de izquierda entendemos un proyecto que profundiza
mecanismos liberales, tanto de mercado como horizonte económico, como de valores e instituciones
dispositivos de subjetividad que se limitan a conservar un régimen sesgado de identidades, pluralizando el
campo hacia libertades igualitarias. Un proyecto que corre atrás de la radicalidad sin saber que la radicalidad
emancipatoria está tras la radicalidad del sistema. El ofuscamiento democrático no significa atacar, no busca
lastimar y abrir la escena. Cuanto mucho hay mayor proliferación y distintos tronos de poder, sin embargo el
poder no reside allí. Ese no es un poder plenamente vacío, o mejor dicho es un poder vacío en un marco
regulativo que lo limita. El poder es parte de un juego de particularismos consensuando un distinto modo de
mediación. El decir que el poder tiene una configuración refiere, no negando a Lefort, a decir que el poder es
parte de un terreno no disputado y discutido.
Volvamos a lo anterior. La propuesta radical de la izquierda o “política” democrática radical repolitiza espacios
no politizados y rompe la antinomia público – privado, sin embargo no problematiza de fondo al capitalismo
como tal. La política posmoderna no repolitiza de hecho el capitalismo, ya que la noción y la forma misma de lo
10
político dentro del cual opera se funda en la “despolitización” de la economía . La vorágine de emergencia de
identidades libres no alcanza a ser un acto político. Si no se ataca el marco regulativo, toda emergencia
equivalencial es un exceso canalizado por el sedimento administrativo liberal reinante.
En cambio, llamamos izquierda radical a todo proyecto que tiene como fin la articulación política de lo otro y
como capacidad de acción final reactivar al sedimento hegemónico reinante con un accionar político radical

9
Karl Marx; Tesis sobre Feuerbach; escrito en la primavera de 1845 y publicado por primera vez por F. Engels en 1888
como apéndice a la edición aparte de su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.
10
Judith Butler, Ernesto Laclau; Slavoj Zizek; Contingencia, hegemonía, universalidad; Ob. cit.; Pág. 106.
que traiga a escena a la sombra excluida no simbolizada, a lo otro que produce el quiebre articulatorio de lo
normativo, a un otro conflictual que busca erguir un nuevo sistema igualitario. Tal articulación radical de
excesos no mediados trae de la mano al germen político que subversiona todo cemento reposado en la
tranquilidad administrativa.
El proyecto democrático radical amplía el campo, pero rompe con la promesa emancipatoria del marxismo.
Coarta todo proyecto de transformación social, coarta toda capacidad política de lo otro.
En fin, la interpretación de la herencia marxiana ha apartado a muchos del marxismo, pero los ha posicionado
en un pos democrático plural. Siguiendo el derrotero lógico, debemos aguzar un poco la mirada, y rememorar
lo que Marx en unos de los últimos tramos del Manifiesto, con la complicidad de Engels, llaman burgueses
socialistas. Puede haber un salto latente entre democráticos radicales y tales burgueses socialistas, pero la
cuestión en última reposa sobre lo idéntico, y de allí la comparación. Tanto para uno como para otros, el fin es
perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que surgen de ellas.
11
Quieren la sociedad actual sin los elementos que la revolucionan y descomponen . Quieren la libertad a la
igualdad. Cualquier dolencia o susceptibilidad, por dicha acotación, comprendería creer que el marxismo tiene
algo más en él que el mismo, se creería, como lo estamos tratando de mostrar, que el marxismo acarrea un
plus, una utopía de transformación de la mano de lo otro, del germen político.
El marxismo como exceso teoriza desde los excesos, teoriza de la articulación externa a la hegemonía
sedimentada. La historia de las sociedades es la historia de las luchas de clases. El marxismo es el histórico
bastonero de la lucha. Lo otro es el sujeto subversivo con capacidad de lucha. Toda lucha articulatoria de lo
otro es una lucha política en búsqueda de un proyecto emancipatorio.

11
Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del Partido Comunista; Buenos Aires; Ulrica Ediciones; 2004; Pág. 149.

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