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ETIAM

Revista Agustiniana de Pensamiento

Volumen IV, Número 4, Año 2009

Buenos Aires
2009
ETIAM. Revista Agustiniana de Pensamiento: Volumen IV, Número 4,
año 2009 / Coordinado por José Demetrio Jiménez. 1ª ed.-
Buenos Aires: Orden de San Agustín - Religión y Cultura, 2009.
384 p. 23x16 cm.
ISSN 1851-2682
1. Religión. I. Jiménez, José Demetrio, coord.
CDD 230

DIRECTOR
José Demetrio Jiménez, OSA

CONSEJO DE R EDACCIÓN
Alberto Bochatey, OSA; José Guillermo Medina, OSA;
Emiliano Sánchez, OSA; Santiago Alcalde, OSA;
Gerardo García Helder; Luis Nos Muro, CM

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Revista Etiam
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Impreso en la Argentina
© 2009 José Demetrio Jiménez
ISSN 1851-2682
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ÍNDICE

EDITORIAL
JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA, 410-1810-2010: Reflexiones sobre “La
ciudad de Dios” en el contexto del Bicentenario ......................... 11

ESTUDIOS
LUIS NOS MURO, CM, ¿Es de actualidad la biografía teológica de san
Agustín? ......................................................................................... 37
DIANA FERNÁNDEZ, La Ciudad del Dios que se dice de muchas maneras.
Agustín y la tolerancia religiosa ................................................... 51
SILVIA MAGNAVACCA, La Filosofía ante las ciencias en el “De ordine”
de san Agustín ............................................................................... 63
GERARDO GARCÍA HELDER, La objetivación de la mujer en algunos
escritos de san Agustín de Hipona ................................................ 75
VALENTÍN CRICCO, El signo escritural en san Agustín ......................... 91
ARMANDO BARRAÑÓN, Ciencia y humanidades en Fray Alonso de la
Vera Cruz ....................................................................................... 101
JIMENA PAZ LIMA, Aproximación a la noción de materia y elemento en
la obra de san Alberto Magno ....................................................... 125
MARCELIANO ARRANZ, OSA, Releyendo a Darwin. Reflexiones, quizá
intempestivas, a propósito de dos aniversarios ............................ 137

TEMAS DE ACTUALIDAD
PABLO PERALTA, Abriéndonos a los valores ........................................ 149
JAVIER GALDONA, El desafío de la educación en valores hoy .............. 163
MARÍA JOSÉ SOLER, Educación emocional. Un desafío para el docente
de hoy ............................................................................................ 189
SALMO CAETANO DE SOUZA, A Mediação da Santa Sé na questão do
Canal de Beagle: Trinta anos ........................................................ 195
MARIO ALFONSO, ¿Es posible que los civiles bloqueemos las guerras? 203
6 ÍNDICE

TEXTOS Y GLOSAS
A RCHIVO AGUSTINIANO DE BUENOS AIRES, Memoria o Relación del
Colegio Agustiniano y la Parroquia de San Agustín, año 1929.... 211
EMILIANO SÁNCHEZ, OSA, Nicolás Videla del Pino, primer obispo de
Salta, y dignidades eclesiásticas de las Iglesias de Córdoba y Salta
en el Archivo General de Indias .................................................... 221

V SEMANA AGUSTINIANA DE PENSAMIENTO


Ciencia, ética, religión. Breve reseña ................................................ 285
LUCIO FLORIO, Teología de la creación en la era de las ciencias ....... 287
ELENA YEYATI, A 200 años del nacimiento de Charles Darwin y a 150
años de la primera edición de su obra “El origen de las especies” 295
MARGARITA BOSCH, Ciencia y ética ..................................................... 311
MARCELO A. DANKERT, ¿Qué es la realidad? ...................................... 317
ALBERTO BOCCACCI, Ciencia y Eucaristía ............................................ 325

RINCÓN POÉTICO
MARÍA GABRIELA PELLEGRINI, Invocación al amor .............................. 333
OSCAR NELLA CASTRO, Al Cristo de los faroles de la Parroquia Santa
Teresa de Jesús de Salta ................................................................ 334
JUAN CARLOS BOSSIO, Plegaria – Urbi et Orbi ..................................... 335

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
Obras de y sobre san Agustín
SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios (Tecnos – De la Nota Editorial) .... 341
SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios (Porrúa – De la Nota Editorial) ..... 341
SAN AGUSTÍN, Catequesis (Lumen – De la Nota Editorial) ................. 342
SAN AGUSTÍN, Soliloquios y Acerca de la vida feliz (Lumen – De la
Nota Editorial) ............................................................................... 342
MARTIN, TH. F., Nuestro corazón inquieto. La tradición agustiniana
(Luis Marín, OSA) ................................................................................. 343
ÍNDICE 7

SETTIMANA AGOSTINIANA PAVESE 2005-2006, Lettura del Civitate Dei


Libri XI-XVI. Lectio Augustinini XXI-XXII (Pablo D. Guzmán)... 343
MATTHEWS, G. B., Agustín (José Demetrio Jiménez, OSA) .................. 344
CANET VAYÁ, V. D. (ED.), San Pablo en San Agustín (Domingo Canet,
OSA) .............................................................................................. 344

PATROLOGÍA
PSEUDO-MACARIO, Nuevas homilías (Hipólito Martínez, OSA) .......... 345

ESPIRITUALIDAD
MARTÍNEZ, H., El Magnificat comentado por Martín Lucero. La otra
cara del fraile (Hipólito Martínez, OSA) ...................................... 346
MARTÍNEZ, H., Orando con Santa Rita (Pablo D. Guzmán) ............... 346
NOS MURO, L., Santa Mónica, madre de San Agustín (Gerardo García
Helder) ........................................................................................... 347
ALCALDE, S., Santa Mónica, la de Agustín (José Demetrio Jiménez,
OSA) .............................................................................................. 347
VILLEGAS DELGADO, J., Padre Agustín Liébana, agustino. Una vida al
servicio de Dios (De la Nota Editorial) ......................................... 348
HERNANDO MORENO, P., Mons. Diego Gutiérrez Pedraza. Primer obispo
del Valle Calchaquí (José Demetrio Jiménez, OSA) ..................... 348

FILOSOFÍA, ANTROPOLOGÍA Y SOCIOLOGÍA


D’AMICO, CL. (ED.), Todo y Nada de Todo. Selección de textos del
neoplatonismo latino medieval (María Sol Rufiner) ..................... 349
MALLIMACI, F. (COMP. ), Modernidad, religión y memoria (Gerardo
García Helder) ............................................................................... 351
INFRANCA, A. Y VEDDA, M. (COMP.), György Lukács. Ética, Estética y
Ontología (Germán Ramos) .......................................................... 352
LASTRA, A., Ecología de la cultura (María Gimena Cavallieri) ........ 356
BELTING, H., Antropología de la imagen (Valeria Díaz) ..................... 358
8 ÍNDICE

RUIZ DE LOS LLANOS, G., El Corán Criollo (José Demetrio Jiménez,


OSA) .............................................................................................. 361
RUIZ DE LOS LLANOS, G., Pensamiento argentino (José Demetrio Jiménez,
OSA) .............................................................................................. 362

HISTORIA, ARTE Y DERECHO


BARRAL, M. E., De sotanas por la Pampa. Religión y sociedad en el
Buenos Aires rural tardo colonial (Mercedes Amuchástegui) ..... 362
MURILLO VELARDE, P., Curso de Derecho Canónico Hispano e Indiano
(Julio J. Giner) ............................................................................... 364
FOLQUER, C. (COORD.), 1° Congreso de Historia de las Ordenes y
Congregaciones Religiosas (Javier Otaka, OSA) .......................... 365
VIÑAS ROMÁN, T. (COORD.), 50° Aniversario de la Federación Nues-
tra Señora del Buen Consejo y San Alonso de Orozco (Rosa N.
Botta) ............................................................................................. 365
VERBITSKY, H., Vigilia de armas. Del Cordobazo de 1969 al 23 de marzo
de 1976. Historia política de la Iglesia católica (Diana Viñoles) . 368
GRILLO, M. DEL C., La Revista “La Campana de Palo”. Arte, Literatura,
Música y Anarquismo en el campo de las Revistas Culturales del
Periodo de Vanguardia Argentino (1920-1930) (María Victoria
Camarasa) ...................................................................................... 369

REVISTAS DE INTERCAMBIO
Edad de Oro. Revista Anual del Departamento de Filología Española
de la Universidad Autónoma de Madrid (Maximiliano Ramírez
Royano, OSA) ................................................................................ 371
Punto de Vista. Revista Cultural Argentina (Javier Otaka, OSA)...... 371
Anuario de Estudios Bolivianos, Archivísticos y Bibliográficos.
Edición del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Rosa N.
Botta) ............................................................................................. 372
RIED. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia. Revista
de Educación a Distancia de la Universidad Técnica Particular de
Loja (UTPL) – Ecuador (Javier Otaka, OSA) ............................... 372
ÍNDICE 9

Nouvelle Revue Théologique. Faculté de Théologie de la Compagnie


de Jésus à Bruxelles (Maximiliano Ramírez Royano, OSA) ........ 373
International Philosophical Quarterly. Fordham University of New
York (Maximiliano Ramírez Royano, OSA) ................................. 374
Revista de la Facultad de Filosofía, Ciencias de la Educación y
Humanidades. Universidad de Morón – Buenos Aires (Javier
Otaka, OSA) .................................................................................. 374
Revista del Instituto de Investigación Musicología Carlos Vega. Fa-
cultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica
Argentina – Buenos Aires (Pablo D. Guzmán) ............................. 375
Revista de la Fundación para la Historia de España – Buenos Aires
(Javier Otaka, OSA) ...................................................................... 376
Percorsi Agostiniani. Rivista degli Agostiniani d’Italia – Roma (Pablo
D. Guzmán) ................................................................................... 377

REVISTAS AGUSTINIANAS DE INTERCAMBIO PERMANENTE


Analecta Augustiniana. Revista del Instituto Histórico de la Orden
de San Agustín. Roma ................................................................... 378
Archivo Agustiniano. Revista de Estudios Históricos de los Agustinos
– Valladolid – España .................................................................... 378
Augustinianum. Revista del Instituto Patrístico “Augustinianum” de
Roma .............................................................................................. 378
Estudio Agustiniano. Revista del Estudio Teológico Agustiniano de
Valladolid – España ....................................................................... 378
La Ciudad de Dios. Revista de los Agustinos de la Provincia Matritense
– El Escorial – Madrid ................................................................... 378
Mayéutica. Revista de los Agustinos Recoletos de Marcilla – Nava-
rra ................................................................................................... 378
Religión y Cultura. Revista de los Agustinos de la Provincia “España”
– Madrid ........................................................................................ 378
Revista Agustiniana. Revista de los Agustinos de la Provincia de
Castilla – Madrid ........................................................................... 378
10 ÍNDICE

Rivista di Studi Culturali. Revista del Collegio Internazionale Agos-


tiniano Santa Monica – Roma ....................................................... 378

ABREVIATURAS DE LAS OBRAS DE SAN AGUSTÍN 379


NORMAS DE PUBLICACIÓN 382
EDITORIAL

410 - 1810 - 2010


REFLEXIONES EN EL CONTEXTO
DEL BICENTENARIO DE LA NACIÓN ARGENTINA

José Demetrio Jiménez, OSA


Buenos Aires
demetrio@sanagustin.org

Año 410, 24 de agosto. Alarico y sus visigodos están desde hace un


tiempo en la Península Itálica. A fines del año 408 el caudillo decide
asediar Roma y solicita al Senado cobrar un tributo como condición
de un pacto de no hostilidad contra la ciudad. Alarico levanta el sitio
cuando los senadores acceden a su pedido. Poco después el emperador
Honorio, que no vive en Roma sino en la amurallada Ravena, se niega
a pagar el tributo. La represalia de Alarico no se hace esperar y ordena
a sus huestes avanzar hacia la ciudad. Por primera vez en ocho siglos
Roma cae en manos de un ejército enemigo. La Urbe es saqueada, la
Ciuitas hace tiempo que decae. Una gran consternación se ciñe sobre
el Imperio.
No muchos días después y en el norte de África el obispo cristiano
de Hipona, de nombre Agustín, predica ante sus fieles un sermón sobre
La devastación de Roma (“De Urbis excidio”). La noticia, aún sin cono-
cer en detalle su verdadera dimensión, está causando desconcierto.
Entre los romanos se difunde la opinión de que la caída del Imperio
responde al abandono que Roma hizo de sus mejores tradiciones y del
culto a sus dioses, sustituidos por el cristianismo. De parte de los cris-
tianos, el mismo Agustín se hace eco de la perplejidad en que muchos
se encuentran: “¿Es que no había en Roma cincuenta justos [como en
Sodoma]? Entre tantos fieles, tantos consagrados, tantos continentes, tan
numerosos siervos y siervas de Dios, ¿no han podido contarse ni cin-
cuenta justos, ni cuarenta, ni treinta, ni veinte, incluso ni diez? Si eso es
12 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

inadmisible, ¿por qué Dios no ha perdonado a la ciudad por cincuenta,


y aun hasta por diez justos?” (exc. urb. 2, 2).
El obispo de Hipona no se siente tranquilo y desea estudiar detenida-
mente el tema. “Una ciudad está en sus ciudadanos, no en sus murallas”
(exc. urb. 6,6). No tardando comenzará a escribir La ciudad de Dios.
Año 1810, 25 de mayo. En Buenos Aires, capital del Virreinato del
Río de la Plata, el Virrey Cisneros es depuesto tras el Cabildo Abierto
del 22 y se forma la Primera Junta de Gobierno. España, la metrópoli
decaída, otrora cabeza de Imperio, está sometida a la ocupación napo-
leónica, que tiene preso al rey Fernando VII y ha colocado en su lugar
al hermano del Emperador, José I. Cae la Junta Suprema Central y
Gubernativa del Reino, siendo sustituida por el Consejo de Regencia de
España e Indias.
Por los pagos rioplatenses se desarrolla el proceso de surgimiento
de un Estado que será denominado Argentina, Provincias Unidas de
Sudamérica (o del Río de la Plata) entre la Revolución de Mayo y la
configuración federal de las mismas. Causas externas e internas con-
fluyen de tal modo que no puede asignarse ni a un hecho ni a un día la
verdad de lo sucedido. Más bien se trata de un símbolo aglutinante de
dimensiones múltiples que corresponde integrar.
Año 2010, celebración de Centenarios: 16º del saqueo de Roma, 2º
de la Revolución de Mayo. El año de marras es una invitación a la re-
flexión común en torno a un pensador interesante, Agustín de Hipona,
al menos para algunos de nosotros. En verdad que está siendo bastante
considerado en los últimos años por motivos diversos.
Curiosamente y en estos pagos nuestros, san Agustín es tanto y
más estudiado en universidades civiles y laicas que en pontificias y ca-
tólicas. En éstas no es difícil hallar alusiones “curiosas” al pensamiento
del hiponense, marcadas en ocasiones con estereotipos “acuñados” por
autores contemporáneos de relevante prestigio teológico; y en temas, por
ejemplo, como el pecado original, la acción política, la paz y la teoría del
Estado, que merecen un tratamiento más serio y dedicado, ajeno también
EDITORIAL 13

a nuestras pretensiones de ahora1. Aspectos cuyo contenido central han


abordado relevantes pensadores contemporáneos desde la filosofía, la
ética y la antropología simbólica y cultural, y que merecerían –según mi
parecer– más atención de los teólogos, como pueden ser los aportes de
Jean Nabert (1997), Saturnino Álvarez Turienzo (1960, 1983, 1984, 1987,
1988), René Girard (1986, 1986, 1996, 1998, 2002), Juan Martín Velasco
(1993, 1999, 2001, 2004) y Gaspar Risco Fernández (1991, 1995).
Sobre la actualidad del pensamiento de san Agustín hay un artícu-
lo muy interesante de Luis Nos Muro, aparecido hace unos años en la
revista Razón y fe (Nos Muro, 2000) y que publicamos revisado en este
número 4 de Etiam (¿Es de actualidad la biografía teológica de san
Agustín?, pp. 37-49).
Huelga decir que el hiponense ni trató todos los temas ni todas sus
perspectivas, ni respecto de los temas que trató y sus perspectivas uno
tiene por qué estar de acuerdo. Mas es de justicia considerar la vitalidad
de una reflexión y un decir que continúan dando que pensar y hablar…

CONOCER Y QUERER
En lo que a la reflexión del tema que nos ocupa se refiere, uno de
los más relevantes aportes de san Agustín es su esfuerzo intelectual por
responder a una pregunta: ¿Qué hacer para que el hombre sea feliz? (b.
uita 2, 10). Tema que aborda Diana Fernández en su artículo La ciudad
del Dios que se dice de muchas maneras. Agustín y la tolerancia religio-
sa (pp. 51-62). San Agustín vive en carne propia este desafío. También
escribió una obra al respecto –De beata uita– y el tema recorre gran
parte de sus escritos. El hombre quiere ser feliz, pero con frecuencia lo
quiere sin vivir del modo en que puede llegar a serlo (cf. ciu. 14, 4, 1).

1
Lo venimos considerando en los números anteriores de Etiam: Rossi, 2007;
Ruiz Pesce, 2008; Medina, 2008; Risco Fernández, 2008; Piccardo, 2008. Ver también
Dodaro, 2006; De la Torre, 2006; García-Baró, 2006; Ruiz-Pesce, 2006.
14 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

¿En qué consiste la felicidad? En poseer lo que se desea. ¿Es “bien-


aventurado quien no posee lo que desea? No. ¿Y es feliz quien posee
todo cuanto quiere? Si desea bienes y los tiene, sí; pero si desea males,
aunque los alcance, es un desgraciado” (b. uita 2, 10). Es feliz quien
posee lo que desea si desea lo que es debido, esto es, “el bien propio y
principal” (lib. arb. 2, 52). ¿Y qué es esto “debido” que constituye “el
bien propio y principal” del hombre y que uno ha de alcanzar para ser
feliz? “Ha de ser una cosa permanente y segura, independiente de la
suerte, no sujeta a las vicisitudes de la vida… Quien desea ser feliz debe
procurarse bienes permanentes, que no le puedan ser arrebatados por
ningún revés de la fortuna” (b. uita 2, 11).
La felicidad depende no sólo del hombre individual, sino también
del ámbito social en el que se desenvuelve y echa raíces, donde se instala
y convive con sus semejantes, donde se hace ciudadano (cf. ciu. 19, 7)2.
Ciudad es, precisamente, “una multitud de hombres unidos entre sí por
algún vínculo social” (ciu. 15, 8, 2). “El individuo es a la ciudad lo que la
letra es a la palabra”, escribió Étienne Gilson comentando La ciudad de
Dios (1952:46). Como las sílabas y las palabras son a la frase, así son los
hombres a la ciudad, podríamos decir parafraseando a san Agustín en
una carta que dirigió a san Jerónimo (cf. ep. 166, 13). Como las sílabas
originan palabras por la articulación de sintaxis, semántica y pragmáti-
ca, así los hombres edifican la ciudad articulando sus relaciones según
sentidos, significados y acciones.
La sociedad a la que aspiramos, ciudad de Dios presente en la vida
transitoria de la ciudad de los hombres, “convoca a ciudadanos de todas
las razas y lenguas […], sin preocuparse de su diversidad de costum-
bres, leyes o estructuras que ellos tengan para conquistar o mantener
la paz terrena. Nada les suprime, nada les destruye […]. Sólo pone una

2
Del latín ciuis, a su vez de la raíz indoeuropea *kei, que significa “echar raíces”
(keuios es “compañero de casa”), de donde viene también ciuitas, ciudad en sentido
político, de personas libres, ciudadanos. El lugar físico donde se desarrolla la vida
ciudadana es la urbe. Para este proyecto los hombres necesitan juntarse, acompañarse,
asociarse (sequor = acompañar; sequios = compañero; socius = asociado; societas =
sociedad).
EDITORIAL 15

condición: que no se pongan obstáculos a la religión por la que –según


enseñanza recibida– debe ser honrado el único y supremo Dios verdade-
ro. En esta su vida como extranjera, la ciudad celestial se sirve también
de la paz terrena y protege, e incluso desea –hasta donde lo permite la
piedad y la religión–, el entendimiento de las voluntades humanas en
el campo de las realidades transitorias de esta vida. Ella ordena la paz
terrena a la celestial” (ciu. 19, 17).
Sucede, sin embargo, que con frecuencia el hombre “trata de impo-
ner su propia dominación a sus iguales” (ciu. 19, 12, 2). Es la “ambición
de dominio” (dominandi libidine), erótica del poder –diríamos hoy–, el
apetito de dominar, tal como decía Salustio y cita san Agustín (cf. ciu.
3, 14); y que se convirtió en la historia en el auténtico criterio para las
guerras: “la máxima gloria residía en el máximo poder […]. Es este
apetito de dominio el que trae a mal traer y destroza a la humanidad”
(ciu. 3, 14).
San Agustín reconoce “que este defecto es espontáneo” y se requiere
mucha atención, a saber: que la voluntad permanezca “estable en el amor
del bien superior inmutable”, de tal manera que la ilustre para ver y la
encienda para amar, que no se aparte de lo verdadero “para agradarse
a sí misma” (ciu. 3, 14). El hiponense comenta el relato bíblico de la
primera caída, en el que se halla inscripto el sentido de este proceso. Si
la humanidad que refiere dicho texto no se hubiera dejado arrebatar por
la autocomplacencia y la soberbia, “ni ella [Eva] hubiera creído que la
serpiente decía la verdad, ni él [Adán] hubiera antepuesto la voluntad de
su esposa al mandato de Dios, ni pensaría que traspasaba venialmente el
precepto acompañando a su compañera hasta el pecado” (ciu. 3, 14).
¿Está mal conocer los frutos del árbol del bien y del mal?, se pre-
gunta Agustín. ¡No! El mal viene del modo como se apetece ese cono-
cimiento. Sobre esto reflexiona Gerardo García Helder en su artículo La
objetivación de la mujer en algunos escritos de san Agustín de Hipona
(pp. 75-89). En ello tiene que ver “la exhortación agustiniana a rehuir la
uana curiositas en lo que concierne al cultivo de las ciencias”, de la que
habla Silvia Magnavacca en su artículo La Filosofía ante las ciencias en
el “De ordine” de san Agustín (pp. 63-74). Precisamente por ello corres-
ponde considerar la inteligibilidad de los diversos planos de la realidad a
16 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

partir del signo y la interlocución, tema que estudia Valentín Cricco en


su artículo El signo escritural en san Agustín (pp. 91-99).
El necesario cultivo del diálogo con los que piensan distinto, tal cual
refiere Marceliano Arranz en su artículo sobre Darwin (pp. 137-146),
así como el estudio de la naturaleza en actitud abierta a la investigación
permanente para el despliegue adecuado de la ciencia, tal como muestra
Jimena Lima en el espíritu de san Alberto Magno (pp. 125-135), son
otros aportes valiosos para la reflexión. Lo cual, ciertamente, requiere
de un proyecto educativo que oriente la vida y el saber, tal como pro-
pone Armando Barrañón en el pensamiento de una figura relevante del
agustiniano novohipano: Ciencia y humanidades en Fray Alonso de la
Vera Cruz (pp. 101-124)3.

ÉTICA Y POLÍTICA
Tiene que ver todo esto con las respuestas que nos corresponde dar
al desafío de lo humano, particularmente en lo que a la ética se refiere:
se trata de “hacer el bien y evitar el mal”, pero también de amar bien lo
bueno. “El mismo amor que nos hace amar bien lo que debe ser amado,
debe ser amado también ordenadamente, a fin de que podamos tener
la virtud por la que se vive bien. Por eso me parece una definición bre-
ve y verdadera de la virtud: el orden del amor” (ciu. 15, 22). Se ha de
procurar, por ello, que la soberbia no se filtre en las buenas obras y las
corrompa (reg. 8). Esto comporta el cultivo de la humildad, que eleva
el corazón hacia la magnanimidad, mientras que la soberbia lo torna
pusilánime. Este es, en el fondo, el criterio que marca la diferencia entre
las dos ciudades (ciu. 15, 22). “Apeteciendo ser más, se es menos, y al
querer bastarse uno a sí mismo, como si él fuera la luz, le aparta de la
luz que, al agradarle, le hace a sí mismo luz… La caída que tiene lugar
en lo escondido precede a la que tiene lugar abiertamente, aunque no se
la tenga por caída a la primera” (ciu. 14, 13, 2).

3
Ciencia, ética, religión fue el lema de la V Semana Agustiniana de Pensamiento
(Buenos Aires, 3-7 de agosto de 2009). Ofrecemos también en este número de nuestra
revista una memoria de la misma (pp. 283-330).
EDITORIAL 17

La realización de la sociedad adecuada para que el hombre alcance


la felicidad comporta, según san Agustín, el acuerdo de lo disímil según
un orden razonable (“moderata ratione ciuitatem consensu dissimillimo-
rum concinere”, ciu. 2, 21, 1)4. Acuerdo entendido como articulación de
las diferencias de tal manera que se procure el surgimiento, la acepta-
ción y la promoción de una comunidad de intereses, a saber, un pueblo5,
que haga emerger, integre y visibilice la Nación que nos identifique.
Esto será posible si desarrollamos los instrumentos necesarios para una
convivencia equilibrada y sostenible, el Estado. Puesto que no todos
pensamos lo mismo ni tenemos idénticos criterios de vida, nos corres-
ponde edificar la convivencia sobre un orden razonable que articule las
diferencias en un proyecto común. Es el desafío de la política. Citando la
Oración por la Patria, esto tiene que ver con la búsqueda de la verdad
y el compromiso por el bien común, que hacen posible la convivencia y
viable la concordia6.

4
Agustín cita en ciu. 2, 21, 1 a Cicerón en De republica 2, 42-43, quien a su vez
remite a Escipión: “Entre la cítara o las flautas y el canto de voces debe haber una
cierta armonía de los distintos sonidos, y si falta la afinación o hay desacordes, es
insufrible para el oído entendido. Pero también esa misma armonía se logra mediante
un concierto ordenado y artístico de las voces más dispares. Pues bien, de este mismo
modo, concertando debidamente las diversas clases sociales, altas, medias y bajas,
como si fueran sonidos musicales, y en un orden razonable, logra la ciudad realizar
un concierto mediante el consenso de las más diversas tendencias. Diríamos que lo
que para los músicos es la armonía, eso es para la ciudad la concordia, vínculo el más
seguro, el mejor para la seguridad de todo Estado. Y, sin justicia, de ningún modo
puede existir la concordia”.
5
“El pueblo es un conjunto de ciudadanos para los cuales es peligrosa la disen-
sión” (ord. 2, 18, 48). “Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el
presente; haber hecho juntos grandes cosas, querer nacer otras más; he aquí las con-
diciones esenciales para ser un pueblo… En el pasado, una herencia de glorias y re-
mordimientos; en el porvenir, un mismo programa que realizar” (Ortega, 1968:240).
6
Sobre la importancia de la mediación en los conflictos, ver el artículo de Salmo
Caetano de Souza que publicamos (A Mediação da Santa Sé na questão do Canal de
Beagle: Trinta anos, pp. 195-202). Sobre la responsabilidad civil en el bloqueo de las
guerras, ver la reflexión de Mario Alfonso Sanjuán (¿Es posible que los civiles blo-
queemos las guerras, pp. 203-208). Dos testimonios de memoria histórica se ofrecen
la sección Textos y glosas de nuestra revista (pp. 209-282).
18 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

La verdad “se busca por medio de la discusión” (Hept. 1, proemio).


Y por ser “el objeto de las aspiraciones de todos los hombres, no puede
ser coto cerrado de ninguno de ellos. La verdad es una luz, privada y
pública a un tiempo, que está al alcance de todo el que la busca” (lib.
arb. 2, 12, 33). Engendra libertad y hace de los hombres “ciudadanos de
la ciudad libre, socios de la paz eterna, donde no debe existir el amor de
la voluntad propia y en cierto modo privada, sino el amor que se goza
en el bien común e inmutable, y que hace un solo corazón de muchos”
(ciu. 15, 3).
La edificación de la ciuitas supone la conciliación de lo plural,
que no surge de una síntesis, sino de la articulación de lo diferente en
un proyecto común. Esto comporta de parte de cada uno reconocerse
miembro de un todo orgánico del que sólo será excluido cuando, por
iniciativa propia, no quiera estar o atente deliberadamente contra el
bien común. Organismo que es más que la suma de sus partes porque
respeta, cuida y vela por cada una: sin ellas no existiría. Nuestra ciuitas
será eso que, por la confluencia de lo diferente, podemos edificar juntos:
acompañándonos, asociándonos, buscando la concordia por medio del
consenso razonable.
La búsqueda de esta verdad comporta que la filosofía ocupe el lugar
que le corresponde en la educación de la sociedad, tal como lo enten-
diera Cicerón, que no quede recluida en el mundo académico, que pueda
hacer su aporte como maestra de la vida, generadora de pensamiento,
pedagoga de la virtud. Sobre este tema, véanse en este número de Etiam
las reflexiones de Pablo Peralta (Abriéndonos a los valores, pp. 149-162),
Javier Galdona (El desafío de la educación en valores hoy, pp. 163-187)
y María José Soler (Educación emocional. Un desafío para el docente
hoy, pp. 189-193).

SOCIEDAD Y BIEN COMÚN


El bien social sólo es posible por el bien común. Esto no abundó en
la historia. De haberse dado, piensa san Agustín, hubiese sido de otra
manera. Esta afirmación la sustenta con un argumento históricamente
corroborado: el desorden en el que desembocan las sociedades cuando
EDITORIAL 19

no se fundamentan en criterios sólidos. San Agustín critica a quienes


consideran la fragilidad del cristianismo como clave de la caída del
Imperio. Las razones, en realidad, son otras. “El primer fundador de la
ciudad terrena fue un fratricida. Dominado por la envidia, dio muerte
a su hermano, ciudadano de la ciudad eterna y peregrino en esta tierra.
No nos debe extrañar que después de tanto tiempo este primer ejemplo,
o, como dicen los griegos, άρχέτυπον, encontró un eco en la fundación
de la célebre ciudad que había de ser cabeza de esta ciudad terrena y
había de dominar a muchos pueblos. También allí, según el crimen que
nos cuenta uno de sus poetas, «los primeros muros se humedecieron
con la sangre fraterna». La fundación de Roma tuvo lugar, nos dice la
historia romana, cuando Rómulo mató a su hermano Remo” (ciu. 15,
5). La historia manifiesta con frecuencia que donde hubo un héroe casi
siempre hubo una víctima.
El hombre es un ser social y, al mismo tiempo, la historia nos mues-
tra las crueldades de que es capaz y sobre las que edifica sus ciudades
(ciu. 14, 3). La entraña de la historia ha sido hasta ahora sacrificial:
parece que las civilizaciones comienzan con un crimen (Caín y Abel,
Rómulo y Remo). Prototípico es el caso de Edipo, modelo en Grecia de
crimen irremediable. Ha cometido un crimen y sólo sabrá quién es tras
la desgracia que sigue al incesto. Pero, como escribiera María Zambrano,
“si Edipo no hubiera llevado en sus entrañas la posibilidad del crimen,
o si lo hubiera arrojado de sí, al no matar a ningún hombre, no habría
matado tampoco a su padre” (Zambrano, 1988:56). Parece como si la
transgresión nos proporcionase un saber particular, un acceso a ámbitos
de realidad que no tendríamos sin ella. Es el caso del relato bíblico de
Eva y Adán, quienes saben de su desnudez después de la caída, se dan
cuenta de lo que tenían cuando lo han perdido, ampliado todo ello entre
sus descendientes por el crimen de Caín, en cuyas palabras se manifiesta
el talante vengativo que amenaza a las agrupaciones humanas: “cual-
quiera que me encuentre me matará” –dice el asesino– (Gén 4, 14b).
Situación que Dios quiere prevenir con el temor: “quien matare a Caín,
lo pagará siete veces” (Gén 4, 15a).
San Agustín lamenta que la historia continúe siendo así, historia de
héroes y de víctimas. La historia de Roma está llena de héroes y de víc-
20 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

timas, más aún, de héroes que pasan a ser víctimas de otros héroes que
los sustituyen, generándose una secuela sin fin de victimarios y dioses
caídos, méritos y deméritos por parte de quienes ascienden derribando
de su altura a otros para ocupar su lugar, prolongación en el tiempo de
la pretensión de Adán y Eva de ocupar el mismo lugar de Dios. “Yo no
veo, en realidad, qué importancia puede tener para la seguridad y la
moralidad ciudadana lo que aseguramos ser méritos de los hombres: el
que unos sean vencedores y los otros vencidos, a no ser ese orgullo ab-
solutamente vacío de la gloria humana, en la cual ya recibieron su paga
quienes, ardiendo en una inmensa pasión por alcanzarla, inflaron a otros
en la ferocidad de las guerras… Fijémonos: ¡cuántas grandezas despre-
ciadas! ¡Cuántas pruebas soportadas! ¡Cuántas ambiciones ahogadas!
Y todo por conseguir la gloria humana” (ciu. 5, 17). Este es el motivo
por el cual “Dios prohibió lo que una vez cometido no podía encontrar
pretexto alguno que lo excusase” (ciu. 14, 13, 2). Y para que nadie se
considere superior incluso los más grandes han de estar vigilantes, no
sea que caigan por complacerse en sí mismos (ciu. 14, 13, 2).
La propuesta de Jesús no se despliega a fuer de héroes que provocan
víctimas, sino sobre discípulos que buscan hermanos. A tenor de esto y
frente a la ambición de la gloria, san Agustín invita a la vida sencilla y
al fomento de la amistad. “¿Qué consuelo nos queda en una sociedad hu-
mana como ésta, plagada de errores y de penalidades, sino la lealtad no
fingida, y el mutuo afecto de los buenos y auténticos amigos?” (ciu. 19,
8). Frente a la caducidad de lo terreno aconseja atenerse a un principio
ético de raíz estética, a saber, la distinción entre uti y frui, que señala
la diferencia entre el placer y el gozo al distinguir entre bien intrínseco
(honestum) y bien instrumental (utile). El buen uso de las cosas tempo-
rales es cauce para el goce de las eternas (ciu. 11, 25; s. 35, 5, 5). Usar lo
que es un medio, gozar lo que es un fin…
La felicidad considerada desde el punto de vista social es la paz. Ser
feliz es vivir en paz. Ésta se define como la “concordia bien ordenada”
(ciu. 19, 13). La cuestión es que los hombres no nos ponemos de acuerdo
en lo que eso significa, particularmente en lo que a las vías para alcan-
zarla se refiere. La decadencia de Roma tiene que ver también con esto:
con el conflicto que surge en toda sociedad humana respecto del signi-
EDITORIAL 21

ficado de la paz que procura la felicidad y los caminos para obtenerla.


Los romanos llevan razón cuando dicen que su decadencia se debe al
abandono de sus mejores tradiciones. Ahora bien, no es el cristianismo la
causa de su perdición, piensa san Agustín. En realidad la pietas romana,
el aprecio y respeto de los antepasados y las tradiciones custodiados por
los dioses del Panteón no garantizó el desarrollo adecuado de los mismos
valores que hicieron grande a Roma, en concreto la justicia, en la que se
fundamenta la República, tal como la entendió Cicerón. Esta es la clave
de la armonía social, que se entiende así: que cada individuo, en lugar
de buscar el provecho propio, anteponga los intereses de la comunidad a
los privados (reg. 31). La magnanimidad propia de los héroes de antaño
no se ha perpetuado, entre otras cosas porque dentro de la misma Roma
surgieron divergencias irreconciliables que llevaron al asesinato varios
de los mejores ciudadanos, como en el caso de Cicerón.
La grandeza de la ciuitas comporta, entre otras cosas, la conci-
liación de las divergencias, la atención a los más débiles y la correcta
administración de las riquezas, que no han de despilfarrarse en el lujo
y la ostentación, sino direccionarse hacia el cultivo del espíritu (Zweig,
2002:23). Esto sólo será posible si los gobernantes renuncian al orgullo
y el pueblo no se deja sobornar por los demagogos. La compra de volun-
tades supone que haya quien las vende, y quien renuncia a sus derechos
naturales está dejando de lado sus obligaciones y responsabilidades
(Zweig, 2002:23). “Por naturaleza, tal como Dios creó en un principio al
hombre, nadie es esclavo de otro hombre o del pecado” (ciu. 19, 15). Un
detalle no menor es la crítica que hace san Agustín de las actividades del
circo romano. No puede prosperar una sociedad en la que la comodidad
está más difundida que el trabajo y el ingenio se aplica más a la diver-
sión que al estudio (panem et circenses) (Zweig, 2002:20).
San Agustín describe este proceso como la realidad de dos ciudades.
“Dos amores han edificado dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el
desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de
sí, la celestial” (ciu. 14, 28). La fisonomía de cada una está fijada por
rasgos opuestos, que configuran las opciones de sus habitantes y edi-
fican diversificadamente la historia: el amor de caridad, que funda la
ciudad celestial en su estadio peregrinante en la tierra, y el amor de sí,
22 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

que funda la ciudad terrena adherida al mundo. Dos tipos de hombres se


distinguen por su vida y por su fin en virtud de sus amores.
En el momento presente ambas ciudades cohabitan en una misma
extensión y en cada persona, “íntimamente relacionadas y, en cierto
modo, mezcladas” (ciu. 11, 1). Entrelazadas (perplexae) y mezcladas
(permixtae) (ciu. 1, 35), una sigue el sentido trascendente de la historia,
la otra se ciñe a lo inmanente. El desacuerdo entre las dos ciudades,
pues, se refiere tanto al bien que se pretende alcanzar como a los medios
para conseguirlo. San Agustín lo ejemplifica y lo expresa con precisión:
“La avaricia no es un vicio del oro, sino del hombre que ama perver-
samente el oro, dejando a un lado la justicia, que debió ser puesta muy
por encima del oro. La lujuria tampoco es un defecto de la hermosura
y suavidad corporal, sino del alma que ama perversamente los placeres
corporales… No es la jactancia un vicio de la alabanza humana, sino
del alma que ama desordenadamente ser alabada por los hombres, des-
preciando la llamada de su propia conciencia. No es la soberbia un vicio
de quien otorga el poder o del poder mismo: lo es del alma que ama
perversamente su propia autoridad, despreciando la autoridad justa de
un superior” (ciu. 12, 8).
Por ello cualquier tratado agustiniano de ética ha de incluir un ca-
pítulo que pueda tratar este tema: De cómo las cosas buenas pueden
ser amadas de modo indebido. La historia no tiene que ver sólo con el
drama del bien y del mal, sino también, y quizá fundamentalmente, con
el modo como se ama lo bueno, es decir, con amar bien lo bueno (ciu.
12, 8; 13, 5; 15, 22).
“Toda utilización de las realidades temporales es con vistas al lo-
gro de la paz terrena en la ciudad terrena” (ciu. 19, 14). Pero es en “el
entendimiento de las voluntades humanas en el campo de las realidades
transitorias de esta vida” (ciu. 19, 17) –requerido por san Agustín para
la edificación de la ciudad celeste–, donde los hombres discrepamos con
asiduidad. Estando de acuerdo en la necesidad de cultivar la paz, con
frecuencia no coincidimos en el modo como se procura, a saber, en la
“administración y mantenimiento” de los bienes perecederos (ciu. 19,
17).
EDITORIAL 23

Da la sensación que no damos con criterios razonables en este as-


pecto y nos dejamos someter por males de los que posteriormente “no
puede librarse el hombre sin esfuerzo, dolor y temor” (ciu. 22, 22, 1).
Del amor “de tantas cosas inútiles y nocivas […] proceden las punzantes
preocupaciones, las inquietudes, tristezas, temores, gozos insensatos,
discordias, altercados, guerras, asechanzas, enojos, enemistades, enga-
ños, la adulación, el fraude, el hurto, rapiña, perfidia, soberbia, ambición,
envidia, homicidios, parricidios, crueldad, maldad, lujuria, petulancia,
desvergüenza, fornicaciones, adulterios, incestos…” (ciu. 22, 22, 1).
De aquí derivan gran parte y las más relevantes de nuestras mise-
rias, consecuencia del intrínseco conflicto de quienes no encuentran
“el bien propio y principal del hombre” y, por lo tanto, ponen su vida a
merced de bienes instrumentales e inferiores, buscando apropiarse de
ellos y generando conflicto con quien también desea poseerlos. Limita-
dos como son, no pueden ser poseídos por todos los que los pretenden,
por lo cual la posesión de parte de unos supone que otros no los tendrán.
Ni estos bienes ni las voluntades libres de los hombres son males, sino
bienes intermedios y voluntades condicionadas. De hecho, “el mal con-
siste en usar mal un bien” (nat. b. 36; cf. lib. arb. 2, 53), que en vez de
libertad genera servidumbre. En el fondo fallamos en el criterio básico
de la economía: no sabemos administrar nuestros limitados recursos en
el contexto de los innumerables desafíos de nuestra libertad. He aquí la
entraña de la cuestión.
La edificación de la sociedad está en estrecha dependencia con las
opciones individuales de quienes la constituyen. Por eso “es necesario
que el hombre se haga feliz con lo mismo con lo que se hace bueno” (ep.
130, 2, 3), eligiendo los medios adecuados para la consecución del fin
verdadero. Es por esto también por lo que “nos interesa conocer cómo
es la voluntad del hombre” (ciu. 14, 6), la intencionalidad de sus actos y
la direccionalidad de sus propósitos. Si su voluntad “es perversa, tendrá
esos movimientos perversos, y si es recta, esos mismos movimientos no
sólo no serán culpables, sino hasta laudables” (ciu. 14, 6).
24 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

EL LUGAR DE LA GRACIA
Conseguir lo que se quiere queriendo lo que se debe (b. uita 2, 10).
De esto se trata. No basta, sin embargo, con conocer el bien y quererlo.
Uno puede perderse en lo que desea si busca mal el bien. San Agustín
ilustra esta afirmación con el ejemplo de los ángeles: “No se puede po-
ner en duda que las apetencias contrarias entre sí de los ángeles buenos
y malos no se debe a una diversidad de naturaleza, de principios, sino
de voluntades y apetitos… Mientras unos se han mantenido en el bien,
común a todos, que para ellos es Dios mismo… otros, complaciéndose
más bien en su valer personal, como si fuese su propio bien, se apartaron
del supremo bien, fuente universal de felicidad, seducidos por su propia
excelencia: cambiaron el fasto de su orgullo por una eternidad gloriosa;
la astucia de su vanidad, por la verdad más cierta; las pasiones de par-
tido, por el amor personal; así es como se hicieron soberbios, arteros,
envidiosos” (ciu. 12, 1, 2).
La experiencia muestra que “la prohibición aumenta el deseo de lo
prohibido cuando no se ama la justicia en tal grado que su deleite supere
el deseo del pecado” (ciu. 13, 5). Para que la justicia divina “llegue a ser
amada y a deleitar” precisamos de la gracia (ciu. 13, 5).
El tema de la gracia en san Agustín tiene que ver con su propia
experiencia de pecado y redención, con la conciencia de la presencia
divina y su poder en el mundo, que las criaturas están en dependencia
de su creador, no obstante haberse arriesgado Dios mismo a padecer
las consecuencias de esa libertad creada, a saber, la desobediencia del
hombre. Con ello quiere resaltar que Dios no saca ningún provecho de
la justicia humana, sino que es el hombre quien se ve beneficiado por la
gracia de Dios.
La palabra gracia denota la bondad y la belleza derramadas por
Dios en la creación. El hombre ha de saber implorarla y acogerla,
buscarla y recibirla, de manera que su propia vida sea manifestación
amorosa del Creador. Para Agustín el reconocimiento de la presencia
de Dios en la vida hace posible que no sólo queramos lo bueno, sino que
misteriosamente se realice en nosotros por su misericordia (cf. ep. Rm.
inch. 18).
EDITORIAL 25

El misterio central del cristianismo es la encarnación, que en el de-


sarrollo histórico de la vida de Jesús de Nazaret identifica a Dios con el
hombre, particularmente con los más pequeños y las víctimas de la his-
toria (Mt 25, 31-45). Jesús es víctima sin culpa que delata a los hombres
como causa de la violencia, descubriéndoles su lado oscuro y oculto.
Los poderes religiosos y civiles de la época saben que Jesús es inocente.
Sin embargo, es asesinado y los suyos no le vengarán: él mismo se lo ha
prohibido (Mt 5, 38-40; 26, 52; Lc 6, 27-38). Jesús culmina el sistema
victimario de la historia cumpliéndolo, consumándolo, llevándolo a su
fin, desenmascarando la tendencia a descargar la violencia sobre una
víctima, descubriéndola y denunciándola.
Al no poder exteriorizar la violencia interna, la reconciliación
sólo será posible mediante el autosacrificio, es decir, no respondiendo
violentamente a la violencia, colocándose en el lugar de la víctima, re-
nunciando incluso a la legitimidad de la represalia, tomando la delantera
al ofrecerse a sí mismo como víctima, invitando de esta manera a los
contrarios a no proseguir la escalada violenta.
“Es bueno que uno muera por todos”, dijo Caifás según el modelo
victimario (Jn 11, 50). Jesús propone, sin embargo, la interiorización del
sacrificio y su ritual, entendido como un “negarse a sí mismo” (Mt 16,
24), perder para ganar (Mt 16, 25), desasimiento caduco (de la cupidi-
tas), conversión al hombre nuevo (Ef 4, 22-24), nacimiento del hombre
interior, autotrascendencia, caritas. Sólo esto nos redime de la trágica
espiral de las violencias, como Dios previno desde Caín.
Esta es también la clave de la justicia evangélica, que consiste, pre-
cisamente, en esto: darlo todo, porque todo nos ha sido ya entregado. “Él
nos amó primero” (1 Jn 4, 19; 5, 4), “¿qué tienes que no hayas recibido?”,
dice san Agustín comentando Rm 9 y atendiendo al texto evangélico de
Mt 10,8: “Den gratuitamente lo que gratuitamente recibieron” (Mt 10, 8).
“A nadie se le ocurrirá decir que, después de haber bebido, sale ganando
la fuente, o habiendo visto, sale beneficiada la luz” (ciu. 10, 5).
26 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

CONCLUYENDO
San Agustín se inscribe en la más genuina tradición apologética,
que consiste en asumir como propios los argumentos de los romanos
contra el cristianismo para extraer de ellos conclusiones diferentes. Es
necesario atender la argumentación del que piensa distinto: para conocer
lo que de nosotros se dice, para ver en qué medida se nos critica con
razón, para considerar en qué modo nos ven los que piensan distinto.
San Agustín considera que no basta con denunciar que los cris-
tianos son la causa de la ruina de Roma. Corresponde investigar la
compleja realidad social, política, religiosa, etc., de la que en alguna
medida son responsables. No basta con hacer primar la sospecha de que
la decadencia romana depende de los cristianos.
San Agustín alerta a los romanos sobre la pereza institucional y
desidia intelectual en que se encuentran sumidos, que busca pronto y
encuentra enseguida un chivo expiatorio con que justificar su acedia
(tristeza, cansancio, flojera espirituales). Los factores endógenos (go-
bernantes) y exógenos (pueblos del norte) son condiciones necesarias
para dar razón de lo que sucede, pero ellas solas no son suficientes.
Autocomplacidos, quizá, en la cómoda idea de poseer la verdad, acaba-
ron cegados y no vieron lo que se les venía encima. Como a los judíos
en tiempos de Jeremías, a quienes previene el profeta: “No confíen en
palabras engañosas diciendo: “Este es el Templo del Señor, el Templo
del Señor, el Templo del Señor” (Jer 7, 4).
En el fondo los romanos no habían logrado deshacerse (o habían re-
caído) en una cierta mentalidad tribal: “los bárbaros quieren destruirnos
y lo nuevo que ha surgido entre nosotros no va a ser capaz de mantener
lo que con tanto esfuerzo consiguieron nuestras glorias pasadas”.
Alarico, en realidad, no hizo más que pasar por Roma y saquearla,
lo cual –por supuesto– no es poco. Pero ni siquiera se quedó en ella, ni
parece que fuera su intención. Tocó, sin embargo, el corazón mismo de
un Imperio que ya no existía. Saqueó la Urbe cuando la Ciuitas hacía
tiempo que venía decayendo. Pasadas nostalgias y futuros temores edi-
ficaron un presente inconsistente…
EDITORIAL 27

Veinte años después, los vándalos de Genserico, expulsados de


la Península Ibérica por los sucesores de Alarico, invadirán África,
estableciéndose en las cercanías de Cartago, sometiendo a la también
decadente provincia romana. En el año 476 el último emperador romano
de Occidente, Rómulo Augústulo, es depuesto por el ejército godo de
Hérulo Odoacro, quien envió las insignias imperiales a Constantinopla
y mandó al exilio al emperador depuesto, proclamándose rey en Italia.

Y NOSOTROS, ¿QUÉ?
San Agustín reflexionó sobre el ocaso de Roma y relacionó su de-
cadencia, entre otras cosas, con el abandono de algunos de los valores
que la hicieron crecer. Esto imposibilitó el desarrollo adecuado de idea-
les personales y comunitarios, así como la renovación necesaria de las
instituciones, que no estuvieron a la altura de los desafíos de los nuevos
tiempos.
La vitalidad de las instituciones está estrechamente relacionada con
la capacidad de discernir y concretar lo que han de dejar de lado para
que continúe lo más propio de sí. Es característica también de la biolo-
gía, diríamos que es la “lógica de la vida”: cuando un órgano pierde su
habilidad de renovación celular comienza a morir. “Para ser el mismo
no puedo ser siempre lo mismo” (identidad ídem e identidad ipse, diría
P. Ricoeur). Sólo “lo otro”, particularmente “el otro” con su rostro y su
palabra, su persona y sus silencios –tal vez dijera E. Levinas–, me saca
de mí y, desde ahí, puedo desplegar lo mejor de mí. ¿Qué es lo que tiene
que morir en mí para que permanezca lo que auténticamente vale? (Mt
16, 24-26; cf. Maalouf, 2009). Sólo hay tradición si hay continuidad.
Mismidad y alteridad se requieren mutuamente.
Esto tiene que ver con lo que alguien ha denominado “el desafío de
la insignificancia”: no tengo derecho a arrastrar todo al abismo porque
no sea capaz de vivir según los criterios propios de la magnanimidad
(Boghossian, 2009). O lo que es lo mismo, no podemos renunciar a la
dimensión utópica del pensamiento que abre la vida a la esperanza. El
hecho de no ser capaces o no querer asumir el desafío de un ideal no
quiere decir que ese ideal no tenga razón de ser. No me está permitido
28 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

“morir matando”, se dice vulgarmente; ni resignarme diciendo que el


racimo está verde porque no soy capaz de alcanzarlo, como reza la fá-
bula del zorro y las uvas. Ni el tiempo pasado fue necesariamente mejor
ni el futuro tiene por qué llegar a ser peor. Nostalgias pasadas y temores
futuros engendran presentes inconsistentes.
La historia no aniquila esperanzas sino que abre horizontes. Esto su-
pone, sin embargo, saber convivir con la precariedad presente. Hemos de
aprender a gestionar sabiamente nuestras limitaciones (que son muchas)
para desarrollar creativamente nuestras posibilidades (que son más). La
vida y las sociedades, también la Iglesia, prosperan así: gestionando
limitaciones que generan posibilidades. Esto es obra de la gracia, dice
san Pablo (Filp 4, 13).
Respecto de los grandes problemas del mundo hemos de reconocer
que para muchos no tenemos soluciones, pero sí nos corresponde ofrecer
respuestas, humildes y comprometidas. Es el desafío de la tradición,
que consiste no sólo en mantener lo que recibimos, sino en hacerlo
fructificar del modo como lo transmitimos. En este desafío la Roma
Imperial sucumbió por no ser fiel a los principios que la hicieron grande,
particularmente la justicia, fruto de la magnanimidad de sus mejores
ciudadanos.
Quienes somos cristianos nos preguntamos con frecuencia algunas
de estas cuestiones: ¿Estamos los cristianos del siglo XXI a la altura de
los valores propuestos por la Buena Nueva de Jesús? ¿Vivimos la jus-
ticia evangélica? ¿Atendemos a los signos que se nos indican? Alguien
“tocó” hace unos pocos años, reiteradamente en núcleos diversos, el
corazón invulnerable del Imperio; en los próximos 25 años 300 millo-
nes de chinos se moverán desde el interior hacia las costas del sudeste,
con su callada y progresiva emigración en busca de otros lugares; 100
millones de africanos continuarán saliendo de su continente en los años
correspondientes a una generación; emergen las justas reivindicaciones
de los pueblos aborígenes con sus correspondientes consecuencias polí-
ticas; el Amazonas padece su continuada tala y desmonte; la superficie
de la actual R. Argentina perdió el 70% de su masa forestal en los úl-
timos 80 años; Iberoamérica se “narcotrafica” entera y sólo el 10% de
nuestro territorio patrio se encuentra radarizado; etc. No nos aguarda,
EDITORIAL 29

sin embargo, un futuro al que temer: nos está esperando un presente de


posibilidades abiertas a las que es necesario atender.
Quienes hoy decimos que vivimos en un mundo decadente somos,
en ocasiones, los cristianos. Y con frecuencia nos resistimos a asumir
nuestra responsabilidad en eso que llamamos decadencia y a cuya rea-
lidad –si es que es así– contribuimos. ¿Tendremos que asumir que nos
corresponde vivir en un mundo imprevisible, como lo es la misma gracia
de Dios, y que esto es un don, no un castigo? ¿No habrá más posibilida-
des en un mundo “no marcado”, no hecho, sino por edificar? ¿Podremos
apropiarnos las palabras de Jesús a Pedro: “Te lo aseguro: cuando eras
joven tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo,
extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras”? Tan
sólo te corresponde esto: “Sígueme” (Jn 21, 18-19).
Liberar nuestro presente de añoranzas del ayer y de temores res-
pecto del mañana. Aceptar que no lo sabemos todo ni todo lo podemos,
que hemos de aprender a gestionar sabiamente nuestras limitaciones
para desarrollar creativamente nuestras posibilidades. Eludir la desidia
intelectual y la pereza institucional, compañeras de la acedia, que impe-
dirá nuestra conversión personal y la renovación de nuestras estructuras
(Aparecida 172, 173, 365, 395, 450).
Esto lleva de la mano, quizá, preguntarnos por cuestiones tan ba-
nales como las siguientes: en el nivel individual, ¿qué pasa con mis es-
tándares de vida, con mi disponibilidad para el servicio al bien común,
con la búsqueda de la felicidad en alcanzar lo que me es propio?; y en el
nivel comunitario, ¿en qué invertimos nuestro tiempo, nuestros recur-
sos, nuestro dinero?; ¿qué pasa con la naturaleza y su explotación, con
la contaminación y el agotamiento de los recursos no renovables, que
son un auténtico desafío ético, porque no es legítimo agotar lo que nos
corresponde legar a las generaciones futuras y, con frecuencia, ceder a
sus legítimos dueños?; etc.
Tiene que ver esto, obviamente, con no recaer en “mentalidades
tribales” ni dejarnos cegar por una cómoda idea de poseer la verdad:
“No confíen en palabras engañosas diciendo: “Este es el Templo del
Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor” (Jer 7, 4). No obstante
30 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

vivir en un mundo globalizado, con frecuencia da la impresión que no


nos preocupa mucho lo que pasa en otros lugares, no muy lejanos del
lugar donde “yo vivo bien”. Paradójicamente, en este mundo nuestro de
la globalización quien menos parece preocuparnos es el prójimo más
próximo, a quien tenemos al lado…
Pasión por la verdad y compromiso por el bien común, dos dimen-
siones de una misma realidad. La búsqueda de la verdad y su hallazgo
suponen una paradoja: se pierde la certeza de que hay algo que poseer
y uno pasa a ser seducido por lo que encuentra, porque no se sabe bien
quién encontró a quién, quién conoció a quién y quién se sintió recono-
cido. Por eso la búsqueda de la verdad es, en primer lugar, exploración.
Es –mutatis mutandis– como la patria. Uno habita su tierra, la de sus
padres, en la que fue engendrado. Esa tierra me pertenece en tanto
reconozco que le pertenezco. He edificado mi hogar sobre este suelo,
esta tierra ofrece fundamento a los cimientos de mi casa. Pero no debo
encerrarme en esta casa. Aunque me alberga y me ampara, necesito
salir, porque aún me queda mucha tierra patria por explorar, frondosos
bosques que conocer, hermosos valles que transitar, elevadísimos cerros
que ascender… ¡Y, sobre todo, muchas personas con las que encontrar-
me, que también son de aquí y andan buscando!
Este mundo en el que vivimos es en el que el Evangelio ha de ser
proclamado por discípulos, no por héroes; por comunidades proféticas
de hermanos, quizá no tanto por solitarios profetas; con espíritu frater-
no, no épico. Nos corresponde dilucidar si nuestro presente es tiempo
de “evangelizar la cultura” o de “inculturar el kerigma”, tema no menor
que excede el propósito de este escrito.
Lo que parece claro es que no manejamos el mundo según nuestros
criterios. Lo que sí podemos ensayar son algunas estrategias, particu-
larmente cristianas, universalmente humanas:
– No somos dueños, sino administradores. Nos corresponde cultivar
semillas de sentido, “seminales rationes”, que dice san Agustín (Gen.
litt. 9, 17). Esto, en particular, desde el punto de vista de la propuesta
evangélica y de los bienes espirituales y materiales. Para ello hemos
de concretar cada uno nuestra opción individual. Quizá haya llegado
EDITORIAL 31

la hora de proponer una vida más austera, sencilla, más acorde a lo


natural y a los postulados necesarios para el bien común: magnani-
midad personal (μεγαλοψυχία, que dirían los platónicos) y justicia
social. Vivir, en fin, una cierta literalidad sin glosa de las bienaven-
turanzas (Mt 5, 1-12; Lc 6, 17-26).
– Cultivar lazos fraternos y comunitarios sobre la base de la opción
libre por la justicia, que en clave cristiana consiste en entregarlo todo
porque todo nos ha sido dado (Mt 10, 8; 1 Jn 4, 19; 5, 4; ciu. 10, 5).
– Poner en práctica la verdad de la humildad. Es algo propio de la
condición humana plantar las raíces de la vida en la tierra de la hu-
mildad. Homo, humus, humilitas… para que la vida no se convierta
en humo y ceniza. San Agustín lo expresaba en una de sus cartas: “El
primer paso en la búsqueda de la verdad es la humildad. El segundo,
la humildad. El tercero, la humildad. Y el último, la humildad. Esto
no significa que la humildad sea la única virtud necesaria para el en-
cuentro y disfrute de la verdad. Pero si todas las demás virtudes no
van precedidas, acompañadas y seguidas por la humildad, la soberbia
se abrirá paso entre ellas y destruirá sus buenas intenciones” (ep.
118, 3, 22; cf.s. 96, 3; conf. 7, 7, 11). Es la mejor cultura que podemos
generar, el mejor cultivo de la vida, el adecuado cuidado del ser, el
más digno culto que puede rendirse a Dios…
– Para quienes vivimos en la tradición agustiniana esto tiene que ver
con la gratuidad de la vida, con la gracia, que hace posible no sólo
que queramos lo bueno, sino que misteriosamente se realice en no-
sotros por la misericordia de Dios. “Él nos amó primero” (1 Jn 4, 19;
5, 4), “¿qué tienes que no hayas recibido?”, dice san Agustín comen-
tando Rm 9 y atendiendo al texto evangélico de Mt 10, 8: “Den gra-
tuitamente lo que gratuitamente recibieron” (Mt 10,8). “A nadie se le
ocurrirá decir que, después de haber bebido, sale ganando la fuente,
o habiendo visto, sale beneficiada la luz” (ciu. 10, 5). Comporta vivir
decididamente la recomendación de Jesús: “Les aseguro que si no se
hacen como niños…” (Mt 18, 2). Transformar la mente, convertir el
corazón, transfigurar la mirada…
32 JOSÉ DEMETRIO JIMÉNEZ, OSA

Por ello, quizá nos corresponda clamar con el filósofo-poeta, don


Miguel de Unamuno, sin más y para concluir, recomendando la lectura
reposada de nuestro Rincón Poético (pp. 331-338):

“Agranda la puerta, Padre,


porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,
achícame por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar”.

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ESTUDIOS
¿ES DE ACTUALIDAD
LA BIOGRAFÍA TEOLÓGICA DE SAN AGUSTÍN?*

Luis Nos Muro, CM


Pamplona – España
n681937@hotmail.com

Resumen
En este artículo deseo destacar la importancia biográfico-antropológica
de la teología agustiniana. Acaso sin proponérse1o, Agustín, sobre todo en sus
Confesiones (toda su obra es una confesión a Dios y a la Humanidad), alcanza
la meta en esa cumbre de trasvases que van de Dios al hombre y del hombre a
Dios, de la doctrina a la vida y de la vida a la doctrina, así como la armonía
entre la teología pensada y sentida, sentida y pensada.

El nombre de san Agustín suena con frecuencia en los encuentros


de filósofos y teólogos. Cierto que es un hombre excepcional: pensador,
catequista, educador, pastor y teólogo. Su personalidad es irrepetible,
como acontece con la de todo ser humano, y su tiempo muy otro que el
nuestro.
Mientras el hijo de Patricio y de Mónica asiste a la agonía del Im-
perio Romano, al que el cristianismo oferta la vitalidad de Jesucristo,
nuestro mundo del siglo XXI goza de un gran vitalismo, a pesar de la
crisis económica y, si no cansado de Jesucristo, de su Iglesia y de los
Mediadores de las Religiones, acaso manifiesta fatiga contra ciertos
sectores jerárquicos.
Muchos católicos experimentamos más que cansancio decepción.
La Iglesia no es lo que debe y puede ser. Su estructura más responde a
*
Este artículo fue escrito y publicado en Razón y fe 241 (2000) 277-286. Etiam ha
decidido ofrecerlo a sus lectores en este número 4. Cuanto escribí en fecha ya lejana,
lo considero válido, aunque he introducido algunos cambios.
38 LUIS NOS MURO, CM

una concepción del Antiguo que del Nuevo Testamento. El sacerdocio


católico está más próximo del aarónico que del de Jesús.
La teología de Agustín, al igual que su persona, es irrepetible, pero
es de actualidad su docencia y antropología existenciales, así como su
didáctica, desenfado ensayístico y personalización de cuanto escribe.
No cabe duda que Agustín es maestro de la teología biográfica o,
con más justicia, de la biografía teológica, ya que Dios y el Hombre o
se encuentran en la persona o no lo hacen en lugar alguno. De ahí que
la teología de Agustín constituya el cruce entre lo trascendente y lo
inmanente, siendo el centro de esa simbiosis el Verbo hecho hombre
para la humanidad. Por eso, en sus homilías eucarísticas dirá a sus pa-
rroquianos: Cuando os acercáis a recibir los sagrados misterios, sabed
que en el pan y en el vino recibís lo que sois y que sois lo que recibís.
Y es que Agustín, desde que ha encontrado a Dios en la interioridad de
su persona, no se relacionará con Él, ni lo enseñará a los demás, como
Ser Absoluto y ajeno del ser humano y de la realidad, sino como Dios
Amigo y Fundamento de todo lo existente.
La Teología escrita durante siglos ha adolecido de asepsia. Ha sido
una Teología enseñada y transmitida. Más que pensada, hallada de
antemano, con el agravante de que, tanto a la hora de pensarla y de me-
ditarla, la encontramos ajena. Y no es esto lo peor, sino que el Dios en
quien creemos no ha crecido con nosotros, sino que se halla en nuestro
hondón, si esto es posible, como un invasor encofrado según los pará-
metros de nuestros educadores, pero muy diverso del Dios sorprendente
que se manifiesta en la Biblia.
Si de este mal no se libra ni la universidad, que sigue impartiendo
teorías, sin enseñar a pensar, la Teología no se escapa de este error ni
de las nefastas consecuencias que acarrea tanto que, según mi modo de
pensar, éste es uno de los problemas primeros del catolicismo actual.
Eso de que un cristiano se cuadre en oración ante Dios, y no se en-
cuentre con el Dios de su psico-organismo, sino con el Dios de Agustín,
Tomás o Gustavo Gutiérrez, por ejemplo, es algo que quita el sueño. De
ahí que a todo aprendizaje deba preceder el conocimiento de uno mismo,
en orden a que reflexione, en este caso, sobre Dios, pero como en un
¿ES DE ACTUALIDAD LA BIOGRAFÍA TEOLÓGICA DE SAN AGUSTÍN? 39

Alguien emergente con y en uno mismo, aunque Dios sea, prescindiendo


de lo que yo piense y sienta, lo que ES, pero para mí.
Teólogos como J. P. Jossua, J. B. Metz, M. D. Chenu y K. Rahner,
representantes de la teología del siglo XX, han intentado volver a la teo-
logía que, partiendo de la Biblia, con Agustín como uno de sus mejores
exponentes, ha llegado hasta nosotros de la mano de san Buenaventura,
Pascal, Kierkegaard, A. Rosmini, J. H. Newman, Unamuno, Guardini,
Bonhöffer y teólogos de la Liberación, regalándonos, a su vez, preciosos
ensayos de Biografía Teológica.
Según las Ciencias Humanas, nuestras creaciones y actividades son
tanto más auténticas cuanto más personales, pero, a la hora de la acción,
muchos hombres y mujeres nos refugiamos en lo impersonal y aséptico,
acaso por un complejo de falso pudor. Este error se detecta, fundamen-
talmente, en las homilías. En vez de reflexionar personalmente sobre las
lecturas del día, se suelta un texto hermoso y aprendido de memoria.
Para escribir Biografía Teológica, y adiestrar a que uno la haga, a
ejemplo de Agustín o de Newman, se necesita saber mucha Escritura y
Teología, así como la destreza estilística de un Isaías o, lo que es igual,
mucha lectura de novela y poesía contemporáneas, alternando con obras
escogidas de la Patrística, juntamente con Ensayos de todo tipo. A este
respecto, es significativo que Israel no admitiera en el Instituto de los
profetas a nadie que no fuera poeta. Esta conjunción no debieran olvi-
darla ni los escritores de Teología ni los profesores de las Facultades de
Teología, porque no es lo mismo ser teólogo que, como teólogo, pensar,
como lo hace Agustín en sus obras, y estar, a su vez, en la cultura, a
semejanza de Fray Luis de León, agustino y agustiniano, que lo estuvo,
por igual, como literato y como teólogo.
A la hora de educar en Teología, por ejemplo, siempre pensamos en
teólogos consagrados y centros académicos donde estudiarla. Pero no se
trata únicamente de eso. Se trata, como ya he dicho, de enseñar a pensar,
como infraestructura de todos los saberes. Recuerdo con gratitud los
consejos de un profesor mío de Filosofía: Cuando pasees por la ciudad
de Madrid, reflexiona sobre lo que estás viendo. Y lo mismo hicieron
40 LUIS NOS MURO, CM

nuestros padres cuando nos decían: No seas un despotenciado. Piensa


antes lo que vas a hacer o decir.

PARA UNA RECONCILIACIÓN CON AGUSTÍN


Como toda Historia, la Teología también está empedrada de cristali-
zaciones calumniosas transmitidas de generación en generación. Agustín
fue calumniado en su tiempo y lo sigue siendo en el nuestro. Juliano de
Eclano, obispo heterodoxo, acusó a Agustín de haberse sacado de la
manga el pecado original y, en consecuencia, de haber ensangrentado
para siempre la conciencia de la cristiandad. En vano replica Agustín
que no ha “inventado el pecado original que la fe católica confiesa desde
antiguo”… Y no sólo eso, sino que oyó hablar del pecado original a Am-
brosio de Milán, transmisor de la doctrina de Ireneo de Lyon, Cipriano
de Cartago, Reticio de Autún, Olimpio, Hilario de Poitiers, Inocencio
Papa, Gregorio de Nacianzo, Basilio de Capadocia y 14 obispos orienta-
les (nupt. et conc. 2, 12; 12, 25; 19, 51; Iul. 1, 111, 5-10; 4, 13; 5, 15.16.19;
7, 29.35; Iul. o. imp. 1, 59).
La Teología debe a Agustín la acuñación del término “original”,
aplicado a la desobediencia de Adán y Eva, pero no creo que sea vitu-
perable tal aportación ya que, con anterioridad a Agustín, la teología
católica pensaba que el pecado original era pecado constitutivo de la
naturaleza humana, cosa que, de haber sido así, caería por tierra la
bondad del Dios de la Biblia, pues, en vez de haber creado bueno al ser
humano, lo habría hecho, pudiendo lo contrario, mal, malo y pecador. De
ahí la sagacidad de Agustín al decir: “Doy a este pecado el nombre de
original, no el de natural, para expresar mejor que su origen es humano
y no viene de Dios” (Iul. o. imp. 5, 41).
Con esta vía, iniciada por Agustín, comenzó a perfilarse el pecado
original como una estructura engordada por los desastres personales y
colectivos, en la que entramos todos los humanos.
Me explico con sencillez. La Biblia ordena: “No matarás”. Sin em-
bargo, no solamente matamos, sino que hasta justificamos las matanzas
personales y colectivas. De ahí se concluye lo siguiente: Si en tal o cual
¿ES DE ACTUALIDAD LA BIOGRAFÍA TEOLÓGICA DE SAN AGUSTÍN? 41

ocasión se mata, no resulta tan prohibitivo el mandato de la Biblia, y así


es como engorda el pecado estructural o colectivo, instalándonos en él.
Este ejemplo puede multiplicarse, pero corresponde hacerlo al lector.
A pesar de las precisiones de Agustín, Juliano de Eclano sigue te-
niendo más crédito en nuestro tiempo que el mismo obispo de Hipona,
puesto que Jürgen Moltmann (1999:65) y Joseph Moingt (1998:153-154)
repiten, sin ningún rigor científico, que Agustín ha sido el inventor del
pecado original.
La teología de Agustín puede gustar o disgustar, pero a la hora
de actualizarla o de relegarla al olvido, si perjudicial es la mímesis sin
discernimiento, la calumnia burda no es admisible en ningún sentido y
menos en boca de teólogos.
Otra cosa muy distinta es qué entendió Agustín por pecado original,
pero esto nos llevaría muy lejos. Con todo, y para iluminar esta página,
quiero aducir un texto que no suelen frecuentar los teólogos que acusan
a Agustín de haber entendido el pecado original únicamente en clave
de concupiscencia y de sexualidad, olvidando que el africano, tanto en
este asunto, como en otros muchos, no ofrece una solución única a un
problema, sino varias, lo cual acredita su talento. El texto en cuestión
dice así: … “en pena de su presunción (el ser humano) es precipitado
(desplazado) de su metacentro al abismo” (tr. 12, 11, 16)1.
Estas aclaraciones son del todo necesarias a la hora de reflexionar
sobre la actualidad o in-actualidad de la biografía teológica de san
Agustín.

NUEVE “CALAS” EN EL LIBRO DE LAS CONFESIONES


Después de esta enfadosa Introducción, practiquemos algunos cortes
en el libro de las Confesiones.

1
La cursiva es mía.
42 LUIS NOS MURO, CM

1ª Ruptura del techo de la Humanidad


Con las Confesiones, el libro más difundido y leído gustosamente
en tiempos de su autor (perseu. 20, 53) y en todos, escrito a ruego de los
cristianos, que manifestaban una curiosidad morbosa por saber quién
había sido y es ahora su obispo, Agustín abre su corazón para que conoz-
can los suyos la andadura y vecindad de Dios en su persona, así como su
lejanía de lo divino por culpa de su calamitosa historia personal.
El obispo de Hipona sabe muy bien que lo importante es oír de Dios
qué piensa de cada uno de los seres humanos, pero sus feligreses están
ávidos por saber qué piensa Agustín de sí mismo, con preferencia a lo
que Dios piensa de él y de ellos. Pero acaso por este rodeo oigan de Dios
lo que Dios piensa de cada uno de sus feligreses (conf. 10, 3, 4; 4, 5, 6).
Si Agustín hubiera carecido de talante educativo, no habría llegado
a esta precisión. Pero Aurelio Agustín ha reflexionado sobre su vida, y
eso es lo que desea que hagan sus feligreses, en orden a huir del morbo
por lo ajeno, olvidando lo propio.
Con el libro de las Confesiones, Agustín rompe el techo de la Huma-
nidad, posibilitando las exploraciones futuras tanto en el alma individual
como en la colectiva.
Según la cultura greco-romana, era de mala educación la apertura
de la intimidad, y aún peor su publicación, máxime cuando se trataba
de la cloaca, siendo Agustín el primer desvergonzado de la Historia que
tuvo la mala crianza de airear su vida en sus Confesiones, a semejanza
de los personajes bíblicos y algunos greco-latinos.
La Iglesia es la legítima comunidad de Jesucristo cuando ejercita,
entre otras funciones, su capacidad de Confesante y de Confesora.
Confesante, en esta ocasión, no ha de restringirse a la reconciliación en
el sacramento sino, también, como capacidad de detectar su límite, sin
vergüenza a que sea conocida tal cual es.
Cuando los Padres dicen que la Iglesia es una Puta-Virgen, no creo
que la pensaran como una entelequia intangible y utópica, sino táctil, de
carne y hueso, aunque alcanzada por la Historia de la Salvación.
¿ES DE ACTUALIDAD LA BIOGRAFÍA TEOLÓGICA DE SAN AGUSTÍN? 43

La Iglesia, que ordena a sus ministros que oigan en confesión a sus


hermanos y los reconcilien, se sabe pecadora. De ahí que cada vez que
un cristiano confiesa su pecado a Dios y recibe el perdón de Jesucristo,
sea la Iglesia, como criatura corpórea, la que se confiesa y recibe el
perdón con cada uno de sus hijos.
A este respecto, y según C. G. Jung, la Iglesia alcanza sus niveles
más altos y bajos según sea la calidad o ineptitud de los ministros que
se sientan en el Confesonario (Jung, 1984:254).
Glosando el pensamiento del psicólogo, también se puede decir que
la Iglesia goza de salud y de credibilidad en la medida que confiesa sus
culpas, como Iglesia, lo mismo que cuando pide perdón de sus pecados
como Iglesia.
En este sentido, Agustín es modelo de confesante y de confesor, así
como de apertura, tanto sacramental como extra-sacramental, ofreciendo
una plataforma de confianza a quien se acerca a él, pues nadie más aco-
gedor que quien, a su vez, es capaz de abrir su propia intimidad al otro,
máxime cuando este otro se cree portador de secretos que lo encierran
en sí y le obligan poco menos que a evitar el trato con la comunidad.

2ª Técnica redaccional
En cuanto a las palabras de sus Confesiones, el gran retórico que
fue este santo Padre, dice que las ha usado en tono de susurro ante Dios,
aunque clamantes en cuanto al afecto (conf. 10, 11, 2). Y, en verdad, en
las Confesiones, escuchamos el susurro de Dios al hombre Agustín y el
susurro del hombre Agustín a Dios. Más aún, en las “Confesiones” es-
cuchamos el ruido de la piqueta de Dios en la casa de Agustín, así como
la piqueta de Agustín en la casa de Dios.

3ª Autoevaluación de sus Confesiones


Los críticos olvidan a veces que las claves para la evaluación de
un autor se encuentran en su obra. ¿Qué dice Agustín de los móviles
redaccionales de sus Confesiones?
44 LUIS NOS MURO, CM

El autor de La ciudad de Dios está disgustado de sí mismo y se lo


confiesa a su Señor, pues en modo alguno desea juzgarse, cuanto ser
oído por su Dios y Padre. Agustín, eso sí, se confiesa para conocerse,
pero sabrá mucho más de sí cuando Dios transforme su tiniebla perso-
nal en mediodía, y más aún cuando se conozca a sí mismo como Dios
conoce a Agustín (conf. 10, 11, 2; 4, 6; 5, 7, 1). Desea, también, que los
hermanos sepan por el mismo Agustín qué y quién ha sido por lo que
dice, y no por lo que digan de él (ep. 231, 6).

4ª Recuperación del tiempo perdido


Si de algo se confiesa el hijo de Mónica es de no haberse convertido
antes a Dios. Ordinariamente, se asocia confesión con episodios peca-
minosos, según una determinada moral. Agustín, en consonancia con
la teología bíblica y judía, se arrepiente de no haberse convertido antes
al Dios antiguo y siempre nuevo que sale a su encuentro. A este respec-
to, estremece oírle a qué edad perdió la fe y por qué causas: “Cuando
apenas contaba yo nueve años, dejé la religión que en mi alma de niño
habían depositado mis padres”, a causa de que la fe cristiana me parecía
“irracional”, y porque los maniqueos me prometían “una fe libre” (util.
cred. 1, 2). Pero una vez recobrada la fe en el Dios de Jesucristo, todas
las horas le parecerán pocas para recuperar el tiempo perdido.

5ª Las credenciales de la fe de Agustín


Las Confesiones de Agustín pueden leerse como un documento
literario, sin olvidar que una de las claves para su comprensión arranca
de la fe católica de su autor. En efecto, el mismo Agustín ha indicado
que en sus Confesiones proclama su fe (conf. 13, 12, 13), una fe no ba-
sada en certezas, cuanto en credenciales originadoras de certezas para
él. Esta precisión es de importancia suma y del todo necesaria en un
planteamiento saludable de la fe.
En el encuentro aludido al inicio de estas páginas, Don Julián Ma-
rías dijo en su ponencia que la diferencia entre unos sacerdotes y otros
¿ES DE ACTUALIDAD LA BIOGRAFÍA TEOLÓGICA DE SAN AGUSTÍN? 45

radica en que los unos tienen más certezas en su fe que los otros, criterio
que no encaja, según mi leal entender, con una sana teología.
Certeza, lo que se llama certeza, no hay ninguna en la fe, ya que, de
ser así, dejaría de ser fe. Lo que hay en la fe son credenciales en las que
nos apoyamos para creer. El Dios de Jesucristo y el Jesucristo de Dios
merecen crédito a Agustín, lo mismo que a todo católico, y por eso nos
aventuramos a creer. El autor de los Soliloquios se animó a creer porque
en Jesucristo vio la humildad de Dios y en Dios la humildad de su en-
viado. Pero humildad no ha de identificarse ni confundirse con certezas
ni con seguridades. Sí con humildad cuando, equiparada con verdad.
Hago esta aclaración porque hay personas que admiran a quienes no
dudan de nada. Y quien no duda de nada es porque tampoco cree en
nada, hablando de la fe, no de otras materias.

6ª El principio humildad
Según nuestro pensador, es hombre auténtico el confesante (adn.
Iob 6), y sólo confiesa el hombre humilde. Ni epicúreos, ni estoicos,
ni platónicos, ni maniqueos, según él, hablan del principio humildad.
Dicho principio, asegura, es rasgo distintivo del cristianismo, no para
confusión, sino para sustentación, ya que el cristianismo enseña al ser
humano lo pequeño que es ante Dios, pero, a su vez, lo pequeño que
Dios se ha hecho en Jesucristo para vivir como hombre dentro de la
humanidad (en. Ps. 31, 2, 18).
Agustín afirma que la humildad de Jesucristo le hizo volver al Dios
de sus padres. En consecuencia, un Dios pequeño no aplasta. Cuando
Dios habla, no se estremece Agustín. Cuando habla Agustín, no se enoja
Dios. Cuando Dios y Agustín dialogan, ambos se respetan.

7ª Para contar las maravillas de Dios en él


Dios ha roto las cadenas de Agustín liberándolo de la asfixia, y
Agustín quiere contar a sus hermanos cómo Dios ha roto sus ligaduras,
el afecto que le provoca esta gesta de Dios, así como la alegría que sus
46 LUIS NOS MURO, CM

lectores sentirán por el Señor cuando tengan en sus manos el libro en el


que cuenta todo esto (conf. 8, 1, 1; 11, 1, 1).
Agustín quiere transmitir a sus hermanos que Dios no sólo es el
autor primero de su persona, sino su continuo re-hacedor. Dios ha hecho
al hombre, pero el hombre se ha hecho pecado a sí mismo. Ahora bien,
en la medida en que el ser humano confiesa su pecado, Dios salva y
restaura lo que hizo (Io. eu. tr. 12, 13).
Si Dios ha hecho tanto por Agustín, el santo quiere dar testimonio
de Dios sin huir de Él, pues ha descubierto que el mejor modo de huir
de Dios es ir hacia Él confesando, no ocultando.
Después de su encuentro con Dios, ha aprendido que no puede
esconderse de Dios, pero sí hipotecarlo en él y para los demás. De ahí
que haya optado, a pesar de su inclinación por la vida retirada para la
contemplación y el estudio, por ser lo que Dios quiere de él. Esto es:
predicador de su Palabra, celebrante y repartidor de los sacramentos
para el pueblo.
Agustín sabe que es una hostia de Dios. Eso es lo que Dios ha hecho
de él, y comprende que es Dios lo que debe repartir a sus hermanos en
la Iglesia (conf. 10, 1, 2; 11, 11, 2).

8ª Los pecados confesados también alaban a Dios


Agustín concibe sus Confesiones como una oración personal a Dios
y, a su vez, está convencido de que muchos orarán con él al leerlas y
alabarán a Dios (conf. 9, 13, 37; 8, 1, 1; s. 126, 3; 66, 1, 2). Pero su sentido
oracional y de alabanza no acaba ahí. Agustín se libera de la tristeza del
pecado al confesarlo, y añade que la confesión no sólo es de pecados,
sino de alabanza, y que el pecado confesado también alaba a Dios. Este
rico pensamiento lo acuña el obispo de Hipona porque, cada vez que
pronuncia en sus homilías o se proclama en el ceremonial litúrgico la
palabra “confesión”, un rumor de golpes de pecho resuena por la basí-
lica (en. Ps. 137, 2; 141, 19; 144, 13). Los golpes de pecho, en señal de
arrepentimiento, son muy buenos, pero mejores si, al recibir el perdón
¿ES DE ACTUALIDAD LA BIOGRAFÍA TEOLÓGICA DE SAN AGUSTÍN? 47

de Dios, se alaba al Dios que perdona. En una palabra, que el pecado


confesado y perdonado ora y alaba a Dios.
Como sacerdote, de Agustín he aprendido a no imponer penitencias
por los pecados confesados, cuanto a ofrecer la misa como acción de
gracias por la liberación, así como el desprendimiento de algo valioso
en favor de otros.

9ª Para hablar de lo de Dios a los hermanos


Agustín es un converso de la Sagrada Escritura, por más que, a los
inicios, la literatura bíblica le pareciera desdeñable en comparación con
la de Virgilio. Sin embargo, una vez convertido, dirá que no conoce
otra literatura que le persuada a someterse a Dios mejor que la Epopeya
judeocristiana y, en consecuencia, opta por servir la Palabra de Dios a
sus hermanos, proclamando sus verdades nucleares y distinguiendo lo
verdadero de lo episódico. Y como Dios no ha hablado en vano ni por la
Creación ni por la Biblia, Agustín está decidido a hablar de Dios, de lo
de Dios, a sus hermanos, y lo de Dios es, fundamentalmente, el mensaje
bíblico.
Los tres últimos libros de las Confesiones abundan en reflexiones
sobre la Biblia, pero este criterio es extensible a casi toda su obra ya
que, salvo algún que otro libro, Agustín concibe su obra en clave cate-
quética.
¿Qué exégesis hizo de la Biblia? No entramos en este asunto, pero
sí quiero decir que no amontona textos bíblicos sin ton ni son en sus
catequesis y sermones, como lo han hecho muchos predicadores y ex-
positores, sino que imparte, difunde y enseña a sus comunidades una
filosofía de la Biblia, una teología de la Biblia, y una Biografía de la
Biblia, después de haber reflexionado y meditado sobre ella (conf. 11, 2,
3; 12, 26, 36; 12, 30; 13, 15).
De la actualidad o in-actualidad de la biografía teológica de san
Agustín, que juzgue el lector, así como de la posible subsanación de
carencias actuales por el recurso a este hombre del Pueblo de Dios y de
48 LUIS NOS MURO, CM

la Ciudad Universal, imitable por sus muchas cualidades, y que centro


en los puntos siguientes:
1. Como profesor de Retórica, y hasta vendedor de palabras, según
se moteja a sí mismo, este hombre estuvo hondamente preocupado
por el lenguaje, aunque no en el sentido de la moderna investigación
lingüística, ni del método histórico-crítico de nuestros días, sino como
vehículo de comunicación, problema número uno de la iglesia del mo-
mento presente. La inexperiencia comunicativa apunta al hundimiento
personal y social.
2. El pensamiento religioso de Agustín está cobrado de su personal
experiencia de fe y de oración. Y es que Agustín une filosofía y contem-
plación, contemplación y filosofía, constituyendo este método una pista
para el descubrimiento de nuestro método personal.
3. El pensamiento religioso de Agustín es, fundamentalmente,
conversacional. Dialoga con Dios y con el Pueblo, pero con el Pueblo
lo hace en una doble dirección: Al pronunciar el Sermón, examina si la
asamblea entiende o no los contenidos, y no solamente eso, sino que,
en muchas ocasiones, en vez de pronunciar el discurso tal y como lo ha
preparado, se deja conducir por el Espíritu Santo en orden a comunicar
al pueblo lo que en ese instante le inspira el Santo Abogado de Dios.
4. El pensamiento religioso de Agustín está construido desde la rea-
lidad, y sus mejores logros los ha extraído de la circunstancia vital en la
que le ha tocado vivir. Sus sermones, sobre todo, contienen un arsenal
de noticias para la historia religiosa y civil. Examínese la incidencia
de lo civil en los sermones de los eclesiásticos, como lo hizo Agustín,
aprendido, a su vez, de la Biblia.
5. Finalmente, el pensamiento religioso de Agustín es a-clerical.
Todo lo ha pensado para el Pueblo, para ese Pueblo que le escucha, y que
está compuesto de hombres y mujeres, monjas, frailes y curas, incluso
de cristianos herejes, así como de hiponenses de religión judía o romana.
Esta nota la consigue hablando como obispo de la iglesia que preside,
pero sintiéndose, en medio de sus feligreses, como un hermano necesi-
tado de creer y de ser educado para ello. En una palabra, que Agustín se
sermonea y catequiza a sí mismo mientras lo hace a sus hermanos.
¿ES DE ACTUALIDAD LA BIOGRAFÍA TEOLÓGICA DE SAN AGUSTÍN? 49

De todos modos, y para terminar, quiero decir que la renovación de


la Teología puede venir por la vuelta a la lectura de los Santos Padres. Es
llamativo que tanto Newman como Max Thurian dieran el paso al cato-
licismo precisamente leyendo a los Padres y, como dicen ambos, porque
se convencieron de que es Iglesia verdadera aquella que ha tenido los
Padres desde siempre. Asimismo, pienso que la renovación de la predi-
cación y de la pastoral, en general, vendrá, no por la repetición mimética
de los Padres, pero sí del conocimiento que los Padres tuvieron de sus
comunidades, así como de la sintonía con el lenguaje de sus auditores.
Sin embargo, creo que algunas Facultades de Teología no están por esta
labor, precisamente porque no imparten Patrología en sus centros.
No quiero terminar estas líneas sin una recomendación obvia. Si
alguna de las personas lectoras no conoce las Confesiones de Agustín,
y se anima a hacerlo, después de lo que acabo de escribir, comprenderá
por el mismo Agustín, mejor que por mí, qué es eso de biografía teoló-
gica o de teología biográfica.

BIBLIOGRAFÍA
MOLTMANN, J. (1999). La justicia crea futuro. Santander. Sal Terrae.
MOINGT, J. (1998). La historia más bella de Dios. Barcelona. Anagrama.
JUNG, C.G. (1984). Recuerdos, sueños, pensamientos. Barcelona. Seix Barral.
LA CIUDAD DEL DIOS
QUE SE DICE DE MUCHAS MANERAS.
AGUSTÍN Y LA TOLERANCIA RELIGIOSA∗

Diana Fernández
UBA – Buenos Aires
dianaf02@yahoo.com.ar

Resumen
Probablemente, para quienes nos dedicamos al estudio de la tradición agus-
tiniana, una de las tareas más arduas, por su amplitud y complejidad, sea la de
detallar minuciosamente el alcance de la influencia y la contribución del propio
Agustín al pensamiento posterior. No obstante ello, a la luz de nuestro tiempo
–claramente una época de crisis, de cambio de paradigma–, tal vez uno de sus
aportes más sobresalientes lo constituya el hecho de que el hiponense, siendo
un pensador premoderno, abiertamente creyente y que no concibe verdadera
filosofía fuera de la tradición cristiana, haya construido su utopía pensando que
la mejor de las sociedades posibles exige armonía, no uniformidad de creencias.
Todavía más, lo único que Agustín reclama por igual a todos los hombres que
aspiran a la realización, ya sea individual, ya sea colectiva, es la conciencia de
los límites de la naturaleza humana, fundamentalmente de la voluntad. En virtud
de lo dicho, nos proponemos aquí demostrar que, en la ética agustiniana, la con-
sideración metodológica de las circunstancias particulares en las que se inscribe
la vida de cada hombre y la vida de los pueblos implica: en primer lugar, como
conditio sine qua non, tanto para la beata uita, como para la pax, acuerdo desde
el punto de vista de la razón, no de la fe; en segundo lugar, tolerancia religiosa e
inclusión de la diferencia en la ciuitas Dei; y en tercer lugar, una concepción de
la labor filosófica que, lejos de ser evangelizadora, es antes bien pedagógica.

Probablemente, para quienes nos dedicamos al estudio de la tradi-


ción agustiniana, una de las tareas más arduas, por su amplitud y com-
plejidad, sea la de detallar minuciosamente el alcance de la influencia y
la contribución del propio Agustín al pensamiento posterior.
*
Ponencia leída en el marco de las Primeras Jornadas de Estudios Patrísticos,
BIBCISAO (Biblioteca y Centro de Investigación San Alonso de Orozco de la Orden
de San Agustín), Buenos Aires (Av. Nazca 3909), 4 de diciembre de 2009.
52 DIANA FERNÁNDEZ

Ahora bien, está claro que de las múltiples cuestiones que aborda a
lo largo de toda su vida, hacer del hombre un ser dichoso es la que con-
centra sus mayores esfuerzos y donde todas las demás confluyen, pues
al querer resolverlas no pretende otra cosa más que allanar el camino de
quien anhela conquistar la felicidad. Todavía más, porque es un pensa-
dor premoderno, entiende que el hombre es un ser social por naturaleza
y, por tanto, que la realización del individuo depende de la del conjunto
y la del conjunto de la de los individuos que lo constituyen (ciu. 19, 7).
Llegar a ser feliz, por consiguiente, no sólo es un problema para cada
hombre, sino también para la sociedad.
En virtud de lo dicho y a la luz de nuestro propio tiempo –clara-
mente una época de crisis, de cambio de paradigma–, tal vez uno de los
aportes más sobresalientes del hiponense lo constituya su ciuitas Dei.
Más específicamente aun, el hecho de que –como dijimos antes–, siendo
un pensador premoderno, abiertamente creyente y que no concibe ver-
dadera filosofía fuera de la tradición cristiana, haya construido su utopía
pensando que la mejor de las sociedades posibles exige armonía, no uni-
formidad de creencias. Tal es así, que lo único que Agustín reclama por
igual a todos los hombres que aspiran a la realización, ya sea individual,
ya sea colectiva, es la conciencia de los límites de la naturaleza humana,
fundamentalmente de la voluntad.
Así pues, en esta ocasión, nos proponemos poner de relieve que, en
su sistema, la consideración metodológica de las circunstancias parti-
culares en las que se inscribe la vida de cada hombre y la vida de los
pueblos implica: en primer lugar, como conditio sine qua non, para la
realización del hombre en sociedad, acuerdo desde el punto de vista de
la razón, no de la fe; en segundo lugar, tolerancia religiosa, inclusión de
la diferencia en la ciuitas Dei; y en tercer lugar, una concepción de la
labor filosófica que es fundamentalmente pedagógica.
Pues bien, Agustín define a la beata uita como aquella vida en la
que se posee lo que se desea, siempre que se desee lo que es debido
desear. ¿Qué es debido desear? Lo propio. ¿Qué es lo propio? Aquel
bien que no puede sernos quitado contra nuestra voluntad. Esto signifi-
ca que no puede sernos arrebatado ni por una voluntad ajena, ni por la
fortuna, ni por el mero devenir capaz de acabar con la existencia tanto
LA CIUDAD DEL DIOS QUE SE DICE DE MUCHAS MANERAS 53

del hombre, como de cualquier otra criatura (mor. Eccl., 1, 3, 5; beata u.


2, 11; lib. arb. 1, 13, 29 y 2, 14, 37). La definición de proprium reclama:
en primer lugar, un bien que no admita partes, porque de lo contrario
no podría ser gozado por todos los hombres en igual medida y al mismo
tiempo, y, por ende, tampoco podría satisfacer el anhelo universal de
beata uita; en segundo lugar, un bien que no admita cambio, porque todo
lo que cambia es perecedero y entraña el riesgo de que el devenir nos lo
arrebate muy a nuestro pesar; y en tercer y último lugar, un bien que no
admita siquiera sucesión –podríamos pensar en un bien cambiante, pero
siempre existente–, porque lo sucesivo no puede ser gozado siempre de
la misma manera y daría como resultado un hombre que poseyendo lo
propio no podría ser tenido por enteramente pleno o por pleno siempre
en el mismo sentido. En resumen, sólo un bien inconmutable y por lo
mismo eterno y perfecto puede ser concebido como el bien propio de
la naturaleza humana. Únicamente el Creador reúne en la cosmovisión
agustiniana las características mencionadas (mor. Eccl. 1, 1, 1; 1, 6, 10;
2, 11, 20; sol. 1, 12, 22; lib. arb. 1, 2, 5; 2, 14, 38; 2, 19; 52; imm. an. 7,
12-8, 13; qu. an. 34, 77-78; mus. 6, 9, 29; uera rel. 31, 57; duab. an. 3,
10). Y todo esto el hombre es capaz de deducirlo con el auxilio de la
razón, aun el hombre posadánico.
Cuando en La ciudad de Dios Agustín contempla el mismo proble-
ma, pero desde el punto de vista social, la felicidad se transforma en paz.
Si bien es cierto que, aunque desde otra perspectiva, sigue siendo la vida
que de nada necesita, de todas formas es menester precisar lo que ello
significa, porque “pax” se dice de muchas maneras y sólo una de sus
acepciones es legítimamente intercambiable con “beata uita”1.
Nuestro filósofo distingue un sentido amplio y uno estricto del
término “pax”. En sentido amplio, “pax” remite a un cierto estado de

1
Ésta es la obra donde Agustín aborda por primera vez la dimensión social del
problema que venimos tratando. Más específicamente aún, son los últimos cuatro
libros de La ciudad de Dios la pieza fundamental para entender por qué “ser feliz”
es lo mismo que “vivir en paz”. El propio Agustín sugiere en sus Retractaciones que
pueden ser leídos como una unidad separada del resto, ya que allí se concentra por
completo en el fin propio de la humanidad.
54 DIANA FERNÁNDEZ

armonía, donde, desde el punto de vista del orden del ser, lo inferior
se mantiene dócilmente subordinado a lo superior. Esta acepción nos
permite así distinguir distintos tipos de paz según cuales sean las partes
que se pongan en relación (ciu. 19, 13, 1). En sentido estricto, el hipo-
nense define a la pax como aquella armonía que corresponde disfrutar
exclusivamente a la sociedad de los justos y que consiste en la ordenada
subordinación de éstos con respecto al único soberano legítimo, es decir,
el Creador. Con el fin de distinguirla de los otros tipos de paz, acuña la
expresión “pax in uita aeterna” (ciu. 19, 11).
Es conveniente recordar, a esta altura, que La ciudad de Dios es
una obra que el santo doctor escribe en ocasión de la toma de Roma por
las huestes de Alarico. En momentos en que el pilar de Occidente ha
caído en manos del enemigo y todo parece perdido, se reaviva la crítica
que señala al cristianismo como causa última del desastre. Agustín,
entonces, construye su utopía dando respuesta a esta acusación, con un
argumento que no es original, ni propio: si el Imperio ha caído no es por
causa del cristianismo, sino por la corrupción de las costumbres –de la
moral– de su pueblo.
Para fundamentar su respuesta se apoya en la definición de res pu-
blica ciceroniana. De acuerdo con la interpretación agustiniana hay res
publica siempre que en un pueblo existe iustitia, entendida ésta como
ese estado de derecho fundado en el interés común que da a cada uno
lo que le corresponde. Allí donde ese interés no existe y no hay iustitia,
tampoco hay res publica. El hiponense concluye entonces que al co-
rromperse la moral romana desaparece el suelo fértil para que germine
el estado de derecho que ella exige (ciu. 19, 21). Claro está que para
nuestro filósofo hay un único objeto legítimo de interés común y por
ende capaz de generar un estado de derecho tal que reine la justicia, de
manera que para él sólo habrá res publica, en clave ciceroniana, cuando
la sociedad tenga la mira puesta en la consecución de lo propio de la
naturaleza humana2.

2
Sólo podemos hablar de res publica romana, si la definimos como unidad ar-
mónica de sus miembros en virtud de la comunidad sustentada en un mismo interés,
lo que no necesariamente conlleva justicia, porque ella depende de la legitimidad del
objeto amado (ciu. 19,24).
LA CIUDAD DEL DIOS QUE SE DICE DE MUCHAS MANERAS 55

La originalidad de la respuesta de Agustín está en el hecho de que


convierte a la historia en la clave de bóveda para respaldar su punto de
vista. Por una parte, ella le brinda un cúmulo de hechos que utiliza como
evidencia empírica de que siempre estuvo ausente un interés común le-
gítimo entre los romanos. Por otra, ella contiene la razón de ser de esto
último. En su hermenéutica de la historia, el hiponense concluye que la
caída del Imperio Romano de Occidente tiene que ver con un conflicto
que no es privativo de su pueblo, sino lisa y llanamente intrínseco a la
sociedad de seres racionales. En la misma medida en que todos los hom-
bres desean ser felices –o lo que es lo mismo: todos desean vivir en paz–,
pero no todos coinciden con respecto a lo que ello significa, esto suscita
una diversidad de intereses necesariamente antagónicos entre sí.
La historia, que para Agustín comienza con Adán3, se convierte así
en la historia de dos amores: uno que es legítimo y otro que no lo es. De
un lado, pues, estarán aquellos que aspiran a ser felices poseyendo lo que
es auténticamente propio, y de otro estarán aquellos que estiman propio
cuanto puede serles quitado contra su voluntad. Quedan así conformadas
dos sociedades que coexisten mientras dura la vida terrena: la ciudad de
los justos y la de los impíos, respectivamente (ciu. 14, 28).
Una y otra ciudad no sólo no coinciden en relación con el finis bo-
norum, sino que tampoco llegan a un acuerdo con respecto al uso de los
bienes inferiores. Mientras los justos usan de los bienes que constituyen
la creación como medios para la consecución del summum bonum, los
impíos los tienen como fines en sí mismos (ciu. 19, 17). Es, por tanto, en
el usufructo de los bienes inferiores donde hecha sus raíces la miseria de
los pueblos: primero, porque es propio de la naturaleza humana un cierto
instinto de autoconservación que obliga a todos los hombres a valerse
de dichos bienes con el objetivo único de conservar la vida4; segundo,

3
Mientras el tiempo comienza con la creación, la historia lo hace con el hombre,
porque ella sólo es posible siempre que haya un sujeto capaz de advertir el devenir y
su sentido inmanente. Podemos, por tanto, afirmar con Sciacca que la historia es el
tiempo de la conciencia y agregar que en este caso se trata de la conciencia colectiva
(Sciacca, 1954:192).
4
Agustín reconoce, en la naturaleza humana, algo así como un cierto instinto
de auto-conservación, por el cual no fue preciso que se le diera al hombre un man-
56 DIANA FERNÁNDEZ

porque los bienes inferiores son limitados temporal y materialmente, de


manera que no habiendo acuerdo con respecto a su mejor aprovecha-
miento, no serán suficientes para que todos los hombres puedan acceder
a ellos al mismo tiempo y en igual medida.
Comparada con la paz en sentido estricto, la vida de ambas ciuda-
des, en este mundo, es miseria; y para la miseria de los pueblos nuestro
filósofo no encuentra mejor nombre que el de bellum. La guerra no es
simplemente la ausencia de la paz entendida como pax in uita aeterna.
Positivamente definida, significa el conflicto intrínseco a la sociedad de
seres racionales que no consiguen ponerse de acuerdo con respecto a lo
auténticamente propio (ciu. 22, 22, 1; 22, 23).
Para este mundo, entonces, nos queda el consuelo de la paz en sen-
tido amplio y los distintos tipos de armonía que con ella se identifican
o, mejor aún, hacer lo posible por ser aceptados como ciudadanos de la
ciuitas Dei. ¿De qué depende esto? De la calidad moral del individuo. En
ese sentido, ¿es requisito indispensable suscribir a un dogma religioso
en particular? La respuesta de Agustín es sin dudas negativa, y la ex-
plicación la hallamos en su análisis de la misma cuestión, pero desde la
perspectiva individual, más específicamente aun, en su ética.
Heredero de una tradición platónica signada, desde el punto de vista
ético, por la filosofía helenística, utiliza las mismas variables que el es-
tagirita para responder quién es el responsable por el mal en el mundo:
la consideración de la presencia o ausencia de una fuerza de coacción
externa o interna, y el conocimiento o la ignorancia con respecto a las
circunstancias particulares en las que está envuelto el individuo en
cuestión. Asimismo, el hiponense, en sintonía con Filón de Alejandría,
primer eslabón fundamental de la síntesis que en él desemboca, entiende
la pena impuesta al pecado original como un descenso cuantitativo en
el orden del ser, que conlleva el debilitamiento de las facultades propias
de la naturaleza racional.5

damiento para que se amara a sí mismo o a lo inferior con respecto de sí. En virtud
de ese instinto, pues, todos los hombres harán uso de la creación para la vida en este
mundo (doctr. chr. 1, 24, 27).
5
No estamos diciendo aquí que Agustín retome conscientemente la ética aris-
totélica o la metafísica filoniana, sino simplemente que elementos de una y otra son
LA CIUDAD DEL DIOS QUE SE DICE DE MUCHAS MANERAS 57

A su vez, Agustín introduce, entre estos criterios, una novedad:


desplaza el eje de la discusión al plano de la intencionalidad, ya que, aun
cuando una intención no se lleve a cabo, la voluntad en que se origina no
deja por ello de ser sujeto del orden o desorden que aquella implica. Por
esto mismo, la calidad moral del hombre se resuelve en el foro interno y
es en cuanto al querer donde es capaz de proceder más o menos volun-
tariamente –esto es, de convertirse en el principio del movimiento que
da lugar al deseo–, ya sea que se trate del hombre adánico, ya sea que
trate del postadánico (lib. arb. 1, 3, 6-8). Así pues, el hombre tendrá una
voluntad ordenada, si lo proprium constituye el fin último de su querer
y de su obrar; y una voluntad desordenada, si persigue como fin último
cualquier otro bien que no sea el propio (lib. arb. 1, 8, 18; 3, 25).
Desde el punto de vista de los medios convenientes para el fin, el
hombre es por naturaleza un ser que puede lo que quiere, lo cual no es
necesariamente una ventaja, ya que no siempre quiere lo que debe y el
orden no hace concesiones. Más específicamente aun, en su versión adá-
nica el hombre es capaz de orientar su voluntad en dirección al summum
bonum como fin último; o de dirigirla en dirección contraria a lo propio
teniendo un bien inferior como fin último. Si lo primero, se vuelve tam-
bién capaz de querer los medios convenientes al bien propio y de obrar
rectamente; si lo segundo, de querer los medios convenientes al mal6 y
de obrar incorrectamente.
Cuando Adán y Eva desobedecen el mandato divino, el hombre
pierde la capacidad de querer y obrar de manera ordenada en cuanto a
los medios que allanan el camino hacia la Patria. El hombre postadá-
nico conserva la capacidad de reconocer a lo eterno y perfecto como
único bien propio y de tenerlo por fin último, pero con respecto a los
medios que a él conducen es completamente incapaz de quererlos por
sí mismo –y por ende de obrar en consecuencia, si las circunstancias lo

claramente detectables en su sistema, aun cuando no sepamos a ciencia cierta cuál


pudo haber sido la fuente de la que los haya recogido. Dada la erudición de Agustín,
nos parece bastante poco probable que simplemente se trate de una coincidencia.
6
Entiéndase por mal aquél que resulta del querer desordenado y la acción que lo
refleja –si se diera el caso de que tuviera la posibilidad de llevarse a la práctica–, esto
es, mal moral, pues ontológicamente el mal no es.
58 DIANA FERNÁNDEZ

permiten–. Desde el punto de vista de los medios, solamente es capaz o


bien de querer o de no querer los que causan el mal –y de traducirlos en
acciones de acuerdo con los límites que impone el contexto– (lib. arb.
3, 24, 71-73; 25, 74-76).
Ahora bien, ya sea que se trate del hombre adánico, ya sea que se
trate del postadánico, no existe circunstancia que pueda obligar a la
voluntad humana a orientarse en dirección contraria a lo propio como
fin último: siempre está a su alcance evitar por sí el mal en el orden del
obrar y fundamentalmente en el del querer (uera rel. 14, 27). Si lo su-
perior sólo puede ser doblegado por lo inferior cuando cede a su influjo,
el hombre que resulta sujeto de un querer desordenado yerra volun-
tariamente –obre o no en consecuencia–, en la misma medida en que
no existe naturaleza capaz de torcer sus intensiones sin contar con su
consentimiento, puesto que todo lo que va en contra del ordo uniuersalis
resulta inferior a todo lo que lo respeta (lib. arb. 1, 10, 20-11, 23).
Sea de ello lo que fuere, en virtud de lo dicho hasta aquí sobre las
claves de la ética agustiniana, queda claro que desde el momento en que
la rectitud de la voluntad depende del orden de su querer considerado a
la luz de las circunstancias particulares en las que se inscribe, la calidad
moral de cada hombre depende del mismo criterio. Por ello es que Agus-
tín señala, cada vez que tiene oportunidad, que el camino de la salvación
está abierta a todo hombre de buena voluntad, independientemente del
nombre con el que prefiera identificar al bien propio, siempre y cuando
lo conciba como lo único perfecto y eterno.
En efecto, Agustín construye un esquema de siete pasos para grafi-
car los estadios que supone el camino de la salvación, la uia beatitudinis.
Este proceso de conversión transforma al hombre en tres sentidos: ético,
gnoseológico y ontológico. El progreso en el orden del ser depende de
aquel que se da en el del conocimiento y éste del que se da en el orden
del deber ser, por eso es que, de acuerdo con el hiponense, recae en la
voluntad la responsabilidad de emprender la marcha.
El primer paso, entonces, lo constituye el momento de la fides y en
el esquema de la uia beatitudinis, es caracterizado como un gesto de
LA CIUDAD DEL DIOS QUE SE DICE DE MUCHAS MANERAS 59

humildad7. En pocas palabras, se trata del acto por el cual el hombre


decide tomar conciencia de su condición de criatura con todo lo que
ello implica: primero, asumir la necesariedad de un Creador; segundo,
asumir la propia inferioridad con relación al Principio; y tercero, asumir
que todo ello implica, en la misma medida en que se supone que hay
orden en la realidad, la dependencia de lo inferior con respecto a lo su-
perior. Nótese que no se está hablando aquí de la aceptación sin más de
ninguna verdad o conjunto de verdades provenientes de una determinada
tradición o dogma religioso.
En ese sentido, nunca está de más insistir en que, siendo Agustín
un autor con espíritu de sistema, pero que escribe de manera poco sis-
temática, de todas formas es muy preciso en cuanto a los conceptos que
utiliza para desplegar su pensamiento. Por ello es importante distinguir
con el hiponense entre fides y auctoritas, siendo la auctoritas la que
remite al cuerpo de verdades que constituyen el dogma cristiano. La fe,
condición de posibilidad de la uia beatitudinis, depende, no de la aucto-
ritas, sino de la razón, en la misma medida en que estando todo hombre
dotado de dicha facultad, aun cuando haya perdido con la expulsión del
paraíso la posibilidad de conocer la Verdad con sólo desearlo, conserva
en ella la capacidad de comprender su condición de criatura. Y, tal como
señalamos al comienzo, es la aceptación de esto último lo único que el
Dios de Agustín exige por igual a todos los hombres (ord. 2, 5, 16; mor.
Eccl. 1, 2, 3; 25, 47; uera rel. 1, 9, 19; 1, 24, 45; retract. 14, 3).

7
Los siete pasos son los siguientes: fides (momento de la fe); pietas (momento de
la scientia de la verdad revelada); scientia (momento del conocimiento cierto relativo
a la creación y el orden); labor (momento del esfuerzo que resiste a la coacción de
lo inferior); consilium Dei (momento de la fortitudo, la temperancia, la iustitia y la
prudentia); munditia cordis (momento en que se alcanza la plenitud en cuanto a la
facultad capaz de contemplar directamente la Verdad); sapientia (momento de la con-
templación directa de la Verdad). En las distintas versiones de este esquema, Agustín
hace una única modificación y es con respecto al séptimo paso: hasta el año 396, en la
misma medida en que sostiene que la beata uita es posible en la vida terrena, suscribe
la idea de que el séptimo momento es asequible en ella. A partir del año 396, cuando
en La doctrina cristiana concluye que la beata uita exige eternidad y por ende no es
cosa de este mundo, posterga el séptimo paso hasta después del juicio final (s. dom.
m. 3 y 4; uera rel. 26; doctr. chr. 2,7,9-10).
60 DIANA FERNÁNDEZ

No obstante lo dicho, aunque la fides no incluye el contenido de la


auctoritas, la filosofía sí. La verdadera filosofía es para el hiponense la
filosofía cristiana, y su punto de partida es la identificación entre el bien
eterno y perfecto con el Dios de las Sagradas Escrituras, junto con la
aceptación de la cosmovisión en ellas contenida (beata u. 1). Recorde-
mos que la legitimidad de tal identificación reposa, para Agustín, en el
hecho de la revelación, porque la Verdad, en virtud de su perfección es
completamente inaccesible para lo imperfecto, por sí mismo, de modo
que si ella no se manifiesta primero, entonces no se dan las condiciones
de posibilidad de su cognoscibilidad. La palabra revelada funciona, para
el hiponense, como evidencia histórica de que esto ha ocurrido8.
La filosofía concebida en estos términos no es necesariamente parte
constitutiva del camino de la uia beatitudinis; no es condición necesa-
ria, ni mucho menos suficiente para la salvación. Es simplemente una
forma de acercamiento al conocimiento de la Verdad y el orden por ella
impuesto a la creación. Tampoco es idéntica a la teología; en todo caso,
porque la Verdad de la que parte se llama Dios, su consideración le
compete muy particularmente, al punto de no dejar lugar para un saber
específico y diferenciado a este respecto.
¿Qué ventajas representa la filosofía para el hombre que busca la
felicidad? Ninguna en particular. Desde el punto de vista individual es
simplemente una alternativa tan legítima como cualquier otra que parte
de la fe. En última instancia, su eficacia depende del contexto histórico
en el que se inscribe la vida de cada hombre y lo que él posibilita o exige
(lib. arb. 3, 15).
¿Qué sentido tiene, entonces, para Agustín, el hecho de hacer fi-
losofía? La contribución específica de la labor filosófica no se da en el
nivel individual, sino en el nivel colectivo (ciu. 19, 7). El filósofo, en
tanto capaz del mayor acercamiento posible en esta vida con respecto
al conocimiento de la Verdad y del orden, se encuentra en una situación
más ventajosa desde el punto de vista gnoseológico, que aquellos que
no se dedican a esta rama privilegiada del saber. Dado que todo hombre

8
Éste es el argumento que Agustín utiliza para contrarrestar el escepticismo
académico.
LA CIUDAD DEL DIOS QUE SE DICE DE MUCHAS MANERAS 61

conciente del orden se vuelve automáticamente responsable ante él, y


que el orden impuesto por el Dios de la tradición cristiana exige amor al
prójimo como a sí mismo, el conocimiento del que es sujeto, vuelve al
filósofo responsable por los demás hombres. No estamos aquí frente a la
vieja idea del rey filósofo, sino a la del filósofo como guía o en todo caso
pedagogo de la sociedad, cuyo mayor desafío es el de enseñar lo que ha
descubierto y descubrir a los hombres el tesoro de la propia naturaleza,
con el objeto de lograr las mejores circunstancias posibles, en la vida
terrena, para el desenvolvimiento del individuo y del conjunto de indi-
viduos. No se trata de gobernar la sociedad de los hombres, ni mucho
menos de emprender una campaña evangelizadora, sino de conducirla
desde el conocimiento, al reconocimiento de lo propio, y desde allí a la
comunidad de intereses, ambas, condiciones necesarias para un autén-
tico estado de derecho en el que cada uno recibe lo que le corresponde,
aspira a lo que debe y cree en lo que puede (ciu. 19, 21).
En conclusión, desde el punto de vista colectivo, solamente podemos
y debemos aspirar a una sociedad cuyas prioridades sean determinadas
en acuerdo con la naturaleza humana y lo que ella exige para su realiza-
ción, no siendo legítimo adoptar como criterio de pertenencia o exclu-
sión nada que sea pasible de variar con el contexto histórico; ni siquiera
el credo religioso que cada hombre profesa. Desde el punto de vista
individual, en el camino de la salvación, cada quien carga con su cruz y
marcha al ritmo que le impone su peso. Y en la metafísica agustiniana,
solamente el Creador puede conocer y juzgar la medida del esfuerzo. Por
todo esto, para terminar, nos parece oportuno recordar las palabras del
hiponense, cuando en La doctrina cristiana 3, 14, 22, señala que:

“Ciertos hombres, adormecidos –por así decir–, «de tal manera» que ni
estaban enteramente poseídos del sueño de la ignorancia, ni podían por
completo despertar a la luz de la sabiduría, ante la innumerable variedad
de costumbres, juzgaron que no existía la justicia en sí misma, sino que,
para cada nación, su propia costumbre era justicia. Como la costumbre
es diversa para cada nación y la justicia debe permanecer inmutable,
«les pareció» evidente que jamás existió la justicia. Los que «tal cosa»
pensaron, no entendieron –por no citar otras muchas– la siguiente
máxima: lo que no quieres que hagan contigo, no lo hagas tú a otros, lo
cual no puede en modo alguno variar, por mucha que sea la diversidad
62 DIANA FERNÁNDEZ

de naciones. Cuando esta sentencia se refiere al amor de Dios, mueren


todos los vicios; cuando se aplica al amor del prójimo, perecen todas las
iniquidades” (doctr. chr. 3, 14, 22).

Y agregamos nosotros, a la luz de todo lo desarrollado hasta aquí,


que, en la ciudad de los justos, el Dios de Agustín se dice de muchas
maneras y prójimo es hasta el enemigo.

BIBLIOGRAFÍA
SCIACCA, M.F. (1954). “Il concetto di storia in S. Agostino”: Coloquio Agusti-
niano, Zaragoza, 3-6 de octubre de 1954.
LA FILOSOFÍA ANTE LAS CIENCIAS EN EL DE ORDINE ∗

Silvia Magnavacca
UBA – CONICET
Buenos Aires
silmagna@ciudad.com.ar

Resumen
En este trabajo se aborda la vinculación entre las ciencias o, como se las
denominaba entonces, las artes, y la filosofía, en las primeras obras de la pro-
ducción agustiniana, los así llamados “diálogos filosóficos”, tomando como texto
central el De ordine. Se articula en cuatro momentos. En el primero, se circuns-
cribe la exposición a esa primera etapa, advirtiendo sobre una variación en el
pensamiento de san Agustín durante la segunda, posterior al De doctrina chris-
tiana. A la vez, se mencionan algunos supuestos fundamentales del hiponense en
el tema abordado. La segunda se dedica a examinar aquellos pasajes del diálogo
mencionado en que Agustín expresa su valoración de las artes y se subraya su
concepción sobre el carácter propedéutico de ellas. En la tercera, se señalan las
advertencias agustinianas acerca de un abordaje equivocado de las ciencias,
así como sobre el riesgo de suponer que agotan todo el posible saber humano.
Finalmente, en la cuarta parte, se examinan, en primer lugar, las razones de la
necesaria confluencia de la cultura científica en la filosofía como culminación
del saber no revelado; en segundo término, se hace referencia a la continuidad,
en lo que se ha llamado “la segunda etapa” del pensamiento agustiniano, en la
concepción de la sabiduría.

SUPUESTOS
Hay autores en los que, sea porque su producción se extiende a lo
largo de muchos años, sea por características individuales o por cual-
quier otra razón, la evolución del propio pensamiento se torna particu-
larmente atendible. En nuestra opinión, san Agustín es uno de ellos, por
lo cual, metodológicamente hablando, la consulta permanente de las
*
Ponencia leída en el marco de las Primeras Jornadas de Estudios Patrísticos,
BIBCISAO (Biblioteca y Centro de Investigación San Alonso de Orozco de la Orden
de San Agustín), Buenos Aires (Av. Nazca 3909), 4 de diciembre de 2009.
64 SILVIA MAGNAVACCA

Retractationes se vuelve insoslayable. En lo que toca al tema sobre el


que se han convocado estas Jornadas, es indiscutible que hay todo un
periplo cumplido por el hiponense acerca del concepto de Filosofía en
su relación con las ciencias.
En nuestra opinión, el itinerario agustiniano en relación con la Fi-
losofía presenta dos etapas, señaladas por sendos hitos fundamentales,
alrededor de los cuales deben tenerse en cuenta otros textos paralelos o
próximos: el primero está dado por el De ordine que, como se recordará,
pertenece a los llamados “diálogos filosóficos”, es decir, a las obras del
primer período de la producción agustiniana. El segundo lo constituye el
De doctrina christiana, texto del período no último pero sí de madurez
y sobre el cual se ha fijado especialmente la atención de los agustinólo-
gos. Para el tema por el que hemos optado, claramente, importa más el
primer grupo de textos.
Antes de ir a él, no huelga insistir, una vez más, sobre uno de los
grandes supuestos del hombre pre-moderno, que, por otra parte, cobra
una particular relevancia en el caso agustiniano y más aún en la cues-
tión que se abordará, el del ordo uniuersalis. Tal supuesto consiste en la
convicción de que hay un orden real y eterno establecido por Dios, un
cosmos que la razón humana está llamada a captar y no a proyectar.

LA ESTIMACIÓN DE LAS CIENCIAS


Lo primero a considerar, pues, en la etapa inicial, la del Agustín
heredero de la cultura y pedagogía que lo preceden, es el énfasis puesto
en la valoración de la razón y sus funciones. Como no podía ser de otra
manera, al girar esta etapa alrededor del De ordine, la primera y más
general de dichas funciones es, como se anticipaba, la captación del ordo
uniuersalis, esto es, de la armonía de la creación divina. Ahora bien, esa
captación se lleva a cabo y se expresa justamente a través de las diversas
disciplinas liberales.
Cabe recordar brevemente ahora que por “ars” se entendía, ya desde
el período patrístico, una cierta virtud o habilidad para hacer o producir
algo, de cualquier tipo, de acuerdo con determinados métodos o reglas
LA FILOSOFÍA ANTE LAS CIENCIAS EN EL DE ORDINE 65

que, a su vez, pueden descubrirse también por medio del arte, o bien de
la experiencia. Aristóteles había especificado que el arte es un estado de
capacidad para hacer o producir algo, capacidad que implica el concurso
del razonamiento y del método. Quedaba pendiente, sin embargo, el
problema de la clasificación de las artes, cuestión en la que se empeñará
particularmente la Edad Media desde sus comienzos, siendo uno de los
primeros intentos en tal sentido el que aparece en un autor muy citado
por Agustín: Varrón (cf. Disciplinarum libri IX). La primera gran divi-
sión es la que se establece entre las artes manuales o mecánicas y las que
dependen directamente del alma, de la cual, como es libre respecto del
cuerpo, provienen las artes liberales, divididas a su vez, como se recor-
dará, en quadriuium, que comprende aritmética, geometría, astronomía
y música, es decir, las claves o cifras del orden cósmico; y triuium, que
abarca gramática, retórica y dialéctica, o sea, las que regulan el discurso
humano sobre lo real.
Veamos cómo considera Agustín las ciencias del quadriuium La
aritmética, sobre la que dirá que no es invención humana sino realidad
observada y expresada por los hombres (doctr. chr. 2, 38, 56), se define
como la scientia bene numerandi. Es sobre huellas agustinianas que
Boecio dará la célebre caracterización de la aritmética: como la repre-
sentación cuantitativa y numérica de la realidad, reivindicándola como
el primer acceso a la formalidad de los ejemplares divinos que encierran
en sí mismos la originaria verdad de todo lo que existe. La geometría,
a cuya importancia Agustín dedica varios párrafos (qu. an.12, 19), es
ars bene metiendi omnem quantitatem mensurabilem; consiste en el
estudio de las figuras ideales, tanto las de la geometría plana como las
de la geometría del espacio, siendo su objeto formal las demostraciones
concernientes a ellas.
La astronomía, que trata, matemáticamente, de los cuerpos celestes
regulatis per motum, merece párrafo aparte. En el mismo De ordine 2,
15, 42, el hiponense la considera un gran espectáculo para las almas
que buscan a Dios. Pero añade al mismo tiempo que es una gran difi-
cultad para los que sólo están animados por la curiosidad. El problema
estriba en que, en tiempos de Agustín, no se distinguía nominalmente
la astronomía de lo que hoy denominamos “astrología”. El hiponense
66 SILVIA MAGNAVACCA

señalará la verdad contenida en los conocimientos astronómicos, así


como denunciará la falsedad de los horóscopos y, sobre todo, negará la
subordinación de la voluntad humana a la posición de los astros (cf. conf.
5, 3, 4; ciu. 5, 6-7 y doctr. chr. 2, 22, 33 y 29, 46, respectivamente).
En cuanto a la música, es bien conocido el aprecio agustiniano por
ella, a la que recordemos que dedica toda una obra. Para el hiponense, es
parte importante de la belleza, cuyo concepto remite fundamentalmente
a la armonía del orden, construida sobre números. Desde el punto de vis-
ta sensible, es “scientia bene modulandi”, por la que se procede “seruatis
temporum atque interuallorum dimensionibus”. Los números o ritmos
allí estudiados producen la delectatio. La unidad y proporcionalidad en
la percepción de la belleza musical dan por resultado la “congruentia
uel consonantia quam graeci armoniam uocant”. Pero también acentúa
Agustín el hecho de que la música les fue concedida a los hombres para
conocer analógicamente la armonía del gobierno divino: por ella se lle-
ga, pitagóricamente, a los números inmutables contenidos en la Verdad
inmutable (cf. tr. 4, 2, 4; ep. 166, 5, 13). Por lo demás, nuestro autor
entiende que es una disciplina que participa tanto del sentido como del
entendimiento, según se lee en 2, 14, 39 del diálogo que nos ocupa.
“Ya en la música, en la geometría, en el movimiento de los astros, en
la inmutabilidad de los números –dice Agustín en el De ordine 1, 14– el
orden domina de tal manera que, si alguien deseara ver su origen y, por
así decir, sus secretos, o los encontrará en aquellas cosas mismas, o, por
ellas, será conducido hasta allí [esto es, hasta el origen y los secretos del
orden], sin caer en error”1.
Se confirma aquí que el fin de la razón es, entonces, aprehender el
ordo universalis, que se manifiesta en términos aritméticos, geométri-
cos, astronómicos o musicales, esto es, en términos del quadriuium. Pero
no se ha de olvidar que el quadriuium no reúne las artes sermocinales
sino las reales. Así pues, si éstas tienen un objeto común, ese objeto es
la armonía de la realidad creada. La convicción patrística, y particular-

1
La traducción de este pasaje y las traducciones de los que siguen en el presente
trabajo son propias, así como las eventuales cursivas.
LA FILOSOFÍA ANTE LAS CIENCIAS EN EL DE ORDINE 67

mente agustiniana, es que la captación de tal armonía no puede sino


conducir a la postulación de un Creador inteligente.
Esta “cultura científica”, por así decir, “si se usa moderadamente
–sigue Agustín– pues se ha de temer en ella la exageración, refuerza
de tal manera a un discípulo de la filosofía, o aun a un maestro, que se
eleva hacia donde quiere y, conduciendo a muchos otros, llega hasta
aquel sumo grado, más allá del cual no puede, ni debe, ni desea buscar
otra cosa”.
En el parágrafo inmediatamente siguiente al que hemos citado, esto
es, en De ordine 1, 15, Agustín aclara: “si en algo puedo aconsejar a mis
discípulos, diría que deben instruirse en todas las ciencias”. Más aún, de
las artes sermocinales es la dialéctica la más apreciada por él. En efecto,
unas líneas antes, el Hiponense se pregunta: “¿quién no odia las conclu-
siones falaces, o aquellas que por añadir o quitar algo, inducen poco a
poco a aprobar el error? Más aún, a menudo, en las disputas, cuando [las
conclusiones] están bien colocadas, valen tanto que, precisamente por
ellas, el mismo engaño se disimula”. Así pues, parecería que la utilidad
de la dialéctica estriba, sobre todo, en que un auténtico dominio de ella
posibilita el desenmascar la falsedad. En esta primera etapa, entonces, el
valor de la dialéctica se cifra en la necesidad de su estudio en lo que con-
cierne a los problemas filosóficos. Pero, en el De ordine 1, 38 al menos,
también la ponderación de la dialéctica se juega, especialmente, en el
terreno pedagógico; de ahí que Agustín diga que ella “enseña a enseñar
y enseña a aprender; en ella la misma razón se da a conocer, mostrando
qué es, qué quiere y qué le es dado alcanzar”.
Siguiendo con la estimación que en general hace Agustín de las
artes en esta obra, en el parágrafo 1, 17, se encuentra un pasaje clave:
“Quiero que aprendáis esto de mí: si alguien osare introducirse en el
conocimiento de problemas [tales como el origen del alma, el fin del
hombre, la disposición del universo, etc.], al azar y sin orden de discipli-
nas, se vuelve curioso en lugar de diligente, crédulo en lugar de docto,
incrédulo en lugar de cauto”. Pero está claro que no se afirma aquí nada
específico sobre la verdad del contenido de las artes en cuestión; parti-
cularmente, se hace referencia a la preparación que procuran a quien se
dedica a ellas, sobre todo, en lo que hace a prestar o no su asentimiento
68 SILVIA MAGNAVACCA

racional a lo propuesto como verdadero. En este pasaje se insiste pues


–y esto es central– sobre el carácter eminentemente propedéutico de las
disciplinas liberales.
No nos tendremos aquí en la interesante exposición que el hiponen-
se hace acerca de sus conjeturas sobre el surgimiento histórico de las
diversas artes o ciencias.
Importa más para nuestro tema destacar que los textos examina-
dos no se apoyan en ninguna nota fundamental de la Revelación. Por
otra parte, Agustín también advierte en ellos que en la filosofía existe
siempre el riesgo de error (beata u. 1, 5). Más aún, plantea una suerte de
paralelismo, que es típico de esta etapa y que se superará en la segunda.
En efecto, dice en el mismo De ordine 2, 9, 26, que “doble es el camino
a seguir [en la búsqueda de la verdad], cuando nos turba la oscuridad
de las cosas: la razón o, al menos, la autoridad”. Y añade: “la filosofía
se apoya en la razón y libera a duras penas a poquísimos; sin embargo,
obliga a no despreciar los misterios sagrados…”, precisamente porque
siempre culmina con la referencia a lo absoluto. La vinculación entre
la filosofía como saber racional y la fe en la revelación aparece aquí
apenas esbozada, pero es precisamente lo que constituirá lo central en
la segunda etapa.
Por ahora, baste señalar el objetivo pedagógico en lo que concierne
al cuidado del alma y la paz de sus certidumbres como preocupación
dominante en el Agustín de los primeros diálogos; de ahí la reserva con
la que se alude a lo estrecho del círculo de hombres en condiciones de
acceder al estudio de la filosofía: ésta les otorga la serenidad de la con-
firmación racional; la Revelación les concederá la paz del abandono en
un Padre providente, una vez dado el asentimiento de la fe en Él.
Así pues, respecto de la concepción sobre el saber en esta primera
etapa, tendríamos la siguiente secuencia: 1) valorización de las artes li-
berales, especialmente las del quadriuium, y exhortación a su estudio en
cuanto propedéutico, dirigido a 2) la captación de la armonía y “raciona-
lidad” del cosmos. A su vez, la percepción el ordo uniuersalis se revela
de extrema utilidad en dirección a 3) la postulación de la existencia de
un Arquitecto, un Ordenador supremo, tarea asignada a la filosofía como
LA FILOSOFÍA ANTE LAS CIENCIAS EN EL DE ORDINE 69

saber absoluto o saber de valor en sí mismo, no solamente preparatorio;


4) la cuestión del primer Principio y la relación de éste con el univer-
so lleva a plantear su relación específica con el hombre, con lo que se
completa así el elenco de los principales temas filosóficos que ocupan la
atención agustiniana.

RIESGOS Y LÍMITES DE LA “CULTURA CIENTÍFICA”


Pero hay otra nota a relevar en los pasajes citados, que aparece
también en otros y que está referida a conducir al discípulo en la eleva-
ción desde las artes o ciencias a la filosofía: se trata de la exhortación,
en cierta medida implícita pero no por ello menos fuerte, del principio
“res non uerba”, típico de la pedagogía agustiniana. Esto se reitera en
el hiponense, y contradice la remanida –y tergiversada– imagen de un
Agustín libresco o, al menos, continuador de un patrimonio cultural ya
construido. En este contexto, por una parte, res se opone a verba en el
sentido que acabamos de indicar, es decir, como el conocimiento que
rastrea la constitución del mundo creado, precisamente real, de ahí la
marcada preferencia agustiniana por el quadriuium, con excepción,
como se vio, de la dialéctica. Por la otra, Agustín insiste en lo que hoy
llamaríamos “visión de conjunto”, como modo de conjurar el extravío
de una atención fragmentada, y, por eso mismo, inútil. Un clásico como
Henri Marrou sintetiza muy ajustadamente este aspecto de la cuestión,
diciendo que el hecho de que aun cada una de las ciencias tenga por ob-
jeto un ámbito de lo verdadero, una clase de verdad, para Agustín, “no
es una excusa [para detenerse en él], ya que en cada disciplina se trata
de verdades particulares, de detalle, no de la única Verdad que debemos
buscar, de aquella que nos asegurará la felicidad” (Marrou, 1958:279).
De este modo, cabe hacer una distinción: esto no concierne a la
diferencia de jerarquía entre las artes del quadriuium, que se ocupan de
ámbitos parciales de lo verdadero, y la filosofía, que aborda el funda-
mento mismo de la Verdad en la constitución de lo real. De hecho, las
disciplinas del quadriuium también tienen que ver con lo eterno, como
es eterna, por ejemplo, la verdad de los números; por tanto, no las roza
la acusación de ser en sí mismas objeto de vana curiosidad; esto último
70 SILVIA MAGNAVACCA

depende de la actitud subjetiva con la que se las encare. Una vez más, lo
que subyace en esa diferencia jerárquica es el discernimiento entre una
verdad eterna relativa y su Principio, que es igualmente eterno, o sea
que se distingue entre el valor absoluto de lo fundante y el relativo de lo
fundado, es decir, de las leyes universales. Es, entonces, el valor diverso
de estos objetos posibles de conocimiento lo que determina un valor
diferente a los “saberes” que de ellos se puede derivar, y es necedad no
distinguirlos. La curiosidad del necio es, pues, vana en la medida en que
no discierne. Más todavía lo es cuando no discierne entre el ámbito de
lo verdadero aunque mutable y el de lo falso.
Por lo demás, se decía que el principio “res non uerba” sugiere una
cierta preferencia agustiniana por el quadriuium, esto es, por las dis-
ciplinas de lo real, respecto del triuium, o sea, por las artes del sermo.
Es difícil sustraerse a la impresión de que subyace en esto un temor
de Agustín, muy reiterado en sus obras: es el temor a la tendencia del
hombre a construir con la palabra, es decir, con su propio verbo, un
mundo propio que lo encierre sobre sí mismo especularmente y lo aleje
del Verbo divino, precisamente como Forma de todas las formas, según
declara en el De diuersis questionibus, es decir, como conteniendo el
plan de toda la realidad.
En ese contexto de advertencia sobre una pura verbosidad, se añade
la que concierne al modus, justamente en el sentido de moderación, en
estas disciplinas. La moderación está llamada a neutralizar la vanidad
–mejor aún, la vacuidad– de una mera erudición que sólo tuviera fin en
sí misma. La advertencia obedece, entonces, al hecho de que, asumido
su estudio de esa manera, vanamente erudita, en lugar de remitir a quien
las cultiva a la contemplación del ordo uniuersalis, obstaculizaría su
camino, al enclaustrarlo en lo que hoy denominaríamos “tecnicismo”.
En tal sentido, cabe aclarar que, “paradójicamente, Agustín, a quien se
debe la estructura y el sistema de ideas que dominarán las enciclopedias
por espacio de casi mil años, muestra en varios aspectos, en éste y otros
textos, una decidida aversión al enciclopedismo” (Fumagalli, 1981:58).
Con esto se vincula también la exhortación agustiniana a rehuir la
uana curiositas en lo que concierne al cultivo de las ciencias. En el De
musica, por ejemplo, se lee una verdadera invectiva contra ella (mus.
LA FILOSOFÍA ANTE LAS CIENCIAS EN EL DE ORDINE 71

6, 13, 39). Agustín la entiende como el amor a un conocimiento que


llama “fútil”, en la medida en que no discrimina entre lo esencial y lo
superfluo. Esta falta de discernimiento hace que una de las valencias
simbólicas –en este caso, negativa– del pez sea precisamente, en los
bestiarios medievales, la de significar la vana curiosidad, ya que el pez
no puede cerrar los ojos.
En síntesis, fragmentación, verbosidad, enciclopedismo, vana cu-
riosidad son los peligros que acechan a quien se detiene en las ciencias,
sin elevarse hacia el plano superador de la filosofía que, como todos,
Agustín concibe como amor o tendencia a la sabiduría, no al conoci-
miento científico.

FILOSOFÍA Y SABIDURÍA
Ann Malingrey, en un viejo pero todavía vigente trabajo (Malin-
grey, 1965), diseñó las dos vertientes clásicas, que se perfilan entre la
Antigüedad y la Patrística, sobre la noción de filosofía y la que le está,
aun etimológicamente, vinculada, la de sabiduría. De un lado, se tiene
una visión de la filosofía que la entiende como saber riguroso, de límites
temáticos nítidamente establecidos, y con reglas que técnicamente pre-
siden su ejercicio. Desde luego, se trata, en este caso, de la filosofía de
corte aristotélico que resurgirá triunfante en la madurez del siglo XIII.
De otro, y casi contemporáneamente, también se esbozó un concepto
de filosofía que la encara como una escuela de vida, una preparación
para la muerte y, siempre, un saber de salvación, perspectiva esta última
predominante en la Patrística.
Se podría decir que, en cierto sentido, la figura de Agustín opera,
históricamente, a modo de gozne entre ambas concepciones. En efecto,
si bien se advierte en su pensamiento, al fin de cuentas, una clara orien-
tación hacia la segunda acepción del concepto que nos ocupa ahora, no
es menos cierto que, como se puede ya sospechar por lo expuesto hasta
aquí, recoge la herencia de la disciplina rigurosa de las artes liberales,
rigor que culmina en el saber filosófico.
72 SILVIA MAGNAVACCA

De hecho, en pasajes del De ordine como 1, 3, 9 y 1, 2, 5, Agustín


caracteriza ese saber como “lugar de reposo” y “refugio para el alma”
y aun “puerto seguro para la felicidad”. La filosofía conduce al primer
Principio, del que deriva la propia salvación y que constituye el fin úl-
timo del hombre.
Así, la cultura científica no puede sino culminar en la filosofía; de
lo contrario, quedaría cierto dejo de incompletitud, de insatisfacción
en la función del saber como guía a la felicidad, porque de eso se trata
siempre en San Agustín.
En efecto, la argumentación rastreable al respecto en el Contra
Academicos podría sintetizarse así: 1) el verdadero conocimiento es
alcanzable, obviamente, contra los escépticos; 2) la verdad es condición
necesaria para obtener la felicidad; 3) el conocimiento verdadero es el
que no yerra, y aquí especialmente la dialéctica vuelve a mostrar todo su
valor, según la concepción agustiniana; 4) en materia de conocimiento
verdadero, la filosofía es superior a las artes liberales, como se ha dicho,
no en cuanto que el quadriuium no tenga por objeto lo eterno, sino en
cuanto que cada una de las disciplinas que lo constituyen asume sólo una
parte de lo real, mientras que la filosofía tiene vocación de totalidad.
Todas estas disciplinas confluyen, pues, en la filosofía propiamente
dicha. En efecto, Agustín había escrito pocas líneas antes: “La que es
la verdadera y, por así decir, neta filosofía, no posee otro fin que el de
enseñar cuál es el primer Principio de todas las cosas, cuán grande es
el Intelecto divino y qué deriva de Él para nuestra salvación”. Dos son
los problemas básicos de todo filosofar, confirma en De ordine 2, 18, 47,
escrito –cabe recordarlo– antes que los Soliloquios: Dios y el alma.
Si las artes se habían presentado con carácter propedéutico, esto es,
relativo, aquí la filosofía se aborda en su condición de saber absoluto.
Su objeto es, por excelencia, no solamente el primer Principio de lo real
sino también éste en cuanto fin último del hombre. Más todavía, en tex-
tos pertenecientes a la misma época o muy próxima a ésta, propias de
la primera etapa, como el citado Contra Academicos, el hiponense no
sólo afirma la superioridad de la filosofía respecto de las artes liberales;
LA FILOSOFÍA ANTE LAS CIENCIAS EN EL DE ORDINE 73

también sostiene taxativamente que sin dedicación a la filosofía no se


alcanza la posesión de la verdad (acad. 3, 1, 1 y 2, 3, 8).
Sin embargo, no se puede dejar de mencionar la crítica agustiniana,
primero, a la falibilidad de la razón en una natura lapsa. Sobre esa base,
también muy tempranamente, ya que aparece en estos primeros diálo-
gos, mucho antes de llegar al De ciuitate Dei, Agustín lanza sus dardos
contra la falta de fundamento en la soberbia de los filósofos (beata u. 1,
3; uera rel. 3, 5).
Ahora bien, en esta primera etapa que hemos examinado, la filosofía
y la autoridad de la Escritura discurren en vías paralelas; en la segun-
da, la de la madurez agustiniana, el saber puramente humano –artes
y filosofía incluida – queda claramente determinado, a su vez, como
medio respecto de los fines últimos de comprender la voluntad de Dios
respecto del hombre y de elevarlo a la contemplación de lo divino. Para
ello se requiere la Revelación, sobre todo, una comprensión profunda de
la Escritura. Ésta es la razón por la que la célebre distinción agustiniana
entre usar y gozar (uti-frui) se inserta en una obra como el De doctrina
christiana dedicada, fundamentalmente, a la exégesis, al diálogo entre
la palabra divina y el oído y corazón del creyente. Aún en este nivel
exegético, las artes se revelarán su utilidad. Pero ello nos aleja de los
límites que nos hemos impuesto aquí.
Baste decir solamente que, desde el punto de vista pedagógico, pre-
ocupación clara en Agustín en su condición pastoral, la reserva respecto
de la filosofía radica en su carácter de arduamente accesible y, por tanto,
dirigida a unos pocos. Pero, de todas maneras, no cabe hablar, entonces,
de un escepticismo respecto del saber humano en Agustín. En sentido
estricto, no, ya que el saber y, en consecuencia, la verdad, se revelan
imprescindibles en orden a la felicidad del hombre. Lo que sí hay en el
hiponense es la negación de una absolutización del saber pagano en este
sentido. Y, como se sabe, una incorporación de la fe a la sapientia.
74 SILVIA MAGNAVACCA

BIBLIOGRAFÍA
FUMAGALLI BEONIO BROCCHIERI, M. T. (1981). Le enciclopedie dell’occidente
medievale. Torino. Loescher.
MALINGREY, A. (1965). “Philosophie”. Histoire d’une mot. Paris. Vrin.
M ARROU, H. (1958). Saint Augustin et la fin de la culture antique. Paris.
Boccard.
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER
EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA*

Gerardo García Helder


A.MI.CO. – Buenos Aires
ggh.amico@fibertel.com.ar

Resumen
San Agustín de Hipona fue uno de los autores que más ayudó a entrelazar y
fusionar armónicamente los legados de Jerusalén, Atenas y Roma dando origen
y consistencia a la “cultura occidental”. Su peculiar objetivación y valoración de
la mujer influyó en muchos pensadores posteriores, tuvo y tiene consecuencias
en prácticas sociales que determinaron por siglos el lugar de las mujeres en el
matrimonio, la iglesia y la sociedad civil, marcando territorios y forjando sub-
jetividades. Aunque en algunas de sus teorías se atiene al paradigma científico
de su mundo, en otras muestra su genialidad y un aprecio, poco común entre los
pensadores de la antigüedad y del medioevo, por aquellas que tienen el mismo
sexo de Eva y de María.

INTRODUCCIÓN
Aurelius Augustinus (Hipponensis), nació en Tagaste (norte de Áfri-
ca) el 13 de noviembre de 354 y murió en Hippo Regius o Hipona, sitia-
da por los vándalos, el 28 de agosto de 430. De modo que vivió con un
pie en la edad antigua, que se desmoronaba, y otro en la medieval, que
despuntaba y debía ser organizada. Es considerado uno de los hombres
que ejerció mayor influencia no solo en el ámbito de la teología cristiana
occidental sino también en toda la cultura de Occidente durante su larga
vida y hasta nuestros días. Buscador incansable, perteneció durante años
al grupo de los maniqueos y abrevó en el pensamiento neoplatónico y
en los clásicos latinos, sirviéndose de muchas de sus categorías para
transmitir la fe cristiana que en ese momento se hallaba todavía en ple-

*
Ponencia leída en el marco de las Primeras Jornadas de Estudios Patrísticos,
BIBCISAO (Biblioteca y Centro de Investigación San Alonso de Orozco de la Orden
de San Agustín), Buenos Aires (Av. Nazca 3909), 4 de diciembre de 2009.
76 GERARDO GARCÍA HELDER

na elaboración dogmática. Pensador reconocido y obispo respetado, su


inmensa obra no se circunscribe a cuestiones de teología y mística sino
también a problemas y cuestiones de filosofía, jurisprudencia, ciencias
naturales, matemáticas, astronomía…
Como este prolífico autor habla sobre las mujeres en una gran va-
riedad de textos, usando diversos términos para referirse a ellas (los
sustantivos: femina, mulier, uirago, domina; o los adjetivos: coniux,
uxor, matrix, uirgo, sanctimonialis, castimonialis, uidua, concubina,
praelex, ministra, ancilla, famula, serua, mater, filia, soror, germana,
sponsa), creí conveniente circunscribir mi esbozo de investigación a
los comentarios que hizo a los relatos de la creación de la mujer y a su
“caída original” que aparecen en el libro del Génesis.
Después de su bautismo, Agustín realizó al menos cuatro intentos
de exégesis sistemática de las primeras páginas del Antiguo Testamento.
En el año 389 escribió el De Genesi contra Manichaeos (Comentario al
Génesis en réplica a los maniqueos); en el año 393 arremetió nuevamente
con su De Genesi ad litteram, imperfectus liber (Comentario literal al
Génesis, incompleto); en los tres últimos libros de su obra más famosa
–las Confesiones– escrita en torno del año 400, interrumpe la narración
autobiográfica y vuelve sobre este tema (aunque allí se limitó a interpre-
tar solo los primeros versículos del Génesis, y lo hizo en sentido alegóri-
co). Por fin, en el De Genesi ad litteram (Comentario literal al Génesis),
que es una de las obras de su madurez humana y teológica, explicó en
sentido “literal” los primeros 3 capítulos del Génesis, avanzando a veces
palabra por palabra.
Como en los comentarios al Génesis que aparecen como colofón de
las Confesiones no se llega a abordar el tema de la mujer, ya que sólo se
interpretan los primeros versículos del libro bíblico, aquí no aparecerá
ese escrito fundamental de la obra agustiniana. Es en los otros escritos
que mencioné donde, basándose y comentando los relatos míticos de la
creación, hace un trabajo de disquisición y apreciación de la mujer.
La objetivación de la mujer que realizó Agustín a partir de los
relatos del Génesis está fuertemente condicionada por, al menos, dos
elementos propios del paradigma científico de su tiempo: la descalifica-
ción del género literario “mito” y el desconocimiento de la diversidad
de tradiciones orales y escritas anteriores a la cristalización definitiva
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA 77

de los textos sagrados (elementos que hay que tener muy en cuenta a
la hora de interpretar para no sacar conclusiones diferentes a las que
los autores materiales de los textos intentaron comunicar) y la férrea
convicción de que el principio generativo de los seres humanos es una
prerrogativa exclusiva de los varones. Sin embargo, en algunos aspectos
de su discurso, que aquí intentaremos señalar, este padre de la cultura
occidental muestra su talento y genialidad, tomando distancia tanto del
pensamiento maniqueo como del neoplatónico –de los cuales en algún
momento participó– en su particular conceptualización y valoración de
la mujer.

BONDAD DE LA MUJER = CREATURA DE DIOS


Apenas un año, o tal vez menos, después de su bautismo, Agustín
redactó uno de sus primeros escritos polémicos contra sus antiguos co-
rreligionarios, los maniqueos (De Genesi contra Manichaeos). Agustín,
al que en ciertos aspectos se podría considerar un “dualista mitigado”, en
este tratado intentará revalorizar la doctrina del Antiguo Testamento, tan
denostado por los miembros de esa secta o herejía dualista que mezclaba
doctrinas gnósticas venidas de Persia con elementos judeocristianos,
oponiéndose a sus teorías y prácticas.
Para los maniqueos el cuerpo, el movimiento y la materia eran esen-
cialmente malos por provenir de Angra Mainyu, el “dios malo”. Manes,
apodado el “Apóstol de Babilonia”, sostenía que Adán y Eva (Gêhmurd
y Murdiyânag) no eran precisamente creaturas divinas sino el producto
de una relación carnal entre demonios. Estos primeros seres humanos
–como el resto de los seres, salvo Ahura Mazda, el “Señor Sabio”, y
Spenta Mainyu, el “dios bueno”– estaban compuestos dualmente por
elementos negativos (propios de la materia o de las tinieblas) combina-
dos con algunos componentes luminosos en diversas proporciones. Esta
mixtura fluctuaba continuamente y siempre se encontraba tendiendo a
la caída y a la degradación. Cada ser humano era considerado un mi-
crocosmos, resumen e ínfima migaja del segundo tiempo del combate
universal donde se entremezclaron, aunque no de forma armónica, la
luz y las tinieblas.
78 GERARDO GARCÍA HELDER

“Esta antropología funda una moral consecuente. El alma, ema-


nación del Bien, comete el pecado por su unión con el cuerpo, que por
su peso la inclina al mal. Siendo la concupiscencia la que la esclaviza
de manera especial. La inconsciencia es la condición del pecado. Por el
noûs, la gnosis descubre la manera de liberarse del cuerpo: abstención
de carne, sangre, vino, ayunos; abstención sexual; abstención de toda
promoción activa en la historia, que es el reino del mal. Esto produce de
inmediato la separación de los que cumplen las reglas morales a la letra,
los perfectos o puros, que tienden a vivir en comunidad conventual; y
los imperfectos que se salvan con la sola ayuda de los perfectos. Esta
moral estrictísima era cumplida con generosidad, ilimitada en renuncias,
que llegaban al límite de la condición corporal del hombre” (Dussel,
1974:126-127).
Contra la concepción maniquea de la maldad esencial de todo
hombre, y de la fémina de modo superlativo, Agustín dejó bien clara su
valoración positiva de la mujer al afirmar que cuando “ellos dicen, mejor
[sería] que [Dios] no la hubiera hecho; esto es lo mismo que decir, mejor
no hubiera hecho el bien, porque ella ciertamente es un bien, y tan gran
bien que el Apóstol dice: ella es la gloria del varón y todas las cosas son
la de Dios” (Gen. man. 2, 28, 42).
A diferencia de los platónicos, que entendían al ser humano como
un alma desterrada y encarcelada en una tumba (soma o sema) de carne
(sarx), los judeocristianos creían que el hombre era materia (la carne
o basar con su centro vital o nefesh) habitada por el espíritu o viento
(ruaj) divino: “El Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y
sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un
ser vivo” (Gén 2, 7). Alma encarnada versus carne animada por un es-
píritu proveniente del Espíritu divino. Dentro de esta tradición, Agustín
deja en claro que si bien la carne de la mujer fue sacada de la del varón,
su alma espiritual –que es lo que le permite ser un cuerpo humano– no
proviene de su congénere sino directamente de una nueva acción crea-
dora de Dios.
Y aunque la Biblia no lo diga expresamente, él lo infiere con su
peculiar lógica: “Al no decir [la Escritura] que el alma de la mujer fue
hecha del alma del hombre, se cree más conveniente que por ello quiso
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA 79

advertirnos que no juzgásemos otra cosa distinta de lo que sabíamos del


alma del hombre, es decir, que se le dio a la mujer del mismo modo que
al hombre; sobre todo teniendo en cuenta que se presentaba una ocasión
propicia para decirlo, si no en el momento de ser formada, a lo menos
después cuando dijo Adán: Esto ahora es carne de mi carne y hueso
de mis huesos. ¡Con cuánto cariño y amor dijera y alma de mi alma!”
(Gen. litt. 10, 1, 2).
Luis Nos Muro, gran conocedor y biógrafo del obispo de Hipona,
afirma que “si Agustín parece en ocasiones un antifeminista, nunca
llega a misoginia, como se puede decir de los filósofos que influyeron
en aquella sociedad, así como de las aberraciones sexuales de muchos
herejes cristianos a los que reprochó Agustín sus desvaríos […]. En con-
traposición de muchos expositores católicos de las Escrituras, contem-
poráneos o anteriores, Agustín no es partidario de que se adjudique al
varón la razón y los sentidos a la mujer, pues la mujer es la mejor ayuda
del varón” (Nos Muro, 2007:34-35).
Quien sigue afirmando que Agustín era un pesimista radical y un
enemigo acérrimo de la naturaleza humana tal vez no ha leído su Con-
tra Iulianum en donde el obispo de Hipona, en supuesto diálogo con el
Juliano, obispo pelagiano de Eclano, escribe: “«El Dios bueno –dices–,
creador de todas las cosas, en quien forma los miembros del cuerpo
humano». Es verdad; lo concedo. Continúas y añades: «El Hacedor de
los cuerpos los distinguió en el sexo para unirlos en la acción; la dife-
rencia de sexos es un medio para posibilitar la unión». Te concedo esto
también. «Si con los ingratos me concedes ser esto verdad, se sigue
–dices– que tantas cosas buenas: cuerpos, sexo y uniones, no pueden
producir frutos malos». También esto es verdad, pues el hombre es fruto
de todos esos bienes, y el hombre, considerado en sí mismo, es bueno.
Lo que de malo hay en él necesita ser curado por el Salvador, liberado
por el Redentor, lavado por las aguas del bautismo, desencadenado por
los exorcismos, rescatado por la sangre derramada para el perdón de los
pecados; y no es fruto de los cuerpos, del sexo, de las uniones, sino del
antiguo pecado original. Es como si yo dijese: «El fruto de la lascivia, de
la torpeza, del crimen, no puede ser bueno»; y tú me podías, con razón
replicar: «El hombre nacido de adulterio no es fruto de la lascivia, de
80 GERARDO GARCÍA HELDER

la torpeza, ni del crimen, de cuyos males el diablo es autor, sino de los


cuerpo, sexo y uniones, de cuyos bienes es Dios el autor». Lo mismo te
puedo decir con toda razón: «El mal de la concupiscencia con el que el
hombre viene a este mundo no es fruto de los cuerpo, del sexo, de las
uniones, que son bienes, cuyo autor es Dios; sino de aquel que inspiró al
primer hombre al pecado, es decir, el diablo»” (Iul. 3, 9, 18).

LUGAR DE LA MUJER EN EL ORDEN NATURAL


En el esencialismo agustiniano queda bien en claro que la mujer
“fue hecha para ayudar al varón […]; él es gobernado por la Sabiduría
y ella por el varón, […] el varón debe dirigir a la mujer y no permitirle
a ella que domine al varón, pues la casa donde eso sucede se pervierte
y es miserable; a semejanza de esto [la supremacía de la razón sobre el
alma, y del alma sobre el cuerpo] fue hecha la mujer, a la que el orden
de la creación pone bajo el dominio del varón, para que aquello que cla-
ramente aparece en los seres, es decir, en el varón y en la mujer, pueda
verse en un solo hombre” (Gen. man. 2, 11, 15).
Agustín llega a decir enfáticamente que la existencia de la mujer no
se explica si no es en orden a la procreación: “Si la mujer no fue creada
para ayudar al hombre en la generación de los hijos, ¿para qué ayuda
fue creada? Si fue para trabajar la tierra, aún no existía trabajo que
necesitase de ayuda, y si la hubiese necesitado mejor hubiera sido una
ayuda de varón. Eso mismo puede decirse del solaz, si tal vez la soledad
le apesadumbraba. ¿Pues cuánto más conveniente no es para convivir y
hablar la reunión de dos amigos que la compañía del hombre y la mujer?
Pero si convenía que vivieran el uno mandando y el otro obedeciendo
para que las voluntades contrarias no perturbasen la paz de los cohabi-
tantes, no hubiera faltado un orden para conservarla, teniendo en cuenta
que primero existió uno y después otro, y sobre todo si el último fuera
creado del primero, como lo fue la mujer. ¿O dirá alguno que Dios, si
quisiera, no hubiese podido hacer de la costilla del hombre un varón,
sino solamente una mujer? Por lo tanto no encuentro para qué ayuda del
hombre fue hecha la mujer, si prescindimos del motivo de dar a luz a los
hijos” (Gen. litt. 9, 5, 9).
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA 81

El adagio agustiniano “Serva ordinem et ordo servabit te” (conserva


el orden y el orden te conservará) también debe ser aplicado a las rela-
ciones entre los sexos si no se quiere infringir la ley natural y perjudicar
aun más el orden social. Este ordenamiento siempre es unidireccional-
mente jerárquico. Porque invariablemente se va de arriba a abajo, y
de mayor a menor. “Y porque con toda propiedad se llama a la cabeza
principio, por eso no dijo el Apóstol [Pablo] en aquella graduación que
la mujer fuera cabeza de alguno; mas del varón dijo que era la cabeza de
la mujer, y la cabeza del varón Cristo, y la cabeza de Cristo Dios, y así
la creatura se une al Creador” (Gen. litt. imp. 3, 6). Por eso mismo, para
el Doctor de Hipona, en el Paraíso terrenal, donde todo era bueno y todo
estaba ordenado según razón, “la primera unión del varón y la mujer era,
pues, casta y estaba acomodada por parte del varón para regir, por parte
de la mujer para obedecer” (Gen. man. 1, 19, 30).
Siempre es interesante descubrir las invisibilidades de los pensado-
res, aquellos aspectos que su condicionamiento cultural no les permitió
apreciar en modo alguno. Así, Agustín que en algunos pasajes identifica
a la mujer con el hombre (homo) y otras veces la muestra como algo
distinto (uir – uirago o uirgo), no puede ver que la mujer –de acuerdo a
otra lectura de los relatos del Génesis– sería la “coronación”, el “broche
de oro” de toda la creación.
Lamentablemente el hiponense no se detiene tanto en la primera
antropogonía bíblica (Gén 1) en donde la tradición Sacerdotal (P – siglo
V a. C.) describe como “Dios creó al hombre (‘adam) a su imagen; lo
creó a imagen de Dios, lo creó varón (ish) y mujer (issah)” (Gén 1, 27),
como la segunda (Gén 2) en la que la tradición Yahvista (J – siglo X a.
C.) se concentra en el tema de la complementariedad entre los sexos
y la relativa dependencia y subordinación de uno, el “débil”, sobre el
otro. Como su paradigma no le permite descubrir diversas tradiciones
subyacentes en texto sagrado, entiende que Moisés, su supuesto autor
material, vuelve sobre lo antes que relató “como al pasar” para dar más
detalles de lo ocurrido en ese sexto y último día laboral de la semana
fundacional del universo.
Por tanto, hay que reconocer que para san Agustín, existe una dife-
rencia estructural entre el varón y la mujer, diferencia que encuentra en
82 GERARDO GARCÍA HELDER

los relatos del Génesis leídos como si fueran una historia y no un mito:
“Y llamó el varón a su mujer como llama el que es superior al inferior,
diciendo: esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Tal vez dijo
hueso de mis huesos dando a entender la fortaleza y carne de mi carne
indicando la templanza ya que se demuestra que estas dos virtudes
pertenecen a la parte inferior del alma a la cual gobierna la prudencia
racional. De lo que se dijo: y ésta se llamará mujer porque ha sido to-
mada del varón, no se deduce claramente en la lengua latina el origen y
la interpretación del nombre, pues no se ve que exista semejanza entre
las palabras mujer y varón, mas en la lengua hebrea se dice que suena
de tal modo como si dijéramos ésta se llamará «varona», porque fue to-
mada del varón. En latín, «uirago o uirgo», varona o virgen, tiene cierta
semejanza con el nombre de varón, «uir»; mas el de mujer, «mulier»,
no la tiene, pero esto, como dije, lo achacaremos a la diversidad de los
sonidos que tienen las diversas lenguas” (Gen. man. 2, 13, 18).

LA MUJER EN EL DESORDEN ORIGINAL Y SU REORDENAMIENTO


“La distinción clásica entre el logos (la razón) y el alogon (lo irracio-
nal) adquirió una importancia extraordinaria. Para la filosofía estoica, lo
fundamental consistía en vivir de acuerdo con las exigencias de la razón
humana, mientras que el placer y los deseos corporales eran los enemi-
gos básicos de ese ideal. La virtud aparecía como una lucha constante
para evitar todo tipo de placeres. Su moral se centraba en un esfuerzo
heroico y continuado para eliminar las pasiones y liberar al hombre de
las fuerzas anárquicas e instintivas, hasta conducirlo a una apatía (fal-
ta de pasión) lo más completa y absoluta posible. Lo más opuesto a la
dignidad humana era el obnubilamiento de la razón que se opera en el
placer sexual. Esta lucidez intelectual se mantenía como norma suprema
por otras corrientes de pensamiento. Por eso el acto matrimonial, donde
la persona renuncia precisamente a esta primacía de la razón, es algo
indigno y animalesco” (López Azpitarte, 2001:26).
Para san Agustín, el pecado no es otra cosa que infringir el orden
natural, es “aduersio a Deo et conuersio ad creaturas” (rechazo del Crea-
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA 83

dor para volverse a las creaturas). El mito genésico de la caída original1


muestra a Eva dejándose seducir por la serpiente2 y a Adán dejándose
arrastrar por la mujer “como si para eso le hubiera sido dada, y no más
bien para que ella estuviera sometida al varón y ambos a Dios” (Gen.
litt. 11, 35, 47). Uno es el camino del orden: todo lo creado sometido a
los humanos, la mujer sometida al varón y éste a Dios, su creador, y lo
contrario será siempre un desorden; por eso para Agustín, así como “el
precepto, emanado del Señor, llegó por el varón a la mujer, […] el pe-
cado, saliendo del demonio, pasó por la mujer llegando hasta el varón”
(Gen. litt. 11, 34, 45).
Esto también tiene una lógica, para el lógico Agustín3, que inter-
preta literalmente el texto del Génesis, como si fuera el registro de un
acontecimiento fáctico: “Las palabras de la Escritura son estas: Y mandó
el Señor Dios a Adán, diciendo; no dijo y les mandó, y prosigue: De
todo árbol que está en el paraíso comerás alimento, no dijo comeréis;
y continúa: Del árbol del conocimiento del bien y del mal no comeréis
de él. Ahora sí, como dirigiéndose a los dos habla en plural y termina el
precepto en plural diciendo: En el día que comiereis de él moriréis con

1
San Agustín es el creador de la denominación “pecado original”, no de la
teoría de una falta humana en los albores de la humanidad que era llamada “pecado
natural”.
2
Interesante es notar cómo Agustín explica la locución de la serpiente: “Aquel
que tiene la suprema potestad sobre todas las cosas que creó por medio de los ángeles
santos, los cuales se mofan del diablo, no permitió a éste, cuya malevolencia se con-
vierte en bien para la Iglesia de Dios, tentar a la mujer sino por medio de la serpiente,
y al varón por la mujer. Habló por la serpiente, usando de ella como de órgano y
moviendo su naturaleza, de la manera que él puede moverla y ella ser movida, para
formar el sonido de las palabras y los movimientos corporales mediante los cuales
entendiera la mujer la voluntad del tentador. No habló el demonio en la misma mujer,
siendo como era criatura racional, que podía usar de su propia facultad para confec-
cionar las palabras. Todo su trabajo consistió en sugerirla y persuadirla, valiéndose
interiormente de la oculta influencia que él había obrado exteriormente mediante la
serpiente” (Gen. litt. 11, 27, 34).
3
Así razona Agustín: “[El demonio] engaña mediante la mujer, pues no puede
nuestra razón ser arrastrada al consentimiento del pecado si no es cuando la decla-
ración fuere impulsada hacia aquella parte del alma, la que debe obedecer a la razón
como a varón que rige” (Gen. man. 2, 14, 20).
84 GERARDO GARCÍA HELDER

muerte. ¿O es que sabiendo Dios que había de hacer para el hombre una
mujer le mandó ordenadísimamente, de suerte que el precepto del Señor
llegase por medio del varón a la mujer? Esta norma observa en la Iglesia
el Apóstol al decir: si algo quieren las mujeres aprender, pregunten en
la casa a sus maridos (1 Cor 14, 35)” (Gen. litt. 8, 17, 36).
Para Agustín, como para muchos Santos Padres anteriores a él, el
origen del mal no hay que buscarlo en la materia sino en la inversión
del orden natural. Por eso cambiará magistralmente la denominación de
“pecado natural”, en boga entre los teólogos de su época, por “pecado
original”, para mostrar que la falta no se debe a los componentes natu-
rales del ser humano, que son buenos por proceder de Dios, sino a un
mal uso de su libertad. En realidad, para él, el mal es solo carencia de
bien o mal uso de algo bueno.
Para la concepción cristiana, después del pecado original la natura-
leza del hombre quedó herida (los luteranos y otros reformados llegan a
decir “corrompida”) y necesitada de nuevos medios y andamiajes para
no sucumbir en la ruina total. Después de transgredir la ley de Dios, el
ser humano se encontró debilitado y comenzó a tener en sus miembros
una ley opuesta a su espíritu. Desde entonces no tiene la misma posi-
bilidad de controlar el ímpetu de la sexualidad que el movimiento de
sus ojos, labios, lengua, manos, pies y otras partes de su cuerpo (nupt.
et conc. 1, 6, 7), que se someten con más docilidad a su voluntad. Su
naturaleza se encuentra desquiciada, “a su capricho contra el señorío de
la razón” (pecc. mer. 2, 22, 36). La concupiscencia, que no debe identi-
ficarse con el pecado original, ha sido causada por él, es mala e inclina
a la maldad.
Como después del pecado, el ser humano necesita de una asistencia
especial de Dios para mantenerse en su servicio sometiendo su libre
albedrío a la razón, Agustín muestra al creador ofreciendo de inme-
diato una ayuda a la pareja caída, prometiendo que el orden original
sería finalmente restaurado cuando uno del linaje de la mujer aplastara
definitivamente la cabeza del tentador. Agustín interpreta entonces la
última parte de la sentencia bíblica de Génesis 3, 16, como si fuera no
tanto un castigo a la mujer por su mala acción cuanto una invitación a
volver a su posición de subalterna y a dejarse dominar de acurdo a lo
establecido en el orden natural. Castigo del pecado serían la muerte,
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA 85

el dolor y la concupiscencia; lo otro sería instruir a la mujer sobre su


naturaleza en vista de que tal vez su marido no supo o no tuvo tiempo
suficiente de educarla. Así lo dice Agustín: “Lo que se dijo: Hacia tu
varón te dirigirás y él tendrá dominio sobre ti, se ha de investigar de qué
modo puede tomarse en sentido literal; porque no se nos permite creer
que antes del pecado fue hecha la mujer en otra condición, sino para ser
dominada por el hombre y para que sirviéndole estuviera sometida a él.
Mas esta servidumbre puede estar significada en estas palabras, la cual
procede más bien de la naturaleza que de un acto de amor; y la otra tal
servidumbre por la que después de la culpa comenzaron a ser siervos los
hombres de los hombres, traiga su origen de la pena del pecado. Pues el
Apóstol dijo: Servíos mutuamente en caridad, mas no dijo dominaos los
unos a los otros. Pueden, sin duda, los esposos servirse mutuamente por
la caridad, pero el Apóstol no permite a la mujer que domine al varón.
La sentencia de Dios más bien se dio en provecho del varón, y, por lo
tanto, el marido mereció dominar a la mujer no en virtud de la natura-
leza, sino de la culpa, lo cual si no se observa se depravará todavía más
la naturaleza y aumentará la culpa” (Gen. litt. 10, 1, 1).
Después del pecado original no habría, entonces, según nuestro
autor un cambio en la ubicación natural de la fémina; pero sí un reforza-
miento de la sentencia natural a causa del debilitamiento de su voluntad
ordenada al servicio del varón. Éste ahora deberá tener la “caridad” de
ejercer un dominio más severo para que ella no caiga nuevamente en
la tentación de dominarlo y someterlo a sus caprichos, depravándose
ambos aún más.

LIMITACIONES, PASIVIDAD Y DEBILIDAD FEMENINAS


San Agustín está lejos de la ciencia moderna que asegura que el
principio generativo se comparte en partes iguales por el varón y por la
mujer. Su idea de la reproducción humana tiene más que ver con nues-
tra actual botánica que con la zoología. Para él la verdadera ayuda que
brinda la mujer al varón es solo en orden a la propagación de la especia.
Así lo dice: “si se pregunta para qué haya convenido hacerse esta ayuda
[la mujer], probablemente ninguna otra cosa encontramos, a no ser la
86 GERARDO GARCÍA HELDER

generación de los hijos, así como la tierra es una ayuda para la semilla,
puesto que de una y otra nacen las plantas. Efectivamente, esto se decía
en la primera creación de los seres, varón y mujer los hizo Dios y los
bendijo diciendo: creced y multiplicaos, y llenad la tierra y dominadla.
Este motivo de la creación y de la unidad del hombre y la mujer y la
bendición no desapareció después del pecado y castigo del hombre. Ella
es la que en la actualidad conserva la tierra poblada de hombres que la
dominan” (Gen. litt. 9, 3, 5).
Agustín es en esto taxativo y las citas al respecto son abundantes.
Unas como muestra: “Si se me pregunta para qué ayuda del hombre fue
hecho aquel [otro] sexo, considerando todas las cosas con la mayor dili-
gencia que puedo, no se me ocurre otro motivo, sino para que la tierra se
llenara por la estirpe de ellos” (Gen. litt. 9, 11, 19) y “¿por qué otra cosa,
según esto, se buscó una ayuda [para el hombre] en el sexo femenino,
sino para que sembrando el género humano en la naturaleza de la mujer,
ésta siendo como la fecundidad de la tierra ayudara al nacimiento de los
hombres?” (Gen. litt. 9, 10, 15).
Y de esa identificación reductora “mujer = madre” sacará conse-
cuencias tan extremas como la justificación de la poligamia de los Pa-
triarcas. Casi podría decirse que para Agustín, al menos en este caso, el
fin (la progenie) justificaría los medio (el tipo de contrato social). Expo-
niendo los principios doctrinales cristianos, no duda en afirmar que “la
causa de la necesidad de sucesión hacía inculpable la costumbre de que
un hombre pudiera tener muchas mujeres a la vez; por la misma razón
no se tenía por honesto el que una mujer pudiera tener muchos maridos.
Como la mujer no es más fecunda por tener muchos maridos, por eso
más bien es torpeza de ramera buscar ganancia o hijos públicamente.
La Sagrada Escritura no culpa lo que en este linaje de costumbres ha-
cían los santos de aquel tiempo sin liviandad, aunque eran cosas que no
pueden hacerse ahora sino por liviandad” (doctr. chr. 3, 12, 20). Y así, al
tiempo que como exégeta justifica a los justos del Antiguo Testamento,
como prudente Pastor ataja la posibilidad de que sus feligreses se sientan
tentados de imitar a los santos Patriarcas.
Y siguiendo con esta lógica del sexo subordinado a la procreación
dirá que “si conforme a aquel tiempo pudo alguno usar castamente de
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA 87

muchas mujeres, ahora puede otro usar libidinosamente de una. Yo


apruebo mejor al que usa de la fecundidad de muchas por otro fin, que
al que usa de la carne de una con liviandad. Allí se buscaba lo más útil
conforme a las circunstancias de los tiempos, aquí se busca únicamente
saciar la concupiscencia enredada en los deleites temporales. También
están en grado inferior para con Dios aquellos a quienes por condescen-
dencia, permite el Apóstol el acto carnal con su propia mujer a causa
de su intemperancia que los que teniendo muchas no intentaban en el
comercio carnal otra cosa que la procreación de los hijos, a la manera en
la que el sabio no busca en la comida y la bebida sino la salud corporal”
(doctr. chr. 3, 18, 27).
Para Plotino, el cuerpo humano no era más que un instrumento
respecto del alma (corpus enim non pars hominis, seu instrumentum), y
debía estar sometido a ella como la herramienta al artesano. Análoga-
mente, parece que entiende Agustín la relación entre el varón y la mujer.
Así como el alma es el principio activo y el cuerpo es un instrumentum
pasivo, que sin aquella no puede sino corromperse, así la mujer es esen-
cialmente un ser pasivo destinado a recibir la simiente del varón y a
depender de él para su desarrollo e instrucción.
Al explicar el relato bíblico de la caída, que por supuesto él no
considera un mito, Agustín justifica el que el tentador se haya dirigido
a la mujer y, sólo por medio de ella como de interposita persona, a su
compañero. Según él, “se dirigió primero el demonio a la mujer, que
tenía menos inteligencia y tal vez vivía aún según el sentido de la car-
ne, y no conforme al del espíritu de su mente (…). No quiero decir por
esto que la mente de la mujer no pudiera recibir la misma imagen que
el varón, cuando el mismo Apóstol [Pablo] nos indica que en la gracia
no hay hombre ni mujer, sino que quizá la mujer no había recibido aún
todo lo que se necesita para llegar al conocimiento pleno de Dios, lo que
recibiría poco a poco por medio del varón que la regía” (Gen. litt. 11, 42,
58). La mujer, entonces, no es menos capaz que el varón y no hay que
achacar su caída a una natural perfidia sino a simple ignorancia…; ella
no tuvo la gracia de aquel “sueño profundo” que Yahveh hizo caer sobre
el varón, y por medio del cual este pudo abismarse en el más allá, ni el
88 GERARDO GARCÍA HELDER

privilegio de que Dios le dirigiera la palabra como a Adán, y al parecer


su compañero y maestro no tuvo el tiempo suficiente para instruirla…
Para Agustín la mujer es sin duda el sexo débil, y necesita aprender
del varón (uir) e imitarlo para llegar a ser fuerte y virtuosa; pero el varón
es el sexo debilitado ya que la existencia de la mujer ocasionó un debili-
tamiento del varón. Así lo afirma al decir que “el que la mujer fuera he-
cha, como lo fue, del costado de Adán además estando dormido, a fin de
que así ella fuera más fuerte, puesto que estaba como consolidada por el
hueso de él, viniendo a ser él débil por causa de ella, ya que en el sitio de
la costilla no fue colocada otra costilla, sino un trozo de carne…” (Gen.
litt. 9, 18, 34). Este debilitamiento del varón a causa de la presencia de
su compañera se pondrá también de manifiesto en la caída original ya
que, según Agustín, “Adán, después que, engañada la mujer, comió del
árbol prohibido y le dio a él para que comiera, no quiso contristar a la
que creía pudiera entristecer sin su consuelo, si de ella apartase su afecto
y pereciera por esta discordia. No lo hizo vencido por la concupiscencia
de la carne, la que todavía no sentía oponerse en sus miembros a la ley
de la mente, sino por un mal entendido sentimiento de amistad, por el
que muchas veces se deja llevar uno, ofendiendo a Dios por no hacerse
enemigo de un amigo” (Gen. litt. 11, 42, 59).

CONCLUSIÓN
San Agustín de Hipona ha sido acusado muchas veces de misógino
y antifeminista y en realidad algunas de sus expresiones, si fueran dichas
por un pensador actual, podrían justificar esos calificativos. Pero Agus-
tín vivió en la bisagra de los siglos IV y V y fue hijo de su tiempo en
muchos aspectos. No obstante, y a pesar de ser un heredero respetuoso
del saber adquirido y transmitido por griegos, latinos y judíos, muchas
veces tomó distancia de los pensadores considerados “autoridades” en el
mundo antiguo y defendió la bondad esencial de la mujer por el simple
hecho de ser creatura de Dios.
Incluso al explicar el relato del pecado original, consecuencia de un
desorden y causa de todos los demás desórdenes, parece paliar el grado
de responsabilidad de la mujer que fue engañada a causa de su falta de
LA OBJETIVACIÓN DE LA MUJER EN ALGUNOS ESCRITOS DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA 89

inteligencia, entendiendo esta falta no como una carencia estructural y


propia del sexo débil, sino como algo reprochable en última instancia al
varón, que no cumplió con su cometido educativo. En la sentencia divina
que la conmina a permanecer sometida a su marido, Agustín pareciera
interpretar, más que un castigo, una reorientación o reordenamiento del
paciente Creador para evitar que ella caiga aún más en el error.
Una relectura de los textos agustinianos, señalando sus invisibi-
lidades y condicionamientos culturales, podría excusarlo de algunas
imputaciones que se le hacen y aportaría nuevos datos para repensar su
responsabilidad en la conceptualización y valoración de la mujer, tanto
en el pensamiento cristiano y como en la sociedad occidental.

BIBLIOGRAFÍA
DUSSEL, E. (1974). El dualismo en la antropología de la cristiandad. Buenos
Aires. Guadalupe.
LÓPEZ AZPITARTE, E. (2001). Simbolismo de la sexualidad humana. Criterios
para una ética sexual. Santander. Sal Terrae.
NOS MURO, L. (2007). Agustín de Hipona, ni ángel ni demonio: hombre. Bue-
nos Aires. Religión y Cultura /A.MI.CO.
EL SIGNO ESCRITURAL EN SAN AGUSTÍN∗

Valentín Cricco
Universidad de Morón
Buenos Aires

Resumen
El desarrollo espiritual de la conversión de san Agustín a la fe cristiana
ha merecido múltiples interpretaciones desde variadas perspectivas, ya sea
teológicas, filosóficas o psicológicas cuyas motivaciones se reconocen ya sea
en el misterio de la gracia como dimensión sacramental, o en el retorno a
sí misma del alma en su transformación en lo “Uno”, al modo neoplatónico
que Agustín tenía presente por sus lecturas de Plotino, o bien por factores
psicológicos desde una conversión interior hacia el nuevo objeto del deseo. El
camino y las imágenes de la conversión, que Agustín describe en el Libro VIII
de Confessiones y que pueden servir de fundamento al diálogo De magistro,
refieren la experiencia personal e íntima de las tres etapas de la función psíqui-
ca del convertere con sus momentos de la dispersión, de la crisis intermedia
y del retorno a la unidad del alma o, como él las nombra, desde la aversio, a
través de la peruersio hasta resolverse en la reuersio1.

Este complejo proceso implica una triple relación, en primer térmi-


no entre conversión y confesión mediadas por la escritura agustiniana,
luego entre diferencia e identidad en el diálogo con el Otro por media-
ción de los textos bíblicos como “originarios” y finalmente, entre el giro
espacio-temporal de la escritura como “espaciamiento” desde el sentido
designativo del objeto hasta su significación en acto que, como veremos

*
Ponencia leída en el marco de las Primeras Jornadas de Estudios Patrísticos,
BIBCISAO (Biblioteca y Centro de Investigación San Alonso de Orozco de la Orden
de San Agustín), Buenos Aires (Av. Nazca 3909), 4 de diciembre de 2009.
1
“Uiuit apud te semper bonum nostrum, et quia inde auersi sumus, peruersi
sumus. Reuertamur iam, Domine, ut non auertamur…” (conf. 4, 16, 31)
92 VALENTÍN CRICCO

en el relato de Confessiones, esta estructura triádica se complementa y


articula como texto.
En la coyuntura discursiva de estas figuras se advierte la construc-
ción de un triple campo o estatuto textual, el de la experiencia religiosa
vivida por Agustín, como punto de partida, el de la inserción luego,
en ese espacio, de pasajes bíblicos en cuya “huella” se reconoce como
imagen interpretante y, a la vez, interpretada y, por último, el de la sig-
nificación, desdoblada y ambivalente, desde su interioridad por efecto de
la escritura. El planteo deriva, en consecuencia, en la constitución del
relato confesional escrito como condicionante instrumental necesario
de la conversión, sin el cual ésta no hubiera podido cumplirse.
La convergencia e inserción en el mismo espacio discursivo de la
confessio autobiográfica y de pasajes bíblicos como figuras del yo con-
forma, en la simultaneidad de su presente textual, la tensión ambivalente
entre el signo y su sentido en que se juega el problema de la significación
en Agustín. En este caso son ilustrativos los pasajes de Confessiones
como actos de simultánea lecto-escritura de un texto bíblico y su im-
bricación confesional e imaginaria en su propia experiencia existencial:
“Ahora bien, si yo fui concebido en iniquidad y me alimentó en pecados
mi madre en su seno (Salmo 50, 7), ¿dónde, te suplico, Dios mío; dónde,
Señor, yo, tu siervo, dónde o cuándo fui yo inocente?” (conf. 1, 7, 12).
En las ediciones más cuidadas filológicamente vemos que el pasaje
bíblico inserto en el texto se reproduce en cursiva para contrastar grá-
ficamente con la narración del autor, citando la fuente al pié de página,
condición imprescindible para la comprensión de este destacado efecto
de escritura agustiniano.
Este modelo, constante en Confessiones, funciona como una flexión
o pliegue, en la conciencia de Agustín, del enunciado bíblico sobre el
relato de su propia vida, configurando un significado intra-textual origi-
nario que contracta lo testimonial y lo teológico y preanuncia similares
escrituras en la modernidad como, por ejemplo, las Confesiones de
Jakob Böhme y el Diario de un seductor de Sören Kierkegaard.
En este espacio textual, desdoblado y ambivalente, se redefine,
asimismo, el sujeto agustiniano, también doble, que se trasciende como
sujeto de la interpretación de su propio texto bíblico-existencial y como
EL SIGNO ESCRITURAL EN SAN AGUSTÍN 93

sujeto de la interlocución, unificando, en el presente anacrónico del


texto, con nosotros sus lectores, el tiempo de la escritura y el tiempo de
la lectura.
“¿Acaso percibían los hombres –escribe en un sugerente pasaje–,
acaso percibían los hombres todo el tumulto de mi alma para declarar el
cual no bastaban ni el tiempo ni la palabra? Sin embargo, hacia tus oídos
se encaminaban todos los rugidos de los gemidos de mi corazón y ante
ti estaba mi deseo (Salmo 37, 9), pero no estaba contigo la lumbre de mis
ojos, porque ella estaba dentro y no fuera” (conf. 7, 7, 11).
El cambio de voces desde el afuera hacia el adentro –del versículo
del salmo al de la escritura agustiniana– señala, en este fragmento la
inflexión, en un espacio absoluto, de intensidades en dirección hacia un
centro integrado, al mismo tiempo divino y humano, que absorbe y re-
suelve las disonancias de “aquellos rugidos y gemidos” en un armónico
interior del alma, empleando una metáfora musical cara a Agustín.
Ese centro tiene su convergencia en otro lugar, en un sentido fuga-
do, en una especie de no-lugar, un nusquam locus dice, donde “no hay
absolutamente lugar”, extendiendo el interpretante del signo hasta el
infinito, en que lo sagrado y lo humano se desplazan y sustituyen en una
significación abierta. No hay simetrías ni planos dominantes, sino una
disparidad entre signo y significado absorbida por la intrínseca ambigüe-
dad del lenguaje. Es en este intersticio en que la propia escritura habrá
de señalar, en reflejo, en efecto exclusivo del para-sí, la intencionalidad
de la con-uersio2.
Pero, al mismo tiempo, esta doble articulación de dos grafías, la
bíblica y la confesional agustiniana manifiesta el contenido latente de
un Otro del signo y de su marca instituida en una escritura generativa de
recíproca inherencia entre sentido y sujeto, entre lenguaje y conducta: id
ago factis et dictis, –escribe– “yo hago esto con palabras y con hechos”.

2
“Pues el Para-sí tiene la existencia de una apariencia acoplada con el testigo
de un reflejo que remite a un reflejante, sin que haya objeto alguno de que el reflejo
sea reflejo. El Para-sí no tiene ser, porque su ser es siempre a distancia…” (Sartre,
1966:178).
94 VALENTÍN CRICCO

Palabra, sentido y sujeto de la acción se fusionan ontológicamente. ¿La


conversión, entonces, como efecto de la lecto-escritura? Lo confirma el
mismo Agustín al relatar el preciso momento de su conversión cuando,
desde un huerto vecino, oye “una voz como de niño o niña, que decía
cantando y repetía muchas veces: “Toma y lee, toma y lee” (conf. 7, 12,
29), que él relata en su escrito coram alios, ante los demás.
La simultaneidad de lectura-escritura genera una conexión sintética
inmediata que es la interpretación en el momento de la redacción como
objeto de la conciencia, avisorado intencionalmente y manifestado en
el escrito en cuya imagen el redactor Agustín se refleja especularmente
para trascenderse en la doble dirección del confesarse para convertirse,
en que la conversión se instruye pública y simbólicamente en la confe-
sión escrita. La escritura agustiniana es el interpretante que lo explica
y nos implica, finalmente, en la escena imaginaria del espacio bíblico
y confesional que compone. En ella se refleja y nos reflejamos, en ese
espejo convexo y bifocal de su texto que nos interpela para justificarse
ante la justicia divina y humana. Su imagen en permanente tensión sobre
sí, se desdobla, como decía Jacques Lacan y que él podría repetir: “Yo
no estoy allí donde yo hablo y yo no hablo allí donde yo estoy”. Pero
Agustín lo dice más directamente: “¿Acaso entonces, Señor Dios mío,
yo no soy yo?” (conf. 10, 30, 41).
En este sentido escribir sobre el texto bíblico el presente de la escri-
tura significa literalmente duplicar el texto sagrado como continuidad en
un presente que lo explica pero, al mismo tiempo, lo convalida en lo de
que letra muerta tiene: sin duda que aquí está latente Lutero para apre-
hender el sentido en la individualidad de la experiencia. Sin embargo,
el intento denodado de Agustín es encontrar el punto de convergencia
entre el Signo y la Cosa: entre el signum y la res. Esta perspectiva la
desarrolla en su tratado De doctrina christiana, en que expone los pre-
supuestos hermenéuticos de la significación, a partir de la correspon-
dencia de la palabra-signo con los objetos reales que adquiere un valor
sacramental.
Se define, así, la imagen agustiniana del lenguaje no sólo como
designación de lo real sino, en un sentido más fuerte, en que la cosa
significada misma actúa como signo; el pan y el vino, por ejemplo.
EL SIGNO ESCRITURAL EN SAN AGUSTÍN 95

Es bajo este aspecto que se manifiesta la bifocalidad textual de lo


teológico y lo confesional en el interior de la estructura proposicional
de Confessiones, y es allí donde estalla la tensión y el conflicto de los
significaciones que exigen un nuevo interpretante.
Hay un pasaje tremendo de ese texto en que le dice a Dios: “Si
entonces fuera yo Moisés –ya que venimos todos de la misma masa, y
¿qué es el hombre sino lo que tú acuerdas que sea? (Salmo 8, 5) –, y me
hubieras encomendado escribir el libro del Génesis y de tal manera de
disponer mis palabras, haría que aquellos que todavía no pueden com-
prender cómo Dios creó al mundo, lo entenderían porque no rehusarían
mis palabras como superiores a su comprensión” (conf. 12, 26, 36).
Este es el nudo del presente enfoque: la potencia de la escritura que
es, al mismo tiempo, interlocución, como generadora de significado, que
pone en cuestión al modelo hermenéutico tradicional de la presuposición
de un sentido previo.
La función de Agustín es, entonces, la producción de un nuevo
significante –que será su escritura– en tanto que reflejo especular de la
experiencia vivida por él sobre el sentido anagógico del texto bíblico a
ella yuxtapuesto. Caso similar sucede en La consolación de la filosofía
de Boecio quien, encarcelado y enfermo busca consuelo dialogando con
la Filosofía, personificación de la sabiduría humana, en una especie de
diálogo interior semejante a los Soliloquia de Agustín.
Ambos casos remiten a un Otro tras la escritura en que los textos
bíblicos o la “voz” de la Filosofía, entrelazados con el discurso de sus
autores, abren un espacio “originario” en que éstos definen su situación
(e identidad) desde la “alteridad” de su relación al texto. De esta ma-
nera, sus escrituras se convierten en espacios de interlocución con los
lectores en el pasado-presente de la lecto-escritura, como alteridad de
la huella originaria que retiene lo otro del signo, en que se encuentran y
se reconoce, también, Agustín (Gen. litt. 13, 8; ver también la definición
de signo en doctr. chr. 2, 2, 1).
En este contexto, la escritura es el acto del sujeto, construcción de
una interpelación radical en cuanto síntoma manifiesto en la confesión.
El paradigma de la significación apela a lo “bíblico” en Agustín y a
96 VALENTÍN CRICCO

la “Filosofía” en Boecio desde textos que devienen diferenciados y, al


mismo tiempo, integrados al sentido de la huella originaria, en que el
“yo” de la enunciación presente se confunde con el “yo” del enunciado
remoto3.
¿Cómo, entonces, escribir esa diferencia?
Es el punto en que la bifocalidad de lo teológico y lo confesional
instruye un sujeto ambivalente para la invención de una nueva escritura,
y que lo define desde su plegamiento, a la que podemos designar como
la “escritura agustiniana” en sentido propio.
La imagen y la figura, bíblica o filosófica, en ambos casos, devienen
mediadoras para salvar esa discrepancia, pero está la borradura de la
figura, en ese no-lugar en que también la imagen se perdió por el olvi-
do de la falta original que, a pesar de todo, como dice Agustín, retiene
una memoria profunda que es necesario recuperar: memoria retinetur
obliuio.
Para superar esta a-simetría y disparidad entre significante y signi-
ficado que todo signo conlleva es necesario entender el pasaje que hace
Agustín en De doctrina christiana del problema del sentido al problema
de la significación en la interpretación de los textos bíblicos. Este paso
se da en la articulación que es clave entre el modus inueniendi quae inte-
lligenda sunt y el modus intelligendi quae intellecta sunt, es decir, en el
cruce de los dos momentos: de la invención del sentido a ser entendido
a la significación expresada en tanto que entendida.
San Agustín entiende, y en Confessiones lo muestra, que este pasaje
es posible por el ejercicio conjunto de la lectura bíblica y la escritura
confesional, en que el gerundio gramatical latino reabsorbe la diferencia,
en una significación contracta, entre la invención del sentido y la expre-
sión comunicada de lo entendido y generar un nuevo texto.

3
“Por otra parte, si la huella remite a un pasado absoluto es porque nos obliga a
pensar un pasado que sólo puede comprenderse en la forma de la presencia modifica-
da, como un presente-pasado” (Derrida, 1978:86).
EL SIGNO ESCRITURAL EN SAN AGUSTÍN 97

“Confiese, pues, lo que sé de mí; confiese también lo que de mí


ignoro; porque lo que sé de mí lo sé porque tú me iluminas, y lo que
de mí ignoro no lo sabré hasta tanto que mis tinieblas se conviertan en
mediodía en tu presencia (Is 58, 10) …, por esta mi confesión y delante
de muchos testigos por este mi escrito” (conf. 10, 5, 7). Su lectura exige,
por lo tanto, un nuevo interpretante para la comprensión de la intencio-
nalidad anfibológica de la escritura agustiniana, que comporta nuevas
exigencias de interpretación.
¿Cómo comprender, entonces, una escritura que pone en abismo la
cuestión del sujeto? Agustín, como lector bíblico y escritor confesional,
se actualiza como sujeto relativo al texto sagrado y, al mismo tiempo,
como sujeto de interlocución en su confiteor. Su escritura plantea, al
mismo tiempo, un cambio de paradigma de lectura a través de la dife-
rencia, en sentido deleuziano, que el texto introduce, en el doble sentido
de “diferencial” y de “diferido”4.
Entonces, el texto bíblico no es ya figura o imagen prefijada de un
sentido a develar, sino reflejo ambivalente y bifocal de la interioridad
del “yo”. En el psiquismo puro del interior animae, el “yo” agustiniano
descubre, en el diferimiento del intelligendum “lo que va a ser enten-
dido”, es decir, la diferencia contractada en la escritura reticular de su
confessio.
Es el acto de contrición, en consecuencia, el que absorbe la diferen-
cia entre el signo y el significado, entre lo teológico y lo testimonial e
inaugura esa presencia así como autognosis trascendental en la que el
alma agustiniana encuentra su verdad. Ésta se ve reflejada en los dos as-
pectos que el texto condensa: la intención y la interlocución en el mismo
acto enunciativo que genera, en cada presente, una nueva significación
ut intellecta, “en tanto entendida”.

4
“L’actualisation, la différenciation, en ce sens, est toujours une véritable créa-
tion… S’actualiser, pour un potentiel ou un virtual, c’est toujours créer les lignes
divergentes qui correspondent sans ressemblance á la multiplicité virtuelle” (Deleuze,
1993:273-274).
98 VALENTÍN CRICCO

Esta doble acepción de la diferencia Agustín la comprende en su


concepto de signo en cuanto “cosa que, más allá de su representación
sensible, hace pensar en algo distinto”, un aliud aliquid diferencial y
en continuo aplazamiento y “puesta en vacío” de la significación como
potencia del diferimiento.5
Es en este sentido que la diferencia manifiesta una intencionalidad
originaria subyacente que es la potencia del lenguaje. Aparece, enton-
ces, la exégesis de la lecto-escritura que habrá de llevar a una memoria
profunda y a la conciencia de sí del sujeto lector agustiniano de com-
prenderse ante el texto según la perspectiva de Paul Ricoeur en que el
texto constituye un descubrimiento de sí por el lector.6
La inteligibilidad de estos diferentes planos se alcanzaría, finalmente
en Agustín, en una visión trinitaria: del texto bíblico como remisión al
origen, de la escritura como inteligencia del signo y de la interlocución
confesional como intentio animi.
Se constituye, de esta manera, un sujeto diversificado por la bifo-
calidad del texto que debe reconstruirse en la síntesis inteligible de su
presente, como refiere en conf. 12, 13, 16, pues conocer, dice, es cono-
cer simultáneamente: intellectus est nosse simul. Es esta implosión del
tiempo agustiniano la que aniquila la duración temporal del sujeto en
el instante fugado del ahora-ya-sido-del-presente. Los textos bíblico y
confesional se funden en la alteridad indicial del signo como ilumina-
ción y visión sin mediaciones, pero es la escritura en el presente de su
acto que excava, en la diferencia, la intencionalidad del yo que se podría
definir, mediante un oxímoron, como fenomenología del inconsciente
manifiesta en su texto, sin duda ya simultáneamente, sagrado y profano.
Se da, entonces como escribe Emmanuel Levinas, “un despliegue posi-

5
“La significación sólo se forma, así, en el hueco de la diferencia: de la discon-
tinuidad y de la discreción, de la desviación y de la reserva de lo que no aparece”
(Derrida, 1978:90).
6
“Dès lors, comprendre, c’est se comprendre devant le texte. Non point imposer
au texte sa propre capacité finie de comprendre, mais s’exposer au texte et recevoir
de lui un soi plus vaste, qui serait la proposition d’existence répondant de la manière
la plus appropriée a la proposition du monde” (Ricoeur, 1986:116-117).
EL SIGNO ESCRITURAL EN SAN AGUSTÍN 99

tivo de esta relación pacífica sin frontera o sin negatividad alguna con el
Otro, se producen el lenguaje. El lenguaje no pertenece a las relaciones
que se pueden traslucir en las estructuras de la lógica formal: es contacto
a través de una distancia, relación con lo que no se toca, a través de un
vacío” (Levinas, 1977:190).
La escritura es, así, en Agustín el lugar en que Dios se sigue mani-
festando. No es que él, con su escritura, se coloque en el lugar de Dios;
es algo mucho más grave: coloca a Dios, un Dios presente sin ubicación
y eterno sin tiempo (tr. 5, 1, 2), enigmático e indefinido pero poderoso,
en el lugar de la Escritura.

BIBLIOGRAFÍA
DELEUZE, G. (1993). Différence et répetition. Paris. PUF.
DERRIDA, J. (1978). De la gramatología. México. Siglo XXI.
LEVINAS, E. (1977). Totalidad e infinito. Salamanca. Sígueme.
RICOEUR, P. (1986). “La fonction hermenéutique de la distanciation”: ÍDEM, Du
texte à l’action. Essais d’herméneutique, II. Paris. Esprit/Seuil.
SARTRE, J. P. (1966). El ser y la nada. Buenos Aires. Losada.
CIENCIA Y HUMANIDADES
EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ

Armando Barrañón
Universidad Autónoma Metropolitana
Azcapotzalco, Cd. de México
armandobarranon@yahoo.com. mx

Resumen
En este artículo se describe el papel central de la cartografía en la expansión
transpacífica española. Describimos posteriormente el humanismo inspirado en
la Escuela de Salamanca que caracteriza a la contribución del agustino Fray
Alonso de la Veracruz al derecho agrario de su tratado De Decimis. Además
probamos que fray Alonso culminó su proyecto educativo novohispano centrado
en el modelo universitario de Salamanca y que se tradujo en una escuela cosmo-
gráfica novohispana. Mostramos también como empleó fray Alonso la pirámide
visual para explicar racionalmente fenómenos ópticos y rechazar supersticiones
de su época sobre el poder de la visión. La distribución de los tratados veracro-
cianos en Europa puede apreciarse al constatarse su presencia en Polonia como
resultado de la alianza entre las coronas polaca y española. Concluimos con una
apreciación del impacto que tuvo la detección agustina del tornaviaje.

LA CARTOGRAFÍA EN LA PUGNA POR LAS ISLAS DE LA ESPECIERÍA


La expansión ultramarina española en el siglo XVI estaba limitada
por las donaciones papales establecidas en las Bulas de Alejandro VI
(1493), que dividían geográficamente al mundo no gobernado por señores
cristianos, entre españoles y portugueses a partir de un meridiano situa-
do a cien leguas de Cabo Verde y las Azores, exigiendo el desarrollo de
instrumentos y técnicas astronómicas que determinasen la localización
de los territorios a descubrir en las zonas más estratégicas desde el punto
de vista económico. Esta línea fue trasladada a trescientas setenta le-
guas al poniente de Cabo Verde cuando España y Portugal firmaron en
Tratado de Tordesillas en 1494, derecho que confirmó la bula Ea quae
pro bono del papa Julio II.
102 ARMANDO BARRAÑÓN

Por órdenes del Rey, emitidas en Granada el 20 de junio de 1526,


Hernán Cortés envió tres navíos comandados por Alvaro de Saavedra, a
las islas de la Especiería en 1527 en búsqueda de fray García de Loaisa
y de Sebastián Cabotto. García de Loaisa había sido nombrado gober-
nador de las Molucas después del fracaso de las negociaciones de 1524
entre España y Portugal sobre la propiedad de las Molucas que fueron el
destino de varias expediciones organizadas en el siglo XVI. La llegada
de uno de estos navíos les sirvió para enfrentar a los portugueses que los
vigilaban y atacaban. Este apoyo decidido de los novohispanos serviría
para consolidar la ruta de la Nao china, que llenaría de riquezas a la
Nueva España y representaría la primera forma de globalización.
Después del fracaso de varias expediciones que buscaban el tor-
naviaje a las Islas de la Especiería (Kelsey, 1986), en 1529 la corona
española vendió en trescientos cincuenta mil ducados de oro sus dere-
chos sobre las Molucas a Portugal, aclarando que el meridiano que se
encuentra a doscientas noventa y siete leguas y media al oeste de las
Molucas marcaba los dominios españoles que se encuentran al este de
este meridiano.
En caso de requerirlo el rey de Portugal, se podía aclarar cualquier
duda sobre la pertenencia de alguna isla mediante el envío de tres pi-
lotos y tres astrólogos para reunirse en este meridiano (Ortuño, 2003).
De esta manera se entiende el papel fundamental de la cartografía en la
división del mundo y la importancia que tuvo la elaboración cada vez
más detallada de mapas de marear. Como le comentaba el monje agus-
tino Martin Rada al Virrey de México, las islas que rodeaban a Cebú,
estaban dotadas de yacimientos de oro y riquezas, además de situarse
estratégicamente cerca de las costas chinas, que podían ser conquistadas
con el fin de establecer la verdadera ley (Martin Rada, 1569).
Estas islas Molucas habían abastecido con especies a Europa desde
el siglo XII pero la interrupción de estas rutas por los turcos, el acceso
directo a las Islas Molucas significaría un beneficio incalculable para
la corona española aunque se encontraban en límite de los territorios
donados por el Papa, razón por la que la perfección de las técnicas de
elaboración de mapas geográficas podía ayudar a definir con precisión
las nuevas islas detectadas en los confines de los dominios españoles en
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 103

el Pacífico. El mismo Hernando Colón, quien formó parte de la junta que


determinó la pertenencia de las Islas de la Especiería, había menciona-
do el caso de tres pilotos que venían de las Indias, en un navío que se
hallaba a diez leguas de tierra firme y que usando cada uno sus cartas
de marear habían dictaminado cada uno de ellos respectivamente que
faltaban cien leguas, cuarenta y cinco leguas o que ya se hallaban en
tierra firme debido a la imperfección de los instrumentos, la doble escala
empleada en las cartas de navegación españolas y de la impericia de los
navegantes. Y Alonso de Santa Cruz había expuesto a mediados del siglo
XVI claramente las dificultades técnicas para determinar precisamente
la longitud mediante los instrumentos de navegación inventados por
los españoles (Santa Cruz, 1921), debido a los cambios inducidos por la
temperatura y la humedad en los materiales que componían los instru-
mentos de marear, así como la influencia del movimiento de los barcos
en las mediciones realizadas.
Esta incapacidad técnica para localizar con precisión a las Islas Mo-
lucas, que eran situadas dentro de los dominios españoles por la mayoría
de los cosmógrafos españoles. Los españoles habían detectado en 1540
la diferencia entre la escala de alturas y la escala de paralelos, por lo
que las cartas planas eran imperfectas y se necesitaba hacerlas esféricas,
adelantándose a Mercator. Y la detección de una ruta hacia estas islas,
que estuviera situada al este del meridiano antes mencionado, abriría
las puertas para un comercio libre de España con las islas de la Espe-
ciería. Pero el verdadero origen de todas estas correcciones a los mapas
existentes, es que la mayoría de los mapas que se habían elaborado al
momento de debatirse la propiedad de las Molucas en las negociaciones
de Badajoz-Elvas de 1524 eran portugueses y habían sido alterados
aumentando las distancias en su ruta hacia la India para desalentar a
las otras potencias navales. De tal manera que siguiendo estos mapas
la línea divisoria llegaba a la desembocadura del Ganges y entonces los
españoles pudieron exigir la propiedad de las islas Molucas.
Otra incertidumbre en la delimitación del dominio de las Molucas
fue que en el Tratado de Tordesillas, no se mencionó cual de las Islas
de Cabo Verde se consideraría para fijar la línea divisoria. Y como es-
tas islas de Cabo Verde se extendían sobre dos grados de longitud, los
104 ARMANDO BARRAÑÓN

españoles pidieron que se tomara el centro de las Islas de Cabo Verde,


mientras que los portugueses pedían que la línea divisoria se colocara
sobre Boa Vista, la isla más oriental. La expedición de García Jofre de
Loaisa fue enviada posteriormente con el fin de realizar un reconoci-
miento más adecuado de la zona, con puestos de autoridad asignados
solamente a españoles y fue recibida por los portugueses en el Pacífico
con recelo (Nowell, 1936).
Según Dilthey, los nuevos descubrimientos hispanos en los confines
oceánicos motivaron al desarrollo matemático y de inspiración pitagóri-
ca de la teoría heliocéntrica que realizó Copérnico (Dilthey, 1978:269).
Cuando Magallanes realizó su viaje de circunnavegación tomó especial
cuidado en usar instrumentos astronómicos y mapas de marear para
facilitar la navegación en el Pacífico, como lo muestra la relación de
compases, cuadrantes de madera, astrolabios de metal y de madera,
agujas de marear (brújulas) y relojes de arena que aparece en la partida
instrumental de Magallanes, además de los veinte mapas elaborados por
Nuño García que costaron 68 mil maravedíes, uno de los cuales estaba
montado en un balón esférico de cuero (Cuevas, 1942:49-50). En la Casa
de Contratación de Sevilla se encontraba el padrón general de mapas
de marear que estaba oficialmente a la disposición de todos los pilotos
españoles y el uso de estos mapas era exigido en los navíos españoles.
La cosmografía agustiniana no se restringió a cumplir los fines prácti-
cos de delimitar las posesiones españolas en las Islas de las Especierías,
sino que contribuyó desarrollando métodos modernos para la ubicación
geográfica de las islas descubiertas y colonizadas por los españoles en
el Pacífico durante el siglo XVI, incluyendo las Tablas Alfonsinas y
Copernicanas para alcanzar la máxima precisión.

EL TOTUS ORBIS EN EL HUMANISMO VERACROCIANO


A la par del perfeccionamiento de la representación cartográfica se
dio el conocimiento de nuevos pueblos que no habían sido expuestos a
la evangelización ni habían sido enemigos de los españoles por lo que
merecían ser integrados al bien común de todos los pueblos que pertene-
cían al orbe bajo los auspicios del naciente derecho internacional. Como
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 105

iguales en derechos y dueños de sus bienes y tierras, trató Vitoria a los


habitantes de los territorios recién descubiertos, doctrina que sustentó
las Nuevas Leyes de 1542 que protegían a los indios. Esas fueron las ba-
ses del derecho internacional, expuestas en las aulas salmantinas donde
se formó fray Alonso de la Veracruz. Primando el derecho natural, la
Escuela de Salamanca descartaba a la religión o la expansión territorial
como justificantes de la guerra. Vitoria coloca el bien del orbe en su con-
junto por encima del interés nacional respetando el derecho de gentes y
estableciendo un fundamento teórico precursor del ius cosmopoliticum
kantiano donde cada hombre pertenece al Estado universal (Ocaña Gar-
cía, 1996). Vitoria se sentía indignado por el trato dado a los indígenas
por parte de los conquistadores que los explotaban y esclavizaban, al
grado que se le helaba la sangre: “Porque si los indios no son hombres
sino monas, non sunt capaces iniuriae. Pero si son hombres y prójimos
non video quomodo excusar a estos conquistadores de última impiedad
y tiranía. Antes se me seque la lengua y la mano que yo diga ni escriba
cosa tan inhumana y fuera de toda cristiandad” (Marzal, 2004). Dedicó
Vitoria dos Relectiones, escritas en Salamanca en 1536 y 1539, para
tratar el problema de las Indias, después de exponer en dos Relectiones
su punto de vista sobre el matrimonio y reforma de Enrique VIII. Pero
desde 1534 envía una carta al padre Arcos, donde reconoce su familiari-
dad con los problemas derivados de los abusos de los conquistadores en
el Perú y las Indias (Pereña-Vicente y Pérez-Prendes, 1967:137-139).
Y se piensa que Vitoria fue influenciado por la bula Sublimis Deus,
expedida por el Papa Paulo III en 1537, donde se reconoce a los indios
como hombres verdaderos que no pueden ser privados de su libertad
ni reducidos a esclavitud (Rodríguez-Lois, 2002). De hecho, Carlos I
solicitó a Vitoria consejos sobre las dudas de fray Juan de Zumárraga
relativas al bautismo de los indios en 1539, después de asistir a una
lección de Vitoria en 1534 (Getino, 1930:149-152). Sin embargo, ante la
efervescencia de ideas liberales que motivaba esta reflexión salmantina
sobre el Nuevo Mundo, Carlos V envió una recomendación al prior del
Convento de Salamanca, prohibiendo que los maestros del monasterio
tratasen, predicaran o escribieran sobre el derecho del Rey en las Indias,
Islas y Tierra Firme del mar Océano. Estas dudas sobre la legitimidad
106 ARMANDO BARRAÑÓN

de la pertenencia de los nuevos descubrimientos propiciaron la forma-


ción de la Escuela de Salamanca, que finalmente orientó las acciones
reales al emitir la corona española Nuevas Leyes que dieron libertad a
los indígenas.
Fray Alonso de la Veracruz, educado en Salamanca y quien tomara
el hábito agustino al desembarcar en Veracruz, siguió la misma senda
filosófica de Vitoria nutriéndose de su contacto con la multiplicidad de
pueblos de la Nueva España que fueron incorporados al totus orbis du-
rante la expansión española. La pertinencia de cobrar diezmo a los natu-
rales fue examinada desde esta perspectiva por fray Alonso aunque sus
recomendaciones fueron recibidas con desconfianza pues la corona había
expedido una cédula real en 1530 que ordenaba el cobro del diezmo a los
indígenas cuyo cobro fue solicitado por la Reina en carta enviada el 12
de febrero de 1538 al Virrey Mendoza y por recomendación del obispo
Ramírez de Fuenleal. Y esta medida fue reforzada en el Primer Concilio
cuando se diezmó a los naturales por el trigo, el ganado y la seda.
En otra cédula real, emitida en 1558, se diezmó a los indígenas por
estas tres cosas además de que en sobrecédula de 1540 se prorrogó por
dos años el diezmo por pan y semillas a los indígenas. Un texto escrito
diez años después señalaba el monto reducido del diezmo que pagaban
los indígenas y la necesidad de que los frailes dejaran la cura de almas
y se sujetaran a sus obispos, por las carencias económicas que vivía el
clero secular (González González, 2001). En carta escrita en Madrid por
el cardenal, se mencionaba que según informes de Tremiño los indios
se invitaban a pagar el diezmo del trigo, frutos, semillas, vacas, ovejas
y otros ganados y solicitaba que se les ordenara su pago en lo futuro.
Todos estas acciones de la jerarquía eclesiástica a favor del cobro del
diezmo a los naturales explican la mala recepción que tuvo la Relección
veracrociana sobre el diezmo. En el momento de exponer su Relección
De decimis, entre 1554 y 1555, fray Alonso de la Veracruz señaló que
los clérigos no evangelizaban a los indígenas y que por lo tanto no los
podían diezmar, pero que los religiosos podían recibir este diezmo en
la forma de trabajo personal y otras prestaciones. Por intervención de
los obispos, esta Reelección no se editó (Zorita, 1908, I: 14) y el obispo
Montúfar acusó de herejía a fray Alonso debido a su partido en favor de
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 107

los naturales y en contra del diezmo impuesto a los naturales (Zavala,


1992:146). Por cédula expedida el 4 de agosto de 1561 se convocó a fray
Alonso a España, para que se defendiera de estas acusaciones, cosa que
logró hacer luego de residir en la península ibérica y después de que se
revocaron las disposiciones del Concilio de Trento sobre las Indias en
el breve Etsi mendicantium ordines de Pío V, en 1567 (A. Bolaño e Isla,
1947:35). Durante su residencia en España fue Superior del Convento de
San Felipe el Real (situado en la Puerta del Sol y calle Mayor) en Ma-
drid y Visitador de los conventos agustinos de Castilla Nueva (Campos,
2008).

EL PROYECTO EDUCATIVO DE FRAY ALONSO


Cuando fray Alonso regresó absuelto de España, obtuvo una cédula
real con fecha 23 de febrero de 1572, que le autorizó el traslado de un
cargamento de libros en un compartimiento de la Nao con capacidad
para almacenar diez toneladas (Burrus, 1968-1972: V, 282-283). En la
biblioteca del Colegio de San Pablo, fray Alonso incluyó una colección
de instrumentos astronómicos que incluía mapas, globos celestes y
terrestres, astrolabios, orologios, ballestillas, planisferios además de
algunos instrumentos utilizados en las Artes liberales (Grijalva, fols.
153 y 154). Existe testimonio registrado por la Gazeta de México de que
en el siglo XVIII la Biblioteca del Colegio de San Pablo contaba con
cuatro mil estantes y sesenta volúmenes de todas las materias (Medina,
1907-1912: tomo I, 111). Este Colegio de San Pablo fue fundado para
formar como sacerdotes a jóvenes miembros de la Orden Agustina y su
terreno fue formado comprando las casas que circundaban a la Iglesia
agustina de San Pablo. Y eran tan bien escogidos sus estudiantes y tan
bien formados que el obispo de Tlaxcala llegó a considerar una pérdida
de tiempo el examinar a los egresados del Colegio de San Pablo que se
postulaban para las órdenes sagradas. Los graduados del Colegio de San
Pablo fueron el grupo medular de las misiones agustinas en las Filipinas
y China y Japón, lo que nos permite apreciar el fruto de la fundación
veracrociana en San Pablo (Blethen, 1948).
108 ARMANDO BARRAÑÓN

En 1540 con sesenta cajones de libros fundó en Tiripetío la primera


biblioteca americana y el primer centro de Estudios superiores donde
se impartió el Triuium, el Quadriuium y la Teología incluyendo autores
como el Aquinate y san Agustín. Ahí fray Alonso enseñó dos cursos
de teología y uno de filosofía, además del curso en lengua mexicana de
Fray Juan de San Román y otro curso en lengua tarasca dictado por fray
Diego de Chávez. Como se llenaba el salón donde daba su curso, fray
Alonso tuvo que cambiarse a la plaza central de convento para dar cabi-
da a todos sus estudiantes. Fray Alonso tuvo cuidado de aportar instru-
mentos astronómicos y bibliotecas que sirvieran como material de apoyo
a la educación indígena en los conventos donde la orden agustiniana
impartía Estudios Mayores (Osorio, 1987). Así ocurrió en Tacámbaro
donde se impartieron cursos de astronomía y ciencias exactas (Beuchot
y Navarro, 16-17). Desde Salamanca, fray Alonso transportó el acervo
que serviría para fundar la primera biblioteca del continente americano
(Bolaño e Isla, 1947:23).
Dentro del proyecto educativo agustino dirigido a la elite indígena,
el hijo del último rey de Michoacán estudió y enseñó en el Colegio de
Tiripetío. Don Antonio Huitziméngari fue este alumno predilecto de fray
Alonso de la Veracruz, aunque Huitziméngari ya había estudiado antes
con los franciscanos en Tzintzuntzan en el Colegio de San Nicolás. En la
probanza que promovió Don Antonio Huitziméngari en 1554 se afirma
que llegó a dominar el griego, el latín y aprender el hebreo (Miranda,
1990:150). Sabemos que la biblioteca de Huitziméngari conservaba una
copia de El Tholomeo (Jiménez, 2002), lo que prueba el interés por la
cosmografía entre los egresados de los Estudios Mayores.
En Tiripetío, Huitziméngari fue instruido en ciencias, filosofía,
teología y lenguas, cuando fray Alonso era director del Colegio Mayor.
Esto último ocurrió en 1540, año en que se pactó el Tratado de Tiripetío,
mediante el cual virrey Mendoza organizó la expedición a las Filipinas
comandada por Ruy López de Villalobos. Esta expedición empleó la
magnífica flota construida por Pedro de Alvarado, partiendo en 1542 del
Puerto de la Navidad y llegó al archipiélago que bautizó Villalobos como
Islas Filipinas (Knowlton, 1964) en honor al príncipe Felipe (Ortuño,
2005), siendo amonestado Villalobos por los portugueses quienes afir-
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 109

maban que todas esas islas habían sido cedidas por la corona española en
el tratado de Zaragoza de 1529. Finalmente Villalobos tuvo que regresar
a Europa por la India ya que el Rey de España confirmó el derecho de
los portugueses sobre los territorios que habían sido cedidos a la corona
portuguesa.
La intensa experiencia veracrociana en Tiripetío fue un antecedente
importante para la fundación de la Universidad Mexicana, que para va-
rios historiadores puede considerarse creación de fray Alonso, aunque
había sido solicitada su fundación desde 1537 por el obispo Zumárraga
y con el respaldo del virrey Mendoza. En la Universidad Mexicana fray
Alonso recibió la cátedra de Sagrada Teología con el compromiso de
impartir cinco cursos de Sagradas Escrituras y Teología Escolástica,
además de recibir el título de Maestro en Artes. A la orden agustina se le
ha asignado el mérito de fundar la Universidad Mexicana y al principio
del siglo XVII había graduado tantos doctores agustinos la Universidad
Mexicana que formaban un tercio de la asamblea (Cuevas, 1942:176-
177). Y siendo egresado de la Universidad de Salamanca, fray Alonso
procuró que la Universidad siguiera los lineamientos de la universidad
salamantina, cosa que siempre fue reconocida. Una prueba del ambiente
tolerante que reinaba en la Universidad de Salamanca en el siglo XVI
fue la aprobación del sistema copernicano por el agustino fray Diego de
Zúñiga lo que llevó a la enseñanza de Copérnico en Salamanca desde
1561. Gracias a la fundación de universidades y colegios en los virreina-
tos españoles durante el siglo XVI, como la de Santo Domingo en 1535,
las de México y Lima en 1551 y el Colegio del Rosario en Colombia
en 1580, se pudieron alcanzar éxitos como el desarrollo del proceso de
amalgamación en Zacatecas en 1555 y los estudios antropológicos de
Sahagún (Roche, 1976). La posesión, dominio y usufructo de los territo-
rios americanos por la corona española originó expediciones científicas
del más alto nivel desde el siglo XVI como la de Francisco Hernández,
encargado de informarse sobre los médicos, cirujanos, botánicos y cu-
randeros indígenas que empleasen hierbas, árboles y plantas medicina-
les. Sobre la continuidad de este proyecto educativo real a través de los
siglos en la Nueva España, baste decir que durante el período colonial
la Universidad de México, la primera fundada en América del norte en
110 ARMANDO BARRAÑÓN

1553, con los mismos derechos y privilegios que la de Salamanca, con-


firió más de 39000 grados académicos (Lanning, 1940:53-54).
La dirección espiritual de fray Alonso de la Veracruz, como padre
de la filosofía americana y procurador científico de la orden agustiniana
en la Nueva España, se comprueba en el Diálogo sobre la Naturaleza
de Juan de Medina Plaza, escrito en purépecha y en el que se hace refe-
rencia a la enseñanza filosófica de Alonso de la Veracruz. Varios temas
abordados por Juan de Medina ya están desarrollados ampliamente en
la Physica Speculatio, primer tratado de física aristotélica escrito en
América. El Diálogo sobre la Naturaleza nos permite apreciar la eleva-
da concepción que los agustinos tenían con respecto a las capacidades
intelectuales de los indígenas, el cuidado de la orden por traducir a las
lenguas indígenas sus tratados y la existencia de una tradición filosófica
novohispana desde la primera etapa virreinal llamada hoy en día “primi-
tiva”. Esto contrasta con la interpretación milenarista de los franciscanos
que ofrecieron una educación elemental, inspirada en la concepción
que tenían de los naturales como infantes o neófitos en espera del fin
de los tiempos. Sin embargo los franciscanos también buscaron desde
1536 formar un clero indígena en el Imperial Colegio de Santa Cruz en
Tlaltelolco, que funcionó hasta 1576 y donde se enseñaban la lógica y
la filosofía. Francisco Hernández, protomédico del rey, tenía otro con-
cepto de los indígenas y consideraba que de acuerdo con los principios
hipocráticos que unen al microcosmos con el macrocosmos, la Natu-
raleza de la Nueva España degeneraba el cuerpo y el alma, por lo que
le preocupaba que los españoles nacidos en la Nueva España pudieran
llegar a adquirir la naturaleza de los indígenas que le parecían tímidos,
perezosos y mendaces (Delgado López, 2008).
En el Diálogo sobre la Naturaleza, el fraile agustino Juan de Medina
Plaza explica el sistema geocéntrico de Aristóteles y Ptolomeo en lengua
purépecha. Juan de Medina demuestra la redondez de la tierra partiendo
de que no se ven las mismas estrellas en Castilla que en la Nueva España
debido a que la tierra las tapa por su redondez (Medina Plaza, 1998:192).
Juan de Medina cita a fray Alonso de la Veracruz cuando menciona que
cuando el Sol sale en Castilla, en la Nueva España todavía es de noche
debido a la redondez de la Tierra, pues la distancia entre el meridiano
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 111

de Toledo y de México es de siete horas (Juan de Medina Plaza, 196).


Otra prueba que Juan de Medina Plaza da de la redondez de la Tierra,
citando a fray Alonso de la Veracruz, es la formación del arco iris como
un medio arco, debido a que el Sol sólo ilumina a la mitad de la Tierra
debido a su esfericidad. De hecho, en la demostración geométrica he-
cha por Aristóteles en su Metereológica, el Estagirita emplea la esfera
meteorológica y la esfera de Apolonio para probar que el arco iris es un
semicírculo. En el libro tercero, parte quinta, de su Metereológica (Sa-
yili, 1939) Aristóteles prueba que un arco iris no forma un círculo ni un
segmento de círculo mayor que el semicírculo (Juan de Medina Plaza,
266). Esta explicación contrasta con la dada en el famoso Tratado Mar-
garita Philosophica escrita por Gregor Reisch en 1525 y donde se expli-
ca el arco iris como debido a la reflexión del sol en una nube cóncava y
que la circularidad del arco iris resulta de la circularidad de la nube que
refleja al sol. Estas discusiones sobre la naturaleza del arco iris continua-
ron en Italia en el siglo XVI con Marco Antonio de Dominis, tomando
como referencia a Witelo, aunque considerando las refracciones de los
rayos en las gotas de agua (Ockenden, 1936). Sin embargo, la filosofía
natural griega ya había entendido que el arco iris sólo podía resultar de
la refracción (Boyer, 1956) y la explicación adecuada via refracción ya
había sido dada en el De íride et radialibus impresionibus escrito por
Teodorico de Freiberg en 1304 (Boyer, 1958).
Cuando Juan de Medina comenta que Sol y a la Luna se ven muy
delgados porque están muy alejados, cita a la Perspectiva de Witelo, este
último autor estudiado durante el siglo XVI en la cátedra de Matemáti-
cas de la Universidad de Alcalá de Henares y cuya perspectiva plana se
basa en el “rayo directo” (Juan de Medina Plaza, 380). En esta cátedra de
Matemáticas se estudiaba también la Esfera de Sacrobosco, el Astrolabio
de Gema Frigio y La Navegación por un compendio. El papel que jugó
la Perspectiva, que era libro de cabecera de fray Martin de Rada y tema
incluido en el Diálogo de Medina Plaza, en la detección del tornaviaje de
las Filipinas, nos muestra la importancia de los conceptos discutidos en
esta obra. Medina usa la idea de que el Sol alumbra a la Luna siempre,
para explicar porqué la Luna deja de verse debido a que se ilumina la
Luna en la parte de atrás, con lo que rechaza la creencia indígena sobre
112 ARMANDO BARRAÑÓN

la muerte de la Luna durante el eclipse (Juan de Medina Plaza, 313). Es


la explicación dada por Aristóteles en su Metafísica para ejemplificar las
distintas causas, donde define al eclipse como la privación de la luz que
resulta de la interposición de la Tierra entre el Sol y la Luna (Aristóteles,
1042a-1045b, 1875).

LA PIRÁMIDE VISUAL EN LA FÍSICA DE FRAY ALONSO


Fray Alonso de la Veracruz abordó teóricamente el problema de la
visión en su Physica Speculatio. El interés de fray Alonso por los temas
médicos es parte del carisma de la orden agustiniana que los convirtió
en médicos de los indios al centrar el modo de vida cristiano en el hos-
pital e impidió la extinción de los indios mexicanos al sumarse a los
franciscanos en el auxilio espiritual y corporal de los naturales, como
lo señaló en el siglo XVIII el cronista fray Matías de Escobar (Escobar,
1924:135). No es casualidad que la obra hospitalaria agustiniana haya
crecido de manera importante durante los prioratos de fray Alonso de
la Veracruz, en el período que va de 1530 a 1570, incluyendo las impre-
sionantes fundaciones de Yuriria, Cuitzeo, Guango y Charo.
El diagrama que utiliza fray Alonso para explicar lo que es la pi-
rámide visual es básicamente igual al que dibujó Leonardo da Vinci en
1492, donde añade la pirámide visual que definía Alberto Magno como
una pirámide “cuya base está en la cosa vista y el ángulo en el centro
del humor cristalino” pero incluye una línea que conduce lo que la luz
transmite hasta el intelecto. Alonso de la Veracruz va más allá aden-
trándose en la fisiología óptica y recurre a Temistio para describir cómo
la composición orgánica del ojo influye en la imagen formada, además
del efecto que tienen el medio y la distancia entre el objeto y el ojo, esta
última medida con el radio visual (Vera Croce, 1583, De Anima: 352).
Este radio visual es la altura de la pirámide cuya base es la cosa vista
y su vértice conecta con el ojo. Esta estructura piramidal de la visión
es el fundamento de la Perspectiva, que sería utilizada para construir
los mapas geográficos que eran vitales para la exploración náutica en
la época de las grandes navegaciones. Fray Alonso de la Veracruz di-
vide al ojo en tres túnicas y tres humores. Dentro de la primera túnica
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 113

conjuntiva se halla toda la sustancia del ojo, con un orificio por el que
atraviesan las imágenes hasta llegar al nervio óptico. Las especies de las
cosas vistas pasan por el humor acuoso que es contenido por una tela
blanca y gruesa. La facultad visiva es conducida al cerebro mediante los
nervios ópticos y la imagen se forma al acoplarse los nervios ópticos que
proceden de los dos ojos. Al aumentar la distancia disminuye la visión y
una disposición alterada de los órganos visuales puede alterar también
la visión. Para fray Alonso la visión es una potencia pasiva ya que se da
mediante una reflexión interna (Veracruz, 1942:36).
Considerando estos humores y túnicas como lentes esféricas,
Leonardo da Vinci dibujó posteriormente la trayectoria de los rayos
de luz y demostró que la pirámide visual no podía explicar porqué un
objeto pequeño no puede bloquear la imagen de un cuerpo grande. Sin
embargo, estas objeciones de Leonardo da Vinci a los perspectivistas
no impidió que la perspectiva hubiera sido ampliamente en la pintura
y la elaboración de planos. De hecho, Da Vinci en lo sucesivo habló de
perspectiva natural (prospettiva naturale) y perspectiva del arte (pros-
pettiva accidentale).
En consecuencia, en la Physica Speculatio fray Alonso explica la
pirámide visual como fundamento de esta prospettiva accidentale sin
dejar de explicar la morfología del órgano visual, pero sin abordar los
aspectos complejos de la refracción de los rayos de luz en el interior del
ojo. Curiosamente, todos los fenómenos ópticos que Leonardo describió
con las refracciones de los rayos de luz en el interior del ojo tampoco
fueron incluidos por Leonardo da Vinci en sus pinturas, lo que hubiera
revolucionado al arte de la pintura desde el siglo XVI (Kemp, 1977).
La concepción veracrociana de la visión es pasiva pues considera
que el ojo recibe los rayos de luz. Contrasta con la descripción que
hacían los tratados españoles de la época, que explicaban el mal de ojo
como consecuencia de las potencias activas de la visión que provocaban
la alteración de su entorno. Por ejemplo, Fray Alonso comenta que en su
época se creía que las viejas podían envenenar a los niños con sus vapo-
res venenosos que emitían los ojos de estas viejas (Veracruz, 1942:73).
Esta es una temática que abordó Francisco Pérez Cascales en su Liber de
affectionibus puerorum (1611) (Arana Amurrio, 2000). Con esta concep-
114 ARMANDO BARRAÑÓN

ción geométrica de la visión, fray Alonso rechaza otras creencias de su


época como la visión de larga distancia y también descarta la habilidad
para ver vísceras debajo de los pisos de las iglesias por ser el piso un me-
dio opaco (Vera Croce, 1583, De fascinatione: 366). Este análisis teórico
del mal de ojo es consecuencia de la aceptación oficial del mal de ojo en
la sociedad española del siglo XVI, que como ha señalado Champagne
es una manifestación de la convergencia entre la cultura de las clases
altas y la de las clases populares (Campagne, 1996:195-240).
A lo largo de los siglos la cirugía fue estableciéndose como una
ciencia teórica y dejó de ser una actividad práctica. La institucionali-
zación de la enseñanza médica en España, se remite a la creación por
voluntad real del Protomedicato en el siglo XV, que demandaba la asis-
tencia del candidato a tres cátedras y el escrutinio de su práctica médica
antes de concederle una licencia. Para 1566 ya se había instituido en
Salamanca la cátedra de cirugía, a pesar de que los médicos exigían
que para ser cirujano era menester poseer un título de Bachiller en Me-
dicina. Por esta razón, se emitió en 1593 una Real Orden que disponía
que los cirujanos se matriculasen en tres cursos de Medicina luego de
obtener un Bachillerato en Filosofía (Santander, 1965). La cirugía fue
vital durante la expansión española, esto explica la importancia de con-
tar con obras sobre esta disciplina en la Nueva España, como las que se
publicaron en el siglo XVI. En el Colegio de Santa Cruz de Tlateloco
se realizaron estudios de herbolaria que se recogieron en el Libellus
de medicinalibus indorum herbis (Libro de las hierbas medicinales de
los indios), elaborado por el xochimilca Martín de la Cruz, quien había
sido en un calmécac y fue admitido a la edad de cincuenta años en este
Colegio. Varias obras médicas se publicaron en la Nueva España por la
necesidad que planteaban las epidemias que azotaban al virreinato y
como resultado del proceso educativo que hemos mencionado aquí. El
conocimiento que Fray Alonso tenía de los temas de la ciencia médica
queda testimoniado por su participación como censor del Tratado breve
de Anatomía y cirugía y de algunas enfermedades que más comúnmente
suelen haber en esta Nueva España, escrito por Agustín Farfán e im-
preso por Antonio Ricardo en 1579. Otra obra producida en la misma
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 115

imprenta novohispana fue la Suma y recopilación de cirugía, cuyo autor


fue Alonso López y fechada en 1578 (Cid-Carmona, 2005).
Como Gruzinski ha destacado, junto con la producción de imágenes
se da un orden visual que las engloba y, en el caso de la Nueva España,
el imaginario se conformó a la par de la conquista espiritual del México
colonial (Gruzinski, 1995). Esta etapa coincidió con la introducción de
las técnicas de grabado y perspectiva de los pintores del Quatrocento
que pudiera extenderse al uso de las técnicas proyectivas en la cons-
trucción de los mapas terrestres. La geometrización del proceso de
formación de imágenes sirvió de sustento no sólo para perfeccionar las
imágenes europeas difundidas con fines espirituales sino que además
ayudó a legitimar los derechos sobre los territorios descubiertos en las
navegaciones españolas.

LOS TRATADOS VERACROCIANOS EN POLONIA


La prohibición inquisitorial en el siglo XVII de la obra del fraile
agustino Diego de Zúñiga por sus puntos de vista heliocéntricos (Nava-
rro Brotóns, 1995) nos permite afirmar que desde el siglo XVI en España
se había entendido que la descripción copernicana era una concepción
de la naturaleza. La Inquisición Romana en 1616, había incluido en la
lista junto con el De reuolutionibus de Copérnico al In Job commentaria
escrito por Diego de Zúñiga. Zúñiga interpretaba al versículo de Job 9,
6 como prueba de que las Escrituras mencionaban el movimiento de
la Tierra. Sin embargo, en una obra posterior, Philosophia prima pars,
Zúñiga rechaza el heliocentrismo al concluir que el movimiento de la
Tierra es imposible como lo había afirmado Aristóteles (Zúñiga, 1596:
fol. 230r.).
En el caso de fray Alonso de la Veracruz hay aun el reconocimiento
de que las matemáticas tienen un nivel inferior al de la física dentro de
la jerarquía del conocimiento, por lo que el salto cualitativo que se dio
al interpretar a la cosmografía copernicana como teoría de la naturaleza
aun no sea había dado en fray Alonso. Sabemos que el acercamiento
entre las cortes española y polaca permitió la difusión de los tratados
veracrocianos en el reino polaco, tal vez transportados por el obispo
116 ARMANDO BARRAÑÓN

Piotr Dunin Wolski quien radicó en España durante el mismo periodo


en que fray Alonso de la Veracruz regreso a Madrid por solicitud de la
corona española. Es natural que, siendo fray Alonso de la Veracruz du-
rante esa etapa Superior del Convento de San Felipe el Real en Madrid y
Visitador de los conventos agustinos de Castilla Nueva, haya mantenido
contacto con el obispo Wolski durante la década en que ambos estuvie-
ron en España.
Durante la segunda parte del siglo XVI España estaba bien dispues-
ta para avanzar en la comprensión de la significación profunda de la
cosmografía copernicana y el vínculo entre los reinos español y polaco
había sido afianzado por el matrimonio entre el hermano de Carlos V y
la hija del rey polaco. Juan de Aguilera, profesor de astrología en Sala-
manca de 1550 a 1560, promovió el estudio de Copérnico en la Universi-
dad de Salamanca. La primera versión de los estatutos de la Universidad
de Salamanca fue aprobada por el Obispo Diego de Covarrubias y rubri-
cada por Felipe II el 15 de Octubre de 1561. Aguilera fue médico de los
Papas Paulo III y Julio III cuando vivió en Roma de 1540 a 1550.
En este período pulió su Canones astrolabii uniuersalis y segu-
ramente estuvo enterado sobre el De reuolutionibus (Aguilera, 1554).
Como Cerezo (Cerezo Rubio, 1989) ha mostrado, hubo un intercambio
de libros entre España en el siglo XVI por intercesión del obispo Piotr
Dunin Wolski (1530), quien después de estudiar ciencias en Pavía fue
asignado a España para cobrar una deuda a Felipe II y volvió a Polonia
en 1573 después de residir doce años en España. En la biblioteca Jage-
llona de Cracovia se encuentran ejemplares de la Physica Speculatio de
fray Alonso, su Resolutio Dialectica y su Recognitio Summularum, que
tal vez habrían sido llevados a Polonia por Wolski, quien recibió dos en-
víos de libros de España en 1582 cuando se hallaba en Bolonia y Roma.
Como Makowiecka ha señalado, se dio una alianza entre Carlos V y el
rey Segismundo I Jagellon, cuya hija desposó a Fernando el hermano de
Carlos V. Además, el embajador polaco, Juan Dantisco adoptó el eras-
mismo y simpatizó con los filósofos españoles, los hermanos Valdés,
además de que la obras de algunos estadistas polacos fueron publicadas
en latín en España (Makowiecka, 1978).
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 117

Sabemos que el estudio de los tratados copernicanos fue hecho


de manera activa en España, como lo muestra un dibujo a mano que
representó el sistema copernicano en tratado del valenciano Jerónimo
Muñoz. Hay un debate de Jerónimo Muñoz sobre heliocentrismo en sus
adiciones a los Commentarios de Teón y en su Tratado de Astronomía y
Geografía. Sobre Muñoz sabemos que enseñó astronomía en Salamanca
desde 1578 y escribió el Libro del nuevo cometa en 1572, donde la ob-
servación de la explosión de una supernova que le llevó a concluir la co-
rruptibilidad del cielo, lo que le acarreó fuertes controversias por negar
el sistema aristotélico del mundo. Le parecía que Copérnico era inferior
a Regiomontano y que las doctrinas copernicanas no superaban a las de
los antiguos (Muñoz, 1574). Realizó una traducción de los Comentarios
de Teón, escrita cerca de 1560 y es en una copia de su Astrologicarum
elaborada en Munich en 1570, donde aparece un dibujo a mano del sis-
tema copernicano. Este dibujo prueba que el De reuolutionibus fue leído
y comprendido con todo detalle en España desde el siglo XVI.

CONSECUENCIAS DE LA DETECCIÓN AGUSTINA DEL TORNAVIAJE


Fue en la expedición de Legazpi a las Filipinas donde el monje agus-
tino y marinero Andrés Urdaneta descubrió el tornaviaje que abriría la
ruta más importante a las Islas de la Especiería. La localización de las
islas en esta zona se afinó empleando las tablas copernicanas, que habían
sido estudiadas por los españoles debido a que la cosmografía coperni-
cana no fue prohibida por la inquisición española por su importancia en
el arte de la navegación. Varios monjes agustinos fueron seleccionados
por la corona española para realizar este viaje, por sus conocimientos
como pilotos y cosmógrafos. Como parte de su equipaje los monjes
transportaban obras fundamentales para aplicar la teoría ptolemaica, la
cosmografía Alfonsina y copernicana, así como la Perspectiva.
El Rey expidió una Cédula el 24 de septiembre, que ordenaba al
virrey D. Luis de Velasco enviar dos embarcaciones a descubrir las Islas
del Poniente en las Molucas (Fernández Duro, 1894, t. 2:94-97). Como
comentaba el Virrey Velasco en su carta dirigida al Rey con fecha 28 de
mayo de 1560, no se podía llegar a las Filipinas sin atravesar los territo-
118 ARMANDO BARRAÑÓN

rios empeñados a los portugueses. Y daba por prueba la relación hecha


por Andrés de Urdaneta, a quien llama el mejor cosmógrafo de la Nueva
España. Esta misma idea la confirma Urdaneta en el “Parecer conjun-
to” (AGI, Patronato, 49, 12) que signó junto con los cosmógrafos reales
Alfonso de Santa Cruz, Maestro Medina, Francisco Falero, Jerónimo
Chaves y Sancho Gutiérrez, dirigido al Consejo de Indias el 8 de octubre
de 1566 y donde los cosmógrafos reconocieron que, de acuerdo con el
Tratado de Tordesillas, las Filipinas, Molucas y Cebú pertenecían al rey
de España pero estaban cedidas a Portugal por el Tratado de Zaragoza
(Cervera, 2001). La Orden Agustina se reunió en el convento de Culhua-
cán siendo provincial Diego de Vertavillo y eligió para acompañar a la
expedición a Andrés de Urdaneta, Martín de Rada, Diego de Herrera,
Andrés de Aguirre, Lorenzo Jiménez y Pedro de Gamboa. La conciencia
de la contribución de estos frailes como parte de la orden agustiniana
se refleja en la carta enviada por Urdaneta al Rey, el 20 de noviembre
de 1564, donde le pide al Rey que tome en cuenta esta participación de
los frailes escogidos para acompañar a Legaspi y favorezca a la Orden.
Aunque los planes originales de Urdaneta buscaban evitar la entrada en
el empeño, dirigiéndose hacia Nueva Guinea y lo que hoy es Australia,
finalmente la Audiencia de México logró encaminar a Urdaneta hacia las
Filipinas, aunque en el tornaviaje se respetó el derrotero originalmente
previsto por Urdaneta. En carta enviada al Rey, Velasco aseguraba que
los galeones de la expedición de Legaspi eran los mejores que se tenía
en la Mar del Sur y que de los trescientos españoles que transportarían,
la mitad serían marineros, con seis religiosos de San Agustín, siendo
uno de los misioneros Urdaneta, a quien Velasco consideraba el mejor
navegador de ambas Españas, la nueva y la vieja.
Como da testimonio Alonso de la Veracruz, en la cuarta edición de
su Physica Speculatio, Urdaneta empleó las tablas Alfonsinas y coperni-
canas en la detección de las islas del Pacífico. Según comenta fray Alon-
so de la Veracruz en su Physica Speculatio, Urdaneta fue escogido junto
con los frailes agustinos Herrera y Andrés de Aguirre, para determinar
geográficamente los nuevos territorios y las rutas ultramarinas (Alonso
de la Veracruz, 1573:223). En la isla de Cebú, antes de que Urdaneta
descubriera el tornaviaje, Martín Rada, quien en una carta llama a fray
CIENCIA Y HUMANIDADES EN FRAY ALONSO DE LA VERACRUZ 119

Alonso de la Veracruz como su padre (Rada, 1576), empleó un instru-


mento astronómico que le había encargado Urdaneta desde la Nueva
España, para calcular la distancia de Toledo a Cebú, a partir de las es-
trellas observadas con este instrumento astronómico. Usando las Tablas
Alfonsinas, Martín Rada obtuvo una longitud de 216 grados y 15 minu-
tos. Pero según las Tablas de Copérnico, a quién Urdaneta prefirió por
ser más moderno, esta longitud era de 172 grados y 7 minutos, después
de restar 43 grados y 8 minutos, con lo que Cebú y Filipinas quedarían
dentro de los 180 grados propiedad de la corona real de Castilla. De esta
forma se aseguraba la propiedad española de la isla Cebú y sólo quedaba
resolver el asunto del empeño (P. Uncilla, 1907:264). Urdaneta elaboró
un mapa detallado del tornaviaje con viento, rutas y tantos detalles que
fue usado posteriormente sin alterarlo, según comentaba el historiador
agustino Juan de Grijalva (Grijalva, 1624).
El descubrimiento del tornaviaje, realizado por el piloto agustino
Andrés de Urdaneta usando las Tablas Copernicanas, detonó el flujo
mercancías suntuarias a través de la más dilatada ruta ultramarina espa-
ñola. El agustino Andrés de Aguirre proponía que se explorara la costa
china para encontrar el mítico estrecho de Anian, donde había informes
sobre islas ricas en mercaderías y se podía encontrar una escala en la
ruta de retorno a Acapulco (Fray Andrés de Aguirre, 1584). El fraile
agustino Martín de Rada le proponía al virrey de la Nueva España que
si le interesaba conquistar China, era necesario dominar las islas Filipi-
nas, para tener un lugar donde retirarse en caso de encontrar resistencia
en China (Martín de Rada, 1569). En carta enviada a fray Alonso de
la Veracruz, fray Martín de Rada le comentaba que para el estudio de
la astronomía contaba con las obras de Ptolomeo y Copérnico, con la
Perspectiva de Vitelio, con la geometría de Euclides y de Arquímedes y
Rada le decía que había escrito un libro sobre la confección de los relo-
jes. Además, Rada poseía las Tablas Alfonsinas y Pruténicas, empleadas
en su época en la cosmografía (Martín de Rada, 1576). Comenta Martín
Rada un año después, en otra carta a fray Alonso de la Veracruz, que
había elaborado varias Tablas astronómicas, pero que fueron destruidas
en sus navegaciones (Martín de Rada, 1577).
120 ARMANDO BARRAÑÓN

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APROXIMACIÓN A LA NOCIÓN DE MATERIA Y
ELEMENTO EN LA OBRA DE ALBERTO MAGNO

Jimena Paz Lima


CONICET – UCA
jimelima@hotmail.com

Resumen
Proclamado por Pío XII como el “cultorum scientiarum naturalium coelestem
apud Deum PATRONUM”1, Alberto Magno dedica gran parte de su investiga-
ción al estudio cosmológico del mundo natural. Se interesa, fundamentalmente,
por la cuestión del cambio, la materia, y la constitución última de toda entidad,
influenciado por el pensamiento aristotélico, platónico, y arábico2. En el presente
trabajo intentaremos exponer, aunque sea brevemente, el problema de la materia
y la incohatio formae en su relación con el cambio sustancial, como también la
cuestión sobre la naturaleza del elemento, y su ubicación en el universo natural.
Para esto, procuraremos analizar las obras albertinas más pertinentes, como
también sus fuentes y antecedentes.

ACTUALIDAD DE LA MATERIA E INCOHATIO FORMAE3


Según Steven Snyder, la cuestión física de la materia se presenta bajo
dos perspectivas en el pensamiento albertino (Snyder, 1996:63-65): si se
la considera en sí misma, la materia es entendida como pura potenciali-
dad, como principio esencialmente pasivo del cambio sustancial, tal como

1
James Weisheipl transcribe el texto completo: “Saint Albert the Great, Bishop,
Confessor, and Doctor of the Church, forever the PATRON before God of students of
the natural sciences with the supplemental privileges and honours which belong, of
its nature, to this heavenly patronage” (Weisheipl, 1980:47).
2
Su nacimiento se lo ubica entre los años 1193 y 1207, y su fallecimiento en el
1280. Para la biografía de Alberto Magno, consultar Tugwell, 1988; Kitchell y Res-
nick, 1999; Weisheipl, 1980:13-51; y Baldner, 2006b.
3
La bibliografía que sugiero consultar para esta temática es: Snyder, 1996:63-82;
Nardi, 1936:3-38; Baldner, 2006c y 2006e; y Dewan, 1984:295-307.
126 JIMENA PAZ LIMA

sostiene Aristóteles. Pero, en cambio, si se la considera como dispuesta a


recibir, por corrupción y generación, una determinada forma sustancial,
y no otra, se entiende que la materia es informada por una incohatio
formae. Esto último, según Snyder, representa más bien a una reflexión
proveniente de la doctrina platónica, aunque no contradice el hecho de
que la materia sea también asimilada como pura potencialidad.
Con respecto a la incoación, tesis capital en el pensamiento alber-
tino, ésta provoca la presencia de una “ fundación” en la potencia de la
materia para recibir determinadas formas sustanciales, y no otras. Pues,
en la naturaleza, no se producen cambios azarosos o casuales, sino natu-
rales (Magni, Liber I Phys., Tratado 3, cap. 3)4. Esta predisposición for-
mal o incoación en la materia es causada por los movimientos celestes,
y hacen de ella una realidad activa, un principio cuasi-formal del cambio
sustancial.5 Pero dicha formalidad es propia de la materia por el simple
hecho de ser, no le viene por causa de la forma sustancial: de modo que
la forma incoativa se encuentra en la materia potencialmente (Magni,
Liber I Phys., Tratado 3, cap. 10)6. De lo contrario, estaríamos negando el
cambio, o más aún estaríamos sosteniendo la presencia de una pluralidad
de formas sustanciales –actuales– en una misma sustancia, cuestión que
Alberto Magno discute con sus contemporáneos franciscanos (Magni,
Liber I Phys., Tratado 3, cap. 12)7.
Por esta razón, el investigador Lawrence Dewan explica que la ma-
teria posee, en la física albertina, un “esse materiae” propio de ella por

4
Para esto, ver también Snyder, 1996:74.
5
Cfr. Magni, Metaphys., Libro III, Tratado 3, cap. 1: “Licet enim causa unde
motus et materia et finis videantur mobilis in eo quod mobile est, esse principia, ta-
men… est materia non determinata per subiectum mutationis et motus, sed potius per
hoc quod ipsa est fundans ens et individuans et substans entitati et huiusmodi, quae
sunt ante motus subiectum, eo quod non subicitur mutationi et motui nisi fundatum
et individuum et substans”. Ver también Snyder, 1996:63.
6
Consultar también Snyder, 1996:63; Nardi, 1936:3-38; y Baldner, 2006c: 2.
7
Para esta cuestión, consultar: Magni, De caelo et mundo, Libro 3, Tratado 2,
cap. 8: “Nihil suscipit multas substantiales formas… per multas formas substantiales
poneretur in diversis speciebus”; Liber I Phys., Tratado 3, cap. 11-12. Ver también
Snyder, 1996:78; Baldner, 2006e:6; y Snyder, 1996:71.
APROXIMACIÓN A LA NOCIÓN DE MATERIA Y ELEMENTO EN LA OBRA DE ALBERTO MAGNO 127

el simple hecho de ser (Dewan, 1984:304-305)8. La forma no le aporta


el ser a la materia, sino que simplemente da el ser a la composición de
quod est de la materia y potencia para recibir la forma. De esta manera,
la materia constituye un principium y quo del compuesto de los entes
físicos (Snyder, 1996:72).
Asimismo, en esencia, la materia es la misma en todos los seres
materiales, y diferente en la particularidad de cada uno, en tanto cada
materia es actualizada por una determinada forma sustancial, y no por
otra (Snyder, 1996:73). La incoación, es decir, “los principios forma-
les y efectivos”, hacen ser a la materia, no cualquier cuerpo, sino éste
en particular, pues posee una disposición, una “ fundación” a recibir
ciertas nuevas formas sustanciales, en el cambio sustancial, y no otras
(Magni, Summa Theologiae, Parte II, Tratado 1, q. 4, m. 2, Art. 1)9.
De esta manera, la privación no implica una negación: lo que algo no
es; sino más bien la posibilidad de la materia de recibir determinadas
nuevas formas. La privación no es una mera ausencia, sino más bien
una ausencia con potencia para recibir la forma que actualmente carece
(Snyder, 1996:77).
Por último, la física albertina parece excluir toda posibilidad de
existencia de una materia prima entendida como pura potencialidad: si
bien no rechaza por completo la doctrina aristotélica acerca de la mate-
ria, admite la existencia de una incoación, es decir, de una disposición
formal que no proviene de la forma sustancial (Baldner, 2006e:9).
Quizás, uno de los motivos que impulsa al maestro dominico a rea-
lizar semejante reflexión, sostiene Steven Baldner, proviene más bien
de una reflexión teológica, antes que filosófica: Dios es simple, de modo
que todo ente debe ser compuesto. De lo contrario, por un lado, no exis-
tiría una infinita distancia entre las criaturas y el Creador, y, por el otro,
estaríamos asumiendo una doctrina panteísta (Baldner, 2006e:9-10).

8
Cfr. Magni, Metaphys., Libro I, Tratado 4, cap. 8; cap. 9: “Licet autem forma
nihil conferat materiae de esse materiae, eo quod esse materiae habet materia a
seipsa, tamen composito sola confert esse forma”. También ver Baldner, 2006c: 2.
9
Se puede consultar también: Snyder, 1996:75-76.
128 JIMENA PAZ LIMA

LOS CUATRO ELEMENTOS Y LA PROBLEMÁTICA EN TORNO A SU NATURALEZA.


SUS PROPIEDADES, INTERACCIÓN, Y UBICACIÓN EN EL COSMOS10
La doctrina de los cuatro elementos pertenece al estudio físico de
la naturaleza ya desde tiempos antiguos, en los que aquellos eran consi-
derados αρχή: principio y fin de todas las cosas.
Alberto Magno, por su parte, sigue al Estagirita en la doble concep-
ción sobre la naturaleza de los elementos (Baldner, 2006a:3). En efecto,
Aristóteles afirma que, por un lado, los elementos subsisten por sí mis-
mos, separados de los compuestos, y que en este sentido son sustancias
simples. Por el otro, sostiene que los elementos, en vez de presentarse
separados de los compuestos, fundamentalmente se encuentran presen-
tes en ellos. El maestro dominico (Baldner, 2006a:2), tomando la tesis
aristotélica, afirma que los cuatro elementos efectivamente subsisten
independientemente de los compuestos: el fuego existe como fuego, el
agua como agua, el aire como aire, y la tierra como tierra. No obstante,
los elementos forman parte de la constitución última de las sustancias,
más aún, su presencia explica ciertas propiedades de las mismas sus-
tancias. De modo que lo más propio para el elemento no es encontrarse
separado, sino presentarse en compuestos.
Con excepción de los cuerpos celestes, que se componen del quinto
elemento, según Alberto Magno, la totalidad de los entes se encuentran
conformados por los cuatro elementos, o al menos por alguno de ellos
(Baldner, 2006a:2). Asimismo, cada especie posee como hábitat natural
al elemento que mayormente le es característico en su constitución: los
animales terrestres y los hombres viven en la tierra, y se componen fun-
damentalmente por ese elemento, las aves encuentran como lugar natural
el aire, elemento predominante en su constitución, los animales acuáti-
cos pertenecen al agua, elemento que también les es característico, y en
el fuego, advierte el maestro dominico, nada puede subsistir (Magni, In
II Sententiarum, Distinción 15, Art. 6, Solución; y Solución a 1).

10
Para un estudio de los elementos en la doctrina de Alberto Magno, ver Baldner,
2006a: 1-9; y Reitan, 1996:83-101.
APROXIMACIÓN A LA NOCIÓN DE MATERIA Y ELEMENTO EN LA OBRA DE ALBERTO MAGNO 129

Aristóteles define al elemento como “aquello a partir de lo cual una


cosa se compone primeramente, aquello que permanece en ella, y que es
indivisible en otra especie”11. Esta definición no sólo fue aceptada por
Alberto Magno, sino también por diversos medievales. Y según Steven
Baldner, manifiesta cuatro cuestiones importantes:
En primer lugar, los elementos son causas materiales, por ello es
que se dice “aquello a partir de lo cual”. Sin embargo, esto no implica
que los elementos constituyen una especie de materia prima, ni tampoco
materia segunda, pues si bien pueden existir por sí mismos, no son sus-
tancias completas porque, por lo general, existen en otras sustancias.
En segundo lugar, los elementos se encuentran “primeramente” en
las cosas: son lo primario, lo simple, son lo primero en la composición
de toda sustancia. La sangre que fluye por el cuerpo, por ejemplo, posee
la propiedad de lo acuoso puesto que proviene del agua, de modo que el
elemento es lo primario en la sustancia.
En tercer lugar, los elementos “permanecen” en el compuesto: todo lo
que es básico, y primario permanece en aquello en lo que se encuentra.
En cuarto y último lugar, el elemento es “indivisible”: aquello que
es básico y primario no puede dividirse en otro ente, puesto que no es
compuesto, sino simple y elemental.
El maestro dominico, tomando la definición aristotélica de elemen-
to, se pregunta por el modo en que éstos se encuentran presentes en las
sustancias compuestas (Baldner, 2006a:4). En efecto, si observamos que
toda sustancia posee ciertas propiedades que provienen de los elementos
presentes en ella, las propiedades de aquéllos deben también estar pre-
sentes en la sustancia. Pero si esto es correcto, las formas sustanciales
de los elementos también deben encontrarse verdaderamente presentes
en las sustancias, lo que supondría la existencia de una pluralidad de

11
ARISTÓTELES, Metafísica, Libro V, 3: “Στοιχεϊον λέγεται εξ οϋ σύγκειται πρώτου
ενυπάρχοντος αδιαιρέτου τώ είδει είς έτερον εϊδος”. Consultar Baldner, 2006a: 3-4.
Además, Baldner sugiere ver, para un estudio más amplio de los elementos en Aris-
tóteles: Acerca de la generación y la corrupción, Libro II, 1-8; y Acerca del cielo,
Libro III, 3-8.
130 JIMENA PAZ LIMA

formas sustanciales –actuales– en una misma sustancia, tesis inadmisi-


ble para Alberto Magno (Magni, De caelo et mundo, Libro III, Tratado
2, cap. 8).
Para resolver esta cuestión, según el maestro dominico, Aristóteles
y Averroes se han acercado a lo que podría considerarse una solución
(Baldner, 2006a: 5)12. Aristóteles advierte que cuando el elemento se en-
cuentra solo, posee sus propiedades de forma intensa (“intensio”), mas
si se encuentra presente en una sustancia compuesta, sus propiedades
se manifiestan en estado remitido (“remissio”). El fuego, por ejemplo,
si permanece solo, quema, pero, en un compuesto, la propiedad de lo
caliente disminuye puesto que, al interactuar un elemento con otro, las
propiedades se apaciguan. Alberto Magno acepta la doctrina aristotéli-
ca de “intensio”-”remissio”, pero se pregunta por el tipo de forma que
poseen los elementos: ¿son, acaso, formas sustanciales o accidentales?
¿Puede una forma ser más o menos intensa?
Averroes, según el maestro dominico, afirma que los elementos
poseen formas sustanciales que no lo son totalmente, pues generalmen-
te los elementos se encuentran presentes en las sustancias compuestas,
y, como mencionamos, es inadmisible la posibilidad de una pluralidad
de formas sustanciales en una misma sustancia. Además, estas formas
tampoco son accidentales, puesto que verdaderamente los elementos
no son accidentes. Por lo tanto, las formas de los elementos son formas
intermedias entre las unas y las otras, no son totalmente formas sustan-
ciales, ni totalmente formas accidentales (Baldner, 2006a:5).
Alberto Magno, asumiendo la doctrina arábica, también sostiene que
existe una tercera posibilidad para la forma (Baldner, 2006a: 5-6): ser un
medio entre una forma sustancial y una forma accidental. Y relacionan-
do la tesis del Estagirita con la del Árabe, el maestro dominico sostiene
que el elemento posee dos tipos de formas: una “ forma primera” que
hace al elemento ser una sustancia; y una “ forma segunda” que permite
al elemento actuar de una cierta manera13. En otros textos, Alberto Mag-

12
Para esta cuestión, Baldner sugiere consultar: Magni, De caelo et mundo, Libro
III, Tratado 2, cap. 1 y 8.
13
Cfr. Magni, De caelo et mundo, Libro III, Tratado 2, cap. 1: “Elementorum
formae dupliciter sunt, scilicet primae et secundae. Primae quidem sunt a quibus
APROXIMACIÓN A LA NOCIÓN DE MATERIA Y ELEMENTO EN LA OBRA DE ALBERTO MAGNO 131

no utiliza una terminología diferente: “primer ser” y “segundo ser”. El


elemento se encuentra en la sustancia compuesta con su “primer ser” o
“ forma primera”, es decir, como una sustancia. Sin embargo, sus pro-
piedades, o más bien el “segundo ser” o “ forma segunda” se presentan
en estado de remisión (“remissio”). Mientras el elemento se encuentra
sustancialmente en el compuesto, sus propiedades se manifiestan par-
cialmente. La forma del elemento, en este sentido, constituye una “via
ad aliud”: en el cuerpo humano, por ejemplo, el elemento agua no posee
sus propiedades intensamente, sino que se presenta como vía o identi-
ficación a otro componente, la sangre14. Muy distinto, en cambio, es el
caso en el que el elemento se encuentra solo, es decir, sin un compuesto.
Allí, su “segundo ser” o “ forma segunda” se manifiesta intensamente
(“intensio”), de manera total y completa.
De esta manera, Alberto Magno halla una justificación para el hecho
de que los elementos, tratándose de sustancias simples, generalmente
se encuentren presentes en los compuestos con su “primer ser” o “ for-
ma primera”. Asimismo, se esfuerza por explicar el hecho de que las
propiedades de los elementos se encuentren presentes en las sustancias
compuestas, aunque lo hagan en un estado remitido (“remissio”).
Por último, nos referiremos brevemente a la cuestión cosmológica
de las propiedades de los elementos, la ubicación de éstos en el cosmos,
y las formas de interacción entre ellos:
Todo elemento se compone por las propiedades contrarias de frío
y caliente, y de húmedo y seco, pues cada uno posee una combinación
distinta de estos pares de contrarios. El aire, por ejemplo, es caliente y

est esse elementi substantiale sine contrarietate, et secundae sunt a quibus est esse
elementi et actio. Et quoad primas formas salvantur, meo iudicio, in composito…
et quoad secundas formas, sive quoad secundum esse non remanent in actu sed in
potentia”.
14
Es importante destacar que Santo Tomás de Aquino no acepta la tesis albertina
referida a las dos formas del elemento. Por el contrario, asegura que este último no
existe sustancialmente en el compuesto, sino que sólo se encuentran sus propiedades,
y que lo hacen en estado de remisión. Para esto consultar: Baldner, 2006a:6-9. Ade-
más, Baldner sugiere ver algunas obras del Aquinate: Suma teológica, Parte I, q. 16,
Art. 4, a 4; Cuestiones disputadas sobre el alma, q. 9, a 10.
132 JIMENA PAZ LIMA

húmedo; el agua fría y húmeda; la tierra fría y seca; y el fuego caliente


y seco.
Estas propiedades les permiten a los elementos interactuar los unos
con los otros: el aire –caliente– puede combinarse con el fuego –calien-
te–; y el aire –húmedo– puede interactuar con el agua –húmeda–. Aún
aquellos elementos con propiedades radicalmente opuestas, como aire
y tierra, pueden de todas formas combinarse a partir de intermedios, de
modo que toda sustancia se encuentra compuesta por la interacción de
los cuatro.
Con respecto a la ubicación de los elementos en el cosmos, se pre-
sentan en forma de esferas, y se ordenan según el peso (Crombie, Vol.
II/l, 1996:76-79): rodeando la esfera de la tierra, se encuentran el agua,
el aire, y el fuego. De modo que este último se encuentra por encima
del aire, el aire por encima del agua, y el agua por sobre la tierra. Esta
última constituye el más pesado de todos los elementos, el fuego el más
liviano, y el aire y el agua un tanto liviano y pesada respectivamente
(Baldner, 2006a:2).
Cada elemento posee su lugar y movimiento natural: hacia arriba
o hacia abajo. La tierra se ubica hacia abajo y hacia el centro; el fuego
hacia arriba, lejos de la tierra; y el agua y el aire hacia abajo y arriba.
Según el maestro dominico, la disposición de los elementos en el cosmos
explica, a su vez, la disposición de los entes en el universo (Baldner,
2006d:1): todo ser se encuentra, o bien situado hacia el centro, en donde
se localiza la tierra, o bien alejado de él. Esta postura geocentrista, pro-
pia de los físicos antiguos y medievales, asume que la tierra constituye
una esfera que se encuentra situada en el centro del universo. Y si bien
Alberto Magno ubica a la tierra en el centro del cosmos, y lo denomina
el menor lugar, no admite la esfericidad total de la tierra, sino que sim-
plemente le otorga una forma redondeada o circular15.

15
Cfr. Magni, In II Sententiarum, Dist. 14, Art. 11, Solución: “scilicet secundum
naturam humidi interminati grossi, et sic per circulum non undique terminatur ad
terram: per hoc enim quod grossum elementum est, non complet sphaericam figuram,
sed circularem: quia non occupat tantum locum sicut aer, et ignis: et ideo etiam terra
adhuc habet minorem locum: quia in medio circa centrum locatur”.
APROXIMACIÓN A LA NOCIÓN DE MATERIA Y ELEMENTO EN LA OBRA DE ALBERTO MAGNO 133

Por otra parte, según Alberto Magno, la ubicación de cada elemento


en el cosmos debe ser entendida como una localización propicia para la
conservación de sus propiedades: propone entablar una analogía entre el
hábitat natural de los animales y el sitio apropiado para cada elemento
(Magni, Liber IV Phys., Tratado 1, cap. 11)16.

CONCLUYENDO
La cosmología albertina, fundamentalmente en diálogo con la
doctrina aristotélica y arábica, representa un aporte capital para el es-
tudio físico-natural del cosmos. La investigación acerca de la materia
y elemento constituye un eslabón fundamental para el desarrollo de un
conocimiento pre-científico en el medioevo, y siembra camino fuerte
en el posterior despliegue de la ciencia a cargo de Copérnico y Gali-
leo. Su espíritu entusiasta y curioso le permite desarrollar un método
observacional que implica un gran avance con respecto al pensamiento
aristotélico. Alberto Magno constituye una autoridad en la historia de
la ciencia, en tanto se ha destacado en múltiples disciplinas tales como
física, geografía, astronomía, mineralogía, alquimia y biología. Se ha
convertido en uno de los pensadores más aclamados mientras aún vivía,
haciéndose merecedor del apodo Doctor Uniuersalis.
Queda pendiente, entonces, continuar analizando las obras alberti-
nas en futuros trabajos, de modo que podamos rescatar las enseñanzas
del maestro dominico, que hoy han quedado eclipsadas por la figura de
su discípulo Tomás de Aquino.

16
Se puede consultar: Reitan, 1996:92-93.
134 JIMENA PAZ LIMA

BIBLIOGRAFÍA

Fuentes primarias
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APROXIMACIÓN A LA NOCIÓN DE MATERIA Y ELEMENTO EN LA OBRA DE ALBERTO MAGNO 135

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Pontifical Institute of Mediaeval Studies, ed. James A. Weisheipl, The
Hunter Rose co. Ltd, 13-51.
RELEYENDO A DARWIN.
REFLEXIONES, QUIZÁS INTEMPESTIVAS,
A PROPÓSITO DE DOS ANIVERSARIOS*

Marceliano Arranz Rodrigo, OSA


Universidad Pontificia de Salamanca
marranzro@upsa.es

Resumen
La celebración de efemérides siempre ha sido aprovechada con fines apo-
logéticos para defender las propias ideas. Especialmente, cuando se honra
a personajes tan conocidos como Darwin, de quien este año celebramos el
aniversario de su nacimiento (1809) y el de la publicación de El Origen de las
Especies (1859). En realidad, no deberíamos extrañarnos demasiado de una
praxis ya bastante antigua. Y es que las mismas ideas de Darwin fueron utili-
zadas ideológicamente desde el mismo momento de su aparición. Recuérdese
a este propósito la correspondencia que Marx y Engels mantuvieron en 1859,
a raíz de la publicación de El Origen de las Especies1. No puedo sustraerme a
la impresión de que, también en nuestros días, está ocurriendo algo parecido.
Y que algunos de los que con tanto entusiasmo aplauden y celebran a Darwin,
no lo hacen por motivos científicos, sino porque ven en él un poderoso aliado
para defender sus prejuicios antirreligiosos. Lo que más complace a ciertos
pensadores no son las ideas del naturalista inglés sobre la selección natural,
sino el haber propuesto una alternativa plausible para explicar el orden de la
máquina del mundo sin necesidad de recurrir a un relojero (Dawkins, 1988;
Dennet, 1999).

*
Conferencia pronunciada en la Inauguración de curso en el Estudio Teológico
Agustiniano de Valladolid, el día 13 de octubre de 2009, publicada en Estudio Agus-
tiniano 45 (2010) 5-13.
1
Después de leer la obra de Darwin, Engels escribe a Marx: “Darwin… ganz
famos. Die Theologie war noch nicht kaputt gemacht. Das ist jetzt geschehen”. Y
éste le responde diciendo que la obra de Darwin “…die naturhistorische Grundlage
unserer Arbeit enthält”. Sobre la repercusión del darwinismo en los fundadores del
materialismo dialéctico puede verse: Núñez Ruiz, 1980.
138 MARCELIANO ARRANZ RODRIGO, OSA

Permítanme relatar a modo de ejemplo una reciente anécdota. Mien-


tras me preparaba para acudir a mi puesto de trabajo, escuchaba, como
de costumbre, las noticias radiofónicas. Casi al final de ellas, en la sec-
ción de efemérides, una voz algo gangosa, recordaba a los oyentes de la
emisora el bicentenario del nacimiento Darwin. En su afán por subrayar
la importancia de las ideas darwinistas, la locutora citaba, en un latín
bastante deficiente, el famoso “Sapere aude” kantiano, y explicaba, con
complacencia no disimulada, que gracias a Darwin, Dios había dejado
de ser necesario para explicar el orden del mundo. Finalmente, concluía
con intrepidez, al demostrar la falsedad del relato bíblico acerca del ori-
gen del hombre, el biólogo inglés había refutado, de una vez por todas,
una doctrina especialmente denigrante sobre el origen de la mujer.
Confieso que en ese momento quedé bastante perplejo, no tanto por
las ideas expresadas, como por la calidad de los argumentos utilizados
para defenderlas.
Lo que pretendo en esta conferencia no es zanjar de manera defini-
tiva discusiones filosóficas o teológicas, ya seculares, y siempre difíciles
de resolver. Tampoco quiero emitir juicios científicos sobre el valor del
darwinismo. Mi única intención es ilustrar los centenarios de Darwin
con algunas pinceladas de carácter filosófico, eso sí, muy teñidas de
personalismo y altamente deudoras del pensamiento de San Agustín.

ACLARANDO EQUÍVOCOS
El diálogo entre creyentes y no creyentes resulta con frecuencia in-
fructuoso porque los términos que en él se utilizan no se interpretan de
la misma manera. Unas veces, por ignorancia y sin mala voluntad. Otras,
sin embargo, con el propósito de tener razón a toda costa. En efecto,
pocas tácticas hay más eficaces que identificar conceptos en apariencia
iguales, aunque sean distintos, para caricaturizar una posición y triunfar
más fácilmente en un debate contra ella.
Esta estrategia, bastante antigua, es mencionada por san Agustín en
una de sus cartas, advirtiéndonos de que “se ama de manera perversa
quien no tiene reparos en inducir a otros a error, con tal de que su error
RELEYENDO A DARWIN 139

no se descubra”2. Examinemos en algunos casos concretos este modo


de proceder.
Un ejemplo paradigmático de utilización equívoca de las palabras
son los términos de “creación”, “creacionismo” y “diseño inteligente”.
Estos conceptos se usan y citan casi siempre como si significasen lo
mismo, cuando no es así.
Y es que, una cosa es creer que el mundo ha sido creado por Dios y
otra muy distinta ser creacionista, en el sentido en que esta palabra suele
ser utilizada en nuestros días. El creacionismo es una postura teológica,
bastante difundida en Estados Unidos, que se basa en una interpretación
literal de la Biblia, defiende la inmutabilidad de las especies y pone en
tela de juicio el valor científico de los argumentos en favor del trans-
formismo, tesis todas ellas que de ninguna manera están obligados a
compartir quienes se confiesan creyentes en un Dios creador.
Tampoco creacionismo y diseño inteligente significan lo mismo. Es
posible que, de nuevo, esta identificación tenga sentido en los Estados
Unidos de América, país en el que la expresión diseño inteligente suele
ser utilizada como sinónimo de creacionismo. Pero el sentido que la
expresión “diseño inteligente” recibe en Norteamérica no es exportable
ni generalizable al resto del mundo.3
Preguntarse, por lo tanto, si en la cosmogénesis se realiza o no
un diseño inteligente es algo perfectamente legítimo, que nadie puede
prohibir. Y responder de manera afirmativa a esta pregunta no impli-
ca la necesidad de compartir las restantes doctrinas del creacionismo
americano.
Otro concepto que origina frecuentes equívocos es el de “científico”.
Hay quienes consideran científico todo lo que hacen, opinan y defienden
quienes de manera profesional se dedican a cultivar las ciencias empíri-
cas. Lo cual, de ser cierto, conduciría a conclusiones tan absurdas como
la existencia de quinielas y “sandwiches” científicos.

2
“Nimis peruerse seipsum amat qui et alios uult errare, ut error suus lateat” (ep.
172).
3
Véase a este propósito el número que Investigación y Ciencia ha dedicado a
Darwin (Branch, G. y Scott, E.C., 2009:4-81)
140 MARCELIANO ARRANZ RODRIGO, OSA

Otras veces se identifica “científico” con “racional” o, lo que es peor


todavía, con “verdadero”. Como si la única forma legítima de racionali-
dad fuese la científica. Reducir la racionalidad humana al conocimiento
científico es, según K. Lorenz, una arrogante forma de reduccionismo
epistemológico, inaceptable e injustificable.
Otro equívoco frecuente es identificar “novedoso” con “progresista”.
En nuestros días muchos califican de “progresista” cualquier cosa que se
oponga a lo establecido, concediéndolo además, de manera automática
un plus de verosimilitud.

¿TIENE CONSECUENCIAS PRÁCTICAS EL MODO DE INTERPRETAR EL MUNDO?


Se oye con frecuencia que el modo de interpretar filosófica o teo-
lógicamente el mundo no tiene demasiada importancia para la vida
práctica. Nada más erróneo. Creer o no creer en Dios, por ejemplo, no
es una cuestión baladí, sino que, sea cual sea la alternativa que se escoja,
siempre exigirá el pago de un elevado peaje en la vida práctica.
No creer en Dios supone instalarse en un mundo tan falto de sentido
y esperanza como el que describe R. Dawkins en uno de sus últimos
escritos: “La cantidad de sufrimiento por año en el mundo natural va
mucho más allá de cuanto se pueda suponer. Durante el minuto que he
tardado en escribir esta frase, miles de animales han sido pasto vivo de
otros, muchos corren para salvar su vida, gimiendo de terror, a otros
los están devorando en sus entrañas parásitos raspadores, miles de
organismos de todo tipo se están muriendo de hambre, sed y enferme-
dades… En un universo de electrones y genes egoístas, fuerzas físicas
ciegas y replicación genética, algunos lo van a pasar mal y otros van a
tener más suerte; y, por mucho que se busque, no se encontrará ningu-
na explicación, ningún rastro de justicia. El universo que observamos
tiene exactamente las propiedades que cabría esperar, si en el fondo no
hubiese en él ni diseño, ni intencionalidad, ni mal, ni bien; nada excepto
una indiferencia despiadada” (Dawkins, 1996:63).
Creer en Dios, por el contrario, proporciona una visión más esperan-
zada de las cosas. Una visión tan confiada como la que Reiner María Ri-
lke canta en uno de sus más conocidos y bellos poemas sobre el otoño:
RELEYENDO A DARWIN 141

“Las hojas caen como viniendo de lejos,


como si hubiesen muerto
en los distantes jardines de los cielos.
Descienden con un gesto resignado.
Y, en la noche, cae también la dura y densa Tierra
de todas las estrellas a la soledad.
Todo cae. También cae mi mano.
Y todo lo demás sin excepción.
Y sin embargo hay Uno
que acoge todas las caídas
con manos de infinita mansedumbre”4.

Y otro tanto sucede con la idea que cada uno se hace sobre lugar que
el hombre ocupa en la naturaleza. Se puede compartir la opinión de J.
Rostand, Premio Nobel de Biología hace unos lustros, de que “el hombre
nació sin razón y sin objeto, como nacieron todos los seres, no importa
cómo, no importa cuándo, no importa dónde” (Rostand, 1973:48).
Esta visión del hombre no es científica sino filosófica, por muy
científico que se proclame a quien la defiende. Por otra parte, siempre
me he preguntado en qué fundamentan los derechos humanos quienes
participan de concepciones antropológicas semejantes. Por lo que a mí
respecta, creo que si el hombre no es otra cosa que lo que Rostand de-
fiende, lo más lógico sería adherirse a las lúcidas propuestas de Antonio
Machado en uno de sus aforismos: “Algún día nos hemos de preguntar
si la totalidad de la especie humana… constituye un hecho crudo y neto,
o si, por el contrario, hemos de pedir razones a este mismo hecho… ¿Se
vive de hecho o de derecho? He aquí nuestra cuestión… Comprenderéis
que es éste el problema ético por excelencia, viejo como el mundo…
Porque sólo después de resolverlo podremos pensar en una moral, es

4
Die Blätter fallen. Fallen wie von weit, / als welkten in den Himmeln ferne
Gärten; / sie fallen mit verneinender Gebärde./ Und in den Nächten fällt die schwere
Erde/ aus allen Sternen in die Einsamkeit./ Wir alle fallen. Diese Hand da fällt./ Uns
sieh Dir andre an: es ist in allen./ Und doch ist Einer, welcher dieses Fallen/ unend-
lich sanft in seinen Händen hält.
142 MARCELIANO ARRANZ RODRIGO, OSA

decir, en un conjunto de normas para la conducta humana que obliguen


o persuadan a nuestro prójimo. Entretanto, buena es la filantropía por un
lado, y por otro, la guardia civil” (Machado, 1982:180).

DARWINISMO Y PENSAMIENTO CATÓLICO


Estoy convencido de que, a la larga, el darwinismo puede resultar
útil para la teología católica. Y es que el darwinismo, lo mismo que
cualquier conocimiento que nos permita comprender algo mejor el mun-
do, purifica nuestras ideas sobre su hacedor y su modo de actuar en la
naturaleza. Lo cual facilita, como consecuencia, una interpretación más
correcta de la Biblia.

El verdadero rostro de Dios


Dios ha sido descrito, dibujado, pensado e invocado de maneras muy
diversas. Y ni siquiera la Teología, ciencia de lo divino por excelencia,
tiene acceso directo e inmediato a Dios, sino que todos sus conocimien-
tos sobre Él vienen mediados por las representaciones, experiencias,
ideas, concepciones, simbolizaciones y formulaciones humanas más
diversas5.
“Pintamos cuadros tuyos en todas las paredes, de tal manera que ya
son mil los muros que te cercan”, escribe Rilke en uno de sus poemas6.
En realidad, ya san Agustín había defendido estas ideas en uno de
sus más conocidos aforismos: “Si lo entiendes, es que no se trata de
Dios” (s. 117, 3, 5).

5
“Por ello mismo, es tan decisivo distinguir entre todas ellas y la realidad de
Dios… La fe cristiana cree únicamente en Dios, no en nuestras representaciones de
Dios, ni tampoco en las formulaciones dogmáticas sobre Dios, a cuya realidad nos
reenvían en cuanto formulaciones” (Del Cura Elena, 2002:363-364).
6
“Wir bauen Bilder von Dir auf die Wände; so dass schon tausend Mauern um
Dich stehen” (R ILKE, R.M., Das Buch vom mönchischen Leben [Insel Taschenbuch]
12).
RELEYENDO A DARWIN 143

Parece claro, por lo tanto, que el darwinismo puede desempeñar


una importante función purificatoria respecto a imágenes y conceptos
tradicionales sobre Dios, clarificando algunas afirmaciones del discurso
teológico y liberándolo de su identificación con expresiones culturales
históricamente condicionadas.
La adquisición de nuevos conocimientos sobre el mundo obliga al
creyente a tomar conciencia de que su conocimiento de la divinidad, más
que una meta alcanzada, es un estilo de caminar.

Qué significa ser creado


“Por la fe entendemos que cuantas cosas existen son obra de la pa-
labra de Dios”, leemos en la Epístola a los Hebreos 7, 3. Ahora bien, es
evidente que aquello que se conoce por la fe no puede ser racionalmente
demostrado. Todo lo más, puede ser plausibilizado. Si no, no hablaría-
mos de fe, sino de algo distinto.
Admitir que Dios ha creado el mundo no implica que lo hiciese
exactamente del modo en que se narra en el Génesis. O que deba inter-
venir física y continuamente en el decurso de los procesos naturales, al
modo de una megafuerza o de una superhormona. Tampoco implica,
como se pensó durante siglos, que confesarse creyente implique recha-
zar el trasformismo biológico. Justo hace unas pocas semanas, la Iglesia
Católica ha reconocido una vez más que no hay oposición entre creación
y trasformismo biológico. Por consiguiente, se puede ser evolucionista y
creer que Dios ha creado el mundo.
En relación con la doctrina de la creación, hay que distinguir cui-
dadosamente el qué del cómo: una cosa es creer que Dios ha creado el
mundo y otra saber cómo lo hizo. Y si, como hemos visto, es muy difícil
comprender la naturaleza de Dios, mucho más difícil todavía es conocer
cómo creó el mundo.

CÓMO INTERPRETAR LA REVELACIÓN ESCRITA


¡Cuántos problemas se hubiesen podido evitar de haber seguido
consejos tan simples como los que san Agustín dejo escritos, ya en
144 MARCELIANO ARRANZ RODRIGO, OSA

el siglo V, en uno de sus comentarios al libro del Génesis! “Acontece


muchas veces que un no creyente conoce, por la razón o la experiencia,
algunas cosas de la Tierra, del cielo o de los elementos de este mundo; o
del movimiento, las órbitas, la magnitud y la distancia de los astros; de
los eclipses del sol y de la luna; de los ciclos de los años y de los tiem-
pos; de la naturaleza de los animales, de los frutos, de las piedras y de
todas las restantes cosas de naturaleza semejante. En relación con estos
asuntos hay que evitar a toda costa, como vergonzoso y perjudicial, el
que un creyente opine erróneamente sobre ellos, pretendiendo apoyar sus
opiniones en las divinas escrituras, ya que al oírle el no creyente delirar
sobre estos asuntos, de modo que, como se dice vulgarmente, yerre de
medio a medio, apenas pueda contener la risa. Y lo peor no es que se
ría del hombre que yerra, sino el creer que los cristianos defienden tales
errores… Cuando los no creyentes, en las cosas que conocen perfecta-
mente, hallan en error a los cristianos y éstos afirman que extrajeron
su falsa opinión de los libros divinos, ¿cómo van a creer en esos libros
cuando hablen de la resurrección de los muertos, de la esperanza de la
vida eterna o del reino del cielo? Pensarán que fueron escritos falazmen-
te, pues pudieron comprobar por su propia experiencia que en ellos hay
errores” (Gen. litt. 1, 19, 39).

A MODO DE CONCLUSIÓN – QUÉ HACER


Parece claro que no existen argumentos racionales definitivos ni en
favor de la fe religiosa, ni en favor del ateísmo. A la postre, puede que
tenga razón Rostand cuando dice que, si se toma la razón como fuente
última y única del conocer humano, “nada sería demasiado poco; y Dios
sería demasiado” (Rostand, 1973:62).
En mi modesta opinión, empero, creo que existen argumentos que
ayudan, pero que no obligan, de manera ineludible y perentoria, a to-
mar una decisión personal sobre el sentido del mundo y de las cosas.
Por principio, los métodos científicos no pueden llegar hasta un Dios
trascendente. La Metafísica, por su parte, sólo alcanza a barruntar la
existencia de un principio que es fuente de ser y orden en el mundo.
Un Dios ante el que es inútil orar, porque no se ocupa de los asuntos
RELEYENDO A DARWIN 145

humanos. El misterio de la creación, sin embargo, nos coloca ante un


Dios completamente distinto. Un Dios que, además de ruta intemporal
de todo orden, es también, y quizás sobre todo, amor final que todo lo
abarca.

ANEXO I. R ELACIONES ENTRE FE Y RAZÓN EN SAN AGUSTÍN


Para San Agustín, fe y razón no son modos de conocer alternativos
y excluyentes, sino que, unidos de manera existencial y complementaria,
constituyen para el hombre concreto el mejor camino para alcanzar la
verdad. Los conocimientos que la fe nos proporciona, prolongan lo que
mediante la sola razón podemos conseguir. Y los argumentos de la ra-
zón, sirven para satisfacer el deseo de plausibilización racional que todo
hombre experimenta en relación con lo que cree: “Deseamos conocer y
comprender lo que creemos”7. Por eso, afirma, un cristiano dispone de
mejores medios que un platónico para llegar a la verdad.
San Agustín resume de manera muy precisa su postura en una de sus
sentencias más conocidas: “Entiende para creer y cree para entender”8.

Entiende para creer


La sumisión a la fe no puede ser un acto irracional, sino consecuen-
cia de haber comprendido y aceptado las razones que justifican nuestra
confianza en la Iglesia y en la Biblia. Las razones de nuestro someti-
miento fiducial no son irrefutables, pero sí lo suficientemente sólidas
como para que el acto de fe pueda ser calificado de razonable.

Cree para entender


Una vez admitida la fe, muchos problemas, difícilmente resolubles
desde la sola razón, ofrecen perspectivas de solución. Y los más pro-

7
“Quod credimus nosse et intelligere cupimus” (lib. arb. 2, 5).
8
“Intellige ut credas, crede ut intelligas” (s. 43, 7, 9).
146 MARCELIANO ARRANZ RODRIGO, OSA

fundos anhelos del corazón humano encuentran plena satisfacción en


las verdades de la fe. En definitiva, mediante la fe, el hombre encuentra
aquello que de manera natural busca desde siempre.

BIBLIOGRAFÍA
BRANCH, G. Y SCOTT, E. C. (2009). “Estratagemas del creacionismo”: Investi-
gación y Ciencia, 388, 74-81.
DAWKINS, R. (1996). “¿Tiene sentido la vida fuera de sí misma?”: Investigación
y Ciencia 232, 58-63.
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DEL CURA ELENA, S. (2002). “A tiempo y a destiempo. Elogio del Dios (in)
tempestivo”: Burgense 43/2, 323-378.
DENNET, D.C. (1999). La peligrosa idea de Darwin. Barcelona. Galaxia.
MACHADO, A. (1982). Juan de Mairena. Madrid. Espasa Calpe.
NÚÑEZ RUIZ, D. (1980). “Marxismo y Darwinismo”: Actas del I Congreso de
la Sociedad Española de Historia de las Ciencias. Madrid. Diputación
Provincial.
ROSTAND, J. (1973). El hombre y la vida. México. FCE.
TEMAS DE ACTUALIDAD
ABRIÉNDONOS A LOS VALORES*

Pablo Peralta
Facultad de Teología
Montevideo

Ante todo pongamos el siguiente presupuesto: creo que abrir el


misterio del otro para que se bañe en la luz es el fin de la educación. Y
lo único capaz de sacar a luz aquello que, sin que lo sepamos, ya vive
en nosotros y podemos llegar a reconocer y agradecer, es el testimonio
con que el pedagogo saca de sí mismo a luz, aquello que le han ayudado
a descubrir. El enamorado educa en el amor; quien está fascinado con
la vida, enseña a vivir; el enamorado de una canción nos la hace gustar,
del mismo modo que alguien asqueado por algo es capaz de hacernos
renegar hasta de lo apetecible. El que se siente atraído por lo valioso,
abre a los demás el horizonte de los valores.

¡¡¡ABRIR!!!
Abrir puertas, ventanas, caminos… Abrir la fantasía, la imaginación,
la inteligencia, la sensibilidad, el corazón… Abrir los ojos, los oídos, los
sentidos, la vida… Pocas experiencias nos hablan tan claramente como
las que refieren a abrir y cerrar. Alguien nos abre la puerta, su casa, sus
brazos, su corazón y la vida recupera su sentido. Alguien nos cierra la
puerta en la cara, nos cierra su interior y su mirada y desaparecemos.
La apertura es la actitud fundamental y constitutiva de una exis-
tencia humana vivida humanamente. Vale la redundancia. La apertura
hace hombre al hombre. La apertura es la fuente de la relacionalidad
*
Esta publicación presenta el contenido de una charla y no el de una conferencia
escrita para ser leída. Ello significa que su lenguaje, más que al desarrollo sistemático
del tema, apunta a lograr un acontecimiento de comunicación, en el que lo vivencial y
las referencias que el oyente pueda hacer a su propia experiencia, predominan sobre
el discurso intelectual. Fue pronunciada en la IV Jornada Agustiniana de Educación,
que tuvo lugar en Montevideo el 22 de mayo de 2008, coincidiendo con el Cincuen-
tenario del Colegio-Liceo Santa Rita.
150 PABLO PERALTA

vital en la cual desarrollamos lo que somos como encuentro con noso-


tros mismos, encuentro con el horizonte omnicomprensivo del mundo,
encuentro con los otros y con lo que nos trasciende infinitamente, en-
cuentro con Dios. En la apertura acogemos también el misterio de la
temporalidad entendida como vida, como experiencia existencial que
recoge la vivencia del pasado en un presente que anticipa y recibe el
adviento del futuro.
En la apertura acontece experiencia. La apertura es fuente de ex-
periencia comprendida no como algo que hago, que realizo desde mí,
respondiendo a mis intereses, sino entendida como aquello que hago
mío, que interiorizo en la medida en que lo recibo.
En el ámbito de la ciencia la experiencia tiene su origen en la ini-
ciativa del investigador que requiere del experimento para desarrollar
su estudio de la realidad y para verificar y confirmar sus hipótesis. El
experimento científico es una acción que se desarrolla de acuerdo a un
método propio y tiene como resultado un dato cerrado, una conclusión
lograda o fallida, que demuestra algo afirmativa o negativamente. El
investigador induce y mantiene bajo su poder y control el desarrollo de
la experiencia y sistematiza matemáticamente sus resultados.
En el ámbito de la vida, de la vivencia, la experiencia es recepción
de un don, de algo que puedo esperar y anhelar pero no puedo exigir: la
escucha, la palabra, el reconocimiento, el amor. En la apertura de la exis-
tencia recibo lo que viene a mi encuentro gratuitamente, información o
conocimiento, don personal o espiritual. Mi acción primera es recibir, mi
primera actividad es pasividad que acoge lo que le es dado, lo que se le
revela y muestra, lo que se le abre y encuentra. En la apertura recibimos
lo que nos es dado y lo hacemos nuestro, no en el sentido posesivo de
quien tiene algo nuevo, sino en el sentido intensivo de quien se enriquece
en la gratuidad del don y crece, florece, madura, se expande.
El amor es quizás el prototipo de esta experiencia. No podemos
producir el amor, planificar el amor, administrar el amor, programar
el amor, hacer el amor. Podemos abrirnos al amor, recibir el amor, dar
amor, vivir el amor. El amor es y será siempre la acogida del don gratui-
ABRIÉNDONOS A LOS VALORES 151

to de otro, que volviéndose lo primero al corazón, despierta y alimenta


la respuesta de la entrega al otro.
Cuando hablamos de abrirnos a los valores lo hacemos en este hori-
zonte de experiencia: la experiencia de quien se abre a lo que viene a su
encuentro, recibe y acoge lo que le es dado, lo hace propio y lo abre en
respuesta dándolo a los demás. El valor me enriquece cuando lo acojo y
me vuelve a enriquecer cuando, viviéndolo, lo entrego.
A menudo hablamos de la necesidad de educar en valores. No voy a
polemizar sobre ello. Tampoco puedo evitar algunas preguntas que me
asaltan al pensar en cuál sería el contenido o el camino adecuado a tal
educación. Porque, ¿qué son los valores? ¿Dónde están? ¿De dónde los
saco? ¿Cómo los comunico y siembro en los otros? ¿Cómo se los ratifica,
fortalece, mantiene vivos y vigentes?
Prefiero hablar de abrir a los valores, ampliar y ensanchar el hori-
zonte para el descubrimiento, reconocimiento, apropiación, el asombro
ante lo valioso que atrae, que invita a ser elegido y por lo que nos deci-
dimos hasta el extremo de comprometernos definitivamente.
María, la doncella de Nazaret, recibe el don de la Buena Nueva. Es
el don de la salvación para todos los hombres, para el cosmos entero,
pura gracia y regalo de Dios. María es el modelo de la apertura virginal,
la apertura de quien se ha vaciado de sí mismo y no quiere nada para
sí, no puede nada desde sí, no es nada por sí. Esa apertura es radical
receptividad en la forma del renunciamiento de sí misma para poder ser
enteramente desde Otro. Es la apertura activamente receptiva de quien
dispone de sí dejando disponer, total y plenamente, de sí a Otro. Y expe-
rimenta el don de Dios, al que acoge y hace suyo, al que le ofrece todo
su ser, su carne y su amor, y todo ello para darlo a luz, para regalarlo
al mundo. María recibe lo más valioso que pudiéramos imaginar y lo
recibe en la humildad de la esclava que pide, decidida, que se haga en
ella lo que Dios quiera. María recibe a Dios mismo como el absoluto
que atrae radicalmente, lo acoge en su vida, lo elige como sentido de su
vida, se decide por lo que ha elegido y se compromete hasta el fin, hasta
el desgarramiento y la glorificación por el don que le ha sido dado (cf.
Lc 1, 26-38).
152 PABLO PERALTA

Abrámonos a los valores, abramos la mirada en la amplitud del


horizonte.
Para el cristiano lo valioso es siempre Alguien. Lo valioso es Dios.
Lo valioso es el Dios que se abre y revela en Jesús. Lo valioso es Jesús
mismo y para Jesús lo valioso se llama Reino. Lo valioso es Dios siendo
enteramente Dios en el corazón del mundo, de la historia, en el corazón
de cada uno de los hombres. Lo valioso es Dios Padre por Cristo en el
Espíritu haciendo morada entre los hombres, para que los hombres pue-
dan hacer morada en Él.
“Sucede con el reino de los cielos lo mismo que con un tesoro escon-
dido en el campo. El que lo encuentra lo deja oculta y, lleno de alegría,
va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo. También sucede con
el reino de los cielos lo mismo que con un comerciante que busca perlas
finas, y que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que
tiene y la compra” (Mt 13, 44-46).
¿Cómo descubrir lo valioso? ¿Cómo encontrar lo que está escondido
en el campo? ¿Entre tantas ofertas y propuestas del mercado, cómo des-
cubrir y encontrar la perla de gran valor? ¿Cómo superar la posibilidad
de la confusión, del espejismo, de las estrategias del marketing capaces
de hacer de lo absolutamente estúpido algo imprescindible e irrenuncia-
ble? Todos hemos hecho la experiencia de hacer encontrado algo valioso
que terminó evaporándose o escurriéndose entre los dedos. Y eso cuan-
do hemos tenido suerte. En otros casos, hemos aceptado como valioso
y hemos comprometido inmensos esfuerzos para alcanzar lo que sólo
nos hizo daño y empobreció. Los cristianos podemos superar con natu-
ralidad y sencillez la tentación de buscar en las propuestas del mercado
el método infalible para descubrir lo valioso. Los cristianos sabemos,
creemos que lo valioso es Dios mismo viniendo a nuestro encuentro en
su Hijo Jesucristo.
En una comunidad cristiana, en una comunidad educativa cristiana
no puede existir espacio para el pudor que vacila en nombrar a Dios
para evitar parecer discriminatorio. ¡No mencionamos a Dios para que
los que no lo conocen o no creen en Él no se sientan excluidos, fuera del
ABRIÉNDONOS A LOS VALORES 153

discurso. Es increíble! ¡Evitamos nombrar al único que no discrimina


para evitar discriminar!
¿Queremos encontrar lo valioso? Dejémonos encontrar por Dios!
Es Dios quien abre, muestra, educa en la percepción de lo valioso como
educación en el amor y para el amor. ¡Vale!

DIOS, ¿EDUCA?
Si recurrimos al diccionario1 podemos encontrar múltiples acepcio-
nes de eso que llamamos educar. Alguna de esas acepciones resultan
genéricas: preparar la inteligencia y el carácter para la convivencia.
Otra serie de acepciones enfatiza el aspecto negativo de la educación,
en el sentido de que implica el camino para superar una carencia, una
incapacidad, llenar un vacío. En este sentido se habla de educar como si-
nónimo de adiestrar, domesticar, amestrar, desasnar. Afortunadamente
también encontramos acepciones que afirman positivamente la acción de
educar en el sentido de guiar, orientar, hacer persona como realización
de la múltiple relacionalidad del hombre impresa en él por Dios de quien
somos imagen según la semejanza (Gén 1, 26-27).
En el espíritu de la educación entendida en el último de los sentidos
mencionados, una educación que acontece en la apertura relacional y
apunta al despliegue de la personalidad humana, me atrevo a sugerir
una acepción que no figura en el diccionario que hemos tomado como
referencia. Educar es afinar. Afinar para lo que tiene valor. Afinamos
los instrumentos musicales en un doble sentido: para que el instrumen-
to suene adecuadamente y de acuerdo a sus mejores posibilidades y
también para que pueda concertar, es decir, hacer música en comunión
participativa con el resto de los instrumentos de la orquesta. El afinado
hace bien al instrumento, hace bien a la ejecución orquestal de la obra
musical, hace bien a la música. El afinado hace posible la sinfonía y
la orquesta sinfónica, el encuentro de los diferentes instrumentos al
servicio de la partitura común. Afinar remite espontáneamente a una

1
El Diccionario que usamos en este caso es el Diccionario de uso del español
editado por María Moliner (Gredos, Madrid 1977, 2 tomos). Voz: educar.
154 PABLO PERALTA

imagen antes que a un concepto. Decimos afinar y pensamos en esos


sonidos disonantes e inarmónicos de una orquesta que se prepara para
la ejecución de una obra y que, a través de esa búsqueda de la armonía,
disonantemente, encuentra el tono que congrega desde el diapasón. Es
una imagen visual, auditiva, táctil. El afinado tiene como presupuesto
las potencialidades del instrumento, pero considera también que dicha
potencialidad debe ponerse al servicio de la música y por ello hay que
integrar la potencialidad a la orquesta y hacerla sintonizar en el espíritu
de la partitura. Sin afinado no hay concierto. Sin afinado no hay encuen-
tro. Sin afinado no hay relación lograda. Nada peor para la obra musical
que un solo instrumento desafinado. El desafinado arruina el mejor de
los coros.
Afinar para lo valioso. ¿Eso qué es? ¿Se trata de lo útil, lo eficaz, lo
permitido, lo válido, lo meritorio, lo viable, una cantidad, una cualidad?
Para los cristianos lo valioso tiene un solo nombre, aunque es un
nombre que suena y resuena en mil diferentes cuerdas. Lo valioso es el
amor. El valor es el amor.
Amar es algo concreto y personal. Amar es humanizar, reconocer al
hombre en la magnitud de su humanidad, al hombre, varón y mujer.
Dios nos educa para el amor en la medida en que nos muestra cómo
pasar de lo menos humano a lo más humano. El paso del tiempo no ha
privado de validez a las palabras de Pablo VI en su Encíclica Populorum
Progressio: “Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan técnicos,
cada vez en mayor número, para este mismo desarrollo se exige más
todavía pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo
nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo, asumien-
do los valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la
contemplación. Así podrá realizarse, en toda su plenitud, el verdadero
desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones
de vida menos humanas, a condiciones más humanas. Menos humanas:
las carencias materiales… y las carencias morales… Menos humanas:
las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener o del abuso
del poder… Más humanas: el remontarse de la miseria a la posesión de
lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de
ABRIÉNDONOS A LOS VALORES 155

los conocimientos, la adquisición de la cultura. Más humanas también:


el aumento en la consideración de los demás, en la orientación hacia el
espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de paz.
Más humanas todavía: el reconocimiento, por parte del hombre, de los
valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Más hu-
manas, por fin y especialmente: la fe, don de Dios acogido por la buena
voluntad de los hombres, y la unidad en la caridad de Cristo, que nos
llama a todos a participar, como hijos, en la vida del Dios vivo, Padre
de todos los hombres (20-21).
Abrirse a los valores es abrirse a las posibilidades infinitas de la
humanización, superando todo reduccionismo en la consideración de lo
humano y buscando el misterio mismo del hombre en la contemplación
del misterio del Dios revelado en Cristo. El fin de la humanización es
realización del amor. La realización del amor es felicidad.
Dios nos educa mostrándonos que estamos llamados a ser felices.
Dios no escribe, no hace discursos, no impone reglamentos, no inventa
manuales, no publica decretos. Dios nos educa a través de lo que so-
mos, de la vida que vivimos, de la historia y el contenido que le damos
haciendo, de esa historia, vida y vida nuestra. Dios no nos educa desde
fuera, sino desde dentro, modelando y amasando con su amor nuestra
humanidad desde su más honda interioridad en la intimidad en que se
encuentra con nuestra mismidad y nos abre la suya.
Dios no invade, no acosa, no impone. Dios abre, deja salir lo oculto
a la luz, permite nacer, promueve y hace posible que lo demos a luz
como lo más íntimo y auténtico de nosotros mismos. Dar a luz a Dios
como María. Dar a luz a Dios es realización in extremis de la humani-
dad. Dios quiso ser dado a luz por los hombres, desde el seno de una
mujer, hacia el interior de la historia humana.
Los que escriben y hacen discursos acerca de lo aprendido de Dios
son los hombres que se han abierto a su Revelación, se han dejado edu-
car por su amor eficaz y discreto e inspirados por Él, dicen en palabras
humanas lo que es enteramente palabra de Dios.
Entre esas palabras encontramos momentos de gran densidad y
significación. Por ejemplo, la entrega de los 10 mandamientos. Dios los
156 PABLO PERALTA

imprime en la piedra para que puedan ser impresos en el corazón de los


hombres. Los 10 mandamientos son diez caminos de vida y libertad. Los
diez mandamientos señalan lo valioso. Si entendemos la educación como
desasnar o enseñar lo que no se conoce espontáneamente, entonces no
hacen sino subsanar nuestra escasez. Pero si entendemos la educación
en el sentido de hacer persona, los diez mandamientos exponen en la luz
valores insondables capaces de moldear y formar la persona humana. Lo
valioso es el SÍ que afirma cada uno de esos mandamientos. Desde el sí
que afirman, los mandamientos no son un conjunto de prohibiciones (no
matar, no mentir, no cometer actos impuros, no robar…), sino el regalo
de diez libertades desde las cuales ser y crecer. No matar no es sino el
mínimo que se espera de nosotros si es que queremos vivir la libertad
de decir sí a la vida. El sí a la vida abre un horizonte increíble de posibi-
lidades insospechadas: cuidar la vida, buscar la vida, defender la vida,
promover la vida, sanar la vida, valorar la vida, agradecer la vida, hacer
mejor la vida de los demás, potenciar la vida, sostener la vida… No
mentir es lo menos que podemos esperar de alguien que descubre el va-
lor de la verdad. Y el sí a la verdad se expande en un horizonte infinito:
buscar la verdad, amar la verdad, decir la verdad, proclamar la verdad,
defender la verdad, anunciar la verdad, agradecer la verdad, acoger la
verdad, decidirse por la verdad…
La acción de Dios a través de la historia de su pueblo, de la historia
con su pueblo, es nuestro paradigma para abrir el horizonte de los va-
lores. ¿Cuáles son esos valores que Dios fue abriendo desde sí mismo
a los hombres y presentando como atractivos para los buscadores de
felicidad que somos?
Los patriarcas descubrieron el valor de la vida lograda. Es valioso
vivir bien, alimentarse, aprender, poder trabajar, cosechar el fruto del
propio trabajo, tener salud y descendencia, convivir humanamente con
los otros y recibir su reconocimiento. Dios aparecía como el garante de
una vida digna, la que era a su vez comprendida como don y bendición
de Dios. Dios quiere que el hombre coma, beba y disfrute de su trabajo.
La esclavitud en Egipto hizo aparecer en el horizonte del corazón
humano un nuevo valor que, dadas las condiciones de opresión en que
vivía Israel, se volvía tan luminoso como desafiante: el valor de la
ABRIÉNDONOS A LOS VALORES 157

libertad. Es valioso ser libre, poder dar forma a la propia vida, poder
desarrollar las propias potencialidades. Y Dios sale al encuentro del
clamor de los suyos. Abriendo el mar y conduciendo a su pueblo por el
desierto, entregándole los caminos de la ley y guiándolo hacia la Tierra
de la esperanza, Dios descubre a su pueblo el valor inconmensurable
de la libertad y le ofrece el signo del valor de una liberación que ha de
vencer y transgredir aún los límites radicalmente definitivos: el límite
de la culpa, el límite de la muerte. La libertad de los suyos es un valor
por el que Dios se juega en la peregrinación de la historia.
El pueblo llega a la Tierra prometida y comienza a dar forma a su
vida, a desarrollar su propia cultura, a gestar su identidad. Sión es el lu-
gar en que descansa la presencia de Dios entre los suyos. La vida entera
del pueblo de Yavé gira en torno a Sión, a la presencia viva de su Dios.
Tener a Dios por centro de la propia vida, por centro de la vida del pue-
blo es el valor que Dios abre a los suyos. La vida humana encuentra su
centro en la medida en que se centra en Dios y se deja centrar por Él.
Todos hacemos la experiencia de descentrarnos. ¡Cuántas veces
en la vida dejamos que lo secundario asuma el lugar de lo esencial! Y
cuando damos la espalda a Dios, dejamos que el poder o el tener, el
saber o el placer vayan ocupando el centro de lo que somos, hacemos,
soñamos. Lo que nos atrae como valioso terminará haciéndose polvo en
nuestras manos y ¿entonces qué? Dios saldrá al encuentro de los suyos
como amor que perdona, como misericordia que rescata, acoge y salva.
Dios no nos da la espalda. Nos abre a la experiencia inaudita del perdón
como aquél valor capaz de hacer nuevas todas las cosas, de devolver la
oportunidad a quien eligió contradecirse a sí mismo. El valor de un amor
que perdona y devuelve al camino y al encuentro, es pedagogía de Dios,
pedagogía de la que depende el destino eterno de la humanidad.
Hay veces en que damos la espalda y cerramos la puerta detrás.
Hacemos del encuentro desencuentro. Transformamos la comunión en
incomunicación. Hacemos del abrazo soledad. Israel llegó a perder todo
lo que había recibido como don, como valiosa ofrenda de Dios. Perdió la
tierra y perdió a Sión, perdió la libertad y perdió el bienestar, se perdió
y amaneció un día en la esclavitud y en el destierro. En la lejanía de
Babilonia se hace densamente experimentable la lejanía de Dios. Pero
158 PABLO PERALTA

Dios es fiel. Dios es fidelidad como valor inmarcesible. Dios no aban-


dona a su pueblo tan proclive a las seducciones que terminan siendo su
condenación. Y el retorno a la tierra, el retorno a la vida se vivirá en
el horizonte de un nuevo valor: el valor de poder recomenzar, de poder
reconciliar y reconciliarse, el valor de poder hacer nuevo y de nuevo.
El retorno será nuevo comienzo, entusiasta comienzo y el aprender a
recomenzar, el aprender a levantarse y volver a intentar, se transforman
en valores indeclinables al interior de nuestra peregrinación.
Un día aprendemos que por mejor que intentemos hacer las cosas,
todo resulta precario, transitorio, incompleto, inacabado. El entusiasmo
pasa e incluso cuando algo parece logrado, la ancianidad, la enferme-
dad, la imperfección, la muerte se desocultan cuestionándolo todo,
como amenaza ineludible. El nuevo valor tendrá que mantener su valor
más allá de todo límite. Necesitamos de aquello tan valioso que pueda
trascender todas las formas del límite. Lo valioso será horizonte de
universalidad y eternidad. Lo valioso será lo que pueda abarcarlo todo,
rescatarlo todo, salvarlo todo y llevarlo a plenitud. Lo valioso será capaz
de recoger la totalidad del tiempo en el insondable aliento de la eterni-
dad. Dios revela lo valioso como vida, vida eterna, vida plena.
Esta larga pedagogía de Dios a través de la historia de su pueblo se
profundiza por Cristo, con Él y en Él. “El cual, siendo de condición di-
vina, no hizo alarde de su categoría de Dios, se despojó de su grandeza,
tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su
condición de hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta
la muerte, y una muerte de cruz” (Filp 2, 6-8)
“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14a). La
encarnación es el acontecimiento del valor por excelencia, el valor de la
humanidad habitada por Dios, el valor de la humanidad divinizada en
Cristo y de la divinidad humanizada en Jesús. Dios se hace hombre. El
valor de ser hombres, varones y mujeres en serio, es valor excelente. Ser
lo que somos a imagen del Verbo encarnado. En la encarnación de su
Hijo, Dios nos revela que es infinitamente valioso lo que hace hombre
al hombre. En la encarnación Dios descubre al hombre su identidad y
la promueve (cf. GS 22), para que lleguemos a participar de lo que el
mismo Dios es. La encarnación revela como valor excelente lo que nos
ABRIÉNDONOS A LOS VALORES 159

mueve a que lleguemos a ser lo que somos en el proyecto amoroso del


Padre. La encarnación revela como valiosa la vida entendida desde la
vocación, como respuesta a un llamado que nos precede desde toda la
eternidad. La vocación humana realiza su valor como desarrollo de la
personalidad en el amor, a Dios, a sí mismo, a los otros.
Un hombre preguntó a Jesús: “¿Qué puedo hacer para heredar la
vida eterna?” (Lc 18, 18). Jesús le recuerda el camino de los mandamien-
tos, un camino que este joven ha transitado con decisión y éxito. Aún
faltaba una cosa: “Vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres y
tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme” (Lc 18, 22).
En este encuentro, lo valioso trasciende radicalmente el mero cum-
plimiento de cualquier precepto, lo valioso es mucho más que cualquier
código de conducta o cualquier propuesta de vida. Aquí lo valioso se
abre y descubre como adhesión, decisión, seguimiento de Jesús, la perla,
el tesoro descubierto, aquello, mejor dicho, Aquél, por el que se deja,
con alegría, todo lo demás. Lo valioso no es algo (la Ley). Lo valioso es
Alguien por quien dejamos todo. Lo valioso es alguien que amándonos,
nos convoca al amor. Lo valioso es realización del amor como amor a
Jesucristo y por Cristo a Dios. Lo valioso es enamorarse de Dios, fuente
de alegría. Privarse de ese valor tiene como consecuencia el hundimiento
en la tristeza (cf. Lc 18, 23).
Dios nos educa en lo valioso. Dios es escuela de lo valioso. ¿Cómo
lo hace en Jesús?
“Jesús, fatigado por la caminata, se sentó junto al pozo. Era casi
mediodía. En esto, una mujer samaritana se acercó al pozo para sacar
agua…” (Jn 4, 6). Jesús se encuentra con la samaritana junto al pozo.
Es valioso ir al encuentro del otro. Es valioso abrirse al otro. Es valioso
tomarse tiempo para el otro. Jesucristo dialoga con la mujer, mujer y
extranjera. Jesús pide de beber. Pide y espera lo que el otro le pueda
dar. Es valioso pedir. Es valioso esperar. Jesús no desvaloriza lo que
hay en el otro, lo que el otro tiene. Jesús educa mostrando que hay más,
que somos infinitamente más ricos que lo que imaginamos o que lo que
indique el acervo de nuestros talentos y posibilidades. Y ese más que
supera toda pretensión tiene que ver con Jesús, quien revaloriza enri-
160 PABLO PERALTA

queciendo nuestra vida. “Si conocieras el don de Dios y quién es el que


te pide de beber, sin duda que tú misma me pedirías a mí y yo te daría
agua viva” (Jn 4, 10). El agua que puede ofrecer Jesús es agua que riega
la vida plena y abundante, es agua que calma la sed de vida eterna, es
agua que sacia definitivamente las sedes del hombre, especialmente la
sed de ser y la sed de Dios.
Educar abriendo a los valores en el modo en que Dios lo hace, es
abrir horizontes a lo grande. No se trata de ofrecer valorcitos, gesti-
tos, buenos modales, actitudes cordialmente educadas. No se trata de
ordenar y controlar nuestros excesos o nuestras rispideces. Se trata de
atreverse a lo grande e inmenso. Se trata de abrirse a algo que saciándo-
nos, nos permita vislumbrar, tocar la eternidad. Se trata de abrirse a lo
que nos abre la eternidad y la inaugura para nosotros en el ya de nuestra
vida e historia.
Ningún valor abre la eternidad. Sólo el amor, sólo una persona,
sólo Alguien y en ese Alguien, todos, sólo ese amor nos ayuda a pasar
de lo menos humano a lo más humano. Sólo el amor es capaz de llegar
hasta el precipicio de la muerte porque ama y elige darse para que otro
sea. Sólo el amor puede hundirse en el abismo del dolor, del no ser, del
abandono y de la muerte para inundarlo todo desde dentro con lo va-
lioso que no pasará jamás: el amor, el amor de quien da la vida por los
que ama (cf. Jn 15, 13). Sólo el amor vence lo que lo mata. Sólo el amor
permanece (cf. 1 Cor 13, 8).
Les invito a hacer silencio. Silencio de escucha. Silencio que acoge y
recibe lo que luego podrá ser dado a luz. Silencio para escuchar una can-
ción. La canta Nana Mouskouri y se llama Sólo el amor permanece2.

El tiempo se vuelve sueño, pero el amor permanece,


el deseo se vuelve sueño, pero el amor permanece.
Aunque la vida nos quite mucho,

2
Sólo el amor permanece, tema central de la serie “Herederos del Amor”. Texto
original en alemán. Aquí presentamos una traducción hecha por mí.
ABRIÉNDONOS A LOS VALORES 161

lo que recibí de ti, eso, no lo perderé jamás.


El dolor pasa, pero el amor permanece
y le da a la vida un sentido.
Lo que el mundo escribe en libros de oro
no hace rico de verdad, pero el amor permanece.

A menudo soy como un pájaro en el viento


congelándome por la nieve y cegado por el sol
y, sin embargo, cuando desciendo buscando acogida,
es porque tú estás allí.

El sí se vuelve no, pero el amor permanece;


la verdad, apariencia, pero el amor permanece.
Y si tu no volvieras a estar jamás junto a mí
lo que recibí de ti, vivirá en mí para siempre.
El juramento se olvida, pero el amor permanece
y le da al anhelo algo en que sostenerse.
Lo que en el correr del tiempo es empujado hacia atrás,
se vuelve recuerdo, pero el amor permanece.

Aún cuando la vida se lleve mucho consigo,


lo que recibí de ti no podré olvidarlo.
Lo que el mundo escribe en libros de oro
no hace ricos de verdad,
pero nuestras pequeñas historias,
como el amor, permanecen.

Por último, el amor, abriendo las puertas de la eternidad, regala


futuro. Lo valioso es Dios mismo en adviento, es el futuro definitivo
aconteciendo en el ya de nuestra vida. Abrir a los valores es abrir futuro,
abrir para el adviento del futuro. En la fe vivimos hacia el mañana de
Dios todo en todos, afirmando que lo mejor todavía no pasó. Educar para
el futuro es educar el corazón, sede de la libertad y del compromiso,
para el amor.
162 PABLO PERALTA

Si es verdad que allí donde esté nuestro tesoro, allí estará nuestro
corazón (Mt 6, 21), entonces la sede del corazón es perla y tesoro, lo
valioso por excelencia, que recoge la totalidad de la vida para ponerla
en manos del Señor.

Es hora, ya, de levantar el vuelo,


corazón, dócil ave migratoria,
se ha terminado tu presente historia,
y otra escribe sus trazos en el cielo.

No hay tiempo para el desconsuelo


sigue la vida, urgente y transitoria,
muda el proyecto de tu trayectoria
y rasga del mañana el hondo velo.

Si el sentimiento, más desobediente,


se niega al natural imperativo,
álzate tú, versátil y valiente.

Tu oficio es cotidiano y decisivo.


mientras alumbre el sol, serás ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.

¡Corazón!3

3
GALA, A. (1997). Poemas de amor: Sonetos de la Zubía Nr. 3. Buenos Aires.
Seix Barral.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY

Javier Galdona
Universidad Católica de Uruguay
Montevideo

INTRODUCCIÓN
Al comenzar este artículo quiero manifestar mi total convicción
de que la Educación en Valores es una propuesta no sólo pertinente,
sino sumamente valiosa para la construcción de realidades sociales
más humanizantes para todos sus integrantes. Esta opción encuentra
estímulo al poder clarificar los desafíos que la Educación en Valores
afronta hoy. Conscientemente los llamo “desafíos” y no “problemas”,
porque son ante todo puertas positivas hacia el futuro. Lo realizado en
Educación en Valores hasta la fecha no carece de validez, al contrario,
tanto la reflexión teórica como el trabajo de campo ha tenido un enorme
valor para las personas directamente involucradas y para la sociedad.
Por ello, los desafíos no nacen de una experiencia negativa, sino de algo
muy distinto, que es el anhelo de una realidad social mucho mejor, de las
ganas de comprometerme en su construcción, y de la certeza de contar
con un instrumento muy valioso.
Desarrollo este artículo como instancia crítica: para tomar distancia,
agudizar la mirada global, dejarse interpelar por las críticas externas,
des-fanatizarse de las propias convicciones, y crecer en sabiduría. El
resultado no puede ser la des-moralización, y mucho menos aún el cinis-
mo. Al contrario, con enorme paciencia histórica y fe en la humanidad,
se trata de poner nuevamente las manos en el surco pero sin perder el
horizonte. No existen los instrumentos perfectos, pero en la medida que
van superando etapas y respondiendo adecuadamente a los desafíos
principales, su pertinencia y eficacia aumentan sensiblemente.
El futuro puede ser mucho mejor, nosotros podemos colaborar en
su construcción, y la Educación en Valores es un gran instrumento para
ello. Esas son tres certezas que animan este breve análisis.
164 JAVIER GALDONA

Hablar de desafíos implica una perspectiva positiva, optimista. Sería


pertinente plantearse si se trata de un desafío o de múltiples desafíos. La
cuestión es si se trata de la necesidad de un replanteamiento profundo
acerca de la propia razón de ser de la Educación en Valores (el desafío
de ser útil en la actualidad), o si, partiendo de su pertinencia, se trata
de la necesidad de reformulaciones parciales, de adaptaciones, de pro-
fundizaciones.
En este trabajo planteo sintéticamente desafíos de muy diferente
alcance. Se trata de una recuperación ordenada a efectos de tener una
mirada global, aunque siendo plenamente consciente que cada uno de
estos desafíos necesitaría de un tratamiento mucho más extenso.
Se presentan ocho desafíos organizados en tres ámbitos de proble-
mática que tienen que ver directamente con la pertinencia de la Educa-
ción en Valores: 1. Respecto a la sociedad; 2. Respecto a su finalidad;
y 3. Respecto a su aplicación. Además, en un cuarto capítulo presento
otros cuatro desafíos derivados de algunos temas demandados por la
sociedad y que resulta necesario seguir desarrollando.

1. DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN EN VALORES RESPECTO A LA SOCIEDAD


Un problema de fondo
Existe desde hace ya unos cuantos años un apelo social explícito a
la ética y a la educación como instancias fundamentales para resolver lo
que es percibido como problemas actuales: la convivencia, la autoestima
del colectivo social, la autenticidad de las personas, la justicia de los
sistemas, la seguridad respecto al futuro, etc.
Especialmente en el caso de la ética, ese apelo social insistente tiene
mucho de anhelo de una solución mágica frente a lo que genera angus-
tia social. Se trata en general de una especie de clamor a una instancia
superior e inaferrable que, sin esfuerzo ni compromiso de parte de los
ciudadanos, resuelva esos problemas y así cada uno pueda seguir con
su vida. Como decía un profesor de ética: “todos queremos un mundo
sin polución, pero nadie está dispuesto a dejar el auto y agarrar la bici-
cleta”.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 165

La popularidad que tuvo en algunos ámbitos políticos y educativos


la Educación en Valores contenía mucho de esa mentalidad mágica.
Aunque lo profundizaré más adelante en este mismo artículo, se pro-
yectaron en ella muchas expectativas fáciles, inmediatistas, meramente
instrumentales, acerca de sus posibilidades transformadoras de la reali-
dad y, sobre todo, fue presentada más como una etiqueta que como una
opción real y profunda.
Con todo, no se puede sostener que se trate de una conciencia mági-
ca totalmente ingenua, sino que considero que incluye una gran dosis de
cinismo. En el fondo de muchas de las apelaciones a la ética se encuentra
una profunda falta de confianza en las posibilidades reales de contar con
referentes éticos comunes. Se anhela tener referentes éticos certeros, in-
cuestionables, y obligatorios. Por otra parte, se reivindica una autonomía
ética absoluta, sin más fundamento que la convicción personal. A su
vez, se rehuye el esfuerzo de aprender a dialogar y a construir certezas
comunes. El resultado es claro: no hay salida. Entonces apelamos a la
“magia”: que “alguien” solucione el problema y nos dé tranquilidad, que
venga la ética pero que no nos cuestione nada.
Es interesante repasar la extensa bibliografía de los años 80 y 90 en
la relación ética y Educación en Valores1. El acento principal radica en
argumentar una y otra vez que es posible y válida una construcción ética
colectiva. Sin embargo, esa prédica no parece haber calado muy hondo,
no obstante la sólida argumentación esgrimida. A un cuarto de siglo de
que el tema esté en debate en el ámbito educativo, aún entre educadores
relevantes, sea del campo académico sea del trabajo de aula, no aparecen
convicciones serias respecto a las posibilidades de contar con referencias
éticas comunes ni siquiera dentro del espacio educativo.
De aquí, surge un primer desafío para la Educación en Valores:
contestar la conciencia mágica y el escepticismo subyacente con otros
instrumentos.

1
Entre los exponentes más destacados de habla hispana se encuentra la enorme
producción de Adela Cortina, Guillermo Hoyos, Joseph María Puig Rovira, Miquel
Martínez Martín, María Rosa Buxarrais, etc.
166 JAVIER GALDONA

En este sentido, considero poco útil la insistencia a partir de la argu-


mentación desarrollada. Creo más bien, que la respuesta al desafío debe
buscarse por dos caminos distintos y complementarios: hacer planteos
conceptuales más drásticos, y desarrollar experiencias prácticas de cons-
trucción ética colectiva en todos los espacios posibles.
La primera estrategia planteada – hacer planteos conceptuales más
drásticos – será profundizada más adelante. Su finalidad consiste en
ayudar a descubrir los conflictos reales y profundos que le supone para
cada uno de los involucrados asumir una propuesta de construcción
ética común.
La segunda estrategia persigue un camino que de por sí es muy
lento y de alcance poblacional muy limitado, pero al mismo tiempo de
una eficacia incuestionable: la experiencia personal de que es posible y
beneficiosa la construcción ética común.

Pragmatismo funcional más que profundidad crítica


“La necesidad tiene cara de hereje”, dice el refrán, y algo de eso
puede haber estado ocurriendo aquí. Por un lado, está la convicción
acerca de la validez de las propuestas, por el otro, la dificultad para en-
contrar espacios reales de aplicabilidad. Por un lado está la urgencia de
dar respuesta al apelo social, y por el otro, la enorme inercia de las prác-
ticas educativas instaladas. Por un lado, está la mirada de largo plazo y
la preocupación genuina en los problemas de fondo, por otro lado está
la preocupación por los resultados tangibles de corto plazo por parte de
autoridades políticas y/o educativas.
Podría continuar con las contraposiciones, todas ellas reales y váli-
das. No se puede simplificar ingenuamente la realidad educativa y social.
En ella intervienen intereses legítimos pero de muy difícil articulación.
Hay perspectivas económicas y de gestión, entre procesos pedagógicos
de largo plazo y resultados de relativa certeza respecto a costos econó-
micos y funcionales importantes e inmediatos.
En ese aspecto quiero destacar la enorme y pesadísima inercia que
existe en el ámbito educativo. Es inercia de prácticas y de hecho. Porque
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 167

a nivel teórico o declarativo las transformaciones son impresionantes.


Sin embargo, las prácticas institucionales, las de los docentes en el
aula, la de los padres respecto a sus hijos alumnos, la del conjunto de
la sociedad respecto a la estructura educativa, etc., son casi imposibles
de modificar.
Hay una frase terrible que ilustra este aspecto. Luego de una pre-
sentación acerca de la propuesta de Educación en Valores en un centro
educativo, un docente expresa: “muy interesante la propuesta, pero en el
fondo es lo que ya venimos haciendo desde siempre, sólo que Uds. lo di-
cen con mejores palabras”. En ese instante murió la posibilidad transfor-
madora de la propuesta. Si la propuesta no despierta una instancia crítica
real frente a la práctica educativa, no puede lograr nada profundo.
En los hechos, entiendo que la implementación de la Educación en
Valores en los países hispanoamericanos terminó optando más por la
estrategia de procurar los espacios que el sistema educativo existente
le daba, que por plantear líneas de acción realmente críticas hacia el
propio sistema.
En primer lugar, me parece que la estrategia seguida ha demos-
trado en los hechos su inutilidad. No solamente no se ha profundizado
progresivamente la instancia crítica, sino que en general ha terminado
por ser completamente asimilada. En el ámbito educativo privado, en
muchos casos, la educación en valores se ha convertido en un atributo
más –entre otros varios– que mejora el perfil del marketing institucional,
sin haber transformado ninguna práctica.
En segundo lugar, y a mi parecer más importante aún que el ante-
rior, la estrategia desarrollada terminó por hacer perder el propio ímpetu
transformador que tenía la propuesta inicial. La cuestión de fondo con-
siste en dar respuesta a cuestiones profundas de la sociedad en aspectos
relevantes, en las que el sistema educativo actual no da. Eso no se logra
mediante pequeños cambios en el currículum sino que necesita de un
replanteo serio del sistema educativo (Langón, 2008).
De aquí surge otro desafío para la Educación en Valores: cómo ar-
ticular una propuesta que sea integrable progresivamente en el sistema
educativo (partiendo de descartar en principio la posibilidad fáctica de
168 JAVIER GALDONA

un cambio radical y global del sistema educativo), y que simultáneamen-


te implique una instancia crítica y transformadora del mismo.

La supuesta “utilización política” de la Educación en Valores


La propuesta teórica más difundida de la Educación en Valores ha
variado en un abanico que va desde la propuesta netamente procedimen-
tal con neutralidad axiológica, hasta la propuesta procedimental pero con
contenidos axiológicos explícitos, sean estos referidos al relacionamiento
democrático, sean referidos a los valores históricamente reconocidos
pacíficamente como tales por el conjunto social de referencia. En ambos
casos, la estructura procedimental básica pretende asegurar la neutrali-
zación de los subjetivismos personales e institucionales.
Creo que a esta altura de la investigación psicopedagógica y socio-
educativa, no es sostenible seriamente la “neutralidad absoluta” del pro-
ceso educativo en ningún aspecto. Por ello, la cuestión está más centrada
en la explicitación de los pre-supuestos y de los objetivos por una parte,
y la claridad en los procedimientos pedagógicos por otra.
No obstante, tanto a nivel de la población en general, como también
de muchos ámbitos educativos, existe una sistemática y profunda sos-
pecha acerca de la Educación en Valores. Existe un fuerte pre-juicio (en
sentido no peyorativo) de que la Educación en Valores es una especie de
caballo de Troya que esconde en su interior propuestas axiológicas y/o
comportamentales no explicitadas. En algunos casos se lo achaca a una
ingenuidad procedimental por parte de los impulsores de la Educación
en Valores, pero en la mayoría de los casos de presupone mala fe en la
propuesta.
Este presupuesto negativo hacia la Educación en Valores, llega a
implicar la perspectiva de la ideología de estado y/o del partido de go-
bierno, obviamente considerada contraria al respeto por las convicciones
personales y el legítimo pluralismo2. Simultáneamente la argumentación

2
Es interesante constatar que estas lecturas se hacen tanto desde la izquierda
como de la derecha políticas. Por ejemplo, en Uruguay, la propuesta de institucionali-
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 169

de los exponentes más clásicos de la propuesta de Educación en Valores


va justamente en sentido contrario, es decir, intentan convencer que la
propuesta justamente favorece el desarrollo de las convicciones per-
sonales y asegura un amplio y positivo pluralismo (Martínez Martín,
1995).
Resulta obvio que la argumentación esgrimida, sea por los conte-
nidos, sea por el modo, no ha logrado convencer. De aquí otro desafío:
¿desde qué bases replantear el diálogo con la sociedad de modo que el
impacto sea más eficaz? ¿Cómo levantar las sospechas pre-juiciosas (mu-
chas de carácter no totalmente racional) que contestan las propuestas en
Educación en Valores? Es claro que hay que mantener el nivel argumen-
tativo sostenido hasta ahora, pero también es claro que no es suficiente
con seguir convenciendo a los que ya estamos convencidos.

2. DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN EN VALORES RESPECTO A SU PROPIA FINALIDAD


La confusión comienza en el nombre
Formalmente se le llama “Educación en Valores”, así se lo ubica en
Internet, con pocas diferencias ese es el nombre que ha adquirido en las
propuestas de implementación y en las experiencias pedagógicas reali-
zadas, inclusive es el nombre institucional en no pocos casos.3
Sin embargo, la cuestión central que plantea no son los “valores”. Se
trata de planteamientos pedagógicos que abarcan áreas de la estructura
ética de la persona, tanto en sus convicciones como en las posibilida-
des de desarrollo a lo largo de la vida. Abarca, asimismo, áreas de la

zar la Educación en Valores en la educación pública surgió durante el gobierno de un


partido “tradicional”, y cuando asumió el gobierno un partido de “izquierda” eliminó
totalmente la propuesta por considerar que en sí misma implicaba una educación
conservadora. Al mismo tiempo en España, la implementación es realizada por un
gobierno de “izquierda” y es fuertemente contestada por sectores conservadores, con
argumentos semejantes pero de signo contrario (Orrico, 2008:163-176).
3
Empezando por mi propia casa, en la Universidad Católica de Uruguay, en que
personalmente integro desde los inicios el “Programa de Educación en Valores”.
170 JAVIER GALDONA

relacionalidad interpersonal e intergrupal, e integra las perspectivas del


relacionamiento socio-estructural4.

Si bien, la cuestión filosófica y social de los valores entra dentro


del horizonte de trabajo, no obstante, para la inmensa mayoría de los
exponentes de la Educación en Valores, restringirse a propuestas edu-
cativas en torno exclusivamente a los valores resultaría inaceptable. La
cuestión de los valores se encuadra dentro de una perspectiva mucho
más rica, compleja y articulada, y solamente a su interior puede tener
importancia.
En las presentaciones iniciales acerca de la Educación en Valores,
docentes, directores y padres de alumnos, suelen quedar desconcertados
acerca de lo abarcadoras de las propuestas. La reacción inicial suele ser
la de descubrir un ámbito del desarrollo humano que no se suele conocer
habitualmente. Es cierto, no se trata de “educar en valores”, se trata de
muchísimo más5.
A la pregunta “¿en qué valores quieren educar Uds.?” normalmente
tenemos que responder diciendo: “en realidad no puedo responder esa
pregunta y tampoco vale mucho la pena hacerlo porque derivamos

4
A modo de ejemplo, la presentación institucional del Programa en Valores
mencionado en la nota anterior establece: “…es creciente el reclamo que se realiza
a los sistemas educativos formales y no formales de acrecentar su impacto en cuan-
to a la construcción de parámetros de referencia ética que, a través de las nuevas
generaciones, permitan la gestación de un relacionamiento social más tolerante en
la pluralidad, más firme en los principios democráticos y más comprometido en la
defensa de los Derechos Humanos…” (la cursiva es mía). En el mismo sentido, Puig
Rovira, 1996.
5
En este brevísimo planteamiento no pretendo excluir la cuestión de los “valo-
res” en juego, sean sociales o personales. Simplemente rescato el hecho de que ello
no constituye ni de lejos el eje de la propuesta. Inclusive, a la hora de plantear los
valores de referencia no existe una sintonía tan inmediata entre quienes postulamos
la validez de la propuesta de Educación en Valores, como sí lo hay en los demás as-
pectos. También me resulta claro que el tipo de lenguaje cambia sustancialmente ya
que se pasa de un análisis de estructuras y procedimientos a aspectos de contenido
material ético. A modo de ejemplo, algunas posturas con perspectivas muy diversas
en sus planteamientos: Buxarrais, 1998; Cortina, 2007; Prieto Sánchez, Zambrano y
Martínez, 2008.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 171

fácilmente a discusiones puramente abstractas; lo que ciertamente bus-


camos es ayudar en la construcción de estructuras de personalidad y de
relacionamiento, en la construcción de convicciones autónomas, en el
desarrollo de comportamientos y actitudes, etc”. Ciertamente, parecería
que se quiere eludir la pregunta, cuando en realidad el problema está en
el propio nombre dado a la propuesta.
Pero el desafío no es tan simple como el hecho de cambiar de nom-
bre. El desafío real consiste en redefinirnos como horizonte de acción
ético-pedagógica en torno a un núcleo que pueda simbólicamente repre-
sentar en un “nombre” el conjunto de la propuesta.

En los hechos, la propuesta derivó hacia la construcción de ciuda-


danía
Se trata más de una constatación que de un juicio. Sin embargo no
deja de ser la constatación de un hecho relevante por varias razones. An-
tes de entrar en su consideración, quiero remarcar que el hecho de que la
Educación en Valores haya derivado hacia la construcción de ciudadanía
no es algo que necesariamente debía ocurrir a sí.
Como ya hemos manifestado, la Educación en Valores como pro-
puesta amplia, pretende incidir en una serie de ámbitos muy diversos,
aunque todos ellos vinculados a la ética. Es más, en términos muy
generales –para no entrar ahora en la cuestión de su definición for-
mal– podríamos decir que en su concepción fundamental la Educación
en Valores abarca todo lo referido a los procesos pedagógicos que tienen
como finalidad el desarrollo de los aspectos éticos inherentes a la vida
de las personas y los grupos humanos. A partir de este horizonte, resulta
claro que la construcción de ciudadanía entra dentro del marco general
de la Educación en Valores, pero no lo agota en absoluto.
La preocupación subyacente a esta constatación tiene que ver con
dos perspectivas: la primera, referida a que por la vía de los hechos no
termine reduciéndose la Educación en Valores a la construcción de ciu-
dadanía; la segunda, referida a que el modo de encarar la construcción
172 JAVIER GALDONA

de ciudadanía no termine contradiciendo el objetivo fundamental de la


Educación en Valores.
Con respecto a la primera preocupación manifestada –reducción del
horizonte de la Educación en Valores– entiendo que hoy día el riesgo no
es muy grande y el desafío que plantea es sencillo: hay que recuperar
sistemáticamente en la reflexión y en la presentación de la propuesta de
Educación en Valores su horizonte amplio, antes de entrar en la consi-
deración de lo específico.
Donde la preocupación es mucho mayor es respecto a la segunda
perspectiva. El desafío consiste en evitar que el tratamiento específico
de la construcción de ciudadanía pueda terminar en contradicción con
los postulados esenciales de la Educación en Valores. Este desafío, tiene
relación con lo planteado anteriormente en el primer punto del presente
trabajo: “Un problema de fondo”.
Para presentarlo sintéticamente debido a la brevedad del artículo,
aún a riesgo de que la categorización resulte excesivamente esquemáti-
ca, centro la cuestión en el riego de que la construcción de ciudadanía
termine siendo un medio de mera reproducción social, sin desarrollar
aspectos de la distancia crítica imprescindibles en la construcción de la
autonomía moral de las personas y los grupos participantes.
Quiero dejar expresa constancia que este riesgo no abarca la pers-
pectiva que del tema tienen los teóricos más importantes de la Educación
en Valores, sino que el riesgo se ubica especialmente en todos los demás
niveles de aplicación de la propuesta.
En la práctica, siempre ha resultado muy fácil dejar de lado los pos-
tulados más generales, como si fuesen adornos de estilo, para centrarse
en lo que la mayoría considera “lo verdaderamente importante” que es
lo específico. Así es muy común que la discusión teórica y la aplicación
práctica de las propuestas terminen por dejar de lado lo que en última
instancia es fundamental para no traicionarse: los postulados generales
que son los que dan sentido y consistencia a la propuesta.
No podemos ser tan ingenuos de pensar que esto ocurre siempre de
manera inconsciente. En general, ocurre esto por tres tipos de razones: a)
inmediatismo activista, que descarta todo aquello que no aporte directa-
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 173

mente a la implementación pedagógica; b) simplificación de lo comple-


jo, que intenta presentar paradigmas con la menor cantidad posible de
conflictos, para lo que elimina algunos de los elementos que generan la
tensión; y c) la intencionalidad ideológico-política, que busca aprovechar
los elementos que resultan directamente consistentes con sus intereses
descartando lo que generen cualquier tipo de contradicción.
Lo que mueve la mente y el corazón de las personas participantes
en estos procesos no es algo que me interese juzgar aquí. Lo que sí me
interesa es rescatar el hecho desde el punto de vista formal, en cuanto
que termina constituyendo un desafío relevante para la Educación en
Valores.
Retomando la problemática planteada, es interesante apuntar cómo
prácticamente toda la reflexión específica sobre la construcción de ciu-
dadanía realizada por parte de exponentes de la Educación en Valores,
se centra en la aportación intrasistémica6.
No estoy aquí poniendo en duda la validez de la democracia ni como
sistema político ni como forma cultural. Lo que sí pongo en cuestión es
que en la práctica, normalmente la implementación de la Educación en
Valores se ha reducido a la construcción de ciudadanía, y ello a su vez
en una perspectiva más de socialización en cuanto adaptación al sistema
por parte de quienes tienen actitudes rupturistas (especialmente cuando
son de hecho, sin argumentación convalidadora), que en una perspectiva
de transformación profunda.
Creo que en este ámbito de reflexión, se acepta pacíficamente que
el sistema social de democracia liberal está en crisis, más allá de que se
tengan diversas perspectivas acerca de sus causas y de los caminos de
salida. Por ello, creo que ha resultado más sencillo intentar la introduc-
ción de la construcción de ciudadanía, especialmente entendido como

6
A modo de ejemplo la producción de Hoyos Vásquez, 1997. No se trata sin em-
bargo de una postura exenta de crítica, como lo muestra por ejemplo en el desafío de
“democratizar la democracia” en Hoyos Vásquez, 1995. A su vez, ya la problemática
estaba siendo recogida por Martínez Martín hace años, aunque el artículo termina
siendo de carácter esencialmente parenético (Martínez Martín, 1995).
174 JAVIER GALDONA

mejoras en el proceso de socialización dentro del sistema educativo, que


como aporte constructivo pero fuertemente crítico.
En ese sentido, somos parte de un sistema social que genera enor-
mes exclusiones de todo tipo (que en Latinoamérica alcanza a grandes
sectores de población), y las propuestas concretas de construcción de
ciudadanía bajo el rótulo de Educación en Valores –en el mejor de los
casos– intentan integrar a los excluidos pero sin transformar el sistema
social que los genera.
¿Cuál es el desafío planteado aquí? No es fácil de determinar, y creo
que profundizar en este punto es ya un desafío. Yendo más al nivel de
lo práctico, el desafío consiste en la recuperación sistemática del hori-
zonte amplio de la Educación en Valores con sus tensiones internas7 y
la elaboración de propuestas concretas no reductivas.

3. DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN EN VALORES RESPECTO A SU APLICACIÓN


Una educación en y para la vida real
Obviamente nadie sostiene propuestas educativas consistentes que
se refieran a otro objeto que incidir en la vida real de las personas y las
sociedades. No obstante, en los hechos, muchas veces las lógicas inter-
nas de los propios sistemas educativos y/o las dinámicas de los centros
educativos hacen que se pretenda “dejar fuera del aula” la realidad vital
de los educandos8.
No es el lugar aquí, ni tenemos espacio, para abordar el tema de
fondo que se le plantea a la educación en general y del que hay una
inmensa bibliografía. Únicamente deseo rescatar la preocupación desde
la Educación en Valores para no quedar encerrados en la problemática

7
Entre las principales: plantearse como propuesta al interior de un sistema, y
procurar explícitamente transformarlo al mismo tiempo; mantener una propuesta
complexiva, y simultáneamente atender problemáticas educativas concretas; apoyar la
construcción de sujetos personales y sociales autónomos, y al mismo tiempo capaces
de interacción tolerante y de construcción social común; etc.
8
A modo de ejemplo, el esquemático planteo realizado por Mayor Pérez, 2007.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 175

interna al centro educativo, por más que sea ese un espacio de gran
importancia.
Muchas veces la dificultad surge debido a que las demandas de
docentes y gestores de los centros educativos hacia las propuestas de
la Educación en Valores tienen como preocupación fundamental las si-
tuaciones de convivencia que se dan dentro del propio centro educativo.
Dada su importancia y gravedad, no es difícil quedar atrapado en esa
problemática.
Sin embargo, el presupuesto que establece que lo vivido en el cen-
tro educativo es una “escuela para la vida” es extremadamente relativo.
Cada vez más, los que integramos sociedades tan heterogéneas como lo
son las nuestras, aprendemos a adaptarnos a cada medio adoptando sus
pautas propias, aún a riesgo de vivir vidas éticamente disociadas.
Por eso, el desafío del sistema educativo al respecto es enorme, pero
mayor aún lo es para la Educación en Valores: o salimos a la “calle”,
es decir, a la vida normal de los educandos y a la vez dejamos que ésta
entre en el centro educativo, o no estamos llegando al centro vital de las
personas, lo que constituye un presupuesto ineludible para la Educación
en Valores.

Aplicabilidad a contextos socioeconómicos críticos


Si bien en la inmensa mayoría de los principales exponentes de la
elaboración teórica de la Educación en Valores aparece una preocupa-
ción social explícita, que abarca la problemática de la integración social
de los sectores marginados, sin embargo, el desarrollo de las propuestas
tiene como horizonte de referencia una población culturalmente integra-
da al sistema y, en general, pertenecientes a la clase media.
Esto tiene una explicación fáctica a mi entender bastante clara.
Por una parte, como lo expresaba en el punto anterior, el propio siste-
ma educativo está organizado en general en base a ese horizonte, y lo
demás son pretendidas adaptaciones a otros medios socio-económicos.
No corresponde a la finalidad del presente trabajo entrar aquí en el muy
importante debate en torno a la homogeneidad o heterogeneidad delibe-
176 JAVIER GALDONA

rada de las propuestas educativas formales, aunque es importante tomar


parte en ella desde los postulados de la Educación en Valores.
Por otra parte, este horizonte socio-cultural se debe también a que
el desarrollo teórico de la Educación en Valores se ha dado especial-
mente en países desarrollados y en ámbitos medios y altos de países no
desarrollados9. Es totalmente comprensible esta situación, en tanto que
se trata de una reflexión destinada fundamentalmente a las realidades in-
mediatas a las que se debía dar respuesta por parte de dichos autores.
La cuestión no es nada menor, especialmente en países latinoa-
mericanos en los que los sectores socio-económicos excluidos no son
pequeñas minorías, sino grandes sectores de población. En este tema,
se entremezclan también aspectos tratados más adelante en el punto re-
ferido a la interculturalidad. No obstante, en algunos sectores excluidos,
en condiciones de apenas supervivencia, normalmente denominados
“contextos críticos”, la problemática tiene especificidades propias.
Obviamente, en esos ámbitos, la primera preocupación debe ser la
satisfacción de las necesidades básicas en alimentación, salud y vivien-
da. Pero con ello apenas habremos adelantado algo, si al mismo tiempo
no se dan procesos de integración social, lo que implica no solamente la
preocupación por la integración de esos sectores a la sociedad “integra-
da”, sino también la transformación simultánea de ésta. De lo contrario
únicamente estaríamos pretendiendo adaptar las personas a los códigos
de la sociedad dominante, sociedad que en su propio funcionamiento ge-
nera nuevamente exclusión. Para ello, entre otros instrumentos sociales,
resulta imprescindible el instrumento educativo formal.
En referencia específica a la Educación en Valores, la cuestión tiene
dificultades de gran envergadura. Las principales tienen que ver no tanto
con los instrumentos pedagógicos, sino con los elementos antropológicos
que subyacen a los objetivos perseguidos. Más allá del lenguaje total-
mente inadaptado –lo que de por sí ya no es nada menor– el problema
radica en que la pretensión, por ejemplo, de construcción de sujetos éti-

9
En este punto me refiero específicamente al desarrollo de la Educación en Va-
lores en el ámbito Iberoamericano.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 177

cos autónomos en interacción tolerante, no tiene referencia vital real para


los sujetos pertenecientes a contextos críticos, a los que supuestamente
también está destinado.
En este punto podríamos dividir en dos los aspectos involucrados.
En primer lugar, el contexto socioeconómico afecta directamente la
capacidad de autocomprensión de la persona. Es esos ámbitos no existe
la “agenda”, porque prácticamente no existe la capacidad de proyectarse
en el tiempo y, por ende, de construir autobiografía. Tampoco existe la
posibilidad de desarrollo de comprensiones de complejidad sobre la rea-
lidad, ya que la facticidad de la supervivencia exige la mayor simplifica-
ción posible de su comprensión. Tampoco existe la capacidad de manejo
de abstractos, ya que las exigencias reales cotidianas de supervivencia
son absolutamente concretas. No digo que en cuanto seres humanos los
involucrados no tengan potencialmente dichas capacidades, sino que el
contexto condiciona y llega a determinar su no desarrollo y, por consi-
guiente, en los hechos, su no existencia.
Sin capacidad de futuro, ¿cómo aportar a un proyecto de vida, o
a una autenticidad personal como proceso, o a una acumulación de
experiencia ética? Sin capacidad de complejidad, ¿cómo aportar a un
desarrollo de las estructuras de discernimiento de la conciencia moral?
Sin capacidad de abstracción, ¿cómo integrar los universales éticos, o
los procedimientos de discernimiento, o la construcción de criterios de
autorregulación?
En segundo lugar, el contexto socioeconómico afecta directamente
la capacidad de la persona de percibir el hecho social10. La situación de
supervivencia permanente, vivida en un contexto en que las estructuras
formales de la sociedad no brindan las protecciones que se les suponen
(sistema judicial que lo penaliza pero no lo protege, sistema policial
permanentemente hostil, sistema político inalcanzable, sistema econó-
mico que lo excluye, etc.), hace que su ubicación sea casi exclusivamente
agresivo-defensiva.

10
En este punto es muy interesante el artículo Rehrauer, 2007. Especialmente el
punto V: “La conexión cultural”.
178 JAVIER GALDONA

En ese contexto, ¿cómo apoyar la participación social a través de


los procedimientos establecidos?, o ¿cómo estimular el respeto por la
diversidad, siendo ésta mayoritariamente hostil en todos los aspectos?,
o ¿cómo rescatar los valores y comportamientos ya establecidos en su
medio, siendo éstos en gran medida contradictorios con las pautas de la
sociedad “integrada”?
Se trata de un desafío muy grande para la Educación en Valores, que
no se soluciona con adaptaciones antropológicas o pedagógicas, sino que
exige construcciones teóricas diferentes.

El compromiso real del centro educativo


Un desafío relevante resulta de la falta de compromiso real de los
centros educativos a la hora de la implementación de las propuestas de
Educación en Valores. Podríamos argumentar que este desafío corres-
ponde más bien a los sistemas educativos en tanto que no impulsan o
exigen que los centros se comprometan efectivamente con estas propues-
tas. No obstante considerar que hay razón en esa postura, comprendo
que también corresponde algo de la responsabilidad a las propuestas
mismas.
Obviamente con valiosas excepciones, en la gran mayoría de los
casos, cuando se ha intentado implementar propuestas de Educación en
Valores en centros educativos, ha faltado compromiso real con la pro-
puesta. Dejo de lado la gran cantidad de veces en que de hecho no ha
existido ningún compromiso real, sino únicamente un interés comercial
(en el caso de entidades privadas, para mejorar el marketing de la insti-
tución) o un interés puramente formal (en el caso de entidades privadas
o públicas que únicamente buscaban cumplir con exigencias externas o
de carrera personal de algunos integrantes).
En este punto me refiero a los centros que sinceramente han inten-
tado implementar propuestas de Educación en Valores. Aquí surgen
diversas dificultades: convencimiento de la totalidad del profesorado,
aceptación por parte de los padres de los alumnos, adaptabilidad de los
programas formales, recursos económicos, etc. Se trata de dificultades
reales, y a las que se va procurando encontrar respuestas adecuadas.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 179

Sin embargo, más allá de las dificultades mencionadas, existe otra


cuestión que considero es más profunda y a la que me refiero en este
punto. Se trata de la transformación del centro en sí mismo: en su auto-
comprensión, sus estructuras, sus métodos, etc.
En general, el primer paso del centro consiste en la sensibilización y
formación del profesorado. En segundo lugar, generar espacios especí-
ficos dentro del currículum. En tercer lugar, avanzar en una transversa-
lidad explícita e implícita a través de los contenidos de las asignaturas.
En cuarto lugar, el involucramiento de los padres. No siempre es en esta
secuencia, y la mayoría de las veces la institución queda en el primer
paso o en el segundo. Muy rara vez llega al tercero o cuarto. Pero en
todos los casos de ahí no se pasa.
Aquí está faltando un paso esencial, que no sería el sexto, sino que
necesariamente debería ser simultáneo a los cinco explicitados. Se trata
de la generación de una transformación del ambiente del centro, del
modo de relacionarse a todo nivel, del modo de comprender y plantear
la propuesta pedagógica general (Puig Rovira, 2004).
No se puede pretender una construcción ética profunda de los
educandos si se pretender circunscribir la propuesta pedagógica que
la viabilice a algunos espacios determinados, pero manteniendo sin
transformar la estructura general de la propuesta educativa del centro.
En espacios concretos se podrá generar conocimientos y desarrollar
habilidades, pero no la construcción de personalidades éticas. Éstas de-
penden más de la experiencia global que el educando vive en el centro
educativo que de los espacios específicos con que cuente, por más que
éstos sean imprescindibles.
Esto implica un compromiso institucional muy profundo, y parece-
ría que normalmente se apela más a la Educación en Valores con una
expectativa de encontrar respuesta a algunas dificultades constatadas,
que con el horizonte de apoyar una verdadera transformación del hecho
educativo.
El desafío para la Educación en Valores consiste en desarrollar una
explicitación más integradora de todos los elementos intervinientes,
180 JAVIER GALDONA

sin caer en la tentación de disimular los más difíciles o simplemente de


centrarse en los referidos a los espacios pedagógicos específicos.

4. ALGUNOS ASPECTOS INTERESANTES PARA DESARROLLAR


Los desafíos no surgen únicamente de dificultades o limitaciones
constatadas, sino también de aportes interesantes que van abriendo ca-
minos. Esta mirada crítica, que recoge los signos de lo nuevo abriendo
puertas, nos estimula aún más.
Si en algún lugar de este artículo tiene más validez la premisa de
que este análisis no pretende una visión completa de la realidad de la
Educación en Valores es aquí. En este punto únicamente plantearé cua-
tro intentos interesantes, que son únicamente una muestra de la enorme
cantidad de iniciativas concretas que en trabajo de campo se están rea-
lizando.

La interculturalidad
En primer lugar, la cuestión de la interculturalidad. Se parte de una
convicción no menor: “La mayoría de autores y especialistas en edu-
cación intercultural coinciden en destacar que los conflictos derivados
del multiculturalismo escolar son positivos para la propia escuela, a
semejanza de lo que ocurre en el ámbito social, ya que se constituyen
como claves para la mejora en las relaciones interpersonales siempre que
los principios configuradores del diálogo sean el respeto, y el reconoci-
miento del otro como legítimo otro en su diferencia” (Leiva Olivencia,
2008:2).
Esta convicción no es espontánea, sino que por el contrario, úni-
camente se logra después de haber superado adecuadamente los pre-
conceptos que surgen de la propia estructura psíquica de las personas
y los grupos humanos, seguramente desarrollados como mecanismos
relacionados con la supervivencia (Rehrauer, 2000).
Son logros nada menores la toma de conciencia de la situación,
la mirada positiva desde la perspectiva educativa, y la búsqueda de
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 181

propuestas consistentes y viables para su encauzamiento. Hay ya un


gran desafío en la universalización de estas perspectivas ya que, tras-
cendiendo lo meramente declarativo, lentamente van permeando en el
profesorado y mucho más lentamente aún en los padres de los alumnos
y en la sociedad en general.
Sin embargo, el desafío que aquí quiero poner especialmente de
relieve no es el que refiere a la cuestión de la interculturalidad entre las
especificidades culturales de diversas etnias, sino a la surgida de las
especificidades culturales de los diferentes sectores socioeconómicos al
interior de una misma sociedad.
En América Latina, especialmente en los grandes centros urbanos,
coexisten realidades sociales muy diversas con sus correspondientes
expresiones culturales que entran fácilmente en contradicción en los
ámbitos comunes, incluidos los educativos. Se trata de diferencias muy
profundas en el modo de concebir y encarar la vida, en sus expresio-
nes artísticas, en las pautas de su relación interpersonal y social, etc.
Diferencias que no surgen de sus orígenes étnicos o geográficos, sino
fundamentalmente de sus realidades socioeconómicas.
Cualquiera de la grandes urbes latinoamericanas no constituye en
realidad “una” sociedad –aunque así se lo presupone en prácticamente
todos los documentos oficiales incluidos los educativos– sino que cons-
tituye una yuxtaposición de realidades culturales muy diferenciadas.
Yuxtaposición que resulta más o menos conflictiva y con límites más o
menos difusos según hayan tenido mayor o menor éxito las políticas de
convivencia no violenta, pero que no dejan de constituir realidades no
integradas, de creciente diferenciación, y con perspectivas explosivas.
Muchas veces, el mismo sistema educativo favorece la problemática
al intentar evitar la manifestación de sus conflictos, homogeneizando
culturalmente –en los hechos– cada centro educativo. Un enorme desa-
fío consiste en el desarrollo de propuestas que atiendan positivamente
esta realidad pluricultural, sin el presupuesto de su homogeneización. Si
bien este desafío es general para la educación, lo es también particular
para la Educación en Valores.
182 JAVIER GALDONA

La educación en el servicio
Siendo una propuesta educativa muy antigua, es interesante y alen-
tador que nuevamente se reconsidere como instrumento pedagógico
relevante al interior de la Educación en Valores (Palos Rodríguez y Puig
Rovira, 2006).
A mi entender, la perspectiva más interesante es que no se trata de
una propuesta educativa “para el servicio”, sino de tomar el servicio en
el entorno social como instrumento pedagógico en sí mismo.
En este sentido, el aprendizaje-servicio constituye un espacio pe-
dagógico que permite superar varias de las dificultades constatadas en
las propuestas de Educación en Valores y que en el presente artículo
abordo desde los desafíos que nos implican. La educación-acción, el
hecho de salir-a-la-calle, entrar en las-realidades-ajenas, la experiencia
de la acción-colectiva-positiva, etc., constituyen instancias de distancia
crítica y de construcción personal y grupal que implican profunda-
mente las diferentes dimensiones de la estructura de personalidad de
los participantes, trascendiendo lo intelectivo y lo discursivo, pero sin
desvalorizarlos.
El desafío aquí planteado tiene que ver con la elaboración con-
sistente de instrumentos de intervención pedagógica concretos, pero
también con un modo de concebir la globalidad de la Educación en
Valores.

Articulación con educación en Derechos Humanos


Una cuarta iniciativa refiere a la articulación de la Educación en
Valores con la educación en Derechos Humanos. Se trata de un aspecto
nada menor que se ha planteado con fuerza sobre todo en algunos países
latinoamericanos.
En primer lugar, cabe la valoración muy positiva de las iniciativas
realizadas, por más que hayan tenido limitaciones importantes11. Se

11
Uno de los múltiples aportes de análisis de una experiencia concreta, con un
título muy sugerente: Arroyo Pomeda, 2008.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 183

trata de limitaciones que ya contiene la propia educación en Derechos


Humanos y que se complejizan al incluirla en una Educación en Valores
que pretende ser más abarcadora aún.
La problemática principal deriva de una cuestión filosófica vinculada
a la fundamentación de los Derechos Humanos12, más allá del proceso
político y jurídico que les dio origen y desarrollo.
La Educación en Valores se ha movido normalmente dentro de un
cierto eclecticismo filosófico, tomando elementos provenientes de la
filosofía aristotélica, epicúrea, utilitarista, kantiana y dialógica, entre
las principales. Dado que su objeto no radica en la sistemática filosófica
sino en la consistencia pedagógica, se ha permitido una sana apertura
a elementos integrables aunque provenientes de distintos sistemas fi-
losóficos.
Ciertamente, eso ha constituido una riqueza, pero al mismo tiempo
y por razones obvias, le ha quitado sostenibilidad racional en la cohe-
rencia global de los elementos éticos implicados.
Esto adquiere un relieve muy especial en el caso de los Derechos
Humanos, por cuanto ellos podrían constituir un elemento de objeti-
vación ética que trascienda la intersubjetividad de los participantes,
pero esa pretensión choca con la problemática filosófica interna de los
Derechos Humanos en el contexto filosófico-cultural actual que –al
menos– desconfía de toda metafísica (MacKeever, 2006).
El desafío para la Educación en Valores en este ámbito, radica en la
necesidad de una mayor profundización en los aspectos filosófico-éticos
que presupone13, de modo de poder contar con una mayor profundidad
en la objetividad ética alcanzable a través de sus propuestas pedagógicas.
En este punto es que la educación en Derechos Humanos podría brindar
un muy interesante aporte pedagógico y ético.

12
Para una panorámica de los diferentes abordajes del tema, ver García, 1998.
13
Cabe una muy especial valoración de los esfuerzos realizados por Adela
Cortina en los últimos 25 años, realizando aportes muy cercanos a las propuestas de
Educación en Valores (Cortina, 1996).
184 JAVIER GALDONA

Integrar diferentes dimensiones de la persona


Tal vez, las propuestas de implementación de Educación en Valores
han tenido un sesgo muy individual y muy racional. Ambos aspectos tie-
ne sus justificaciones prácticas, en tanto que los propios sistemas educa-
tivos están mayoritariamente construidos sobre esas dos premisas y, por
ende, para poder entrar en ellos esta derivación se ha dado de hecho.
Acerca del primer aspecto, resulta extremadamente difícil realizar
propuestas de Educación en Valores hacia colectivos en cuanto tales, a
menos que se realicen por fuera del sistema educativo formal, yendo a
instancias de educación no-formal, popular, etc. En el actual contexto
educativo formal, por más que el desarrollo de las propuestas de Educa-
ción en Valores efectivamente impacten sobre los colectivos, en sí mis-
mas no pueden sino estar centradas en el desarrollo de los individuos.
Respecto al segundo aspecto, sí han ido apareciendo planteamientos
más integradores de las diferentes dimensiones de la persona, trascen-
diendo la casi exclusividad de los aspectos racionales que en algunos
momentos pareció tener (Buxarrais, 2006; Cortina, 2007; Galdona, 2003;
Hernández, Aciego de Mendoza y Domínguez, 1994). Es de rigor aclarar
que en tanto la Educación en Valores desde sus inicios tenía como objeto
incidir en los comportamientos, era imprescindible atender esas otras
dimensiones, aunque normalmente se lo hacía de modo tangencial.
Por ello, sí estaban presentes otras dimensiones además de la cog-
nitiva-racional, aunque en general de modo implícito, y afloraban en
los pre-supuestos de algunas estrategias pedagógicas como por ejemplo
la destinada al desarrollo de la capacidad de autocontrol, y en algunos
instrumentos de intervención como los destinados al desarrollo de la
empatía. No obstante, se tomaban en consideración únicamente en
cuanto influían en los aspectos más racionales del proceso de conciencia
moral, y no tanto por el aporte propio que realizan a la construcción de
la personalidad ética.
Es claro que la persona humana constituye una unidad en construc-
ción permanente, a partir de una diversidad de dimensiones que tienen
sus instrumentos y aportes propios, y que no son sustituibles por la
dimensión racional.
EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN EN VALORES HOY 185

En este sentido, un desafío que impacta en la Educación en Valores


consiste en la integración (y no mera yuxtaposición) de diferentes di-
mensiones de la persona en su propio proceso de construcción, en espe-
cial las referidas a la relación de la dimensión ética con la psico-afectiva
y la espiritual-existencial.

CONCLUYENDO
Los desafíos planteados a la Educación en Valores son múltiples, y
corresponden a niveles y ámbitos muy diferentes. Además, a los presen-
tados, seguramente se les podrían añadir otros desafíos más.
Sin embargo, el camino recorrido por la Educación en Valores es
muy fecundo, y por ello el futuro resulta apasionante. Ninguno de los
desafíos planteado resulta una dificultad insalvable. Si así parece, asumo
que será responsabilidad mía el no haberla podido presentar con mayor
claridad.
Es mucho y muy valioso lo que se está realizando en la práctica edu-
cativa cotidiana en orden a los postulados de la Educación en Valores.
Por ello, como siempre, hay que recordar que de lo que se trata no es
que una propuesta sea reconocida como el instrumento ideal, sino que
la realidad de las personas y las sociedades cambie para bien. No hay
duda, queda mucho trabajo por hacer.

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EDUCACIÓN EMOCIONAL
UN DESAFÍO PARA EL DOCENTE DE HOY*

María José Soler


Montevideo
mariajsoler@gmail.com

En el correr del ejercicio de mi carrera profesional he tenido la opor-


tunidad de trabajar en varios centros educativos y de impartir seminarios
a muchos docentes. Estas experiencias han sido ocasión de conocer a
tantas personas excelentes, que me han enriquecido con sus ejemplos de
entrega y dedicación a sus alumnos. Esta publicación presenta el conte-
nido de una charla y no el de una conferencia escrita para ser leída. Ello
significa que su lenguaje, más que al desarrollo sistemático del tema,
apunta a lograr un acontecimiento de comunicación, en el que lo viven-
cial y las referencias que el oyente pueda hacer a su propia experiencia,
predominan sobre el discurso intelectual.
Una primera reflexión que esta labor me ha posibilitado es la de
que los docentes son agentes de salud mental, en cuanto que pueden
impactar en el desarrollo psico-emocional de sus alumnos, para bien o
para mal. Debemos tener mayor conciencia de la trascendencia que tiene
el vínculo que establecemos con nuestros educandos. Muchas veces un
niño pasa más horas con sus maestros que con sus propios padres, y en
esa relación el niño va interiorizando pautas de relacionamiento que
condicionarán, en importante medida, los esquemas mentales primarios
que guiarán su vida.
Estos esquemas mentales responden a preguntas como: “¿soy va-
lioso?”, “¿soy querible?”, “soy competente?”, “¿el mundo es confiable?”,
“¿puedo tolerar la frustración?” etc. Preguntas que según como hayan
sido sus vínculos, irán siendo contestadas de diversas maneras y que
una vez tomadas como creencias condicionarán su ser-en-el-mundo y
su ser-con-otros.

*
Conferencia pronunciada en la IV Jornada Agustiniana de Educación, Mon-
tevideo, 22 de mayo de 2008, coincidiendo con el Cincuentenario del Colegio-Liceo
Santa Rita.
190 MARÍA JOSÉ SOLER

En tiempos pasados, la labor educativa se centraba primordialmente


en el educar en el pensar y en el hacer. Hoy buscamos educar también
en el sentir. Nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestra vida afecti-
va, están siempre condicionadas por estos esquemas mentales formados
a partir de nuestras experiencias pasadas y que muchas veces actúan en
forma inconsciente o se traducen en expectativas, convicciones, gustos
e ilusiones.
Podríamos definir a la educación emocional como: “Un proceso
educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo
emocional como parte indispensable del desarrollo cognitivo; constitu-
yendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad
integral. Para ello se propone el desarrollo de conocimientos y habi-
lidades sobre las emociones con objeto de capacitar al individuo para
afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo ello
tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social” (Bisquerra,
2008:244).

OBJETIVOS BÁSICOS DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL


1° Crecer en autoconciencia de las emociones
Ya desde el preescolar, a través de juegos y dinámicas y, sobre
todo, a partir del reflejo de sus emociones, los docentes deben ayu-
dar a que el niño desarrolle conciencia de sus estados emocionales y
ayudarlo a expresarlos a través del lenguaje verbal y no verbal. Con
esta guía se va poco a poco aumentando la capacidad de identificar los
movimientos internos que cada emoción y sentimiento nos genera y
aprendiendo a ponerles nombre, ampliando el espectro de emociones
reconocidas.
Es muy importante para el niño cuando el adulto lo ayuda a com-
prender y poner en palabras su rico mundo interno, ya que esto lo orga-
niza y calma, y es el primer paso para poderlo manejar adecuadamente,
porque ¿cómo manejar y dominar mis sentimientos si no sé ni qué es lo
que me pasa?
EDUCACIÓN EMOCIONAL UN DESAFÍO PARA EL DOCENTE DE HOY 191

2° Desarrollar el reconocimiento de las emociones ajenas


Es necesario aprender a leer los signos corporales que reflejan los
estados emocionales. Un entrenamiento en esta área es la base necesaria
para la empatía. El sentir con el otro debe de ir siempre acompañado de
la validación de sus emociones; del respeto al sentir del otro, intentando
entender sus motivos más allá de que estos sean adecuados o no.
A partir de esta validación emocional, podremos liderar el camino
del cambio. Agrediendo y desacreditando sólo lograremos el bloqueo
emocional o la sustitución de la emoción por algún tipo de conducta
inadecuada.

3° Regulación emocional
Vivimos en una sociedad que promueve en demasía la satisfacción
inmediata de las necesidades. Estamos en la era del “ya”, de la inme-
diatez. Nos encontramos con muchos hogares que suplen las carencias
de tiempo compartido y afecto con la satisfacción de gustos y placeres
de los niños.
Esta situación nos lleva a la necesidad de planes educativos que
aborden el desarrollo de la capacidad de regular los impulsos y las
emociones desagradables, de aumentar la tolerancia a la frustración.
Buscamos lograr que, poco a poco, logren negarse a una satisfacción
presente en aras de un bien mayor, sólo presente en su interior como
meta o sueño. Sólo aquellos que lo logren alcanzarán sus objetivos de
vida a largo plazo.

4° Habilidades socio-emocionales
Como su nombre lo dice, las habilidades se desarrollan por la prácti-
ca y consisten en la capacidad de realizar conductas que llevan a obtener
reforzadores de su entorno. Un niño con habilidades socio-emocionales,
sabrá acercarse al otro en tiempo y forma adecuados, se comunicará
bien, podrá realizar reconocimientos a otros, cooperar y resolver los
conflictos cotidianos que se le presenten.
192 MARÍA JOSÉ SOLER

5° Optimismo y buen humor


Una visión positiva de la vida es un escudo para la salud emocional.
Muchos niños tienden a una visión negativa de sí mismos, del mundo y
del futuro. El optimismo es un hábito de pensamiento positivo.
Según Seligman (2005) la diferencia principal es la forma en que los
optimistas y los pesimistas explican las causas de los acontecimientos
buenos y malos. El optimista cree que los acontecimientos positivos y
felices se explican por cosas que durarán en el tiempo y que seguirán
ocurriendo, a la vez que pueden depender de su accionar. En cambio, a
los episodios negativos los considera pasajeros, no los generaliza y pue-
de aceptar su responsabilidad si es que los ha cargado sin deprimirse,
mirándolos en forma realista.
El contacto con personas positivas y realistas favorece el optimismo.
En la cotidianeidad de la labor, se presentan muchas oportunidades de
ayudar al alumno a ver lo lleno del vaso y no lo vacío, a acostumbrarse a
rescatar siempre algo positivo de cada experiencia negativa, a saber recu-
rrir al humor sano para minimizar en parte sus dolores e inquietudes.

6° Autoestima
Es la forma de evaluarnos a nosotros mismos. La imagen que cada
uno tiene de sí mismo es el autoconcepto y es el paso previo para desa-
rrollar la autoestima.
Este autoconcepto se construye en el “espejo del otro”, en cuan-
to que el niño se mira y se conoce en lo que los otros significantes le
muestran de sí. Si lo que le devuelven es negativo, la autoestima será
baja. Si el niño conoce que tiene alguna cualidad positiva, por ejemplo,
ser bueno en plástica, en orales, en compañerismo, etc.; pero nadie se lo
destaca, no sumará para su autoestima.
Tengamos presente que cada alumno se debe reconocer como “muy
bueno” en algo; esa conciencia lo hará sentirse competente, construirá su
“yo puedo” y “yo valgo”, su trato necesario para poder abordar y mane-
jar sus carencias. No escatimemos en reconocimientos, son la gasolina
que nuestras psiquis precisan para funcionar.
EDUCACIÓN EMOCIONAL UN DESAFÍO PARA EL DOCENTE DE HOY 193

7° Asertividad
La persona asertiva, sabe manejar sus emociones negativas y poner
límites de una manera justa, correcta y adecuada. Un buen manejo de
la disciplina es una de las herramientas psico-educativas más impor-
tantes.
La asertividad del maestro lleva a que el alumno incorpore el auto-
control, a que puede expresarse respetando al otro. Los docentes ayudan
a la autorregulación del alumno; los frenos internos el niño los incorpora
a través de personas que sepan ponerlos.

CONCLUYENDO
• La educación emocional conviene que se llegue a impartir como
programa educativo.
• Al principio se puede aplicar en forma ocasional, en programas
en paralelo o en forma de talleres puntuales, ya sean optativos u
obligatorios.
• La meta final es la integración curricular interdisciplinaria y
transversal, donde los temas son retomados, ampliados y profun-
dizados.
• El profesor que participa en la educación emocional debe sentirse
cómodo hablando de las emociones.
• Es recomendable formarse al lado de otro profesor que modele in
situ.
• El papel de los padres en la educación emocional es básico y fun-
damental, todo programa debe integrar colegio-padres-alumnos.

BIBLIOGRAFÍA
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SELIGMAN, M. (2005). El niño optimista. Valencia. De Bolsillo.
A MEDIAÇÃO DA SANTA SÉ NA QUESTÃO
DO CANAL DE BEAGLE:
TRINTA ANOS

Salmo Caetano de Souza


Faculdade de Direito
Universidade de São Paulo (USP) – Brasil

Nos dias 4 e 5 de dezembro de 2008 ocorreram as celebrações, res-


pectivamente, em Punta Arenas (Chile) e em Monte Aymond (Argenti-
na) pelo XXX aniversário do início das negociações da Santa Sé para a
solução pacífica da Questão do Canal de Beagle e o XXIV aniversário
da assinatura do Tratado de Paz e de Amizade entre a Argentina e o
Chile, exatamente, no día 29 de novembro de 1984, na Capela Paulina,
nas dependências da Cidade do Vaticano.
Tais comemorações é uma mostra inequívoca da realização da ins-
piração autêntica do Mediador Papal, João Paulo II, já, de feliz memória,
para resolver o conflito sobre o Canal de Beagle entre a Argentina e o
Chile, através de sua atuação diplomática. Vale dizer, o Mediador Papal
pretendia dirimir a questão em apreço de forma “definitiva e completa,
justa, eqüa e honrosa. E, além disso, tal solução do conflito deveria al-
cançar a perfeição da justiça positiva, vale dizer, o justo natural.
Nesse sentido, afirmou o Papa João Paulo II, por ocasião da entrega
às delegações da Argentina e do Chile da Proposta de Mediação Papal
sobre a Questão do Canal de Beagle, no día 12 de dezembro de 1980:
“A solução devia ser, ao mesmo tempo, justa eqüitativa e honrosa, caso
se desejasse que a mesma fosse verdadeira e definitiva. Para obter esse
resultado, era necessário enriquecer de tal forma a justiça positiva por
meio da eqüidade, de maneira a conseguir, com isso, expressar o justo
natural no litígio em apreço, justo natural esse que nem sempre os ho-
mens conseguem refletir de modo perfeito em suas normas concretas”
(Discurso do Papa João Paulo II, de 12 de dezembro de 1980, por oca-
sião da entrega de sua proposta)
196 SALMO CAETANO DE SOUZA

Em seguida, o Pontífice Romano acrescentou: “Posso assegurar-lhes


que, ao redigir essa Proposta que agora na qualidade de Mediador entre-
go a vocês, quis inspirar-me –e não podia ser diferente– em critérios de
justiça que não podem sofrer danos quando se deseja não dar motivos
para novos litígios. Procurei acrescentar a esses critérios considerações
de eqüidade, cuja concretização resulta –na verdade– menos fácil, po-
rém que nem por isso pode ser esquecida, quando se busca um acordo
honroso. Quis, em outras palavras, sugerir para esse litígio aquilo que
antigos juristas romanos e também os canonistas posteriores quiseram
dizer com a expressão ex bono et aequo, que, por sua vez, significa que
a inteligência e a razão humanas, avaliando uma série de circunstâncias
de índole variada, não deixem de lado ou ignorem o apoio e a luz da
sabedoria divina” (Discurso do Papa João Paulo II, de 12 de dezembro
de 1980, por ocasião da entrega de sua proposta).
Em suma, o Papa pretendeu, em sua proposta, aplicar a justiça
positiva inspirando-se, porém, em critérios clássicos de justiça, isto é,
a eqüidade, o ex bono et aequo, para conseguir dessa forma manifes-
tar o justo natural na decisão concreta, em que a inteligência e a razão
humanas podem chegar no exame do caso concreto, com o auxílio e a
iluminação da sabedoria divina à solução desse caso. Portanto, o resul-
tado dessa operação mostrar-se-à verdadeiro e definitivo e, assim, justo
e eficaz para as partes envolvidas.
Em outras palavras, o que o Sumo Pontífice Romano está dizendo é
que, para solucionar o litígio entre a Argentina e o Chile, não bastava a
mera aplicação positiva inerente à questão. Era preciso desejar ir muito
além do direito positivo, isto é, era necessário pretender alcançar a per-
feição da lei positiva, ou seja, o justo natural, como verdadeiro critério
de justiça, no sentido clássico entendido por Aristóteles.
O justo natural possui as seguintes características:
a) deve ser pensado, necessariamente, na experiência da verdade dos
homens entre si ou dos homens com as coisas;
b) mostra como a elaboração do direito positivo não pode cumprir,
por si só, a essencial exigência de justiça;
A MEDIAÇÃO DA SANTA SÉ NA QUESTÃO DO CANAL DE BEAGLE 197

c) serve para verificar se aquilo que se apresenta como direito é um


verdadeiro direito justo;
d) nesse sentido, legitima o direito, comprova a dimensão ético-crítica
(justiça) do lado jurídico;
e) não se trata de um critério de justiça de caráter abstrato, mas sim
realista, pois, se concretiza na vida, na relação humana concreta
entre as partes (duas pessoas, dois Estados): serve, por assim di-
zer, para encontrar o jurídico bem como a perfeição de tal relação
(Salvador y Embil, 1996:267-270).
Em suma, o justo natural se apresenta como a dimensão ético-crítica
que da legitimidade à norma ou à decisão jurídica no caso concreto, tor-
nando-a, assim, naturalmente justa em seu grau supremo, em um duplo
aspecto: quer no sentido de distribuir a cada um a sua parte1, quer no
sentido de manifestar todas as virtudes que concorrem para a harmonia
do grupo social, incluindo a prudência, o valor, a temperança, a since-
ridade, o altruísmo2. Isso porque, na apreensão do justo natural do me-
diador no caso em apreço, a solução dessa questão comportava alcançar
três dimensões complementares: paz com justiça, paz com amizade e
paz com desenvolvimento.
Ao tratar de um tema tão difícil quanto o conflito de interesses entre
a Argentina e o Chile, isto é, a Mediação da Questão do Canal de Bea-
gle, o Papa demonstrou possuir as virtudes3 cardeais4. Mas, dentre essas,
gostaria de destacar aqui apenas duas: a prudência e a justiça5. Quanto

1
Justiça enquanto “Dikaiosynê” (Aristóteles, Ética a Nicomaco 1, V, começo, p.
30 ss.) (Villey, s.d.:209).
2
Justiça “geral” ou “legal” (Aristóteles) (Villey, s.d.:209).
3
“A virtude, por essência, é assim chamada por conferir ao homem a perfeição
de agir retamente” (SÃO TOMÁS DE AQUINO, Suma theologica I, q. LXVIII).
4
São quatro as virtudes cardeais: prudência (discernimento), justiça (retidão),
temperança (moderação), fortaleza (firmeza de ânimo) (SÃO TOMÁS DE AQUINO, Suma
theologica II, q. LXI).
5
Segundo Santo Tomás de Aquino, as virtudes da justiça, fortaleza e temperança
são dirigidas pela prudência (Suma theologica I-II, D, LXI, 4), isto é: A prudência é
absoluta e a principal de todas as virtudes, sendo as demais principais cada uma em
seu gênero (Suma theologica I-II, q. XLI, 3).
198 SALMO CAETANO DE SOUZA

à prudência, o Papa demonstrou prudência entendida como perfeição


em agir retamente no sentido de fazer boas obras. Nesse sentido, o Papa
conduziu o Sistema de Mediação procurando evitar todos os “inconve-
nientes e perigos”, sobretudo a desconfiança entre as partes, a tentação
de obter vantagens; as pressões políticas (militares) de cada uma delas.
Com calma, ponderação, sensatez, paciência: após a assinatura do Tra-
tado de Montevidéu, de 8 de janeiro de 1979, que continha o pedido
oficial da Argentina e do Chile à Mediação do Papa João Paulo II, e
durante quase todo o ano de 1980, a Mediação Papal registrou apenas
progressos mínimos. As partes estavam ainda por demais radicalizadas
em suas posições, quando o Papa apresentou a sua Proposta de Solução
da contenda, em 12 de dezembro de 1980, a Argentina demorou mais
de dois anos para se manifestar em propósito, mais, precisamente, isso
se deu em 20 de março de 1981. E, a partir desse momento e até 1983,
poucas reuniões conjuntas foram realizadas sobre pontos importantes da
Mediação e o processo não registrava ganhos substanciais; com previ-
dência, soberania, tino, inteligência, sagacidade e ciência: a decisão do
Papa de intervir para resolver o conflito entre a Argentina e o Chile; a
guerra que o Papa evitou; os Acordos de Montevidéu, de 1978; as várias
dificuldades a serem superadas na Mediação. O Papa utilizou a memó-
ria em relação à experiência, com visão clara da situação. Essa lucidez
do Mediador, pode ser colhida, por exemplo, por meio das Orientações
Pontifícias, nas quais o Papa afirma: “Creio ser proveitoso planejar as
negociações, buscando, em primeiro lugar, os pontos de convergência
entre as posições das partes, […] Convido as mesmas a refletirem sobre
as possibilidades de colaboração em uma série de atividades dentro da
Zona Austral. […] Creio que o descobrimento e a preparação conseqüen-
te de amplos setores de cooperação criaria as condições favoráveis para
a busca e o encontro da solução completa” (Benadava, 1999:64).
Quanto a justiça, pode-se dizer que a Mediação Papal contém, por
assim dizer, dois tipos de justiça: a justiça distributiva e a justiça comu-
tativa.
Em primeiro lugar, o termo justiça aplicado pelo mediador foi no
sentido de dar a cada um o que lhe é devido, mas com equilíbrio no
intercâmbio. Aliás, foram com essa acepção as palavras do Cardeal
A MEDIAÇÃO DA SANTA SÉ NA QUESTÃO DO CANAL DE BEAGLE 199

Casaroli, Secretário de Estado da Santa Sé, por ocasião do início das


tratativas sobre Beagle: “É óbvio que cada país deseje ver aceito o
seu ponto de vista, sobretudo quando se trata de questões relativas a
aspectos considerados de importância vital para os interesses próprios
e para o que se possa reputar como orgulho nacional. Um esforço de
compreensão mútua e uma visão objetiva e verdadeiramente realista
dos interesses e da honra devem ajudar a encontrar esse equilíbrio justo
e eqüitativo, que constitui a essência de todo compromisso honroso,
inclusive de todo acordo internacional satisfatório e aceitável para as
partes” (Benadava, 1999:139).
Em segundo lugar, o Papa pensou no termo justiça, no litígio em
apreço, como condição para a felicidade, entendendo que essa é uma
decorrência do equilíbrio no intercâmbio que, por sua vez, gera estabi-
lidade na relação humana entre as partes.
Essa compreensão de justiça foi traduzida de dois modos na Me-
diação de Beagle:
1ª Justiça distributiva: ou seja, distribuir terras e águas para as par-
tes, sendo que em tais coisas é possível que a participação de cada uma
delas seja igual ou desigual a de outro. A justiça distributiva é, portanto,
uma adjudicação por um terceiro, no caso, o Papa;
2ª Justiça comutativa: o artigo 12 do Tratado de Paz e de Amizade
entre a Argentina e o Chile estabeleceu a cooperação econômica, bem
como a integração física entre esses dois países na Zona Austral. A jus-
tiça comutativa, também chamada de corretiva ou retificativa, regula as
relações tanto voluntárias como involuntárias entre as partes. A justiça
comutativa é propriamente o intercâmbio entre as partes; é baseada na
troca e regula as relações entre elas.
Tanto a justiça distributiva como a justiça comutativa traduzem,
juntas, a máxima do mediador para a solução de Beagle, ou seja: paz
com justiça, paz com amizade e paz com desenvolvimento.
Assim, enquanto a justiça distributiva é adjudicação por um tercei-
ro, a justiça comutativa, corretiva ou retificativa é o intercâmbio entre
as partes. Vale dizer, refere-se a toda forma de cooperação econômica
200 SALMO CAETANO DE SOUZA

envolvendo as partes sobre a Zona do litígio e que leve ambas ao maior


desenvolvimento possível.
Porém, convém observar que nessa aplicação de justiça iluminada
pelo princípio clássico do justo natural, soma-se uma outra virtude tipi-
camente cristã, a saber; a caridade ou amor.
Isso porque a caridade está necessariamente conexa com as virtudes
da prudência, justiça, temperança e fortaleza, no sentido de fazer bem
boas obras, como explicou o Doutor Angélico.
A inclusão da caridade cristã na fórmula da justiça por meio do jus-
to natural faz com que se acrescente àquilo que é devido a cada um ou
às partes, uma medida a mais. Além disso, a caridade ou amor cristão
introduz na solução de justiça pelo justo natural o aspecto da amizade.
A justiça passa a ser enriquecida com a amizade. Nesse entendimento, a
caridade cristã reforça a tese aristotélica da amizade com justiça: “Quan-
do os homens são amigos, não precisam de justiça, e quando são justos,
também precisam de amizade; considera-se que a mais autêntica forma de
justiça é uma disposição amistosa” (Suma theologica I-II, q. XLI, 3).
Ora, a solução papal para a Questão de Beagle, através do Tratado
de Paz e de Amizade de 1984, cujo aniversário, celebramos nesta feliz e
presente circunstância, prevê no seu artigo 12, a cláusula de cooperação
econômica e de integração física e econômica entre a Argentina e o
Chile na região contestada e que passou, então, a ser chamada de Zona
de Paz.
Neste caso, a intenção econômica papal foi criar uma forma de
participação entre as partes, pela qual se daria, ao mesmo tempo, a
justiça com amizade. “A amizade e a justiça parecem relacionar-se com
os mesmos objetos e manifestar-se entre as mesmas pessoas; realmen-
te, parece que com todas as formas de justiça e também de amizade; a
amizade depende da participação” (Aristóteles, Eth. Nic. V, 1130 b 30)
(Mora, 2000:1617).
Essa participação ou associação econômica, por sua vez, leva ao
desenvolvimento das duas nações sujeitos do Tratado de Paz e de Ami-
zade de 1984.
A MEDIAÇÃO DA SANTA SÉ NA QUESTÃO DO CANAL DE BEAGLE 201

Assim, pode-se afirmar que a solução papal para a Questão do Ca-


nal de Beagle, segue a tese clássica de Aristóteles sobre a justiça com
amizade.
É a partir desse raciocínio que o justo natural emerge na Mediação
Papal sobre o Canal de Beagle, através do Tratado de Paz e de Amizade
entre a Argentina e o Chile, de 29 de novembro de 1984, como sendo o
elemento, propriamente, jurídico do referido tratado e causa da presente
celebração, através da seguinte forma: paz com justiça, paz com amizade
e paz com desenvolvimento.
A guisa de conclusão dessa nossa intervenção nessa memorável
circunstância é bom ressaltar que o Tratado de Paz e de Amizade de
1984 entre a Argentina e o Chile trouxe frutos comuns às duas partes,
bem como aquilo que chamamos de renúncias, uma vez que nada se
perde quando se renuncia em favor da paz, mas tudo se perde em favor
da guerra. Isso faz parte do processo natural de qualquer acordo de
natureza transacional, quer entre duas pessoas, quer entre dois Estados:
do uti des, como diziam os romanos. Argentina e Chile renunciaram,
essencialmente, a um projeto de expansão militar, territorial, “estraté-
gico” para alcançar dois bens maiores: a convivência pacífica entre dois
povos e a construção, juntos, de um projeto de cooperação econômica e
de integração física entre o dois países.
Quanto ao método ou ao processo de Mediação utilizado pela Santa
Sé na solução pacífica da Questão do Canal de Beagle, cabem ainda,
duas observações:
1ª O método ou tática só tem valor se servir para obter um determi-
nado resultado; no caso em apreço, resolver, pacificamente, a controvér-
sia sobre o Canal de Beagle. Nesse sentido, o método ou tática da Santa
Sé nessa Mediação obteve pleno sucesso;
2ª O processo de Mediação não deve ser entendido como simples
perseguição ou preenchimento de certas etapas, já, antes, predetermi-
nadas e que, de modo fácil e fatal, resolveria a questão. Muito pelo con-
trário, a Santa Sé teve que se debruçar, concretamente, sobre a relação
humana específica entre a Argentina e o Chile para, então, descobrir
202 SALMO CAETANO DE SOUZA

e forjar por intermédio dela os possíveis caminhos que provavelmente


conduziriam à solução definitiva entre as partes.
As circunstâncias das referidas celebrações dão a oportunidade
para manifestar o nosso mais profundo e reverente agradecimento, em
primeiro lugar, pela atividade diplomática desempenhada pelo Papa
João Paulo II em questão, e por conseguinte, à diplomacia da Santa Sé.
E, em segundo lugar, é preciso agradecer, sincera e reconhecidamente,
à Argentina e ao Chile, ressaltando, porém, que o sucesso da Mediação
Papal só pode ser alcançado não só pelo empenho da palavra e do pres-
tígio do Papa João Paulo II, mas, também, pela boa vontade, espírito de
renúncia e intrépido desejo de paz dessas duas nações irmãs.
Possa a Virgem Santíssima, na Argentina, com o nome de Nossa
Senhora de Luján, e no Chile, com o nome de Nossa Senhora de Maipú
continuar favorecendo e protegendo a, já, estimada paz, harmonia e
solidariedade entre esses dois países.

BIBLIOGRAFÍA
BENADAVA, S. (1999). Recuerdos de la mediación pontificia entre Chile y Ar-
gentina (1978-1985). Santiago de Chile. Ed. Universitaria.
MORA, J.E., (2000). Dicionário de Filosofia.T. 2. São Paulo. Loyola.
SALVADOR, C.C. – EMBIL, J.M.U. (1993). Dicionário de direito canónico. São
Paulo. Loyola.
VILLEY, M. Filosofia del derecho. [s.d.].
¿ES POSIBLE QUE LOS CIVILES
BLOQUEEMOS LAS GUERRAS?

Mario Alfonso Sanjuán


Zaragoza – España

Siempre se ha creído que las guerras las inician los políticos, las
continúan los militares, y se acaban porque un bando ha sido derrotado
por la fuerza de las armas del otro.
Afortunadamente ya ha habido experiencias de que esto no es ne-
cesariamente así. Ya ha habido un caso en el que los civiles terminaron
con una guerra.
Nos referimos a la de Vietnam. Guerra que la hizo terminar la pre-
sión de los civiles, en contra de la omnímoda fuerza de los militares y
no menor de los políticos. Aunque parezca imposible, unos ciudadanos
desarmados, con florecitas en el pelo y con el simple eslogan de “Haz el
amor, no la guerra”, paralizaron la mayor máquina militar del mundo.
¿Cómo fue esto posible? Difícil de definir, casi imposible, ya que
está tan reciente en el tiempo que no tenemos perspectiva histórica para
analizarlo de manera exhaustiva. Nos falta que se posen todas las nubes
de polvo y humo que rodearon este hecho. Polvaredas creadas unas natu-
ralmente y otras artificialmente para enmascarar, encubrir, distorsionar
e impedirnos ver el hecho fundamental: que un ejército de un millón de
hombres con el equipo más sofisticado que existía fue paralizado por
la “fuerza” de civiles que no tenían ninguna fuerza. Que la máquina
militar más potente del mundo fue frenada por unos jovenzuelos con
coronas de flores.
¿Por dónde empezar para dar una breve imagen de este hecho fun-
damental en la historia de la Humanidad? Solo unos datos: El poderío
de las empresas armamentísticas norteamericanas asustó hasta al presi-
dente Eisenhower que decía que Norteamérica estaba dominada por la
presión de ese grupo. Lo que era cierto y sigue siendo cierto. Su riqueza
les permitió comprar a todos los senadores que necesitaron para que
204 MARIO ALFONSO SANJUÁN

apoyasen, o al menos no bloqueasen, una guerra injusta, injustificada,


injustificable, absurda, una matanza de civiles sin finalidad.
Por otro lado una población civil que con una lucidez que la honra,
dijo que era contra toda lógica el achicharrar a los civiles vietnamitas
con napalm. Que era un crimen, una salvajada, un absurdo.
Nadie comprendía por qué hubo que mandar hasta 400.000 soldados
norteamericanos a una guerra incomprensible.
Estas eran las dos fuerzas encontradas: El poder armamentístico
con la ayuda de políticos, policías y Guardia Nacional, y por el otro lado
unos civiles desarmados.
Estos civiles cuando los llamaban a tomar las armas se iban a
Canadá, a Centroamérica, a cualquier sitio para no matar, para no ser
cómplices de ese asesinato masivo. La desbandada fue tan intensa que
el ejército tuvo que llenar sus cuadros con soldados centroamericanos y
sudamericanos, de jóvenes en el paro. Reclutados para matar a vietna-
mitas. Y para que los matasen a ellos.
¿Cuál fue el motor de esta revuelta? ¿Qué desencadenó esta oposi-
ción a las matanzas? Difícil de precisar ya que entraron en juego tantos
factores que no tenemos perspectiva histórica para señalar el hito que
marcó el punto de inflexión. Por un lado, el caldo de cultivo del can-
sancio de la población ante el poder del ejército en todas las esferas ya
que el haber derrotado a Alemania y a Japón endiosó a todo aquel que
llevaba uniforme y por si fuera poco, culminó la política teniendo de
Presidente al general victorioso. Un hartazgo social que condujo a la
rebelión de los jóvenes de la Universidad de Berkeley.
Pero la pregunta anterior sigue en pie ¿Qué persona desencadenó
este fenómeno? Se han dado nombres para todos los gustos. Nosotros
nos inclinamos por:

TIMOTHY FRANCIS LEARY


Este Dr. Timothy Leary murió de un cáncer de próstata, haciendo
un mal chiste digamos que hizo su último “viaje” el hombre de los
“viajes”.
¿ES POSIBLE QUE LOS CIVILES BLOQUEEMOS LAS GUERRAS? 205

En la década de los sesenta fue declarado por el Presidente Richard


Nixon como el hombre más peligroso de América. La policía, el FBI, la
CIA y todas las organizaciones gubernamentales tenían orden de encon-
trar algo sobre él para meterlo en la cárcel, y consiguieron que hiciese
muchos “viajes” (otro mal chiste) a ella. Por el contrario, otros le llama-
ron el Galileo del siglo XX por sus descubrimientos revolucionarios.
Su vida tuvo un origen poco revolucionario: irlandés, de familia
católica y acomodada, hizo la carrera de Psicología, se casó, tuvo dos
hijos y fue nombrado profesor de Psicología en la prestigiosa universidad
de Berkeley (allí no aceptan “ceporros”, tenía que ser muy inteligente).
Todo fue bien hasta el día de su 35 cumpleaños en el que su esposa, para
fastidiarle la fiesta, se suicidó gaseándose en el garaje.
Esto le hizo cambiar totalmente. Dejó la Universidad y se fue a re-
correr mundo. Pasó cinco años de “año sabático” y luego volvió a otra
prestigiosa universidad, esta vez a la de Harvard.
En el año 1960, en un viaje a Méjico, probó el hongo Teonannac-
til, técnicamente el Psilocybe mejicano o “pajarito” en el argot local o
“sombrero de la libertad” en Inglaterra. Este hongo alucinógeno contiene
Psilocina y Psilocybina. Esta sustancia tiene parecido con el LSD 25,
con la mescalina, el peyote y el hachís. Su ingesta produce una estimu-
lación central que afecta fundamentalmente el sistema simpático con
estimulación de las zonas ergotrópicas diencefálicas y activación de
los reflejos medulares mono y polisinápticos. Su acción alucinógena es
cincuenta veces superior a la mezcalina. Tras tomarlo tienen un estado
alucinatorio con incoordinación, euforia, intuiciones delirantes, visiones
de tipo oniroide intercaladas con visiones de tranquilidad. Alucinaciones
auditivas con pérdida temporal del juicio y raciocinio. Se produce un
desbloqueamiento psíquico que favorece el contacto con el perimundo.
Estas experiencias le llevaron a divulgarlas y se convirtió en el Pro-
feta de las drogas alucinógenas, de las experiencias psicodélicas, de lo
que ahora se llaman genéricamente “viajes”.
Él pudo haber sido uno de los 50.000 chiflados o iluminados o místi-
cos que cada año aparecen en los Estados Unidos y que como aparecen,
desaparecen. Sus soflamas hubiesen pasado por el viento. Pero en aquel
206 MARIO ALFONSO SANJUÁN

momento, en ese país se estaban gestando unas fuerzas, una dinámica


social, una revolución que todavía no se ha acabado y de la que no tene-
mos perspectiva. La tenemos demasiado próxima.
En aquel momento estaban en la segunda enseñanza y en la Univer-
sidad la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial, los jóvenes
que no querían oír las batallitas de sus padres contra los alemanes y
japoneses y que estaban hasta la coronilla de la sociedad creada por los
Roosevelt y por el General-Presidente Eisenhower. Les aburrían sus
rigideces mentales, sus tópicos. La reciente guerra de Corea les parecía
una solemne estupidez, el juguetear con la energía atómica les estreme-
cía y como catálisis de ese momento estaba el rechazo ante la guerra
de Vietnam. Nadie comprendía por qué había que matar campesinos
vietnamitas, achicharrarlos con napalm, desmembrarlos con las bombas
de vacío, jugar al fútbol con sus cabezas y violar indiscriminadamente.
En aquel magma en ebullición surgió la música de los Beatles, el
“haz el amor no la guerra” y la difusión, en días, de las teorías del Dr.
Leary. El consumo de Cannabis, de los alucinógenos, de todo tipo de
droga psicotrópica fue del día a la noche, su eclosión fue masiva. Un fe-
nómeno social, sociológico, masivo, que abarcó a millones de seres y que
todavía ni se ha analizado debidamente ni mucho menos comprendido.
Lo original es que el grupito inicialmente estaba formado por
cuatro “hippies” con florecitas en el pelo, un par de slogans y el Dr.
Leary. Como peso científico solo tenían a Aldous Huxley, el escritor
conocido fundamentalmente por su obra Mundo feliz, y que a raíz de
sus experiencias con sustancias alucinógenas escribió Las puertas de
la percepción y Cielo e Infierno. Él fue el pionero de la divulgación del
LSD y la Psilocibina. A partir de ese momento, todo cambió y todo ha
cambiado. ¿Para bien? ¿Para mal? Generalmente se dice que para mal;
pero un fenómeno social que pudo frenar la mayor maquinaria bélica
que ha conocido la Humanidad, que hizo firmar una Paz, que evitó que
se matasen más civiles merece respeto.
A partir de 1965, el Dr. Leary empezó su peregrinaje por las cárceles
entrando y saliendo. Su escapada de Norteamérica. Su vida en Argelia
¿ES POSIBLE QUE LOS CIVILES BLOQUEEMOS LAS GUERRAS? 207

con las Panteras Negras. Otra huída a Afganistán con posterior deten-
ción y extradición a Norteamérica para ser encarcelado de nuevo.
Como querían condenarle a cadena perpetua hizo unos malaba-
rismos jurídicos y a su grupo y a sus ideas las denominó League for
Spiritual Discovery, cuyas iniciales LSD irritaron, todavía más, a los
encéfalos pensantes. Ya que al registrarla como organización espiritual-
religiosa y existiendo absoluta libertad de culto en los Estados Unidos,
nadie le podía atacar por allí. Para más broma se paseaba en un caballo
pintado de rosa en un lado y el otro de azul.
Consiguió sacar de sus casillas al Gobierno, al Pentágono, a la CIA,
FBI, funcionarios, padres de hijos universitarios etc. El resultado fue
una desbandada de jóvenes al extranjero para huir del servicio militar
y de ir a matar vietnamitas. Los jóvenes de las clases más altas y más
acomodadas salieron de Estados Unidos. Sólo quedaron los más pobres
para prestar el servicio militar y resultó que la minoría negra era la carne
de cañón en Vietnam.
¿Fue él quien terminó con la guerra de Vietnam? ¿Fueron los Beat-
les? ¿La psicodelia? Demasiado complejo este tema como para encontrar
soluciones simples. Lo cierto es que tras matar a tres millones de civiles
vietnamitas aquella atrocidad se paró.
Tenemos tan cerca todas estas realidades que nos falta perspectiva
para apreciarlas. Es como un periódico tan próximo a los ojos que ni
podemos leer las letras ni nos permite ver lo que hay en la habitación.
Pero sólo en cincuenta años se ha cambiado radicalmente el Mundo,
el MUNDO así con mayúsculas. Se frenó la más poderosa máquina
de matar que ha existido en la historia de la Humanidad, se crearon
las bases para hablar de Paz entre los grandes bloques. Parece que se
ha arrinconado el terror atómico, el holocausto de la Humanidad por
caprichos políticos.
Sólo unos pequeños y estúpidos políticos siguen jugando con las
bombas atómicas. Se realizó la liberación de la mujer con su incorpo-
ración al mundo del trabajo. Se crearon los movimientos de Derechos
Civiles y Derechos Humanos. Nació la libertad sexual con la píldora an-
ticonceptiva. Apareció el cuidado de nuestro ambiente y hábitat frenando
208 MARIO ALFONSO SANJUÁN

la brutalidad destructiva y contaminante de las empresas. Ha desapa-


recido la mayoría de los bestiales dictadores. Demasiadas, demasiadas
cosas. Jamás en tan pocos años han ocurrido tantas cosas básicas.
TEXTOS Y GLOSAS
MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO
Y LA PARROQUIA SAN AGUSTÍN DE BUENOS AIRES

Transcripción del Documento correspondiente


que se encuentra en el Archivo del Vicariato San Alonso de Orozco
de la Orden de San Agustín en Argentina y Uruguay

Buenos Aires, 16 de junio de 1929


En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. – Amén.
Memoria o Relación del “Colegio Agustiniano” y Parroquia de “San
Agustín” de la Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”, en
la ciudad y Arquidiócesis de Buenos Aires, República Argentina.
Tanto el “Colegio Agustiniano”, como la iglesia Parroquial de “San
Agustín” forman un solo edificio, y están situados en la capital de la
República Argentina, en lugar sano y muy poblado, prometiendo ser,
dentro de muy poco tiempo, uno de los mejores puntos de Buenos Ai-
res, sobre todo, si se tiene en cuenta su proximidad a la Avenida Alvear.
–Su adquisición y edificación pueden dividirse en dos partes o épocas:
Antigua y Nueva.

PARTE ANTIGUA O PRIMERA ÉPOCA

La iglesia y parte antigua del Colegio se deben a la donación que,


en memoria de su esposo, Dn. Mariano Unzué, hizo a los PP. Agustinos
la dama argentina, Dña. Mercedes Baudrix de Unzué, fallecida el 28 de
mayo de 1916; habiendo ascendido todo el costo de la obra a Setecien-
tos Mil pesos argentinos ($700.000); empezando la edificación el 12
de octubre de 1907, siendo Vicario el M.R.P. Joaquín Fernández, que
murió antes de que se inaugurase. –La obra se terminó a fines de 1910,
inaugurándose el 10 de diciembre de este mismo año.
La parte de la casa m (sic) de tres pisos, consta de 16 celdas o ha-
bitaciones muy cómodas y con sus correspondientes lavados, estantes,
etc.; estando instalados en el piso bajo la sala de visitas, el Colegio de
212 MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO

Primaria, con amplias aulas y con todo el material necesario de ense-


ñanza, con capacidad para recibir instrucción 100 alumnos, y dos patios
laterales.
La parte más baja o entresuelo es una galería, que abarca el espacio
que da bajo las clases primarias, galerías laterales y frente del altar ma-
yor de la iglesia. –En esta misma parte o entresuelo se hallan: La cocina,
un comedor y varias habitaciones para la servidumbre, con una pieza
chica que está habilitada para carpintería.
La iglesia es de un estilo gótico, con tres hermosas naves: la nave
central termina con un presbiterio poligonal, y las dos laterales se unen
en la fachada por un nártex transversal.
A los lados del altar mayor y formando un todo con las naves late-
rales, aunque separadas por paredes con sus puertas, que dan acceso a
la iglesia, se hallan: el Baptisterio a la derecha, según se entra, y la sa-
cristía a la izquierda. Además, a la izquierda de la galería de la sacristía
está el despacho parroquial, que consta de una sala ancha a propósito
para reuniones y conferencias con un patio o jardín al lado.
Hay en la iglesia siete altares: el mayor o de H.P.S. Agustín; el de
Nuestra Señora de la Consolación, Santa Rita y Señor de la Buena Es-
peranza, a la derecha; Santo Cristo, S.C. de Jesús y Nuestra Señora del
Valle, a la izquierda.
Las cristalerías de la iglesia contienen imágenes de los Apóstoles y
Santos de la Orden en tal forma que solo esto último es suficiente para
acreditar que es verdadera iglesia agustiniana.
Fue erigida Parroquia, por auto del Excmo. Sr. Arzobispo, el 28 de
agosto de 1912, dándola por límites: al Norte, el Río de la Plata; al Sur,
la calle Arenales; Laprida al Este y Bulnes al Oeste; habiendo regido
estos límites hasta que en 12 de octubre de 1928 el Excmo. Sr. Obispo,
Fr. José María Bottaro, en la nueva creación y arreglo de parroquias,
determinó que la parroquia de San Agustín tuviese por límites: al Norte,
el Río de la Plata; al Sur, Santa Fe; Pueyrredón y Anchorena al Este;
y Coronel Díaz y Bulnes al Oeste; habiendo empezado a regir el auto
del Excmo. Sr. Arzobispo el 10 de enero de1929; quedando así nuestra
parroquia bastante agrandada.
MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO 213

En cuanto al “colegio Agustiniano” puede considerarse como con-


tinuación del que el M.R.P. Vicario Provincial fundó el 20 de febrero
de 1913, al que se habían trasladado a principios de 1910 los PP. de la
Residencia –Colegio de “Santo Tomás de Villanueva”, fundados por el
mismo P. Vicario en la calle Garay No. 3240, el 12 de abril de 1901, en
la calle Arenales, 1174 y en el año 1907 a la calle Gallo, 2624, en la casa
de la Sra. Unzué.
La Residencia – Colegio de Buenos Aires tiene, a 15 kilómetros de
la Capital, en Ramos Mejía, una quinta o propiedad de sesenta y seis
metros con 82 centímetros de frente al NO, por doscientos cincuenta
y dos metros con 90 centímetros de fondo, o sea, una superficie de mil
seiscientos noventa y ocho metros cuadrados con setenta y siete centí-
metros, donación gratuita hecha el 8 de octubre de 1904, registrada el 14
del mismo mes y año, por la señora Dña. Carmen Ramos Mejía de Fer-
nández, que falleció el 5 de agosto de 1928, al M.R.P. Vicario Provincial
Fr. Joaquín Fernández. –En este terreno se levantó, en tiempo del mismo
P. Joaquín, q.e.p. d., la Casa Capilla que hoy tenemos, revocándose en
tiempo del P. Vicario, Francisco Muñiz, y pagándose al contado con
dinero de la Vicaría.

PARTE NUEVA
Anhelando ensanchar el edificio del “Colegio Agustiniano” y llevar
a cabo los deseos de todos PP., así como los del M.R. P Provincial y
Vble. Definitorio, cuales eran los de ir adquiriendo el terreno suficiente
para hacer un Colegio Nacional o de Segunda Enseñanza, el M.R.P.
Provl. Francisco Muñiz, compró el 7 de diciembre de 1917, para la So-
ciedad Civil “La Docente”, a nombre de la cual están todos nuestros
bienes en la Argentina, una finca con las construcciones existentes y en
la calle Gutiérrez, 2725, antes 431, entre Agüero y Gallo, los lotes 18 y 19;
el primero de metros ocho con sesenta y seis centímetros de frente, por
treinta y tres metros con cincuenta centímetros de fondo, y el segundo, de
metros ocho con sesenta y seis centímetros al Sud-Oeste, y veinticuatro
metros con ochenta y nueve centímetros en el Nord-Oeste, y veinticuatro
metros con once centímetros en Sud-Este, o sea una superficie de qui-
214 MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO

nientos siete cuadrados con 043 milímetros; habiendo costado y pagado


al contado, por dicho terreno y construcciones, la cantidad de diecinueve
mil quinientos pesos argentinos. –Para efectuar esta compra, el Vble.
Definitorio concedió a la Vicaría Argentina veinte mil pesos, empezando
la construcción del Nacional, ampliación del “Colegio Agustiniano”, en
1918, según el plano que consta de tres pisos con un frente de 17 metros
con 50 metros por 10 metros de fondo; Habiéndose terminado el 31 de
mayo de 1918 los dos primeros pisos, para los cuales el “Colegio Agus-
tiniano” y “Buen Consejo”, de Chivilcoy dieron 12.000 pesos; siguiendo
luego la edificación del tercer piso con el revoque imitación piedra;
dándose fin a la obra, que costeó la Vicaría, en 1923, siendo Vicario el
M.R. P Teodosio Tijero; teniendo amplias y muy ventiladas clases con
salas para los gabinetes de física y química con el suficiente material de
enseñanza para los cuatro años de Bachillerato, según exigen los Regla-
mentos de Instrucción Pública; siendo una lástima el que, no habiendo
PP. suficientes, el “Colegio Agustiniano” se vea precisado a pagar pro-
fesores seculares las cantidades de 800 a 900 pesos al mes, a pesar del
enorme trabajo y diversidad de clases que tienen los profesores de Casa,
para quienes, por su constancia, laboriosidad y energías gastadas, todos
los enhorabuenas y todos los alientos son poco.
Siendo Vicario el M.R.P. José María Álvarez, compró, escriturán-
dola a nombre de “La Docente”, el 18 de mayo de 1922, a la señora
Ana Chiarlono de Dinari, entre las calles Agüero y Gallo, o sea, calle
Gutiérrez, N° 2737, la finca que mide ocho metros sesenta y seis cen-
tímetros de frente al Sud-Oeste por treinta y tres metros cincuenta y
cinco centímetros de fondo, pagando por ella y al contado con dinero de
la Vicaría la cantidad de $ 23.000 pesos. –Esta casa es donde funciona
hoy el “Colegio de Nuestra Señora de la Consolación”, pagando ciento
cincuenta pesos ($ 150, 00) al mes de alquiler.
Con el ánimo de ir adquiriendo poco a poco el terreno suficiente
para poder llenar el día de mañana las necesidades que se presentan, el
23 de Julio de 192 [¿?] el P. Luís Rodríguez, como Apoderado General
de “La Docente”, y con el permiso del Vble. Definitorio, compró para la
misma Sociedad Civil “La Docente” y por veinte mil (20.000 $) pesos,
que pagaron al contado los colegios “Agustiniano” de Buenos Aires,
MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO 215

“Nuestra Señora del Buen Consejo” de Chivilcoy, y “San Luís Gonzaga”


de Ayacucho, a la señora Dolores Vázquez de López la finca que está
entre Agüero y Gallo, hoy Austria, y en la calle Gutiérrez, 2313, que
mide siete metros con setenta y nueve centímetros en el Nor-Oeste, y
diezisiete metros 62 centímetros en el Sur-Este.
Además; deseando cumplir lo mandado en los últimos Capítulos
Provinciales acerca del respeto y uniformidad que debe haber para la
conservación de los restos de nuestros Hermanos difuntos, la Vble.
Consulta de Buenos Aires se dirigió en el mes de Julio de 1926 al M.R.P.
Provl. y Vble. Definitorio suplicando el debido permiso para adquirir por
el término de noventa y nueve (99 años) según marca la Ley Municipal,
el terreno necesario para levantar un panteón en el cementerio del Oeste
o Chacarita. –El Vble. Definitorio tuvo a bien resolver favorablemente la
proposición; habiéndose adquirido por el tiempo anteriormente citado,
el 15 de octubre de 1926, el terreno que consta de dos lotes, 6 y 7, del N°
9, manzana 3 de la sección 13, formando una superficie de seis metros
cuadrados con veinticinco centímetros, clasificados en 2ª y 3ª catego-
ría; habiendo pagado por ellos la suma de tres mil setecientos pesos ($
3.700) a razón de 650 y 550 el metro cuadrado. –Tiene cada lote, 1 m.25
de frente por 2 ms.50 de fondo; limitando al Norte y Este con la calle; al
Sud, con los lotes 10 y 20, y al Oeste con el lote 8o.
El día siete de septiembre de 1927 se trasladaron desde el cementerio
del Norte los restos de los RR. PP. Bernardo Arquero y Francisco Castro,
hallándolos en buen estado de conservación, y el día 8 del mismo mes y
año y del mismo cementerio Norte, aunque no estaban tan conservados,
se trasladaron a nuestro panteón los restos de M.R.P. Vicario Provl. Fr.
Joaquín Fernández Palacio, y el 30 de abril de 1929 fueron trasladados
del panteón de la familia Ortigosa, los del P. Patricio Bernabé, q.e.p.d.
–El padre Castro había sido enterrado en el panteón de la familia Ayala;
el P. Arquero, en el de la familia Zamata, y el P. Joaquín, en el del Clero.
–Se están haciendo los trámites para trasladar de Paraná y de Ayacu-
cho, los restos de los PP. Jesús Fernández y Alfredo Carrocera Valdés,
respectivamente.
216 MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO

El monto del coste del terreno del Panteón con la edificación de


éste ha subido de suma de ocho mil novecientos cuarenta y nueve pesos
(8.949 $) como dije, pertenece a la Sociedad Civil “La Docente”.
Todo esto es lo que podemos considerar como parte nueva o Época
Segunda.

ASOCIACIONES PIADOSAS ESTABLECIDAS EN LA IGLESIA


YPARROQUIA DE SAN AGUSTÍN
1ª. –El 10 de diciembre de 1910 se trasladó a la Iglesia de San Agus-
tín la Archicofradía de “Nuestra Señora de la Consolación” fundada
del 3 de octubre de 1904 en la Iglesia del Pilar. –Esta Archicofradía se
encuentra muy floreciente y cuenta con 1071 socios; habiendo fundado
el 17 de abril de 1912 la Escuela Gratuita, a la que asisten 150 niños y
niñas pobres, bajo la dirección de cuatro maestras competentes, que les
dan enseñanza Primaria; pagando todos los gastos de sostenimiento, que
se elevan a unos 500 pesos mensuales, las señoras y familias caritativas
que pertenecen a la Archicofradía de la Consolación. –Su director desde
hace años, el P. Luís Rodríguez trabaja con entusiasmo por la prosperi-
dad de dicha Escuela.
2ª. –La Catequesis o Doctrina Cristiana fundada el 28 de mayo de
1911 y agregada a la Primaria de Roma el 14 de mayo de 1912, tiene por
objeto enseñar la Doctrina Cristiana a los niños y niñas, preparándo-
los para la Primera Comunión siguiendo después con el Catecismo de
Perseverancia. –La misa de 9:30 de los domingos y días festivos se ha
puesto, precisamente, para estos niños y los del “Colegio Agustiniano”.
–Durante ella oyen alguna explicación clara y sencilla, acomodada a sus
inteligencias, que su director, el R.P. Cura Párroco, Alberto de los Bueis,
les hace acerca de la significación y ceremonias de la misma Santa Misa,
o de otro punto de la Doctrina Cristiana, pasando luego a los salones de
la galería, donde varias señoritas, que también asistieron a la Misa, se
encargan de la enseñanza y de la explicación del Catecismo a las respec-
tivas secciones y dándoles por la aplicación y asistencia. –Hay que tener
también en cuanta que el Cura Párroco explica el Catecismo, en distintos
días de la semana, a los siguientes colegios del Estado, enclavados en
MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO 217

la Parroquia: “Herrera Vegas”, “Pizarro”, otro en la calle Juncal y el 1ª


del Consejo 90.
3ª. –Desde el 15 de agosto de 1911 se halla establecida en la Iglesia
de San Agustín la Cofradía de Santa Rita y de Santa Clara de Montefal-
co, que cuentan hoy con 970 socias, celebrando sus cuatros domingos
mensuales, así como la novena en honor de Santa Rita de Casia.
4ª. –El Director de la Cofradía de Santa Rita, R.P. Alberto de los
Bueis, que fue su fundador, ha sabido imprimirle tal espíritu que el 3 de
octubre de 1912 fundó los Talleres de Caridad de Santa Rita, llevando
el primero el nombre de la Santa y contando en la actualidad, además
de las 8 que componen la C.D., con 32 socias activas. –El 2º Taller, con
el nombre de San Agustín, y con 14 socias activas, sin contar la C.D.,
se fundó el 25 de junio de 1913, el 23 de julio de 1917 se llevó a cabo la
fundación del Taller de Santa Mónica, que, a más de la C.D., tiene 15 so-
cias activas; y el 8 de septiembre del mismo año, se inauguró el de Santo
Tomás de Villanueva, con 23 socias activas, sin contar la C.D. –Estas
socias activas de que hablamos, son las señoras y señoritas que van a
coser, porque, [solamente], los Talleres tienen un número de 335 socias.
– [Hay] también la Escuela Taller de Santa Rita, fundada el 14 de abril
de 1925, y el Taller Costurero fundado el 20 de diciembre de 1926.
Aunque el objeto principal de todos los Talleres es vestir al desnu-
do, porque la Escuela Taller se dedica, especialmente, a dar enseñanza
gratuita de Corte, Confección, Bordados a máquina y a mano a las
niñas pobres, que, en la actualidad, son 54, que para este se año se ha
prescripto tengan profesoras diplomadas, a fin de que, examinándose,
puedan obtener el título de profesoras. –El Taller Costurero tiene por
objeto principal proporcionar costura a señoras necesitadas.
Los Talleres de Caridad de Santa Rita de Casia funcionan en casa
propia comprada el 10 de diciembre de 1924, e inaugurada como sede de
los Talleres el 14 de mayo de 1925, y tienen personería jurídica otorgada
por el Superior Gobierno de la Nación con fecha 12 de mayo de 1914.
Los Talleres de Caridad suelen hacer dos repartos generales: uno
para invierno y otro para verano, habiéndose repartido la últimas vez,
con motivo de la fiesta de Santa Rita, más de 1000 piezas.
218 MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO

5ª. –El 5 de mayo de 1912 se estableció el Apostolado De La Ora-


ción, que tiene 974 socios, celebrando los primeros viernes de mes, el
mes de junio y teniendo su ejercicio mensual los primeros domingos, con
la Comunión General a las 8 de la mañana. –Tiene, además, la novena
solemne en honor de S.C. [Sagrado Corazón] de Jesús y es su Director,
desde su fundación, cel.R.P. Luís Rodríguez.
6ª. –En el mismo año, 1912, el 15 de diciembre se estableció el Coro
de Ángeles, compuesto de niños y niñas en número de 300, dedicándose
a ejercicios de piedad.
7ª. –En el mes de abril de 1915 se estableció la Pía Unión de La Madre
del Buen Consejo, que cuanta con 340 socias, y está unida a la Central
de Genazzano, rigiéndose por su reglamento. –Tanto de esta Asociación,
como del Coro De Ángeles, es también Director el P. Luís Rodríguez.
8ª. –El 10 de septiembre de 1916 se estableció la Cofradía De Ani-
mas, bajo la advocación o patrocinio de San Nicolás de Tolentino, con
el reglamento de La Pía Unión. –Cuenta con 185 socias.
9ª. –II. En 1912 se fundó la obra de la Propagación de la Fe, que
tiene en la actualidad cinco coros de 12 socios.
10ª. –La Cofradía del Señor de la Buena Esperanza fundada el 20 de
agosto de 1920, según auto del Arzobispo, y que tiene 31 coros de 15 so-
cios cada uno, o sea, 496, contando con las celadoras, y se rige por el Re-
glamento de la de los P.P. Agustinos de Quito, celebra sus ejercicios men-
suales los terceros domingos, [con] más las cuatro fiestas de Reglamento
y la novena con toda solemnidad: es una devoción muy extendida.
11ª. –El 11 de junio de 1925 se fundó la Congregación de San Luís y
de Santa Teresita del Niño Jesús, como patronos de los niños y niñas de
las Doctrina. –Su fin es asociar a todos los niños y niñas del Catecismo
de Perseverancia.
12ª. –La Pía Unión de Santa Teresita, que celebra sus cultos los ter-
ceros domingos, se estableció en la Iglesia de San Agustín el 4 de enero
de 1927. –Cuenta con unos 150 socios, y fue agregada a la Primaria de
Roma con fecha 10 de abril del mismo año.
13ª. –La Congregación de Santa Teresita tiene también su Taller
fundado el 21 de junio de 1928: su objeto es proporcionar ajuares para
bebés recién nacidos.
MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO 219

14ª. –La Junta Parroquial, reorganizado en 1922, y fundada en tiempo


del P. Vicario, José María Álvarez, tiene por objeto proporcionar médico
y medicinas gratuitas a los enfermos pobres de la Parroquia: Cuenta con
seis miembros que forman la C.D., con 20 vocales y unas 200 socias.
15ª. –Conferencias Vicentinas. –Conferencia de Señoras: Fue funda-
da en 1913; visita y socorre a los pobres con limosnas, reparto de ropa,
víveres y pagos de alquiler; consta de más de 70 socias, con un gasto
promedio anual de pesos 8.000. –La Conferencia de Caballeros se fundó
en 1920. –Existe otra Conferencia que es la de Los Jóvenes Vicentinos,
fundada en 1921, con unos 30 socios activos y otros tantos preceptores:
en su mayor parte, son jóvenes de carrera y familias acomodadas.
Todas estas tres Conferencias se reúnen una vez por semana en la
Iglesia Parroquial de San Agustín, donde rinden cuenta de las visitas
efectuadas, proponen los pobres que pueden ser visitados y socorridos,
y la cantidad que se les ha de dar; leyendo también algunos de los ca-
pítulos del Reglamento, Circulares y medios de ejercitar la caridad, así
como llevan con exactitud los libros de cuentas y los vales entregados
o a entregar.
16ª. –La Archicofradía de Madres Cristianas, agregada a la Primaria
de Roma y que tiene unas 90 socias, celebrando su retiro mensual los
cuartos domingos, fue fundada el 4 de mayo de 1924.
Toda ésta como de las dos anteriores Asociaciones es Director el
R.P. Alberto de los Bueis.
18ª. –La Obra de Amor y Reparación. –Es la Obra de las Asociación
de Marías, fundada por el Arcipreste de Huelva, hoy Obispo de Mála-
ga; cuenta con 1300 socios. –Su fundación en Buenos Aires se debe
al jesuita P. Capará; habiendo sido trasladada más tarde a la Iglesia de
los P. del C. de María, dirigiéndola el P. Sahún. –Por auto de la Excma.
Curia de Buenos Aires, con fecha 27 de mayo de 1925, trasladó su sede
a la iglesia de los PP. Agustinos, cuyo Superior propuso para Director
de la misma obra al R.P. Juan Pérez, aprobado por la Curia Eclesiásti-
ca, o Monsr. Fortunato Devoto, el día 9 de junio del año anteriormente
citado. –Esta Obra se propone atender a las iglesias y Sagrarios pobres.
–Celebran sus ejercicios mensuales alternando, o sea, una vez en una
220 MEMORIA DEL COLEGIO AGUSTINIANO

iglesia, otra vez, en otra, llegando a los barrios apartados y teniendo sus
actos de Reparación en la forma más solemne, y siempre con procesión
del Ssmo. y Reserva.
Tiene, además, un Taller, donde se elaboran ropas para las iglesias
pobres. –Su Órgano o Revista oficial se llama: “Chispitas del Sagrario”,
bajo la dirección del P. Juan Pérez.
“Rosas y Espinas” es la Publicación Mensual de los PP. Agustinos
en la Argentina. –Apareció su primer número el 22 de 0ctubre de 1915
y fue Órgano oficial de los Talleres de Caridad de Santa Rita hasta hace
poco tiempo. –Desde su fundación tiene por Director al R.P. Alberto de
los Bueis.
Los religiosos viven gracias a Dios con relativa comodidad, de
limosnas de las misas, funerales, predicación y emolumentos de los
alumnos del Colegio; siendo de lamentar el que la Provincia no mande
más religiosos a la Argentina, pues habría trabajo para muchos más.
Los Ingresos, Gastos y Salidas habidos desde que se mandaron las
cuentas para el último Capítulo Provincial, en mayo de 1926 hasta el 30
de abril de 1929 son los que se expresan aparte.
Esta Relación o Memoria de las cuentas de las misas y enseñanza de
los criados, según la fórmula que sigue en otro lugar, se leyeron en un
acto de comunidad del 16 de junio de 1929, jurando todos los PP. haber
cumplido con lo que mandan Nuestras SS. Constituciones al respecto y
en lo que se refiere a lo que hay que mandar para el Capítulo Provincial
juntamente con el Estado de los Religiosos o Nomenclátor de esta Casa
–Colegio Agustiniano de Buenos Aires.
Al terminar la presente Relación, tenemos la satisfacción de infor-
mar que, dentro de pocos días, se firmará el contrato de compra de la
casa de la calle Gutiérrez, 2722, que la señora Luisa D. Urquiza hará a
favor de la Docente Sociedad Civil o Sociedad Civil La Docente, o sea,
de los PP. Agustinos, adquiriéndola por pesos Cuarenta y Cinco Mil ($
45.000), pero con la condición de que se use para la Escuela Gratuita
de Nuestra Señora de la Consolación, llevando antes de este título el
nombre de quién fue su esposo, D. Cayetano de Urquiza.

Buenos Aires, 16 de junio de 1929.


NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA,
Y DIGNIDADES ECLESIÁSTICAS
DE LAS IGLESIAS DE CÓRDOBA Y SALTA
EN EL ARCHIVO GENERAL DE INDIAS

Emiliano Sánchez Pérez, OSA


Santa María (Catamarca)
onailimes@yahoo.com

INTRODUCCIÓN
Todas las dignidades eclesiásticas que presentamos aquí son con-
temporáneas del primer Obispo de Salta (1806-1819), cordobés, que
siguió una línea progresiva, desde simple Pastor en Curatos, al inicio
de su vida sacerdotal, hasta su consagración como obispo de Asunción,
Paraguay, desde la que fue elevado a la de Salta, desmembrada de la
originaria de Córdoba del Tucumán. Por supuesto no están todos, entre
los que hay alguna ausencia notable, como la del Deán Funes, siempre
detrás de Videla del Pino en la consecución de los mismos cargos, por
lo que no se vio libre de notables dosis de celotipia. La razón es que, en
la documentación que presentamos, hemos recurrido exclusivamente
al Archivo General de Indias, en los legajos en los que también existe
documentación de Nicolás Videla del Pino, sobre su encumbramiento a
distintas dignidades eclesiásticas.
No incluimos aquí esta documentación de Videla, que obra en
nuestro poder, porque la tenemos ya integrada en toda la amplia sobre
Videla del Pino, recogida en varios archivos nacionales e internaciona-
les, que suma varios miles de fotocopias, y que esperamos que la diosa
fortuna nos sonría para poder editarla, edición que sería una óptima
colaboración en el Bicentenario Patrio, que hemos iniciado. Esta misma
razón, es la que nos ha llevado a no incluir con la documentación de
Nicolás Videla del Pino, la de estas Dignidades eclesiásticas, pero dada
su utilidad y ayuda a una compresión global del tema Videla del Pino,
nos ha parecido importante darla a luz y por separado. Esto quiere decir
que, no sólo en otros archivos, sino incluso en el de Indias, puede haber
222 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

más documentos de los aquí presentados. Esto exige rastrear la docu-


mentación de otras Audiencias, en las que también prestaron servicios
sacerdotales, dignidades como las que aquí presentamos. Nosotros aquí
sólo nos circunscribimos a la de Buenos Aires.
Algunos de los aquí recogidos fueron buenos colaboradores de
Videla, tanto antes de ser Obispo, como cuando ocupó la sede de Salta.
Pero también están presentes sus máximos, llamémosles, rivales, que
con graves y falsas acusaciones le llevaron al destierro, en el que vivió
con gran dignidad personal, ejemplar servicio pastoral en la naciente
Patria descabezada de Obispos, cuyos servicios superaron las fronteras
“nacionales”, permanente y grave escasez de recursos económicos y con-
tumaz incomprensión del emergente poder civil, que siempre le privó de
los beneficios de la amnistía política, cinco veces otorgada, y otras tantas
denegada. Amnistía que, por otra parte era innecesaria, pues si fue juz-
gado, nunca fue condenado y declarado culpable de los delitos políticos
de que se acusaba, lo que exigía su inmediata puesta en libertad.
Creemos que este tipo de trabajo, aunque no tiene la calidad, belleza
y lozanía del estudio histórico, técnico y bien elaborado, con inclusión
compulsada de toda la documentación posible, impresa y manuscrita,
este ofrece, sin embargo, la particularidad, de relevante valor, de ser su
punto de partida como fuente inevitable de avituallamiento para esa
investigación histórica. Más aún, creemos que las citas archivísticas
parciales de esos trabajos o doce sus documentos individuales, aunque
bien reflexionados, ofrecen sin embargo sólo un aspecto o visión parcial
del tema en litigio, pero que bien expurgado el documento, como aquí
posibilitamos con su lectura completa, amplifica insospechadamente su
visión histórica de conjunto, sin prescindir de ningún detalle. Nos anima
además a esta significativa actividad, el dato triste y comprobado, cono-
cido por todos los usuarios de archivos y bibliotecas, de la desaparición
incomprensible de documentos o de su grave deterioro, por incomprensi-
ble irresponsabilidad de los investigadores, o por la deficiente asistencia
técnica o por otros deletéreos avatares, auténticas termitas, que aquí se
ven fracasadas en su labor destructora, por la edición de este material
archivístico.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 223

Tenemos que manifestar que en esta trascripción, hemos adopta-


do la grafía, ortografía e interpunción de uso común en la actualidad.
Ciertamente no ha sido muy relevante esta modernización, por usar ya
la misma documentación una grafía moderna, pero que creemos útil,
para facilitar su cómoda lectura a todo tipo de lector, además de que la
permanencia de su estado original, no añadía ningún valor paleográfico
a esta trascripción, sencillamente porque le sobra lo de “paleo”, dado su
reciente origen.
No hemos querido abusar de las notas críticas o aclaratorias, pues
preferimos que sea el mismo documento el que transmita incólume su
mensaje, sin glosas. La ubicación archivística hemos preferido indicarla
solamente al final de cada bloque de documentos existentes en el mismo
Legajo, todos ellos de la Real Audiencia de Buenos Aires.

DOCUMENTACIÓN
Provisión del Decanato de nueva erección de la Catedral de Salta en
D. Vicente Anastasio de Isasmendi. La primera canonjía en D. José
Miguel de Castro y la segunda en D. Pedro Aran y Morales.

La Cámara de Indias 9 de Marzo de 1807

La Cámara de Indias a 9 de Marzo de 1807 propone a Vuestra Ma-


jestad sujetos para la Dignidad de la nueva catedral de Salta, cuya renta
se regula en dos mil treinta y seis pesos anuales.
En primer lugar:

A D. Vicente Anastasio de Isasmendi Canónigo Magistral de la


santa Iglesia de Córdoba del Tucumán, natural de Salta, de legítimo y
distinguido nacimiento, y de 52 años de edad. Estudió Filosofía, Teo-
logía, Leyes y Cánones. Se graduado de Doctor en Teología, y recibido
de abogado. Fue Secretario de un obispo del Tucumán, y sucesivamente
obtuvo los curatos de Calchaquí y Salta, en aquella Diócesis. Sirvió este
último con la Vicaría por espacio de 12 años, acreditando el mayor celo
224 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

en el cumplimiento de su obligaciones, en el ejemplo e instrucción de


sus feligreses, en el aseo y culto de la iglesia, reedificando y adornando a
su costa la parroquial del primero, y concurriendo con cuatro mil ocho-
cientos y seis pesos, para la Matriz de Salta; no habiendo sido menos
puntual en el establecimiento del nuevo Hospital de aquella ciudad. Por
cuyos buenos informes y servicios, y el de haber sido Capellán castrense
en ella, por espacio de nueve años, mereció que le recomendasen los
gobernadores de Salta, el Rvdo. Obispo del Tucumán y el del Paraguay.
En el año de 1805 fue promovido por oposición a la canonjía Magistral,
que sirve.

En segundo lugar:

A D. José Casajús, Chantre de la Santa Iglesia del Paraguay, ameri-


cano, de legítimo y distinguido nacimiento y de 45 años de edad. Estu-
dió Filosofía y Teología, en cuya Facultad se halla graduado de Doctor.
Fue Rector del Seminario Conciliar del Paraguay, sirviendo al mismo
tiempo la Cátedra de Moral, que obtuvo por oposición, como también
el Provisorato y Vicaría General del Obispado en sede plena y vacante,
con la mayor pureza, exactitud y acierto, acreditando conducta ejemplar,
según informes de los Reverendos Obispos, del Cabildo y del Goberna-
dor de la Provincia. En el año de 1798 le confirió Vuestra Majestad una
Canonjía en la Santa Iglesia del Paraguay, consulta de la Cámara, y en
el [1] 801 la Chantría que sirve.

Conde de Pozos – Dulces:

A D. José Miguel Castro, cura en el Obispado del Tucumán, natural


de Salta, de legítimo nacimiento y de 51 años de edad. Cursó Filosofía
y Teología, en cuya Facultad se halla graduado de Doctor. Obtuvo por
oposición un curato en el año 1783, y en el de 1793 fue promovido al de
la Punilla, que actualmente sirve en la diócesis del Tucumán, acredi-
tando celo, desinterés y amor a sus feligreses, y aplicación constante al
púlpito y confesionario, según informes de dos Prelados.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 225

En tercer lugar:

A D. Manuel Melchor de Alfaro, Racionero de la Catedral de Santa


Cruz de la Sierra, americano, de legítimo nacimiento y de 61 años de
edad. Sirvió interinamente algunos curatos desde el año de 1774, con
aprobación de sus superiores, y en virtud de los buenos informes de
estos, le confirió Vuestra Majestad, a consulta de la Cámara de 3 de
Octubre de 1793, la ración que sirve con exactitud, ejemplar conducta,
piedad, celo y aplicación al confesionario, y caridad con los pobres. Por
cuyas circunstancias y la de probarle mal el temperamento de Santa
Cruz, le recomiendan sus Prelados para una translación. En 12 consultas
de prebendas, ha traído varios votos.

Conde de Pozos – Dulces:

A D. Juan Martín de Noriega, cura en el Arzobispado de Charcas,


de legítimo nacimiento y de 51 años de edad. Después de haber seguido
la carrera literaria obtuvo un Beneficio en el año 1771, y lo sirvió por
espacio de 15 años hasta el de 1784, en que se le confirió por oposición
un curato, y después en el año 1797 fue promovido al de la Concepción,
de la villa de Potosí. En cuyos cargos se ha versado con celo, exactitud
y caridad hacia sus feligreses, según informes de sus Prelados y de los
Jefes de Provincia. En cinco consultas para otras tantas prebendas, ha
traído varios votos.

Nota:

Acompañan los Memoriales de Pretendientes:

1. D. José Cortés y Madariaga, canónigo de la Metropolitana de Cara-


cas, donde goza de poca salud.
226 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

2. D. José Alonso de Zavala, Cura en la iglesia Matriz de Salta, erigida


en Catedral1.
3. D. Pedro Tomás de la Torre, Rector del Colegio Católico de Santiago
de Chile.
A 18 de Marzo de 1807.

A D. Vicente Anastasio Isasmendi y para una Canonjía a D. José


Miguel Castro, y para otra a D. Pedro Aran y Morales2.
Señalada en 24 de Mayo de 1807.
Nombro a D. Vicente Anastasio Isasmendi. Para la primera Canonjía
a D. José Miguel de Castro, y para la segunda a D. Pedro Aran y
Morales.

La Cámara de Indias a 9 de Marzo de 1807.

Propone sujetos para la dignidad de Deán de la nueva Catedral de


Salta, cuya renta se regula en dos mil treinta y seis pesos.
En primer lugar: A D. Vicente Anastasio de Isasmendi. Canónigo
Magistral de la Santa Iglesia del Tucumán, por todos votos.
En segundo lugar: A D. José Casajús, Chantre de la Santa Iglesia
del Paraguay, por dos votos de cuatro.
En tercer lugar: A D. Manuel Melchor de Alfaro, Racionero de
Santa Cruz de la Sierra, por tres votos.
Y a D. Juan Martín de Noriega, por un voto.

1
Efectivamente Pío VII erigió la diócesis de Salta con la Constitución Apos-
tólica Regalium Principum el 28 de Marzo de 1806. Cfr., ARCHIVO SECRETO
VATICANO, Sec. Brev. Ff. 51r – 58v (en adelante citaremos por ASV.); hay también
una copia en ASV., Dataria Apostólica, Archivio Scriptore Segreto, 36, ff. 7r – 13v.
Esta copia, a veces, sin modificar el sentido de su contenido, cambia alguna palabra
y usa frecuentemente abreviaturas, lo que dificulta un poco su posible lectura y
transcripción latina.
2
Esta nota viene con una grafía completamente distinta a los textos que estamos
transcribiendo.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 227

Aranjuez, 6 de Abril de 1807.

D. Pedro Aran y Morales, emigrado de la Isla de Santo Domingo.

En Memorial presentado al serenísimo Sr. Príncipe Generalísimo


Almirante, que tiene al margen la resolución, dese curso, expone que
después de haber perdido su casa, renta que disfrutaba como sacristán
mayor de la Parroquia de la Villa de San Dionisio de Higüey, patria y
demás bienes que poseía en dicha Isla [Española – hoy República Do-
minicana], hace tres años vino a España, sin haber podido conseguir
se le coloque en una de las muchas Prebendas a que se ha mostrado
pretendiente. Y habiendo vacantes en la actualidad dos Canonjías en
las catedrales de Valladolid y Chiapas, dos Raciones, una en Durando y
otra en Caracas, y una media Ración en Puebla de los Ángeles, solicita
se le confiera cualquiera de ellas, pues se halla en la mayor miseria, en
la edad de 36 años.
Nota: Las vacantes que cita este interesado, son ciertas, menos la de
Durango, de que no hay constancia en la mesa.
A 9 de Abril dicho.
Nota: A este interesado3, se le confirió una Ración de la nueva
Iglesia de Salta.

Serenísimo Sr. Príncipe Generalísimo Almirante4


Señor:

El Dr.D. Pedro Aran y Morales, presbítero, Sacristán Mayor de la


Iglesia Parroquial de la Villa de San Dionisio de Higüey y emigrado de
la Isla de Santo Domingo, P.A.S.P. del Vuestra Alteza Serenísima, con
el debido respeto a su grandeza, dice:

3
Con una flecha indicativa hacia arriba, fuera del texto, y con grafía muy distin-
ta, lo que sugiere una interpolación posterior, viene escrito “únase a las consultas”.
4
En la parte superior izquierda leemos “6 al. Dese curso [rubricado]”.
228 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Que después de haber perdido su casa, renta de su beneficio curado,


Patria y demás bienes raíces, que poseía en la Isla de Santo Domingo,
por la cesión que de la parte española, hizo su Majestad a la República
Francesa5, hace tres años, anda vagante sin poder conseguir, por más
gestiones que ha hecho, se le coloque en una de las infinitas vacantes,
que han ocurrido en este dilatado tiempo, de Canonjías, Raciones y
medias Raciones, en aquellos dominios de su Majestad, que aún en
la actualidad hay, dos canongías, una en Valladolid de Michoacán, y
la otra en Ciudad Real de Chiapas, dos Raciones, una en Durango, y
la otra en Caracas, y una media Ración en la Puebla de los Ángeles, a
pesar de hallarse con el mérito que manifiesta la relación de méritos que
acompaño, a esta su humilde súplica: el de haber desempeñado por ocho
años el instituto de sus deberes de Capellán interino del Regimiento de
Cantabria, y sobre todo haber desamparado su Patria, bienes y demás
que poseía e aquella Isla, sólo por seguir las banderas de su Rey, como
fiel vasallo.
El suplicante hace presente a Vuestra Alteza Serenísima, que si la
benignidad y justificación de Vuestra Alteza, no se digna acogerle bajo
sus auspicios, no le queda ya recurso para subsistir, pues muchos días
aún le falta para el indispensable sustento. Por tanto rendidamente
Suplica a Vuestra Alteza Serenísima que por un efecto de su innata
justificación, se digne inclinar el real ánimo de su Majestad, a fin que
se le coloque en una de las expresadas vacantes, o en cualquier otra,
que sea del agrado de Vuestra Alteza Serenísima, por cuya vida pide
incesantemente al Todopoderoso.
Aranjuez, 6 de Abril de de 1807.
Muy Serenísimo señor a los pies de vuestra Alteza Serenísima6.

5
Creemos que se refiere a la parte occidental de la Isla Española – Haití – que
ya en el Siglo XVII fue ocupada por Francia, cuyo dominio fue sancionado en 1697,
tras la firma del tratado de Ryswick entre Francia y la Liga de Augsburgo que, entre
otras consecuencias, trajo la partición de la isla de La Española, creándose Haití, que
en 1804 se hace independiente, siendo la primera nación independiente de América,
después de los Estados Unidos.
6
Así entendemos claramente las siglas “A.L.P. de V.A.S.”
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 229

D. Pedro Aran y Morales [rubricado].

Relación de los ejercicios literarios, méritos y servicios del Doctor en


Sagrados Cánones D. Pedro Aran y Morales, presbítero emigrado de
Santo Domingo y domiciliario del Obispado de la Habana.

Madrid, 3º de Octubre de 1806

Por una relación que con presencia de varios instrumentos auténticos


se formó en esta Secretaría del Supremo Consejo y Cámara de las In-
dias, por lo tocante a la negociación de las Provincias de Nueva España
en catorce de Noviembre de mil ochocientos y tres, y otros documentos
que ahora se han presentado, consta el mencionado D. Pedro Aran [que]
es natural de la ciudad de Santo Domingo, hijo legítimo y de legítimo
matrimonio de D. Francisco Aran y Dª Francisca Morales, naturales de
ella, y de treinta y siete años de edad, que cumplió en catorce de Julio
del presente.
Siguió la carrera literaria en la Real y Pontificia Universidad de San-
to Tomás de la misma Ciudad, en la que defendió ocho sabatinas, tres
dominicas, unas conclusiones públicas, e hizo oposiciones de asientos,
en cuyos actos manifestó su grande aprovechamiento, y granjeó la acep-
tación general de todos los concurrentes y de sus Catedráticos, quienes
le confiaron otros más arduos, que desempeñó con el mayor lucimiento.
En veinte y cuatro de Julio de mil setecientos noventa y nueve, recibió
el grado de Bachiller, en sagrados Cánones, después el de Licenciado,
y en cuatro de Agosto siguiente, el de Doctor en la misma Facultad,
previos los exámenes y ejercicios de estatuto, en que salió aprobado,
nemine discrepante.
Habiendo recibido en el año de mil setecientos noventa la prima
clerical tonsura, hizo diez y seis oposiciones a varios Curatos, en que
acreditó su suficiencia, y mereció por ello que, no obstante no tener la
edad competente para obtenerlos, se le propusiese en segundos y terce-
ros lugares; y por su buen desempeño se le confió la Sacristía mayor de
la Iglesia Parroquial de la Villa de San Dionisio de Higüey, de que se
230 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

le despachó el competente título por el muy Reverendo Arzobispo, que


entonces era de aquella Metropolitana D. Fr. Fernando Portillo y Torres,
en veinte y tres de Diciembre de mil setecientos noventa y tres.
Ordenado de Presbítero, a título de ella, por el mismo Prelado, en
seis de Enero de noventa y cuatro, le sirvió el tiempo de año medio,
desempeñando con edificación no sólo sus peculiares obligaciones, sino
también las respectivas a la Capellanía del Santuario de nuestra Señora
de Altagracia de dicha Villa, que se puso a su cuidado, en que asimismo
acreditó el mayor celo por el culto divino, pues hallándose el templo casi
arruinado por lo antiguo de su construcción y continuas lluvias, que allí
se experimentan, emprendió con la más diligencia su reedificio (sic), y lo
consiguió a toda perfección, tomándose incesantes tareas para adquirir
limosnas de los fieles, e invirtiendo por sí el importe de sus rentas.
Por su acreditada virtud y suficiencia le concedió el Arzobispo li-
cencias para predicar el santo Evangelio, y confesar hombres y mujeres,
con la facultad de poder absolver en los casos reservados para aquel
Sínodo.
Hallándose vacante la plaza de Capellán del segundo Batallón del
Regimiento de Infantería de Cantabria, que estaba de guarnición en
aquella Capital, le nombró el mencionado Arzobispo, como Subdele-
gado general castrense en ella, para servir interinamente dicho cargo,
y habiéndole expedido el correspondiente título, con fecha de catorce
de Enero de mil setecientos noventa y seis, y dado a conocer en dicho
Regimiento, le desempeñó hasta treinta de Julio de ochocientos dos, en
que se embarcó para España, cumpliendo con tanta exactitud todas sus
obligaciones, que nunca dio motivo a queja ni prevención alguna, antes
sí mereció el mejor concepto y satisfacción de sus Jefes.
En virtud de órdenes particulares del referido Prelado, sirvió cinco
meses el beneficio curado de la Villa de San Carlos de Tenerife, extra-
muros de Santo Domingo; uno el de la Iglesia parroquial de San Andrés
de aquella capital; igual tiempo el de la Villa de Santa Cruz de Seibo,
y quince días el de los Ingenios de Camba. Ayudó cinco años al cura
Rector de la enunciada Villa de Higüey, administrando con puntualidad
el Viático y demás Sacramentos, al crecido número de personas que
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 231

allí concurría, tanto de su vasta jurisdicción, como de otras partes, con


motivo de ir a visitar el referido Santuario de Altagracia, expresando el
mismo Cura D. Antonio Tozo y Ramírez, que a no ser por este auxilio,
no hubiera podido desempeñar su cargo, y que por medio de él, lo había
ejecutado en unos términos, que debió el aprecio y recomendación de los
superiores, así eclesiásticos como seculares. También fue comisionado el
año de mil ochocientos por el Provisor de Santo Domingo para evacuar
en dicha Villa de Higüey, cierto asunto de que aquel estaba encargado,
y no podía realizar a causa de hallarse enfermo; y asimismo en dos
ocasiones, que lo estuvo el Cura Párroco del partido de San José de los
Llanos, desempeñó por él sus funciones, predicando con frecuencia, y
administrando los santos sacramentos, a más de ochocientas almas de
que se componía. Por lo que agradecidos a ello aquellos naturales, y a las
fatigas que se tomaba en su beneficio y decoro de la Iglesia, clamaban
porque se quedase en su compañía.
Así los alcaldes de dicho partido D. Ramón Sandoval y D. Antonio
Frías, como el de la nominada Villa de Seibo D. Antonio Herrera, su
Cura Párroco D. Jerónimo Paredes, el expresado de Higüey y su Alcal-
de D. Manuel Rijo, el de San Carlos y su Cabildo secular, Fr. Domingo
Gutiérrez, Capellán del Real Hospital de San Nicolás de Bari de la ciu-
dad de Santo Domingo, D. Francisco de Torres, Cura de la Parroquia de
Santa Bárbara de ella, el Prior de aquel Convento de Predicadores Fr.
Manuel Espinosa, y el Venerable Deán y Cabildo de la Metropolitana,
en sus respectivas certificaciones, después de atestar cuanto queda re-
ferido en los tiempos que a cada corresponde, aseguran todos que este
Eclesiástico se ha conducido siempre con la más arreglada conducta, que
su celo y actividad en el cumplimiento de las funciones de su estado ha
sido infatigable, su porte modesto, afable y cariñoso con sus feligreses,
sin habérsele observado cosa que desdiga de las buenas costumbres.
Precisado por la entrega hecha de aquella Isla a la República France-
sa, a emigrar de ella7, lo ejecutó con su regimiento, y algunas otras fami-

7
La división de la isla, trajo como consecuencia directa la realidad misma de
su división (Tratado de Aranjuez de 1777), guerras constantes entre las potencias
colonialistas por el predominio o el control de la isla. Como todo pueblo sometido, no
232 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

lias, en el año de mil ochocientos uno; y habiendo llegado a Maracaibo,


obtuvo desde luego de aquel Reverendo Obispo las licencias generales
para ejercer su ministerio, lo que verificó con toda edificación el tiempo
de ocho meses que estuvo allí, asistiendo con puntualidad al confesio-
nario, y auxiliando a los enfermos aún en las horas de su descanso. Y
con este motivo de haberse padecido a la sazón algunos terremotos, que
afligieron a aquel vecindario, se dedicó con el mayor fervor a consolarle
por medio de misiones que predicó, y otros actos piadosos, en que acre-
ditó su literatura, prudencia y caridad, grangueándose por ello el mejor
concepto y aprecio del público.
Habiéndose dirigido a la ciudad de Santiago de Cuba, y habilitá-
dose por aquel Metropolitano sus licencias generales para practicar las
funciones de su estado, lo ejecutó con exactitud en los dos años que
permaneció en ella. Y por haber acreditado su infatigable desvelo en
la asistencia al confesionario y púlpito, instrucción, y una conducta
irreprensible, mereció al venerable Deán y Cabildo de aquella Santa
Iglesia le encargase el Sermón de Bulas, y otros cuadragesimales, que
desempeñó a entera satisfacción. También sirvió por espacio de seis
meses de Capellán de Coro de ella, sin hacer la más leve falta, y por
enfermedad del Promotor Fiscal de la Curia Eclesiástica D. Francisco
Herrezuelo, ejerció este cargo otros seis meses, con tan notable pureza,
inteligencia y actividad, que se hizo acreedor a las mayores distinciones
de aquellos Jefes.

escapó las vicisitudes que le impuso el momento histórico por el cual atravesó (Tra-
tado de Basilea 1795). Contrabando, ataques de piratas, invasiones, crisis económica,
dictaduras, golpes de estado, ocupaciones militares extranjeras y guerras fratricidas,
hasta llegar a lo que en la actualidad es la República Dominicana. Toussaint Louver-
ture invadió en 1801 la parte oriental de la isla, a lo que Francia respondió en 1802
enviando a Leclerc, cuñado de Napoleón, al frente de una poderosa escuadra para
reclamar el territorio. Los franceses gobernaron el este de la isla de Santo Domingo
por un período de seis años, hasta ser expulsados por un grupo de dominicanos,
quienes bajo el mando de Juan Sánchez Ramírez reincorporaron la parte oriental al
dominio de España. Con la proclamación de la independencia de la colonia francesa
de Saint-Domingue en 1804, se escogió el nombre de Haití para la nueva república,
como una manera de romper con el pasado.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 233

Pasado después a la ciudad de la Habana, y obtenido igualmente


sus licencias del Reverendo Obispo actual de ella D. Juan José Díaz de
Espada, se dedicó con el mismo esmero al ejercicio de sus funciones
eclesiásticas, en términos que el Cura Rector del Sagrario de aquella
Catedral D. Antonio Font, y el de la Parroquial del Espíritu Santo D.
Gaspar Font, en su certificación de once de Marzo de este año, expre-
san haberles ayudado en el desempeño de su ministerio el tiempo de
dos años, ejercitándose en el bien de las almas, así en el confesionario
como en el púlpito, y otros actos de edificación. Y por ello, en su virtud,
honestidad, y demás nobles circunstancias que caracterizan su persona,
mereció la estimación y buen concepto de sus feligreses.
Últimamente, el mismo Reverendo Obispo, en sus letras testimo-
niales de diez y ocho del propio mes, dice que en dicho tiempo no ha
tenido motivo de queja de este Eclesiástico, por haber sido arreglada su
conducta. Que no ha estado procesado civil ni criminalmente, que se
halla en el ejercicio de sus licencias de celebrar, predicar y confesar, sin
tener impedimento alguno canónico, ni estar ligado con censura, y que
le juzga digno de las gracias que su Majestad tuviese a bien concederle,
según todo más por menor resulta de la citada Relación que queda en esta
Secretaría de Nueva España, y de los enunciados documentos, que devol-
vieron a la parte. Madrid treinta de Octubre de mil ochocientos seis.
Es copia de la original, formada el propio día en la propia Secretaría,
donde queda.
Deogracias Cardenal [rubricado].

Méritos, ejercicios literarios y servicios del Doctor en Sagrados Cá-


nones, Pedro Aran y Morales, presbítero emigrado de Santo Domin-
go, y domiciliario del Obispado de la Habana
s/f

Es natural de la ciudad de Santo Domingo, de legítimo matrimonio


y de 37 años de edad.
Siguió la carrera literaria en aquella Real Universidad, en la que
defendió cocho sabatinas, tres dominicas, unas conclusiones públicas y
234 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

otros actos con general aceptación, y previos los exámenes y ejercicios


de estatutos, en que salió aprobado, nemine discrepante. Se graduó de
Bachiller, Licenciado y Doctor en sagrados Cánones.
Luego que recibió en el año de 1790, la prima Tonsura, hizo 16 opo-
siciones a diferentes Curatos, y no obstante no tener la edad competente
para obtenerlos, se le dieron segundos y terceros lugares. Después hizo
otras seis en que sacó segundos y primeros, y por su acreditada suficien-
cia se le confirió la Sacristía mayor de la Parroquial de San Dionisio de
Higüey, de que se le despachó título por aquel muy Reverendo Arzobis-
po en 23 de Diciembre de 1793.
Ordenado de Presbítero a título de ella en 6 de Enero de 94, la sirvió
año y medio, cumpliendo exactamente sus obligaciones, y asimismo las
respectivas a la Capellanía del Santuario de nuestra Señora de Altagra-
cia, de aquella Villa, que se puso a su cuidado, cuyo templo reedificó
con sus rentas, y algunas limosnas que recogió de los feligreses.
Por su instrucción y virtud le concedió el mismo Metropolitano
licencias para predicar y confesar hombres y mujeres, con facultad de
absolver en los casos reservados a Sínodo.
En 14 de Enero de 96 le despachó, como Subdelegado general
castrense, título de Capellán interino del Regimiento de Infantería de
Cantabria, el que ejerció con puntualidad hasta 30 de Julio de 802.
Sirvió cinco meses el Beneficio curado de la Villa de San Carlos,
extramuros de aquella Capital; uno el de la Iglesia Parroquial de San An-
drés de ella; igual tiempo el de la Villa de Santa Cruz de Seibo y quince
días el de los Ingenios de Camba. Ayudó ocho años al Cura de Higüey,
y fue comisionado por el Provisor de Santo Domingo para evacuar cier-
to asunto de que aquel estaba encargado; y en dos ocasiones en que se
hallaba enfermo el Párroco del Partido de San José de los Llanos, suplió
por él sus obligaciones, cuyos cargos desempeñó a entera satisfacción,
asegurando así los respectivos Curas y Alcaldes de dichos Pueblos,
como otras personas distinguidas y de carácter, y el Venerable Deán y
Cabildo de dicha Metropolitana en sus certificaciones, que siempre se
condujo con la más arreglada conducta, sin habérsele notado cosa que
desdiga de su estado.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 235

Habiendo emigrado por la entrega hecha de aquella Isla a la Re-


pública Francesa, y llegado a Maracaibo el año de 1801, ejerció allí su
ministerio con edificación el tiempo el tiempo de ocho meses. Lo mismo
practicó dos años en la ciudad de Santiago de Cuba, donde además pre-
dicó por encargo del Deán y Cabildo de aquella Metropolitana el Sermón
de Bulas, y otros cuadragesimales. Sirvió seis meses de Capellán de
Coro, y otros seis el cargo de Promotor Fiscal de la Curia Eclesiástica. Y
habiendo pasado después a la Habana, desempeñó también sus funciones
el tiempo de dos años, ayudando al Cura del Sagrario de la Catedral, y
al de la Parroquial del Espíritu Santo, mereciendo por ello y sus loables
circunstancias el mejor concepto público.
Últimamente el Reverendo Obispo actual de aquella Santa Iglesia
D. Juan José Díaz de Espada, en sus letras testimoniales de 18 de Mar-
zo de este año de 806, expresa no haber tenido motivo de queja de este
Eclesiástico; que no ha estado procesado, que se halla en el ejercicio de
sus licencias de celebrar, predicar y confesar; que no tiene impedimento
canónico, ni está ligado con censuras y que le juzga digno de las gracias
de su Majestad.
[No hay firma].

Carta del Dr. D. Pedro Aran y Morales al Consejo General de Indias

Aranjuez, 23 de Marzo de 1807

Excelentísimo señor:

El Dr. D. Pedro Aran y Morales, Presbítero Sacristán Mayor de la


Iglesia Parroquial de la Villa de San Dionisio de Higüey, y emigrado de
la Isla de Santo Domingo, con el debido respeto a vuestra Excelencia
expone: Que de resultas de la cesión que hizo su Majestad de la parte
española a la república Francesa, perdió su casa, renta de beneficio
curado, Patria y demás bienes raíces, que poseía en dicha Isla de Santo
Domingo8; por cuya causa, y la de no tener congrua con que poderse

8
Estas referencias creemos que dan a entender claramente que residía en la parte
de la Isla, que tomó el nombre de Haití, al desgajarse y pasar a poder de Francia.
236 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

alimentar (pues muchos días aún no tiene con que atender a su indis-
pensable sustento), y menos quien le dé una limosna, se halla en la más
triste situación, y con el dolor de no poder atender a la manutención de
su pobre familia, por no tener de renta nada. En cuya atención, a la de
sus méritos, y a que por mandado de su Majestad, está ya propuesto
para las canonjías y prebendas que vacasen en América, se acoge bajo
los auspicios de vuestra Excelencia, como a su único asilo, para que por
medio de su protección sea colocado en la canonjía, que hay vacante en
Valladolid de Michoacán, o en la de la ciudad de Real de Chiaca (sic)9,
y, en su defecto, en una de las raciones, también vacantes, en Durango
y Caracas. Y si a esto no hubiere lugar, a lo menos se le agracie con la
media ración, vacante en la Puebla. Y mientras se verifica
A vuestra Excelencia suplica rendidamente se digne concederle
una ayuda de costa, para que pueda atender a su indispensable subsis-
tencia vital, que además de ser una caridad acepta al Altísimo, será un
crediticio indubitable de la piedad con que vuestra Excelencia socorre y
ampara [a] los desvalidos. Aranjuez, 23 de Marzo de 1807.
Excelentísimo señor. Dr. Pedro Aran Morales. [Rubricado]10.

Carta del Dr. Pedro Aran al Rey suplicando un beneficio eclesiástico

Aranjuez, 23 de Marzo de 1807

Señor:

El Dr. D. Pedro Aran y Morales, Presbítero, Sacristán mayor de la


Iglesia Parroquial de la Villa de San Dionisio de Higüey, y emigrado
de la Isla de Santo Domingo, P [uesto]. A. L[os]. R [eales]. P[iés] de
vuestra Majestad, con toda veneración expone: Que de resultas de la
cesión que hizo vuestra Majestad de la parte española, a la república

Pensamos que debe referirse a Charcas, la actual Sucre, en Bolivia, conocida


9

como la ciudad de los cuatro nombres.


10
La firma tiene una grafía distinta a la del texto.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 237

Francesa, perdió su casa, renta de su beneficio curado, Patria y demás


bienes, que poseía en dicha Isla de Santo Domingo, por cuya causa, y la
de no tener congrua con que poderse alimentar, pues muchos días aún
no tiene con qué atender a su indispensable [sustento], y menos quién
le dé una limosna para celebrar el santo oficio de la Misa, a fin de con
este corto auxilio poderse mantener, y atender a su familia, de hermana
viuda con dos hijos, se halla en la más triste situación, como lo tiene
hecho presente a vuestra Majestad, en diferentes ocasiones. En cuya
atención, y confiado en la real piedad de vuestra Majestad, como con
arreglo a vuestra real orden de 30 de Octubre de 1803, en que vuestra
Majestad se dignó mandar al Supremo Consejo y Cámara de las Indias,
propusiese para las canonjías y prebendas que vacasen en las catedrales
de América a los eclesiásticos emigrados.
A vuestra Majestad, suplica rendidamente, que atendidos sus méri-
tos y servicios, y al dilatado tiempo de cerca de cuatro años, que anduve
vagante, este infeliz eclesiástico, sin haber podido conseguir su coloca-
ción, sea de vuestro real agrado concederle una de las canonjías que se
hallan vacantes en Valladolid de Michoacán y en ciudad Real de Chiaca.
O una de las raciones, también vacantes, en Durango y Caracas. Y si a
esto no hubiere lugar, a lo menos le conceda vuestra Majestad la media
ración vacante en la Puebla. Así lo espera de la innata real piedad de
vuestra Majestad. Aranjuez, 23 de Marzo de 1807.
Señor, a L [os] R [eales] P [ies] de vuestra Majestad.
Dr. Pedro Aran y Morales [rubricado].

Carta de Jacinto Mariano Alcaide Monge y Escalante solicitando un


beneficio eclesiástico en la catedral de Salta

Madrid, 6 de Marzo de 1807

Señor:

El Dr. D. Jacinto Mariano Alcaide Monge y Escalante, cura propio


y Vicario de la Doctrina de Cavanilla, promovido al de Lampa, en el
238 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

obispado del Cuzco, con el más debido respeto a vuestra Majestad ex-
pone: Que se halla asistido de los méritos y servicios, que constan de la
relación que tiene presentada y son muy recomendables, con particular
los donativos voluntarios con que ha contribuido durante la guerra con
Francia, y los contraídos en el ministerio de la cura animarum, que está
desempeñando por espacio de 26 años con otros encargos y comisiones
que ha desempeñado a satisfacción. En consideración a ello, le ha con-
sultado la Cámara varias veces, para diferentes prebendas y dignidades
de las Catedrales del Cuzco y Lima. En cuya atención
A vuestra Majestad suplica se digne conferirle la dignidad de Deán
de la catedral de Salta, que acaba de consultarse, o una de las dos canon-
jías de la misma, todas de nueva ejecución. Así lo espera de la notoria
piedad y protección de vuestra Majestad. Madrid, y Marzo 6 de 1807.
Señor, en virtud de poder Antón Martín de Rojas [rubricado].

Relación de los méritos y servicios de D. Jacinto Mariano Alcaide


Monge, Cura en el Obispado del Cuzco
Madrid, 16 de Marzo de 1801

En treinta de Enero de mil setecientos noventa y tres, se formó a


este Eclesiástico por la Secretaría del Consejo y Cámara de Indias, por
lo respectivo al Perú, la relación de méritos del tenor siguiente: Consta
que es del pueblo de San Pedro de Moya, en la provincia de Angaraes11,
de edad de treinta y nueve años cumplidos en diez y seis de Agosto
próximo pasado. Hijo legítimo de D. Ramón Alcaide Monge y de Dª
Josefa de Cárdenas, y descendiente por una y otra línea de sujetos de
calificada nobleza y limpieza de sangre, y como tales han obtenidos
muchos de ellos hábitos en las Órdenes Militares, y desempeñado dife-
rentes comisiones y empleos honoríficos, así políticos como militares y
eclesiásticos.

11
La Provincia peruana de Angaraes es una de las siete que conforman el Depar-
tamento de Huancavelica, perteneciente a la Región Huancavelica.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 239

Fue familiar del Reverendo Obispo del Cuzco D. Juan Manuel Mos-
coso; y después de ordenado sacerdote sirvió de capellán por más doce
cuatro años a satisfacción de aquel Prelado, a quien acompañó en el viaje
que hizo a la capital de Lima, llenando las obligaciones de su cargo con
el honor correspondiente.
Después de haber servido interinamente el Curato de San Pedro y
San Pablo de Cocha, en dos distintas ocasiones, se le confirió en propie-
dad el de Samán, del cual, precedida nueva oposición, fue promovido al
Curato que en el día sirve de San Juan Bautista de Cabanilla, Partido de
Lamba, en el propio obispado del Cuzco, cuyos ministerios y el empleo
de Vicario Eclesiástico de dicha Doctrina, ha desempeñado con exac-
titud y celo, mereciendo que el actual Reverendo Obispo D. Bartolomé
de las Heras, le nombrase para asistir a su dignidad Episcopal, y a la
solemnidad de su consagración.
Por concurrir en su persona la instrucción, rectitud, limpieza de
sangre y demás cualidades necesarias, fue nombrado Comisario del
Santo Oficio de la Inquisición, de la referida provincia de Lamba, de
cuyo empleo se le expidió el título correspondiente en treinta y uno de
Agosto de mil setecientos noventa y uno.
Con fecha de treinta de Octubre de mil setecientos noventa, le dio el
mencionado Obispo del Cuzco, D. Juan Manuel Moscoso letras testimo-
niales, en las que asegura haber sido uno de sus Capellanes en aquella
Diócesis, donde sirvió con exactitud el ministerio de Cura interino de
distintas parroquias, desempeñando con escrupulosidad sus obligaciones,
y que en atención a ello, su arreglada conducta, virtud y literatura, obtuvo
y ganó en concurso público el Curato de la Parroquia de Cabanillas, en
la Provincia de Lampa, que ha servido con celo y utilidad de la Iglesia y
de aquella feligresía, por cuyas cualidades le contempla digno de obtener
cualquiera Canonjía ó Prebendas en las iglesias de aquel Reino.
En iguales términos informó a su Majestad, el actual Reverendo
Obispo D. Bartolomé de las Heras, en carta de veinte y dos de Mayo de
mil setecientos noventa y uno, expresando, que después de haber segui-
do este Eclesiástico su carrera literaria con bastante aprovechamiento,
entró a servir de familiar de su inmediato antecesor, quien por haber
240 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

dado pruebas de probidad y literatura, le destinó interinamente en varios


Curatos, que sirvió con la mayor exactitud y aceptación de su Prelado,
hasta que en concurso ganó por posición el de la doctrina de Cabanillas,
donde hace más de seis años que se halla desempeñando su ministerio,
por lo que le considera con aptitud y mérito para cualquiera gracia, que
la piedad de su Majestad guste conferirle.
Posteriormente ha acreditado con una carta del Marqués de Casa-
Hermosa, Gobernador e Intendente que fue de la Provincia de Puno,
que en Septiembre de mil setecientos noventa y tres ofreció D. Jacinto
Mariano Alcaide contribuir con cien pesos anuales durante la guerra con
Francia, cuya cantidad se descontase de sus Sínodos, y se previno así a
los Ministros de Real Hacienda, dándole el citado Intendente gracias a
nombre de su Majestad. Y en Diciembre del mismo año, certificó el Vi-
cario Eclesiástico del Partido de Lampa D. Martín de Zugasti y Foronda,
que había recibido del Dr. Alcalde cien pesos, que este tenia ofrecidos
para los gastos de la guerra, y los había remitido el citado Vicario al
Provisor del Obispado del Cuzco, encargado en recadar estas ofertas.
Asimismo, consta de una certificación dada en Lima a veinte y seis
de Septiembre de mil setecientos noventa y nueve, por D. Francisco
Echevarría Momediano, Secretario del Santo Oficio de la Inquisición
de aquella Capital, que a consecuencia de órdenes, para que se excitase
a los Ministros y subalternos de aquel Tribunal, a que tuviese efecto la
suscripción al donativo voluntario, que se mandó abrir con motivo de la
presente guerra con Inglaterra, D. Jacinto Alcaide, como Comisario de
la Inquisición en el Partido de Lampa, había contribuido con la cantidad
de cien pesos fuertes, que quedaban depositados en Cajas del mismo
Tribunal, de quien recibió gracias por su generosidad, y por la oferta de
continuar durante la guerra, con igual cantidad en carta de diez y seis
de Junio de aquel año.
Formose en la Secretaría del Supremo Consejo y Cámara de Indias,
por lo tocante al Perú, y lo Indiferente, de los documentos exhibidos por
el Interesado (que se volvieron), y del citado Informe, que queda en ella.
Madrid y Marzo diez y seis de mil ochocientos uno.
José Benítez [rubricado].
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 241

Méritos y servicios de D. Jacinto Mariano Alcaide Monge,


natural del Reino del Perú.
s/f

Hijo legítimo, y por ambas líneas, de calificada nobleza.


Fue Capellán del Reverendo Obispo del Cuzco D. Juan Manuel
Moscoso, a cuya satisfacción sirvió aquel destino.
Ha desempeñado con exactitud el ministerio de Cura interino en
distintas ocasiones.
Es actualmente Cura y Vicario en propiedad de una Doctrina en di-
cho Obispado del Cuzco, cuyo ministerio sirve con exactitud y celo. Fue
nombrado para asistir a la consagración del actual Reverendo Obispo D.
Bartolomé de las Heras. Es Comisario del Santo Oficio de la Inquisición
en la Provincia de Lamba. Tiene testimoniales del Reverendo Obispo D.
Juan Manuel Moscoso, en que por su exactitud de Cura, arreglada con-
ducta, virtud y literatura, le contempla digno de cualesquiera Canonjías
o Prebendas en las Iglesias de aquel Reino. Informe de su actual Prelado,
en que también le considera con aptitud y mérito para cualquiera gracia,
que su Majestad se digne conferirle. En 1793 ofreció cien pesos anuales
durante la guerra con Francia, cuya cantidad entregó por lo respectivo
a aquel año. Asimismo en 1800 hizo igual oferta y contribuyó con otros
100 pesos del primer año para gastos de la guerra con Inglaterra.
[No hay firma].

Carta del Canónigo José Cortés y Madariaga al Rey


solicitando una prebenda en la nueva Iglesia de Salta

Madrid, 14 de Marzo de 1807.


Señor:

El Dr. D. José Cortés y Madariaga, canónigo de merced de la Santa


Iglesia Metropolitana de Caracas, a l [os] R [eles] P [iés] de Vuestra
Majestad humildemente expone, que provisto para igual Prebenda en
242 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

la de Santiago de Chile, su Patria, se embarcó en Cádiz con dirección a


Montevideo, para ir a servirla. Y después de haber sufrido cuánto hay
de más terrible de una navegación larga y arriesgada, de 105 días, por
un acaso, casi sin ejemplar, se vieron precisados a tocar en el puerto de
la Guaira, donde desembarcaron, porque el Capitán del buque, dio allí
por cumplido el viaje.
El exponente, ya extenuado de salud, en fuerza de tanto padecer,
para seguir un camino tan dilatado por tierra hasta Cartagena, y desde
allí por mar hasta Lima, imposibilitado el paso por las colonias holan-
desas, a causa de la guerra con los ingleses, que le tenían interceptado,
y, lo que es más falto, de auxilios pecuniarios, en un país desconocido,
se decidió a quedarse en aquel continente, y solicitar, para subsistir, la
Canonjía, que acababa de vacar, que mereció a la generosa piedad de
Vuestra Majestad. Pero que a poco tiempo, experimentó un trastorno
general en su naturaleza, que obligado a consultar a los físicos de más
nota, declararon unánimemente ser lo contrario a aquel clima cálido a su
constitución, la necesidad de abandonarlo, para conservar su existencia.
Con certificaciones de este dictamen, hizo, el exponente, sus recursos
al muy Reverendo Arzobispo y Capitán General, quienes lo celebraron
a la Real noticia de Vuestra Majestad, para que se dignase disponer la
traslación de este individuo a la Iglesia de Chile, u otra de las del Perú,
de mejor temperamento que Caracas.
Más como su estado no permitía las dilaciones, que necesariamente
debía sufrir por la distancia, y agravado más y más el que le presenta
en sus padecimientos, con ninguna esperanza de mejorarlos, ocurrió a
Vuestra Majestad en derechura, haciendo renuncia de su prebenda, y
pidiendo que para su subsistencia, ínterin se le colocaba en otra igual
o mejor en Chile o el Perú, se dignase Vuestra Majestad consignarle la
renta anual de dos mil pesos sobre su Canonjía o la mitra de Caracas,
cuya instancia se pasó a informe de la Cámara de Indias, y por Real
resolución, a su consulta, no tuvo Vuestra Majestad a bien acceder a su
súplica, y sí en mandar que este Tribunal consultase al exponente, en las
vacantes que ocurriese.
Aunque a poco tiempo de esta Real disposición se ha presentado a
varias Canonjías, tanto de Chile como de otros puntos, no ha conseguido
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 243

su deseado logro, por abandonar un temperamento que le tiene consumi-


do y sin fuerzas, males que sufre sin interrupción, y que le ponen cada
día al borde del sepulcro, con un indecible padecer, y males, en fin, que
él no se halla ha buscado por su gusto, comodidad ni cuantiosa renta,
que no ambiciona, sino males que le ha acarreado un acontecimiento,
que ni pensó, ni estuvo en su mano remediar. Sobre las aflicciones de
su espíritu, por haber perdido casi para siempre la vista de su patria y
hermanos, le agobian tanto, las de su cuerpo, que reducido a padecer sin
cesar, hace ya más de dos años, que no asiste al coro ni puede asistir por
precepto de los médicos. Y este estado tan fatal lo aniquila y le priva de
la dulce sociedad, punto tan esencial de la vida.
En semejante situación, no le queda otra esperanza que salvar
aquella, por la obligación que le impone el derecho natural y divino,
esperanza que sólo cifra en la piedad y clemencia de Vuestra Majestad,
que persuadido de la verdad de cuanto lleva expuesto, espera se con-
duela de todos sus padecimientos, trasladándose a Chile, o a cualquier
otro Coro de los del Perú. Y hallándose vacante el decanato de la nueva
Iglesia de Salta,
A Vuestra Majestad humildemente suplica se digne conferirle dicho
Decanato, pues de ello resulta prolongar la vida de un eclesiástico que
deja una Canonjía, que en renta, es tres veces mayor, para premiar el mé-
rito de otro cualquier eclesiástico benemérito, cuya gracia espera recibir
de la innata piedad de Vuestra Majestad. Madrid y Marzo 14 de 1807.
En virtud de poder
Salvador Álvarez de Mesa [rubricado].

Señor:

El Dr. D. Pedro Tomás de la Torre y Vera, natural de Córdoba del


Tucumán, de 39 años de edad, Presbítero y Rector del Real Colegio
Carolino de Nobles de la ciudad de Santiago de Chile, a l [os] R [eles] P
[iés] de Vuestra Majestad, expone sus méritos de doce años de estudios,
trece de Eclesiástico con licencias de predicar y confesar a personas de
ambos sexos, Examinador Sinodal de la Diócesis de Córdoba, dos oposi-
244 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

ciones, una a la Magistral de Charcas y otra a los Curatos de esta Metró-


poli, dos años de Capellán de la Real Audiencia de Santiago de Chile, y
siete que lleva en dicho Rectorado, y ejerce según los tres informes que
constan con lo demás de la adjunta relación, así como los distinguidos y
dilatados servicios de su padre y abuelo paterno y materno hechos a la
Religión, a Vuestra Majestad y al Estado. Y hallándose a vuestra Real
Provisión dos canonjías creadas en la nueva diócesis de Salta del Tucu-
mán, suplica a Vuestra Majestad se digne honrarle colocándolo en las
que fuere de su real agrado, con respecto a dichos sus méritos, y a los de
sus antepasados, en que recibirá merced. Madrid y Marzo 7 de 1807.
Señor, en virtud de poder
Tomás Salustiano Gallardo [rubricado].

Relación de los méritos y servicios del Dr. D. Pedro Tomás de la


Torre y Vera, Rector del Colegio Carolino de Nobles de la ciudad de
Santiago de Chile.

Madrid 2 de Diciembre de 1805

Es natural de la Córdoba del Tucumán, en la que nació el día siete de


Marzo de mil setecientos sesenta y ocho. Hijo legítimo de D. Francisco
Javier de la Torre y de Dª María Teodora de Vera Mújica, de familias las
más ilustres y descendientes de los pobladores, pacificadores y conquis-
tadores de aquellas Provincias.
Dedicado desde sus primeros años a la carrera de las letras, con-
sumió doce continuos en los estudios de Latinidad, Filosofía, Teología
Dogmática, Moral, Escolástica, sagrada Escritura e Historia Eclesiástica,
hasta que recibió los grados de Licenciado y Doctor en Córdoba, en la
Real Universidad de dicha ciudad de Córdoba del Tucumán el día catorce
de Julio de mil setecientos noventa y dos, habiendo logrado aprobación
cumplida en todas sus funciones previas. Y de los expresados doce
años, cuatro y un mes, estuvo en el Colegio de Naturales de nuestra
Señora de Monserrat, de la misma ciudad de Córdoba, donde debió a
los Superiores le honrasen con los títulos de Cabeza de la Universidad
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 245

y Convictorio, y con el de más antiguo de sus individuos, sujetándoles


por eso a su dirección, y para cuyos ministerios se eligen sólo aquellos
alumnos recomendables por su conducta e instrucción.
Concluidos sus estudios recibió los sagrados órdenes, incluso el
Presbiterado, que le confirió el Reverendo Obispo de Córdoba del Tucu-
mán D. Ángel Mariano Moscoso, en el año de mil setecientos noventa y
tres, concediéndole a su consecuencia licencias generales para predicar
y confesar personas de ambos sexos, y posteriormente le nombró Exa-
minador Sinodal de su Diócesis, expidiéndole el correspondiente título
en diez y nueve de Octubre de mil setecientos noventa y ocho.
Pasó a Charcas con dimisorias de dicho su Prelado, con el fin de
acomodarse en aquel Arzobispado, y llegado en ocasión de hallarse
vacante la Magistral de la Iglesia Metropolitana, fue admitido por opo-
sitor a ella, y ejecutó los actos literarios de réplicas, lección y sermón
bien y cumplidamente, mereciendo la aprobación y satisfacción del muy
Reverendo Arzobispo y Venerable Deán y Cabildo, en cuya consecuen-
cia, hecha la valoración a dicha Canonjía, llevó un voto en tercer lugar.
Igualmente en el concurso de Curatos vacantes en dicho Arzobispado
de Charcas, que se proveyeron por Noviembre de mil setecientos noven-
ta y siete, firmó oposición al referido concurso de Curatos, al que fue
admitido, y habiendo satisfecho plenamente, a cuanto fue preguntado,
dando a conocer su virtud, talento y literatura, se halló en la votación
estar enteramente aprobado.
Volvió a su patria por atender a sus hermanos, que habían quedado
huérfanos a causa de la muerte de sus padres, y pasando por ella su tío
D. Joaquín del Pino, cuando se encaminaba al Reino de Chile a servir
los empleos de Gobernador General de el, y Presidente de la Real Au-
diencia de la ciudad Santiago, le admitió en su compañía, y llegado a la
enunciada capital de Santiago, le confirió el cargo de Capellán Real de
Palacio, que ejerció el tiempo de dos años. Y habiendo vacado el empleo
de Rector del Real Colegio de San Carlos de Nobles de dicha ciudad de
Santiago, por renuncia que de el hizo el prebendado de aquella santa
Iglesia Dr. D. Miguel Palacios, le nombró para que sirviese este empleo
en atención a su literatura, aplicación, juiciosa conducta y demás calida-
des necesarias para el desempeño de tan importante cargo, expidiendo
246 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

a su favor el correspondiente título en veinte y uno de Febrero de mil


ochocientos.
En carta de veinte de Septiembre de mil ochocientos y tres, expresa
la Audiencia de Santiago de Chile, que por el testimonio que acompaña,
se acredita la distinguida nobleza de dicho Dr. D. Pedro Tomás de la
Torre y Vera, los buenos servicios que sus padres y abuelos, por ambas
líneas, hicieron a la Religión y al Estado, a imitación de sus ascendien-
tes pacificadores de indios infieles, y de los primeros pobladores, como
igualmente los referidos ejecutados por el mismo Presbítero, continuan-
do el honor y honradez de sus mayores. Todo lo cual, y que desempeña
con pública aceptación y ejemplar conducta, el referido cargo de Rector
de dicho Colegio Carolino de Nobles, lo eleva la Audiencia a la soberana
noticia de su Majestad, a efecto de que se digne conceder a tan benemé-
rito Presbítero, alguna prebenda en el Coro de aquella santa Iglesia, u en
el de su patria, según fuese de su real agrado.
En otra carta de diez y seis de Octubre del mismo año de mil ocho-
cientos y tres, el actual Reverendo Obispo de la diócesis de Santiago de
Chile D. Francisco José de Maran, refiriendo los mencionados méritos
del propio Doctor D. Pedro Tomás de la Torre, añade que sirve con
esmero dicho empleo de Rector, observando una conducta virtuosa y
arreglada, de modo que por ella se distingue entre los individuos del
Clero, y se hace acreedor a la común estimación, por lo que le considera
digno de la soberana atención de su Majestad, y que su real beneficencia,
ser sirva tenerle presente en provisión de Prebendas de las Iglesias de
aquellos dominios.
El Presidente de dicha Audiencia D. Luis Muñoz de Guzmán, en
otra carta de diez y seis de Noviembre del mismo año de mil ochocien-
tos tres, expresa que el Dr.D. Pedro Tomás de la Torre representa sus
méritos y los de sus antepasados en el memorial que incluye, y le ha
documentado la certeza de su relación. Y siendo de acreditada literatu-
ra y ejemplar conducta, le recomienda a su Majestad, en cumplimiento
de las leyes, mayormente por el ministerio de Rector del Real Colegio
Carolino de aquella Ciudad, que ejerce loablemente bajo su inmediata
inspección, para que digne su soberana piedad atenderle en la solicitud
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 247

de alguna Prebenda de cualesquiera de las diversas Iglesias que propone,


y a que le considera acreedor.
Últimamente consta del citado testimonio remitido por la Real Au-
diencia de Chile, que dicho D. Francisco Javier de la Torre, padre del
expresado Doctor D. Pedro Tomás, recibió en dos de Noviembre de mil
setecientos sesenta, los grados de Bachiller, Licenciado y Maestro de
Artes, en virtud de haber cursado tres años de Filosofía y otros tantos
de sagrada Teología, en la Real Universidad de la ciudad de Córdoba
del Tucumán, distinguiéndose su dedicación, literatura y lucimiento
entre todos sus coetáneos. Fue Alcalde ordinario tres años en la mis-
ma Ciudad. En el de mil setecientos y setenta D. Jerónimo Matorral,
Gobernador y Capitán General en las Provincias del Tucumán, a cuyo
cargo se hallaba la reducción y pacificación de las varias naciones de
Indios que habitaban los países del gran Chaco, le nombró y confirió,
para impedir las turbulentas revoluciones de aquellos infieles, el título
de Mayor General de ordenes, a fin de las que acertadamente le dictase
su juiciosidad, experiencia y fidelidad al Soberano, apaciguase tumultos
tan nocivos. Por su instrucción y conducta le destinó el Ayuntamien-
to de la expresada ciudad de Córdoba del Tucumán en el año de mil
setecientos setenta y dos al empleo de su Procurador general. Para la
expedición de los negocios de la danta Inquisición, ocurrentes en di-
cha ciudad de Córdoba y su distrito, fue nombrado en el año de mil
setecientos setenta y seis, por Ministro familiar de los del número de
la Suprema Inquisición de la ciudad de Lima. En el de mil setecientos
setenta y siete D. Antonio de Arriaga, Gobernador y Capitán General
de dichas Provincias del Tucumán, atendiendo a sus méritos y servicios
propios y de sus ascendientes, que fueron de los primeros pobladores y
conquistadores de aquel país, le nombró y confirió el título de Sargento
Mayor del Regimiento y Milicias auxiliares que entonces marchaban a
socorrer el Puerto y ciudad de Buenos Aires, cuyo empleo desempeñó
con la actitud propia del vasallo más leal. Hallándose en el mismo año
de mil setecientos setenta y siete, vacante el empleo de Coronel del
Regimiento de Milicias de Rioseco en el Tucumán, le confirió título
de Teniente Coronel de el D. Manuel de Guirior, Virrey, Gobernador y
Capitán general del Reino del Perú, respecto de concurrir en su persona
248 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

las calidades necesarias. Y en el año de mil setecientos setenta y siete


dicho Gobernador de las Provincias del Tucumán, D. Antonio de Arriaga
informó a su Majestad de los muchos y distinguidos servicios, que en
lo político y militar había hecho a la Corona y a la patria.D. Fernando
de la Torre, abuelo paterno del expresado Doctor D. Pedro Tomás, fue
sargento mayor de las milicias disciplinadas de Santiago del Estero y su
distrito, en virtud de título que a su favor expidió en veinte y cinco de
Agosto de mil setecientos veinte y cinco D. Alonso de Alfaro, Gober-
nador y Capitán General de las Provincias del Tucumán, y en los años
de mil setecientos treinta y dos, y mil setecientos y treinta y tres, sirvió
el empleo de Alcalde ordinario de la ciudad de Córdoba; y D. Francisco
de Vera y Mújica, abuelo materno del mismo Doctor D. Pedro Tomás
de la Torre, desde sus primeros años hizo frecuentes expediciones a los
Indios fronterizos de Santa Fe de la Vera Cruz su patria. Sirvió repe-
tidas ocasiones el cargo de Alcalde Ordinario de la misma ciudad de
Santa Fe. Fue su Lugarteniente, Gobernador, Justicia Mayor y capitán a
guerra por el espacio de veinte y cuatro años en calidad de Maestre de
Campo general de las milicias de aquella ciudad y su partido. Acompañó
al Gobernador que fue de Buenos Aires D. José de Andonáegui en la
expedición de Misiones, el año de mil setecientos cincuenta y cuatro,
con cuatro criados armados, que hicieron el servicio de toda la campaña
en carruaje, víveres, armas y caballos propios, de cuyo mérito el mismo
Gobernador informó a su Majestad, quien se dignó mandar que dicho
D. Francisco expusiese en la Corte la pretensión que le conviniese para
remunerar sus buenos servicios. Después que en diferentes entradas a
tierra de infieles estableció entre ellos una paz que duró no pocos años,
fundamentó en el de mil setecientos cuarenta y tres el Pueblo de San
Javier de Mocovies, estableció en el de setecientos y cuarenta y ocho
el de San Jerónimo de Abipones, redujo con las armas al resto de la
nación de los Charrúas, que infestaban la banda oriental del Paraná, y
pasando a la occidental en el año de mil setecientos cincuenta, formó la
reducción de nuestra Señora de la Concepción en Cayasta, y en el de mil
setecientos sesenta y cinco fundó la doctrina de Mocovies, nombrada
San Pedro, asegurando para aquella Ciudad la quietud tranquila en que
permanece, facilitando en todos tiempos, a costa de sus intereses, las
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 249

providencias de los Gobernadores de Buenos Aires, tocantes a las Misio-


nes de Corrientes y Paraguay, dándoles curso, gente y caballos propios
de su pronta conducción.
Formóse en la Secretaría del Supremo Consejo y Cámara de Indias,
por lo tocante al Perú y lo Indiferente, de que certifico como Secretario de
su Majestad y Oficial Mayor de ella, de los documentos que quedan en la
misma Oficina. Madrid dos de Diciembre de mil ochocientos y cinco.
D. Vicente Joaquín de Maturana [rubricado].

Méritos del Dr. D. Pedro Tomás de la Torre y Vera, Rector del Real
Colegio Carolino de Nobles de la ciudad de Santiago de Chile
s/f.

Es natural de la de Córdoba del Tucumán, de edad de 37 años, hijo


legítimo de Francisco Javier de la Torre y de Dª María Teodora de Vera
Mújica, de familias las más ilustres y descendientes de pobladores, pa-
cificadores y conquistadores de aquellas Provincias.
Estudió en 12 años continuados en Latinidad, Filosofía, Teología
Dogmática, Moral, Escolástica, sagrada Escritura e Historia Eclesiás-
tica en la Real Universidad de Córdoba del Tucumán, por la que fue
graduado de Licenciado y Doctor en Teología, habiendo estado cuatro
años de los doce dichos en el Colegio de Naturales de nuestra Señora de
Monserrat, de la misma ciudad de Córdoba, en el que fue condecorado
con los títulos de Cabeza de la Universidad y Convictorio, y con el de
más antiguo de sus individuos.
Fue ordenado de Presbítero por el Reverendo Obispo de Córdoba del
Tucumán, quien le concedió licencias de predicar y confesar a personas de
ambos sexos, y después le nombró Examinador Sinodal de su Diócesis.
Pasó a la de Charcas, en la que hizo oposición a la Canonjía Magis-
tral de aquella Iglesia Metropolitana, y obtuvo un voto en tercer lugar
por sus lúcidos ejercicios, los que ejecutó también acreditando su virtud,
talento y literatura en el concurso a que hizo posición de los Curatos
vacantes en el mismo Arzobispado.
250 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Le llevó en su compañía a la ciudad de Santiago de Chile su tío polí-


tico D. Joaquín del Pino, Gobernador, Capitán General que fue de aquel
Reino y Presidente de su Real Audiencia, quien le confirió el cargo de
aquella Presidencia, y después le nombró Rector del Real Colegio de San
Carlos de Nobles, de la misma ciudad de Santiago, en el que sirve desde
21 de Febrero de 1800 con cabal desempeño y pública aceptación.
Dicha Real Audiencia de Chile, el Reverendo actual Obispo de la
diócesis de Santiago D. Francisco José de Maran, y el Gobernador y Ca-
pitán General de aquel Reino D. Luis Muñoz de Guzmán, en carta de 20
de Septiembre, 16 de Octubre y 16 de Noviembre de 1803, informando
del distinguido mérito del referido Doctor D. Pedro Tomás de la Torre y
Vera, de su conducta virtuosa y arreglada, por la que se distingue entre
los individuos del Clero, y del esmero y dedicación con que sirve el
empleo de Rector, logrando la común estimación, le consideran digno
de que Majestad, se sirva concederle alguna Prebenda en aquella Iglesia
Catedral, o en cualesquiera de las otras que propone.
Finalmente constan los distinguidos y dilatados servicios de dicho
su padre D. Francisco Javier de la Torre, y de sus abuelos paterno y
materno D. Fernando de la Torre y D. Francisco Antonio de Vera Mujía,
hechos a la Religión y al Estado y de lo distinguido de sus familias,
como descendientes de pacificadores de indios infieles, y de los primeros
pobladores y conquistadores de aquellas Provincias.
[No hay firma].

Carta al Rey del Dr. José Alonso Zavala solicitando una Canonjía en
la nueva Iglesia de Salta
Madrid, 7 de Marzo de 1807

Señor:

El Dr. D. José Alonso de Zavala, Cura Rector primero de la Iglesia


Matriz de la ciudad de Salta, erigida en Catedral, Comisario subalterno
de Cruzada, de edad de 67 años cumplidos a l [os] R [eles] P [iés] de
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 251

vuestra Majestad expone sus méritos de más de treinta y tres años se


Cura Rector en las dos Iglesias del Río de Perico y de Salta, en esta
forma: Más de seis en el primero, y los veinte y siete restantes en el se-
gundo que obtiene. Veinte y seis años largos de Cruzada, más de veinte
y cinco de promotor Fiscal y Defensor de obras pías, y de Juez subde-
legado de Diezmos más de diecisiete, como todo consta del testimonio
autorizado original de dichos sus méritos y de sus ascendientes, que ha
exhibido su Apoderado, en que se justifica por certificaciones e informes
de sus respectivos Jefes, haber desempeñado dichos encargos a toda su
satisfacción, y sin culpa suya no ha acompañado las testimoniales de
su Obispo, ni del Cabildo (sede vacante) por la falta en los correos. Y
hallándose a la provisión de vuestra Majestad las dos Canonjías de dicha
nueva Iglesia de Salta,
Suplica a Vuestra Majestad se digne colocarlo en una de ellas en
premio de su dilatada carrera, y por descanso a su avanzada edad, en
que recibirá merced. Madrid y Marzo 7 de 1807.
Señor, en virtud de poder.
Tomás Salustiano Gallardo [rubricado].

Carta de D. Pedro Aran y Morales solicitando una Canonjía de la


Catedral de Salta

Aranjuez, 16 de Mayo de 1807

Excmo. señor:

El Dr. D. Pedro Aran y Morales, con su mayor respeto a Vuestra Ex-


celencia hace presente: El deplorable estado en que se halla por la cruel
insurrección, que padeció la Isla de Santo Domingo, pues hallándose
allí sirviendo el curato rural de San Dionisio de Higüey, cuya Matriz
reedificó a expensas de su congrua y bienes patrimoniales, esperando
lograr en paz el fruto de su trabajo, no le dieron más tiempo los rebeldes,
que para escapar, cuasi desnudo, con una madre anciana, que falleció
luego al golpe de los trabajos, que aún sufre por sí, y le obligan a suplicar
252 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

rendidamente a Vuestra Excelencia se digne mover el Real Ánimo de su


Majestad, para que se le conceda una Canonjía de Salta del Tucumán,
donde por lo cómodo de los víveres, juzga tener el decente pasar a que
aspira, de que recibirá merced. Aranjuez 16 de Mayo de 1807.
[No hay firma].

Provisión a la Canonjía Magistral de la Catedral de Córdova del


Tucumán en D. Vicente Anastasio de Isasmendi

La Cámara de Indias a 18 de Noviembre de 1805

La Cámara de Indias:

En vista de los autos de oposición a la Canonjía Magistral de la


Catedral de Córdova del Tucumán, vacante por ascenso de D. Juan
Justo Rodríguez, propone a Vuestra Majestad para ella el Marqués de
Bajamar a D. Pedro Bazán y a D. Vicente Anastasio de Isasmendi en
igual grado.
Nota: Se presenta una certificación de haber fallecido casi repenti-
namente en la noche del día 4 de Julio de este año [1805], el referido D.
Pedro Bazán.
Muñoz de la Torre vota por Bazán y el conde de Pozos – Dulces,
por Isasmendi.

La Cámara de Indias de 18 de Noviembre de 1805

El Virrey de Buenos Aires, con carta de 20 de Mayo último remitió


a aquel Tribunal los autos de oposición a la Canonjía Magistral de la
Iglesia Catedral de Córdova del Tucumán, vacante por promoción de D.
Juan Justo Rodríguez a la dignidad de Chantre de ella; de los que resulta
que fijados edictos convocatorios de estilo con término de seis meses,
que fueron prorrogados por otros cuatro, y concluidos los ejercicios de
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 253

los opositores, se pasó a la votación, y salieron propuestos: en primer


lugar, con dos votos cada uno, el Dr.D. Pedro Bazán y el Dr.D. Vicente
Anastasio de Isasmendi, en según, aquel con un voto, este con dos; y con
uno D. Manuel Antonio Acevedo; y en tercero, con tres votos, el mismo
Acevedo, y con otro D. José de Loza, P [resbíte] ro, Maestro en Artes,
Dr. En Teología y d 25 años de edad.
El Asistente Real, que lo fue Fr. Pantaleón García, Rector del Co-
legio de Loreto, del mismo Córdova, votó a Bazán en primer lugar, en
segundo a Isasmendi, y en tercero a D. Miguel Corro, de 28 años de
edad, Maestro en Artes y Dr. En Teología.

Se dice que es muerto D. Pedro Bazán

El Dr. D. Pedro Bazán es natural de la referida ciudad de Córdova,


de 54 años de edad, Licenciado y Maestro en Artes y Dr. En Teología,
ordenado de sacerdote desde el año de [17] 74. Fue nombrado para
servir la judicatura de D[iez] mos, Comisaría de Cruzada y Diputación
Eclesiástica de Temporalidades. Sirvió interinamente la Vicaría de
Chiquiligasta, y en propiedad el Curato de las Trancas, y el Rectoral de
Catamarca. En [17] 94 le nombró el Obispo Visitador de los del mismo
Partido, y en 1800 le promovió al Curato de la ciudad de Córdova, que
actualmente obtiene. Y, finalmente, resulta ser de una conducta irrepren-
sible, caritativo y muy asistente a los deberes de su ministerio.
D. Vicente Anastasio de Isasmendi es de edad de 50 años, natural
de la ciudad de Salta, hijo de padres distinguidos y beneméritos de la
Patria, que obtuvieron encomiendas de indios y otros cargos. Estudió
Filosofía y Teología en Córdova, por cuya Universidad se graduó de
Licenciado y Maestro en Artes, y por la de Charcas de Licenciado y Dr.
En Teología, recibiéndose también de abogado en la Audiencia de La
Plata. Fue ordenado de sacerdote en 1782, y nombrado promotor Fiscal
de la Vicaría de Salta, y Secretario de Cámara del R[everendo]. Obispo
del Tucumán. En [17]93, se le promovió al Curato de la Iglesia Matriz de
Salta, que obtiene actualmente, y nombrado Vicario de su distrito, Exa-
minador Sinodal de aquel Obispado, y Comisario del santo oficio. Con-
254 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

tribuyó con cien pesos para la última guerra con Inglaterra, y anticipó
3 reales para facilitar el pagamento de las tropas de aquellas fronteras.
Sirvió nueve años la Capellanía castrense del destacamento destinado a
Salta; y, finalmente, informando el Obispo de Córdova, de los méritos
y particulares servicios de este Ec[lesiásti[co], testifica había acreditado
su celo y esmero, tanto en el cumplimiento de sus obligaciones, cuanto
en el aseo y culto de sus Iglesias, reedificando y adornando a su costa
la parroquial del primer Curato, y concurriendo generosamente con 4
pesos para la Matriz, asegurando dicho Prelado que había descansado
con el desempeño de este Ec [lesiásti [co], en los varios asuntos que le
habían ocurrido, por cuyos servicios notorios, talento y juicio, lo consi-
dera digno de que Vuestra Majestad se digne colocarlo.
La Cámara en inteligencia de lo expuesto, propone a Vuestra Ma-
jestad, para dicha Canonjía Magistral.
El Marqués de Bajamar considera acreedores a ella en igual grado a
D. Pedro Bazán y a D. Vicente Anastasio de Isasmendi, para que Vuestra
Majestad se sirva conferírsela, al que sea de su real agrado.
D. Pedro Muñoz de la Torre, vota por Bazán y el conde de Pozos
– Dulces, por Isasmendi.
Nota: Por D. Severo Nicolás de Isasmendi, natural de Salta, y resi-
dente en esta Corte12, se ha presentado una certificación legalizada, que
dice acaba de recibir, en la cual con referencia a varias cartas misivas
escritas de la ciudad del Tucumán, y por haberse doblado con clamores
de sacerdote, expresa el Excelentísimo, ser cierto el fallecimiento casi
repentino de D. Pedro Bazán, acaecido el día 4 de Julio de este año, en
la citada ciudad del Tucumán, cuya certificación ha dirigido el referido

Aquí tenemos una buena razón de los grandes y permanentes apoyos, y preci-
12

samente en momentos de especial importancia, que desde este momento tuvo el Deán
Isasmendi. La presencia y fuerte influjo de su hermano Nicolás Severo, ambos ahora
beneficiándose de su fidelidad a la Corona España, lo mismo que después, cuando la
suerte venía del lado patriótico, se unieron a él, por la misma razón. Tenemos mo-
tivos para pensar que eran posibilistas y permanentes arribistas. Nicolás Severo, en
el momento del destierro de Nicolás Videla del Pino, primer obispo de Salta, era el
Gobernador de Salta.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 255

Isasmendi, para que, uniéndose a esta consulta, obre los efectos conve-
nientes.
27 de Noviembre de 1805. Su Majestad nombra a Isasmendi13. Se-
ñalada en 8 de Diciembre de 1805. Nombró a D. Vicente Anastasio de
Isasmendi.

Carta de Nicolás Severo de Isasmendí al Consejo de Indias


notificando la muerte del Dr. Pedro Bazán.

Madrid, 19 de Noviembre de 1805.

D. Nicolás Severo de Isasmendi, natural de la ciudad de Salta en


el Perú14, y residente al presente en esta Corte, con el debido respeto, a
Vuestra Excelencia dice: que en la correspondencia que acaba de llegar
de aquellos dominios, ha recibido un testimonio que acredita la muerte
del Dr.D. Pedro Bazán, opositor a la Canonjía Magistral de la Catedral
de Córdova del Tucumán. Y teniendo noticia de que dicha prebenda se
halla consultada a su Majestad, por la Real Cámara de Indias,
Suplica a Vuestra Excelencia se digne mandar se una dicho testimo-
nio, que acompaña, a la consulta, para que obre los efectos, que conven-
ga, en que recibiría merced. Madrid y Noviembre 19 de 1805.

Nicolás Severo de Isasmendi [rubricado].

Carta del Dr.D. Andrés Avelino de Aramburu, apoderado del Rector


de la Iglesia de Salta, al Gobernador de la ciudad de Salta notifican-
do el deceso del Dr.D. Pedro Bazán.
s/f.

13
Esta frase es una clara extrapolación posterior, tanto por el mensaje, como por
la grafía usada, tanto en esta frase como en las siguientes.
14
Está claro el error de adscripción geográfica y, por lo mismo, política, ya que
Salta perenecía ahora al Virreinato de Buenos Aires. Antes del nacimiento de este en
1776, sí perteneció al Perú.
256 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Sr. Teniente Gobernador:

D. Andrés Avelino de Aramburu, vecino de esta ciudad y apodera-


do general del Sr. Cura Rector de la anta Iglesia de la ciudad de Salta,
comprensión de este Virreinato, Dr. D. Vicente Anastasio Isasmendi,
ante Vuestra Señoría, en la mejor forma que haya lugar, parezco y digo:
que conviene al derecho de mi instituyente, hacer constar en manera
que haya fe del fallecimiento del Sr. Cura Rector de esta Santa Iglesia
Catedral Dr.D. Pedro Bazán, acaecido en la ciudad de San Miguel de
Tucumán, de la misma comprensión del Virreino, el día cuatro del co-
rriente mes, que ya es público y notorio en esta dicha ciudad, así por
las muchas cartas que se han recibido del propio Tucumán en el correo
ordinario, que llegó el día de ayer quince, como por haberse doblado en
esta expresada Santa Catedral en el de hoy a las doce horas del día. Y a
este fin suplico a la integridad de Vuestra Dignidad, se digne mandar la
certifique el Escribano Actuario en dicha forma, devolviéndomelo lega-
lizado, para los efectos que convengan a mi parte, en cuyos términos,
A Vuestra Dignidad pido y suplico que hallándome por presentado,
se sirva proveer, como solicito, por ser de justicia. Y juro lo necesario
etc. Entre renglones.
Dr. D. Andrés Avelino de Aramburu [rubricado]. Vicente Anastasio
Isasmendi [rubricado]. Vale.

Córdova, 16 de Julio de 1805.


Como lo pides, habilitándose el día por la urgencia. Victorino Ma-
drid [rubricado].
Proveyó y firmó el anterior decreto el Sr. Dr.D. Victorino Rodríguez,
abogado de las Reales Audiencias del Reino y Teniente asesor letrado del
este Gobierno e Intendencia en el día de su fecha, ante mí, de que doy fe.

Francisco Malbrán y Muñoz15

Francisco Malbrán era sobrino del obispo Videla, que se muestra como eximio
15

jurista en los varios recursos que redactó con motivo del severo y exceso destierro
que decretó el General Belgrano sobre Nicolás Videla del Pino.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 257

Escribano de su Majestad Público y de Real Hacienda [rubricado].

En dicho día notifiqué el anterior decreto a D. Andrés Avelino


Aramburu. Doy fe. Malbrán y Muñoz [rubricado].

Certifico en cuanto puedo, ha lugar y el derecho me permite, cons-


tarme así por la notoriedad y varias cartas misivas escritas de la ciudad
del Tucumán a sujetos de esta, como por haberse doblado con clamores
de sacerdote en esta Santa Iglesia Catedral, a las doce horas de este día,
el fallecimiento casi repentino del Dr.D. Pedro Bazán, Cura Rector de
esta misma Santa Iglesia, acaecido el día cuatro del corriente mes, por la
noche, en la citada ciudad del Tucumán. Y en virtud del anterior decreto,
a los efectos que convengan, doy la presente, que signo y firmo en Cór-
dova del Tucumán, a diez y seis días del mes de Julio de mil ochocientos
y cinco años16.

Francisco Malbrán y Muñoz [rubricado].


Escribano de su Majestad Público y Real Hacienda.

Los Escribanos Públicos que abajo firmamos, certificamos, damos


fe y verdadero testimonio que D. Francisco Malbrán y Muñoz, por quien
aparece dado el anterior certificado, es tal Escribano de su Majestad
Público y Real Hacienda, como le titula fiel, legal y de toda confianza.
Y a sus semejantes siempre se les da y han dado entera fe y crédito, en
juicio y fuera de el. Y para los efectos que hubiere lugar en derecho de
pedimento de la parte, damos la presente, autorizamos, signamos y fir-
mamos en Córdova del Tucumán, a los diez y seis días de Julio, de mil
ochocientos cinco años.
En testimonio de verdad, José Diego de Olmos y Aguilera [rubrica-
do], Escribano Público. Derechos 6 reales.

16
En el margen de la izquierda vienen unos signos sin significado real y el dato
“derechos 22 reales pagados”.
258 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

En testimonio de verdad, Manuel Antonio de Hoce, [rubricado],


escribano Público y del Reino. Derechos 6 reales pagados.

Señor:

D. Tomás Salustiano Gallardo, apoderado del Dr.D. Pedro Bazán,


Cura Rector de la Iglesia Catedral de Córdova del Tucumán, y opositor
a la Canonjía Magistral de ella, como consta de los autos, que están a la
resolución de vuestra Majestad, puesto a su Majestad P [ersonal] expone,
que por el correo de ayer, 22 del corriente mes, recibió los papeles de re-
presentación, decreto puesto a ella por vuestro Virrey de Buenos Aires,
que acompaña, y de que no ha podido usar en el debido tiempo y tribu-
nal competente, por la postergación de su llegada. En cuya atención,
Suplica a vuestra Majestad se digne mandar, se unan a los autos, y
obren en ellos los efectos, que haya lugar. Así lo espera de la real justi-
ficación de vuestra Majestad, en Madrid Noviembre 23 de 1805.
Señor, en virtud de poder Tomás Salustiano Gallardo [rubricado].

Carta del Dr. Pedro Bazán Gobernador de Córdova


sobre irregularidades cometidas por el Dr. Isasmendi
como opositor a Canónigo Magistral

Buenos Aires 6 de Febrero de 1805

Excmo. Señor:

El Dr. D. Pedro Bazán, Cura Rector de la Santa Iglesia Catedral de


Córdova, y opositor a la silla Magistral de ella en el próximo concurso,
que se ha celebrado, parezco ante vuestra Excelencia, con mi mayor
respeto, en la forma que mejor lugar haya y más convenga a mi derecho,
digo: que en los actos literarios de prueba tenidos por los opositores
en dicho concurso, conforme es de costumbre, han ocurrido hechos y
circunstancias, que ni debe ignorar la superior integridad de vuestra de
vuestra Excelencia, para instruir con mejores y más justificados cono-
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 259

cimientos, su parecer a su Majestad, para la elección que le corresponde


por su Real Patronato, ni yo, sin agravio de mi justicia y derecho, puedo
dejar de poner en la alta consideración de vuestra Excelencia, a los fines
convenientes. Las piadosas intenciones de nuestro Soberano, explicadas
en sus leyes, se han dirigido constantemente en la precedente materia, a
que recaigan estos beneficios en las personas más idóneas, más dignas
y beneméritas. Los actos de prueba establecidos por derecho, e introdu-
cidos por costumbre para la formación de la terna, que se hace por los
Prelados y Cabildos Eclesiásticos, no tiene otro objeto, que examinar
la suficiencia, capacidad y mérito de los opositores concurrentes. Su
Majestad, al mismo tiempo que quiere premiar a aquellos en quienes
concurren estas circunstancias y cualidades, desea consultar el bien y
mejor servicio de la Iglesia, de que es patrón y protector. A este fin ruega
y encarga a los Prelados de Indias, que tengan particular cuidado de que
los Beneficios se provean sin ningún respeto humano. Y manda a los
señores Virreyes, Presidentes y Gobernadores que en su Real nombre,
ejercen el Patronato, que si tuvieren por conveniente informarse de la
persona eclesiástica de letras, conciencia y experiencia, que nombraren
para la asistencia a los mencionados actos sin voto, sobre lo que les
pareciere para mejor cumplir con la obligación de su Real Patronato, lo
puedan hacer y hagan así, que siendo los hechos que he indicado, y aho-
ra expresaré, dirigidos a frustra las religiosas miras de su Real Majestad,
y en perjuicio y agravio de los opositores, que nos suponemos de mayor
mérito y suficiencia, parece estamos en el caso de deberse tener por con-
veniente el que la superior justificación de vuestra Excelencia, se digne
pedir informe al teólogo consultor asistente a los referidos actos sobre
los hechos indicados, y que yo como interesado y agraviado en ellos, los
haga manifestar a esta superioridad, para el significado objeto.
Es el caso, Excelentísimo señor, que el Dr. D. Vicente Anastasio
Isasmendi, Cura Rector de la Matriz de Salta, uno de los opositores
concurrentes, desde que bajó a la capital de Córdoba, y antes de picar
en el Maestro de las Sentencias17 y Evangelios, para su lección de Teo-

17
Se llamaba Maestro de las Sentencias a Pedro Lombardo, teólogo del siglo XII,
del que son tributarios S. Alberto Magno, Santo Tomás, San Buenaventura, Egidio
260 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

logía y sermón moral, ya se decía y sabía de público, que la primera era


sobre la cuestión ¿an sacramenta caussent phicise, an solum maraliter
gratiam?; y el sermón del Amor de Dios, y que todo lo tenía aprendido,
habiendo con efectivo sucedido, que el sermón y lección que hizo en su
oposición, fueron precisamente sobre los mismos puntos que se decía
de antemano, el día de su picata (sic), en el Maestro de las Sentencias.
Habiendo buscado antes de este acto al Secretario Capitular Dr.D. José
de Allende, y encarándolo, le encargó no le mudase otro libro, sino que
fuese el mismo que había estado en poder del Istmo. Sr. Obispo difunto,
y a la sazón en la sala de la hermana de dicho señor. Lo que habiendo
sido así, se encontró el libro marcado con tres señales de tinta, en las
que hizo sus picatas, y con tan poco disimulo, que para hacerlas ocupó
tiempo desproporcionado, y se detenía en observaciones, con la vista
buscando las señales. El argumento que hizo al primer opositor, que
fui yo, se supo asimismo de público, que se lo formó otro. Y en el acto
de argüir le dictaban dos, uno por las espaldas, teniendo el papel en las
manos, y otro al lado, a vista de todas las gentes, que ocurrieron a la
función. Y a pesar de esto, no pudo seguir su argumento, y se vio tan
aturdido y embarazado, que se hizo el objeto de la farsa, y escándalo de
los literatos, que presenciaron el lance. Este pasaje obró en el concepto
de su Iltma., que aún vivía en aquella sazón, tan malos efectos contra
Isasmendi, que habiéndole llamado a su presencia, le increpó, diciéndole
con acritud, que si hasta entonces había pensado en ser canónigo por
oposición, depusiese su idea y se retirase, porque no era para ello, que
no podía merecer lugar alguno, ni quería el condenarse por el empeño
de otros, cuyo hecho ha sido público y constante entre eclesiásticos se-
culares, y toda clase de gentes.
Pero cuando unos acontecimientos semejantes debían influir en
justicia el que dictasen el Dr. Isasmendi, de obtener lugar alguno en la
terna de los nombrados, no esperándose de los Señores Capitulares de

Romano, etc. Pedro Lombardo (¿1100-1160?) que probablemente estudió con Pedro
Abelardo, fue brillante profesor de teología y obispo de París en 1159. Su obra princi-
pal son sus cuatro Libros de Sentencias, base de la teología de la Edad Media.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 261

sufragar por el, se ha dibujado en aquella Ciudad con admiración y pas-


mo, que no sólo ha merecido sufragios en su favor, sino que ha sido esto,
en parte, con preferencia y perjuicio de mi derecho y mérito notorio. De
manera que estas circunstancias, me obligan a recurrir a la justificación
superior de vuestra Excelencia, por medio de esta representación, en
el modo, y forma y grado que mejor proceda de derecho, para que en
conformidad en lo prevenido en las leyes del Reino, para estos casos, se
digne tener a bien ordenar, que el teólogo consultor informe a vuestra
Excelencia sobre los puntos expresados, y que al efecto, se libre la orden
o despacho correspondiente, con inserción de esta mi petición. Para cuyo
logro, haciendo la que más convenga,
A vuestra Excelencia pido y suplico, se sirva proveerlo así, en lo
que recibiré merced en justicia, y para ello lo juro lo necesario in verbo
sacerdotis, etc.
Otro sí digo: Que al propio fin de lo que dejo pedido en lo princi-
pal, conviene que asimismo se digne vuestra Excelencia, mandar se
pase oficio al Sr. Gobernador del Obispado y Presidente del Concurso,
para que haciendo que el Secretario Capitular, certifique sobre los
propios hechos representados, se remita a esta Superioridad a correo
relativo, la diligencia para los fines que convengan. Y espero que así
se sirva vuestra Excelencia proveerlo, siendo de su superior agrado.
Pido ut supra.
Otro sí digo: Que para que haya lugar de practicarse lo que llevo
pedido en la antecedente y principal en tiempo que pueda venir a vuel-
ta del correo del Perú, que pasa por Córdoba el 15 ó 16 del mes, estoy
pronto como interesado en el negocio, a costear un propio que conduzca
por posta, los despachos superiores. Por lo que suplico rendidamente a
la rectitud justificativa de vuestra Excelencia, que en cuanto lo permitan
las muchas y graves atenciones de esta Superioridad, se digne expedir
las providencias que solicito, con la brevedad posible; que es gracia que
también en justicia pido ut supra.

Dr. Pedro Bazán [rubricado].


262 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Títulos, grados y méritos del Dr. D. José Miguel de Castro,


cura de la Punilla en la Diócesis de Córdoba del Tucumán
Madrid 20 de Enero de mil ochocientos y cuatro

Consta que es natural de Salta, Capital del Gobierno de este nombre,


de edad de cuarenta y ocho años, que cumplirá en Noviembre del pre-
sente. Y que habiendo hecho sus estudios en el Seminario Conciliar de
Loreto de la santa Iglesia de Córdoba del Tucumán desde el año de sete-
cientos setenta en que empezó la Gramática, Teología, sirvió de cantor
y de acólito en la Iglesia Catedral de dicha ciudad, en los diez años que
perseveró en el referido Seminario, sin que la asistencia y servicio de la
Iglesia hubiesen estorbado sus ejercicios literarios, por la aplicación con
que procuraba desempeñar todas sus obligaciones, como lo certificó el
Vicerrector del mismo Colegio D. Pedro Arias en veinte de Enero de mil
setecientos ochenta y uno.
Consiguiente a estos estudios, y habiendo desempeñado todos los
ejercicios de costumbre, recibió por dicha Universidad de Córdoba los
grados de Licenciado y Doctor en sagrada Teología en veinte de Julio
de mil setecientos y ochenta.
Promovido al sagrado orden del Presbiterado en mil ochocientos y
uno, le destinó el Reverendo Obispo, que fue de Córdoba, D. Fr. José de
San Alberto, para que sirviese interinamente el Curato y Vicaría de San
Javier de la jurisdicción de aquella Ciudad. Y en el concurso que celebró
el mismo Prelado en mil setecientos ochenta y tres, se le nombró en pro-
piedad para el mismo Curato, que sirvió por espacio de diez años, hasta
el de mil setecientos noventa y tres, en que se le confirió el que actual-
mente tiene en La Punilla, como asimismo el título de Vicario foráneo
del mismo Curato, que le expidió el Reverendo actual obispo D. Ángel
Mariano Moscoso, cuyo Prelado le nombró también para Examinador
Sinodal de aquel Obispado en dos de Agosto de mil ochocientos y uno,
en atención a su literatura, prudencia y demás buenas cualidades, que
concurren en el mencionado D. José Miguel de Castro. Por lo cual, y no
pudiendo dicho Reverendo Obispo, por la escabrosidad de los caminos
y destemple del aire, visitar por sí mismo los Curatos de Pocho y San
Javier, nombró a este sujeto en diez de Junio de mil ochocientos y dos
por Visitador de los referidos Curatos.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 263

El muy Reverendo Arzobispo de Charcas D. Fr. José Antonio de San


Alberto con fecha de veinte y cinco de Octubre de mil ochocientos y
dos expresó, que en el tiempo que fue obispo de Córdoba del Tucumán,
conoció y trató al nominado D. José Miguel de Castro, y por su talento,
aplicación y buenas costumbres le ordenó de sacerdote y le destinó a
servir el Curato de San Javier en Traslatierra, prometiéndose sería útil a
aquella feligresía por su celo, desinterés, genio pacífico y aplicación al
púlpito y confesionario, habiendo correspondido el suceso a sus espe-
ranzas, por lo cual lo recomendó a su Majestad, pata que dignase tener
presente el mérito de este Eclesiástico en la provisión de las Dignidades,
Canonicatos y Prebendas de aquella Santa Iglesia.
Y últimamente el Reverendo Obispo de Córdoba del Tucumán, con
fecha de siete de Agosto de dicho año de ochocientos y dos, recomienda y
apoya los referidos méritos, asegurando que el insinuado D. José Miguel
de Castro, ha desempeñado por el espacio de diez y nueve años, las fun-
ciones del ministerio de Párroco con prudencia, desinterés, verdadero celo
e inclinación a la paz, y ha sabido por estos medios y por su trato amable y
franco, contraerse la estimación de sus feligreses y merecer la aceptación
de sus Prelados, cultivando su talento con una constante aplicación. Se
halla suficientemente instruido para cumplir sus deberes, y persuadido a
que de la predicación dependen principalmente las buenas costumbres de
los fieles, se dedica con esmero a este ejercicio por sí mismo y por medio
de tres Tenientes, que mantiene para que le ayuden en su más puntual
asistencia a su feligresía, desempeñando igualmente a satisfacción de
aquel Prelado el cargo de Examinador Sinodal, y otras comisiones en
que lo ocupa, considerándolo por todo digno de que su Majestad se digne
colocarlo en alguna Prebenda de los coros de aquel Reino.
Formose en la Secretaría del Perú y de lo Indiferente de los docu-
mentos que exhibió y se devolvieron a la parte, y de los informes que
quedan en ella. Madrid veinte de Enero de mil ochocientos y cuatro.

José Benítez [rubricado]18.

18
Este mismo documento lo hemos encontrado en AGI, Buenos Aires 614. En el
margen de la parte superior izquierda viene la aclaración “Sobre consta de la Cámara
264 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Comunicación al Gobernador del Consejo de Indias

27 de Agosto de 1806

Al Gobernador de Consejo de Indias

Remitiéndole para el uso que estime la Cámara, una instancia docu-


mentada de Vicente Isasi Isasmendi19, Canónigo Magistral de Córdoba
del Tucumán, solicitando alguna de las dignidades que se han de crear
en Salta.
Al Sr. León en 30 de Abril de 1807, que lo pidió por carta a vuelta
de Parte.
[No existe firma].

AGI, Buenos Aires 60220

Presentación del Dr. Vicente Anastasio Isasmendi a la Canonjía


Magistral de la Iglesia Catedral del Córdoba del Tucumán21.

San Lorenzo de El Escorial, 20 de Diciembre de 1805

Dr. D. Vicente Anastasio de Isasmendi. Presentación a la Canonjía


Magistral de la Iglesia Catedral de Córdoba del Tucumán.

de 9 de Marzo de 1807, fue nombrado para la primera de las dos canonjías de la Ca-
tedral de nueva erección de Salta”.
19
No recordamos haber visto otra vez este apellido que precede a Isasmendi:
“Isasi”.
20
Aquí terminan los documentos transcritos del AGI, Buenos Aires 602.
21
En la parte superior izquierda viene las sumas de los distintos pagos de de-
rechos, que no tienen nada que ver con el contenido del documento, por lo que las
omitimos.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 265

D. Carlos etc. Reverendo en Cristo Padre Obispo de la Catedral de


Córdoba del Tucumán, de mi Consejo, o a vuestro Provisor y Vicario Ge-
neral o al Venerable Deán y Cabildo sede vacante de la misma Iglesia.
Bien sabéis que así por derecho como por Apostólicas, me perte-
nece la presentación de todas las Dignidades, Canonjías y Beneficios
Eclesiásticos de ella, y de las demás de las Indias, Islas, y Tierra Firme
del mar océano; respecto del cual, y atendiendo a la suficiencia y demás
buenas prendas, que según se me ha informado, concurren en el Dr. D.
Vicente Anastasio de Isasmendi, Cura y Vicario de Salta. He resuelto
presentarle para la Canonjía Magistral de esa Iglesia vacante, por as-
censo de D. Manuel Justo Rodríguez a la dignidad de Chantre de ella.
Y os ruego y requiero, que si por vuestro diligente examen, (sobre que
os encargo la conciencia), hallareis que el referido D. Vicente Anastasio
de Isasmendi, es persona idónea, y en quien concurren las calidades,
que conforme a la erección se requieren, le hagáis colación y canónica
institución de la expresada Canonjía Magistral, y le deis la posesión,
disponiendo se le acuda con los frutos, rentas, proventos y emolumentos,
que le corresponden bien y cumplidamente, sin que le falte cosa alguna,
con tal que se presente personalmente, y no por medio de Procurador,
con este título, ante vos en ese Cabildo, dentro de quince días, si resi-
diere en esa ciudad, de cuatro meses si en lo restante de la Diócesis, y
de seis si en otra extraña, pero coterránea con ella, contados todos tres
términos, desde el día en que le recibiere, y contando también que no
ha sido expulso de alguna de las Religiones, que no tiene otra Dignidad,
Canonjía ni Beneficio en las Indias, o que lo ha renunciado antes de ser
instituido, y que la cobranza de la media annata22, que debe satisfacer
por e4sta presentación, se ejecuta teniendo presente, lo prevenido en mi
Real Cédula de veinte y uno de Diciembre de mil setecientos setenta y
tres, en inteligencia de que seréis responsables de cualquiera omisión
o descuido, que se experimente, siempre que algún provisto deje de
pagar o afianzarse respectiva media annata, antes de tomar posesión de

22
Era una gabela, impuesta aquí por el Rey a todos los cargos eclesiásticos. Anata
llevaba la entrega de la renta del primer año y media anta, sólo conllevaba la mitad
del sueldo de un año.
266 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

su prebenda, pues si faltando alguna de las enunciadas circunstancias,


se hiciere la Institución, ha de ser en si ninguna, como hecha en sin mi
presentación. Y de este despacho se tomará razón, en las Contadurías
Generales, de la distribución de mi Real Hacienda, (a donde está agre-
gado el registro general de mercedes), de mi Consejo de las Indias, y en
la de consolidación de vales reales, dentro de dos meses de su data. Y
no ejecutando así, quedará igualmente nula esta gracia. Y también se
tomará por los Ministros de mi Real Hacienda de las cajas de esa ciudad
de Córdoba del Tucumán. Dado en San Lorenzo a veinte de Diciembre
de mil ochocientos y cinco. Yo el Rey. Yo D. Silvestre Collar, Secreta-
rio del Rey vuestro señor, lo hice escribir por su mandado. El Marqués
de Bajamar. El conde de Pozos Dulces. D. Ramón de Posada. Tomose
razón en la Contaduría general de la distribución de la Real Hacienda.
M[adri]d veinte y cuatro de Diciembre de mil ochocientos y cinco. Por
ocupación del Sr. Contador General de la América Meridional. Madrid
24 de Diciembre de 1805. Por ocupación del Sr. Contador General. D.
Lorenzo de Usoz. [Rubricado].

Presentación a una media ración de la Iglesia de Salta


de D. José Gabriel de Figueroa
Real Isla de León, 20 de Febrero de 1811

D. José Gabriel de Figueroa. Presentación a una media ración


de la Iglesia Catedral de Salta.

D. Fernando Séptimo por la gracia de Dios, etc., y en su ausencia y


cautividad, el Consejo de Regencia23, autorizado interinamente por las
Cortes Generales y Extraordinarias.

Fue el que actuó como gobierno de la España no ocupada y contraria a José I,


23

impuesto este por Napoleón. En 1810 dicho Consejo de Regencia reunió las Cortes en
Cádiz y declaró único y legítimo rey de la nación española a Fernando VII de Borbón.
Estas mismas dieron origen en 1812 a la primera constitución liberal de España, la
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 267

Reverendo obispo de la Iglesia catedral de Salta del Tucumán, de


mi Consejo, o a vuestro Provisor y Vicario General, o al Venerable
Deán y Cabildo, sede vacante de la misma Iglesia.24 Verificada la
erección de ese Obispado, segregando el territorio de que debe compo-
nerse de las diócesis del Tucumán, Charcas y Chile, se os comisionó
por Real Cédula de 17 de Febrero de 1807 para formalizarla como lo
habéis ejecutado y merecido mi Real aprobación, este punto y otros
que me representasteis, precedida consulta de mi Consejo de Cámara
de Indias de 19 de Diciembre último, sancionada en las Cortes Gene-
rales y Extraordinarias de 15 de Enero siguiente, y siendo uno de ellos
el aumento de las dignidades de Arcediano y Chantre a la de Deán ya
establecida, dos canonjías a otras dos provistas y Ración y otra Media
Ración atendiendo así por derecho, como por Bulas Apostólicas, me
pertenece la presentación de todas las Dignidades, Canonjías y Bene-
ficios Eclesiales de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Y
enterado de la suficiencia y demás buenas prendas que según se me ha
informado concurren en el Dr. D. José Gabriel de Figueroa, Comisario
del Santo Oficio de la Inquisición y Examinador Sinodal de ese Obispa-
do, he venido a consulta del enunciado mi Consejo de Cámara de dicho
día [diez] y nueve de Diciembre, en nombrarle para la Media Ración
de nueva erección de esa Iglesia Catedral. Y os ruego y requiero que
si por vuestro diligente examen, (sobre que os encargo la conciencia),
hallareis que el expresado D. José Gabriel de Figueroa, es persona idó-
nea y en quien concurren las calidades y circunstancia que conforme a
la erección se requieren, le hagáis colación y canónica Institución de la
expresada Media Ración, y le deis la posesión, disponiendo se le acuda
con los frutos, rentas, proventos y emolumentos que le corresponden,
bien y cumplidamente, sin que le falte cosa alguna, con tal de que se

conocida como Constitución de Cádiz de 1812. Aquí vemos, que durante la cautividad
de Fernando VII, actuó realmente representándole y haciendo sus veces.
24
No entendemos aquí lo de “sede vacante”, pues entonces era Nicolás Videla
del Pino su Obispo residente, ya que la orden de destierro contra él dada por el Gral.
Belgrano tuvo lugar el 16 de abril de 1812. Pero Videla estuvo oculto desde el 17 de
abril de 1812 hasta el 4 de Agosto, emprendiendo su viaje de destierro a Buenos Aires
el 18 de agosto de 1812. Luego en la fecha de este documento la sede de Salta no era
vacante.
268 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

presente personalmente y no por medio de Procurador. Con este título


ante Vos en ese Cabildo dentro de quince días, si residiese en esa ciu-
dad, y de cuatro meses si en lo restante de la Diócesis, contados ambos
términos desde el día en que lo recibiere, y constando también en que
no ha sido expulso de alguna de las Religiones, que no tiene otra Dig-
nidad, Canonjía ni Beneficio en las Indias, o que le ha renunciado antes
de ser instituido, y que la cobranza de la Media annata, que debe satis-
facer por esta presentación, se ejecuta teniendo presente lo prevenido en
Real Cédula de 21 de Diciembre de 1763. En inteligencia de que seréis
responsable de cualesquiera omisión o descuido, que se experimente,
siempre que algún provisto deje de pagar o afianzar su respectiva Me-
dia annata antes de tomar posesión de sus prebendas, pues si faltando
alguna de las enunciadas circunstancias, se hiciere la institución, ha de
ser en sin ninguna, como hecha sin mi Presentación. Y de este título se
tomará razón en la Contaduría general de la Distribución de la mi Real
Hacienda (a donde está agregado el Registro general de Mercedes), en
la General de Indias y en la de Consolidación de Vales Reales, dentro
de dos meses de su data. Y también se tomará en mis Reales Cajas de
esa ciudad de Salta. Y no ejecutándolo así, quedará nula esta gracia.
Dado en la Real Isla de León a veinte de Febrero de mil ochocientos y
once. Yo el Rey. Joaquín Blacke, Presidente. Yo D. Pedro Telmo Igle-
sias, Secretario del Rey nuestro señor, lo hice escribir por su mandado.
Francisco Requena. Ignacio de Omudrián. Ciriaco González. Tomose
razón en la Contaduría general de la Real Hacienda. Cádiz veinte y
ocho de Febrero de 1811. Cristóbal de Góngora. Tomose razón en la
Contaduría general de las Indias. Cádiz veinte y ocho de Febrero de
1811. Por Real Habilitación. Juan Antonio Santelices [rubricado].

Presentación del Dr.D. Estanislao López cura de Ancaste


a la Dignidad de Chantre de la Iglesia Catedral de Salta.

Real Isla de León en 20 de Febrero de 1811

Dr. D. Estanislao López cura de Ancaste.


Presentación a la Dignidad de Chantre de la Iglesia Catedral de Salta.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 269

D. Fernando Séptimo por la gracia de Dios, etc., y en su ausencia


y cautividad, el Consejo de Regencia de España e Indias, autorizado
interinamente por las Cortes Generales y Extraordinarias.
Reverendo obispo de la Iglesia Catedral de Salta del Tucumán, de
mi Consejo, o a vuestro Provisor y Vicario General, o al Venerable Deán
y Cabildo, sede vacante de la misma Iglesia. Verificada la erección de
ese Obispado, segregando el territorio de que debe componerse de las
diócesis del Tucumán, Charcas y Chile, se os comisionó por Real Cédula
de 17 de Febrero de 1807 para formalizarla, como lo habéis ejecutado y
merecido mi Real aprobación, este punto y otros, que me representasteis,
precedida consulta de mi Consejo de Cámara de Indias de 19 de Diciem-
bre último, sancionada en las Cortes Generales y Extraordinarias de 15
de Enero siguiente, y siendo uno de ellos el aumento de las Dignidades
de Arcediano y Chantre a la de Deán ya establecida, dos canonjías a
otras dos provistas y Ración y otra Media Ración. Atendiendo así por
derecho, como por Bulas Apostólicas, me pertenece la presentación de
todas las Dignidades, Canonjías y Beneficios Eclesiales de las Indias,
Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Y enterado de la suficiencia y de-
más buenas prendas que según se me ha informado concurren en el Dr.
D. Estanislao López, Cura de Ancaste, en la propia Diócesis de Salta,
he venido a consulta del enunciado mi Consejo de Cámara de dicho día
diez y nueve de Diciembre, en nombrarle para la dignidad de Chantre,
de nueva erección, de esa Iglesia Catedral. Y os ruego y requiero que
si por vuestro diligente examen, (sobre que os encargo la conciencia),
hallareis que el expresado D. Estanislao López es persona idónea y en
quien concurren las calidades y circunstancia que conforme a la erección
se requieren, le hagáis colación y canónica Institución de la expresada
dignidad de Chantre, y le deis la posesión, disponiendo se le acuda con
los frutos, rentas, proventos y emolumentos que le corresponden, bien y
cumplidamente, sin que le falte cosa alguna, con tal de que se presente
personalmente y no por medio de Procurador. Con este título ante Vos
en ese Cabildo dentro de quince días, si residiese en esa ciudad, y de
cuatro meses si en lo restante de la Diócesis, contados ambos térmi-
nos desde el día en que lo recibiere, y constando también en que no ha
sido expulso de alguna de las Religiones, que no tiene otra Dignidad,
270 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Canonjía ni Beneficio en las Indias, o que le ha renunciado antes de ser


instituido, y que la cobranza de la Media annata, que debe satisfacer
por esta presentación, se ejecuta teniendo presente lo prevenido en Real
Cédula de 21 de Diciembre de 1763. En inteligencia de que seréis respon-
sable de cualesquiera omisión o descuido, que se experimente, siempre
que algún provisto deje de pagar o afianzar su respectiva Media annata
antes de tomar posesión de su prebenda, pues si faltando alguna de las
enunciadas circunstancias, se hiciere la institución, ha de ser en sin nin-
guna, como hecha sin mi Presentación. Y de este título se tomará razón
en la Contaduría general de la Distribución de la mi Real Hacienda (a
donde está agregado el Registro general de Mercedes), en la General de
Indias y en la de Consolidación de Vales Reales, dentro de dos meses
de su data. Y también se tomará en mis Reales Cajas de esa ciudad de
Salta. Y no ejecutándolo así, quedará nula esta gracia. Dado en la Real
Isla de León a 20 de Febrero de mil ochocientos y once. Yo el Rey.
Joaquín Blacke, Presidente. Yo D. Pedro Telmo Iglesias, Secretario del
Rey nuestro señor, lo hice escribir por su mandado. Francisco Requena.
Ignacio de Omudrián. Ciriaco González Carvajal. Tomose razón en la
Contaduría general de la Real Hacienda. Cádiz 28 de Febrero de 1811.
Cristóbal de Góngora. Tomose razón en la Contaduría general de las
Indias. Cádiz 28 de Febrero de 1811. Por Real Habilitación. Juan Antonio
Santelices [rubricado].

Presentación de D. José Gabriel Echenique Cura Vicario de Tulumba


a una Ración de la Iglesia Catedral de Salta.

Real Isla de León en 20 de Febrero de 1811

D. José Gabriel Echenique Cura Vicario de Tulumba.


Presentación a una Declaración
de la Iglesia Catedral de Salta
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 271

D. Fernando Séptimo por la gracia de Dios, etc., y en su ausencia


y cautividad, el Consejo de Regencia de España e Indias, autorizado
interinamente por las Cortes Generales y Extraordinarias.
Reverendo obispo de la Iglesia Catedral de Salta del Tucumán, de
mi Consejo, o a vuestro Provisor y Vicario General, o al Venerable Deán
y Cabildo, sede vacante de la misma Iglesia. Verificada la erección de
ese Obispado, segregando el territorio de que debe componerse de las
diócesis del Tucumán, Charcas y Chile, se os comisionó por Real Cédula
de 17 de Febrero de 1807 para formalizarla, como lo habéis ejecutado y
merecido mi Real aprobación, este punto y otros, que me representasteis,
precedida consulta de mi Consejo de Cámara de Indias de 19 de Diciem-
bre último, sancionada en las Cortes Generales y Extraordinarias de 15
de Enero siguiente, y siendo uno de ellos el aumento de las dignidades
de Arcediano y Chantre a la de Deán ya establecida, dos canonjías a
otras dos provistas y Ración y otra Media Ración. Atendiendo así por
derecho, como por Bulas Apostólicas, me pertenece la presentación de
todas las Dignidades, Canonjías y Beneficios Eclesiales de las Indias,
Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Y enterado de la suficiencia y
demás buenas prendas que según se me ha informado concurren en el
Dr. D. José Gabriel Echenique, Cura y Vicario de Tulumba, he venido
a consulta del enunciado mi Consejo de Cámara de dicho día diez y
nueve de Diciembre, en nombrarle para la Ración, de nueva erección, de
esa Iglesia Catedral de Salta. Y os ruego y requiero que si por vuestro
diligente examen, (sobre que os encargo la conciencia), hallareis que
el expresado D. José Gabriel Echenique es persona idónea y en quien
concurren las calidades y circunstancia que conforme a la erección se
requieren, le hagáis colación y canónica Institución de la expresada Ra-
ción, y le deis la posesión, disponiendo se le acuda con los frutos, rentas,
proventos y emolumentos que le corresponden, bien y cumplidamente,
sin que le falte cosa alguna, con tal de que se presente personalmente
y no por medio de Procurador. Con este título ante Vos en ese Cabildo
dentro de quince días, si residiese en esa ciudad, y de cuatro meses si en
lo restante de la Diócesis, contados ambos términos desde el día en que
lo recibiere, y constando también en que no ha sido expulso de alguna de
las Religiones, que no tiene otra Dignidad, Canonjía ni Beneficio en las
272 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Indias, o que le ha renunciado antes de ser instituido, y que la cobranza


de la Media annata, que debe satisfacer por esta presentación, se ejecuta
teniendo presente lo prevenido en Real Cédula de 21 de Diciembre de
1763. En inteligencia de que seréis responsable de cualesquiera omisión
o descuido, que se experimente, siempre que algún provisto deje de pa-
gar o afianzar su respectiva Media annata antes de tomar posesión de su
prebenda, pues si faltando alguna de las enunciadas circunstancias, se
hiciere la institución, ha de ser en sin ninguna, como hecha sin mi Pre-
sentación. Y de este título se tomará razón en la Contaduría general de la
Distribución de la mi Real Hacienda (a donde está agregado el Registro
general de Mercedes), en la General de Indias y en la de Consolidación
de Vales Reales, dentro de dos meses de su data. Y también se tomará en
mis Reales Cajas de esa ciudad de Salta. Y no ejecutándolo así, quedará
nula esta gracia. Dado en la Real Isla de León a 20 de Febrero de mil
ochocientos y once. Yo el Rey. Joaquín Blacke, Presidente. Yo D. Pedro
Telmo Iglesias, Secretario del Rey nuestro señor, lo hice escribir por su
mandado. Francisco Requena. Ignacio de Omudrián. Ciriaco González
Carvajal. Tomose razón en la Contaduría general de la Real Hacienda.
Cádiz 28 de Febrero de 1811. Por Real Habilitación. Juan Antonio San-
telices [rubricado].

Presentación del Dr.D. Pedro de Alcántara a la Dignidad


de Arcediano de la Iglesia Catedral de Salta.

Real Isla de León en 20 de Febrero de 181125

D. Fernando Séptimo por la gracia de Dios, etc., y en su ausencia


y cautividad, el Consejo de Regencia de España e Indias, autorizado
interinamente por las Cortes Generales y Extraordinarias.
Reverendo obispo de la Iglesia Catedral de Salta del Tucumán, de
mi Consejo, o a vuestro Provisor y Vicario General, o al Venerable Deán
y Cabildo, sede vacante de la misma Iglesia. Verificada la erección de

25
Viene claramente escrito el año 1810, que creemos es un error, que hemos
corregido por 1811, que pensamos es el correcto.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 273

ese Obispado, segregando el territorio de que debe componerse de las


diócesis del Tucumán, Charcas y Chile, se os comisionó por Real Cédula
de 17 de Febrero de 1807 para formalizarla, como lo habéis ejecutado y
merecido mi Real aprobación, este punto y otros, que me representasteis,
precedida consulta de mi Consejo de Cámara de Indias de 19 de Diciem-
bre último, sancionada en las Cortes Generales y Extraordinarias de 15
de Enero siguiente, y siendo uno de ellos el aumento de las dignidades
de Arcediano y Chantre a la de Deán ya establecida, dos canonjías a
otras dos provistas y Ración y otra Media Ración. Atendiendo así por
derecho, como por Bulas Apostólicas, me pertenece la presentación de
todas las Dignidades, Canonjías y Beneficios Eclesiales de las Indias, Is-
las y Tierra Firme del Mar Océano. Y enterado de la suficiencia y demás
buenas prendas que según se me ha informado concurren en el Dr.D.
Pedro Alcántara Arredondo, vuestro Secretario de Cámara, he venido a
consulta del enunciado mi Consejo de Cámara de dicho día diez y nueve
de Diciembre, en nombrarle para la dignidad de Arcediano, de nueva
erección, de esa Iglesia Catedral de Salta. Y os ruego y requiero que
si por vuestro diligente examen, (sobre que os encargo la conciencia),
hallareis que el expresado D. Pedro de Alcántara Arredondo es persona
idónea y en quien concurren las calidades y circunstancia que conforme
a la erección se requieren, le hagáis colación y canónica Institución de
la expresada Ración, y le deis la posesión, disponiendo se le acuda con
los frutos, rentas, proventos y emolumentos que le corresponden, bien y
cumplidamente, sin que le falte cosa alguna, con tal de que se presente
personalmente y no por medio de Procurador. Con este título ante Vos
en ese Cabildo dentro de quince días, si residiese en esa ciudad, y de
cuatro meses si en lo restante de la Diócesis, contados ambos térmi-
nos desde el día en que lo recibiere, y constando también en que no ha
sido expulso de alguna de las Religiones, que no tiene otra Dignidad,
Canonjía ni Beneficio en las Indias, o que le ha renunciado antes de ser
instituido, y que la cobranza de la Media annata, que debe satisfacer
por esta presentación, se ejecuta teniendo presente lo prevenido en Real
Cédula de 21 de Diciembre de 1763. En inteligencia de que seréis respon-
sable de cualesquiera omisión o descuido, que se experimente, siempre
que algún provisto deje de pagar o afianzar su respectiva Media annata
274 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

antes de tomar posesión de su prebenda, pues si faltando alguna de las


enunciadas circunstancias, se hiciere la institución, ha de ser en sin nin-
guna, como hecha sin mi Presentación. Y de este título se tomará razón
en la Contaduría general de la Distribución de la mi Real Hacienda (a
donde está agregado el Registro general de Mercedes), en la General de
Indias y en la de Consolidación de Vales Reales, dentro de dos meses
de su data. Y también se tomará en mis Reales Cajas de esa ciudad de
Salta. Y no ejecutándolo así, quedará nula esta gracia. Dado en la Real
Isla de León a 20 de Febrero de mil ochocientos y once. Yo el Rey.
Joaquín Blacke, Presidente. Yo D. Pedro Telmo Iglesias, Secretario del
Rey nuestro señor, lo hice escribir por su mandado. Francisco Requena.
Ignacio de Omudrián. Ciriaco González Carvajal. Tomose razón en la
Contaduría general de la Real Hacienda. Cádiz 28 de Febrero de 1811.
Cristóbal de Góngora. Tomose razón en la Contaduría General de las
Indias. Cádiz 28 de Febrero de 1811. Por Real Habilitación. Juan Antonio
Santelices [rubricado].

Presentación de D. Pedro Aran y Morales de la 2ª Canonjía


de nueva erección de la Catedral de Salta

Madrid 1º de Julio de 1807

D. Pedro Aran y Morales. Presentación de la 2ª Canonjía de nueva


erección de la Catedral de Salta.

D. Carlos, etc. Reverendo en Cristo Padre Obispo de la Salta Iglesia


de Salta del Tucumán, de mi Consejo. Ya sabéis que así por derecho
como por Bulas Apostólicas me pertenece la presentación de todas las
Dignidades, Canonjías, Beneficios Eclesiásticos de mis Reinos de las In-
dias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano; e igualmente la división y es-
tablecimiento de nuevas diócesis, en donde tuviere por conveniente con
las Dignidades, Prebendas y Beneficios correspondientes; respecto de
lo cual, habiendo resuelto a consulta de mi Consejo Pleno de las Indias
de diez y nueve de Octubre de mil ochocientos cinco la erección de ese
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 275

Obispado, y la dignidad de Deán y dos Canonjías, por ahora, cuya renta


está regulada a cada una en tres mil trescientos cincuenta y siete pesos
al año, y atendiendo a la idoneidad, suficiencia y demás buenas prendas,
que concurren en D. Pedro Aran y Morales, he resuelto presentarle para
la segunda Canonjía. Y os ruego y requiero que ni por vuestro diligente
examen (sobre que os encargo la conciencia) hallareis que el referido
D. Pedro Aran y Morales, es persona idónea y en quien concurren las
calidades correspondientes, le hagáis colación y canónica institución de
la mencionada Canonjía, y le deis la posesión, disponiendo se le acuda
con los frutos, rentas, proventos y emolumentos que le pertenecen bien
y cumplidamente, sin que le falte cosa alguna, con tal que se presente
personalmente, y no por medio de procurador, con este título ante Vos,
dentro del término de tres años, contados desde el día de la fecha de él,
y constando también que no ha sido expulso de alguna de las Religiones,
que no tiene otra Dignidad, Canonjía ni Beneficio, o que lo ha renun-
ciado antes de ser instituido, y que la cobranza de la Media annata que
debe satisfacer por esta Presentación, se ejecuta teniendo presente lo
prevenido en Real Cédula de 21 de Diciembre de mil setecientos sesenta
y tres, en inteligencia de que seréis responsable de cualquiera omisión o
descuido que se experimente siempre que algún provisto deje de pagar
o afianzar su respectiva Media annata, antes de tomar posesión de su
Prebenda, pues si faltando alguna de las enunciadas circunstancias, se
hiciese Institución, ha de ser en si ninguna como hecha sin mi Presenta-
ción. Y por hallarse enterado que algunos de los provistos para empleos
de América, se detienen en España, y aún en la Corte, con abandono del
servicio de ellos, y contra mis justas reales intenciones, y militando los
mismos y aún más poderosos motivos en los eclesiásticos, que estando
en estos Reinos, son presentados para Dignidades, Canonicatos y Pre-
bendas de las Iglesias de Indias, cuya demora causa la falta de asistencia
al culto divino y al decoro y majestad de las catedrales, de que soy pro-
tector y patrono, mandó al expresado D. Pedro Aran y Morales, que en
el preciso término de mes y medio, contado desde el día primero del pre-
sente mes de Junio, en que se publicó la gracia de sus nombramientos,
se haya de presentar en el Puerto de esta Península, por donde disponga
su viaje al respectivo Juez de arribadas, remitiendo certificación a la vía
276 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

privada, y a mi Consejo de Cámara de Indias, del día en que se presente


en dicho Puerto, y dando aviso de oficio el mismo Juez de arribadas,
todos los días de su continua residencia en el, para aprovechar la ocasión
que se le proporcione de embarcarse, según está generalmente resuelto
por repetidas Reales órdenes, con prevención de que de no cumplir con
lo mandado en ellas, se declarará vacante la mencionada canonjía, y se
proveerá en el sujeto que fuere de mi Real agrado. Y de este despacho se
tomará razón en las Contadurías Generales de la distribución de mi Real
Hacienda, (a donde está agregado el registro general de mercedes) de mi
Consejo de las Indias, y en la de consolidación de Vales Reales, dentro
de dos meses de su data. Y no ejecutándolo así, quedará igualmente
nula esta gracia, y también se tomará en las reales cajas de esa ciudad
de Salta. Dado en Madrid a primero de Julio de mil ochocientos siete.
Yo el Rey. Yo D. Silvestre Collar, Secretario del Rey nuestro señor, lo
hice escribir por su mandado. El Marqués de Bajamar. El conde de Po-
zos Dulces. D. Ramón de Posada. Tomose razón en la Real Contaduría
General de la Distribución de la Real Hacienda. Madrid 8 de Julio de
1807. Luis Gacel. Tomose razón en la Contaduría General de la América
Meridional. Madrid 9 de Julio de 1807. Por ocupación del Sr. Contador
General. D. Pedro de Otamendi [rubricado].

Presentación de D. Vicente de Isasmendi a la Dignidad de Deán


de nueva creación de la catedral de Salta.

Madrid 1º de Julio de 1807

D. Vicente Anastasio Isasmendi. Presentación de la Dignidad de


Deán de la nueva erección de la Catedral de Salta.

D. Carlos, etc. Reverendo en Cristo Padre Obispo de la Salta Iglesia


de Salta del Tucumán, de mi Consejo. Ya sabéis que así por derecho
como por Bulas Apostólicas me pertenece la presentación de todas las
Dignidades, Canonjías, Beneficios Eclesiásticos de mis Reinos de las
Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano; e igualmente la división
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 277

y establecimiento de nuevas diócesis, en donde tuviere por conveniente


con las Dignidades, Prebendas y Beneficios correspondientes; respecto
de lo cual, habiendo resuelto a consulta de mi Consejo Pleno de las In-
dias de 19 de Octubre de mil ochocientos cinco la erección de ese Obis-
pado, y la dignidad de Deán y dos Canonjías, por ahora, cuya renta está
regulada a cada una en tres mil trescientos cincuenta y seis pesos al año,
y atendiendo a la idoneidad, suficiencia y demás buenas prendas, que
concurren en D. Vicente Anastasio de Isasmendi, he resuelto presentarle
para la expresada dignidad de Deán. Y os ruego y requiero que ni por
vuestro diligente examen (sobre que os encargo la conciencia) hallareis
que el referido D. Vicente Anastasio de Isasmendi, es persona idónea y
en quien concurren las calidades correspondientes, le hagáis colación
y canónica institución de la mencionada dignidad de Deán, y le deis la
posesión, disponiendo se le acuda con los frutos, rentas, proventos y
emolumentos que le pertenecen bien y cumplidamente, sin que le falte
cosa alguna, con tal que se presente personalmente, y no por medio de
procurador, con este título ante Vos, dentro de quince días, si residiese
en esa Ciudad, de cuatro meses si en lo restante de la Diócesis, y de seis
si en otra extraña, pero coterránea de ella, contados todos tres términos
desde el día en que le recibiere, y constando también que no tiene otra
Dignidad, Canonjía ni Beneficio en las Indias, o que lo ha renunciado
antes de ser instituido, y que la cobranza de la Media annata, que debe
satisfacer por esta Presentación, se ejecuta teniendo presente lo preve-
nido en Real Cédula de 21 de Diciembre de mil setecientos sesenta y
tres, en inteligencia de que seréis responsable de cualquiera omisión o
descuido que se experimente siempre que algún provisto deje de pagar o
afianzar su respectiva Media annata, antes de tomar posesión de su Pre-
benda, pues si faltando alguna de las enunciadas circunstancias, se hicie-
se Institución, ha de ser en si ninguna como hecha sin mi Presentación.
Y de este despacho se tomará razón en las Contadurías Generales de la
distribución de mi Real Hacienda, (a donde está agregado el registro ge-
neral de mercedes) de mi Consejo de las Indias, y en la de consolidación
de Vales Reales, dentro de dos meses de su data. Y no ejecutándolo así,
quedará igualmente nula esta gracia, y también se tomará en las reales
cajas de esa ciudad de Salta. Dado en Madrid a primero de Julio de mil
278 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

ochocientos siete. Yo el Rey. Yo D. Silvestre Collar, Secretario del Rey


nuestro señor, lo hice escribir por su mandado. El Marqués de Bajamar.
El conde de Pozos Dulces.D. Ramón de Posada. Tomose razón en la Real
Contaduría General de la Distribución de la Real Hacienda. Madrid 8 de
Julio de 1807. Luis Gacel. Tomose razón en la Contaduría General de la
América Meridional. Madrid 9 de Julio de 1807. Por ocupación del Sr.
Contador General.D. Pedro de Otamendi [rubricado].

Presentación de D. José Miguel de Castro de la primera Canonjía


de nueva erección de la Catedral de Salta.

Aranjuez en 22 de Junio de 1807

D. José Miguel de Castro. Presentación de la primera Canonjía


de nueva erección de la Catedral de Salta.

D. Carlos, etc. Reverendo en Cristo Padre Obispo de la Salta Iglesia


de Salta del Tucumán, de mi Consejo. Ya sabéis que así por derecho
como por Bulas Apostólicas me pertenece la presentación de todas las
Dignidades, Canonjías, Beneficios Eclesiásticos de mis Reinos de las
Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano; e igualmente la división
y establecimiento de nuevas diócesis, en donde tuviere por conveniente
con las Dignidades, Prebendas y Beneficios correspondientes; respecto
de lo cual, habiendo resuelto a consulta de mi Consejo Pleno de las
Indias de 19 de Octubre de mil ochocientos cinco la erección de ese
Obispado, y la Dignidad de Deán y dos Canonjías, por ahora, cuya
renta está regulada a cada una en tres mil trescientos cincuenta y seis
pesos al año, y atendiendo a la idoneidad, suficiencia y demás buenas
prendas, que concurren en D. José Miguel de Castro, cura de la Punilla,
en la diócesis de Córdoba del Tucumán, he resuelto presentarle para la
primera Canonjía. Y os ruego y requiero que ni por vuestro diligente
examen (sobre que os encargo la conciencia) hallareis que el referido
D. José Miguel de Castro, es persona idónea y en quien concurren las
calidades correspondientes, le hagáis colación y canónica institución de
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 279

la mencionada Canonjía, y le deis la posesión, disponiendo se le acuda


con los frutos, rentas, proventos y emolumentos que le pertenecen bien
y cumplidamente, sin que le falte cosa alguna, con tal que se presente
personalmente, y no por medio de procurador, con este título ante Vos,
dentro de quince días, si residiese en esa Ciudad, de cuatro meses si en
lo restante de la Diócesis, y de seis si en otra extraña, pero coterránea
de ella, contados todos tres términos desde el día en que le recibiere, y
constando también que no ha sido expulso de alguna de las Religiones,
que tiene otra Dignidad, Canonjía ni Beneficio en las Indias, o que lo ha
renunciado antes de ser instituido, y que la cobranza de la Media annata,
que debe satisfacer por esta Presentación, se ejecuta teniendo presente lo
prevenido en Real Cédula de 21 de Diciembre de mil setecientos sesenta
y tres, en inteligencia de que seréis responsable de cualquiera omisión o
descuido que se experimente siempre que algún provisto deje de pagar o
afianzar su respectiva Media annata, antes de tomar posesión de su Pre-
benda, pues si faltando alguna de las enunciadas circunstancias, se hicie-
se Institución, ha de ser en si ninguna como hecha sin mi Presentación.
Y de este despacho se tomará razón en las Contadurías Generales de la
distribución de mi Real Hacienda, (a donde está agregado el registro ge-
neral de mercedes) de mi Consejo de las Indias, y en la de consolidación
de Vales Reales, dentro de dos meses de su data. Y no ejecutándolo así,
quedará igualmente nula esta gracia, y también se tomará en las reales
cajas de esa ciudad de Salta. Dado en Aranjuez a 22 de Junio de mil
ochocientos siete. Yo el Rey. Yo D. Silvestre Collar, Secretario del Rey
nuestro señor, lo hice escribir por su mandado. El Marqués de Bajamar.
El conde de Pozos Dulces.D. Ramón de Posada. Tomose razón en la Real
Contaduría General de la Distribución de la Real Hacienda. Madrid 30
de Junio de 1807. Luis Gacel. Tomose razón en la Contaduría General
de la América Meridional. Madrid 30 de Junio de 1807. Por ocupación
del Sr. Contador General.D. Pedro de Otamendi [rubricado].

AGI, Buenos Aires 603.


280 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

Títulos y méritos del Dr. D. José Miguel de Castro,


primer Canónigo de Salta26

s/f

Natural de Salta del Tucumán. De edad de 48 años.


Hizo su carrera literaria en el Seminario Conciliar de Loreto de
aquella santa Iglesia, desempeñando todas sus obligaciones.
Recibió los grados de Licenciado y Doctor en Teología por la Uni-
versidad de dicha ciudad de Córdoba.
Cura interino desde el año 1781 del curato de San Javier, de la juris-
dicción de Córdoba, y en propiedad desde el de 1783, que sirvió hasta el
de 1793, en que obtuvo el que actualmente obtiene.
Examinador Sinodal y Visitador de los pueblos de Pocho y San
Javier, de aquel Obispado.
Tiene favorables informes del muy Reverendo Arzobispo de Charcas
y Reverendo Obispo del Tucumán, que recomienda a este interesado por
sus particulares circunstancias.

AGI, Buenos Aires 614.

CONCLUSIÓN
Aquí termina nuestro trabajo. Creemos que tiene, entre otros, el
valor añadido de que nos permite ver el proceso de entrada de estas
dignidades en distintas ternas para ocupar las distintas sedes episcopales
americanas. El proceso es siempre el mismo, y muy sencillo, en el que
para nada intervienen los clanes o intereses familiares para aupar a sus
miembros a distintas sedes episcopales, con la intención de disfrutar de
las prebendas del poder eclesiástico, cuando ya gozaban de las delicias

26
La misma información, pero mucho más amplia viene en AGI, Buenos Aires
602.
NICOLÁS VIDELA DEL PINO, PRIMER OBISPO DE SALTA 281

del poder civil. Nada hay que avale interpretaciones de ese estilo, que
juzgamos carentes de toda base documental.
Queremos partir, para mayor precisión y claridad, de la cita textual
tomada de los trabajos que han merecido nuestra atención y reparo en
este tema. Esta es la primera cita textual de nuestra disconformidad:
“Distintos autores han señalado ya cómo recibir órdenes respondía tanto
a estrategias personales como a familiares: consolidar un determinado
status, controlar redes de poder económico, ideológico y político, evitar
el desmoronamiento de los bienes heredables, obtener recursos para la
manutención de una familia son, junto a la vocación, sólo algunos de los
motivos por los que se decidía o aceptaba el ingreso al clero” (Caretta,
2000:89). El mismo Roberto Di Stefano abunda en la misma interpre-
tación, que tampoco compartimos, mientras no se apoye en documen-
tación real, concreta y perfectamente identificable de la época, que lo
confirme. Lo contrario creemos que no supera el género de la mera y
gratuita suposición. Di Stefano incide concretamente también en “el
peso de estrategias familiares orientadas a controlar espacios de poder
social y eclesiástico y compensar eventuales desequilibrios dentro de la
familia” (Di Stefano, 2008:114).
En la abundante documentación que acabamos de ofrecer, no hemos
encontrado la más mínima y elemental huella de lo afirmado en las dos
citas anteriores, ni en general ni acompañando a algún aspirante con-
creto, lo que creemos que dejan sin base a esos intentos de explicar la
vocación sacerdotal y su postrer ingreso en los distintos niveles de las
dignidades eclesiásticas. Nosotros tenemos también estudiados todo el
proceso de imposición de las distintas órdenes eclesiásticas a docenas
de aspirantes al sacerdocio por Nicolás Videla del Pino, primer obispo
de Salta (1807-1819). Nada hemos encontrado de esas pretendidas redes
sociales y familiares para encumbrar a sus miembros a los niveles supe-
riores eclesiásticos. Como este tema no es de aquí, no nos detenemos en
el, pero sí resaltar uno de los datos importantes de todos los altos cargos
eclesiásticos, que ocupan la documentación anterior.
En el caso de la elección para esos altos cargos, siempre tenemos la
presencia de la autoridad real y de su máximo organismo el Consejo de
Indias, quienes en la Colonia eran los que dictaminaban en cada caso,
282 EMILIANO SÁNCHEZ PÉREZ, OSA

sobre la presentación de las ternas presentadas para cubrir los distintos


altos cargos eclesiásticos vacantes en las distintas diócesis, para lo que
solicitaban y recibían los correspondientes y minuciosos informes de
cada uno de los aspirantes propuestos, tanto criollos como peninsulares.
Es innecesario aclarar que si estos eran peninsulares, tenían un poco
complicado el interferir y disponer en el NOA, tanto en el período colo-
nial como patrio, de esas supuestas redes familiares de poder.

BIBLIOGRAFÍA
CARETTA, G. (2000). “Con el poder de las palabras y de los hechos: El clero
colonial de Salta entre 1770-1820”: MATA, S. (COMP. ), Persistencia y cam-
bios: Salta y el Noroeste argentino (1770-1840). Rosario. Prohistoria.
DI STEFANO, R. (2008). “Los estudios sobre el clero secular en la historiografía
reciente”: CARETTA, G. Y ZACCA, I. (COMP. ), Para una historia de la Igle-
sia. Itinerarios y estudios de caso. Salta. Universidad Nacional-Facultad
de Humanidades.
V SEMANA AGUSTINIANA
DE PENSAMIENTO
CIENCIA, ÉTICA, RELIGIÓN

La Orden de San Agustín en Argentina organiza desde el año 2005


la Semana Agustiniana de Pensamiento. En su tratado sobre la Trinidad
escribió el Obispo de Hipona: “Hay que buscar la verdad con empeño
para que su encuentro produzca mayor satisfacción. Y hay que disfru-
tarla sin hastío para seguir buscándola con nuevo afán” (tr. 15, 2, 2).
Siguiendo la invitación de san Agustín, del 3 al 7 de agosto de 2009 tuvo
lugar en el Auditorio San Agustín de la Parroquia homónima en Buenos
Aires (Av. Las Heras 2560) la V Semana Agustiniana de Pensamiento,
en esta ocasión con el lema: Ciencia, ética, religión. Transcribimos el
texto de las conferencias, desgravadas por el Ing. Alberto Boccacci y
revisadas por los autores.
Hacemos una breve memoria de las cuatro semanas anteriores:

Año 2005, 8-12 de agosto


Con el lema Eucaristía y conversión, se ofrecieron estas confe-
rencias: Una lectura desde san Agustín. La conversión de Agustín y el
problema de las “Confesiones” (Silvia Magnavacca), Elementos funda-
mentales para una lectura actual de san Agustín (Silvia Magnavacca),
La memoria en san Agustín (Valentín Cricco), Gratuidad y libertad – El
itinerario de san Agustín (Alberto Sanguinetti) y La Eucaristía – Sacra-
mento de Comunión en san Agustín (Rafael de la Torre, OSA).

Año 2006, 3-7 de julio


Con el lema Ciudad de Dios – Ciudad de los hombres, se ofrecieron
estas conferencias: Sociabilidad e insociabilidad en La ciudad de Dios
de san Agustín (Miguel Ángel Rossi), La acción social de la Iglesia
en la Argentina. La experiencia de una comunidad cristiana (María
Alejandra Fernández Herrero), La acción política en el pensamiento de
san Agustín (Gaspar Risco Fernández), Panel sobre religión y derechos
humanos (Rabino Adrian Herbst, Sheij Gabriel Mohsen Ali, Pastor lu-
286 CIENCIA, ÉTICA Y RELIGIÓN

terano David Calvo y José A. Amadeo) y La presencia de la Orden de


San Agustín en la ciudad de los hombres (Jesús Guzmán, OSA).

Año 2007, 6-10 de agosto


Con el lema San Agustín y la catequesis, se ofrecieron estas con-
ferencias: La catequesis y la dimensión lúdica de la fe (Juan Carlos
Pisano), Catequesis y lectura popular de la Biblia (Sandra Mansilla), La
metodología catequística de san Agustín (Luis Nos Muro), Kerigma y
catequesis hoy (Alejandro Puiggari) y La catequesis de los principiantes
(Gerardo García Helder).

Año 2008, 11-15 de agosto


Con el lema Justicia y verdad, se ofrecieron estas conferencias:
Justicia y verdad en el pensamiento de san Agustín (José Guillermo
Medina, OSA), Una tierra para todo (Jorge R. Lugones), La política
hoy – El arte de reconstruir los lazos ciudadanos en la Argentina, en
verdad, justicia y reconciliación (Carmelo J. Giaquinta), La cuestión
de la alteridad y la virtud de la justicia (Agustina Borella) y Justicia
y verdad – Panel interconfesional (Diana Rocco Tedesco, Luis Pérez
Bahamonde y Tomás Mackay).
LA TEOLOGÍA DE LA CREACIÓN
EN LA ERA DE LAS CIENCIAS*

Lucio Florio
UCA – UNSTA
Buenos Aires

Después de siglos de enfrentamiento entre ciencia y religión, asisti-


mos hoy a un acercamiento entre ambos temas. Quiero presentar algunas
temáticas de vastos objetivos, sobre todo enfocadas en el área de la teo-
logía dogmática o sistemática, incorporando personalidades científicas
en el discurso de la fe, en la percepción de la fe.
Bien sabemos de fuertes desencuentros entre el pensamiento moder-
no positivista, y la fe como fenómeno religioso. Pero hoy hay como un
intento de tender un puente de diálogo considerando que ningún sector
del conocimiento, ninguna disciplina en particular, ningún método agota
la increíble vastedad de la realidad que nos circunda. Evidentemente
para que esto ocurra tienen que haber habido hechos históricos, algu-
nos internos al pensamiento científico, como por ejemplo, las crisis de
los modelos positivistas y neo-positivistas, o por razones de filósofos o
epistemólogos de la ciencia. Se trata de reflexiones que han acotado las
pretensiones de la ciencia. Tal como las conocimos en el siglo XVIII y
particularmente en el XIX, y que ha tenido sus ecos en la Argentina.
Esto no quiere decir condenar al positivismo. Al respecto, hago referen-
cia a lo que ocurrió en la Ciudad de La Plata, en donde vivo. Hasta fines
del siglo XIX era campo, la pampa. Existían los pueblos de Magdalena,
Ensenada. Y de pronto, con ese fuerte aliento positivista, surgió una
ciudad, con una Universidad, con una Facultad de Ciencias Naturales,
un Observatorio Astronómico y otros centros de estudio.
*
Texto de la conferencia pronunciada el lunes 3 de agosto de 2009 en la V Sema-
na Agustiniana de Pensamiento – Ciencia, ética, religión – Auditorio San Agustín de
la Parroquia San Agustín de Buenos Aires.
288 LA TEOLOGÍA DE LA CREACIÓN EN LA ERA DE LAS CIENCIAS

Yendo ahora a nuestro ámbito, deberíamos preguntarnos qué signi-


fica esto para la teología. Está bien que consideremos el tema religión-
ciencia como algo genérico.
Pero también es necesario que focalicemos la mirada en las ciencias
con sus propias características y logros, así como también en la religión,
en particular la teología, con su propio campo de conocimientos.
La consideración del tema religión-ciencia y no teología-ciencia
obedece probablemente a que en ámbitos académicos se prefiere debatir
con el fenómeno básico de lo religioso y no con formas más raciona-
lizadas tales como las teologías. La teología es la racionalización de
la fe, recurriendo para ello a todos los mecanismos que sirvan a ese
propósito. La teología usó durante el primer milenio de la era cristiana
esa herramienta que significó la filosofía, en particular la filosofía grie-
ga, en especial de Platón y Aristóteles. Esto fue un salto cualitativo al
pasar de consideraciones puramente bíblicas a consideraciones también
filosóficas. Se recurrió además a otras disciplinas como la del lenguaje
(exégesis) e históricas. Pero primó la filosofía. Se llega así a la Suma
Teológica de Santo Tomás de Aquino, entre otros logros.
En los últimos siglos se produce una transformación debido a la
aparición de conocimientos provenientes de las ciencias naturales y
humanas.
Volviendo al principio, este acercamiento entre ciencia y religión se
vio motivado por esa paulatina pérdida de absolutismo positivista pre-
conizado por filósofos utópicos como Augusto Comte y otros. El mismo
avance de la Ciencia se encontró con problemas de difícil solución, como
en el campo ecológico, armamentos, etc. La ciencia logra conocimien-
tos maravillosos de la realidad, pero no exhaustivos. Hay cosas que se
escapan de sus campos de análisis. La ciencia si no está complementada
puede transformarse en algo altamente peligroso.
El pensamiento religioso, y en particular la religión bíblica, se ca-
racteriza por ser conservador. En sus estudios avanza con cierta lentitud
debido al cuidado de no apartarse de la verdad revelada, sabiendo que
debe presentarla correctamente a las nuevas generaciones. Esto hace que
la incorporación de conocimientos provenientes de la ciencia con posi-
LUCIO FLORIO 289

bles connotaciones religiosas sea más lenta. No obstante se ven muchos


artículos sobre el tema religión –ciencia en revistas, libros, congresos,
páginas web. Hay instituciones que promueven estos estudios como,
por ejemplo, la Fundación Templeton, Metanexus Institute, el ESSAT
de Europa, el CTNS de Berkeley, el DECYR, y otras.
Cualquiera puede contactar en página web con solo entrar en Go-
ogle y buscar Ciencia-Religión. En esto participan muchos científicos
y también diversas iglesias que poco a poco han ido entendiendo que
deben involucrarse en un diálogo serio.
Pero no faltan ciertas posturas de algunos científicos que proponen
formas nuevas anti-teístas. Por ejemplo, la idea de un dios que como
subraya el biólogo inglés Richard Dawkins tiene sus fauces ensangren-
tadas, pues ha creado el leopardo y el antílope simultáneamente. Esto
tiene poco que ver con el Dios Amor joánico. Se pregunta Dawkins si
habría que concebir a un Dios sádico que disfruta contemplando hechos
sangrientos.
Así también, el paleontólogo francés Michel Brunet recuerda iró-
nicamente en uno de sus libros la resistencia del siglo XIX a los datos
provenientes de la paleontología, que venían a contrariar la idea del occi-
dente cristiano de un hombre perfecto salido de las manos de Dios hace
6000 años, y así también la demora en admitir la evolución biológica. En
esto también ironizó Jones diciendo que la iglesia católica tardó 150 años
en reconocer que la evolución es algo más que una simple hipótesis.
Evidentemente el caso Galilei configura un símbolo en este sentido
del pensamiento conservador de la iglesia católica. A tal punto que en
una encuesta hecha en Europa entre estudiantes, el 70% creía que Gali-
leo había sido condenado a la hoguera.
Hay una leyenda atribuida a san Beda el Venerable. Contó que unos
misioneros del norte de Europa habían sido tomados prisioneros por una
comunidad de gente pagana. Estos prisioneros se consolaban pensando
que sus vidas eran como la de un pajarito que, desde un entorno de frío
y nieve, lo veían entrar por una ventana de un palacio y tras recorrer
una larga sala luminosa y calefaccionada, lo veían salir por otra ventana
nuevamente al frío y la nieve. Para ellos la sala era como los momentos
290 LA TEOLOGÍA DE LA CREACIÓN EN LA ERA DE LAS CIENCIAS

de oración. Esto le dio apoyo a Steven Weinberg, quien sostiene en uno


de sus libros que es preferible el consuelo de la ciencia a la ilusoria con-
solación de la religión.
Todo esto habla de una situación nueva que todavía mantiene aristas
conflictivas. Esto impacta en la elaboración de la Teología, que acepta
incorporar conceptos y términos nuevos que enriquecen sin duda el
panorama cognoscitivo.
Un punto que quiero señalar, a título de ejemplo, es mostrar cómo
esta invasión de conocimientos surgida en el siglo XIX ha ampliado
la óptica bajo la cual se puede ver un tema bíblico interesante como es
Génesis 1. Es un repensar Génesis 1 con ciertas categorías propias de las
ciencias de los últimos tiempos. Se trata de un texto de un teólogo-cien-
tífico, Arthur Peacock, Aclaro que en esta última década han aparecido
varios teólogos-científicos, como J. Polkinghorne, Depeter y otros.
Me voy a referir, pues, a este texto titulado Génesis para el tercer
milenio. Es así:
“Estaba Dios y Dios era todo lo que había. El Amor de Dios fluyó y
Dios dijo que otro sea (la Creación) y que tenga la capacidad de trans-
formarse en lo que pueda ser, haciendo él mismo, y que pueda explorar
sus potencialidades.
Y hubo otro Dios (otra manifestación): un campo de energía, energía
vibrante, pero no materia, espacio, tiempo o forma, obedeciendo las le-
yes dadas y con un intenso surgimiento de energía caliente, un big-bang
caliente. Éste explotó como universo desde un punto hace doce millones
de años generándose el espacio. Vibrantes partículas fundamentales
aparecieron, se expandieron y se ampliaron, formándose nubes de gas
bañadas en luz radiante. Aún el Universo seguía expandiéndose y con-
densándose en remolinos de materia y luz. Un billón de galaxias.
Hace sólo tres millones de años algunas moléculas se hicieron sor-
prendentemente grandes y complejas como para hacer copia de ellas
mismas y transformarse en las primeras partículas de vida. La vida
se multiplicó en los mares diversificándose y volviéndose más y más
complejas. Hace quinientos millones de años aparecieron criaturas con
LUCIO FLORIO 291

esqueletos sólidos: los vertebrados. Las algas y las plantas verdes en la


tierra transformaron la atmósfera produciendo oxígeno.
Hace cinco mil millones de años una estrella de nuestra galaxia se
rodeó de materia en forma de planetas. Uno de ellos fue la Tierra. En
ella un enjambre de átomos a la temperatura justa hizo posible que se
formaran las rocas sólidas y el agua. Los continentes y las montañas
crecieron. Hace tres mil millones de años algunas moléculas se hicie-
ron sorprendentemente grandes y complejas como para hacer copias
de ellas mismas y transformarse en las primeras partículas de vida. La
vida se multiplicó en los mares diversificándose y volviéndose más y
más complejas, Hace quinientos millones de años aparecieron criaturas
con esqueletos sólidos: los vertebrados. Las algas del mar y las plantas
verdes en la Tierra transformando la atmósfera y produciendo oxígeno.
Hace 300 millones de años ciertos peces aprendieron a reptar fuera del
mar y en la costa respiraron ese oxígeno del aire. La vida estalla en mu-
chas formas: reptiles, mamíferos, saurios sobre la Tierra y los pájaros
del aire.
Durante millones de años los mamíferos se desarrollaron en formas
complejas que le permitieron aprender, entre ellas criaturas que vivían
en los árboles. De ellas derivan nuestros primeros ancestros, y luego
hace sólo cuarenta mil años aparecieron los primeros hombres y muje-
res. Ellos comenzaron a conocerse y a saber lo que estaban haciendo.
No eran sólo conscientes, sino autoconscientes. Se oyó la primera pala-
bra, la primera risa. Un te quiero. El primer sentido del más allá fueron
los primeros signos de esperanza, ya que aquella gente enterraba a sus
muertos con rituales. Se oyeron las primeras plegarias hacia el que todo
lo es y todo lo está modelando, las primeras experiencias de belleza, de
bondad y verdad, pero también sus opuestos”.
Otro punto que quiero agregar es un tema relacionado con una
terminología muy antigua: me refiero al asunto de los dos libros. Fue
mencionado en la Patrística, y en particular en la Escolástica por san
Buenaventura: la idea de que Dios le dio al hombre dos libros, el de la
Naturaleza y el de la Revelación. Se trata de una metáfora interesante
para repensar este tema de ciencia y religión, ciencia y teología. La idea
de que el mundo es un libro de Dios está presente en los textos bíblicos.
292 LA TEOLOGÍA DE LA CREACIÓN EN LA ERA DE LAS CIENCIAS

En los Salmos, por ejemplo. En el Salmo 19 leemos: El cielo proclama


la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día
transmite al otro su mensaje, y las noches van dando la noticia. Como
también el hermoso Salmo 8. Y también, sobre todo, el libro de la Sa-
biduría, que asegura que se puede acceder a Dios a través de sus obras.
Esto se aprecia asimismo en san Pablo en la Carta a los Romanos.
Esto fue considerado por autores cristianos como san Justino, un
filósofo convertido al cristianismo. Nos habla de la semilla del Verbo.
Dios dejó caer semillas del Logos desparramadas en la Creación, en el
Universo. Un Dios formó todas las cosas en el mundo a través de la
Palabra y el Espíritu Santo, y aunque en Él su vida es para nosotros
invisible e impensable, su Palabra nos ha mostrado lo que de otros
modos el hombre pudo haber conocido.
Rescato una frase de la Edad Media: Toda criatura es como un
libro, imagen, espejo de la realidad de Dios.
San Buenaventura escribió con mucho optimismo que si no hubiera
sido por el pecado el hombre podía haber leído el libro de la Naturaleza
como un misterio trinitario, no sólo como un Dios Creador, Uno.
El mismo Dante Alighieri en la Divina Comedia usa esta idea en
Paraíso 32. Entre la Edad Media y la Moderna se encuentran frases her-
mosas como éstas: “Enséñanos, Señor, cómo de una sola mirada puedes
captar todas las cosas en su conjunto y en sus particularidades. Si yo
quisiera leer un libro vería inicialmente toda página en forma confusa;
y si quisiera entrar en sus detalles tendría que detenerme en cada una
de sus palabras y sílabas; en cambio, Tú ves toda la página en su con-
junto y en sus detalles y la puedes leer en un solo acto, sin intervalos”.
Sin embargo, recordemos que Lutero se aferraba a la “sola Scriptura”,
aunque hoy sus diversos seguidores no piensan tan así.
En el siglo XX se vio una gran confianza en la legibilidad del mun-
do. Ahora el mundo se lee con otra óptica: la de los experimentos, con
métodos científicos, con matemáticas. La teología natural tiene poca
cabida en el análisis del mundo con conceptos puramente bíblicos. Tene-
mos que pensar que el Cosmos es un libro de Dios escrito con variados
caracteres. Se lee no sólo con matemáticas, con experimentación, con
LUCIO FLORIO 293

poesía. Es un libro con muchos registros. Pero ninguno es exclusivo. Se


lee por supuesto con visión teológica, una visión profunda en cuanto al
sentido oculto del Universo. Un Universo creado, recreado en Cristo, en
un acto libre y que tiene un destino en el mismo Dios.
Sin embargo, esta lectura solamente teológica provocaría una enaje-
nación de las auténticas condiciones en las que se desarrolla este univer-
so tan increíblemente vasto y complejo. Hay, no obstante, excepciones de
corte fundamentalistas y literalistas de algunas comunidades cristianas,
como por ejemplo en EE.UU., en que se aferran a un discernimiento
puramente teológico-bíblico, es decir una lectura literal que privilegia
lo teológico e impide otra comprensión del universo.
Hay que trabajar con una visión integradora e interdisciplinaria.
El universo tiene miles de millones de años. No tiene fronteras expe-
rimentables. Los astrónomos son científicos que no pueden realizar
experimentos. Imposible provocar un eclipse. El universo nos abisma
con la cantidad inconmensurable de cuerpos celestes, manteniéndonos
en ascuas acerca de la posibilidad de otras vidas y otros mundos. Tam-
bién se lo puede visualizar desde un punto de vista poético o artístico
captando la estética que hay en él y generando una visión gozosa y
múltiple. Por otra parte las consideraciones filosóficas apuntan a una
visualización ontológica en cuanto a su referenciabilidad y participación.
Esta diversibilidad de caracteres y códigos debe ser respetada bajo pena
de encaminarse a la paradójica ignorancia del especialismo. El mundo
es pluralmente legible, un mundo que da siempre mucho que pensar. La
teología puede ofrecer a la comprensión del universo instancias críticas.
Una visión hermenéutica prolonga la comprensión del universo hacia
límites que escapan a la metodología científica.
El creyente, el conocedor bíblico está en una posición privilegiada
para visualizar temas de la Creación, tanto más a la luz de la Encarna-
ción y de la Pascua. La integración, pues, de estas concepciones, teoló-
gicas, científicas, poéticas, filosóficas, ofrece una lectura más profunda
del texto de la naturaleza. Obviamente cada una tiene un valor y alcance
propios, pero contribuyen a lograr una visión nueva de este universo en
que vivimos.
A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN
Y A 150 AÑOS DE LA PRIMERA EDICIÓN DE SU OBRA
EL ORIGEN DE LAS ESPECIES*

Elena Yeyati
Universidad Argentina J. F. Kennedy
Buenos Aires

El 2009 presenta dos aniversarios significativos relacionados con


Charles Robert Darwin: el bicentenario de su nacimiento (12 de febrero
de 1809) y el sesquicentenario de la publicación de la primera edición de
su libro El Origen de las Especies (24 de noviembre de 1859). Si bien este
naturalista inglés, representante de la ciencia victoriana, no fue el prime-
ro en esbozar una teoría sobre la evolución de los seres vivos, sus ideas
siguen contando con defensores acérrimos y detractores contenciosos.

DARWIN Y EL EVOLUCIONISMO: ACLARANDO CONCEPTOS


Sin entrar en el fanatismo pro y antidarwinista, que nunca es sa-
ludable, es bueno clarificar algunas confusiones, verdades a medias y
exageraciones que hay sobre Darwin y el evolucionismo en general. En
un reciente artículo publicado en el diario Los Andes (21 de febrero de
2009), el Dr. Juan Manuel Torres, Profesor titular de Epistemología en la
Universidad Tecnológica Nacional-Regional de Mendoza y del Instituto
de Ciencias Básicas de la Universidad Nacional de Cuyo, comenta que
es crucial advertir que la expresión Teoría de la Evolución tiene dos
significados que, si no se los distingue nítidamente, se llega pronto a
graves errores conceptuales e históricos.
Un primer significado radica en la hipótesis de que las actuales es-
pecies son descendientes de otras que eran muy diferentes y menos com-
*
Texto de la conferencia pronunciada el martes 4 de agosto de 2009 en la V Se-
mana Agustiniana de Pensamiento - Ciencia, ética, religión – Auditorio San Agustín
de la Parroquia San Agustín de Buenos Aires.
296 ELENA YEYATI

plejas. En este primer sentido: o bien las especies actuales descienden de


otras (evolucionismo) o bien no es así (doctrina creacionista estricta).
Un segundo significado de la expresión se refiere al conjunto de
mecanismos de acuerdo con los cuales se habrían producido los cam-
bios que condujeron a las especies actuales. En este segundo sentido,
actualmente existen varias teorías de la evolución –al menos cuatro– que
compiten fuertemente entre ellas en los centros académicos. La teoría
que Darwin intenta explicar este segundo sentido o significado, es decir,
dar cuenta de los mecanismos de la evolución.
Para la época de la publicación de El Origen de las Especies, la
suposición de que las formas vivientes de hoy descienden de otras muy
diferentes estaba generalizada en el mundo académico, especialmente
en Francia y en Alemania.
Según Darwin, la evolución de las especies acontece porque en
algunos miembros de las poblaciones vivientes se presentan en algún
momento dado variaciones mínimas ocurridas al azar. Estas variaciones
morfológicas y fisiológicas –un pico más largo que facilita la obtención
de alimentos, un cambio de coloración que ayuda a escapar de los de-
predadores, etc.–, pueden hacerlos más eficientes para desempeñarse en
su ambiente. Por tanto, tendrán ventajas relativas con respecto a otros
miembros en los que tales variaciones no se han dado y se reproducirán
más pues tienen más posibilidades de sobrevivir. Éste es, en esencia,
el mecanismo darwiniano conocido como evolución por medio de la
selección natural.
Testimoniando que la ciencia no es neutral ni ahistórica y que el
pensamiento de Darwin estaba empapado de la mentalidad de su en-
torno, debemos resaltar que el mecanismo que él propone en su teoría
sobre el origen de las especies ya existía tanto en las teorías sociales
de Malthus y Spencer como en el liberalismo clásico. O sea, había una
predisposición social para ese tipo de teoría de la evolución.
De hecho, la selección natural, conforme al propio Darwin, es una
aplicación de la teoría de Malthus a los reinos animal y vegetal, de
acuerdo con la cual el crecimiento de la población no es acompañado
por el crecimiento de los recursos disponibles; así, se torna necesaria
A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN 297

una limitante natural que bloquee el crecimiento poblacional (epidemias,


dolencias ocasionadas por el hambre y las guerras) o la intervención
mediante controles de natalidad en las poblaciones pobres. Darwin
cita a Malthus dos veces en su libro El origen de las especies, una en
la introducción y otra en el capítulo tercero (“La lucha por la supervi-
vencia”). En ambas referencias, Darwin dice textualmente que su idea
“es la doctrina de Malthus aplicada a la totalidad de los reinos animal y
vegetal” (Darwin, 2004).
Como consecuencia, en su comprensión del origen de las especies,
Darwin ve en la naturaleza una constante lucha por la supervivencia,
cuyos vencedores eran agraciados con la posibilidad de tener una mayor
prole. Esta idea generó una imagen de la naturaleza “roja en dientes y
garras” de los naturalistas del siglo XIX. El darwinismo, por lo tanto,
es una teoría que propone la competencia como el motor que propulsa el
desarrollo de las especies, pues la selección natural ocurre no solamente
influida por su relación con el ambiente físico sino también con indivi-
duos de su misma especie y sus depredadores.
Sin embargo, como comenta el Dr. Torres, que Darwin no haya sido
el primero en afirmar la Evolución, que su teoría se encuentre hoy criti-
cada en la comunidad científica, no empalidece sus méritos. Entre éstos
se destacan haber sido un naturalista extraordinario, viajero incansable
y observador agudo del mundo de la vida y del valor biológico de las
variaciones mínimas que acontecen en los organismos.
Su doctrina del rol de la selección natural en poblaciones, es decir,
entre organismos de una misma especie, es de un inmenso valor para la
biología y la medicina, más allá de que parezca actualmente insuficiente
para explicar el surgimiento de nuevas especies. Asimismo, su defensa
pública de la realidad de la Evolución en una Inglaterra victoriana, ultra
conservadora y hostil a sus ideas, mostró en él la honestidad que carac-
teriza a los grandes científicos.
Por lo tanto, la existencia de la selección natural –que elimina lo no
adaptativo, conservando y acumulando lo que sí lo es– y su influencia
dentro de los cambios en las poblaciones, es decir dentro de una misma
especie (lo que se conoce también con el nombre de microevolución) es
298 ELENA YEYATI

un hecho que puede ser demostrado y reproducido experimentalmente.


Lo que en el siglo XXI sigue en duda es que con los conocimientos ac-
tuales sobre genética, biología molecular, geología y paleontología este
mecanismo sea suficiente para explicar la aparición de nuevas especies
(lo que se denomina también macroevolución), aún esgrimiendo como
argumento que éstas surgieron a lo largo de millones de años. Veamos
entonces cuál es la crisis latente del paradigma darwinista en el siglo
XXI.

LOS PROBLEMAS PERSISTENTES DE LA TEORÍA DARWINISTA


En su artículo “La crisis latente del darwinismo”, publicado en el
año 2006 en la Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia Ascle-
pio, Mauricio Abdalla, profesor de Filosofía de la Ciencia en la Univer-
sidade do Espirito Santo en Brasil, sostiene que los sistemas complejos,
como los seres vivos, no pueden ser sometidos a un procedimiento
analítico reduccionista, pues su comportamiento emerge justamente
del hecho de que constituyen una totalidad interdependiente y no de las
propiedades de cada uno de sus componentes en particular.
Según algunos defensores a ultranza del darwinismo, el problema
relacionado con la improbabilidad de que se formen estructuras com-
plejas al azar es anulado por las escalas temporales que plantea la evo-
lución, contadas en miles o centenas de millones de años, lo que daría
tiempo suficiente para que acontecieran eventos improbables.

Un universo molecular irreduciblemente complejo


Darwin no tenía la menor noción de lo que ocurría en el interior de
una célula, pero el programa de investigación molecular de la vida con
los avances del último siglo, no sólo fue revelando la estructura de las
moléculas básicas de los procesos bioquímicos, sino también desman-
telando la idea de que la célula era una unidad simple, fruto de un mero
amontonamiento de componentes a lo largo del tiempo.
El exquisito nivel de organización de las células se manifiesta en las
intrincadas y altamente coordinadas interacciones entres las moléculas,
A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN 299

que buscan mantener vivo un organismo, posibilitar su desarrollo me-


diante el metabolismo y la síntesis de proteínas y permitir su replicación
con el mínimo de error posible. Este impresionante grado de complejidad
queda oculto o soslayado, la mayoría de las veces, en los relatos cuasi
caricaturescos de algunos autores que procuran dar una explicación
científica para el surgimiento y la evolución de la vida.
En el libro Biología molecular de la célula en su edición 2004, que
muchos estudiantes universitarios tienen como texto de cabecera, sus
autores, que incluyen a James D. Watson –premio Nobel de Medicina y
Fisiología en 1962 por desentrañar la estructura del ADN–, intentan ser
un poco más cautos a la hora de hablar del surgimiento de los sistemas
bioquímicos básicos intracelulares: “Los procesos moleculares involu-
crados en la síntesis de proteínas en las células actuales parecen insolu-
blemente complejos –escriben–. Aunque comprendemos la mayoría de
ellos, es especialmente difícil imaginar cómo evolucionó la síntesis de
proteínas, tomando en cuenta que hoy en día se realiza a través de un
complejo sistema interconectado de moléculas de proteínas y ARN”.
Es preciso entonces enfatizar que los biólogos darwinistas han
dedicado su atención al mundo macroscópico y a la evolución de los
mamíferos principalmente, pero no han reflexionado acerca de los ci-
mientos de la vida, que son microscópicos, moleculares. En el mundo de
la bioquímica las cosas adquieren un grado de complejidad sin ninguna
analogía posible en el mundo macroscópico y que ponen en tela de juicio
que ésta se haya originado, al menos exclusivamente, por mutaciones
aleatorias graduales en el código genético mantenidas por selección
natural, tal como sustenta la narrativa darwinista.
Para Mauricio Abdalla, los seres vivos presentan una complejidad
irreducible, ya que son sistemas compuestos por varias partes que inte-
ractúan y cuya funcionalidad depende de la presencia y acción de todos
sus componentes al mismo tiempo. Si falta uno de los engranajes en uno
de estos sistemas irreduciblemente complejos, éste será, por definición,
no funcional.
Por ejemplo, el sistema de coagulación sanguínea es un proceso que
ocurre en forma de cascada: cuando es activado por un corte que pro-
300 ELENA YEYATI

voca sangrado, se desencadena una concatenada activación de proteínas


produciendo como resultado final un coágulo. Si falta alguno de los ele-
mentos de esa cascada se puede generar una hemorragia descontrolada
o bien una trombosis generalizada. Una narrativa darwinista podría
limitarse a decir que la adquisición de un precursor del sistema de coa-
gulación sanguínea, ocasionado por una pequeña mutación aleatoria en
el ADN o por una duplicación de genes, ofreció una ventaja selectiva a
un ancestro remoto de los actuales animales y que por eso fue manteni-
da. Después, sucesivas mutaciones ocasionales (siempre al azar) fueron
mejorando ese sistema, aumentándole una que otra proteína hasta llegar
al sistema actual.
Sin embargo, es la acción de todas estas proteínas en equipo lo que
permite la formación de un coágulo tan pronto como se presenta un
sangrado, es decir, en el único caso en el que puede aportar una ventaja
para el organismo. La ausencia de una de ellas en el sistema lo vuelve
no funcional. Además, para que el proceso de coagulación no continúe
hasta generar una trombosis generalizada es preciso que el sistema se
encuentre balanceado. Para esto, son necesarias otras proteínas que ac-
túen conjuntamente para que el sistema pueda iniciarse y detenerse en el
momento preciso. De lo contrario, su inicio y fin estarían descontrolados
y sólo servirían para matar al organismo. Como si esto fuera poco, una
vez formado, el coágulo debe posteriormente ser disuelto, para lo cual
se necesita otra batería de proteínas actuando coordinadamente.
El misterio del sistema de coagulación sanguínea, que sólo funciona
cuando todo está ensamblado, no se encuentra en el número de proteínas
involucradas en el proceso, sino en las interacciones y en el equilibrio
que existe entre las funciones de cada una de ellas. No es cómo surgió
la materia del sistema, sino su organización lo que constituye hoy en
día un desafío para la ciencia.

Un registro fósil sin eslabones perdidos


Otro punto flaco del evolucionismo darwinista es que, si el surgi-
miento de nuevas especies depende de la adquisición gradual de muta-
ciones al azar mantenidas por selección natural, estos cambios deberían
A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN 301

reflejarse en el registro fósil. Sin embargo, los conocimientos de geología


del siglo XXI nos presentan grandes baches de lo que se han denomina-
do “eslabones perdidos”.
Según la teoría tradicional de la evolución, entre los fósiles deberían
encontrarse formas de vida simples que habrían aparecido gradualmente,
provenientes de predecesores similares y que se habrían transformado,
también gradualmente, en formas más complejas. Deberían haberse
encontrado innumerables eslabones de transición entre los diferentes
tipos de seres vivientes, así como vestigios del comienzo de ciertas ca-
racterísticas morfológicas e incluso muestras de su desarrollo completo,
como nuevos miembros, huesos y órganos.
El mismo Darwin dedicó el capítulo noveno de su libro El origen de
las especies a la imperfección del registro geológico, incluyendo el tema
de la pobreza de las colecciones paleontológicas.
Sin embargo, y después de muchos años de estudio e investigación,
el registro fósil sigue siendo parcial, está sesgado y presenta desorden
estratigráfico, comenta Sixto Rafael Fernández López, profesor de Pa-
leontología de la Universidad Complutense de Madrid en un artículo
publicado en la revista Coloquios de Paleontología en el año 2000.
El testimonio de los fósiles sugiere que las formas de vida complejas
parecen haber aparecido súbitamente y sin predecesores evolutivos, con
una variedad limitada dentro de cada especie. Los eslabones de transi-
ción entre los diferentes tipos de seres vivientes brillan por su ausencia
y cada organismo parece presentar todas sus partes completas, es decir,
sin características parciales.

¿DARWIN ERA ANTICREACIONISTA?


A esta altura de nuestro relato podríamos preguntarnos si la idea
de Darwin al proponer su teoría era simplemente negar la creación o
sacarse a Dios de encima. Si nos trasladamos a su forma de razonar
científicamente en la primera mitad del siglo XIX tendremos una visión
más integral de su pensamiento.
302 ELENA YEYATI

El Dr. Antonio Pardo de la Universidad de Navarra en sus “Apuntes


del curso de doctorado: Filosofía de la evolución biológica” sostiene que
Darwin, como hijo de su época, con su obra pretende dar una respuesta
exclusivamente científica del proceso evolutivo mediante un mecanismo
material: la variación espontánea de los individuos y su selección por el
medio ambiente. Los naturalistas de la primera mitad del XIX estaban
buscando con mucho interés una respuesta natural a los procesos evo-
lutivos, pareciéndoles que las explicaciones que mezclaban elementos
filosóficos eran, como mínimo, insuficientes. Normalmente latía detrás
de esta búsqueda de una solución natural una mentalidad cientificista;
pero, independientemente de dicha mentalidad, resulta indudable que
una explicación meramente filosófica del fenómeno evolutivo es incom-
pleta: una visión completa del mundo debe tener en cuenta los aspectos
científicos y filosóficos.
La obra de Darwin aporta, al fin, una respuesta “natural” al origen
de las diversas formas de los seres vivos que, a diferencia de las res-
puestas que circulaban en su época, no es una mera reflexión filosófica
ni tampoco una hipótesis resultado más de la fantasía que de datos ob-
tenidos a partir de la observación de la realidad.
El problema de la obra de Darwin es que, al dar esta explicación
“natural”, esquiva simultánea y deliberadamente toda referencia a Dios,
a la creación, y a muchos conceptos filosóficos que se relacionan directa-
mente con dichos temas, y que eran tema común en las interpretaciones
de la evolución de su época. No aparece ninguna negación de la exis-
tencia de Dios, o de su acción creadora, solamente se silencian dichos
temas. Dicho de otro modo: la obra de Darwin no es formalmente atea
en sus afirmaciones, ni niega la creación; es, más bien, cientificista.
Es más, en algunos casos le invaden dudas acerca del origen de
ciertas estructuras por variaciones espontáneas y selección natural de
las más aptas, como puede ser el ojo; sin embargo, al final termina re-
chazándolas, basándose en que el proceso evolutivo ha tenido una can-
tidad de tiempo inconmensurable, de modo que incluso estructuras tan
sofisticadas como las encargadas de la visión (por seguir con el caso que
él mismo refiere) se derivarían de variaciones suaves al azar y selección
ambiental de las más favorables. En suma, ni en las cuestiones de más
A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN 303

difícil esclarecimiento llega a recurrir a algo distinto a la demostración


científica, sino que lo fía todo a la explicación natural que acaba de
descubrir.
En contraste con la postura de Pardo, en el libro Creación, evo-
lución y registro fósil (2003), el Dr. en Bioquímica de la Universidad
de California en Berkeley Duane T. Gish y colaboradores consideran
que el evolucionismo nos despersonaliza, inculcándonos la idea de
que nuestra existencia es fortuita, sin propósito, sin origen ni destino.
Según ellos, esto lleva a la aceptación pasiva de la despersonalización,
consecuencia lógica de intentar eliminar al Creador de Su Universo. El
intento de liberar al hombre de su Dios desemboca consecuentemente
en la deshumanización del hombre, y en la más baja de las esclavitudes:
la de enfrentarse a una pretendida nada con tal de huir de la presencia
de nuestro Dios.
Sin embargo, según Pardo, a diferencia de los contemporáneos de
Darwin, que interpretaron su teoría como una negación de la acción
creadora de Dios, más bien hay que interpretar que la acción creadora
de Dios es la que fundamenta y posibilita la existencia y la actividad del
mundo, con el proceso de la evolución biológica incluido en su interior.
Un creyente no tiene, por tanto, ningún inconveniente en admitir que
unos seres de una especie proceden de otros de otra especie, hombre
incluido, pues es precisamente la acción de Dios la que sustenta todo el
proceso.

LA BIBLIA Y LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA


Los eruditos bíblicos señalan que la Biblia es invariable respecto a
la verdad religiosa, pero no en asuntos que no son significativos para la
salvación. San Agustín, escribió en su De Genesi ad litteram (Comenta-
rio literal al Génesis): “Frecuentemente preguntamos acerca de la forma
del cielo, de acuerdo a las Sagradas Escrituras… Tales asuntos no son
de utilidad para aquellos que buscan la beatitud. Y lo que es peor, usan
tiempo muy precioso que debiera ser dado a lo que es espiritualmente
beneficioso. A mí qué me interesa si el cielo es parecido a una esfera y la
Tierra está encerrada y suspendida en la mitad del universo, o si el cielo
304 ELENA YEYATI

es semejante a un disco y la Tierra está por encima de él y permanece


inmóvil” (Gen. litt. 2, 9).
San Agustín añadió posteriormente en el mismo capítulo: “En el
asunto de la forma del cielo, los escritores sagrados no desean enseñar
a los hombres hechos que podrían ser inútiles para su salvación” (Gen.
litt. 2, 9). El Génesis no es un libro de astronomía elemental. Es un texto
religioso, y no es el propósito de sus autores establecer interrogantes
acerca de la forma del universo ya que esto no está en conexión con la
búsqueda de la salvación.
Según san Agustín, Dios es causa del mundo y lo crea de la nada
(Gen. litt. 7, 5). Sin embargo, admite de alguna manera la posibilidad de
la evolución: “Dios realiza la creación de todas las cosas en el tiempo
y no de forma definitiva. Así, en un principio, Dios crearía las razones
seminales (semillas de vida) que se desplegarían en el tiempo, dando
lugar a los diferentes seres que conocemos en la actualidad” (Gen. litt.
9, 17).
Por su parte, el teólogo alemán Michael Schmaus en su Teología
Dogmática escribe: “Dios ha querido que las cosas se desarrollasen
a partir de un estado originario inicial hasta el que tienen actualmente,
y de acuerdo con esa voluntad seguirán desarrollándose hacia otras
formas. El mundo no ha sido creado en un estado de perfeccionamiento,
sino en un estado de continuo fluir. Dios ha comunicado al mundo un
ser que fluye continuamente. El mundo está en marcha hacia el estado
prescrito por Dios. La teoría de la evolución no sólo no contradice
la doctrina de la creación, sino que se compagina muy bien con ella. La
revelación sólo afirma que el mundo ha sido creado por Dios. La evolu-
ción no comienza desde abajo, sino desde arriba; es decir, Dios mismo
es su punto de partida. Nosotros no sabemos en qué estado de evolución
Dios creó el mundo. Es preciso creer que Dios creó los primeros y no
muy numerosos gérmenes de todas las fuerzas evolutivas, y asimismo
hay que creer que comunicó la existencia mediante un acto especial al
espíritu, el cual, a causa de su peculiaridad específica, no puede surgir
de la materia mediante procesos evolutivos. Por lo demás, incumbe
a la filosofía y a las ciencias el determinar el grado de verdad de las
doctrinas evolucionistas. Estas doctrinas ponen de manifiesto el poder
A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN 305

y la sabiduría de Dios. Sólo Dios puede crear una realidad, la cual, a su


vez, está dotada de fuerzas creadoras” (Schmaus, 1960-64).
Asimismo, algunos teólogos protestantes vieron una solución a la
aparente contradicción entre evolución y creación en el argumento de
que Dios opera a través de causas intermediarias. El origen y movimien-
to de los planetas podría ser explicado por la ley de la gravedad y otros
procesos naturales sin negar la creación y providencia de Dios. De igual
modo, la evolución podría ser vista como el proceso natural a través del
cual Dios trajo seres vivos a la existencia y al desarrollo, de acuerdo con
su propio plan.
Gradualmente, bien entrado el siglo XX, el Papa Pío XII en su en-
cíclica Humani generis (1950) reconoció que la evolución biológica era
compatible con la fe cristiana, aunque él sostenía que la intervención de
Dios era necesaria para la creación del alma humana. Por lo tanto, sólo
resultarían incompatibles, por principio, aquellas teorías evolucionistas
que consideran el espíritu como una emanación de la materia.
En la misma línea, el Papa Juan Pablo II decía ya en 1981 que:
“La Biblia nos habla del origen del universo y lo hace, no con el fin de
proporcionarnos un tratado científico, sino para establecer relaciones
correctas del hombre con Dios y con el universo. Las Sagradas Escri-
turas simplemente desean declarar que el mundo fue creado por Dios,
y con el fin de enseñar esta verdad se expresa con los términos de la
cosmología en uso en la época del escritor. Cualquier otra enseñanza
acerca del origen y constitución del universo es extraña a las intenciones
de la Biblia, la cual no desea enseñar cómo fueron hechos los cielos sino
cómo uno llega al cielo”.
Pero en 1996 también recalcaba que, en honor a la verdad, se debe
hablar actualmente más bien de teorías de la evolución (en plural), las
cuales reflejan no sólo diversos matices sino también diferentes filoso-
fías en las que se apoyan. “Existen, por tanto, lecturas materialistas y
reductivas, y lecturas espiritualistas”. Por consiguiente, “las teorías de la
evolución que, en función de las filosofías que las inspiran, consideren
el espíritu como emergente de las fuerzas de la materia viva o como un
306 ELENA YEYATI

simple epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad


del hombre”.
“La ciencia busca descubrir y explicar los procesos de la naturaleza:
el movimiento de los planetas, la composición de la materia y del espa-
cio, el origen y función de los organismos. La religión trata del significa-
do y propósito del universo y de la vida, las relaciones apropiadas entre
los humanos y su Creador, los valores morales que inspiran y guían la
vida humana. La ciencia no tiene nada que decir sobre estas materias,
ni es asunto de la religión proveer explicaciones científicas para los fe-
nómenos naturales”, remarca el biólogo español Francisco José Ayala,
miembro de la Academia de Ciencias de los EE.UU. en su libro Darwin
y el Diseño Inteligente (2007). “Muchos aspectos de la teoría de la
evolución permanecen como objeto de investigación, discusión y des-
cubrimiento. Pero la incertidumbre alrededor de esos aspectos no arroja
duda sobre el hecho de la evolución. De forma similar, no conocemos
todos los detalles sobre la configuración de la cordillera de los Andes
y de cómo surgió, pero esto no es razón para dudar de su existencia”,
sostiene Ayala.
Que la ciencia llegue a explicar cómo aparece la diversidad de espe-
cies y de seres animados y orgánicos, y su historial genealógico y filo-
genético, no excluye que ese proceso sea gobernado, gestionado. Por el
momento la teoría evolutiva o cualquiera de sus variantes seguirá siendo
la teoría que la ciencia acepte y con la cual trabaje ya que la ciencia se
limita y debe limitarse al ramo de lo natural. Pero las aseveraciones que
se hagan de esta teoría deben ser siempre evaluadas con mucho cuidado,
especialmente cuando se hagan inferencias que se proyecten del campo
natural al campo filosófico, teológico o sobrenatural.
En la década de 1990, apareció el concepto de Diseño Inteligente. Su
afirmación fundamental es que los seres vivos proporcionan evidencia
de haber sido diseñados por un Creador, debido a que son “irreducible-
mente complejos”. Pero, ¿el creacionismo es una alternativa científica al
evolucionismo, emergente de que hay aspectos desconcertantes de las
teorías evolutivas que no cierran o no pueden contrastarse, al menos por
el momento?
A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN 307

El creacionismo ciertamente no es una teoría científica, ni debe in-


tentar serlo. Quizás simplemente la idea es que los hombres de ciencia
reconozcan con humildad que a comienzos del siglo XXI, todavía hay
dentro del evolucionismo muchos cabos sueltos que quedan sin expli-
cación, en vez de seguir afirmando, a veces con una vehemencia casi
dogmática, que sólo mediante el azar y la selección natural se puede
explicar, científicamente hablando, el origen de las especies.
Quienes somos creyentes también debiéramos dejar de hablar a
veces con tanto apasionamiento y fundamentalismo como si nuestra fe
dependiese de si a Dios se le ocurrió crear cada especie por separado o
simplemente crear las condiciones para que la evolución biológica pu-
diese llevarse a cabo. Si el día de mañana se encontraran los “eslabones
perdidos”, ¿tambalearía nuestra fe?
San Pablo decía cuando predicaba a un Cristo crucificado que “la
locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres” (1 Cor 1,
25), así que quizás lo que nos pueda parecer una locura dentro de lo que
la ciencia llama evolucionismo, podría formar parte del misterio de un
Dios al que no terminamos de comprender y que no deja de sorpren-
dernos.

DIOS: MUCHO MÁS QUE EL CREADOR DEL UNIVERSO


Una de mis profesoras de biología molecular de la Facultad solía
repetir esta frase: “Cuanto más estudio biología molecular, más creo en
Dios”. Louis Pasteur también acuñó una máxima parecida: “Saber un
poco de ciencia me aleja de Dios, profundizar en la ciencia me acerca
cada vez más a Dios”.
Cabría cuestionarnos como creyentes: ¿Sólo llegamos a confirmar la
existencia de Dios por lo que la ciencia no puede explicar? ¿Necesitamos
que nos verifiquen la existencia de Dios para creer en Él?… “Felices los
que creen sin haber visto”, le dirá Jesús al incrédulo apóstol Tomás (Jn
20, 29).
Para concluir, me gustaría reflexionar sobre este punto… ¿Nuestra fe
sólo deriva de maravillarnos con la contemplación de la majestuosidad
308 ELENA YEYATI

de la naturaleza tanto macroscópica como microscópica? Es cierto que


la exquisitez del funcionamiento de los seres vivos hace presumir que
existe un Creador, pero nuestra fe debería ser mucho más amplia, más
profunda. Deberíamos interpelarnos sobre lo siguiente: ¿La Segunda
persona de la Santísima Trinidad se encarnó para hacernos conocer la
verdad sobre el origen de las especies o para que tengamos vida y vida
en abundancia (Jn 10, 10)?
Como afirma el Papa Benedicto XVI en la introducción de su Encí-
clica Deus Caritas est “no se comienza a ser cristiano por una decisión
ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con
una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orien-
tación decisiva”.
Para el creyente, la fe sí es una experiencia reproducible y Dios es
mucho más que sólo el Creador del Universo, es Quien sigue creándonos
cada día, Quien se ofrece a caminar a nuestro lado y al de todos los que
lo busquen con sincero corazón, que sigue interviniendo constantemente
en la historia y en la vida personal de cada uno para plenificarnos, para
rescatar lo más humano de nosotros mismos, deseoso de que le abramos
la puerta de nuestro corazón para poder entrar a cenar con nosotros (cfr.
Ap 3, 20), un Dios en el que vivimos, nos movemos y existimos (Hech 17,
28). Un Dios que sigue suscitando vocaciones y transformando vidas.

BIBLIOGRAFÍA
ABDALLA, M. (2006). “La crisis latente del darwinismo”: Asclepio, 58/1, 43-
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A 200 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN 309

FERNÁNDEZ LÓPEZ, S. F. (2000). “La naturaleza del registro fósil y el análisis de


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febrero.
CIENCIA Y ÉTICA*

Margarita Bosch
Universidad del Museo Social Argentino
Buenos Aires

¿Qué cosa es el trabajo científico? A los fines de esta alocución


vamos a definir el trabajo científico como la aproximación de los pro-
blemas de los sistemas vivos en el campo experimental, es decir, todo
lo que se estudiaba en medicina experimental, en biología experimental,
en agronomía, en ciencias de la vida que utilizan seres vivos o partes
de seres vivos o sistemas accesorios para comprender los procesos de
la vida y las interacciones de los seres vivos. Por hoy nos referiremos a
las ciencias básicas en el ámbito de la naturaleza de los seres vivos. Para
algunos autores europeos, es distinto pensar en la ética del científico que
en la ética del trabajo científico. Algunos discriminan que una cosa es
la tarea del científico y otra cosa es la moralidad del sujeto que realiza
esta tarea.
Voy a hacer una síntesis de mis trabajos profesionales. La vida me
llevó a interesarme en la bioética y en el camino fue surgiendo cómo es
la interfase ciencia-ética, ciencia-biología. Principalmente porque me
dediqué a hacer un trabajo bastante largo en la Universidad Católica
sobre la ética en la biología. Se trata de un trabajo novedoso y que re-
quiere necesariamente de una asimilación del mundo del pensamiento
filosófico y del mundo especulativo-práctico como es el que tienen las
ciencias experimentales.
Para ser simples, vamos a decir que no podemos hablar de ética
prescindiendo de la moral. Moral es todo acto que es libre y son las
personas las que realizan actos libres.

*
Texto de la conferencia pronunciada el miércoles 5 de agosto de 2009 en la
V Semana Agustiniana de Pensamiento - Ciencia, ética, religión – Auditorio San
Agustín de la Parroquia San Agustín de Buenos Aires.
312 MARGARITA BOSCH

Para estos fines creo que no puedo separar una ética del trabajo cien-
tífico y una moral del investigador. Enfocaremos, pues, en la moral del
investigador y vamos a preguntarnos si la sociedad debería inquirir al
investigador por una definida moral cuando él realiza un trabajo científi-
co. Creo que este planteo es el que aparece en muchas de las inquietudes,
problemas y desafíos que presentan las nuevas tecnologías que llamamos
genéricamente biotecnologías, porque se aplican a los seres vivos, inclu-
sive al hombre, y que nos están despertando como sociedad.
¿Está bien? ¿Corresponde? ¿Deberíamos seguir con esto? ¿Podemos
usar células madres de origen embrionario? ¿Está bien financiar estos
desarrollos con fondos públicos? ¿O tendrían que ser privados? ¿Es el
origen de estos fondos una base de moralidad o es el hecho de lo que
hacemos lo que indica que está bien que lo hagamos? Y estos serían los
tipos de planteos.
Entonces, básicamente definimos la ciencia de que tratamos como la
ciencia de los seres vivos, enmarcada simplemente en la ética del inves-
tigador. Con lo cual aparece algo que es simplificante. No por nada elegí
este planteo. Por un lado es verdad que como persona bioetiquista que
soy, me incluyo en la escuela personalista que afirma que la persona es
el centro del planteo moral. Luego no habrá una moralidad sin persona
con un acto libre, y es importante moralmente todo aquello que derive
en un bien para el que actúa y para el que recibe la acción como también
a otras personas de su entorno y medio ambiente, facilitando la vida.
Con todo esto ya podemos hablar de de ética del trabajo científico
y de ciencia y ética. De esta manera hemos establecido, a mi juicio, el
planteamiento ciencia y ética, al menos en los problemas candentes,
urgentes que sacuden la conciencia. Si hubiese decidido pasar figuras,
entonces estaría mostrando la foto de la mujer que dijo tener 67 años y
a esa edad haber tenido mellizos. Entonces hubiéramos perdido el tiem-
po preguntándonos si hizo bien a esa edad procrear, si estuvo mal en
afirmar que tenía 67 años cuando en realidad tenía 62. Nos hubiéramos
perdido en un mar de preguntas, que estarían fuera de lugar. Estamos
aquí para hablar de Ciencia y ética. Pero lo rescatable es si estas cosas
ocurren es porque hay detrás investigadores que estudian estas posibi-
lidades llamativas. Y es aquí adónde quería llegar.
CIENCIA Y ÉTICA 313

¿Qué es realmente lícito en investigación? Nos preguntamos si la


sociedad debiera exigirles a los científicos un marco de licitud del que
no deben salir, so pena de recibir algún llamado de atención, alguna pe-
nalidad, suspensión de un financiamiento, abucheo público. Esto puede
ocurrirles a profesionales en el ejercicio de su profesión.
Hago una digresión: siempre se trató de distinguir lo que es ciencia
básica de lo que es ciencia aplicada. Ciencia básica es lo que realiza el
investigador movido solamente por el deseo de saber, de conocer. Se
está preguntando siempre qué es esto. ¿Es un protozoo? ¿Es una cilia?
¿Cómo funciona esto? Por otro lado estaban los que aplicaban en la
práctica los conocimientos salidos de la ciencia básica. A mi juicio, esta
discriminación no es tal. Porque los que aplican los conocimientos están
también continuamente aprendiendo, investigando en su campo de ac-
ción. Así ocurre con los médicos, que tratan con pacientes, ensayando un
tratamiento, estudiando medicamentos nuevos, nuevas terapias, conside-
rando el aspecto sicológico de su paciente, atendiendo las expectativas
de parientes, etc. Esto significa un constante aprendizaje y mismo una
investigación a niveles propios. Es decir, no es verdad que exista una
separación, y por el otro lado no existen sistemas tan absolutamente des-
conocidos como para que una persona o grupo de personas justifiquen
la dedicación de una vida aprendiendo como funciona un proceso que
en grandes líneas todos conocemos. Y es verdad que hay lugares en la
Universidad de Ciencias nada más que para saber, pero al mismo tiempo
se aplican y viceversa. Y hoy es todo lo mismo.
¿Por qué? Porque cuando llegamos a este punto de la tecnología
y nos metemos a manejar seres vivos ya no interesa tanto cuál es la
aplicación que va a tener, sino que a veces lo realmente importante es
lo que estamos haciendo. Ejemplo: si estudiamos los gametos humanos
y se trata de dilucidar cuál es el proceso de fertilización o la sucesión
concatenada de eventos que tienen que ver con la fertilización, o si se
trata de un proceso de inicio de un ser humano, si hay un cambio que
me pueda dar un indicio de algo y, en fin, si estoy tratando de averiguar
cosas por el estilo, no se debe perder de vista que se está manipulando
gametos humanos. Y si esa manipulación implica que se va a interrum-
pir su desarrollo o impedir el mismo, pero, en cambio, utiliza el producto
314 MARGARITA BOSCH

del aborto o sea de fetos abortados para estudios que pueden ser muy
positivos, pero que implican una validación positiva de los abortos-ca-
dáveres, eso entra en el dominio de los cuestionamientos morales.
Si yo en mi trabajo, sólo por saber, convalido aunque sea parcial-
mente un acto negativo como es un aborto, y si en mi trabajo para ver
cómo se activa un óvulo, estoy activando óvulos por vía de gametos
que no son humanos, es decir no son homólogas, entonces esto que yo
hago, aunque no vaya a sacar patente o lo vaya a cobrar, tiene un sentido
moral. Si yo estoy averiguando cuál es la sucesión de datos del genoma
humano e inmediatamente comprendo que una vez conocido puede tener
implicaciones bastante negativas para poblaciones vulnerables, o más
todavía, que el hecho de conocer el genoma humano vuelve vulnerables
a personas que antes no lo eran, entonces eso mismo que estoy haciendo,
aunque de conocimientos básicos y abstractos, adquiere un peso moral
enorme. Porque estoy abriendo una puerta al que tiene acceso a la in-
formación y tiene la posibilidad, por ejemplo, de saber si a una persona
le puede aceptar un seguro de vida o no, y definir cuánto le va a cobrar
a ese sujeto o a otro por un seguro de vida, o discriminar si le va a apli-
car una tecnología sofisticada curativa a un sujeto o no porque su carga
genética implicaría que ese esfuerzo no va a tener mucha sobrevida.
Entonces estoy volviendo vulnerable lo que antes no lo era.
Entonces ese desarrollo que en principio debía haber sido neutro se
vuelve amenazante. Lo que pasa es que no advertimos el hecho de que
no es lo mismo trabajar con moléculas que con genomas humanos, con
el tema de la fertilización, o trabajar con gametos de Hansens, que con
gametos humanos o con embriones tempranos, cualquiera sea el nom-
bre que le queramos dar. No se trata de una cuestión de perversidad o
inocencia, sino de educación.
Uno está observando ese pedacito de tejido, y se olvida que es algo
altamente relevante. Lo que hace falta es que las Instituciones científicas
involucradas, aquellos que están encargados de entregar dinero para la
investigación se hagan cargo de que ese dinero debe aplicarse dentro
de un cuadro de legalidad, de aceptación moral, de no vulnerabilidad
de derechos, y de bajo riesgo. El hecho de que hemos trabajado con la
vida, con el origen de la vida, con el lenguaje de la vida, el haber tra-
CIENCIA Y ÉTICA 315

bajado con gametos humanos, que es algo muy serio, nos hace ver que
a veces utilizamos un lenguaje muy vulgar, impreciso, banalizado, un
tanto descuidado, que no está a la altura de las trascendencias que traen
estos temas, y que nos pueden llevar sin quererlo a situaciones de las que
después tendremos que arrepentirnos.
Hay dos cosas que quiero enfatizar, y con esto estoy volviendo al
principio. Digamos primero que hemos llegado a un punto en que hay
que prestar atención y devolver dimensión al hecho humano, a lo que
atañe a la persona. Se trata de darle a la ciencia el lugar que tuvo que
tener siempre. Y por otra parte no es bueno que el científico trabaje en
una campana de cristal o de marfil aislado de la sociedad. Es bueno que
la sociedad pregunte, se interese, converse. Pero también los medios
tienen que ser más responsables en lo que difunden, porque son temas
que afectan conceptos de paternidad, de filiación, de familia, de dere-
chos humanos, de herencia, de sentimientos, de emociones, de ámbitos
religiosos. Suelo ver artículos en diarios, en revistas y en la televisión
muy lamentables. A veces me da vergüenza escuchar o leer ciertos co-
mentarios.
En segundo lugar, es necesario establecer un código de ética, con
sus propias reglas, comentadas y consensuadas por la sociedad. En esto
estoy de acuerdo. Hoy día, por ejemplo, se habla de embriones congela-
dos. ¿Qué son esos embriones? ¿Huérfanos de guerra? ¿Son chiquilines
al borde de la ciudad a la espera de que aparezca un padre? Ante todo
digamos que cualquier ser humano, cualquiera sea su origen de gesta-
ción, es siempre ontológicamente una persona. Un ser humano no puede
considerarse un producto de una técnica, aunque aparentemente pueda
parecer así.
Otro tema es el de las alternativas. ¿Qué se puede hacer con em-
briones congelados? ¿Están ahí para que los use el que los quiera usar?
Oí hablar de unos alimentos (granos) asistidos que alguien propuso en-
sayarlos en algunos pueblos del África, ya que dado que están pasando
hambre, mal no les va a venir mal.
Todo esto nos hace ver la necesidad de potenciar los valores morales
que deben acompañar siempre a la ciencia, se trate de ciencia básica o
316 MARGARITA BOSCH

aplicada. El científico debe empezar por preguntarse, ¿qué es lo que


hago? ¿Cómo lo hago? ¿Para qué lo hago? Sería bueno que en sus pro-
gramas de estudio se le impartieran unas clases sobre moral. Es en este
tema de la moral, de la ética en su relación con la ciencia en donde he
querido poner el acento en esta exposición.
¿QUÉ ES LA REALIDAD?*

Marcelo A. Dankert
Ex Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación CAMPOMAR
Actualmente Fundación Instituto Leloir
Buenos Aires

Si se le pregunta a un filósofo: ¿qué es la realidad?, con toda proba-


bilidad va a contestar: es lo que es. Y debo confesar que yo me quedaría
bastante desconcertado. Es por eso que voy a tratar de describir lo que
un modesto químico como yo entiende por realidad.
Para percibir la realidad contamos con los sentidos. Tradicional-
mente se consideran cinco sentidos: tacto gusto, olfato, oído y vista,
pero en realidad hay más, equilibrio, posición, etc. Nos vamos a referir
solamente a los cinco clásicos. Cada uno de ellos percibe información
transportada de distinta manera.
Comencemos por el tacto, que nos transmite información física, No
está localizado en un órgano específico, como los otros sentidos, sino
se halla distribuido por toda nuestra superficie corporal, en la piel. No
todas las regiones son igualmente sensibles: las yemas de los dedos, la
punta de la lengua, lo son especialmente, pero en todos los casos nos da
idea de la textura, lisa, rugosa, punzante, del material en contacto.
Es curioso que la piel de la espalda, por ejemplo, no nos permite
distinguir un leve pinchazo de dos ligeramente separados, revelando
una menor sensibilidad.
Otros dos sentidos nos dan una idea de las propiedades químicas de
las substancias: los sentidos del gusto y del olfato. El gusto nos permite
distinguir entre sabores dulces, salados, agrios y ácidos mediante las
llamadas papilas gustativas, ubicadas en la lengua, Pero este sentido
trabaja en estrecha colaboración con el del olfato, ubicado muy cerca (a
*
Texto de la conferencia pronunciada el jueves 6 de agosto de 2009 en la V Se-
mana Agustiniana de Pensamiento - Ciencia, ética, religión – Auditorio San Agustín
de la Parroquia San Agustín de Buenos Aires.
318 MARCELO A. DANKERT

través de la cavidad bucal se conecta con la nariz y su epitelio sensible),


y que actúa también como modulador, o colaborador, del sentido del
gusto. El olfato nos permite distinguir olores, perfumes, a través de unas
6.000 clases de células, que proveen detectores de substancias alifáticas,
aromáticas, azufradas, éteres, ésteres, aminas, alcoholes, cetonas y una
interminable variedad de substancias que, desde muchos puntos de vista,
son indispensables para mantener la vida y evitar peligros: gases vene-
nosos, tóxicos, emanaciones pestíferas, etc. Y otro tanto puede decirse
del gusto.
El sentido del oído nos vuelve a las propiedades físicas: las ondas
sonoras son compresiones y dilataciones del medio portador, aire en la
mayoría de los casos. Y la frecuencia, es decir, el número de vibracio-
nes, o ciclos, por segundo (cps) captados por el oído humano varía entre
20 y 20.000 cps. En el aire la velocidad de propagación de estas ondas
es de unos 300 metros por segundo, pero en el agua es mucho mayor,
unos 1.400 metros por segundo. Y en los sólidos, el suelo por ejemplo,
es del orden de varios kilómetros por segundo. Esto justifica por qué los
rastreadores y baqueanos apoyan su oreja al suelo para detectar sonidos
lejanos. Hay unas 20.000 clases de células en el oído (estrictamente en
el caracol, o cóclea, del llamado oído interno). Son las encargadas de
detectar (estas) ondas sonoras. Cada una de ellas tiene una cilia, o pelito,
de distinta longitud que sólo vibra con una frecuencia dada y envía su
información al centro sensible correspondiente.
Finalmente, el sentido de la vista nos permite detectar otro tipo de
fenómeno físico, las ondas electromagnéticas, y a ellas las llamamos luz.
¿Y en qué medio se transmiten estas ondas? En un principio los físicos
llamaron “éter” a ése medio supuesto. Hasta que los experimentos que
realizaron dos físicos, Michelson y Morley, demostraron que el “éter” no
existía. Entonces la solución fue muy sencilla: es una propiedad de nues-
tro medio, de nuestro “continuo”. Y todos se quedaron muy contentos.
La velocidad de la luz en el vacío, en el espacio intersideral, es enorme:
unos 300.000 kilómetros por segundo (Km/seg), pero la frecuencia de
sus oscilaciones varía mucho, y consecuentemente, su longitud de onda.
En el caso de lo que llamamos “luz visible”, las longitudes de onda van
de 400 a 800 nanómetros (nm), siendo un nanómetro la millonésima
¿QUÉ ES LA REALIDAD? 319

parte de un milímetro (mm). Pero hay ondas electromagnéticas de mayor


y de menor longitud, como veremos más adelante. El órgano detector de
luz, ya lo saben, es el ojo, y las células detectoras se encuentran en una
membrana que tapiza su interior, la retina. Hay cuatro tipos de células.
Los llamados bastones, por su forma más o menos cilíndrica, permiten
detectar, con gran sensibilidad, luz en general, lo que llamamos luz blan-
ca: los utilizamos cuando hay poca luz, de noche, en la penumbra y solo
nos permiten “ver” en blanco y negro. Los otros tres tipos de células,
que llamamos conos, también por su forma, pueden detectar luz azul,
o luz verde, o luz roja, pero con menor sensibilidad que los bastones Es
decir, fraccionan el espectro de luz blanca, o visible, de acuerdo a su
longitud de onda: alrededor de 400 a 500 nm lo que llamamos azul-vio-
leta, de 500 a 550 nm, verde y de 700 a 800 nm lo que llamamos rojo. El
espacio intermedio de 550-700 nm nos produce la sensación de amarillo-
naranja, por superposición de las detecciones verde-rojo. Finalmente, las
radiaciones que van más allá del rojo, que las llamamos infrarrojo (hasta
un millón de nm, es decir, un milímetro), y que no percibimos con los
ojos, las percibimos con la piel y las llamamos CALOR. Todos sabemos
que para averiguar si la plancha, la estufa o el horno de la cocina están
encendidos no las miramos, les acercamos las manos para percibir la
radiación.
Todo lo que hemos visto está muy bien para los seres humanos, aun-
que hay grandes diferencias individuales, sin mencionar casos patológi-
cos como sordera, daltonismo, etc. Pero ¿todos los seres vivos detectan
lo mismo? Por supuesto que no.
Del gusto no sabemos demasiado porque es muy subjetivo y difí-
cil de evaluar. Algo parecido pasa con el tacto. Pero con el olfato está
plenamente demostrado que la mayoría de los animales terrestres su-
periores viven en un mundo de olores o perfumes. Muchos de nosotros
seguramente hemos vivido la experiencia de sacar a pasear un perro:
no se dedica a mirar lo que pasa sino a olfatear prolijamente todo su re-
corrido, zaguán por zaguán, árbol por árbol. Y si se encuentran con un
congénere si bien se miran, es más lo que se olfatean con todo detalle.
Y los animales silvestres, tanto depredadores como depredados, confían
320 MARCELO A. DANKERT

en detectar a su presa o a su atacante primariamente por el olfato pues


la maleza, el pastizal puede ocultar su visión.
De modo que su olfato es mucho más eficiente que el de los huma-
nos. Por algo los cazadores profesionales saben por experiencia que a la
presa deben buscarla con viento en contra, para no ser detectados por
ella.
Con los insectos la diferencia puede ser abismal, no tienen nariz
porque huelen con las antenas. Y una polilla macho puede detectar una
sola molécula de feromona femenina, liberada por la hembra tal vez a
kilómetros de distancia.
El sentido del oído también varía enormemente en los animales.
Los elefantes y las ballenas parecen comunicarse a grandes distancias
golpeando el suelo con sus patas poderosas, o la superficie del mar con
su cuerpo, respectivamente.
Por su parte los perros tienen un rango de audición mucho más
amplio que nosotros. Son muy conocidos los silbatos para perros cuyo
sonido, muy agudo, detectan perfectamente, en tanto que el entrenador
que lo educa apenas si percibe un soplido.
Y con las ondas electromagnéticas ocurre algo similar. Los insectos,
en general, tienen el espectro visual ligeramente desplazado. Las abejas,
por ejemplo, no “ven” el rojo pero si ven el ultravioleta, la radiación de
todavía menor longitud de onda que el violeta (200-400nm). En otras
palabras: para ellas estar encerradas en una colmena de acrílico rojo es
como estar en la obscuridad. Pero por otra parte, en un día discretamente
nublado pueden ver el sol y salir a colectar néctar, futura miel, como en
un día soleado. Para ellas el sol es muy importante porque es un punto
de referencia para ubicar a la colmena y a la fuente de alimento, la flor.
Y en el caso de las ondas infrarrojas hay animales que las detectan con
gran precisión, como ciertas víboras, pues las utilizan para ubicar a sus
presas, pequeños roedores, durante la noche. De modo que la imagen
de la “realidad” que todos estos animales tienen es fatalmente distinta
de la nuestra.
Y no hablar de la “extensión” que de nuestros sentidos, ha hecho el
ser humano con sus estudios y su conocimiento. Guiado por su curiosi-
¿QUÉ ES LA REALIDAD? 321

dad y por su afán de comprender los fenómenos naturales no ha vacilado


en sumergirse en las entrañas mismas de la física, de la química, de la
astronomía, de las geología, de la biología y, en definitiva, de la vida
misma. Sería imposible analizar todos estos aspectos por la sencilla ra-
zón de que no tengo conocimientos para hacerlo. Pero sí podemos echar
un breve vistazo a algunos de los maravillosos hallazgos que el hombre
ha logrado concretar en los últimos tiempos.
Por ejemplo, ha logrado extender el espectro de ondas electromag-
néticas hasta extremos inesperados. Ahora se sabe que, desde el extremo
del ultravioleta en dirección a longitudes de onda más cortas se hallan
por lo menos dos nuevos tipos de radiación, los llamados rayos X y
los rayos gama. La luz y los rayos X se originan en la superficie y en
el interior, respectivamente, de las capas de electrones que rodean al
núcleo atómico, en el que, a su vez, se originan los rayos gama, los más
penetrantes y más ricos en energía.
Y estos conocimientos los ha utilizado también el hombre para
extender su campo visual. Del elemental “microscopio”, en realidad
una lupita del tamaño de una lenteja, que aumentaba unas 300 veces,
diseñado por Anton van Leeuwenhoek a fines del 1600, se ha llegado los
modernos microscopios ópticos, logrados recién a mediados del 1800,
que aumentan unas 1200 veces, y con algunos aditamentos, aún más.
Y como siempre ocurre en ciencia, lo mejor estaba aún por venir: una
gran revolución se produjo cuando se descubrió que corrientes de elec-
trones se podían dirigir como si fueran rayos de luz: Surgió entonces el
microscopio electrónico, con aumentos del orden del millón de veces.
Su inventor, Ernst Ruska, lo logró en 1939, poco antes de que comen-
zara la 2ª Guerra Mundial. Su reconocimiento le llegó recién en 1986,
cuando recibió el premio Nobel, juntamente con Gerd Binnig y Heinrich
Rohrer, inventores del microscopio de fuerza atómica, otra maravilla
que, aplicando principios totalmente diferentes, permite ver moléculas.
Pasando al otro extremo del espectro electromagnético, más allá de los
rayos infrarrojos que nos dan calor, nos encontramos con las llamadas
ondas de radar, que permiten localizar cuerpos lejanísimos, utilizando
ondas electromagnéticas de hasta 1 metro de largo. No termina aquí el
espectro: estamos ante las ondas de radio, que pueden llegar, a través de
322 MARCELO A. DANKERT

lo que llamamos onda corta, onda media y onda larga, hasta a unos 10
Km de longitud, portando noticias y melodías…
Lo lejano no ha sido tampoco abandonado. La astronomía y la
cosmografía han sido también revolucionadas por los nuevos hallazgos
técnicos. Desde el modesto telescopio de Galileo hasta los modernos
telescopios de reflexión, en toda las gamas de ondas imaginables, in-
frarrojas, ultravioleta, de rayos X, de radio, y por supuesto visibles, han
contribuido a desarrollar en forma extraordinaria nuestro conocimiento
del universo, en general. Y muchas de estas maravillas técnicas han sido
incorporadas a satélites enviados por el hombre para observar el cosmos
sin disturbios meteorológicos.
Por otra parte los geólogos y los biólogos nos enseñan que nuestro
planeta, La Tierra, tomó el aspecto general que hoy tiene, se formó, hace
unos 4.500 millones de años. La vida, presumiblemente en su inicio a
cargo de bacterias, surgió hace unos 3.500 millones de años. De acuer-
do a la tectónica de placas, la placa de Sudamérica se separa de la de
África hace unos 110 millones de años. Parte de los experimentos que
permitieron estudiar la deriva de los continentes (prevista por Wegener,
sin que se le prestara mayor atención) se llevaron a cabo a bordo del
barco oceanográfico “Atlantis” (Woods Hole Oceanographic Institu-
tion, Boston, USA) hoy reparado a nuevo, puesto en valor y rebautizado
Motovelero Oceanográfico “Dr. Bernardo Houssay” (Prefectura Naval
Argentina) en memoria homenaje al primer premio Nobel en ciencias
argentino. Y hace 65 millones de años ocurrió la última gran extinción
de seres vivos, marcando el fin de la Era Terciaria. Según nos cuentan
los antropólogos en base a sus estudios evolutivos, la genealogía de los
simios y la de los humanos se separara hace unos 6 a 7 millones de años.
Por otra parte el istmo de Panamá reúne a las Américas hace poco más
de dos millones de años. Finalmente el hombre actual invade América,
y hace unos 10.000 años, con toda probabilidad, contribuye a la extin-
ción de la megafauna argentina: megaterios, gliptodontes, mastodontes,
hipidiones, esmilodontes, etc.
Con todo esto ¿qué quiero decir? ¿es inmutable la realidad? Con
toda seguridad que no. Varía con el tiempo y, para nosotros, también con
e l conocimiento. ¡Y es tanto lo que nos falta saber!! Hasta hace poco no
¿QUÉ ES LA REALIDAD? 323

sabíamos lo que era la herencia. Hoy tenemos una idea bastante clara
de su complejidad. Pero sabemos muy poco, si es que sabemos algo, de
dónde se guarda la memoria, en qué consiste. ¿Y por qué hay que dor-
mir? ¿Y qué es soñar? ¿Y qué es pensar? Las preguntas son infinitas.
Confiemos en que poco a poco se vaya aclarando y aumentando nuestro
conocimiento de la realidad.
¿Qué pensarían hoy Aristóteles, san Alberto Magno o san Agustín,
y tantos otros grandes entusiastas del conocimiento? Difícil saberlo,
pero no intuirlo: posiblemente lo mismo, aunque adaptado a las nuevas
circunstancias. Creo que, modestamente, lo más razonable para concluir
esta breve presentación es recordar lo que nos dijo Juan Pablo II, ese
santo talentoso que tuvimos el privilegio de ver y conocer en nuestro
país: “Muy lejos de oponerse a la Fe, la verdadera Ciencia se alía con
ella en una fecunda simbiosis, en la cual el conocimiento y el amor
progresan juntos”.
CIENCIA Y EUCARISTÍA*

Alberto F. Boccacci
Ingeniero
Profesor emérito de la Universidad UNLP
Buenos Aires

Una Encíclica de Pablo VI comienza llamando a la Eucaristía Mis-


terio de Fe (Mysterium fidei, sobre la doctrina y culto de la Sagrada
Eucaristía, promulgada el 3 de septiembre, de 1965). La palabra Misterio
implica un concepto que llamo polarizado. Como, por ejemplo, alto-bajo,
arriba-abajo, derecha-izquierda, absoluto-relativo, infinito-finito.
El otro polo de Misterio es problema. El problema tiene solución. El
Misterio no. El problema una vez resuelto pierde suspenso. El Misterio
nos mantiene en ascuas siempre. El Misterio se ahonda día a día, con el
sólido basamento de la Verdad Revelada en el caso de la Fe. Pero hay
también misterios que no son de Fe. Son los propios de la Ciencia, que
en realidad podemos decir que son problemas sin solución, por ahora. Y
por lo tanto entran provisoriamente en la categoría de Misterio.
Por ejemplo, ciertas acciones a distancia que se manifiestan en lo
que en Física se denomina campo. Campo gravitatorio, campo electros-
tático, campo magnético, etc.
Precisamente “campo” es un concepto físico al que le veo una apli-
cación al Misterio Eucarístico. La definición de este concepto importan-
tísimo en física es muy simple: un lugar geométrico cuyos puntos gozan
de una cierta propiedad. Así, por ejemplo, todo el espacio del Universo
es un campo gravitatorio. En cada punto existe un vector intensidad de
campo, resultante de la acción a distancia de todas las masas habidas
en el Universo, incluidas las de nuestros mismos cuerpos. Así, aunque
cueste creerlo, cada uno de nosotros, seres humanos, por la sola masa
*
Texto de la conferencia pronunciada el viernes 7 de agosto de 2009 en la V Se-
mana Agustiniana de Pensamiento - Ciencia, ética, religión – Auditorio San Agustín
de la Parroquia San Agustín de Buenos Aires.
326 ALBERTO F. BOCCACCI

de nuestros cuerpos nos hacemos presentes en todo el Universo, aunque


más no sea en valores infinitesimales.
En física quántica a todo cambio se le llama “colapso”. Esta palabra
significa decaimiento, postración, debilitamiento, principio de ruina.
Algo que deja de ser lo que es para pasar a ser otra cosa. Pan y vino que
pasan a ser “otra cosa”. Así, pues, nosotros colapsamos en cualquier pun-
to del espacio para dejar la impronta de nuestra presencia en un vector
intensidad de campo gravitatorio. Con un concepto físico más amplio,
Schrödinger habló de “ecuación de onda”.
¿Por qué, entonces, no puede haber un campo eucarístico? Un lu-
gar geométrico cuyos puntos gozan de la propiedad de que allí donde
se coloca un pedacito de pan o un poquito de vino y un sacerdote de
nuestra Iglesia pronuncia las palabras consagratorias, esas sustancias
“colapsan” pasando a ser el Cuerpo, Alma y Divinidad de Nuestro Señor
Jesucristo. No importa que sea en un Boing a 11000 metros de altura o
en un batiscafo en la profundidad del mar, en una mina de carbón, en
una custodia, en la mochila de un capellán en un frente de guerra, en
una cárcel de la Iglesia del Silencio, en un trasatlántico, en la Antártida
o en el Aconcagua. El Concilio de Trento enunció una frase magnífica,
muy propia de la física cuántica: “La Eucaristía es una presencia de
sustancia, no espacial. Se trata de un Cristo en sus propias y múltiples
dimensiones. Cristo-Eucaristía no está contenido por un espacio; es él
el que contiene al espacio” (Ses. XIII, can. IV).
Dejo expresado este concepto, y paso a otro, también convergente
al misterio eucarístico. Me voy a referir el tema del fenómeno físico de
la Luz. Escribió uno de los padres de la física quántica, el físico francés
Louis de Broglie, que si él supiera realmente qué es la luz se le abriría
la mente a un mundo trascendente, maravilloso. Indudablemente cuando
Dios ordenó Fiat Lux se supone que tiene que haber dicho Fiat oculos,
en atención a su proyecto de Creación.
Ante todo quiero recordar algunas frases bíblicas:
1) “Dios es Luz” (1 Jn 1, 5).
2) “…la luz de tu rostro” (Sal 4, 6 y 89, 15).
3) “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8, 12).
CIENCIA Y EUCARISTÍA 327

4) “Yo, la luz, he venido al mundo…” (Jn 12, 46).


5) “…gracias a su esfuerzo y al vigor de su energía” (Is 40, 26).

Son muchas más las citas relativas a la luz que omito transcribir.
En el Credo llamamos a Dios Luz de Luz. Aclaremos que si bien Dios es
Luz, la Luz no es Dios. Dios es mucho más que la Luz.

EL FENÓMENO FÍSICO DE LA LUZ


Durante más de cien años los físicos discutieron acerca de la natu-
raleza de la luz. Unos defendían la naturaleza ondulatoria, otros la cor-
puscular. Un experimento de Thomas Young en 1803 vino a descifrar el
enigma. Brevemente consiste en lo siguiente… En una pantalla se hacen
dos pequeñas hendijas paralelas. Una de ellas con un obturador. Se hace
incidir sobre ellas luz solar (predominantemente oscilatoria), estando
una hendija abierta y la otra tapada. La luz pasante se proyecta sobre
una pantalla, sobre la que se ve como un redondel de luz. A continua-
ción se saca el obturador y se repite el experimento. Se ve entonces una
sucesión de líneas paralelas luminosas y oscuras. Esto es un fenómeno
de interferencia propio de la superposición de ondas.
Se repite el experimento, pero con luz proveniente de una lamparilla
eléctrica (corpuscular). Ocurre lo mismo que con la luz solar. Pero aquí
no hay posibilidad de interferencia. La pregunta que surge entonces es:
¿Cómo sabe cada fotón si hay una o dos hendijas abiertas? Misterio.
No hay respuesta. Algunos físicos tuvieron que aceptar que los fotones
llevan incorporado un código, un ADN.
Pero hay algo más sorprendente aún… Ante todo aclaremos que las
partículas subatómicas tienen propiedades específicas: tienen o no tienen
masa, tienen o no tienen carga eléctrica, tienen o no tienen spin, modos
típicos de desintegración y promedio de vida. Digamos de paso que el
fotón constituyente de la luz tiene vida infinita. Podemos decir entonces
que los fotones son testigos del Big-Bang.
Pues bien, vayamos entonces a ese algo más sorprendente. Hay par-
tículas subatómicas mellizas (twin). Para no entrar en detalles técnicos
328 ALBERTO F. BOCCACCI

cansadores, imaginemos que dos de estos gemelos son de color rojo. Si


con un campo magnético hago que uno de ellos se vuelva verde el otro
se vuelve también verde. Si uno de ellos lo coloco en un frasco y lo llevo
a Pekín y allí lo vuelvo verde, el otro en Buenos Aires se vuelve verde.
¿Hay o no ADN incorporado a la materia? ¿La materia es entonces
consciente? Evidentemente no puede tener racionalidad y libertad. Sólo
códigos o programas incorporados, igual que una computadora.
Este fenómeno de los twin subatómicos se conoce en física como
efecto EPR. Con fundamento escribió Teilhard de Chardin: “En cada
partícula, en cada átomo, cada molécula, viven ocultas y obran a es-
paldas de todos la omnisciencia del Eterno y la omnipotencia del Infi-
nito”.
Si hoy tuviera el evangelista Juan que escribir su Evangelio quizás
comenzaría así: “En el principio existía el ADN… todo se hizo por el
ADN”. Curiosamente los judíos llaman a Dios Adonai…
La Luz tiene una doble naturaleza, y así quedó resuelta la disputa
secular entre los físicos. Curiosamente, Jesús, que dijo ser luz, tiene
también una doble naturaleza: verdadero Dios, verdadero hombre.
Paso ahora a un texto de Santo Tomás de Aquino sobre los ángeles.
Si la palabra ángel la sustituimos por la palabra fotón, vale igual.
“El movimiento local de un ángel [fotón] puede ser continuo o
discontinuo. Cuando es continuo, necesariamente significa pasar por
lugares intermedios. Si el movimiento del ángel [fotón] es discontinuo
entonces no atraviesa todos los lugares intermedios entre el punto de
partida y el punto de llegada. Esta clase de movimiento (de un extremo
de un dado espacio a otro extremo en forma inmediata), es posible para
un ángel [fotón], pero no para un cuerpo; para un cuerpo no es así porque
el cuerpo está contenido por un lugar, es espacial, y así tiene que obe-
decer las leyes del lugar en sus movimientos”. Santo Tomás, sin saberlo,
fue pionero de la física quántica, en el siglo “oscurantista”…
Nótese que el fotón no tiene masa, como el ángel. Pero el ángel
puede colapsar (con la permisividad de Dios) por su doble naturaleza y
tomar forma humana, como leemos en muchos pasajes bíblicos. En ese
caso se mueve como todo hombre, por la masa inercial en que colapsa.
CIENCIA Y EUCARISTÍA 329

Por ejemplo, el caso del arcángel Rafael cuando acompañó a Tobías en


un largo viaje. Recordemos que Jesús sentenció: “en la resurrección…
serán como ángeles del cielo” (Mt 22, 30).
Jesús también dejó su masa inercial cuando caminó sobre las aguas,
o cuando entró en el cenáculo “estando las puertas cerradas”, o cuando
aceptó subir a una montaña en las tentaciones del desierto. Un día entró
en una sinagoga y los judíos lo echaron. Lo quisieron despeñar, pero “se
les escapó de las manos”. “De pronto, se apareció…” (Mt 28, 9).
Después de resucitado se aparece colapsado como hortelano a la
Magdalena. Se aparece colapsado como un lugareño a los discípulos
de Emaús. Recién lo reconocieron al partir el pan. Apareció como un
pescador más a orillas del lago Genesaret, cuando gritó: “¡Muchachos!”,
para llamar a sus discípulos.
Si se vistió de hortelano, de lugareño, de pescador, ¿por qué no se
puede vestir de pan o de vino? Ingrávido como cuando caminó sobre
las aguas, multiplicado como cuando multiplicó panes y peces, presente
en ese campo eucarístico que rodea nuestro planeta, colapsando minuto
a minuto en cada una de las misas que se celebran diariamente sobre
su superficie. Ya no es el grano de trigo que muere para dar su fruto,
sino que es el mismo fruto de la tierra y el trabajo del hombre, pan y
vino, que mueren para dejar paso al mismo Señor Jesucristo, centro del
Cosmos y de la Historia. “¡Anunciamos tu Muerte, proclamamos tu
Resurrección!”.
Ese campo eucarístico se extiende como una red. “Yo soy la vid,
vosotros los sarmientos” (Jn 15, 5). Vid que nos ofrece a nosotros, sus
sarmientos, en cada misa sus “racimos de uva”, construyéndose así el
Cuerpo Místico de Cristo, su Iglesia…
La idea que hemos expuesto de “campo” da a entender la existencia
de un mundo de interconexiones. Cabe citar aquí el famoso teorema de
Bell (1964). Una de las implicaciones espectaculares de este teorema
es que partes separadas del universo están conectadas en una íntima e
inmediata manera. Santo Tomás de Aquino escribió: “La bondad total
del Universo consiste en la inter-relación de las cosas y ninguna parte
está completa y perfecta estando aislada del total” (STh q. 61, a 3). Del
330 ALBERTO F. BOCCACCI

poeta Francis Thompson son estas palabras: “Tú no puedes acariciar


una flor sin molestar a una estrella”. No nos extrañemos entonces de esa
repetida frase bíblica: “Cristo será todo en todos”. De esa interconexión
universal, el Cuerpo Místico de Cristo es un signo, un sacramento.

EN CONCLUSIÓN
¿Qué significa la Eucaristía? Jesús no dijo aquí está mi cuerpo, o
en esto está mi cuerpo. “Esto” era Él. Con toda su Persona, todo su Ser,
todo su Cuerpo, nacido de María y ya Resucitado en la Pascua. Divino
y humano a la vez, con toda su historia, con toda su genealogía humana,
alfa y omega, historia humana y eterna, con toda su proyección hacia
delante y atrás, con toda su “ecuación de onda” universal, con todos sus
Santos, con todo su Cuerpo Místico, su Iglesia. El Cristo Total. “Todo
ser que sabe leer el universo hace subir a Dios un Himno de silencio”,
decía san Gregorio de Nacianzo.
RINCÓN POÉTICO
INVOCACIÓN AL AMOR*

María Gabriela Pellegrini


Buenos Aires

Tú,
nombre mío que estas entre las flores
y en los mares
de rojos de nubes sea tu nombre.
Ven a mí,
con tu innumerable ola caracolas azules
haz tu voluntad aquí algún día
aquí en mi ser abismo
desde aquí que siempre te espero.
De tu carne aliméntame cada día
y ampárate
de las fuerzas destructivas de mi pasión infinita
que te atropellan
y ampárame
de tu presencia transparente que fluye
como masas de agua sobre otras masas de agua
mas líbranos de la muerte:
de todas las ausencias
Amén.

*
Publicado en Albor de palabras I. Primera colección de autores contemporá-
neos 1995. Certamen Pablo Neruda. Embajada de las Letras, Buenos Aires 1995, p.
134.
AL CRISTO DE LOS FAROLES
DE LA PARROQUIA SANTA TERESA DE JESÚS DE SALTA

Ocar Nella Castro


Salta

Y sé que un día llegará la muerte


queriéndome llevar, y de las manos
tomados, juntos como dos hermanos
a cara y cruz se jugará mi suerte.

Buscando el corazón, tu voz me advierte,


–intención, la llamamos los humanos–
que no por solo andar entre cristianos
mi paz merecerá llegar a verte.

No sé si podré estar a tu derecha,


o a tu izquierda, inconfeso o condenado
por no seguir la senda más estrecha.

Pero sé que no estoy abandonado


aunque sienta que mi alma está desecha
porque tu mano siempre ha perdonado.
DOS POEMAS

Juan Carlos Bossio


Buenos Aires
PLEGARIA

Que la Luz torrencial e infinita


del Santo Espíritu alcance tu morada
nutra y santifique
así a ti como a tus queridos seres
te habite y te fecunde
y te ampare y te guíe
aquí y ahora y en todo lugar
para que junto a Él
y bajo el conjuro eternamente grácil
purísimo
sensual luminoso y nocturno
de Isis sin velo
blanca presencia puntual y justa
que nos visita cada vez aquí abajo
e invocando también su santidad
causa esencial de su infinita luz
así como la de todos los hermanos y hermanas poetas
que fueron y son
y que hoy y ahora
laten
al ritmo mágico y radiante
del Misterio Galáctico y Puro
y danzan fraternos
en una ronda astral
336 RINCÓN POÉTICO

unidos al murmullo cósmico


para contener y acunar consolando un instante
al universo
en su búsqueda
y hacen así como en los Sagrados Textos: ……. una pausa
para conocerte y celebrar también ellos
y para inscribir cantando tu nombre
quieran entonces así
con ellos
tus dones y saberes revelarnos sabiamente
los rumbos justos hacia los puertos buenos
y que Él y ellos todos
iluminen y protejamos ahora y siempre
todas las navegaciones que tu delicioso espíritu amado
intuya conciba y desee
para que escuches y sientas y escuches
el mar
y transites el viento
y te pasees cauta y virginiana
bajo el signo de las constelaciones
y tuya felina y gatuna
por el lugar y el tiempo
en donde son uno
el cielo y el horizonte
y para que quieran siempre también
tu sangre peninsular
tu piel y tus razones
religar y construir
paso a paso y minuto a minuto
de todos los tiempos de todos los sueños
RINCÓN POÉTICO 337

y ninguno
de la vigila atenta
lo que el Misterio y el Amor te dicen
y así para que anheles
y anides
y alumbres
con perfecta y marina asimetría celeste
la sustancia bautismal
de otras palabras
y de otros silencios
y así en todos
como en cada uno de todos
los días
de este maravilloso año nuevo que recién te nace
Así, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos
la Poesía
no habrá cantado en vano
Amén.

URBI ET ORBI

Sucede a veces que son tus ojos


luna doble disuelta en cielo
si acaso
despojo al horizonte para alcanzar la playa
338 RINCÓN POÉTICO

Y nuestras son tus manos


materia lunar edificada en alas
si tu rostro
encantado y danzante
atrapa y organiza
toda la luz

Viajero que siempre llega


insiste y vuelve
tu mirada que amo
y aún vivos y milenarios
laten plurales sagrados seres
nacidos de la memoria galáctica:
sólo recuerdos.

En trayectorias virtuales y celestes


se intuyen y reúnen nuestros cuerpos
dicen
y dicen que dicen
que noche y día
son
a un diálogo fecundo e infinito
como la luna y el sol
a su sola luz transfigurada:
nosotros.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
OBRAS DE Y SOBRE SAN AGUSTÍN

SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, Tecnos, Madrid 2007, 672 pp.

Con un estudio preliminar de Salvador Antuñano Alea, la editorial Tecnos pu-


blica esta edición abreviada de La ciudad de Dios de san Agustín. Su pensamiento,
formulado al final de la Edad Antigua, atraviesa y configura la Edad Media. Se vier-
te después en la Edad Moderna y llega hasta la Contemporánea por el flujo de una
tradición en la que entran autores tan diversos como san Isidoro, san Anselmo, santo
Tomás, Lutero, Descartes, Pascal, Hegel y Wittgenstein –entre otros–. Dentro de la
enorme producción literaria del Obispo de Hipona, sus veintidós libros de La ciudad
de Dios despliegan sus ideas fundamentales y permanecen como una de las obras de
mayor relevancia a lo largo de los siglos. El estudio preliminar a esta edición encuadra
en su contexto histórico este importante y extenso tratado del Doctor de la Gracia,
y señala las pautas para identificar sus ejes y temas principales. A continuación, se
ofrece una amplia, densa y representativa selección de los mejores pasajes de una
obra que no sólo es síntesis de la doctrina agustiniana, sino también una de las más
influyentes en la configuración de la identidad europea, en el desarrollo de la filosofía
y la teología posteriores y en la historia occidental. Esta selección va acompañada de
notas a pie de página que ayudan a comprender el sentido de los textos. Finalmente,
la síntesis del contenido del magnus opus consigue dar una visión general de todos
sus libros y capítulos, y sirve también para encuadrar la selección de textos.

De la Nota Editorial

SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, Porrúa, México 2008, 19ª ed., 778 pp.

La Editorial Porrúa publica su 19ª edición de La ciudad de Dios de san Agustín,


traducida y anotada por Francisco Montes de Oca. Todo un signo de la vitalidad del
pensamiento del Hiponense y de la influencia de esta obra en la filosofía de la historia,
la teoría política y el concepto de Estado a lo largo de los siglos. Obra extraordinaria,
no obstante sus disgresiones, demoras y prolongaciones, propias de su tiempo, del lar-
go conflicto que, desde el siglo I al siglo VI, colocó frente a frente al mundo antiguo
agonizante con el cristianismo naciente. De una excepcional calidad por el plan que la
inspira y de un inmenso alcance por las perspectivas que abrió a la humanidad, es el
primer ensayo grandioso y coherente de coordinar la marcha de los acontecimientos
y el progreso de la humanidad con la lucha incesante entre los hombres esclavos del
hombre y los hombres que son los servidores de Dios.

De la Nota Editorial
342 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

SAN AGUSTÍN, Catequesis, Lumen, Buenos Aires 2008, 112 pp.

La Editorial Lumen presente una nueva edición de la obra La catequesis de los


principiantes (De catequizandis rudibus) de san Agustín, ya editada en 1994. El tes-
timonio más completo del siglo IV sobre la catequesis, quien nos ha legado un valioso
material de la metodología catequética que se aplicaba cuando el catecumenado estaba
compuesto por personas que se encontraban por primera vez ante el anuncio de la fe
en Dios. Previendo las dificultades del auditorio, Agustín sugiere remedios actuales
para que los catecúmenos no tengan dificultades de comprensión y reciban con alegría
el anuncio de la Buena Noticia.

De la Nota Editorial

SAN AGUSTÍN, Soliloquios y Acerca de la vida feliz, Lumen, Buenos Aires 2008, 176
pp.

Los Soliloquios (Soliloquiorum) constituyen una meditación, en forma de un diá-


logo entre el alma y la razón. Comienza con una de las más maravillosas plegarias que
el hombre pueda formular. Se encamina, luego, hacia los dos objetivos centrales del
pensamiento agustiniano: conocer a Dios y conocer el alma. De allí, la enumeración
afanosa de todas las condiciones que posibilitan ese conocimiento y el descubrimiento
de la necesidad imprescindible de la luz de Dios para ver la verdad. El libro segundo
de los Soliloquios está dedicado al tema de la inmortalidad del alma. Aunque su ar-
gumentación no es conclusiva, no podemos negar la fuerza especulativa que Agustín
impone al tema; sobre todo, cómo se abre paso, poco a poco, en esta reflexión acerca
de la verdad, su doctrina de la iluminación. En Acerca de la vida feliz (De beata vita),
arranca desde un punto de vista más práctico: de la necesidad de felicidad del hombre
ha de concluirse que puede encontrar la verdad. El sabio es feliz. Pero la felicidad
está en lo que no puede perderse y sólo quien tiene a Dios puede ser feliz. Así, “no
hay verdadera felicidad, sino en el perfecto conocimiento de Dios”. El propósito de
la Editorial Lumen es acercar al lector inquieto un pensador cristiano cuyo lenguaje,
cuya problemática y cuyas respuestas pueden ser válidos hoy. Si estos textos despier-
tan la atracción por el pensamiento agustiniano e incitan a su lectura, daremos por
bien empleado nuestro esfuerzo. Empeño que Lumen desarrolla con esmero y buen
hacer, como acostumbra desde hace tiempo. No en vano ya en 1995 publicaba la 3ª
edición de esta misma obra.

De la Nota Editorial
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 343

MARTIN, TH. F., Nuestro corazón inquieto. La tradición agustiniana, Religión y Cul-
tura (Colección “Tradere” 5), Madrid 2008, 189 pp.

La tradición agustiniana es rica y amplia. Presente a lo largo de la historia, la


frescura y la vitalidad del pensamiento de san Agustín llega hasta los tiempos actua-
les. Transmitir esta herencia, hacer accesible este tesoro es un desafío que nos co-
rresponde asumir a quienes vivimos en esta tradición. De aquí el valor de la obra que
presentamos del agustino Thomas Francis Martin, recientemente fallecido, profundo
conocedor del Obispo de Hipona y de la espiritualidad de la Orden de San Agustín. Es
una magnífica guía para adentrarnos en los grandes temas agustinianos, para saborear
su belleza y para descubrir su palpitante actualidad. En sus páginas se entrelazan con
rigor y acierto la Teología, la Historia y la Espiritualidad, en un mosaico de datos,
reflexiones y sugerencias. San Agustín distinguía entre scientia y sapientia, entre el
conocimiento de lo temporal y mudable y el conocimiento de lo eterno e inmutable,
entre el conocimiento de las verdades y el conocimiento de la Verdad. En este libro
sin duda hay mucha ciencia, mucha erudición, pero sobre todo hay verdadera sabidu-
ría. La que, de la mano de san Agustín, nos ayuda a alcanzar la meta última del ser
humano y, por tanto, nos orienta hacia la anhelada felicidad que buscamos.

Del “Prólogo”, escrito por Luis Marín, OSA

SETTIMANA AGOSTINIANA PAVESE 2005-2006, Lettura del Civitate Dei Libri XI-XVI.
Lectio Augustinini XXI-XXII, Studia Ephemeridis Augustinianum 115 – Institutum
Patristicum Augustinianum, Roma 2009, 200 pp.

Fruto de la Settimana Agostiniana Pavese 2005-2006 y cinco año después de la


publicación del primer volumen, que estudiaba los libros I-X de La ciudad de Dios
(SEA 86, Roma 2003), en los que san Agustín realizó su crítica de la cultura antigua,
aparece este volumen 115, que estudia los libros XI-XVI de la misma obra, en los
que el Obispo de Hipona expuso la doctrina cristiana y analizó la historia de las dos
ciudades.
Con una presentación de Giancarlo Ceriotti, OSA, el Institutum Patristicum Au-
gustinianum continúa su encomiable labor de estudios agustinianos y patrísticos en
esta excelente colección. Laudable tarea cuya continuidad auguramos y deseamos.
Los estudios publicados en este volumen 115 son los siguientes: Il libro XI del
“De Civitate Dei” (S. Isetta), Il libro XII del “De Civitate Dei” (F. de Capitani), Il
libro XIII del “De Civitate Dei” (L. F. Pizzolato), Il libro XIV del “De Civitate Dei”
(V. Grossi), Il libro XV del “De Civitate Dei” (L. F. Pizzolato) y Il libro XVI del “De
Civitate Dei” (G. Mazzuco). Cuenta también con un detallado índice de nombres.

Pablo D. Guzmán
344 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

MATTHEWS, G. B., Agustín, Herder, Barcelona 2006, 261 pp.

Publicada originalmente en lengua inglesia (Augustine, Blackwell Publishing,


Oxford 2005) y traducida al español por Roberto H. Bernet, el objetivo de esta obra es
–en palabras de su autor– “introducir el pensamiento filosófico del primer pensador de
la filosofía occidental que realmente hizo filosofía desde un punto de vista de primera
persona” (p. 20). Propone el autor una aproximación al pensamiento de san Agustín
atendiendo a cuestiones relevantes de la filosofía actual, dado que a su entender Agus-
tín da consideración filosófica a muchos temas que continúan siendo desafiantes para
la filosofía por su actualidad, tales como el alcance del conocimiento humano (verdad
y escepticismo), lenguaje y reflexión, pensar y existir (cogito), mente y cuerpo, tiempo
y creación, fe y razón, presciencia y libertad, el mal, la mentira y la felicidad. No exis-
te para Agustín otra razón del filosofar que lograr la felicidad del hombre (La ciudad
de Dios 19, 1, 3). Quizá por esto y por considerar que la felicidad sólo puede darse en
el íntimo gozo de la verdad, Agustín pudo ser un prominente teólogo y un eminente
filósofo. No el primer cristiano filósofo, pero sí el primer filósofo cristiano, porque
piensa filosóficamente el ser desde el tiempo vivido, desde la experiencia consciente
de estar en el mundo, desde la perspectiva individual, en primera persona.

José Demetrio Jiménez, OSA

CANET VAYÁ, V.D. (ED.), San Pablo en San Agustín, Centro Teológico San Agustín,
Madrid 2008, 308 pp.

Presentamos la Actas de las XII Jornadas Agustinianas, organizadas por el


Centro Teológico San Agustín (CTSA) de El Escorial (Madrid), que tuvieron lugar
en el Colegio San Agustín de Madrid los días 7 y 8 de marzo de 2009. Centran buena
parte de la atención en la teología y el mensaje de san Pablo desde una perspectiva
agustiniana. Seleccionar y acotar los diversos aspectos a tratar sobre este particular
no es labor sencilla ya que son abundantes. Pues, “de este diálogo permanente [de
Agustín] con el Apóstol deriva su gran teología católica y también para los protes-
tantes de todos los tiempos”, al decir del Papa Benedicto XVI (Audiencia General, 4
de febrero de 2009).
Esta notable tarea viene presentada en el libro por los profesores Pío de Luis,
OSA, del Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid; Nello Cipriani, OSA, del
Instituto Patrístico Augustinianum; José Anoz, OAR, del Instituto de Agustinología
OAR; Pedro Langa, OSA, Miguel Santiago Flores, OAR, Jesús Gutiérrez, OSA,
Cándido Martín, OSA, y Francisco Javier Monroy, OAR, del Centro Teológico San
Agustín. Y, finalmente, por monseñor Rafael Palmero, obispo de Orihuela-Alicante.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 345

El estudio del encuentro de san Agustín con las cartas paulinas a lo largo de su
vida; la conversión de Saulo de Tarso en la reflexión fundamental en su existencia; la
lectura e interpretación que el Obispo de Hipona hace del Apóstol en las controversias
arriana, maniquea, donatista y pelagiana. La enseñanza de san Pablo y san Agustín
sobre la Iglesia. La fiesta de la conversión de ambos en el calendario litúrgico. En fin,
el lector en las Actas de las XII Jornadas Agustinianas encontrará diversos temas
todos ellos muy interesantes y desarrollados por verdaderos expertos en Sagrada
Escritura, Patrología, Teología y san Agustín.

Domingo Canet, OSA

PATROLOGÍA

PSEUDO-MACARIO, Nuevas homilías (Introducción, traducción y notas de Pablo Argá-


rate), Ciudad Nueva, Madrid 2008, 170 pp.

Estamos ante un libro más de la Colección Padres de la Iglesia, en su número


47. Hablar del Pseudo-Macario es buscar a un autor que por sus características, por
su estilo y doctrina “se parece” mucho al Macario de Egipto, pero no lo es. Los en-
tendidos más bien tratan de localizarlo en la Mesopotamia, en Edesa o en Somosata.
El tiempo de composición habría que situarlo entre el 360 y el 400. Se trata de una
preciosa obra con reminiscencias semitas, con un fondo de mística oriental en la línea
de “gustar a Dios”, “tener experiencia de Dios”, un poco al otro lado de los santos
Padres Occidentales, que son más cerebrales, racionales e intelectuales.
Algunos han tratado de contaminar la doctrina de este autor con el “mesalianis-
mo”, movimiento espiritualista surgido a finales del siglo IV en la Mesopotamia, con
fuerte inclinación al combate contra el demonio y contra el mal, a los que hay que
combatir con incesante espíritu de oración para hacerse dignos de recibir al Espíritu
Santo de quien depende el triunfo definitivo. Lo pneumático tiene en esta doctrina
una importancia definitiva. Sin embargo, parecen despreciar, o por lo menos ignorar,
la Jerarquía de la Iglesia y los sacramentos. Contra ellos escriben san Efrén y san Epi-
fanio. San Gregorio de Nisa trató de encauzar este movimiento dentro de la Iglesia.
También eran acusados por su espíritu demasiado pietista con el subyacente rechazo
del trabajo para concentrarse y así todo les resultaba indiferente. En el Concilio de
Éfeso el “mesalianismo” fue condenado, pero con diferentes matices siguió a lo largo
de los siglos, y no falta este tufillo en ciertos movimientos modernos carismáticos.
La investigación actual tiende a minimizar y aún negar la presencia de la doc-
trina mesaliana en la obra del Pseudo-Macario. En este libro se recogen 28 preciosas
homilías del “autor desconocido”, que bien merecen estar al lado de las de los santos
346 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

Padres Orientales, al menos por la enorme influencia que tuvo el incógnito autor en
la mística a lo largo de toda la Edad media. Por supuesto que, como se ha insinuado,
deslumbran por su simbolismo oriental, yendo engastadas en la línea de la literatura
evangélica de parábolas y comparaciones, extraídas de escenas bucólicas del campo
y de la experiencia humana.
El libro termina con un detallado índice bíblico y otro exhaustivo de nombres y
materias, que mucho facilitan su manejo. Felicitamos a Ciudad Nueva por su Biblio-
teca de Patrística, con su ansia de “retorno a los Padres”.

Hipólito Martínez, OSA

ESPIRITUALIDAD

MARTÍNEZ, H., El Magnificat comentado por Martín Lucero. La otra cara del fraile,
OALA, Iquitos 2009, 41 pp.

No hay duda que la historia, también la historia de la Iglesia, ha sido obligada,


no pocas veces, a revisar su mirada sobre ciertos personajes en otro tiempo tan sos-
pechosos, y aún condenados, como fueron por ejemplo Giordano Bruno, Galielo o
Antonio Rosmini (hace pocos años beatificado). Y, desde luego, el fraile Martín Lu-
cero… Si nos ocupamos de uno de sus muchos escritos –Comentario al Magnificat–,
es porque estamos convencidos que contiene valores y deja al descubierto una de las
pepitas de oro más rescatables de la doctrina de Lucero… El propósito no es estudiar
el pensamiento mariológico definitivo de Lucero, sino rescatar asépticamente esta
obrita en la que dejó reflejado su aprecio a la Virgen María.

Hipólito Martínez, OSA

MARTÍNEZ, H., Orando con Santa Rita, Ágape, Buenos Aires 2009, 80 pp.

Santa Rita de Casia, religiosa agustina, ocupa un lugar destacado entre las devo-
ciones más populares. En este libro es presentado por el sacerdote agustino Hipólito
Martínez a través de los puntos esenciales de su espiritualidad. Esta santa mujer, que
aprendió, al decir de Juan Pablo II, a comprender las penas del corazón humano es,
en estos tiempos de desasosiego y ausencia de contemplación, un modelo para no dejar
de lado. Su dedicación, su solidaridad sin límite, su acción pacificadora y orante son la
cita constante de estas páginas. El autor ha realizado un esfuerzo por ceñir del modo
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 347

más sencillo las virtudes y ejemplos edificadores de la vida de la santa en un esquema


orante. Sin duda la lectura de este librito contribuye a la difusión de la espiritualidad
agustiniana y a la devoción a Santa, Rita un ejemplo de la siempre vigente propuesta
de la tradición agustiniana.

Pablo D. Guzmán

NOS MURO, L., Santa Mónica, madre de San Agustín, Religión y Cultura-AMICO,
Buenos Aires 2009, 93 pp.

El 27 de Agosto de 2005, refiriéndose a santa Mónica y a su hijo san Agustín,


dijo Benedicto XVI que “sus testimonios pueden ser de gran consuelo y ayuda tam-
bién para muchas familias de nuestro tiempo… ¡Cuántas dificultades existen también
hoy en las relaciones familiares y cuantos padres están angustiados porque sus hijos
se encaminan por senderos equivocados! Mónica, mujer sabia y firme en la fe, invita a
no desalentarse sino a perseverar en la misión de esposos y padres manteniendo firme
la confianza en Dios y aferrándose con perseverancia a la oración”.
Una biografía de Mónica sigue teniendo sentido, tal vez hoy más que nunca. Y
nos alegramos, en este caso, que el que la escriba sea el P. Luis Nos Muro, autor que
ha querido de algún modo desaparecer detrás de Agustin, que en la presente biogra-
fía aparece hablando en primera persona, y ha conseguido no atosigar ni aburrir al
lector con citas textuales, que ha ido entretejiendo lo dicho por san Agustin con sus
propias reflexiones, logrando un libro tan ameno y fácil de entender como serio y
documentado.
La nueva biografía que aquí presentamos deja bien en claro que esta gran mujer
–que siguió a su gran hijo por tierra y por mar, contra viento y marea, convencida de
que, perseverando ella hasta el fin, lo salvaría de sus errores y extravíos y lo ganaría
totalmente para Dios–, no sólo fue grande por estar junto a un gran varón, sino sobre
todo por haberse configurado totalmente con aquel Dios que “por el gran amor con
que nos amó nos hizo revivir con Cristo y con Cristo Jesús nos resucito y nos hará
reinar con él en el cielo” (Ef 2, 4-6).

Gerardo García Helder

ALCALDE, S., Santa Mónica, la de Agustín, Prelatura de Cafayate, Cafayate 2009, 48 pp.

Con este pequeño libro su autor, religioso agustino, quiere “dar a conocer a una
mujer incomparable: Santa Mónica. De ella dijo su hijo Agustín: «Fue mujer de un
348 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

solo hombre, reverenció a sus padres, dirigió su casa piadosamente y contó con el
testimonio de las buenas obras. Crió a sus hijos volviendo a darlos a luz tantas veces
cuantas les veía apartarse de Ti» (Confesiones IX, 22). Ella es patrona de las madres
de familia, porque eso es lo que fue” (p. 5). La obra se desarrolla a modo de relato
autobiográfico: es la misma Mónica quien nos habla de su vida y de los suyos. Culmi-
na con unas páginas de oraciones y la novena de la familia en honor de la santa. De
lectura sencilla y amena, dirigida a los fieles cristianos de la Prelatura de Cafayate,
estamos ante un buen aporte a la hagiografía popular cristiana en la Argentina.

José Demetrio Jiménez, OSA

VILLEGAS DELGADO, J., Padre Agustín Liébana, agustino. Una vida al servicio de Dios,
Religión y Cultura, Madrid 2007, 232 pp.

La presente obra relata la trayectoria vital del religioso agustino Agustín Liéba-
na, muerto en olor de santidad. La publicación es, por lo tanto, una biografía con la
narración de las numerosas virtudes humanas y espirituales de este hombre de Dios,
que le han hecho acreedor de una más que posible canonización, tarea en la que se
está trabajando. La finalidad del presente libro no ha consistido sólo en dar a conocer
la figura de este fraile agustino, sino también en ofrecer a la autoridad eclesiástica
los hechos más significativos de Agustín en su paso por el mundo (nació en Guardo,
provincia de Palencia en 1923 y murió en Madrid en 1998). Por las páginas del libro
desfilan en larga procesión patrias chicas, monasterios, centros de enseñanza, alum-
nos y compañeros de profesorado, parroquias, familiares, testimonios y anécdotas,
que ayudan a encuadrar su personalidad.

De la Nota editorial

HERNANDO MORENO, P., Mons. Diego Gutiérrez Pedraza. Primer obispo del Valle
Calchaquí, Guadalupe, Buenos Aires 2009, 141 pp.

Se trata de la biografía del P. Diego Gutiérrez, religioso agustino que fue primer
obispo de la Prelatura de Cafayate (Salta), nacido en Barriosuso de Valdivia (Palencia-
España) el 26 de setiembre de 1926, con quien el autor convivió y compartió tareas
pastorales durante varios años. El Prólogo ha sido escrito por el P. Cipriano García
Fernández, también religioso agustino, sucesor del P. Diego como Obispo Prelado de
Cafayate y actualmente emérito.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 349

Creada el 8 de setiembre de 1969 con la bula Praeclarisima exempla de Pablo


VI, la Prelatura de Cafayate comprende la mayor parte del Valle Calchaquí (en las
provincias de Salta, Tucumán y Catamarca) y el departamento de Antofagasta de la
Sierra, en la puna catamarqueña. Pablo VI nombró Administrador Apostólico al P.
Diego desde la creación misma de la Prelatura, designándolo Prelado de Cafayate con
la dignidad de obispo titular de Gaguaros el 10 de octubre de 1973. Habiendo recibido
la consagración episcopal el 16 de diciembre de ese mismo año, el 3 de noviembre de
1977 fue nombrado Obispo-Prelado de Cafayate. Murió en Palencia-España el 23 de
noviembre de 1990, tras una larga enfermedad.
Meritoria esta biografía por los datos y testimonios que compila y organiza. Sin
duda una justa retribución a la memoria de Mons. Diego, a la tarea de los agustinos
en la Prelatura y a la grandeza del pueblo vallisto, que tan grata memoria guarda de
su Pastor. Quiera Dios –y se le haga caso– que la lectura de este pasado, reciente y
sin nostalgia, contribuya a edificar sin temor y en el presente ese futuro de esperanza
al que el biografiado generosamente hizo su aporte.

José Demetrio Jiménez, OSA

FILOSOFÍA, ANTROPOLOGÍA Y SOCIOLOGÍA

D’AMICO, CL. (ED.), Todo y Nada de Todo. Selección de textos del neoplatonismo
latino medieval, Ediciones Winograd, Buenos Aires 2008, 274 pp.

Estamos ante un trabajo interesante, en el que se reúne una selección de textos e


imágenes que dan un panorama de lo que era el neoplatonismo en la cultura medie-
val del occidente latino. Ediciones Winograd nos obsequia de mano de Claudia D’
Amico el fino trabajo de traducción e introducción a los textos y obras realizados por
José González Ríos, Ezequiel Ludueña, Natalia Strock, Cecilia Rusconi y Adriana
Martinez. Uno de los objetivos principales del libro es acercar al lector a los textos
originales y alentarlo a que los lea. Para ello cuenta no sólo con un ensayo introduc-
torio a la selección hecho por la Dra. D’ Amico, sino también con las versiones en
idioma original de cada texto y un ensayo introductorio a cada una. Cuenta, además,
con ilustraciones a color que acompañan el ensayo final acerca de las mmágenes en
la Edad Media.
Otro de los objetivos es poder mostrarle al lector un panorama del neoplatonismo
medieval, para ello se ha elegido una serie de autores que podemos considerar los más
puros exponentes de esta escuela: San Agustín, el Pseudo-Dionisio Areopagita, Mario
Victorino, Boecio, Escoto Eriúgena y Nicolás de Cusa entre otros. Como represen-
350 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

tantes de esta escuela, los autores presentan los característicos comunes a la hora de
hacer filosofía y de meditar acerca de la realidad.
1º El principio intelectual como unidad relacional. Todos comparten el cristia-
nismo, lo que significa repensar el problema de la unidad y la diversidad del principio
uno en una manera relacional. “(…) El neoplatonismo medieval, particularmente en
su versión cristiana, presenta una original perspectiva en la reflexión acerca de lo
uno, que precisamente destaca su originalidad: tal Uno es una unidad relacional en la
cual se da un proceso a temporal de reciproca inmanencia. Lo Uno es Uno y Trino”
(p. 26). En otras palabras, agrega la reflexión trinitaria a la cuestión del principio uno
ya presente desde Platón.
2º Procesión y retorno. La creación como epifanía: La creación o emanación
es la mostración del principio uno. “De esta manera, para muchos de los autores del
neoplatonismo medieval emanatismo y creacionismo no se oponen, sino que son dos
maneras de expresar la irreversible difusión del principio, su manifestación teofánica”
(p. 26). Según la interpretación de la autora, creación y emanación son lo mismo y son
una marca distintiva del neoplatonismo medieval ya que ambas nociones nos muestran
o dan una idea de cómo el principio Uno se desenvuelve hacia la multiplicidad para
luego volver a la unidad.
3º Unidad indivisible entre filosofía y teología. Dice la autora que para el neo-
platonismo medieval “la finalidad de la fe es la intelección, el presupuesto para lograr
la intelección es la fe. De esta manera no se trata de una disolución de la fe en su
conceptualización, sino de advertir después de haber logrado la intelección que el ser
de Dios es incomprensible” (p. 27).
No dejando de lado que estos autores, además de estas características comunes,
poseen las otras particularidades que unen a los neoplatónicos sean estos paganos o
cristianos: el Uno y la complementación entre Platón y Aristóteles entre otras.
Ciertamente, el libro cumple los objetivos para los cuales fue escrito, acercán-
donos una primera aproximación a los autores y a los textos. Sin embargo, como
todo buen estudio, al lector lo deja con ciertas inquietudes o interrogantes. ¿Creación
y emanación son realmente lo mismo para los autores neoplatónicos cristianos me-
dievales? ¿O existe algún matiz que nos puede ayudar a diferenciar estas nociones
y su incidencia en los autores neoplatónicos medievales no cristianos? ¿Se pueden
leer estos autores solamente en clave analítica, sin que sus escritos le hablen al lector
acerca de la realidad que ellos contemplaban y que el lector contempla? Son pregun-
tas que, abiertas, pueden guiar a grandes investigaciones, invitándonos a recorrer el
camino que hicieron estos autores. Éste es, en definitiva, el objetivo del libro: invitar
al lector a acercarse al neoplatonismo medieval y a sus exponentes, y a recorrer el
camino transitado por ellos.

María Sol Rufiner


NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 351

MALLIMACI, F. (COMP.), Modernidad, religión y memoria, Colihue, Buenos Aires 2008,


240 pp.

Organizadas por el Centro Franco-Argentino de Altos Estudios de la Universidad


de Buenos Aires, en el mes de octubre de 2007 se realizaron, en el Palacio San Martín
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las Jornadas Internacionales Moderni-
dad, Religión y Memoria. Allí se dieron cita números especialistas y académicos de
Francia, Brasil, Chile y Argentina. Fruto de dichas Jornadas es este libro, que recoge
algunas de las ponencias que dan cuenta de diversas perspectivas desde donde poder
re-conceptualizar a las “memorias”, como lugares en los cuales poder pensar nuevos
lazos –en lo posible más justos y solidarios– entre los diferentes actores sociales, y
a las “modernidades” como procesos particulares de construcción de subjetividades
y objetivaciones.
En diferentes regiones del mundo se asiste a procesos de incorporación a la “mo-
dernidad” que presentan divergencias notables. Los diversos procesos de “modernidad
religiosa” que se observan dependen en parte de culturas dominantes, de formas cris-
tianas de hegemonías y de vínculos particulares entre el Estado y la sociedad política.
La supremacía que hasta no hace mucho ostentaban algunas instituciones religiosas
hoy es ocupada en muchos casos por divergentes caminos de secularización. Esto ha
llevado a algunos autores a entender el cambio no como la pérdida o desaparición de
“lo religioso” sino como una reformulación en nuevas creencias y valoraciones de lo
sagrado y lo profano. Diversos procesos de “racionalización” e “individuación” que
se han ido desarrollando desde hace al menos medio siglo en el capitalismo moderno
de Occidente han llevado a los sujetos a dar un nuevo sentido a los actos del hombre
en medio de una especie de incertidumbre estructural.
Estos procesos que dan cuenta de la amplia mutación de las estructuras moder-
nas del creer invitan a reflexionar sobre las nuevas creencias y sus formulaciones en
algunas modernidades y a analizar los cambios mostrando similitudes y evitando la
tentación de esencializar. Las diferencias existentes entre distintas “producciones de
sentido” muestran que no estamos ante un fenómeno monolítico. El lector atento de
esta obra no podrá evitar formularse preguntas… ¿Cómo se exterioriza todo esto en
los nuevos comportamientos religiosos? O mejor, ¿son los nuevos comportamientos
religiosos una forma de habitar y de construir la “modernidad”?
Un tema que se vincula con el de las modernidades, y que también es abordado
en este impreso, es el de la “memoria social” y su relación peculiar con las institu-
ciones religiosas como dadoras de sentido, legitimando el mal absoluto desde el Es-
tado o resistiendo en múltiples formas desde la sociedad civil. En nuestro país sigue
vigente la lucha por la aclaración del pasado ya que algunos sectores que pretenden
apropiarse de la memoria –entretejida por recuerdos y olvidos– no están dispuestos
a tolerar el disenso y hacen todo cuanto está de su parte por impedir el desarrollo de
nuevos lugares de memoria. ¿Cuáles son las actuales reconfiguraciones de la memoria
352 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

de la sociedad civil? ¿Y cuál el rol de algunas instituciones religiosas en este trabajo


de construcción?
¿Existe una única mirada posible de la modernidad, la memoria y lo religioso?
¿Con qué categorías deberíamos analizar las actuales modernidades cada vez más
complejas y plurales en un mundo global o trasnacional? Las diferentes aproximacio-
nes y epistemologías que este libro aporta tratan de acercarnos al heterogéneo vínculo
entre “modernidades”, “memorias” y “religiones” que aquellos que tienen el poder
de nominar, disciplinar, hegemonizar y dominar, muchas veces intentan descalificar
afirmando la existencia de una sola modernidad, una memoria verdadera y una única
noción que da cuenta del fenómeno religioso.
Al comienzo del libro se reproducen las palabras de Frederic Baleine Du Lau-
rens, embajador de Francia en Argentina, en la Audiencia Pública llevada a cabo en
la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires con motivo de la declaración de la Pa-
rroquia “Santa Cruz” como sitio histórico. Luego vienen algunas reflexiones propias
del marco europeo (particularmente francés) sobre los nexos entre “religión” y “me-
moria”. En el bloque sobre Miradas plurales sobre religión y modernidad se intenta
ligar desarrollos teóricos y empíricos en relación con el fenómeno creciente de la
secularización (fenómeno que no deja de ser “religioso”). En “Emoción, modernidad
y religiones” se da cuenta de algunos desarrollos actuales en torno a investigaciones
focalizadas sobre distintos temas en el contexto argentino. Por fin, los últimos dos blo-
ques, Memoria y dictadura y Memoria, verdad y reconciliación se refieren a la última
dictadura militar y a algunos dilemas éticos que se plantean con respecto a ella.
El hecho de que sea el Dr. Fortunato Mallimaci, Director del Centro Franco-
Argentino de Altos Estudios de la UBA, el compilador de este libro garantiza la
rigurosidad de los trabajos de investigación en los que se basan los diversos autores
y la libertad de pensamiento en el que se mueven.

Gerardo García Helder

INFRANCA, A. Y VEDDA, M. (COMP.), György Lukács. Ética, Estética y Ontología, Co-


lihue, Buenos Aires 2007, 190 pp.

“Cada vez más fuerte era el encanto de la explicación. Esa fuerza no emanaba
sólo del pensamiento, sino que, inseparablemente de éste, procedía también del
pensador que procuraba ocultarse detrás del Logos. No teníamos noción de quién
era realmente ese György Lukács: su pasado era, entonces, un misterio; su obra –en
su mayor parte–, desconocida. Y sin embargo, en la sucesión de esas explicaciones,
cobró expresión algo casi imposible de explicar, cuyos signos, nosotros –jóvenes de
entonces–, pudimos ‘captar’ y descifrar. La emanación de la personalidad significa-
tiva” (p. 64).
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 353

Podría decirse que, en líneas generales, el presente libro se propone develar quién
era realmente ese György Lukács. Su obra sigue siendo hoy, en muchos aspectos,
desconocida, o conocida a medias. Y este desconocimiento se debe en gran medida a
cuestiones externas a su pensamiento. Una de las dificultades que señalan los compi-
ladores Antonino Infranca y Miguel Vedda es la carencia de traducciones al español
de algunas partes de su obra. En ese sentido el libro constituye un aporte esencial
para la comprensión de la obra de Lukács, ya que presenta textos inéditos vertidos
a nuestra lengua. Algunos de estos artículos son Origen y valor de la obra poética,
Gran Hotel “Abismo” y Marx y Goethe. La presente compilación reúne además una
serie de documentos críticos del período stalinista de Lukács. El libro se completa con
una antología de artículos escritos por especialistas sobre diversos temas de la obra
de Lukács. La estética y la ontología son los dos que aparecen más desarrollados. En
estos artículos, el pensamiento de nuestro autor aparece desarrollado en su sustancia
viva. Al presentar estudios sobre la obra tardía de Lukács, el propósito claro de los
compiladores es contribuir a completar el cuadro de la filosofía lukácsiana. El pró-
logo de la obra, escrito por los compiladores, provee al lector algunas indicaciones
importantes para el abordaje de los artículos.
Entre las obras de Lukács, presentamos las ideas principales de algunas. La
primera es Origen y valor de la obra poética. El breve texto se propone mostrar
cuáles son las dificultades que hay que tener en cuenta a la hora de emprender un
análisis marxista de la literatura. Desde tal tipo de análisis, los productos literarios
son considerados como una parte integrante de la evolución social general. Esto sig-
nifica que el análisis de la literatura debe fijar su atención en las clases sociales que
producen las obras, y no tanto en las “grandes personalidades” de cada época. Ahora
bien, la primera dificultad que debe afrontar este tipo de análisis es el concerniente
al efecto que producen las obras literarias. Si bien el origen de toda obra literaria está
vinculado, según el marxismo, a ciertas formas de evolución social, el efecto de dicha
obra rebasa ese estadio de evolución, para convertirse de algún modo en “norma y
modelo inalcanzable”, según la expresión de Marx. Pero ésta no es la única dificultad
que debe afrontar el análisis marxista de la literatura. Porque si fuese capaz de ex-
plicar, no sólo el origen, sino también el efecto de la obra literaria, aun quedaría por
descifrar el por qué ciertas obras adquieren renombre y ejercen influencia, y otras
obras, contemporáneas a éstas y surgidas a partir de las mismas relaciones de clase,
que expresan un sentimiento vital similar, en cambio, no adquieren la notoriedad de
las primeras y caen en el olvido. Un análisis estético de la literatura que sea fiel al
marxismo debe ser capaz de sostener los postulados fundamentales y a la vez mirar
de frente las dificultades que han sido esbozadas.
Otro artículo interesante de Lukács publicado en la presente antología es Gran
Hotel “Abismo”. Lukács analiza en este escrito la situación de la intelectualidad
burguesa de su tiempo. Para Lukács, la intelectualidad ejerce la producción y la pro-
pagación de la ideología. Pero el sector de los intelectuales se engaña cuando supone
que los cambios sociales dependen de factores ideológicos. En realidad, la actividad
de los intelectuales se reduce a expresar en forma de ideología los movimientos de
354 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

las clases sociales. Esta situación de los intelectuales, afirma Lukács, se agudiza en
los períodos de decadencia de la clase a la que pertenecen. Cuanto más profunda es
esta decadencia, tanto menos puede la clase burguesa sostener su ideología auténtica.
Y sin embargo, a pesar la decadencia, la clase defiende su ideología hasta las últimas
consecuencias. Esta defensa se realiza bajo la forma demagógica de un ocultamiento
de las formas de explotación. Ante esta situación, los intelectuales más honestos de
la clase dominante intentan alejarse de su propia ideología. Pero la separación se
vuelve difícil e irregular. Los intelectuales, atascados en los problemas ideológicos,
no alcanzan a comprender que el punto central de la lucha de clases, lo que motiva el
enfrentamiento entre ellas, es la explotación. Sin embargo, a medida que el sistema
capitalista se degrada, la explotación aparece cada vez con más claridad. Es entonces
cuando el desconcierto y la oscilación de los intelectuales alcanza el punto límite, ya
que, por un lado, no admiten ser los portavoces de un sistema fascista, pero por otro
no son capaces de dar el “salto vitale” hacia la clase revolucionaria. En consecuencia,
los intelectuales quedan a mitad de camino. El tránsito hacia la clase revolucionaria
no se da de modo inmediato, sino que implica sucesivas “estaciones intermedias”.
Estas estaciones intermedias están dispuestas de tal modo que logran detener a los
intelectuales burgueses en un estado de paralización. En ese estado de paralización,
que se encuentra alejado de la burguesía pero que no llega aún al proletariado, los
intelectuales se sienten cómodos y no tienen deseos de proseguir. Es ese estado el que
Lukács quiere explicitar mediante la metáfora del “Gran Hotel Abismo”.
En el artículo Marx y Goethe se presenta la conferencia ofrecida por Lukács al
recibir el “Premio Goethe”, en agosto de 1970. En el mismo, Lukács se pregunta cómo
se comporta un marxista frente a la obra de Goethe. La respuesta, desde ya, es propia
de Lukács, así como lo había sido la formulación de la pregunta. La interpretación que
hace de la obra de Goethe recorre un camino trazado por Marx. Lukács ve en Goethe
un ideólogo que ha dotado de conciencia a una etapa determinada de la evolución ge-
nérica humana. Es justamente esta posibilidad de realización genérica la que Goethe
pone de manifiesto, según Lukács, en su obra. El dilema referente a la acción en la so-
ciedad burguesa, que oscila entre el egoísmo y el altruismo, ambas formas abstractas,
encuentra una solución en la alternativa que propone Goethe. Ésta alternativa consiste
en considerar que la acción social verdadera se da cuando el individuo se esfuerza
por realizarse en cuanto esencia genérica. Sólo así puede sentirse conmovido en su
subjetividad sin caer en el sometimiento a normas abstractas y generales.
Los artículos que completan el libro abordan, en su mayoría, cuestiones relativas
a la estética y a la ontología de Lukács. El artículo titulado El fundador de escuela es
el único que no aborda una cuestión “sistemática”, sino que se centra en la persona de
Lukács. En este artículo la autora, Agnes Heller, relata sus vivencias junto al György
Lukács de carne y hueso. Dentro de la antología de textos que componen el libro, este
artículo cumple la función de “completar” el cuadro de Lukács. Al presentarlo como
“hombre” antes que como filósofo y pensador, Heller logra poner en descubierto par-
ticularidades de su personalidad que tal vez no puedan advertirse en su obra escrita.
Lo paradójico es que, aun en la atmósfera íntima en que gravita el artículo, Lukács
aparece como filósofo y pensador nato, como el logos encarnado.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 355

Los artículos de Guido Oldrini, Nicolas Tertulian y Georg Bollenbeck (El funda-
mento ontológico de la estética de Lukács, El pensamiento del último Lukács y Una
estética que merecía más atención respectivamente) abordan el tema de la estética de
Lukács. El punto central de estos artículos es mostrar que la estética no se reduce en
la obra de Lukács a una teoría del arte. La actividad estética es analizada mediante la
reconstrucción del conjunto de las actividades de la conciencia. Desde la “vida coti-
diana”, pasando por la religión, hasta llegar a la ciencia y la moral. Podemos encontrar
en estos artículos, además, una revisión de las últimas obras del pensador húngaro,
tales como la Estética y la Ontología del ser social. Los autores coinciden en que es-
tas obras de la madurez de Lukács constituyen su máxima contribución a la filosofía
contemporánea, y en consecuencia, ayudan a remarcar su importancia en el contexto
de la filosofía del siglo XX. La filosofía de Lukács es presentada, también, “como la
más ambiciosa e importante reconstrucción filosófica del pensamiento de Marx que
haya podido registrarse en estos últimos decenios” (p. 103). Y con ello también se
pone de manifiesto la importancia de Lukács, ya que se propuso esta “reconstrucción
filosófica” en el momento en que se daba, no el esplendor, sino la decadencia y el
desmoronamiento del marxismo.
Por su parte, los artículos de Werner Jung, Antonino Infranca y Frank Benseler
(Para una ontología de la vida cotidiana, Fenomenología y ontología en el marxismo
de Lukács y El Lukács tardío y el viraje subjetivo en el marxismo, respectivamente)
se centran en cuestiones relativas a la ontología de Lukács. El análisis de la evolución
de las categorías de trabajo y de vida cotidiana como categorías fundamentales del
ser social es uno de los propósitos principales de estos artículos.
Como afirmamos al principio, el propósito de los compiladores de esta obra al
presentar la antología de textos que comentamos es contribuir a completar el cuadro
de la filosofía de Lukács. Podemos decir que, en parte, el libro cumple con estas ex-
pectativas. Y decimos “en parte” porque, como es sabido, ningún sistema de ideas,
ninguna filosofía, se reduce a un libro, o a un grupo de libros. Toda filosofía es, esen-
cialmente, algo que excede su exposición y su comentario. Y por eso el presente libro
contribuye a completar el cuadro de la filosofía de Lukács, aunque sólo en parte.
A este aspecto del libro debemos sumar otro muy importante: la antología de
textos constituye, además, una invitación al estudio de la obra de Lukács. La insis-
tencia en hablar del “último Lukács”, o del “Lukács tardío”, debe interpretarse como
un llamado a re-considerar la obra de este pensador importante del siglo XX. Si el
libro presenta conclusiones, es sólo por el deseo que todo estudioso tiene de llegar a
un “terreno firme”, de asentarse de algún modo. Lo esencial de este libro, al contra-
rio, no está en las posibles conclusiones sino en el campo que queda abierto para la
investigación. Y por ello resulta interesante y estimulante. Quienes se dediquen (del
modo que sea) al estudio de Lukács encontrarán en este libro un aliado significativo
en el camino que recorren.

Germán Ramos
356 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

LASTRA, A., Ecología de la cultura, Katz, Buenos Aires 2008, 145 pp.

Este libro forma parte de la colección Discusiones de la editorial Katz, que se


propone reunir bajo dicha selección aquellas obras cuyo núcleo es el debate. Debate
en torno a la transformación de conceptos tradicionales o bien acerca de la validez
y profundidad de nuevas ideas. Esta obra, del filósofo español Antonio Lastra, es un
ejemplo de búsqueda de explicitación de un concepto todavía en construcción. Con
el objetivo de ahondar en la comprensión de la naturaleza humana, intenta explorar
y definir qué es o qué implica el término ecología de la cultura, y lo hace a través
de un recorrido filosófico, antropológico y sociológico en constante conexión con la
literatura y el cine.
El libro consta de un prefacio y cinco capítulos. Cada uno de ellos fue escrito
para ser presentado o bien publicado de forma individual y en diferentes momentos
entre los años 2006 y 2008. Sólo uno de ellos, titulado Leer. Emerson, Leo Strauss,
Harold Bloom, el cuarto en esta obra, forma parte de un proyecto (no editado hasta
la fecha de impresión de este libro) denominado La influencia de Harold Bloom, en
colaboración con el escritor Carlos X. Ardavín y el filósofo Javier Alcoriza.
La intención de Lastra a la hora de reunir estos escritos es ampliar el horizonte
de lectores o receptores de estas ideas, que originalmente fueron expuestas para un
público reducido en jornadas de seminario o realizadas para publicaciones de estudios
específicos. Es importante aclarar que el término ecología de la cultura no es propio
de Lastra. Se trató, originalmente, de una entrada o división de un Diccionario de
estudios culturales (publicado posteriormente en el año 2004), con la que se topa el
filósofo español una vez invitado a participar en la investigación y redacción del mis-
mo. Nuestro autor señala que, desde entonces, este concepto ha influido fuertemente
en sus estudios y lecturas. Describe, además, la difícil tarea de poder explicitar su
significado y la atracción que le suscita esta búsqueda. “Lo que quería saber cuando
empecé a escribir el primero de los ensayos sigue siendo difícil de expresar” (p. 7).
Esta dificultad que percibe el autor, también se presenta para el lector. Por otro lado,
supo recoger y relacionar esta idea con un término de Ralph Waldo Emerson, domes-
ticación de la cultura, que finalmente Lastra utilizará como sinónimo de ecología
de la cultura.
Junto con Emerson, los nombres de los pensadores que Lastra toma priorita-
riamente como referentes y con los que conversa y discute en esta obra son Henry
David Thoreau, Leo Strauss, George Santayana, Stanley Cavell y Robert Gardner.
Contemporáneos todos, son en su mayoría norteamericanos (salvo Santayana que
nació en España pero vivió desde niño en Estados Unidos) y filósofos de profesión (a
excepción de Gardner que es antropólogo y director de cine).
Muchos son los temas que se abordan a lo largo de los capítulos y muchas son
también las personalidades que Lastra cita y explora. Sin embargo, enfocaremos
nuestras líneas a dilucidar a qué se llama ecología de la cultura. Para poder inmis-
cuirnos, entonces, en el planteo en torno a esta idea es importante prestar atención
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 357

a las primeras páginas del prefacio. El libro “empieza con una consideración de la
naturaleza” (Pensando en la naturaleza. Lucrecio, Santayana, Leo Strauss”, es el
título del primer capítulo) y “termina con una consideración sobre la cultura” (Ro-
bert Gardner y la ecología de la cultura es el último). Sin embrgo, “también podría
decirse que el libro empieza con un estudio sobre el desmoronamiento del mundo en
el poema de Lucrecio y termina con una referencia poética a la naturaleza dominada
por la mano del hombre, es decir, por la cultura” (p. 7). En las últimas páginas del
Libro VI de su obra De la naturaleza de las cosas, Lucrecio describe, desde una
interpretación claramente epicúrea, lo que fue en el siglo V a. de C. la peste de Ate-
nas. Para el discípulo de Epicuro, este acontecimiento representa nada menos que la
inconsistencia del mundo y, por tanto, su inevitable derrumbe. La poesía final, a la
que se hace mención en este fragmento citado, representa la posibilidad del hombre
de reconstruir esa naturaleza despedazada. En este sentido, Antonio Lastra toma la
imagen de Atenas descripta por Lucrecio y, haciendo suyo el análisis que realiza Leo
Strauss, ferviente estudioso del filósofo epicúreo, la contrapone a Jerusalén como
ícono de vida y esperanza a partir de la revelación.
En este contexto de recuperación del mundo, el filósofo español retoma la nece-
sidad de volver a Sócrates y a Freud. Considera sus métodos y terapias respectivas
como cuidados paliativos capaces de suavizar y atenuar la violencia que las enfer-
medades terminales, como las que describe Lucrecio en su poema, generan. “Con un
término de Emerson, llamaré a este tratamiento espiritual –un análisis esencialmente
profano– la domesticación de la idea de cultura” (p. 64). Que el hombre tenga la
posibilidad de “curarse” supone que, además, pueda reconsiderar qué sea la cultura
y domesticar o moderar sus consecuencias. Lastra entiende el concepto de cultura
como la transformación –que está en manos del hombre– de la naturaleza y del hom-
bre mismo. Esta necesidad de recuperación del sentido de la naturaleza y del hombre
es justamente lo que implica la domesticación o la ecología de la cultura que, según
Lastra, encuentra en el cine la forma de expresión artística y comunicación más efec-
tiva: “domesticación de la idea de cultura que, en mi opinión, lleva a cabo el medio
cinematográfico” (p. 50). “Tal vez el cine sea el análisis profano por antonomasia en
el intento de darle un trasfondo adecuado a la existencia del hombre” (p. 63).
En el último capítulo, dedicado a la descripción e interpretación de distintos
films, como él los llama, y siguiendo con la explicitación de esta idea eje del libro,
Lastra hace un pedido sociológico, podríamos decir, de cuidado por las comunidades,
costumbres y formas de vida originarias. Consciente del proceso de globalización
que involucra a la Tierra toda, pretende desarrollar aquello que Gardner propone
con el concepto –que es el título de una de sus obras– de impulso de preservar: “la
domesticación de la cultura se sobrepone (…) a conceptos mucho menos útiles como
“occidentalización” o “globalización” (…) aún persisten las costumbres, los ritos y
las ceremonias de vida tradicional”. (p. 69). “Uno de los pasajes más conmovedores
de El impulso de preservar, y en mi opinión el más importante para la ecología de
la cultura –a la altura de los Tristes trópicos de Lévi-Strauss–, es el que describe la
vuelta de Gardner al Valle de Baliem, treinta años después, en parte para que los Dani
358 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

vieran Pájaros muertos y tuvieran la oportunidad de reconocerse. “La película –es-


cribe Gardner– de un modo místico, era más real que ellos mismos”, que los propios
Dani convertidos ahora en un reclamo turístico y “actuando”, en el peor sentido del
término, en parodias de la guerra sagrada” (pp. 197-198). En este documental de 1964
(que se puede apreciar en los fragmentos fílmicos que Gardner presenta en su página
web oficial), los protagonistas son los integrantes de la comunidad Dani del Valle de
Baliem de Papua (Papua-Nueva Guinea desde 1975). Ellos conservaban, al menos
hasta la primera visita de Gardner, costumbres propias de la edad de piedra y el centro
de su cultura radicaba en la práctica bélica. El título Dead birds hace referencia a los
guerreros Dani caídos en combate. Antonio Lastra relata la experiencia de Gardner
para poner en evidencia de forma contundente que el hombre y su idea de cultura de-
ben ser domesticados en favor de la realidad. Mientras que en “El escolar americano,
Emerson formularía la exigencia de la ecología de la cultura como una “revolución”
que tendría lugar mediante “la domesticación gradual de la idea de cultura”“ (p. 175).
Sólo “un nuevo grado de cultura –escribió Emerson en Círculos– revolucionaría ins-
tantáneamente todo el sistema de las aspiraciones humanas” (p. 175).

María Gimena Cavalieri

BELTING, H., Antropología de la imagen, Katz, Buenos Aires 2007, 321 pp.

El autor reflexiona sobre el concepto de imagen desde un contexto antropoló-


gico. No acota su campo, sino que lo abarca profundamente, ya que –como declara
en las primeras páginas de su ensayo– un estudio apropiado de la imagen producida
es también un estudio sobre los productores que las idearon. La imagen aquí no está
tomada como esencialmente separada del cuerpo social que la genera. Con estas bases
el autor se pregunta qué es una imagen. Más allá del fenómeno en que los hombres
y mujeres aíslan dentro de su campo visual una unidad simbólica, en una operación
analítica que desemboca en una síntesis –aquello que llamamos imagen–, el autor
transciende dicho fenómeno en busca del concepto antropológico que cuestiona. La
creación de imágenes es algo que todas las culturas han concebido. El qué se busca
en la imágenes no puede ser comprendido sin el cómo se las coloca como imagen o
se convierten en imagen. De ahí la importancia del medio.
Estos medios portadores se hacen visibles a través de diversas técnicas, que
exigen una teoría de medios en una física de la imagen. El autor desarrolla esta no-
ción de medio caracterizando a la persona humana como el lugar de las imágenes:
el cuerpo, un organismo vivo portador de imágenes, y así transmisor cultural de las
imágenes significadas por el cuerpo. En un análisis histórico asiste al choque de estas
imágenes producidas en eventos particulares, como en una confrontación real entre
las imágenes a través de las conquistas y las colonizaciones: la representación de los
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 359

vencidos frente a los vencedores. Belting estudia estos modelos de reorientación de


imágenes conductoras oficiales dentro de un proceso histórico conflictivo.
Extendiendo su estudio hacia los paisajes –landscapes– el autor se aproxima a
una definición de lugar en sentido antropológico que contrasta con el lugar geográfico
en tanto que lugares de imaginación y escape, apoyándose en los dibujos en tinta de
la china antigua, donde cada imagen, amén de su representación fáctica, imprimía en
el sujeto observador una distancia alegórica. Tomando la iconografía del cuerpo en el
Medioevo, el autor se pregunta cómo están relacionadas las imágenes del cuerpo y la
imagen del ser humano, y qué se quiere representar al imprimir en forma y símbolo
lo característico humano. Así, concluye que la crisis entre el sujeto representado y la
representación en sí está atravesada por complejos factores.
Siguiendo a Foucault traza una relación histórica desde el medioevo hasta la
modernidad, en donde la pérdida de lo humano junto con la pérdida del cuerpo reviste
los caracteres típicos del sujeto. ¿Qué es la imagen en este contexto? En un escenario
post-capitalista deshumanizante y descorporizante, donde la biopolítica funciona
como núcleo de esta problemática, la imagen de lo humano se encuentra metaforizada
por una expresión ideal que se contrapone con la idea de belleza de la antigüedad. En
este punto el autor traza un paralelo con la estética fascista y la moderna concepción
plástica de una imagen del cuerpo atlético, no ya al servicio de una ideología marcada,
sino como consecuente de una sociedad espectacular de consumo.
Pero ¿es posible reducir el cuerpo a una imagen? La escisión racional fue el
compromiso de la Ilustración, donde se estableció la ruptura de la imagen clásica al
caracterizar al cuerpo en el marco de la especificidad de las ciencias biológicas. Pero
en una época donde las imágenes subsisten a su reproductibilidad técnica, especial-
mente en el cine y la fotografía, donde se muestran cuerpos que significan personas,
donde el “yo” está velado por el acertijo de la técnica reproductora en una serie de
imágenes cartográficas sin pronombre posesivo y donde “mi cuerpo” ya no significa
conciencia –en términos lacanianos–, la construcción mental de esta imagen se afecta
y se resiente. Este cuerpo como un constructor cultural habilitado y posibilitado por
el lenguaje que lo condiciona a la función de máscara (persona), en tanto que huma-
no, es una metáfora del cuerpo, y el cuerpo una apariencia: un fenómeno cultural.
Máscara, Cuerpo, Humano, la tríada, al descomponerse, pierde las interrelaciones
simbólicas. Esta es, sugiere el autor, la característica decisiva de la crisis de la imagen
del sujeto en la modernidad.
Frente a los artistas que utilizan su cuerpo como medio expresivo, Belting se
pregunta cómo éstos se afirman ante la “presencia real” de las imágenes analógicas
y miméticas. En esta “experiencia del cuerpo” que se revela ante el monopolio de la
realidad medial, que usurpa el mundo de los cuerpos deshumanizados, mecanizados,
en un culto al cuerpo que es inversamente proporcional a la pérdida del ser. Concluye
el autor que el siglo XXI no se identificará ya con la construcción ideológica de un
cuerpo, sino con la construcción biológica del sujeto, refiriéndose a los avances en la
manipulación genética. Por ello, insiste en que un enfoque antropológico está obligado
360 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

a estudiar precisamente la transformación de la imagen del cuerpo y de la imagen del


hombre con que se representa el interrogante irresoluble del ser humano en sentido
social, biológico y psicológico.
En este sentido, se instala ante la problemática de la muerte en tanto que fenóme-
no de representación. El hombre, como centro productor de las representaciones del
mundo, ha necesitado un medio para hacer presente la ausencia. El mundo impacta
en el sujeto receptor y las imágenes requieren su sentido. En torno a las imágenes se
erige este deseo propiamente humano. La producción de imágenes fue la respuesta
a una amenaza existencial para los seres humanos. A causa de la muerte, las imáge-
nes se enredan con el enigma de la ausencia, enigma al que le deben su sentido mas
profundo. El difunto es devuelto a la sociedad, con su carga alegórica, en un inter-
cambio simbólico. Lo que en determinado momento había sido cuerpo se transforma
en imagen de sí mismo –momias y cráneos del neolítico–, en una presentación que
se ha materializado. Recordando la representación de máscaras en los orígenes del
teatro, aplicado al recuerdo del difunto como una vívida representación de lo ausente
o la figura “viva” de la imagen votiva, la máscara tiene como virtud una doble fuga
significante: ocurre en un mismo plano tanto el ocultamiento como la imagen. La
máscara vive la ausencia, reemplaza por una presencia que ocupa una identidad vacía.
Así, destaca la importancia de la muerte en el surgimiento de las imágenes, en tanto
que operan como su opuesto simbólico.
Siguiendo a Platón, señala Hans Belting un paralelo entre las doctrinas arribadas
en el Teeteto y Sofista, donde principalmente el filósofo subraya la apariencia de las
duplicaciones de las imágenes. Como señala el autor, “…en esto radica el sentido
de una antropología de la imagen que indaga los orígenes buscando comprender los
mecanismos simbólicos que seguimos con nuestro trato con las imágenes”.
Ocupándose de la estética dantesca que se desprende del Inferno de la Divina
Comedia, Belting sostiene que el poder de una imagen radica en la luz y en su opuesto
trascendental, la sombra. Se halla ante un nuevo conflicto de representación: la teoría
de la imagen y la teoría teológica de las almas. Dante, a partir de la diferencia categó-
rica-ontológica entre la imagen y el cuerpo, confronta los conceptos con mayor peso
que sus antecesores de la antigüedad: los cuerpos nunca son imágenes, las imágenes
nunca son cuerpos. En el Infierno las sombras de los penantes están en marcada
contraposición con los cuerpos mortales. Es el propio Dante con su virtud poética
quien logra atravesar esta frontera, como una especie de mortal-sombrío, como un
peregrino que aún posee su sombra en el caminar por entre los muertos. Belting reco-
ge un extenso campo de significados: la sombra como desecho, como el resto, como
contorno, no entendida ya como superficie negra sino como duplicación del cuerpo,
duplicación en la que está implicada la falta y el vacío. Este aspecto mágico de la
sombra es tomada por el autor desde la leyenda del origen de la pintura, con el intento
de los griegos por apresar la sombra del cuerpo como testigo del sujeto que la produjo,
que estuvo ahí en cuerpo y alma. Y se pregunta cómo resuelven este conflicto entre
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 361

imagen-cuerpo los artistas como Giotto, Masaccio y Miguel Ángel, sucesores estos
de la cosmovisión suscitada en la Comedia.
En una sociedad como la industrial, donde la fotografía ha acompañado los cam-
bios, estas imágenes pretenden simbolizar una percepción del mundo. Adquieren su
significado mágico en su búsqueda cuando persiguen la realidad de las cosas. Afuera
no hay imágenes, sólo en nosotros las elaboramos. Muy cercano a R. Barthes, Belting
propone la búsqueda de un nuevo camino para encarar una teoría de la fotografía, qué
la destaca por entre las demás manifestaciones artísticas que tienen a la imagen como
su primer elemento constitutivo y cuáles fueron las virtudes que la matizaron frente
a la aparición de la televisión. Ante aquellas imágenes suministradas y eliminadas
simultáneamente dentro de un flujo continuo, estas son las inquietudes que intenta
resolver. Encarando la fotografía como reproductor de la personal mirada que lanza-
mos al mundo y las imágenes como surgidas a partir de esa mirada que persigue una
visión nueva y personal. Es así como la voluntad participa en el instante fotográfico
fijando para siempre la sombra como un efecto tanático.
Tanto J.L. Godart como R. Frank han reflexionado acerca de la producción, el
medio y el uso de las imágenes generadas por la cámara. Belting se detiene en algu-
nas reproducciones de estos autores que han intentado trascender el medio que las
soporta: el rasgado de la película que pretende liberar a la imagen de su materialidad,
o bien aquellas imágenes dentro de la imagen, recursivas, que abren literalmente las
fronteras del medio. El sujeto ha pretendido con la imagen la búsqueda del sentido
ulterior más allá de los fenómenos y las apariencias, predicar con imagen aquello que
de suyo –por ausente– es imposible de predicar lógicamente. De algún modo toda ma-
nifestación artística es este intento. La angustia ante el vacío es suplida por la imagen
y el evento particular de hacer presente lo ausente, siendo esto la imagen poética que
ha trascendido el umbral del lenguaje lógico, consecuente, de causas explicativas. La
imagen se presenta como síntesis de este buscar y como característica inevitable del
deseo de permanencia, de lo estable, de lo inmutable, de lo esencial.

Valeria Díaz

RUIZ DE LOS LLANOS, G., El Corán Criollo, Editorial del Nuevo Amanecer, Buenos
Aires 2006, 345 pp.

“Primera versión en castellano del Sagrado Corán versificado en décimas


criollas, volcados que fueran sus 114 Capítulos y 6226 Versículos en 1850 estrofas:
18.500 versos respetándose escrupulosamente el contenido y literalidad de la Palabra
de Dios”. Son las palabras del autor que acompañan al título de la obra, de la que él
mismo hace una introducción y anota a lo largo de sus páginas. Gabriel Ruiz de los
Llanos une a su condición de musulmán criollo la admiració