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Título: ANTROPOLOGÍA BÍBLICA

Autor: Benjamín Rojas Yauri Co - autor: Abel Torres Salazar

Diseño de interior y tapa: Denise Raquel Orosco Florián

El contenido de está publicación (texto, imagenes y diseño), no podrá reproducirse total ni parcialmente por ningún medio mecánico, fotográfico, electrónico (escáner y/o fotocopia) sin a autorización escrita del autor.

UNIVERSIDAD PERUANA UNIÓN - Facultad de Teología Departamento de Educación Religiosa

Carretera Central km 19 - Ñaña - Lima / Tel: (01) 618 6336 / 618 - 6300 / Anexo: 3034 www.upeu.edu.pe

PRESEN

TACIÓN:

Conocer nuestro pasado nos ubica para enfrentar nuestro futuro con un propósito. El pasado deja de ser una serie de hechos irrelevantes en los libros para convertirse en una serie de principios orientadores para conducirnos en el futuro, y esto es así cuan- do el ser humano decide conocer su pasado, para comprenderse y comprender a sus semejantes, conocerlos, valorarlos, respetarlos y aquilatarlos.

Gracias a Dios por permitirme el privilegio de poder llegar a ti con este libro que in- tenta brevemente llevarte a conocer tu pasado como adventista.

Que Dios te cuide y ayude en el desarrollo fascinante de este curso.

Tu amigo: Yván Balabarca Cárdenas

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TABLA

DE

CONTE

NIDO

ÍNDICE

UNIDAD I ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
UNIDAD I

UNIDAD I

UNIDAD I ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
UNIDAD I ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
UNIDAD I ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

SESIÓN N° 1: SÍNTESIS DEL PANORAMA HISTÓRICO PROFÉTICO DEL SURGIMIENTO DEL DON DE PROFECÍA EN LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

SESIÓN N° 2: CONTEXTO HISTÓRICO DEL DESPERTAR ADVENTISTA

SESIÓN N° 3: EL MOVIMIENTO MILLERITA

SESIÓN N° 4: DESPUÉS DEL CHASCO

SESIÓN N° 5: PASOS HACIA LA ORGANIZACIÓN

SESIÓN N° 6: LA EXPANSIÓN MISIONERA Y ORGANIZACIONAL (1868 - 1885)

SESIÓN N° 7: EL DESARROLLO ORGANIZACIONAL

SESIÓN N° 8: LA CRISIS DE 1888 Y LA EXPANSIÓN DE LAS INSTITUCIONES

SESIÓN N° 9: LA REORGANIZACIÓN Y LA CRISIS DEL DR. KELLOG

UNIDAD II

PRINCIPALES PERSONAJES Y DESARROLLO

DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

SESIÓN N° 10: LOS ÚLTIMOS AÑOS DE ELENA G. DE WHITE Y SU LEGADO

SESIÓN N° 11: JAIME WHITE Y LAS PUBLICACIONES ADVENTISTAS.

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UNIDAD III

 

ORIGEN Y DESARROLLO DE LA

IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA EN EL PERÚ

SESIÓN N° 12: LAS GUERRAS MUNDIALES

SESIÓN N° 13: LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA EN EL PERÚ

SESIÓN N° 14: HISTORIA DE LA EDUCACIÓN ADVENTISTA EN EL PERÚ

SESIÓN N° 15: PANORAMA DE LA IGLESIA ADVENTISTA EN EL PERÚ

SESIÓN N° 16: RESUMEN Y CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFÍA

La asignatura Historia de la Iglesia Adventista del Sép- timo Día pertenece al área de Estudios Generales. Es de naturaleza teórica. Tiene como propósito evaluar el origen y desarrollo de la Iglesia Adventista del Sép- timo Día según el método histórico a fin de aceptarla como un movimiento dirigido por Dios. Comprende:

Origen divino de la Iglesia Adventista del Séptimo Día; Principales personajes y desarrollo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día; Origen y desarrollo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Perú.

Evalúa el origen y desarrollo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día según el método histórico a fin de aceptarla como un movimiento dirigido por Dios.

COMPETENCIA

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UNIDAD I

ORIGEN DIVINO DE LA
ORIGEN DIVINO DE LA

ORIGEN DIVINO DE LA

ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
ORIGEN DIVINO DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

SESIÓN

N°1

Síntesis del panorama histórico profético del surgimiento del don de profecía en la Iglesia Adventista del Séptimo Día

SESIÓN

N°4

Después del chasco

SESIÓN

N°7

El desarrollo organizacional

SESIÓN

N°2

Contexto histórico del despertar adventista

SESIÓN

N°5

Pasos hacia la organización

SESIÓN

N°8

La crisis de 1888 y la expansión de las instituciones

SESIÓN

N°3

El movimiento Millerita

SESIÓN

N°6

La expansión misionera y organizacional (1868 - 1885)

SESIÓN

N°9

La reorganización y la crisis del Dr. Kellog

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SESIÓN N° 1:

SINTESIS DEL

PANORAMA HISTÓRICO

PROFÉTICO DEL SURGIMIENTO DEL DON DE PROFECÍA EN LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

DANIEL 7

Era el rey Belsasar quien reinaba sobre Babilonia cuando Daniel tuvo un sueño en el que cuatro “bes-

tias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar” (Daniel 7:3), la primera era “como león, y tenía alas de águila” (Daniel 7:4) y representaba al impe- rio de Babilonia que dominó el mundo entre el 605

y el 539 a.C. Luego Daniel observó una “segunda

bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un

costado más que del otro, y tenía en su boca tres

costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Leván- tate, devora mucha carne” (Daniel 7:5), esta bestia representaba al imperio Medo Persa, el cual tomó

a Babilonia una noche del 539 y gobernó sobre la

tierra hasta que cayó derrotado ante los griegos de Alejandro en la batalla de Issus el 331 a.C. dando inicio al tercer imperio.

Daniel escribió luego: “he aquí otra (bestia), seme- jante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas;

y le fue dado dominio”, las cuatro alas denotan a la

velocidad con que Alejandro conquistó su gran im- perio, el griego, el cual existió desde que Alejandro conquistó todo, hasta la época de los descendien- tes de los cuatro grandes generales. El imperio de Alejandro se dividió en cuatro partes veinte años después de su muerte el 301 a. C. y luego estas se redujeron a tres el 208 a. C y luego las restantes fueron absorbidas de manera gradual por el Impe- rio Romano entre el 168 y el 30 a. C. Daniel describió a una “cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuza- ba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy di- ferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos” (Daniel 7:7) Esta bestia señala al Imperio Romano que tardó cien años en conquistar el legado de Alejandro afirmando su poder sobre los griegos el año 168 a. C. en la batalla de Pydna. El Imperio Romano surgió para gobernar sobre la tierra hasta el año 476 cuando el último emperador de occidente fue depuesto por los barbaros. Al caer Roma occidental, en su territorio surgieron diez tri- bus bárbaras: Visigodos, Vándalos, Ostrogodos, Lombardos, Francos, Burgundios, Suevos, Anglosa- jones, Alamanes y Hérulos. Daniel señaló además: “mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres

cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que habla- ba grandes cosas” (Daniel 7:8). Este cuerno (reino) era pequeño en comparación a los otros y para que

surgiera era necesario que tres reinos desaparecie- ran. Los hérulos fueron vencidos por los Ostrogo- dos y su general Teodorico en el 493. Los Vándalos

y los Ostrogodos fueron vencidos a su vez por el

poderoso general bizantino Belisario, quien tomó prisionero a Gelimer, rey de los Vándalos (534) y luego los godos fueron expulsados de Roma el 538

d.C. En el año 538 d.C. se cumplió el edicto de Justiniano del 533 d.C. que otorgaba la ciudad de Roma a la autoridad del obispo de la ciudad. Fue puesto en el trono de Roma Vigilio y se constituyó en el primer gobernante de una nueva Roma cristiana con poder imperial. El papado había sido encumbrado gracias

a las gestiones del emperador romano Justiniano.

Daniel mencionó que este cuerno pequeño “tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros. Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía”. (Daniel 7:20-21). El cuerno pequeño por siglos ha levantado su voz en blasfemias y ha perseguido a los santos de Dios, como parte del cumplimiento de este hablar contra el Altísimo y hacer guerra con- tra los santos recontaremos a continuación algunos eventos que describen el accionar del “cuernito”:

El año 300 d.C.: Se inició las oraciones a favor de los

muertos y hacerse la señal de la cruz.

El año 375 d.C.: Se inició la veneración de los ánge-

les y el uso de imágenes.

El año 394 d.C.: Fue adoptada la misa como una ce-

lebración diaria.

El año 431 d.C.: Se dio comienzo a la veneración a

María, y el principio del uso del término “Madre de Dios” aprobado por el Concilio de Éfeso.

El año 500 d.C.: Los sacerdotes empezaron a vestir

en forma diferente a los laicos y a usar ropa clerical, por la regla de San Benito. El año 526 d.C.: Se comienza a practicar la extre- maunción.

El año 593 d.C.: La doctrina del purgatorio fue esta-

blecida por Gregorio el Grande.

El año 600 d.C.: Los sacerdotes empezaron la vene-

ración de María, los santos y los ángeles.

El año 607 d.C.: Bonifacio III reclamó para sí el titulo

de obispo universal (papa).

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El año 786 d.C.: Un concilio reunido en Constanti-

mino acuñado por el cardenal César Baronio en el

che de San Bartolomé.

360 días en la época del exilio en Babilonia, época

El panorama profético sugerente sería este:

nopla trató de restablecer el culto a las imágenes, pero fracasó.

siglo XVI para designar al dominio que tuvieron so- bre el papado la familia del senador Teofilacto de

El año 1854 d.C.: La inmaculada concepción de Ma- ría fue proclamada por el papa Pío IX.

en que fue escrita la visión. Un día es el equivalente a un año en el marco profético, por lo que el cuerno

El

año 787 d.C.: Se celebró en Nicea un concilio que

Roma, específicamente su esposa Teodora y su hija

El año 1864 d.C.: Pío IX condena todos los descubri-

pequeño hablaría palabras contra el Altísimo y que-

reunió a unos 350 obispos y fue presidido por el

Marozia.

mientos científicos que no sean aprobados por la

brantaría a sus santos por 1260 años, años que se

patriarca bizantino Tarasio. Esta asamblea, conoci-

siguiente:

El

año 993 d.C.: Se dio inicio a la práctica de la ca-

Iglesia Romana.

iniciaron con el encumbramiento del papado en el

da como el séptimo concilio ecuménico, definió lo

nonización de los Santos Muertos. El primer santo que fue canonizado fue san Udalrico, obispo de la

El año 1870 d.C.: La infalibilidad papal en asuntos de fe y moral fue proclamada por el primer concilio

año 538 d.C. y concluyeron con el arresto de Pio VI por parte del general francés Louis Berthier.

“Definimos que … lo mismo que las representacio-

iglesia Augustina, en el año 993 por el papa Juan XV. Desde el siglo X empezaron los Papas a imponer su

Vaticano (Pío IX) El año 1930 d.C.: Pio XI condena las escuelas públi-

Hasta aquí hemos revisado brevemente la precisión con que se han cumplido parte de las profecías de

nes de la cruz, preciosa y vivificante, también las venerables y santas imágenes – ya sean pintadas, en mosaico o de cualquier otra materia adecuada

autoridad en la canonización de los santos, erigien- do altar a los santos o siendo consultados para tal acción.

cas. El año 1931 d.C.: Pio XI reafirma la doctrina de María como “La Madre de Dios”

Daniel 7.

deben ser colocadas en las santas iglesia de Dios,

El año 1950 d.C.: La asunción de María es proclama-

en los santos utensilios y vestiduras, en las paredes

El

año 1079 d.C.: El celibato sacerdotal fue decreta-

da por el papa Pío XII

y

en los cuadros de las casas, y en los caminos, ya

do por Bonifacio VII

El año 1965 d.C.: María nombrada madre de la igle-

se trate de la imagen de Dios nuestro Señor y Sal-

El

año 1090 d.C.: El Rosario fue introducido por Pe-

sia.

vador Jesucristo, ya sea la de nuestra Señora Inma-

dro el Ermitaño (1090).

Todos estos eventos subrayan las acciones del cuer-

culada, la santa Madre de Dios, los santos ángeles,

El

año 1184 d.C.: La Inquisición fue instituida por el

no pequeño en contra del pueblo de Dios y en con-

todos los santos y los justos. Cuanto más frecuen-

concilio de Verona y legalizado y promovido por el

tra del Altísimo.

temente miren estas representaciones e imágenes,

IV

Concilio Lateranense en 1215.

Daniel 7:25 cita aclarando aún más la figura del

tanto más se acordarán quienes las contemplen de

El

año 1190 d.C.: Se inició la venta de indulgencias.

cuerno pequeño: “Y hablará palabras contra el Al-

los modelos originales, se dirigirán a ellos, les testi-

El

año 1209 – 1249 d.C.: Se desarrolló la cruzada

tísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y

moniarán al besarlas una veneración respetuosa, sin que ello constituya una verdades adoración según nuestra fe, pues ésta conviene únicamente a Dios.

albigense. s. XII d.C.: Los siete sacramentos fueron definidos por Pedro Lombardo.

pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo”.

Pero como se hace con la imagen de la Cruz precio-

El

año 1215 d.C.: Se instituyó la confesión de los

Tiempo era la palabra que designaba a un año de

sa y vivificante, con los santos evangelios y con los

pecados a los sacerdotes, por lo menos una vez al

otros monumentos sagrados, se ofrecerá incienso y luego luces en su honor, según la piadosa costum-

año, y fue instituida por el papa Inocencio III en el Concilio Lateranense.

bre de los antiguos”:

El

año 1220 d.C.: Se promulgó la adoración de la

El año 850 d.C.: Se autorizó el uso del agua bendita.

El año 857 d.C.: La papisa Juana. Aunque muchos han tratado de negar su existencia, muchos his- toriadores la reconocen como real. Su aparición correspondería al periodo de Benedicto III por lo

que se considera que ese fue su nombre pontificio. Otros la conminan hasta los años 872 y 882, es decir los años de Juan VIII. Fue descubierta cuando dio

a luz camino a la iglesia de San Clemente. El niño

fue rápidamente ahogado. En el lugar de su tumba se erigió un monumento de ella cargando un bebe. Este fue destruido por Benito III y sus ruinas se po- dían apreciar en el siglo XV.

El año 896 d.C.: El papa Bonifacio VI manda desen- terrar los restos del papa Formoso y lo condena. Entre los años 904 – 935 d.C.: La pornocracia, tér-

Hostia (santísimo).

El año 1229 d.C.: La Biblia fue prohibida para los

laicos

El año 1251 d.C.: El escapulario fue inventado por

Simón Stock de Inglaterra.

El año 1384 d.C.: Se realizó un juicio a los restos de

Juan Wycliffe.

El año 1415 d.C.: Sucedió el asesinato de Jan Hus

Entre los años 1419-1436 d.C.: Se desarrollaron las

Guerras Husitas

El año 1439 d.C.: La doctrina del purgatorio fue pro-

clamada dogma por el Concilio de Florencia.

Entre los años 1492 – 1503 d.C.: Alejandro VI, el rei- nado del papa Borgia y sus hijos.

El año 1545 d.C.: Se agregan los libros apócrifos a la

Biblia en el concilio de Trento.

El año 1546 d.C.: La tradición es declarada de igual

autoridad que la Biblia: el Concilio de Trento.

El año 1572 d.C.: Se desarrolló la masacre de la no-

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DANIEL 8

En Daniel 8 se dan más detalles del mismo evento:

“Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que es- taba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque

los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro;

y el más alto creció después. Vi que el carnero he-

ría con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni ha- bía quien escapase de su poder; y hacía conforme

a su voluntad, y se engrandecía. Mientras yo con-

sideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos. Y vino hasta el carnero de

dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río,

y corrió contra él con la furia de su fuerza. Y lo vi

que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y

lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder… En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia. El macho cabrío es el rey de Grecia”. Daniel 8:3- 7, 20, 21. Hasta aquí se nombran detalles contemplados por Daniel 7, pero se añade el siguiente elemento:

“Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuer- no fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo.

Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que cre-

ció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra glo-

riosa. Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra,

y las pisoteó. Aun se engrandeció contra el prínci-

pe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y a causa de la prevaricación le fue entrega- do el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y pros- peró. Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Daniel 8:8-14). Este cuerno pequeño se vuelve grande y aun se en-

grandece contra Jesucristo y acaba con el sacrificio continuo crucificando el cordero de Dios que qui- ta el pecado del mundo (9:25; 11:22). Este cuerno tiene detalles de ser un poder secular, pero luego “echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó”, dando señales de convertirse en un po-

der religioso. El santuario fue echado por tierra no solo en lo físico con el sitio de Jerusalén por parte del general romano Tito en el año 70 d. C. Sino también por su prevaricación, es decir, una obra si- milar a la del cuerno pequeño de Daniel 7, es decir, hablaba en contra del Altísimo. La pregunta es “¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora en- tregando el santuario y el ejército para ser pisotea-

dos?”:

“El término “continuo” se refiere al continuo minis- terio sacerdotal de Cristo en el santuario celestial (Heb. 7: 25; 1 Juan 2: 1) y a la verdadera adoración de Cristo en la era evangélica; que suprimir el “con- tinuo” representa la sustitución hecha por el papa- do de la unión voluntaria de todos los creyentes en Cristo por la unión obligatoria con una iglesia visi- ble; la sustitución de Cristo como cabeza invisible de la iglesia por la autoridad de una cabeza visible, el papa; la sustitución del acceso directo a Cristo para todos los creyentes por una jerarquía sacerdo-

tal; la sustitución de la salvación por la fe en Cristo por un sistema de salvación mediante obras orde- nadas por la iglesia, y muy especialmente la sustitu- ción de la obra mediadora de Cristo como nuestro gran sumo sacerdote en las cortes celestiales por el confesionario y el sacrificio de la misa; y que este sistema desvió completamente la atención de los hombres de Cristo y así les impidió recibir los bene- ficios de su ministerio”. Es decir, la obra del cuerno pequeño (Roma papal)

y del cuerno pequeño que se hizo grande (Roma

pagana y luego papal) es la de dirigir la mirada de la humanidad del Dios verdadero hacia un espurio sistema de adoración cuyo centro es el hombre (hu- manismo). Esta profecía inició en el 457 a. C. y esto debido

a que en Daniel 9:24 Gabriel le da el sello o confir- mación de la profecía de las 2300 tardes y mañanas

a través de la profecía de las 70 semanas, las cua-

les iniciarían a “la salida de la orden para restaurar

y edificar a Jerusalén” (Daniel 9:25). Al cumplirse

esta profecía el Santuario será purificado, o “pues- to en rectitud” , pero ¿poner recto de qué? Pues

de la obra del cuerno. En el santuario se realiza la obra mediadora del Señor a favor de su pueblo, y el cuerno pequeño, el papado, se ha espaciado en fijar la vista de la humanidad en el hombre de pecado, pero al final de las 2300 tardes y mañanas el mundo tendría la oportunidad de volver a mirar, a enfocar su atención en el ministerio de Cristo en el San- tuario Celestial: “Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su

cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos” (Daniel 7:9-10). El panorama sería el siguiente:

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APOCALIPSIS 12 Y 13

Este capítulo nos muestra a “una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabe- za una corona de doce estrellas”, esta es una refe- rencia a la iglesia, y al ser una mujer santa, pues es una iglesia pura, la cual sería acosada por el dragón, quien es directamente el diablo (12:9) y el dragón persiguió a la iglesia que huyó al desierto por 1260 años (12:6, 14) buscando huir de las aguas (ejérci-

tos) que arrojó contra ella la serpiente (el diablo). Es decir, el cuerno pequeño actuaría siendo inspirado

y haciendo la obra del mismo diablo, en otras pala-

bras, la iglesia católica no es otra cosa que la misma espada del diablo contra la verdad en este mundo. En el capítulo 13 se menciona el surgimiento de una bestia “semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (13:2). Esto refiere a que el mismo diablo actuando a través del cuerno de Daniel 8 (Imperio Romano pagano) le da su trono (Roma) a la bestia que tiene la re- ligiosidad babilónica (cabeza de león), el armazón filosófico griego (cuerpo de leopardo) y la crueldad persa de sus móviles diabólicos (patas de oso), es decir un poder religioso, filosófico, perseguidor: la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Este monstruo tiene una obra igual a la del cuer- no pequeño: “Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su taberná-

culo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, len- gua y nación” (Apocalipsis 13: 6, 7) esto confirma su identidad diabólica y perseguidora contra la iglesia. Surge un dilema, en Apocalipsis 13 se menciona a una bestia, no a una mujer, es decir, se menciona a un poder o gobierno perseguidor, no a una iglesia perseguidora. Bueno, en apocalipsis 17:3-6 Juan narra: “Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura

y

escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas

y

de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno

de abominaciones y de la inmundicia de su fornica- ción; y en su frente un nombre escrito, un misterio:

BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAME- RAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Vi

a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la

sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, que- dé asombrado con gran asombro”. Esta mujer es la misma que recibió en lo pasado la siguiente repren- sión: “Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad” (Isaías 47:8 ), esta mujer voluptuosa, adornada de rojo y con perlas, es una mujer insana, perdida y perversa, ho- micida y ramera, y si mujer es símbolo de iglesia, entonces esta representa a una iglesia que tiene

como base, no la luna (la Biblia refleja al Sol de Jus- ticia, Cristo Jesús cf. Juan 5:39) sino a un gobierno diabólico, es decir, es una iglesia y un poder. En apocalipsis 2 y 3 se encuentran las siete cartas

a las siete iglesias del Asia menor que no son otra

cosa que la historia de la iglesia cristiana a través de los siete tiempos proféticos de Efeso, Esmirna,

Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. En las recriminaciones contra Tiatira, cuyo periodo profé- tico va desde el 538 d.C. hasta el 1517 d.C., está lo

siguiente:

“Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe

y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas

sacrificadas a los ídolos” (Apocalipsis 2:20), es decir, en este periodo profético aparecería una mujer ra- mera (iglesia espuria) en los anales del cristianismo. Esta sección de la profecía señala que la iglesia falsa reinó a partir del 538 d. C., el mismo año que inició el Dragón a perseguir a la mujer (Apocalipsis 12) y la bestia de cabezas de león, cuerpo de leopardo

y patas de oso inició la persecución de los santos

(Apocalipsis 13) y el cuerno pequeño realizó su la- bor contra los santos y el tabernáculo. La iglesia católica, por 1260 años se ha embriagado de la sangre de los santos y ha hablado contra el Altísimo y el Santuario Celestial, ocultando de los hombres la obra mediadora de Cristo en su Santua- rio. Pero esta obra prevaricadora tendría que ser detenida y la verdad del ministerio de Cristo en el

Santuario Celestial tendría que ser vindicada, y esto se dio al final de los 2300 años, que se cumplieron

el 22 de octubre de 1844.

“El tiempo no sería más” (Apocalipsis 10:6) fue el grito del ángel, y esto representa que la más grande profecía de tiempo se terminó y se entendería al fin. Esto fue en octubre de 1844. A partir del Gran

Chasco de los milleritas, Dios guió la formación de un movimiento que tendría que cumplir la orden:

“Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Apocalipsis 10:11), pero ¿cual mensaje? Pues:

“Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también be- berá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos, los que guar- dan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:9-12).

para que no cayera en las telarañas filosófico-teo- lógicas del Agustinianismo y Tomismo católicos ni en el humanismo protestante, ni en la corrientes evolucionistas y freudiana. Una mujer de visión, una profeta del Señor, una moderna Hulda. Dios guió el surgimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día no como una iglesia protestante (1517 d. C.) sino como un movimiento profético (22 de oc- tubre de 1844) con el propósito de llevar al mundo el conocimiento de la obra de Cristo en su Santua- rio Celestial, una obra de misericordia que revela a todas luces el carácter de un Dios de amor.

que revela a todas luces el carácter de un Dios de amor. Es decir, si alguno

Es decir, si alguno sigue el sistema de adoración cuyo centro es el hombre y decide seguir sus dicta- dos será condenado a la muerte eterna, porque la hora de cono- cer el ministerio de Cristo en el Santuario Celestial ha llegado. El enemigo levantó por esa época a sus “profetas” que sir- vieron para dispersar la aten- ción de la gente hacia otros mensajes, hombres como Al- fred Noyes, José Smith y An- drew Jackson Davis, y mujeres como Ann Lee Stanley, Jemina Wil- kinson y las hermanas Fox, entre otros. Pero el Señor tenía otros planes “lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27). Dios, en diciembre de 1844, llevó a una débil niña de 17 años recién cumplidos a ser su mensajera para un pueblo chasqueado y disperso. En torno al verdadero don de profe- cía, de Elena G. de White, los sinceros seguidores de la verdad fueron aglutinados, para que en 1861 adoptasen el nombre de Adventistas del Séptimo Día y en 1863 sean organizados legalmente como una iglesia. Una mujer sin primaria completa pudo, guiada por el Espíritu Santo, orientar a una iglesia

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SESIÓN N° 2:

CONTEXTO HISTÓRICO DEL DESPERTAR ADVENTISTA

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Napoleón Bonaparte gobernó por toda Europa

pero su imperio llegaría a su fin. La Iglesia Católi- ca había perdido su influencia desde que Berthier tomara prisionero al papa Pío VI y lo llevara a Pa- rís donde, luego de tres años de cautiverio, murió. Pero esta pérdida de auge de la Iglesia papal ya se había hecho evidente en la toma de la Bastilla. La gente estaba cansada de las bataholas y “bata- clanadas” que, a lo largo de su historia, Roma había hecho una práctica común. En todas partes de los dominios católicos (esto gracias a los imperios que enarbolaban su bandera) se estaba madurando la semilla del rencor y la sublevación, la misma que dio su fruto en la Revolución Francesa. Todo esto generó un reavivamiento del interés en las profecías de Daniel y Apocalipsis. Muchos en- contraban claves proféticas en los eventos a los que estaban prestando atención. La fe estaba poniéndose de moda nuevamente, lue- go que se enfriara por las luchas entre protestantes

y católicos, entre la reforma y la contrarreforma.

Las élites de teólogos de uno y de otro lado discu- tieron y guerrearon durante siglos, teniendo como testigos críticos a los renacentistas y humanistas. Como un par de actores de un drama cada vez más desgastado frente a un público aun más aburrido.

Tal fue la estrategia del diablo. Primero trató de im- poner su espurio sistema de adoración, y cuando la verdad estaba siendo progresivamente restaurada

a través de la reforma, este provocó luchas intesti-

nas entre los reformadores de tal laya que estos no siguieron estudiando para obtener más la luz de la que habían recibido. Dios no se quedaría vencido, levantaría un movi- miento de reavivamiento mundial y en medio de este belicismo internacional, muchos hombres ini- ciarían sendas investigaciones en torno a las pro- fecías. Surgieron muchas nuevas organizaciones religiosas en detrimento de las iglesias nacionales. El diablo ya tenía listo su plan de acción:

- “¿O sea que vas a levantar nuevamente la verdad a

través de estos estudiosos? Pues ahora verás como desaparezco este despertar religioso en medio de falsos reavivamientos y movimientos llenos de ex- citación”- parecía ser esta la consigna del enemigo de las almas. Surgieron movimientos como la Comunidad Ale- mana de las Mujeres del Desierto, los Dunkers (bau-

tistas alemanes), los Rappistas, los separatistas de Zoar y la Sociedad Amana.

En los años cercanos a la independencia norteame- ricana, una mujer llamada Jemina Wilkinson, más conocida como la “amiga universal”, estableció una comunidad en Genesse, Nueva York. Ella aceptaba el sábado pero por los prejuicios que la rodeaban también aceptaba el domingo. Su grupo desapare- ció pronto.

Otro personaje femenino interesante fue “la madre” Ann Lee Stanley quien formó la iglesia Milenial. Sus seguidores fueron llamados Shakers o “temblado- res”. Ella afirmaba ser la encarnación de la naturale- za femenina de Dios. Luego sus seguidores afirma- ron poder tener comunicaciones con los espíritus en su periodo de mayor crecimiento (1837 – 1844). Esto no fue casual, era parte de la estrategia de una mente maestra para confundir a las almas.

Otro individuo interesante fue John Humphrey No- yes, quien desarrolló la creencia de que las mujeres de su comunidad debían casarse con cada uno de los hombres del grupo. Esto trajo serio malestar a los vecinos de la agrupación quienes los obligaron a mudarse de lugar en lugar, hasta que fueron obli- gados a dejar de lado el concepto. Quien tuvo un poco más de creatividad, puesto que no argumentó haber descubierto antiguas verda- des bíblicas sino que pretendió haber recibido nue- va luz, fue José Smith, quien luego de muchas y par- ticulares historias afirmó en 1830 tener listo el “libro de Mormón”, el cual pretendía ser una traducción de las placas de oro que un ángel llamado Moroni le había ayudado a encontrar.

Luego fue rechazado por su misma comunidad de- bido a que practicaba la poligamia. Murió estando preso en una cárcel a manos de una muchedumbre furiosa.

Por otro lado, en 1844, un zapatero de Nueva York llamado Andrew Jackson Davis afirmó haber tenido contacto con el espíritu de Galeno convirtiéndose en el primer médium popular de Norteamérica. Este fue el gestor del movimiento espiritista que sería impulsados cuatro años después por la experiencia de las hermanas Fox en 1848.

EL TRABAJO DE ULTRAMAR

El fervor de Wesley y el gran despertar del siglo

XVIII invitaron a muchos a involucrarse en activida-

des misioneras de nivel mundial:

Robert Morrison fue a China. Henry Martyn fue al Cercano Oriente musulmán. Adoniram Judson a India y Birmania. Robert Moffat al sur de África.

Las sociedades misioneras se multiplicaron en Amé-

rica, Europa y Asia a la vez que se implementaron

programas de estudio de la Biblia surgiendo así las escuelas dominicales con Robert Raikes. Finney, gran predicador norteamericano, no solo convertía a la gente al evangelio, sino también a la temperancia y al movimiento antiesclavista ya que ambos mensajes estaban vinculados. El movimiento feminista nació de la mano de Mar- garet Fuller, Lucy Stone y una veintena de mujeres decididas a obtener igualdad de derechos que los hombres. El movimiento de la reforma de la salud estaba en marcha de la mano de Silvester Graham y gracias a que hacía poco se había desatado la gran epidemia de cólera de 1832. La población estaba muy sensi-

ble a aprender las leyes del sano vivir. El impulso de

la

dieta vegetariana por parte de Edward Hitchcock

y

Reuben Mussey recalcaba lo bueno de practicar

los hábitos del comer de manera saludable, además

de la higiene personal, el sueño adecuado y el ejer-

cicio necesario así como la abstinencia a sustancias

dañinas. La hidroterapia estaba tomando cuerpo gracias a Vincent Priessnitz y su accidental descubrimiento de que el agente acuoso a bajas temperaturas po- día aliviar el dolor y la inflamación. La esclavitud era cada vez más rechazada y muchos deseaban ponerle fin pronto. En cuanto al quehacer político el presidente Andrew Jackson demostró que el hombre común podía dis- frutar y ejercer el poder. El modelo de la revolución americana estaba sirviendo de modelo a otras re- voluciones del mundo como la de Francia, Bélgica, Alemania, Polonia y la América Española. En medio de este conglomerado de eventos sur- gió también un interés creciente en las profecías,

especialmente la toma de Roma por Francia era el detonante para que muchos interpretaran el fin de las 1260 tardes y mañanas de Apocalipsis. Pronto la atención se trasladaría a los 2300 años de Daniel.

En Alemania, Johan Petri estableció ya la relación entre las 70 semanas y las 2300 tardes y mañanas.

Hans Woods, un irlandés, propondría el inicio de las 2300 tardes y mañanas hacia el año 420 a.C. termi- nando el año 1880. Johan Bengel creía y afirmaba que Cristo volvería a

la tierra el año 1836.

En Sudamérica, Manuel Lacunza, en 1790 escribió su libro “La venida del Mesías en gloria y majestad”. Lacunza utilizó un seudónimo por miedo a las re-

presalias. Años después, los jesuitas fueron expulsa- dos de Chile, entre ellos estaba Lacunza quien viajó

a Italia. Pronto sería encontrado muerto. Su obra recién saldría a luz en 1812. En Inglaterra también se predicó de la Segunda Venida de Cristo. Cunninghame afirmó que Cristo vendría en 1867.

José Wolff esperó la venida de Cristo en 1847 y pre- dicó de su esperanza entre judíos, parsis, musulma- nes e hindúes. En Escandinavia estaba totalmente prohibido pre- dicar el evangelio so pena de arresto y maltratos. Entonces donde los adultos no podían predicar fue- ron los niños los que lo hicieron, muchos de ellos analfabetos pero evidentemente utilizados por un poder superior, causaron gran impacto. Thomas Playford, predicada de la segunda venida de Cristo en Australia, esperándolo en la década de

1860.

En Estados Unidos los predicadores de una era me- jor eran muchos pero Dios estaba preparando a uno en el crisol de las pruebas. Un hombre valiente, un capitán del Gran General: Guillermo Miller.

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SESIÓN N° 3:

EL MOVIMIENTO MILLERITA

Las guerras napoleónicas fueron duras. Duraron en- tre 1799 y 1802, estas como una extensión de los conflictos generados por la revolución francesa, y entre los años 1803 y 1815 como conflictos entre Francia y sus vecinos debido al deseo expansionista del imperio francés. Todo esto llegó a su fin el 20 de noviembre de 1815 cuando Napoleón fue derrotado en Waterloo.

El Reino Unido resistió todos los embates franceses, hasta que la guerra terminó, y esto fue así gracias a la poderosa Armada Real Inglesa, y a su estabilidad económica. En medio de las guerras contra el ejército francés, Inglaterra, confiada en su fuerza naval (Real Navy) participó en una lid contra los Estados Unidos, po- siblemente impelida a hacerlo a fin de tener más materia prima para proseguir sus guerras contra Napoleón. La guerra Anglo - Estadounidense se inició el año

1812, entre los Estados Unidos y el Reino Unidos con sus colonias canadienses. El conflicto se ex- tendió hasta el año 1814 por tierra y mar. Estados

Unidos quiso anexionar a sus territorios las colonias canadienses de Inglaterra, pero la poderosa defen- sa de europea no lo permitió. Cuando las fuerzas inglesas penetraban ya el territorio norteamericano una serie de providenciales batallas terminaron con

la guerra.

La derrota de Napoleón propició que las fronteras quedaran como antes. Fue en el comienzo de la guerra que Guillermo Miller reunió un conjunto de hombres para viajar

a Burlington, Vermont. Luchó en el trigésimo regi-

miento de Infantería en el Ejército Regular de los Estados Unidos con el rango de Teniente. Participó en la batalla de Plattsburgh, donde las fuerzas continentales, superadas en número por los británicos, salieron airosas.

Batalla de Waterloo

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GUILLERMO MILLER

Pero, ¿Quién fue Guillermo Miller? Este personaje nació el 15 de febrero de 1782 en Pittsfield, Massa- chusetts, en un hogar cristiano. Era un asiduo lector y en su juventud tuvo acceso a diversas bibliotecas privadas donde pudo cultivarse. En 1803 se casó con Lucy Smith y se mudaron a Poultney, Vermont, donde se dedicó a la agricultura. Debido a su dedicación y trabajo asumió diversos cargos públicos como guardia, Sheriff Diputado y Juez de Paz. Poco después de su mudanza a Poultney, deja sus creencias bautistas y asume las creencias deístas, muy de moda en el siglo XIX en Europa y América. Pero esas creencias fueron luego abandonadas por el tremendo impacto que le causó la guerra del 1812, donde casi muere al estallar una granada muy cerca de él. Pudo ver la mano de Dios guiando a una nación pequeña sobre otra que la superaba lar- gamente en tradición militar. Miller participó en las logias masónicas durante su juventud, pero, al comprometerse en la obra de la predicación de la segunda venida abandonó su membrecía, aunque es nombrado como tal en los libros de Vermont. Cuando tomó la decisión de estudiar la Biblia, Miller decidió hacerlo versículo por versículo, solo valién- dose de su Biblia y una concordancia de Cruden. Desde 1816 hasta 1818, Miller estudió la Biblia y si encontraba un versículo oscuro a su comprensión, no avanzaba hasta tener el tema claro. Al final de esos años llegó a la conclusión de que Cristo apare- cería en las nubes de los cielos el año 1843.

Guillermo Miller

Miller llegó a esta conclusión debido a su estudio de Daniel 8:14, amparado en la comprensión am- pliamente aceptada de Números 14:34 y Ezequiel 4:5-6 de que un día profético es igual a un año lite-

ral. Miller calculó la profecía de los 2300 días hasta

la fecha mencionada, interpretando la purificación

del Santuario como la Segunda Venida de Cristo a esta tierra.

A fin de estar seguro de sus hallazgos, siguió es-

tudiando la Biblia hasta 1823, cuando comenzó a

predicar abiertamente de sus hallazgos. Su miedo inicial estaba basado en que el milenio, para Miller, empezaría luego de la Segunda Venida de Cristo,

lo cual estaba en contra de las enseñanzas amplia-

mente aceptadas por los demás cristianos. Sus vecinos le dieron poca importancia, por lo que Miller siguió estudiando su Biblia, durante nueve años más. Cierta mañana hizo un pacto con ¨Dios, si El des- pejaba el camino, él cumpliría su deber. En ese mo- mento la carga por compartir el mensaje se hizo humo. Pero media hora después su sobrino lo invitó a predicar sobre la Segunda Venida. Miller quedó anonadado y molesto, pero no rom- pería su pacto.

En 1833 se dio un fenómeno sin preceden- tes. Una lluvia de meteoritos ingresó en la atmósfera causando un fenómeno descrito como lluvia de estrellas.

JOSUÉ V. HIMES

Cuando Miller, en 1839, recibió una invitación a Boston para llevar un ciclo de conferencias, no sabía que eso sería el inicio de una intensa colaboración entre el pastor de la iglesia de la calle Chardon de Boston, Josué V. Himes y Guillermo Miller. Himes se encargó de abrir cada iglesia de la Unión para que el padre Miller (como lo llegaron a llamar) predicara el mensaje. Durante los siguientes cuatro años, el mensaje mi- llerita fue esparcido por todo Norteamérica. Himes, luego de tres meses de su primera invitación a Mi- ller, comenzó a publicar Signs of the Times. Luego en 1842 Midnight Cry llevó el mensaje del adveni- miento con la Signs. Himes fue el héroe de la promoción y difusión del movimiento millerita. Además de los periódicos, se publicaron libros y folletos, los que llegaron a ser la Biblioteca del Segundo Advenimiento, pudiendo los fieles comprar los libros para difundirlos en sus localidades. Himes también tuvo que ver con el inicio de las Camp Mitins, los cuales fueron 130 reuniones entre 1842 ny 1844. Himes fue el pionero del uso de las carpas para es- tos menesteres.

Josué V. Himes

CARLOS FITCH

Era un popular ministro millerita quien en el verano de 1843 predico un sermón sobre Apocalipsis 18 que se centraba en la caída de Babilonia y la ne- cesidad de huir de ella. Ese sermón se convirtió en folleto y llegó a darle cierta sensación de unidad y peculiaridad al movimiento. Para Fitch el anticristo era cualquier movimiento ca- tólico o protestante que rechazara el movimiento adventista. Himes y Miller no apoyaron este movimiento de se- paración de las iglesias, pero tarde o temprano se daría esta realidad.

Carlos Fitch

Pequeños chascos Los milleritas experimentaron su primer chasco cuando nada sucedió entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844. Esperaban el fin de todas las cosas en ese tiempo, pero nada pasó. Pero el texto de Habacuc 2:3 no les permitía desa- nimarse aún. El millerismo tuvo nueva vida cuando S.S. Snow predicó a mediados de agosto de 1844 que Cristo vendría en el otoño de 1844. Luego de un estudio de las ceremonias del calendario judío, el tiempo se cumpliría en el 22 de octubre de 1844. La iglesia se entusiasmó sobremanera: “El esposo viene” era el lema. Tanto Miller, Himes y otros líderes pronto cedieron ante los argumentos de Snow.

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Nadie hizo provisión para el futuro, pues no lo necesitaban. Se abandonaron empleos, los cultivos se deja- ron sin cosechar, se cerraron negocios. La nueva era como miel en la boca. El 22 de octubre, miles esperaron la segunda venida del Señor… Pero Cristo no volvió. Los milleritas se disolvieron entre dimes y diretes luego del caos. Unos interpretaban los hechos de un modo u otro acerca de lo que realmente sucedió en aquella fecha, pero lo cierto es que el grueso de mi- lleritas quedó perplejo y confundido y muchos abandonaron la fe. Se propusieron nuevas fechas para el comienzo del año 1845 y se ampliaron propuestas hasta 1847. Pero la dirigencia del movimiento optó por desanimar todo intento de señalar fechas.

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Guillermo Miller predicando

INICIO DE LA IASD 1844 - 1850

optó por desanimar todo intento de señalar fechas. 28 Guillermo Miller predicando INICIO DE LA IASD
optó por desanimar todo intento de señalar fechas. 28 Guillermo Miller predicando INICIO DE LA IASD
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SESIÓN N° 4:

DESPUÉS DEL CHASCO

A fin de mantener la ortodoxia se convocó a un en-

cuentro en Albany, Nueva York, el 29 de abril de

1845.

Joseph Marsh en su Voice of the Truth aseveró que

el conteo de fechas no estaba errado, sino el evento

fue otro. No se trataba de la segunda venida, sino de recibir el reino de Cristo. En enero de 1845, Apolos Hale del periódico Ad- ventist Herald y Joseph Turner de The Hope of Israel propusieron una teoría que se llegaría a conocer como la teoría de la puerta cerrada, es decir, no se debería predicar más ya que la puerta de la gracia se había cerrado y solo restaba apacentarse entre ellos mismos. En estos momentos, las numerosas propuestas so- bre lo que realmente sucedió comenzaron a dege- nerar en fanatismo. Para la muerte de Miller en 1849, el grupo Millerita estaba fragmentado. Un grupo fue el grupo saba- tario, otro fue el dirigido por Hale, Himes y Bliss, los adventistas Evangélicos Norteamericanos, pero luego, poco a poco fueron desaparecieron. Un segundo grupo fue la Iglesia Cristianan del Ad- ventismo, el mayor remanente no sabatario del Ad- ventismo (http://www.adventchristian.org/).

Un tercer grupo se centro en Nueva York, y tuvieron como lideres a Joseph Marsh. Se distinguían de los anteriores por su creencia en el milenio que ellos veían todavía en el futuro. Antes de las conferencias de Albany, un grupo co- menzó a aceptar la verdad del sábado llamándose

a si mismos los hermanos del sábado y la puerta

cerrada. El único predicador destacado fue José Ba- tes. Este grupo llegó a ser el mayor grupo de los adventistas.

El sábado llegó a este grupo gracias a Raquel Oakes,

quien luego de escuchar en un sermón al pastor Wheeler lo invitó a su casa donde lo reprendió por su predicar el sábado bíblico. Wheeler llegó a ser un guardador del sábado. En Washington, los her- manos William y Cyrus Farnsworth desarrollaron un grupo guardador del sábado aun antes del Chasco. Otro prominente predicador que aceptó el sábado fue T. M. Preble, quien llevó sus creencias a la con- ferencia de Albany, pero fueron desechadas como fábulas judías. En medio de esta vorágine de creencias, había gru- pos que luchaban por mantener su fe, pero poco a poco estaban siendo esparcidos.

ELENA G. DE WHITE, LA MENSAJERA DEL SEÑOR

“NACI en Gorham, población del Estado de Maine Estados Unidos, el 26 de noviembre de 1827. Mis padres, Roberto y Eunice Harmon, residían desde hacía muchos años en dicho Estado. Desde muy jóvenes fueron fervorosos y devotos miembros de la lglesia Metodista Episcopal, en la que ocuparon cargos importantes, pues trabajaron durante un período de cuarenta años por la conversión de los pecadores y el adelanto de la causa de Dios. En ese tiempo tuvieron la dicha de ver a sus ocho hijos convertirse y unirse al redil de Cristo.” El padre de estas niñas se llamó Robert Harmon quien dejó la agricultura para dedicarse a la venta de sombreros en las cada vez más prospera Port- land. En el año 1837 el tuvo que dejar a la familia para vender sus sombreros en Georgia. Esto lo alejó de su familia por algunos meses. Ese mismo año, un día en que salían de clase Elena con su hermana Eli- zabeth, no notaron que una compañera las seguía con el único propósito de hacerles daño, de pron- to, al darse cuenta que estaban en peligro, huyeron corriendo con todas sus fuerzas, pero al darse la vuelta para ver donde quedó aquella niña, una roca impactó en su cara haciéndole perder la conciencia. Cuando se recupero, un extraño les ofreció trans- portarlas en su carreta, pero Elena no accedió, pero no pudo moverse, así que la tuvieron que llevar a su casa de esa forma. Producto del la conmoción, ella perdió la conciencia por tres semanas, para luego despertar y verse desfigurada “Al recobrar el uso de mis facultades, me pareció

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que despertaba de un sueño. No recordaba el acci-

dente, y desconocía la causa de mi mal. Se me había dispuesto en casa una gran cuna, donde yací por muchas semanas. Quedé reducida casi a un esque- leto. Por entonces empecé a rogar al Señor que él me preparase para morir. Cuando nuestros amigos cristianos visitaban la familia, le preguntaban a

mi madre si había hablado conmigo acerca de mi

depuse todo alegremente. Entonces el guía abrió la puerta y me mandó entrar. En un momento es-

tuve delante de Jesús. No cabía error, pues aquella hermosa figura, aquella expresión de benevolencia

y majestad, no podían ser de otro. Al mirarme él,

yo comprendí en seguida que él conocía todas las

vicisitudes de mi vida y todos mis íntimos pensa- mientos y emociones. Traté de resguardarme de su mirada, pues me sen-

muerte. Yo entreoí estas conversaciones, que me

tía

incapaz de resistirla; pero él se me acercó son-

conmovieron y despertaron en mí el deseo de ser

un

amor sincero hacia el prójimo, con vivos deseos

riente y, posando su mano sobre mi cabeza, dijo:

una verdadera cristiana; así que me puse a orar fer-

“No temas”. El dulce sonido de su voz hizo vibrar

vorosamente por el perdón de mis pecados. El re-

mi

corazón con una dicha que no había experimen-

sultado fue que sentí una profunda paz de ánimo y

tado hasta entonces. Estaba yo por demás gozosa para pronunciar palabra, y así fue como, profunda-

de

que todos tuviesen perdonados sus pecados y

mente conmovida, caí postrada a sus pies. Mientras

amasen a Jesús tanto como yo. Muy lentamente recuperé las fuerzas, y cuando ya pude volver a jugar con mis amiguitas, hube de aprender la amarga lección de que nuestro aspecto personal influye en el trato que recibimos de nues- tros compañeros”. Pronto Elena se dio cuenta de cuánto influía la apa-

riencia personal en las relaciones sociales. Su rostro

la

hizo una niña retraída.

En

medio del dolor generado por la enfermedad,

Elena desarrolló aun más sus percepciones espiri- tuales, llegando a tener luchas internas sobre su si- tuación en cuanto a la vida eterna. “En marzo de 1840 Guillermo Miller condujo una serie de reuniones de reavivamiento en Portlarid, Maine. En la serie habló sobre la segunda venida

de Cristo y otras profecías bíblicas. Predicó fervien-

temente de que el fin del mundo estaba cerca. Con

su familia y amigos Elena asistió a las reuniones. Los

sermones poderosos y solemnes de Miller produ- jeron un sentimiento de “terror” y “convicción” en

toda la ciudad, y consuelo y esperanza en Elena que tenía entonces doce años de edad”.

El domingo de tarde del 26 de junio de 1842, Elena

fue bautizada en la Iglesia Medotista en las aguas agitadas del Casco Bay de Portland.

Ya

Elena había impactada por los mensajes de Mi-

ller

en 1840 en Portland, pero a su regreso en 1842

aceptó, junto con su familia que el mensaje de Mi-

ller era real.

A pesar de ello, ella atravesaba periodos de preo-

cupación por su salvación, por lo que su mamá le recomendó consultar al pastor Levi F. Stockman, quien era el predicador del advenimiento en Port-

land. Ella le refirió:

“Me veía sentada con profunda desesperación, con el rostro oculto entre las manos me decía reflexio-

nando: Si Jesús estuviese en la tierra iría a postrar- me a sus pies y le manifestaría mis sufrimientos. El no me rechazaría. Tendría misericordia de mí, y yo

le amaría y serviría por siempre.

En aquel momento se abrió la puerta y entró un personaje de un aspecto y un porte hermosos. Me miró compasivamente y dijo: “¿Deseas ver a Jesús? Aquí está, y puedes verlo si quieres. Torna cuanto tengas y sígueme”. Oí estas palabras con indecible gozo, y alegremente

recogí cuanto poseía, todas las cositas que aprecia- ba, y seguí a mi guía. Me condujo a una escalera escarpada y en apariencia quebradiza. Al empezar

a subir los peldaños el guía me advirtió que man-

tuviera la vista en alto, pues de lo contrario corría el riesgo de desmayar y caer. Muchos otros que tre- paban por la escalera caían antes de llegar a la cima.

Y finalmente llegamos al último peldaño y nos de-

tuvimos frente a una puerta. Allí el guía me indi- có que dejase cuanto había traído conmigo. Yo lo

que allí yacía impedida, presencié escenas de gloria

y belleza que pasaban ante mi vista, y me parecía

que había alcanzado la salvación y la paz de¡ cielo. Por último, recobradas las fuerzas, me levanté. To - davía me miraban los ojos amorosos de Jesús, cuya sonrisa inundaba mi alma de alegría. Su presencia despertaba en mí santa veneración e inefable amor. El guía abrió la puerta y ambos salimos. Me man-

dó que volviese a tomar todo lo que había dejado

afuera. Hecho esto, me dio una cuerda verde fuer- temente enrollada. Me encargó que me la colocara cerca del corazón, y que cuando deseara ver a Jesús la sacara de mi pecho y la desenrollara por com- pleto. Me advirtió que no la tuviera mucho tiempo enrollada, pues de tenerla así podría enredarse con nudos y ser muy difícil de estirar. Puse la cuerda junto a mi corazón y gozosamente bajé la angosta escalera alabando al Señor y diciendo a cuantos se cruzaban en mi camino en dónde podrían encon- trar a Jesús. Este sueño me infundió esperanza. La cuerda verde

era para mí el símbolo de la fe, y en mi alma alboreó la hermosa sencillez de la confianza en Dios”. Ella escucho la respuesta del pastor:

“Ve en paz, Elena me dijo; vuelve a casa confiada en Jesús, pues él no privará de su amor a nadie que lo busque verdaderamente”. Esa corta entrevista le resultó muy gratificadora e inspiradora para Elena. Años después, el pastor Stockman falleció, y luego

de un tiempo, Elena de White escribió de una visión

que tuvo: “Todos nosotros nos ubicamos bajo el ár- bol, y nos sentamos para contemplar la gloria de aquel paraje, cuando los Hnos. Fitch y Stockman,

que habían predicado 75 el Evangelio del reino y

a quienes Dios había puesto en el sepulcro para

salvarlos, se llegaron a nosotros y nos preguntaron

qué había sucedido mientras ellos dormían. Quisi- mos referirles las mayores pruebas por las que ha-

bíamos pasado; pero éstas resultaban tan insignifi- cantes frente a la incomparable y eterna gloria que nos rodeaba, que nada pudimos decirles y todos exclamamos: “¡Aleluya! Muy poco nos ha costado

el cielo”. Pulsamos entonces nuestras arpas glorio-

sas, y sus ecos resonaron en las bóvedas del cielo.”

Elena se convirtió en una ferviente misionera. Era la fe en la segunda venida la que la llenaba de gozo, tanto a ella como a su hermano Robert. Ambos pronto fueron expulsados, junto con el resto de su familia, de la iglesia metodista. “Había sólo unos pocos asistentes. La influencia de mi padre y de su familia era tal que nuestros opositores no tenían deseo alguno de presentar nuestro caso ante un número mayor de la congregación. La sencilla acu- sación preferida era que habíamos contravenido las reglas de la iglesia”. En setiembre de 1843 los siete miembros de la fa- milia Harmon fueron expulsados de la iglesia. Pronto formaron parte del grupo que examinaron las escrituras cuando Cristo no volvió el 21 de abril de 1844, cuando se esperaba que viniese a la tie- rra, pero luego de estudiar lo relacionado en la Bi- blia, entonces se concluyó que es esposo tardaba (Mateo 25:1 – 13), más el aporte del pastor Samuel Snow de que Jesús llegaría en 1844, hizo que se viviera el clamor de la media noche. En el 22 de octubre de 1844, Elena Harmon sufrió el gran chasco de no ver llegar a Jesucristo. Este período profético terminó el 22 de octubre de

1844. La desilusión de los que esperaban encontrar

a su Señor en aquel día fue muy grande. Hiram

Edson, un diligente estudiante de la Biblia que vivía en el Estado de Nueva York, describe lo que ocurrió con el grupo de creyentes del cual él formaba parte:

“Nuestras expectativas iban en aumento mientras esperábamos la llegada de nuestro Señor, hasta que

el reloj marcó las doce a medianoche. El día había

pasado, y el chasco que experimentamos fue terri- ble. Nuestras más caras esperanzas y expectativas

fueron barridas, y nos sobrevino un deseo de llorar como nunca antes. La pérdida de todos los ami- gos terrenales no se hubiera comparado con lo que sentimos entonces. Lloramos y lloramos hasta que

el día amaneció.

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“Me decía a mí mismo: ‘Mi experiencia adventista ha

sido la más brillante de toda mi vida cristiana

fallado la Biblia? ¿No hay Dios, ni cielo, ni ciudad de

oro, ni paraíso? ¿Es todo nada más que una fábula astutamente inventada? ¿No hay realidad detrás de

nuestras más caras esperanzas y

“Comencé a sentir que podría haber luz y ayuda para nosotros en nuestro dolor. Dije a algunos de los hermanos: ‘Vayamos al granero’. Entramos en éste, cerramos las puertas y nos arrodillamos delante del Señor. Oramos fervientemente porque sentíamos nuestra necesidad. Continuamos en ferviente ora- ción hasta que recibimos del Espíritu la certeza de que nuestras oraciones habían sido aceptadas, y que se nos daría luz. La razón de nuestro chasco sería explicada en forma clara y satisfactoria. 9 “Después del desayuno dije a uno de mis hermanos:

‘Vayamos para ver y animar a algunos de nuestros hermanos’. Salimos, y mientras pasábamos por un gran campo, me sentí detenido en medio de él. El cielo pareció abrirse ante mi vista, y vi definida y

¿Ha

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claramente que en vez de que nuestro Sumo Sa- cerdote hubiera salido del lugar santísimo del san- tuario celestial para venir a esta tierra en el décimo día del mes séptimo, al fin de los 2.300 días, había entrado por primera vez, en ese día, en el segun- do departamento de aquel santuario, y que tenía una obra que realizar en el lugar santísimo antes de venir a la tierra, que había venido a las bodas, o en otras palabras, al Anciano de días, para recibir el reino, el dominio y la gloria; y que debíamos espe- rar su retorno de las bodas. Mi mente fue entonces dirigida al capítulo diez de Apocalipsis donde pude ver que la visión había hablado y no había mentido”.

Dios no abandonó al pequeño rebaño y envió una mensajera. Una jovencita frágil de 17 años de edad, quien junto con su familia había sido despedida de la iglesia metodista y había sufrido un ataque en la niñez con una piedra en la cara fue la elegida. Elena Harmon. No pudo terminar sus estudios pero fue utilizada por Dios. En diciembre de 1844 sintió como el po- der de Dios llegó sobre ella y tuvo una visión del camino del pueblo adventista hacia la nueva Jeru- salén. Luego de una semana, recibió una segunda visión donde se le instruía a compartir lo recibido. Ella vacilaba por la oposición, pero finalmente acep- to a pesar de su salud y de la reticencia de los di- rigentes del movimiento adventista de confiar en manifestaciones sobrenaturales. En 1842 William Foy de Boston recibió visiones del pronto regreso de Cristo y la recompensa de los jus- tos, pero por la resistencia que generaría su raza negra, lo hizo vacilar en compartir los mensajes. Fi- nalmente lo hizo, pero presiones financieras y una tercera visión que no pudo comprender, abandonó sus esfuerzos. Poco antes del chasco un hombre llamado Hazen Foss, de Maine, recibió una visión similar a la Elena Harmon, pero rehusó aceptar el encargo de com- partir los mensajes. Cuando sintió que había rechazado al Espíritu San- to, reunión a un grupo y cuando se paró para hablar, solo pronunció las palabras: “lo he olvidado todo”. Elena de White tomó la posta e inició una serie de pequeños viajes para compartir la esperanza a los hermanos milleritas desanimados. En uno de esos viajes, un joven y comprometido pastor millerita llamado Jaime White decidió acompañar al grupo de jóvenes que ayudaban a Elena Harmon. Con el

tiempo el amor surgió y en agosto de 1846 se casa- ron en Portland ante un juez de paz.

El papel de la visiones de Elena White fue el de ani- mar y dar seguridad a quienes habían esperado la venida de Cristo en 1844. En cuanto a la inmortalidad del alma, los fundado- res del grupo de guardadores del sábado conside- raban fundamental la creencia del estado inmortal del ser humano, ya que consideraban que si era real tal cuestión, ya no era necesaria la segunda venida

y eso resolvía el chasco de 1844.

Se desarrollaron conferencias de estudios bíblicos para afianzar la fe y ponerse de acuerdo en verda- des bíblicas. Cuando los hermanos llegaban a un punto del estudio en el que no podían avanzar más,

Elena recibía orientación divina para seguir en el es- tudio. Para 1848 el grupo se había puesto de acuerdo en cinco puntos básicos:

• El regreso visible, personal y pre milenial de Jesús.

• La purificación del santuario, con el ministerio de Cristo en el segundo departamento que comenzó el 22 de octubre del 1844.

• La validez del don de profecía con cada vez más creyentes.

• La obligación de observar el sábado como día de

reposo y el papel del sábado en el gran conflicto del fin profetizado en Apocalipsis 11-14.

• La inmortalidad no es inherente al ser humano

sino algo que se recibe por la fe en Cristo. El 22 de marzo de 1849, Elena de White vio en vi- sión que Cristo abrió la puerta del Lugar Santísimo del Cielo y logro ver que una luz brillaba sobre el cuarto mandamiento. En la segunda década el mensaje de los adventistas sabatarios fue escuchado en círculos no adventis- tas. Las conversiones de muchas personas hicieron que la teoría de la puerta cerrada fue abandonada y entendieran que Dios le cierra la puerta a quienes lo han rechazado totalmente.

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LA PÁGINA IMPRESA

La visión de Elena de White en Dorchester, Massa- chusetts, en noviembre de 1848, estimuló una tran- sición mayor en las publicaciones adventistas. Des- pués de salir de la visión le dijo a Jaime que tenía un mensaje para él. Debía comenzar a imprimir un periódico pequeño que debía ser enviado a la gen- te, la cual contribuiría para seguir imprimiéndolo y a partir de este pequeño comienzo saldrán yayos de luz que han de circuir el globo.

En julio de 1849 salió el primer número de The Pre- sent Truth que contenía mensajes con respecto a al sábado, el mensaje de los tres ángeles y temas doctrinales relacionados. En 1850 apareció la Adventist Review donde se re- imprimieron artículos milleritas importantes desde comienzos de los años 40s. En noviembre de 1850 se combinaron la Present Truth y Second Adventis Review and Sabbath He- rald. Actualmente se conoce esta revista como la Revista Adventista. Durante muchos años, esta re-

vista era el pastor, el predicador, el maestro de los hermanos dispersos. En otras palabras, la revista era

la iglesia para muchos.

A medida que el diario crecía y superaba problemas

financieros y de ubicación, salieron de sus prensas

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en 1851 el primer libro de Elena White”, “Esbozo de la experiencia cristianan y las visiones de Elena G. de White” (Primeros Escritos). En 1852 otra publicación periódica vio la luz, se tra- tó de la Youth´s Instructor como el primer intento de alcanzar a los jóvenes de la iglesia. Para fines de la década de 1850, las publicaciones adventistas se habían vuelto una empresa podero- sa. Pronto se unieron grandes personajes como J. N. Andrews y J. N. Loughborough, Uriah Smith y Stephen Haskell.

Fue la Review and Herald la que estimuló la cohe- sión y la unidad doctrinal. Para el año 1855 se esta- bleció una casa editora en Battle Creek, Michigan. Pronto la iglesia se organizó en esta área con mayor rigor.

DESARROLLO DE LA IASD 1850 - 1888

Battle Creek, Michigan. Pronto la iglesia se organizó en esta área con mayor rigor. DESARROLLO DE
Battle Creek, Michigan. Pronto la iglesia se organizó en esta área con mayor rigor. DESARROLLO DE
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SESIÓN N° 5:

PASOS HACIA LA ORGANIZACIÓN

En 1850 la iglesia tenía 200 miembros y para 1852 ya eran 2000 miembros. Esto fue una bendición pero también acarreó una serie de problemas. Primero, no había forma de certificar el clero. Segundo, no había forma de repartir fondos para manutención a los pastores. No había ninguna organización legal para contar con propiedades. Se hizo necesario organizar la iglesia, ya que no había manera de certificar tampoco que hermanos estaban en regla y quiénes no. Para 1853, Jaime White estaba emprendiendo una cruzada para organizar la iglesia, atacando a quie- nes afirmaban que la organización era equivalente a Babilonia. Tendrían que pasar 10 años para que la organización se hiciera realidad. Para 1856 la organización atravesó su primera crisis. Varios pastores se retiraron por agotamiento. Uno de ellos fue J. N. Andrews, quien se dedicó a ayudar en una tienda de vivieres en Wawcon, Iowa. Otro ministro que llegó allá fue Loughborough. Ese lugar se estaba convirtiendo en el centro de los adventis- tas apáticos. Los White visitaron ese lugar y reani- maron a sus hermanos quienes empezaron a recibir cierto sustento. En 1859, en Battle Creek un grupo de estudio li- derado por Andrews confeccionó un plan de dadi- vosidad sistemática que pronto se conocería como “La hermana Betsy”, que incentivó a donar a todos los miembros de la iglesia de entre 5 y 25 centavos semanales, los varones y entre dos a 10 centavos las mujeres. Ambos grupos eran valuados de uno a cinco centavos por semana por cada 100 dólares de valor de sus propiedades. Si bien la hermana Betsy era un plan totalmente diferente al plan de benevolencia sistemática que los adventistas asumirían en 1870, fue un buen plan para ayudar y dar solidez a la iglesia naciente. Del 28 de setiembre al 1 de octubre de 1860 se de- sarrollaría la “batalla por la organización”. En ese congreso, a pesar de los argumentos “babilónicos” se adoptó el nombre de “Adventistas del Séptimo Día”.

COMIENZOS DEL SISTEMA EDUCATIVO ADVENTISTA

Como narrarles tan interesantísima historia. Perso-

nalmente me sienta mejor escribir que narrar. Así que prepárense para este paseo imaginario. Estamos en la primera mitad de los años 1800 y así como en temas de salud ya existían reformadores aun antes que la IASD recibiera luz divina, en el área educativa habían pensadores que apostaban por una educación que no solo cultivara la mente, sino también el cuerpo, reconociendo así que unidad del ser humano. Ya John Locke hablaba de incluir las habilidades mecánicas y agrícolas para la educación, y en Eu- ropa Rousseau consideraba la agricultura como una instrucción básica para los niños. Quien llevó ade-

John Locke

lante las observaciones de Rousseau fue Pestalozzi en Suiza, pero un mayor desarrollo de escuelas con talleres agrícolas y vocacionales fueron desarrolla- dos por Phillip von Fellenerg y Jacob Wehrli quienes llegaron a desarrollar cinco escuelas donde maes- tros y estudiantes vivían relacionándose constante- mente con un aire religioso. En Estados Unidos ya había ejemplos de colegios con tendencia a la educación integral, tales son los casos de los colegios de los hermanos moravos en Bethlehem, Pennsylvania y el Cokesbury College en Marylan de los metodistas.

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La proliferación del trabajo manual en los colegios por parte de los estudiantes se volvió una iniciativa del Movimiento Norteamericano de Educación Ma- nual que comenzó en 1820, tuvo su auge en 1834 y en la siguiente década decayó. Uno de los colegios más destacados en esta línea educativa fue el Andover Theological Seminary, donde los alumnos debían trabajar diariamente una hora y media en la fábrica de cajas o mueblería de la escuela. Otra institución fue el Instituto Oneida en el interior de Nueva York. Gracias a esta tendencia se siguieron desarrollan- do instituciones con esta filosofía de estudio-traba- jo, tales como el Lane Seminary en Cincinnati y el Oberlin College, aunque este último más interesado en el movimiento antiesclavista y en los derechos de la mujer.

EN EL MEDIO ADVENTISTA

Sin embargo, nuestros pioneros no estaban muy interesados en el desarrollo de instituciones ad- ventistas debido a que lo consideraban como una negación a la esperanza del pronto retorno de Cris- to. Pero conforme pasaron los años, decidieron atender los consejos del Espíritu de Profecía. De-

Jaime White

bían preocuparse en la educación de sus hijos. En 1850, temiendo la influencia desmoralizadora de los compañeros seculares en los colegios públicos, los White aconsejaban a los hermanos guardadores del sábado a criar a sus hijos hasta los 8 o 10 años a fin de poner solidas bases espirituales. En 1858 Jaime White ya apoyaba el surgimiento de iniciativas educativas organizadas para los hijos de los hermanos en la fe, pero luego de cerrar dos veces los programas por falta de apoyo financie- ro, estaba desanimándose. Comenzó a considerar la educación de los jóvenes de la iglesia a través de otros medios.

LA ESCUELA SABÁTICA

Surgió justamente para dar solidez a la fe de los más jóvenes del rebaño. Las primeras lecciones se impartieron en la revista The Yourth´s Instructor, donde escribieron temáticas que profundizaran la fe. Las reuniones de escuela sabática se fueron de- sarrollando gradualmente en la década del 1850. Luego de reunirse en grupos de ocho a diez y ha- cer preguntas y ejercicios numerosos en torno a la lección, las clases de Escuela Sabática fueron vigo- rizándose.

G. H. BELL

Este personaje era hijo de una de las grandes fami- lias que viajaron al oeste en busca de mejores opor- tunidades. En su adolescencia la familia se mudó al norte de Ohio, cerca del Oberling College, donde asistió por espacio de un año y desfruto de la edu- cación orientada a la actividad motora. Luego de ver sus estudios trucos por nuevas mu- danzas y la muerte de su padre, con el tiempo se convirtió en el sostén de la familia. Luego desarrolló sus dones de educador llegando a ser uno de los maestros más capaces de Grand Rapids. Debido a sus hábitos de vida y abundante trabajo, perdió la salud y fue al Health Reform Institute a recobrar su salud. Pero allí conoció la verdad adventista y deci- dió abrazarla. Poco a poco sus dotes de maestro se hicieron cada vez más evidentes. Su metodología y agradable en- señar le granjearon la buena voluntad de muchos administradores. Con el tiempo, en torno al profesor Bell crecieron

G. H. Bell

los sueños de desarrollar una institución educativa adventista, iniciativa que luego de revisar los me- dios para su sobrevivencia no tuvo mucho éxito. Bell trabajó como editor de la Youth´s Instructor donde innovó preparando dos juegos para las lec- ciones de la escuela sabática, una para niños y otra para jóvenes. En 1872 había desarrollado ya ocho libros para la Escuela Sabática.

EL INICIO DE LA EDUCACIÓN ADVENTISTA

En enero de 1872, Elena de White tuvo una visión detallada acerca de los principios de la educación. Aunque muchos consejos eran para los padres, que debían educar a sus hijos hasta los 8 o 10 años an- tes de enviarlos a una institución, ella añadía ele- mentos de educación del cuerpo, la mente, la moral y el espíritu. En mayo de 1872 + de una institución educativa denominacional que debían comenzar el 3 de junio. El local se acondi- cionó rápidamente y el maestro fue el profesor Bell. La escuela se abrió con doce alumnos. Un comienzo pequeño pero que luego se acrecentaría. El colegio adventista nacía como un lugar donde los estudiantes estuvieran protegidos de la intempe- rancia, los juegos de cartas y otras maldades simila- res, proporcionándoles las motivaciones adecuadas para el estudio. La escuela nacería con la finalidad de preparar a los obreros pastores-agricultores, para que salieran de la ignorancia y se convirtieran en un ministerio pro- fesional. Jaime White apoyaba estas acciones, pero

tenía serios reparos por el carácter moral de Battle Creek donde la escuela estaba naciendo. Para la segunda mitad del año la escuela ya contaba con cuarenta alumnos y quince más en las noches, estos eran empleados de la imprenta. En 1873 la Asociación General toma el voto de for- mar una escuela denominacional con la perspectiva del nivel superior. Uno de los primeros reveses humanos del plan edu- cativo fue el desprecio del consejo inspirado de un lugar amplio para desarrollar actividades agrícolas. Teniendo en planes la compra de un terreno de 20 hectáreas al extremo de Battle Creek, la junta de la Asociación General compró un terreno de cinco hectáreas cerca de las oficinas de la Review y del Instituto de Salud. Al enterarse en California de lo sucedido, Elena de White agachó la cabeza y lloró. En los meses de primavera (marzo-junio) la junta de la Asociación General decide tomar de director del colegio a Sidney Brownsberger, quien contaba con títulos de Bachelor in Arts de la Universidad de

Tabernáculo Dime

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Michigan, a diferencia de Bell que no tenía título alguno. Bell se haría cargo de gramática, retorica, caligrafía, matemáticas, geografía y contabilidad. Brownsberger dictaría griego, latín, hebreo, francés, alemán, filosofía y fisiología. Luego de un tiempo Urias Smith se incorporaría a la plana docente para dar clases de Biblia. Al año siguiente, en 1874 se hizo legalmente la So- ciedad Educativa Adventista del Séptimo Día. Se hicieron planes de construir un edificio con la capa- cidad de albergar 400 estudiantes. Entonces el con- cejo de la Señora de White se dejó escuchar nue- vamente. El terreno era demasiado pequeño para los fines educativos adventistas, y nótese que para pagar la construcción se estaban vendiendo lotes del mismo terreno. La junta consideró que el consejo se seguiría en fe- chas posteriores. Los alumnos eran de diversas edades, desde siete hasta cuarenta años. A veces padres e hijos asistían a clases juntos. Lo que era parte importante era la coeducación, hombres y mujeres asistiendo a cla- ses. Las normas sobre convivencia eran muy estric- tas y los profesores no permitían en galanteo y el flirteo de ningún modo. La junta del colegio se opuso a la construcción de residencias para los estudiantes, así que los acomo- daban en hogares autorizados. Los alumnos paga- ban su educación, pero su lugar de descanso y sus alimentos era negocio propio. Muchas críticas llovieron sobre Brownsberger por

Battle Creek College

Sidney Brownsberger

no seguir el consejo de E. G. White, por lo que en 1881 renunció y se dedicó a recuperarse de los ner- vios haciendo trabajo manual. Bell no tenía el grado académico para asumir el li- derazgo así que la junta del colegio eligió a Alexan- der McLearn (Doctor en Divinidad) de la iglesia bau- tista. El no era bautizado ni había abrazado la causa adventista. Este desatino no tardó en traer serios problemas. McLearn comenzó a tener enfrentamientos con el profesor Bell, primero en asuntos educativos y lue- go en asuntos de conducta con los estudiantes. McLearn estaba rebajando las normas morales para ganarse el apoyo de los alumnos. Para 1882 Bell renunció cansado de tantos atrope- llos. El colegio estaba cada vez más independiente de la junta y esta decidió cerrarlo. McLearn se fue sin ser adventista y se unió a los bautistas del sép- timo día. Pero Dios escribe derecho en renglones torcidos. Esta crisis preparó a dos hombres para llevar ade- lante la obra educativa. El Healdsburg College de California abrió sus actividades en 1881 y se con- voco al Sidney Brownsberger, quien, aprendida la lección, llevó adelante la obra educativa siguiendo los consejos del Espíritu de Profecía. En Nueva Inglaterra y bajo el estímulo de S. N. Has- kell, se abrió la South Lancaster Academy en 1882 teniendo como director a Goodloe Harper Bell, también más que dispuesto en aplicar los consejos de Elena de White. El Healdsburg College de California llegaría a ser más tarde el Pacific Union College y la South Lan- caster Academy el Atlantic Union College. La obra educativa estaba en marcha.

SESIÓN N° 6:

LA EXPANSIÓN MISIONERA Y ORGANIZACIONAL

(1868-1885)

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Durante la guerra civil norteamericana sus habitan-

tes no estuvieron muy interesados en temas religio- sos, pero esto no desanimó a los predicadores ad- ventistas. Para el año 1867 había 4320 adventistas en todo el país. Dentro de la nación muchos hombres comenzaron

a hacer obra de evangelistas, ahora la teoría de la

puerta cerrada estaba en el pasado y la iglesia se estaba proyectando a sus vecinos. Pero la disidencia también se hizo notar desde los inicios, tales fueron los casos de Snook y Brinkerhoff quienes fueron dirigentes de la recién formada Asociación de Iowa, pero se volvieron críticos de Jaime y Elena White.

George I. Butler

Se trataron de arreglar las cosas en 1865, pero no sirvió de mucho. Producto de estas discrepancias se formó la iglesia de Dios (Adventista). En la reunión de la Asociación de Iowa de 1865 se eligió presidente a George I. Butler quien visitó a los hermanos del estado instruyéndolos en la orto- doxia adventista, restableciendo el orden y adelan-

tando la obra. Estas acciones pusieron a Butler entre los grandes líderes adventistas junto con los White, Haskell, Loughborough, Andrews y Waggoner. Un papel destacado en la evangelización fue el de la mujer. Sarah Lindsey y Ellen Lane con sus esposos, trabajaron con mucho éxito en la obra de la pre- dicación del evangelio. Fue tal el logro de la obra por estas mujeres y sus esposos que se propuso en 1881 enviar una moción a la Asociación General de que las mujeres más capaces sean separadas para

la obra de evangelistas. Esta moción no tuvo mayor

eco. Fue en la reunión de la Asociación General de 1868

que se decidió enviar a California a Loughborough y Bourdeau quienes con la dirección de Dios lograron establecer la iglesia. Un hombre llamado Abram La Rue decidió ser adventista en esos esfuerzos evan- gelizadores y pidió ayuda para ser enviado a China. La iglesia no lo aprobó pero él no se desanimó y llegó hasta Hawái donde vendió publicaciones ad- ventistas en Honolulu y en los barcos que entraban

a Pearl Harbor. Fue en 1888 que siguió camino a

Hong Kong donde estableció una misión para ma-

rineros y repitió la experiencia. Fue este personaje quien hizo arreglos para traducir material adventis-

ta al chino.

Volviendo a California, fue tal el éxito de la obra y la buena disposición de los californianos que la iglesia ya planeaba, con la dirección del espíritu de pro- fecía, colocar una casa publicadora en Oakland. El 4 de junio de 1874 se publicaba el primer número de The Sings of the Times especialmente preparado para la gente del oeste, y antes de año se esta- bleció la Pacific Seventh-day Adventist Puglishing Association. El 7 de junio de 1878 se estableció la Rural Health Retreat en Santa Helena y California tuvo su sanatorio. La obra adventista en California estaba sólidamente constituida. La iglesia estaba despertando a su vocación misio- nal. Todo el territorio americano estaba siendo el objetivo de misioneros adventistas, pero el Señor despertaría a los misioneros de ultramar. Donde los hombres no podían llegar, llegaba la pá- gina impresa y desde Inglaterra e Irlanda llegaban noticias desde 1861 de guardadores del sábado y del advenimiento. Fue M. B. Czechowski quien sin apoyo de los di- rigentes pero con un gran deseo de compartir el mensaje, decidió ir a Europa. Al ver la negativa de la

M. B. Czechowski

Asociación General, viajó a Boston donde persuadió

a los dirigentes de los cristianos adventistas para

que lo enviaran y en 1864 junto con su esposa y una hermana de G. I. Butler que era cristiana adventista, viajó a Europa.

Su trabajo y espíritu libre lo llevaron por varios paí- ses. Al final de sus días su aporte fue bastante difu- so. J. N. Andrews se refirió a su buen trabajo como que fue mayormente debido al sabio consejo de la hermana Butler, pero al separarse ella de su compa- ñía, sus acciones pronto terminaron en tristeza para

el pueblo de Dios.

Algunos de los seguidores de Czechowski llegaron a tener contacto con Battle Creek, causando los ce- los del misionero. Este se apartó del camino y murió solo en Europa.

En 1874 un año después de que Jaime hubiera pro- puesto un presupuesto inicial a la Asociación Ge- neral, esta misma votó que J. N. Andrews fuera a Europa tan pronto como sea posible.

Junto con sus hijos y el hermano Adhémar Vuilleu- mier salieron rumbo a Europa. Pararon en Inglaterra

y Escocia para visitar a los hermanos Bautistas del

Séptimo Día, para luego ser recibidos con alegría por los hermanos de Suiza. Andrews era el hombre mejor calificado para esta tarea. Mientras aprendía francés, visitó a los grupos que Czechowski había establecido. Luego publicó un anuncio en los diarios con mayor tiraje en Europa central para que los guardadores del sábado se contactaran con él. Poco tiempo después, a partir de los conversos de Lindermann en Alemania, ser formó un núcleo adventista. Andrews volvió, pero su acompañante Erzberger permaneció en Alema- nia.

En 1876, Bourdeau llegó a Suiza para ayudar a An-

drews. Ese verano se publicó Les Signes des Tempes

la cual llegó no solo a Suiza sino a Italia y Francia.

En octubre, los Bourdeau se establecieron al sur de Francia para continuar actividades evangelizadoras. Ganaron unos pocos conversos para luego volver a Suiza y a Norteamérica. Poco tiempo después, gracias al contacto con un médico irlandés Ribton, guardador del sábado que vivía en Nápoles, se desarrolló un grupo adventista de donde se llevó Les Signes des Tempes a la co- lonia italiana en Egipto para que luego Ribton se mudara en 1879 a Alejandría.

D. T. Bourdeau

En 1882, Ribton y varios de sus conversos fueron asesinados en una revuelta anti europea alentada por Arabi Pasha. La obra de Andrews se reforzó con la llegada de los Whitney y los Bourdeau hasta la muerte del pionero en 1883.

S. N. Haskell

J. G. Mattenson también estaba desarrollando el mensaje adventista en la zona de Escandinavia. En 1877 fue enviado a Dinamarca, luego de un año de permanecer allí fue a Noruega. En 1879 organizó una casa publicadora en Oslo donde se producía mensualmente Tidernes Tegn. Pronto, con la ayuda de nuevos conversos, el mensaje ingreso en Sue- cia y la revista se publicó quincenalmente en sueco, para 1884.

J. O. Corliss

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En Inglaterra la obra se inició en 1878 con la llegada de William Ings quien fue de vacaciones a su tierra natal inglesa (él vivía en USA), y su presencia causó tan grande impacto con las publicaciones adventis- tas que Andrews hizo arreglos para que regresara como obrero. Pronto Loughborough se le unió. Para 1884 se comenzó a producir The Present Truth y M. C. Wilcox llegó como su editor. Este periódico apareció de su propia casa editora. En 1884 se envió a S. N. Haskell, J. O. Corliss y un grupo de misioneros voluntarios a Australia. Pronto, gracias al colportaje, se crearon expectativas y se inició con el evangelismo por carpas. Pocos meses después se lanzaría el The Bible Echo and The Sings of the Times. En un principio la obra en Australia fue difícil, pero luego sería una luz que brillaría para toda la zona del pacífico.

John Loughborough

EL DESARROLLO ORGANIZATIVO 1864-1887

En el primer cuarto de siglo la feligresía adventista se había septuplicado, de 3500 miembros a 26112 en 1888. Era la iglesia Adventista la rama de los milleritas que se había multiplicado más, y su éxito radicaba en diferentes actividades. Uno de las claves del éxi- to fue que los pastores se consideraban evangelis- tas más que pastores. Pero fue una visión entusiasta de Haskell que habría de convertirse en una poderosa maquinaria de di- fusión del mensaje adventista. Todo comenzó con la reunión en Nueva Inglaterra de varias damas quie- nes se encargaron de la distribución de publicacio- nes. El 8 de junio de 1869, el pastor Haskell ayudó a estas damas a establecer una organización formal:

S. N. Haskell

la Sociedad Misionera Vigilante. Esta sociedad se reunía los miércoles para orar y planificar la ayuda a los pobres y necesitados de la comunidad. Con un poco de estímulo, la sociedad comenzó a distribuir folletos por correo a cientos de personas. Con el tiempo se les unió María Huntley quien con su dinamismo y vigor dio un empuje poderoso a la obra de distribución de tratados llegando a despa- char hasta el extranjero. Cuando el pastor Haskell fue elegido presidente de la Asociación de Nueva Inglaterra, lo primero que hizo fue organizar la Sociedad Misionera y de Trata- dos de Nueva Inglaterra con la meta de establecer grupos como la Sociedad Misionera Vigilante en cada iglesia.

María Huntley

Jaime White observó el éxito del plan y promovió las sociedades misioneras en toda la denominación llegando a publicar en 1874 la revista The True Mis- sionary para promover los intereses de las socieda- des misioneras. Con el tiempo ya no solo se distribuían tratados, sino libros. Por 1880 la Asociación de Publicado- res Adventistas del Séptimo Día tenía para la venta veinte libros encuadernados de tapa dura y más de treinta en rústica. Entre los principales autores adventistas estaban Uriah Smith, Elena White, J. N. Andrews, Jaime Whi- te, D. M. Canright y J. H. Waggoner. Con tal éxito de las publicaciones, se instauró la presencia de los colportores, gracias a la influencia de Elena de White. Estos colportores llevaban literatura de casa en casa. Uno de los hombres que se destacaron en la obra de colportaje fue George King quien llegó a facturar hasta su muerte en 1906 miles de dólares.

Eagle Lake, Minnesota, Camp Meeting, 1875, Jaime y Elena White, Uriah Smith y otros bajo la carpa.

Eagle Lake, Minnesota, Camp Meeting, 1875, Jaime

y Elena White, Uriah Smith y otros bajo la carpa.

A partir de 1867 se inició la práctica de las convo-

caciones por carpas. La primera fue en setiembre en

la Asociación de Illinois-Wisconsin con 300 partici-

pantes, adonde concurrieron Jaime y Elena White. Ente 1870 y 1880 la popularidad de estas reuniones fue daca vez mayor. Estas reuniones tenían asisten- cias variadas, entre 300 y 20000 personas. En todas ellas se notaba un espíritu cristiano y familiar.

Ilustración 1 Elena G. de White (sentada en el centro delante de un hermano) en el Moss camp meeting. Otros en la foto son: O. A. Ol- sen y su esposa, Jennie (sentados a la izquier- da). J. H. Waggoner (centro) y W. C. White y Jennie Ings (derecha).

Ilustración 1 Elena G. de White (sentada en el centro delante de un hermano) en el Moss camp meeting. Otros en la foto son: O. A. Olsen y su esposa, Jennie (sentados a la izquierda). J. H. Waggoner (centro) y W. C. White y Jennie Ings (derecha). Por otro lado, la obra de la Escuela Sabática tuvo un poderoso impulso con la llegada del profesor Bell, quien contribuyó con muchas publicaciones al The Youth´s Instructor. Pronto las misiones y las contri- buciones para los campos misioneros andarina de la mano con la Escuela Sabática.

John Harvey Kellogg

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En 1879 dos jóvenes, Lutero Warren de 14 años y Harry Fenner de 17, en Hazelton Michigan desa- rrollarían una reunión de jóvenes y señoritas para cantar, estudiar la Biblia y predicar a través de vo- lantes e impresos y así contribuir a confirmar la fe de los jóvenes de la iglesia. Este fue la semilla de lo que sería la Sociedad de Misioneros Voluntarios, luego, Sociedad de Jóvenes Misioneros Voluntarios, Luego Sociedad de Jóvenes Adventista y por último Sociedad J.A. La obra de temperancia cobró cada vez más fuer- za desde fines de 1870 con la persona del Dr. John Harvey Kellogg quien involucro a los laicos en la obra de la difusión de la temperancia y la salud. Fue él quien ayudó a confirmar a los miembros de la iglesia en las prácticas de la salud. Las instituciones estaban en franco crecimiento y desarrollo, pero un revez en la organización daría un golpe poderoso a la iglesia.

MUERTE DE JAIME WHITE EL 6 DE AGOSTO DE 1881

No puedo entrar en detalles acerca de la enferme- dad de mi esposo. Van a encontrar impreso el infor- me correspondiente. Se me dijo que no estaba muy

bien. El doctor me dijo que me haría bien verlo. Me llevaron a su habitación, y en cuanto lo vi dije: “¡Mi esposo se muere!” Su rostro manifestaba el incon- fundible signo de la muerte. ¡Oh, qué mal me sentí! Me arrodillé junto a su cama. Oré fervorosamente implorando que no Me quedé con él toda la noche, y al día siguiente al mediodía tuvo un escalofrío, y de allí en adelante ya no sintió nada más. Sencillamente se durmió, sin dolor, sin sufrimiento, con la gracia de un niño, y exhaló su último Telegrafiamos a Guillermo y a María para que vinie- Llegaron una semana después de su muer- te; también vino Juan White [el hermano de Jaime White, pastor metodista]. Juan White dijo: “Elena, siento mucho verte tan dé- bil. Vas a tener una prueba muy dura mañana en el funeral. Dios te ayude, querida hermana, en esta ocasión”. Yo le dije: “Hermano Juan, tú no me cono- ces. Mientras más dura sea la prueba, más fortale- za tendré. No me voy a entregar a explosiones de pesar si mi corazón se quebranta. Sirvo a Dios no

El espera de

por impulso, sino

una sumisión completa e inconmovible. El pesar

para arrebatarlo de la muerte. Revivió con lentitud,

Aunque no me había levantado de mi lecho de en-

indebido le desagrada. He tomado mi cruz y voy a

pero continuó muy débil.

ferma después de la muerte de mi esposo, fui lleva-

seguir al Señor plenamente. No me voy a abando-

A

la mañana siguiente pareció revivir débilmente

da

279 al Tabernáculo el sábado siguiente para asis-

nar al pesar. No me voy a entregar a un estado de

pero cerca del mediodía tuvo unos escalofríos que

tir

a su funeral. Al final del sermón sentí mi deber

morbidez y melancolía. No me voy a quejar de las

lo

dejaron inconsciente. A las cinco de la tarde del

de

testificar del valor de la esperanza cristiana en la

providencias de Dios, ni voy a murmurar. Jesús es

sábado 6 de agosto de 1881, en forma reposada,

hora de dolor y aflicción. Al levantarme, me fueron

mi

Salvador. El vive. Nunca me dejará ni me aban-

exhaló último suspiro, sin lucha ni gemido alguno.

dadas fuerzas, y hablé unos diez minutos, exaltando

donará”.

El

choque de la muerte de mi esposo tan repenti-

la misericordia y el amor de Dios ante aquella nutri-

[Al día siguiente] después que [Urías] Smith hubo

no, tan inesperado cayó encima de mí como peso

da

asamblea. Al final del servicio seguí a mi esposo

terminado su oración fúnebre, yo deseé ardiente- mente decir algo para que todos supieran que tenía

aplastador. En mi condición débil había reunido to- das mis fuerzas para permanecer junto a su cama

al cementerio de Oak Hill, donde fue puesto a des- cansar hasta la mañana de la resurrección.

la esperanza cristiana y que ella me estaba soste-

hasta el final; pero cuando vi sus ojos cerrados de

Mi

fuerza física había sido postrada por el golpe, y

niendo en esta hora de aflicción, pero temí que no

muerte, la naturaleza exhausta cedió y quedé com-

sin

embargo el poder de la gracia divina me sostuvo

me iba a ser posible mantenerme en pie. Finalmen-

pletamente postrada. Por algún tiempo estuve

en

mi gran aflicción. Cuando vi a mi esposo exhalar

te decidí hacer la prueba y el Señor me sostuvo. El

oscilando entre la vida y la muerte. La llama vital

el último suspiro, sentí que Jesús era más precio-

doctor [J. H. Kellogg] estaba junto a mí para “soste-

ardía en forma tan baja que un soplo podía extin-

so

para mí que en ningún momento anterior de mi

pero

dije con claridad todo lo que tenía que Me sentí agradecida a Dios de que no me haya dejado buscar consuelo en la amistad del mundo (Carta 9, del 20 de octubre de 1881, dirigida a “Mis queridos hermanos”).

nerme”, según dijo, en caso de que

Otra fuente que registra el mismo evento:

El lunes siguiente comenzó a sufrir severos esca- lofríos, y al día siguiente también yo fui atacada.

Fuimos llevados juntos al sanatorio para recibir tra- tamiento. El médico entonces me informó que mi esposo tenía la tendencia a dormirse y que estaba

en peligro. En seguida me llevaron a su cuarto, y

tan pronto como observé su rostro me di cuenta

de que se estaba muriendo. Traté de despertarlo.

El entendía todo lo que se le decía, y respondía a todas las preguntas que podían ser contestadas con sí o con no, pero parecía que era imposible que pu- diera decir nada más. Cuando le dije que yo creía que se estaba muriendo, no manifestó 278 ninguna sorpresa. Le pregunté si Jesús era precioso para él.

Dijo: “Sí, oh sí”. “¿No tienes deseos de vivir?”, le pregunté entonces, El contestó: “No”. Entonces no arrodillamos junto a su cama, y oramos por él. Un expresión de paz descansaba en su rostro. Le dije:

“Jesús te ama. Debajo de ti están sus brazos eter- nos”. Contestó: “Sí, sí”. El Hno. Smith y otros hermanos oraron entonces

en torno a su cama, y se retiraron para pasar gran

parte de la noche en oración. Mi esposo dijo que no sentía ningún dolor; pero evidentemente es- taba decayendo con rapidez. El Dr. Kellogg y sus ayudantes hicieron todo lo que estaba a su alcance

guirla. De noche mi pulso se debilitaba; y respiraba

en forma más y débil hasta que mi respiración pare-

cía cesar. Sólo la bendición de Dios y los cuidados ininterrumpidos del médico y sus ayudantes mi vida fue preservada.

vida. Cuando estaba de pie junto a mi primogénito,

y le cerré los ojos, pude decir: “El Señor dio, el Señor quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Y sentí en- tonces que tenía un consolador en Jesús. Y cuando

mi último hijo fue arrebatado de mis brazos, y no

podía ver más su cabecita, sobre la almohada a mi lado, pude decir: “El Señor dio, el Señor quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Y cuando aquel so- bre el cual se habían apoyado mis grandes afectos, aquel con quien había trabajado por 35 años, me fue arrebatado, pude poner mis manos sobre sus ojos y decir: “Te encomiendo mi tesoro, oh Señor, hasta la mañana de la resurrección”. (Notas biográ- ficas de Elena G. de White. Págs. 278, 280). El gran guerrero, el compañero y amigo de Elena de White, descansó.

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SESIÓN N° 7:

EL DESARROLLO DOCTRINAL

Los adventistas tenían serios reparos en organizar sus creencias en forma de credo formal por la se- mejanza que esto pudiera generar con relación a la Babilonia popular. Fue en 1872 en que por primera vez que se publicó un panfleto donde se catego- rizaba las creencias básicas de los adventistas del séptimo día en 25 artículos. Esta producción tuvo la intención de ser una regla de uniformidad y brindar respuestas a preguntas. Es interesante notar que los conceptos trinitarios no estaban claros en ese documento. Se hacía una cla- ra referencia a Dios como único, a Jesucristo como Señor y ninguna referencia al Espíritu Santo. Esto seguramente no fue casual ya que tanto Jaime Whi- te como José Bates quienes pertenecieron a la Co- nexión Cristiana tenían esas creencias. Fue todavía en la década de 1890 en que se aceptaron los con-

ceptos trinitarios gracias a la influencia inspirada de Elena de White. Esto es más claro aún en el libro El Deseado de Todas las Gentes (una biografía de Cristo). El tema de la expiación estuvo presente en las creencias adventistas de la época, pero fue gracias

a la dirección del Espíritu Santo que Elena de White, entre 1850 y 1860, fue avanzando es estos concep- tos más que sus contemporáneos. Ella consideraba

que en la cruz de Cristo se realizó el sacrificio que expió el pecado y esos beneficios eran derramados

a sus seguidores desde a través de su obra en el

Santurio Celestial. El tema del Santuario es distintivo de la iglesia ad- ventista. El pueblo adventista consideró que la fe- cha del 22 de octubre de 1844 no era incorrecta, en esa fecha se había dado inicio al juicio investigador (la primera parte del juicio de Dios). El primero que

vio esto fue José Bates. Aparentemente el término “juicio investigador” fue acuñado por Jaime White. El sábado fue introduciéndose de manera gradual y progresiva pero firmemente en el pueblo adven- tista. En un principio, los conceptos no eran muy diferentes de los Bautistas del Séptimo Día. Al fina- lizar la década de 1840 los adventistas sabatarios consideraron los mensajes de los tres ángeles como proclamaciones sucesivas de verdades tales 1. La inminencia de la segunda venida de Cristo, 2. La apostasía de las iglesias cristianas “nominales” y 3. La necesidad de guardar todos los mandamientos de Dios. Fue entonces el mensaje del tercer ángel el tema principal de proclamación de The Present Truth, lógicamente el sábado. La marca de la bestia fue identificada con el falso día de reposo, el domingo. Tanto Bates como Whi- te consideraron que la restauración del verdadero día de reposo era la obra de “reparar la brecha” de Isaías 58:12 y 13: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del día de reposo (sábado) tu pie, de hacer tu vo- luntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras…”.

El sábado se debería guardar de tarde a tarde. Una visión recibida por Elena de White a fines de 1855 endosó la posición de la puesta del sol. Los primeros adventistas estaban seguros de que eran el pueblo de “Filadelfia” (Apocalipsis 3: 7-13) pero luego, en 1856, en base a una visión recien-

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te, Elena de White aconsejó a sus colegas tener en cuenta los consejos del Ángel a los laodicenses. Los adventistas creían en el desarrollo histórico de las profecías. El pueblo adventista desde temprano en su breve historia ha sido un pueblo interesado en las profe- cías, ya en 1850 ya se consideraba cerca el tiempo de angustia y en 1848 Jose Bates interpretó que la revolución europea en 1848 era una de las señales de los inicios del tiempo de angustia.

En 1866 se especulaba en la Review que la guerra de las siete semanas podría llegar a ser el Armagedón. Uno de los más respetados intérpretes de las profe- cías de la época fue Uriah Smith quien interpretaba la sexta plaga con la caída del imperio otomano. El pasaje de apocalipsis 13:11 al 17 era interpretado como los Estados Unidos por J. N. Andrews en 1850. Consideraban que el hecho de hacer descender fuego del cielo estaba relacionado a la invención del telégrafo por Samuel F. B. Morse. El milenio fue ubicado luego de la segunda venida de Cristo como un tiempo de juicio para los impíos muertos y de encierro para Satanás y sus demonios. El bautismo fue practicado por inmersión, ya que no se encontraba ninguna base bíblica para asper- jar el agua en la cabeza del candidato. La reforma

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pro salud avanzó con poder. Ya para 1850 el tabaco, el té y el café fueron considerados dañinos. En 1867 los esposos White y J. N. Loughborough pidieron perdón públicamente por gastar dinero en tomarse fotos… Tanto el decoro en la manera de vestir como los há- bitos saludables fueron contenidos en los Principios Fundamentales de 1872. Al ser atacados de tener a una profeta como quien hacía las doctrinas, la Iglesia Adventista dejó en cla-

ro que todas sus enseñanzas estaban basadas úni- camente en la Biblia, la cual era la regla infalible de fe y práctica. El espíritu de profecía fue dado como un don a Ele- na de White para que pudiera ayudar a edificar la iglesia. Aunque por las muchas críticas se dejaron de publicar las visiones de Elena en la Review. Pero aun así las criticas y burlas no cesaron. Se consideraba que las visiones de Elena de White eran el resultado del mesmerismo o la enfermedad. Se desarrollaron tres argumentos para responder tales comentarios.

1. Los escritos de Elena White: conducían a los lec-

tores a la Biblia y Cristo.

2. Exhortaban a seguir normas morales más eleva-

das.

3. Traían consuelo y ánimo a muchos corazones.

EXPANSIÓN DE LA IASD 1888 - 1915

normas morales más eleva- das. 3. Traían consuelo y ánimo a muchos corazones. EXPANSIÓN DE LA
normas morales más eleva- das. 3. Traían consuelo y ánimo a muchos corazones. EXPANSIÓN DE LA
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SESIÓN N° 8:

LA CRISIS DE 1888 Y LA EXPANSIÓN DE LAS INSTITUCIONES

En las décadas de 1870y 1880 surgieron una nueva generación de enemigos de la iglesia que ridiculi- zaban y acusaban a los adventistas de legalistas. A fin de dar respuesta a estas acusaciones se hicieron estudios exhaustivos sobre las credenciales bíblicas de porqué guardar el sábado llegando a acumular un verdadero arsenal. Se llegó al punto de organizar debates y surgieron campeones defensores del sábado. Pero esto no fue lo mejor. Los adventistas se hicieron orgullosos de su observancia a los mandamientos que daba como fruto su carácter moral alto. Ya en 1882, en los campestres, Elena de White in- vitaba a las audiencias a buscar la justica de Cristo y desechar nuestra propia justicia humana. Pero no fue escuchada.

E. J. Waggoner y su esposa

En esas conferencias, Ellet J. Waggoner encontró la luz que su alma necesitaba. Comenzó a escudriñar la justicia de Cristo la cual es obsequiada al hom- bre que la reciba. Waggoner era hijo de un pastor adventistas que por varios años había servido ala hombre como editor de la Pacific Press y la Sings of the Times. Otro joven que apareció en escena fue Alonzo T. Jones quien había sido militar en el Ejercito de los Estados Unidos y había aprendido de la verdad presente. Estos dos jóvenes eran muy diferentes en contextu- ra y temperamentos, pero causaron una revolución. Ambos hombres llegaron a ser coeditores de la Sig- ns y profesores de Biblia en el Colegio Healdsburg. Comenzaron a ventilar sus creencias en la justifica- ción por la fe en la feligresía y los estudiantes.

A. T. Jones

Esta nueva luz, a ser desarrollada y ventilada sin el consejo de la administración de la iglesia, suscitó recelo y tenciones entre los dirigentes y los jóvenes maestros. El presidente de la Asociación General, Butler estaba especialmente incomodo con la posi- ción de estos jóvenes, llegándolos a considerar fa- cilitadores de los enemigos del sábado. La preocupación específica de Butler era que es- tos profesores estaban ventilando ampliamente sus ideas antes de llevarlas a un consejo superior. En la sesión de la Asociación General de 1886 But- ler sugeriría que todo tema doctrinal que traiga di- sensión debía ser desaprobado, lo que contó con el apoyo mayoritario de la comisión teológica, des- pués de que habían aceptado por apretado margen que la ley a la que se refiere gálatas 3 era la ceremo- nial (ese era el meollo del asunto). Al año siguiente Elena de White desaprobó a todos los actores de ese drama, a los jóvenes Waggoner y Jones por ser tan autosuficientes y a los dirigentes Butler y Uriah Smith para que no se creyeran infa- libles. En la siguiente reunión de la Asociación General del 17 de octubre de 1888 se invitó a Waggoner y Jones a que presentaran sus estudios. Jones fue invitado a presentar su investigación sobre Daniel 7 Waggoner los devocionales al instituto en sesión. La enfermedad no permitió estar presente a Butler, peto tanto Smith como Morrison (presidente de la Asociación de Iowa) estarían para defender la pos- tura clásica. El congreso empezó con un enfrentamiento entre Smith y Jones, Smith quien fuera el expositor más

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respetado de las profecías admitió que en el punto de Daniel 7 había seguirlo a los intérpretes mille- ritas. De esto se valió Jones para afirmar que él sí había estudiado el tema y lo conocía bien. Esto dividió aun más a los asistentes de entrada ya con serias preguntas. Los asistentes llegaron a au- todenominarse “hunos” o “alamanes” para identi- ficarse con la interpretación de Jones o de Smith respectivamente.

Uriah Smith

Cuando Waggoner hizo sus exposiciones, la calde- ra estaba hirviendo. Los conceptos de Waggoner, el cual se negó al debate, hicieron que el público asis- tente tomara dos posturas, unos de agradecimiento al ver la luz de la expiación ganada por Cristo en la Cruz y otra de rechazo abierto y burla a la presenta- ción de la verdad. Los opositores de los jóvenes profesores queda- ron aun más contrariados cuando vieron la amplia aprobación de Elena de White a los nuevos jóvenes maestros. Los opositores se volvieron temerarios y caricaturi- zaron a los expositores además de ridiculizar a Ele- na de White considerando que fue embaucada por que ya era senil. Se había ignorado el testimonio del espíritu de pro- fecía. Ese congreso terminó sin tomar un voto de acepta- ción o rechazo. El congreso terminó con un pueblo divido en temas doctrinales. Elena de White comen- zó una tenaz cruzada para unir nuevamente a la iglesia en la verdad bíblica. Butler renuncio por su salud y se aceptó su renuncia. En su lugar se pon-

O. A. Olsen

dría al pastor O. A. Olsen quien por estar en Escan- dinavia no tendría ningún partido. Smith se retiró como secretario y se nombró a D. T. Jones. En el tiempo en que el pastor Olsen llegaba de Escandi- navia, William C. White sería presidente interino. Elena de White comenzó a visitar las Asociaciones, en algunas fue recibida con frialdad y distancia, pero en otras fue alegremente esperada. Muchos dirigentes que habían sido burladores, pasaron a las filas de la aceptación del mensaje de Minneapolis. En la siguiente sesión de la Asociación General en Battle Creek, los asistentes fueron con otro espíritu, de gratitud y hermandad. Pero la división no había terminado aun. Smith, Butler y Morrison abrazaron con alegría y arrepentimiento la enseñanza de la justificación por la fe, pero otros burladores como Clement Eldridge, A. R. Herny, Harmon Lindsay y Frank E. Belder continuaron su posición de rechazo. De ellos todos menos Herny apostataron de la igle- sia con el pasar de los años. Pero un burlador, Louis R. Conradi, quien hiciera mucho para levantar el ad- ventismo en Alemania se volvería contra él en 1930. La reforma fue lenta. Los estados de Texas y algunas secciones del lejano oeste permanecieron reticen- tes a la nueva luz. Aun en 1902 no había acuerdo total sobre el tema. Más adelante, en los inicios del siglo XX, Waggo- ner y Jones abandonarían la fe adventista por seguir doctrinas panteístas. De ningún modo se debiera tomar su apostasía como un argumento en contra de su mensaje, sino como la elección de seres hu- manos libres y falibles.

LA EXPANSIÓN DE LAS INSTITUCIONES 1877 – 1900

Los adventistas llegaron a ser conocidos a nivel mundial como una organización que operaba ex- celentes colegios, casas editoras y hospitales. Obra educativa Para 1882 el Battle Creek College estaba al bor- de del colapso y la Academia de South Lancaster y el Colegio de Healdsburg están iniciándose, pero aprendiendo de los errores de Battle Creek. De los dos colegios aperturados, el de Healdsburg fue el de avanzada al inaugurar internados y un programa de trabajo agrícola. Esto fue seguido por un reabierto Battle Creek College en 1883.

Battle Creek College, Battle Creek, Michigan

El colegio de Battle Creek se reabrió gracias al Dr. Kellogg quien con su impulso logro que se introdu- jeran industrias como imprenta, hojalatería, fabrica- ción de carpas, de escobas y de zapatos y la damas aprenderían a hacer sombreros, vestidos y comidas higiénicas y saludables. Pero esto tuvo que enfren- tarse con el rechazo de propios y extraños. Los 500 alumnos matriculados no pudieron ser atendidos con el programa vocacional. Para 1889 el programa vocacional estaba virtual- mente desaparecido de Battle Creek College por lo que se comenzaron a cultivar disciplinas deportivas entre los estudiantes. El beisbol, el futbol ameri- cano y el tenis se popularizaron. Un partido entre estudiantes Británicos contra Norteamericanos fue atendido por la prensa local, noticia que llegó a oí-

J. H. Kellogg

dos de Elena de White en la lejana Australia, la cual dio la voz de alarma por la enajenación del plan vocacional, por un plan mundano de recreación y entretenimiento. Luego llegó la locura de las bicicletas al colegio y en mayo de 1894 se desarrolló un evento con 250 ciclistas por la ciudad y los suburbios, con bande- ras y faroles japoneses. Nuevamente la Sra. White puso el punto sobre la íes en el tema del gasto de recursos en cuestiones que eran más un símbolo de rango social que un medio de viaje eficiente y ejercicio saludable. Pero ojo, estos eran los desmanes de Battle Creek College, pero también existía una solida formación profesional y decididos programas espirituales.

Carrera de bicicletas, 1890

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En 1888 el Battle Creek College tenía 600 alumnos, el Healdsburg 175 y la Academia South Lancaster

dieta lacto-ovo-vegetariana entre sus servicios. Esto gracias al firme profesor E. A. Sutherland.

100.

Pero la distancia que significaba mandar a los mu-

Para 1895 los adventistas operaban cinco colegios superiores, cinco academias (escuelas secundarias)

chachos lejos del hogar para educarse impulso a

y

entre quince y veinte preparatorias.

varias asociaciones a crear sus propios colegios, y para 1888 ya había colegios en Minnesota, Kansas y Oregon. Pero el pastor Prescott, por entonces di- rector del colegio de Battle Creek no veía con bue- nos ojos la proliferación de colegios por no tener profesores calificados en lo espiritual como en lo profesional, lo que traería el colapso de la empresa

Para 1893 Sudáfrica había iniciado la Escuela de Cla- remont y en Australia, en 1894, el Avondale College, el cual estuvo estrechamente vinculado al ministe- rio de Elena de White, quien con su consejo había apoyado la apertura de esta institución en tierras extranjeras. El colegio contó con 587 hectáreas a 120 kilómetros al norte de Sydney.

educativa adventista. Pronto, varias asociaciones se unieron para combi- nar esfuerzos en una sola institución educativa re- presentativa. Tal fue el caso de las asociaciones del

Gracias a la dirección del Señor se abrió esta insti- tución a pesar de la renuencia de los dirigentes de la iglesia local. En Avondale se demostró que:

rio Mississipi y las Montañas rocosas que abrieron

1.

Era ventajoso tener un campus amplio ubicado

un colegio en Lincoln, Nebraska. El nombre de este

en un ambiente rural.

colegio recordaría el esfuerzo unido de estas aso-

2.

La factibilidad de un firme programa de estudio

ciaciones y fue el Union College, en un terreno de

y

trabajo.

113 hectáreas.

3.

El valor de la industria de la escuela como fuente

W. W. Prescott

Esta escuela se abrió en 1891 y fue gracias a la habi- lidad financiera de A. R. Henry, representante de la Asociación General, que se pudo financiar la cons- trucción de la institución. Lo mismo sucedió en 1890, cuando, aun contra la renuencia de los hermanos de la zona que apoya- ban colegios en Coquille, sobre la costa del pacifi- co, en Portland y en Milton, se abrió en diciembre de 1892 un colegio representativo en Walla Walla, Washington. El Walla Walla College sería un firme representan- te del estilo de vida educativo adventista con una

de trabajo de los alumnos.

4. La necesidad de tener fondos sistemáticos de

ayuda para los alumnos.

5. El éxito que tuvieron los estudiantes en su partici-

pación en programas misioneros y de bienestar en lugar de programas recreativos y de deportes.

6. La demostración de la práctica de los consejos de

Elena de White en cuanto educación.

La iglesia poco a poco fue logrando una reforma en

el área educativa y se invocaba a las iglesias locales

a que abrieran escuelas primarias locales.

Battle Creek se reformó convirtiéndose en una insti-

tución proveedora de misioneros. Debido a su nue- va línea de educación, se produjo una merma de la matricula. En términos generales, la obra educativa avanzó, no solo en estados Unidos sino en todo el mundo.

La obra de salud Gracias al Dr. John Harvey Kellogg, la obra medico misionera dio un impulso excepcional. A partir del pequeño sanatorio recibido por Kellogg en 1876, se desarrolló una vasta red médica internacional ad- ventista. En 1877 se abrió la Escuela de Higiene del sanato- rio para formar misioneros de salud para la iglesia. En 1883 se abrió la escuela de enfermeras del Sa- natorio de Battle Creek, gracias al apoyo de la Dra.

Aunque la Escuela de Higiene del sanatorio se cerró a los pocos años, en 1889 el Dr. Kellogg la reabrió como la Escuela Preparatoria de Misionero Médicos del Sanatorio y operó durante una década. En 1891 inició la publicación del periódico Good Health and The Medical Missionary como la voz de la Asocia- ción de Salud y Temperancia.

Haskell Home, Battle Creek, Michigan

Gracias a su entusiasmo y acertada dirección y con- tando con el apoyo de Elena de White, se pudo abrir casas para niños Huérfanos en 1894 (Haskell Home) y ancianos (James White Memorial Home).

James White Memorial home, Battle Creek, Michigan

En otoño de 1895 se abrió el American Medical MIssionary College, con cuarenta estudiantes. De todo este auge, Kellogg fe la pieza clave. Las publicaciones Las publicaciones no tuvieron un Kellogg, pero igual tuvieron un crecimiento sostenido, aunque con mu- chas dificultades. Tanto la Review como la Pacific Press eran editoras representativas, pero esto trajo problemas serios también, como el de la seculariza- ción, por que se empeñaron a desarrollar trabajos seculares en detrimento de los trabajos de la iglesia, lo que condujo a la merma del celo misionero.

Las casas publicadoras en todo el mundo avanza- ban y superaban dificultades, incluso en 1897 la In- ternational Tract Society compró una máquina de estereotipo para producir material para ciegos en Braille. Pero fue gracias al empeño de Austin Wilson y su esposa que se produjo el Christian Record que fue un folleto que apareció en 1900 en Braille. Fue un inicio pequeño pero significativo.

AVANCE MISIONERO

1887-1900

Desde 1885 en adelante, la iglesia adventista se ex- pandió dramáticamente, gracias a la inspiración de Dwight L. Moody y John R. Mott, muchos jóvenes se inspiraron en salir a predicar el evangelio a todo el mundo.

Percy Magan

Los principales promotores fueron S. N. Haskell y Elena de White. En 1882 Haskell fue a Europa y lue- go de misionero a Australia y Nueva Zelanda. du- rante 1889 y 1900, junto con el joven Percy Magan, dio la vuelta al mundo reconociendo el campo mi- sionero en Africa, India y el Oriente y gracias a los informes de su compañero en el Youth´s Instructor se captó el interés de centenares de personas. Elena de White paso dos años en Europa alrededor de 1885. Visito Inglaterra, Francia, Suiza, Alemania, Escandinavia e Italia y desde 1891 hasta 1900 la Sra. White trabajó junto con su hijo William en Australia, Nueva Zelanda y Tasmania. En 1884 G. I. Butler llegó a Europa como el primer presidente de la Asociación general en visitarla. En 1888 O. A. Olsen fue llamado a regresar de Escan- dinavia a los Estado Unidos para ser presidente de la A. G. su sucesor G. A. Irwin visito a Australia

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como presidente y J. H. Waggoner dio los últimos tres años de su vida en la obra de publicaciones de Europa. Gracias a las publicaciones en diversos idiomas y a los colportores la obra del evangelismo tuvo éxito donde las campañas en carpa no lo tuvieron. La obra de evangelismo de casa en casa fue estimu- lada y el mensaje fue aun más difundido. En 1896 había 77 colportores en Inglaterra. La obra se ex- pandió en Gales pero tardó en ingresar a Escocia e Irlanda hasta inicios del siglo XX. Pronto se ingresó en Noruega y Dinamarca, no sin poderosos esfuerzos. Ya en 1884 los colportores habían penetrado en el círculo ártico. En Europa central donde el adventismo ingresó pri- mero, el crecimiento fue lento. Había pocos adven- tistas norteamericanos que hablaran el francés con fluidez. Gracias a W. C. White y a H. W. Kellogg se desarrollo un programa de publicaciones en Basi- lea, Suiza, en un edificio construido en 1884.

Conradi y esposa

La imprenta publicó material evangelístico en fran- cés, alemán, italiano y rumano, pero alcanzó a for- talecerse en el siglo XX. Gracias a la providencia del Señor y el ímpetu de los hermanos adventistas el mensaje se arraigó en varias comunidades ruso alemanas en la década de 1870, en Rusia.

En Alemania el adventismo se difundió gracias a James Erzberger, pero se detuvo cuando este misio- nero volvió a Suiza el año 1878. Fue hasta la llega- da de Conradi que la obra se fortaleció. Uno de los colportores valiente que sostenía la luz en Rusia, fue reclutado para trabajar en Alemania, era Gerhardt Perk y tuvo éxito en la región alemana. La obra en Alemania, gracias a Conradi, pudo esta- blecer sus oficinas en Hamburgo en 1889 y contar con cincuenta colportores en 1894. Gracias a Theodore Anthony, un inmigrante recien- te de Constantinopla, aceptó el adventismo en Ca- lifornia en 1888, de inmediato decidió regresar a su terruño para difundir su nueva fe. Su decisión le permitió superar la cárcel y seguir proclamando la verdad en griego y armenio. En Australia la presencia del colportor pionero Wi- lliam Arnold descubrió el buen mercado de publi- caciones adventistas. Gracias a su buen trabajo y a una donación fruto de su éxito, se estableció la Echo Publishing Company. En 1895 llegó E. R. Palmer de Estados Unidos y organizó la obra de colportaje. En 1900 tenía 70 colportores y 2000 miembros de igle- sia. Gracias a los esfuerzos de John I. Tay, la obra en la isla de Pitcairn en las islas del Pacífico abrió el inte- rés de la iglesia, que con el tiempo y por el infortu- nio de uno de sus misioneros decidió construir un velero para visitar las islas del pacífico. Con el tiem- po, los viajes se hicieron más rentables que sostener un velero (el Pitcairn). Este se vendió, pero se hicie- ron grandes avances en la difusión del evangelio en las islas. La obra llegó a México el año 1891 gracias a un sastre ítalo americano que se convirtió en colportor. Gracias a su participación, la obra pudo aperturarse de manera definitiva por Caviness en 1899. En América del sur, el primer país visitado por el evangelio adventista fue Colombia por Frank C. Ke- lley, pero la obra no perduró por problemas de sa- lud. Los primeros adventistas que llegaron a Sudamérica fueron Claudio y Antonieta Dessignert, que habían aceptado el mensaje adventista de D. T. Bourdeau en Francia. Ellos emigraron a Chile en 1885.a la vez, dos familias de Argentina supieron de los adventis- tas por medio de un periódico de Europa. Una de esas familias fue la de Pedro Peverini. La otra familia fue la de Julio e Ida Dupertuis, miembros de la co- lonia suizo francesa bautista.

Gracias a la obra de estas entusiastas familias, la

obra se inició. A inicios de 1890, cuatro familias ruso alemanas de agricultores de Kansas, dirigidas por George Riffel, decidieron ir como obreros de sos- tén propio. Ya Riffel había estado en Argentina, pero por las plagas volvió a Estados Unidos. Al saber y aceptar las enseñanzas adventistas, decide volver a Argentina. El grupo llegó a Entre Ríos. Se encontra- ron con Reinhardt Hetze, quien ya había escuchado las enseñanzas adventistas, pero al encontrarse con estos entusiastas cristianos, abrazó por completo la nueva fe.

A fines de 1891 llegaron tres colportores oficiales

a Montevideo, Uruguay, pero por su idioma ale-

mán, pronto llegaron a Buenos Aires. Lograron un converso, llamado Lionel Brooking, de 21 años de edad, que por su fe en el sábado, decidió volverse un colportor. Por los pedidos de la colonia de los Riffel, la Aso- ciación General decidió enviar al primer pastor, F. H. Westphal, para dirigir la obra adventista en Argenti- na, Uruguay, Paraguay y Brasil. En 1893, los dos colportores más Brooking se mu- dan al sur de Brasil, donde convirtieron a Alberto Bachmeyer. La llegada de Jean Vuilleumier en 1895, de Suiza, para ayudar a Westphal, fue clave para abril la obra en diversos idiomas. En 1895, Fred Bishop y Thomas Davis, dos colpor- tores, llegan a Chile donde contactaron de manera milagrosa a Víctor Thomann, quien aceptó el men- saje de los colportores. Víctor y su hermano Eduar- do llegaron a ser obreros poderosos obreros en la costa del pacífico. Eduardo llegó a ser el primer editor de la versión castellana de Signs of the Times, que los dos her- manos iniciaron en enero de 1900, dos años y me- dio antes que en Argentina se iniciara El Faro en Buenos Aires. En agosto de 1898 partieron dos grupos de creyen- tes de Chile al Perú. El mensaje a Bolivia llegaría en aquellos años.

En la India la obra llegaría entre los años 1893 y gra- cias a La Rue, el evangelio llegó a Hong Kong, luego W. C. Grainger y T. H. Okohira llegaron de Estados Unidos y fueron a Tokio para establecer la obra en Japón. La expansión adventista estaba marchando viento en popa…

Pero…

EL SUR NORTEAMERICANO:

UN CAMPO DESCUIDADO

Fue hasta la década de 1890 que la iglesia hizo es- fuerzos decididos para evangelizar a la gente de raza negra del sur norteamericano. Los primero esfuerzos de trabajar con la gente de raza negra se dieron en la décadas de 1870, pero fue hasta los años noventas que la obra se hizo una realidad solidad. La obra de los adventistas se tuvo que establecer a pesar del gran recelo de los habitantes blancos de la zona, quienes los veían como enemigos, y aun de los hombres de raza negra quienes los visualizaban como los blancos sabelotodo. Charles M. Kenney fue el primer adventista negro en ser ordenado al ministerio y trabajo entre la gen- te de su raza, aunque favorecía la integración de los ambas razas en los cultos, admitió que cuando una buena cantidad de hermanos de color se juntara, debían reunirse en una asamblea aparte. La obra se limitaba a Kentucky, Tennessee, Virginia, Arkansas y Texas. Pero en 1873 Alabama despertaría al evangelio gracias a la obra de J. M. Elliot, un ex soldado ciego del sur quien acepto el adventismo y se dedicó a evangelizar. Fue enviado a C. O. Taylor para ayudar a establecer la obra en Alabama. Reali- zó viajes por las Carolinas, Georgia, Florida, Alaba- ma, Mississippi y Luisiana.

J. E. White

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Los colportores actuaron de manera esporádica pero muy efectiva para ayudar a expandir el men- saje adventista. Elena de White en 1891 sugirió que la Asociación General se había equivocado al ceder al pedido de los blancos para tener cultos segregados. Ella digni- ficaba la raza negra tan igual como las otras. Fue su hijo mayor, James Edson White, quien de- cidió evangelizar el sur. Luego de varias debacles financieras, y de escuchar de las necesidades en el Sur, Edson decidió embarcarse en la empresa evan- gelizadora en Tennessee. El y Will Palmer trabajarían untos para llevar The Gospel Primer a la gente del sur, lo cual fue un éxito inusitado. Pronto, para evitar el celo de la gente blanca, se de- cidieron en construir un barco que serviría de es- cuela, capilla y casa, el Morning Star. La Asociación General aprobó el proyecto a regañadientes, dán- doles sueldos pero no subvenciones para el barco. El Morning Star viajaró por diversas localidades.

La obra en el sur norteamericano fue bendecida grandemente y en el año 1896 ya se contaba con un

terreno de 146 hectáreas para el Oakwood College. La escuela, luego de sendos esfuerzos y tesoneros trabajos, abrió oficialmente en noviembre de ese año. Y en 1901 se abriría el Colegio Madison a unos 16 kilómetros al norte de Nashville. Elena de White misma asesoraría el plan de estudios. El colegio de Madison se desarrolló de manera notable. La obra de la Palabra, junto con la obra educativa se desarrolló con tremendas bendiciones en el sur de los Estados Unidos.

Moring Star, Mississippi

SESIÓN N° 9:

LA REORGANIZACIÓN Y LA CRISIS DEL DR. KELLOGG

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La iglesia era aun pequeña con sus 78000 miembros en 1901, pero comparados a los 3500 miembros de 1863, su desarrollo fue enorme. Pronto, debido a los movimientos angustiosos de- rivados de la guerra civil norteamericana, conside- rada por algunos como el holocausto del castigo divino sobre una nación que consideraba la explo- tación y muerte del hombre como lícita para alcan- zar su desarrollo, se hicieron reformas para llevar a la nación a una cosmovisión más religiosa. Esto fue más marcado debido a la corrupta adminis- tración en torno del presidente U. S. Grant. Muchos debido a los excesos de las autoridades, apoyaron el movimiento a favor de la religiosidad del esta- do. Esta propuesta fracasó en 1874, por lo que la Asociación Nacional de Reforma cambió de táctica. Impulsaron la observancia legalizada del domingo como ente religioso unificador. Como los adventistas tenían este evento como apo- calíptico, como un presagio de la Segunda Venida de Cristo, se opusieron a todo lo que significara ley dominical. Muchos vieron esta ley así como las res- tricciones del alcohol como restricciones de la liber- tad personal. El público se dividió entre los que defendían la mo- ral y los que defendían la libertad y conciencia per- sonal. Los adventistas estaban en el segundo ban- do. El partido que apoyaba las leyes dominicales era el republicano, y los adventistas lo apoyaron desde 1856, pero abandonaron su lealtad al los republica- nos y apoyaron a los demócratas, por lo que el par- tido demócrata ganaron el control de la legislatura y abandonaron toda ley dominical. En 1884 se comenzó a publicar la revista Sabbath Sentinel como un periódico que lucharía a favor de la libertad religiosa. Se vendieron más de medio mi- llón de ejemplares en solo un año de su existencia. En estados como Georgia, Arkansas y Tennessee al- gunos fueron arrestados pro trabajar el domingo y fueron llevados presos. El tema de la ley dominical trascendió los estados Unidos y en otros países, los sabatarios fueron mul- tados por trabajar en domingo. Algunas entidades promotoras de la temperancia también apoyaron la ley dominical para favorecer la moral. En estados unidos, se hicieron alguna clausulas de excepciones para beneficiar a lso adventistas y bau- tistas del séptimo día. Tal fue el caso de Blair quien intentó imponer la observancia del domingo en New Hampshire, pero la intervención y fuerte posi-

ción adventista desbarataron sus planes. Un diario que tuvo gran presencia en esta lucha por la libertad religiosa fue The American Centinel pu- blicado por la Pacific Press. Y un enérgico defensor de la posición de la iglesia fue A. T. Jones. Se formó la asociación de Libertad Religiosa. Las batallas le- gales y argumentativas fueron a favor de los adven- tistas en la mayoría de lso casos. Estas batallas a favor de la libertad religiosa desaparecerían al ama- necer del siglo XX. Las posiciones extremas de A. T. Jones en el tema de la libertad religiosa generaron la retractación de algunas de sus posturas por consejo de la Iglesia Adventista. Pronto se aceptaron posiciones extre- mas en diversos temas. Se creía que todo ello ten- día a distraer el mensaje de 1888. Lo reavivamiento en Healdsburg en 1885 y en Battle Creek en 1892- 1893 se habían detenido. En Healdsburg decidieron no recibir las ofrendas de la Escuela Sabática y se criticó el liderazgo de la iglesia. En Battle Creek, los deportes competitivos distrajeron a los alumnos de la espiritualidad. Algunos enseñaban que la sanación era única y ex- clusivamente por fe. También se enseño que los de- formes y canosos no podían recibir el sello de Dios por su imperfección. Algunos aceptaban que no se debía matar nada, ni bichos, serpientes y roedores. Se enseñaba en 1899 que quienes guardaran los diez mandamientos también tenían el espíritu de profecía. Así aparecieron profetas, tales como Anna Phillips quien en 1890, por la ausencia de Elena de White generada por su envío a Australia, dijo ser otra mensajera del Señor. Algunos de los dirigentes aceptaron sus mensajes pero no enteramente. Todo esto era el reflejo de la agitación existente en- tre los años de 1894 y 1903. La severa crisis de 1893 hizo que las finanzas mer- maran. Las donaciones y los diezmos así como las ofrendas de la Escuela Sabática disminuyeron. Ade- más, la salida de líderes como L. C. Chadwick, quien en 1891 fue enviado por el mundo a visitar la obra y que luego salió en 1893 suscitó la suspicacia en la idoneidad de los dirigentes y sus grandes gastos. Era necesario que los líderes denominacionales via- jaran para aconsejar y aprender acerca del desarro- llo de la iglesia. O. A. Olsen y su sucesor G. A. Irwin en 1897 tuvie- ron que hacer frente a esta dura realidad. La iglesia estaba endeudada y para 1901, cuando A. G. Da- niells fue elegido presidente, la nómina de sueldos

estaba atrasada en 20000 dólares. Una gran parte de la deuda se debió a la expansión de las instituciones. Dos hombres eran los artífices de tamaños abusos contra propios y extraños. A. R. Henry quien con su experiencia de banquero puso sacar adelante la Review and Herald y Harmon Lindsay quien tenía un largo recorrido en la Asociación General desde 1874. Olser se apoyó en ambos hombres, pero lue- go y gracias a los consejos de Elena de White, logró despedirlos. Estos hombres fueron artífices de los abusos contra los empleados de la obra y de los autores de libros denominacionales por no querer pagarles los derechos de autor debidos.

La iglesia tenía serios problemas dirigenciales. Los consejos y consultas demoraban sobremanera. El poder estaba centralizado en unos pocos hombres

y Elena de White reprendía esta manera de actuar.

Los diversos departamentos contaban con sus pro- pios líderes y sus propios planes sin coordinación ejecutiva unificada. Esto llegaría a su fin con la reunión de la Asocia- ción General de 1901 donde ya no se nombraría un presidente plenipotenciario, sino un directorio con

un representante legal (presidente) que pudiera ser fiscalizado por su junta.

El plan divino de la no existencia de reyes en la igle-

sia se había materializado.

NUEVOS COMIENZOS EN MEDIO DE LA CRISIS

La iglesia se estaba recuperando de la crisis orga- nizacional generada por el crecimiento en diversas partes del mundo. La reorganización fue saludable

y muchos consideraron aquello en 1901, pero toda-

vía se estaba librando una batalla aun más delicada

y era la del traslado de las instituciones de las ins-

tituciones de salud las iglesias a cargo del doctor J. H. Kellogg. En la sesión de la asociación general de 1903 el consejo de Elena de White fue “Trasladaos”. Elena de White quería que las asociaciones surgidas en Battle Creek se reubicaran. Una ubicación saludable fue Takoma Park en Was- hington donde encontraron que las condiciones

eran benéficas para una institución de salud y aun kilometro y medio lo necesario para las oficinas de la Review and Herald. Elena de White aconsejaba

que los adventistas nunca más debieran estar an- clados a un solo lugar como en Battle Creek. Siempre debieran trasladarse cuando el Señor lo instruyera no importa cuantas dificultades esto en- trañara. Esta mudanza fue la consecución de un éxodo ad- ventista que ya había empezado en 1901 con el colegio Battle Creek bajo el liderazgo de E. A. Su- therland quien poco después de su nombramiento en 1897 ya había iniciado los preparativos para la reubicación de la institución. A pesar de la deuda de 80000 dólares del colegio

y lo incierto de la venta del terreno que dejaban, el

traslado se desarrollaría. E. G. de White donó el libro

“Palabras de Vida del Gran Maestro” para menguar la deuda. Luego el doctor Kellogg accedió a com- prar la institución en la Asamblea de la Asociación General de 1901. Al finalizar la asamblea Elena de White aconsejó a P. T. Magan, decano del colegio,

que se debía iniciar trasladar el colegio. A las pocas horas se votó encontrar una ubicación rural. Días después, el Colegio Médico-Misionero Norteameri- cano de Kellogg aprobó la compra del colegio. Sutherland fue criticado por las reformas en el cole- gio y aun más cuando la hermandad se enteró del traslado, pero con el apoyo de E. G. White se hizo realidad. Se encontró un lugar en Berrien Springs, Michigan. El colegio primero se trasladó y la iglesia luego oficializó el traslado. El colegio recibió otro nombre, el Emmanuel Missionary College, tenien- do como énfasis el prepara misioneros. Las clases se iniciaron con 50 alumnos los que no aspiraban

a títulos sino a trabajar en la tierra además de ser

adiestrados como misioneros, llegando a trabajar ocho horas y las clases a una asignatura por perio- do.

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En 1903, el primer concilio otoñal de Washington aprobó la construcción de otro colegio, el Colegio de Enseñanza de Washington en un terreno de 20 hectáreas en Takoma Park. 50 alumnos iniciaron cla- ses el 30 de noviembre de 1904.

En 1907 esta institución cambió de nombre al de Seminario de Misiones Extranjeras de Washington y continuó así hasta 1914 cuando el colegio se con- virtió en un colegio más tradicional de artes libera- les. De entre las instituciones de Battle Creek, la diri- gencia del colegio fueron los primeros en tomar en serio los consejos de Elena de White de salir de la ciudad.

Review and Herald – Battle Creek

La secularización de los trabajos de prensa de la Review and Herald traería el infortunio a esta ins- titución. Esto fue peor aun cuando C. H. Jones, de la Pacific Press, rechazó el llamado para ser gerente general de la Review. El 18 de febrero de 1902, el sanatorio de Battle Creek se incendió totalmente y el 30 de diciembre del mismo año, la planta impresora de la Review también se quemó.

Incendio del Sanatorio de Battle Creek, Feb. 18, 1902

Estos eventos llamaron a la reflexión a los dirigen- tes. Pocas semanas después, los dirigentes de la Review decidieron detener los trabajos comercia- les en la publicadora adventista. Cuando en 1903 se voto reubicar las oficinas centrales de la iglesia, también se votó el traslado de la publicadora de la iglesia. Esto suscitó la oposición de varios hermanos de Battle Creek, entre ellos, Lycurgus McCoy, quien acusó a la iglesia de querer poner todas las institu- ciones bajo el control de la comisión de la Asocia- ción General.

La iglesia creó una nueva Asociación Publicadora Review and Herald en el distrito de Columbia, para adquirir las acciones de la Asociación Publicadora de Battle Creek. Solo cuatro meses después de la sesión de 1903, en el mes de agosto, se cargaron cuatro vagones con los enceres de la publicadora y se trasladaron a Washington aun cuando las oficinas no estaban concluidas. Ocuparon un edificio en el centro de Washington y comenzaron a trabajar en condicio- nes desfavorables, mientras los dirigentes hacían esfuerzos especiales para conseguir el dinero y construir las oficinas adecuadas. Los miembros de la iglesia del mundo entero envia- ron dinero para tales fines y en menos de dos años se había juntado más de 100 000 dólares. De todos los empleados de la Review de Battle Creek, solo uno se mudó para trabajar en Washington. Fueron tiempos de desafíos y crecimiento bajo presión. El traslado fue hecho bajo la dirección de Dios ya que el estar en Washington les daría a los dirigen- tes la oportunidad de estar cerca de los legisladores por temas de libertad religiosa. Las nuevas empresas estaban sirviendo a la iglesia ahora, más de lo que lo fueron en Battle Creek. El problema de Battle Creek radicó en que se con- virtió en un centro de adventistas en detrimento de otros lugares. Es imposible negar que colonias adventistas se formen en torno a las instituciones, pero debe regularse esto bajo el consejo de Elena de White. Esto fue muy controlado en esta nueva etapa.

LA CRISIS CON EL DOCTOR JOHN HARVEY KELLOGG

Los traslados de las instituciones no generaron tan- ta crisis como el choque con el Dr. Kellogg que dejó secuelas permanentes en la iglesia. Kellogg era una persona gigante en la iglesia, era un inventor, medico, autor, promotor y administrador destacado en todos los campos. Estaba plenamente identificado con la salud, la beneficencia, la fabrica- ción de alimentos y a la docencia médica. El soñaba con que la iglesia esté conformada por cientos y cientos de misioneros médicos para el mundo. Kellogg era muy crítico con los pastores por con-

siderarlos incoherentes en su estilo de vida ya que muchos no practicaban la dieta adventista. Los consideraba además codiciosos y poco preparados para dirigir instituciones de primer nivel en el ám- bito médico. Sus relaciones con los dirigentes de la

iglesia se fueron deteriorando cada vez más. Pronto las críticas fueron recíprocas. Kellogg consi- deraba que los dirigentes solo apoyaban sus planes

si los resultados eran positivos en términos de ren-

tabilidad económica, además argumentaba que no valoraban sus libros.

Por otro lado, los predicadores criticaban el tamaño de la obra médica en detrimento de las otras áreas evangelizadoras de la iglesia, además observaban

la falta en la observancia del sábado en las institu-

ciones de salud y el carácter no sectario de su obra. Esto fue un problema notorio cuando en 1897 expi- ró el permiso de funcionamiento de la obra médica

y Kellogg propuso la formación de una asociación

de beneficencia y Sanatorio de Michigan con una declarada posición no sectaria, humanitaria y filan-

trópica. No debía ser controlada por la iglesia y no promover las doctrinas adventistas. Esto disgusto

a algunos dirigentes, incluso iba contra los conse-

jos de Elena de White de que las instituciones de la iglesia debían ser controladas por la iglesia. En 1905 Kellogg reconoció que hacía ya quince años el esperaba una ruptura con la denominación, y ya estaba preparado para esa eventualidad. Elena de White en Australia previó una ruptura en 1892. Es- cribía al presidente de la Asociación General George Irwin que sanara la brecha entre los obreros médi- cos y los obreros evangélicos y escribía a Kellogg instándole a abandonar sus deseos de supremacía y de ruptura de la rama médica con la iglesia. Pero los duplicados de las cartas dirigidas a otros dirigentes no fueron bien usados. Se utilizaron para argumentar que no se podía confiar en el doctor. Kellogg reaccionó con acidez. Acusó a Elena de White actuaba sin toda la información. La acusó de estar equivocada en cuanto a la construcción de un edificio enorme en Chicago, pero ella explicó que la visión sobre la edificación de chicago era preci- samente para señalar que no se debía construir tal

edificio. Pero Kellogg se valió de ello para señalar que la señora White se equivocaba en sus visiones. Al iniciar el siglo XX Kellogg estaba convencido que

la Sra. White era su enemiga, azuzada por el pastor

Irwin. También acusaba a William C. White de ma- nipular los escritos de su madre. Antes de la sesión

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Elena de White dirigiendo la sesión de la Asociación General de 1901

de 1901 ella llamó a los líderes más destacados de la obra para hacerles saber la desaprobación de los cielos sobre varias prácticas del doctor. En relación al sanatorio ella aconsejó que debiera mudarse al campo y reducir su tamaño de lo contrario la mano de Dios caería pesadamente sobre la institución. En la misma sesión de 1901 ella se quedó en la casa del Dr. Kellogg para amonestarlo y aconsejarle con- tra sus acciones de contratos a los estudiantes de medicina y enfermería y de los colegios para atarlos a las instituciones de salud de Battle Creek. El 18 de febrero de 1902 el sanatorio de Battle Creek se incendió destruyéndolo completamente. Pero a los pocos días Kellogg ya estaba ocupado en su reconstrucción sin tener en cuenta el consejo de Elena de White. En la sesión de la Asociación Gene- ral de 1903 ella desaprobó los planes de Kellogg y e instó a los hermanos que no comprasen los bonos del sanatorio porque ello inmovilizaría dinero ne- cesario en otras ramas de la iglesia. En el verano de 1902, Kellogg y Daniells viajaron a Europa para su- pervisar la creación de un sanatorio en Inglaterra. El viaje sirvió para agravar las críticas de Kellogg con- tra la falta de hábitos de salud en el comer de los pastores. Daniells veía el camino de Kellogg hacia la separación con mucha claridad. Kellogg había puesto a disposición para la recons- trucción del sanatorio su libro “El templo viviente”, pero este fue fuertemente observado por sus con- ceptos panteístas. Una comisión se formó para eva- luarlo formada por A. T. Jones, Prescott, Kellogg y el Dr. David Paulson informando que el libro no tenía

nada objetable. Pero la directiva de la Asociación General se puso a favor de las objeciones de Pres- cott y el libro no se imprimiría, pero Kellogg hizo un pedido personal de 5000 libros a la Review que todavía hacía trabajos a pedido, pero el incendio frustró sus planes. Kellogg intento remover a Daniells de su cargo pero fracasó y en una reunión de octubre de 1903, se re- unieron la mayoría de los médicos adventistas junto

con E. A. Sutherland y P. T. Magan, además de A. T. Jones y E. J. Waggoner para convencer a todos de las ideas contenidas en el libro de Kellogg. Solo las dos cartas providenciales de Elena de Whi- te, desaprobando los conceptos del libro, salvaron

a Daniells. Muchos cambiaron de parecer y aun

Kellogg parecía apaciguado, pero a comienzos de 1903 se desató nuevamente el vendaval. Kellogg reabrió el colegio de Battle Creek para suplir defi- ciencias académicas de sus estudiantes. Esto suscitó discusiones degeneraron en una posición intransi- gente del doctor de hacer permanecer el sanatorio bajo su control independiente. En 1904 se decidió organizar la obra médica como un departamento tal como la escuela sabática o las

publicaciones. Kellogg cedió varias instituciones en déficit, menos los sanatorios de Battle Creek y el de Guadalajara en México por que había sido construi- do con dinero prestado de Battle Creek. Las instituciones de la naciente rama médica esta- ban en déficit, Kellogg ayudó con algo, pero esto agravó las relaciones. Además el médico utilizaba

la revista The Medical Missionary como su tribuna y

trató de influir sobre los fideicomisarios de la pro- piedad del Tabernáculo de Battle Creek. La iglesia, en 1905 ya no mantuvo relaciones direc- tas con Kellogg sino a través de la vía legal. Y el 1 de noviembre de 1907, Kellogg fue desfraternizado de la iglesia por su inasistencia a los cultos durante años, su no devolución de los diezmos y su anta- gonismo hacia el papel de Elena de White. Pero no se refirió al panteísmo que hubiera sido totalmente lapidario. La maquinaria adventista de Battle Creek desapa- reció con la pérdida del Dr. Kellogg y del sanatorio que controlaba.

UNIDAD II

 

PRINCIPALES

 

PERSONAJES Y

DESARROLLO DE

 

LA IGLESIA

ADVENTISTA DEL

 

SÉPTIMO DÍA

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SESIÓN

N°1

Los últimos años de Elena G. de White y su legado

SESIÓN

N°2

Jaime White y las publicaciones adventistas

SESIÓN N° 10:

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE ELENA DE WHITE Y SU LEGADO

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La noticia recibida de su ángel, que se debía regre- sar a los Estados Unidos encontró a una Elena de White con 72 años en 1900. Su casa en Sunny-Side, cerca del colegio de Avondale era agradable y fami- liar, pero ella confiaba en su Señor y la bondadosa provisión para ella.

Cuando llegaron con sus ayudantes y su hijo Wi- lliam al final de su largo viaje por el océano, bus- caron lugares para vivir en Oakland, pero todo fue inútil. Hicieron un viaje más hacia el sanatorio de Santa Helena a unos 112 kilómetros. Le informaron la existencia de una propiedad cerca

al sanatorio, Elmshaven, con 28 hectáreas. Esta era

una tierra muy fértil con árboles de diversos frutos

y mucha variedad. Pronto vendió parte del terre-

no para una fábrica de alimentos y casas para los obreros de la clínica, dono una parte para Willy y su familia, otras pequeñas parcelas para sus nietos y ayudantes, entre otros. Encima de la cocina prepararon una habitación es- pecial donde ella se retiraba para escribir a solas y fue un lugar muy especial para ella. Envió traer de Australia a su amigo Iram James con su esposa y once hijos para ayudarla con la tierra, y también le obsequio varias hectáreas en herencia.

Sin haberse establecido totalmente, fue invitada al congreso de la Asociación General de 1901 para te- ner parte fundamental en el proceso de reorganiza- ción de la iglesia. Al volver a su hogar en Elmshaven se ocupó en la preparación de varios libros impor- tantes para su publicación. En 1902 el séptimo tomo de los Testimonios para la Iglesia vio la luz, dos años más tarde el octavo. Entre estos dos tomos se publicó La Educación como una versión revisada y ampliada del libro La educación Cristiana. En 1905 publicó El Ministerio de Curación.

Además realizó extensas giras por todo Estados Unidos. Durante 1904 y 1905 la Señora White vivió en Takoma Park para ayudar y aconsejar en el esta- blecimiento de las nuevas oficinas. Desarrolló diversas giras por varios estados de los Estados Unidos, para luego dedicarse a preparar más libros los que serían su legado. En 1909 apare- ció el último tomo de los Testimonios para la Iglesia, luego en 1911 el libro Los Hechos de los Apóstoles, que se sumarían a los libros El Conflicto de los Si- glos (1888), Patriarcas y Profetas (1890) y el Desea-

Si- glos (1888), Patriarcas y Profetas (1890) y el Desea- do de Todas las Gentes (1898).

do de Todas las Gentes (1898). El libro Profetas y Reyes estaba casi listo el día de su muerte. Elena de White acostumbraba acostarse alrededor de las ocho de la noche para levantarse a las 2 o 3 de mañana y escribía. Sus ayudantes encontraban varias páginas para trabajar en la mañana. Hacían una obra de corrección ortográfica, le hacían saber la presencia de material repetido y sugerían agre- gar o modificar palabras para que las ideas fluyeran mejor, pero siempre se le consultaba antes de que se escribiera a máquina para los archivos. Muchas veces, al releer sus propios libros ella en- contraba consuelo y dirección. Aparentemente ella no entendía completamente lo que escribía. Se de- leitaba especialmente en el Deseado de Todas las Gentes y el Conflicto de los Siglos, y en momentos de duda, se entregaba al consuelo de la inspiración escrita de sus libros y a escribir más aún.

Ella fue conocida como una mujer seria en temas

del reino y en temas del Señor, pero muy agradable

y jovial como persona y amiga.

Elena de White asistió al congreso de 1909, aunque con pocas fuerzas solicitó a tener una reunión con los pastores. Muchos esperaron con ansias esta re- unión, especialmente los ministros jóvenes. Enton- ces abrió su Biblia en Juan 3: 1-5, insistiendo en la necesidad de nacer de nuevo. Algunos días después se puso de pie en la reunión de todos los delega- dos y luego de expresar algunas palabras de ánimo y confianza en la dirección de Dios, levantó la Bi- blia abierta y les dijo: “Hermanos y hermanas, les encomiendo este Libro”, puso la Biblia en su sitio, descendió del púlpito y salió del salón.

Williiam

C. White

No pudo asistir a la reunión del Congreso de 1913 pero les envió un mensaje de confianza y un llama- do a la consagración. En sus últimos años, Elena de White se dedicó me-

nos a escribir, pero más a pasear por las colinas cer- canas. Buscaba a los vecinos para regalarles frutos de su huerto y zumo de uva. Además enviaba frutas

a obreros de diversos lugares.

Fue el 12 de febrero de 1915 que la señora White se sintió bien para caminar con un poco por el patio

y el jardín con Willie que había vuelto recientemen-

te. Al día siguiente, ella tropezó y cayó al entrar a su estudio. Se había fracturado la cadera izquierda. Los últimos cinco meses de su vida los paso recostada o en una silla de rueda.

El 16 de julio de 1915 la Sra. White indicó que no

estaba preocupada por la idea de morir y que Je- sús era un Amigo precioso. Rodeada por amigos y familiares, ella descansó en el Señor y sus últimas palabras fueron “Se en quien he creído”. Al día siguiente había 500 personas al frente de su hogar para dar sus respetos a los familiares sobre- vivientes. Tres años antes de su muerte Elena de White hizo arreglos para la custodia de sus manuscritos, dere-

chos de autor y ex libris. Pronto la Asociación Gene- ral formó un equipo de fideicomisarios conforma- do por el presidente de la Asociación General F. M. Wilcox, editor de la Review and Herald, C. H. Jones, gerente de la Pacific Press, su hijo William White y Charles C. Crisler un secretario.

A la muerte de Willie White, lo sucedió su hijo Ar-

thur quien se convirtió en el secretario del Centro

de Investigaciones White y su larga vida hasta 1991

lo convirtió en el eslabón que unió las generaciones

de pioneros y las nuevas generaciones. Actualmen-

te hay más de 19 centros de Investigación White en

todo el mundo. Estos Centros de Investigación, entre sus múltiples funciones, está el de animar a la iglesia a escudriñar los escritos de Elena de White y a promocionar su ministerio y obra. Actualmente, las muchas tecnologías han puesto al alcance de todos gran parte de los escritos de Ele- na de White, en el idioma inglés, y se anima todos los estudiantes de nuestros seminarios teológicos a estudiar el inglés como segunda lengua para poder leer y mejor aun hablar este idioma y familiarizarse con los escritos de la Mensajera del Señor.

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SESIÓN N° 11:

JAIME WHITE Y J.N.ANDREWS

Jaime Springer White nació el 4 de agosto de 1821, en el puerto de Palmyra, condado de Somerset, es- tado de Maine. El declaró que fue descendiente de los peregrinos que llegaron en el Mayflower, aun- que no hay pruebas de aquello. Fue el hermano de en medio de nueve, hijos de John y Betsey White. En setiembre de 1842 pudo escuchar a Guillermo Miller y Joshua V. Himes, en Castine, Maine. El ca - rácter de Miller lo impresionó. En el siguiente mes, Jaime asistió a una reunión adventista, en Exeter; y a partir de allí, comenzó a predicar la Segunda Venida de Cristo. Buscó uno de los carteles proféticos que desarrolló el movimiento millerita, y lo usó al igual que algunos libros milleritas. Así, equipado además con un caballo, salió a predicar. El era parte de la iglesia Conexión Cristiana que era sensible al mensaje millerita; la congregación de Washington llegó a ser la primera la primera Sab- batarian adventist congregation. Otros miembros s dela conexión cristiana que abrazaron el adventis- mo fueron Daniel, William y Cyrus Farnsworth. Urias Smith también tuvo contacto con la congregación y fue convertido allí. Jaime White vivió el gran chasco del 22 de octubre de 1844. Dos años después, en agosto de 1846 se casó con Elena Harmon, con quien llegaron a tener 4 hijos. A lo lardo de su ministerio publicó la revis- ta Verdad Presente (1849), fue el primer editor de la Review and Herald (1850), de la revista Youth´s Instructor (1852) y de la Signs of the Times (1874). Fue presidente de la Asociación General entre los años 1865 – 1867; 1868 – 1871; y, 1874 – 1880). Su vida fue sumamente productiva. Literalmente se mató por la obra del Señor. Fue un buen financiero, un buen líder, y un buen ejecutivo. A continuación narraremos su muerte de la perspectiva del Dr. J. H. Kellogg. “A las ocho de la noche del 5 de agosto de 1881, examiné su pulso, y noté la misma peculiaridad que había observado la noche anterior – debilidad, y una frecuencia poco común, aunque no había fie- bre ni evidencia alguna de enfriamiento, siendo que el cuerpo estaba caliente. El se describió a si mismo como sintiéndose totalmente cómodo, pero incli- nado a dormir. Aproximadamente cinco mismos después examiné su pulso nuevamente, y observé una pequeña irregularidad. Inmediatamente le fue- ron administrados fuertes, y se le informó a la Sra. De White y a un número de amigo especiales que su condición era critica. Los síntomas de gravedad

empeoraron rápidamente por una hora, a pesar de

que se hicieron los esfuerzos más vigorosos que se podían hacer a través del uso de estimulantes y medios restauradores de toda clase, los cuales se hallaban a mano…

A las diez de la mañana del 6 de agosto de 1881, él

pudo conversar un poco en oraciones breves, pero sus pupilas todavía estaban dilatadas y los síntomas

de parálisis de ciertas áreas del cerebro, que habían aparecido la noche anterior, continuaban. Con la aprobación de los amigos, pedimos la opi- nión del Dr. Millspaugh, de la ciudad, quien estuvo completamente de acuerdo con nosotros en cuanto

a la condición del paciente y al tratamiento apro-

piado. Alrededor de la una de la tarde, su pulso repenti- namente aumentó en rapidez, y pronto se volvió débil e irregular. Treinta minutos después perdió el sentido, y su pulso rápidamente se elevó a 176 y su respiración a 60 por minuto. Su temperatura era de 99 grados, medio grado por encima de la tem- peratura normal. Los mismos procedimientos usa- do durante el ataque anterior fueron empleados de

nuevo, pero sin resultado alguno, y él permaneció en la condición descrita hasta que expiró, justamen-

te después de las 5p.m.”.

JOHN NEVINS ANDREWS

El 22 de julio de 1829 nació John Nevins Andrews,

en la ciudad de Poland, Maine, Estados Unidos. An- drews vivió el gran chasco de 1844; y en el año de

1845, a la edad de 15 años, leyó acerca del sábado,

y lo aceptó de inmediato. Se convirtió en el mayor

defensor del séptimo día. Luego del chasco, Andrews reestudió la Biblia, en

cuanto a lo que decía del mensaje millerita de 1844

y

llegó a la conclusión que lo que se refería no era

la

segunda venida de Cristo sino la purificación del

santuario celestial. Andrews amó el mensaje del ad- venimiento, y comprendió las razones de su fe. Andrews definió el horario para la observación del sábado, todo ello, basado en la biblia. Fue presiden-

te de la Asociación General entre los años 1867 y 1869. Se convirtió en el primer pastor adventista en ser enviado de manera oficial al campo mundial, sir- viendo durante 9 años, llegando a publicar la revista mensual Señales de los tiempos y otros periódicos en alemán, italiano, rumano. El pastor Andrews mu- rió el 21 de octubre de 1883.

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UNIDAD III

 

ORIGEN Y

DESARROLLO DE LA

IGLESIA ADVENTISTA

   
 

EN EL PERÚ

SESIÓN

N°1

Las guerras mundiales

SESIÓN

N°4

Panorama de la Iglesia Adventista en el Perú

SESIÓN

N°2

La Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Perú

SESIÓN

N°3

Historia de la educación adventista en el Perú

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SESIÓN N° 12:

LAS GUERRAS MUNDIALES

La iglesia mundial no se había preparado lo sufi- ciente como para hacer frente a estas debacles

mundiales. La división europea con su sede central en Alemania

y sus laicos fueron los primeros en sufrir los efec-

tos de la guerra. Los adventistas de Rusia estaban aislados y la comunicación con África y el cercano oriente se rompió. Conradi solo pudo mantener una comunicación te-

nue con Norteamérica, Gran Bretaña y Francia a tra- vés de Suiza, Holanda o Dinamarca. Imposible fue el pagar sueldos a otros países. Los sanatorios de Skodsborg y Gland en Suiza perdieron el sponsor alemán. Los cosacos de Prusia destruyeron varios templos adventistas. La iglesia no hizo provisión para hacer conocer su posición de no combatiente a sus gobiernos y los de Alemania y Rusia fueron muy duros en sus levas. El 4 de agosto de 1914 el presidente de la Unión Alemana Oriental, luego de consultar a sus pares, declaró que los conscriptos adventistas portarían armas como combatientes y prestarías servicio en

el día sábado en defensa de su país.

Varios años después se desarrolló una reunión de todos los dirigentes adventistas de Europa para de- jar en claro su posición de no combatientes y de trabajo solo humanitario en sábado. Esto fue el 2 de enero de 1923. Fue en esa ocasión que los dirigen- tes alemanes declararon que hubieron cometido un error en su anterior consejo. Por los demás adventistas de Europa, habían tan pocos que no surgieron grandes problemas.

Después de 1924, cuando los adventistas rusos adoptaron la posición de que cada individuo de- bía decidir si sirve al ejercito de su país o no, un grupo se desprendió de la iglesia oficial y formaron un nuevo movimiento llamado “Adventistas Verda- deros y Libres”. Esta división duró hasta la caída del régimen comunista en 1991. Tanto en Inglaterra, Canadá y Francia, los jóvenes adventistas se mantuvieron firmes a su lealtad al Sábado so penas de cárcel y castigos físicos. En los Estados Unidos la iglesia puso como carácter de urgencia que todos los colegios dictasen cursos de enfermería para que los jóvenes pudieran dedi- carse al servicio militar pero en el área de sanidad. En la reunión general de adventistas en el concilio de primavera, el 12 de abril de 1917, se puso como punto de la agenda marcar la posición adventista en torno a ella. Esta se dio el 18 de abril, represen- tando la actitud oficial de la iglesia solo en los Es- tados Unidos, donde se deploraba la realidad de la guerra y se pedía al gobierno que solo se les haga servir en posiciones en que no violen su conciencia en cuanto a la obediencia a la ley de Dios. La difusión de esta resolución no fue muy difun- dida. Al poco tiempo el congreso sancionó la Ley Nacional del Servicio Selectivo el 18 de mayo de 1917. Casi de inmediato, el presidente Wilson esta- bleció el 5 de junio como el día cuando todos los norteamericanos varones entre 21 y 30 años debían inscribirse para un posible servicio militar. No fue rápida la información que se debía brindar a los jóvenes adventistas así que muchos entraron

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al ejército sin hacer el papeleo necesario para que sean considerados como soldados no combatientes y sus líderes militares los detestaban por esto. Pero luego se cambiaron las circunstancias. Se dio la orden a todos los generales que no se dieran ór- denes innecesarias a los adventistas en sábado. En el transcurso de la guerra, cerca de 200 soldados adventistas fueron puestos presos por negarse a re- cibir órdenes. Todos los logros de la alcanzados en la primera guerra mundial sirvieron para preparara la iglesia al enfrentar la segunda guerra mundial. La iglesia había aprendido el valor de la preparación en salud para estas eventualidades y la presencia de un fuerte equipo que luche y vele por el bienestar de los soldados adventistas. En Alemania de los 35000 miembros, unos 2000 adventistas alemanes fueron llamados al servicio militar y 257 perdieron la vida. Pero muchos fue- ron ganados a la causa por el testimonio de los que estaban en el ejército. El hospital adventista de Berlín fue ofrecido a la Cruz Roja y el Seminario Adventista Friedensau ce- rró temporalmente en 1917. Al final de la guerra se hizo un fondo especial para ayudar a sus hermanos de de Europa. Por terrible que haya sido la I guerra mundial, la Segunda Guerra Mundial fue mucho peor. Una vez que los nazis subieron al poder, los proble- mas comenzaron para los adventistas alemanes. La iglesia trato de colaborar en la medida de lo posible con el régimen cambiando nombres a organizacio- nes y demás, se perdieron tanto el seminario teoló- gico, la planta editorial y el sanatorio. Al final de la guerra en 1950 se estima que murieron 3000 miembros de iglesia incluyendo 50 ministros y había otros 1285 hermanos desaparecidos. Más de 16000 habían perdido sus casas. En diversos países se perdieron instituciones y vi- das de miembros de iglesia y ministros. Luego de la guerra, los hermanos atravesaron crisis económicas terribles, salvo en Norteamérica, donde el fin de la guerra trajo bonanza económica. Gracias a este terrible episodio en la historia de la humanidad, aparecieron misioneros de entre los militares no violentos adventistas. Muchos misioneros fueron reemplazados por sol- dados adventistas. Fueron los primeros en ayudar a sus hermanos en lugares distantes. La iglesia sufrió en áreas de gobiernos totalitarios

como Alemania y Rusia, pero Dios estaba al timón para cuidar a sus hijos. Muchos fueron torturados y otros asesinados por permanecer fieles a su conciencia y lealtad al Todo- poderoso.

DESARROLLO DE UN MINISTERIO PROFESIONAL

En 1892 y O. A. Olses le exresó a William C. White su observación sobre la pobre preparación de los pas- tores y esta misma observación la volvió a formular A. G. Daniells una década más tarde. Uno de los fac- tores agravantes era la gran necesidad de pastores que tenia la iglesia y los pocos obreros, los mismos que con pocos estudios ya iban a trabajar. Muchos eran misioneros en los campos extranjeros, pero también habían obreros nacionales que eran tomados por su éxito como colportores o por haber completado un programa rudimentario en escuelas preparatorias. Una de las razones para establecer colegios adven- tistaa en Norteamerica fu la de preparar ministros calificados. Olsen introdujo cortos institutos ministeriales y Da-

niells desarrolló un curso de lectura. I. H. Christian, en 1928 quiso incluir a los obreros extranjeros en la preparación ministerial. La obra adventistas invertiría tiempo y dinero, así como los obreros varios años de sus vidas para pre- pararse y servir mejor a la iglesia. Los cursos iban dirigidos a formar a buenos evangelistas e instruc- tores bíblicos así como a buenos pastores de la igle- sia.

la asociación ministerial

A W. Anderson, un educador, en Australia formó la

primera Asociación Ministerial en 1920 para ayudar

a los obreros australianos, iniciando una revista lla-

mada The Evangelist, donde los obreros compartie- ran sus trabajos, estudios y experiencias. En 1922 la iglesia mundial asumió el programa para todo el mundo. Daniells encabezó su comisión Da- niells en 1920 al 25 desarrolló una serie de institutos ministeriales con el fin de solidificar el mensaje de la jsutificacion pro la fe. Los corazones fueron conmovidos. L. E. Froom, ex director de Watchman. Ayudó en la elaboración de

materiales para el instituto y fruto de ello, junto con Daniells, elaboraron Cristo Nuestra Justicia en 1926.

El objetivo de Daniells fue el de llegar a todos los

5000 miembros de la Asociación Ministerial para que tuviesen un mayor compromiso con el Señor Jesús y con la obra de la ganancia de almas. En enero de 1928 surgió la revista The Ministry (El Ministerio Adventista), dirigida por Froom.

Preparación profesional Por Salud la jubilación de Daniells en 1931 pero siempre procuró ayudar a los obreros a solidificar su experiencias espiritual como el centro en el ser- vicio para el Señor.

Lo sucedió I. H. Evans como secretario de la Asocia- ción Ministerial. En 1940 C. B Haynes declaró que

si bien una gran erudición es adecuada siempre y

cuando esté consagrada a Dios, no es necesaria para un ministerio exitoso más que una gran de-

voción. Tanto la experiencia de los apóstoles Pedro, Santia- go y Juan sin mucha preparación como del erudi- to Pablo, con la sabiduría y conocimiento tales que ayudaron a sistematizar la fe, eran necesarias. La iglesia trató de formar buenos pastores para desa- rrollar y sostener su obra. Daniells en 1919, en la conferencia de profesores de Biblia e historia menciono que quería futuros obre- ros que fuesen honestos y sinceros. Hombres que sean constantes y auto disciplinados, que maneja- sen bien su idioma nativo y de apariencia limpia e higiénica.

A partir de la década de 1920 los colegios empeza-

ron a integrar el programa de entrenamiento misio- nero y trabajo de campo ministerial. Luego se comenzó a exigir un periodo de aspi- rantazgo antes de ingresar al ministerio, donde se evaluara su capacidad en la ganancia de almas, la

efectividad en afirmar conversos y la capacidad de influir en los miembros de iglesia para que apoyen gozosamente los proyectos de la iglesia con tiempo y dinero. Para 1956 la Asociación General esperaba que los obreros tenga un verano de trabajo a tiempo com- pleto colportando.

El seminario teológico

En 1932 se aprobó un año de formación avanzada en Teología, y en 1934 se hizo realidad en la Pacific Union College, asistiendo principalmente los profe- sores de los colegios , algunos pastores de campo

y redactores. En junio asistieron 40 alumnos. Pero en 1936 se votó finalizar la experiencia en la Pacific y la apertura de un seminario teológico en Takoma Park, indepen- diente de cualquier colegio adventista. Este seminario pronto fue trasladado al Colegio Emanuel donde operaria bajo el titulo de Universi- dad de Andrews. Muchos dirigentes tenían recelos de que una pre- paración más formal del ministro se lograría en de- trimento de su amor por la obra práctica, pero se consolaron parcialmente por la presencia de profe- sores que amaban la obra práctica y ahora se dedi- caban a la erudición. Se consideró que un pastor graduado del bachille- rato debía pasar uno o dos años en el Seminario para 1964, pero lo limitado del presupuesto de las Asociaciones y la necesidad de obreros hicieron di- fícil que esto se cumpliera en todos los casos. Lo que ayudó a la aceptación del programa teológi- co fue la presencia de las escuelas de evangelismo donde los obreros aprendían de los esfuerzos siste- máticos de ganancia de almas. Mucho se vieron be- neficiados con los programas teológicos y aunque los dirigentes no consideraban con buenos ojos el exponer a los obreros a otras ideas de teología no adventista, apoyaron poco a poco a la asistencia de obreros. Pronto las necesidades contemporáneas fueron más y más atendidas a través de programas especiales. Para 1970 aparecieron los programas doctorales de en ministerio, para los pastores in- teresados en la actividad práctica y el doctorado en teología para aquellos que quería prepararse como maestros eruditos en estudios bíblicos. Pronto los maestros de Andrews llegaron a ser re- conocidos por la comunidad teológica evangélica, entre ellos Siegfried H. Horn quien se destacó en las clases de antigüedades en el Seminario. Fue él quien en 1968 encabezó la primera expedición de la universidad de Andrews a Hesbón. Se extiende la profesionalización Fue en 1934 que la División Sudamericana enviaría dos obreros para preparase en el seminario teoló- gico. Muy pocas instituciones adventistas fuera de Norteamérica brindaban títulos teológicos de pos graduación. En muchos lugares apareció el entusiasmo de pre- parar mejor a sus ministros y esta se extendió a di- versas partes del globo. Fue luego de la segunda guerra mundial que la asistencia a la Universidad de

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Andrews fue marcadamente más internacional. Las expediciones arqueológicas adventistas iniciadas por Horn fueron notablemente muy bien apreciadas y los demás programas alcanzaron la madurez. Pronto, la presencia de teólogos adventistas sería de mucho valor al momento de aparecer las discusiones teológicas tanto de Conradi, los hermanos Brinsmead y Desmond Ford, destacando el consejo de Daniells de poseer un ministerio donde se cultivaran diversos dones y áreas de conocimiento.

LA IASD EN EL PERÚ 1898 - ACTUALIDAD

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un ministerio donde se cultivaran diversos dones y áreas de conocimiento. LA IASD EN EL PERÚ
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SESIÓN N° 14:

LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA EN EL PERÚ

LA PRIMERA DÉCADA:

1898-1907

La historia de la Iglesia Adventista en el Perú es una aventura misionera llena de historias de abnega- ción, entrega y oración. Según los datos hasta el momento disponibles, esta historia comienza en 1898. El año de 1898 asoma en el devenir históri- co como un año marcado por eventos significativos para el futuro desarrollo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Perú.

En 1898, el gobierno peruano aprobó, no con poca oposición, la ley que reconocía el matrimonio entre personas de religión protestante. En esta ocasión el premier aceptó la noticia con poco entusiasmo, re- flejando con esta actitud la intolerancia de grandes sectores de la ciudadanía.

Ese mismo año, el 26 de junio, la Foreign Mission Board de la Asociación General de la Iglesia Adven- tista del Séptimo Día votó la adición de los territo- rios de Bolivia, Perú y Ecuador a la Misión Chilena, lo cual fue determinante para que la Misión Chilena extendiese sus actividades al territorio peruano.

Fue precisamente en 1898 que se inicia la obra de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Perú, con

Lima (1899)

la partida del puerto de Valparaíso, Chile, de dos grupos rumbo a Perú. El primer grupo, conformado por José y Liborio Osorio, ambos misioneros laicos que llegaron con sus familias y se sustentaban me- diante el comercio ambulatorio. El segundo grupo, estaba integrado por José Luis Escobar, de oficio carpintero, su esposa, Víctor Thomann, una seño- rita voluntaria y los hermanos Luis y Víctor Osorio. Esto ocurría en el mes de agosto de 1898. El viaje había sido financiado con 150 dólares aportados por la Misión Chilena, así como por una donación de hermanos de Alemania, y ambos grupos lleva- ban la misión de compartir la verdad adventista con el pueblo del Perú.

El primer grupo llegó a Mollendo, marchando de in- mediato a la ciudad de Arequipa “adonde llegaron al atardecer del mismo día. Al día siguiente, muy temprano, se percataron de que estaban frente al mercado y vieron que la gente se reunía por lo cual pensaron que debían iniciar sus actividades misio- neras repartiendo folletos.” Pronto fueron rodea- dos por una turba, teniendo que ser encerrados por la policía, que evitó su linchamiento, y luego fueron deportados a su país.

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El segundo grupo fue algo más cauto, pues llegaron al puerto del Callao y se establecieron en la capital peruana, trabajando en diversos oficios a fin de au- tosostenerse.

En la Review and Herald del 6 de junio de 1899 se informaba a través de G. H. Baber que habían sido bautizadas tres personas en Perú, lo cual de- bió de haber ocurrido a fines de 1898 o comienzos de 1899. El bautismo fue realizado por el hermano Escobar. Desde un inicio de la obra adventista en Perú, existieron valientes hermanos que testificaron aun a costa de su propio bienestar, como el caso que informó el pastor Baber a la Review and Herald de un joven de 16 años que fue considerado como muerto por su familia al haberse bautizado en la nueva fe.

G. H. Baber y familia (1899)

En el año 1900, el pequeño grupo adventista de Lima, recibió la visita del Pr. G. H. Baber, en ese entonces Intendente de la Misión Chilena, la cual, como ya fue mencionado, estaba encargada de abrir la obra adventista en el Perú. Luego de realizar un bautismo en Tarapacá, el pastor Baber se diri- gió a Lima por mar, donde, junto con los hermanos cuyo dirigente era el hermano Escobar, fue objeto de la intolerancia religiosa de los limeños quienes los insultaron por reunirse para el culto de oración.

En una carta fechada el 3 de julio del mismo año 1900, el pastor Baber propuso a la Junta de la Aso- ciación General trasladar las oficinas de la Misión de la Costa Occidental de Valparaíso en Chile al Callao en el Perú, pero la propuesta no tuvo eco.

Enrique Balada

Para 1901 la obra adventista en el Perú seguía sien- do atendida por la Misión de la Costa Occidental, con sede en Chile. El pastor Enrique Balada, llegó

al

Perú alrededor de inicios de setiembre de 1901,

y

estuvo cerca de un año atendiendo la nacien-

te iglesia. A los cinco meses de haber iniciado su obra, bautizó a un hombre que había sido misio- nero evangélico por 22 años y que aceptó la fe ad- ventista con tanto entusiasmo y compromiso que estaba ayudando al pastor. Para fines de 1902, el

pastor Balada informaba de su trabajo con la iglesia

e hizo un pedido de mil ejemplares del periódico

de la iglesia Señales de los Tiempos para trabajar en Lima y Callao. También en 1902, visitaron a la hermandad de Lima G. H. Baber, José Westphal y Eduardo Thomann.

Puente de Piedra, Lima (1899)

En tanto que hasta aquí hemos repasado breve- mente el inicio de la obra adventista en el Perú, particularmente en la zona central y mayormente en Lima y Callao, retrocedamos en el tiempo para

revisar importantes antecedentes que prepararon el camino para el desarrollo de la obra adventista en

el sur del Perú.

En 1896, luego de doce largos años dedicados a sus estudios en Alemania y en Suiza, Eduardo F. Forga,

natural de Arequipa, retornaba a su tierra natal dis- puesto a promover las causas de la temperancia, de

la libertad religiosa y de la defensa de los derechos

de la población nativa. En 1898, en el mismo año en que llegaban de Chile los primeros misioneros ad-

ventistas al Perú, Forga fue contactado por los ad- ventistas de Buenos Aires que habían comenzado

a publicar una revista misionera llamada “El Faro”.

Para obtener suscriptores ellos habían recurrido a una lista de nombres de personas que habían com-

prado Biblias a los agentes de las Sociedades Bíbli- cas, y de esta forma fue invitado Forga a suscribirse

a la revista “El Faro”, lo cual él hizo. Pero no sólo eso, sino que reimprimió en sus propias publicaciones muchos artículos de la revista “El Faro”. Forga se convirtió en un vigoroso promotor de la reforma pro salud y también de la literatura adventista, lle- gando a pagar por más suscripciones para sus alle- gados. Asimismo publicó panfletos promoviendo

la causa de la libertad religiosa y de la separación

entre Iglesia y Estado. Millones de páginas conte- niendo los escritos de Forga, así como reproducción de publicaciones adventistas, fueron distribuidas a través del Perú y aun llegaron a otros países.

La semilla de la verdad que Eduardo F. Forga ha- bía esparcido tan lejos y tan ampliamente estaba destinada a preparar el camino para las misiones adventistas. Las publicaciones de Forga llegaron a manos de un jefe de una comunidad aymara llamado Manuel Z. Camacho, según testimonio posterior del pastor Westphal había bebido de Forga los principios de la libertad religiosa. Las actividades de Forga fueron tan árduas que despertaron la antipatía del clero y de algunas autoridades, hecho que lo obligó a salir del país hacia Inglaterra en marzo de 1906, donde conoció a la familia del pastor adventista Herbert Lacey, con cuya hermana Marguerite se casó luego de haber aceptado el mensaje adventista.

Luego de haber dado un breve vistazo a los ante- cedentes de la obra adventista en el sur del Perú, retomemos el hilo de los acontecimientos que mar- can el desarrollo inicial de la Iglesia Adventista en el Perú.

En octubre de 1904, el pastor Ketring vino desde la Misión Occidental en Valparaíso Chile a visitar a los creyentes adventistas en Lima, y llevó a cabo re- uniones diarias por alrededor de un mes instruyén- dolos en la palabra de Dios. Las reuniones se lleva- ban a cabo por las noches y en secreto, pues estaba prohibido tener reuniones públicas. Ketring relata que el 12 de noviembre de 1904 se llevó a cabo una ceremonia bautismal en la cual siete preciosas almas sellaron su pacto con el Señor. Asimismo, menciona que uno de los creyentes bautizados era un peruano, Julio Nerio Espinoza, que había venido trabajando por cinco años como colportor de la So- ciedad Bíblica Americana, y que debido a que había comenzado a guardar el sábado y a enseñar a otras personas a seguir su ejemplo, fue obligado por la Sociedad Bíblica Americana a presentar su renuncia como colportor de ellos. Pensó en volver a dedi- carse a su oficio de carpintero, pero el Pr. Ketring lo indujo a continuar en la obra del colportaje, aunque esta vez vendiendo libros y revistas adventistas. En referencia a esto, Ketring informaba: “Así tenemos un obrero nativo entre tres millones de personas.” Y luego reflexionaba sobre la necesidad de obreros evangélicos para ayudar “en este gran campo”. Aun en sus días de colportor vendiendo Biblias, ya había dado Julio Nerio Espinoza evidencias de su fe y valor inquebrantables en su servicio al Señor. Ketring relata cómo en cierta ocasión Espinoza lle- gó a un pueblo del interior donde inmediatamente fue rodeado por centenares de hombres y mujeres que amenazaban con matarlo si no abandonaba de inmediato el lugar. Valientemente bajó de su mula parda y de pie ante ellos les dijo que su mensaje era un mensaje de paz y que venía a librarlos de su condición perdida haciéndoles conocer la Palabra de Dios. Durante dos horas mantuvo la atención de ellos, hasta que un hombre se le acercó con sus manos llenas de tierra y se la arrojó en el rostro. Las mujeres entonces gritaron que lo sacasen fuera del pueblo para matarlo, pero él cayendo sobre sus rodillas exclamó: “Si es necesario que mi sangre sea derramada para liberar a mis compatriotas, aquí es- toy; tómenme y mátenme. Pero si me echan fuera

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del pueblo, volveré a ingresar cinco veces”. Lo lleva- ron fuera del pueblo para matarlo, pero aparecieron unos jinetes a caballo que luego de interrogarlo lo liberaron. Julio Nerio Espinoza cumplió su promesa de volver cinco veces al mismo pueblo donde llegó

a hacer muchos amigos y vendió un buen número

de Biblias. Gracias al trabajo tesonero en el colportaje de la literatura adventista realizado por Julio Nerio Espi- noza, aprovechando que era conocido en el inte- rior del país, varias personas fueron alcanzadas para gloria de Dios. Incluso, se conoce el caso de una dama que luego de haber alcanzado el conocimien- to de la verdad adventista, partió por la costa norte del país para testificar de su nueva fe. La presencia femenina en la obra de la evangelización ya estaba presente en los albores de la Iglesia Adventista en el Perú. En el 15 de agosto de 1905, J. W. Westphal hace un pedido por dos obreros permanentes para Ecua- dor y Perú. Sin embargo ya en los primeros días de agosto de 1905, la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día había tomado el voto para que el pastor Frankling Leland Perry viajara al Perú como pastor permanente y el 7 de octubre de 1905 zarpó de Dakota del Norte, Estados Unidos.

En su llegada al Perú, el 14 de noviembre de 1905, el pastor Perry arribó al puerto del Callao. Cuatro oficiales del barco que los transportaba fueron eva- cuados por ser portadores de la peste bubónica. Las autoridades determinaron que el barco permane- ciese en cuarentena por cuatro días sin poder atra-

car. Pero gracias a la presencia y gestiones de pasa- jeros que eran altos oficiales del gobierno, pudieron desembarcar luego de dos días. Entre los conversos de la aún incipiente iglesia de Lima se contaba Ramón Beltrán, quien era su líder.

Y fue precisamente Beltrán quien acudió a recibir

al pastor Perry, habiendo sido alertado acerca de su llegada por carta de J. W. Westphal, presidente de la Misión Occidental con sede en Chile. Ramón Beltrán, de nacionalidad ecuatoriana, pero residen- te en el Perú, fue un converso de los primeros tiem- pos, y ya llevaba dos años liderando la obra de la pequeña congregación adventista en Lima. Era en un pequeño salón, detrás de su tienda de venta de comestibles, donde los hermanos e interesados se reunían. La habitación estaba pobremente ilumi- nada y las paredes estaban cubiertas con lemas y

con carteles entre los cuales se incluían tablas pro- féticas. Además contaba con un pequeño púlpito, algunas bancas y sillas, y un melodeón.

Julio Nerio Espinoza fue el primer peruano en re- cibir Licencia Misionera de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, según está registrado en el Yearbook de 1905. En tanto que Ramón Beltrán, a quien F. L. Perry tomó como su asistente, aparece como por- tador de Licencia Misionera en el Yearbook de 1908.

En 1906, el Perú es considerado como Misión (Mi- sión Peruana). Además, gracias a un pedido del pastor Perry, el pastor A. G. Daniels, presidente de la Asociación General, solicitó al Fernando College de California que enviara maestros y alumnos al Perú para enseñar inglés y de este modo se impartiera el mensaje de salvación a muchas personas interesa- das en aprender este idioma en Lima. La respuesta de la institución no se hizo esperar. El profesor H. G. Lucas, Director del Fernando College, sugirió el envío al Perú, como misioneros de sostén propio de Thomas De Witt Robinson y Robinson Robert W. Smith y esposa. Las conversaciones debían conti- nuar para concretar la llegada de estos misioneros al Perú. En 1906 ya se informaba que en el sur había un gru- po de guardadores del sábado y se hacían prepara- tivos para pagar a un hermano calificado para que dedique parte de su tiempo a la evangelización. La evangelización por parte de los nacionales ya se hizo presente desde el mismo inicio de la obra ad- ventista en el Perú. Para el año 1906, grupos guardadores del sábado se habían establecido en las ciudades de Lima, Cal- lao, Trujillo, Pisco, Cañete y Chincha Alta. La verdad adventista siguió difundiéndose en la Lima de inicios del siglo XX. Se conoce el caso de un hombre metodista que luego de conocer la ver- dad del sábado, decidió guardarlo. Y, no sólo eso, sino que predicó audazmente en la reunión de su iglesia. El resultado fue una fuerte oposición de los metodistas hacia la Iglesia Adventista, al punto de no querer vender sus himnarios a los hermanos guardadores del sábado.

La iglesia en Lima siguió creciendo. Se hicieron nue- vas bancas y se buscó un lugar más grande para las reuniones. El testimonio de los hermanos era contundente. Personas buscaban la naciente igle-

sia para unirse a ella. Hubo hermanos a los que se les negó el sábado libre, a pesar de su propuesta de trabajar el domingo en compensación. Se vieron obligados a renunciar a sus puestos para buscar un lugar donde les dieran la libertad de adorar en el sábado. Retomando el hilo de la saga de Eduardo Francisco Forga, para fines de 1906 lo encontramos en Was- hington DC, sede por entonces de la Asociación Ge- neral, donde había llegado con su flamante esposa Marguerite Lacey.

Para el 17 de enero de 1907, la Review and Herald informaba que Eduardo Francisco Forga se había presentado a la sede de la Iglesia Adventista en Washington D. C. solicitando el envío de ayudantes medico misioneros para trabajar juntamente con él en la obra de reforma de salud en Arequipa, Perú. El artículo mencionaba que por entonces Forga había ya publicado más de 40 panfletos y libritos sobre el asunto de la Reforma de Salud totalizando más de dos millones de páginas impresas publicadas y distribuidas, lo cual, el articulista consideraba ser una “abundante siembra de semillas” y preguntaba:

“¿Quién está listo para ir y recoger la cosecha”. El 14 de febrero de 1907 apareció en la Review and Herald el primer artículo de un peruano acerca de la libertad religiosa por mano de Eduardo Francisco Forga, quien escribía desde Norteamérica a favor

Misioneros y Creyentes en Perú

de la libertad de conciencia y la temperancia en el Perú. La lucha por la libertad religiosa que Forga había iniciado, era conocida por los adventistas de otras latitudes. Ese mismo año de 1907, Forga viajó

a California para pasar unos días en casa de su cu-

ñada, esposa de W. C. White antes de volver a Suda- mérica. Sin embargo sus planes de viaje cambiaron debido a que fue invitado a trabajar traduciendo al español los escritos de Elena de White. Además si- guió luchando por la libertad religiosa en el Perú. Antes de morir, Forga donó parte de su fortuna a la obra educativa adventista en el Perú. El pastor Perry, describía que el Perú era un país muy católico, capaz de expresar su idolatría con mucho celo. Incluso fueron muy duros en la aplica- ción de una ley dominical que alcanzó al hermano Ramón Beltrán, quien tuvo que pagar una multa, por haber abierto su tienda un domingo del mes de noviembre de 1906. Pero a pesar de ello, el pas- tor permanecía optimista en la predicación de la luz adventista. La intolerancia contra los protestantes en el Perú era tal que una hija de cierta familia metodista fue quemada viva, y varios adventistas predicaban con peligro de sus vidas. El 13 de junio de 1907, se informaba en la Review and Herald, la organización formal de la primera iglesia adventista en el Perú, casi 10 años después de la llegada del evangelio a costas incas. Luego de un bautismo de 5 hermanos, el pastor Perry organi- zó esta iglesia con 17 hermanos en total.

La obra se siguió extendiendo en Huacho, Ilo, Callao;

y desde Puno, un suscriptor de la revista Señales de

los Tiempos refería que estaba interesado junto con otras personas y pedía ayuda y visitación. El pastor Perry deseaba ir, pero lo desanimaba el dejar sola la iglesia en Lima, es por ello que el pastor consideró necesaria la formación de una escuela para educar misioneros peruanos que pudieran ayudar en la di-

rección y expansión de la obra .

Estadísticas al finalizar los primeros diez años de penetración adventista en el Perú, según datos con- signados en el Informe Estadístico de la Asociación

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SESIÓN N° 15:

HISTORIA DE LA EDUCACIÓN ADVENTISTA EN EL PERÚ

La historia de la educción adventista en el Perú se inició con la preparación de Manuel Zúñiga Cama- cho, poblador natural de Puno, Perú, quien al llegar de regreso a su terruño, y contemplar el estado de abandono y profunda necesidad de sus conterrá- neos, decidió emprender una cruzada que vindicara al poblador alto andino de su deplorable estado de abandono y abuso. Así, decidió iniciar en la comunidad de Utawuilaya un esfuerzo educativo para la enseñanza de la escri- tura y la lectura a los pobladores de su comunidad. Esto sucedió en el año 1902. M. Z. Camacho con- tó con el apoyo del “Lutero de Arequipa”, Eduardo Francisco Forga.

Este proceso educativo tuvo muchos y bravos de- tractores, entre los que se contaban prelados y te- rratenientes de la zona alto andina, que veían en el proceso educativo a la vez un proceso emancipador del abusado nativo; proceso que redundaría en el tener que dedicar más gasto a una mejor atención del poblador laboral.

Frente a este rechazo de la clase pudiente, Manuel

Z. Camacho se puso en contacto con diversas igle-

sias solicitando ayuda, pero no lo logró hasta que

en el año de 1909, la iglesia adventista respondió enviando al colportor Fernando Osorio quien aten- día a la comunidad de Utawilaya algunos días a la

semana.

Luego de varios meses de trabajo, los pastores Ave- lino N. Allen y Fernando A. Stahl visitaron la comu- nidad de Camacho. En esa visita atendieron varios problemas de salud, y realizaron un bautismo. La obra educativa de Camacho daba sus frutos.

No contentos con la obra de los adventistas, el obispo Ampuero de Chucuito no tuvo mejor idea que encarcelar a varios de los hermanos adventistas de Platería. Esto generó la indignación del hermano Manuel Z. Camacho, quien viajó hasta Lima, la capi- tal del Perú, para entrevistarse con el despacho pre- sidencial. Quien era presidente a la sazón en 1913 fue Guillermo Billinghurst, quien gobernó el Perú entre los años 1912 y 1914.

Entre otras políticas, lo que, aparentemente, generó el derrocamiento del presidente por parte de Oscar

R. Benavides, fue que dio espacio para la libertad de

cultos en el Perú, a raíz del reclamo de los hermanos adventistas de Platería.

Fue desde Platería que salieron varios hermanos para establecer colegios de iglesia en todo el con- torno del Lago Titicaca, logrando notable éxito en la educación del habitante alto andino. José Carlos Mariátegui, en su libro 7ensayos de interpretación de la realidad peruana, escribió lo siguiente: “Las misiones adventistas, bajo este aspecto, han ga- nado la delantera al clero católico, cuyos claustros convocan cada día menor suma de vocaciones de evangelización”.

Viendo este éxito, en Lima se apertura el Lima trai- ning School, también llamado el Instituto Industrial de Lima, en el año 1919, con la ayuda de el profesor Harry Lunquist. Este centro de entrenamiento pre- pararía misioneros para el centro y norte del Perú, para atender a las nacientes congregaciones y gru- pos adventistas.

Luego, en 1922, la obra educativa adventista en el lago Titicaca se amplía con la apertura del Colegio Adventista del Titicaca, en la localidad de Chullun- quiani, cerca de Juliaca. La obra educativa se ex- tendió con el fin de formar obreros para el campo misionero.

Muchos fueron los lugares que abrieron sus respec- tivos colegios en la costa, sierra y selva del Perú. Fue a finales de la Segunda Guerra Mundial, que se tras- ladó el Instituto Industrial de Miraflores a su nuevo emplazamiento en la localidad de Ñaña, cerca de Chaclacayo. En el lugar de Miraflores se quedó el Colegio Unión de Miraflores.

Varios colegios iniciaron sus funciones: El colegio adventista de la Av. España; el colegio de la Av. Bra- sil (Antes llamado “La Samaritana”), el colegio Jesús el Sembrador de Carabayllo (aperturado por el pas- tor Andrés Achata), el colegio José de San Martin en Trujillo, el colegio Adventista del Mantaro (Huanca- yo), el colegio adventista de Miller (Tacna), colegio Adventista de Ucayali (Pucalpa) entre otros…

Grande fue el esfuerzo impreso por la comisión de organización de una universidad adventista, lidera- da por el Dr. Rubén Castillo Anchapuri, que, con la ayuda hombres dirigidos por el Señor, lograron in-

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troducir el proyecto de creación de la Universidad Unión Incaica y el 30 de diciembre de 1983 se votó en el congreso por ley 23758.

Luego esta institución cambió de nombre por el de Universidad Peruana Unión. En el año 2002, se inició oficialmente la filial de Juliaca, en el departamento de Puno, y el año 2007 se inició el año académico en la Filial Tarapoto, en la región San Martín, con 203 alumnos.

SESIÓN N° 16:

PANORAMA DE LA IGLESIA ADVENTISTA EN EL PERÚ

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El

año 1898 aparece en la historia como un año muy

primeros misioneros adventistas, marcando de ese

maba de su trabajo con la iglesia e hizo un pedido

En su llegada al Perú, el 14 de noviembre de 1905,

and Herald, la organización formal de la primera

significativo para la Iglesia Adventista del Séptimo Día en relación a Perú, el milenario país de tantas

modo el inicio formal de la obra de la Iglesia Ad- ventista del Séptimo Día en el Perú. De Valparíso,

de mil ejemplares del periódico de la iglesia Señales de los Tiempos para trabajar en Lima y Callao. Tam-

iglesia adventista en el Perú, casi 10 años después de la llegada del evangelio a costas incas. Luego

y

muy antiguas culturas, más conocido por haber

Chile, partieron para Perú dos grupos. El primer

bién en 1902, visitaron a la hermandad de Lima G.

de un bautismo de 5 hermanos, el pastor Perry or-

sido la cuna y centro del Imperio de los Incas y por

grupo, conformado por José y Liborio Osorio, am-

H. Baber, José Westphal y Eduardo Thomann.

ganizó esta iglesia con 17 hermanos en total. Esta

la

colonización española que en su interacción con

bos misioneros laicos que llegaron con sus familias

En el 15 de agosto de 1905, J. W. Westphal hace

iglesia ocuparía tres distintas ubicaciones entre los

las culturas locales dio lugar a un variado mestiza-

y

se sustentaban mediante el comercio ambulato-

un pedido por dos obreros permanentes para Ecua-

años 1908 hasta 1932, año en el que finalmente se

je tanto racial como cultural y religioso. ¡Por qué 1898? Porque en ese año convergen dos influencias que serían de trascendencia para el establecimiento

rio. El segundo grupo, estaba integrado por José Luis Escobar, de oficio carpintero, su esposa, Víc- tor Thomann, una señorita voluntaria y los herma-

dor y Perú. Sin embargo ya en los primeros días de agosto de 1905, la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día había tomado el voto

estableció en su ubicación actual en la Av. España. Perry viajó a través de la costa y las regiones andi- nas, predicando con entusiasmo y fe contagiosos. Él

y

desarrollo de la Iglesia Adventista en el Perú.

nos Luis y Víctor Osorio. Esto ocurría en el mes de

y

ambos grupos llevaban la misión de compartir la

para que el pastor Frankling Leland Perry viajara al

era el único pastor adventista en el Perú y desem-

Dos años antes, en 1896, Eduardo Francisco, natu- ral de Arequipa y por lo tanto ciudadano peruano, retorna a Perú luego de largos años de estudio en Europa. Era miembro de una familia rica y de pres-

agosto de 1898. El viaje había sido financiado con 150 dólares aportados por la Misión Chilena, así como por una donación de hermanos de Alemania,

Perú como pastor permanente y el 7 de octubre de 1905 zarpó de Dakota del Norte, Estados Unidos.

peñaba los cargos de superintendente de la misión, tesorero y promotor departamental, es decir, todo en uno. Lo pesado del trabajo, pronto cobró el total de sus fuerzas, y fue forzado a volver a su patria en

tigio. Su padre era de nacionalidad española y su madre de descendencia alemana. A los diez años de edad fue enviado por sus padres a un colegio en Suiza, donde alcanzó el dominio del francés, alemán e inglés. Luego estudió en grandes univer- sidades donde se llegó a convencer de los errores de la Iglesia de Roma. Y cuando en 1896 Forga re- gresa a Perú a la edad de 25 años, como Ingeniero de Minas, para hacerse cargo de los negocios de la

verdad adventista con el pueblo del Perú. El primer grupo llegó a Mollendo, un viernes, mar- chando de inmediato a la ciudad de Arequipa “adonde llegaron al atardecer del mismo día. Al día siguiente, muy temprano, se percataron de que es- taban frente al mercado y vieron que la gente se reunía por lo cual pensaron que debían iniciar sus actividades misioneras repartiendo folletos.” Pron-

to fueron rodeados por una turba, teniendo que ser encerrados por la policía, que evitó su linchamiento,

el pastor Perry arribó al puerto del Callao. Cuatro oficiales del barco que los transportaba fueron eva- cuados por ser portadores de la peste bubónica. Las autoridades determinaron que el barco permane- ciese en cuarentena por cuatro días sin poder atra- car. Pero gracias a la presencia y gestiones de pasa- jeros que eran altos oficiales del gobierno, pudieron desembarcar luego de dos días.

1909. Luego retornaría a Perú para otros servicios . La segunda iglesia en ser organizada fue la de Lanca de Otao, el año 1917, en un pequeño pueblo a 65 Km, al este de Lima, y la tercera iglesia en ser fun- dada fue la de Huacho a 10 km. al norte de Lima . Quien sucedió al pastor F. L. Perry fue el pastor A. N. Allen, y también llegaron otros misioneros, fortale- ciendo la Misión Peruana. Allen sirvió como super- intendente de misión, O. H. Maxon como secretario tesorero, E. F. Wilson, como director de colportaje,

familia, ya no era el mismo. Sus años en Europa lo habían convertido en un fervoroso defensor de la

y

luego fueron deportados a su país.

Entre los conversos de la aún incipiente iglesia de Lima se contaba Ramón Beltrán, quien era su líder.

E. H. Wilcox como secretario de la Escuela Sabática

libertad de conciencia y de la temperancia . Pero fue en 1898 que Forga fue contactado por los adventistas de Buenos Aires que habían comenzado

En la Review and Herald del 6 de junio de 1899 se informaba a través de G. H. Baber que habían sido bautizadas tres personas en Perú, lo cual de-

Chile. El pastor Enrique Balada, llegó al Perú alre-

fue precisamente Beltrán quien acudió a recibir

al pastor Perry, habiendo sido alertado acerca de su llegada por carta de J. W. Westphal, presidente

Y

y Actividad Misionera; y W. R. von Pohle, quien llegó en diciembre de 1909, como Evangelista de Misión. La primera escuela de colportaje se constituyó en

a

publicar una revista misionera llamada “El Faro”.

bió de haber ocurrido a fines de 1898 o comienzos

de la Misión Occidental con sede en Chile. Ramón

Lima en 1909. Entre estos valientes colportores se

Para obtener suscriptores ellos habían recurrido a

cas, y de esta forma fue invitado Forga a suscribirse

de 1899. El bautismo fue realizado por el hermano

Beltrán, de nacionalidad ecuatoriana, pero residen-

contaban César López, un experimentado obrero,

una lista de nombres de personas que habían com-

Escobar. Desde un inicio de la obra adventista en

te

en el Perú, fue un converso de los primeros tiem-

y Fernando Osorio, un joven principiante, quienes

prado Biblias a los agentes de las Sociedades Bíbli-

Perú, existieron valientes hermanos que testificaron aun a costa de su propio bienestar, como el caso

pos, y ya llevaba dos años liderando la obra de la pequeña congregación adventista en Lima. Era en

fueron asignados para las ciudades de Arequipa, Cuzco y Puno. Ellos colportaban de puerta en puer-

a

a

la revista “El Faro”, lo cual él hizo. Pero no sólo eso,

preparar el camino para las misiones adventistas.

que informó el pastor Baber a la Review and Herald

un pequeño salón, detrás de su tienda de venta de

ta, una acera de la calle frente a otra. López tenía

sino que reimprimió en sus propias publicaciones muchos artículos de la revista “El Faro”. Forga se convirtió en un vigoroso promotor de la reforma pro salud y también de la literatura adventista, lle- gando a pagar por más suscripciones para sus alle- gados. Asimismo publicó panfletos promoviendo la causa de la libertad religiosa y de la separación entre Iglesia y Estado. Millones de páginas conte- niendo los escritos de Forga, así como reproducción de publicaciones adventistas, fueron distribuidas a través del Perú y aun llegaron a otros países.

de un joven de 16 años que fue considerado como muerto por su familia al haberse bautizado en la nueva fe. En 1900, Escobar estuvo en Puno distribuyendo lite- ratura adventista. Para 1901 la obra adventista en el Perú era atendida por la Misión de la Costa Occidental, con sede en

dedor de inicios de setiembre de 1901, y estuvo cerca de un año atendiendo la naciente iglesia. A los cinco meses de haber iniciado su obra, bautizó

comestibles, donde los hermanos e interesados se reunían. La habitación estaba pobremente ilumi- nada y las paredes estaban cubiertas con lemas y con carteles entre los cuales se incluían tablas pro- féticas. Además contaba con un pequeño púlpito, algunas bancas y sillas, y un melodeón. Julio Nerio Espinoza fue el primer peruano en re- cibir Licencia Misionera de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, según está registrado en el Yearbook de 1905. En tanto que Ramón Beltrán, a quien F. L. Perry tomó como su asistente, aparece como por-

gran éxito, pero Osorio no estaba en las mismas condiciones. Cuando Allen pasó por Arequipa, el desanimado Osorio solicitó permiso para volver a su hogar. Sin embargo, Allen le ofreció un solu- ción inesperada. Los conversos de Puno estaban solicitando un misionero y él era la respuesta a sus oraciones. Osorio no pudo rehusar esta invitación, pese que sólo recibiría casa y comida. Él trabajó en Puno desde mayo de 1910 hasta febrero de 1911. Encontró cuatro familias de adherentes en Puno, 20 personas en total, cuatro de los cuales estaban bau-

La semilla de la verdad que Eduardo F. Forga espar-

a

un hombre que había sido misionero evangélico

tador de Licencia Misionera en el Yearbook de 1908.

tizados .

ció tan lejos y tan ampliamente estaba destinada

por 22 años y que aceptó la fe adventista con tanto entusiasmo y compromiso que estaba ayudando al

En 1906, el Perú es considerado como Misión (Mi- sión Peruana).

Manuel Alcca Cruz nació el 25 de diciembre de 1871, en Cutimbo, en las cercanías de Puno. A los

Y

fue precisamente en 1898 que llegaron a Perú los

pastor. Para fines de 1902, el pastor Balada infor-

El 13 de junio de 1907, se informaba en la Review

doce años fue llevado a Moquegua donde cursó la

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primaria en la Escuela Municipal de Moquegua. Allí, gracias a la influencia de un sacerdote apellidado

Zúñiga, decidió salvar a los aymaras de la opresión

y el abuso de los gamonales. A los 24 años, Ma-

nuel decidió cambiar sus apellidos por el de Zúñiga como paterno, y Camacho por el apellido materno de su progenitora. Luego de servir en el ejército, Manuel viajó a Chile en 1896 y entró en contacto con los adventistas. En enero de 1898 regresó a su terruño y se estableció en la localidad de Utawilaya, estableciendo una es- cuela que comenzó a funcionar el año 1902, en su casa. Por años sufrió la persecución de los sacerdo- tes, que desaprobaban sobremanera su intento de educar al nativo de Puno. En 1908, Zúñiga buscó la ayuda de los Adventistas, siendo enviado el colpor- tor Fernando Osorio, en respuesta, quien atendía la escuela de Lunes a Jueves. Cada lunes en la ma- ñana un joven de nombre Luciano Chambi traía un

caballo para Osorio a fin de cabalgar hasta Platería. El interés suscitado fue tal que se decidió que el pastor Fernando Stahl atendiese de manera directa

y exclusiva este esfuerzo misionero, por lo que se

determinó su traslado al Perú, por ello por pasto- res J. W. Westphal, A. N. Allen y F. Stahl, visitaron Utawilaya el 21 de mayo de 1911, bautizaron a 23 creyentes más y organizaron la iglesia del lugar or- denando a F. Stahl como anciano y a Manuel Zúñiga como diácono. El pastor Stahl narra sus experien- cias en su libro En el País de los Incas. Su trabajo, así como el de sus colaboradores y sucesores, hizo

posible el éxito de lo que llegaría a ser la Misión del Lago Titicaca. Los Stahl creyeron que uno de los primeros pasos a tomar era el de educar a los trabajadores nativos de la región. La señora Stahl se encargó personal- mente de educar al joven misionero Luciano Cham- bi, quien aprendió a leer y escribir muy bien (más adelante llegaría a ser pastor ordenado). Entonces, con Luciano como su asistente, ella abrió una es- cuela pequeña, pobremente equipada, donde los niños de la zona podrían iniciar su educación.

A fin de dar una mejor atención a la creciente obra

de Perú, Ecuador y Bolivia se estableció la Misión Unión Incaica en 1914, con E. L. Maxwell como pre- sidente. Las oficinas se establecieron en Lima y lue- go se mudaron a un suburbio de la ciudad en la localidad de Miraflores. La obra en el Perú seguía en crecimiento por lo que se consideró separar la parte sur del país y organizarla en misión como la

misión indígena del lago Titicaca, en 1916, con sus oficinas en Puno. El territorio que atenderían serían los departamentos de Puno, Cuzco y Madre de Dios así como todos los alrededores del lago Titicaca. En respuesta a la necesidad de preparar misioneros

para llevar adelante la obra de la Iglesia en el Perú, se fundó en 1919 el Instituto Industrial de Miraflo- res (hoy Universidad Peruana Unión). Esta institu- ción educativa que inicialmente ocupó ambientes alquilados, pudo establecerse en un local propio contando con un fondo aportado de acuerdo con

el testamento de Eduardo Francisco Forga.

Luego en 1920, el territorio alrededor del Lago Titi-

caca perteneciente a Bolivia fue transferido a la mi- sión boliviana y eventualmente los departamentos de Arequipa, Apurímac, Moquegua y Tacna fueron añadidos a la Misión del Lago Titicaca. En 1920 se excluye la palabra “indígena” del nombre de la mi- sión. En julio de 1921, la junta de la Unión Incaica solicita a Fernando Stahl que visite la zona central del Perú a fin de investigar las oportunidades para

la evangelización de los nativos de la selva central.

Luego de realizar el trabajo, Stahl suplicó que se le permitiera establecerse en Chanchamayo a fin de iniciar una nueva aventura pionera. Así se establece la Misión de Metraro. Contra la oposición y caren- cias, la misión fue firmemente establecida . La obra en esta misión creció muchísimo, con el apoyo norteamericano, para 1922 había un total de 680 personas bautizadas, además la Clínica de Juliaca y la Escuela de Entrenamiento del Lago Titi- caca (Colegio Adventista del Titicaca) entraron en funcionamiento. Por otro lado, desde 1898 hasta 1923, sólo había una iglesia en la ciudad de Lima, que contaba con 70 miembros aproximadamente. Otra iglesia fue or- ganizada en Miraflores en 1923 por los profesores y alumnos del Instituto Industrial de Miraflores. Los Stahl asistieron a la Asamblea de la Asociación General de 1926 y llevaron consigo a una joven de

la tribu campa, de nombre Chave Mariano . Su pre-

sencia despertó el interés en el trabajo en la selva peruana . Además realizaron viajes por Europa in- crementando así el interés por el trabajo misionero en estas latitudes . En 1927 se toman medidas para formar la Misión del Alto Amazonas , que más tarde se llamaría Mi-

sión del Oriente Peruano, con sus oficinas en Iquitos

y con Fernando Stahl como primer presidente. Al

año siguiente se construirían dos pequeños hoga-

res y se conseguiría un bote. Gracias a la ayuda de los hermanos norteamericanos se hizo posible la

compra de una lancha llamada Auxiliadora. En ella Stahl hizo largos viajes misioneros río arriba y río abajo. Una construcción fue erigida en 1930, en los pre- dios de la Misión, con la esperanza de que se con- virtiera en un establecimiento de salud. Por muchos años fue utilizada como oficinas de la Misión, pero finalmente se convirtió en la Clínica Stahl. Luego esta lancha fue vendida, en 1940, a fin de comprar una mejor.

El Instituto Industrial fue trasladado de la localidad

de Miraflores a la localidad de Ñaña en 1946, una gran congregación siguió asistiendo a la antigua iglesia del centro educativo. En ese mismo año co-

menzó a funcionar la Clínica Adventista de Miraflo- res. En 1950 se establece el Departamento de Radio de

la Unión Incaica, con B. A. Larsen como secretario.

La programación de la Voz de la Esperanza llegó a toda la Unión Incaica (Ecuador, Perú y Bolivia). Como resultado de la evangelización pública en la década de los cincuenta, nuevas congregaciones se

aperturaron, el Porvenir, Pueblo Libre y San Martín en la ciudad de Lima, cada una con nuevos conver- sos y miembros de la iglesia central de Lima.

A mediados de los años sesenta la Misión del Lago

Titicaca fue rebautizada como Misión Peruana del Sur. Debido al constante crecimiento de la iglesia, en enero de 1961 la Misión Peruana fue nuevamen- te dividida para dar paso a la Misión Peruana del Norte. El resto del territorio sería llamado Misión peruana Central con sus oficinas en Miraflores. La nueva misión tendría sus oficinas en Chiclayo, de- partamento de Lambayeque, que incluiría todo el territorio al norte del río Santa y el departamento de Amazonas. Después de algunos años, la Misión Peruana Cen- tral adquirió el estatus de Asociación, en 1974. También en 1974 la sede central de la Misión Perua- na del Sur fue transferida a Arequipa, una ciudad importante cerca de 2.300 metros sobre nivel de la mar, más próxima a las descuidadas ciudades cos- teras del sur peruano. En la década de los setenta se forma la Misión del Lago Titicaca contando úni- camente con el departamento de Puno, y el resto de departamentos constituirían la Misión Peruana del Sur.

En 1990 se desprende el sector centro oriental pe- ruano de la Asociación Peruana Central, asumien- do el nombre de Misión Andina Central. Esta nueva Misión, atendería los departamentos de Ayacucho, Huancavelica, Junín y Pasco. La obra de la evangelización seguía creciendo ver- tiginosamente en el territorio de la Unión Peruana, de tal modo que quedaría solo con el Perú como territorio en el año 1995, adquiriendo el nombre de Unión Peruana. En el marco del XV Congreso de la Unión Peruana, que se desarrolló entre el 22 de noviembre del año 2000, se recibió en el seno de la iglesia a la nueva misión. La Misión Nor Pacífico, con sede en la ciu- dad de Trujillo, surgió de la división del territorio de la Misión peruana del Norte y abarca el Departa- mento de La Libertad y las siguientes provincias de Departamento de Cajamarca: Cajamarca, Cajabam- ba, Celendín, Contumazá, San marcos, San Pablo y San Miguel. El año 2003 se organizó la Misión Nor Orien- tal, misma que resultó de la división del territorio de la Misión del Oriente Peruano con sede en Pucalpa. La nueva Misión tendría su sede en la ciudad de Tarapoto, departamento de San Martín, además in- cluyó la provincia de Alto Amazonas, de Loreto. El año 2006 la Unión Peruana se dividiría en dos: Unión Peruana del Norte y Unión Peruana del Sur. Al momento de la división de la Unión Peruana, La Unión Peruana del Norte contaba con 328366 miembros, y con cuatro campos misioneros: la Aso- ciación Peruana Central Norte, la Misión Nor Pací- fico, la Misión Peruana del norte y la Misión Nor Oriental. Quedó bajo su jurisdicción también la Uni- versidad Peruana Unión y el Centro de Producciones Nuevo Tiempo (Incluye la Radio Nuevo Tiempo). La Unión Peruana del Sur con 390306 miembros, y con cinco campos misioneros: la Asociación Perua- na Central Sur, la Misión del Lago Titicaca, la Misión del Oriente peruano, la Misión Andina Central; la Misión Sur Oriental y además de cinco institucio- nes: Clínica Adventista Ana Stahl, Clínica Adventista Good Hope, ADRA Perú, el Servicio Educacional Ho- gar y Salud (SEHS).

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