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Mariana Díaz Goldzveig

Lectura y escritura filosófica

COMENTARIO: ARGUMENTO ONTOLÓGICO SEGÚN SAN ANSELMO Y IMMANUEL


KANT

Para comprobar la existencia o no-existencia de Dios, se nos han propuesto dos textos:
“Proslogion” y “Crítica de la razón pura”, el primero probando la existencia de este ser y el
segundo criticando los argumentos usados y comprobando la falsedad de estos.
Mi postura al respecto, va en contra de San Anselmo, pero tampoco va a favor de Kant.
¿Existe Dios realmente? esta duda es el eje principal de la obra “Proslogion” del filósofo
escolástico Anselmo de Canterbury. El propósito del libro es rendirle cierto homenaje a la
figura de Dios, mediante oraciones y pruebas que demuestren su existencia, mediante una
única prueba que sea suficiente por sí sola. Canterbury pretende encontrarle un fundamento
racional a la fe y que ésta a su vez se apoye de la razón (éste equilibrio entre fe y razón que
se pretende encontrar, es justamente el fundamento de la escolástica). Esta serie de
razones por las cuales concebir a Dios como ser existente, fueron denominadas, por el
filósofo prusiano Immanuel Kant “argumento ontológico”
En primer lugar, el autor pretende incitarnos a contemplar a Dios, puesto que además de
atribuirle cualidades favorables, cree que su fin último es encontrarlo y por consiguiente
inicia una búsqueda de aquel argumento preciso que ayude a demostrar su existencia:
“Señor, empujado por la necesidad, he comenzado a buscarte” (Capítulo 1, 1.456).
Posteriormente, se afirma que encima de Él no se puede concebir nada mediante el
pensamiento, un ser del cual no se puede imaginar nada, ni en el pensamiento ni en la
realidad. El lenguaje es limitado por la realidad y a su vez, Dios sería el límite de esta.
En consecuencia de lo mencionado anteriormente, no se puede imaginar que este ser
divino no exista, ya que podemos concebir que este ser no pueda ser pensado como
existente en realidad, pero Él es mayor que aquel cuya idea no implica necesariamente
existencia y si el es mayor que cualquier otro ser/cosa no puede ser considerado como no
existente, ya que sería contradictorio, por ende, Dios sí existe y tan verdaderamente que no
es posible pensarlo como no existente. Él no puede ser concebido sin existir. Todo aquello
que no es Dios, es inferior y esta condición invalida todas las posibles opiniones que niegan
su existencia. Aquellos que creen que este ser es no-existente, son poco sensatos y no
poseen inteligencia.
Por su parte, se le atribuyen cualidades muy buenas a la figura de Dios, el que existe por
encima de todos, justo, verdadero, feliz y todo aquello que valga más la pena que exista a
que no exista (refiere a las cualidades). Es un ser sensible pero sin gozar de un cuerpo,
puede percibir las esencias mismas de las cosas, por ende lo corpóreo sería innecesario
tratándose de Él. Asimismo es omnipotente, aunque algunas cosas no le sea posible
ejecutar: corromperse, mentir, ni hacer que lo verdadero sea falso, ni que lo que está hecho
no lo sea, etc. Posee realmente esta cualidad, entendida en cuanto, no puede nada que
provenga de la impotencia y nada a su vez, puede prevalecer contra de Él. Dios es la vida,
es aquello que perdurará eternamente en todas partes. Dios existe verdaderamente, puesto
que no tiene pasado ni futuro, sino únicamente, un presente, es decir, no hay momento en
que se de como un ser no-existente. Dios es todo y no carece de nada.
Luego de la perseverancia de San Anselmo por llegar a aquella respuesta que esperaba oír,
Kant en su libro “Crítica de la razón pura” pone en duda la veracidad de los argumentos
utilizados por Canterbury mediante una serie de argumentos contenidos en la Sección
cuarta denominada “Imposibilidad de una prueba ontológica de la existencia de Dios”.
Aquí se plantea la noción de un “ser absolutamente necesario”, el cual sería un concepto
puro de razón, es decir, su objetividad dista mucho de quedar demostrada, por el simple
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hecho de que la razón la necesite. Esto limita el entendimiento humano, no lo extiende. En


consecuencia, no se podría inferir una existencia absolutamente necesaria a partir de sólo
una existencia. Un ser absolutamente necesario se caracteriza por su necesidad de ser, no
puede no-ser. El autor mediante un ejemplo de la geometría, afirma que no podemos
comprender a la perfección lo que un concepto fuera de nuestro límites quiere decir. Es aquí
donde hace mención a Dios. Si alguien quisiera comprender aquello, se estaría basando en
meros juicios, los cuales no tendrían validez alguna, ya que la necesidad absoluta del juicio
constituye tan sólo una necesidad condicionada de la cosa o del predicado del juicio. En
otras palabras, si ponemos la cosa como dada, es decir, existente, su existencia quedará
puesta del modo igualmente necesaria y el ser será, a su vez, absolutamente necesario.
Este concepto es a priori, no requiere experiencia, y en este caso, se basa en inferencias.
Pero si se elimina el predicado y se conserva el sujeto, surge una contradicción importante,
asimismo si elimino ambos, todo queda válido, ya que no quedaría nada susceptible a
contradicción. Si suprimimos la existencia de este ser absolutamente necesario, suprimimos
la cosa misma con todos sus predicados y con todo lo “interno” a ella.
“Dios es omnipotente” constituye un juicio necesario, ya que no podemos erradicar la
cualidad de omnipotencia si hablamos de una divinidad, es decir, ambos conceptos “Dios” y
“omnipotencia” son idénticos el uno al otro. Pero cuando decimos “Dios no existe” no se da
la omnipotencia, ni ninguno de sus predicados restantes, ya que al no existir, no posee
cualidad alguna, es decir, han quedados eliminados junto con el sujeto de la oración. En
este último planteamiento no se genera contradicción alguna. El no-ser de ese ser/objeto o
la supresión del mismo, son ejemplos contradictorios. Y el concepto es siempre posible
mientras no se contradiga.
“Ser” no es un predicado real y lo real no contiene más que lo posible. Cuando concebimos
únicamente mediante sus predicados, nada se añade a ella, por el simple hecho de decir
qué es. Es necesario, por ende, conocer las cosas a posteriori, basarnos en la experiencia,
ya que si usamos el método empírico para conocer la cosa, estaríamos conociendo su
existencia y no simplemente el concepto. Nuestra consciencia de toda existencia se basa en
la experiencia. De igual manera, no se descarta la opción de que algo exista fuera de
nuestros límites, pero esto no sería comprobable de ninguna manera.
Con todos estos argumentos, Kant declara que la prueba ontológica es inútil y se opone
frente al pensamiento de San Anselmo.
La postura que he decidido tomar sobre esta disyuntiva, busca ser contraria a la propuesta
por San Anselmo de Canterbury, sin embargo, esto no quiere decir que mi posición al
respecto se incline por la proposición de Kant. La base de mi argumento se construye,
entonces, tomando como principio la engañosa interpretación de San Anselmo respecto al
concepto de Dios.
Dios, según el eclesiástico, es el límite de todo. Pero el concepto mismo de la palabra “Dios”
puede ser fácilmente reemplazado por cualquier sustantivo o proposición que posea las
mismas características (inmortalidad, omnipresencia, divinidad, etc.) propuestas por
Canterbury. La proposición que afirma la existencia de Dios, es meramente un
acercamiento lingüístico (gramaticalmente y fonéticamente hablando) para crear un
concepto que se adapte de buena manera a lo que un grupo de personas quiere creer como
verdadero. La percepción del concepto, por ende, depende de la persona.
El Dios en el cual cree el abad, no es más que una percepción formada en base a las ideas
de una época en la que, la Iglesia católica, ejerció un fuerte predominio ideológico sobre la
población mundial, basado en el miedo, censurando todo aquello contrario a los valores de
la Biblia, y generando adhesión por parte de un gran número de población a la idea de un
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Dios castigador y todopoderoso. El contexto, está demostrado, sí influye en nuestra


cosmovisión, y por ende, en un mundo antropocéntrico como el de aquellos tiempos era
muy difícil concebir a Dios como ser no-existente. Un ejemplo de esto, es observar la
notable diferencia relacionada al tiempo en el cual se escribieron ambos libros, Proslogion y
Crítica de la razón pura. Mientras que el primero fue escrito durante 1070
aproximadamente, el otro se escribió 700 años después, donde sí se estaba permitido a
hablar de este ente como algo no existente, ya que la Iglesia no tenía tanta hegemonía
sobre las personas y su modo de pensar.
El concepto de San Anselmo acerca de Dios, es su propia percepción del mismo. Mientras
que mi percepción o la de cualquier otro ser humano, puede ser distinta.
Si podemos pensar que existe Dios, porque así nos los han impuesto, es únicamente
gracias a lo que llamaríamos “acostumbramiento”. Hay tantas Iglesias, tanta gente
predicando la palabra de Dios en todos lados, que fácilmente podemos tomar ese concepto
y reconocerlo como tal, pero sin necesariamente, alabando su existencia. Su existir, el de
Dios, no puede basarse en su concepto, ya que el concepto es simplemente reconocer lo
que otros han establecido como tal. El lenguaje mismo, es una convención entre muchas
personas, quienes buscan establecer un código social, para así intentar evitar confusiones.
Pero hay conceptos que escapan de aquella lógica y que son sujetos a interpretación
propia.
Por último, cabe mencionar que San Anselmo se refiere a Dios, indispensable y
necesariamente, con la letra inicial en mayúscula, convirtiéndolo en un sustantivo propio. Es
decir, guardando en el concepto, su existencia. Pero esto no es más que un juego del
lenguaje, ya que si reemplazamos esa mayúscula por una minúscula, no existiría nombre
propio y en consecuencia, la palabra dios no sería más que un conjunto de fonemas cuya
convención cultural solo será referente a un elemento de determinada característica, por lo
que no sería prueba suficiente para afirmar la existencia de un ser omnipotente.
En conclusión, no se puede aseverar la existencia de Dios a través de un proceso a priori,
puesto que un concepto como “Dios” es totalmente modificable, y está sujeto a nuestras
creencias ante el mundo y sobre nosotros. Creo fielmente que, el concepto de algo, si
depende del contexto, puesto que las cosas significan respecto a ello, y por ende, algo fuera
de contexto, es algo falso o inadmisible. Y por todo aquello, que se puede percibir la
influencia cristiana de la época en el pensamiento de Canterbury. Para finalizar, también
podemos notar juegos del lenguaje dentro del “Proslogion”, los cuales, de manera inmediata
convierten la proposición “Dios existe” en algo engañoso.