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MONTECRISTI VIVE CONDENA

EL CRIMEN DE LOS PERIODISTAS DE DIARIO EL COMERCIO

Frente a la confirmación de la brutal ejecución de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín


Segarra, el Movimiento Montecristi Vive expresa su solidaridad con los familiares de
los fallecidos y exige el esclarecimiento total de los hechos, así como las sanciones a
los responsables de este crimen repudiable. Al mismo tiempo, ratifica el apoyo al
gremio periodístico del país por su labor comprometida con los derechos de los
ecuatorianos al libre acceso a la información.

La crisis provocada por este infausto incidente, que ya tuvo antecedentes con la
muerte de varios militares por la agresión terrorista, abre las puertas a graves
amenazas para el país. No se trata únicamente de un tema de seguridad nacional,
sino de la convivencia social de todos los ecuatorianos y ecuatorianas. La violencia
impuesta por las transnacionales del narcotráfico atenta contra la supervivencia de las
instituciones democráticas de cualquier Estado.

Pero las respuestas no pueden provenir de la misma lógica violenta que se busca
combatir. Las zonas permeadas por el narcotráfico requieren de una política de
integración antes que de mayor presencia militar. El gobierno ecuatoriano debe
rechazar los discursos belicistas que pretenden resolver un problema estructural a
punta de bala. Se requiere superar las visiones inmediatistas y violentas que lejos de
lograr la paz alimentan la espiral de violencia.

Al mismo tiempo, el gobierno debe tender la mano a todos los sectores sociales,
gremiales y políticos que manifiesten su disposición a trabajar conjuntamente por una
estrategia de prevención y combate a la violencia estructural. Es urgente superar la
situación de marginación, explotación, exclusión y pobreza en las zonas fronterizas del
país, especialmente en la provincia de Esmeraldas. No olvidemos las causas
históricas, sociales y económicas del actual escenario. Solo así podremos enfrentar la
amenaza del narcotráfico.

Se hace necesaria una profunda renovación y revisión de nuestras políticas


internacionales y regionales, especialmente Colombia y Perú, frente a la coyuntura
mundial y latinoamericana marcada por el crimen organizado. El conflicto en la frontera
norte es un problema común que debe ser afrontado de manera inteligente. La
solución no la tiene que pagar la población civil mayoritariamente indígena y negra que
habita en el cordón fronterizo.

El Ecuador no está dispuesto a aceptar la “mexicanización" de nuestra cotidianidad, y


eso lo lograremos únicamente fortaleciendo a la sociedad e involucrando a todos en la
construcción de unas condiciones de convivencia más democráticas, libres, equitativas
e igualitarias. Es cierto que nos faltan tres, pero nos faltan muchos más en el pasado
y, si no hacemos lo correcto, pueden faltarnos más en el futuro.

Quito, 13 de abril de 2018

Juan Cuvi Alberto Acosta Fernando Vega