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IMAGINARIO SOCIAL COMO CREACIÓN INDETERMINADA

Ahora bien, para Castoriadis, la imaginación es la creación humana indeterminada, por tanto, cambio. El cambio
social implica discontinuidades radicales que no pueden ser explicadas en término de causas deterministas o
presentadas como una secuencia de acontecimientos. El cambio emerge a través del imaginario social. Todas las
sociedades construyen sus propios imaginarios: instituciones, leyes, tradiciones, creencias y comportamientos. A lo
largo de su obra, Castoriadis proporciona numerosos ejemplos:
- encontramos ridículos, rudos e incluso repugnantes ciertos hábitos alimenticios de nuestros vecinos: los
franceses comen ranas y caracoles, los ingleses preparan el cordero con mermelada... Percibimos las lenguas
extranjeras como formadas por sonidos groseros, guturales, bárbaros, cuando hablan en la playa tenemos la
impresión de que discuten, ¡y sin embargo todos los recién nacidos tiene los mismo órganos de habla y oído!
- en un estadio más complejo, en cada civilización, la escala de los castigos es diferente, resultado de un
proceso de construcción, con diferencias a menudo sorprendentes entre unas y otras, pero el resultado está
claro y en él se reflejan los valores de una civilización, y ello sin ningún mecanismo de construcción
determinista simple.
- otro estudio del caso tiene una antigüedad de más de 4.000 años: el candelabro de siete brazos de la
tradición judía. Castoriadis escuchó el razonamiento de los funcionalistas, según el cual una institución, por
imaginaria que pueda parecer, se explicaría siempre por una necesidad funcional apta para mejor engrasar
los engranajes de dicha sociedad. Según ellos, los creyentes y practicantes judíos necesitaban iluminar los
lugares cerrados y sombríos donde celebraban sus cultos, y de ahí la necesidad funcional de las antorchas,
velas y candelabros. Al mismo tiempo, esos funcionalistas mantenían que, a partir del momento en que ese
candelabro quedó asociado a lo sagrado, era necesario encontrar un indicador, una etiqueta para señalar
que ese objeto no era profano, sino sagrado. ¿Por qué no podía se el número de brazos? pero si se quiere
marcar un objeto sagrado mediante un número, lo funcional es escoger un número mágico, y de ahí los siete
brazos del candelabro judío... A esto replica Castoriadis que él está de acuerdo con el razonamiento
funcionalista, conjunto-identitario, pero de entre la colección de números mágicos disponibles se hubieran
podido escoger el 3, el 5, el 11, el 9, el 13 y otros... Este no sé qué que representa la elección del número
mágico específico 7 es la frontera imaginaria no determinista que separa la ontología sociohistórica de la
ontología conjunto-identitaria. Una institución humana no puede ser jamás reducida a una creación 100%
determinista.
Se debe diferenciar del término homónimo que habitualmente circula, y que es sinónimo de representaciones
sociales más comúnmente usado el Ciencias Sociales como lenguaje corriente; así como del término imaginario de
Jacques Lacan.

HETERONOMÍA Y AUTONOMÍA
Castoriadis insiste en la existencia y la necesidad de un camino: el proyecto de auto-emancipación autónoma. Para
él, hasta el presente las sociedades han sido heterónomas, han construido sus imaginarios atribuyéndolos a alguna
autoridad extrasocial: Dios, los Antepasados, la Necesidad Histórica, es decir, que las sociedades heterónomas no se
dan cuenta de que las instituciones son autoconstruidas. Castoriadis piensa que la humanidad sólo podrá escapar a
la catástrofe:
- conociendo el carácter autónomo de las instituciones imaginarias
- teniendo la voluntad explícita de auto-instituirse, auto-emanciparse.