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Especialización En Estudios Culturales

Seminario: La Nación y las provincias

Profesor: Carlos Bonetti

Alumno: Daniel Ricardo Santin

Marzo-2018
El disciplinamiento indígena en la época colonial en Santiago Del Estero:
El caso de la india Lorenza

El pasado colonial se encuadra dentro de una historia de disciplinamiento de


las diferencias, gestando un orden con características basadas en prácticas de
domesticación y dominación. La falta de reconocimiento de las sociedades
preexistentes que dentro de un clima de distintos tipos de violencia, forjó la
creación de nuevas identidades. La configuración del poder se hizo visible en
le imposición de significaciones “legitimas”, encubriendo las relaciones de
fuerza en que se funda su propia fuerza. (Bourdieu 1995)

La prescripción de un modelo único europeo-español, católico y masculino se


consumó dentro de una estrategia de negación de lo propio: un orden social
complejo, heterogéneo y diferenciado, escenario intercultural donde la
hegemonía se extiende en todos los vestigios de la vida cotidiana. Se emplea
el concepto de “interculturalidad” en tanto nombra el profuso campo de las
“diferencias” antes que la hibridación que recrea el de multiculturalidad (Grosso
J. L. 2004). “Interculturalidad” en cuanto espacio social y cultural de
interacciones asimétricas, “coloniales”, pero asimismo indecididas, donde
pugnan fuerzas tan activas como las que sostienen y reproducen el orden de
cosas.

En este orden tiene lugar los procesos de construcción de sentido que se


enmarcan en el cuadro hegemónico. Este proceso urdió una trama
sociocultural, eliminando las diferencias y a la vez creando relaciones,
practicas yuxtapuestas que dieron lugar al sincretismo. Por ejemplo entre la
“fusión” la cultura aborigen-española, la africana - las mestizas -blancas.

Esta “nueva composición étnica” produjo una rica y compleja mezcla racial,
étnica y de castas, manifestadas en la vida socio-política y cultural (Moreno,
2004).

La introducción del catolicismo dejó su impronta en todos los órdenes de la


vida cotidiana sea del orden público y privado, como así también en la vida
íntima de los habitantes. Impregnó a toda la sociedad civil y al Estado.
España fue quien introdujo las reformas en América: la proyección sobre el
matrimonio, la familia y sobre la condición de género y la sexualidad. Las
repercusiones y el alcance de estas intervenciones fueron muy variadas cuyas
manifestaciones se hicieron visibles en el papel del hombre y la mujer en el
nuevo orden social. La orientación por la devoción mariana promovió a la
Virgen María, como el ejemplo de mujer: dócil, inofensiva, resignada. La
bondad y la maternidad fueron las virtudes más valoradas.

El decoro de una mujer incumbía a la esfera privada y se trasladaba a la


familia. Una “mujer indigna” estaba sentenciada a la sanción moral y social de
acuerdo a los valores de la época y según el nivel social de pertenencia. Trato
ilícito o “amistades ilícitas” indicaban relaciones ambiguas, convivencia de
hecho, sin institución matrimonial. Las mujeres de sectores subalternos
gozaban de una vida cotidiana más libre que la mujer de la elite encomendera
o mercantil

La condición económica, política y social refiere su extrema pobreza o, peor


aún, ejercicio de prostitución. La necesidad de salir a buscar el sustento, sea
viuda o soltera, indicaba su estado de situación. El alejamiento del hombre
aminoraba moralmente los hogares de estos sectores conducidos por mujeres,
que las obligaba a vivir en la pobreza y penurias cotidianas. Los jesuitas, en la
pretensión de transmitir los valores religiosos, tuvieron problemas para lograr
comportamientos sexuales acordes a dichos preceptos, así como la aprobación
del matrimonio.

El catolicismo examinó y controló en toda América las conciencias a través de


la confesión de los pecados. Fuerte aparato de intervención sobre todos los
aspectos de la vida cotidiana de los habitantes y especialmente de los
indígenas y su sexualidad. La Iglesia se encargó del registro de los
nacimientos, defunciones y matrimonio. La ceremonia matrimonial, entre los
blancos, se bendijo como un hecho público y estuvo regulado con exigencias
como el bautismo, y el “informe de soltura”. Ambos tenían la función de dar a
revelar si los consortes tuvieron un casamiento anterior o existían
impedimentos sociales o espirituales para tal efecto. Debían realizarse con
cierta anticipación y durante el oficio religioso de la misa.
Las normativas católicas, así como la propia práctica cristiana, estableció dos
obstáculos para su consagración: los relacionados con la consanguinidad, los
vinculados con el incumplimiento de las “amonestaciones y el informe de
soltura” o cuando la ceremonia se realizara en etapa de penitencia o
abstinencia. En el período colonial el matrimonio se extendió hacia las demás
categorías sociales: indios y mestizos y, luego, a los negros africanos
encuadrados en la región a raíz de la baja demográfica de la población
autóctona. Ello conformó parte de las estrategias evangelizadoras de los
españoles, que intentó eliminar todo vestigio de medios poligámicos y aún
monogámicos, que no estuvieran regidos por el catolicismo. Esto no significó
que los preceptos normativos o legales, imposibilitaran alianzas de hecho. En
esta etapa se puede sostener la existencia de una baja proporción de
matrimonios exogámicos, y a la vez una gran cantidad de vínculos de hecho,
sobre todo entre individuos de distintos orígenes étnicos. Esos criterios étnicos
no tenían entonces la claridad que tienen en la actualidad, ya que la movilidad
social, fruto entre otras cuestiones de la expansión económica de la frontera,
provocó un blanqueamiento de la población. Blancos, indios y negros, con
todos los tipos de estas primeras combinaciones, produjeron mestizos,
zambos, mulatos, etcétera, que a su vez entre ellos serían la gran base de
situaciones consideradas de ilegitimidad

A los fines de conservar el orden, las autoridades coloniales construyeron en la


ciudad áreas separadas para la población: en el centro para los españoles-los
esclavos, en las periferias para los indígenas.

Esta estratificación se hizo “invisible” tanto por las condiciones económicas así
como por el crecimiento de la población mixta.

La desorganización condicionó a lo habitacional, fue denunciado para poner de


manifiesto el riesgo que significaba el creciente número de personas que se
salían de los esquemas sociales creados como clases en la sociedad colonial.
Las mujeres fueron las más perjudicadas respecto de las situaciones antes
mencionadas y peor aún si los casos eran llevados a juicio.

Humillación y abuso junto a otras causas, eran elevados asiduamente a los


tribunales. A pesar de que la corona y la doctrina trataron de resguardar e
impedir contactos entre las castas abundan registros acerca de que sucedió lo
opuesto, especialmente entre españoles y mujeres de los sectores.

Muchas mujeres de los sectores pobres llegaron a crear parejas casi de modo
contractual en su afán de obtener ciertas garantías en el orden de lo material.

Este fenómeno tuvo sus implicancias en el tipo de vínculos entre ambos sexos,
tanto para los hombres que se iban, como para las mujeres que quedaban en
el hogar. De dicho cuadro de situación se puede afirmarse la presencia de una
gran cantidad de hijos “ilegítimos” fruto de la movilidad social, así como de la
emancipación sexual extramatrimonial.

Las mujeres se vieron afectadas en cuanto juicio se iniciara contra ellas.


“Hechicería”, “amor libre”, “delitos de liviandad”, fueron causas, juzgadas y
castigadas, que tomaron notoriedad pública.

El curanderismo, así como el oficio de celestina formaban parte de la magia en


Santiago del Estero, sean éstas terapéuticas, dañinas o amorosas. Esto se
puede relacionar a la ausencia de médicos como a la escasez de varones, por
la tendencia migratoria. Ejercicio desempeñado por mujeres, indias, negras y
mulatas. Este denominador común: subalternidad, género y raza compone la
alteridad cultural respecto de quienes las juzgaban en el Cabildo.

A la mujer se le otorgaban poderes maléficos, inclinación al mal inherente a su


sexo y por ende poderes mágicos, que excedían la lógica y la racionalidad
esperada desde el patrón masculino, cristiano y europeo.

Gran parte de las mujeres estuvieron bajo el régimen de encomienda o el


régimen de la esclavitud, ejemplo: negras y mulatas. Más allá de ello
ejercieron una cierta autonomía en sus actividades, ya que se mantenían por
su cuenta gracias a la textilería, pastoreo, alfarería y otras actividades. Excepto
en los casos de la esclavitud y de la servidumbre, la subordinación hacia el
encomendero no era invariable. “Prueba de ello es que el mundo de las
hechiceras y de los curanderos supone una amplia movilidad espacial y con
ella el cambio frecuente de patrones y protectores” (Farberman, J. 2005). Los
autores estudiados concuerdan respecto de la importancia de la figura
femenina sola (viuda y soltera) que se mantiene por medios propios, lo cual en
Santiago no es la excepción sino la regla.

La hechicera es una mujer que perturba la armonía comunitaria sembrando


discordia estereotipo de la mala vecina, “temida y respetada”.

Juicios por Hechicería: Las indias Lorenza y Pancha- Santiago del Estero
Siglo XVIII

El Estado y la Iglesia Católica dispusieron sus máximos esfuerzos en la


evangelización del Nuevo Mundo, aunque ello implicó una serie de abusos y
bruscas, y no menos traumáticas, alteraciones en las relaciones hispano-
indígenas.

La imposición del credo que se llevó a cabo por los españoles, tuvo un carácter
represor de aquellas prácticas opuestas a las reglas marcadas por Roma o
Madrid.

De allí que se realizaran procesos judiciales para la extirpación de las idolatrías


en el Noroeste Argentino, tendientes a reforzar la disputa de los conquistadores
contra la población indígena, azuzando aquellos a los gobernantes a infringir el
poder de los brujos/hechiceros de cada comunidad.

Si bien la descripción de los juicios sobre causas idolátricas no abunda en la


bibliografía, no invalida la percepción de su ejecución. Prueba de ello es el
caso del juicio celebrado en Santiago del Estero contra dos indias del pueblo
de Tuama: Lorenza y Pancha en el año 1761, acusadas de prácticas de
brujería y hechicería.

La vida religiosa de Santiago del Estero fue, durante el periodo colonial, una de
las de mayor arraigo y entusiasmo, en especial por los religiosos establecidos
en estas tierras: dominicos, mercedarios, jesuitas, franciscanos (Alen Lascano
1992: 70-76), a tal punto que en 1591 era la única gobernación que contaba
con todas las doctrinas y sacerdotes dedicados a las prácticas religiosas
aceptadas.

Toda esta religiosidad se vio aumentada con la copia del Santo Sudario, que
llegó primero a manos de jesuitas y luego quedó a cargo de los dominicos en
dicha ciudad, y con la veneración popular de las imágenes de Jesús Nazareno,
el Señor de los Milagros de Mailín, Nuestra Señora del Loreto y la Virgen del
Carmen, cuyas apariciones nuclearon poblaciones a su alrededor, mostrando
una marcada religiosidad popular (Alen Lascano, 1992: 150-153).

El correcto cuadro religioso expuesto, se contradecía o empañaba con las


acciones de los magos, hechiceros o brujos indígenas. De allí que todas estas
actividades al margen de la fe católica fueran consideradas como execrables
delitos contra la Majestad Divina y en prejuicio de la religión cristiana.

En el caso que se expone en el presente trabajo, surge el juicio ante la


denuncia realizada por el alcalde indio del pueblo de Tuama, José Martínez, de
las prácticas diabólicas que dos conocidas indias del pueblo llevaban a cabo
contra otra india de su servicio, María Antonia, quien a consecuencia de ello se
encontraba gravemente enferma.

Una vez encarceladas ambas hechiceras, se nombraron intérpretes para ellas y


para los testigos indios, ya que ninguno hablaba español. Luego de la toma de
declaraciones, el fiscal del juicio: Manuel Castaño, no encontrándose satisfecho
ante las confesiones de las acusadas, quienes como es esperable en todo
juicio se declararon inocentes y en desconocimiento de las causas que se les
imputa, decide someter a ambas a Auto de Tormentos.

Pasado el primero de los tormentos, declararon nuevos testigos. En esta


ocasión fueron vecinos prestigiosos de la ciudad, cuyas versiones eran
evidentemente opuestas a las de las reas.

Prosiguen los martirios y es así como, bajo el rigor de las torturas, Lorenza
reconoce haber dañado a María Antonia través de la hechicería, arte aprendido
en una salamanca. De este modo, en su segunda confesión, Lorenza describe
detalladamente las salamancas, una ubicada en Brea Pampa y la otra en
Ambargasta. Lorenza mencionó a Pancha como compañera de estas
salamancas, siendo esta quien describe una tercera salamanca situada en Los
Sauces, provincia de Tucumán.

Estas hechiceras, con la aparente ayuda de arañas, gatos, espinas, atados de


jume y polvo de tártago provocaban sangrado y posterior muerte de sus
víctimas. Todo ello formaba parte del arte aprendido en las Salamancas. Las
mismas, estaban ocultas en el monte, en lugares poco accesibles para los no
iniciados; había en ellas canto, baile y música con arpa y guitarra. En común,
ambas reas declararon que a estas salamancas habían sido introducidas por
hombres o mujeres que recomendaban no nombrar a Jesús, María o José.
Como también coincidían en la descripción del demonio caracterizándolo con
formas humanas, emparejándolo con aspecto de español muy feo o con
vestidura a lo español.

Lo llamativo de estas descripciones es la identificación del demonio con lo


asociado a los españoles: su forma, o más concretamente su vestir. Estas
referencias dan lugar a interpretar la subordinación, inferioridad a la que se
veían sometidos los aborígenes de la región, mostrando la clara división de
blanco-indio, superior-inferior de aquella época.

La primera en morir (luego del tormento de ladrillo) fue Lorenza y se cadáver


fue expuesto en la plaza de la ciudad durante 24 hs, para que todo el
vecindario lo vea.

Continúan declaraciones de distintos personajes reconocidos, coincidiendo


todos en las acusaciones de brujería para ambas mujeres. El Defensor solicita
clemencia y conmiseración para Pancha, sin embargo el Fiscal, que no admite
piedad, pide al juez la correspondiente demostración de justicia. Sin embargo,
a la brevedad fallece Pancha y el juez a cargo ordena colgar el cuerpo de ella
en la plaza de la ciudad, para escarmiento de todos aquellos que anden por
similares caminos.

Con ello finaliza el juicio de las indias Lorenza y Pancha, sin sentencia ante el
fallecimiento de las dos acusadas.

El desarrollo de este juicio presenta diferencias con otros de la época (Duviols


P, 1977: 267), por un lado se encuentra la aplicación del auto de tormento que
solo se realizaba ante casos excepcionales, en este juicio se les dá a dos
infelices indígenas, y además se les dá por partida doble, siendo el segundo
mucho más fuerte que el primero. Así, el juicio tuvo una manifestación
dramática, pudiéndose observar una sola finalidad: castigar a dos mujeres
indígenas por los delitos diabólicos realizados, para que sirviera de ejemplo al
resto de la comunidad aborigen.

El enfrentamiento con los cánones oficiales, tanto de la vida civil como


religiosa, realizado por ambas mujeres indígenas, fue suficiente argumento
para que fueran despreciadas y condenadas.

La actitud de los denunciantes, testigos y autoridades se deba, tal vez, a que el


mundo de la brujería en Santiago del Estero y para la segunda mitad del siglo
XVIII tuviera cierto arraigo entre la población indígena y ambas mujeres
sirvieran de ejemplo para el resto de su comunidad. Es probable que este
juicio, fuera una muestra explícita de cómo fue el ámbito religioso local y ante el
temor de las autoridades hispanas a la propagación de ese tipo de costumbres
anti-religiosas por un lado y el de la población aborigen a las fuertes represalias
si continuaban con sus creencias, se conformó, desarrolló y culminó de tal
forma el referido juicio.

Bibliografía:

1- ALEN LASCANO, L. (1992). Historia de Santiago del Estero, Buenos


Aires.

2- BOURDIEU, P. y WACQUANT L. (1995) Respuestas por una


Antropología Reflexiva, Grijalbo, México

3- DUVIOLS, P. (1977). La destrucción de las religiones andinas (durante


la conquista y la colonia), México.

4- FARBERMAN, J. (2005). Las salamancas mestizas. De las religiones


indígenas a la hechicería colonial. Santiago del estero, Siglo XVIII. En
Memoria Americana 13 - Año 2005: 117-150.

5- GROSSO, J. L. (2004) Cuerpo, Prácticas Sociales y Modernidad.


Tecnologías y representaciones de la corporalidad en la transformación
europea, siglos XVI al XVIII, Guillermo de Ockham Vol. 7 nº 1, enero-
julio 2004, Universidad de San Buenaventura, Cali.
6- MORENO, L. J. (2004) Historia de la familia en el Río de la Plata,
Editorial Sudamericana, Buenos Aires

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