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ILUSTRACION Y COLONIALISMO.

El movimiento intelectual de la ilustración debe su triunfo a los autores


francesas, sobre todo a Montesquieu, Voltaire, Rousseau…y a obras como El
Espíritu de las Leyes o la Enciclopedia, obras que recogen las nuevas
doctrinas sociopolíticas que recorren la Europa occidental y que critican los
regímenes absolutos de las monarquías europeas y preconizan el
establecimiento de una nueva sociedad. En estas obras se sientan las bases
del pensamiento político liberal: el establecimiento del estado democrático,
la separación de poderes… sobre estos pilares se sustentarían los principios
de soberanía popular, de igualdad, de liberalismo económico…

Es un vasto movimiento que afectó a todo el mundo occidental y que


llegaría a América. Sin embargo, en un primer momento este movimiento,
cuando llega a América, penetra por los canales muy estrechos y la influencia
de ese movimiento ilustrado es selectiva, dirigiéndose tan sólo a unas
minorías criollos más ricos e intelectuales. Ese movimiento ilustrado llega
fundamentalmente a través del comercio de los libros, pero en su idioma
original (francés, inglés, alemán…). Ese comercio de libros fue amplio y ni
siquiera la inquisición puede prohibir su entrada. La inquisición adoptó sus
medidas, realizando un índice de libros prohibidos, pero sin embargo, fue
bastante tolerante con la lectura que realizaban las élites. La inquisición
rechazaba más estos libros por su contenido político, y no tanto por la
heterodoxia religiosa. Cuando estalla la revolución francesa, se estrecha ese
cordón de llegada de libros y propaganda revolucionaria, aplicándolo
Floridablanca con medidas mucho más coercitivas. En México los lectores de
estos libros eran los comerciantes, los militares de alta graduación, los
individuos pertenecientes a sectores profesionales (personal de la
universidad…) y los eclesiásticos. En Perú los lectores eran miembros del Real
Colegio de San Carlos, de la Sociedad Económica de Lima y colaboradores de
una publicación llamada “El Mercurio Peruano”. Leen a Locke, Descartes,
Voltaire…y están familiarizados con las ideas de contrato social, de
supremacía de la razón, de libertad…Entre estos grupos de lectores
encontramos a Francisco de Miranda, precursor de la independencia se
realiza su carrera militar en España, o a Simón Bolívar, con una educación de
tipo liberal y con extensos viajes por Europa.

Una característica típica de la penetración del pensamiento ilustrado es


que, si llegó en un primer momento en libros en idioma extranjero, el
pensamiento ilustrado arraigó con fuerza sobre todo a través de España, por
ello se dice que la ilustración que arraiga es de corte cristiano, conservador,
con un carácter no antinobiliario. Está basada en ideas como las de Fray
Benito Jerónimo Feijoo, cuyas obras se difunden por las universidades
americanas. La ilustración americana adopta posiciones de este erudito
español que reivindica la idea de renovación y libertad, secularización y
criticismo. Por tanto, se trataba de una versión española de la ilustración en
tierras americanas, purgada de contenido ideológico y que queda reducida a
un programa de modernización, que según esa corriente está basada en el
valor que se concede al conocimiento útil, en los intentos de mejorar la
producción a través de las ciencias aplicadas, la fe ciega en la benéfica
influencia del estado… los colegios jesuitas dan a conocer las ideas de
Newton, Leibniz, Descartes…con lo que se daba paso al cartesianismo frente
al escolasticismo. Gracias a los jesuitas se crean cátedras de física en las
universidades y comienzan a modernizarse los planes de estudio.

Otro canal de modernización son las Sociedades Económicas de Amigos


del País que se promueven en las colonias americanas a partir de los años 80
a imagen y semejanza de las españolas con los objetivos de promover las
artes y los oficios, la agricultura, la industria… otro canal importante de
difusión va a ser a través de la imprenta, que adquiere un desarrollo
importante en América. Para la segunda mitad del s. XVII aparecen ya las
primeras gacetas americanas y para finales del siglo XVIII encontramos un
número importante de periódicos en territorio americano (más de 25). Tanto
la imprenta como las Sociedades Económicas de Amigos del País cumplieron
un papel muy importante en el impulso de los movimientos independentistas
americanos.

Si en un principio estas ideas ilustradas penetran por unos filtros muy


estrechos, en un segundo momento, a partir de 1808, las nuevas ideas
ilustradas comienzan a difundirse masivamente, primero en España y
después por América.

En la península, a partir de 1808, cuando se hunde el estado absolutista,


desaparecen los límites a la libertad de prensa y a partir de este momento
habrá una avalancha de impresos de todo tipo destinados a encender los
ánimos contra la invasión francesa. Esto que llega masivamente a España
termina por cruzar el atlántico y llegar a los territorios americanos de forma
que el debate político peninsular también empieza a circular en las colonias a
través de las gacetas, folletos… que llegan desde España pero que también se
reeditan en suelo americano. Lo más importante de esta gran actividad
editorial americana, es que América por primera vez empezaba a participar
del debate político que existía en España. También por primera vez la
influencia de la revolución francesa llega masivamente a las colonias.

El público que recibía esta influencia aún seguía siendo minoritario, pero
más amplio que anteriormente, sobre todo con especial fuerza en los
miembros más jóvenes de la élite cultural que constituirá la generación del
motor de la revolución hispanoamericana.

La difusión de las nuevas ideas revolucionarias va acompañada de unas


nuevas formas de sociabilidad en el continente americano. Aumentan las
tertulias de todo tipo, se forman nutridos grupos alrededor de los periódicos,
crecen las sociedades literarias…
La Ilustración, fenómeno determinante para la concreción del paradigma
moderno, caracterizado por una devoción absoluta por la razón, la crítica de
las instituciones tradicionales y la difusión de un saber imprescindible para el
desarrollo del pensamiento científico, fue gestándose a lo largo de varios
siglos en Europa, pero tuvo repercusiones políticas, económicas, filosóficas,
científicas y sociales concretas, recién en el siglo XVIII, siglo de las grandes
reformas ilustradas, que, pese a la implicancias racionalistas de países como
Inglaterra y Alemania, fue adquiriendo, con el enciclopedismo, un matiz más
específicamente francés; pues, con la Illustration -movimiento que al
extenderse por toda Europa adquirió denominaciones análogas, como
Enlightenment en Inglaterra; Aufklärung en Alemania; e Illuminismo en Italia-
, Francia pasará a ocupar el lugar importante que había ocupado Italia
durante el Renacimiento, a partir de un corpus que solo en Francia alcanzará
la cima del ateísmo, el materialismo y el sensualismo.

Al abrazar principios epistemológicos, políticos, sociales y culturales nuevos,


sin el temor de asociar la filosofía a sus preocupaciones por el pueblo, a partir
de sus afanes de vulgarización e investigación científica, la Ilustración
permitió la modernización de Europa, introduciendo reformas eficaces que
contradictoriamente generaron lo que vino a llamarse “despotismo
ilustrado”, experiencia reformista que desde la filosofía recurrió al poder de
la monarquía, para llevar a cabo el programa populista y renovador de la
Ilustración. Manifestándose, sobre todo, en la aplicación de los principios
ilustrados, pero conforme a los intereses de los poderes establecidos, casi
todos ellos de corte absolutista. Lo que, al hacer que la razón y tolerancia
fueran elevadas a la categoría de paradigmas supremos, se opuso
dialécticamente a la intolerancia y dogmatismo contrarreformista del
catolicismo escolástico, produciendo una escisión entre los poderes de la
Iglesia y el Estado.

Tanto el absolutismo monárquico como la Ilustración apostaban por un


concepto unitario de soberanía basado en el ideal de una relación binaria y
sin intermediarios entre los individuos y el Estado, por lo que compartieron la
misma hostilidad contra los privilegios de castas, el tradicionalismo, el
misticismo y la inercia de una sociedad que rechazaba violentamente las
reformas y nuevas ideas ilustradas. Tensiones que fueron proveyéndole de
características peculiares al pensamiento ilustrado que arribó a la península
Ibérica, con un espíritu contrario al espíritu tradicionalmente español. Siendo
recién con la instauración de la dinastía francesa de la Casa Borbón, en el
trono español (1700) -que sucederá a la línea austriaca de los Habsburgo-,
cuando las luces de la Ilustración empezarán a calar en España. Produciendo
un cambio de actitud, que se notó más claramente durante los gobiernos de
Fernando VI y Carlos III.

La Ilustración en España se dividió en dos períodos: uno que va desde el


ascenso de los borbones al trono español y se extiende hasta la primera
mitad del siglo XVIII, período inmejorablemente representado por Benito
Feijoo; en tanto el otro cubre la etapa de mayor relieve de la Ilustración
española, caracterizada por la figura de Gaspar Melchor de Jovellanos,
período en el que el tránsito reformista tuvo como entes dinamizadores a
una de las expresiones primordiales de la Ilustración y el despotismo
ilustrado español: las Sociedades Económicas de Amigos del País, derivadas
de las reuniones en las que se solía discutir enciclopédicamente asuntos
importantes del país, motivadas por el deseo de asimilar y transmitir el
espíritu de la Ilustración, y reformar e impulsar el desarrollo general de
España. Siendo la primera la Sociedad de este tipo, la Sociedad Económica
del país Vasco (1764), que sirvió de modelo para las que, promovidas luego
desde el Estado, se multiplicaron a partir de 1775, en el resto de España.

En Hispanoamérica, la Ilustración implicó el inicio de una nueva era, el paso


desde la “Edad Media cristiana” hacia un nuevo paradigma monista,
lógicamente constituido a partir del racionalismo cartesiano y la revolución
de las ciencias. Ideas que empezarán a tener resonancia en América recién
hacia la segunda mitad del siglo XVIII. Y si con el descubrimiento y conquista
España había colonizado territorial y políticamente los territorios americanos;
con la Ilustración el paradigma europeo de la modernidad terminará por
colonizar el sustrato epistemológico y cultural americano. Imponiendo su
subjetividad eurocéntrica a otras experiencias culturales; donde los “hijos de
esta tierra”, como actores sociales sometidos al poder de la razón colonial y
universalista, irán asimilando un paradigma nuevo de liberación-dominación
ilustrada. No obstante que en América, a diferencia de Europa, el
pensamiento renovador de la Ilustración no adquirió ese matiz secular y
antirreligioso que caracterizó a su versión francesa, debido, sobre todo, a la
fuerte presencia de los jesuitas en la formación intelectual de la época. Lo
que le fue dando a la Ilustración americana, un carácter peculiar por su
inacababilidad, hibridez y eclecticismo residual, aún anclado, en muchos
aspectos, a un pasado religioso, providencialista y políticamente feudal.

Así, las ideas ilustradas empezaron a tener resonancia en América hispana. Y


si los siglos XV y XVI estuvieron marcados por los grandes descubrimientos
geográficos, y el XVII por el auge del Barroco español, será el siglo XVIII, en el
que irá madurando el espíritu nacional en los países americanos, debido a la
propagación de los nuevos principios políticos y sociales, que, radicalizados
por acontecimientos trascendentales como la Independencia de
Norteamérica y la Revolución Francesa –para algunos el evento cumbre de la
Ilustración europea-, sumados a un germinal nacionalismo de origen –lo
español americano o criollo, enfrentado a lo español peninsular-, irá
preparándolos para su separación de las grandes potencias europeas. Lo que,
contradictoriamente, a la luz del proyecto de modernidad ilustrada,
territorializado también en América, con el ascenso borbónico a la corona
española, irá preparando el camino para la sedimentación de una ideología
que será una de las claves para entender la Ilustración como “emancipación”
en el espacio americano. Veta rastreable desde la respuesta kantiana a la
pregunta ¿Qué es la Ilustración?, y su invocación a servirse del “propio
entendimiento sin la guía del otro”. Espíritu de ilustración que se convertirá
en la base de la gesta por la emancipación latinoamericana, iniciada 1810 y
finalizada en 1824, con la derrota definitiva del ejercito realista en la Batalla
de Ayacucho. Y pese a que algunos creen que las verdaderas repercusiones
del liberalismo ilustrado se desarrollaron después de que América hispana
había roto sus lazos políticos coloniales con España, afirmando que la
Ilustración en América española fue una consecuencia del movimiento
emancipador y no una causa. Lo cierto es que este tránsito solo pudo
obedecer a una tendencia histórica que se fue generalizando, pues para el
siglo XVIII, la Ilustración se había diseminado por toda Europa, hasta alcanzar
una relativa repercusión en los lugares más distantes del planeta.

La Ilustración en América hispánica puede dividirse en dos períodos. Uno


correspondiente a la primera parte del siglo XVIII, en la que el influjo obedece
más al pensamiento español, de ilustrados como Feijóo y Campomanes; y el
otro correspondiente a la segunda parte de dicho siglo, marcado por una
mayor influencia directa de Francia. En la primera parte, la Ilustración
americana prosperó en el terreno de las ciencias naturales y la aplicación de
conocimientos útiles; y en la segunda, las nuevas ideas, ya consolidadas,
empezaron a romper los bastiones del aristotelismo, y el desarrollo del
racionalismo fue ligado a la difusión del empirismo, además de los crecientes
ataques que se dieron al escolasticismo, al dogmatismo y a la autoridad
tradicional. Mientras el adviento de la Revolución Francesa significó la
exacerbación del influjo ilustrado en los círculos intelectuales y políticos
hispanoamericanos. Por lo que la idea de que la América española había
quedado intelectualmente bastante retrasada con respecto a la Ilustración
europea, argumento exagerado por los españoles peninsulares para
minusvalorar, en sus discursos anticriollos, a los españoles americanos,
presumiblemente derivado de las tesis sobre la inferioridad del continente
americano -cuya influencia degradaba también el fenotipo de sus habitantes-
, esgrimidas por autores como Buffon, De Pauw y Hegel, ha sido falsa.

No obstante que el espíritu científico de la Ilustración no había calado


únicamente en pensadores e intelectuales laicos, sino que se había asentado
también en el Estado y el clero, espacio en el que los jesuitas, desde un inicio
evidenciaron un interés especial por las ciencias y algunas aristas del
pensamiento ilustrado, pese a que, a decir de Paul Hazard, la fuerza que
abatió a los jesuitas fue el espíritu de la Ilustración, además del instinto y la
voluntad absolutista del Estado que se secularizaba definitivamente y no
quería admitir ni por encima ni al lado una fuerza sobre la que no tuviera
poder, como la Iglesia; algunos atribuyen la mayor difusión de las ideas
ilustradas en Hispanoamérica, a que con la expulsión de los jesuitas de las
colonias españolas (1767), España había perdido a sus más eficaces
defensores en el Nuevo Mundo. Por lo que, desde ese momento, las nuevas
ideas circularon con mucha facilidad, salvo la irregular prohibición y censura
de libros revolucionarios y heréticos. Además del hecho que, con la
vinculación hispano-francesa creada por el “Pacto de familia” de 1761, se
permitió una mayor interrelación entre los enciclopedistas de ambos
continentes, lo que implicó la circulación menos restringida de material
ilustrado.

Uno de los vehículos más importantes para el desarrollo y difusión de las


luces en Hispanoamérica –casi siempre como emulación de las de España-
fue la creación de Sociedades económicas, académicas y patriòticas para
impulsar el desarrollo económico e intelectual de las colonias
hispanoamericanas. La primera sociedad creada en las colonias del Imperio
español, fue la de Manila, Filipinas, fundada en 1781; seguida por la de
Mompox en Nueva Granada, de 1784; la de Santiago de Cuba, en 1787; la de
Veracruz también durante esos años; la Sociedad de Amigos del País de
Quito, llamada también Colegio de la Concordia, en 1791, que sacarán a luz el
periódico Primicias de la cultura de Quito; también de 1791, la Sociedad
Patriótica de La Habana, llamada posteriormente Sociedad Económica de los
Amigos del País, que editarán el Papel periódico de la Habana y el Semanario
de la real Sociedad Económica de la Habana; la Sociedad Académica de
Amantes del País, de Lima, creada en 1790, que sacará a luz el Mercurio
Peruano, en 1791; además de la Sociedad Patriótica, Económica y Literaria
del País, de Buenos Aires, de 1810, entre otras asociaciones ilustradas
fundadas en América con la indulgencia de las autoridades, aunque la
aprobación haya ido disminuyendo cuando se conocieron, en éstas tierras,
las consecuencias catastróficas que la Revolución Francesa había significado
para el sistema monárquico francés, y del peligro que este ejemplo implicaba
para las demás monarquías europeas.

Es por ello que la Ilustración en América hispana no solo implicó el despertar


iluminista de la razón, sino también la emergencia política de un patriotismo
criollo, nacionalista y americanista, que generó una “novísima” tradición
nacional y americanista, que tuvo una de sus primeras manifestaciones
textuales en la Carta a los españoles americanos, del peruano Juan Pablo
Viscardo y Guzmán -que tanta influencia tuviera en el ideólogo venezolano
de la independencia Sudamericana, Francisco de Miranda-, además del
corpus ilustrado de autores como José Agustín Caballero, Antonio Liendo y
Goicochea, José Antonio de Alzate, José Ignacio Bartolache, Simón Rodríguez,
Francisco José de Caldas, Eugenio de Santa Cruz y Espejo, Hipólito Unanue,
José Baquíjano y Carrillo, Manuel de Salas, Miguel Rubén de Celis, Manuel
Belgrano, y otros cuyas ideas fueron determinando el momento previo al
desanclaje político definitivo, de los lazos que los subsumían al antiguo
régimen colonial español. Aunque, para muchos, la independencia solo haya
sido parcial, debido a la prolongación republicana del estado de exclusión
indígena, o haya significado únicamente el tránsito hacia otro tipo de
colonialismo cultural y epistemológico, pues en aquel momento, en la
perspectiva política de los libertadores -debido a que fueron los españoles
americanos ilustrados los que llevaron adelante la gesta de la independencia-
, solo la emancipación del Estado estaba en la mira, y no se había planteado
aún “la cuestión de la descolonialidad del saber y del ser” y su rasero de
jerarquías etnoculturales, que está haciendo que en muchos lugares de
América se haya empezado a plantear la necesidad de una Segunda
Independencia.

LA INFLUENCIA DE LA ILUSTRACION, LA GUERRA DE INDEPENDENCIA DE


ESTADOS

UNIDOS Y LA REVOLUCION FRANCESA

Las ideas de la Ilustración, la Guerra de Independencia de Estados Unidos y la


Revolución Francesa ejercieron gran influencia en los territorios coloniales de
España en América. Gracias a la Enciclopedia de Diderot, las ideas de la
Ilustración fueron muy estudiadas entre los sectores educados de
Latinoamérica, en especial, por miembros del clero y la burguesía criolla de
Hispanoamérica. En estos sectores sociales, las ideas de libertad, igualdad,
progreso y soberanía entre otras corrientes se difundieron rápidamente, así
como las ideas de Rousseau, Bayle, Mostesquieu, Voltaire y Rainal. Sin
embargo, la mayoría de la población no entró en contacto con estas
corrientes de pensamiento debido a factores como el analfabetismo y la
fuerte censura prevaleciente contra todo aquello que representara un peligro
para el Estado colonial. No obstante, las medidas establecidas por España no
impidieron la expansión de las nuevas tendencias filosóficas y políticas.

La Guerra de Independencia de los Estados Unidos es ejemplo de la gran


influencia que tuvieron las ideas de la Ilustración en América. A su vez,
también, tuvo un gran impacto en el pensamiento político latinoamericano, y
sirvió de modelo para las colonias hispanoamericanas. Por ejemplo, la
Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos fueron los
modelos para la Constitución de Venezuela, de 1811. Latinoamérica vio a
Estados Unidos como la encarnación de la libertad y del republicanismo,
ambos, postulados de la Ilustración.

La Revolución Francesa fue otro producto de la Ilustración. Sin embargo, por


el contrario de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, la Revolución
Francesa tuvo un impacto negativo en las colonias hispanoamericanas. Su
postulado de igualdad entre todos los hombres no era compatible con los
intereses económicos de la clase criolla dominante. Estaban de acuerdo en la
igualdad entre los miembros de su propia clase, pero no la igualdad del
criollo con los indios, negros, mestizos y mulatos. Por esta razón, las ideas
presentadas por la Revolución Francesa no fueron bien acogidas por los
sectores dominantes de la sociedad colonial.
Sin embargo, la Revolución Francesa tuvo gran impacto en el Santo Domingo
francés. El ambiente revolucionario y los cambios radicales que prevalecieron
en Francia se hicieron patentes en la colonia, que se convirtió en escenario
de una violenta revuelta de esclavos. Como la violencia se extendió desde
Haití hasta las masas de esclavos de Venezuela, los criollos rechazaron con
horror las doctrinas revolucionarias francesas, y prefirieron tomar otro
modelo más cercano a sus intereses y a su territorio: el modelo
norteamericano.

El artículo «La reconfiguración de la colonialidad del poder y la construcción


el Estado-nación en América Latina» trata sobre la trasformación del
paradigma colonial fraguado en el siglo XIX. El concepto de «colonialidad del
poder» propuesto por Aníbal Quijano será axial en la explicación de los
procesos sociales gestados desde el siglo XVI. Por nuestra parte proponemos
el de «colonialidad del hacer» para enriquecer los debates la dinámica
histórico-social en América Latina. La emergencia de los Estados nacionales
en Latinoamérica estuvo articulada a la lógica del sistema-mundo y a los
conflictos endógenos de las sociedades. La idea de ciudadano fue concebida
en función de los planteamientos ontológicos de las metrópolis en turno (de
su epoca). De ahí, que la «colonialidad del hacer» juega un papel muy
importante en la creación de los Estados-nación en América Latina.

El proceso «empírico de historiamundial»1 sirvió de marco para la génesis del


sistema-mundo capitalista y el advenimiento de la «colonialidad del poder»
(Quijano, 2000). El siglo XVI configuró algunos aspectos del patrón de poder
que influenciará el comportamiento no sólo social, político o económico sino
también cultural de los pueblos latinoamericanos. En base a las aportaciones
de Immanuel Wallerstein (2003), Aníbal Quijano (2001) y Enrique Dussel
(2001), este ensayo tiene como objetivo mostrar que en el siglo XIX, no sólo
se fragua una transfiguración en el patrón de dominación al que A. Quijano
denominó bajo el término de «colonialidad del poder», sino que, también, se
genera un cambio en el paradigma civilizatorio. Proponemos el concepto de
«colonialidad del hacer»2 para comprender los distintos matices
civilizatorios, dependiendo de las Metrópolis3 en turno, por los que han
pasado los discursos coloniales.

2I. Wallerstein ha apuntado que, desde su origen (siglo XVI) el sistema-


mundoprodujo desigualdades estructurales entre regiones comerciales,
puesto que los recursos extraídos de América permitieron su despliegue y el
establecimiento de relaciones desiguales entre áreas centrales y zonas
periféricas. En este sentido, América Latina se constituyó como la primera
periferia de Europa. Sin embargo debemos tener presente que la centralidad
de Europa en el sistema-mundo no se concretizará hasta el siglo XIX (Dussel,
2001).

3La emergencia del sistema-mundo moderno representó para América Latina


y el Caribe el advenimiento del primer horizonte colonial. El dominio hispano-
lusitano creó las condiciones necesarias para lo que A. Quijano describe
comola colonialidad del poder. De hecho sistema-mundo moderno y
colonialidad del poder son colateralmente sincrónicos.

4 Existe una polémica muy interesante entre A. Quijano y W. Mignolo que


versa sobre la clasificación (...)

4A. Quijano (2000) subraya que : «América, la modernidad y el capitalismo


nacieron el mismo día», con ello reitera que, la imposición del primer
horizonte colonial es coetáneo a la formación de la América hispana del siglo
XVI. Por tanto, la emergencia del capitalismo histórico no puede desligarse
del espectro colonial en Latinoamérica y de las explosiones de constelaciones
que implican rupturas con el poder. El patrón de dominación entre
colonizadores y colonizados fue organizado y establecido sobre la base de la
idea de «raza»4. Las implicaciones de esa clasificación fue el despojo no sólo
de sus tierras sino de sus identidades, es decir, aztecas, incas, mayas,
araucanos, aymaras, etc., pasaron a ser simplemente «indios».

5La idea de raza -nos menciona A. Quijano (1998) - venía formándose


durante las guerras de «Reconquista» del mundo ibérico, ya que en esas
guerras los cristianos de la Contrarreforma amalgamaron en su percepción
las diferencias religiosas con las fenotípicas. O de que otro modo se puede
explicar la exigencia de «certificados de limpieza de sangre» que los
vencedores establecieron contra musulmanes y judíos. Pero como sede y
fuente de relaciones sociales y culturales concretas fundadas en diferencias
biológicas, la idea de «raza» se gestó junto a América, la modernidad y el
sistema-mundo.

5 Bartolomé de Las Casas estimaba que entre 1495 y 1503 más de tres
millones de hombres habían desap (...)

6 La cuestión de si el colonialismo español era capitalista ha sido objeto de


sin número de polémica (...)

6Al curso de estas clasificaciones raciales se estaban desarrollando prácticas


sociales de dominación, control y explotación etnico-sociales. Las aciagas
condiciones de trabajo y la esclavitud exterminaron casi por completo a los
indígenas del Caribe5 y estaban minando considerablemente la oriunda
población de América. Por ello, la Corona de Castilla decidió pasar de la
esclavitud a la servidumbre pues una de sus posesiones más valiosas estaba
en peligro, la mano de obra indígena. Los españoles establecieron nuevas
formas de trabajo forzado como la encomienda que significó un modo
particular de producción articulado al capitalismo6. De hecho, «de ese modo
se impuso una sistemática división racial del trabajo». (Quijano, 2000: 204)
7 E. Dussel menciona que en 1504 aparecieron en Santo Domingo los
primeros esclavos traídos de Españ (...)

7La organización racial del trabajo estaba siendo articulada a la dinámica del
capital. El índice de mortalidad indígena obligó a los europeos a la
importación de fuerza de trabajo por medio del comercio de esclavos7. La
fuerza de trabajo (de la población indígena y negra) objetivada en los
productos que se exportaran al mercado europeo y, por lo tanto, inscrita en
la lógica del sistema-mundo no gozaban de salario. Sin embargo es sabido
que tanto los españoles como los portugueses (razas dominantes) eran
merecedoras de ese derecho. Nacía una pirámide social racialmente
diferenciada.

8 «Esta estructura de apropiación de la fuerza de trabajo aparece


identificada con todo un sistema d (...)

8La colonialidad del poder como patrón de dominación-explotación se


configuró sobre una organización racial del trabajo. En este sentido, a partir
del siglo XVI, raza/trabajo fundamentan relaciones sociales no sólo
asimétricas sino somáticamente diferenciadas8. Según Ilona Katzew (2004) la
pintura de castas es un ejemplo particular puesto que participa en la
construcción de identidades raciales ligadas a la estratificación por medio de
la representación visual. Para I. Katzew la pintura de castas sugería un
principio básico : la sangre blanca o española implicaba un gradiente
civilizacional mientras que la sangre negra expresaba atavismo y
degeneración. Es importante tener en cuenta estas anotaciones porque
actualmente están participando en el imaginario de la población
latinoamericana.

9 La noción de control o bio-poder disciplinario propia de la modernidad ha


sido desarrollada por Fo (...)
10 En su dialéctica negativa, Adorno (1990) da cuenta del proceso
cosificatorio implícito en relacio (...)

11 Existe una vasta bibliografía sobre las luchas y resistencias indígenas


desde el siglo XVI hasta n (...)

9Sistema-mundo y colonialidad del poder son coetáneos a la formación de la


subjetividad moderna puesto que su logos hegemónico está mediado por
relaciones sociales de control9, dominación y explotación. La colonialidad del
poder como concepto crítico da cuenta de la dependencia histórica-
estructural y de las características específicas de la forma societal en
Latinoamérica. Las singularidades de los pueblos originarios fueron
subsumidas violentamente al universal absoluto10 occidental. En este
proceso de identificación y clasificación el indígena nunca se cansó de
luchar11 y la resistencia al poder colonial jamás claudicó. Sin embargo a
partir de la conquista de América se instauró una nueva relación de poder no
sólo en plano social sino en el nivel epistémico.

12 E. Dussel (1969) subraya que los semitas conciben al hombre como


indivisible. Es una posición sui (...)

10Edgardo Lander (2000) señala que es por medio de separaciones o


particiones de la realidad como procede la episteme occidental. La ruptura
entre sujeto y objeto, es correlativa de la separación helénico-cristiana12
entre Dios, ser humano y naturaleza. En este sentido, los colonizadores-
evangelizadores impusieron una manera de conocer basada en la ruptura
entre el cuerpo y el alma que implicó una subalternización de saberes. La
colonialidad del poder involucraba, al mismo tiempo, una «colonialidad del
saber».

11La dinámica teleológica de la colonialidad del poder y del saber dio como
consecuencia una colonialidad del hacer de la sociedad latinoamericana y
caribeña. Proponemos el concepto de «colonialidad del hacer»para referir a
las prácticas discursivas coloniales, naturalizadas sobre todo por la población
mestiza, en un contexto simbólico-cultural. Si raza/trabajo/género
(Quijano,2001) articulan el concepto de colonialidad del poder,
imaginario/doble conciencia/habitusconfigurarán el de colonialidad del
hacer.

12Lacolonialidad del hacer nos permitirá distinguir las prácticas estéticas,


lingüísticas, simbólicas y culturales, mediadas por relaciones de
poder/colonial, entre sujetos. Indudablemente las relaciones sociales
implican luchas, tensiones y rupturas. Sin embargo el concepto de
«colonialidad del hacer» dará cuenta de las continuidades en las estructuras
de dominación. El vínculo entre cultura y poder podrá ser develado a través
de esta herramienta analítica.

13 Edouard Glissant (1997) utiliza el concepto de imaginario para referirse a


la construcción simbólica mediante la cual una comunidad se define a sí
misma. Para este pensador antillano, el término no tiene la acepción común
de una imagen mental, ni mucho menos, un sentido técnico donde el
imaginario forma una estructura de diferenciación con los Simbólico y lo
Real. El imaginario no sólo está constituido en y por el poder colonial, sino
está también conformado, por respuestas o rupturas de las comunidades,
grupos y clases que el discurso colonial involucra en su propia descripción
(Mignolo, 2000).

14A partir del siglo XVI, asistimos a una lucha de imaginarios (colonizadores y
colonizados) en constante transformación. Los conquistadores tratan de
imponer en principio, su imaginario por medio de la religión, para
posteriormente inculcar sus propios valores, Weltanschauung, cultura y
moral. Es fundamental tener presente que el imaginario como la realidad no
es un proceso estático, neutral e inmóvil, al contrario, es dinámico y en
constante tensión.

15Por otra parte, el concepto de doble conciencia (double-consciousness) es


formulado por el sociólogo William Edward Burghardt Du Bois (1995) para
caracterizar el dilema de subjetividades fraguadas en la diferencia colonial, es
decir, a los procesos experimentados en el mundo de la vida cotidiana
(Lebenswelt) desde la subalternidad. Si bien W.E.B. Du Bois emplea este
concepto para explicar la peculiar sensación de la experiencia afro-americana
como grupo subalterno, por nuestra parte, podemos incorporarlo en la
comprensión-explicación de los procesos de subjetivación de los criollos o
mestizos de las sociedades latinoamericanas y caribeñas.

16Walter Mignolo (2000) está convencido que el principio de doble


conciencia es la característica del imaginario del mundo moderno-colonial
desde las márgenes de los imperios. Para él, la emergencia del «hemisferio
occidental» marcó la inserción de los criollos descendientes de europeos en
el imaginario colonial. W. Mignolo (2000: 68) distingue entre criollos blancos
y criollos negros puesto que estos últimos : «no era la conciencia heredera de
los colonizadores y emigrados, sino heredera de la esclavitud».

17La doble conciencia criolla blanca será concretamente distinta a la doble


conciencia mestiza, puesto que la distancia racial seguirá siendo axial en las
relaciones sociales del mundo colonial. El criollo blanco afirmará su diferencia
en relación a Europa en términos políticos o culturales más nunca
fenotípicos. Por su parte, Frantz Fanon (1995) analizó los procesos de
subjetivación experimentados por los colonizados en un contexto de
discriminación racial. Incluso en su obra Los condenados de la tierra (1988:
35) muestra las particularidades existenciales del imaginario colonial, donde
el aspecto somático es cardinal en las relaciones que se establecen y sostiene
que : «la especie dirigente es, antes que nada, la que viene de afuera, la que
no se parece a los autóctonos, a los otros». La doble conciencia del mestizo
será fundamental en la formación de un habitus colonial. La «colonialidad del
hacer» será evidente en las prácticas discursivas, que implican preferencias,
gustos y antipatías determinadas.

18Pierre Bourdieu desarrolló el concepto de habitus para referir a la


formación de prácticas (individuales y colectivas) con las cuales los sujetos
representan el papel que les otorgó el sistema de clases. En este sentido las
clases revelan a los agentes como «clasificadores clasificados por sus
clasificaciones». Para P. Bourdieu, el habitus no es un concepto estático sino
un proceso en el que el agente se distingue de las otras clases.

19El concepto de habitus nos parece imprescindible en un análisis de la


dominación, puesto que su valor radica en mostrar los efectos del sistema
sobre el hacer del individuo social. Mientras que P. Bourdieu diferencia entre
habitus de clases, por nuestra parte, distinguiremos habitus coloniales de
clases. El habitus como todo concepto no debe sustantivizarse sino, al
contrario, debe dialécticamente mostrar las tensiones, luchas y
contradicciones intrínsecas en las relaciones sociales, en este caso,
coloniales.

13 Por explosivo, debemos entender con Lotman (1999), un proceso


atravesado por rupturas y contradicc (...)

20Imaginario, doble conciencia y habitus configuran la colonialidad del hacer


en América Latina y el Caribe. Su especificidad debe ser geopolíticamente
enunciada, puesto que al ser un proceso dinámico es, por tanto, heterogéneo
y explosivo.13 En la diferente experiencia del habitus, la colonialidad del
hacer acentúa los rasgos simbólicos y culturales de las prácticas sociales. El
análisis de la vida cotidiana es trascendental en las investigaciones de las
ciencias sociales históricas, es por ello, que este concepto nos resulta
indispensable en los estudios que versen sobre los procesos culturales y
sociales de las sociedades periféricas.

21La formación de los Estados-nación en América Latina reforzó la


colonialidad del hacer y del saber. La articulación al sistema-mundo de los
Estados-nación está emparentada a la lógica de disciplinamiento de la
población latinoamericana al patrón de dominación colonial. En este sentido,
Santiago Castro-Gómez (2000) menciona tres prácticas disciplinarias que
contribuyeron a forjar los ciudadanos del siglo XIX : las constituciones,
losmanuales de urbanidad y las gramáticas de la lengua. Según él, la escritura
fungió como un instrumento de subjetivación en la invención de alteridades
negadas.

14 «La constitución venezolana de 1839 declara, por ejemplo, que sólo


pueden ser ciudadanos los varon (...)

22Para S. Castro-Gómez la formación del ciudadano como «sujeto de


derecho» sólo es posible dentro del marco de la escritura disciplinaria y, en
este sentido, dentro del espacio de legalidad definido por la constitución. De
ahí, que la función jurídica-política de las constituciones es, precisamente,
inventar la ciudadanía, esto es, crear un campo de identidades homogéneas
que hicieran viable el proyecto moderno de la gubernamentalidad14.

23La consolidación de los Estados-nación en el espacio latinoamericano fue


legitimada por la entelequia de un tránsito ineluctable hacia la modernidad.
El «estado de naturaleza» debía ser trascendido al «estado político» por
medio de aparatos o instituciones geopolíticamente determinadas. Es por
ello, que tanto la organización política como las constituciones fueron
establecidas en función de los parámetros occidentales.

24El Estado-nación y su corolario, la ciudadanía, ejercieron un


disciplinamiento sobre el hacer de los individuos y grupos. La lógica del poder
se transfiguró, en los albores del siglo XIX, mostrando que tanto las
relaciones de dominación como las de resistencia no son estáticas, ni mucho
menos homogéneas.

15 E. Dussel sostiene que tanto en el primer eurocentrismo (Kant, Hegel,


Marx, Weber) como en el segu (...)

25El paradigma colonizador se transfiguró y se trasladó a Europa central


(Inglaterra, Alemania y Francia), dicho desplazamiento es significativo puesto
que implicó la marginación del papel de España y Portugal en el relato
moderno15. En este sentido, Europa no sólo se estableció como una
centralidad en el sistema-mundo sino que comenzó a fabricar una ideología
que se impondrá en el imaginario social.

26A partir del siglo XIX las sociedades latinoamericanas sufrieron la influencia
de las nuevas potencias imperiales (Inglaterra, Alemania y Francia), sin
embargo, eso no provocó el derrumbe del reducto español o portugués.
Aunque la administración del poder cambió de manos, el núcleo criollo
conservó muchos privilegios y, muestra de ello, fueron las disputas
ideológicas entre liberales y conservadores.

16 «No se escribieron manuales para ser buen campesino, buen indio, buen
negro o buen gaucho, ya que (...)
27Si en el siglo XVI los indígenas debían de convertirse al cristianismo, en el
XIX los habitantes tenían que lograr ser ciudadanos. La colonialidad del poder
se consolidó con los aparatos estatales, la colonialidad del saber se fortaleció
con la Lumière y el Aufklërung y la colonialidad del hacer se reforzó con los
manuales de urbanidad y el civismo. El proceso civilizatorio exigía refinar las
prácticas discursivas autóctonas, en este sentido, la buena moral tenía que
remplazar las formas de socialización del vulgo16. El tren del progreso estaba
en marcha y no había fuerza celestial o terrenal que impidiera su andar.

17 S. Castro-Gómez sostiene que : «la modernidad es un «proyecto» en la


medida en que sus dispositivo (...)

18 I. Wallerstein (2003) sostiene que la emergencia de las ciencias sociales


estuvo articulada a la l (...)

28Si bien los procesos de independencia implicaban una ruptura con el


patrón de dominación colonial, la liberación política, económica y cultural de
Latinoamérica nunca se fraguó. El cordón umbilical de la dependencia
extranjera no fue cortado de tajo. Simplemente se trasfiguró el paradigma
civilizacional. Inglaterra, Francia y Alemania (Dussel, 2003 ; Wallerstein, 1999)
habían ganado terreno en el sistema-mundo y, por tanto, eran los nuevos
rectores del la política mundial. América Latina continúo con el yugo
imperial17. Lacolonialidad del saber se fortaleció no sólo con las ideologías
del progreso sino con la emergencia de las ciencias sociales. Desde México
hasta Argentina se enseñaba el positivismo, en las universidades se inculcaba
el dogmatismo de la ciencia secular y los pensadores refractaban las ideas
importadas de Europa. En este sentido las ciencias sociales fueron otro
instrumento al servicio del poder colonial18.

29El primer momento fáctico de la colonialidad del hacer se gesta en el siglo


XVI. La conquista y la evangelización fundamentan dicho proceso. El segundo
momento se fragua en los albores del siglo XIX. El núcleo criollo blanco de la
región acaparó la riqueza y monopolizó el poder. Se re-estableció una
pirámide social somáticamente diferenciada. En este sentido la idea de raza
no sólo jugó un papel importante en la reconfiguración del poder sino que
fue determinante en la estructura social. La producción de alteridad
(indígena y negra) estaba articulada a la consolidación de una «colonialidad
interna» que beneficiaba a criollos y mestizos.

30La formación de los Estados nacionales en América Latina re-configuró el


patrón de dominación y explotación colonial. La «colonialidad del hacer» se
transfiguró en un marco, donde por una parte, las ciencias sociales
legitimaban la dominación ideológica-cultural de las metrópolis y, por la otra,
la idea de «Estado de derecho» era privilegio de algunos grupos sociales. El
indígena seguiría ocupando el lugar de «exterioridad» ontológica y política
del sistema.