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Al ser expulsados los jesuitas de las colonias españolas en 1767, el joven jesuita arequipeño Juan

Pablo Viscardo y Guzmán se vio obligado a exiliarse en Italia. Una vez en Europa, lleva a cabo
intentos para recuperar su herencia familiar y luego, ya en Londres, emprende una campaña
política con la intención de convencer al Imperio Británico para que ayude económica y
militarmente su causa: la expulsión del gobierno español de América.

Y, en efecto, Viscardo redactó un “Esbozo político” en el que planteaba que Inglaterra declarase
la independencia de América y que un miembro de la familia real británica fuera nombrado rey.
Viscardo incluso elaboró un plan para una invasión militar y les aseguraba a los ingleses que
contarían con el apoyo sin fisuras de los criollos. El principal argumento de Viscardo para
convencer a los ingleses era económico: con la ruptura del monopolio español en América Gran
Bretaña podría expandir su mercado notablemente.

El “Esbozo político” también contiene una visión crítica del Perú. Viscardo señala que el fracaso
de Túpac Amaru II se debió a que los criollos (que pelearon contra el cacique cuzqueño) nunca
aceptarían el liderazgo político de un indio. Viscardo observó la existencia de un “recelo” entre
razas que impidió la conformación de una plataforma única contra los españoles. También
observó la división que había entre los indios debido a que había algunos que no aceptaban la
autoridad de Tupac Amaru como “Inca”.

Escrita en 1792, pero recién publicada en francés en 1799, luego que la Carta dirigida a los
españoles americanos fue entregada por Viscardo, prácticamente en su lecho de muerte en
Londres, a su amigo Rufus King 1798. Aunque el texto tuvo impacto la figura de Viscardo pasó
prácticamente al olvido hasta el siglo XX.

La carta fue escrita como manifiesto y se planeó que fuera distribuida entre los criollos solo en
el caso de que se declarara una guerra entre España e Inglaterra. Las fuentes de Viscardo en la
carta son varias: la tradición de protestas criollas contra España, El Inca Garcilaso, Paine,
Montesquieu, el pensamiento económico liberal, la declaración de independencia americana de
1776 y la de los derechos del hombre de 1789. En principio, la carta contiene una crítica a lo que
Viscardo denomina la “tiranía” del colonialismo absolutista español. Además, invoca a los
criollos latinoamericanos a que se rebelen contra España. La crítica de Viscardo apunta sobre
todo a reivindicar a los criollos (además, fortalecer la identidad de ellos como “hijos” de los
conquistadores y plantear su “derecho natural” a gobernarse), quienes para ese entonces
aunque con poder y dinero, estaban impedidos de llegar a lo más alto de las jerarquías
eclesiásticas y políticas. De tal modo, arremete contra los españoles peninsulares a los que tilda
de advenedizos y oportunistas. El manifiesto de Viscardo cita como ejemplo de la tiranía
española la expulsión de los jesuitas y la confiscación de sus bienes.

Ahora bien, debido a que la carta está dirigida a los criollos, Viscardo omite toda referencia a
Tupac Amaru II, contra quien muchos criollos habían luchado. La visión de Viscardo en la carta
era elitista. Su preferencia por los criollos colocaba en una jerarquía menor a los indios y otras
castas. De tal modo, según señala Brading, “su manifiesto debe considerarse como una
expresión de una nobleza colonial a la cual se le había negado su herencia” (52).

Ahora bien, Brading señala que, luego de la carta, el pensamiento de Viscardo se vinculó con la
Ilustración europea. Esto se nota por ejemplo en su obra La paz y la dicha del nuevo siglo. Allí
Viscardo expresó simpatía por las formas republicanas. Además, asumió una crítica liberal de la
violencia. Pacifista, Viscardo creía que el libre comercio era el único garante de la paz y la
armonía social, y ya tomaba como ejemplo el desarrollo económico de Estados Unidos. En esa
línea, propuso también una defensa del indio invocando a Las Casas y Feijóo. Criticó a la iglesia,
al Vaticano y a las formas devocionales del catolicismo (Brading lo vincula a los jansenistas).
Pero, sobre todo, Viscardo se alejó del patriotismo criollo para asumir un ideario ilustrado en el
que, antes que privilegiar los “derechos de herencia” criollos, enaltecía los “derechos
inalienables” del ser humano.

Así “en los escritos de Viscardo podemos rastrear la crisis del patriotismo criollo y el nacimiento
del liberalismo hispanoamericano, esto es, el abandono de la tradición y la búsqueda de la
utopía”