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Discontinuidad.

Notas introductorias

Por dónde empezar. Definiciones, fórmulas y figuras


En primer lugar, es posible releer y reunir algunas teorías o
filosofías contemporáneas bajo la figura de la discontinuidad; un
segundo paso consiste en hacer algo parecido en términos más
específicos, es decir examinar teorías literarias discontinuistas.
Nuestro modo de trabajar, o mejor, nuestra concepción de la
práctica crítica en cuyo ejercicio queremos enseñar, vuelve
preferible buscar algo así como definiciones y tesis más cerca del
final del recorrido que de su inicio. Nuestra "definición" de
discontinuidad consiste en recorrer y en hablar un cierto
repertorio de lecturas teóricas. No obstante, para comenzar de un
modo que no nos intranquilice del todo, podemos adoptar de
manera preliminar y provisoria algunas de estas definiciones o
descripciones, que -como veremos- casi al punto de ser enunciadas
nos resultarán insatisfactorias como tales, y que esperamos poder
repensar en enunciados propios y enmadejar en conversaciones o
escritos menos formularios:

# Dos cosas son discontinuas cuando sus límites no son idénticos;


en consecuencia, continuo es en cambio un todo, es decir una
magnitud cuyas partes están unidas y lo están por límites comunes.
Esta definición suele suponer el axioma de plenitud y/o compacidad:
1
que en la realidad haya discontinuidad es negar que (como quiso
por siglos cierta orientación de la filosofía) la realidad sea
sinónimo de un todo ligado, pleno, lleno.
Por lo tanto, las cosas puede ser sucesivas, contigüas, estar en
contacto, y/o verse dispuestas o ubicadas de un modo seriado, sin
ser por eso continuas.
"Dos cosas son continuas cuando sus límites son idénticos", como
rezaría la remota definición aristotélica (según se nos dice), no
implica que esas dos cosas tengan en común más que ese límite
idéntico que hace que su contigüidad específica sea de la especie de
la continuidad (si estuviesen en contacto pero no tuviesen ese
límite idéntico, serían contigüas pero no continuas).
NB: las limitaciones y los compromisos metafísicos
implícitos pero visibles de este tipo de definiciones (que es
preferible conocer al menos por mera ilustración enciclopédica) no
las inutilizan, permiten incluso conservar un añico de su aptitud
lógica, pero restringen mucho su provecho filosófico. Por ejemplo,
no representan más que escollos sin interés para algunas
distinciones operativas que proponemos más adelante, como
{secuencia como continuidad / serie como discontinuidad}, o
{hipotaxis/ parataxis}.

# Diccionario de la RAE: "discontinuo, nua.: 1. adj. Interrumpido,


intermitente o no continuo. 2. adj. Mat. No continuo.". // "continuo,

2
nua.: (Del lat. continŭus). 1. adj. Que dura, obra, se hace o se
extiende sin interrupción [cursiva nuestra]. 2. adj. Dicho de dos o
más cosas: Que tienen unión entre sí. 3. adj. Constante y
perseverante en alguna acción. 4. adj. Mat. Dicho de una función:
Cuyo valor cambia gradualmente con el de la variable
independiente. 5. m. Todo compuesto de partes unidas entre sí. 6.
m. Allegado a un señor que le favorecía y mantenía. A él le debía
fidelidad y obediencia. 7. m. Cada uno de los que componían el
cuerpo de los 100 continuos, que antiguamente servía en la casa
del rey para la guardia de su persona y custodia del palacio.

# Diccionario Sopena de Sinónimos, Antónimos e ideas afines:


"CONTINUO = persistente, ininterrumpido, incesante, seguido,
consecutivo, constante; (chorro, goteo, continuar, proseguir,
prorrogar, moratoria). ≠ instantáneo, momentáneo, fulminante;
fugaz, súbito, repentino; (relámpago, un santiamén, un soplo, un
segundo, un periquete, un verbo)."1

BARTHES: "Si todo lo que ocurre en la superficie de la página


despierta una susceptibilidad tan viva [por parte de la crítica
oficial], evidentemente es porque esta superficie es depositaria de
un valor esencial, que es la continuidad del discurso literario [...]. El
Libro (tradicional) es un objeto que liga, desarrolla, prolonga y

1
Santamaría, Andrés. Diccionario Sopena de Sinónimos, Antónimos e ideas afines.
Barcelona: Sopena, 1968, p. 78.
3
fluye, en una palabra que tiene el horror más profundo al vacío. Las
metáforas benéficas del Libro son la tela que se teje, el agua que
fluye, la harina que se muele, el camino que se sigue, la cortina que
desvela, etc; las metáforas antipáticas son todas las de un objeto
que se fabrica, es decir, que se elabora a partir de materiales
discontinuos. [...] Pues lo que se oculta detrás de esta condenación
de la discontinuidad es el mito de la Vida misma: el Libro debe fluir.
[...] ... la discontinuidad es el estatuto fundamental de toda
combinación: sólo puede haber signos discretos. El problema
estético es saber sencillamente cómo movilizar esa discontinuidad
fatal"2.

# FOUCAULT: "Y el gran problema que va a plantearse -que se


plantea- en tales análisis históricos no es ya el de saber por qué
vías han podido establecerse las continuidades [...], no es ya de la
tradición y del rastro, sino del recorte y del límite; no es ya el del
fundamento que se perpetúa, sino el de las transformaciones que
valen como fundación y renovación de las fundaciones. [...] ¿cómo
especificar los diferentes conceptos que permiten pensar la
discontinuidad (umbral, ruptura, corte, mutación,
transformación)? [...] En suma, la historia del pensamiento, de los

2
Barthes, Roland. "Literatura y discontinuidad". Ensayos críticos. Buenos Aires: Seix
Barral, 2003, pp. 241-257.
4
conocimientos, de la filosofía, de la literatura parece multiplicar las
rupturas y buscar todos los erizamientos de la discontinuidad".3 [...]
"Saber, incluso en el orden histórico, no significa `encontrar de
nuevo´ ni, sobre todo, `encontrarnos´. La historia será `efectiva´ en
la medida en que introduzca lo discontinuo en nuestro mismo ser.
Dividirá nuestros sentimientos; dramatizará nuestros instintos;
multiplicará nuestro cuerpo y lo opondrá a sí mismo. No dejará
nada debajo de sí que tuviese la estabilidad tranquilizante de la
vida o de la naturaleza, [...] Cavará aquello sobre lo que se la quiere
hacer descansar, y se encarnizará contra su pretendida
continuidad. El saber no ha sido hecho para comprender, ha sido
hecho para hacer tajos.
"... la `wirkliche Historie´ [historia real según Nietzsche] invierte la
relación establecida normalmente entre la irrupción del suceso y la
necesidad continua. Hay toda una tradición de la historia (teológica
o racionalista) que tiende a disolver el suceso singular en una
continuidad ideal al movimiento teleológico o encadenamiento
natural. La historia `efectiva´ hace resurgir el [conjunto aleatorio
y singular del] suceso en lo que puede tener de único, de
cortante".4

3
Foucault, Michel. La arqueología del saber. México: Siglo XXI, 1988, pp. 7-8.
4
Foucault, M. "Nietzsche, la genealogía, la historia". Microfísica del poder. Madrid:
La piqueta, 1980, p. 20.
5
# STEINER: "No tenemos historias sobre una creación continua,
sobre una eternidad indiferenciada. En tal caso, en sentido estricto,
no existiría una historia que contar. El postulado de una
`singularidad´, de un comienzo en el tiempo y del tiempo es lo que
verdaderamente hace necesario el concepto de creación.[...] ... no
podemos conceptualizar que no haya principio, excepto en un
plano formal y matemático".5

# BACHELARD: "El tiempo sólo tiene una realidad, la del Instante.


En otras palabras, el tiempo es una realidad afianzada en el
instante y suspendida entre dos nadas. [...] ... mediante una
especie de violencia creadora, el tiempo limitado al instante nos
aísla no sólo de los demás, sino también de nosotros mismos
puesto que rompe con nuestro más caro pasado.[...]... antes que
nada es necesario empaparse en la igualdad total del instante
presente y de la realidad.[...] Lo que quisiéramos subrayar es que,
en esa ruptura del ser, la idea de lo discontinuo se impone sin la
menor sombra de duda. [...] .. una novedad joven o trágica,
repentina siempre, no deja de ejemplificar la discontinuidad
esencial del Tiempo. [...] ... no existe sino la nada que sea
continua."6

5
Steiner, George. Gramáticas de la creación. Buenos Aires: Decolsillo, 2011, p. 27.
6
Bachelard, Gaston. La intuición del instante (1932). México: FCE, 2002, pp.11-13;
36.
6
# Stavrakakis sobre LACAN: "Para resumir [...] esta es la paradoja
de la condición humana en Lacan. El campo de la representación
discursiva, un campo que se extiende desde lo lingüístico hasta lo
social en general, es constitutivo en todos nuestros esfuerzos,
condenados desde el inicio, para alcanzar la identidad perfecta con
nosotros mismos. Pero la característica central del lenguaje, de
lo simbólico, es la discontinuidad: hay siempre algo perdido
en el lenguaje, lo simbólico mismo contiene en sí una falta. Las
palabras no pueden capturar nunca la totalidad de lo real, no
pueden nunca representarnos totalmente [...]. Faltan palabras para
eso: es materialmente imposible (estas son la palabras exacras de
Lacan) conseguirlo [...]. Lo real no puede ser simbolizado per se
pero se manifiesta en el fracaso de todo intento de
simbolizarlo. [...]... la dislocación y la falta que ella [la
construcción social] crea en nuestra representación de la
realidad son justamente lo que estimula nuestros renovados
intentos de construir nuevas representaciones de este real".7

Axiomas: lo Uno es lo no verdadero


Uno conoce pocas ontologías y, por supuesto, todas
(igual que toda teoría) tienen siempre una base axiomática (parece

7
Stavrakakis, Yannis. Lacan y lo político. Buenos Aires: Prometeo-UNLP, pp. 87
y108.
7
que en el principio fue el axioma, siempre, cosa que sería
concurrente con las consecuencias de las epistemologías
predominantes o más adoptadas durante el siglo XX relativas a la
fiabilidad del conocimiento en general, tanto en filosofía como en
filosofía de las ciencias, lógica y matemáticas).8 Una ontología como
la de Alain Badiou, por ejemplo, da por hecho y bien sabido que por
lo menos Cantor vía matemática y Russel vía lógica, demostraron la
inconsistencia del "Todo", es decir refutaron el concepto del "todo",
de lo cual se sigue la tesis de "la inexistencia del todo". O sea, la
frase de Adorno "el todo es lo no verdadero" no es únicamente una
tesis de la filosofía de tradición especulativa (kantiana, hegeliana,
alemana, en fin) sino también de la matemática, de la lógica y de
algunas ontologías del siglo XX.
Aquí conviene hacer una aclaración: no estamos
tratando de establecer la inexistencia del Todo como un argumento
que demuestre una ontología fragmentarista, una ontología de las
infinitas o incontables partes (sin un todo del que procedan), es
decir para apoyar una ontología discontinuista. A la inversa, una
preferencia discontinuista, y una cierta figura-teoría de la
discontinuidad, es aquí el axioma a partir del cual adoptamos una

8
Para no extendernos, recordemos apenas la definición de axioma más elemental, la
del Diccionario de la RAE: 1. m. Proposición tan clara y evidente que se admite sin
necesidad de demostración.// 2. m. Mat. Cada uno de los principios fundamentales e
indemostrables sobre los que se construye una teoría.

8
ontología para la cual el todo no existe. Expliquemos esto: el todo
es inexistente y es un concepto refutable, inconsistente y arrasado
por el vendaval de las paradojas (esto es, el todo es no-imaginable
diríamos con Lacan, o no pensable diríamos con Foucault) si
presuponemos -como aquí- que el todo es siempre conjunto no de
todas las cosas sino de todos los conjuntos o, como insisten Badiou
y otros, "múltiple de múltiples", "multiplicidad de multiplicidades".
Para Badiou no hay "cosas" que no sean conjuntos (multiplicidades)
porque nada es Uno (el Uno es lo no verdadero); esto último puede
aclararse con el ejemplo del árbol citado más adelante en el
recuadro de citas de Badiou: cuando descomponemos lo real, lo
último o lo mínimo que lo compone -lo que está antes del conjunto
de partículas, por decir- no es alguna unidad de nada (por caso, un
átomo de árbol o una partícula de átomo de árbol), sino otro
múltiple, el "conjunto vacío" (o el Vacío, o la Nada, no "lo Uno"). Por
eso Badiou insiste tanto en el artículo "Un" cuando cita el verso de
Mallarmé "Un golpe de dados jamás abolirá el azar" (subrayado
nuestro).
Esta es, por supuesto una perspectiva entre muchas. Es decir, es
lógicamente posible, claro está, suponer en cambio que hay un
conjunto de todas las cosas (es decir que el todo lo es de conjuntos,
pero también de cosas y unidades), y que las paradojas
matemáticas y lógicas refutaron la existencia de un conjunto de

9
todos los conjuntos (pero no habrían refutado, en cambio, la
existencia de un conjunto de todas las cosas).
Parece que al menos hasta no hace mucho, las paradojas de
Zenón de Elea (esas que le gustaban tanto a Borges) continuaron
representando un severo y pertinaz obstáculo para cualquier
teoría filosófica o matemática del continuo, ya que no dejan de
plantear la infinita divisibilidad del espacio y se interponen para
alcanzar, entonces, alguna teoría consistente de lo lleno o lo pleno,
por tanto de lo compacto e indivisible o indiviso.9

Alain Badiou: tres fragmentos sobre el todo y la


discontinuidad

"En El ser y el acontecimiento, como asimismo en el primer


Manifiesto, mostré que, despojado de todos los predicados
cualitativos que hacen de él una cosa singular (o aquello que
llamaremos más adelante un objeto), reducido estrictamente a su
ser, el “hay” se deja pensar como multiplicidad pura. Si tengo un
árbol frente a mí e intento sustraer de él, primero, la presencia
efectiva en tal mundo (sus entornos, el horizonte, los otros
árboles, la pradera cercana, etc.), luego, las determinaciones
enmarañadas que lo hacen consistir frente a mí como árbol (el

9
Para una introducción básica en este asunto es útil la entrada "CONTINUO" del
Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora.
10
color verde, la extensión de las ramas, el juego de luz y sombra en
el follaje, etc.), no quedará al final sino una multiplicidad
infinitamente compleja y compuesta por otras multiplicidades.
Ninguna unidad primordial, o atómica, vendrá a interrumpir esta
composición. El árbol como tal no tiene átomos de árbol que
funden su esencia cualitativa. Al final, no nos encontramos con lo
Uno sino con el vacío. Este árbol es un trenzado particular de
multiplicidades tejidas solo de vacío, según engendramientos
formales que únicamente la matemática puede explicar. […] El ser
es multiplicidad extraída del vacío, y el pensamiento del ser en
tanto ser no es otra cosa que la matemática. O, en términos más
sencillos: la ontología, pensada etimológicamente como discurso
sobre el ser, se realiza históricamente como matemática de las
multiplicidades." (Segundo Manifiesto por la filosofía 35-36)

"Reafirmando la actualidad integral del Ser como pura dispersión-


múltiple, yo planteaba que la inmanencia excluía, a mis ojos, el
Todo, y que el único punto de interrupción del múltiple de
múltiples (y no múltiple de Unos), sólo puede ser el múltiple de
nada: el conjunto vacío. (69) […] El ser en tanto ser es sólo
composición-múltiple del vacío" (Deleuze.“El clamor del ser” 124).

"Desde un punto de vista filosófico, el fondo del problema es que


lo real es discontinuo. Como dice Lacan en una gráfica fórmula, lo

11
que hay son “granos de real”. En términos de mi vocabulario: sólo
hay múltiples procedimientos de verdad, múltiples secuencias
creativas, y nada que disponga entre ellos una continuidad." (El
siglo 141).

Digresión con/tra Marx


Cualquiera que quisiera iniciar una conferencia sobre las
controversias que acarrean las teorías modernistas de la
subjetividad y la intersubjetividad (o la comunicación y la
comunidad entre sujetos) podría empezar recordando el repetido y
paradojal chiste de Groucho Marx: "Nunca me asociaría a un club
que admitiese como miembro a alguien como yo". El chiste es
paradojal porque el sujeto de la enunciación se desautoriza como
tal a través de lo enunciado: aunque no de un modo tan rotundo y
claro, se trata no obstante de un sujeto de la enunciación
autoescindido como en la conocida paradoja del mentiroso:
"Miento"; o, en una de sus tantas versiones menos cretenses y algo
más literarias y más ydishe: "¡Mientes, Samuel! Me dices que vas a

12
Sebastopol, para que yo crea que vas a Odesa, cuando en verdad
vas a Sebastopol".10
Porque lo dicho en el apartado ontológico anterior sugiere
volver sobre algunas perspectivas o elecciones, decisiones teóricas
del pensamiento de procedencia marxista: por un lado, parece
necesario interrogar críticamente las concepciones marxistas de la
totalidad, y examinar vinculada con qué clase de comunidades
alcanzables nos es dable pensar esa totalidad, postularla,
reconocerla: no creo que sea sencillo ni seguro pujar con éxito,
desde concepciones de comunidad como la de Raymond Williams
por caso, con(tra) una tesis como la de las comunidades del resto
de las que habla Cragnolini en "El sexto siempre vuelve";
sencillamente, los hechos parecen darle la razón a la idea de que no
hubo nunca ni hay ni habrá comunidad "cognoscible" ni idéntica a
sí misma -total-, ni democracia ni sociedad ni subjetividad idéntica
a sí misma (que tal cosa se deba a que las sociedades históricas, las
únicas que conocemos, están todas gobernadas por la dominación
o la lucha de clases se vuelve apenas relevante en este tema de la
totalidad a causa justamente de que los alcances históricos de la

10
El capitan Jack Sparrow -personaje que encarna Johny Deep en Piratas del Caribe:
la maldición del Perla Negra (2003)- utiliza la misma paradoja como artimaña: al
comienzo del film declara sus verdaderas intenciones -delinquir, en fin- ante un par
de guardias de la marina que tratan de impedirle abordar un barco sin permiso, y lo
interrogan acerca de qué lo trae a Port Royal; por supuesto, Sparrow les aclara que
dice la verdad porque -como en efecto sucede- hacerlo en lugar de mentir es el modo
de que no le crean (ya que cualquiera presupone que pirata y mentiroso son
sinónimos).
13
explotación del hombre por el hombre lo son de la máxima escala o
duración, es decir que la fisura se vuelve más antropológica que
accidental, más constitutiva que contextual). Precisamente lo que
viene a mostrar el análisis de Cragnolini es que cuando en la
experiencia se presentan en efectos -como quiere la definición
filosófica básica que inicia estas notas- dos cosas (en este caso, los
5 de la casa por un lado, "el 6º" por otro), nunca presentan límites
idénticos y por tanto siempre que haya dos cosas y no Una, serán
discontinuas (por supuesto, se puede argumentar que "los 5" son
una continuidad porque son 5 y no Uno, con al menos uno de sus
límites idénticos; da lo mismo, porque lo que los vuelve relevantes
-lo que da para ser narrado- es que no tienen en común con el sexto
ese límite idéntico, sino irreductiblemente diferente).
Por otro lado, parece que el psicoanálisis tiene aún mucho para
decirle a las concepciones marxistas del sujeto y de las
subjetividades, las que a diferencia del apotegma de Groucho
parecen suponer a veces un horizonte apetecible en que "yo" cree
posible estar nítida o rectamente consigo mismo y no, fatal y
perturbadoramente, con otro; al respecto, y aunque aclare que el
propio Marx tenía elementos para refutar algunas de estas críticas,
Terry Eagleton anota esto (los subrayados son míos) en su librito
Marx and freedom:

14
En efecto, hay muchos problemas con la ética política de Marx, así
como los hay con cualquier otra clase de ética. ¿Es esta noción, la
del sujeto humano que se construye a sí mismo libremente, sólo
una versión más generosa del modelo de hombre burgués,
patriarcal, como dinámico autoproductor? ¿Es el ser humano ideal
de Marx un propietario prometeico? ¿Hasta dónde es esta una
versión de izquierda del ideal de la clase media acerca de una
realización ilimitada y fáustica de riqueza, que trata al yo como una
posesión del individuo? Se podría encontrar un activismo
implacable en la doctrina, que desvaloriza lo que Wordsworth
llamó “pasividad sabia” o Keats denominó “capacidad negativa”.
¿Tenemos que realizar todas nuestras fuerzas y capacidades? ¿Qué
pasa con aquellas que parecen morbosas o destructivas? Quizás
Marx considera que nuestros poderes se tornan destructivos sólo
cuando son constreñidos, apreciación ciertamente errada. ¿Cómo
podemos discriminar entre nuestras capacidades positivas y
negativas si, más allá del proceso histórico relativo, carecemos de
criterios para hacerlo? El desarrollo “versátil” puede parecer a
algunos inferior al cultivo de un solo talento creativo, de la misma
manera que la negación de sí puede parecer, a otros, más
recomendable que la expresión de sí.11

11
Eagleton, T. Marx. Bogotá: Norma, 1999. Subrayados nuestros.
15
Me planteo entonces esta hipótesis: a la luz de esta cita de Eagleton,
deberíamos interrogar cuidadosamente los alcances y los límites
de las teorías en cuyo centro aparezca la palabra "comunicación";
en esa evaluación debemos hacer intervenir, creo, tanto las
ventajas políticas que en su momento (que a causa de su momento
y lugar) condujeron a alguien (por caso, a Williams) a insistir en
"comunicación" y a usarla como lo hizo, como las desventajas,
problemas o malentendidos que en cambio puede producir
mantener su uso en otros contextos (sin perder nunca del todo su
regresividad inevitable, un mínimum irreductible de vigencia);
mantener en nuestro presente un uso de "comunicación" como el
que le dio cierto pensamiento crítico radical hasta los ´80, sería tal
vez una exageración teórica, crítica, historiográfica y política. En tal
contexto, creo que es posible y necesario volver regularmente a la
hipótesis que dice que algo de eso que llamamos literatura NO ES
comunicación (fórmula que, al menos por segmentos, momentos o
tramos, no es de ninguna manera no-williamsiana ni, menos, anti-
williamsiana; o que, si se quiere, consuena bien con el mejor Marx -
con Karl y con Groucho-tanto como con una zona del pensamietno
de Williams, una constante). No encuentro por qué razón, digamos,
las concepciones comunicativistas y comunitaristas del sujeto
quedarían exentas de contrastar con desafíos como el de Lacan
cuando sentencia que "No hay relación sexual", es decir con una
noción de "sujeto" constitutivamente ajena a la comunicación si se
16
concibe a esta como una forma de "relación". Al respecto, en un
ensayo titulado "El dios alojado" traté de rescatar el librito de
Nancy sobre El "hay" de la relación sexual y algunas cosas que dice
Blanchot sobre la "irrelación", para encontrar un camino nada
sencillo pero capaz de evitar los riesgos de simplificación a que
puede conducir tanto cierta lectura optimista de la teoría de los
sujetos y de la comunicación-comunidad por un lado, como la
teoría de la grieta drástica y fatal del lacanismo más pesimista por
el otro extremo (Didi-Huberman, en cambio, le hace decir a Lacan,
creo que provechosamente y sin forzarlo, que "si lo real es
`imposible´, sólo existe si se manifiesta en fragmentos, jirones,
objetos parciales").

"Discontinuidad" como operador para leer


Aquí, por supuesto, podemos advertir que la figura de la
discontinuidad es compatible con ontologías muy diferentes, entre
otras cosas porque depende de cómo la conceptualicemos.
Lo que vamos a proponer para estudiar la teoría literaria es
menos adoptar una teoría de la discontinuidad, que operar con
"discontinuidad". Esto quiere decir tres cosas:
1) examinar y ser capaces de describir qué significa
"discontinuidad" en tal o cual texto teórico o crítico en particular, y
qué ventajas y desventajas ofrece allí para construir argumentos

17
teóricos o para leer tales o cuales composiciones o efectuaciones
artísticas singulares;
2) identificar -en teorías literarias diversas y en trabajos críticos-
figuras, tesis y conceptos emparentados con el problema de la
discontinuidad, o más bien con algún concepto discontinuista
posible. Este es un trabajo propiamente teórico importante que es
posible plantear en este contexto, e incluye explorar nociones
como las de resto, residuo, sustracción, atasco (atolladero),
interrupción, encabalgamiento y cesura, laguna, fragmento,
emergencia, desfase, discronismos y otras.
3) en base a esas lecturas, construir(nos) modos particulares de
operar con "discontinuidad" y con nociones emparentadas, en
niveles, calas o recortes específicos, para producir lecturas de
textos o problemas particulares. Este sería el trabajo de
investigación crítica más importante que podríamos encarar en
este marco.
Ilustremos con un ejemplo este carácter operatorio
que proponemos para "discontinuidad": supongamos que
pretendiésemos fijar en una definición o una fórmula, que las
siguientes proposiciones son verdaderas, no refutables,
consistentes o por lo menos preferibles y -por tanto- que debemos
adoptarlas como tesis: "La gramaticalidad es el dispositivo de
continuidad del discurso, así como la agramaticalidad lo es de su
discontinuidad"; "lo conexo, y por tanto lo subordinado y lo
18
coordinado, pertenecen al orden de la continuidad". Si
procediésemos de ese modo, visto desde el interior de los
propósitos y paradigmas adoptados, podríamos estar en lo cierto.
PERO ese modo de proceder nos impediría operar con el problema
dis/continuidad, lo cual sería posible, en cambio, si por ejemplo
establecemos que en determinado nivel (o pensando en
determinados efectos de lectura atestiguados, o en términos
excluyentemente relativos) "la hipotaxis o subordinación es
continuidad mientras que la parataxis o coordinación es
discontinuidad"; en efecto, sabemos que mientras los conectores
hipotácticos pueden hacer de los segmentos del discurso, partes de
un todo, es decir de una concatenación de relaciones (por ejemplo
de una unidad o totalización temporo-causal, o consecutiva), los
conectores de la parataxis pueden reducir su función a la
yuxtaposición, la acumulación, la contigüidad de segmentos cuyos
límites no son idénticos, semánticamente incongruentes; o, peor,
impensables en su acople, como sucede con el orden meramente
alfabético en la clasificación china de animales del cuento de
Borges citado por Foucault; estaríamos, en fin, dándonos como
herramienta analítica una distinción posible entre secuencia
(que supone continuidad) y serie (para la que basta un
mínimo de contigüidad meramente postulada, como la
contigüidad artificial entre a y b y c y d etc.); podemos así adoptar
(darnos, construirnos) para un caso, obras o problema particular
19
una figura crítica de parataxis como ocupación y marcación
(mediante dis-junciones literalmente idénticas a las conjunciones
"y" u "o") del "entre" o del hiato entre segmentos, es decir "y" u "o"
como señalizaciones del corte, de la fisura que mantiene separadas
las cosas, y de ningún modo enlazadas.12 O, mejor: donde la
gramática (in)articula un lazo no-imaginable. Pongamos apenas un
par de ejemplos donde esto se lee inmediatamente: El poeta
mexicano Xavier Villaurrutia escribió en uno de sus textos:
[…]
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada

12
Por supuesto, y a riesgo de ser obvios: esto no significa ignorar -sino dejar a un
lado por razones operativas, analíticas-, lo que sabe cualquier teoría gramatical más o
menos convencional, es decir que la parataxis stricto sensu sí produce enlaces y
continuidades coordinativas, copulativas, disyuntivas, etc.
20
[…] 13

Semántica, imaginaria o lógicamente hablando... ¿qué diablos une,


coordina o articula esa "y" entre "mi bosque madura" y "mi voz
quema dura", etc.? Como se ve, el poema es uno de tantos casos en
que la poesía despliega una de sus efectuaciones características:
discontinuar las articulaciones orgánicas del discurrir mediante
una parataxis (coordinación) semántica y lógicamente dis-cursiva
que acumula o yuxtapone las posibilidades prosódicas, sonoras o
musicales de una combinatoria fuera de orden, fuera del orden
posible y disponible de articulaciones de la Lengua. Lo que el
poema hace con voz/bosque y con “que madura / quemadura/
quema dura” nos detiene, impide que continúe la lectura como un
discurrir lineal o arbóreo -continuo- de una combinatoria funcional
al sentido. Por supuesto que si estamos propiciando un trabajo
operatorio (usar "discontinuidad" para escribir efectos de lectura, y
no viceversa), bien podríamos reinventar, para leer el poema, una
figura disfuncional, anómala o sui-generis de continuidad musical,
sonora, prosódica o cuasi-paronomásica. Si lo lográsemos,
importaría poco o nada que en el camino del trabajo crítico
hayamos abandonado "discontinuidad", porque habríamos
demostrado que hicimos lo que nos propusimos: utilizar

13
"Nocturno en que nada se oye". Villaurrutia, Xavier. 15 poemas. México: UNAM,
1986. Selección y nota introductoria de Octavio Paz. En:
http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf2/villaurrutia.pdf
21
"discontinuidad" como herramienta de indagación inicial para
escribir una lectura.
El final del fragmento de Villaurrutia (“un mar en el que no sé nada
/ en el que no se nada”) recuerda el título de la novela de Juan José
Saer de 1980: nadie nada nunca. La frase tiene dos lecturas
posibles -digamos, una continuista y otra discontinuista-, y es
literaria porque el libro de Saer no nos proporciona recursos
suficientes para decidirnos por una de las dos y descartar la otra.
“nadie nada nunca” puede leerse como una enumeración de las
negaciones de persona, de objeto y de lugar del idioma castellano
(lo cual puede estar sugerido por la minúscula inicial de la primera
palabra, como si se tratase de un verso que –igual que sucede a
menudo en la poesía contemporánea- hubiese suprimido los signos
de puntuación: Nadie, nada, nunca). Una frase nominal. Aunque -si
radicalizamos la disposición discontinuista- no hay comas ni
mayúsculas, lo que conduce antes que nada a leer una acumulación
sin principio de orden, sin principio de reunión marcado. Pero,
claro, incluso si no dejamos de leerlo como parataxis, el título
también se deja leer no solo como una discontinuidad+continuidad
claramente paradigmática en el sentido saussureano, es decir como
sistema de oposiciones por diferencias-en/desde-la-semejanza (al
modo de [cara/faz/rostro] o [pato/mato/rato/gato]); pero
también, por supuesto, el título de Saer se deja leer como
continuidad sintagmática, es decir como una oración predicativa
22
con sujeto (nadie), verbo núcleo del predicado (nada –tercera
persona singular del presente de indicativo del verbo “nadar”-) y
complemento circunstancial (nunca); la novela además permite
confirmar esta lectura, porque ese título es una bien decidible
alusión intertextual a la célebre sentencia de Heráclito ("nadie se
baña dos veces en el mismo río", para citar la traducción más
divulgada).
Uno de los mejores y más tempranos trabajos de crítica
literaria y análisis de textos que aborda esta problemática en la
prosa narrativa es el texto de Eric Auberbach "La media parda" (al
final de su libro Mimesis de 1942)14, referido principalmente a la
novela To the lighthouse de Virginia Woolf. La tesis de que la prosa
novelística interrumpida o errática no es de ninguna manera una
invención del siglo XX ha sido enfáticamente adoptada por Susan
Sontag:
La prosa narrativa extensa denominada novela, a falta de un
mejor nombre, aún ha de sacudirse el mandato de su propia
normalidad tal como se promulgó en el siglo XIX: relatar una
historia poblada de personajes cuyas opiniones y destinos son los
de la presunta vida real corriente. Las narraciones que se desvían
de esta norma artificial y cuentan otra clase de historias, o parecen

14
AUERBACH, Eric. "La media parda". Mimesis. La representación de la realidad
en la literatura occidental [1942]. México: FCE, 1996, pp. 493-521.

23
no contar ninguna, se inspiran en tradiciones más venerables que
la del siglo XIX, pero aún, hasta la fecha, parecen innovadoras,
ultraliterarias o excéntricas.15

Por su parte, Giorgio Agamben ha insistido (en torno de los


descubrimientos de E. Benveniste, que no se cansa de citar) que es
el lenguaje mismo el que está escindido en dos dimensiones no
congruentes, discontinuas, entre las que se abre una laguna, una
fisura insuprimible, un entre que separa semiótico/semántico,
sintáctico/semántico, le son/le sens, himno/elegía, etc.

Qué es discontinuo de qué: un primer esquema


A partir del poema 13 de Árbol de Diana de Pizarnik
("explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco
llevándome"), nos interesa proponer varios niveles o escalas de
dis/continuidad; los clasificaremos provisoriamente en estos
cuatro:
1) Lo real en sí es discontinuo (asunto, como ya anotamos, de la
ontología).
2) Las palabras son discontinuas respecto de sí mismas si es cierto,
como quieren Saussure y luego tantos otros- que las dos caras del

15
Susan Sontag, “Extravagante. Acerca de “Bajo el glaciar” de Halldór Laxness”
(2004), en Al mismo tiempo. Ensayos y conferencias, 2005.
24
signo, significante y significado, lo son (tesis de la arbitrariedad o
del signo no motivado). O, como se abre con la intervención
lacaniana, la relación entre significante y significado es contingente.
3) Las palabras y el sistema entero de la Lengua es discontinuo
respecto de la experiencia, es decir de lo real: [¿es imposible? o por
más que lo intento una y otra vez no puedo] "explicar con palabras
de este mundo" la experiencia real (aunque algo de lo real, un
"jirón", un "añico" o esquirla entrevista, "una inminencia" o
sospecha de "vestigio", un "resto", "un incalculable" siempre se
resiste, sobra, se insubordina, testifica mínima pero tenazmente
que no puede testificar; es decir, en algún no-lugar tiene lugar una
manifestación de que, a pesar de(l) todo, algo inquieta, se aproxima,
hace sonar el eco mudo pero sensible de su emergencia, parece a
punto de advenir: algo perdido o que falta pero que es a la vez, no
obstante, causa y objeto del deseo). El sistema de la Lengua -cree
Saussure- es discontinuo respecto de "la masa amorfa del
pensamiento" que es previa a su organización ("pensamiento
organizado" hay únicamente con la Lengua, no antes ni sin ella); de
modo que el pensamiento organizado es discontinuo respecto de lo
real (lo real en sí: esa especie de indiferencia muda de la que
podemos decir nada). Una de las variantes de esta perspectiva es la
tesis que, en términos de Roger Chartier, habla de "el mundo como
representación".

25
4) El sujeto es discontinuo respecto de sí: "partió de mí un barco
llevándome"; es decir, toda subjetivación se produce mediante una
desposesión=desubjetivación (en Agamben: Benveniste=el testigo
del exterminio nazi=el poeta=el sujeto mismo). O: el "trauma
original" de la escisión, ese carácter fisurado o quebrado de la
condición humana, es característico de la misma y es insuprimible.
En mi opinión (como en la de tantos) es un hecho que nadie mejor
que los psicoanalistas-filósofos explicaron esto hasta ahora (Freud,
Lacan y la lista de firmas que sigue, opinable o variable). También
es un hecho muy reconocido (no era imprescindible que lo
desarrollase Heidegger, pero mencionémoslo) que una de las
manifestaciones más poderosas, más perturbadoras y convincentes
de este carácter discontinuado (fragmentado etc.) del sujeto está
en la gran tradición de la poesía moderna; no importa tanto el hito
(los alemanes obviamente lo datan en Hölderlin), y los límites del
corpus son variables, pero de eso se trata: "Yo persigo una forma
que no encuentra mi estilo", "Yo soy aquel que ayer nomás decía";
"Soy y no soy aquel que te ha esperado / en el parque desierto una
mañana / junto al río irrepetible en donde entraba / y no lo hará
jamás (nunca dos veces) / la luz de octubre rota en la espesura"
(José Emilio Pacheco, "Don de Heráclito").

A su vez, esa vasta y variada biblioteca que conocemos


como la teoría literaria (o gran parte de ella) sostiene alguna
26
variante de esta tesis: en eso que la civilización llama hace un
tiempo "literatura" se cursa una cierta (no)manifestación de
nuestra condición discontinua (es decir un o particular de
testimonio del trauma constitutivo de lo que somos: desconcierto,
heterogeneidad, hiancia, fisura, resto, resistencia a la falta, energía
excedentaria, heterotopía, instante, acontecimiento, escisión, etc.).
Por eso, para describir o analizar ese singular testimonio (la
literatura) hacemos uso de figuras críticas como dis-curso,
interrupción, diferencia mínima, nominación, resistencia, parábasis,
ironía, anacoluto, disyunción, insubordinación y parataxis, etc.

[Texto de Miguel Dalmaroni - corregido y revisado en marzo de


2018 ]

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