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“Usted vino por su propia decisión”:

repensar el clientelismo en
clave etnográfica

Gabriel Vommaro y Julieta Quirós

A través de la comparación de la trama relacional de dos barrios populares en dos provincias argentinas —Bue-
nos Aires y Santiago del Estero— exploramos, desde una perspectiva etnográfica, algunas dimensiones de la vida
política de los sectores populares. Nos concentramos en un debate que ha ocupado recientemente a las ciencias
sociales: la asociación entre la politicidad barrial y la circulación de recursos de asistencia social —asociación que
suele invocar al “clientelismo” como categoría explicativa—. Con base en el análisis de nuestras observaciones
de campo, discutimos los presupuestos involucrados en esa categoría desde la que los analistas presumen una
especificidad de la política en contextos de pobreza.

Palabras clave: política popular, clientelismo, políticas sociales, crítica etnográfica, Argentina

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“You Came by your Own Decision”: Rethinking Clientelism through an Ethnographic Clue
By comparing two relational sets of popular neighborhoods placed in two Argentine provinces —Buenos Aires
and Santiago del Estero— we explore, from an ethnographic point of view, some dimensions of people’s political
experiences. We centre our analysis on a debate that has recently occupied social sciences: the association be-
tween popular politics and the circulation of social assistance policies. This association often invokes “clientelism”
as an explanatory category. Based on the analysis of our field observations, we discuss a set of assumptions
contained in that category from which social scientists assume specific politics in contexts of poverty.

Keywords: popular politics, clientelism, social policies, ethnographic critic, Argentina

Gabriel Vommaro: Universidad Nacional de General Sarmiento, Instituto del Desarrollo Humano,
Provincia de Buenos Aires, Argentina
gvommaro@ungs.edu.ar

Julieta Quirós: Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina
juquiros@hotmail.com

Desacatos, núm. 36, mayo-agosto 2011, pp. 65-84


Recepción: 4 de marzo de 2010 / Aceptación: 17 de abril de 2010
saberes y razones Desacatos Mayo-AGosto 2011

El “clientelismo” como problema investigaciones periodísticas sobre la “manipulación


social y como categoría política” de los recursos públicos (Dinatale, 2004;
sociológica en Argentina
O’Donnell, 2005).

E
Al mismo tiempo, desde fines de los años noventa,
n abril de 2002, en el marco de la declara- se vio renovado el interés del campo intelectual por
ción de Emergencia Ocupacional Nacional, el “clientelismo” como objeto privilegiado a la hora
el gobierno argentino lanza el programa de de estudiar la política popular. Como indican Guber
asistencia social de mayor envergadura en la histo- y Soprano (2003), fue hacia el final de esa década que
ria del país: el Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocu- los investigadores pasaron a estudiar las “relaciones
pados (pjjdh), consistente en un subsidio de 150 clientelares” —antes privativas de universos “tradi-
pesos mensuales (en aquel momento, 50 dólares cionales”— en contextos urbanos “modernos”. ¿Fa-
aproximadamente) para personas desocupadas con vores por votos? Estudios sobre clientelismo político
hijos menores de 18 años a su cargo. Desde 1996, contemporáneo, trabajo de Javier Auyero publicado a
en medio de una situación de desempleo estructu- comienzos de 1997, resultaría un texto fundador de
ral, los gobiernos nacional y provincial habían lan- ese nuevo campo de estudios —el “clientelismo” en
zado diversos tipos de programas de ocupación escenarios urbanos—, como también de una serie de
transitoria, pero la novedad del pjjdh residió en sus acuerdos epistemológicos a partir de los cuales el fe-
alcances, al enmarcarse en un decreto del Poder nómeno sería analizado (Vommaro, 2009a).2 Desde
Ejecutivo nacional orientado a garantizar el “dere-
cho familiar de inclusión social”. El pjjdh llegó a
contar, en menos de un año, con dos millones de tratamiento cuali-cuantitativo de los artículos periodísticos que

3 beneficiarios en todo el país. incluían ese término aparecidos entre 1997 y 2007 en los dos
66 principales diarios nacionales argentinos: Clarín y La Nación
La enorme maquinaria burocrática demandada por
(Vommaro, 2009b). Allí constatamos que entre 2001 y 2002 el
un programa concebido como política de asistencia número de artículos en los que se menciona dicha etiqueta pasa-
universal y los diversos criterios de distribución aplica- ron de 151 a 262 (49 y 98 para el caso de Clarín, 164 y 210 para
dos en la práctica por parte de las organizaciones inter- el de La Nación), lo que constituye la principal diferencia en tér-
minos absolutos del periodo estudiado. Hemos establecido tam-
medias que estuvieron a cargo de su ejecución —desde bién que la mayor parte de los usos de “clientelismo” están aso-
organizaciones no gubernamentales (ong), partidos ciados al mundo popular y se refieren tanto a la implementación
políticos y consejos municipales, hasta movimientos de las políticas sociales como a las denuncias de manipulación
electoral. En conjunto, estos usos pasan de oscilar entre 25% y
sociales y organizaciones religiosas— dieron lugar a 45% del total entre 1997 y 2001, a acercarse a porcentajes de en-
un intenso debate, mediático y político, sobre el pre- tre 55 y 60 puntos entre 2002 y 2005. La astucia mediática, tal
sunto manejo clientelar de la ayuda social. Los medios vez, hizo que un concepto asociado en la tradición de estudios
sobre el tema a la política territorial, cara a cara, fuera objeto de
masivos de comunicación fueron parte de los actores
apropiaciones simbólicas en los medios de comunicación.
que expresaron esa preocupación, así como uno de los 2 Al enfatizar el carácter fundador de ¿Favores…? no debemos

escenarios privilegiados en que figuras políticas, inte- olvidar que esta obra recupera gran parte de la vasta tradición
lectuales y expertos, expusieron sus críticas y denun- latinoamericana, norteamericana y europea en torno al tema, en
especial los trabajos de antropólogos y politólogos sobre las lla-
cias sobre la operatoria del plan: así, por ejemplo, madas “sociedades del Mediterráneo”. En relación con este pun-
entre 2001 y 2002 se registra un notable aumento del to, véase por ejemplo una reseña sobre algunos textos clásicos
uso de la palabra “clientelismo” en los principales dia- en Marques (1999). Respecto de la tradición argentina en la ma-
teria, en especial la surgida acerca de las preocupaciones de
rios argentinos (Vommaro, 2009b)1 y proliferan las Gino Germani sobre la “modernización política” y los sectores
populares y algunos estudios antropológicos sobre comunida-
des del interior del país, cabe mencionar los trabajos citados en
1 Esta afirmación se basa en la investigación sobre los usos de la
Soprano (2002). Lo importante aquí es señalar cómo a partir de
etiqueta “clientelismo” en el espacio mediático, a partir de un la compilación de Auyero se actualizó y se renovó la discusión
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Movimiento Libres del Sur La Plata, <http://libresdelsurlaplata.blogspot.com/2010/06/campana-un-
alimento-contra-el.html>

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Campaña "Un alimento contra el clientelismo", La Plata, Argentina, 2010.

entonces Auyero señala que, lejos de pertenecer al pa- local en las sociedades contemporáneas (véase, entre
sado o de representar una simple desviación que la otros, Brusco, Nazareno y Stokes, 2004; Schedler y
modernización política puede corregir, el cliente- Manríquez, 2004; Stokes, 2005; Kitschelt y Wilkinson,
lismo es un elemento constitutivo de las democra- 2007) Auyero opone un “clientelismo sociocultural”:
cias modernas. En ése y en trabajos posteriores (2001, recuperando las primeras formulaciones socioantro-
2002), el autor entabla una discusión con la forma en pológicas sobre patronazgo, sostiene que el fenómeno
que la ciencia política y los sentidos legos presentan el clientelar consiste, ante todo, en una relación social de
clientelismo de las maquinarias partidarias: una su- carácter interpersonal, que los intercambios recípro-
matoria de intercambios espasmódicos llevados a ca- cos a través de los cuales esa relación se produce y re-
bo por “individuos” cuyo único móvil de acción es el produce a lo largo del tiempo no son meras permutas
“interés” y cuya única operación cognitiva es el “cál- de bienes por votos, sino que también son cadenas de
culo” en términos de “costo-beneficio”. Podríamos prestaciones y contraprestaciones bajo la forma del
decir que al “clientelismo instrumental” con que la don —favores, ayuda, solidaridad, amistad— en las
ciencia política suele abordar el estudio de la política cuales las obligaciones morales y los imperativos afec-
tivos son puestos en juego.
contemporánea sobre el clientelismo en Argentina, en buena me- El autor señala, de este modo, la importancia de
dida tomando como referencia las contribuciones de este autor. estudiar de cerca las relaciones que constituyen el
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clientelismo y de restituir el punto de vista de quie- tiva” percibida por el analista y desfigurada —en
nes participan en ellas, principalmente de aquellos términos de favor, ayuda, amistad, compromiso y
cuya voz había permanecido silenciada: los “clien- agradecimiento— por los actores del mundo social)
tes” y los “mediadores”. Para Auyero, explorar sus no es sólo una distinción analítica: supone también
puntos de vista implica dar cuenta del “conjunto de un orden en el que el intercambio interesado es una
creencias, presunciones, estilos, habilidades, reper- realidad “más real” que la moralidad y el afecto, y la
torios y hábitos que acompañan esos intercambios” asimetría de poder es un aspecto más fundamental
(Auyero, 2002: 40, cursivas nuestras). Tomando co- que las formas de reciprocidad (Quirós, 2009b).
mo referencia la teoría de las prácticas de Pierre Así, el debate entre los antropólogos sociales y los
Bourdieu (1991), ese “conjunto” es tratado como politólogos nos coloca frente a una disyuntiva: el
un sistema de percepciones y disposiciones —que clientelismo es puro cálculo individual, de modo
Auyero llama “habitus clientelar”— a través del que perdería la dimensión moral que hace a este ti-
cual los actores establecen y dan sentido a sus rela- po de relaciones, o es un vínculo social cuya di-
ciones e intercambios. mensión moral termina siendo subordinada al
Consideramos que, de la mano de la noción de plano de la creencia, la ideología y el encubrimiento
“habitus clientelar”, la preocupación por explorar las de su verdad última: el intercambio asimétrico.
dimensiones culturales del clientelismo terminó por En este artículo buscamos contribuir a la reflexión
instalar —tal vez contrariamente a lo que el propio sobre la vigencia que estas dos posiciones tienen en
Auyero pretendía— la imagen de un cliente rehén, nuestro sentido común sociológico y sobre los pun-
ya no de sus patrones o brokers, pero sí del conjunto tos de partida desde los cuales los investigadores se
de disposiciones que producía y reproducía de ma- interrogan por la naturaleza y especificidad de la po-
nera inconsciente —como opera el habitus— en sus lítica popular. Para ello examinamos, desde una
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relaciones de clientela. Al no dar suficiente peso a la perspectiva etnográfica, algunas dimensiones insufi-
capacidad reflexiva de los actores en las situaciones cientemente exploradas de las llamadas relaciones
de intercambio en las que se encuentran involucra- “clientelares”. Nos basamos en la comparación de dos
dos, esta perspectiva perdió de vista la negociación casos situados en dos barrios populares:3 uno en Flo-
y las controversias a partir de las cuales, cotidiana- rencio Varela, municipio del sur del Gran Buenos
mente, las personas tejen y destejen sus vínculos Aires, y otro en la ciudad de Santiago del Estero, pro-
(Vommaro, 2007 y 2009a). vincia ubicada en la región noroeste de Argentina.4
Esta mirada —que termina por consolidarse co- En ambos universos la reproducción material de la
mo referencia de este campo de estudios con la pu-
blicación de La política de los pobres. Las prácticas 3 La comparación está basada en los territorios donde hemos lle-
clientelistas del peronismo en 2001— ha tenido otro vado a cabo nuestros respectivos trabajos de campo: el trabajo de
efecto epistemológico: el establecimiento de una je- Julieta Quirós, desarrollado entre 2005 y 2009, explora un con-
junto de experiencias de politización que gravitan en torno a mo-
rarquía entre dos dimensiones de realidad a partir
vimientos de desocupados y al peronismo en un municipio del
de la cual las relaciones “clientelares” pasan, explí- sur del Gran Buenos Aires (Quirós, 2006 y 2009b); el trabajo de
cita o implícitamente, a examinarse. En efecto, el Gabriel Vommaro, realizado entre 2006 y 2007, analiza las for-
“habitus clientelar” no sólo consiste en un conjunto mas de participación política de la población de un barrio perifé-
rico de la ciudad de Santiago del Estero, explorando los vínculos
de disposiciones, requiere también de una illusio a que se establecen entre vecinos y organizaciones sociales, políti-
través de la cual los actores enmascaran el verdade- cas y religiosas (Vommaro, 2007 y 2009b). En este artículo, a ex-
ro fundamento, calculado y asimétrico, de sus rela- cepción de personas, lugares u organizaciones de conocimiento
público, los nombres propios han sido modificados.
ciones. La “doble vida” del clientelismo a la que la 4 Se conoce con el nombre de Gran Buenos Aires (gba) o conur-
perspectiva sociocultural alude (una “verdad obje- bano bonaerense a la región de la provincia de Buenos Aires que
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vida de la población no sólo depende de los circui- vecinos, al mismo tiempo que trabaja con o para al-
tos mercantiles (mercado de trabajo, mercado de gún candidato, figura política, línea partidaria o mo-
consumo, etc.), sino también, y en buena medida, vimiento social, moviliza bases y recluta votantes.6
de la intervención cotidiana del Estado en lo que se
refiere a la asignación de bienes de asistencia social.
Con una pluralidad de espacios —fomentistas,5 re- El escenario: trabajo social
ligiosos, barriales—, las organizaciones políticas de y trabajo político
militancia territorial —partidos, movimientos so-
ciales— constituyen una de las vías de acceso a esos Lucy había sido dirigente barrial de la Rama Feme-
bienes. Se trata de espacios a los que nuestros inter- nina del Partido Justicialista (pj, nombre oficial del
locutores de campo se adscriben concomitante- partido peronista) de Santiago del Estero y secreta-
mente, desafiando fronteras organizacionales y ria general de la unidad básica (ub) que funcionó
clasificaciones sociológicas, como aquella que es- en su casa, situada en el barrio Villa Argentina.7 Era
cinde —como si se tratara de fenómenos de natura- empleada pública en una oficina ministerial, hasta
leza distinta— la política institucional de los partidos que fue despedida en 1995 por haber trabajado po-
y las redes clientelares de la política contestataria de líticamente para la intervención federal que llegó a
los movimientos sociales y la acción colectiva. la provincia en diciembre de 1993, luego del estalli-
Nos enfocaremos en las experiencias y los vínculos do social conocido como “Santiagueñazo”.8 Desde
cotidianos que algunos referentes barriales, pertene- entonces, Lucy está enemistada con aquellos refe-
cientes a organizaciones partidarias y organizaciones rentes barriales y dirigentes de la Rama Femenina
de desocupados, establecen con la población local. que, según ella, “le dieron la espalda” en el momen-
En los universos que estudiamos, el término referente to en que fue acusada de “deslealtad” con el juarismo
—corriente hegemónica del peronismo santiagueño
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barrial es utilizado para denominar a los principales
animadores de esas organizaciones territoriales. El hasta 2004, que debe su nombre al cinco veces go-
referente tiene relación directa y cotidiana con los bernador de la provincia, Carlos Juárez—. Desde
que fue despedida de su trabajo, Lucy se dedicó a las
tareas domésticas y el sostén del hogar quedó en ma-
rodea a la Capital Federal. Florencio Varela —municipio de 346
223 habitantes ubicado a 24 km al sur de la ciudad de Buenos nos de su marido, jubilado de la policía provincial,
Aires— forma parte del llamado Conurbano IV, la región con peluquero y carpintero ocasional.
los índices más elevados de pobreza por necesidades básicas in-
satisfechas (nbi) (30.4%) y de desocupación (22.9%) según el
Censo Nacional de 2001. Las evidencias presentadas en este ar- 6 La mayor parte de la literatura académica utiliza el término
tículo se centran en el barrio Las Rosas, que cuenta aproximada- “puntero” para el caso de los referentes barriales del peronismo.
mente con 5 000 habitantes. Ubicado en el sur de la ciudad de Sin embargo, aquí preferimos evitar ese término en virtud de su
Santiago del Estero, el barrio Villa Argentina, en el que realizamos significado en el mundo social estudiado, donde casi invariable-
nuestro trabajo de campo, es uno de los más poblados de la ciu- mente opera no como una autodenominación, sino como un ca-
dad, con aproximadamente 11 500 habitantes. Es un barrio de vi- lificativo peyorativo.
vienda social construido en su totalidad por el Instituto Provincial 7 La organización en ramas forma parte de la concepción tradi-

de Vivienda y Urbanismo en etapas sucesivas desde los años se- cional y organicista del peronismo, aunque ha sido siempre dé-
tenta. Según el Censo Nacional de 2001, la ciudad de Santiago del bil a nivel nacional y de presencia variable en las provincias. Las
Estero tenía una tasa de desempleo de 16.4% y de pobreza por nbi unidades básicas son las células barriales del peronismo. Las Ra-
de 31.3% (datos proporcionados por el Instituto Nacional de Esta- mas Femeninas están íntegramente formadas por mujeres. Son
dísticas y Censos, indec). dirigidas por una secretaria general, quien mantiene una rela-
5 Se conoce con el nombre de “fomentismo” a la modalidad de ción directa con una dirigente intermedia (concejal, diputada
militancia barrial inspirada en la tradición de las “Sociedades provincial, etc.) que por lo común controla más de una ub. Para
de Fomento”: instituciones vecinales de participación volunta- los miembros de cada ub, la “dirigente” es quien liga el territorio
ria orientadas a la gestión del “bien común” del barrio, como con “los que están arriba”.
mejoras de infraestructura, saneamiento, etc. 8 Sobre el “Santiagueñazo”, véase Farinetti (2000).
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La llegada del coordinador regional de Barrios de que su organización obtenía a nivel nacional. Al
Pie —uno de los movimientos piqueteros9 más im- cumplir esta promesa, Lucy comenzó a organizar a
portantes de la provincia— a la casa de Lucy en 2005 “su gente”: primero hizo una lista de los beneficiarios
la tomó por sorpresa. El hombre, que dijo haber lle- que recibirían los primeros planes (en la que figura-
gado por “referencias” y nunca especificó quién se ban “su gente”, familiares y conocidos de “su gente” y
las había dado—, la convocó a integrarse a la organi- otros vecinos próximos a su casa), luego organizó las
zación. “¿Qué tienes para ofrecerme?”, habría dicho tareas que realizarían como contraprestación12 del
Lucy: “Si vos sos nacional, vos tienes algo que nos subsidio: así nació el merendero y la huerta que hoy
hace falta, ustedes tienen planes [sociales o de em- funcionan en los fondos de dos casas del barrio —una
pleo transitorio] y a nosotros nos hacen falta. No voy de ellas de la propia Lucy.
a mover un dedo si no me das planes”. El coordina- A medida que la relación con el coordinador se fue
dor aceptó la propuesta y se comprometió a entregar afirmando, Lucy consiguió más planes que distribuyó
20 planes sociales a Lucy. Antes quedaron en organi- en otros barrios donde otras antiguas dirigentes de la
zar una reunión en la casa de ella, en la que también Rama Femenina que conocía organizaron sus propios
participaría “una chica del Ministerio de Desarrollo merenderos y huertas. Cuando realizamos nuestro
Social” y en la que, como es habitual en esos casos, la trabajo de campo, Lucy “manejaba” 170 planes pec
referente debía “mostrar” la cantidad de vecinos que distribuidos en cinco barrios de la ciudad de Santiago
“movilizaba”, es decir su capital político.10 Por las du- del Estero. Al mismo tiempo, comenzó a conectarse
das, Lucy aclaró: “No te voy a llevar más de 10 perso- con otras instancias de Barrios de Pie, participó en
nas, porque no voy a comprometerme”. Sólo fue con un congreso nacional de la organización, se entrevistó
“su gente”, la que está con ella “desde siempre”. Entre con su máximo dirigente, participó en un congreso de
ellas se encontraban sus hijas, a quienes Lucy apeló mujeres y en otras reuniones regionales. Esta partici-
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en una oportunidad para justificar su regreso a la pación marcó para Lucy una diferencia con su expe-
actividad política: “Quería conseguir algo para mis riencia en la Rama Femenina, puesto que en Barrios
dos hijas que estaban sin trabajo”. Ella, en cambio, de Pie, dice, “aprendió cosas” y la “relacionaron” con
decía no esperar ninguna retribución material y de otras dirigentes de otros lugares del país. Según Lucy,
hecho no formaría parte de la lista de beneficiarios de las tareas que desempeñaba en el merendero y las que
los planes que pronto recibiría. realizaba como referente peronista no presentan dife-
En efecto, luego de esa primera reunión, el coordi- rencias tajantes: “Yo siempre hice trabajo social”, afir-
nador de Barrios de Pie prometió volver con 40 pla- ma. Ese trabajo implica tanto ayudar a los vecinos
nes del Programa de Empleo Comunitario (pec)11 como brindar apoyo a los dirigentes que la respaldan
y por eso una de las tardes en que visitamos el meren-
9 La irrupción del desempleo estructural en la Argentina a partir
dero todos se preparaban para asistir a un acto en el
de los años noventa se correspondió con desplazamientos en el que Julio Alegre, intendente de la ciudad, inauguraba
eje del conflicto social y en las formas de movilización colectiva: cinco cuadras de asfalto en un barrio vecino.
así emergen organizaciones de desocupados que hicieron del tra-
bajo su demanda distintiva frente al Estado, y del corte de ruta o
piquete su principal método de protesta —de allí que se conocen 2002 para cubrir a aquellas personas que no reunían las condi-
también con el nombre de organizaciones piqueteras—. Sobre el ciones de acceso estipuladas por el Plan Jefes y Jefas de Hogar.
proceso sociohistórico de su constitución véase Manzano (2007) 12 “Contraprestación” es el término utilizado por las reglamenta-

y Svampa y Pereyra (2004). ciones y normativas de los planes sociales o de empleo transito-
10 Ana Rosato (2003) desarrolla el significado del capital político rio implementados en Argentina desde mediados de la década
de los militantes territoriales constituido por las “casas” con las de los noventa para designar el conjunto de actividades labora-
que tienen relación. les, comunitarias, educativas, de capacitación y formación que
11 El pec es un programa del Ministerio de Trabajo que da con- corresponde desempeñar a cada destinatario como contraparti-
tinuidad al Programa de Emergencia Laboral (pel), creado en da de la recepción de un plan.
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••• pjjdh: en menos de un mes Florencio Varela conta-


ría con 24 500 destinatarios de los que, según recuer-
da la Chana, 350 correspondían al barrio Las Rosas.
La Chana se define como referente barrial del peronis- Asimismo, pasó a coordinar la contraprestación de
mo de Florencio Varela, y dice llevar más de 15 años los destinatarios organizando una copa de leche15 en
trabajando en política. Inmediatamente aclara que su la Sociedad de Fomento que ella presidía y un taller
actividad empezó “en realidad” por el trabajo social de costura en su casa. En esos espacios estableció
cuando allá por 1994 fue elegida manzanera del pro- nuevos vínculos, reactualizó los viejos y pudo “su-
grama de asistencia alimentaria conocido como Plan mar” nuevas relaciones a su red política, consolidan-
Vida que se ponía en funcionamiento, como piloto, do su actividad militante en el peronismo local. La
en el municipio de Florencio Varela.13 En su carácter Chana suele distinguir los planes que le son otorga-
de manzanera, la Chana iniciaba —junto con muchas dos a través de la ugl de los “planes políticos”, es de-
otras mujeres del barrio— su trabajo social, al que cir, aquellos que consigue en carácter de militante,
tiempo después sumaría el trabajo político: “De a po- no de presidenta de una institución barrial. En este
co te vas metiendo en el trabajo político. El trabajo último caso, como pudimos observar en nuestro tra-
social te lleva al trabajo político porque te vas dando bajo, el compromiso (político) tiene un lugar explíci-
cuenta de que para lo social necesitás de lo político, y to y fundamental al momento de definir órdenes de
así empecé a trabajar con la Toñanez”. La Toñanez era, merecimiento para la asignación de un subsidio. En
en aquel entonces, una de las primeras militantes del una ocasión, la Chana nos explicó que iba a priori-
barrio Las Rosas que trabajaba para Julio Pereyra, in- zar “el plan de Gladis”, una vecina que la venía
tendente del municipio por el peronismo desde 1992. acompañando desde hacía tiempo: “Yo trato de dar-
Acompañar políticamente a la Toñanez le permitió a le al que más necesita y al que me acompaña política-
4 71
la Chana asumir, en un primer momento, la presiden- mente porque a mí estos planes me los dan como
cia de la Sociedad de Fomento y luego la de la Unidad referente política, y ellos [los vecinos] saben eso, por
de Gestión Local (ugl) de su barrio.14 eso cuando me acompañan quiero darles respuestas”.
En carácter de presidenta de la ugl de su barrio, la
Chana se encargó de anotar a los beneficiarios del
•••

13 Creado en 1994 por el Consejo Provincial de la Familia y De-


sarrollo Humano del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, El coordinador de Barrios de Pie golpeó la puerta de
el Plan Vida consiste en el reparto de raciones diarias de leche
la casa de Lucy porque es reconocida como alguien
para niños menores de seis años. Una de las características dis-
tintivas del programa es que su ejecución está a cargo de las lla- que moviliza o es capaz de movilizar (gente), al mis-
madas trabajadoras vecinales o manzaneras, es decir, mujeres re- mo tiempo que, en virtud de su trabajo social, puede
sidentes en el barrio, elegidas en asamblea por sus vecinos para gestionar bienes de asistencia y distribuirlos entre los
llevar a cabo la distribución semanal de las raciones en un radio
determinado de manzanas. La actividad de la manzanera es de- vecinos. Cotidianamente, los vecinos golpean la
finida, por la propia normativa del programa, como voluntaria y misma puerta solicitando algún favor o ayuda, por-
no remunerada —rasgo fundamental en la construcción guber- que reconocen en Lucy a alguien capaz de “dar una
namental del Plan Vida (y del propio lugar de manzanera) como
trabajo (exclusivamente) social—. Sobre la dinámica de esta
construcción véase Masson (2004).
14 Creadas en 2001 en el marco del Programa de Gestión Partici- que en otros municipios (Frederic, 2004), las ugl fueron pro-
pativa del municipio de Florencio Varela, las ugl constituyen la mocionadas en Florencio Varela como espacios (despolitizados)
instancia de canalización de las demandas barriales al municipio de trabajo social llevado a cabo por el vecino.
en lo que refiere a obras y servicios públicos, así como de ejecu- 15 Se denomina “copa de leche” a los comedores comunitarios

ción y distribución de programas de asistencia social. Al igual que proporcionan la merienda a los niños por las tardes.
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Gabriel Vommaro

Trabajo social. Preparación de pizzetas en el Merendero Barrios de Pie, 2006-2007.

respuesta”. Lo mismo podemos decir en relación con trabajo político —reclutamiento y movilización de la
la Chana: día a día sus vecinos se acercan —pidiendo población— está íntimamente vinculado con el tra-
algún favor, solicitando alguna información o algu- bajo social —distribución de recursos de asistencia y
na ayuda—, así como en cada elección los candida- ayuda a los vecinos.
tos del pj la invitan a acompañarlos o a trabajar para Al tiempo que los distinguen, la práctica de Lucy
su espacio político. Lucy y la Chana son socialmente y la Chana indica que trabajo político y trabajo so-
reconocidas por sus vecinos y dirigentes como refe- cial se entrelazan y se convocan recíprocamente. En
rentes en virtud de la doble faz en la que se constru- primer lugar, como vimos en el caso de Lucy, las ac-
ye su posición en el entramado barrial, en el que el tividades de contraprestación que los destinatarios
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de un plan social llevan a cabo en un comedor o en el otro. Por un lado, la Chana inicia su actividad ba-
espacios comunitarios a cargo de un referente pue- rrial en el marco del Plan Vida, un programa que se
den extenderse al acompañamiento político: en esos propone explícitamente establecer una demarca-
espacios de trabajo, las referentes establecen rela- ción entre lo político y lo social: las manzaneras
ciones y compromisos interpersonales con sus ve- eran y debían ser trabajadoras sociales sin intereses
cinos que incluyen acompañarlas a un acto, a una políticos (Masson, 2004). En cambio, en tanto mili-
reunión partidaria, a un evento político, a una mar- tante peronista, Lucy forma parte de una actividad
cha, y que eventualmente transforman a esos veci- de asistencia social que, aunque inspirada en la ex-
nos en parte de su gente, la gente que las acompaña. periencia del Plan Vida, en el caso santiagueño fue
En segundo lugar, al momento de llevar adelante su encuadrada en una estructura partidaria: la Rama
trabajo social, los referentes ponen en juego crite- Femenina. De este modo, la frontera entre lo social
rios de merecimiento que se inscriben en la lógica y lo político que el gobierno bonaerense se había
política: junto a —y muchas veces en conflicto preocupado por trazar aparece aquí diluida. Por
con— la necesidad y con los criterios formalmente otro lado, el activismo barrial de la Chana se inscri-
estipulados por las normas de los programas socia- be en un universo social específico: el conurbano
les, el acompañamiento político es otro de los crite- bonaerense, centro de atención público-mediática
rios de jerarquía que coloca a las personas como en lo que se refiere a la sospecha de distribución
más o menos merecedoras de una ayuda o un favor. “clientelar” de recursos públicos (Vommaro, 2009b).
La distinción señalada por la Chana entre “pla- Conocedora de esta mirada sobre el universo en el
nes políticos” —los que obtiene de sus referentes que actúa, la Chana debe esforzarse, en especial
políticos por el hecho de acompañarlos, cuya asig- frente a los observadores externos —entre ellos, los
nación entre los vecinos depende, a su vez, del antropólogos sociales—, en distinguir aquello que
4 73
acompañamiento por parte de éstos— y “planes por socialmente debe permanecer separado, es decir la
ugl” —asignados institucionalmente y distribui- ayuda a “los pobres” de la actividad proselitista.
dos en virtud de ciertos criterios formalmente esti- Así como la distinción entre trabajo social y trabajo
pulados por las oficinas gubernamentales—, así político es una preocupación de las referentes —y de-
como la separación entre trabajo social y trabajo be ser explicitada en ciertos contextos de situación—,
político que ella traza en su descripción sobre la ac- ocurre algo similar con la definición de criterios de
tividad militante, dan cuenta de un esfuerzo por merecimiento que eventualmente pueden entrar en
separar lo que en la práctica aparece entrelazado. conflicto: la necesidad y el acompañamiento político.
En el caso de Lucy, al contrario, trabajo social y tra- La definición de la necesidad constituye un proble-
bajo político son categorías que aparecen como ma de resolución práctica que pone en juego tanto
intercambiables: no hay en su discurso una clara lo que los referentes dicen saber sobre sus vecinos,
preocupación por demarcar esa frontera, de modo como la capacidad de éstos para presentarse públi-
que el trabajo social ya es trabajo político, y vicever- camente como verdaderamente “necesitados”. Esa
sa. Nos hemos preguntado si esta diferencia remite resolución no se da de una vez y para siempre, sino
a distintas formas de indagación en el terreno o si, que es objeto de controversias y negociaciones en
en cambio, se relaciona con propiedades de los uni- las interacciones cotidianas. Lo mismo ocurre con
versos analizados. Aunque no podemos responder el acompañamiento, criterio que se construye, se
esta pregunta de manera categórica, presumimos negocia y se transforma a lo largo del tiempo: me-
que hay ciertas características de los terrenos que rece más quien acompañó, quien acompañó sin es-
hacen que la distinción entre los dos tipos de traba- perar nada a cambio, quien está esperando y aún no
jo sea socialmente significativa en un caso y no en fue retribuido. En los dos casos es el conocimiento
saberes y razones Desacatos Mayo-AGosto 2011

interpersonal de la gente aquello que legitima la for- imperativo —experto, político, y moral— de “fortale-
ma en que se da: los referentes, en virtud de su cono- cer a la sociedad civil” y promover su “participa-
cimiento del territorio, de sus habitantes, de las ción”.17 Este imperativo, construido desde la expertise
carencias y de las demandas a ser objeto de inter- del Estado y los organismos internacionales de crédi-
vención política, saben “quién necesita y quién no”, to, no sólo contribuye a la conformación de espacios
saben “quién acompaña y quién no”. Al mismo tiem- políticos, sociales y eclesiales en los barrios popula-
po, los vecinos velan por hacer saber y hacer valer su res, sino también a la imbricación entre trabajo y po-
necesidad y su acompañamiento. lítica, contraprestación y acompañamiento, trabajo
Ahora bien: ¿qué es acompañar? Mientras una social y trabajo político. El acompañar al referente se
imagen prototípica de intercambio atraviesa los es- produce en el entrecruzamiento de estas categorías.
tudios de la ciencia política y la imagen lega de la Diversos estudios han señalado que las políticas
política popular —el intercambio de bienes por vo- focalizadas de “lucha contra la pobreza” tienen un
tos—, nos encontramos en universos en que, como papel fundamental en la constitución de vínculos y
ha demostrado la perspectiva sociocultural del clien- experiencias de politización de los sectores popula-
telismo, aquello que circula no son sólo bienes, y res (Frederic y Masson, 2007; Merklen, 2005; Man-
tampoco sólo votos. El acompañamiento tiene que zano, 2007; Quirós, 2009a; Vommaro, 2007). El
ver, fundamentalmente, con un hacer. Acompañar es aspecto más destacado por los analistas se refiere,
estar cuando el referente necesita: movilizarse a un en general, al lugar que la circulación de recursos
acto partidario, asistir a un evento de inauguración —y la dimensión de intercambio— tiene en la cons-
de obras públicas, colaborar en la organización de titución de la relación entre organizaciones políti-
un festival o un festejo barrial.16 En definitiva, acom- cas y vecinos. Sin embargo, entendemos que se ha
pañar es participar de esas instancias de objetivación explorado poco el lugar que el hacer (aquello que
74 3
política en las que los referentes tienen oportunidad las políticas prescriben) tiene en la constitución de
de publicitar un capital: la cantidad movilizada. De esos vínculos. En primer lugar, es en el hacer donde
la exposición de ese capital político dependen, en los propios agentes gubernamentales y expertos en-
buena medida, las respuestas y propuestas que los cuentran el ideal de una asistencia social vinculada
referentes reciben de sus dirigentes y, en última ins- al “empoderamiento” y la “participación de la so-
tancia, el reconocimiento de la posición del referen- ciedad civil”: el trabajo dispensado transforma los
te barrial en cuanto tal. recursos en bienes merecidos, y a quienes los reci-
El hacer del acompañamiento es, también, partici- ben en merecedores-de y en beneficiarios activos
par de los espacios de trabajo emplazados en el ba- en camino a la “inclusión social”.
rrio y muchas veces en la casa del referente: hacer en En segundo lugar, el hacer construye el reconoci-
merenderos, huertas, talleres de oficios, comedores, miento social y gubernamental del referente barrial:
roperitos. En la mayoría de los casos, estos espacios
son sostenidos por recursos de origen público que
17 Junto a la “focalización” y la “descentralización”, la “participa-
provienen de programas de asistencia social. La con-
ción de la sociedad civil” constituye el tercer imperativo movili-
traprestación exigida por estos programas a sus be- zado en la implementación de las políticas sociales de “lucha
neficiarios constituye un componente central de contra la pobreza”. La condición difusa de la noción de “sociedad
sus principios de implementación, y está ligada al civil” permite que ella integre a unidades básicas y comités par-
tidarios, asociaciones vecinales controladas por referentes ba-
rriales, organizaciones eclesiales, organizaciones sociales y mo-
vimientos de desocupados (Vommaro, 2007). Sobre los rasgos
16 Los trabajos de Javier Auyero han demostrado la importancia principales de las políticas de “lucha contra la pobreza” en Ar-
de la participación en eventos y actos políticos en la dinámica de gentina durante los años noventa del siglo pasado, véase Acuña,
las relaciones entre referentes y vecinos. Kessler y Repetto (2002).
Mayo-AGosto 2011 Desacatos saberes y razones

el trabajo desempeñado por los vecinos en los espa- que las personas —vecinos, referentes, dirigentes, fun-
cios comunitarios es una de las bases sobre las que cionarios— ponen a jugar la distinción entre aque-
se produce la legitimidad del referente, como aquel llos que trabajan y aquellos que no trabajan,
que haciendo hacer a los otros, hace por y para el aquellos que contribuyen al funcionamiento de los
bien de los vecinos, por y para la gente, por y para espacios comunitarios y aquellos que “sólo van
los espacios políticos de pertenencia. En relación cuando se sirve la comida”. En definitiva, es en este
con ese reconocimiento podemos entender cómo hacer donde se construye otra arista del mereci-
Lucy y la Chana se esfuerzan por publicitar su hacer miento.19 Finalmente, es también en ese hacer
y el de los lugares de trabajo que ellas llevan adelan- donde podemos inscribir la dimensión de trabajo
te, tanto ante los funcionarios estatales “del Ministe- con que es nombrada la participación política:
rio”, como ante nosotros, los investigadores sociales trabajo social y trabajo político en el caso de los re-
“de la universidad”, que aparecemos en ese contexto ferentes; trabajar con los peronistas o con los pi-
como evaluadores del manejo correcto de la asisten- queteros, en el de los vecinos.
cia social. También cobra sentido la preocupación
de estas referentes —observada en nuestros trabajos
etnográficos— por el registro de ciertos eventos sig- Del habitus clientelar a la
nificativos que dan testimonio de ese hacer y lo pu- negociación: el cálculo moral
blicitan: elaboración de documentos escritos, de
listados de asistencia, toma de fotografías, etc. Las dificultades para dar un lugar en la observación
En tercer lugar, en universos socialmente defini- y en el análisis a lo que se hace en los espacios políti-
dos por la falta de empleo y en los que la vagancia es, cos barriales no sólo se explica por el privilegio otor-
dentro y fuera de ellos, una de las acusaciones más gado por los estudios sobre politicidad popular a la 4 75
esgrimidas, el hacer involucra rutinas y sentidos que dimensión del intercambio —de bienes públicos por
están en el origen, la continuidad y la discontinuidad acompañamiento político—, sino también por la for-
de las relaciones que estamos estudiando: andar en ma en que el cómo de ese intercambio ha sido abor-
política —para usar la expresión con que nuestros dado. Aquí, tanto el clientelismo instrumental como
interlocutores refieren su participación en espacios el clientelismo sociocultural conducen a algunos ca-
políticos barriales— es estar haciendo cosas, es es- llejones sin salida. En el primer caso, el intercambio
tar en movimiento (Quirós, 2006; Vommaro, 2007). es reducido a una pura negociación calculada, regi-
Esta dimensión de actividad de la participación po- da por la ecuación costo-beneficio que las partes,
lítica nos permite comprender, por un lado, que las brokers y clientes, efectúan. Esta mirada explica que
rutinas del hacer y las subjetividades generadas en una de las preguntas que atraviesa, casi invariable-
y por ese hacer forman parte de las condiciones de mente, los estudios de la ciencia política norteameri-
posibilidad de que, más allá o con la necesidad y el cana sobre este tipo de relaciones sea: ¿qué es aquello
compromiso, las personas se enganchen en política.18 que garantiza al político que su “cliente” cumpla con
Por otro lado, que en el estar haciendo las personas la parte que le toca en el intercambio? (Kitschelt y
construyen una imagen positiva de sí, opuesta a la Wilkinson, 2007; Stokes, 2005). La pregunta involu-
pasividad y al inmovilismo. En nuestros universos cra una serie de presupuestos que se refieren, por un
etnográficos hemos observado la recurrencia con lado, a la preocupación que está en la base de la in-
terrogación politológica sobre el clientelismo: los
18 Desde esta perspectiva, podemos pensar las experiencias
estudiadas en términos de formas de “politización” de la vida
cotidiana. Sobre el concepto de politización, véase, por ejem- 19 Sobre la oposición entre actividad y vagancia en otros univer-

plo, Lagroye (1999). sos sociales, véase Weber (1989).


saberes y razones Desacatos Mayo-AGosto 2011

efectos de estas relaciones sobre la “calidad” de las cotidianas en que sus términos y equivalencias son ne-
democracias contemporáneas. Esta inquietud lleva gociados; segundo, el hecho de que, como en cualquier
a los analistas a concentrarse en una forma específi- relación social, esas negociaciones involucran, no una
ca y esporádica de intercambio: el intercambio elec- máscara moral del cálculo, sino, en todo caso, cálculos
toral, pensado en términos de compra-venta de morales que los actores explicitan, o no, de acuerdo
votos (vote buying). El modelo de transacción subya- con cada “contexto de situación” (Malinowski, 1930).
cente supone una secuencia temporal inamovible: Para ello, volvemos a nuestro material de campo.
primero, el patrón entrega al cliente algún tipo de
bien; luego, éste debe retribuir con su voto. Es aquí
que cobra sentido la pregunta por cómo, quien da en •••
primer término, se asegura recibir la contraparte co-
rrespondiente. Como si los aportes de Durkheim y
“¿Ya invitaste?”, le preguntamos a la Chana cuando
Weber a la comprensión de la figura del contrato no
la acompañábamos a un acto partidario en Floren-
hubiesen tenido lugar, los analistas infieren de la au-
cio Varela. “Sí, invité a Nely, a Justina, y a dos veci-
sencia de contrato-legal formal en las relaciones in-
nos más. La gente que invito hoy —aclaró— no es
terpersonales la inexistencia de regulación alguna de
la que llevé el otro día al acto del alumbrado, siem-
derechos y obligaciones. De allí también las respues-
pre hago así, voy alternando, para no cansarlos”.
tas que los politólogos formulan a su interrogante: es
En el circuito temporal de favores y contrafavores
en una técnica coercitiva de control —el “monito-
que involucran sus relaciones, la Chana intercala las
reo” que efectuarían las organizaciones partidarias
invitaciones evaluando a quién convocar, para no pe-
sobre el voto de los “clientes”— donde encuentran la
dir y exigir de más, pero tampoco de menos. Pode-
76 3 fuerza que garantiza la realización de una transac-
mos decir que Lucy efectúa evaluaciones de la misma
ción que vive por fuera del contrato.
naturaleza: hemos visto que ante el ofrecimiento de
Precisamente, una de las cruzadas de la sociología y
integrarse al Movimiento Barrios de Pie ella convocó,
la antropología contra este reduccionismo instru-
primeramente, a unas pocas personas, las que confor-
mental ha sido restituir el carácter moral de las rela-
maban su gente. La incertidumbre que signaba a esa
ciones clientelares: relaciones entre personas, regidas
primera reunión con los dirigentes de la organización
por compromisos en los que la palabra empeñada, la
—Lucy no sabía aún si en efecto iba a recibir los pla-
confianza y el crédito mutuo constituyen las principa-
nes solicitados— la llevó a acotar el número de la con-
les fuerzas de regulación y reproducción de los de-
vocatoria a un círculo reducido, también íntimo, de
rechos y obligaciones a lo largo del tiempo. Si esta
confianza y cercanía afectiva: vínculos que no serían
mirada consiguió responder de una forma más ade-
vulnerados ante un eventual incumplimiento de las
cuada a la pregunta por las garantías del intercambio, expectativas o una falta de respuesta por parte del
consideramos que arrojó nuevos problemas de análi- movimiento. Una vez que los planes fueron asignados
sis al trazar, explícita o implícitamente, una distinción y la incertidumbre se convirtió en certeza, Lucy abrió
entre intercambio y moralidad que encierra una opo- la convocatoria al resto de sus vecinos, inclusive a
sición entre el dominio del interés y del cálculo (reali- otras referentes políticas. En esa evaluación —a quién
dad presumida como de primer orden) y el dominio llevar y a quién no, cuándo y en qué circunstancias—
del desinterés y el compromiso (realidad presumida la referente no sólo estaba negociando su incorpora-
como de segundo orden). Desde nuestro punto de ción a la organización con el dirigente de Barrios de
vista, el examen del intercambio que hace a las rela- Pie, también estaba estimando con quién podía con-
ciones “clientelares” adquiere nuevas dimensiones tar y a quién podía pedir acompañamiento en una si-
si somos capaces de restituir, primero, las formas tuación cuyo desenlace desconocía. Le había dicho al
Mayo-AGosto 2011 Desacatos saberes y razones

dirigente que no podía comprometerse con otros veci- “¿Pero recién ahora me avisás?”, dijo Marita, “¿por
nos. Comprometerse y comprometer están sujetos a qué no viniste antes?”. “A mí me avisaron ayer a últi-
una evaluación de cada vínculo en particular: cuáles ma hora. ¿Podés o no Marita?”, dijo la Chana. “No,
cuentan con una profundidad temporal y un compro- Chana, no puedo”. “Pero te necesito. ¿Qué tenés que
miso tal que una dación no retribuida no implique hacer?”. “Ayer me dijeron Lucía y Estelita y me com-
vulnerar las equivalencias, y cuáles, en cambio, re- prometí a ir a la escuela que coordinan ellas”, respon-
quieren y dependen de retribuciones inmediatas o no dió Marita.
resisten una retribución incumplida. A la Chana se le transformó la cara: Lucía y Este-
No sólo Lucy y la Chana registran qué dan y qué lita eran referentes barriales del peronismo y sus
piden, qué dan y qué reciben, a quién y de quién, mayores adversarias y competidoras políticas en
también sus vecinos retribuyen, esperan y exigen de ese entonces. “Lo que no entiendo es por qué no me
acuerdo con evaluaciones de la misma naturaleza, es consultaste, Marita”, dijo Chana, “vos tenés que sa-
decir, si cuentan o no con la ayuda de sus referentes y ber que yo te puedo necesitar. Cuando es así, le de-
en qué medida, lo cual no quiere decir, claro está, cís al otro: ‘A ver esperá’, me preguntás y ahí ves. Eso
que estas evaluaciones estén siempre en sintonía. Así lo sabés, Marita”. “Qué voy a saber yo… Además,
fue como Marita —una vecina que acompaña a la Chana, ¿por qué no me invitaste al acto de Kirchner
Chana hace años— mostró su disconformidad en re- [expresidente de la nación y entonces candidato a
lación con lo que juzgaba un retraso en su “ingreso” diputado nacional por la provincia de Buenos Ai-
al programa de cooperativas de trabajo recientemen- res]?”. “¿Qué?”, inquirió Chana. “Que por qué no
te implementado por el gobierno municipal de Flo- me invitaste al acto de Kirchner. Me tuve que ente-
rencio Varela: “Chana, ¿qué pasa con mi ingreso? rar por otro y no me habías invitado”, aclaró Marita.
Alicia y Claudia [vecinas de Marita que acompañan “Pero me dijiste que los miércoles trabajabas”, dijo 4 77
a otro referente] ya ingresaron hace como dos meses. la Chana subiendo el tono de voz. Marita gritó más
¿Cuándo va a salir el mío? Vos sabés cómo yo te fuerte: “Pero ese miércoles justo no trabajaba. Y
acompaño”. El comentario de Marita interpelaba a la además si sabía con tiempo me organizaba y no iba
Chana explicitando una equivalencia a ser respeta- a trabajar. ¿Por qué no me avisaste Chana, decime
da, al tiempo que ponía en cuestión la eficiencia de por qué no me avisaste?”. La Chana contestó: “Pero
su trabajo político: otros referentes ya habían logrado te estoy diciendo que para no molestarte. Encima
incorporar a sus vecinos a las cooperativas de traba- que lo hice para no molestarte resulta que la que se
jo. Este tipo de interpelaciones no sólo giran en tor- enoja y se va a fiscalizar con otro sos vos”.
no a la circulación de recursos, sino también a otros Como nos contaría más tarde, Chana no había
gestos en los que discurre y se negocia la equivalen- invitado a Marita al acto “para no comprometerla”
cia de los vínculos: en otra oportunidad, fue la invi- porque sabía que ese día trabajaba. Pero Marita
tación a un acto partidario lo que suscitó otra había interpretado otra cosa y había faltado a una
controversia entre Marita y la Chana. Un día antes de
las elecciones legislativas de 2009, la referente fue a la
casa de su vecina para convocarla a participar como a los vecinos que los acompañan. En el Código electoral argenti-
fiscal de mesa en la sede de votación que debía su- no se contemplan dos figuras principales de fiscalización provis-
pervisar por disposición de su referente partidario:20 tas por los partidos: el fiscal general —aquel que recorre las me-
sas de votación garantizando la disponibilidad de las boletas
partidarias— y el fiscal de mesa —aquel que, en cada mesa de
votación, controla el padrón electoral, el ingreso de los votantes
20 Durante las elecciones —nacionales, provinciales o municipa- y el recuento de los votos allí emitidos—. En el caso que nos ocu-
les—, una de las tareas de los referentes barriales es asegurar la pa, la Chana tenía que reunir diez fiscales de mesa para la sede
fiscalización de las mesas de votación. Para ello, suelen convocar de votación que le correspondía supervisar como referente.
saberes y razones Desacatos Mayo-AGosto 2011
Movimiento Libres del Sur La Plata, <http://libresdelsurlaplata.blogspot.com/2010/06/campana-un-alimento-contra-el.html>

78 3

Campaña "Un alimento contra el clientelismo", La Plata, Argentina, 2010.

regla tácita que guía la relación entre referentes y tu referente te necesite. Para Marita, la Chana tam-
vecinos, y que la Chana tuvo que poner en palabras: bién había transgredido una regla fundamental:
cuando acompañás a un referente, acompañás a ése era ella, y no otro referente, quien debía invitarla al
y no a otro, y si eventualmente acompañás a otro, acto de Kirchner, y fundamentalmente era ella
tenés que descartar primero la posibilidad de que quien debía saber que Marita quería ir al acto. La
Mayo-AGosto 2011 Desacatos saberes y razones

no invitación de la Chana fue leída por su vecina estancas —piqueteros, peronistas—, las personas se
como un gesto de desatención y, en este sentido, co- mueven en una multiplicidad de identificaciones
mo una retribución incumplida a alguien que, como parciales que se construyen en torno al carácter justo
ella, siempre la acompaña. de las relaciones en las que recursos, favores, ayudas
Vecinos y referentes negocian así el carácter justo y gestos circulan.
de sus vínculos y en esas negociaciones los térmi- Aun cuando las personas saben que las oportuni-
nos del intercambio pueden —y a veces deben— dades para acceder a ciertos recursos aumentan allí
ser explicitados en pos de garantizar su percepción cuando interviene un dirigente barrial y se sienten
como intercambio moralmente equivalente. Esa agradecidas y en deuda con quienes supieron ayu-
equivalencia no sólo se construye con base en lo darlas, la multiplicación de políticas sociales focali-
que se da y se recibe, sino también en cómo se da y zadas de “lucha contra la pobreza” nos permite
se recibe: así como las referentes distinguen a quie- pensar en otra arista de la noción de cálculo moral:
nes acompañan “incondicionalmente” de quienes el lenguaje de estos programas, en particular su
sólo lo hacen a la espera de una retribución mate- pretensión de fomentar derechos —“derecho a la
rial, los vecinos diferencian a los dirigentes que “es- inclusión en el caso del pjjdh—, penetra en las per-
tán cuando se los necesita” de aquellos que sólo cepciones de los actores que participan de los uni-
“aparecen cuando hay elecciones”. En estas relacio- versos en que esas políticas se implementan. En los
nes, uno de los valores fundamentales es el estar barrios, los planes pueden ser percibidos como de-
cuando el otro lo necesita, y esto vale tanto para los rechos de los pobres y la expectativa de recibirlos no
referentes que deben ser visibles y localizables —es- sólo es pensada en términos de pedido o de favor,
tar en su casa, objetivación espacial de la referen- sino también de demanda de lo que debe ser dado y
cia—, como para los vecinos, a quienes también se recibido. En el cruce de la política barrial y las polí- 4 79
debe poder llamar en caso de movilizaciones, acti- ticas focalizadas debemos introducir una noción de
vidades, etc. Los bienes materiales —el qué del in- derecho que no es estrictamente jurídica, sino fun-
tercambio— son, junto con otros gestos, parte de damentalmente moral: el derecho-a —de “los po-
los índices de esta consideración por el otro, y su bres”— no siempre está formalmente sancionado,
propio valor se define en relación con esta dimen- pero sí es percibido como tal y puesto a jugar en la
sión.21 La magnitud moral —valor— de lo que se dinámica de equivalencias que guía los vínculos
intercambia, el cómo —qué dosis de interés y com- entre referentes y vecinos.
promiso, bien individual y bien común—, y la posi-
bilidad de contar con el otro son, de este modo,
algunos de los elementos principales de lo que po-
La sospecha: el clientelismo nativo
dríamos llamar cálculo moral.
Estas evaluaciones están en la base de los desplaza-
mientos y multipertenencias de nuestros interlocu- “¿Y cómo fue que empezaste a acompañar a la Cha-
tores de campo, y valen tanto para los referentes —y na?”, preguntábamos una tarde a Justina, en su casa
sus decisiones sobre a quién acompañar— como pa- del barrio Las Rosas de Florencio Varela. “No me
ra los vecinos. Lejos de permanecer en identidades acuerdo bien cómo empecé”, respondió. “¡Ah, sí! Sí
que me acuerdo: mi hijo estaba mal, me acuerdo
que en un momento mi hijo estaba mal y la Chana
21 Siguiendo a Mauss (2007: 219), el valor de lo intercambiado le hizo dar el plan”. “Pero usted —aclaró inmediata-
no se agota en la “utilidad”: el “valor de sentimiento” de la rela-
ción participa también de la estimación del valor de aquello que mente la Chana, que estaba sentada con nosotros
las personas dan, reciben y devuelven. en la mesita de la galería—, usted vino por su pro-
saberes y razones Desacatos Mayo-AGosto 2011

pia decisión”. “Ah sí, por mi propia decisión vine, cla- mundo de relaciones, atravesaba las definiciones so-
ro”. Justina nos aclaró: “No, no, pero te quiero decir bre sí misma y sobre los otros, las acusaciones recí-
las cosas que vos hacías, que me ayudabas, pero Cha- procas y la imagen que los medios de comunicación,
na nunca me dijo: ‘acompañame porque yo hice esto’. la opinión pública y los estudios académicos produ-
Jamás me dijo algo así”. “Yo, al contrario —dijo la cen sobre la política en el conurbano.22 Las aclara-
Chana—, ella me acompañó porque la ayudé como ciones de la Chana, en efecto, hablan de una
podría haber ayudado a cualquier persona, porque dimensión reflexiva que guía la relación entre refe-
podía, y siempre y cuando puedo, ayudo”. “Sí, yo me rentes y vecinos: unos y otros saben que su mundo es
acuerdo que necesité algo y le dije, y ella me llevó a la objeto de controversia social y es sospechoso de
asistente social de la escuela. Necesitaba membrana “manipulación” y “uso político de la pobreza”, entre
para el techo y la asistente me dio una orden. Y ahí otras acusaciones. En ese saber debemos inscribir no
fue que empecé. Después me dieron el bono [subsi- sólo las negociaciones a través de las cuales los acto-
dio alimentario], son cosas así, ¿viste?, que uno em- res tensionan la ayuda y el derecho, sino también las
pieza a acompañar”. imputaciones recíprocas que circulan dentro de los
A Justina la asociación entre el acompañamiento barrios entre aquellos que dan. En los universos en
político y esas “cosas así” no le resultaba problemá- los que trabajamos —referentes peronistas, dirigen-
tica, pero a la Chana sí, al menos frente a la mirada tes piqueteros, activistas religiosos—, quienes parti-
del analista, alguien a quien —presumía— debía cipan de una competencia por los recursos públicos
aclarar algunas cosas. No era el “intercambio” (de y por la adhesión de las personas que los reciben
un favor por acompañamiento político) lo que la apelan a nociones cercanas al uso periodístico y de
Chana objetaba de la narración de Justina, como sentido común de “clientelismo” para descalificarse
los términos en que ese intercambio debía discu- recíprocamente. Unos y otros se acusan de acaparar
80 3
rrir: lo que tenía que ser aclarado era que la retri- recursos, de mercantilizarlos, de obtenerlos median-
bución de Justina había sido voluntaria —y no te vías espurias y, sobre todo, de darlos por medios
“por obligación”—, en la medida en que la referente ilegítimos, “obligando a la gente a” marchar, acom-
habría ayudado sin exigir nada a cambio. Era esa pañar, participar de eventos políticos. De este mo-
exigencia de lo que la Chana buscaba tomar dis- do, y como lo han mostrado diversos trabajos
tancia una y otra vez: “A mí lo que me molesta es (Bezerra, 1998; Herzfeld, 1992; Frederic y Masson,
que la gente participa en los movimientos [pique- 2007; Palmeira y Heredia, 1995; Vommaro, 2007),
teros] por obligación. No es que alguien los obli- el “clientelismo” no es sólo una categoría analítica
gue, sino que ellos sienten la obligación porque que, en la perspectiva del investigador, etiqueta
saben que si no van a la marcha o a trabajar les ba-
jan el plan”, dijo alguna vez. También en estos tér-
minos se distanciaba de los métodos usados por 22 Los propios políticos denuncian la imagen socialmente estig-

otros militantes dentro del peronismo: “Algunos matizada de la política del Gran Buenos Aires. Por ejemplo, Feli-
pe Solá, exgobernador de la provincia por el peronismo, decía en
les dicen a la gente directamente, ¿viste?, que tie- una entrevista: “En la capital existen las estructuras políticas, en
nen que acompañar, pero yo no los obligo, porque el conurbano, en cambio, se habla del aparato. El porteño es un
está a conciencia de ellos, y ellos lo saben, saben ciudadano que va a un acto; el bonaerense es un cliente político.
Ésas son actitudes discriminatorias” (La Nación, 23 de junio de
que si me acompañan me hacen un favor a mí, y 2003). En ocasión de un almuerzo para compañeros llevado a
que yo siempre que puedo les hago un favor en lo cabo en la casa de la Chana, el intendente del municipio, Julio
que necesitan”. Pereyra, se refirió a la “compra de votos” como una “campaña de
prensa de los medios”, y dijo: “Para los medios el conurbano es
La Chana nunca habló en términos de clientelis- una tierra de animales, vieron, y nosotros, los intendentes, los
mo, pero esa idea, sin ser proferida, rondaba su monstruos que dirigen esos animales”.
Mayo-AGosto 2011 Desacatos saberes y razones

cierto tipo de relaciones, sino también una catego- conocemos todos, él viene, ha ido a la huerta, así
ría moral que circula en el mundo social como como vos, ha ido a la huerta, le ha gustado, él es así,
principio de distinción y cuya pragmática forma es un joven como vos y le gusta. Si tiene que com-
parte de los fenómenos a ser explicados. partir un mate con nosotros lo comparte, así como
Otra implicancia analítica de la dimensión re- vos, yo pensé que vos eras compañero de él… Yo
flexiva sobre la que estamos llamando la atención se cuando te vi a vos la primera vez pensé que eras…
refiere al lugar del investigador en relación con sus que se conocían con Fernando, porque Fernando es
interlocutores de campo. No sólo el analista obser- así”, explicó Mónica.
va y clasifica, sino que también es observado y cla- Nos interesa señalar estas percepciones respec-
sificado, y estas operaciones son parte de las to del investigador porque operan como condicio-
condiciones de producción de la evidencia etno- nes de la “presentación de sí”, por hablar como
gráfica, como también de sus interpretaciones y Goffman, de nuestros interlocutores, quienes en
conceptualizaciones. En nuestros terrenos hemos virtud de la clasificación del analista, de lo que
advertido cómo nuestro lugar es interpretado en piensan de él, de su posición social y de los marcos
virtud de los índices de pertenencia social que normativos que guían su percepción y evaluación
nuestros interlocutores encuentran en nuestros del universo estudiado, tratan de administrar las
rasgos físicos, en nuestra postura corporal, vesti- impresiones que causan sus acciones y sus palabras,
menta, forma de hablar, etc., como similar a otros sea para agradar o para impactar al observador. In-
personajes sociales: periodistas que van a hacer un tercambio, moralidad, derecho, ayuda, compromi-
“informe” sobre la política barrial, funcionarios so, obligación, voluntariedad son todos términos
ministeriales encargados de controlar el funciona- que los propios actores ponen a jugar, términos car-
miento de las contraprestaciones que corresponden gados de sentidos morales no sólo para sus univer-
4 81
a los beneficiarios de políticas sociales, asistentes sos sociales de pertenencia, sino para el de quienes
sociales que relevan las características socioeconó- los observan. De este modo, investigar el mundo
micas de los vecinos e inclusive dirigentes políticos social sin tomar en cuenta estas prácticas reflexivas
del “movimiento” que vienen a supervisar el trabajo puede llevarnos a encontrar en el campo lo que las
político. En tanto observador interesado en la vida personas piensan que venimos a buscar o que que-
de las personas a partir de una pregunta ligada a la remos escuchar. O al contrario: actuaciones públi-
lógica de otro espacio social, el analista que hace cas que se orientan a convencernos de que las cosas
trabajo de campo en el mundo popular, a pesar de no son como ellos imaginan que nosotros pensa-
su presentación en términos de “trabajo en la uni- mos que son. Visiones miserabilistas o encantadas
versidad”, es tipificado bajo estas figuras. Nuestra de la política popular pueden, en definitiva, ser
preocupación por la circulación de bienes de origen construidas por el analista en función de una selec-
público y por las actividades cotidianas de los espa- ción de los datos según los preconceptos con los
cios de trabajo nos llevó a mantener conversaciones que cargaba antes de su entrada al campo.
como la que sigue. Decía Mónica, vecina de Lucy Es curioso que estas precauciones metodológicas
que participa en la huerta de Barrios de Pie en el que son habitualmente aplicadas en las investiga-
barrio Villa Argentina de Santiago del Estero: “A ciones sobre otros universos sociales no sean siem-
Fernando le gusta que la gente le trabaje, por su- pre contempladas a la hora de analizar el mundo
puesto, está bien, porque si cobra tiene que trabajar, popular. Nos interesa señalar tres puntos que se
¿no es cierto?”. “¿Quién es Fernando?”, pregunta- desprenden de ellas. Por un lado, que el tiempo lar-
mos. “El chico de Córdoba, el coordinador nues- go de la etnografía es una de las vías que permite
tro”. “¿Y ustedes lo vieron a él?”. “Sí, sí, él viene, lo acceder a circuitos de intimidad (Herzfeld, 2004)
saberes y razones Desacatos Mayo-AGosto 2011

que nos despliegan el mundo social en todas sus legitima una acción interesada, sino, en todo caso,
contradicciones y nos impiden crear falsos estereo- como lo que Boltanski y Thévenot (2006) entien-
tipos. Por otro lado, que el material proporcionado den como justificación, es decir, una dimensión
por la técnica de la entrevista debe ser analizado a la constitutiva de la práctica que esos discursos vienen
luz de la relación personal que establece el analista a explicar. El punto está, precisamente, en explorar
con el entrevistado: las palabras de nuestros interlo- cómo las personas establecen y negocian en cada si-
cutores no pueden estar desvinculadas de esa reflexi- tuación la dosis apropiada de bien propio y bien co-
vidad que hace a la propia relación de investigación. mún que signa sus relaciones e interacciones.
Por último, que considerar seriamente los recursos
movilizados por nuestros interlocutores en su “pre-
sentación de sí” no debe llevarnos a recaer en la jerar- Consideraciones finales
quía establecida por la posición culturalista respecto
del clientelismo, es decir, hacer de los discursos nati- En definitiva, con esta comparación etnográfica
vos una mascarada de la verdad de las relaciones en quisimos contribuir a repensar algunas de las di-
las que las personas están insertas y que, por su carác- cotomías inscritas en nuestros hábitos epistemoló-
ter oficioso, deben ser encubiertas. gicos: bien propio/bien común, cálculo/moralidad,
En este sentido, desde un punto de vista centrado intercambio/ayuda, interés/desinterés, manipula-
en la sospecha, las aclaraciones de la Chana en rela- ción/compromiso son algunas de las oposiciones
ción con los favores hechos a Justina podrían ser in- con las que suele abordarse el estudio de la política
terpretadas como una forma de disimular lo que, en popular y sobre todo aquellas relaciones enmarca-
última instancia, serían acciones “interesadas” —co- das, explícita o tácitamente, en el rótulo de “clien-
mo su retribución, “obligatoria”—. Es decir, la Chana telismo”. A lo largo de nuestro recorrido hemos
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habría ayudado a Justina esperando una contraparti- analizado distintos planos en los que esas catego-
da en el futuro —contar con Justina cuando la nece- rías se funden. En primer lugar, hemos mostrado
site—, o a través de gestiones como ésa nutriría su cómo la propia condición de referente barrial se
fondo de poder: el que hace que sea reconocida en el construye en una articulación inescindible entre
barrio como alguien capaz de dar respuestas. Si bien trabajo político —trabajo para algún dirigente o
los favores de la Chana pueden interpretarse en estos candidato, reclutando y movilizando a la pobla-
términos, igualmente cierto es que ella, como Lucy, ción— y trabajo social —trabajo para el bien co-
piensan y justifican su trabajo político —ante los mún, distribuyendo recursos de asistencia y ayuda
otros y para sí mismas— en términos del bien co- a los vecinos—. En segundo lugar, pusimos al des-
mún al que contribuyen y de la vocación de servicio cubierto cómo las actividades involucradas en el
en la que se funda. Lejos de jerarquizar ontológica- hacer del trabajo y del acompañamiento políticos
mente —por qué habríamos de hacerlo— la distin- están imbricadas en los espacios y actividades de
ción entre interés y desinterés, obligatoriedad y trabajo estipulados por las normativas de los pro-
voluntariedad, dimensiones que Mauss encuentra gramas de asistencia social: trabajo y política, con-
imbricadas en el híbrido del “don”,23 consideramos traprestación y acompañamiento, trabajo social y
pertinente restituir su carácter indisociable: la gra- trabajo político son dimensiones —y dependiendo
tuidad que la Chana defiende no puede ser tomada del contexto de situación, distinciones— que se
como mera retórica, falsa conciencia o ideología que constituyen recíprocamente. Es en el entrecruza-
miento de estas categorías que transcurre la diná-
23 Sobre esta interpretación del célebre trabajo de Mauss, véase
mica —constitución, continuidad, ruptura— de
Parry (1986) y Karsenti (2009). las relaciones entre vecinos y referentes.
Mayo-AGosto 2011 Desacatos saberes y razones

A través de la noción de “cálculo moral” hemos Brusco, Valeria, Marcelo Nazareno y Susan Stokes, 2004,
buscado iluminar dimensiones hasta ahora poco “Vote Buying in Argentina”, en Latin American Re-
search Review, vol. 39, núm. 2, pp. 66-88.
exploradas de esa dinámica: primero, que los tér-
Dinatale, Martín, 2004, El festival de la pobreza, La Cru-
minos y equivalencias de los intercambios que pro- jía, Buenos Aires.
ducen, reproducen o interrumpen esos vínculos Farinetti, Marina, 2000, “Violencia y risa contra la política
son cotidianamente negociados; segundo, que aquí, en el Santiagueñazo: indagación sobre el significado
como en cualquier relación social, esas negociacio- de una rebelión popular”, en Apuntes de Investigación
nes involucran ciertas nociones de lo justo y lo in- del cecyp, núm. 6.
Frederic, Sabina, 2004, Buenos vecinos, malos políticos:
justo, y que esta dimensión moral, lejos de constituir
moralidad y política en el Gran Buenos Aires, Prome-
una máscara del cálculo, es precisamente aquello teo, Buenos Aires.
de lo que el cálculo se trata; tercero, que las explica- Frederic, Sabina y Laura Masson, 2007, “ ‘Hacer política
ciones que los actores del mundo social producen en la provincia de Buenos Aires’: cualidades sociales,
sobre sí son parte de nuestro material de trabajo. La políticas públicas y profesión política en los noventa”,
en Anuario de Estudios en Antropología Social 2006,
noción de cálculo moral es tal vez una puerta para
Centro de Antropología Social, Instituto de Desarro-
restituir esa capacidad reflexiva en nuestras investi- llo Económico y Social, pp. 129-138.
gaciones y así una vía para superar algunos de los Guber, Rosana y Germán Soprano, 2003, “Tramos perdi-
problemas que dejan irresueltos las perspectivas dos. Patronazgo y clientelismo político desde la an-
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