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ÍNDICE PÁGINAS

INTRODUCCIÓN 2

1. Estilo de comunicación en la etapa de la vejez 3


1.1. Factores endógenes. Genéticos. 3
1.2. Factores exógenos. Causas sociales 3
1.3. La jubilación: motivo de incomunicación 4
1.4. La cultura 4
1.5. La situación económica 5
1.6. La vivienda 6
1.7. La familia 6
1.8. La soledad 7
1.9. Medio ambiente 7
2. Las manías del anciano 8
3. Deficiencias sensoriales más frecuentes en los ancianos 9
3.1. Para compensar la deficiencia visual 9
3.2. Para compensar la deficiencia auditiva 9
4. Trastornos del lenguaje 10
5. Comunicación afectiva con el adulto mayor 12
6. Conclusiones 13
7. Bibliografía 14
INTRODUCCIÓN

La vejez es una etapa de la vida, la última así como la niñez es la primera. Por la
comunicación en la etapa de la vejez es más importante porque hay muchos cuidados,
como saben cada vez que pasan los años ya no es igual y la comunicación es diferente
porque ya no se comunican como lo hacían antes, ya no hablan fluidamente, ya no
escuchan bien, ya no hacen las cosas que hacían de jóvenes.

La afasia es la principal causa del deterioro del lenguaje en los ancianos, afecta el
lenguaje hablado y escrito, causa accidente cerebrovascular pero también aparecen
infecciones, tumores cerebrales, etc...

Las personas de adulto mayor, se alejan de la sociedad por ello debemos de estar con
ellos en todo momento y hacer que se unan de nueva a la sociedad, interactuando, y
crear un ambiente amigable en la comunicación efectiva.
1. ESTILO DE COMUNICACIÓN EN LA ETAPA DE LA
VEJEZ
El anciano no debería tener una problemática social mayor a la de cualquier otro
ciudadano, pero la situación actual española ha cambiado mucho y en pocos años se ha
alcanzado un importante grado de desarrollo industrial, de las instituciones, los grupos
sociales, etc. ; todo ello ha incidido en el campo de la educación, en las formas de
comportamiento ;en definitiva, en la escala de valores culturales y sociales donde el perfil
de los mayores y su situación social ha experimentado grandes cambios en las últimas
décadas y hasta se podría decir que han perdido su estatus y rol social.

La vejez viene acompañada de una serie de pérdidas, tanto endógenas, como exógenas,
que dejan cada vez más sólo al mayor; pierden el trabajo, el estatus social, parte de los
recursos porque la pensión supone un deterioro progresivo de los ingresos, las fuerzas
disminuyen, la salud se quebranta; en definitiva, esta etapa se caracteriza por los cambios
tan importantes que se producen en las capacidades físicas, sociales y emocionales de
los mayores.

1.1. FACTORES ENDÓGENOS. GENÉTICOS

La herencia es el factor fundamental en el proceso de envejecimiento y se puede


definir como el conjunto de modificaciones morfológicas y psicológicas que van a
producir una disminución en la capacidad de adaptación de las personas, tanto en
su aspecto físico como social.

1.2. FACTORES EXÓGENOS. CAUSAS SOCIALES

En términos generales la persona empieza a ser frágil cuando el pasado tiene un


papel prioritario en la vida del sujeto, perdiendo importancia el presente y mirando
el futuro con temor. Estas vivencias son distintas en cada individuo y si bien
pueden empezar a los 60-65 años, son aspectos que acentúan la percepción
subjetiva de cada uno que el declive ha comenzado.

El ser humano es social por naturaleza, pero es verdad que al ir envejeciendo las
personas experimentan una cierta tendencia a desprenderse paulatinamente de
los compromisos sociales, a desinteresarse por las relaciones con la gente y a
desligarse de asuntos y actividades que venían realizando; esto suele ir
acompañado de una disminución de sus capacidades que les induce a la soledad
y al aislamiento.

Por otra parte los cambios tan espectaculares que se han producido en la
sociedad en los últimos años dejan al mayor en una situación de inferioridad y
marginación al no poder integrarse al mundo futuro que los cambios obligan.
Estos factores a grandes rasgos se pueden encuadrar en tecnología avanzada,
cambios estructurales en la vida familiar, trabajo de la mujer fuera de casa, las
diferencias socio-culturales, el factor económico, la vivienda, etc. que ponen al
mayor en una situación difícil y delicada ante los demás. La inhibición de los
mayores a comunicarse con los demás, les conduce, no sólo a la auto
marginación, sino que puede acelerar el proceso degenerativo de sus capacidades
psicofísicas y a una dependencia total.

1.3. LA JUBILACIÓN: MOTIVO DE INCOMUNICACIÓN

Entre los factores sociales que inciden en la vulnerabilidad de los mayores la


jubilación es la que marca el fin del deber principal del hombre; el trabajo que
irremediablemente, lleva a la desconexión social.
Esta pérdida o ruptura del estatus social implica una reorganización de su vida
social que no siempre es asumida con naturalidad, sino, por el contrario acarrea
una serie de síntomas, tanto físicos como psicosociales, convirtiéndoles en
personas más frágiles y vulnerables socialmente.
Para el hombre el trabajo no es sólo una forma de ganar dinero, seguridad o
prestigio social, sino que también origina una serie de satisfacciones internas y es
una forma de participar en la vida social. Sin embargo, esta participación en la vida
social se hace cada vez más difícil puesto que, en la sociedad moderna e
industrializada, existe una total preponderancia de los valores económicos y la
juventud sobre los demás, relegando así al mayor, por no producir o por rendir
menos.
A priori, la jubilación, bien normal u obligada, se puede considerar como un
trauma, una ruptura nacida de hábitos, modos y circunstancias que han sido para
el trabajador de la máxima entidad durante su vida activa.
Existe una enemistad estructural entre la vejez y una sociedad competitiva,
dominada por la dialéctica de la producción y el consumo y vuelta de espaldas a
otros valores superiores.

1.4. LA CULTURA

La cultura es el sello específico de la persona, es la referencia, la identidad que


nos diferencia a unos de otros, y la educación es un componente esencial de la
capacidad de las personas para participar en la sociedad.
La vejez tiene la sabiduría que da la experiencia y la capacidad para descartar lo
superfluo y atenerse más sosegadamente a lo esencial. Por eso al analizar este
aspecto, se ha de considerar que los niveles educativos alcanzados por la mayoría
de los mayores son muy bajos, porque son los herederos de una estructura
desigualitaria de la sociedad que les tocó vivir, en la que la enseñanza era
privilegio de una minoría. Por otra parte, la cultura objetiva de su entorno, sus
raíces, su estilo de vida, sus costumbres, hábitos adquiridos, etc. no se valora,
haciendo que la participación de los mayores en la vida cultural y comunitaria sea
muy limitada.
Una formación cultural deficiente, con poca cualificación profesional, les conduce a
la incomunicación y, por otra parte, la falta de estímulos exteriores, adecuados a
su demanda es otro factor que les condiciona su participación social.
1.5. LA SITUACIÓN ECONÓMICA

La seguridad económica es un punto clave en la integración social de los mayores.


Los ingresos y los distintos niveles de vida dan origen a cuestiones controvertidas
y difíciles que inciden en el impacto de las políticas socioeconómicas en las
personas mayores.
La escasez de recursos es la causa de los sufrimientos más numerosos de
nuestros mayores: su comida, vestido, alojamiento, hasta su salud, dependen, casi
en la totalidad, de los ingresos. El sentimiento de impotencia y frustración, la
dependencia de los que le rodean, son factores que inducen al aislamiento e
invalidez.
Es cierto que los cambios experimentados últimamente en la economía de las
personas mayores han sido favorables, lo que hace que, en general, ser mayor ya
no equivale a ser pobre. Esta situación ha incidido en los hábitos de consumo y en
su capacidad de ahorro, hasta se ha creado un mercado dirigido a este sector
concreto.

Existen dos grupos de jubilados y desigualdades económicas:

1. Generacionales. La edad. No son iguales los ingresos entre personas que


acaban de jubilarse que los que forman parte de grupos de edad avanzada.

2. El sexo. Hombres, mujeres. Las mujeres de edad muy avanzada, por diversas
circunstancias de cotización, viudedad; en consecuencia, por serias deficiencias
en el sistema de pensiones, son más pobres que los demás grupos sociales, y
socialmente más marginadas.

En los diversos sondeos que se han realizado a la población mayor sobre si la


pensión que recibían era adecuada, la mayoría de las personas jubiladas
contestan que es insuficiente, es decir, no están conformes.
Es preciso aclarar que si la situación económica no es la panacea de todos los
problemas de nuestros mayores, pero sí está considerada por ellos como el
aspecto social más importante y es curioso, porque en los casos en que la
situación económica no es precaria, el anciano no utiliza el dinero para cubrir las
necesidades básicas y mejorar su calidad de vida, sino que lo guarda por el
sentido que tienen del ahorro y previsión futura.
1.6. LA VIVIENDA

Para las personas mayores que sufren algún tipo de discapacidad es fundamental
adecuar el alojamiento a sus necesidades básicas, instalar ayudas técnicas que
faciliten la vida diaria, contar con equipos domésticos bien diseñados, etc. para
poder reducir las dificultades y riesgos, continuar viviendo en su casa y que la vida
en su domicilio se desarrolle satisfactoriamente.
Las comodidades de la vivienda están en función del nivel de ingresos y éstos, en
la mayoría de los casos, se puede decir que se encuentran en la línea de ingresos
mínimos, lo que hace que las ayudas técnicas y equipamiento adecuado queden
para los grupos de más alto nivel.

La involución en general, y el deterioro de los sentidos, en particular, que se va


produciendo en los mayores entrañan un peligro en la realización de las
actividades de la vida diaria: control de los electrodomésticos, electricidad, gas…
convirtiéndose en sujetos de alto riesgo.

La alternativa que tienen estos mayores para paliar estas carencias es el ingreso
en un centro residencial, donde, además de cubrir su déficit de vivienda, cuentan
con servicios adecuados, a pesar de que, muchas veces tengan que aislarse de su
entorno y de una realidad social largamente compartida.
Por otra parte, con todo lo inespecífico que la institucionalización supone para el
mayor, con frecuencia se ha relacionado con un aceleramiento de todos los
procesos degenerativos implícitos al envejecimiento y una regresión psicológica
significativa que se refleja en diferentes síntomas que, a veces, se presentan de
forma encubierta con enfermedades somáticas.

1.7. LA FAMILIA

El tamaño del núcleo familiar, la incorporación de la mujer al mundo laboral, el


descenso de la natalidad, la dimensión de las viviendas, las grandes urbes, los
pequeños núcleos rurales, con población especialmente envejecida, etc., son
factores que alteran de forma irreversible las redes tradicionales de atención y
apoyo familiar, y en particular, el papel del cuidador de las personas mayores
discapacitadas asumido por una gran parte de las mujeres.
Los hijos y los nietos tienen una vida que les pertenece y existe un vacío
generacional, una separación en la escala de valores. Los jóvenes tienden a
convertir sus deseos en acción, tienen altas aspiraciones no renuncian a nada que
sea transitorio o cambiante, son rápidos e irreflexivos, mientras que los mayores
son más conservadores, lentos y a veces inflexibles, quedándose anclados en sus
propias convicciones e ideas.
Todos los acontecimientos históricos son importantes a la hora de valorar el vacío
generacional, porque tienen más influencia que la diferencia de edad.
En concreto, el contrapelo de la juventud es la vejez y ésta se compagina mal con
un mundo donde priman los valores vitales de la juventud. Es decir, los mayores
están hoy mucho más distanciados temporalmente de las otras edades, porque el
tiempo transcurre mucho más deprisa que nunca, ya que la experiencias que
definen el tiempo de cada generación son más dispares, como lo son también los
mundos de unos y de otros.
1.8. LA SOLEDAD

Es un problema fundamental en relación con el envejecimiento, la invalidez, la


pérdida del cónyuge o seres queridos a veces rompe uno de los vínculos afectivos
más fuertes, las actitudes cerradas, posiciones personales rígidas, dogmáticas,
etc., son factores que impiden la comunicación, generan mal estar y desafección.
El sentimiento de soledad hay que diferenciarlo porque puede ser real o
compartido.
En los mayores que viven acompañados la soledad se produce no tanto por la
falta de buena disposición de las personas, como por razón de las nuevas formas
de vida que se ha ido imponiendo a todos, aunque el resultado sea el mismo, el
empobrecimiento progresivo de los refuerzos afectivos que más se necesitan en
esta etapa, los hijos y los nietos.
La soledad real se da en aquellos mayores que no tienen con quien compartir sus
temores, sus vivencias, sus perspectivas; es triste y provoca angustia y temor.
Por otra parte, los mayores que viven solos, además de su falta de compañía, son
cada día más vulnerables en aspectos como seguridad ciudadana en viviendas,
centros de mayores, barrios centrales de población envejecida, pequeños núcleos
rurales de donde se han retirado las fuerzas de seguridad y donde la presencia de
la delincuencia es frecuente.

1.9. MEDIO AMBIENTE

El diseño ambiental adquiere una gran importancia en el tratamiento de los


mayores y las características físicas del entorno en el que vive el mayor influyen
de forma decisiva en su quehacer diario, su autonomía y, en definitiva, su
satisfacción.
Pero la influencia del medio ambiente en el entorno de los mayores es diferente en
la ciudad que en las zonas rurales y entre los que siempre han vivido en las
grandes urbes o en aquellos que han sido trasplantados de zonas rurales o los
que viven en núcleos pequeños.
Los elementos negativos comunes que se estima alteran el equilibrio afectivo de
los mayores, se podrían definir como: las grandes vías de comunicación, la
contaminación, las barreras arquitectónicas que impiden el acceso a los jardines,
centros culturales, aceras, medios de transporte, grandes superficies comerciales,
etc. Por otra parte las aglomeraciones que dan sensación de vorágine y también
de anonimato, impersonalidad, en definitiva incomunicación y entorno más
agresivo.
En cuanto a los medianos grupos de población y sobretodo las zonas rurales, los
problemas reseñados no les afecta tanto, porque su entorno es más humano,
equilibrado y se comunican más, pero también les acechan otros peligros en el
domicilio, dificultades en el acceso a los servicios médicos, comerciales y
municipales , y la emigración a los núcleos urbanos les dejan también más solos.
2. LAS MANÍAS DEL ANCIANO
Parece que con la edad se va cogiendo “querencia”, es decir, tendencia a ocupar siempre
la misma silla, el mismo lugar, usar la misma taza, etc. Creo que es un hecho que se
comprueba en la vida familiar. ¿Es bueno respetar esas manías o mejor fomentar el
cambio?, ¿Qué repercusiones tienen en el stress del anciano el ver contrariada esa
referencia espacial? ¿Es bueno dejarles así, marginados ideológicamente o contrariarles
para tratar de incluirles en el entorno familiar o social?

El problema puede tener una génesis patológica, propia de la demencia, como puedan ser
las ideas de perjuicio, incluso ya rayando con lo delirante que puedan tener muchos
ancianos. Entonces se sienten relegados al último espacio de la casa, sin que realmente
sea así, o puede ser que realmente sea así, que exista un rechazo de la familia ; o puede
ocurrir que sin ser un problema delirante de perjuicio de los que hablábamos antes ni un
tal rechazo de la familia, sea sólo un aspecto de la esclerosis de la personalidad que se
produce en el anciano y se caracteriza por una serie de hechos como es el apego al
pasado, las dificultades para el cambio, la dificultad de adaptación a los tiempos
modernos, etc. Cualquiera que sea la génesis que conduce a esos comportamientos, se
van a corregir perfectamente. Únicamente cuando esas conductas sean comportamientos
consecuentes a unos delirios de prejuicio sobre las actitudes de los familiares que rodean
al anciano, posiblemente haya que añadir una acción psicoterapéutica y probablemente
una acción de tratamiento farmacológico. En estas “manías” de los ancianos hay un
componente muy importante de queja, de queja social. En cualquier caso lo que están
denotando es que el anciano no está contento con su situación. De alguna manera al no
estar contento y no saber decirlo de otra forma se enquista. Lo importante es preguntarse,
no al anciano, sino su entorno, qué hacer o que está haciendo con sus actitudes vitales
que provocan esas manías en los ancianos.

Es importante que ante las manías, más que preguntarnos por qué las tiene el viejo, que
también habrá que hacerlo, sobre todo habrá que preguntarnos los que estamos en su
entorno ¿Qué hacemos ¿, ¿qué pasa para que provoquemos en él ciertas actitudes
maniacas ¿. Entonces quizás empiece a nacer el afecto, la corriente de relación personal
y eso empiece a resultar más positivo.

Debemos tener en cuenta si eso que llamamos “manías” que surgen con la edad, no es
que surjan con la edad, sino que son costumbres que todos tenemos desde otras edades
y que mantenemos cuando llegamos a esa edad. La cuestión está en que si las tenemos
en nuestra casa, por ejemplo, la costumbre de leer el periódico a determinada hora o
quedarnos cinco minutos tomando el café después de comer , eso es una costumbre.
Cuando somos los hijos los que estamos en la casa de nuestros mayores lo aceptamos
como algo determinado por ellos o como una costumbre que ya viene de atrás. Cuando
esa misma costumbre los mayores tratan de tenerla en una casa que ya no es la suya,
esas costumbres de siempre se convierten en manías y entonces se tacha de manía a
algo porque incomoda en las normas que se tienen dentro de otra casa, de otra familia.

Por ello, lo que nos teníamos que preguntar es si son manías adquiridas al llegar a una
determinada edad o costumbres que se perpetúan en el tiempo y que se han tenido desde
edades más tempranas.
3. DEFICIENCIAS SENSORIALES MÁS FRECUENTES EN
LOS ANCIANOS
Dos cambios relacionados con la edad que ocurren en la mayoría de los ancianos
contribuyen en gran medida a tornar difícil la comunicación con ellos: los cambios en la
visión y los cambios en la audición. Si una persona no puede ver muy bien o no puede oír
muy bien, la mayoría de las señales sensoriales que transmiten interés (una mirada de
alerta en sus ojos, el contacto visual, el cuerpo en atención), el respeto, el afecto, calidez,
la preocupación, la confianza, etc., nunca se perciben.

Las dificultades con la comunicación también significan dificultades para establecer


relaciones terapéuticas, dado que las últimas dependen mucho de la primera. El
profesional debe trabajar para comunicar claramente y debe de utilizar de alguna forma
otros canales sensoriales para transmitir significados terapéuticos.

3.2. PARA COMPENSAR LA DEFICIENCIA VISUAL

a) Utilice ropas de colores brillantes. La mayoría de las personas con deficiencia


visual pueden ver algo y los colores brillantes pueden permitir seguir el rastro de
su persona y ayudarle a encontrar el rostro cuando están hablando.
b) No sentarse con la espalda contra una ventana u otra luz brillante mientras habla
con el anciano. Si la luz viene desde atrás mientras habla con el paciente, su
rostro aparecerá oscuro y cualquier señal de comunicación podría posiblemente
perderse.
Si es posible háblele de forma que le dé la luz a usted.
c) Evite todo lo que podría distorsionar u ocultar sus características faciales como
mascar chicle, cabello suelto, o una mano delante de la boca. Es importante
mantener el rostro visible para aumentar al máximo las señales de comunicación.
Siéntese cerca durante la entrevista para aumentar más su comunicación.
d) Utilice el tacto (apropiadamente) para mantener la atención del paciente. El tacto
leve sobre una mano o el brazo puede señalar a un anciano que ignore otras
distracciones y se concentre en usted.

3.2. PARA COMPENSAR LA DEFICIENCIA AUDITIVA

a) Si no existe deficiencia visual puede utilizar el contacto ocular y el tacto para


llamar la atención de la persona antes de hablar.
b) Muchas veces es útil disminuir el tono de su voz; la pérdida auditiva en la edad
avanzada afecta a los sonidos vocales más altos. No suele ser de ayuda hablar
cada vez más alto.
c) Utilice palabras clave para empezar un tema en lugar de frases largas y
complejas, cuando las repita utilice diferentes palabras y cambie la frase en lugar
de utilizar las mismas palabras una y otra vez. Aumente su comunicación con
señales no verbales como expresiones faciales, lenguaje corporal y gestos.
d) Muchas personas ancianas tienen mejor audición en un oído que en otro,
determínelo y hable en el oído que mejor oye.
4. TRASTORNOS DEL LENGUAJE
Los trastornos del lenguaje, con o sin trastornos de la deglución asociados, son
frecuentes en los ancianos.

La afasia, generalmente causada por una lesión focal, puede afectar al lenguaje
hablado y escrito, la comprensión auditiva y la capacidad de lectura, pero por sí
misma no afecta a las capacidades intelectuales o cognitivas.
El deterioro conjunto tanto cognitivo como de la comunicación está relacionado con
los déficits cognitivos subyacentes en la memoria, atención o percepción visual y se
puede ver en traumatismos cerebrales y demencias no tratables. Los trastornos de la
voz y el habla tales como la disartria y la apraxia del habla pueden conducir a un
aislamiento social autoimpuesto y a la depresión.

La disfagia puede acompañar a unos trastornos del lenguaje o existir


independientemente.

La afasia es la principal causa del deterioro del lenguaje en los ancianos. Es casi
siempre el resultado de un accidente cerebrovascular pero existe otras causas como
infecciones bacterianas o víricas (por ejemplo meningitis), tumores
cerebrales, traumatismo craneoencefálico, hipoxia o hidrocefalia obstructiva.
La afasia es generalmente el resultado de una lesión focal en áreas de la corteza del
hemisferio dominante (característicamente el izquierdo), que es donde se asientan la
mayor parte de las funciones normales del lenguaje. La afasia puede ser también el
resultado de una lesión focal en áreas subcorticales izquierdas tales como el tálamo
y los ganglios basales. La afasia afecta al lenguaje hablado y escrito, la comprensión
auditiva y la capacidad de la lectura, dependiendo de la localización neuroanatomía y
extensión de la lesión focal.

Por sí misma, la afasia no afecta a las capacidades intelectuales o cognitivas como el


razonamiento, el pensamiento lógico o la atención. La afasia tampoco es un un
deterioro de la conducta emocional, a pesar de sus comportamientos del lenguaje
aparentemente extraños, como utilizar una jerga sin sentido. Las personas con afasia
pueden, sin embargo, sufrir conductas neuropsiquiatrías concomitantes en relación
con el lugar de la lesión cerebral, o pueden experimentar reacciones psicológicas
graves derivadas de su súbita pérdida del lenguaje.

Los deterioros cognitivos subyacentes que afectan a la memoria, la atención o la


percepción visual afectan también a la capacidad para comunicarse. Aun así, los
trastornos cognitivos-comunicativos pueden ser engañosos debido a que las
capacidades básicas del lenguaje parecen intactas cunado se hace un examen
superficial. Un examen más en profundidad puede demostrar un deterioro en los
aspectos pragmáticos o usos sociales del lenguaje.
Por ejemplo :

1) Conversación desorganizada, sin tomar la palabra cuando es preciso ni prestar


atención a las necesidades del oyente.
2) Énfasis en detalles irrelevantes y utilización de más palabras que las necesarias
para relatar un hecho o una historia.
3) Producción de respuestas verbales erróneas (por ejemplo, confabulación,
tangencialidad, jerga, perseveración).
4) Dificultad en la comprensión de palabras abstractas, instrucciones complejas,
idiomas, etc…
5) Habla en un tono monótono, sin cambios en la expresión de la cara o gestos para
mostrar emociones.
6) Dificultad para mostrar las claves faciales, gestos y prosodia que señalan el
contenido emocional del lenguaje.

Se puede observar un deterioro cognitivo-comunicativo en pacientes con daño focal en el


hemisferio cortical no dominante (típicamente el derecho) o con una pérdida más amplia,
bilateral, brusca o lentamente progresiva en ambos hemisferios cerebrales (como se
observa en los traumatismos cerebrales o demencias como la de Alzheimer, demencia
multiinfarto, VIH, enfermedad de Pick, y en algunas instancias de parkinsonismo).
Los adultos con deterioro de la voz pueden sentir frustración o incluso enfado durante sus
interacciones con otras personas en su vida laboral o profesional.
Los que presentan deterioro crónico y grave de la voz pueden evitar situaciones sociales
en las que se espera una participación verbal. Este aislamiento autoimpuesto puede
conducir a una depresión y pueden comprometer gravemente la calidad de vida.

La disartria puede ser el resultado del daño producido a los sistemas neurológicos
motores, periféricos o centrales, implicados en el habla, provocando debilidad, lentitud,
pérdida de coordinación o alteración del tono de los músculos de la voz y el habla. Las
causas pueden ser un daño neurológico (por ejemplo, ictus, tumor o traumatismo),
enfermedad neuromotora progresiva (por ejemplo, esclerosis lateral amiotrofia (ELA),
corea de Huntington, esclerosis múltiple, parkinsonismo, enfermedad de Wilson) y los
últimos estadios de las formas progresivas de demencia (por ejemplo Alzheimer,
multiinfarto o HIV).
La voz disártrica puede estar deteriorada en su calidad, su volumen (demasiado baja), o
el tono (anormalmente alto). Dependiendo de la localización y gravedad del daño el habla
puede aparecer de levemente imprecisa a gravemente inteligible.

El daño específico del área de Broca y la corteza frontal izquierda que la rodea puede dar
como resultado otro tipo de deterioro neurogénico del habla como la apraxia del lenguaje.
Las personas con este deterioro son incapaces de planear, iniciar y secuenciar con
precisión los movimientos del lenguaje, aunque la fuerza y movimiento de los músculos
del habla permanece inalterada. Por ejemplo puede pedir una taza de “tafé” por “café”.
Por todos estos motivos el terapeuta ocupacional debe estar alerta qué es lo que está
afectando la comunicación en el anciano que trata e intentar facilitarle los medios para
poder conseguir una cálida relación.
5. COMUNICACIÓN EFECTIVA CON EL ADULTO MAYOR

La comunicación con las personas de edad avanzada con frecuencia precisa


paciencia y tiempo adicional debido a los cambios físicos, psicológicos y sociales del
proceso normal de envejecimiento. Durante períodos de lucidez disminuida, las
interacciones pueden crear una experiencia frustrante y aparentemente inútil. Sin
embargo, hay técnicas que se pueden utilizar para facilitar la interacción con adultos
mayores y crear un ambiente amigable en la comunicación efectiva.
A continuación se muestran los beneficios de una comunicación efectiva, en un
Adulto Mayor:

 Favorece la identidad y el sentido de pertenencia.


 Coopera, informa, forma, orienta y transforma.
 Mejora la calidad de vida de las personas mayores.
 Ayuda, apoyo familiar.
 Disminuye prejuicios y estereotipos en la vejez.
 Fortalece la participación de los adultos mayores.
De acuerdo a lo anterior, les brindamos algunos consejos para facilitar la comunicación
efectiva:

 No olvidar los problemas de salud de la persona, los adultos mayores pueden tener
problemas de salud que les dificultan hablar y entender.
 Hablar claramente y articuladamente y establecer contacto visual.
 Ajustar el volumen apropiadamente.
 Reducir el ruido que pueda causar distracciones por ejemplo, apagar la radio o la
televisión o instalarse en un lugar más silencioso.
 Iniciar la conversación con temas generales como el estado del tiempo o lo que la
persona haya almorzado, temas familiares, etc
 Emplear ayuda visual, si es posible.
 Dar tiempo adicional a la persona para contestar.
 Dar alternativas y así facilitarles la toma de decisiones por ejemplo, “¿Quieres té o
café?” en vez de: “¿Qué quieres tomar?”.
Para lograr una comunicación efectiva con un adulto mayor, hay que tomarlo con calma,
ser paciente, y sonreír. Una sonrisa sincera nos ayuda a crear un ambiente amigable. No
olvide hacer pausas entre oraciones y preguntas, ya que cuando se realiza una pausa, se
está mostrando paciencia y respeto.
6. CONCLUSIONES

La comunicación es muy importante y más para los de etapa de la vejez porque ellos
necesitan nuestra ayuda , ya que cada vez no pronuncian bien, tienen dificultad en la
comprensión de palabras y necesitan nuestro apoyo para que ellos sepan que aunque
cada vez ya no puedan hablar saben que tienen familiares que están apoyándolos
para que se puedan adaptar al ambiente en el que se encuentran , e interactuar con
los demás no importa si no hablen bien , o no hagan las cosas que hacían antes pero
igual saben que pueden contar con personas que los aprecian y que los van a tratar
con amor preguntando si necesitan algo o en que podemos ayudar para que no se
sientan solos .
7. BIBLIOGRAFÍA

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