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La antropología económica se configura como una disciplina de la antropología social hacia los

primeros años de la segunda posguerra mundial. Es sostenido que este surgimiento tiene como
referencia el debate entre sustantivistas y formalistas que se desarrolló principalmente en Estados
Unidos y cuyo principal eje de debate era la aplicabilidad o no de la teoría económica moderna a
las sociedades estudiadas por los antropólogos (Trinchero y Balazote 2007)

Entendida asi, la antropología económica como un campo interdisciplinar, surge el problema


acerca de lo que los economistas definen como instituciones, sujetos y prácticas económicas y lo
que los antropólogos definen como sociedades primitivas. La antropología aun arraigada a sus
orígenes puramente etnográficos y la economía como proveedora de una teoría y una
metodología que carecen de historicidad.

Va a ser evidente la necesidad entonces de analizar sujets e identidades insertos en relaciones


sociales y no como entes aislados. De esta manera, el hombre económico debe ser constituido
como un hombre particular e histórico.

“Se trata de poder leer detrás de conceptos como ‘mercado’, ‘elección’, ‘racionalidad’,
‘multiculturalismo’, etc. procesos de concentración y control de la economía, coerción y
manipulación de subjetividades, resolución del conflicto social inherente por la guerra y
radicalización de las relaciones sociales. Es un mapa etnográfico en donde lo ‘primitivo’ ya no
puede sostenerse en comunidades lejanas y exóticas sino en el entramado inherente al propio
sistema capitalista, en definitiva constituido del propio sistema nervioso del sistema mundial y no
como su anatema” (citar antropología en argentina)

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Como ya hemos mencionado anteriormente el debate entre sustantivistas y formalistas forma una
parte importante en el surgimiento de la antropología económica como disciplina.

Así es que a fines de la década del 50, algunos autores se preguntaban de qué manera abordar
economías que operan sobre bases totalmente distintas, sin rastros de mercado o de ganancia
obtenida gracias a la compra o a la venta. Se dieron cuenta que el estudio del lugar que ocupa la
economía en la sociedad humana se enfrentaba a otras instituciones en las que se sostenía la
subsistencia humana, y no se trataba del mercado.

Respecto a estos planteos, en la década del 60 aparecen en controversia dos posturas que
debaten si es posible o no aplicar las categorías económicas occidentales para estudiar a otras
sociedades que no cuentan con las mismas instituciones económicas. El eje de la disputa consistía
en determinar qué tipo de diferencias existían entre las economías capitalistas y las “primitivas”.
Por un lado, están quienes defienden que las categorías son las mismas para todas las sociedades,
porque creen que las diferencias en cuanto a las formas económicas es una diferencia de grado, y
lo que pretendían era que los datos etnográficos pudieran ser comparables. La otra postura,
sostenía la imposibilidad de estudiar la economía de todas las sociedades con las mismas
categorías, porque para ellos las diferencias entre sociedades no eran graduales, sino de clase.
La primer postura es la que mantienen los autores formalistas, quienes consideran que la
economía “es el estudio de la asignación de medios escasos a objetivos múltiples, o más
ampliamente, la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y
medios escasos que tienen usos alternativos” (BALAZOTE, A; “El debate entre formalistas y
sustantivistas y sus proyecciones en la Antropología Económica”; pág. 3). En este sentido, quieren
demostrar la universalidad de los principios de escasez y elección en todas las sociedades. Para
ellos, “lo económico” es otro aspecto del comportamiento del individuo, ya que plantean que sólo
en situaciones de opción (debido a recursos escasos y necesidades ilimitadas) nos encontramos
ante un problema económico.

La otra cara de la controversia es defendida por los sustantivistas, quienes además de criticar la
universalidad del principio de escasez que sostienen los formalistas, argumentan que el sistema
económico es un proceso institucionalizado. Desde esta perspectiva, y diferencia de la postura
formal de la economía, donde la racionalidad radica en que la relación entre los fines requeridos y
los medios utilizados para lograrlos llevan una maximización de los bienes individuales, la
racionalidad económica se centra en la satisfacción de las necesidades materiales según lo
requieran las distintas instituciones; en otras palabras, sólo es posible comprender esa
racionalidad económica posicionado en cada institución.

En lo que refiere a la crítica neomarxista, tomamos como su principal exponente a Godelier que
plantea que la polémica entre formalistas y sustantivistas se refiere a dos problemas:

- “La naturaleza de lo económico” ámbito en el cual se reproduce en la antropología las


discusiones que se desarrollan en la ciencia económica. En este punto nos parece crucial la
irrupción en este campo disciplinar de la teoría keynesiana y la constitución de los campos
micro y macroeconómico
- La naturaleza de la antropología. Se trata de una disciplina regional que analiza algunos
tipos de sociedad o es una ciencia universal cuyas reflexiones abarcan todo tipo de
agregados sociales, conteniendo asi la posibilidad de convertirse en la síntesis de todas las
ciencias sociales (Godelier 1974)

Asi es que el formalismo que retoma la definición neoclásica de la economía cuyo sustento se
encuentra en la relación “medios escasos fines alternativos”, confiere al individuo una psicología y
un comportamiento universal, en una especie de congelamiento de determinado contexto
histórico de relaciones de producción capitalistas-mercantiles.

A la vez, para la escuela neomarxista, la propuesta sustantivita resulta insuficiente, dado que solo
proporciona constataciones empíricas desprovistas de toda capacidad explicativa.