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¿Cristianismo en la masonería?

Por Rubén Baidez Legidos

En la actualidad puede llamar la atención poderosamente que hablemos de un sistema concreto


de vivencia de una fe relacionado con la masonería. ¿Por qué? Por la sencilla razón que muchos
masones pretenden ver en la masonería el culmen del laicismo y de la fraternidad humana. Pero ya lo
decía Krause en sus cartas que el francmasón supera un tipo de “religiosidad” de acallar la conciencia
o de proporcionarle simplemente normas y una moral casuística. El masón comprende que la ley
moral no puede ser respondida desde “fuera” y menos aún por miedo a un castigo eterno o una
recompensa. Por esta razón la virtud del iniciado está en dar respuesta al deber e interiorizar la
religiosidad en su vida, teniendo ésta presente en su existencia pero de otro modo. Esto no quiere
decir que ningún miembro de la Logia se acerque a la iglesia, pero su relación con la religión es
interior y no al modo de acallar su agitado mundo interior y su falta de paz por la falta de moralidad,
y de respuesta al deber del mundo.
Por todo ello, decir que en la masonería no hay cristianismo es absurdo, al igual que decir que no hay
elementos religiosos. Si bien es cierto que que si algo define a la masonería actual es su propia
indefinición. y que intentar decir que es la masonería hoy en día, tiene riesgos por dos sentidos.
Primero porque muchos pueden ver en tal empresa la idea de justificación de ciertas proyecciones
interiores sobre lo que es la masonería en sí, y por otro lado la masonería carece de un corpus doctrinal
que en cierto modo da la libertad al sujeto de llenarlo con su propia vivencia subjetiva. Pero si bien
esto es cierto, igualmente verdad es que su indefinición no es ilimitada y que la orden se mueve dentro
de algunos puntos claves que marcan el horizonte que la caracteriza y que dan ciertas nociones básicas
de lo que es masonería. Un acercamiento verdaderamente brillante a esta cuestión es la que hace
Javier Otaola y José Luis Cobos en su planteamiento de la masonería como un método, la cual
proporciona una estructura sobre la que el individuo va construyendo en base a una vivencia personal.
Obviamente esta afirmación tiene como base la forma de hacerse masonería en las logias y su forma
de enseñar por medio de símbolos y mitos.
Los mitos y los símbolos tienen como fondo, la idea inscripta en aquel ídolo acadio recientemente
descubierto: “ Hecha por el Hombre. Creada por Dios”. Los rituales masónicos representan en un
espacio sagrado una serie de mitos y mediaciones simbólicas que conectan lo profano y lo mistérico.
En este caso hablamos del misterio desde un punto de vista de algo oculto para el entendimiento
humano y no desde la visión ocultista. El mito representado pretende dar a conocer al que lo vivencia
un misterio oculto que tiene mucho que ver consigo mismo. Por ejemplo, tras la pregunta en la
iniciación: ¿quién va? encontramos una autentica cuestión sobre el hombre y el auto-conocimiento
(¿quién eres?). O el tercer grado tiene como epicentro el tema clave de todas las escuelas de misterio
de la antigüedad es decir: la muerte. La muerte de Hiram Abif apunta claramente a la propia muerte
del sujeto y su vivencia puede traer una verdadera esperanza al masón. Como bien decía Mozart en
una carta a su Padre: “ahora ya no tengo miedo ahora sé dónde voy”. Por lo tanto, la realidad simbólica
que se representa en las logias apunta a verdades de carácter metafísico e intramundanas. Por lo tanto
en el ritual se da una conjugación de tres elementos: el mito, el misterio y el sujeto que lo vivencia y
le es revelado el misterio. Es una forma autentica de que el masón se vea unido con el misterio. Esta
enseñanza busca en el iniciado sacar de él lo mejor de su propia naturaleza, es decir convertirlo en
más humano.
Obviamente los mitos y mundo simbólico sobre el que se trabaja en masonería tiene un origen.
Podríamos decir que en la masonería hay un totum revolutum de muchas tradiciones, pero todas ellas
con una idea muy clara: aunar a todos los seres humanos en fraternidad y no dividir a pesar de las
distintas creencias.1 Esta característica hace de la masonería una excelente red de sociabilidad. Esto
lo vieron claro muchos protestantes que en el siglo XIX, que en un periodo de cierta inestabilidad
política encontraron en el calor de las logias un espacio de sociabilidad con Hermanos que de otro
modo tal vez no habrían conocido. Por poner un ejemplo podríamos hablar de la amistad entre Juan
Bautista Cabrera y el Presidente Sagasta. Según algunos testimonios, los protestantes tuvieron más
interés en entrar en la masonería que la masonería en el protestantismo como sistema vivencial del
cristianismo. Aunque obviamente la masonería fue una defensora de la libertad y tolerancia religiosa.
Los mitos y simbología masónica en ningún caso les supuso a los protestantes de entonces un
problema con su fe. Ni fue antagónico. Ni se adoraba a Baphomet2, ni era contraria a la doctrina de
Jesucristo. ¿Esto por qué? Los creyentes cristianos que se acercan a la masonería alejado de actitudes
dogmáticas y con ciertas nociones teológicas, puede intuir fácilmente que en la masonería hay mucho
más cristianismo del que a muchos les gustaría. Esto no puede ser de otra manera, cuando vemos que
el tercer grado y la leyenda de Hiram Abif fue configurada en su forma final por el propio Pastor
James Andersson. Aunque es cierto, que se recoge claramente la tradición de Egipto de Osiris,

1
Tal vez esta idea, esta tan clara debido a la guerra de los 100 años que le costó tan cara a Inglaterra.
2
Una forma de culto satánico.
también podemos identificar mucho de la confesión cristiana de la resurrección de los muertos y por
supuesto, mucho de judaísmo. Aunque es cierto que la masonería en su búsqueda de fraternidad fue
des-cristianizando muchas formas ritualísticas que heredaron de los masones operativos que
obviamente eran primero católicos y luego protestantes. Su forma de búsqueda de cierto ecumenismo
fue refugiarse en elementos de la Torah ( texto sagrado tanto para cristianos, musulmanes y judíos)
y en su simbología. Obviamente en el nuevo testamento vemos una y otra vez que elementos
veterotestamentarios se releen en clave cristológica. Por ejemplo, en masonería encontramos la
Escalera de Jacob. Algunos pueden pensar que esto esta alejado de Jesucristo. Pero en el evangelio
de Juan (un evangelio con suma importancia en masonería) ya el autor nos hace la correlación con
este símbolo: Jn 1,47: “Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre”. Esto es
simplemente un ejemplo, de los muchos que hay. Por ello, aún en la indefinición propia con la que
hemos empezado en masonería, en la recreación simbólica, el cristiano puede encontrar mucho
cristianismo (los de otra fe igual) y no sólo, ser mejor hombre (fin ideal al que aspira esta orden), sino
ser un mejor cristiano. Por lo cual, más que ser antagónicas, podemos encontrar una perfecta
complementariedad para el hombre de fe cristiano.