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Mi prójimo, mi enemigo

Un día viniste con rosas, otro, con sonrisas, mensajes de amor y promesas de
una vida juntos; fue todo muy hermoso. Madian1, tu nombre parecía de buena
familia y aunque trataste de mostrarte tierno con los niños y los perros, tus
actos hablaron de tu naturaleza violenta. Al conocer de mi fe, dijiste que la
Biblia era un relato antiguo y obsoleto. Tu objetivo principal era alejarme de
Dios y hacerme sentir insegura.

Después de tu actuación de amor y romance, se hizo evidente tu violencia


consciente y entonces vinieron tus golpes, sopapos, escupitajos, maldiciones,
humillaciones, insultos, amenazas, robos, celos infundados, sacaste tu navaja y
pistola para tratar de asustarme. Luego, como todo hombre violento, pediste
perdón una vez, la segunda, tercera y hasta la décima y, te creí.

Tus patadas me pusieron de rodillas pero no ante ti, sino ante mi Dios y
supliqué: “Oh SEÑOR, líbrame de los impíos; protégeme de los violentos, de los
que urden en su corazón planes malvados y todos los días fomentan la guerra.
Afilan su lengua cual lengua de serpiente; ¡veneno de víbora hay en sus
labios! SEÑOR, protégeme del poder de los impíos; protégeme de los violentos,
de los que piensan hacerme caer. (Salmo 140:1-4, NVI).

Y Dios me respondió y en su misericordia usó tu violencia para acercarme más


a Él. Ahora estoy convencida de lo que dice la Biblia: “Ahora bien, sabemos
que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han
sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28, NVI).

Dios me mostró la salida de tu trampa de amor. Tu violencia me hizo entender


cómo puedo amarte a ti, mi prójimo pero también mi enemigo y así
comprendí cómo tu violencia probó mi fe y me desafió a practicar el amor a los
enemigos: “Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero
yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la
mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte
la camisa, déjale también la capa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un
kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti
prestado, no le vuelvas la espalda. Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu
prójimo y odia a tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren
por quienes los persiguen” (Mateo 5:38-44, NVI).
Pero por favor no te confundas, amarte a ti mi prójimo y también mi
enemigo, no significa que volveré contigo, sino que desde ahora pondré una
barrera inquebrantable entre tú y yo, haré una denuncia en la policía y además

1
Esta carta está inspirada en hechos reales. Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad
de la víctima, así como las represalias de su agresor.
pediré una orden de restricción. Oraré por tu bendición y renunciaré a la
venganza para que Dios cumpla lo que dijo: “No tomen venganza, hermanos
míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es
la venganza; yo pagaré», dice el Señor”. (Romanos 12:19, NVI).

Te perdono para liberarme de la condena del dolor, el sufrimiento, la tristeza y


la depresión. Te bendigo aunque me maldijiste, te hice el bien aunque me
robaste y así levanto la bandera del amor de Cristo y me pongo bajo su
protección; sé que la gracia y misericordia de Dios me acompañarán todos los
días. Mi vida está escondida en las manos de Mi Padre y allí no la puedes
tocar.

Peleé contigo prójimo y enemigo mío, pero no estaba sola, el Rey de Reyes
estaba a mi lado guardando mi vida de la muerte. Aunque tengo cicatrices en el
cuerpo y el alma, éstas son hermosas y un instrumento para bendecir a otras
mujeres que están en la mira de destrucción del diablo. Fuiste el peor enemigo
y el mejor maestro y ahora sé que el consuelo que Dios me dio servirá para
ayudar a otras mujeres que en este momento enfrentan la violencia.

Gracia Violeta Ross

graciavioleta@gmail.com