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Sociología UBA

Fernandez Gonzalo
Larroca Gustavo
Lerch Shirly
Maggi Jeremías

METODOLOGÍA Y TÉCNICAS DE LA INVESTIGACIÓN SOCIAL 3

TPA- GUÍA DE AVANCE 3


(CORREGIDA SEGÚN SUGERENCIAS DEL PRÁCTICO)

PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN:

¿Qué aspectos caracterizan a la situación de espera?


¿Qué sucede con las interacciones entre el personal?
¿Qué sucede con las interacciones entre los pacientes?

CODIFICACIÓN DE LAS OBSERVACIONES

INTERACCIONES

Pacientes entre sí.

Una doctora llamó a la muchacha que estaba con su novio, el novio se puso de
pie para acompañarla y ella le dijo “vos quedate, esperame acá”, él agachó la cabeza
ante mi mirada, se sentó y, al rato, comenzó a manipular su teléfono celular
(GUSTAVO).
El grupo de cinco personas, compuesto por una mujer y cuatro hombres,
hablaban en voz alta y todos a la vez, eso hacía que no se entienda lo que decían. Llegué
a captar que uno de ellos, el más jóven, comentaba que “mejor reírse, pensá qué dolor”
(GUSTAVO).
(…) la puerta vaiven se abrió y una doctora dijo en voz alta “Jesús Rodriguez”.
La mujer que estaba junto a la otra que había ido al baño se paró rápidamente y gritó
“Dominique, Dominique te llaman”.
Una vez que ella entró a la consulta, escuché que uno los hombres del grupo de choferes
dijo “éstos son terribles” (GUSTAVO).
El hijo más chico de la señora que había llegado un rato antes comenzó a
moverse, a caminar por el pasillo, la madre le dijo “quedate quieto” y el nenito le
respondió “puta”, los hermanos se rieron, la madre me miró, yo la miré y ella lo retó
diciéndole “no me vuelvas a decir eso”. Los tres hermanos dejaron de reírse.
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Inmediatamente después, al nenito, se le desató el cordón de una de sus zapatillas,
intentó atarlos sin éxito, al ser tan chico no lograba coordinar los movimientos
necesarios para volver a anudar los cordones de su zapatilla (GUSTAVO).
Apareció una mujer jóven y le preguntó a la señora que anterioremente había
golpeado la puerta ¿Todavía estás acá? ¿No te atendieron?, ambas preguntas las hizo
con énfasis. La mujer le respondió a la muchacha “Sí, no me atienden”, las dos juntas
salieron de la sala de espera, la mujer más grande se iba diciéndole a la otra que recién
llegaba “Atienden a dos y después desaparecen” (GUSTAVO).

Observador/a - paciente/s.

Comencé a mirar al muchacho de barba tupida y ropa deportiva que se hallaba al


lado mío, él también me miraba. Yo le pregunté si es que esperaba hacía mucho
tiempo, él me respondió que sí y me dijo “ya son varios lo que veo anotando en
cuadernos”, entonces sonreí y le respondí “somos estudiantes de sociología, estamos
haciendo un trabajo para la facultad”, luego de ese pequeño intercambio nos
quedamos en silencio (GUSTAVO).
Estábamos fuera del hospital, cerca de la puerta de entrada de la guardia cuando
una mujer llegó gritando, con su hija en brazos. Estaba visiblemente desesperada. Decía
“Ayuda, ayuda”, nosotros nos quedamos mirándola, sorprendidos, quietos. A ella, en el
trayecto, se le había caído una manta al suelo, ninguno de los tres alcanzó a dársela, a
recogerla del suelo, una enfermera que circunstancialmente iba caminando detrás de la
señora, levantó la manta del suelo. Nosotros nos mirámos y sólo atinamos a decir
“Pobre señora”. Un hombre de unos treinta y cinco años se nos acercó y nos dijo “La
habrá chocado algo” y yo respondi “Tal vez la criatura se ahogó”. Él empezó a
contarnos, mientras cada uno terminaba su cigarrillo, que hacía tiempo que estaba
internado y nos comentó algunas de las intervenciones que le habían realizado en el
hospital, “Éste, es mejor que el Penna”, dijo. Luego preguntó “¿Ustedes son
practicantes?”, le respondí “Somos estudiantes de Sociología”. Él nos contó que había
estudiado para ser acompañante terapéutico y que, acompañando adictos,
paradójicamente, se había vuelto adicto a las drogas. “De tanto andar con el tema,
terminé cayendo yo, me enganché”, dijo él. Con mis compañeros nos miramos, era él

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quien tenía ganas de charlar y luego de la frase arriba citada, apenas respondimos “aha,
mirá vos”. Lo saludamos y volvimos los tres a la sala de espera (Gustavo).

Observador/a -personal del hospital.

La mujer de seguridad me preguntó si es que necesitaba ayuda, le contesté que


no, que no hacía falta. Me preguntó por qué anotaba cosas en “esa” libreta, mientras
señalaba con su mano –y con sus ojos- mi anotador. Le conté que estaba cumpliendo
con una consigna, que estudiaba Sociología de la Universidad de Buenos Aires y que
necesitaba, para cumplir con la consigna en cuestión, realizar una observación en la
guardia del hospital. Ella sacó su handy y comenzó a hablar con otra persona, a mi
entender se trataba de su jefe o su jefa. Me dijo que para realizar una observación debía
pedir autorización en el primer piso del hospital de 08.00 a 15.00 horas. Le mostré el
papel que me acreditaba como alumno de la cátedra y le dije que, si hacía falta, le
mostraba también mi D.N.I. Ella no leyó la acreditación, tampoco quizo ver mi D.N.I.
Traté de no enojarme. Le dije que no podía volver en otro momento, que necesitaba
hacer la observación y que se iba a vencer el plazo de entrega del trabajo práctico que
tenía que hacer. Ella me dijo que vaya hacia la mesa de entrada que estaba ubicada a
unos metros de la puerta principal por la que había ingresado y que hable con una mujer
pelirroja. Llegué a la mesa de entrada, expliqué la situación a unos hombres que
trabajaban en la seguridad del hospital, me repitieron que debía pedir permiso, de nuevo
me pidieron que acuda de 08.00 a 15.00 horas y que hable con otra mujer. Esa otra
mujer no era la misma mujer pelirroja que tenía que encontrar en la mesa de entrada
según lo que me habían dicho antes. La mujer pelirroja, creo, era la encargada de la
seguridad del hospital, yo no la vi.
Al ver que mis posibilidades rápidamente se agotaban, empecé a pensar en que tenía
que convencer a esos hombres de alguna manera para poder pasar. Expliqué mi
situación otra vez. Les conté que estudiaba Sociología, que necesitaba hacer un trabajo
para una de las materias que estaba cursando, que apenas iba a estar allí un rato, que no
quería sacar fotos, que no iba a entrevistar a ningún doctor, que no pensaba filtrarme en
ningún lugar, que tenía una acreditación que indicaba mi condición de estudiante y que
les podía mostrar mi DNI. Conseguí que me digan “pasa, cualquier cosa, nosotros no

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te vimos, total, la chica de la puerta, no va para la guardia. Después salís por la puerta
y listo, nosotros no te vimos” (GUSTAVO).

Observador/a -médicos.

Personal administrativo- pacientes.

Médico-paciente

En la sala de espera había dos personas cuando yo me senté, ni bien levanté la


cabeza, ví a un paciente salía de la consulta. Se trataba de un paciente que parecía
encontrarse en situación de calle y parecía un poco ido, perdido. Salió balbuceando
algunas palabras, no pude captar nada de lo que decía. Su ropa estaba manchada y usaba
un piloto aunque el día no estaba lluvioso, el piloto era un plástico que bajaba desde sus
hombros hasta su cintura y llevaba consigo una mochila negra, abultada, en sus
espaldas. Una vez que él dejó la sala de espera, el médico que lo había atendido salió
del consultorio para entregarle una campera gastada que, aparentemente, había
olvidado. El doctor sostenía la campera con las puntas de sus dedos, con el pulgar y el
índice apenas apretaba una porción mínima de la prenda y, a la par, extendía su mano
intentando que la campera no entre en contacto con su ambo. Al no encontrar al paciente
para darle la prenda que había olvidado, el doctor ingresó nuevamente al consultorio y
cerró la puerta.
Una señora recién llegada a la sala de espera golpeaba la puerta de uno de los
consultorios, una voz femenina le respondió, ante una pregunta que ella lanzó y que yo
no llegué a oír, “Espere sentada ahí”. La señora le dijo a su marido que estaba sentado
“En algún momento alguien va a aparecer”, el marido la miró y no le dijo nada
(GUSTAVO).
De golpe se abrió la puerta de uno de los consultorios, una mujer muy pálida,
con sus labios morados, era llevada en camilla hacia el asensor que se encontraba a unos
metros de la intersección del pasillo de la guardia con el pasillo de la entrada. La
camilla era empujada enérgicamente por un hombre de ambo color verde, pelo ondulado
y barba rala, tras él iba otro hombre, con la misma ropa, pero flaco y sin barba, y
también una mujer jóven, vestida ella con un ambo blanco. Me parecía que el ambo

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verde era usado por camilleros y enfermeros, mientras que el de color blanco
correspondía a los doctores, tal vez era una casualidad, es algo que no corroboré
(GUSTAVO).
Una mujer joven con ambo verde le da unos papeles a la mujer que, desde mi
llegada al lugar, se encontraba sentada con su hijo adolescente. Luego de darle los
papeles, la mujer joven de ambo verde le dijo a la señora “Esperá y dáselos al doctor
cuando te los pida” (GUSTAVO).
Apareció en escena una mujer con ambo blanco y estetoscopio colgado de su
cuello, interpeló a una joven que yo no había percibido, le dijo “¿Conseguiste?”, la
chica respondió tímidamente “Sí”. La que parecía ser una doctora, tal vez una pediatra,
le dijo “Entra, así estás más cómoda” (GUSTAVO).

ACTORES QUE ESPERAN


 Espera de l@s pacientes

NOTAS REFLEXIVAS

Me di cuenta que mi actitud en la entrada había llamado la atención, el problema


fue pretender anotar todo lo que registraba, los carteles y su contenido. Mi actitud llamó
la atención de la mujer de seguridad, claramente, no debería haber usado mi anotador en
ese momento, tendría que haber entrado directamente a la guardia una vez que había
identificado el cartel que indicaba el ingreso a la misma. Más allá de ésta reflexión
sobre el anotador y mi actitud, y de que parecía conveniente no tener en mis manos ni la
lapicera ni el anotador, no logré deshacerme de ninguna de las dos cosas. Sentía que sin
el anotador todo iba a escaparse de mi registro y que, al rato, después de las dos horas
sugeridas en la consigna, no iba a recordar el orden de los sucesos, ni las palabras de las
diferentes personas, ni tampoco iba a poder describir, lo más correctamente posible, las
dimensiones del espacio. Por tal razón, una vez que conseguí llegar a la guardia, decidí
meterme en uno de los baños de dicho servicio y anotar, muy velozmente, lo que me
había pasado con los miembros de la seguridad del hospital. El dolor de cabeza

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continuaba y pensaba en que si por casualidad aparecía la mujer de seguridad que me
interpeló al comienzo, tal vez tendría que retirarme y, lo que a mi juicio era peor, iba a
tener un relato sobre varias cuestiones adyacentes, pero no iba a tener nada escrito sobre
lo que pasaba en la guardia. Por suerte el baño se encontraba muy limpio y después de
anotar lo que había pasado con las personas de seguridad, salí hacia la sala de espera
Todo el tiempo estuve pensando en la posibilidad de ser expulsado de la guardia con el
argumento de que no me había registrado según el procedimiento que me habían
indicado, entonces miraba atentamente hacia mi izquierda que era el lugar por donde la
mujer de seguridad que me habló en la entrada podía aparecer. Me mantuve en estado de
alerta las dos horas que estuve en la sala de espera.
Todo el tiempo estuve pensando en la posibilidad de ser expulsado de la guardia
con el argumento de que no me había registrado según el procedimiento que me habían
indicado, entonces miraba atentamente hacia mi izquierda que era el lugar por donde la
mujer de seguridad que me habló en la entrada podía aparecer. Me mantuve en estado de
alerta las dos horas que estuve en la sala de espera (GUSTAVO).
En un momento llegaron dos de mis compañeros de grupo, uno de ellos me
comentó “Notaste que la gente entra a la consulta, pero no se la ve salir de nuevo”. Le
respondí “Es cierto”. Decidimos salir a fumar un cigarrillo luego de unos minutos de
observación conjunta (GUSTAVO).
Con mis compañeros volvemos sobre el hecho de que, luego de entrar a la
consulta, son pocas las personas que vuelven a salir caminando por la sala de espera. En
paralelo a la sala de espera, hay otro pasillo, casi un reverso reservado para que transiten
los profesionales y los pacientes que pasan de un consultorio a otro, un pasillo sin sala
de espera, más bien anónimo y, tal vez, en sintonía con los criterios de confidencialidad
vigentes en la ley 26.529 sobre los derechos del paciente (GUSTAVO).