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Bibliografía

 Melillo, Aldo: “Realidad social, psicoanálisis y resiliencia”. En resiliencia y subjetividad.


Paidós 2004.

 Freud, Sigmund: “Más allá del principio de placer”. 1920. Vol. XVIII, Amorrortu, Buenos
Aires.

 Soler, Colette: “El trauma” Conferencia pronunciada en el Hospital Alvarez, 15 de


diciembre de 1998.

 Nasio, Juan David: “La forclusión local: Contribución a la teoría lacaniana de la


forclusión.” en “Los ojos de Laura” Amorrortu Editores 1987
Universidad de Buenos Aires

Facultad de psicología

Primer parcial domiciliario

Clínica psicológica y psicoterapias: adultos cátedra II

Profesor: Enrique Ritrovatto

Alumno: Favián Manca

LU: 242702710

Comisión: 9

Horario: lunes de 18:00 a 21:15 hs


Resiliencia trauma y responsabilidad.

En el presente trabajo se realizará un análisis crítico del texto “En resiliencia y


subjetividad” Cap. II: “Realidad social psicoanálisis y resiliencia” de Aldo Melillo. Tomando el
concepto de resiliencia del autor y pensarlo a partir de conceptos como trauma, responsabilidad
e implicación subjetiva
En dicho texto el autor parte de una definición de resiliencia “(…) la resiliencia se define
como la capacidad de los seres humanos de superar los efectos de una adversidad a la que
están sometidos e incluso de salir fortalecidos de la situación (…) “
Asimismo, hará referencia a distintos autores los cuales a partir de conceptos
psicoanalíticos intenta mostrar la importancia de la resiliencia pensándola como proceso y
desarrollo de habilidades de las personas para enfrentar situaciones desfavorables.
Dichas situaciones en muchos casos pueden devenir traumáticas afectándolos como
individuos y en tanto seres sociales vulnerando su capacidad de establecer y mantener lazos
afectivos con los otros y la vida misma..
De esta manera la resiliencia es entendida, en el texto, no sólo como una capacidad
propia de cada sujeto sino como un arsenal de recursos posible de obtener que apunta a que
las personas adquieran las herramientas necesarias para resistir ante las presiones
destructivas del medio y adquirir las competencias que permiten aún en las más difíciles
circunstancias, reconstruir su vida y desplegar acciones favorables para sí mismo y su entorno.
A su vez, se remarca la importancia del otro humano que estimula las cualidades del yo
favoreciendo sus defensas y capacidad de sublimarlas.
Los distintos autores a los que hace referencia Milello parecen apuntar a la integración
de conceptos tanto psicoanalíticos como de la psicología social teniendo en cuenta lo
intrapsiquico como función que puede ser modificada por intervención tanto de agentes de
salud como por la interacción del sujeto con el medio social y los distintos actores sociales.
En el texto pueden encontrarse conceptos como “oxímoron” de Boris Cyrulnik que hace
referencia a una escisión subjetiva producida por el impacto de algunas situaciones adversas.
Milello explica que este concepto hace referencia a una división estructural donde en un mismo
sujeto conviven una parte sufriente con otra aún sana, la cual servirá al sujeto para adaptarse a
dicha situación.
Si bien este concepto esta explicado a grandes rasgos, Milello sostiene, cierta
equivalencia con el concepto freudiano de escisión del yo como proceso defensivo frente a lo
traumático de la castración, donde una parte del yo acepta dicha castración mientras la otra la
desmiente para continuar con la satisfacción pulsional.
Desde Yolanda Gamples, la idea de “sustrato de seguridad”, se entiende como un
factor facilitado por una “acción neutralizadora” producto de los cuidados parentales estables y,
por otra parte, el “sustrato siniestro” que estará condicionado por agentes sociales y
ambientales que se constituyen como amenazantes.
Así es entonces que el marco de este texto supone que la resiliencia en tanto
desarrollo y de nuevos potenciales frente a la fatalidad, como anudamiento entre la
interioridad de la persona y su entorno, consiste en una metamorfosis subjetiva, producto de
la activación de un potencial que sirve para la creación de condiciones psíquicas y vinculares
nuevas.
Transformando así el efecto traumático con la imprescindible existencia de vínculos
intersubjetivos en un espacio donde se articulan lo psicológico y el registro cultural y así
convertir el daño en fortaleza y evitar que la herida devenga minusvalía.

El sujeto traumatizado

El trauma es un concepto presente en el psicoanálisis desde el comienzo de


sus desarrollos.
Freud primero pensó en sujetos traumatizados sexualmente producto de la seducción
de un adulto, generalmente un padre. Luego abandonara esta tesis optando por otra más
compleja referida a las fantasías de abuso que pudo dilucidar en sus pacientes histéricas
elaborando así la noción de trauma psíquico.
De esta manera podría pensarse el desarrollo del concepto de trauma de Freud como el
pasaje de una causalidad traumática o traumatizante a una causalidad fantasmática.
Luego en 1920, Freud retoma la noción de trauma como algo efectivamente
acontecido, para explicar las neurosis traumáticas y los sueños traumáticos, para lo cual
elabora la tesis de un “mas allá del principio de placer” como algo que irrumpe y altera el
funcionamiento del proceso primario , algo que se impone y escapa a toda representación,
como secuela que deja el evento traumatizante acontecido en un tiempo cronológico,
repitiéndose así la escena de peligro en la vida del sujeto afectado, principalmente durante el
sueño, interrumpiendo el trabajo del mismo como “guardián del acto de dormir”.
En la actualidad hay todo un discurso sobre el trauma que desborda la clínica
psiquiátrica y la psicoanalítica dando forma a políticas de salud mental referidas al ámbito
jurídico, laboral o la intervención en catástrofes,, por eso cuando se habla de trauma solo se
hace referencia a al trauma acontecido.
Desde Lacan se puede hablar del efecto del evento traumático como un real que se
impone al sujeto, algo imposible de anticipar y que escapa a toda simbolización, que parece
excluir la incidencia del inconsciente y el deseo del sujeto que padece el trauma.
Retomando el texto de Milello, puede observarse en el mismo un abordaje de lo
traumático desde una orientación psicoanalítica mas abocada a una “psicología de yo”
apuntando a un reforzamiento del mismo para que el sujeto afectado adquiera recursos para
sobrevivir a una realidad que se torna cada vez más amenazante.
¿Pero qué sucede con el sujeto del psicoanálisis? En el texto analizado, parece estar
alineado con el yo, a su vez el dispositivo analítico quedara también alineado con las terapias
de enfoque conductual, en tanto dispositivo de readaptación de un sujeto vulnerado por las
secuelas de aquella situación desfavorable y/o amenazante, y a su vez un sujeto libre de
responsabilidad, que no se reconoce implicado en aquello que le sucede, sino abatido, victima;
sin tomar parte en el asunto, un sujeto resiliente que requiere de un alivio inmediato y de la
adquisición de “fortalezas” que le permitan protegerse de las brutales irrupciones de lo real.
Pero quizás el texto de Milello podría ser un llamado a una necesidad social actual, la
necesidad de un sujeto sostenido por un discurso inconsistente que ya no resguarda de la
intrusión de lo real, presentándose lo traumático como experiencia forclusiva que acontece
mas allá de un diagnostico clínico de psicosis.
¿Entonces que podría hacerse por el sujeto tomado por el impacto de un evento
traumático? Un sujeto perdido en un mundo donde se hace notable la carencia de discursos
consistentes que proponen significaciones estables compartidas, que ordenan los lazos entre
las personas y protegen de dichas experiencias forclusivas características de las limitaciones
discursivas de la posmodernidad.
Por otra parte ¿Cuál es la responsabilidad, si es que debe haberla, del sujeto
impactado por una situación traumática?, .Con respecto a esto Colette Soler sostiene que para
que haya trauma debe haber una participación subjetiva, es decir Soler afirma que con
respecto al trauma hay dos componentes, uno es en un primer tiempo del impacto de lo real, y
un segundo tiempo es el de las secuelas. De esta manera la psicoanalista sostiene que si bien
no se puede hacer responsable al sujeto del impacto de lo real, lo será de las repercusiones
subjetivas como secuelas en relación al modo en que el sujeto lo toma y lo piensa.

Del sujeto resiliente a la responsabilidad subjetiva

El discurso que coloca al sujeto traumatizado en el lugar de víctima es muy fuerte en la


actualidad, pero quizás eso está determinado por cierto debilitamiento del Otro en tanto
pantalla contra la irrupción de lo real como un mal característico de la sociedad actual.
De esta manera, ¿no sería una necesidad, si es que existe la posibilidad, de repensar
el trabajo en la clínica no solo desde una lógica de la responsabilidad subjetiva, sino también
de la urgencia?
Es decir, pensar en la posibilidad de construir un mismo dispositivo tanto terapéutico
como analítico más integrador que cuestione los determinismos lineales y pensar no solo en
posicionamiento subjetivo o síntoma, sino también en una transformación de la subjetividad
que le permita a las personas adquirir las facultades para confrontarse a lo inesperado como
reforzador de los recursos de afrontamiento, sobre todo para aquellos sujetos más
susceptibles de verse vulnerados por situaciones traumáticas como catástrofes, accidentes,
desempleo, estrés laboral, factores que asedian continuamente en nuestra cultura.
Lejos de caer en sobreadaptaciones y optimismos superficiales u omnipotentes e
inocentes pretensiones de invulnerabilidad, construir una psicoterapia enfocada, para esos
casos de traumatismos extremos donde las palabras se detienen, primero en movilizar al sujeto
trabajando con elementos como, la autoestima, capacidad de afrontamiento, tener en cuenta e
incentivar su capacidad de inventar y crear para encontrar sentido allí donde no lo hay.
Y de esta manera, la persona logre recuperar y regular su capacidad de acción con el
mundo, ayudándola en la construcción de nuevos significados y pensar en la posibilidad de
darle otro sentido a las situaciones adversas y aprender de ellas como una experiencia vital.
Es decir, una terapia que funcione como puente para luego iniciar un análisis que lleve
a la persona a poder asumir la responsabilidad de implicarse como sujeto en aquello que le
sucede y así poder lograr enfrentar los ineludibles desconciertos e impedimentos que la vida
le impone, cuestionando su posición de víctima para poder hacerle frente a lo real.