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Teseo (Robert Graves)

Etra, hija del rey de Trecenas, conoció a Egeo, el rey de Atenas, y se enamoró profundamente de él. Pronto quedó
embarazada, pero Egeo la abandonó al enterarse de que el hijo que llevaba Etra en sus entrañas, y que se llamaría Teseo, no
era suyo, sino que había sido concebido por Poseidón, el dios del mar. Sin embargo, antes de abandonar a Etra, y aun antes
de que Teseo naciera, Egeo, que se negaba a sentirse traicionado, escondió bajo una roca su espada y sus sandalias, llevó a
Etra hasta allí y le dijo:
–Cuando el niño cumpla dieciséis años debes traerlo hasta esta piedra. Si es lo suficientemente fuerte como para quitar los
objetos de allí, entonces podrá presentarse ante mí en Atenas y lo reconoceré como mi hijo y sucesor.
Fue así como Teseo fue criado por su madre y su abuelo, en Trecenas, lejos de Egeo.
Teseo mostró desde muy pequeño una gran valentía. Pronto se convirtió en un joven fuerte, inteligente y prudente. Cuando
llegó a la edad indicada por Egeo, su madre lo llevó hasta la roca. Fácilmente pudo removerla y emprendió su camino a
Atenas, para conocer a su padre. A pesar de los ruegos de su madre, y de los consejos de su abuelo, no quiso ir por el camino
seguro del mar, sino que emprendió su viaje por tierra. El joven, que sentía en su interior el espíritu y el alma del héroe, tenía
el impulso de imitar las hazañas de su primo Hércules, famoso por su valentía y coraje, y por quien sentía una profunda
admiración. Deseaba, como él, poder eliminar a los malhechores y los monstruos que amenazaban constantemente a los
pobladores de la región.
En su largo camino a Atenas, Teseo fue librando distintas batallas con ladrones y pequeños tiranos, y en todas ellas salió
victorioso.
Luego de superar los innumerables peligros del camino, Teseo llegó, por fin, a Atenas. Cuando Egeo lo vio con sus objetos,
reconoció en él a su hijo y lo declaró su sucesor.
Los atenienses estaban en ese entonces profundamente afligidos a causa del tributo que se veían obligados a otorgar a
Minos, el rey de Creta. Este tributo consistía en el sacrificio de siete jóvenes y siete doncellas, que eran enviados todos los
años a ser devorados por el Minotauro, un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Era enormemente fuerte y
feroz, y se hallaba encerrado en un laberinto construido por Dédalo, ideado tan ingeniosamente que cualquiera que entraba
en él no podía de ningún modo encontrar la salida sin ayuda y moriría indefectiblemente.
Teseo resolvió librar a sus compatriotas de esta calamidad. Ya habían sido enviados catorce jóvenes en dos oportunidades y
estaba listo el tercer tributo. Los jóvenes y las doncellas que serían las víctimas eran elegidos por sorteo. Teseo, que se sentía
profundamente compadecido de los padres cuyos hijos habían sido seleccionados, se ofreció para ser sacrificado.
–Hijo mío, no vayas, te lo ruego. He pasado mucho tiempo sin ti y no quiero perderte –imploró Egeo.
–No, padre, no puedo quedarme, debo ir. Yo venceré al Minotauro y los liberaré de semejante castigo.
Desatendiendo los ruegos de su padre y confiando en que los dioses estarían de su lado, Teseo partió rumbo a Creta.
Antes de partir, el héroe consultó al Oráculo y éste le dijo:
–Debes tomar como guía y compañera de viaje a Afrodita. Ella velará por ti y te prestará su ayuda cuando más la necesites.
El héroe así lo hizo y en la playa, a punto de zarpar, le ofreció una cabra en sacrificio. De esta forma, se aseguró de que la
diosa no lo abandonaría.
Después de varios días de navegación, llegaron a Creta. El rey Minos los esperaba en el puerto para contar personalmente
que las víctimas fueran catorce. Junto con él se hallaba su hija Ariadna, que al ver a Teseo se enamoró perdidamente y decidió
ayudarlo.
–Te ayudaré a matar al Minotauro –le prometió en secreto– si me permites volver contigo a Atenas.
–Acepto tu ofrecimiento. Volveremos juntos a Atenas –respondió Teseo, que había sido cautivado por la bella doncella.
Dédalo, antes de partir de Creta, le había obsequiado a Ariadna un ovillo mágico y le había enseñado la forma de entrar y
salir del laberinto.
–Teseo –le dijo Ariadna–, debes abrir la puerta de entrada y atar la punta del ovillo al dintel; el hilo irá girando y girando por
los distintos recodos del laberinto y te llevará hasta donde está el Minotauro.
–¿Y cómo puedo matarlo?
–Debes atraparlo por el pelo y clavarle esta espada –dijo e inmediatamente le entregó una espada reluciente y filosa–. Es
preciso que ofrezcas al monstruo en sacrificio a Poseidón. Después, podrás encontrar el camino de regreso enrollando el
ovillo en sentido inverso.
Esa misma noche, Teseo emprendió su camino al interior del laberinto. Hizo exactamente lo que le había dicho la bella
Ariadna y salió victorioso.
Cuando Ariadna lo vio regresar del laberinto manchado con sangre, lo abrazó apasionadamente y juntos fueron al puerto
donde se encontraba el grupo de atenienses.
Grande fue la ovación con la que recibieron al héroe que los había salvado de una muerte segura y había logrado terminar
con semejante pesadilla.
Enseguida hicieron los preparativos para regresar a Atenas ocultos en la noche, porque sabían que Minos, apenas se enterara
de la hazaña de Teseo, no tardaría en preparar sus fuerzas para atacar a quién había destruido al monstruo.
Así salieron ilesos de Creta y escaparon sin sufrir pérdidas, protegidos por la oscuridad y los dioses que velaban por ellos.
MINOTAURO (Pierre Grimal)
Se da el nombre de Minotauro a un monstruo que tenía cabeza de toro y cuerpo de hombre. En realidad, se llamaba Asterio,
o Asterión, y era hijo de Pasífae, esposa de Minos, y de un toro enviado por el propio Posidón a este. Minos, asustado y
avergonzado al nacer este monstruo, fruto de los amores contranatura de Pasífae, mandó construir al artista ateniense
Dédalo, que entonces vivía en su corte, un inmenso palacio (el Laberinto), formado por un embrollo tal de salas y corredores
que nadie, excepto Dédalo, era capaz de encontrar la salida. Allí encerró al monstruo, y cada año –otros dicen que cada tres
años, o incluso cada nueve– le daba en pasto a los siete jóvenes y otras tantas doncellas que, como tributo, le pagaba la
ciudad de Atenas. Teseo se integró voluntariamente en el número de estos jóvenes y, gracias a la ayuda de Ariadna, consiguió
no sólo inmolar al animal, sino hallar el camino de salida del palacio.
Esta leyenda conserva el recuerdo de la civilización minoica, que parece haber tenido un culto del toro y palacios inmensos
como los encontrados en Cnosos y otras partes por las excavaciones de Evans. El Laberinto es, efectivamente, el “palacio de
la doble hacha”, símbolo que aparece repetidamente en los monumentos minoicos y que quizá tenga una significación solar.

La casa de Asterión (Jorge Luis Borges)


Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido
tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)
están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles
aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la
faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un
solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada,
añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el
temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el
sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba,
huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se
ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que
nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está
capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha
consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar
al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas
desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la
respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero
de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes
reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te
gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me
equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces,
cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres,
abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar
patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar.
Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos.
Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado
sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo
de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo
me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro
quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces
no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores
del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?,
me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.


Actividades

1. ¿Quiénes son los padres de Teseo?


2. ¿Qué prueba tuvo que superar Teseo para que su verdadero padre lo reconociera y lo nombrara su sucesor?
3. ¿Qué hazaña cumplió Teseo luego de haber llegado a Atenas?
4. ¿Quién lo ayudó? ¿Cómo lo hizo? ¿Qué le pidió a cambio?
5. Buscá los personajes del mito y clasificalos en tu carpeta. Mencioná una característica que distinga a cada uno.
6. Identificá los sucesos de la narración.
7. ¿Cuántos episodios hay en el relato? Justificá tu respuesta.
8. ¿Cuáles son las complicaciones y las resoluciones de los episodios que encontraste?
9. Enumerá las características de Teseo que lo convierten en un héroe.

“La casa de Asterión” de Jorge Luis Borges


1) ¿Quiénes son los personajes de la historia? ¿Dónde se encuentran? ¿Cómo es ese lugar? ¿En qué tiempo transcurre la
historia?
2) ¿Quién resulta ser Asterión? Teniendo en cuenta sus palabras: “¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o
un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?”, ¿cómo es físicamente el protagonista?
3) ¿Cómo es la casa de Asterión?
4) ¿Qué es un “redentor”? ¿Por qué el protagonista lo espera? ¿Quién es? ¿Cómo se relaciona esto con el final del cuento?
5) ¿Cuántos narradores hay en el texto? ¿Cómo los reconocieron? ¿Desde qué punto de vista narra cada uno?
6) ¿Por qué Teseo habla del Minotauro y no lo llama “Asterión”?
A continuación, les sugerimos que lean el artículo sobre el Minotauro del Diccionario de mitología griega y romana, de
Pierre Grimal y realicen las siguientes actividades:
1) Contestar las preguntas que siguen y resaltar en los archivos las partes de los textos que justifiquen sus respuestas:
a) ¿Qué información en común brindan los dos textos leídos?
b) ¿Qué información aporta el texto de Pierre Grimal para comprender mejor el cuento de Borges? (Tener en cuenta el título
y el epígrafe.)

¿Cómo es la casa de Asterión?


¿Por qué Astrerión se considera un prisionero en una casa que no tiene puertas?
¿Qué hace la gente cuando ve a Asterión? ¿Por qué motivo crees vos que la gente reacciona así?
¿Qué es lo que cree Asterión?
¿Qué quiere decir Asterión cuando dice:“Jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra”?
Enumerá los pasatiempos de Asterión
¿Quiénes son los nueve hombres que entran en el laberinto cada nueve años? Comparalos con los jóvenes que ingresaban
al laberinto del minotauro en el mito de “Teseo y Ariadna” teniendo encuenta: la cantidad, su objetivo en el laberinto y la
forma de morir en cada relato
Buscá en el diccionario la palabra “redentor” y “redimir”.
Teniendo en cuenta el significado de la palabra “redentor” y los deseos de Asterión, explica la siguiente frase teniendo en
cuenta quién la pronuncia: “¿Lo creerás, Ariadna? El minotauro apenas se defendió”
Compará el narrador de “La casa de Asterión” con el narrador de “Teseo y Ariadna”
¿Qué efecto te generó haber leído este cuento?

1) En este cuento, Borges ha dejado que sea el Minotauro, el monstruo mismo, quien hable de sí y de sus actos. Quien no
tuvo voz en los relatos antiguos, la ha obtenido ahora y, con ello, la posibilidad de explicar y justificarse. Explicar qué efecto
produce en el lector este cambio de perspectiva o punto de vista.
2) Identifiquen en el cuento cuántos narradores hay, de qué tipo y en qué momento se produce el cambio.
3) En los primeros tramos del relato, el lector sólo cuenta con información acerca de un ser extraño (soberbio, misántropo,
loco y de aspecto al parecer monstruoso) que vive en una “casa”, cuya característica arquitectónica lo mantiene con vida al
precio del ocultamiento del mundo exterior. ¿Qué características tiene esta “casa”?
4) ¿Qué sucede cuando el Minotauro decide salir al exterior? ¿Cómo reacciona Asterión? Tenga en cuenta que califica a la
gente con la que se encuentra en su salida de “grey”, es decir, de rebaño, vulgo, plebe, agrupación de lo semejante con lo
semejante, comunidad de gente sin distinción ni excelencia social
5) En un momento del relato Asterión dice: “Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de
todo mal”. ¿A qué se refiere con estas palabras? ¿Qué concepción sobre la vida y la muerte posee Asterión?
6) ¿Por qué espera con ansia la llegada de su “redentor” (libertador) y quién es el que cumple este rol? ¿Qué actitud toma
Asterión ante Teseo?
7) En este cuento existe una relación intertextual con un mito griego: ¿cuál es ese mito?