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LA PROMOCIÓN DE LA SALUD

En el mes de noviembre de 1986 se desarrolló en Ottawa, Canadá, la Primera Conferencia


Internacional sobre Promoción de la Salud en la cual, como respuesta a la demanda de una
nueva concepción de salud pública, se aprobó un importante documento, la Carta de
Ottawa. En dicho documento se plantea que el sector salud no puede por sí solo
proporcionar las condiciones para alcanzar el objetivo propuesto de “salud para todos”, sino
que es necesario emprender una acción intersectorial que atienda aspectos profundamente
relacionados como son la paz, la educación, la vivienda, la alimentación, los ingresos, el
ecosistema, la justicia social y la equidad.
La Conferencia se centró en cinco áreas básicas que debe desarrollar una estrategia de
promoción de la salud:

 formulación y coordinación de políticas públicas favorables a la salud


 fortalecimiento de la acción comunitaria y la participación
 creación de entornos saludables
 desarrollo de aptitudes personales para la vida
 reorientación de los servicios de salud
El concepto de promoción ha ido acrecentando su protagonismo en el campo de la salud -
como en el ámbito de las políticas sociales en general-. Consiste, según la OMS, en
“proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su salud y para que puedan
ejercer un mayor control sobre la misma”, y tiene como un eje principal la participación de
la comunidad. Se trata no sólo de promover el desarrollo de las habilidades personales y la
capacidad de los individuos para incidir sobre los factores que determinan su salud, sino
que también incluye la intervención sobre el entorno para reforzar aquellos aspectos que
favorecen opciones de vida saludables y modificar otros que dificultan ponerlas en práctica.
Aunque el sector salud está especialmente involucrado, el enfoque de promoción de la
salud compete igualmente a otros sectores del sistema social, ya que expresa un
reconocimiento explícito de las relaciones entre la salud, el desarrollo socioeconómico, la
cultura, el medio ambiente y las políticas públicas. En este sentido consiste en una
propuesta de integración intersectorial de las acciones tendientes a lograr mejores
condiciones de salud, que se sustenta en la participación de los individuos y las
comunidades.
La promoción de la salud constituye un enfoque filosóficamente innovador en lo que hace
a las intervenciones en salud pública, ya que el eje se traslada desde un modelo biomédico
centrado en la atención de la enfermedad y la prevención específica hacia un marco de
fortalecimiento de la salud integral, que se basa principalmente en los recursos personales
y sociales y en la interrelación con los otros sectores, para alcanzar las relaciones
armónicas del individuo con su entorno. Emerge, así como una herramienta indispensable
para el cambio social orientado hacia el desarrollo y la mejora de las condiciones de vida y
salud de los individuos y los grupos sociales.
Las acciones de promoción de la salud requieren esfuerzos y responsabilidades
compartidas entre individuos, familias, comunidades, organizaciones, instituciones
educativas, sistemas de salud y gobiernos. Los programas de promoción de mayor impacto
son aquellos que promueven cambios simultáneos a diferentes niveles: individual, grupal,
organizacional y comunitario.
Ya en 1984 la Organización Mundial de la Salud había acordado un documento donde se
establecían cinco principios o lineamientos fundamentales de la promoción de la salud:
1) La promoción de la salud involucra a la población como un todo y a su contexto cotidiano,
y no se focaliza en personas en riesgo por enfermedades específicas.
2) La promoción de la salud está orientada a actuar sobre los aspectos determinantes de la
salud, y no de la enfermedad.
3) La promoción de la salud combina enfoques o métodos diversos, pero complementarios.
4) La promoción de la salud persigue, especialmente, la efectiva y concreta participación
de la población.
5) La promoción de la salud asigna un papel principal a los profesionales de la salud,
particularmente los de atención primaria.
PREVENCIÓN DE ENFERMEDADES
El concepto de prevención, que en general alude al conjunto de medidas destinadas a evitar
la enfermedad, abarca un contenido amplio ya que comprende también acciones de
recuperación de la salud. Es prevención proteger la salud, tratar oportunamente a un
enfermo o rehabilitarlo evitando secuelas de padecimiento. En este sentido puede decirse
que la prevención está presente en toda acción de salud. Paulatinamente la orientación
hacia la salud integral ha ido atenuando la visión medicalizada de la prevención para
inscribirla en el marco de la promoción de la salud.
NIVELES DE PREVENCIÓN:
Se suele distinguir tres niveles de prevención, según los objetivos inmediatos que se
persiga:
Prevención Primaria: es una intervención previa a la aparición de un problema de salud -
accidente, incapacidad, infecciones, etc.- para evitarlo y disminuir su incidencia. Existen
muchos instrumentos de prevención primaria, siendo la Educación para la Salud uno de los
fundamentales. Otros son, por ejemplo, la potabilización del agua, medidas de seguridad e
higiene en el trabajo, la correcta manipulación de alimentos, la promoción del deporte, las
inmunizaciones, etc.
Prevención Secundaria: se realiza al inicio de la aparición de un problema de salud, a
través del diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado, con el fin de reducir la gravedad,
duración y evolución de las enfermedades, accidentes o incapacidades. En algunos casos
puede ser necesario tomar medidas generales como la prohibición de un producto causante
del problema o modificación de factores de riesgo.
Prevención Terciaria: implica la reeducación, rehabilitación y reinserción de las personas
que han padecido un problema de salud, como también evitar las recaídas.
Actualmente se estudian nuevos factores de prevención, sobre todo en la denominada
biología prospectiva. Los avances científicos y los progresos de la técnica apuntan a una
nueva disciplina relacionada con la prevención: la medicina predictiva. En la misma se
enmarcan los diagnósticos prenatales, por ejemplo, que forman parte de un nuevo tipo de
prevención, la denominada primordial, que permite descubrir los factores predisponentes y
abre una nueva vía a las investigaciones sobre la salud de los individuos. Pero este nuevo
camino está planteando no pocas cuestiones éticas: cada vez son más los expertos que se
preguntan hasta dónde se puede utilizar el derecho a saber o no saber, en relación con
estos temas.
Por otro lado, se está perfilando una nueva forma de prevención de marcado carácter
humanista, la prevención cuaternaria, que consiste en que, cuando todas las esperanzas
están perdidas, se acompaña a la persona enferma para que llegue a una muerte digna en
las mejores condiciones
posibles.
También conviene reconocer la dimensión política de la prevención: la responsabilidad y el
papel de las instituciones que tienen el poder para formular los objetivos de salud pública,
definir las prioridades, tomar las decisiones en materia de prevención y adjudicar los medios
necesarios, a partir de indicadores fiables que permitan medir y proyectar el estado
epidemiológico de la población.
Desde el punto de vista de las personas, la adopción de actitudes y comportamientos
preventivos implica una capacidad de integración temporal. Es necesario que el individuo
se interiorice del concepto de riesgo, que pueda anticipar la enfermedad y manejar las
actitudes y conductas asociadas al riesgo.
En cuanto al contexto sociocultural dominante, la cultura de consumo presenta algunas
características que dificultan el desarrollo de actitudes de autocuidado, tales como el
predominio de la inmediatez, de lo actual, del momento presente como un valor básico. Ni
la urgencia ni el temor extremo favorecen la opción por conductas saludables; lo que se
necesita es desarrollar la capacidad de efectuar elecciones como persona autónoma.

MODELOS DE EDUCACIÓN PARA LA SALUD


Como se ha dicho anteriormente, el concepto de salud ha ido cambiando con el paso de
los años, y también, en consecuencia, los modelos de EpS, de manera que,
esquemáticamente podríamos distinguir, fundamentalmente dos modelos, el modelo
“tradicional” y el modelo “participativo”.
Puede decirse que el modelo participativo constituye “un paso más”, puesto que su fin no
sólo es la adquisición de conocimientos, también es la “capacitación” o “empoderamiento”
del individuo, la adquisición de unas habilidades que van a permitir que pueda resolver o
prevenir determinados problemas de salud por sí mismo. Para ello, convierte a la
comunidad en protagonista, en parte activa del proceso de aprendizaje. El modelo de EpS
más preconizado actualmente es el modelo participativo, al considerarlo como el más
efectivo.
La comunidad juega un importante papel en la resolución de los problemas de salud que
afectan a sus miembros. Una herramienta estrechamente relacionada con la participación,
es la EpS centrada en la comunidad y fundamentada en la motivación de la participación
activa de las personas, teniendo como principio la comprensión del proceso de enfermar
desde una perspectiva integral y como objetivo la “autorresposabilización” del estado de
salud.
El modelo de EpS participativo, por tanto, está basado en la interacción democrática de los
profesionales y los miembros de la comunidad, fomentando conocimientos e interviniendo
en la propia realidad. Este modelo permite conocer, desde otra perspectiva, los problemas
y necesidades de salud de la población, estableciendo programas globales y sectoriales en
los que se produzcan alternativas emancipadoras.