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Universidad Nacional Autónoma de México

Opt. Libre Teoría de la Literatura


[La prosa de las ideas: Una introducción al ensayo como género literario]
Semestre 2018-2

Raúl Andoreny Valencia Hernández

Algunas consideraciones en torno a “Sobre el ensayo y su prosa” de Max Bense

En este breve texto, el filósofo y semiólogo alemán Max Bense expone algunas consideraciones
respecto a la dimensión formal del ensayo considerado como un género literario particular,
distinguible por tanto de otras manifestaciones del discurso en prosa.
Para llevar a cabo dicha distinción, Bense comienza por diferenciar de manera general entre
las categorías de la prosa y de la poesía, más allá de la simple cuestión de si en una o en otra se
excluyen o se emplean los versos. Así, para Bense la base de una posible delimitación de estas
dos formas diversas del discurso tiene más que ver con las posibilidades de expresión que cada
una posee de manera intrínseca, en la medida en que se inclinen, ya sea hacia la creación, o bien
hacia lo que el autor denomina hegelianamente tendencia (es decir, la cosa que se realiza en su
desarrollo más que en su fin y que implica al conocimiento). En este sentido, Bense afirma que

existe una diferencia esencial entre el poeta y el escritor, consistente en que el poeta es un
creador y acrecienta el ser, mientras que el escritor expone las enseñanzas, la tendencia del
espíritu que representa.1

A partir del planteamiento de esta dicotomía, el autor atribuye diversas características a cada
una de las dos categorías que propone. Así, la creación es concebida como fundamentalmente
estética y relacionada por lo tanto con la producción, mientras que la tendencia “ocupa su lugar
natural en la ética” y “no tiene nada que ver con la producción, sino que queda en la formación, la
educación, la transformación y la revolución.”2
Es en este punto de su exposición que Bense caracteriza al ensayo precisamente como aquella
prosa que no es solamente tendencia, sino que participa también de la creación en un confinium
1
Max Bense, Sobre el ensayo y su prosa. Trad. de Martha Piña, México, Universidad Nacional Autónoma de
México, Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos, 2004. (Cuadernos de los Seminarios
Permanentes), p. 22. Las cursivas son mías.
2
Ibid. p. 22.
(o continuidad) “que se forma entre poesía y prosa, entre el estadio estético de la creación y el
estadio ético de la tendencia”3, y del cual el ensayo es su expresión literaria.
Esta concepción da pie al autor para legitimar al ensayo como una realidad literaria concreta y
autosubsistente, como un género literario autónomo que aborda cuestiones que son privativas de
él en la medida en que constituye “la forma de la categoría crítica de nuestro espíritu” 4, en épocas
históricas caracterizadas justamente por su ánimo crítico.
Una vez asentados estos principios, Bense llama la atención sobre la naturaleza esencialmente
experimental del ensayo, que no busca las grandes generalizaciones ni las conclusiones
definitivas a que aspiran las grandes teorías y los tratados, pues para él

escribe ensayísticamente quien compone experimentando, quien hace rodar su tema de un


lado a otro, quien vuelve a preguntar, quien vuelve a tocar, probar y reflexionar, quien aborda
un tema desde diversos ángulos, toma distancia de él y, en un golpe de genio intelectual reúne
lo que ve y prefabrica lo que el tema deja ver bajo ciertas condiciones generales a través de la
escritura.5

Tomando como punto de partida esta analogía con las ciencias experimentales, Bense
prosigue distinguiendo diversas clases de ensayos, entre los que destaca primero al ensayo
científico, el cual puede darse gracias a la capacidad de la ciencia, no obstante su naturaleza
axiomática y cerrada, de proveer al ensayista objetos de reflexión crítica. Posteriormente Bense
aborda al ensayo polémico que identifica con el carácter virulento y destructor, y por último se
refiere al ensayo literario, cuya característica principal estriba en su capacidad combinatoria para
encontrar nuevas configuraciones sobre un tema determinado.
Respecto a esta última clase de ensayo, Bense pondera su calidad esencialmente imaginativa,
que desplaza al conocimiento puro para mostrarnos “no nuevos objetos, sino configuraciones
para los objetos”.
Por último, Bense alude a la calidad dialógica del ensayo que se constituye siempre como una
especia de “diálogo dramático”, como un “tipo de monólogo reflexivo” que apela, por supuesto,
siempre a lo concreto, a lo experimental más que a lo teórico, para concluir su texto con una
3
Ibid. p. 24.
4
Ibid. p. 27. Resulta significativa esta postura de Bense que interpreta al ensayo como una forma peculiar de la
literatura que corresponde a una dimensión bien definida del “espíritu” humano, tal y como ya lo perfilaba Georg
Lukács en su imprescindible “Sobre la esencia y forma del ensayo” (1910), donde se lee que existen “vivencias que
no podrían ser representadas por ningún gesto y que, sin embargo, ansían expresión. Por todo lo dicho sabes a cuáles
me refiero y de qué clase son: la intelectualidad, la conceptualidad como vivencia sentimental”. Georg Lukács,
“Sobre la esencia y forma del ensayo (Carta a Leo Popper)” en El alma y las formas y La teoría de la novela. Trad.
de Manuel Sacristán, Barcelona, Grijalbo, 1970, p. 23. Las cursivas son mías.
5
Max Bense, Op. cit. p. 24.

2
reivindicación tanto de la individualidad literaria del ensayo como de su importancia en el
contexto cultural moderno pues es él quien “sirve a la crisis y a la superación, en cuanto lleva al
espíritu a la experimentación, a la inteligencia y a nuevas configuraciones de las cosas […]
Contiene enteramente la posibilidad de una completad total en sí mismo”.6

BIBLIOGRAFÍA:

BENSE, Max. Sobre el ensayo y su prosa. Trad. de Martha Piña, México, Universidad Nacional
Autónoma de México, Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos, 2004.
(Cuadernos de los Seminarios Permanentes).
LUKÁCS, Georg. “Sobre la esencia y forma del ensayo (Carta a Leo Popper)” en El alma y las
formas y La teoría de la novela. Trad. de Manuel Sacristán, Barcelona, Grijalbo, 1970, pp.
15-39

6
Ibid. p. 31.