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Conciencia de guerra y paz.

Josué R. Lozano.
Derechos Humanos.
06/04/2018.

Pregunta Problema: ¿Qué puede llevar al ser humano a declarar objeción de


conciencia frente a la guerra?

Las manifestaciones masivas que se presentaron en Estados Unidos de Norte


América durante la guerra de Vietnam ayudaron a legitimar la disidencia de los
hombres frente a la guerra, una guerra que había sido mediatizada de una forma
blanda y conveniente, donde los norteamericanos poco a poco irían dándose
cuenta de la realidad nefasta que su gobierno estaba llevado a cabo en territorios
tan lejanos.

Desde el principio, la oposición a la guerra fue más fuerte entre los americanos
más pobres (…) aquellos que iban a tener que luchar y morir1, y no únicamente se
presentaba esto entre los más pobres, si bien la clase media pretendía mantener
su status quo, de entre ellos surgían muchos trabajadores que percibían en esta
guerra un conflicto racista y también escuchaban de sus familiares o amigos que
regresaban de la guerra, como el respeto era más merecido por los enemigos, que
por su propio bando.

Lo que se había vivido durante la Primera y Segunda Guerra Mundial había


desarrollado toda una política integral del terror, donde la violación, la tortura y el
exterminio total del otro, hacían parte fundamental de dicha política.
Comportamientos tan atroces son repudiados rápidamente por las sociedades
actuales, dado que hemos desarrollado instituciones, leyes y tribunales que se
ocupan de garantizar y velar por la vida humana en cualquier condición o rincón
del planeta.

1
Jonathan Neale. La otra historia de la Guerra de Vietnam. Editorial: El viejo Topo. Página: 144.
La degradación humana que se produce en la guerra no solamente se encuentra
entre los militares que se enfrentan y resultan seriamente traumados después de
estos episodios violentos, la guerra y la desigualdad degradaron tanto a las
prostitutas como a los soldados2 lo que nos quiere decir que son muchos quienes
de una u otra manera resultan ser afectados por una estrategia de desgaste, no
solamente físico, si no psicológico.

La estrategia de desgastar al otro consiste en llevarlo a una situación donde


abandone sus propios límites, y comience a obrar como una máquina que por
inercia actúa y ejecuta. La religión es tenida como una fuente de debilidad y
pretende ser prohibida por supersticiosa, ajena al objetivo de la guerra; un estado
de terror psicológico orienta al individuo hacia una experiencia traumática que le
ofrece alternativas ajenas y probablemente discordes a su crianza y formación
para el desarrollo en la sociedad; suprimir la religiosidad de los combatientes
puede llevar a estos a sentir una ausencia de dios, y por ende, de sus
mandamientos y castigos, lo que podría resultar fácilmente en comportamientos
descontrolados e impensables con anterioridad para el individuo, acompañada
también de una sensación de impunidad y soberanía frente al otro, al adversario,
desprotegido o preso en combate.

Conclusiones:

La objeción de participación frente a la guerra responde necesariamente al anhelo


de vivir, en el se encuentran englobados sentimientos característicamente
humanos como la empatía y la solidaridad. Alejarse voluntariamente de un
conflicto armado o de la pertenencia a un ejército activo es tomar conciencia de
los horrores y deformaciones que produce la guerra, saber aceptar que ello no
llevará a la resolución ideal del conflicto y entender que los seres humanos somos
exactamente iguales, poseemos las mismas necesidades y compartimos todos los
sentimientos de afecto y dolor ante la pérdida irreparable de un ser amado.

2
Jonathan Neale. La otra historia de la Guerra de Vietnam. Editorial: El viejo Topo. Página: 132

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