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Una respuesta al opúsculo: Textos bíblicos del único y verdadero bautismo en la

Biblia: En el nombre de Jesús.

En el presente escrito deseo dar una respuesta a el panfleto que amablemente me fue
entregado por un hermano en Cristo. No es mi intención avergonzar o atacar a
persona alguna sino dejar en claro algunos puntos doctrinales que creo se pasan por
alto en el mencionado opúsculo. Espero no se mal interprete mi intención.

En primer lugar, la referencia de entrada de mateo 28.19 pasa por alto varias
verdades significativas: a) Si se lee el pasaje desde el versículo 18 se observa que
Jesús no dice «tengo toda potestad» sino «toda potestad me es dada», es decir, que
Él la recibió de otro. Este otro pasa a ser en el vers. 19, el Padre.
b) Citar Isaías 9.6 comparándolo con Juan 14.8-9 es un ejercicio de aplicación
irresponsable, por decir lo menos. En ningún pasaje del Nuevo testamento se dice
que Jesús es el Padre. De hecho, el pasaje de Juan es una forma de expresar la unidad
dentro del ser de Dios, unidad que en ninguna forma va en detrimento de la
individualidad de personas como se corrobora por el versículo 12 donde Jesús dice:
«porque yo voy al Padre». ¿Cómo va Jesús a ir al Padre si Él mismo es el Padre? De
hecho, la evidencia en el Nuevo Testamento con respecto a la individualidad de
Personas en el Ser divino es abrumadora: Solo en Mateo; 5.16; 5.45; 6.4;
11.25,27;15.13;16.17;18.10;18.19,35;20.23; etc.
c) Señalar el uso de el singular en el versículo no es base suficiente para sostener el
argumento de que Jesús es el Padre o de que Jesús es el Espíritu. Nuevamente el
autor hace un uso acomodado de la gramática del pasaje pasando por alto que el
pasaje de 2 Co 3.17 reafirma «y donde está el Espíritu del Señor» y no «donde está
el Espíritu que es el Señor». No hay coherencia interna en el argumento sino un
malabarismo exegético. Por cierto, es una interpretación impuesta al pasaje. No es
necesario, como sabemos todos decir el nombre de las personas en una clausula en
la cual se quiere destacar la concordia de propósito; Ej. «En el nombre de tu hermana,
tu madre y tu tío decidimos hacer el trabajo.»
d) Finalmente, decir que no se encuentran bautismos en títulos es un argumento de
silencio que carece de fuerza o como dijera el egiptólogo Kenneth Kitchen en su
famoso aforismo: «La ausencia de prueba no es prueba de su ausencia». Por otro
lado, el pasaje puede entenderse como una formula teológica, recordemos que los
autores escribieron los evangelios con un propósito en mente y no como meros
registros históricos como se puede comprobar de su acomodo del material. Es por
demás interesante el hecho de que Jesús, si quería hacer hincapié en su persona,
arrancara dando una formula bautismal confusa cuando hubiera sido tan sencillo
decir: «bautizándolos en mi nombre» como vemos que luego hacen los discípulos.

En segundo lugar, ¿qué nos hace salvos, somos salvos por Jesús o por el bautismo
en el nombre de Jesús?
a. ¿Lava el agua el pecado o es la sangre de Cristo? Debemos tener presente que
la Escritura hace uso de imágenes para transmitir las maravillosas verdades
de la redención. El bautismo no posee en sí mismo ningún poder purificador,
si eso fuera cierto entonces las personas no necesitarían de Jesús sino de una
pila bautismal. El bautismo es solo un ritual en el cual nos identificamos con
una obra ya presente en nuestro corazón por el Espíritu Santo. La sentencia de
Hebreos 9.22 es clara: «y sin sangre no hay remisión» (Col.1.14: Efes. 1.7; 1
Jn. 1.7; Apoc. 1.5; 5.9).
b. Ninguna sustancia material tiene el poder de quitar el pecado. De hecho, este
es el mismo error que cometieron muchos en los tiempos apostólicos. Ellos,
como vemos en Gálatas, decían que el sacrificio de Cristo no era suficiente,
había que circuncidarse para poder pertenecer al pueblo de Dios cosa que el
apóstol Pablo atacó severamente. Son obras de la ley todo aquello que unimos
a Cristo para completar a obra de salvación. Es su nombre y solo en su nombre
que somos salvos no en su nombre y el bautismo Hech. 4.12 (comp. Ro.10.8-
13). De nada sirve señalar que los creyentes ya estaban bautizados. Eso no
hace ninguna diferencia en la fuerza del argumento. Por el contrario, si el
bautismo era esencial para la salvación ese era un momento preciso para hacer
hincapié en el punto. Pablo no lo hizo.
c. Finalmente, en 1 Corintios Pablo hace una declaración escandalosa: «Pues no
me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de
palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. 1» Sí, leyó bien. Para
Pablo el bautismo no era el centro de la fe sino el evangelio de Cristo. ¿Cómo
fueron justificados los antiguos, Pablo nos lo dice: «Pero ahora, aparte de la
ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los

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Reina Valera Revisada (1960). (1998). (1 Co 1.17). Miami: Sociedades Bı ́blicas Unidas.
profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los
que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a
causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26con la
mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el
que justifica al que es de la fe de Jesús. 2»
d. Entonces si es por la fe no es por el bautismo. No se me entienda mal. Creo
en la importancia del bautismo, de hecho, enseño que es importante como acto
de identificación y confirmación de nuestro compromiso con Jesús y el
evangelio. Pero, conforme a las Escrituras, el bautismo solamente señala a una
obra ya operada en la vida del creyente por la fe en Jesús. Es una evidencia
externa de un cambio interno. Si el bautismo lavara el pecado, entonces, la
Iglesia Católica estaría en lo correcto en su concepto de la regeneración
bautismal. No hermanos. Les amo, pero no puedo compartir su hincapié
desorbitado por el bautismo. El bautismo tiene que girar alrededor de Jesús y
su obra en la cruz. No es un medio sino un signo, una señal, una expresión
visible de una obra invisible que se ejecuta en el momento en que el hombre
o la mujer viene a los pies de Cristo.
e. Con todo, no puedo decir, como dicen algunos, que ustedes no son cristianos.
La historia de la Iglesia está llena de personas que sostuvieron enseñanzas que
no armonizaban con el todo de la Escritura y con todo creyeron firmemente
en Jesús y amaron el evangelio al punto de morir por lo que creían. Creo
firmemente que Dios no pesa tanto como nosotros nuestros presupuestos
teológicos. Es por ello que tengo amigos católicos, episcopales, reformados,
wesleyanos, metodistas, bautistas, pentecostales, carismáticos, luteranos, etc.
Que si bien no estoy de acuerdo con ellos en muchos puntos, y ellos lo saben,
no puedo dejar de admirar su fe en Jesús y su entrega.
f. Quiero terminar con una historia. Cuando era pastor asociado en Puerto Rico,
mi país, estaba dando una clase de bautismo y surgió el tema de la Trinidad.
Un hermano, el hermano “Pica”, como cariñosamente le decíamos, me dijo:
«Yo no entiendo eso de la Trinidad y por eso no puedo creer en ella». Trate
de explicarle mostrándole los pasajes bíblicos, pero él me dijo que no lo podía
entender. Finalmente decidí hacerle una pregunta: ¿Hermano “Pica” ama

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Reina Valera Revisada (1960). (1998). (Ro 3.21–26). Miami: Sociedades Bı ́blicas Unidas.
usted a Jesús con todo su corazón? Me dijo: «Pues claro, hermano Alberto».
«Eso mi hermano “Pica” es todo lo que usted necesita para ser salvo». Tres
semanas más tarde bautizábamos al hermano “Pica” en las aguas. Ahora, del
hombre que les he hablado no era cualquier persona. Este hombre le había
cortado la mano a otro hombre con un sable en una pelea. Había andado con
mujeres de todas clases, alcohólico, mal hablado, etc. A sus 70 años acepto a
Cristo. Era casi un analfabeto. Pero los pocos años que estuvo en nuestra
congregación se ganó el respeto de todos, incluyendo este servidor. Con lluvia
o sol, de tarde o mañana, a pie o en carro nunca dejo de ir a cada servicio,
incluso enfermo. Murió mientras trabajaba, de rodillas y con sus manos
levantadas al cielo. Le gustaba cantar y hablar de las maravillas del Señor.
Creo que cuando una persona acepta a Cristo con todo su corazón no hay que
andar detrás de ella diciéndole lo que debe hacer. Si Jesús es realmente el
centro de su vida hará como Pablo: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» (Hech.
9.6).

Al servicio del Rey


José A. Rivera
Esclavo de Jesucristo