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De los orígenes a la actualidad

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Editorial
9999
Francisco Comín Comín

Historia económica
mundial

De los orígenes a la actualidad

Alianza Editorial
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GOBIERNO MINISTERIO
DE ESPANA DE CULTURA
.
an 11

Primera edición: 2011


Primera reimpresión: 2012

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2. La economia del mundo
antiguo

Introducción

La economía del mundo clásico no era una economía capitalista. La civili-


zación romana se basó en un sistema económico mixto, compuesto por el
modelo de imperio tributario antiguo y el modelo esclavista. La interpreta-
ción tradicional de la civilización grecorromana, que parte de la ideología
del Renacimiento y de la Ilustración, consideraba al imperio romano como
el origen de la civilización occidental (la cultura europea y americana, ac-
tualmente vigente en la mayor parte de las economías desarrolladas). Con-
sideraba que el mundo romano (particularmente sus leyes, su organización
política y su economía mercantil) había sido un modelo de transición desde
las antiguas civilizaciones euroasiáticas hacia el capitalismo occidental. Se-
gún esta visión, aquellas civilizaciones euroasiáticas estaban caracterizadas
por las siguientes instituciones: 1) unos sistemas sociales jerárquicos, basa-
dos en los clanes, las castas o los órdenes; 2) unos sistemas económicos
agrarios estancados; es decir, sin crecimiento económico; 3) el predominio
de las explotaciones agrarias familiares autosuficientes, organizadas en po-
blados también casi autárquicos con respecto al exterior; 4) la división del
trabajo estaba organizada según los órdenes y las castas, y 5) la dimensión
del mercado era muy reducida y su función era irrelevante.
La interpretación tradicional sostenía que, en sus orígenes, la sociedad
romana había tenido una organización jerárquica como la de aquellas so-
nes esclavistas del sur de Estados Unidos eran empresarialmente rentables
para los hacendados particulares, que la agricultura esclavista era muy efi-
ciente y que las condiciones materiales de vida de los esclavos eran compa-
rables a las de los obreros asalariados de la industria. Volviendo a Roma,
los escasos cálculos conservados de los agrOnomos de la antigtiedad no son
fiables. Tampoco pueden tomarse en serio las generalizaciones moralizan-
tes de Columela o Plinio el Joven, cuando afirmaban, por ejemplo, que «los
latifundios han destruido Italia». En resumen, las consideraciones sobre la
eficacia, productividad y rentabilidad de las fincas latifundistas desempe-
liaron un papel insignificante en el surgimiento de la sociedad esclavista de
Grecia y Roma. Y lo mismo sucedió con la desaparición de la esclavitud
en el Bajo Imperio Romano.

3.3 La decadencia de la esclavitud en Roma

La esclavitud en Roma alcanzó su apogeo entre los siglos ii a.C. y Li d.C.


Tras la crisis del siglo iii d.C., la decadencia de la esclavitud coincidió con
la del propio imperio durante los siglos iv y v. En estos siglos disminuyó el
nAmero de esclavos en la economia romana. Los extensos latifundios escla-
vistas fueron transformandose en villas romanas, en las que el trabajo es-
clavo fue siendo sustituido por trabajo servil. Pero el reemplazo completo
del sistema esclavista por la servidumbre fue posterior a la caida del impe-
rio romano. El surgimiento del sistema feudal se fecha en la época de Car-
lomagno (800 d.C.). De hecho, tras las invasiones germánicas y el estable-
cimiento de los reinos bárbaros, seguia habiendo muchos esclavos en
Europa. For ejemplo, cuando se asentaron en Espana, los pueblos godos
adoptaron algunas formas de la esclavitud. El estudio de esta transición de
la esclavitud al feudalismo se enfrenta a una confusion terminológica, pues
se tiende a asimilar los coloni con los servi. La legislación del Bajo Imperio
Romano no defini6 con precisi6n al co/onus. Las leyes de Constantino
(326-337) afirmaban que los coloni que intentasen huir deberian «encade-
narse como esclavos»; la legislación de Valentiniano I (364-375) definia a
los coloni como «esclavos de la tierra». La confusion deriva de que los em-
peradores del siglo iv estaban más preocupados por mantener los ingresos
del fisco que por definir legalmente al colono. La profusion de términos
distintos en los documentos juridicos reflejaba la existencia de distintos ti-
pos de siervos, tanto por las variantes locales como por las diversas situa-
ciones legales derivadas del distinto origen de los siervos. Segan Finley, du-
rante el Bajo Imperio Romano el nnmero de esclavos fue reduciéndose
porque fueron reemplazados por diversos tipos de siervos. Esta sustitución
fue la base de la transici6n de la esclavitud al feudalismo.

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El análisis de la decadencia de la esclavitud en el Mundo Antiguo no
puede hacerse comparando con la experimentada en América durante el si-
glo mx, pues aquí ya predominaban las economías capitalistas, con trabaja-
dores asalariados, y estaba muy avanzado el proceso de industrialización.
Además, la esclavitud en América fue abolida por la legislación de las me-
trópolis europeas referente a sus colonias y, finalmente, por la legislación
en Estados Unidos tras una guerra civil, en la que los abolicionistas del
norte vencieron a la Confederación de los Estados sureños y esclavistas. En
las distintas naciones americanas del siglo XIX los esclavos fueron liberta-
dos y sustituidos por asalariados, ya que existía un amplio mercado de tra-
bajo. Por el contrario, en el Mundo Antiguo la sustitución de la esclavitud
fue un experimento de prueba y error. No había una alternativa al esclavo
claramente disponible. No hubo ninguna legislación abolicionista, por lo
que la desaparición de la esclavitud procedió de las decisiones que tomaron
los latifundistas romanos. Los nobles romanos en sus villas desconocían
hacia dónde llevarían sus decisiones con respecto a los esclavos. Finalmen-
te, la decadencia de la esclavitud acabó conduciendo un sistema económico
basado en la servidumbre y unas nuevas formas políticas características del
régimen feudal, que analizaremos en el capítulo 3.

3.3.1 Las explicaciones contemporáneas: el cristianismo y el fin


de las conquistas

Las explicaciones de la decadencia de la esclavitud en el mundo romano son


varias. Mencionemos, en primer lugar, el argumento humanitario presenta-
do originalmente por cristianos y estoicos. Algunos historiados sostienen
que la esclavitud comenzó a retroceder tras diversos edictos de la religión
cristiana. No obstante, los cristianos sólo exhortaban a tratar a los esclavos
con compasión. Pero esta religión nunca se pronunció como antiesclavista.
Más bien sucedió lo contrario pues, desde principios del siglo v, surgieron
edictos papales y conciliares que limitaban y prohibían la manumisión (libe-
ración) de los esclavos que fueran propiedad de las iglesias o de los cléri-
gos. Había cristianos laicos que se desprendían de sus riquezas, incluidos
los esclavos, para abrazar la pobreza, como adoctrinaba su religión. Pero
generalmente hacían las donaciones a la propia Iglesia, que mantenía las
propiedades legadas tal cual, con esclavos incluidos. Nadie ha probado que
el cristianismo primitivo luchara por la abolición de la propiedad privada
(que entonces incluía los esclavos).
Otros historiadores señalan que la finalización de las conquistas roma-
nas redujo la oferta de esclavos. Aquella teoría sostenía que, como conse-
cuencia del fin de las conquistas, el precio de los esclavos se multiplicó

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tanto que los esclavos dejaron de ser rentables, y los patronos romanos los
sustituyeron por otros tipos de mano de obra. El apoyo empirico de esta te-
sis también es endeble. En primer lugar, hay un gran desfase temporal
puesto que las conquistas habian acabado ya prácticamente a la muerte de
Augusto (14 d.C.) mientras que la esclavitud desapareció ocho siglos des-
pués. En segundo lugar, los datos sobre los precios de esclavos son pocos
y proceden de fuentes poco fiables y heterogéneas, como testigos proce-
sales atenienses, poetas griegos y romanos, c6micos o dramaturgos. Son
escasamente representativos, teniendo en cuenta que los precios de los escla-
vos variaban mucho, temporal y geográficamente. En tercer lugar, esos pre-
cios presentan un problema de indeterminación estadistica, pues el aumento
del precio de los esclavos solo reflejaria un descenso de su oferta, si la
demanda hubiese permanecido invariable; la teoria también supone, por
otro lado, que la oferta de esclavos sólo procedia de las conquistas. Lo cual
es mucho suponer, porque, por ejemplo, se dio el caso de que el precio de
las manumisiones (que era el precio que le costaba al esclavo comprar su
libertad) en Delfos creci6 de forma apreciable durante los siglos ii y i a.C.,
coincidiendo con el mayor crecimiento de la oferta de esclavos. Por
en la utilización de los factores de producción por los empresarios lo signi-
ficativo no son los precios absolutos, sino los precios relativos. Pues bien,
el coste relativo del esclavo frente a los asalariados no aument6 mucho en
el imperio romano. En el edicto de Diocleciano (ario 301) sobre precios
máximos, el esclavo más caro (el varon de 40 arios) costaba el equivalente
al salario de tres arios de un cantero o un carpintero, que solo trabajaban
200 dias al ail°. Basandose en el coste de adquisición, en cualquier caso, la
opción a favor del esclavo era evidente.
El retardo en la decadencia de la esclavitud con relación al final de las
conquistas y el pequerio incremento de los precios de los esclavos, en los si-
glos i y ii d.C., se explican por diversas razones. Primera, al acabar las con-
quistas, las guerras siguieron en las fronteras del imperio y los prisioneros-
esclavos siguieron llegando a Roma con regularidad, bajo las dinastias de
los Julio-Claudios, los Antoninos y los Severos. Segunda, muchos escla-
vos llegaban al mercado procedentes de Italia y de las provincias del impe-
rio, en virtud de su linaje esclavo, de la -y enta de hijos por los padres y de
las actividades delictivas, como el secuestro de nirios; también aumento por
la autoventa de personas libres y, por supuesto, la reproducción de escla-
vos en cautividal, por los incentivos que los amos dieron a los esclavos
para que procrearan más descendencia. Dando otro salto temporal, recor-
demos que cuando, a principios del XIX, se prohibi6 el tráfico de esclavos,
los propietarios de las grandes plantaciones americanas recurrieron al co-
mercio ilegal y a la cria de esclavos; no obstante, sólo en Estados Unidos la
población esclava liege) a reproducirse de forma aceptable. Pues bien, tam-

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bién se criaron esclavos en el mundo romano. Segim Columela, existia la
costumbre de recompensar con la exención laboral a las madres esclavas
que criaran tres hijos y con la libertad si tenian más. Segiin Apiano, los pro-
pietarios de esclavos en Italia obtenian sustanciosos beneficios de la pro-
creaci6n esclava. Tercera raz6n, aumentaron los suministros externos de
esclavos, por la compra de la mercancia a los pueblos bárbaros y a los trafi-
cantes de esclavos romanos que accedian a los territorios fronterizos. El
tráfico de esclavos germanos tuvo una dimension considerable en los si-
glos iii, iv y v d.C. La aparición de estos nuevos proveedores de esclavos
explica que los precios apenas subieran.
No obstante, la paralización de las conquistas romanas influyó en la de-
cadencia del sistema esclavista por otras vias, pues la reducción de los boti-
nes rest6 estimulos para la actividad económica. Los ingresos extraordina-
rios del Estado y de las elites romanas (senadores, caballeros, magistrados)
se desplomaron. Ademds, como los gastos del imperio siguieron siendo
inmensos, la disminución de los ingresos por botines para la Hacienda im-
perial, por el fin de las conquistas, exigi6 un aumento de los tributos, que
supuso una carga adicional para los contribuyentes, sobre todo de las pro-
vincias. Ello tuvo que ralentizar el crecimiento de la actividad comercial.
En consecuencia, el fin de las conquistas provoc6 un estancamiento de la
demanda pnblica, moder6 el crecimiento de la producción y, por lo tanto,
el crecimiento de la demanda de esclavos. En cualquier caso, los grandes
terratenientes trataron de adaptarse a las nuevas circunstancias, de menor
oferta de esclavos y de reducci6n de la actividad comercial, reorganizando
la explotación de sus latifundios. En muchos de ellos, el trabajo en equip°
de los esclavos fue sustituido por el trabajo individual; es decir, los pro-
pietarios parcelaron sus fincas y dieron a sus esclavos lotes individuales de
tierras (el peculium) para que los trabajaran por su cuenta. Como incenti-
vo se les permiti6 apropiarse de una parte de la producción, para que pudie-
ran financiarse la compra de su manumisión. En la Hispania romana este
proceso estaba ya generalizado a finales del siglo ii d.C. Estas transforma-
ciones en los latifundios revelan que la decadencia de la esclavitud clásica
también obedeció a factores internos a la propia sociedad romana.

3.3.2 La disminucion del comercio y La aparición del colonato

i,Cuándo ocurri6 realmente la decadencia del sistema esclavista? Es impo-


sible de precisar porque la sustitución del sistema esclavista consisti6 en
transformaciones tan lentas y graduales que pasaron inadvertidas a los con-
tempordneos. La codificación justiniana del siglo vi todavia conserv6 el de-
recho romano clasico en lo referente a la esclavitud. L. M. Staerman fech6

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en el siglo ii d.C. el comienzo de la crisis de la esclavitud y serial6 que su-
fri6 cambios significativos entre los siglos in y vi d.C. Por su parte, Marc
Bloch apunt6 que el reemplazo absoluto fue posterior a la época de Carlo-
magno (768-814).
Para analizar la decadencia de la esclavitud hay que indagar sobre las
tres condiciones que habian permitido su gestaci6n, en el epigrafe 3.2.2.
Pues bien, de aquellas condiciones, la concentración de la propiedad de la
tierra sigui6 vigente en los siglos ITT a v. Esto significa que la decadencia de
sistema esclavista comenzó cuando desaparecieron las otras dos condicio-
nes. Es decir, a) cuando disminuyó la amplitud y actividad de los mercados,
y b) cuando aparecieron otras formas de utilización por los latifundistas de
la mano de obra interna al sistema romano. Veamos lo sucedido con las tres
condiciones de existencia de la esclavitud.

Una mayor concentracion de la propiedad de la tierra

La primera condición de existencia de la esclavitud continu6 vigente en el


Bajo Imperio Romano, pues sigui6 habiendo grandes explotaciones agra-
rias que requerian la utilización de mano de obra ajena a las mismas. Como
hemos visto, una vez acabadas las conquistas, la acumulación de propieda-
des por los senadores y caballeros aument6. Recuérdese que, a raiz de los
conflictos politicos del siglo I a.C., la concentración de la propiedad fue im-
pulsada por las confiscaciones y las redistribuciones politicas de tierras.
También hubo abundantes donaciones testamentarias, a favor del empera-
dor y, después, de la Iglesia. No obstante, la concentración de la propiedad
agraria en manos de la nobleza en su conjunto tuvo su origen en las deudas
adquiridas y en los problemas económicos de los pequerios propietarios que
les obligaron a vender sus tierras.
Algunos historiadores argumentan que en las explotaciones muy exten-
sas y alejadas de las ciudades, los grandes propietarios eludian la utiliza-
ción de esclavos por cuestiones de seguridad, por la mayor peligrosidad de
las revueltas de esclavos, sobre todo en los grandes latifundios y en las zo-
nas alejadas de las calzadas, por las que se desplazaban las legiones. Pero la
concentración de la propiedad en inmensas fincas no fue la causa del fin de
la esclavitucl, por la sencilla razón de que las explotaciones predominantes
siguieron teniendo un tamario medio, que era el más eficiente en la pro-
ducción agraria. En efecto, la concentraci6n de la propiedad de la tierra no
aument6 el tamario de las explotaciones (la explotación es la unidad pro-
ductiva), porque no habia economias de escala en la producciem. De ma-
nera que las grandes propiedades eran divididas para su cultivo en explota-
ciones menores, que tenian una extension similar a las tierras trabajadas

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por los medianos propietarios. En el mundo romano, la explotación mo-
delo, que describía Columela en el siglo i d.C., no tenía un tamaño grande.
Según los agrónomos romanos, la unidad óptima de explotación tenía 50 hec-
táreas, y podía ser gestionada por un administrador. En Italia, estas fincas
rústicas de tamaño medio eran explotadas con esclavos. Las economías de
escala de las grandes propiedades se conseguían en la reducción de los cos-
tes administrativos y en la comercialización de los productos agrícolas, no
en el ámbito de la producción. La explotación agraria eficiente siguió te-
niendo una dimensión mediana, porque no hubo innovaciones técnicas que
aconsejaran aumentar el tamaño. Esto no quiere decir que hubiera un estan-
camiento técnico en la Edad Antigua. Pero es significativo que el molino de
agua, que es un invento de la antigüedad, no se generalizara hasta la Edad
Media.
Si no mejoraron las técnicas, tampoco se ha probado que la productivi-
dad agraria aumentase con la sustitución de los esclavos por los siervos.
Hay quien argumentó que los colonos tenían más interés que los esclavos
en aumentar la producción, por lo que eran más productivos. Esto pudo ha-
ber llevado a los terratenientes a sustituir los esclavos por colonos. Pero los
datos muestran lo contrario, ya que, desde que comenzó esa sustitución de
esclavos por colonos a partir del siglo II d.C., la productividad agraria no
aumentó. En el Bajo Imperio y en la época de Carlomagno hubo un estan-
camiento de la tecnología y una disminución de las herramientas metálicas.
Las cifras de producción agraria tampoco confirman aquella hipótesis. Según
Columela (siglo 1), la proporción entre trigo cosechado y sembrado era de
cuatro a uno. Pues bien, en la Inglaterra y Francia medievales la relación
entre cosecha y semilla descendió a 3/1, e incluso, a 2/1. Hubo que esperar
al siglo xív para que se superase aquella productividad agraria del siglo i d.C.
La ineficiencia productiva, por lo tanto, no fue la causa de la decadencia de
la esclavitud antigua.

El colapso de la activad comercial y la despoblación de las ciudades

El factor más influyente fue la disminución de la actividad comercial, se-


gún Finley. Los mercados del imperio romano estaban segmentados, como
hemos visto en el epígrafe 2. La mayoría de la población apenas demanda-
ba productos, pues estaba compuesta por campesinos libres, pero pobres,
de arrendatarios (personas libres o siervos de algún tipo) y de esclavos sin
poder adquisitivo alguno. La demanda procedía fundamentalmente de los
organismos y cargos públicos y de los grandes propietarios, senadores y ca-
balleros. Hasta la época de Augusto, los recursos de las elites y la demanda
en los mercados se ampliaban con regularidad., gracias a las conquistas y a

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la incorporación de nuevos territorios al mundo romano. Tras el fin de la
conquistas, empero, la demanda cay6 de forma significativa, afectando nega-
tivamente a la actividad mercantil y a la producci6n para el mercado. Más
tarde, desde el siglo ITI d.C., se acentuó la disminución de la actividad co-
mercial en el imperio romano, por la acción de dos procesos distintos, aun-
que relacionados entre si. Primero, la generalización de la costumbre de
cobrar y de pagar en especie al Estado; segundo, la huida de los terrate-
nientes de la ciudad, para vivir en sus villas situadas en el campo.
La primera raz6n del descenso de la actividad comercial durante el Bajo
I mperio Romano fue que el Estado comenzó a pagar a los ejércitos y a los
funcionarios en especie, en lugar de hacerlo en denarios. Desde finales del
siglo iii d.C. se generalizó en las provincias romanas la costumbre de pagar
los impuestos en especie; ademds, la población tuvo que alojar obligatoria-
mente a las tropas; también se vio forzada a suministrar diversos productos
al Estado a precio administrado; las compariias de publicanos fueron obli-
gadas a realizar servicios de transporte no remunerados para el Estado
(confiscación de barcos) o a precios tasados. Estos cambios los introdujo
Roma para proteger al Estado de la inflación, que él mismo habia desenca-
denado por la repetida adulteración de las monedas y el caos monetario
subsiguiente. La inflación devolvio el trueque al mundo romano; incluido
el trueque obligatorio de los ciudadanos con el Estado. De manera que,
durante los siglos iii y iv, el ejército imperial fue alimentado, equipado y
transportado con impuestos y servicios pagados en especie. Los soldados
y la burocracia estatal recibian también el salario en distintos productos, lo
que les protegia de la inflación.
Por otro lado, la manufactura de armas y de uniformes se convirti6 en
una actividad realizada directamente por el Estado. El transporte fue estata-
lizado casi en su totalidad, y los oficios artesanales, regulados y declarados
hereditarios, para asegurarse el Estado una oferta suficiente de artesanos.
En otras palabras, durante el Bajo Imperio el mercado qued6 reducido a su
minima expresión, por la deserci6n de su demandante más importante, que
era el Estado. El mercado habia dejado de ser eficiente para la distribuci6n
del excedente y los emperadores decidieron sustituirlo por la intervención
directa del Estado. En suma, la caida de la demanda del Estado redujo la
actividad comercial de las ciudades y los negocios de los publicani. En lugar
de comprar los bienes y servicios que el imperio necesitaba para suministrar
a los ejércitos y a las ciudades, Roma recurri6 a la confiscación de los bienes
(alimentos, artesanias) y los servicios (medios de transportes), o bien a su
contratación a precios y en las condiciones fijadas por el Estado; ademds,
las manufacturas de armas y de uniformes y las minas fueron transfor-
madas en empresas piáblicas. La reduccion de la actividad de los mercados
fue acompariada por el retroceso de la economia monetaria, pues incluso

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los impuestos se cobraban también en especie (productos). A la disminu-
cion de la demanda del Estado de Roma se unió la reducci6n de la demanda
de los gobiernos de las ciudades (financiada por los magistrados urbanos),
lo que colaps6 la economia de mercado del imperio romano.
La segunda razon de la decadencia del comercio fue la disminución de
la demanda privada (de los grupos privilegiados) en los siglos iv y v d.C.
Los senadores y los magistrados urbanos abandonaron las ciudades y se
trasladaron a vivir a sus fincas rurales (las villas romanas). Lo hicieron por
cuatro motivos: 1) sus ingresos derivados de los cargos imperiales y de los
contratos del Estado disminuyeron; 2) aumentaron los desembolsos de
los magistrados locales para financiar los crecientes gastos de las ciudades
que corrian de su cuenta; 3) la menor actividad comercial y su monopoli-
zacion por el Estado redujeron las posibilidades de la nobleza de vender
los productos de sus fincas y de abastecerse en los mercados, y 4) mejorar
su protección frente a las invasiones de los pueblos bárbaros, ejerciéndola
directamente (internalizándola a la explotación agraria) dada la menor efica-
cia de las legiones romanas. Estas grandes villas romanas se convirtieron en
explotaciones económicas prácticamente autosuficientes, sin apenas comer-
cio con el exterior. Esto contribuyó al desmoronamiento de la economia de
las ciudades, pues desplazó el centro de la actividad económica al campo.
La emigraci6n de los nobles desde las ciudades a sus fincas rurales fue
mayor en las regiones más expuestas a las invasiones germánicas.
Para frenar la huida generalizada de la población urbana, en 527 d.C., el
emperador ordem5 que todos los possesores y curiales volvieran a las ciuda-
des y dejaran el campo a sus coloni. Pero en el Bajo Imperio los edictos de
los emperadores ya no se cumplian. Los nobles romanos siguieron en sus
fincas rüsticas, que transformaron en villas fortificadas para su defensa y
en comunidades autosuficientes, no solo en productos alimenticios, sino
también en articulos artesanales, de tejidos, carpinteria y metalurgia. Esto
redujo aiim más la demanda de los mercados urbanos. En las villas romanas
comenzó a cambiar la organización de la producci6n y de utilización de la
mano de obra, tanto la agraria como la artesanal. El surgimiento de los em-
porios estatales (empresas pablicas) y la creciente producción industrial de
las villas romanas acabaron por desmantelar las manufacturas de las ciuda-
des antiguas. En consecuencia, en las ciudades del Bajo Imperio los esclavos
que quedaban en las mismas eran improductivos, pues estaban dedicados al
servicio doméstico y a la administración. Los esclavos productivos trabaja-
ban en las villas romanas, bien como campesinos bien como artesanos. Por
otro lado, el caos monetario produjo un renacimiento del trueque para reali-
zar los intercambios entre los campesinos; de la misma manera que el Esta-
do prescindi6 del dinero, también lo hicieron los agentes privados.

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La sustitución de los esclavos por siervos

Aunque seguia habiendo una gran cantidad de esclavos, la sociedad del


Bajo Imperio Romano perdi6 sus rasgos de sociedad esclavista para conver-
tirse en una sociedad servil. Para la decadencia de la esclavitud fue funda-
mental la sustituci6n de los esclavos por colonos como mano de obra para
la producción en las villas romanas. Los colonos eran campesinos en situa-
ción de servidumbre, pues estaban adscritos a la tierra y eran dependientes
de sus amos por las relaciones de patrocinio, que caracterizaron a esta nueva
forma de servidumbre. qué los latifundistas romanos sustituyeron los
esclavos por los colonos? La razón fue el cambio en la estructura politico-
militar ocurrida durante el imperio romano, segün Finley. Esta transforma-
ción politica no fue el resultado de unas reformas legales deliberadas de los
emperadores. Por el contrario, surgi6 de un lento proceso de cambio que fue
adoptado autónoma y simultáneamente por la mayoria de la nobleza roma-
na, que transform6 tanto sus hábitos de vida como la explotación de sus fin-
cas. Estos cambios fueron más visibles en las regiones centrales del imperio
(Italia), donde la esclavitud estaba más arraigada. Como hemos visto en el
epigrafe 2, fuera la peninsula Itálica, en el imperio tributario de las provin-
cias se habian desarrollado formas de trabajo servil, que coexistian con los
pequerios agricultores. En efecto, en las provincial abundaban otras formas
de trabajos forzados, como los lavi, los parvikoi o los clientes, diferentes de
los esclavos y de los propietarios libres. Esto hizo que la transición hacia el
modelo servil en el Bajo Imperio fuera más facil en estas zonal.
En suma, las prácticas desarrolladas por los propietarios de las grandes
villas, y no la legislación, crearon el colonato, que fue la nueva forma de
utilización de la mano de obra en el Bajo Imperio. El proceso no lo inicio el
Estado, pero lo intensific6 y legalizo. En efecto, a posteriori, esos cambios
en las practicas económicas fueron consolidados por las nuevas normal ju-
ridicas y politicas emitidas por los emperadores. Las causas que explican
las transformaciones en las grandes villas romanas que dieron origen al co-
lonato fueron las siguientes, segün Finley.
Primera, el derecho romano era unilateral (no era imparcial) a la hora de
dictaminar sobre las relaciones entre las clases superiores y las inferiores,
sobre todo en lo tocante a las deudas y la ocupación de tierras. En efecto, la
legislación romana era ad hoc (adecuada a cada caso) y muy poco siste-
matica; generalmente era la respuesta gubernamental a pleitos y disputas
entre particulares surgidos de la jurisdicción local. Desde las reformas de la
Repüblica, en tales normativas y sentencias no habia referencias a las obli-
gaciones de los colonos con respecto al propietario de la tierra. A pesar
de que la servidumbre por deudas habia desaparecido legalmente, los deu-
dores morosos estuvieron sujetos a la addictio, que significaba el trabajo

154
obligatorio de la tierra para el prestamista. Hubiera sido suficiente la deci-
sión de un juez para evitar aquella sujeción a la tierra, que era ilegal; pero
los siervos, los obaerati o los siervos atados por deudas no tenían acceso
a los tribunales romanos. Por otro lado, los juristas romanos afirmaban que
los arrendatarios eran libres para dejar la tierra cuando terminase su con-
trato. Pero en la realidad no era así, como muestra el hecho de que Adriano
(117-138) condenase la «inhumana» costumbre de los propietarios de rete-
ner a los arrendatarios en contra de su voluntad; un siglo después, en 244,
otro emperador decretó que los arrendatarios y sus herederos no podrían ser
retenidos al finalizar el plazo del arriendo en contra de su voluntad. La
repetición de estos edictos condenando conductas ilegales de los terrate-
nientes es la mejor prueba de que los arrendatarios seguían siendo forzados
a permanecer cultivando la tierra. Esto confirma la erosión de la capacidad
legal de las clases inferiores para ejercer sus derechos legales, entre ellos el
de resistirse a trabajar por la fuerza para otros. Por lo tanto, en la realidad,
los arrendatarios trabajaban en unas condiciones inferiores que no eran las
de plena libertad de contrato, reconocido por el derecho romano a los hom-
bres libres. Desde el siglo II d.C., como hemos visto se acentuó la erosión
de los derechos legales de las clases inferiores, aunque libres, del mundo
romano. Los testimonios de pérdida de libertad para abandonar la tierra
proceden generalmente de Italia, que fue el centro de la sociedad esclavista,
y del sector agrario, que fue el sector fundamental.
Segunda causa, el Estado romano abandonó la defensa de los derechos
de los ciudadanos libres, porque en la etapa imperial sus votos no eran rele-
vantes (incluso perdieron ese derecho) y, aún más importante, porque los
campesinos dejaron de ser necesarios para el ejército. Con el imperio, la
ciudadanía perdió su antiguo significado: los derechos políticos comenza-
ron a desvanecerse y el servicio militar obligatorio fue sustituido por el
alistamiento voluntario. Ello se reflejó, a comienzos del siglo II, en la nor-
mativa que distinguía entre honestiores y humiliores, introduciendo clara-
mente en el derecho romano la desigualdad de los ciudadanos ante la ley.
El emperador era todavía el pater patrial de los romanos, que podían re-
currir ante él para solicitar su amparo. Pero los coloni y humiliori dejaron
de tener acceso a la justicia por decisión imperial. Con ello, los emperado-
res buscaron dos objetivos: evitar el conflicto con la nobleza que pedía esos
cambios y asegurar los ingresos de las finanzas imperiales. En efecto, el
emperador ya no necesitaba el voto de los campesinos ni su reclutamiento
para el ejército; pero necesitó cada vez más recaudar los impuestos de los
campesinos. El emperador aumentó la presión fiscal, en especial, sobre el
tributo más importante, que recaía sobre la tierra, Desde el siglo m d.C., los
impuestos se hicieron agobiantes. Para evitarlos, muchos propietarios y
campesinos abandonaron sus propiedades. Para seguir cobrando los im-

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puestos, Diocleciano decidió adscribir los campesinos a la tierra, obligan-
doles a permanecer en ella, incluso en contra de su voluntad. Aqui estd el
origen de los siervos adscritos a la gleba del feudalismo. Asegurar el cobro
de los impuestos de los campesinos era imprescindible, pues el peso de la
recaudación imperial recay6 sobre la tierra. Incluso en la propia Italia, que
perdi6 su exenci6n tributaria a comienzos del siglo iv. El impuesto sobre la
tierra recaia con mayor fuerza sobre los campesinos; también pagaban los
propietarios de latifundios de esclavos, pero los más ricos tenian más
opciones de evadir. Aunque Vespasiano (69-79) habia aumentado la presión
fiscal sobre la tierra, ésta fue llevadera hasta el siglo iii. Desde entonces
aument6, llegando a recaudar el Estado entre un 25 y un 33% de la produc-
ción de la tierra. Algunas cantidades no llegaron al Tesoro imperial, pues
quedaban en manos de funcionarios y recaudadores de impuestos.
Tercera, las crecientes necesidades financieras del imperio surgieron por
el aumento de los gastos militares originado por las agresiones exteriores,
iniciadas a fines del siglo it (germanos, persas, etc.). Los mayores impues-
tos y las guerras de invasion suponian una doble carga para los campesinos
que reaccionaron de dos maneras: unos abandonaron la agricultura y se de-
dicaron al bandidaje, aumentando la inseguridad; otros decidieron buscar la
protección de los poderosos latifundistas de las cercanias. Esta dltima op-
ci6n fue la más generalizada para evitar aquellos riesgos planteados por los
bárbaros, los bandidos y las propias autoridades y militares romanos. Esta
opción tuvo, ademds, la cobertura juridica de una institución del derecho
romano denominada patrocinium. El patrocinio contribuyó a la generaliza-
ción del colonato. Las leyes romanas fechadas entre 340 y 415 del libro IX,
titulo 24, De patrocinium vicorum, del Código teodosiano, revelan la ge-
neralización y legalizacion del patrocinio. Era un contrato en el cual, a
cambio de protección, el campesino aceptaba la autoridad, sobre si mismo y
sobre su propiedad, ejercida por un noble local. Est° traia consigo la pérdida
de la independencia personal que le pudiera quedar al campesino, que no
solo cedia sus tierras al noble local, sino que aceptaba su autoridad y se
comprometia a la realización de determinados servicios, tanto militares
como productivos. Con el patrocinio se fue configurando un nuevo sistema
económico, pues suponia un cambio en la organización de la producción, de
las relaciones juridicas y sociales. Las grandes villas romanas se convirtie-
ron en explotaciones autosuficientes en lo económico, pero también auto-
nomas en lo juridico y en lo militar. Son el antecedente inmediato del se-
que estaria en la base del sistema feudal.
Aunque sobrevivieron muchos siervos y esclavos, comenzaron a predomi-
nar los colonos, desde que los campesinos libres se convirtieron en colonos
dependientes. El propio término co/onus refleja el cambio de estatus social de
los campesinos: originalmente, co/onus significaba labriego. Luego adqui-

156
66 la acepción de campesino arrendatario. Más tarde, a comienzos del siglo
surgi6 otra acepción de la palabra colono, que significaba «esclavo de la
tierra» (en palabras de Valentiniano I); es decir, siervo. En la fase posdio-
cleciana del imperio romano desaparecieron, de facto y de iure, las diferen-
cias existentes previamente entre las diversas categorias de campesinos so-
metidos a alguna dependencia personal. Desde el siglo ii comenzó a
igualarse el tratamiento productivo y social de las distintas figuras contrac-
tuales de los trabajadores del campo, lo que se reflejó en el vocabulario,
pues se fueron identificando en la palabra «siervo» situaciones hasta enton-
ces diferentes, como esclavo con peculium, siervo por deudas, arrendatario
adscrito a la tierra, campesino patrocinado, siervo de la gleba, colono y
agricultor libre. La evolución del lenguaje revela que, en el siglo iv, las di-
ferencias entre estas diversas categorias de campesinos sometidos a algim
tipo de dependencia de un terrateniente ya habian desaparecido en la prácti-
ca. La transformación esencial queda revelada por el término servus que
pas6 de significar «esclavo» en la Roma republicana a significar «siervo»
durante el Bajo Imperio. De modo que hizo falta crear un nuevo término
(esclavo) que abarcara su antiguo sentido de servus.
En definitiva, la existencia de una fuente interna de abastecimiento de
mano de obra (los colonos que eran siervos dependientes ligados a la tierra)
permiti6 que los propietarios dejasen de demandar esclavos en el mercado.
Ademds, la rentabilización de la mano de obra esclava en las condiciones
clasicas era cada vez más problemkica por la decadencia de la economia
comercial y monetaria. En los siglos iv y v d.C. los esclavos dejaron de
dominar la producci6n en el campo (y los que habia se convirtieron en
colonos) y en las ciudades, dejando, en consecuencia, de ser la fuente prin-
cipal de ingresos de los terratenientes. De manera que el sistema esclavista
fue sustituido poco a poco por el sistema sefiorial, basado en el trabajo
servil. No obstante, dicho sistema y la estructura juridico-politica feudal,
que sustituyó al imperio romano, no se asentaron en Europa hasta la época
de Carlomagno, como veremos en el capitulo siguiente.

4. Un crecimiento económico extensivo sin aumento


de La productividad
i,Hubo crecimiento económico a largo plazo en el mundo romano? Algunos
historiadores sostienen que la economia del imperio romano experiment6
un incremento de la renta per capita, posibilitado por las innovaciones en la
tecnologia, como ocurri6 con el aumento del tonelaje de los barcos, la re-
ducción del peso relativo de las dnforas con respecto al contenido, y la me-
jora de las prensas de aceite; asimismo, en algunas zonas hubo una notable

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prosperidad agraria, particularmente en los alrededores de Roma. Sin em-
bargo, Bang sostiene que estas innovaciones mejoraron la eficiencia econ6-
mica de forma muy marginal. Por ejemplo, la mayor eficiencia de las anfo-
ras de aceite de Africa con respecto a las procedentes de Hispania rebajaron
los precios del aceite en menos del 5%. Por lo que se refiere a la industria,
ésta tampoco experiment6 transformaciones significativas en el mundo ro-
mano. El crecimiento de una de las industrias más pr6speras (la industria
de cerdmica roja, terra sigillata italica) se basó en los pequeilos talleres al-
fareros tradicionales. Los registros arqueológicos muestran, en efecto, la
reducida escala de los talleres de cerdmica, asi como la importancia adqui-
rida por los alfareros que viajaban entre ciudades para establecer nuevos
talleres. Cuando un empresario queria aumentar la producción, establecia
nuevos talleres en otras ciudades, que eran sucursales del taller central. Esta
organización de la expansi6n industrial ni siquiera era una novedad del
mundo romano, pues ya habia sido difundida por los mercaderes asirios en
distintas ciudades a comienzos del segundo milenio a.C. Esta configura-
ción de los talleres romanos, dispersos por distintas ciudades, era un signo
de atraso, pues se debia a la existencia de una tecnologia con economias
constantes a escala (si se doblaban los factores utilizados también se dobla-
ba la producción obtenida) y a los altos costes de transporte, que restaban
alicientes a la concentración de la producci6n en talleres de mayor escala.
En cualquier caso, la aplicación del concepto de renta per capita a las
economias agrarias es problematica. Por ejemplo, entre los efectos de la
peste Antonina similares a los de la peste negra, Scheidel (2002) destac6 el
aumento de la renta per capita de la población superviviente, al disponer de
mejores tierras y mayores superficies. Pero este aumento de la renta per
capita no revela la existencia de crecimiento económico. En las agriculturas
preindustriales, una vez logrado el reajuste de la población por las mortali-
dades extraordinarias, el crecimiento ulterior de la producción agraria traia
consigo una caida en los rendimientos marginales, bien porque los campe-
sinos tenian que trabajar más intensamente la tierra disponible o bien porque
expandian los cultivos a tierras marginales (menos fértiles). En ambos casos,
el aumento de la producci6n se conseguia gracias al aumento más que pro-
porcional de la cantidad de trabajo aplicada, provocando una reducción de
la productividad. Esto significa que, en el mundo antiguo, el aumento del
esfuerzo de la población trabajadora es un mejor indicador del crecimiento
econ6mico que la productividad del trabajo (equivalente a la renta per
capita), que solo crecia en las crisis econ6micas y demograficas profundas.
Los imperios tributarios como el romano fueron socialmente producti-
vos, pues la alianza entre el Estado y la aristocracia permiti6 aumentar el
esfuerzo de los campesinos y el excedente agrario y, por lo tanto, promo-
ver el crecimiento de algunas manufacturas y del comercio. A la intensifica-

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ción del trabajo también contribuyó la expansión de la esclavitud, desde el
comienzo de las conquistas durante la República. El mundo romano ilustra
esta cuestión, pues, en efecto, la presión militar durante el imperio romano
para recaudar más tributos forzó a los campesinos de las provincias ocupa-
das a intensificar el trabajo para poder pagarlos; esto pudo conseguirse,
simplemente, reduciendo el subempleo rural (hasta entonces los miembros
de la familia trabajaban pocas horas). Esta intensificación del trabajo de los
campesinos quedaría reflejada legalmente en la distinción entre honestiores
y humiliores, desde principios de siglo Ti d.C., que junto con otras fuentes
revela una intensificación de la explotación del pueblo por la nobleza. No
hay acuerdo, sin embargo, en si esta intensificación del trabajo campesino
se materializó en un crecimiento sostenido de la producción per cápita.
Probablemente hubo fuerzas contrarias que se contrarrestaron. El creci-
miento de la población tuvo efectos positivos sobre la producción. En los
primeros 150 arios de nuestra era, la población del imperio romano creció
de 45 a 60 millones de habitantes. Esto llevó a una reducción de la superfi-
cie media de las explotaciones campesinas y a una extensión de la super-
ficie cultivada. Aunque ambos fenómenos tuvieron que reducir la produc-
tividad por campesino, la producción agregada continuó expandiéndose en
la medida en que había más trabajadores, cuya productividad marginal,
aunque decreciente, era positiva, que aumentaban el excedente total.
Es decir, el crecimiento de la actividad comercial descubierto por los ar-
queólogos en el Alto Imperio Romano no tuvo el origen en el crecimiento
de la producción per capita (productividad); lo relevante para explicar la
mayor actividad comercial fue el aumento de la producción y, sobre todo,
del excedente total. La formación del imperio romano no generó necesaria-
mente un aumento de la producción por trabajador, y si lo hizo fue en tér-
minos moderados. Sólo puede afirmarse que el imperio aumentó la capaci-
dad productiva total porque incorporó numerosos trabajadores bajo un
mismo sistema económico. Por otro lado, tampoco es necesario el aumento
de la productividad en la agricultura para explicar el surgimiento de gran-
des concentraciones urbanas; es suficiente con el crecimiento de la produc-
ción agregada y del excedente, que se consiguió con una población activa
creciente a la que se obligó a trabajar más intensamente. Desde luego, el
imperio romano permitió movilizar y concentrar una masa creciente de re-
cursos procedentes de un área muy extensa. Ello incrementó la escala de la
actividad económica agregada y del excedente agrario, que podía transpor-
tarse y concentrarse en las ciudades. Esto permitió que Roma tuviera un
volumen de población que no volvería a alcanzarse hasta después de la
revolución industrial, en Londres. Junto a Roma surgió una red de ciudades
con una alta concentración de población (superando los 100.000 habitan-
tes). En suma, el imperio tributario de Roma consiguió concentrar grandes

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recursos económicos de un area muy extensa en un reducido numero de
ciudades. Esto exigio la creación de un sistema de transportes del Estado
que se apoyó en el desarrollo de los mercados y el comercio. Pero esta eco-
nomia comercializada y monetizada se circunscribió a los traficos y merca-
dos del comercio interregional. Fuera de esta red arterial, la economia de
intercambio del mundo romano operó en mercados locales, propios de las
economias agrarias tradicionales.

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