1 de 69 Premio Nacional de Crítica

Estéticas Políticas

La Memoria Decapitada Desplazamiento Forzado en Colombia 51

“Ensayo largo”

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f 1 - Espacios sin espacio

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f 2 El hombre es un ser nómada

f 3 Un intento por narrar el viaje de la mirada

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f 4 "Espacios con muchas voces. Y hasta espacios sin ninguna"

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Contenido 1 2 INTRODUCCIÓN ................................................................................................. 6 ESTÉTICAS POLÍTICAS. DESPLAZAMIENTO FORZADO EN COLOMBIA.

ESPACIO Y ESTÉTICA EN ASENTAMIENTOS DE DESPLAZADOS EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN............................................................................................ 9 3 4 CONTEXTO........................................................................................................ 13 DÍAS DE RECUERDOS ..................................................................................... 18 4.1 4.2 4.3 5 LA CASA DE TODOS LOS TIEMPOS ....................................................... 20 VISIBILIDAD PELIGROSA ........................................................................ 23 DISCURSOS DESPLAZADOS .................................................................... 24

ITINERARIOS URBANOS Y ESTRATEGIAS DE REPRESENTACIÓN ......... 33 5.1 5.2 EL CUERPO, MONÓLOGO DE UNA TRAGEDIA .................................... 38 ARQUEOLOGÍA DE UN PAISAJE PERDIDO ........................................... 42

6

LA ESTÉTICA DEL DESARRAIGO .................................................................. 46 6.1 6.2 LAS PROPIEDADES QUIMÉRICAS .......................................................... 49 UN TEXTO PARA UN NUEVO PALIMPSESTO ....................................... 62

7

BIBLIOGRAFÍA ................................................................................................. 65

6 de 69 1 INTRODUCCIÓN

RECOGER LO QUE LA IMAGINACIÓN ACUMULA 1999. Estudiar la ciudad. Recorrer la ciudad. “Según datos de organizaciones no gubernamentales que trabajan en los asentamientos, cada día llegan a Medellín entre 10 y 15 familias y se diseminan –de acuerdo a declaraciones de Planeación Municipal de Medellín– en todos los sectores donde hay barrios de invasión. Así, el Plan de Ordenamiento Territorial clasificó, para 1999, 52 asentamientos en los que los desplazados por la violencia se cruzan con las familias pobres residentes de antiguo que aprovechan la oportunidad para mezclarse con los desplazados y recibir así el tratamiento de víctimas de la violencia.”. 1999 - 2009. En Colombia, la guerra por el territorio y la violencia ha dejado, en los últimos cuarenta años, miles de colombianos deambulando por trochas, caminos y carreteras; cientos de familias que, en caravana, se dirigen a las cabeceras municipales buscando un refugio y queriendo mezclarse con la población para salvar sus vidas. Documentar una historia de vida de las comunidades desplazadas en Colombia permite hilar un relato de interpretaciones del trasiego de personas que buscan siempre otras orillas, otros diques por donde moverse, planificar rutas diariamente en medio de hostilidades y entornos inciertos para pertenecer a nuevas geografías. Miembros de una sociedad civil tratando de buscar salidas para que se les respete las leyes. Son documentos visibles, textos visuales en donde las imágenes como “factores pragmáticos

7 de 69 de producción política de comportamientos y subjetividad”1, actúan para incidir en nosotros como -sujetos de experiencias, sujetos de impresión-. Estéticas Políticas. Memoria Decapitada, un formato investigativo que da cuenta de los múltiples sentidos de la casa para el desplazado y una restitución de imágenes acumuladas en el horizonte de la memoria. Historias contadas, materializadas, que se escuchan y se observan en los asentamientos y que establecen correspondencias con una actitud estética y crítica de la violencia y sus consecuencias. “Lo estético designa un modo de relación, un modo de estar en relación cuyos términos son el mundo en sus apariencias y la subjetividad en sus afectos. Estar en la actualidad es prioritariamente estar en relación estética con ella y, socialmente, con los demás.” 2 … En medio del drama del desplazado siempre habrá un espacio anclado, radicado, es la casa, el espacio de todos los tiempos.

1

PUELLES, Romero Luis, Entre imágenes: experiencia estética y mundo versátil,, en

Estudios Visuales, Cendeac, 2003; pp, 132.

2

Ibidem. pp, 133.

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f 5 Un ejército de miserables que sólo poseen la ropa que llevan puesta

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2

ESTÉTICAS COLOMBIA.

POLÍTICAS.

DESPLAZAMIENTO

FORZADO

EN

ESPACIO Y ESTÉTICA

EN ASENTAMIENTOS DE

DESPLAZADOS EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN La historia del hombre puede escribirse a partir de las huellas que dejan sus modos de habitar. Historia concreta de muros que, al encerrar un espacio, otorgan al hombre un centro en el que le es posible reconocerse. Espacios que se transforman. Tiempo que no se detiene. Y en ellos, y a través de ellos, el hombre y su casa, sus objetos, sus paisajes, sus ancestros, sus lazos sociales… En una palabra: el hombre y los signos de su existencia. El desplazamiento re-convierte al hombre en un ser nómada: vuelve confusos sus modos de concebir el hábitat; lo obliga a replantear sus canales de comunicación; su intimidad se colectiviza y, al tiempo que la esfera de lo privado se abre al exterior, lo público pierde sus límites. Dicho de otra manera: este nomadismo contemporáneo, que une el desarraigo con la pérdida de la libertad y afecta a comunidades enteras – desplazadas contra su voluntad–, redefine los “otros” espacios, tangibles e intangibles, habitados por el hombre: la “nueva” casa; el campo abandonado y añorado; el barrio que nace; la ciudad excluyente… fisuras de una nueva geografía en la que aprenden a moverse y en la que ensayan la construcción de lugares de esperanza y de pasiones. Múltiples son las causas del desplazamiento forzado y, por lo tanto, múltiples son las perspectivas desde las cuales puede ser aprehendido como objeto de estudio. A las variables económicas, sociales, políticas o geográficas, se suman aquellas más

10 de 69 particulares –no por eso menos importantes– de las realidades concretas, de las historias individuales, de los hombres, mujeres y niños que padecen el desarraigo. Al primer grupo de variables pertenecen los estudios sobre el desplazamiento adelantados por diversos actores sociales –tales como los medios de comunicación, las ONG, la iglesia, el estado y las universidades–, que con instrumentos propios de la metodología científica, pretenden dar cuenta de la lógica de la guerra (cómo actúan los actores armados, qué ocurre con la sociedad civil en medio del conflicto, las disputas por el poder y por el territorio, entre otros) y de sus consecuencias, entre las cuales el desplazado es una cifra más, un problema más, un “desarraigado” que por su condición amenaza el orden antiguo de la ciudad a la que no sabe cómo pertenecer. El segundo grupo de variables permite realizar una lectura diferente del desplazamiento: aquella que se sirve de los conceptos propios de la estética, la etnografía y la teoría comunicacional para describir la relación que los desplazados “re-inventan” con el espacio; analizar la re-identificación de los individuos con sus lugares (sujeto-objeto); y las re-significaciones de las relaciones sociales (sujeto-sujeto). Dicho de otra manera: el desplazado, ese hecho singular que se repite una y mil veces cada día, tiene innumerables relatos; su historia es la de un drama personal, íntimo, que reclama ser narrado y que no excluye el deseo de re-habitar la ciudad a la que llegan. Deseo que llena de esperanzas el presente de las comunidades desplazadas; que se vuelve forma, imaginario; que dota de sentido y adquiere corporalidad. El problema de los desplazamientos forzados en Colombia, producto del conflicto que vive el país desde hace más de cuarenta años, es el objeto de esta escritura. Escritura que es un tanteo estético en torno a dos asentamientos –ambos en Medellín– de comunidades desplazadas: el asentamiento Jardín – Oasis, situado en la zona de

11 de 69 Manrique, y el asentamiento del Picacho, situado en los límites con el municipio de Bello y destruido por un incendio en el año 2002.

f 6 Estrategias de resistencia y de pertenencia

f 7 "Habitado por el viento"

Estos asentamientos son el espejo de las incapacidades del estado y de los ciudadanos. A ellos llegan los desplazados como fugitivos, como extranjeros en su propio país; y en ellos, como veremos, desarrollan una arquitectura flotante que sólo parcialmente se integra al tejido urbano dando forma y carácter a lugares que se distinguen por el

12 de 69 “encerramiento” en las alturas. Son la imagen de una ciudad compartimentada, perfilada en configuraciones espaciales en las que no existe la liminalidad. Lo privado se hace público, se vive una “intimidad vigilada” definida por la reducción de los lugares físicos y la combinación de actividades familiares y personales en un mismo espacio. Pareciera como si, temerosa la ciudad, guardara una distancia prudencial frente a la vida y experiencia de las comunidades desplazadas: ese habitar en la periferia y en la marginalidad es el límite que guarda y establece la diferencia entre quienes están en la ciudad y quienes llegan de afuera. Así pues, condenado a la errancia, la única salida del desplazado parece estar en la capacidad que tenga para comenzar otra vida en un nuevo sitio. Y, en el caso particular de Colombia, la ciudad es para la gran mayoría de estos “nuevos nómadas” ese territorio desconocido por conquistar. Territorio que, etnográficamente, significa La Casa, La Ciudad y El Entorno. Este trabajo es un intento por narrar el viaje de la mirada en su recorrido íntimo por esos “espacios sin espacio” creados bajo la premura del tiempo.

f 8 Cargan los rincones de las casas que han abandonado

13 de 69 3 CONTEXTO

En Colombia, la guerra por el territorio y la violencia ha dejado, en los últimos cuarenta años, millones de colombianos deambulando por trochas, caminos y carreteras; cientos de familias que, en caravana, se dirigen a las cabeceras municipales buscando un refugio y queriendo mezclarse con la población para salvar sus vidas, constituyen un ejército de miserables que sólo poseen la ropa que llevan puesta... En el mundo y para el año 2004, el número total de personas desplazadas dentro de sus países, a causa de un conflicto o por la vulneración de sus derechos humanos, era alrededor de 25 millones3. En ese mismo año, Colombia se posicionaba como el tercer país con el mayor número de personas desplazadas. En junio de 2007, durante la conmemoración del Día Mundial de los Refugiados, la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU (ACNUR) informó que 3 de los 13 millones de desarraigados internos a los que atendió en 2006 en todo el mundo eran colombianos. Esta cifra, que equivale al 23 por ciento del total, elevó al país al indeseable primer lugar en número de desplazados atendidos por esa agencia de la ONU. Los resultados señalan también que la población más vulnerable en Colombia, la más expuesta a los atropellos de una guerra que silenciosamente va arrancando las esperanzas de vida está constituida por niños y mujeres: alrededor del 65% de la población afectada. Estos datos demuestran, sin lugar a dudas, que el desplazamiento forzado es la consecuencia más dramática del conflicto en Colombia; una verdadera crisis humanitaria de la que, sin embargo, no se conoce su verdadera dimensión debido,

3

UNICEF. La niñez colombiana en cifras. París: UNICEF, s.f. pp.52-57.

14 de 69 fundamentalmente, a dos factores: en primer lugar, el sub-registro existente, pues las víctimas no saben a dónde acudir para dar cuenta de su desplazamiento, o se resisten a revelar su condición por temor a represalias; en segundo lugar, la inconsistencia en las metodologías y técnicas de medición de las entidades gubernamentales y no gubernamentales, encargadas de visibilizar y atender el fenómeno. Este segundo factor quedó evidenciado en 2006, cuando las tres entidades nacionales de mayor importancia en el registro, seguimiento y atención del desplazamiento forzado – la Consejería para los derechos humanos y el desplazamiento forzado (Codhes), la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional de la Presidencia de la República (Acción Social) y el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE)–, dieron a conocer cifras completamente

incompatibles de la cantidad de personas desplazadas en nuestro país. (Véase Tabla 1).
Tabla 1 TOTALES POBLACIÓN DESPLAZADA EN COLOMBIA 2006

TOTALES POBLACIÓN DESPLAZADA EN COLOMBIA 2006 Entidad CODHES- Conferencia Episcopal Acción Social. Presidencia de la República DANE. Fuente de los datos SISDHES Registro SUR Consolidado 3.800.000 personas 1.900.000 personas

Censo Nacional de Población

800.000 personas

Fuente: El Tiempo, 13 de septiembre de 2006 Para el caso de Antioquia el fenómeno de los desplazados se presenta en casi 70 municipios del departamento, y el mayor número de víctimas llega a Medellín y varios municipios del oriente, suroeste y Atrato medio. De hecho, según el informe de Codhes y Unicef, Antioquia es el departamento que mayor cantidad de víctimas de la violencia

15 de 69 tiene, debido a que es la región del país donde ocurre una tercera parte de las acciones bélicas y de los actos violentos que produce el conflicto armado. Cada hombre, cada mujer, cada niño, arrebatados un día de su lugar y de su cotidianidad de manera áspera y dolorosa, se convierte entonces en un relato mutilado, tortuoso y deforme de la historia colombiana; y, gracias a ellos, todos somos las temporalidades de esa historia; temporalidades inundadas de relatos que, como las de todos los desplazados, se van convirtiendo en mitos. El desplazamiento es la imagen de un país que compartimenta su biografía para no sentir la impotencia de saberse a sí mismo víctima de su propia historicidad.

f 9 La memoria decapitada

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Ilustración 1 Desplazamiento en el mundo. Fuente: Le Monde Diplomatique 2001

Ilustración 2 Identificación de zonas de asentamiento en Medellín

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Ilustración 3 Migración interdepartamental según cambios de residencia durante los últimos 5 años

18 de 69 4 DÍAS DE RECUERDOS Segunda poesía vertical -1963(...) Cada uno se va como puede, unos con el pecho entreabierto, otros con una sola mano, unos con la cédula de identidad en el bolsillo, otros en el alma, unos con la luna atornillada en la sangre y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos. (...) Cada uno se va porque se va, unos con alguien trasnochado entre las cejas, otros sin haberse cruzado con nadie, unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino, otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire, unos sin haber empezado a vivir y otros sin haber empezado a vivir. Pero todos se van con los pies atados, unos por el camino que hicieron, otros por el que no hicieron y todos por el que nunca harán. (...) ... Vivir es frecuentar torres nómades, árboles flotantes, colegios de nubes, convocatorias de presagios y repentinas publicidades de la angustia que nos sacuden como tos o hipo o espasmos del abismo. El pecho, los ojos y otras cosas que se cierran aprenden en nosotros su oficio, hasta que el clima se completa y la muerte clausura el aprendizaje. Es necesario gritar en el desierto, Antes de poder poblar el desierto. Roberto Juarroz

19 de 69 Las malas horas y lo que les perteneció son recuerdo. Sus primeros meses en Medellín los dedicaron a contar una y otra vez la historia de su desgracia. La tarde anterior había sol. El día era claro. Desde los corredores de su casa, construida en medio de las montañas, se podían ver los caminos que surcan el territorio del municipio de Frontino (en el Departamento de Antioquia). Pero en la mañana siguiente la familia Arango Barrera, compuesta por Álvaro, Beatriz y sus cuatro hijos, igual que sus vecinos, fueron levantados por la fuerza. Había llegado una orden que no daba tregua. Sólo recuerdan las miradas perdidas en el marco de un amanecer. … “Estaba nervioso. Sentí unos pasos, era de madrugada. La cocina estaba lejos para tomar un café; sin embargo, crucé la puerta. El corazón me latía duro. Tocaron la puerta con golpes muy fuertes. De repente, la sombra de un grupo de hombres armados cubrió toda la casa. Eran muchos para enfrentarlos”… Hubo murmullos, preguntas, interrogantes… El día no transcurría, las horas eran imposibles. Después de ponerlos a todos en fila, procedieron a asesinar a uno de los compañeros. El cuerpo cayó sobre los pies de Álvaro y rozó a Juan y a Martín, los dos hijos más pequeños del matrimonio. Los niños sintieron frío y corrieron a esconderse debajo de sus camas, llorando a gritos. El grupo de hombres se retiró del caserío, no sin antes advertir, entre risas, a Álvaro que debía abandonar en horas su casa, su tierra y el mundo que había construido desde pequeño. La luz llegó para avisar la despedida. A partir de ese momento el horror acompañó de largos silencios los días que le anunciaban el destierro a toda la familia. Salieron

20 de 69 presurosos para adentrarse en un camino largo que los conduciría a la ciudad. Creyeron enloquecer de desesperación, pero continuaron su camino. Hoy, meses después, al recordar aquellos momentos, la piel de Beatriz comienza a sudar suavemente y su rostro se convierte en un espejo de agua en el que se ahogan los sueños. Los niños se pierden en el horizonte de sus propios ojos y el temor los recoge alrededor del cuerpo de su madre... Son días de recuerdos. Por lo pronto, salvaron sus vidas. Llegaron a la ciudad y, con rapidez, se integraron con los demás pobladores… Álvaro y su familia se instalaron en la periferia de Medellín. 4.1 LA CASA DE TODOS LOS TIEMPOS

La casa luchaba bravamente. Primero se quejó; los peores vendavales la atacaron por todas partes a la vez, con un odio bien claro y tales rugidos de rabia que, por momentos, el miedo me daba escalofríos. Pero ella se mantuvo. Desde el comienzo de la tempestad unos vientos gruñones la
f 10 Sociedades en tránsito

tomaron con el tejado. Trataron de arrancarlo, de deslomarlo, de hacerlo pedazos, de aspirarlo, pero abombó la espalda y se adhirió a la vieja armazón. Entonces llegaron otros vientos y

precipitándose a ras del suelo embistieron las paredes. Todo se conmovió bajo el
f 11 Estudio sobre la casa

impetuoso choque, pero la casa flexible,

21 de 69 doblegándose, resistió a la bestia. Estaba indudablemente adherida a la tierra de la isla por raíces inquebrantables, que daban a sus delgadas paredes de caña enlucida y tablas, una
f 12 Panedero de Picacho

fuerza sobrenatural. Por

mucho que insultaran las puertas y las contraventanas, que se pronunciaran

terribles amenazas, trompeteando en la chimenea, el ser ya humano, donde yo refugiaba mi cuerpo, no cedió ni un ápice a la tempestad. La casa se estrechó contra mí como una
f 13 Una arquitectura inacabada

loba, y por momentos sentía su aroma descender corazón. maternalmente Aquella hasta mi fue

noche

verdaderamente mi madre. Solo la tuve para guardarme y sostenerme. Estábamos solos4. El mundo de los desplazados es la autobiografía de cada uno de los

f 14 Al borde de la montaña

4 BACHELARD, Gastón. La poética del espacio. México: Fondo de Cultura Económica, 1997. p.36.

22 de 69 individuos que sufre los rigores de una guerra que no da tregua para pensar. Una guerra que exige que se decapite la memoria; o se archive en los sobres de algunas cartas recibidas tiempo atrás; que se esconda en bolsas y se cubra con papeles en el fondo de una maleta que guardará herméticamente toda una historia familiar. Allí nadie la despierta, pues, si lo hace, todo lo que habría para contar espantaría y los entregaría al enemigo. Por eso es mejor callar, hundir también la voz en el fondo de esas maletas, echarle encima lo poco que les queda; tal vez así puedan algún día descifrar alfabetos que hoy no son entendibles. Al romperse el nexo con la casa familiar se emprende un éxodo doloroso a través de un viaje que no da tiempo para elaborar el duelo. Los grupos de personas desplazadas llegan a la ciudad de Medellín con su mundo privado al descubierto. Están ahí, amontonados en las laderas de la urbe. Llegan como fugitivos, como extraños dentro de su propio país. La ciudad es un escenario nuevo para muchos de ellos. Una zona inconquistable. La ciudad es una sucesión ininterrumpida de geometrías que se expanden. En ella, las luces simulan un río incontenible que se derrama por entre el valle y las montañas. No lo controla la mirada. Tiene miles de afluentes, miles de cauces. Y es por entre esos miles de ríos de luz por donde caminan los desplazados para ir en búsqueda de afluentes más lejanos, de los que se pierden ya en las colinas. Cuando llegan a la ciudad, su identidad se hace visible. Cargan los rincones de las casas que han abandonado; sus fisionomías revelan los trabajos del campo, y sus rostros están cansados de repetirse que no será fácil hacerse a otro destino.

23 de 69 4.2 VISIBILIDAD PELIGROSA

En los caminos que conducen a sus casas hay decenas de montículos. Montículos de basuras; de desechos de materiales; de cabezas de muñecas rescatadas de la quebrada; de retazos de ropas que han perdido toda posibilidad de uso y adquieren una resemantización: sirven, por ejemplo, de asiento (silla) en el interior de una habitación; de enormes cantidades de zapatos que semejan piedras en el camino… Objetos que definen y anuncian una iconografía que nos guía, por el conocimiento de la memoria histórica, a la imagen de los enterramientos y ceremonias funerarias que caracterizaron culturas ancestrales. Los asentamientos de los desplazados en Medellín son la imagen fragmentada de zonas de enterramientos que, por su peculiaridad, simulan un imperio en ruinas o, más bien, un imperio que nació en ruinas. La acumulación de materiales, las montañas de objetos olvidados o dejados sobre el camino, son símbolos que construyen el imaginario colectivo para quienes se apropian de un terreno ajeno. Los montones de piedra se colocaban a un lado de los caminos para señalizarlos; también demarcaban los linderos entre villas, ciudades y regiones; marcas que fijaban los límites y las fronteras. Estos montones de piedras, usados para señalar los caminos y fronteras geográficas, eran también altares primitivos consagrados a Hermes. En realidad, el montón de piedras es la imagen arquetipal de un dios. Y por eso podemos decir que este dios, Hermes, “Señor de los Caminos”, como llegó a conocérsele, señala también nuestros caminos y linderos psicológicos: marca las líneas de nuestras fronteras

24 de 69 psicológicas y limita el territorio de nuestra psique donde comienza lo extraño, lo ajeno5. Los procesos de construcción de identidad, entendida no como esencia sino como relación que se construye en la interacción social, hacen visibles los problemas que se desarrollan en los asentamientos. En éstos, la identidad es una etiqueta con la que se les imputa desde afuera, a los desplazados, un conjunto de características y atributos que se consideran peligrosos. Rasgos clasificados en códigos múltiples como las marcas objetivas, el lenguaje y las representaciones que los hacen visibles. Las reglas de subsistencia cambian radicalmente, pues los soportes sociales y las ofertas del mercado laboral son reducidas o exigen condiciones que los implicados en el problema de violencia muchas veces no reúnen, ya sea por escasa formación escolar, por recursos económicos minados, o por el estigma que se arrastra en la condición de saberse y conocerse desplazados. 4.3 DISCURSOS DESPLAZADOS

Con el sometimiento de la población civil a grandes presiones, se produce un rompimiento de los ciclos emocionales del individuo, se debilitan los lazos de comunicación del núcleo familiar, se generan actitudes de desesperanza frente a la vida y pérdida de referentes identitarios. Quizá la única forma de sentir que todavía hay algo que une a cada individuo con su grupo familiar y con sus vecinos, que todavía es posible compartir un sentimiento, sea el recurso de la memoria, la narración de lo vivido.

5

LÓPEZ PEDRAZA, Rafael. Hermes y sus hijos. Barcelona: Anthropos, 1991. p.14.

25 de 69 Es lo que se percibe en los testimonios dados por un grupo de desplazados, en marzo de 1996, a las autoridades municipales de Medellín durante una diligencia de descargos ante la inspección tres “A” de policía. Las comunidades desplazadas llamadas a esta diligencia provienen del campo y han migrado por diferentes barrios, víctimas, también, de la violencia urbana. El grupo había levantado su hábitat en los alrededores de la cancha de fútbol Barbados (Oasis, Jardín) del barrio Manrique oriental, de Medellín. “Soy María Muñoz, nací en Titiribí, Antioquia, vivo en el Barrio Jardín, ranchos el Oasis. Tengo cincuenta años, viuda, no sé leer ni escribir, únicamente me sé firmar, trabajo en casas por días y no tengo trabajo desde hace más de quince días. Tengo cinco hijos, conmigo viven una de seis años y otro de dieciocho. El que ve por nosotros es mi hijo mayor que trabaja en construcción y cuando no, trabajo yo. Me di cuenta por la gente que comentaba que había una invasión, entonces yo me fui y construí mi rancho. No tengo ninguna propiedad, nada, yo soy muy pobre. Desde mayo estoy en la invasión, nos la tumba la policía y volvemos y la armamos”. “Me llamo David Arango. Vivía en Bocanegra, adentro de Turbo, allí tenía una finquita y me la quemaron. Fue un informante de la guerrilla porque no se la quise vender. Me quemaron mi casa y de allí me vine para Medellín con mi señora y mis hijas. Tengo cinco hijas y no estudia ninguna. La mayor tiene 15 años, cuatro, tres, uno y la más pequeña tiene dos meses. No estoy trabajando ya que estoy accidentado hace más de dos años y en este momento estoy inválido de la columna. Mi compañera pide limosna. La policía del ferrocarril nos ayudó a ocupar los ranchos, ya que vinimos sin a dónde llegar y vieron en qué condiciones y nos ayudaron. No tengo nada. Hace un año que vivimos en la invasión siete personas. Tenemos luz y sanitario, el agua nos la regalan. El

26 de 69 rancho está construido de teleras y tablas. Estamos corriendo mucho peligro ya que cuando llueve el arroyo nos coge de primera, necesitamos que nos reubiquen”. Otras familias afirman: “Invadimos con el fin de tener una casita, la luz la tenemos de contrabando y el agua nos la regala un señor. Mi rancho está hecho de una teja de cartón, teja campesina y plásticos, y allí vivimos cinco personas”. “Mi casa tiene únicamente cuatro palos y la forma del techo”. Los habitantes del asentamiento El Picacho, situado en los límites entre Medellín y Bello, también viven su propia tragedia: “Me llamo Constanza, tengo cuarenta y ocho años. Vengo de un corregimiento cerca al municipio de La Ceja, Antioquia. Mi trabajo era recolectar moras para vender en compañía de mi hijo y mi marido. Una mañana llegó un grupo de hombres armados y sin hablar mucho se llevaron a mi esposo. A los pocos minutos oí varios disparos. Salí corriendo y encontré el cuerpo de él tirado en el camino. Fue horrible. Lloré mucho porque él era un hombre muy bueno. Lo enterramos y como no teníamos para dónde irnos nos quedamos en la casa. Al poco tiempo regresaron otros hombres y me mataron a mi hijo. Ahí sí tuve que salir corriendo porque ya me habían quitado todo. Una hija que vive en Medellín me trajo para este asentamiento y aquí estoy por lo menos acompañada. La gente de acá no es mi familia pero todos nos tratamos como si lo fuéramos. Yo no volví a la tierra y me contaron que está muy montada. Pero yo no regreso. Vivo en este cambuche donde no me puedo ni mover y donde las

27 de 69 ratas se comen el plástico que forra los cuatro palos. Cuando llueve toda el agua se filtra, pero aquí sigo”.

f 15 Al borde de la montaña

En la mayoría de los estudios, el desplazado es simplemente una cifra, un problema, un extraño que comienza a amenazar un orden; pero esa “cifra”, ese “problema”, esa “amenaza”, que se renueva una y mil veces cada día, tiene innumerables relatos. Relatos que hechos discurso se convierten en testimonios de una memoria encargada de recoger y proteger el drama personal, íntimo, de los desarraigados. Drama que, inquisidor, redefine los sentidos de la identidad nacional; y discurso que es catarsis subjetiva que se traduce en un lenguaje visual capaz de comunicar el pasado y el presente, que se adentra

28 de 69 en el mundo de lo privado y documenta una verdad que tiene resonancia sobre el propio cuerpo del desplazado, sobre el entorno y sobre la sociedad.

f 16 Una mirada etnográfica

Estos documentos son referentes para el arte6, y permiten la escenificación de una estética política en la que el vació y el silencio constituyen los materiales con los que se elabora la representación (visual o lingüística). Refiriéndose a las imágenes de la

6

Obviamente, también para la psicología, la historia y todas aquellas disciplinas que se cruzan en su estudio con lo social.

29 de 69 violencia en el arte contemporáneo, Carmen Bernárdez Sanchís, en su ensayo “Transformaciones en los medios plásticos y representación de las violencias en los últimos años del siglo XX”, ejemplifica de manera acertada el sentido del desarraigo y del exilio individual o colectivo como hecho artístico: Algunas obras han abogado por el recurso del silencio, a la expresión de la ausencia como única fórmula posible para la evocación del drama, para lo cual la imagen no funcionaría por ser siempre asertiva, por hacer presente: “¿cómo mostrar lo que no está, la desaparición misma, o el olvido mismo, o la negativa a ver? ¿La ausencia? Exponer la negación, ¿Cómo?... en cierto modo, la imagen implica siempre una afirmación de la presencia… En esto toda imagen es una renegación de la muerte y de la pérdida” (Wajcman, G., El objeto del siglo, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, p. 196). Hay creaciones que trabajan plásticamente con lo ausente y la idea del aislamiento, como Habitación del dolor, de Beuys (1941-1983), una sala vacía totalmente forrada de placas de plomo en paredes y techo, pero este espacio vacante se carga no solo del plomo y la bombilla que apenas luce, sino también de las respuestas emocionales del espectador ante ese silencio, e inevitablemente el vacío “se llena”. Otros han reclamado la voz de las víctimas o la presencia muda de su nombre para la reconstrucción necesaria de la memoria colectiva, para crear empatía en el espectador. Y no se trata – como es tradicional en el monumento- de representar al héroe y publicitar su nombre, sino de nombrar también a aquellos cuyos nombres se diluyen generalmente en la categoría de “víctimas” o “caídos”. Recuperar sus nombres responde a la necesidad de identificar y nombrar para rescatar la condición de humanidad dentro de la barbarie7.

7

BERNÁRDEZ SANCHÍS, Carmen. Imágenes de la violencia en el arte contemporáneo. Madrid: Valeriano Bozal, 2005. pp.83-84.

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f 17 El cuerpo, monólogo de una tragedia

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f 18 Un país que compartimenta su biografía

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f 19 Se construye la historia colectiva

f 20 Parece ser un cielo de espejos

33 de 69 5 ITINERARIOS URBANOS Y ESTRATEGIAS DE REPRESENTACIÓN

En Colombia las ciudades, particularmente las principales capitales, son los puntos más concurridos por las personas que, agobiadas por la guerra, emprenden el éxodo. La arquitectura que se levanta en las zonas periféricas de Medellín concentra la mayor parte de asentamientos de desplazados y los barrios de invasión que sirven de albergue provisional a hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos que, después de penosos destierros, deciden “instalar” sus destinos en esas zonas que denotan una liminalidad con lo urbano. Las señas visuales de la ciudad aparecen, entonces, signadas por unos hilos de plástico, madera y zinc donde se contienen historias acalladas por la fuerza. Una nueva sonoridad, diferentes texturas y efectos múltiples afectan la sensibilidad urbana y la cadencia del desarrollo individual y colectivo. En la improvisación de estos asentamientos se levantan “cambuches” que sirven de albergue a los recién llegados. Un nuevo tejido se adhiere a la topografía, difícil y escarpada, de las zonas altas (nororientales y noroccidentales) de la ciudad. Es una improvisada arquitectura que se aferra al terreno de una superficie sin límites para contener una neo-grafía.

f 21 Topografía base asentamiento Jardín Oasis, Manrique Oriental. Medellin

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f 22 Topografía base asentamiento Jardín Oasis, Manrique Oriental. Medellin. 1999

f 23 Topografía base asentamiento Jardín Oasis, Manrique Oriental. Medellin. 2009

f 24 Topografía base asentamiento Picacho. Medellin, límites con el municipio de Bello, Antioquia

f 25 Topografía base asentamiento Picacho. Medellin, límites con el municipio de Bello, Antioquia. 1999. En el año 2002 fue incendiado

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f 26 Cortografía de Medellín. Asentamientos de desplazados. 1999-2009

En Medellín y en los asentamientos de los desplazados surge un paisaje de visión caleidoscópica, múltiple, fracturada y expansible que se integra o, más bien, hace parte de lo urbano. La cartografía es mutable y sirve de contexto para describir la ciudad como una conjunción de espacios cerrados, abiertos, inconclusos, insinuados, de ambientes presentes en la memoria, de lugares de paso, de interiores brutales; todos ellos elementos que definen la comunicabilidad de lo urbano. Una mirada etnográfica puede descubrir nuevos sistemas de construcción, y sugerir otros planteamientos en la relación público/privado. En estos ambientes, en efecto, se desarrolla una atmósfera nueva que exige otras lecturas y propone problemas que conciernen a la representación visual: la “nueva escritura” que se descifra en esos espacios contenedores y, a su vez, contenidos, traza líneas de sensaciones y de histerias,

36 de 69 de gritos, luchas y acoplamientos. Es la lectura de un mapa de pasiones en la que se dibujan la sombra y la luz, se visualizan formas que narran la violencia a través de símbolos, metáforas y asociaciones, se encuentran fragmentos de objetos mutilados que señalan los recuerdos, que aluden al paso del tiempo y que transmiten memoria. Los límites desaparecen, las formas se multiplican y se combinan materiales. Terror significa siempre el uso de la violencia contra personas indefensas. No se produce una lucha. La constelación es de una asimetría total. Pues las víctimas no tienen la posibilidad de enfrentar esos ataques. Desaparece la reciprocidad del ataque y el contraataque. El terror no admite resistencia. De ahí que todos los conceptos que hablan de duelo o de lucha entre dos fuerzas sean inexactos8. Estas palabras del sociólogo alemán Wolfgang Sofsky permiten un acercamiento estético político al espacio de los asentamientos de los desplazados por la violencia: la casa como campo visual saturado de sensaciones, de objetos que delatan una identidad en el límite –muñecos, zapatos, libros, coches de niños, cuadernos, juguetes…–, como espacio contenedor de las familias desplazadas y de sus múltiples escenografías cambiantes, se hace cuerpo somático; cuerpo antropológico; cuerpo femenino; espacio de inscripciones donde el poder deja sus huellas y produce mutaciones que marcan para siempre la psiquis de la colectividad. Umberto Eco señala que cuando una acumulación de cosas muestra objetos del mismo tipo (zapatos, relojes, máscaras anti-gas) o está guiada por la intención de “contar una

8

SOFSKY, Wolfgang. “El destruido flujo del tiempo”. En: Revista Humboldt 135. Goethe Institute Inter Nationes. Bonn. p.2.

37 de 69 historia”, ese catálogo de objetos incongruentes gana sentido y cada uno de éstos alude a esa historia contada9. Historias contadas, materializadas, que se escuchan y se observan en los asentamientos y que establecen correspondencias con una actitud estética y crítica de la violencia y sus consecuencias.

f 27 Deambulando por trochas, caminos y carreteras

f 28 Autobiografía

9

BERNÁRDEZ SANCHÍS, Carmen, Op. Cit., p.110.

38 de 69 5.1 EL CUERPO, MONÓLOGO DE UNA TRAGEDIA

El cuerpo del hombre es instrumento de comunicación, y su lenguaje puede leerse y analizarse según una compleja red de perspectivas sociológicas,

antropológicas, psicológicas y estéticas, entre otras. Dicho de otra manera: el cuerpo humano porta y hace patente la forma esencial de la relación imagen – signo. Entendida la primera como el modo inmediato y concreto de la conciencia, y el segundo como una entidad unitaria y elemental capaz de portar sentido. En el caso de las comunidades
f 29 Un espacio de control

desplazadas, el cuerpo como territorio se convierte en la afirmación de la vida individual; punto de partida para ser y
f 30 Textos visuales

existir; es lo que permanece del pasado reciente; es, quizá, la única certeza de la sobrevivencia. En él –volumen sígnico– se hacen visibles las marcas y señales de la tragedia: los recuerdos, los afectos, los sueños, las creencias, los

39 de 69

temores adquieren una nueva significación. El cuerpo es también medio, lugar, refugio y transporte connotado de imágenes sugestivas comunes y de imágenes

intencionalmente representativas, descifrables en los rostros cansados de quienes formulan preguntas sin respuestas, y en la gestualidad que denota el miedo y el dolor después de caminatas eternas. Así pues, el individuo desplazado se hace visible a través del único espacio que aún le es propio y en el que puede recobrar, de algún modo, su unidad, su centro: el cuerpo, por el cual puede volver a ser. De este modo, se trasciende el sentido orgánico de aquél para elevarlo a una instancia significativa superior: el cuerpo es el monólogo de una tragedia. La amenaza es un acto que se produce sobre un sujeto, la afectación está dirigida a poner en evidencia la vulnerabilidad de la vida, aquella que tiene como soporte el cuerpo. Por otra parte, la mediación del sujeto con el mundo, la concreción de una existencia, sólo es posible gracias a la presencia de un cuerpo, de un espacio físico real en el que la vida tiene lugar. De este modo, el cuerpo es reflejo de las sensaciones internas, que unas veces delata y otras esconde. Pues bien: una cierta libertad de movimiento influye sobre la psique, liberando a su vez al sujeto o, en caso contrario, condicionando su corporalidad. En las expresiones de los cuerpos de las víctimas hay una representación proyectiva de su historia, de sus duelos silenciosos, de la incertidumbre que lo marca, de la problemática que en esencia ha coartado su libertad y

40 de 69 la independencia de decidir10. De ahí que los cuerpos emplazados ahora en el campo pictórico, el modo de permanencia, la manera de habitar, continúe guardando y conteniendo numerosos elementos de la vida rural y del mundo afectivo y relacional de los hombres y mujeres que inspiran la reflexión plástica, dejando así en evidencia, en los choques ante una realidad que ya no es, una serie de impactos profundos que deben ser leídos desde la producción y circulación de significados para encontrar, de esta manera, más allá de la forma, el contenido de la tragedia. Por siglos la importancia del cuerpo, de lo material, fue relegada. Importaba el alma de las personas, la estructura sociopolítica, los procesos económicos. Sin embargo, en la historia real, el cuerpo ha sido el espacio donde sucede la mayor opresión: violaciones, agresiones, negaciones, abusos, manipulaciones. Por esto, en cualquier estudio social e histórico, esta categoría no puede ser pasada por alto. Los cuerpos son territorios que (re)significan a partir de discursos que operan en los relatos, porque todo el cuerpo pasa por el filtro del discurso, del lenguaje y de la actualidad simbólica. El cuerpo es mundo, pues la única forma de asumirlo es en relación con él. Es también, al mismo tiempo, receptáculo de la realidad subjetiva, y es en este doble escenario donde el desplazamiento puede releerse. El cuerpo es, pues, un operador simbólico que irrumpe a través de ciertos dispositivos estéticos para señalar la conflictividad presente en la esfera de lo público y lo privado.

10

Ver PIEDRAHITA, Lucrecia y Luisa Restrepo. “La diosa des – alada. El cuerpo

como espacio en los desplazados y sus narrativas de interpretación”. Beca de investigación del Ministerio de Cultura. 2002. En Revista Anagramas, rumbos y sentidos de la comunicación. Julio – diciembre 2003.

41 de 69 Si miramos a lo largo del muro de la historia, encontraremos una galería de imágenes en las que el ejercicio violento del poder ha marcado, signándolas, sus huellas sobre los cuerpos humanos, evidencia de sus horrores y desmanes. Cuando el cuerpo humano es "registrado" por el poder, se convierte necesariamente en un espacio de control y en archivo que denuncia. El poder no es una sustancia. Tampoco es un atributo misterioso del que habría que buscar sus orígenes. El poder no es más que un tipo particular de relaciones entre individuos. El rasgo distintivo del poder consiste en que determinados hombres pueden decidir más o menos totalmente sobre la conducta de los hombres, pero nunca de manera exhaustiva o coercitiva11. Así explica Foucault el concepto de razón de Estado. Sabemos, sin embargo, que en el acaecer histórico las relaciones entre individuos han dejado sus marcas permanentes en el cuerpo humano, transformándolo en el espacio significativo por excelencia para imprimir en él las huellas del dolor.

f 31 La estética del desarraigo

11

FOUCAULT, Michel. Surveiller et punir. Naissance de la prision, Gallimard, París. 1975. (Tr. It. Sorvegliare e punire, Einaudi, Torino. 1976. En: Umberto Galimberti, “Il corpo”. Universale Economica Feltrinelli. Feltrinelli Editore. Milano, 1997. p.220

42 de 69 5.2 ARQUEOLOGÍA DE UN PAISAJE PERDIDO

Las paredes y los techos de plástico, cartones y fragmentos de madera remiten, con su fragilidad, a la simbiosis casa/cuerpo. La ciudad, lugar de representaciones y símbolos, se resume en esta idea de una casa/cuerpo: estructura femenina donde reposan los sueños de tantos hombres y mujeres; cuerpo de mujer como escenario teatral donde sucede la vida y se detiene la muerte; imagen que provoca y desata las rivalidades de todos los que quieren poseerla. La casa/cuerpo se convierte en un espacio habitable, habitacional. Mujer-hogar, mujercasa, mujer-refugio son los referentes para desarrollar, nuevamente, el sentido de pertenencia a un lugar. Aluden a un trozo de campo, de paisaje, de jardín y re-fundan la relación mundo/naturaleza/ciudad/hombre, en la que la naturaleza –entendida como el espacio conocido, limitado, circunscrito, definido, los territorios que se conocen, manejan y dominan– obra como punto intermedio entre el mundo, la ciudad y el hombre. Y la casa configura también el cuerpo de la mujer: mujer-barca, mujer hecha de piezas, que se construye y se arma; mujer-tierra, mujer-agua, a la que hay que “fundar” en un espacio físico para, después, convivir en ella y con ella. Es ésta la manera más “personal” de adecuar, concebir y construir vivienda, y de apropiársela. La idea de la casa/cuerpo se convierte en la más contundente imagen/símbolo capaz de definir a una comunidad: sus relaciones sociales, su cotidianidad, sus lazos comunicacionales, sus encuentros, su relación con la naturaleza, sus caminos recorridos y por recorrer; su vida en familia, su vida en barrio, su vida en ciudad, su vida en pareja.

43 de 69 En esa casa enclavada en lo alto, la representación de movimientos ondulantes, pausados, suspendidos, permiten ver el ensamble de zapatos, muñecos, sombrillas, fragmentos de mesas y de sillas, montones de piedras y hasta la cabeza de un gato de juguete, que definen una construcción. La fascinación de estas construcciones rememora la del artista Marcel Duchamp por los ritmos de los objetos encontrados y convertidos en arte a través del gesto y de las múltiples miradas de las comunidades, de las intenciones y necesidades de la gente. Así, en los asentamientos de los desplazados en la ciudad de Medellín el objeto adquiere una dimensión estética y amplía el campo de acción del lenguaje artístico, al atribuir valores y elementos de significación al ready-made, trascendiendo su objetualidad y adquiriendo una función metalingüística. De esta manera, la resignificación de los objeto de uso, en sus aspectos formales y conceptuales, conduce a las nuevas estéticas urbanas hacia la superación del dualismo arte y vida. El objeto ligado a lo cotidiano, que toma nuevos usos, trasciende su integridad funcional y asume valores metafóricos, que sirven de base para entender el asentamiento como un territorio atravesado por dinámicas sociales y políticas que están en constante lucha.

44 de 69

f 32 Formas de territorialidad

45 de 69

f 33 Cuerpos silenciosos

46 de 69 6 LA ESTÉTICA DEL DESARRAIGO

El camino que va desde las avenidas de la ciudad hasta las casas de los desplazados está marcado: el trabajo cotidiano de supervivencia ha construido nuevos significados al exigir combinar objetos y materiales en asociaciones aparentemente imposibles: el esqueleto de un perro se ha convertido en las piezas de juego para los niños de la montaña; en la quebrada, un sillón abandonado, el ojo rayado de una muñeca, las hojas dispersas de un libro; un martillo golpea con fuerza las letras de un abecedario inventado… Imágenes de lugares devastados y de memorias decapitadas, ensambladas con pedazos de madera, bañadas de tierra y de basuras; Imágenes de violencia, de muerte, de crónicas políticas; objetos mutilados, quemados, recuperados, unidos, que recuerdan y son vida, juego, reunión. Imágenes y objetos arrancados de su silencio.

f 34 El ojo rayado de una muñeca

En la antropología simbólica o semántica, el paisaje se vincula al mundo de los valores estéticos, puesto que habla de orden, lógica interna de la composición y armonía. En los procesos de interpretación de las comunidades desplazadas, es posible subrayar la

47 de 69 expansión del campo estético de un paisaje re-construido, re-creado por las colectividades vulneradas. Paisajes que, al resemantizar los objetos, traspolar los significados, subvertir las relaciones entre lo público y lo privado, adquieren una valoración urbano-rural e imprimen a esta nueva concepción estética una relación con el entorno, no solamente visual sino de expresión y comunicación. Estos nuevos paisajes se constituyen en una presencia efectiva adentro del tejido citadino. Por así decirlo, son la nueva capa constructiva de la ciudad que permite una forma de lectura de lo urbano donde se reconoce y define una forma de territorialidad: aquello que en las zonas periféricas y marginales se presenta como producción plástica, es decir, que tiene intención y dota de carácter y significado los espacios en los que se mueven las comunidades desplazadas.

f 35 Una lámpara de cristal cuelga de una f 36 Un abecedario inventado cabuya en el techo

48 de 69 Las imágenes que se producen en estos espacios, reflejo de la barbarie, portan una identidad subjetiva que las reconduce hacia una narrativa de historias y silencios: en la fragilidad de las paredes, es posible reflexionar sobre el “objeto estético u objeto estetizado” que, por su comunicabilidad, comporta un sentido. En la resignificación de los objetos, muchos de desecho, se forman imágenes desmembradas que nos hablan de una estética de lo oculto. Imágenes radicalmente fuertes en las que la posibilidad de asociación entre un grupo de muñecas mutiladas, atadas con un retazo de toalla curtida por el polvo y la tierra, y los fardos funerarios –objetos construidos por los indios en los que colocaban a sus muertos y luego colgaban del techo de sus casas hasta por dos años– es referente del miedo, de la huida. Podría decirse que son objetos-retratos.

f 37 Fardos funerarios

49 de 69 6.1 LAS PROPIEDADES QUIMÉRICAS

Al estudiar el espacio y la estética en los asentamientos de los desplazados en Medellín, se hace necesario estudiar la casa, su concepto y significado como elemento de integración; analizar el aspecto plástico de la vivienda y referenciar los valores estéticos, de comunicación y significación del espacio habitacional. De igual manera, hay que pensar la ciudad y el entorno: la valoración de los lugares, la imagen que construyen de la localidad, la configuración y simbolización del territorio y los niveles de comunicación que se desarrollan entre la ciudad, el hombre y la casa. Desde el punto de vista cultural, el problema de los desplazados puede entenderse como un sistema de signos. En efecto, el lugar de la vivienda del hombre es un signo que marca las diferencias entre comunidades y civilizaciones que han hecho historia: es alojarse en un espacio físico, construir en un lugar determinado, seleccionar una topografía, adaptarse a ella para transcurrir. Pensar y sentir la casa como un cuerpo que recibe, protege y guarda, es entender las diferencias, establecidas por Heidegger, entre el sentido del alojamiento y el de la habitación. Para el filósofo, el concepto de alojamiento tiene una significación cuantitativa, material, mientras que la habitación está connotada por valores cualitativos, es decir, espirituales12. La idea de habitar relaciona íntimamente los conceptos de lugar y ser. Habitar, según Heidegger, es convertir el espacio físico, racionalmente constituido, en una representación material del “ser en la tierra”. Es decir, dotar de significado las categorías del ser y estar. En la relación significativa que se da entre el ser y el habitar

12

HEIDEGGER, Martin. “Construir, habitar, pensar”. Citado por SALDARRIAGA ROA, Alberto. “La dimensión cultural de la vivienda”. En: Simposio sobre antropología de la vivienda. Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Antropología – Colcultura, Bogotá, 1990.

50 de 69 un lugar, un espacio, se desarrolla un sentido de identidad y pertenencia, en el cual la función espacial posee unas características culturales, familiares, económicas, sociales, además de unos valores simbólicos que determinan esa relación. Al hacer cada individuo uso del espacio donde habita, construye una relación comprometida, activa y consciente con éste. El hombre habita y es habitado.

f 38 Soñar el espacio que falta

f 39 Las propiedades quiméricas

51 de 69 Improvisan la arquitectura de su nuevo albergue. Surge en ella la idea de los espacios “soñados”, de lugares que pertenecen a regiones imaginarias, allí donde no han sido saqueados los recuerdos. Pronto las casas se muestran suspendidas en la geografía, porque penden en el abismo. Crean ambientes fuertes que alimentan de activas y cambiantes imágenes a habitantes y visitantes. Callejones estrechos, calles imposibles, pasadizos, parques simulados, el lugar para estudiar, la zona para los juegos, el centro para rezar… manifestaciones de una arquitectura inacabada: espacios que están delimitados en el piso, en la tierra de un sector de la montaña o, simplemente, fundados con palos o grupos de piedras. Los lugares existen, se crean en la memoria de cada uno de los habitantes del asentamiento, se respetan y forman parte del imaginario colectivo, enfatizan la relación entre público/privado y entre utopía y realidad.

f 40 Estudio sobre la casa

Armando Silva, en Imaginarios urbanos, cultura y comunicación urbana, hace referencia a estos fantasmas urbanos Como aquella presencia indescifrable de una marca simbólica en la ciudad, vivida como experiencia colectiva, por todos o por una parte significativa de sus

52 de 69 habitantes, por la cual nace o se vive una referencia de mayor carácter imaginario que de comprobación empírica13.

f 41 Estudio sobre la casa

Fantasmas que son, en la imagen del desplazado, la traducción inmediata del concepto de casa de campo que se resiste a abandonar. En los nuevos lugares, instalados en la estrechez del terreno, reconstruyen el espacio para la huerta, el corral para los animales, el centro de reunión de familias y vecinos, la escuela, el centro médico, el lugar para los talleres de las mujeres o para la oración. Marcas objetivas de los espacios rurales que les han sido arrebatados. Incluso, cuando aún no han sido levantados materialmente,

13

SILVA, Armando, Imaginarios urbanos. Cultura y comunicación urbana. Santafé de Bogotá. Tercer Mundo Editores, 1998. p.102.

53 de 69 están ahí, presentes, ocupando un lugar en la memoria y, por tanto, son objetos de respeto en el espacio físico. Son y no son. Las ideas fuertemente arraigadas en el imaginario del desplazado con relación a su espacio habitacional y a la concreción de un pequeño pueblo, o a la simulación de un barrio o caserío, se definen por la conjunción de la imaginación y la razón. Soñar el espacio que falta, habitarlo con anticipación a los muros que lo definen y delimitan, hace parte de lo que Bachelard denomina las propiedades quiméricas. ... El espíritu se despliega en él, pero el alma no encuentra allí su vasta vida. Tal vez sea bueno que conservemos algunos sueños sobre una casa que habitaremos más tarde, tan tarde que no tendremos tiempo de realizarlo. Una casa que fuera final, simétrica de la casa natal, prepararía pensamientos y no ya sueños, pensamientos graves, pensamientos tristes. Más vale vivir en lo provisional que en lo definitivo. ...todo eso no existía más que en su imaginación; pero era lo suficiente para que esas pequeñas propiedades quiméricas adquirieran realidad a sus ojos. Hablaba de ellas, las disfrutaba como si fueran reales; y su imaginación tenía tal fuerza que no me hubiera sorprendido que durante las heladas de abril o mayo se le hubiera visto inquieto por la suerte de su viñedo de Marly14. Este fenómeno espacial se presenta con fuerza, presencia, conciencia, y se convierte en el campo privilegiado de la significación. Juego de la memoria que permite el surgimiento de un nuevo concepto: el de un espacio habitable en las regiones de la atemporalidad. Un espacio sin espacio, que transforma el significado del lenguaje real. La creación imaginaria respeta el espacio imaginado.

14

BACHELARD, Gastón, Op. Cit., pp.93-94.

54 de 69 Todo esto constituye símbolos, imágenes que tienen su base material en el mundo psíquico, visibilidades, comportamientos, acciones y experiencias que se desarrollan en el día a día y que proporcionan el sentido del lugar para los desplazados, definiéndoles sus actitudes estéticas.

f 42 Estudio sobre la casa. Un acercamiento etnográfico

55 de 69

f 43 Estudio sobre la casa. Un acercamiento etnográfico

56 de 69

f 44 Estudio sobre la casa. Un acercamiento etnográfico

57 de 69

f 45 Estudio sobre la casa. Un acercamiento etnográfico

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f 46 Estudio sobre la casa. Un acercamiento etnográfico

59 de 69

f 47 Asentamiento Picacho, 1999. Límites entre Medellín y Bello, Antioquia

f 48 Asentamiento Jardín Oasis. Manrique Orienta., 1999. Límites entre Medellín y Bello, Antioquia

60 de 69

f 49 Asentamiento Picacho, 1999. Medellín

f 50 Asentamiento Picacho, 1999. Medellín

61 de 69

f 51 Asentamiento Jardín-Oasis. Detalle, 1999. Medellín

62 de 69

6.2

UN TEXTO PARA UN NUEVO PALIMPSESTO

“Comenzó a bajar por la vieja escalera. No sabemos por qué cargaba una sombrilla abierta en un día claro, de aire plateado. Era joven, delgado y silencioso, tal vez asustado. Vestía una túnica larga de color naranja. Descendía lentamente, como contando los días de su vida. Nunca desvió la mirada de la pared de cristal que le servía de fondo, al borde de la montaña. Reparaba en cada uno de sus movimientos, escasos y fríos. La sombrilla era su casa, protegiéndose siempre bajo la cúpula negra que lo conectaba con el cielo. Abajo lo esperaba un mar abierto que había traído a centenares de hombres que llegaban en bicicletas, vestían abrigos largos de color gris y sombreros redondos. Las cabezas de aquellos hombres estuvieron siempre inclinadas hacia el suelo, nunca quisieron dejar ver sus rostros perdidos de tanto mirar a través del cristal por el que ahora descendía el joven muchacho. Esa pared era el espejo que anunciaba el destierro”. L.H. En la oscuridad añeja está la imagen del asentamiento como una trama medieval: callejones estrechos y calles sin salida se combinan con materiales como plástico, cartón, papel, ladrillo, piedra o madera. Ondean los muros de las casas arrodilladas en el polvo15. El movimiento produce sonidos, los niños corren, se ríen, lloran. Una niña sentada a la puerta de su casa tritura un pedazo de ladrillo con la ayuda de las piedras del camino como herramienta. El color terracota que logra del polvo de ladrillo es el maquillaje para su muñeca. Con paciencia, lo humedece y prepara en su mano, luego

15

La expresión es de Octavio Paz.

63 de 69 aplica con delicadeza el rubor en las mejillas del juguete y lo pone al sol para que se fije. Es el ritual de un juego de niños para lograr una máscara, un nuevo rostro y un traje diferente para su único juguete. En el asentamiento no hay centro, unidad, ni orden aparente. El todo no existe. Sólo el trazo fragmentado. Variante que simula la imagen de un libro abierto quemado por el sol, corrugado por la lluvia, comido por las ratas, y, en él, un texto disperso, fragmentado. Palabras desplazadas por el viento que escriben un texto nuevo, un mensaje diferente, prohibido. El hilo que las conduce se ha enredado en el laberinto del minotauro. Demasiadas historias qué contar, demasiados secretos qué develar. En la representación de ese libro se intercalan la escritura y los pasos de quienes la habitan. El papel se ha desgarrado, se ha desgastado. En ese libro olvidado, que hace posible un espacio para la congregación, para el resguardo, para el olvido, metafóricamente se tiene la posibilidad de un encuentro físico realizado en tiempo y lugar. Hojas sueltas que se han hecho paredes; palabras disueltas, descuartizadas, hechas caminos, senderos, rutas entrecruzadas. La tinta, lavada por la lluvia y por el sol, permanece como mera insinuación en la puerta de acceso a la casa; como marco para una ventana que se insinúa. Los vacíos en las páginas se convierten en los vanos en los que se instala un vidrio para leer desde la calle un interior. El desplazamiento es una ruptura profunda en las lógicas de la vida. Aprehender su historia es levantar una imagen como disposición al caos, re-elaboración del mundo interior, re-construcción de las ruinas de la morada del hombre; es reflexionar sobre la contemporaneidad como presencia ambigua, efímera y cambiante, en la que la conjugación de tiempo y espacio comunica y define la imagen; imagen dislocada de los individuos desarraigados que en busca de significación reinventan los códigos; es

64 de 69 realizar una ardua labor de catarsis que recupere para el desplazado los múltiples sentidos –antropológicos, sociológicos, escénicos y estéticos– del habitar la tierra después del paraíso y antes de la expulsión.

f 52 Sobre Nómada. Interpretación del artista Hernán Marín. 2009

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7

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