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Un nuevo análisis sobre la Fenomenología del espíritu

de Hegel
EL AROMO - El Aromo nº 56 - "Promesas sobre el bidet"
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Raya Dunayevskaya*

Carta sobre la Fenomenología del espíritu de Hegel (26 de junio


de 1986)

Permítame comentarle algo del pasado, de una época lejana, y no


me estoy refiriendo tanto a Marx (mucho menos al humanismo
marxista) sino a Hegel. ¿Por qué cree usted que hasta el presente
los académicos se refieren a la Fenomenología del espíritu como una obra “caótica”, “muy brillante y
profunda en algunos aspectos” pero definitivamente “Hegel no sabía hacia donde se dirigía” e incluso
no tenía subtítulos cuando llegó al “espíritu”?
Esto se debió a que Hegel no había elaborado las categorías sistemáticamente como lo hizo en la
Ciencia de la lógica, donde se apreciaban con claridad y los académicos daban por sentado que las
comprendían. En verdad podían repetir estas categorías, sin embargo, aunque no fuera hasta 1929 que
publicaron una traducción al inglés (habían rechazado la traducción realizada en Estados Unidos por
los hegelianos de San Louis), conformaron una larga y precisa lista de categorías -128 para ser
exactos- de forma tal que cualquiera podía repetirlas, si podía memorizar 128 nombres.
Todavía necesitamos una explicación seria y exhaustiva de por qué no se ha hecho referencia al hecho
de que en el año anterior a su muerte, Hegel sintió la necesidad de añadir los tres silogismos finales al
espíritu absoluto. ¿Usted sabe por qué? Ahora lo explico. La causa es que no hemos comprendido que
la Fenomenología del espíritu (de 1807, no de 1830) proyectaba el basamento para los absolutos, y ellos
no comprendieron ese basamento debido a la Revolución Francesa. Y Hegel decía apasionadamente:
“Miren lo que pasó en Francia” y nosotros no hemos desarrollado ni una sola categoría dialéctica,
mientras continuamos hablando de filosofía una y otra vez. La filosofía entera, de 2.500 años tiene que
encontrar un nuevo lenguaje, y aquí está. Los académicos no tuvieron esa perspectiva en aquel
entonces, al igual que no la tienen ahora. La justa verdad es que entre 1807 y 1831, el año de la muerte
de Hegel, la cuestión fue desarrollar ese movimiento, el movimiento histórico. Esa visión sólo la tuvo
Marx y la tuvo porque se encontraba en una nueva época y necesitaba un nuevo lenguaje para expresar
las fuerzas y la razón de la revolución como co/itinuidad y discontinuidad de la dialéctica y las nuevas
revoluciones europeas en la década del ‘40 del siglo XIX. Es por ello que una introducción seria
siempre se escribe al final y de esta forma también constituye un resumen, lo cual fue lo que hiciera
Marx de 1843 a 1883.

Introducción a “¿Por qué la Fenomenología de Hegel? ¿Por qué ahora?”

La tarea más difícil que cada generación de marxistas ha enfrentado es la de desarrollar el marxismo
de Marx para su propia época. Nunca ha sido esta tarea más difícil que la que nos presenta la década
del ‘80 [del siglo XX]. A menudo nos gusta citar esa magnífica y creativa frase de Hegel acerca del
“nacimiento de la historia” [Fenomenología, p. 12]. Pero es importante darse cuenta de que en el mismo
párrafo en el que se habla del nacimiento de la historia y de un período de transición también se habla
de un período de oscuridad previo al amanecer.
Esto es lo que todos hemos tenido que sufrir: la oscuridad previa al amanecer. Hegel articuló con
suficiente lucidez la oscuridad y el amanecer en un mismo párrafo. Pero, al aparecer en el prólogo de
la Fenomenología del espíritu, da la impresión de haber sido escrito antes que el libro, mientras la
verdad es que el prólogo se escribió después de que ya toda la obra había sido terminada, por lo tanto,
no nos damos cuenta que la unidad contradictoria sólo se hizo tan evidente después de haber sido
completada la obra.
Siempre ocurre que en momentos de cambios cruciales en la historia de la humanidad es muy difícil
definir la diferencia entre dos tipos de crepúsculo, aquel que precede el hundimiento en la más
absoluta oscuridad o aquel que anuncia que hemos llegado al fin de una larga noche y que es justo el
momento previo al amanecer de un nuevo día. En cualquier caso, el desafío de encontrar el sentido, lo
que Hegel llama “el vago presentimiento de lo desconocido”, se convierte en una compulsión por
encontrar el nuevo comienzo, una filosofía que trate de dar respuesta a una pregunta de “¿por dónde
empezar?”. Ésta es la razón por la que una nueva filosofía revolucionaria, el nacimiento de la dialéctica
hegeliana en el momento de la gran Revolución Francesa, no produjo totalmente un nuevo comienzo en
la filosofía. Esto provocó el rompimiento de Hegel con el romanticismo. Su profunda indagación se
dirigió al mismo tiempo al pasado, a los orígenes de la filosofía en Grecia alrededor del año 500 a.C., y
hacia delante, en la medida en que la Revolución Francesa fue seguida por la era napoleónica que trató
de dominar toda Europa.
En resumen, el crisol de la historia muestra que las fuerzas de la revolución verdadera que produce
revoluciones en la filosofía se repiten en los momentos de cambio histórico. Por lo tanto en la década
del 40 del siglo XIX, con el surgimiento de una clase revolucionaria totalmente nueva -los “condenados
de la tierra”, el proletariado- Marx transformó la revolución en la filosofía hecha por Hegel en la
filosofía de la revolución. Esta creación de todo un nueyo continente de pensamiento y revolución
desencadenó la dialéctica hegeliana que Marx denominó “revolución permanente”.
Del mismo modo en que el doble impacto del comienzo de la Primera Guerra Mundial y el colapso del
marxismo establecido (la Segunda Internacional) obligó a Lenin a buscar las profundas raíces de Marx
en la dialéctica hegeliana, así, en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en
un imperativo la búsqueda de ese eslabón perdido de una filosofía de la revolución en el mundo
posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Todo un nuevo mundo -el Tercer Mundo- ha nacido. Al igual que los revolucionarios de Europa Oriental
se levantaron en contra del comunismo totalitario desde sus entrañas, el Tercer Mundo se levantó
contra el imperialismo occidental. Este movimiento desde la práctica que es en sí una forma de teoría
ha estado buscando formas para poner fin a la separación de la teoría y la práctica. Es este
movimiento el que ha redescubierto los primeros ensayos humanistas de Marx, al igual que los trabajos
de su última década donde predijo, en sus estudios de las sociedades precapitalistas, que una
revolución podía ocurrir primero en un país tecnológicamente atrasado, antes que en un lugar
avanzado tecnológicamente de Occidente y este movimiento ha tenido que luchar bajo el látigo de la
contrarrevolución en un mundo plagado de armas nucleares.
Esta lucha en ningún lugar ha sido más onerosa que en los años ‘80 bajo el regresionismo de Reagan
que ha tratado de que el reloj de la historia marche en sentido contrario, tanto en lo referido a los
derechos civiles, como a la clase obrera, la emancipación de la mujer, la juventud, la educación, la
infancia. Al mismo tiempo que existe esta contaminación ideológica y la lucha revolucionaria contra
ella, incluso algunos burgueses estudiosos de Hegel, que se oponen a la “subversión” de Hegel por
Marx y por el humanismo marxista de hoy, han tenido que admitir que “si bien Hegel no ha estado
literalmente en las barricadas de ciudades plagadas por la lucha, o en focos revolucionarios rurales, sí
ha estado en el centro del combate ideológico actual.”
En este sentido, esto también ayuda a comprender por qué publicamos el artículo “¿Por qué la
Fenomenología de Hegel? ¿Por qué ahora?”, que tendrá dos partes. Lo que sigue como primera parte es
un estudio del primer trabajo de Hegel, Fenomenología del espíritu (Geist) (considerada por Marx su
obra más creativa) y redactado en forma de notas de conferencia para una primera clase que impartí
sobre la Fenomenología en los años ‘60. La segunda parte que se concretará en un futuro cercano será
un ensayo sobre la dialéctica hegeliana, en la medida en que ésta fue criticada por Marx en sus
ensayos humanistas de 1844 y que continuó desarrollando a lo largo de su vida. Esto puede ser
observado con mayor claridad en El capital, el trabajo teórico de mayor importancia de Marx,
principalmente en la sección final del primer capítulo, que Marx amplió sobre el “Fetichismo de la
mercancía”, durante su última década. Es allí donde una cita de lo que primeramente apareció en la
tesis de doctorado de Marx en 1841 nos revela el continuo y profundo enraizamiento de Marx en Hegel.

NOTAs
*El presente texto corresponde al capítulo 13 de El poder de la negatividad. Escritos sobre la dialéctica
en Hegel y Marx, Biblos, Bs. As., 2010.