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42 /1 Procesal Civil

José Flors Matíes

LOS MEDIOS DE IMPUGNACIÓN DE LAS


SENTENCIAS FIRMES
Los medios de impugnación de las sentencias firmes. La rescisión en re-
beldía. La revisión de las sentencias firmes.

I. LOS MEDIOS DE IMPUGNACIÓN DE LAS


SENTENCIAS FIRMES

Después de ocuparse la LEC, en el Título IV del Libro II de los recursos o medios


de impugnación en sentido estricto, es decir, aquellos por los que quien es parte en
el proceso pretende un nuevo examen de las cuestiones fácticas o jurídicas resuel-
tas en una resolución no firme que le resulta perjudicial, a fin de que sea anulada o
sustituida por otra que le favorezca, en los Títulos V y VI del mismo Libro se contiene
la regulación de los medios de impugnación tendentes a la rescisión de sentencias
firmes, medios que la Ley procura en aquellos casos excepcionales en los que la
seguridad jurídica que la cosa juzgada representa debe ceder ante las exigencias de
justicia que la concreta situación requiere.
La primera de dichas situaciones es la que afecta a quien habiendo permaneci-
do involuntariamente en situación procesal de rebeldía, bien a causa de una fuerza
mayor que le impidiera comparecer en el proceso, bien por no haber tenido cono-
cimiento de la demanda contra él presentada y del pleito que contra él se seguía,
se encontrara con una sentencia firme sin haber tenido nunca la oportunidad de
ser oído y de ejercitar su derecho de defensa: el remedio que se ofrece es el de la
rescisión para la concesión de audiencia. La segunda es la que se produce cuando la
aparición de nuevas y singulares circunstancias, previstas en la Ley como causas de
revisión, permiten suponer con fundamento que la sentencia que ya alcanzó firmeza
podría ser injusta o errónea: el remedio es aquí el juicio de revisión.

II. LA RESCISIÓN EN REBELDÍA

1. La rebeldía y la rescisión de las sentencias firmes


A) Régimen legal de la rebeldía
La LEC ofrece una regulación unitaria y sistematizada de la rebeldía, de sus con-
secuencias y de los instrumentos de defensa del declarado rebelde. En primer lugar
establece los presupuestos para la declaración de rebeldía, sus efectos y los medios
ordinarios de actuación y de defensa del declarado rebelde en el propio proceso
(arts. 496 a 500); seguidamente otorga un medio de impugnación para la rescisión
de sentencias firmes en favor de aquellos demandados que, por haber permanecido
involuntaria y constantemente en rebeldía, no hubieren podido utilizar aquellos me-
dios ordinarios actuando en el proceso en que dicha sentencia se dictó (arts. 501 a
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506); y finalmente regula un procedimiento consistente en la concesión de audien-


cia a los demandados que hubieren obtenido la rescisión de la sentencia firme, para
permitirles la posibilidad de actuar y defenderse frente a la demanda contra ellos
formulada (arts. 507 y 508).
Las primeras cuestiones se desarrollan al contestar el tema 22. En el presente se abordan
las dos últimas.

B) Notificación de la sentencia al condenado en rebeldía y posibili-


dades de actuación del mismo
La rebeldía consiste en la inactividad procesal del demandado, desde el momento
en que así se declara judicialmente, por no haber comparecido desde un principio
en el proceso al que haya sido debidamente convocado. Esta situación puede obe-
decer a una determinada actitud del demandado que, enterado de la demanda y de
la existencia del procedimiento, decide voluntariamente no comparecer en él por
así convenir a la defensa de sus intereses, o a causas independientes de su voluntad
que pueden tener su origen en el desconocimiento de la existencia del proceso o
en la imposibilidad de actuación en él. Para la declaración de rebeldía es indiferente
que la incomparecencia sea voluntaria o involuntaria; basta el dato objetivo del em-
plazamiento y de la incomparecencia en el plazo o en el día señalado para que así
se acuerde.
Como el proceso civil no precisa de la necesaria presencia del demandado a quien
se haya ofrecido la posibilidad de comparecer en él, la declaración de rebeldía no im-
pide su continuación. El proceso sigue su curso normal (con las singularidades que
se derivan de lo establecido en los arts. 497 a 500) hasta que se dicte la sentencia que
le ponga fin. Esta resolución debe notificarse al demandado rebelde, personalmente
si ello fuera posible, o mediante edictos si se hallara en paradero desconocido (art.
497.2), y a partir de este momento las posibilidades de actuación del condenado en
rebeldía son las siguientes:
1) El demandado rebelde a quien se haya notificado personalmente la sentencia
dictada en primera instancia o en apelación, puede utilizar los recursos de apela-
ción, extraordinario por infracción procesal o de casación, cuando procedan, si los
interpone dentro del plazo legal (art. 500.1). Por tal razón, al poder utilizar lo que
constituyen medios ordinarios de defensa, dicha notificación personal excluye la
posibilidad de instar la rescisión de la sentencia firme, pues si ésta llega a alcanzar
firmeza será, precisamente, porque aquél no la recurrió.
2) La notificación por edictos permite al demandado rebelde utilizar esos mismos
recursos de apelación, extraordinario por infracción procesal o de casación, com-
putándose el plazo para su interposición desde el día siguiente al de la publicación
del edicto de notificación de la sentencia en el correspondiente Boletín Oficial (art.
500.2). Si el rebelde, dándose por notificado, utiliza dichos recursos, no podrá tam-
poco acudir luego a la rescisión de la sentencia para obtener la concesión de nueva
audiencia, pues ya ha tenido ocasión de actuar en el proceso pendiente y de instar
en él, mediante tales recursos, lo conducente a su defensa.
3) El demandado rebelde que comparece en el proceso después de pronunciada
en su contra la sentencia o resolución que le haya puesto fin, pero antes de que la
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misma haya alcanzado firmeza, no dispone de otro medio ordinario de defensa que
el de utilizar los recursos previstos en la Ley.
4) En aquellos otros casos en los que el demandado ha permanecido involuntaria
y constantemente en situación procesal de rebeldía, y se encuentra con una senten-
cia firme dictada en su contra, sin haber tenido nunca la oportunidad de ser oído en
el proceso ni la de recurrir dicha resolución, el ordenamiento jurídico le confiere un
medio de impugnación para lograr la rescisión de la sentencia firme y permitirle la
posibilidad de realizar todos los actos procesales que convengan a su defensa, desde
la contestación a la demanda.

2. El procedimiento para la concesión de audiencia al conde-


nado en rebeldía
A) Concepto y naturaleza
El procedimiento para la concesión de audiencia se desarrolla en dos fases: una
primera, en la que se resuelve sobre la procedencia de la rescisión de la sentencia y, si
se rescinde, una segunda de sustanciación de la audiencia, consistente en la reapertu-
ra del anterior proceso para permitir al rebelde involuntario la posibilidad de actuar
y defenderse en él frente a la demanda contra el mismo formulada.
La Lec de 1881 denominaba a este medio de impugnación “recurso de audiencia
al rebelde”. La LEC vigente, con mejor criterio, se refiere a la “rescisión de sentencia
firme” y a la “acción de rescisión”, poniendo, así, de relieve que este instrumento ju-
rídico no puede ser concebido como un propio recurso, sino como un medio para
obtener la rescisión de una sentencia firme que supone el ejercicio de una acción
impugnatoria autónoma, lo cual le aproxima al juicio de revisión. Conviene precisar,
sin embargo, que si bien la acción de rescisión constituye una pretensión propia y
distinta de la ejercitada en el proceso en que se dictó la sentencia firme, a lo que
verdaderamente se aspira con su ejercicio es a la reapertura de ese mismo proceso
para que el demandado pueda formalizar la oposición y practicar los actos que por
su involuntaria ausencia no pudo realizar en él. De ahí que se le atribuya una natu-
raleza compleja que la propia LEC destaca: la primera fase constituye un medio para
rescindir la sentencia firme, mientras que la segunda tiende a lograr la efectividad del
principio de contradicción.

B) Requisitos para su procedencia


1) Corrección del emplazamiento: La rescisión de la sentencia y la concesión
de la nueva audiencia al demandado condenado en rebeldía, ha de partir de la con-
sideración de que el emplazamiento o la citación del mismo, en el proceso en que
fue declarado rebelde, se hayan realizado correctamente, con observancia de los
requisitos y garantías establecidos en la Ley. Si la citación o el emplazamiento no se
hubieren realizado, o lo hubieren sido con inobservancia de los requisitos legales
que su práctica exige, de modo que aquella posibilidad de comparecer y ser oído no
hubiera existido en la realidad, lo procedente será acudir al incidente excepcional de
nulidad de actuaciones a que se refiere el artículo 240 LOPJ.
2) Rebeldía ininterrumpida: Sólo pueden pretender la rescisión de la sentencia
y la concesión de la audiencia los demandados que hayan permanecido constante-
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mente en rebeldía. Ello exige que el rebelde no se haya personado en el proceso en


curso, ni haya interpuesto contra la sentencia los recursos de apelación, extraordi-
nario por infracción procesal o de casación que contra la misma procedan, pues en
tales casos, esas posibilidades de actuación en él, aprovechando las oportunidades
propias del momento en que la tramitación se halle, constituyen el medio ordinario
para la salvaguarda de la contradicción y la defensa que excluye la posibilidad de
acudir al remedio extraordinario de la rescisión (arts. 499 y 500).
3) Origen involuntario de la rebeldía: Es requisito inexcusable para la proceden-
cia de la rescisión y la concesión de la nueva audiencia que la situación de rebeldía
no se haya producido de modo voluntario, sino por causas independientes de la vo-
luntad del demandado, que la ley concreta en los casos siguientes (art. 501):
1º) Fuerza mayor ininterrumpida que haya impedido al rebelde comparecer en
todo momento, aunque haya tenido conocimiento del pleito por haber sido citado o
emplazado en forma;
2º) Desconocimiento de la demanda y del pleito por no haber llegado a poder del
demandado rebelde la cédula de citación o emplazamiento por causa que no le sea
imputable; y
3º) Desconocimiento de la demanda y del pleito por el demandado rebelde citado
o emplazado por edictos a causa de haber estado ausente del lugar en que se haya se-
guido el proceso y de cualquier otro lugar del Estado o de la Comunidad Autónoma,
en cuyos Boletines Oficiales se hubiesen publicado aquéllos.
4) Plazo para el ejercicio de la acción de rescisión: Además de los requisitos re-
lativos a la permanente situación de rebeldía y al carácter involuntario de la misma,
el ejercicio de la acción de rescisión está sometido a unos plazos de caducidad cuya
diversa duración se fija en atención a la forma en que se haya notificado al rebelde la
sentencia firme que puso fin al proceso, y que son:
a) De veinte días, a partir de la notificación de la sentencia firme, si dicha notifica-
ción se hubiere practicado personalmente al demandado.
b) De cuatro meses a partir de la publicación del edicto de notificación de la sen-
tencia firme si ésta no se notificó personalmente.
c) En cualquiera de ambos casos, dichos plazos podrán prolongarse, conforme a
lo dispuesto en el artículo 134.2 LEC, si subsistiera la fuerza mayor que hubiere im-
pedido al demandado rebelde comparecer en el proceso. Pero en ningún caso cabrá
ejercitar la acción una vez transcurrido el plazo máximo de dieciséis meses desde la
notificación de la sentencia (art. 502).
La notificación a la que este precepto de refiere es la de la sentencia que sea firme, es
decir, aquella contra la que no quepa ya recurso alguno, pues si alguno cupiera deben inter-
ponerse éstos y no la acción de rescisión. Nada tiene que ver, por tanto, este acto de comu-
nicación con el que se menciona en el artículo 500, relativo a la notificación personal o edictal
de las sentencias contra las que aún resulta posible interponer los recursos de apelación,
extraordinario por infracción procesal o de casación.

5) Sentencia con efectos de cosa juzgada material: La sentencia respecto de


la que se pretenda la rescisión debe tratarse, obviamente, de una sentencia firme y,
además, con efectos de cosa juzgada material, de ahí que no quepa utilizar este me-
dio de impugnación contra las sentencias firmes dictadas en los procesos sumarios,
pues tras la sustanciación de los mismos existe la posibilidad de promover un juicio
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plenario posterior sobre el mismo objeto, en el que el rebelde podrá realizar las ale-
gaciones y proponer los medios de prueba que convengan a su defensa (art. 503 en
relación con el 447).

3. Primera fase: procedimiento para la rescisión de la sen-


tencia
A) Presupuestos procesales y procedimiento
a) Competencia: La competencia objetiva para conocer de este medio de impug-
nación se atribuye al mismo órgano jurisdiccional que hubiere dictado la sentencia
respecto de la que se pide la rescisión (art. 501 LEC), es decir, al órgano de primera
instancia, si quedó firme la sentencia dictada por éste (por no recurrirse o por haber
sido confirmada), al de apelación (si se revocó por el mismo la sentencia de instancia
y la sustituyó por otra que devino firme), o, en su caso, al de casación.
b) Legitimación: La legitimación activa corresponde al demandado que hubiere
permanecido constantemente en situación de rebeldía en el anterior proceso (art.
501). La pasiva, a todos los que hubieren sido parte en el pleito seguido en rebeldía
del demandado, frente a quienes se deberá dirigir la demanda en que se formule la
pretensión de rescisión.
c) Procedimiento: El procedimiento será el correspondiente al juicio ordinario
(art. 504.2), y se promoverá mediante demanda que deberá cumplir los requisitos
generales exigidos en el art. 399.
La interposición de la demanda no dará lugar a que en el proceso de rescisión se
ordene la suspensión de la ejecución de la sentencia firme. Ello no obstante, en el
proceso de ejecución de dicha sentencia, el ejecutado que acredite haber promo-
vido el procedimiento para su rescisión, podrá solicitar del juzgado que conozca
de aquél, que se suspendan las actuaciones de ejecución de la sentencia, lo que se
acordará si las circunstancias del caso lo aconsejaren, previa la exigencia y constitu-
ción de caución por el valor de lo litigado y de los daños y perjuicios que pudieren
irrogarse por la inejecución (arts. 504.1 y 566).

B) Contenido y efectos de la sentencia


a) Contenido: Según se haya acreditado o no por el actor (demandado en rebeldía
en el anterior proceso) la realidad de los hechos integrantes del supuesto por él in-
vocado como fundamento de su pretensión, la sentencia que se dicte proferirá uno
de estos dos pronunciamientos:
1) Si estima la pretensión, declarará la rescisión de la sentencia firme dictada en
rebeldía, así como haber lugar a la nueva audiencia solicitada por el que fue declara-
do rebelde, sin hacer imposición de costas, salvo que el tribunal apreciare temeridad
en alguno de los litigantes.
2) Si desestima la pretensión, declarará no haber lugar a la rescisión de la senten-
cia firme dictada en rebeldía ni a conceder nueva audiencia al declarado rebelde, en
cuyo caso se impondrán a éste las costas causadas (art. 506).
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La sentencia que se dicte, sea estimatoria o desestimatoria de la pretensión de


rescisión, no será susceptible de recurso alguno (art. 505).
b) Efectos: Si la sentencia fuere desestimatoria, la sentencia dictada en rebeldía,
objeto de la impugnación, seguirá manteniendo su condición de firme, de modo que
si se hubiere acordado la suspensión de su ejecución, deberá alzarse dicha medida y
ordenarse la continuación de la ejecución tan pronto como le conste al tribunal que
conozca de la misma la desestimación de la demanda de rescisión (art. 566).
Si fuere estimatoria: 1) Dicho pronunciamiento origina la rescisión de la sentencia
firme dictada en rebeldía, de modo que la misma quedará sin efecto, aunque esa inefi-
cacia no alcanzará a los actos válidamente realizados en el anterior proceso seguido
en rebeldía. 2) Consecuencia de la rescisión será la reapertura del nuevo proceso
para la efectividad de la audiencia, así como la suspensión de la ejecución de la sen-
tencia rescindida, lo que se acordará por el tribunal que conozca de la ejecución, a
instancia de parte, si es que no se hubiere acordado anteriormente conforme a lo
previsto en el artículo 566 LEC.

4. Segunda fase: Procedimiento para la efectividad de la au-


diencia
La sustanciación de la audiencia consiste en la reapertura del anterior proceso
para permitir al rebelde involuntario la posibilidad de actuar y defenderse en él
frente a la demanda contra el mismo formulada, con lo que se logra la efectividad de
la contradicción y se posibilita el pronunciamiento de una nueva sentencia sobre el
objeto del pleito que sustituya el de la sentencia firme impugnada y rescindida.
La competencia para la sustanciación del procedimiento en que tiene lugar la au-
diencia se atribuye al mismo órgano de primera instancia que conoció del anterior
proceso en rebeldía.

A) Reapertura del proceso


La reapertura del proceso para la efectividad de la audiencia se produce tan pron-
to como el órgano competente tenga constancia de haber sido rescindida la anterior
sentencia firme. A tal fin, el juzgado o tribunal que hubiere conocido del proceso de
rescisión ordenará expedir la correspondiente certificación de la sentencia estima-
toria para su unión y constancia en el proceso anterior que deba ser reabierto (art.
507).
Si dicho órgano jurisdiccional fuera el mismo al que compete la sustanciación de la au-
diencia, el art. 507.2 señala que no será necesario remitir la certificación, pero parece incues-
tionable que deberá llevarse testimonio de la sentencia de rescisión a los autos a los que la
misma afecte, pues de otro modo no sería posible disponer su reapertura.

Una vez recibida o unida la certificación, el órgano competente procederá a la re-


apertura del procedimiento para la efectividad de la audiencia, en cuya sustanciación
cabe distinguir una primera fase de alegaciones, en la que se establecen los términos
de la contradicción, y una segunda de continuación por los trámites del declarativo
que corresponda.
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B) Sustanciación de la audiencia
a) Fase de alegaciones: La fase de alegaciones comienza con la entrega de los au-
tos al demandado a quien se concedió la audiencia, por plazo de diez días, para que
pueda exponer y pedir lo que a su derecho convenga, lo que deberá hacer en la for-
ma prevenida para la contestación a la demanda (art. 507.1.1ª). Dicha contestación
se acomodará en su contenido y en su forma a lo establecido para el juicio ordinario
en el artículo 405, aunque luego deba proseguir el proceso, por razón de su objeto o
en consideración a su cuantía, por los trámites del juicio verbal.
El demandado podrá alegar todo lo que sea propio de la contestación a la deman-
da, y podrá formular reconvención, que se ajustará a las exigencias de forma y conte-
nido establecidas en el artículo 406 LEC. Del escrito de contestación y documentos
que se aportaren se deberá dar traslado a las demás partes que comparecieron en
el anterior proceso, y en adelante se seguirán los trámites del juicio declarativo que
corresponda.
b) Tramitación posterior: En esta segunda fase o de continuación del juicio, el
rebelde podrá proponer toda la prueba que le convenga, procediéndose a la práctica
de la que se admitiere conforme a las reglas propias del proceso de que se trate.
La cuestión que se suscita como problemática en esta fase no es la de la prueba
que proponga el rebelde, sino la de si las demás partes comparecidas en el proceso
seguido en rebeldía deben reproducir en el proceso reabierto la prueba que ya se
practicó a su instancia en el anterior. El art. 507 LEC no contiene ninguna previsión
acerca de la eficacia que puedan desplegar en el proceso los actos procesales válida-
mente realizados en el anterior juicio, pero si estos actos se realizaron en su momen-
to con observancia de las normas por los que se rigen, no existe razón para entender
que deban quedar sin efecto como consecuencia de la rescisión de la sentencia, de
modo que los actos de alegación y de prueba realizados por las partes comparecidas
en el anterior proceso deberán conservar su valor y no precisarán ser reproducidos
en la fase de audiencia. Sin perjuicio de ello, el demandante podrá proponer nuevos
medios de prueba en el proceso reabierto para contradecir las alegaciones efectua-
das por el demandado en su escrito de contestación.

C) Sentencia
La sentencia que se dicte deberá resolver de nuevo la cuestión o cuestiones ob-
jeto del proceso, tomando en consideración las alegaciones efectuadas y las prue-
bas practicadas en él, tanto las del procedimiento reabierto para la nueva audiencia,
como las del inicialmente seguido en rebeldía, y contra ella podrán interponerse los
recursos previstos en la Ley (art. 507.1.3ª). Pero si el demandado a quien se concedió
la audiencia no hubiere formulado alegaciones en el trámite al efecto conferido, se
entenderá que renuncia a ser oído y la sentencia que se dicte deberá pronunciarse
en los mismos términos que la anterior rescindida, sin que contra ella quepa recurso
alguno (art. 508).
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III. LA REVISIÓN DE SENTENCIAS FIRMES

A) Concepto y fundamento
Aunque tradicionalmente se le había denominado recurso (quizás por los motivos
tasados que le otorgan carácter extraordinario y por lo excepcional de una medida
que afecta a la cosa juzgada), la revisión es, en realidad, un nuevo proceso en el que
se ejercita una pretensión autónoma y distinta de la que se ejercitó en el proceso an-
terior, basada en hechos que han aparecido fuera del mismo y que no fueron objeto
de alegación y decisión en él.
El Código Civil denomina con propiedad a este instrumento procesal “juicio de revisión”
(art. 1252). En la LEC no se utiliza ningún sustantivo para designarlo (se le llama simplemen-
te revisión), pero el empleo de determinadas expresiones, como “demanda de revisión” (arts.
513.1 y 514), el tratamiento procedimental que se otorga a su sustanciación (art. 514) y la
misma ubicación sistemática de su regulación, ponen de relieve que se le atribuye el carácter
de proceso autónomo en el que se ejercita una pretensión constitutiva tendente a modificar
la situación jurídica creada con la sentencia firme dictada en un proceso anterior.

Mediante la revisión no se trata de lograr la declaración de nulidad de un anterior


juicio, ni la de la sentencia en él recaída. Los motivos que permiten la revisión no
se basan en vicios del procedimiento o de la sentencia, sino en el conocimiento de
determinados hechos que no están en los autos, pero cuyo trascendente significado
permite suponer que el resultado del proceso al que afectan obedeció a su influencia
o a su concurrencia, de modo que sin ellas dicho resultado pudo haber sido diverso.
La sentencia dictada guarda adecuada correspondencia con lo que consta en los au-
tos, pero determinadas circunstancias aparecidas fuera del proceso ponen de relieve
que la misma puede ser injusta o errónea. En tales casos el ordenamiento jurídico ha
de conceder un medio para revisar la cuestión ya decidida por una sentencia firme y
posibilitar la prevalencia de la justicia sobre los efectos de cosa juzgada que la seguri-
dad jurídica exige. Se trata de rescindir el anterior proceso y sus efectos para permitir
el sometimiento de la cuestión litigiosa a un nuevo examen judicial.
Esta posibilidad excepcional tiene una doble limitación, objetiva y temporal. Sólo
cabe la revisión por los motivos tasados que la Ley enumera (art. 510), y sólo puede
ejercitarse dentro del plazo de cinco años siguientes a la publicación de la sentencia
(art. 512), transcurrido el cual primará siempre la seguridad jurídica que la cosa juz-
gada representa frente a las exigencias de la justicia (a diferencia de lo que ocurre
en el proceso penal, en el que siempre prevalece ésta sobre aquélla, sin limitación
temporal ninguna [art. 967 LECR]).

B) Resoluciones impugnables
La revisión únicamente procede respecto de las sentencias que hayan alcanzado
la condición de firmes y que produzcan efectos de cosa juzgada material, es decir,
aquellas que estimando o desestimando lo que sea objeto del pleito, resuelven de-
finitivamente la cuestión litigiosa, excluyendo cualquier proceso ulterior sobre la
misma materia entre las personas y en las circunstancias establecidas en el artículo
222 LEC. No resultará, por tanto, procedente este medio de impugnación respecto
de los autos, ni tampoco respecto de las sentencias firmes dictadas en los procesos
sumarios (art. 447), pues tras la sustanciación de los mismos existe la posibilidad de
promover un juicio plenario posterior sobre el mismo objeto.
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La sentencia objeto de la revisión será, en cada caso, la que en el desarrollo del


proceso plenario haya alcanzado la cualidad de definitiva e irrecurrible, pudiendo
ser la de primera instancia que haya sido consentida o confirmada, la de apelación
que haya revocado y sustituido a la anterior, o la de casación.
Conforme al artículo 37 de la Ley de Arbitraje, contra el laudo arbitral firme también cabrá
la revisión en los mismos casos en que procede respecto de las sentencias judiciales firmes.

C) Causas de revisión
La posibilidad de impugnar la cosa juzgada exige, por su propia excepcionalidad,
la taxativa determinación legal de las causas que lo permitan. A ellas se refiere el art.
510 LEC, en el que se enumeran cuatro motivos, cuyas características comunes son
las siguientes:

a) Características comunes
1) Los hechos que dan lugar a la revisión han de haberse producido fuera del
proceso en que se hubiere dictado la sentencia que se trata de impugnar. Los hechos
alegados y discutidos dentro del proceso no constituyen novedad alguna que pueda
dar lugar a la revisión, pues ya debieron ser tenidos en cuenta al dictar sentencia, y
su desconocimiento o su errónea valoración debe denunciarse y resolverse por la
vía ordinaria que ofrecen los recursos.
2) Tales hechos han de descubrirse con posterioridad al momento de haberse
dictado la sentencia objeto de la revisión o, más precisamente, con posterioridad al
último momento en que hubiere sido posible su alegación o aportación al proceso
en que dicha sentencia se dictó.
3) Entre el hecho integrante del motivo alegado y la sentencia firme cuya resci-
sión se pretende, ha de darse una relación decisiva de probable eficacia causal, de
modo tal que de no haber existido aquel hecho o de haberse tenido conocimiento
del mismo en el proceso, el fallo de la sentencia podría haber sido distinto.

b) Las causas legales


Según el citado precepto, habrá lugar a la revisión de una sentencia firme por las
siguientes causas:
1º) Si después de pronunciada dicha sentencia se recobraren u obtuvieren docu-
mentos decisivos, de los que no se hubiere podido disponer por fuerza mayor o por
obra de la parte en cuyo favor se hubiere dictado.
En este motivo se comprende tanto el supuesto de los documentos “recobrados” como
el de los “obtenidos” por vez primera, pero en todo caso, dichos documentos deben ser pre-
existentes, es decir, anteriores a la sentencia, ya que lo que posibilita la revisión es, precisa-
mente, el que su contenido pudiera haber influido en dicha resolución, lo que sólo resultaría
posible en el supuesto de haberse podido aportar al proceso en que la misma se dictó de no
haberlo impedirlo la fuerza mayor o la obra de la parte contraria. Aunque este precepto alude
en su literalidad a los documentos recobrados u obtenidos “después de pronunciada” la sen-
tencia firme que se impugna, rectamente interpretado debe entenderse que se refiere a los
documentos recuperados u obtenidos con posterioridad al último momento en que hubiere
sido posible su aportación al proceso en que aquella sentencia se dictó.
La causa que hubiere impedido su aportación al proceso ha de ser la fuerza mayor o la
actuación de la parte en cuyo favor se hubiere dictado la sentencia, por lo que no procede la
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revisión, con base en este motivo, en aquellos supuestos en los que el documento que se dice
recobrado u obtenido se hallara en poder o a disposición de la parte que la promueve, o al
alcance de la misma en cualquier protocolo, archivo u organismo público.
Por documento se deberá entender, tanto los públicos como los privados, así como los
medios de reproducción de la palabra, el sonido y la imagen, y los instrumentos que permitan
archivar y reconocer o reproducir palabras, datos cifras y operaciones matemáticas llevadas a
cabo con fines contables o de otra clase, a los que se refiere el artículo 299 LEC. Y para que,
con base en ellos, pueda acogerse la pretensión de revisión, es inexcusable que se trate de
documentos “decisivos”, es decir suficientes por sí mismos para poder provocar un pronun-
ciamiento distinto al recaído en la sentencia impugnada.

2º) Si la sentencia hubiere recaído en virtud de documentos que al tiempo de dic-


tarse ignoraba una de las partes haber sido declarados falsos en un proceso penal, o
cuya falsedad se declarare después penalmente.
La falsedad del documento en que se funde la pretensión de rescisión precisa haber sido
declarada por un órgano jurisdiccional penal en un proceso de esta naturaleza. Tal declaración
de falsedad puede haberse efectuado antes o después de haberse dictado la sentencia impug-
nada, pero en el primer caso, la parte que la alegue, deberá acreditar en el juicio de revisión
que no tuvo conocimiento de este hecho en momento oportuno para alegarlo en el anterior
proceso cuya rescisión solicita. Para que el motivo prospere se requiere que el documento
declarado falso fuera decisivo, en el sentido de haber servido de base al pronunciamiento
proferido en la sentencia impugnada.

3º) Si hubiere recaído en virtud de prueba testifical o pericial, y los testigos o los
peritos hubieren sido condenados por falso testimonio dado en las declaraciones
que sirvieron de fundamento a la sentencia.
La jurisprudencia ha venido exigiendo, con relación a este motivo, la concurrencia de los
dos siguientes requisitos: 1) Que el testimonio o la pericia hayan sido decisivos en relación
con el contenido del pronunciamiento de la sentencia; y 2) Que el testimonio del testigo o
el dictamen del perito hayan sido declarados falsos en un proceso penal en el que se haya
condenado a dichos testigos o peritos por el delito de falso testimonio (arts. 458 a 461 CP).
Esta sentencia penal firme condenatoria constituye, pues, el hecho jurídico mismo en que se
basa la procedencia y la prosperabilidad de este motivo de revisión.

4º) Si se hubiere ganado injustamente en virtud de cohecho, violencia o maquina-


ción fraudulenta.
La existencia del cohecho, en cualquiera de sus modalidades (arts. 419 a 423, 425 y 426
CP), ha de haber sido declarada en el correspondiente proceso penal.
Por violencia ha de entenderse el empleo tanto de la fuerza física como de la intimidación,
ya sea sobre las personas que integran el órgano jurisdiccional, ya sobre alguna de las par-
tes del proceso, ya sobre quienes asuman su defensa o representación procesal. En aquellos
casos en los que la persona o personas integrantes del órgano jurisdiccional hubieren sido
compelidas por algún género de violencia a dictar sentencia en un determinado sentido, el
acto así realizado es nulo y debe ser declarado como tal por el propio juzgado o tribunal tan
pronto como se vea libre de la violencia o la intimidación sufridas (arts. 238.2 y 239 LOPJ,
225.2º y 226 LEC). Consecuentemente, declarada la nulidad de la sentencia por el propio
órgano judicial que la dictó, no habrá ocasión a instar la revisión.
La conducta integrante de la maquinación fraudulenta puede consistir en cualquier argucia
realizada personalmente o con auxilio de un extraño, tendente a generar una estado de lega-
lidad aparente mediante el que se provoca una situación de indefensión para la contraparte
o de error en el juzgador. Aunque la argucia utilizada supone una irregularidad y genera una
situación de indefensión, no puede identificarse, sin más, con el quebrantamiento de las for-
mas del juicio, ya que éste se produce mediante la actuación procesal desarrollada dentro del
proceso mismo y, por tanto, el medio adecuado para su reparación es el que proporciona el
sistema de recursos. Los vicios procesales no tienen el carácter de maquinación, pero sí cabe
englobar en tal concepto jurídico las irregularidades procedimentales que las partes intere-
sadas provocan, conocen y consienten, aprovechándose decididamente de las mismas para
favorecer su postura en el pleito, que así resulta más ventajosa. Como supuestos más comu-
nes de maquinación fraudulenta declarados por la jurisprudencia, se ofrecen la ocultación del
domicilio del demandado, o la expresión de otro antiguo y distinto del real, o la manifestación
de que se ignora dicho domicilio, o su nombre, o la identidad de los herederos de una deter-
minada persona, con objeto de provocar su emplazamiento edictal y su declaración en rebel-
día, impidiéndoles de este modo conocer la existencia del pleito y ejercitar en él su defensa.
42 /11 Procesal Civil José Flors Matíes

D) Presupuestos procesales
a) Competencia
Conforme a lo dispuesto en el art. 509 en relación con los arts. 56.1 y 73.1 b) de
la LOPJ, en su actual redacción, la competencia para conocer del proceso de revisión
se atribuye:
1.º) Con carácter general, al Tribunal Supremo (art. 56.1 LOPJ).
2.º) A las Salas de lo Civil y Penal de los Tribunales Superiores de Justicia cuando
concurran las siguientes circunstancias: 1) Que se trate de sentencias dictadas por
órganos jurisdiccionales con sede en la comunidad autónoma; 2) Que el correspon-
diente Estatuto de Autonomía haya previsto dicha atribución; y 3) Que la demanda de
revisión se interponga contra sentencias que apliquen normas propias del Derecho
civil foral o especial propio de la comunidad (art. 73.1 b LOPJ).
La previsión estatutaria, referida a las sentencias dictadas en materia de Derecho civil
propio de cada Comunidad Autónoma, se contiene en los Estatutos del País Vasco (art. 14.1),
Cataluña (art. 20.1), Galicia (art. 22.1), Murcia (art. 35.1), Valencia (art. 40.1), Aragón (art.
29.1), Navarra (art. 61.1), Extremadura (art. 45.1) y Baleares (art. 49.1).

b) Legitimación
a’) Activa: La legitimación activa para interponer la demanda de revisión se atri-
buye a quien hubiere sido parte perjudicada por la sentencia firme impugnada (art.
511). La cualidad de parte legítima corresponde, en principio, a quienes hubieren
comparecido y actuado en el anterior juicio como titulares de la relación jurídica u
objeto litigioso, tanto si intervinieron como demandantes cuanto si lo hicieron como
demandados (art. 10). Pero la noción de parte legítima para solicitar la revisión debe
completarse con el requisito del gravamen exigido por este artículo 511 al referirse
a la “parte perjudicada”, de lo que se deriva una doble consecuencia:
1) Sólo podrá promover la revisión quien haya resultado perjudicado por la sen-
tencia firme dictada en el proceso de que se trate, al haberle sido desestimada en
todo o en parte la pretensión o la resistencia deducida en él. Aunque concurran los
supuestos de hecho recogidos en el artículo 510 LEC como motivos del juicio revi-
sión, no podrá promoverlo el demandante a quien se estimó íntegramente la deman-
da ni el demandado que resultó absuelto.
2) La jurisprudencia ha venido entendiendo que además de quienes fueron parte
en el proceso anterior, están también legitimados para interponer la demanda de re-
visión quienes no habiendo intervenido como parte en él pudieron haberlo hecho y
hayan de quedar afectados desfavorablemente por el resultado de la sentencia dicta-
da en el mismo, concretamente todos aquellos que por estar interesados directamen-
te en la relación objeto del litigio debieron ser llamados al proceso y no lo fueron,
viéndose luego afectados por el resultado del mismo.
b’) Pasiva: A la legitimación pasiva se refiere el artículo 514.1 cuando indica que
en el juicio de revisión se emplazará a cuantos hubieren litigado en el pleito cuya
sentencia se impugne, o a sus causahabientes, es decir, a quienes tras la finalización
del anterior proceso, hayan sucedido a los titulares de la relación jurídica en el deba-
tida y resuelta, ya sea por título “inter vivos” o “mortis causa”.
Los medios de impugnación de las sentencias firmes 42 /12

c’) Intervención del Ministerio Fiscal: El Ministerio Fiscal no es parte en el juicio


de revisión, ni está legitimado para promoverlo. Su intervención, a la que se refiere
el art. 514.3, lo es a los solos efectos de “informar”, antes de que se dicte senten-
cia, sobre la procedencia de la demanda. Se trata, en definitiva, de la emisión de un
dictamen que se le requiere en consideración a la significación de los hechos que
integran los motivos de revisión y que obedece a la naturaleza de la función que
el mismo desempeña en orden a la promoción de la justicia y de la defensa de los
derechos de los ciudadanos, procurando la tutela del interés público en que no se
perpetúen situaciones que pudieran ser injustas.

E) Requisitos
a) Plazo: El ejercicio de la pretensión de rescisión de una sentencia firme está
sometido a una doble limitación temporal:
1) Solamente es posible promover el juicio de revisión dentro de un determinado
período de tiempo que la Ley fija en cinco años, a contar desde la fecha de la publi-
cación de la sentencia.
2) Dentro de dicho período de cinco años, fuera del cual no cabe la revisión, el
plazo para el ejercicio de la acción es de tres meses, a contar desde el día en que se
tuvo conocimiento del hecho integrante del motivo que se invoca como fundamen-
to de la pretensión rescisoria, es decir, desde aquél en que se hubieren descubierto
los documentos nuevos, el cohecho, la violencia o el fraude, o se hubiere declarado
la falsedad (art. 512).
Los dos plazos son de caducidad y su observancia debe ser controlada de oficio por el ór-
gano jurisdiccional. Pero entre ellos existe una diferencia fundamental: si el plazo de 5 años
se ha incumplido, ello se podrá comprobar sin dificultad ninguna, toda vez que el día inicial
del cómputo está perfectamente fijado por un dato objetivo, referido en la ley a la fecha de
la publicación de la sentencia, y dará lugar a que se rechace de plano la demanda; por el
contrario, el conocimiento del hecho integrante del motivo, dentro del plazo de 3 meses, es
algo que debe acreditar el demandante, por lo que, normalmente sólo podrá decidirse sobre
su cumplimiento una vez tramitado el juicio de revisión.

b) Depósito: Para poder interponer la demanda de revisión será indispensable que


a ella se acompañe el documento justificativo de haberse depositado la cantidad de
50.000 ptas. en el establecimiento destinado al efecto, que será devuelta al actor si
se estimara la demanda, o adjudicada al Estado, en otro caso. La falta o insuficiencia
del depósito son susceptibles de subsanación posterior, dentro del plazo no superior
a cinco días que a tal efecto se señale, transcurrido el cual sin haberse subsanado se
acordará la inadmisión de la demanda (art. 513).
La obtención del beneficio de justicia eximirá del cumplimiento de este requisito, conforme
a lo establecido en el artículo 6.5 de la Ley 1/1996, de 10 de enero, de Asistencia Jurídica
Gratuita.

F) Procedimiento
a) El escrito de demanda: El juicio de revisión, como todo proceso civil, ha de
comenzar mediante una demanda que ha de cumplir los requisitos de forma, de
postulación y de contenido exigidos con carácter general por el art. 399, y dirigirse
frente a todas las personas que fueron parte en el proceso cuya rescisión se solicita.
42 /13 Procesal Civil José Flors Matíes

A la demanda de revisión, aparte del documento acreditativo del poder del procu-
rador, se deberán acompañar el resguardo del depósito y los documentos en que la
parte funde su derecho a la tutela judicial que pretende, esto es: 1) Testimonio de la
sentencia firme objeto de la impugnación; 2) El documento o documentos en que se
funde el motivo o motivos alegados como fundamento de la revisión; y 3) Los demás
documentos que acrediten la procedencia de la pretensión ejercitada y los que justi-
fiquen su ejercicio dentro del plazo legalmente establecido.
b) Tramitación posterior: Admitida la demanda el secretario judicial solicitará
que se remitan al tribunal todas las actuaciones del pleito cuya sentencia se impug-
ne, y emplazará a cuantos en él hubieren litigado o a sus causahabientes, para que
en el plazo de veinte días contesten la demanda sosteniendo lo que convenga a su
derecho.
Si las personas emplazadas deciden comparecer y contestar deberán hacerlo cumpliendo
los requisitos de forma y de contenido que para dicho acto procesal se establece en el artículo
405 LEC, pudiendo adoptar cualquiera de las siguientes actitudes: a) Oponerse a la pretensión
de revisión, alegando las excepciones procesales que se consideren oportunas o las razones
de fondo que se estimen adecuadas para la desestimación del motivo o motivos invocados por
el actor. b) Adoptar una actitud de indiferencia, solicitando que se resuelva lo procedente con
arreglo a Derecho. c) Apoyar la pretensión de revisión, por entender que concurre el motivo
invocado por el actor. Esta actitud de adhesión no puede equipararse al allanamiento, al no
tener el demandado la disponibilidad de lo que constituye el objeto de la revisión.

Una vez contestada la demanda o transcurrido el plazo señalado sin haberlo he-
cho, se dará a las actuaciones la tramitación establecida para el juicio verbal, siendo
admisibles todos los medios de prueba reconocidos en el art. 299 que resulten útiles
y pertinentes para acreditar la realidad y procedencia del motivo o motivos que se
invoquen.
Antes de que se dicte sentencia el Ministerio Fiscal deberá informar sobre si ha o
no lugar a la estimación de la demanda.
No se dispone en la ley la forma ni el momento preciso en que el Ministerio Fiscal deba
evacuar este trámite de informe, pero en atención a lo que constituye su objeto parece que
lo procedente será darle traslado de las actuaciones, una vez practicadas las pruebas y con-
cluida la vista, para que emita informe por escrito en el plazo que se le señale y las devuelva;
aunque también cabría darle vista de las mismas durante el plazo que se fijara, a fin de que
se instruyera y emitiera luego el informe oralmente el día que al efecto se señalare, con asis-
tencia e intervención de las partes.

c) Prejudicialidad penal: La índole de los supuestos de hecho que integran los


motivos de revisión, puede dar lugar a que durante la tramitación del juicio de revi-
sión se susciten cuestiones que sean determinantes de la estimación o desestimación
del motivo invocado y cuya decisión corresponda, por su propia naturaleza, a los ór-
ganos de la jurisdicción penal. En tales casos, el art. 514.4 se remite expresamente
al régimen general de las cuestiones prejudiciales penales establecido en el artículo
40, de modo que si dicha cuestión fuera de influencia decisiva para la resolución
del proceso de revisión, éste se suspenderá hasta que el proceso penal termine por
resolución firme, sin que durante la tramitación de la cuestión prejudicial opere ya el
plazo absoluto de caducidad de cinco años a que se refiere el apartado primero del
artículo 512 LEC.
Como pone de relieve Montero, esta previsión carece de sentido, pues iniciada la revisión,
el plazo de cinco años ha cumplido ya su función y no puede, por tanto, suspenderse.

d) Eventual suspensión de la ejecución: La interposición y posterior admisión a


trámite de la demanda de revisión no da lugar a la suspensión de la ejecución de la
sentencia firme cuya rescisión se pretende, ni mucho menos permite que en el pro-
Los medios de impugnación de las sentencias firmes 42 /14

cedimiento en que la misma se tramita el tribunal que conozca de la revisión pueda


ordenar dicha medida (art. 515). Ello no obstante, en el proceso en que se tramite la
ejecución de la sentencia firme, el ejecutado que acredite haber promovido el juicio
de revisión, podrá solicitar del juzgado que conozca de aquél, que se suspendan las
actuaciones de ejecución de la sentencia, conforme a lo establecido en el art. 566.1.
Para la adopción de esta medida se requiere: a) Que así lo solicite el ejecutado (deman-
dante en el juicio de revisión), acreditando haber sido admitida a trámite la demanda de
revisión; b) Que se oiga al Ministerio Fiscal; c) Que las circunstancias del caso aconsejen la
adopción de tal medida, cual acontece, por ejemplo, cuando, de no ser así, pudiera ocasio-
narse un perjuicio irreparable; y d) Que se constituya por quien lo solicite la caución que el
tribunal exija, cuyo importe se deberá determinar en atención al valor de lo litigado y de los
daños y perjuicios que pudieren irrogarse a la parte favorecida por la sentencia a causa de su
inejecución. La suspensión así acordada se alzará, debiendo ordenarse que la ejecución con-
tinúe, cuando le conste al tribunal que conozca de la misma la desestimación de la demanda
de revisión (art. 566.2).

G) Decisión: contenido de la sentencia


Una vez practicadas las pruebas propuestas por las partes, concluida la vista del
juicio verbal y evacuado el informe por el Ministerio Fiscal, el tribunal dictará sen-
tencia cuyo contenido será estimatorio o desestimatorio de la revisión, según se haya
acreditado o no por el actor la procedencia y la realidad del motivo invocado. En el
primer caso se decretará la rescisión de la sentencia impugnada, y en el segundo, se
declarará la improcedencia de la rescisión, imponiendo las costas al demandante y
condenándole a la pérdida del depósito constituido, que se adjudicará al Estado.
En la sentencia no se entrará a resolver la cuestión de fondo que fue objeto del
proceso anterior, ni se valorará la prueba practicada en él, ni se enjuiciará la actua-
ción procesal desarrollada en el mismo, sino que el pronunciamiento que se profiera
se limitará a rescindir o a declarar no haber lugar a rescindir la sentencia firme im-
pugnada, y cualquiera que sea el contenido del pronunciamiento, contra la sentencia
que dicte el tribunal de revisión no se dará recurso alguno (art. 516.3).
a) La sentencia desestimatoria no produce, en realidad, efecto alguno, ya que la
sentencia firme impugnada permanece invariable y la cosa juzgada sigue producien-
do los efectos materiales que le son propios. La única consecuencia de la desestima-
ción de la demanda de revisión es la de carácter económico que se deriva para el ac-
tor a causa de la imposición de las costas y de la pérdida del depósito constituido.
Puede haber otra, también de naturaleza económica, si se acordó en el proceso de ejecu-
ción la suspensión de la ejecución de la sentencia impugnada, pues en tal caso quien obtuvo
dicha medida será responsable de los daños y perjuicios que pudieren haberse irrogado a la
parte favorecida por la sentencia a causa de su inejecución (art. 566 LEC). Pero eso no es
materia del juicio de revisión, sino del proceso de ejecución en que se acordó la suspensión.

b) La sentencia estimatoria de la revisión rescindirá la sentencia impugnada,


limitándose a ese efecto rescindente o negativo, y como consecuencia de ello dejará
la situación entre las partes como si no hubiese existido el anterior proceso ni la
sentencia firme con efecto de cosa juzgada que le puso fin.
En la Lec de 1881 se reconocía expresamente que la rescisión de la sentencia
podía ser total o parcial, según que los fundamentos del recurso se refirieran a la to-
talidad o tan sólo a alguno de los capítulos de la misma. La LEC/2000 no contempla
de manera explícita esa doble posibilidad y se limita a decir que en caso de estimar
procedente la revisión el tribunal “rescindirá la sentencia impugnada”. Pero esta úni-
42 /15 Procesal Civil José Flors Matíes

ca frase no puede llevar a la conclusión de que la estimación del motivo invocado


haya de conducir necesariamente y en todos los casos a la rescisión total de la sen-
tencia, pues la misma puede estar integrada por una pluralidad de pronunciamientos
de los que sólo alguno o algunos de ellos hayan resultado afectados por el supuesto
de hecho determinante de la revisión.
En todos los casos de acumulación de pretensiones, ya sea subjetiva u objetiva, se pro-
duce realmente una acumulación de procesos. Todos los objetos procesales acumulados se
sustancian en un único procedimiento y se deciden en una única sentencia, pero ésta ha de
resolver sobre todas y cada una de aquellas pretensiones, y contendrá, en consecuencia, tan-
tos pronunciamientos cuantos sean los procesos acumulados. Si los documentos recobrados
u obtenidos hicieren referencia sólo a alguno de aquellos objetos procesales, pero no a los
demás, o la falsedad documental, el falso testimonio o la maquinación fraudulenta, hubieren
determinado únicamente el concreto pronunciamiento relativo a alguna de las pretensiones,
pero no el de las restantes, de manera que el hecho integrante del motivo invocado no tuviere
relación ninguna con los demás objetos procesales, ni hubiere influido de ningún modo en el
contenido de los pronunciamientos correspondientes a los otros procesos acumulados, parece
lógico entender que la revisión no deba extender sus efectos a la totalidad de la sentencia. En
tales supuestos la rescisión habría de ser, lógicamente, parcial y actuar sólo sobre el concreto
pronunciamiento afectado por el motivo de que se trate.

La sentencia estimatoria mandará expedir certificación del fallo para su entrega


a la parte demandante; ordenará la devolución de las actuaciones al juzgado o tribu-
nal del que procedan (en el que se acordará el sobreseimiento de la ejecución de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 566.3); no hará imposición de costas; y
acordará la devolución del depósito a la parte que lo constituyó (art. 513.1).
Rescindida la sentencia, las partes podrán, si así les conviniere, promover de nue-
vo el juicio correspondiente, en el que no podrá oponerse, obviamente, la excepción
de cosa juzgada, al haber quedado la misma sin efecto como consecuencia de la
rescisión de la anterior sentencia firme, y en ese nuevo proceso habrán de tomarse
como base y no podrán discutirse las declaraciones hechas en la sentencia de revi-
sión (art. 516.2), debiendo entenderse que dichas declaraciones de eficacia inataca-
ble serán las relativas a los supuestos de hecho integrantes del motivo o motivos que
se hubieren estimado en la revisión.