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Líneas de fuerza de una pastoral de la salud

evangélica y evangelizadora

1. El mundo de la salud y la enfermedad, lugar privilegiado para la


evangelización
Consideramos que el mundo de la salud y de la enfermedad es hoy, igual que
ayer, lugar privilegiado para la nueva evangelización. Por varias razones:
1. En él se viven los acontecimientos fundamentales de la existencia1: la salud y la
enfermedad, el sufrimiento y la curación, el morir y la muerte, la necesidad de
ser asistidos y la prestación de la asistencia.
2. Dichos acontecimientos afectan, antes o después, de la manera más personal y
directa, a todo el hombre2 y a todos los hombres y mujeres por encima de cualquier
diferencia. La Iglesia ha de ir a su encuentro, ya que ellos son el camino que ha
de recorrer para cumplir su misión3.
3. En dichos acontecimientos se viven horas cruciales de la existencia humana y
se nos plantean, aun sin pretenderlo ni poderlo evitar, los interrogantes últimos de
la existencia: el sentido de la vida y la salud, el por qué del dolor y la muerte, etc.4
4. El mundo de la salud y de la enfermedad refleja la verdad desnuda de los valores
de la cultura y de la sociedad, así como su incidencia en la forma de afrontar y vivir
los mencionados acontecimientos. Muestra de ello son la lucha por la vida, el
combate del sufrimiento, la entrega generosa... ; pero también, la marginación de
ciertos colectivos de enfermos, el ocultamiento de la muerte, la deshumanización
de la asistencia, la eutanasia, el aborto....

1 Juan Pablo II, DH (Dolentium Hominum) 3


2 «La enfermedad y el dolor no son experiencias que afectan exclusivamente a la condición corporal del
hombre, sin a todo el hombre en su integridad» Juan Pablo II, DH 2
3 Juan Pablo II, RH 14,21; SD 3
4 GS 10; SD 9
5. En el mundo de la salud y la enfermedad se percibe la labor de la Iglesia, con sus
virtudes y carencias. En él palpamos a diario el vigor y la debilidad de la fe de
los cristianos, pero también la incultura e indiferencia religiosa...
6. Y en este mismo mundo se presenta una buena parte de los graves problemas
humanos, sociales, éticos y morales a los que se enfrentan hoy la humanidad y la
Iglesia y que reclaman una atenta reflexión e iluminación desde la fe.
7. Estos acontecimientos fundamentales son uno de los momentos más propicios para
anunciar a Jesucristo, prolongando y actualizando su acción sanante y salvadora5.
De hecho, fue precisamente en ellos donde el Señor eligió encontrarse más
asiduamente con los hombres de su tiempo, en concreto con los enfermos y sus
familiares. En su actuación Cristo reveló y realizó la ternura del Padre y su
designio de salvación integral del hombre y de todos los hombres, no sólo de los
oficialmente enfermos.
8. La acción evangelizadora de la Iglesia en este campo autentifica a la Iglesia, la
devuelve a sus raíces y hace creíble el Evangelio que anuncia.6
La nueva evangelización tiene, pues, en el ámbito propio de la pastoral de la
salud un lugar del todo preferente, y la pastoral de conjunto ha de poner a la
pastoral de la salud en el centro de su interés y de sus objetivos nucleares.
[INFORME IGLESIA Y SALUD. 1995]

2. Líneas de fuerza de una Pastoral de la Salud más evangélica y


evangelizadora
La reflexión y el intercambio de experiencias llevados a cabo en los últimos años,
en nuestras iglesias locales, en la iglesia española y en la universal, han contribuído
a perfilar los grandes objetivos y tareas en los que debe embarcarse la pastoral de
la salud en sus diferentes ámbitos: parroquial, hospitalario, diocesano,
interdiocesano y nacional. Pedagógicamente, los he plasmado en cinco grandes
líneas, que vienen a ser como los grandes indicadores que marcan el camino a
seguir:
1. La pastoral de la salud ha de estar al servicio de la vida, en todas sus
manifestaciones, desde el comienzo hasta el final de la existencia terrena. 2. Ha de
trabajar para que el enfermo sea tratado como persona y como un miembro activo
de la comunidad. 3. Los enfermos más necesitados y desasistidos han de ocupar
un lugar preferencial en su programación y el quehacer de cada día. 4. Su acción
ha de abarcar también a la familia del enfermo. 5. Finalmente, la pastoral de la
salud es misión y responsabilidad de toda la comunidad cristiana que ha de
ejercerla en el nombre del Señor y de la Iglesia.

5 «Queremos señalar las posibilidades evangelizadoras que se presentan muchas veces con ocasión de la
enfermedad y de la muerte; son momentos de especial necesidad y receptividad de la Palabra de Dios y de
su gracia, tanto para el enfermo como para sus familias» Plan Pastoral para la Conferencia Episcopal
Española (1994-1997), p. 35
6 «El Evangelio ilumina también las situaciones de sufrimiento en la enfermedad. En ellas, los cristianos
están llamados a mostrar la cercanía de la Iglesia para con los enfermos y discapacitados y con los que con
profesionalidad y humanidad trabajan por su salud.» Mensaje del Sínodo al Pueblo de Dios. 2012
1.ª SERVIDORES DE LA VIDA. “He venido para que tengáis vida y la tengáis
en abundancia” (Jn 10,10). De una pastoral de ayuda a “bien morir” (partoral
“sacramentalista y ocasional”), a una pastoral de ayuda a “vivir sanamente”
(cristianamente) la salud, la enfermedad, la muerte y la asistencia (pastoral
“evangelizadora y de acompañamiento”).
La pastoral de enfermos se ha centrado, durante años y siglos, sobre todo en
ayudar al cristiano a bien morir, es decir, en lograr que muera preparado habiendo
recibido los últimos auxilios (sacramentos). En consecuencia, la pastoral de
enfermos había de ser sacramentalista y ocasional, en el momento cercano a la
muerte.
Los aires del Vaticano II y de la nueva cultura llegaron también a esta pastoral y
poco a poco fuimos descubriendo nuevas perspectivas y caminos: El ser humano
necesita ciertamente ayuda para bien morir, pero igualmente para vivir con
sentido la salud que posee y/o busca, la enfermedad cuando se presenta en él o en
sus allegados y la muerte cuando le ha llegado su hora. Por ello, la pastoral ya no
puede centrarse exclusivamente en el sacramento, como preparación para el más
allá, sino en el anuncio de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret para vivir con
sentido esas grandes realidades de la existencia. Este cambio de perspectiva ha
descubierto a la Iglesia nuevas formas de servir al hombre de hoy. He aquí algunas:
1.ª Educar para vivir la salud, la enfermedad y la muerte, así como el trabajo
sanitario.
“La Iglesia ha de asumir la tarea de educar para vivir con sentido la salud, la enfermedad
y el morir, lo mismo que se ocupa de educar para la paz, el amor y otras realidades de la
vida” (CONGRESO SOBRE EVANGELIZACIÓN Y HOMBRE DE HOY)
1. Evangelizar la salud, constituye un reto que la Iglesia ha de afrontar
inspirándose y siendo fiel a Jesús, dice el mensaje de los obispos de la Comisión
Episcopal de Pastoral con motivo del Día del Enfermo 1991. Para lo cual invitan a
las comunidades cristianas, a los movimientos apostólicos, a las instituciones
sanitarias y educativas de la Iglesia y a todos los cristianos a plantearse su tarea y
colaboración en este campo y proponen pistas como:
• Vivir la salud como un don de Dios que hemos de disfrutar y cuidar y no
como un bien absoluto al que haya que subordinar todo lo demás.
• Promover la salud integral abierta a la salvación plena.
• Colaborar en iniciativas y programas que fomenten una vida sana, tales como
la lucha por un medio ambiente y unas condiciones de vida saludables para
todos, el logro de estructuras justas y humanas....
2. Preparar al hombre de hoy para que pueda afrontar de forma madura las
realidades humanas del enfermar, del sufrir y del morir cuando se presenten en su
vida o en la de sus allegados, es una actividad que la Iglesia puede y debe
desempeñar con todo esmero, utilizando los cauces formativos de que dispone.

2.ª Acompañar al enfermo en su proceso para que lo viva sanamente.


La enfermedad es una de las situaciones límites de la existencia. Afecta a toda la
persona y pone en crisis su relación con ella misma, con los demás y con Dios. Es
- como dicen las Orientaciones pastorales sobre la asistencia religiosa en el hospital
- una experiencia ambigua que puede hundir y destruir a la persona que la padece,
o ayudarla a crecer y madurar; encerrarla en sí misma, o servirle de ocasión para
abrirse y entregarse a los demás; alejarla de Dios o acercarle más a El.
Para vivir sanamente el proceso de su enfermedad y de su muerte, cada enfermo
necesita la ayuda y el apoyo de alguien que sepa acompañarle con un estilo de
presencia nuevo: una presencia inspirada y dinamizada por el amor; una presencia
que sabe adaptarse a cada persona, respetándola profundamente en su historia,
sus creencias, etc.; una presencia que le ayuda al enfermo a echar mano de sus
recursos curativos, a liberarse de todo aquello que le angustia y hace sufrir; una
presencia que sea capaz de reavivar en él las ganas de vivir y le permita encontrar
el “sentido” a cuanto le pasa, convivir con su enfermedad, asumir serena y
cristianamente lo incurable y la muerte.

3.ª Esclarecer los grandes problemas éticos que se plantean en el campo de la salud.
En el campo de la salud se plantean delicados y graves problemas de naturaleza
ética. Están relacionados con el comienzo o el final de la vida, con el ejercicio de la
profesión o con la organización de las estructuras sanitarias, con la investigación o
con las conquistas ciéntíficas y técnicas de la asistencia.
“La Iglesia y los cristianos deben intervenir decididamente con valentía y clarividencia
para salvaguardar valores y derechos esenciales vinculados con la dignidad y el destino
supremo de la persona humana” (Dolentium Hominum 5)

2.ª EL ENFERMO ES ALGUIEN, NO ALGO. “Lo que hicisteis a uno de esos


hermanos míos más insignificantes a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40) “¿Quieres
ponerte sano?.. Levántate, carga con tu camilla y echa a andar” (Jn 5,6.8) “Márchate
a tu casa con los tuyos ..” (Mc 5,19). De una pastoral que “cosifica” al enfermo
(“paternalista”) a una pastoral que lo trata como persona, como a Jesús mismo,
y lo integra en la comunidad.
En el campo sanitario, el enfermo es tratado, con frecuencia, no como persona sino
como un número, un caso interesante, una enfermedad, un mero consumidor de
servicios y medicamentos. En la pastoral, a menudo, ha sido considerado como
mero receptor pasivo de cuidados y destinatario de la caridad de los demás, cuya
única actividad consiste en rezar y sufrir por los demás.
Sin embargo, tanto en la sanidad como en la Iglesia se ha dado un cambio de
actitud ante el enfermo. La OMS proclamaba en uno de sus documentos: “Es de
capital importancia que se promueva una toma de conciencia de que cada individuo es
responsable de su propia salud. Es preciso animarle a que cuente con sus propias fuerzas,
consigo mismo” . Y Juan Pablo II en la Christifideles Laici nº 54 dice: “El enfermo ha
de recuperar el verdadero puesto en la comunidad “no simplemente como término del amor
y del servicio de la Iglesia, sino más bien como sujeto activo y responsable de la
evangelización”
Este cambio de perspectiva conduce a la pastoral de la salud a plantearse las tareas
siguientes:

1.ª Renovar la pastoral de los sacramentos de los enfermos.


“Toda la pastoral de enfermos - dicen las Orientaciones del Ritual - encuentra plena
culminación en la celebración de los sacramentos. Será necesario revisar una pastoral
exclusivamente “sacramentalista” reducida al empeño de hacer aceptar los
sacramentos”
La renovación de la pastoral de los sacramentos de los enfermos, tanto en sus
aspectos doctrinales como en los prácticos, es tan sólo una tarea pendiente que
exige el esfuerzo y la entrega de sacerdotes, fieles, comunidades cristianas,
teólogos, catequetas y pastoralistas. Es urgente una catequesis que ayude a los
fieles a descubrir el significado de los sacramentos y a celebrarlos con fe consciente
y con sereno abandono en la misericordia del Padre.

2.ª Colaborar en la humanización de la asistencia al enfermo.


La humanización de la asistencia al enfermo implica - según los obispos -
humanizar la política sanitaria y trabajar para que las instituciones sanitarias estén
al servicio del enfermo y no de intereses ideológicos, políticos, ecomómicos o
sindicales. Comporta ingualmente humanizar la relación que guardan con el
enfermo todos los que le asisten y cuidan. Exige, finalmente, humanizar nuestra
propia persona. Nuestra humanidad, manifestada en la comunión y entrega al
enfermo, es la mejor medicina que podemos ofrecerle, y su humanidad es el gran
regalo que él nos hace.

3.ª Estimular y facilitar la presencia activa y plena de los enfermos en las


comunidades cristianas y dejarse evangelizar por ellos.
Una comunidad cristiana en la que sus miembros sanos y enfermos se aceptan,
conviven y se ayudan mutuamente, es una comunidad sana. Una comunidad
cristiana en la que no se cuenta con los enfermos, se empobrece, más aún, es una
comunidad enferma. Por ello, ha de acercarse a los enfermos en actitud de dejarse
evangelizar, reconocer la misión que tienen dentro de la comunidad y facilitarles
el desempeño de la misma.
“Su servicio - decía Pablo VI - sería inestimable en la catequesis y educación de la fe,
a la que aportarían el testimonio de su fe vivida en la pobreza y el dolor de sus
limitaciones y desde la que despertarían la conciencia de toda la comunidad para que
viva más cerca de los pobres y promueva con mayor convicción una sociedad más justa,
fraterna y solidaria”.
Como dicen los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral en su mensaje del
Día del Enfermo de 1986, EL ENFERMO EVANGELIZA:
• Siendo testigo que nos ayuda a ser realistas porque nos recuerda que somos
frágiles, limitados, mortales, pero con enormes posibilidades.
• Siendo testigo que enseña a relativizar valores y formas de vida. "Vosotros, que
vivís bajo la prueba de la limitación, del dolor y de la soledad interior..., sois para
nosotros una constante lección que nos invita a realitivar tantos valores y formas de
vida" Juan Pablo II a los enfermos. Zaragoza 1982
• Siendo testigo que nos llama a vivir y recuperar valores fundamentales del
Evangelio: la alegría del servicio, la paciencia activa, lo gratuito, el poder de la
ternura, apreciar y vivir el ahora...
• Invitando, desde su situación, a la solidaridad humana. "El sufrimiento está
también para irradiar el amor al hombre... El mundo del sufrimiento humano invoca sin
pausa otro mundo: el del amor humano.. desinteresado" (Juan Pablo II, Salvifici
Doloris 29)
• Siendo testigo vivo de que en medio de la enfermedad es posible mantener el
vigor de la esperanza, la paz serena e incluso la alegría.
• Mostrando el rostro de Jesús y lo más original y llamativo del Dios cristiano:
un Dios sufriente que comparte por amor el dolor del hombre, hasta el fondo, y
así nos salva.
• El enfermo evangeliza a la comunidad cristiana al descubrirle que, como él, es
una Iglesia necesitada y débil, es peregrina, está crucificada y mostrarle el rostro
de Cristo que le interpela y le invita a servirle.

4.ª Colaborar en la integración de los enfermos en la sociedad.


Una de las causas de la marginación de los enfermos en nuestra sociedad son los
valores sobre los que está contruída: la salud, la eficacia, el bienestar, la belleza y
el poder. Por ello, la integración de los enfermos en la misma no es tarea fácil.
Implica, por una parte, la rehabilitación de los enfermos para insertarse lo más
posible en la vida de la sociedad, y por otra, la superación de las barreras que lo
impiden. Cuando los sanos acepten a los enfermos como tales, reconozcan su
dignidad y sus derechos y no les rechacen ni aislen; cuando tomen conciencia de
que también ellos son limitados, vulnerables y débiles y aprendan juntos a vivir
una vida autènticamente humana, se hará realidad la integración de los enfermos
en la sociedad.

3ª JUNTO A LOS MAS NECESITADOS Y DESASISTIDOS. “Anda, haz tú lo


mismo” (Lc 10, 37) De una pastoral de “conservación” a una pastoral “evangélica
y misionera”.
Los pobres en nuestra sociedad tienen rostros concretos: los ancianos enfermos que
viven solos y abandonados en sus casas o que andan de hospital en hospital, los
enfermos crónicos faltos de medios económicos y de personas que les atiendan, los
enfermos terminales que mueren bien asistidos técnicamente pero faltos de calor
humano, los enfermos mentales a quienes se niega la comprensión y cariño que
necesitan, los enfermos drogodependientes y de SIDA que despiertan miedo y
rechazo en torno a ellos.
“Su abandono y desamparo son un reflejo de la insolidaridad que padecemos, de nuestra
creciente apatía, indiferencia e inhibición y de nuestro alejamiento de los valores
evangélicos”.
Hoy hay tres clases de desasistidos: Los "marginados" (extranjeros, vagabundos,
delincuentes, drogodependientes, enfermos de SIDA.); los "olvidados" (ancianos,
crónicos..); los "abandonados" (enfermos mentales, terminales, ancianos enfermos,
minusválidos psíquicos...).
Una Iglesia evangélica, que que quiere ser fiel a Jesús y a su mensaje, ha de estar
junto a los enfermos más desasistidos y atenderles con la misma solicitud con que
El lo hizo. Una Iglesia evangélica ha de ser solidaria con los que sufren más, estar
cercana a los más solos, ponerse al servicio de los desasistidos, defender con
firmeza a los indefensos, luchar con ellos y denunciar con valentía las situaciones
injustas en que se encuentran y trabajar por erradicar las causas que las provocan,
promocionar todo aquello que crea comunión entre los desvalidos... Para ello la
pastoral de la salud en la comunidad cristiana ha de impulsar las siguientes tareas:

1.ª Descubrir quiénes son los enfermos más necesitados y desasistidos y estudiar
su situación y necesidades.
Es la primera tarea a realizar: descubrir quiénes son en concreto en la comunidad
cristiana los más desasistidos, conocerles, estudiar su situación y las causas de la
misma, y detectar sus principales necesidades.

2.ª Promover acciones prácticas y eficaces para atenderlos.


Descubiertos los más desasistidos, hay que promover las acciones prácticas y
eficaces para remediar o al menos aliviar sus necesidades, que muestren que la
comunidad cristiana está a su lado. Los obispos de la Comisión Episcopal de
Pastoral, en su mensaje del Día del Enfermo 1988, enumeran las siguientes:
• Crear una nueva sensibilidad colectiva y promover un cambio en la actitud
ciudadana ante estos enfermos. Es necesario romper entre todos el cerco de
marginación social en que se encuentran atrapados.
• Apoyar y colaborar en toda clase de iniciativas, actividades y asociaciones que
persigan una atención más adecuada a los enfermos más abandonados.
• Promover una transformación real de las instituciones sociopolíticas y
religiosas que generan o consienten el abandono y la marginación de estos
enfermos.
• Apoyar y alentar la labor abnegada que desarrollan en este campo los grupos
de pastoral de la salud, las asociaciones y movimientos de enfermos, las
religiosas y religiosos y los profesionales sanitarios.
• Potenciar el voluntariado en favor de estos enfermos.

3.ª Abrirnos a los enfermos más necesitados y desasistidos del mundo.


No basta con promover la atención a los desasistidos que hay en la comunidad
cristiana, hay que despertar igualmente una preocupación por los enfermos más
desasistidos del mundo, que se plasme en ayudas concretas.

4.ª LA FAMILIA TAMBIEN CUENTA. “Al verla, el Señor tuvo compasión y le


dijo: No llores” (Lc 7,13). “Vete que tu hijo vive” (Jn 4, 50) De una pastoral centrada
sólo en el enfermo a una pastoral que se ocupa también de la familia.
La enfermedad afecta también a la familia, a veces profundamente. Cambia sus
planes y trastorna su ritmo de vida. Es fuente de inquietud y de dolor, de conflictos
y desequilibrios emocionales y pone a prueba los valores sobre los que se asienta.
La enfermedad constituye también para la familia una experiencia dolorosa y
dura. Por otra parte, el papel de la familia del enfermo es fundamental e
insustituíble. El enfermo necesita su cariño y sus cuidados para sentirse seguro, su
comprensión y paciencia para no verse como una carga y un estorbo, y necesita su
compañía y apoyo para poder afrontar con realismo y asumir con paz la
enfermedad y la muerte.
Por ello, la pastoral de la salud ha de ocuparse tambien de la familia del enfermo.
“Es necesario un empeño pastoral generoso, inteligente y prudente hacia las familias
que pasan por situaciones difíciles. Estas son, por ejemplo, las familias con hijos
minusválidos o drogadictos, las familias de los alcoholizados, los ancianos.. la dolorosa
experiencia de la viudez, de la muerte de un familiar, que mutila y transforma en
profundidad el núcleo original de la familia”. (Familiaris Consortio 85)
La pastoral de la salud ha de impulsar en las comunidades cristianas, como
sugieren los obispos en su Mensaje del Día del Enfermo de 1989, las actividades
siguientes:
1. Preparar a las familias para afrontar la prueba de la enfermedad y de la muerte
de uno de los suyos y para desempeñar su papel.
2. Ejercer la solidaridad y la cercanía con las familias que cuentan con algún
miembro enfermo, especialmente con las que se ven impotentes para
sobrellevarlo solas, y ofrecerles la Palabra del Señor, la oración y el servicio
generoso de la comunidad para atenderles en sus necesidades.
3. Valorar la entrega de las familias que cuidan con amor solícito y paciente a sus
enfermos y difundir su testimonio en la comunidad.
4. Acompañar a las familias que han perdido a un ser querido.
5. Apoyar y colaborar en toda clase de iniciativas, actividades y asosiaciones que
pretendan una atención más adecuada a las familias de los enfermos.

5.ª TODOS RESPONSABLES EN EL NOMBRE DEL SEÑOR Y DE LA


IGLESIA. “Los envió a proclamar el reinado de Dios y a curar a los enfermos...
Ellos fueron de aldea en aldea, anunciando la buena noticia y curando en todas
partes” (Lc 9, 2.6) De una pastoral “clericalizada e individualista” a una pastoral
“eclesial y comunitaria”
“Si es verdad que los obispos, presbíteros y diáconos, por razón de su ministerio, deben
manifestar su preferencia por los enfermos, la obligagación de atenderles es cometido de
todos y cada uno de los componentes de la comunidad cristiana” (Ritual de la Unción
47)
Jesús ha confiado a su Iglesia la misión de asistir y cuidar a los enfermos. Todos
los miembros de la Iglesia participan de su misión, si bien cada uno ha de realizarla
en función del carisma recibido y del ministerio que la Iglesia le ha encomendado,
pero siempre corresponsablemente con los demás para así hacer transparente el
verdadero ser de la Iglesia.
“La pastoral del sufrimiento es parte integrante de la pastoral de conjunto y no un
aspecto suyo separado o separable. Sin esta parte integrante, toda actividad pastoral es
manca y está privada de un rasgo fundamental. Toda la asamblea eclesial es y debe ser
sujeto de la pastoral sanitaria, directa o indirectamente. No basta que en su interior haya
organismos específicamente dedicados a la pastoral sanitaria; éstos son necesarios pero
no suficientes”.

1.ª Sensibilizar a toda la comunidad cristiana sobre su misión de evangelizar


curando y ayudar a todos los miembros de la misma a desempeñar su tarea en
este campo.
Sensibilizar a toda la comunidad cristiana es hoy una tarea prioritaria. Durante
años ha delegado la misión de evangelizar curando, a las personas, congregaciones
o grupos de la comunidad que se ocupaban de los enfermos. Ha terminado, en
muchos casos, por vivir de espaldas a ellos, desconociendo sus problemas y
perdiendo su capacidad de asistirles, cuidarles y ayudarles a vivir.

2.ª Apoyar a los que en nombre de la comunidad asisten a los enfermos y


facilitarles su formación específica y permanente.
Es una responsabilidad de toda la comunidad cristiana atender y cuidar a los
miembros de la misma que hacen palpable su solidaridad y solicitud con los
enfermos. Por ello ha de preocuparse y poner los medios para:
• Conocer a los miembros de la comunidad que se ocupan de los enfermos, su
forma de actuar, sus necesidades..
• Procurar que sean personas no sólo de buena voluntad, sino con unas
cualidades para desempeñar una misión tan delicada: capaces de dar testimonio
de su fe y de transmitir esperanza, personas con sentido común, discretas, sanas
y equilibradas mental y afectivamente, con sentido común, con una formación
religiosa...
• Reconocer, valorar y apoyar su labor a fin de que no se sientan aislados y solos.
• Fomentar en ellos el "sentido de Iglesia": que sean conscientes de que la
comunidad cristiana les encomienda a "sus enfermos" y les envía a visitarles,
acompañarles y cuidarles en su nombre.
• Facilitarles la formación que les ayude a madurar personalmente, a conocer el
mundo del enfermo y a capacitarse para el desempeño de su misión.

3.ª Promover un laicado cristiano comprometido en el mundo sanitario.


En la comunidad cristiana hay profesionales (médicos, enfermeras, auxiliares,
administrativos...) que trabajan en el mundo sanitario, en el hospital, en el centro
de salud, etc. Estamos en la hora del laicado. La comunidad cristiana tiene también
una responsabilidad y unas tareas que llevar a cabo en relación con estos
profesionales.
• Promover un laicado comprometido en la sanidad, que aúne la competencia
técnica y la honradez de su trabajo con la cercanía y entrega al enfermo y que
asuma su responsabilidad en el campo social y político.
• Ayudarle a descubrir y vivir la dimensión evangélica y evangelizadora en su
trabajo y apoyarle en su tarea de mejorar la asistencia integral a los enfermos y
de luchar por unas condiciones que mejoren la calidad de vida de los sanos y
de los enfermos. y a descubrir la dimensión ética y el sentido que encierra la
asistencia sanitaria.
• Valorar su labor realizada tantas veces con generosidad y dedicación ejemplar
en medio de condiciones difíciles.
• Contar con su valiosa colaboración para llevar a la comunidad parroquial la
preocupación por la Sanidad con el fin de que sus miembros la conozcan mejor
y se comprometan en la solución de sus problemas.

4.ª Impulsar la coordinación de todos los agentes de pastoral de la salud entre sí


y con los demás.
La pastoral de la salud en la comunidad cristiana ha de servir de encuentro,
comunicación y coordinación de las personas y de grupos cristianos que, dentro
del ámbito de la parroquia, se interesan por promover acciones de servicio y
asistencia al enfermo.
A veces, dentro de la parroquia, solamente existe el grupo de pastoral de enfermos.
Pero, puede haber varios grupos que se ocupan de los enfermos: Hospitalidad de
Lourdes, Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos, Legión de María,
Conferencias de San Vicente de Paul, etc. La Pastoral de la Salud debe ayudar a
aunar fuerzas, sin trabajar de manera dispersa y aislada, cada uno por su cuenta y
sin relacionarse con los demás. No se trata de ahogar actividades o monopolizar la
atención a los enfermos. Hay que respetar la autonomía y peculiaridad de cada
grupo. Lo importante es mantener buena relación y colaborar juntos para
responder mejor a las necesidades de los enfermos.
"Se impone una coordinación para que ninguna de las necesidades de los enfermos quede
desatendida y a todos llegue el consuelo. Y ello no sólo por razón de una buena
organización, sino porque forman una comunidad cristiana" (Ritual Unción 58)
Por otra parte, cada vez se ve más conveniente el contacto y la coordinación de los
grupos de pastoral de la salud de una comunidad cristiana con los de las demás
comunidades cristianas de la zona o arciprestazgo y con los de la diócesis. La
Delegación Diocesana de Pastoral de la Salud ha de promover encuentros de los
grupos parroquiales, ya que son un medio excelente para estimularse y
enriquecerse en el desempeño de su misión.

Rudesindo Delgado

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