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COLEGIO DIVINA PASTORA – ÑUÑOA

Departamento de Religión – Filosofía


Profesora: Patricia Araya M.

C.R.E.M. – III MEDIO


UNIDAD I – El Credo Apostólico, síntesis de la fe cristiana.

APUNTE 3: La Confirmación, signo de madurez en la fe cristiana


y compromiso de seguimiento de Jesucristo

Por el sacramento del Bautismo, el cristiano(a) nacen a la vida de la fe y se integran en la Iglesia. Sin
embargo, esta fe es como una semilla que se planta en la tierra: debe crecer y madurar. En el caso del
Bautismo de niños y niñas pequeños, son los padres y padrinos quienes lo deciden y se comprometen
por ellos.

Para que la semilla de la fe crezca y se robustezca, es necesario regarla y abonarla con el ejemplo y las
enseñanzas de la familia, con el testimonio y la catequesis de la comunidad cristiana, y con el alimento
de la Palabra de Dios y el pan de la Eucaristía.

De esta manera llega un momento en que el bautizado(a) toma plena conciencia de querer seguir el
estilo de vida de Jesús y se alegra de ser hijo de Dios y miembro de la Iglesia.

Entonces, es el momento de celebrar el sacramento de la Confirmación.


Así, el joven cristiano(a) hace suya y confirma la decisión que sus padres tomaron el día de su
Bautismo.

Por eso, según la práctica más habitual, este sacramento marca el final de la iniciación cristiana.
Gracias a él, el bautizado(a) se vincula más estrechamente a la Iglesia y se compromete a ser testigo
de la Buena Noticia de Jesús con sus acciones y sus palabras en todos los ámbitos de su vida: familia,
estudios, trabajo, amigos, tiempo libre, vida política y social...

Por todo ello, se dice que la Confirmación es el sacramento que marca la madurez cristiana.

Esta madurez cristiana no consiste en un proceso espontáneo. Es necesario un camino de crecimiento y


de inserción cada vez más permanentemente en la comunidad cristiana que se puede mirar desde tres
perspectivas distintas pero complementarias.

 Ámbito de los conocimientos y fundamentos de la fe: se refiere a las ideas y convicciones que
tenemos respecto a Dios, a la Iglesia y a todos los conceptos relacionados con la identidad
cristiana. Este ámbito responde a la pregunta ¿QUÉ ES LO QUE SÉ Y PIENSO DE MI FE?
 Ámbito de lo afectivo y lo motivacional: se refiere a la disposición afectiva que tiene el creyente
frente a todo lo relacionado con su fe. Este ámbito responde a la pregunta: ¿QUÉ ES LO QUE
SIENTO DE MI FE
 Dimensión operativa o comportamental de la actitud de fe: se refiere a la necesaria coherencia
entre lo que se dice y se hace, entre lo que se cree y lo que se hora. Este ámbito responde a la
pregunta: ¿QUÉ ES LO QUE REALIZO PARA SER COHERENTE CON MI FE?
En cada una de ellas se dan rasgos maduros de la actitud cristiana. Es necesario desarrollarlos
para crecer armónicamente y en coherencia con el sacramento de la Confirmación.

La Confirmación como compromiso cristiano.

La madurez cristiana, además de irse cultivando progresivamente, es una tarea. Por medio de la
Confirmación, el Espíritu Santo actúa sobre la persona capacitándola y disponiéndola para alcanzar
esta plenitud o madurez. Esta consiste esencialmente en seguir a Jesús más de cerca y asumir
como propia la misión de la Iglesia.
Esta misión se puede entender en las siguientes tareas específicas:
 El cuidado de la propia vida de fe.
 El compromiso en la construcción de una sociedad basada en los valores del Evangelio.
 Participar en la Iglesia mediante una comunidad juvenil que evangeliza, celebra y da testimonio.
 Hacer presente el Reinado de Dios en el mundo.

Esta misión de la Iglesia, como Cristo, se encarna en la historia a través de sus comunidades y de
cada uno de sus miembros. De ahí se comprende mejor por qué la tarea de dotar mayor justicia a
las estructuras políticas y sociales del país, tan propia de los laicos, es también una exigencia que
brota del Espíritu Santo que se nos da en el sacramento para “renovar la faz de la tierra”.
La Confirmación es, pues, un punto de partida para la evangelización y para el testimonio. Es un
regalo y una tarea.

Los confirmados, conscientes de su misión, rechazan la indiferencia y el egoísmo, porque saben


que, como dijera Confucio, “Mas vale encender una vela que maldecir la oscuridad”.
No se restan, por flojera o timidez, al desafío de dar testimonio valiente de su fe en el Señor que ha
venido a servir y no a ser servido. Ellos saben que este tiempo es el mejor de todos los tiempos,
porque solamente ahora pueden actuar y ser útiles con la fortaleza y la sabiduría que vienen del
Espíritu Santo. Cada día es tiempo de siembra y cosecha.

Crecer hasta la estatura de Cristo.

El sacramento de la Confirmación marca una etapa de madurez y participación en la comunidad


cristiana. Así como en la sociedad, al llegar a los 18 años, se está en edad de adquirir ciertos
derechos –y también deberes-, de asumir válidamente contratos o ser ciudadano con facultades
para formar sociedades comerciales o representarse legalmente ante actos jurídicos; así también, en
la Iglesia, el cristiano(a) que celebra el sacramento de la Confirmación puede pertenecer,
válidamente, a alguna congregación religiosa, celebrar el matrimonio religioso o asumir algún cargo
de responsabilidad en la diócesis o en la parroquia.

San Pablo nos habla de esta realidad que se alcanza al ser adultos en la fe:

...hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al
estado del hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo. Para que no seamos ya
niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento o doctrina, a merced de la
malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error; antes bien, siendo
sinceros en el amor; crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo...
Ef. 4. 13-15

Estas palabras que San Pablo dirige a los cristianos y cristianas de Efeso, también se aplican a
nosotros. Con la Confirmación se está en condiciones de dar un testimonio responsable de la
auténtica fe en Jesucristo, ejerciendo la capacidad de discernir en las realidades cotidianas aquellas
situaciones de bien o mal. El Espíritu de Dios, que habita en el que se ha confirmado, le da la
sabiduría para crecer hasta la estatura de Cristo.

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