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IX. EL LIBERALISMO Y LA DECADENCIA DE LA FILOSOFIA POLITICA Los ricos tienen sentimientos, si puedo expresarlo ass, en todas las partes de sus posesiones[...] Rousseat ‘Mucho se gana cuando logramos transformar la dest= 1 histérica en infelicidad ordinava, Lo rouinco ¥ 10 soca Si imagiraramos a dos lectores inteligentes de Hobbes, cada uno igualmente distante de él en el tiempo, el primero situado a mediados del siglo xv y el otro, a mediados del x1x,esperariamos que cada uno expresara crticas radicalmente diferentes sobre algunas cuestiones, pero estariamos menos preparados para encontrar que concordaban en otras. Nuestro lector del siglo xv se escandaliza ria ante el sardénico tratamiento de Hobbes de la religion y la despiadada for- ma en que despoj6 a la filosofia politica de todo vestigio de pensamientos y sentimientos religiosos. El hombre del siglo xrx, examinando a Hobbes desde la posiciGn estraiggica de Marx y los economistas clisicos, declararia que Hobbes carece en absoluto de comprension de la influencia de ls factores econémicos sobte la politica." Los dos eriticos legarfan a la conclusién de que Hobbes ha- bia logrado una teorfa politica “pura” deshaciéndose de los elementos religio- 508 € ignorando la economia ‘Sin embargo, esto no representa la totalidad de lo que habia hecho Hobbes ni agota las criticas de nuestros dos lectores imaginarios. A pesar de la bre- cha de siglos y los distintos estilos de expresién, hubieran concordado en que Hobbes no haba captado las conexiones entre los factores sociales y politicos y, por consiguiente, su postulado de un orden politico definido contenfa una pre- sencia tan fantasmagérica como cualquiera otra fraguada por la mentalidad teoldgica de sus contempordncos. Por una parte, el representante de la época de “El ero desinondnico tenia que amir que ‘Manu Sinchr Sarto, rr Mens, 1980, conten un Spue sled valida la era de que Hobbes no coe ‘conémicory los Fendmenos pli Eo contemparieo, Jame Hating sara entee los factores EL LIBERALISMO Y LA DECADENCIA DE LA FILOSOFIA POLITICA a ‘Tocqueville, Comte y Spencer acusaria a Hobbes de ignorar la medida en que las, relaciones sociales configuran las précticas politicas y, por lo tanto, de que habia confundido la superestructura con los cimientos. En un estilo de expre- sidn diferente, el portavoz.de la época anterior habria manifestado lx misma ‘queja. Podria decir que si Hobbes hubiera podido frenar su impulso de ganar el debate a los escolasticos, habria alcanzado una valiosa percepcién de las rela- Cones reefprocas entre gobierno y sociedad. El empleo de metaforas orgénicas ‘entre los autores medievales habia sido, a pesar de su aparente absurdidad, un indicador de una aguda percepcién de la interdependencia social y la relacion funcional entre los factores politicos y econémicos. Un autor medieval nunca se hhubiera dejado atrapar en el error hobbesiano de tratar a la institucién de la pro- piedad como un simple conjunto de relaciones juridicas entre el stibdito y el so- berano, sin prestar atencién a la influencia social de los derechos de propiedad. s parccen justificadas, pues Hobbes no ten‘a ni guna teoria genuina de la sociedad en el mismo sentido que los autores ante- riores o posteriores. No obstante, en lugar de abundar en este tema podriamos formularnos la pregunta que nos sugiere: gpor qué estas criticas parecen tanto jjustificadas como obvias? Una respuesta ¢5 que estamos tan acostumbrados a que los problemas politicos se reduzcan a causas econémicas, ala influencia de Ta estructura de clases, las relaciones sociales 0 el acondicionamiento social, que hos apartamos con impacieneia de un autor que no sigue la formula, Lo que es interesante en esta respuesta es su conexidn con la perspectiva teOrica qui pre- ‘domina en gran parte del pensamiento contemporaneo en el campo de las cien- cias sociales, El argumento general expuesto acerca de la superioridad de las Ciencias sociales con respecto a la filosofia politica tradicional se basa en el mismo supuesto que sustenta la acusacién hecha a Hobbes: que los fenémenos poli cos se explican mejor como resultado de factores sociales y, en consecuencia, las instituciones y las ereencias politicas se comprenden mejor con un método {que va mas alls, hasta llegar a los procesos sociales “subyacentes” que determi nan la configuracién de las cuestiones politicas. Expresada en estos términos, la controversia entre la filosofia politica y las ciencias sociales es ostensiblemente de cardcter metodolégico ¢ implica una pregunta que solo la experiencia puede responder. Por desgracia, muchos fil6- sofos politicos, en especial los que insisten en una estrecha conexi6n entre la politica y la ética, rechazarfan esta exposicién del problema con el argumento de que obliga a la filosofia politica a preocuparse por el método a expensas de los aspectos morales. No obstante, se podria sefalar que tanto los defensores de las ciencias politicas como el filésofo politico con una mentalidad ética abo- ‘gan por un enfoque que pasa por alto el mismo punto, El problema no es tinica~ mente metodolégico, ni siquiera bésicamente ético, sino sustantivo: se refiere a la condici6n de la politica y lo politico. Cuando las ciencias sociales modernas declaran que los fenémenos politicos se deben explicar desglosdindolos cn sus ‘componentes socioldgicos, psicoldgicos o econémicos, afirman que no hay fe- a8 PRIMERA PARTE rnémenos propiamente politicos y, por lo tanto, no existe un conjunto especial de problemas. En apariencia, esta afirmacién parece ser una declaracién puramen: te descriptiva, desprovista de matices evaluativos y, en consecuencia, inocente En realidad, no lo es en absoluto. Se basa en una evaluacién que permanece ‘oculta porque sus orfgenes hist6ricos no son bien conocidos. Es posible ver la ‘politica como una forma derivada de actividad, que se debe entender en térmi- nos de factores més “fundamentales’, si se piensa que lo politico no tiene tras- ‘cendencia propia, no se relaciona con una funcién singular ni esta en un plano mas elevado que, digamos, cualquier organizacién en gran escala, Esto sugiere que las ciencias sociales modernas parecen plausibles y utiles ‘por la misma raz6n que la filosofia politica moderna parece anacrénica y esté= rik: cada una es sintomatica de una situacion en la que se ha perdido el sentido de lo politico. Mientras que las primeras florecen, la segunda se debate en Ia incertidumbre de lo que constituye su contenido, si lo hay. Estos acontecimien- tos tal vez parezcan poco importantes, relacionados quiza con la reubicacién de unos cuantos académicos desplazados. Sin embargo, quiz4 no sea descabe- lado sospechar una raiz comtin de la ausencia en el fildsofo de una idea cohe- rente de lo que es verdaderamente politico y el vacilante intento fracasado de las sociedades occidertales de sustentar la creencia en la importancia de la activi- dad politica, salvo recurriendo a una confusa mezcla de diluidas ideas religiosas ‘condimentadas con una pizca de virtudes mercantile. Estas consideraciones sirven para ver con més claridad la contribucién de Hobbes. Cualesquiera que fueran sus deficiencias, nos muestra lo que hemos ‘perdido en cuanto a un sentido de lo politico. Para Hobbes, lo politico en una ‘sociedad abarcaba tres elementos: Ia antoridad cuya funcién tinica era supervi- ‘sar todo y ejercer un control orientador sobre otras formas de actividad; las ‘obligaciones que asumian quienes aceptaban la membresia,y el sistema de nor- ‘mas comunes que rigen el comportamiento importante desde el punto de vista puiblico. En una forma igualmente inequivoca, Hobbes definié la tarea basica de la filosofia politica: identificar y definir lo que era verdaderamente politico. En esta perspectiva, la funcién de la teoria era ayudar a identificar un tipo es- pecifico de autoridad y el Ambito de su actividad. Identificar y definir equivale ‘a abstraer ciertas funciones y actividades caracteristicas con el fin de incluirlas ‘en un sistema clasificador. Toda clasificacion entrafia limites que nos permiten wes complites,7 vols, A. Locroi, Verboeckhoven et Companie, Paris, 1862-1878, 1: 427 (en adelante citadas como Bastiat, srs) “Hd, 7.27, 7-60. Las tnismas ideas fueron expresadas por Adam Smith; Riguecn, 1. ¥2, pO. 7-15 toy tn Spencer consider la dvisidn del trabajo como "parte de un proceso sun més geieral que ape todo I creacion lo inonganico algal que lo orginico (.-] no habia sido crea especi oavra a impuesto por un rey sino que se haba prodackdo sin que nadie lo plancara™. Essevs, sent Polica, aed Speculstive (Ensayox ceniicos, politicos y expccuativos], 3 vol, Apple See ork, 1910, 3-23 (en adelante ena obra ser citada como Essay); The Study of Soto {b Tel esuaiode a sociology, Appleton, Nueva York, 1899, p. 65. alte soclobgiea de los seonomista lisicus ha sido desrita por A, Small en Adans Sth anu Menton Sosotoge [Adam Smithy Ta soslogsa moderna}, University of Chicago Press, Chicago, Toate nor G Brywon en Mart and Society: The Sextsh Inquiry of the Bighternah Century [El how 342 PRIMERA PARTE cl véstago de esta teorizacién fue un modelo no politico de sociedad que, oe eee ea sistema cerrado de fuer nteractuantes, pareciaeapaz de en virtue ps exisencia sila ayuda de un agente politico “externo" sostener ot Pao gmith nose necesitaba un primer motor politico porque cada coe eee un principio de movimiento propio”. Las implicaciones totals ind a Socal para i posieion de lo poltico fueron sefialadas por el con- tee fe Adan Smith, David Humes bien el gobierno es il, incluso, neces ea ned orci empo sin ecrir a0 Teneion de exe po"? sae ened de las categortas polticasy el encumbramiento de associa 1 ease tress distntvas de nuestra stuacion contemporinea, dom 1c so lols politica ha sido eclipsada por otras formas de conocimiento. En Pee aeeetah es natural qe recurramos al socilogo o el economista para 1 eee asd semedios paras males dela sociedad, Suponemeos que clos sey teoico polico, powen el tipo pertinente de conocimientos. Comte tal Fae aptesural al coronaria sociologia como reina de Tas eiencias Te eye ae nuy bien podtla haber sidola rina, ya que dfcimente era un see se aRhguna discipline pro atualmente el titulo es menos discutido cea ee essere ado como un sepucsto operante la afirmacion de la sociologa sor pemniea de quel conocimiento de ctden social “no puede dejar de afc: terre ueiogacetea de lo que es progresstay lo que esreirSgrado, de Yo eae anicnte, de lo que es facile, de lo que es utopico”* Cuando Karl Rreacheim desing al ovtologo para el pape de nueva clite intelectual, tl vez aaa reimoe sade inguietos, pero no sorprendides. © cuando un destacado aoe aayigge anuncis que habla legado el momento de que el antropdlogo des- rare cpanel determinante en las pliteas pablcas porque, comparado sare efentfice politico y social, al menos podia cometer mejores erores tl tr yt sociedad: a inventigacionescnesa del siglo vl, Princeton Univ del siglo xo, Princeton Univeral Press, Princeton, He Etat uch rena de lo eas de Adan Sith ene trabajo de Vine, "Adam a eee cen The Lang View and the Shor Studs in Economie Tory and Policy Sa ie te: Freon a pespectiva lara y cota: ext en eri pola eons Fa i Gena i, 1958, pp. 213-285, Vase tambien el trabajo resented J. Crops Polity and Economy: An Interpretation of the Principles of Adam Smith (Politica y cman Ini nad An Sou Mo Ha Foe tan Nace ea dea narra mat econ Everytan, 2 vl. EP Duthon, Nueva York, 1911, 3.2.8. Hay un extenso tra:amiento de este tema en la obea de Elie "Hale. Da, Net ads Radiam (El erected radicalism oso, Faber and Faber Undies, 1928, pp 199 y 200 Spnu eSnd of Sit, ph ‘Mane, Es onthe Sc of ula, Roles, Lanes, 196. pp, 9 7O ee utili va a decir gs Me ESN i Paopots (andamentos des antopologia sec, Cen and Wes, Londtes ie cel Lahr cinco ee “a [PL LIBERALISMO Y LA DECADENCIA DE LA FILOSOFIA POLITICA 3 ver nos haya intrigado la ingenuidad del argumento, pero tomamos con serie- dad su esencia. ae ese eaeon, en la que la teor‘a politica se ha convertido en una actividad vane saya fancion tradicional ha sido absorbida por disciplinas afines: We £8 Yebe explicar apuntando un dedo acusador a la usurpacion por o\ras discipli- oe ee vera ch términos de un desorden interno de Ia rnisma teorfa pollen. re gr caso en lograr una metodologia establecida. Podremos capt’ ot come rafal problema si reconocemos que este empobrecimiento ¢ coma mri va la dseiplina mas amplia de la cual forma parte la teorsa politica: la filosofia. Fi sofos también han sulrido la misma pérdida que otras formas de com atento mediante una especie de soberania del invasor, legado a displ conc irueharse de su campo. Esto plantea la pregunta itrigante de si iS ilnien inereonexién entre el estado dela filosofa y la teoria politics POY Ot ey, por ota, la naturaleza de la tradicion liberal La cays oe la respuesta bart Por ura primordial ce Fokn Locke, pues, nla medida en due filo- ra ore neat orientada hacia elemprismo ye! anlisis det lengua, Vocks sofia modo de ss Tundadores.¥, ena medida en que se puede decir ave ¢ es sin dude wg jermo oe inspiré en algén escrtor, Locke ex clertamente Vue el excelente comentario preventado on Haley, Growth of Phiosphic Radian (8 cresineno dal adcllsmofilossio], pp 198 ys Hay un buen andi reciente de Godwin en Stade DH Munro, Goes Mora ibs La soli moral de Godwin Orford Universit Press, Londies, 1953 368 PRIMERA PARTE, ciedad en un entorno politico, no era sino anhelar un estado apolitico. La hosti- Tidad hacia la politica adquirié mas fmpetu en el siglo xix y nuevamente fue la idea de Locke de sociedad como una entidad que subsiste por sf misma la que proporcion6 la inspiracién a una amplia gama de teorfas, cada una de las cua les comparta ese sentimiento. Una forma adoptada por esto fue el intento de sustituir la politica por la administracién como método fundamental para ma- nejar los problemas sociales. En las extravagantes teorfas de los socialistas uté- picos como Fourier y Owen, en la sociedad gerencial o tecnocratica descrita por Saint-Simon ¥, por tiltimo, en la concepeién marxista-leninista de la “deca- dencia del Estado”, hubo consenso en que la sociedad, dadas ciertas reformas, espontaneamente generaria su propia vida. La politica y el orden politico, por el contrario, existian sélo a causa de las escisiones sociales originadas en formas dobsoletas de organizacién econémica. Una vez que hubieran sido reconcilia- das, el conflicto cesarfa y con él la raizon diétre [razén de ser] del orden politico, El arte de la politica, como las artesanias, serfa una curiosidad hist6rica, Serfa sustituido por la “administracién de las cosas", es decir, por una serie de opera- ciones tan allamente automatizadas que no éxigirian mayor conocimiento 0 habilidad que los posefdos por un tenedor de libros competente, El pluralismo moderno, que analizaremos mas extensamente en el proximo capitulo, representa un vastago mas de la misma tradicién. Como los anarquis- tas y socialistas ut6picos, los pluralistas también preferian la “sociedad”, pero por una raz6n algo diferente. La sociedad era la depositaria de grupos y asocia- cones que, para los pluralistas, constitufan las realidades sociales primarias.* La preeminencia del orden politico era considerada la consecuencia de la erré- nea creencia de que la sociedad requerfa una autoridad suprema o soberana. De hecho, ageupaciones voluntarias cumplian la mayoria de las funciones so- cialmente necesarias, mientras que la realizacién de la personalidad individual encontraba su entorno natural en la vida grupal y no en el ejercicio de la ciuda- danfa politica. Finalmente, los pluralistas fueron impulsados a adoptar una po- sicién extrafamente similar a la de los gerencialistas, los comunistas y los libe- rales seguidores de Locke. La sombra del orden politico fue conservada porque, en una sociedad de grupos auténomos, se necesitaba alain tipo de poder co dinador, lo que equivale a decir que el orden politico se justifica mas por ca ssancio que por un propésito. Sin embargo, ya sea que el te6tico politico moder- no esté dispuesto a conceder una funcién de teneduria de libros al orden ppolitico o que describa la tarea de éste como “coordinacién’”, esto carece de im- portancia. Ambos casos son sintomaticos de la propensién del pensamiento po- litico moderno a convertir los problemas politicos en problemas administra- HJ. Lasi, A Grammar of Politics [Una gramética dela politica}, 4" ed, Allen and Unwin, Londres, 1938, pp. 27.29, 35-37; Authority nthe Modem State [La autoridad en el Estado moder ‘nol, Yale University Press, New Haven, 1927, pp. 68 ¥ 92. [EL LIBERALISMO Y LA DECADENCIA DELLA FILOSOFIA POLITICA, 309 tivos.*” Es un largo camino el que medic entre los ilésofos desde Platén a as comisiones de expertos de Herbert Hoover LLineRALISMO ¥ ANSIEDAD En general, se ha considerado que el liberalismo es una filosofia activista por excelencia, identificada con la exigencia de “tbertad natural” y la eliminacién de esas restricciones obstaculizadoras que impedian al hombre perseguir sus intereses, expresar sus pensamientos 0 mejorar su posici6n social. Cuando lee- ‘mos el siguiente pasaje de un exponente moderno del liberalismo econémico clé- sico, suponemos que reproduce fielmente el ideal bureués: el selio del “gran hombre de negocios” es “su infatigable irventiva y su predileceién por las inno- vaciones f..] Enearna en su persona el coastante dinamismo y progreso inheren- tes al capitalismo”; nuevamente, al hablar del esperanzado joven que se embarca en su carrera de adquisicién: “A medida que aumenta su edad y comprende que se han frustrado sus planes, no tiene motivo para desesperarse. Sus hijos co- menzardn de nuevo la carrera [...] La vida vale la pena de ser vivida porque esti llena de promesas”.” De ese modo, es aceptado como axioma por oposito- res y defensores que la fuerza del liberalismo emanaba de tna s6lida contianza en la capacidad creativa del hombre y de la simple conviccién de que el mundo natural estaba dispuesto en forma tan benevolente que Ia acci6n racional y el “esfuerzo tenaz” automaticamente producian la felicidad. La pregunta que in- vestigaremos es si el liberalismo era originalmente tan ingenuo y confiado 0 estaba tan exento de desesperanza como con frecuencia se supone. Aparece un perfil muy diferente, muy ensombrecido por la ansiedad, si se plantea la pre- ‘gunta asf: gqué cosa, segtin los te6ricos liberales clasicos, impulsa al hombre a la accién y, una vez en movimiento, qué proporciona un estimulo incesante a ‘su actividad continua? ara determinar esto, es preciso volver al Ensayo... de Locke, que consti: rye una especie de manual para conocer la psicologia del hombre liberal. Segiin Locke, el origen de la accién humana no se encontraba en un simple deseo de gozar del placer y evitar el dolor, y mucho menos en una elevada motivacién de promover el “bien mayor’, “Lo determinante de la voluntad [...} es algain malestar [.. el deseo fijado sobre algtin bien ausente (...] En la medida que experimentemos un malestar, es seguro que en esa medida nos falta la felicidad." Lejos de ser un estado de siraple frustracién, habia sido habilmen- 1. Pegi, Churches in the Moder Sat Las iglesias en el Estado moderno), Longmans, Lon des, 1913, pp. 4i'y 42; G. D.H, Coe, Sovial Theory [La eorla socal, *ed, Methuen, Londres, 1921, pp. 128-143, Hay un examen general de estos peasadores y de Laski en la obra de H. M. Magid English Poltial Plualism (Plarlisoo politico ings), Columbia University Press, Nueva York, 194 Von Mises, Bureaueracy, pp. 13y 93. 2 Bntendiionto Iumano, FEXXL3, 33 39, p. 232,233 y 238, 370 PRIMERA PARTE te ideado por una deidad benevolente para asegurar la supervivencia de la es- pecie. “El principal, ya que no el tinico, acicate de la industria y actividad hu- mana es el malestar:"” Sin embargo, la idea de que la naturaleza promovia la felicidad por la sinuosa via de la ansiedad humana contenfa los primeros indi cios de un creciente sentimiento de la alienacién del hombre de la naturaleza y, por lo tanto, dotaba a esa actividad de una especie de cualidad frenética, El “engafto” practicado por la naturaleza, escribié Adam Smith, “despierta y man. tiene en continuo movimiento la industria de la humanidad’.* La insinuacién de una hostilidad fundamental entre el hombre y la natura- leza se hizo més pronunciada cuando los liberales reconocieron que dos de los principios fundamentales de su filosofia, la institucién de la propiedad priva- da y el acto de trabajo que creaba la propiedad, estaban ambos dirigidos contra la naturaleza con el fin de obligarla a otorgar sus favores. Esta idea del trabajo y de la propiedad privada como parte de un asalto organizado a la naturale- za, asi como el malestar que originaba, habia estado implicita en la descripcin de Locke de los origenes de la propiedad privada. En el estado de naturaleza de Locke, “todos los frutos que [la tierra] naturalmente produce y los animales {que alimenta pertenecen a la humanidad en comiin, ya que son producidos por la mano espontanea de la naturaleza’. No obstante, la munificencia de la natu- raleza era en si misma insuficiente para sostener el progreso humano 0, como expres6 Locke en los Ensayos sobre la ley natural, los bienes de la naturaleza no estén “creciendo proporcionalmente a lo que los hombres necesitan o desean”. Por consiguiente, para existir el hombre se ve obligado a “someter” a la natura leza, a explotar sus riquezas y extraer sus secretos.”* Las relaciones del hombre como productor y la naturaleza como material explotable para la produccién siguieron siendo una fuente continua de ansie- dad para los autores liberales, A medida que se acababa el siglo x1, el iberalis- ‘mo manifest6 cada vez més Jo que s6lo puede ser llamado un complejo de cul- pa acerca de la naturaleza. Sobre la base de la proposicién fundamental de la economia politica, que el trabajo y la produccién eran los procesos esenciales mediante los cuales una sociedad mantenia su existencia, que, como expres6 McCulloch, “la naturaleza proporciona esponténeamente el material con el cual se fabrican los productos, pero, hasta que se ha dedicado trabajo para ob- tener el material apropiado o para adaptarlo a nuestro uso, éste carece de todo Bid, XX y WXXL34, pp 211 y 212 TMS, p.317 Second Teatise, 26, especialmente, 35; Essays on the Law of Nature Ensayos sobre Ia ley de Ja naturalezal, W von Leyden (comp.), Clarendon Press, Londres, 1984 p 211 [existe traduccion a espanol: Ensayos sobre la ley nauwal, Universidad Complutense, Madrid, 1988); King, The Life of Jol Lock, 62. Laedicion de von Leyden a sido examinada competentemente por J. W. Lenz en Philosophy and Phenomenological Research (Plosolia e investigacion fenomenclégica), 16, 1955. 1956; 108.14, EL LIBERALISMO Y LA DECADENCIA DELA FILOSOFIA POLITICA an valor”,"* se deducfa que la sociedad que erigia la produccién en una forma de vida podia ser razonablemente descrita como un asalto organizado a la natura leza. En las palabras del economista estaduaidense H. C. Carey,* “la riqueza consistc en el poder de controlar el siempre gratuito servicio de la naturaleza, vya sea gracias al cerebro del hombre o por la materia por la cual éste esté ro- deado y sobre la cual tiene que actuar’.* No obstante, para mediados del siglo xx, la explotacién de la naturaleza habfa dejado de ser considerada un juczo ygenioso en el cual la naturaleza se sometia a aquellos que habian resuelto sus secretos. La habilidad para el juego se acabe con la comprensién de que la acti- vidad orientada a la naturaleza, lejos de ser realizada al compas medido de {écticas y maniabras, era mas bien un ritwal insano realizada con el ritma irre- gular de creacién y destruccion, que revelaba un profundo sentimiento de cul- pa en los participantes: ‘Todo lo que se produce perece, yla mayor parte de las cosas, con gran rapide [...] El capital se mantiene en existencia de una época a otra no por conservacion, sino por reproduccién perpetua; cada parte de él se usa yse destruye por lo general muy poco después de haberla producid, pero los cue la consumen se dedican, entretan- to, a producie mas.” El toque final en el encuentro entre el hombre y la naturaleza fue aportado porla teorfa maltusiana que, en retrospectiva, parece ser por partes iguales una descripeién de la venganza de la naturaleza y de la expiacién del hombre. En Ja descripcién de Malthus, las “leyes de la naturaleza” eran severos decretos que exigian despiadadamente castigar a las sociedades por aftos de violacién deliberada, El asalto a la naturaleza habia sido emprendido en la tonta creen- cia de que la naturaleza era una cornucopia sin fondo, pero la inminente crisis en los medios de subsistencia fue la respuesta de Ia naturaleza a la presuncién del hombre. Mas ingenioso atin fue el castigc ideado por la naturaleza. El aca- tamiento de las leyes de la naturaleza exigia la abstinencia sexual como el th co medio de aminorar las presiones demograficas, Sin embargo, esto implicaba McCulloch, PPE, pp. 61 y 82 * Henty €. Carey (1793-189) fue un influyenteeconemistsestadunidense cuya obra bésica, Los principios dela ienea social (1858-188), fue muy lea en Europa yen los Estados Unides. La mar Noria de ls historadores de las dacrings ccondmeas casifican » Carey como un “optimsta™ por Sits intentos de cambiar las sombriasimpltesciones de a “ley de wilidades en disminucion”. Org zalmente parte del libre comercio, mis tarde ve convieio en un defensor del proteccionismo, ial Sciences [Principios de las ckenee soclaes}, 3 vole, J.B, Lippincot & Co, ™ Panciples of Filodelia, 1858-1839, contrainte, sans spol ‘etruisen un jour plas que jeep intercambio de servicios, sin expoiacion, bajo el supuest de la igualdad, cada hombre pueda dec on vera desiruyo un tn dia mis de lo que podria crear en un siglo.) Bastiat, Eaves, 6 383