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Edición 168 | julio 2017


Informe
especial
Letras para la vida

el gramático nihilista y el sicario adolescente


de las comunas, es lo que provoca el escánda-
lo, al juntar dos mundos opuestos que usual-
mente están separados en un mismo argu-
mento dramático. El desconocimiento del
entorno y las circunstancias del sicario hace
trivial la caracterización. El correlato es la vio-
lencia de las vendettas entre bandas de sica-
rios, pero la verdadera violencia, la implícita,
es la de los sectores sociales que aprovechan
la explotación sexual de menores para satis-
facer necesidades sexuales. Esa instrumen-
talización del cuerpo es para el gramático (la
voz narrativa), el sucedáneo del amor. Y es
también violencia, pero se hace invisible por
su romanticismo brutal.
La banalidad del bien radica en el posi-
cionamiento cultural de discursos domi-
nantes. Discursos que interiorizan pensa-
miento político correcto, tergiversaciones
históricas, satanizaciones de minorías, hi-
percorrecciones lingüísticas, verdades ofi-
ciales o verdades a medias que se toman por
verdades generales. Al propagar las verda-
des dichas, las oficiales, lo que no quieres
que digan, lo que quieres que te digan, per-
mites que los peores crímenes pasen al mis-
mo tiempo que la vida social transcurre, co-
mo si la barbarie fuera monótona o como si
fuese el decorado natural de lo real.
En una feria del libro la escritora Caroli-
na Sanín, antisexista, se refirió al argumen-
Tutus Mobio, sin título (Cortesía del autor) to dramático que todos los escritores “ma-
chos” de Colombia se habían estado contan-

La banalidad del bien


do unos a otros, como si la literatura fuera un
acto de prepotencia viril. La violencia era un
camino cerrado para la autora que solo veía
transformaciones estéticas, innovaciones,
etc., en la escritura hecha por mujeres. En
su caso, solo he leído Ponqué y otros cuen-
por Daniel Ferreira* tos. La innovación literaria en ese libro breve
consiste en relatar episodios de viajes y re-
cuerdos y migraciones educativas en forma

En una sociedad ficarse con la sensación de miedo genera-


cional ante el narcoterrorismo, es decir que
niqueas de los detentadores del poder so-
cial, político, económico y cultural. Esa mi-
anecdótica. El más inquietante es el de Mi-
riam y el escultor judío que vende Ponqués
complaciente con el se identifica con las posibles víctimas de las
bombas del cartel de Medellín y la amenaza
rada parcial está conectada de fondo con la
otra banalidad, al ser su revés.
en Nueva York. Si el peso de la violencia co-
lombiana que emerge en la literatura como
poder, la literatura que se cierne sobre el colegio de ricos donde
estudió (el personaje del libro), pero esa ame-
En un país donde el eco es más importan-
te que las palabras, es el eco el que debe ser
una fuerza telúrica es omitido, no implica
que esta opción conlleve a una renovación
dominante no naza elude datos y coordenadas históricas
como el hecho de que ese colegio amenaza-
controvertido. Verdades a medias se propa-
garon en los aparatos culturales como si fue-
técnica y a una nueva estética literaria. Aca-
so a una variación temática.
podría ser la do, esos barrios amenazados, son aquellos
donde estudian los hijos de los ministros y de
ran verdades oficiales que había que creer y
se amplificaron y se fijaron en la conciencia
Pero la gran mayoría de novelas publica-
das en Colombia en lo que va del siglo son
excepción. ¿Hasta los magistrados, porque la amenaza narcote-
rrorista se cierne sobre la plutocracia, por la
colectiva en los relatos culturales. Se acepta-
ron testimonios y se avalaron discursos, an-
apolíticas y acríticas, no abordan la violencia
política, ni las confrontaciones sociales. Por
cuándo perdurará la guerra a muerte de los carteles contra la extra- ticomunistas, neomachistas, reformistas, se el contrario, se centran en la subjetividad de
dición. En el mismo contexto se daba el geno- disolvieron culpas históricas, se omitieron un narrador vinculado al autor (la execra-
banilidad del bien? cidio, pero no tienen mención ni alusión en las voces del contradictor del poder. ble autobiografía) y a la expansión del pan-
la novela, es decir que esa voz narrativa que Las novelas han hecho parte de esa pro- sexualismo. Como la sociedad ha intentado
reclama el miedo generacional no siente co- pagación. Rosario Tijeras banalizó la vida fijar una identidad sexual única, normaliza-

L
nexión con los crímenes y el exterminio de los sicarial de Medellín y sublimó la idea de la da, teocratizada, de familia nuclear y hete-
a banalidad del mal, sí, pero es miembros de la izquierda. mujer que mata. La versión al cine la llevó al rosexual, tal vez el único discurso transfor-
más inquietante la banalidad Habría que examinar las técnicas con que gran público y la versión para tv la populari- mador provenga de ahí, de las novelas con
del bien. Por ejemplo, cómo están hechas las novelas de la última déca- zó en las bases sociales inclusive en los pro- temática homoerótica y queer como los li-
vende de bien la banalidad del da, los puntos de vista, las líneas dramáticas, pios sectores donde la cotidianidad del sica- bros de Alsonso Sanchez Baute, Fernando
bien en literatura (y la hay en to- el método de construcción y destrucción del riato no era un decorado de lo real ni tendía a Molano, John Better, Giussepe Caputto. Por
dos los aparatos de representación cultural: tiempo, el espacio, los autores, la realidad la sublimación. El cruce de los tres lenguajes lo demás la literatura acrítica no se puso a la
cine, tv, series, música). ¿Por qué? Porque la que capturan y la que dejan ir, la que ponen omite las tragedias tangenciales y el meca- vanguardia de las transformaciones estéti-
sociedad, siguiendo a Camus, necesita gente como decorado, las convergencias o puntos nismo que hace posible vivir de matar. cas sino como literatura al servicio de la pro-
que llore en el entierro de su madre. Porque de unión entre fuerzas históricas y microhis- La virgen de los sicarios, de Vallejo, expresa paganda de la economía.
la sociedad quiere apaciguar su frivolidad toria para ver si el trasfondo conceptual solo la perplejidad del salto que da una narrativa La banalidad del bien también está en
ética, su pasividad, su abstencionismo, su esconde otro rasgo de la banalidad del bien. sobre violencia a una narrativa violenta, vio- la esfera de la propaganda. Como tenemos
neutralidad, con moralidad discursiva, con La banalidad del mal, arrojó Arendt en lenta en su lenguaje, violenta en su lugar de una media de la población entre los 15 y los
demagogia, con justicias simbólicas. Eichmann en Jerusalem, es toda la cadena enunciación: violenta contra las mujeres por 35 años, las grandes editoriales han tratado
El protagonista de El ruido de las cosas al social que hace posible que un tipo huma- tener matriz, contra la población sin recursos de cautivar audiencias imponiendo catego-
caer no se identifica en su grito generacional no, un monstruo nazi, capaz de dar la orden por ser pobres en sí (sin explicaciones eco- rías juveniles a todo tipo de relatos de sub-
con el asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa de ejecución de un millón de seres humanos nómicas). Es una novela que pasa por irreve- género. Infantilizando los contenidos de las
ni con el de Pizarro León Gómez ni con los con zootecnia, exista (y no el nazi en sí). La rente al ser su narrador (no su autor) simbó- narraciones. Un efecto de la banalización del
muertos de la Unión Patriótica (que ya eran banalidad del bien consistiría en observar licamente desafiante contra el poder estatui- bien ocurre en la esfera extraliteraria, con el
más de mil para el momento “histórico” en las prácticas culturales que propagan y ava- do (representado en Pastrana). El encuentro aparato de propaganda para situar discursos
que se sitúa el libro) pero sí trata de identi- lan las ideas neutrales y emocionales y ma- entre dos clases sociales, la representada por culturales.
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Mario Mendoza observó las violencias vocara un remordimiento como efecto retar- fecta para engañar a un país. Necesitamos no un vicio de la burguesía. Y el discurso oficial
transpolíticas que llevaban a violencias uni- dante, y que ese remordimiento diacrónico solo hijos que lloren a sus madres en los entie- aprovechó ese silencio, proscribió toda tenta-
personales en sus inicios de escritor. Con el avala la necesidad de hacer justicia literaria. rros sino monstruos sin voz ni rostro que fre- tiva de narrar desde ese lugar de enunciación
caso de Campo Elías, el mercenario de Viet- Al menos para sectores sociales que nunca nen el ascenso al poder de los caudillos para como propaganda y extendió el discurso cul-
nam que acabó en una noche bogotana con hicieron reclamos a la verdadera injusticia despedazar en la plaza pública. Necesitamos tural del anticomunismo como si en verdad el
una veintena de personas, pareció acertar social, sectores que nunca se paralizaron ni pretextos para esconder los nexos internos de comunismo fuera una fuerza política real y el
con la entronización de la desesperanza que movilizaron ante una masacre o el vacío de los magnicidios y los genocidios programa- modelo económico del estado fuera el único
se convierte en el acto egotista del terrorismo poder del abuso militar, ni reclamaron la paz dos por el propio poder. modelo de vida y de ética que nos quedaba.
unipersonal. Pero del autor que escribió Sa- como un mandato social. Por eso nos cau- Al propagar las verdades dichas, las oficia- Tuvimos alguna suerte en eso: narrado-
tanás al que involucionó a esa literatura retro- tivan más los testimonios (de víctimas, de les, lo que quieres que te digan, permites que res como Alfredo Molano, narradores como
futurista para subculturas urbanas que se ha victimarios) y la no ficción con su rótulo: to- los peores crímenes pasen al mismo tiempo Arturo Alape, han sido los cronistas insobor-
convertido en un fenómeno editorial y donde mado de un caso de la vida real. Porque se que la vida social transcurre como si la barba- nables del país, los que han recorrido una
se toman por verdades todos los sucedáneos espera que las novelas, los novelistas, hagan rie fuera monótona. En Los escogidos, de Pa- Colombia profunda y han regresado con ob-
del misticismo contemporáneo (la teoría de justicia literaria, digan lo que no dijeron los tricia Nieto, la gran pregunta no es por la víc- servaciones agudas sobre la violencia para-
la conspiración, el esoterismo, lo paranor- dueños de la verdad oficial. ¿Y si las novelas tima sino el cuestionamiento de lo que se ha militar, la guerrillera y la estatal que devastó
mal), el efecto es el de haber desdibujado esas no lo dicen? ¿Y si los narradores imaginarios normalizado. ¿Quiénes son los cadáveres que regiones enteras, una guerra que a diferen-
búsquedas transculturales en particularida- aceptan solo lo que se sabe de una verdad en han bajado por los grandes ríos de nuestro cia de otras que se establecen entre pares ha
des subjetivas intrascendentes. un momento dado? país a lo largo de todas las guerras? Eso lo sa- sido entre un amo y un esclavo, donde el que
Si esa literatura llevada a los límites de bemos todos. Eran los escogidos por ser testi- venza esclavizará al vencido.
la paranoia por Mendoza y masificada (im- gos. La pregunta es: ¿Dónde están los perpe- Hago mención tangencial a casos litera-
puesta ahora en el plan lector de estudios de tradores de estos crímenes y por qué siguen rios de libros muy divulgados y de amplia
los colegios del sur de Bogotá) se tomara co- Por décadas el matando y usando los ríos de fosa común, por circulación. Pero la banalización parece es-
mo una rama de la ciencia ficción, sería ino- qué les conviene que sean NN, que no salgan tar entronizada en toda la cadena de la cul-
cua. Pero tiene un problema: se propaga con conflicto armado a flote, que se los coman los peces, por qué to- tura. Acaso un crítico desocupado poses-
la etiqueta de “Verdad” que se ha querido das las pruebas conducen a ellos y nunca es tructuralista de los de ahora, porque la crí-
ocultar, de conspiracionismo. convirtió a una minoría posible capturarlos y hacer que paguen sus tica también envejece y se necesita miradas
El mismo procedimiento de masificación delitos contra la humanidad? nuevas para cruzar y descruzar los lengua-
de un subgénero literario puede estar ocu- inconforme y radical La banalidad del bien consiste en silenciar jes que se juntan en la literatura y la cultu-
rriendo con la Vampi, los libros de vampiros al enemigo y simular que no existe. Por déca- ra actual, pueda mostrar cómo ocurrió ese
de la señorita Andújar, pero en este caso la au- de Colombia en el das el conflicto armado convirtió a una mi- tránsito del realismo mágico al hiperrealis-
tora no anda diciendo de colegio en colegio noría inconforme y radical de Colombia en el mo violento, de la brutalidad anecdótica y
que lo que escribe es verdad. La operación del enemigo. enemigo. Un enemigo sin voz ni voto. Un ene- cultural a la brutalidad lingüística y norma-
mercado de la primera tendencia, se explica migo sin historia qué contar. Nos hemos ne- lizada, de la literatura sobre violencia a la li-
estadísticamente en que los libros que más gado a oír esa historia, o nos ha sido vetada. teratura violenta, de lo subjetivo local pasa-
se consumen en Colombia son los de esote- Acaso el posconflicto funcione como una li- do a subjetivo universal, del discurso de la
rismo y el público al que están dirigidos es un Los mejores relatos en lo que va del nuevo bertad de veto que explique las causas secre- víctima al relato de la víctima, del mercado
público joven, juvenil, acrítico, cautivable. La siglo son los que han dialogado con el cues- tas de la violencia. La propia guerrilla no bus- de la literatura a la literatura del mercadeo.
banalidad del bien está en pasar libros intras- tionamiento de las verdades históricas, socia- có caminos ni formas artísticas para narrar La banalidad del bien nos ha hecho más
cendentes como desafíos contraculturales. les y culturales. El crimen del siglo, de Miguel esa otra parte de la verdad, la del contendor, mella que la banalidad del mal. n
Pareciera que la desidia cultural por to- Torres, nos enfrentó al discurso oficial que en- tal vez por el fragor de la guerra o acaso por la
das las tragedias que nos han ocurrido pro- cuentra en el chivo expiatorio la coartada per- miopía del leninismo que veía el arte como * Escritor, bloguero y cronista.

Foro:
Revolución de
Periódico octubre: el poder

Impactos y herencias
de los oprimidos
Raúl Zibechi

de la Revolución
(Uruguay)

de ctubre
Jaime Araújo Rentería
(Colombia)

Pablo Dávalos

100
(Ecuador)

años La revolución de
octubre de 1917

después
en el prisma de la
larga duración
Carlos Aguirre R.
(México)

Agosto 9 - 10 de 2017 Pedro Miguel Tapia


(Colombia)
8:00 am - 12 m / 2:00 - 6:00 pm El Estado y la
Codema, Auditorio Estela Forero revolución: las lecciones
Calle 39B Nº19-21, piso 4, Bogotá de la historia
Héctor-León Moncayo
Valor de la inscripción $50.000 (Colombia)

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