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Educación y Patrimonio

Una relación de desafío

Prof. Darío Demonte

Actualmente, en el marco de la cada vez más multifacética relación entre


Educación y Patrimonio, el concepto de “Educación Patrimonial”1 gana importancia
y reconocimiento, para describir lo que las propias instituciones internacionales
que velan por el patrimonio como la UNESCO o el Consejo de Europa2 reconocen
hoy como una tarea urgente, que necesariamente debe acompañar a todas las
demás medidas de preservación si se quiere que éstas sean verdaderamente
eficaces (Herrero Pérez, 2008)
De este modo la educación y sensibilización en los valores que encierra el
Patrimonio Integral3 se convierte hoy en un objetivo común, tanto de la educación
formal como informal, reflejado en la normativa provincial vigente.
En referencia al ámbito de la educación informal, el Patrimonio Natural y
Cultural es un sector cada vez más presente en la planificación de las políticas
culturales y la creación y/o planificación institucional al respecto (museos, centros
de visitantes, áreas protegidas, bibliotecas, archivos, etc.) y como tal exige
competencias específicas a los educadores que se especializan en la animación y
la gestión cultural de las administraciones de los distintos ámbitos territoriales.

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Podemos hablar de la Educación Patrimonial como una materia emergente del Patrimonio
Cultural y de la Educación. Este término se utiliza de forma generalizada en el ámbito
latinoamericano, especialmente en países como Argentina, Venezuela, Chile o Perú entre otros.
Otros referentes terminológicos de esta materia son la denominación francesa (éducation au
patrimone), inglesa (heritage education) y portuguesa (educaçao patrimonial) (Fontal Merillas,
2003; pag.87 y 92).

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Ver la resolución nº 5 del Consejo de Europa de 1998 y el artículo 27 de la Convención
sobre Patrimonio Mundial de la UNESCO, así como la publicación de esta última
institución “Patrimonio mundial en manos de jóvenes. Conocer, atesorar y actuar. Paquetes
de materiales didácticos para docentes” (2005).

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Problemática global y compleja, que debe ser abordada, desde lo natural y de lo cultural,
integradamente considerados. Ver MARTINI, Y. “La conservación del patrimonio integral: concepto e
instrumentos”. Diario Puntal, Corredor Mediterráneo. Río Cuarto, 2000, pag. 4 y 5.

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Igualmente día a día se multiplican las experiencias que introducen la
problemática del Patrimonio Integral en el ámbito de la educación formal, todas
ellas derivan de la propia iniciativa de los educadores, con apoyo de las
comunidades o de los organismos estatales en algunos casos. En general son
experiencias aisladas, no sistematizadas pero de gran relevancia en cuanto a su
impacto en la preservación y uso social del patrimonio integral local o regional.
En este contexto la formación docente, ya sea en el ámbito formal como
informal, en los temas relacionados con el Patrimonio Integral adquiere una
trascendencia social importante, puesto que, los participantes en el proceso
educativo, van a ser difusores de concepciones, valores y actitudes que serán
decisivos para el futuro del Patrimonio y de su papel en la sociedad.
Cuando hablamos del Patrimonio Integral4 (en relación con la participación de
los colectivos sociales relacionados), no hablamos de una realidad aséptica y que
se mantenga al margen de los conflictos sociales.
El patrimonio tiene que ver con otras cuestiones de las que algunas
versiones lo presentan muy alejado, como son por ejemplo las relaciones
intergeneracionales, el multiculturalismo, el reconocimiento de otras diferencias
como las de clase o género, la desigualdad, o el ejercicio del poder. Por ello el
Patrimonio también está implicado en la discusión y lucha política en torno a los
modelos de sociedad que queremos construir. Sobre estas bases se asienta la
integralidad del patrimonio.
El valor económico que adquiere en la actualidad el Patrimonio, asociado a
fenómenos como los medios masivos de comunicación, la industria cultural o el
turismo, supone el riesgo de su mercantilización y reducción, su espectacularidad
y banalización para la venta y el consumo fácil. Por eso es importante la formación

4 Actualmente la concepción del patrimonio se ha extendido y abarca no solo testimonios de la


cultura material, sino también sitios arqueológicos, naturales y elementos culturales intangibles
(Gonzales, Alba, “Patrimonio, Escuela y Comunidad”, Ed. Lugar 2009, pag.13) Si buscamos una
definición más acabada podríamos citar la siguiente: “Conjunto de productos naturales y culturales,
manifestaciones visibles o invisibles pero detectables de la cultura, integralmente considerados,
incluyendo los medios, técnicas y procesos de esa producción humana, a través de los cuales se
construye la Identidad” (Martini, Yoli, Patrimonio y Sociedad. Actualidad y Estrategias, 2010, en
prensa).

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de educadores con la sensibilidad y la disposición adecuada para contrarrestar la
fuerza reductora de la economía y que sepan tomar en cuenta y abordar en sus
intervenciones las múltiples dimensiones del Patrimonio Natural y Cultural y el
papel que éste puede jugar en favor del desarrollo de las comunidades.
Consideramos que, en este sentido, avanzar sobre la relación entre la
Educación y el Patrimonio, en clave de desafío, puede hacer una aportación
específica y esencial al espacio interdisciplinar que confluye en el Patrimonio
Integral. Esta aportación radica en situar el patrimonio en relación al concepto más
amplio de cultura del que forma parte, mostrando sus conexiones con la diversidad
humana, con los contextos sociales en los que se insertan las manifestaciones
culturales y con los significados que les atribuyen las personas. Además vincula
directamente la producción y uso de bienes culturales con los procesos de
aprendizaje y de enseñanza que los constituyen.
Podríamos decir que, frente a la visión reductora del Patrimonio, propia de la
economía neoliberal que lo pone al servicio del mercado, la visión de la
“Educación Patrimonial” (bajo la acepción que citamos al inicio del trabajo) es una
visión humanizadora del patrimonio que permite ponerlo al servicio de la sociedad
a la que pertenece.
Lo específico del campo educativo consiste en resaltar las dimensiones
sociales y culturales del Patrimonio que es preciso tomar en cuenta tanto para su
adecuada comprensión como para la intervención de cara a su recuperación y
puesta en valor. Además, ofrece instrumentos para comprender críticamente el
valor que adquiere en la actualidad el Patrimonio Integral y resaltar la diversidad
de intereses que confluyen en su producción y usos sociales. Llorens Prats se
refiere a esto como una tarea de “crítica patrimonial” que considera urgente dotar
de presencia pública y que no debe detenerse o estar especialmente centrada “en
los aspectos formales de las activaciones patrimoniales, como sucede
habitualmente, sino que otorgue primacía a los contenidos, a los discursos, incluso
a los propios proyectos, intervenciones y políticas patrimoniales. Una crítica de
fondo, organizada y sistemática, que suponga en la práctica poner en evidencia y

3
hacer llegar al público, a la sociedad, para bien y para mal, las claves ocultas de
cualquier actuación en el ámbito del patrimonio” ( Prats, 2005: 22).
El espacio local es el primer escalón para esta tarea. Sensibilizar e identificar
a las personas con el patrimonio local integral, con las manifestaciones culturales
y naturales más próximas, es el primer paso necesario para apreciar patrimonios
representativos de espacios más amplios a los que se pertenece e igualmente
patrimonios de culturas diversas.
Desde este enfoque es desde el que hoy cobra relevancia el concepto de
patrimonio inmaterial (al que la UNESCO denomina también “patrimonio vivo”) y la
conciencia de su inseparabilidad del patrimonio material, así como la importancia
de prestar atención a los saberes, a los contextos sociales, a los usos y a los
significados que las personas atribuyen a las cosas.
Captar estas dimensiones es lo que caracteriza a la Educación en su relación
con el Patrimonio. Lo singular de este análisis es ponerse en la perspectiva de los
actores sociales, tomando en cuenta tanto su discurso como sus prácticas y el
modo en que producen y dan sentido a la realidad a través de éstos. Para que los
recursos patrimoniales locales puedan redundar efectivamente en la mejora de las
condiciones de vida de la población, es necesario tomar en cuenta estos
parámetros educativo-antropológicos en el diseño de la política y la educación del
patrimonio. La educación basada en ellos puede convertirse en un instrumento de
ciudadanía, de inclusión social (Simonne Teixeira, 2006) y de desarrollo
sostenible.

El punto de partida

Nuestro supuesto central es que la educación, a partir de los canales


formales abiertos por la legislación, y/o a través de experiencias no formales de
alto impacto en la cultura escolar5, puede ayudar a resolver el dilema en torno a la

5
En muchos casos se circunscriben al ámbito de las escuelas, comunidades o instituciones
locales, con esfuerzo compartido entre quienes forman parte de estos proyectos, pero sus logros
se diluyen, al no estar vinculados a proyectos macro, sin aportar documentación suficiente que

4
preservación del patrimonio. Estamos convencidos de que la Educación,
entendida como acción política, es el instrumento escencial para avanzar en
materia de valoración y preservación del Patrimonio Integral.
Intentamos demostrar que la experiencia de la educación patrimonial,
individual y colectiva, más quizás, que su institucionalización dentro del sistema
formal de enseñanza, es el instrumento transformador que estamos buscando.
En primer lugar, debemos destacar lo significativo de esta relación
Educación-Patrimonio, pues denota una visión más amplia de los fenómenos
sociales que rodean al patrimonio integral. Por otra parte, se abre la posibilidad de
formular proyectos educativos desde la multidisciplinariedad, lo cual permitirá
realizar investigaciones novedosas dentro del ámbito patrimonial.
Consideramos que se trata de un debate oportuno en el momento en que se
plantean reformas de los planes de estudio en el marco de la nueva ley de
educación, y en el que se está consolidando la intervención profesional de
especialistas en ámbitos de la gestión del patrimonio cultural que exceden su
tradicional dedicación a los museos. Esto no deja de ser una consecuencia de la
propia transformación y ampliación que afecta al concepto de Patrimonio Cultural,
de la salida de sus manifestaciones clásicas-conservadoras, de su confinamiento
en los museos convencionales y de la relevancia que éste adquiere para nuestra
sociedad.

Nuestro desafío

En la gestión6 del patrimonio cultural, generalmente de bienes tangibles, es


frecuente encontrar espacios restaurados que a los pocos años presentan
problemáticas similares o más graves. Por ello, cabe preguntarse ¿qué pasó en
ese lugar?, ¿por qué las comunidades que hacen vida en el lugar no detuvieron el
proceso de deterioro?, ¿quién valora un bien patrimonial?, ¿para quién

suministre insumos a las próximas propuestas educativas; con lo cual se corre el riesgo de perder
los aprendizajes alcanzados en cada experiencia.
6
Utilizamos aquí, y en adelante, el concepto de Gestión en un sentido socio-comunitario y no bajo
la concepción neoliberal, que asume a las manifestaciones patrimoniales como productos
culturales a ser consumidos bajo las reglas del mercado.

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conservamos? Estas preguntas, y muchas más, nos llevan a pensar que la el
enfoque de esta problemática requiere de un cambio de paradigma que facilite el
acceso a la valoración de los bienes por parte de los ciudadanos y a la
participación de los ciudadanos en su gestión. Para ello, creemos en la necesidad
de hacer intervenciones socioeducativas que acompañen el proyecto de gestión y
lo hagan sostenible.
En los últimos tiempos se puede observar la incorporación de proyectos o
actividades educativas dirigidas a personas no especialistas dentro de los
programas de gestión patrimonial. Inclusive la incorporación del área educativa o
social en las estructuras organizativas de las instituciones encargadas de
custodiar el patrimonio. Esto representa un cambio en la manera de abordar los
patrimonios culturales. Los bienes de valor patrimonial generalmente eran vistos a
través del patrimonio arquitectónico o artístico y sus estudios estaban orientados
hacia su conservación en términos de acciones restaurativas e investigativas. Sin
tomar en cuenta las necesidades, usos, significaciones y percepciones de los
habitantes, menos aún, que estas percepciones incidieran en las estrategias de
gestión. Esta situación no se ha revertido, pero sí se empiezan a ver algunas
transformaciones, lo cual amerita generar un proceso de toma de conciencia y
empoderamiento7, a partir del conocimiento, valoración, comprensión de los pro-
cesos de gestión, conservación y disfrute del patrimonio. En suma, del
fortalecimiento del valor identitario del bien patrimonial. En tal sentido, el área
educativa adquiere una especial relevancia para sensibilizar, capacitar y articular
las acciones entre los especialistas y los actores sociales, y es en este sentido que
se propone la relación entre Educación y Patrimonio como un desafío y, porque
no, como una oportunidad.

7
Término que define un “proceso mediante el cual las personas –tanto mujeres como hombres–
asumen el control de sus propias vidas: priorizando sus necesidades y formulando su propia
agenda, proceso en el que se adquiere destrezas, se desarrolla la confianza en sí mismo/a,
resolviendo sus problemas y desarrollando autosuficiencia por sus acciones”. (The Gender and
Water Alliance (GWA). Por otra parte, según Álvarez (2002), este término se refiere al “proceso en
que las personas adquieren el poder de influenciar y transformar sus vidas y la sociedad donde
viven. (Término derivado de la palabra inglesa empowerment; también se ha traducido como
‘potenciación’)

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Alcira Gigena, Córdoba, 18 de mayo de 2013