Está en la página 1de 5

El sujeto-escritor romántico desde la introspección romántica

El movimiento romántico simbolizó en Europa una réplica de resistencia


de aquellos espíritus cansados del sometimiento que recibían por parte de los
regímenes despóticos de las agónicas monarquías, guerras y conflictos sociales.
Sus manifestaciones, e ideología, hallaron asideros en las estructuras más
sensibles como la historia, política y literatura.

Nuestro trabajo presentará el estudio de cuatro las lecturas que brindan


aportes importantes a la concepción del romanticismo, estas son: El proemio de
La comedia Humana, que presenta Balzac para su monumental obra; “El
romanticismo y los románticos”, de Ramón de Mesoneros; el prólogo a
“Cromwell”, de Víctor Hugo; y “Literatura. Rápida ojeada sobre la historia e índole
de la nuestra. Su estado actual. Su provenir. Profesión de fe”, de Mariano José
de Larra. Tomaremos como punto de partida la reflexión del título antes de
ingresar a su análisis respectivo. De modo tal resulta posible, que los títulos ya
nos den pistas de los tejidos hallados, luego del análisis, en el desarrollo
discursivo de cada una de aquellas.

Ahora bien, ¿qué relación podrían mantener un cuadro de costumbres, las


notas de dos autores reconocidos sobre sus obras y una crítica a la literatura
española del romanticismo? Al margen de los estilos literarios que cada autor
maneja, hay un eje temático que propondremos como elemento de enlace entre
éstas, a saber: La sensibilidad e ideología del sujeto-escritor romántico.

Iniciaremos presentando, a modo síntesis, las ideas de cada una de las


lecturas que servirán para poder entender cómo se llega a establecer el
mencionado eje.

Circunstancias, ideas políticas y cuestiones literarias

A través del prólogo a Cromwell se presenta el Manifiesto Romántico que


realiza Víctor Hugo para exponer los sótanos, las raíces, es decir, los
fundamentos del creciente romanticismo. Se estructura el discurso a modo de
conversación, entre un locutor y sus posibles interlocutores, siempre hablando
del autor en tercera persona. Así dice: «han influido sobre el autor», «El ataque
o la defensa de su libro es, para el autor, menos […]» (Hugo, 1971, pp. 19-20),
cuestión que no es gratuita y ayuda a los fines del texto que explicaremos más
adelante. Las consideraciones estéticas que dilucida están apoyadas en la
organización de puntos básicos, estos son: la clasificación con tintes históricos
de la naturaleza de la civilización (edad primitiva, edad antigua, edad moderna);
lo grotesco y sublime; y el genio moderno.

Por su parte, el cuadro de costumbres de Ramón de Mesonero nos da


luces de una introspección del romanticismo. Por medio de la introducción de
un personaje denominado sobrino se cuenta de manera grácil y eficaz la
concepción, que se tiene en la época, del sujeto romántico. Es la figura del
sobrino que encarna los “efectos” del romanticismo en los hombre, pues tal solo
vive escribiendo versos que rimen con fatalidades, ajuar funerario y tiranía. La
risa que sin duda se esbozará en el lector logra más de un efecto: En primer
lugar, el condenar y rechazar completamente la literatura romántica que motiva
a tales actos. Y, segundo, a una lectura atenta, que comprometa una lectura
profunda, podremos develar, tras el recurso de ridiculización que emplea el autor
al hiperbolizar los estados y las maneras del escritor romántico, la mirada crítica
y reflexiva sobre la producción literaria. Así lo manifiesta el narrador cuando su
sobrino desea deshacer de sus creaciones, luego de pasar por una reformación
militar: “quiso entregarlas al fuego; pero yo, celoso de su fama póstuma, me
opuse fuertemente a ésta resolución” (Mesonero, 1881, p. 108). Además la nota
que acompaña el final del texto nos menciona el propósito del autor: «Algo cree
haber contribuido á fijar la opinión hácia un término justo entre ambas
exageraciones clásicas y románticas […] minando sucesivamente aquel ridículo
de bandería, acabó por hacerle desparecer y que fructificasen […] talentos
privilegiados, que han llegado á adquirir en nuestro Parnaso una inmortal
corona». (Mesonero, 1881, p. 110).

Por otro lado, Mariano José de Larra hace una revisión de la historia de la
Literatura para poder entender su situación y su progreso a futuro en la España
que es remecida por el Romanticismo. El contexto social que vivía aquel país
generó un hermetismo a los avances culturales de los vecinos de su continente.
De manera que se dio una asimilación insustancial de las formas francesas del
S. XVIII. «Entonces [se] nos hallamos [hallaron] en el término de la jornada sin
haberla andado» (Larra, 1843, p. 81). La adopción de una estética que ha sido
forjada por transformaciones sociales en un país que no los ha gestado, resulta
en palabras del autor, un salto al vació.

Algunos años más tarde Balzac al presentar su más tenaz empresa “La
comedia Humana” expone los motivos de ésta en su proemio. Iniciando con la
emoción personal que le suscita su proyecto, pasando a detallarnos su estructura
orgánica y las unidades que la compondrán. El objetivo de ésta es presentar la
historia de las costumbres en la sociedad francesa, ya que «los hábitos, la
indumentaria, el lenguaje, las viviendas [de los hombres] son totalmente distintas
y cambian al compás de las civilizaciones (Balzac, 1971, p. 4). Esta labor la traza
con un carácter casi científico; sin embargo el estilo literario es abandonado en
sus obras.

El movimiento romántico en Europa

Una revisión que realiza Van Thieghem precisamente sobre el movimiento


romántico en países europeos apunta a explicar lo heterogéneo de sus
manifestaciones debido a los contextos sociales variables en cada país, que
daban como resultado versiones distorsionadas de tal; por ejemplo en España,
menciona el autor, «El romanticismo había estado poco y tímidamente
representado […]; con todo había gérmenes en él de determinados elementos
románticos» (Van Thieghem, 1958, p. 148.) Mientras que en Francia, y otros
países, ya se encontraba en un ampuloso florecimiento.

El movimiento romántico se fue propagando rápidamente, casi a la misma


velocidad que las críticas acérrimas hacia él. Así el primero en tomar la palabra
y sistematizar de modo coherente las bases que lo alimentaban fue Víctor Hugo.
De modo certero, empieza enajenándose de la autoría utilizando la tercera
persona en su Manifiesto Romántico para cautivar la atención de tanto sus
seguidores como detractores y dándose la licencia de observa “desde afuera” el
lugar de enunciación, donde se encuentra inmerso.

La sensibilidad que revela, la unión de lo grotesco y lo bello, es


característica elemental del romanticismo; sin embargo, para sorpresa de sus
críticos lo grotesco proviene de la antigüedad, los clásicos lo conocían. Aparece
así un grotesco antiguo que pone «un velo de grandeza o de divinidad sobre
otros grotescos» (Hugo, 1971, p. 34). Y un naciente grotesco moderno que
observa la belleza global de la naturaleza donde están conviviendo en armonía
lo bello y lo monstruosamente colosal. Ahí radica la nueva sensibilidad.

El sujeto-escritor romántico

Del mismo modo que se presenta al sobrino, en el cuadro de costumbres


de Ramón de Mesonero, a quién nadie comprende cómo puede llegar a
confesar, a su querida Ariadna, promesas de amor (lo sublime) con escenas
lúgubres (lo grotesco). Para ello debemos tomar en cuenta dos ítems:

Primero, debemos tomar en cuenta que la filiación de la literatura, que


establece Víctor Hugo y Balzac, con el componente histórico para brindar una
nueva mirada estética a los tipos y figuras de la sociedad; van de la mano con la
lectura crítica de realiza Ramón de Mesonero y Mariano José de Larra, quiénes
apuntan a la construcción de un sujeto-escritor romántico cuyas características
principales serán: la reflexión filosófica, crítica y política.

En segundo lugar, el sujeto-escritor romántico tendrá como herramienta


principal a la historia. Balzac, quien entendía a cabalidad aquello, nos dice «La
sociedad francesa sería el historiador y yo no tendría que ser sino el secretario».
(Balzac, 1971, p. 5). A lo que señala también Larra que « no hemos olvidado
que la literatura es la espressión, el termómetro verdadero del estado de la
civilización de un pueblo». (Larra, 1843, p. 77).
BIBLIOGRAFÍA

Balzac, H de. (1971). Proemio (Avant-propos). En Obras completas. Tomo I

(3-12 pp.). Madrid: Aguilar.

Larra, M. de. (1843). Literatura. Rápida ojeada sobre la historia e índole de la

nuestra . Su estado actual. Su provenir. Profesión de fe.

En Obras completas de Figaro. Tomo III (77-84 pp.)

Madrid: Imprenta de Yenes.

Hugo, V. (1971). Manifiesto Romántico. Barcelona: Península.

Mesoneros Romanos, R. de. (1881). El romanticismo y los románticos. En

Escenas matritenses (93-110 pp.). Madrid: Oficinas de la

Ilustración Española y Americana.

Van Thieghem, P. (1958). La época y las circunstancias. En El romanticismo en


la literatura europea (87-149 pp.). México: Unión.
tipográfica editorial hispano americana.

También podría gustarte