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Grandes Artistas

Contemporáneos Chilenos
Hugo Marín
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Grandes Artistas
Contemporáneos Chilenos
Hugo Marín
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Edición General Cecilia Palma
Dirección y Producción Cecilia Palma
Prólogo Gaspar Galaz C. Sitio Artistas Plásticos Chilenos,
Textos Verónica Waissbluth Biblioteca Museo Nacional de
Diseño y Diagramación Trinidad Correa, Macarena Reyes Bellas Artes, Santiago de Chile.
Coordinación Editorial Lorena Sánchez
Impresión RR Donnelley
Fotografías Mario Vivado y Jose Luis Rissetti
www.galeriaceciliapalma.cl

ISBN 978-956-8781-18-7
c Registro Propiedad Intelectual Nº 217.091 Portada
Santiago, Chile. Derechos Reservados Grafiti azul (detalle)
120 x 100 cm / Técnica mixta sobre tela / 2005
Prohibida su reproducción total o parcial
Contraportada
Número de ejemplares 4.000 Fútbol (detalle)
Primera edición, junio 2012 120 x 150 cm / Técnica mixta sobre tela / 2012

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Pintura

Biografía
Escultura
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Inicios 8
Prólogo 6

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Índice
Fútbol (detalle)
120 x 150 cm / Técnica mixta sobre tela / 2012
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EL PRESENTE DEL PASADO

La larga trayectoria como artista visual de Hugo Marín parte a comienzos de En ese momento, Hugo Marín
los años 50. Fue brevemente pintor, pero ya muy pronto, a mediado de los años comienza su aventura hacia lo místico,
60, va a poner en crisis la estética del cuadro; es decir, el óleo y el acrílico sobre nos lleva sin duda a territorios que
tela y ésta montada en un bastidor. Descubrirá una pintura sin pintura; esto es, van más allá del trabajo escultórico,
obras que si bien estaban colgadas en el muro, estaban construidas con trozos gráfico o pictórico. Pues su obra
de madera, reciclaje de leña, múltiples elementos de la realidad misma que de está intensamente cargada no
pronto también coloreaba. necesariamente de un pensamiento
Podríamos decir que H. Marín fue un artista informal, no a la manera del Grupo plástico, sino que invoca ciertas
Signo, como tampoco a la manera del incipiente arte objetual encabezado energías en su proceso creativo como
por Francisco Brugnoli, por el año 66. Marín está en un sitio intermedio que un vehículo para captar la magia de
muy pronto va a desembocar en sus primeras cabezas de cuero, con los ojos lo que quiere transmitir a través de
exaltados, con la lengua extendida hacia afuera; es decir, cabezas que representan su arte. Influyen en su creación la
rostros aterrados, como si estuviera mostrando a seres humanos fuera de sí, meditación y la posición metafísica,
más allá de la conciencia. El artista necesita hasta el día de hoy de la creación su forma de ver y sentir el mundo,
tridimensional, de la obra como cuerpo, como trascendencia, una vez más, para donde las energías precolombinas
verificar en la obra misma la pregunta por la existencia o cómo representar y tibetanas, la alquimia, el cosmos,
en la tridimensionalidad las distintas facetas del ser humano, trabajadas desde saberes ocultos, lugares sagrados, son
la inquieta pregunta del propio Marín sobre su condición, sobre ser humano y algunos de los elementos recurrentes
como artista. Esa pregunta permanente en él la traslada a sus obras de arte. del artista;. Él busca unir el pasado y

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Prólogo
el presente, sincronizar los tiempos. Es Las cabezas de H. Marín son obras y también precolombinas, y por ello
por eso que en sus obras aparecen que apuntan definitivamente a sus es que sus obras están ligadas a la
las mismas formas geométricas usadas aspectos realistas, como son, por historia de la cultura. Los materiales
hace miles de años, unidas a un ejemplo, el realismo de los ojos, la que ha utilizado en la elaboración de
carácter simbólico; incluso al observar boca, los dientes; en fin, construye una éstas son el adobe, cemento, greda
sus cabezas, es posible imaginar suerte de mitología, una suerte de y cuero, con paja, plumas, calabazas,
esos orígenes, donde la relación aura mágica que emana efectivamente objetos de desecho, fibras vegetales,
del hombre con sus ídolos y con lo de sus trabajos, que los podemos prótesis, polvo de ladrillo, tierra de
sagrado era clara y potente. también mirar como el fetiche o color o papel maché pintado.
En otras palabras, su obra, que también el lugar de lo sagrado, muy Podríamos señalar que son obras
en su gran mayoría son cabezas cercano al concepto de cabeza- de hoy, realizadas con las estrategias
de diferentes formatos, nos habla tótem, que nos recuerda la malignidad plásticas de hoy, pero que nos
directamente de las mezclas del ser humano, como también los retrotraen a un pasado que se hace
semánticas, estéticas y simbólicas aspectos más santos. presente, que se torna vívido por el
donde lo mapuche, lo maya y lo Por eso sus cabezas son de fuerte trabajo realmente acucioso del artista.
aimara se cruzan con el Tíbet y África; expresividad, apoderándose cada una
con la India y el Perú. de ellas de ciertas estéticas orientales Gaspar Galaz C.

Diálogo
22 x 13 x 15 cm / Cerámica / 2011
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Inicios
Familia Andina (detalle)
160 x 150 cm / Técnica mixta sobre cartón / 1997
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Jugando a hacer misa

Una mañana de invierno del año


2009, los transeúntes del Puente
Loreto sobre el río Mapocho se
encontraron con una extraña
procesión: cabezas y cuerpos de seres
que parecían venidos de otro tiempo
y otro lugar, trasladados sobre un
retablo en un cortejo liderado por un
caballero calvo de gran parsimonia.
Se trataba del venerado escultor
chileno Hugo Marín, y a pesar de lo
espectacular del acontecimiento, el
propósito del desfile era más bien
práctico: transportar con el menor
costo posible las obras del artista
al Museo de Bellas Artes, donde se
expusieron en la muestra “Reducirse
al máximo”.
La exhibición recreaba el ambiente
de su casa, que es también su taller.
Allí se mezclan muebles de época
con juguetes diversos y con huacos
precolombinos. Su propósito inicial
era reproducir aquel entorno
en el museo, pero no obtuvo
financiamiento para la empresa.
Con su creatividad de siempre,
sin embargo, supo aprovechar los
obstáculos y ponerlos a su favor: en
lugar de llevar sus obras en un camión
cerrado y sin gracia, las transportó en
aquella marcha lenta e impresionante
que ayudó a que su muestra fuera un
éxito absoluto.

Juicio Final, Valparaíso


76 x 65 cm / Óleo sobre madera / 1950

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Él, por supuesto, lideraba la
procesión, con cara de gurú y pasos
ceremoniosos, como sumo sacerdote
de algún culto misterioso. De hecho,
habla despacio y está siempre serio.
Pero se trata sólo de un juego; uno
más de sus múltiples y gozosos juegos.
Desde muy pequeños le gustaban los
rituales, apego en el que, por cierto,
ejerció influencia su padre masón.
A los cuatro o cinco años simulaba
misas sobre la finísima mesa con
incrustaciones del salón, entre flores
e incienso de goma arábiga. Su madre,
por su parte, lo introdujo en el culto
a la Virgen, y contribuyó también
a estimular su imaginación cuando
lo llevaba a los remates de objetos
antiguos. “A ella le gustaba observar Familia
cómo eran los “palacios chilenos”, 75 x 110 cm / Técnica mixta sobre tela / 1992
recuerda Marín.
“La luz que proyectaban sobre el
piso los vitrales de la casa de unos
tíos, o el asiento de felpa que todavía
conservaba lo cóncavo del último
ocupante, despertaban sus infantiles
éxtasis visuales”, escribe su biógrafo
Guillermo Carrasco.
Dichos éxtasis se veían estimulados
por visiones terroríficas, como por
ejemplo el paso de las carretas
con corderos degollados hacia la
Vega. Otro de los recuerdos de
aquel entonces es el del cochero
de las pomposas carrozas fúnebres
que recorrían antaño las calles.
Curiosamente, Marín viste ahora un
traje parecido –totalmente negro, con
sombrero de copa– para su actuación
en la película “La danza de la realidad”,
basada en las memorias de Alejandro Los descendientes
Jodorowsky. 27 x 38 cm / Técnica mixta sobre tela / 1992

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Clonación
45 x 65 cm / Técnica mixta sobre cartón / 1998

Conmoción
65 x 90 cm / Óleo sobre tela / 1997

Su fértil imaginación se intensificaba con su atracción por tierras lejanas y otros jóvenes, lo habían llevado de un
exóticas. “Se produjo la guerra chino-japonesa, y yo imaginaba cómo serían sicoanalista a otro.
aquellos países. Jugábamos a los palitos chinos –el legendario mikado– y Años antes, un docente del Instituto
cantábamos canciones orientales que escuchábamos en el programa ‘La hora Nacional le había visto un par de
árabe, “de radio del Pacífico, propiedad de mi tío Ricardo”. dibujos, le había asegurado que tenía
Mientras, asistía a clases en el Instituto Nacional, aunque poco le interesaron condiciones y le había recomendado
las materias. Se dedicaba sólo a dibujar, y era tal su falta de entusiasmo por los asistir al taller de esmalte en metal
estudios, que repitió dos veces de curso. del maestro José Perotti. Aquella
Ello no fue obstáculo para que, sin embargo, diera buenos exámenes válidos que actividad que realizaba en las tardes
le permitieron ingresar a Derecho en la Universidad de Chile, instado por sus se convirtió en una verdadera pasión,
padres. Duró medio año, y luego se retiró para dedicarse al arte. Le fue bien en que a los pocos meses desplazó
Leyes, pero a esas alturas sabía ya que no era lo suyo. Estaba además abatido y códigos y decretos.
reconcentrado, pues preocupados por lo distinto que su hijo era respecto de los

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Contorsión Fenómenos Celestiales
76 x 63 cm / Técnica mixta sobre tela / 1998 130 x 150 cm / Óleo sobre tela / 1997

También le interesaban las artes escénicas, y se unió a la compañía de mimos de


Alejandro Jodorowsky, que sigue siendo su amigo, y que le escribió lo siguiente:
“¡Desgraciado salvaje! Has sido capaz de vencer al tremebundo tiempo y de
tan moderno que eres te has hecho antiguo (…). Por fin hiciste nacer el arte
sudamericano, el inmenso vuelo del mago telúrico, el inventor del vino nuevo
chorreando majestuoso de los viejos odres, el creador de esculturas que
son como monumentales perlas para la concha sangrienta de la tierra (…).
¡Canalla exuberante: has creado objetos que delante nuestro mueren y viven
eternamente”.
Sin embargo, no pudo seguir actuando, porque le encontraron un punto
oscuro en el pulmón y le diagnosticaron tuberculosis. Pálido y delgado por
la enfermedad, se vio obligado a abandonar el escenario. Por otra parte, sin
embargo, sentía un cierto placer por el hecho de estar enfermo: “Se complacía
contemplándose al espejo en esa facha de héroe romántico. Casual o
premeditadamente, las circunstancias siempre eran oportunas para potenciar al
personaje”, escribe Carrasco.

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Familia Andina I Familia Andina II
28 x 22 cm / Técnica mixta sobre cartón / 1997 28 x 22 cm / Técnica mixta sobre cartón / 1997

Una vez recuperado, continuó dibujando y pintando, y ganó un curioso concurso Ya lo decía el comentarista de su
de pintura convocado por la Metro Goldwyn Mayer para promocionar la primera muestra en el año 1951 en
película Un americano en París. El premio era una estadía en Francia, y a partir la Sala Pacífico: “Lo primero que
de entonces Marín pudo desplegar sus talentos con gracia y libertad. Vivió allá, advertimos es su imaginación traviesa.
en Nueva York y en Cuba; en el Caribe y en Estocolmo; en México y el Congo. Juega con todos los temas: escenas
Recogió influencias de todos esos lugares, que combina con los muchos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento,
que ha leído, con las músicas que escucha, con las noticias que ve en televisión. mitos medievales y orientales, más
De todo utiliza para su obra, en busca de lo que él llama “arte anónimo”, sin otras historias que él inventa y nos
tiempo ni lugar. Lo que Marín se propone es unir los extremos y aprovechar relata”. Humor e irreverencia por
todo lo que se pueda. Desde la Virgen María a la Diosa Kahli; de la rumba a la partes iguales, con la amabilidad
Meditación Trascendental, sin ponerse grave ni tomarse demasiado en serio. de un niño que simula ser gurú. “Es
“El arte tiene tantos móviles. El hecho de que lo tribal me atraiga no es importante que el viejo pueda seguir
contradictorio con que me guste la cortesanía de la música. Es muy simple. El siendo niño”, asegura con los ojos
mundo está interconectado”, él mismo advierte. Y el crítico Waldemar Sommer abiertos y la mirada fija, jugando a
destaca “la propiedad y la profundidad con que Hugo Marín recrea un mundo ser serio y sonriendo a la menor
ignoto, haciéndolo creíble para el espectador de hoy”. provocación.

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Pintura
Los surfistas (detalle)
140 x 188 cm / Técnica mixta sobre tela / 2005
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El fin de un mundo y el comienzo de otro

Los cuadros de Hugo Marín son tan


inclasificables como sus esculturas.
Son “narraciones o códices desde
donde surge o quiere representarse
el mundo siempre cambiante, un
mundo que indica lo eterno que
subordina a lo absolutamente
mutable. Plantea fines de épocas
y comienzos de otras; con señales
de cometas o de estrellas fugaces,
con volcanes que despiertan o se
reactivan incesantemente. Allí también
vemos a los Chasquis (Pág. 20),
esos correos del Inca, que palpan y
acarician la columna vertebral que es
la cordillera de los Andes”, escribió él
mismo.

Ancestros totémicos
29 x 43 cm / Técnica mixta sobre tela / 1995
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Bólido de fuego
92 x 75 cm / Óleo sobre tela / 2000

Chasquis
130 x 160 cm / Óleo sobre tela / 1997

Rehuyó siempre la formación académica, porque es un poco daltónico y confunde


los colores, y sobre todo porque piensa que existen otras maneras de crear más
allá de los cánones europeos.
Así, aplica el mismo “método intuitivo” con el que crea sus esculturas: las ganas, el
juego y el ojo de lince para descubrir materiales donde nadie más los ve. En una
calle de La Habana, por ejemplo, encontró las ilustraciones anatómicas que utilizó
en el collage sin título de 1965, que rinde homenaje al histórico desembarco de
Playa Girón.

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De luz y de fuego
150 x 160 cm / Técnica mixta sobre tela / 2000

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El hoyo negro
150 x 160 cm / Técnica mixta sobre tela / 2000

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Tsunami, tríptico
95 x 49 cm cada uno / Collage / 2011

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En la cuerda floja
81 x 60 cm / Técnica mixta sobre tela / 2005

Ángeles vengadores
88 x 62 cm / Técnica mixta sobre tela / 2003

Todo el tiempo dibujaba, y le gustaban los pintores fantasiosos y tremebundos,


como Pieter Brueghel. Buscando nuevas experiencias en su juventud, siguió el
consejo de su amiga poetisa Stella Díaz Varín, quien le recomendó adentrarse en
los senderos del cementerio. “Camina por la avenida de los Aromos y te vas a
encontrar con el pudridero de la fosa común”, le dijo, y él le hizo caso. Después
pintó un cuadro de colores intensos que mostraba niños nonatos y cadáveres
femeninos con largas cabelleras de bruja.

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Temblor de agua
170 x 130 cm / Técnica mixta sobre tela / 2005
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Desde entonces jugaba con las
imágenes de la vida y la muerte, que
para él son dos caras de la misma
moneda. Como practicante disciplinado
de la Meditación Trascendental, está
atento al ritmo que existe en todas
las cosas, y que considera tiempos de
pausa y de activación con la misma
importancia. Explica que sin muerte no
hay vida, tal como no hay verano sin
invierno ni cambios sin que se destruya
lo anterior; como en el cuadro “Bólido
de fuego” (Pág. 20) referido a las
boleadoras confeccionadas con fetos
humanos que utilizaban los mapuches.
“Eran armas mágicas; infantiles
paradójicamente mortíferos, que crean
destrucción para que exista el cambio”.
A partir de la misma idea pintó una
encendida versión del Juicio Final
(Pág. 10) –situada, eso sí, en el puerto
de Valparaíso, cuyo encanto descubrió
pasada la adolescencia–. Era el puerto
del Roland Bar; de la bohemia y de la
noche, hasta donde llegaban habitantes
de los cerros y marinos venidos
de todas partes. Es una época que
recuerda con enorme sentimiento,
porque Valparaíso se le reveló como
un escape al aislamiento del entorno
santiaguino; como una posibilidad de
evocar otras realidades a través del
amor y de la juerga. Por eso pintó el
cuadro “Los 7 espejos” (Pág. 38), con En gloria y majestad
81 x 61 cm / Técnica mixta sobre tela / 2005
personajes que bailan como trompos
hasta convertirse en sapos, con
tripulantes de naves inimaginables, con
los colores y la musicalidad de aquellos
lugares que permanecieron hasta hoy
en su memoria.

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Amazonia
140 x 188 cm / Técnica mixta sobre tela / 2005

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Onde Odorose Di Schiuma Marina
175 x 175 cm / Técnica mixta sobre tela / 2005

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Mándala del puerto
180 x 180 cm / Técnica mixta sobre tela / 2006

34
Rotonda
180 x 180 cm / Técnica mixta sobre tela / 2006

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No son los únicos que bailan en sus
cuadros: el Big Bang –la eterna espiral
del movimiento, el ritmo del universo–
es uno de los asuntos que más lo
identifican. Danzan, por ejemplo, los
gozosos protagonistas de la pintura
que se llama, precisamente, “Baile”.
Dicha obra está confeccionada con
cartón y anilina, porque la pintura de
Marín no se reduce al óleo y a la tela:
recurre al látex y al pastel; al cloro,
al barro, a la cola fría, e incluso a las
peinetas, que, como en “Aire y mar”
(Pág. 34) y “Leda y el cisne” (Pág. 37),
le ayudan a dar textura estriada a los
pigmentos. En aquel cuadro –cuyo
título alude al cambio de era de Piscis
a Acuario– hay también danzantes, o
más bien surfistas, que se dejan llevar
por las olas.

Aire y mar
47 x 38 cm / Técnica mixta sobre tela / 2007

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37
En las Puertas del Bosque
72 x 100 cm / Óleo sobre tela / 2011

Al mismo cambio de época se refiere “Temblor de agua” (Pág. 28), con cielos y
colores proféticos del cambio de época, de conciencia, de planetas y galaxias. “Tengo
una dimensión barroca importante”, reconoce.
El firmamento es también relevante en el cuadro “Tres cielos cuatro reinos” (Päg. 40);
los primeros, el boreal, el ecuatorial y el austral; los segundos, el vegetal, el animal, el
humano y el divino.
Aquella obra es grande, pero tiene otras de menor formato, como su autorretrato,
donde él se reconoce a pesar de que no es exactamente igual a su rostro. Pero sí
está la expresión, entre analítica y sonriente –amable e irónica en partes iguales–. Él
lo explica mejor que nadie: “soy una mezcla de Calígula y Platón”.
Tal como escribió un médico asistente a su muestra en el Museo: “Señor Marín, me
encantaría tenerlo de paciente. Creo que podríamos aprender mucho juntos. Su
exposición me causó risa, pánico y otras sensaciones emocionantes”. Y mejor aún
el testimonio de visitantes más jóvenes: “Nunca pensé llegar a tener este tipo de
sensaciones, entre un morbo y el éxtasis. Cautiva entrar a esta sala, y no sé si reír
o llorar. Sentimientos encontrados que sin prevención alguna se apoderaron de
mí”. “Están muy buenas las obras y los monos, pero igual dan un poco de miedo”;

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Leda y el cisne
45 x 36 cm / Técnica mixta sobre tela / 2009

Océano I
87 x 62 cm / Técnica mixta sobre tela / 2008

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Rock and Roll. Los 7 espejos
140 x 188 cm / Técnica mixta sobre tela / 2006
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“Quedé asombrada, esto tiene vida”. “Es como un sitio de adoración a nuestros
tótems americanos. El grito y asombro de ellos queda en mi conciencia”. “Felicito
al artista esencial, primigenio, oriental, musical, especial, y todo terminado en
‘al’”. “Realmente eres una fábrica de sensaciones”, opinaban otros, resumidos

Tres cielos cuatro reinos


204 x 160 cm / Óleo sobre tela / 2010

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por la niña que se firmaba “Gaby”, quien confesaba lo siguiente: “Hola. Fue
súper interesante, sólo que algunas caras eran feas”. En tanto, Paula, más adulta,
revelaba que le había gustado muchísimo la exposición, aunque reconocía que “a
los niños les da miedo!”.

Novicios Taoístas
100 x 120 cm / Técnica mixta sobre tela / 1999

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Escultura
Hombre pájaro
75 x 23 x 14 cm / Técnica mixta / 1997
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Moderno de tan antiguo

Hugo Marín explica que participa de


las que él llama “sincronías”, en que las
imágenes se perciben cuando se las
anda buscando, tal como los trapos,
los corchos, las plumas y las algas
con las que confecciona su escultura.
Con el tiempo ha desarrollado una
tecnología única, que comienza con
el trabajo en barro para formar
las cabezas y los cuerpos. Con la
colaboración de su ayudante Germán
Acevedo van apareciendo personajes
de aspecto oriental o precolombino,
aunque son perfectamente
contemporáneos si se los mira de
nuevo. Eso, porque usan trajes de
mezclilla, por ejemplo; o dreadlocks
raperos, e incluso anteojos de sol.
Muchos de sus accesorios están
fabricados con artículos de desecho:
un viejo sillín de bicicleta, una zapatilla
de gimnasia o estopa de tapicería.
Además, tienen ojos y dientes, que
Marín consigue en tiendas de prótesis,
o que confecciona él mismo con
piedras de distintos colores. Es posible
darse cuenta entonces de que no
son personajes de otro siglo ni seres
sobrenaturales, sino recreaciones
llenas de detalles de lo que Marín ve
en las noticias, lee en los diarios u
observa en la calle.
Entre las primeras esculturas que
realizó estaban las obras “efímeras”
de 1967, fabricadas con barro y
materiales de desecho. Pero más
importantes fueron para él las que
se incluyen en la serie “Los que
vienen”, de cuerpo entero realizadas
con cuero de brillantes colores. Las
instaló a la entrada de la Casa de la
Luna Azul, que administraba en la
década de los 60. Se trataba de un
café y un espacio para el arte donde
se encontraban los artistas y los
intelectuales hasta 1973. Retrato de Teresa Delgado
38 x 45 x 27 cm / Técnica mixta / 1987
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Instalación Monjas Coronadas / Museo Bellas Artes
2,20 x 2,20 x 2,50 cm / 2008

Busta Rymes Chino del Norte Chico


42 x 35 x 32 cm / Tela Barro / 2000 49 x 27 x 30 cm / Tela barro / 2007

Funcionó allí, por ejemplo, el “Teatro Petropol”, de Enrique Noisvander, donde mostraban formas abstractas, como lo
desplegaban sus talentos mimos y bailarinas, como Rocío Rovira y Vicky Larraín; habían hecho los artistas del volumen
también funcionaba allí Point, el taller de costura de María Inés Solimano, y había hasta aquel entonces; no mostraban
además una sala de exposiciones donde mostró sus primeras obras el pintor grandes gestas ni ensalzaban la belleza
Gonzalo Cienfuegos, entre otros. del cuerpo; no estaban hechas con
Él dice que aquellas figuras preconizaban los acontecimientos políticos que el mármol, el metal o la madera
ocurrirían un par de años después. “Los que ‘venían’ en las esculturas, finalmente con que se acostumbraba a trabajar
‘llegaron’. En la obra plasmé mi premonición de lo que pasaría, y por eso los hasta entonces la escultura, y ni
espectadores se impresionaban tremendamente cuando la miraban”, recuerda. siquiera eran hermosas, sino más bien
El público se desconcertaba frente a aquellos personajes, y algunos críticos grotescas y aterradoras –lo que él
los catalogaban como un arte nuevo, más concreto y expresivo. Pero otros justamente perseguía.
no sabían si considerarlos o no esculturas, porque no idealizaban la realidad ni

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Vociferante Vértigo del abismo
88 x 58 x 49 cm / Tela barro / 2007-2008 88 x 63 x 55 cm / Cuero mármol / 2007-2008

La Casa de la Luna Azul se cerró en 1973, y Marín partió a Suecia, donde siguió trabajando con papel
maché y lápices de colores. Pero luego volvió a Chile y vivió durante algún tiempo en el norte. Allí lo
cautivaron las antiguas culturas del desierto; la paja, el barro, los geoglifos y los chamanes, cuya magia
le recordaba las procesiones de las vírgenes de su infancia: una vez más, mezcló todas sus referencias
y consolidó su estilo, cuya principal característica es el uso de la arcilla cruda; de hecho, es el primer
creador latinoamericano contemporáneo que utilizó aquel material de esa manera, tan poco común
en la escultura: salvo los artistas del volumen que tallan la piedra, el mármol o la madera, los otros en
general usan la greda o el barro sólo para modelar sus piezas; después la cuecen para que las obras
perduren, o del modelo en greda sacan un molde para hacer copias más “elegantes” en bronce. Es que,
tradicionalmente, los escultores han considerado que la arcilla sin cocer es frágil, opaca y deslucida; la
suelen usar más bien para el “borrador” de su trabajo, y casi nunca la toman en serio para la obra final.
Al contrario de ellos, Hugo Marín deja la arcilla tal cual, sin cocerla. Dice que se inclina más hacia la
Pachamama americana –la “madre tierra” de los pueblos andinos, más femenina y natural– que hacia el
dios Vulcano europeo –la deidad del fuego, más identificado con la fuerza bruta y con la forja de armas
para la guerra.

Vociferante
80 x 50 x 68 cm / Cuero mármol / 2006
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“Mis esculturas provienen de la tierra, barro
y polvo, como también el hombre original y
adámico. El sol la transforma, no hay ninguna
intervención del fuego, no es tierra cocida,
es tierra cruda, más pigmentos y fibras
vegetales”, explica. “Me gusta la cultura del
adobe, que enseña lo mucho que se puede
lograr con tan poco”.
En ocasiones, sin embargo, lleva las piezas al
horno. Como el “Perro cartero” (Pág. 53),
que une la idea de la mascota amaestrada
al estilo norteamericano, con la figura
de los “perros chinos” de la América
precolombina y aun de la Colonia; perros
sin pelo y, por lo tanto, de sangre muy
caliente, cuya temperatura entibiaba los pies
de sus amos. En tanto, los protagonistas de
“Diálogo cerámica” tienen una versión en
gres –cerámica cocida– y otra en bronce,
montados sobre un palo recogido en el mar.
Ellos demuestran cómo Hugo Marín elude las

Chamán (Obra robada)


25 x 14 x 13 cm / Tela barro / 1998

Chasqui en descanso Minero I


94 x 80 x 113 cm / Técnica mixta / 2007 31 x 17 x 24 cm / Técnica mixta / 2008
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referencias obvias y sin matices, pues
las hizo pasar de etnia en etnia para
diluir su procedencia: “Al principio
quería representar el encuentro
de las danzas sufi circulares, pero
después se pusieron más mandarines
y ‘conversadores’. En Occidente
ponen lo exótico en lo oriental, en
circunstancias de que el sol viene
de allí, y también los Reyes Magos: la
sabiduría viene de Oriente”.
Pero las piezas cocidas como aquéllas
son las menos; es con la greda cruda
que ha creado la mayor parte de su
galería, con hombres pájaro, monjas
coronadas y tótems tribales, como el
“chamán” (Pág. 50) de su obra robada,
que se llama así precisamente porque
un invitado la sacó a escondidas de
su departamento después de una
reunión social.
Aquel “chamán robado” es una
mezcla de chino y africano. Pero
recordando a Vicente Huidobro –
quien decía que los cuatro puntos
cardinales son tres: el sur y el norte–,
Hugo Marín asegura que las cuatro
razas –la negra, la amarilla, la roja y la
caucásica– son también tres: “la azul
y la verde”. Aconseja el mestizaje;
sugiere más unión entre los seres
humanos, como los personajes de
“Amor cautivo” (Pág. 55), que se
aman a pesar de su esclavitud de
negros frente a los amos blancos y Niño sapo
frente a las convenciones sociales. 30 x 34 x 37 cm / Tela barro pigmento / 1997

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La vestimenta de aquellos personajes
parece ser de mezclilla, igual que la ropa
de los “Niños sicarios” (Pág. 57),
mezcla de pequeños budas y
delincuentes colombianos. También es
de mezclilla el traje del “Boxeador”
(Pág. 54), cuyo ojo en tinta es,
literalmente, un “ojo en tinta”, marcado
con el timbre de un colegio de curas.
Para realizar la pieza, Marín enteló la
greda, tal como lo hizo en “Sushi boy”
(Pág. 54), cuyos anteojos son forrados
al igual que los dos palitos chinos sobre
la oreja –que quizás le recuerdan el
mikado de la infancia–.
El protagonista de aquella escultura es
una mezcla de adolescente, profesor
universitario y cocinero japonés. Podría
ser cada uno de ellos, pues tratándose
de Hugo Marín, es imposible determinar
el verdadero carácter de los personajes,
“No preguntes por saber/ que el
tiempo te lo dirá/que no hay cosa
más bonita/que saber sin preguntar”
canta él mismo, y pone cara de póker.
Jamás aclara si los protagonistas de
sus esculturas sufren o si quieren
intimidar; no revela si están tristes o
si sonríen; no confiesa si son sabios
o individuos comunes y corrientes.
Al parecer, son todo y nada de eso,
como sus “Vociferantes” (Pág. 48, 49),
o el personaje de “Gooool Brasil” (Pág.
58), o el protagonista de “Vértigo del
abismo” (Pág. 49), que tienen la boca
abierta como si estuvieran cantando en
una fiesta, celebrando un tiro al arco
o muertos de miedo. “El gesto puede
expresar una contracción o una letanía
para meditar. En los templos de distintas
religiones –tibetana, cristiana o hindú–
solía haber figuras así –vociferantes–
para espantar a los demonios y
Mujer del Utotombo
37 x 24 x 27 cm / Cuero mármol / 2009

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distender a los fieles”, explica. Parece
que el hecho de ver un alarido en un
rostro ajeno libera el grito de uno
mismo, en lo que se llama “catarsis”.
Muchos de aquellos “vociferantes”
están fabricados con mármol y
cueros de distintos colores que Marín
compra en la calle Victoria; como
la “Mujer del Utotombo” (Pág. 52),
que tiene también la boca abierta. El
utotombo es un concepto africano
relativo a la magia que tienen las
obras de arte.
“Es parecido a la idea del té en la
ceremonia japonesa; ‘mucho té’ o
‘poco té’ se dice”, explica. “Como el
‘duende’ que, según García Lorca,
debía tener el arte”, dice. Lo explica
mejor el artista catalán Antoni Tàpies:
“…una suerte de electricidad, que
es algo inexplicable. A pesar de
los estudios, del estructuralismo,
de la lingüística... no sabemos aún
a qué obedece esta especie de
emanación que tienen las grandes
obras de arte. Y es que el arte es
un milagro. El día en que deje de
serlo, el día en que todo el mundo
lo pueda hacer en serie, con una
máquina, será horroroso. En Angola,
a esa electricidad creo que la llaman
‘utotombo’, una magia que el artista
pone para que aquel trozo de
madera haga efecto, a veces incluso
terapéutico”.
La aclaración vale para las obras
de Hugo Marín, todas las cuales
buscan, precisamente, ese poder
de utotombo, sean o no dioses. De
hecho, varias de sus esculturas son
deidades de su mundo particular,
como también lo es el “Hombre
pájaro” (Pág. 43), decorado con
Perro cartero
26 x 58 x 25 cm / Cerámica / 2010

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Amor cautivo
68 x 120 cm / Tela barro / 2010

plumas de faisán que compró en Nueva York. Marín cambió su utilidad, como
siempre lo hace, convirtiendo aquel plumaje en el atuendo de su personaje
alado. “Es el ‘vuelo yóguico’”, asegura. “Nosotros soñamos con volar porque
tenemos el poder mental de superar la gravedad, aunque la mayoría de las
personas no conocen la técnica para hacerlo: usamos un porcentaje mínimo de
nuestras capacidades mentales”, reflexiona.
Aquel “Hombre pájaro” podría ser una especie de dios. Pero a él también
le gustan los santos y las monjas. En la muestra “Reducirse al máximo”, por
ejemplo, dispuso numerosas cabezas sobre estructuras similares a las “cabezas
de candelero” –aquellas de los santos de iglesia sobre los cuales se ponen las
cabezas y la ropa.
En dicha exposición montó también las “Monjas coronadas” (Pág. 46), que
en realidad retratan a dos amigas con disfraz de religiosa. “En medio instalé a
un niño que representa al ‘diablito del convento’, responsable de eventuales
desmanes en la abadía. Y delante puse una alfombra chilena del siglo XVIII que
me prestaron especialmente para la muestra”.

Sushi boy El boxeador


63 x 47 x 37 cm / Técnica mixta / 2008 100 x 40 x 25 cm / Técnica mixta / 2008

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Hay preocupación extrema por los Similar picardía –o al menos una
accesorios en las obras de Hugo aguda receptividad a la realidad
Marín; dan a sus piezas carácter contemporánea– tiene “Busta
de juego, porque imitan texturas Rhymes” (Pág. 47), en homenaje
y adornos con los más insólitos al hiphopero norteamericano del
recursos. El casco del “Minero” mismo nombre. “Me topé con su foto
(Pág. 50) y los adornos del “Chino en Amsterdam, y una vez en Santiago,
del Norte Chico” (Pág. 47) están la volví a ver en un grafiti. Entonces la
fabricados con cuerina; y la cabellera reproduje, porque me gusta mucho su
del “Rasta rojo” es un enjambre de carácter”, comenta. “Es un arquetipo,
corchos de vino que el dueño de un pero urbano y contemporáneo”,
bar recolectó para Marín. comenta. Perspicaz y detallista como
En un registro muy diferente, la “Toca es, le gusta la combinación del espíritu
cochayuyo” (Pág. 56) está hecha protestante y la energía africana que
precisamente de un alga recogida se produce en aquel cantante: “un
en la playa de Tunquén, que Marín afroamericano es muy distinto a un
Toca cochayullo tiñó con un pigmento azufrado. afrolatino o a un caribeño”.
17 x 30 cm / Tela cochayullo / 2011
Y el pelo del “Retrato de Teresa Tal como dicho homenaje, muchas
Delgado” (Pág. 45) es esponja vegetal de sus obras son cabezas, aunque
pigmentada con polvo de grafito, con también hace piezas que representan
un mechón de canas blancas con el cuerpo completo. Últimamente
polvo de aluminio sobre la frente. ha realizado figuras muy delgadas
La creó a partir de una fotografía de de cartón y aislapol cubierto con
la protagonista –una vieja amiga–, género, con las cuales ha abordado
y es una de sus obras favoritas, la temática de los terremotos –de la
“porque es muy simple: juega con precariedad, del miedo y del refugio–.
el estuco blanco, el azul y el negro, Son parecidas a las que vio una
con proporciones muy simples y un tarde en la plaza de Constitución,
equilibrio asimétrico”. donde paseaba con su amiga artista
No es su único retrato: en una Tatiana Álamos; pequeños muñecos
de sus piezas está el rostro del ex en distintas actitudes, que adornaban
Presidente Ricardo Lagos, que une “la el cigüeñal de un organillo de
emoción y la sensibilidad con el poder domingo. “Curioso”, reflexiona. “Los
intelectual y el desafío arrogante de vi antes del terremoto; fueron una
la inteligencia”, comenta. Es de greda, premonición de lo que ocurriría”.
Presidente Ricardo Lagos con el pelo de fibra vegetal desteñida Parecían maniquíes diminutos sin
70 x 45 x 73 cm / Técnica mixta / 2009
con cloro para simular las canas. “Es rostro, pero ágiles y expresivos,
en realidad una caricatura, como las y también se inspiró en ellos en
que se publicaban antiguamente en la obra “Cortesanas” (Pág. 59), o
la revista Topaze; un humor que se ha “Complementación femenina”, que
perdido: ahora se lo toman todo tan con materiales tan sencillos logran
en serio…”, advierte. representar a dos mujeres elegantes y
coquetas.

Niños sicarios
70 x 120 cm / Técnica mixta / 2011
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Marinero Valpo
28 x 28 x 12 cm / Bronce / 2012

La posición de aquellas figuras es relativamente tranquila. Pero no son todas así: personajes de la Comedia Dell’Arte–
el “Chasqui en descanso” (Pág. 50) representa un momento que a Hugo Marín está a punto de brincar. Él ha dicho
le gusta mucho: el instante que media entre un movimiento y el otro; entre un que la mente infantil lo representa
paso y el siguiente; entre los latidos del corazón. Son movimientos en pausa, enormemente: “Tengo el afecto por
pero alertas, a punto de desplegarse nuevamente. los niños y por mí mismo. Sigo siendo
De la misma manera, el “Niño Sapo” (Pág. 51) –mezcla de japonés, niño dentro del adulto. Fuera del
precolombino, colonial americano y también europeo, inspirado en los mundo del juicio hay un niño que es
el que crea”.

Gol Brasileño
36 x 20 x 20 cm / Cuero mármol / 2011
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Biografía
Autorretrato
50 x 40 cm / Óleo sobre tela / 2000
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BIOGRAFÍA

1929 1960
Nace en Santiago. Tiene un hermano, Se traslada a Estados Unidos y luego
el doctor Roberto Marín, conocido a México y a Cuba, donde vive en
hoy por sus libros de cocina chilena. 1964 y 1965.

1937 1966
La familia se traslada a Santiago y él es Conoce a Maharishi Mahesh Yogi,
matriculado en el Instituto Nacional, a el mismo que guiará después a Los
cuyo egreso entra a estudiar Derecho Beatles. Se inicia su entrenamiento
en la Universidad de Chile. en la técnica de la Meditación
Trascendental, que practica dos veces
1951 al día hasta la actualidad. Doce años
Expone por primera vez en forma más tarde termina su formación
individual en la Sala del Pacífico de como profesor de dicha técnica,
calle Ahumada. adiestrando a diversos alumnos; entre
ellos, a los presos de la cárcel de
Hugo Marín niño
1952 Arica, Iquique y Antofagasta, en forma
Después de ganar el concurso de gratuita.
pintura “Sinfonía de París”, parte a
Francia. En el Mercado de las Pulgas 1968
de París descubre el arte africano, Se hace cargo de La Casa de la Luna
vinculándose su trabajo al arte Azul. Instala allí una pajarera que
primitivo, al cual se suman luego convierte en lámpara marroquí con
la simbología precolombina y la vidrios de colores.
imaginería oriental. Obtiene también
el Premio del Gobierno Francés por 1976
sus Esmaltes, y un año más tarde, Prix Viaja a Suecia, a Colombia y Ecuador.
des Anciens en el Salón de Artistas En Quito realiza un conjunto de
Decoradores. Tras ello viaja por Italia. esculturas monumentales que
A partir de entonces comienza a se inspiran en el mundo de los
exponer en Bruselas, Ginebra, Nueva chamanes.
York, Washington, Lima y Santiago.
Hugo Marín y su madre, Olga Vivado
“Nunca he estado fuera de Chile más 1980
de tres años. Es importante mi país. Permanece durante ocho meses en
Sé que no es el mejor, pero siempre la India, como discípulo del Maharishi
necesité volver. Aquí está mi identidad, Mahesh Yogi.
mi familia, mis amigos, mi paisaje.
Donde has nacido es donde puedes
evolucionar”, ha dicho.

Hugo Marín
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1985 Santiago, Chile; Museo Arqueológico
Recibe una Mención Honrosa en la de Santiago, Chile; Museo de la
Bienal de Arquitectura de Valparaíso; Solidaridad Salvador Allende de
el Premio de Escultura de la Santiago, Chile; Museo de Chiloé,
Municipalidad de Santiago en 1992, y Chile; Colección Ladeco, Santiago,
el mismo año, por su obra “El Inca”, el Chile; Parque Gonzalo Suárez de
Primer Premio de Pintura “América Quito, Ecuador.
Ayer y Hoy”, de la Fundación Marco
Bontá, en Santiago. 2005
Su obra se muestra simultáneamente
1994 en dos importantes salas de Santiago:
Es seleccionado para representar a galería Isabel Aninat y galería A.M.S.
Chile en la XXII Bienal de Sao Paulo, Marlborough. Un año más tarde se
en Brasil. Cuatro años más tarde inaugura su exposición “Misterio
monta una retrospectiva en el Museo coronado” en Milán, con cabezas de Olga Vivado 1918
Nacional de Bellas Artes. Ya para gran formato.
entonces, sus obras están en museos
y colecciones de Chile y diferentes 2008
partes del mundo: Museo de Arte Monta dos muestras cruciales: “Las
Moderno de París, Francia; Museo cuatro razas primordiales son tres…”,
Histórico Nacional de Ginebra, Suiza; en galería Isabel Aninat, y “Reducirse
Museo Stocklet de Bruselas, Bélgica; al máximo”, en el Museo Nacional de
Museo de Arte Contemporáneo de Bellas Artes.

2012
Pintura y escultura “Plenitud infinita”,
Galería Isabel Aninat

BIBLIOGRAFÍA
Katia Berger: “El niño y el infinito”, revista Esteka Nº 11, 2011.
Guillermo Carrasco Notario: “Hugo Marín/Obra reciente”, 2009.
Guillermo Carrasco Notario: “Hugo Marín/Del silencio a la forma”, prólogo de Alejandro Jodorowsky.
Guillermo Carrasco Notario “ Hugo Marín Primera Epoca 1950-1970 “, ocho libros editores, 2009.
Waldemar Sommer: “Grabados de Claudio Bravo y esculturas de Hugo Marín: El prodigioso verismo de Claudio Bravo”,
El Mercurio, 20 de julio de 2008.
Guillermo Carrasco Notario: “ Mistero Coronato “, Milano, 2007
Ximena Villanueva: “Hugo Marín: 
Un monstruo creativo”, El Mercurio, 10 de septiembre de 2005.

“Desde lo Profundo”,
10 de agosto de 2000.
“Un Brujo Potencial”,
 5 de agosto de 2000.
Josep Massot: “El arte siempre es un milagro sin explicación”, La Vanguardia, 7 de noviembre de 1999.
“Marín 98. Retrospectiva 15 años”, Museo Nacional de Bellas Artes.

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“Marín es un artista visual de la pintura, el dibujo y la escultura.
Es un humanista que revela sus ideas y sus principios metafísicos
a través de su trabajo creativo. Las bases de su inspiración las
encuentra en la meditación y la energía que recoge a través de los
más diversos tipos de culturas e idiosincrasias para así entrar en un
equilibrio entre humanidad y naturaleza. Ha recibido importantes
reconocimientos en Chile y su trabajo se ha expuesto en diferentes
países, entre ellos: Francia, Suiza, Bélgica y Estados Unidos”.
Cecilia Palma

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