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Violencia de Género ¿Por qué?

Artículo de opinión de Inmaculada Cruza Izquierdo, psicóloga

Miércoles, 04 de marzo de 2015

Hablar en pleno 2015 de Violencia de género, debería provocarnos cuanto menos “repugnancia”
puesto que es un tema que deberíamos de haber erradicado hace años.

Sin embargo, me invade una gran pena el tener que redactar estas líneas a raíz del espeluznante
resultado del estudio de la evolución de la adolescencia española sobre la igualdad y la prevención
de la violencia de género.

La violencia de género es –“un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier
persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa en su identidad y
bienestar social, físico o psicológico”-.

Estos hechos, no son un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como
el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia
que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus
agresores, carentes de derecho mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.

La violencia de género puede incluir, asaltos o violaciones sexuales, prostitución forzada,


explotación laboral, el aborto selectivo en función del sexo, violencia física y sexual, infanticidio
femenino, y así podía seguir nombrando un sinfín de actos de violencia de género.

Centrándonos, en la noticia que a día de hoy está tan en auge, donde los titulares de varios
periódicos ha sido “un 25% de ellas reconoce que su pareja les controla toda su vida por el móvil”.
Podemos mencionar, que es cierto, que se han reducido los comportamientos sexistas entre los
adolescentes pero se han incrementado los casos de malos tratos.

El incremento de los casos de violencia machista en el año 2010 con un porcentaje de un 9,6% fue
en malos tratos, frente al 10,5% actual. Se explica, principalmente por el acceso a las nuevas
tecnologías que facilitan el acoso y los insultos. De hecho, casi el 29% de las menores estudiadas
(edades comprendidas entre los 13 y 19 años) reconocen haber sufrido o estar sufriendo un
control abusivo de su vida por parte de su pareja o ex pareja.

Del porcentaje de maltratadas, el 23,2% reconoce que ha sido ridiculizada e insultada; el 11,6%
menospreciada; el 23,2% aislada de sus amigos; casi el 15% ha sido atemorizada, el 6% se ha visto
obligada a realizar actividades sexuales que no quería, y el 3% reconoce haber sido golpeada. A
pesar de estos resultados, no se puede proyectar toda la culpa a las nuevas tecnologías de ese
incremento de la violencia de género de los menores. Puesto que gran parte de esa culpa, la
tienen los adultos que han transmitido a estos jóvenes ideas machistas que hacen pervivir las
relaciones de desigualdad y que, en buena parte, alientan la violencia de género. Tanto es así, que
existe ya incluso una definición técnica del síndrome de la mujer maltratada que consiste en -“las
agresiones sufridas por la mujer como consecuencia de los condicionantes socioculturales que
actúan sobre el género masculino y femenino, situándola en una posición de subordinación al
hombre y manifestadas en los tres ámbitos básicos de relación de la persona: maltrato en el seno
de las relaciones de pareja, agresión sexual en la vida social y acoso en el medio laboral.”-

Otra causa del incremento de la violencia de género, es el adelanto de la edad del comienzo de la
relaciones. Esta precocidad tiene, de nuevo mucho que ver con las nuevas tecnologías; se
comienzan muchas relaciones a través del móvil porque éste facilita la comunicación.

Otra causa más, que se estudia ante el incremento de la violencia de género, es el consumo de
sustancias en edades muy tempranas. Edades en las que aún la personalidad del joven se está
formando y que dichas sustancias, lejos de ayudarlo a forjar una personalidad sana incrementa su
estado de ansiedad y grados de agresión.

Conclusión, culpar de la violencia de género a las nuevas tecnologías, al adelanto de las relaciones
de pareja, a las sustancias y demás símiles, son sólo parches que la sociedad queremos ponernos
en los ojos ante una situación tan cruel.

La violencia de género está entre nosotros desde tiempos pasados, y la mejor manera para
erradicarla es desde la raíz, mediante una educación plena en igualdad de deberes y derechos para
el hombre y la mujer. Educación que ha de primar tanto en casa como en el colegio, religión,
sociedad y demás ámbitos.

Seamos conscientes de la importancia de este hecho y pongámonos a trabajar en ello con nuestros
jóvenes y adolescentes, para que estas líneas sean las últimas que se escriban sobre un acto de
violencia de género.

Inmaculada Cruza Izquierdo PSICÓLOGA @inmaculadacruza


VIOLENCIA DE GÉNERO Lucha contra el maltrato a la mujer

En la mente de los hombres que no aman a las mujeres


'El perfil del hombre maltratador es el del hombre machista'

Se sienten superiores a la mujer y no saben enfrentar sus conflictos emocionales

Las nuevas tecnologías aportan nuevos soportes, pero el perfil del maltratador es el mismo

MARÍA HERNÁNDEZ, Madrid

El hombre maltratador no nace, se hace. Sus golpes en la mesa, sus insultos, sus desprecios, sus
palizas y sus asesinatos no vienen codificados en los genes. Tampoco dependen de su etnia, ni del
nivel intelectual, ni de la posición económica, ni de sus adicciones. El hombre maltratador tiene al
miedo como aliado y al sexismo como cómplice: "el perfil del hombre maltratador es el del
hombre machista". Así de sencillo. Así de complejo.

Son las palabras de Luisa Nieto Corominas, psicóloga de la Fundación Aspacia que trabaja para
eliminar la violencia en todas sus expresiones, proteger a las víctimas y promover la igualdad.

Acostumbrada a mirar de frente a la violencia, porque esa es su forma de combatirla, esta mujer
de voz templada y palabra precisa asegura que el origen de los malos tratos hay que buscarlo en el
sistema social, más allá del agresor o de su situación. "El hombre machista es el resultado de todas
las relaciones que se han mantenido históricamente basadas en unos roles y unos estereotipos de
género que hacen que la conducta sexista se mantenga a lo largo de todo el ciclo vital" del
agresor, explica a EL MUNDO.

'Maltratar a la mujer le supone a él ejercer una actividad machista que refuerza su hombría'

Mercedes Fernández-Martorell, en su libro 'Ideas que matan', coincide en este punto de vista y
analiza cómo la tradición determina la estructura social machista y convierte en maltratadores a
hombres que no saben resolver sus conflictos con la identidad masculina. De acuerdo con su
estudio, "a veces un hombre maltrata a la mujer porque él vive conflictos personales y laborales
en relación con los demás hombres [...] Maltratarla le supone a él ejercer una actividad machista
que refuerza su hombría, la que sus aliados le están poniendo en evidencia al marginarlo", escribe
la autora.

En lo que va de año, 47 mujeres han muerto asesinadas por sus parejas masculinas

Detrás del análisis de Luisa, de Mercedes y de tantas otras personas que luchan por esta causa se
esconde la rabia por las decenas de mujeres que mueren cada año a manos de sus parejas (hasta
la edición de este reportaje, las víctimas de la violencia de género en 2014 en España se elevaban
a 47) y el intento de entender el porqué de una violencia sin razón. Ese esfuerzo lleva a
conclusiones desesperanzadoras: una mujer, por el hecho de serlo, se convierte en víctima
potencial. Así lo recoge incluso la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de
Género, en la que se define esta violencia como aquella "que se dirige sobre las mujeres por el
hecho mismo de serlo, por ser consideradas por sus agresores carentes de los derechos mínimos
de libertad, respeto y capacidad de decisión".

¿Por qué hay hombres que no aman a las mujeres?

Acercarse a las experiencias de los hombres que ejercen la violencia contra la mujer es complejo,
sobre todo porque ellos no se reconocen como maltratadores. Sin embargo, experiencias como la
de Luisa Nieto y otros profesionales que trabajan con agresores permiten trazar un esquema más
o menos preciso de su mente: ¿por qué agreden? ¿Qué sienten cuando golpean o cuando
insultan? ¿Cómo se ven a sí mismos?

Los patrones son los mismos y se repiten porque hay dos elementos que están grabados a fuego
en el ADN de un maltratador: por un lado, su idea de que son superiores a la mujer y por eso
pueden ejercer control y dominio sobre ella. Por otro lado, la incapacidad para enfrentarse a sus
frustraciones, para afrontar la sensación de que no cumplen con las expectativas que están
puestas sobre ellos.

El 'círculo de la violencia'

"En base a los roles y estereotipos sociales que recaen sobre ellos, los maltratadores a la hora de
resolver un conflicto real o emocional utilizan la violencia. Poco a poco van acumulando
sentimientos de rabia, llega un momento en el que explotan, y es entonces cuando agreden a su
pareja", explica Nieto. "Después, como sienten culpa y creen que pueden perder a esa persona,
utilizan lo que llamamos el periodo de luna de miel", es decir, buscan el perdón de la víctima. Les
dicen "que no volverá a suceder, que ha sido un error, hasta que logran la reconciliación", pero
ésta es sólo temporal. "Luego realmente vuelve a ocurrir lo mismo: vuelve a haber una
acumulación de tensiones, otra explosión y así sucesivamente. Cada vez los periodos entre la
explosión y la luna de miel van siendo más reducidos y la intensidad de la violencia, mayor. Porque
la violencia es un proceso que siempre va en aumento, nunca en decremento".

De esta forma explica la psicóloga de Aspacia el 'círculo de la violencia', una teoría que desarrolló
en la década de los 70 Lenore E. Walker y que hoy en día se sigue utilizando para descifrar las
reacciones abusivas del hombre sobre la mujer.

Luisa Nieto en su despacho de la Fundación Aspacia. RICARDO DOMÍNGUEZ

La agresión, sea del tipo que sea -física, psicológica, sexual, económica-, les es placentera y les
reconforta en la medida en que reafirma su propia concepción de supremacía.
Muchos de los hombres que asisten ahora a terapia fueron condenados por realizar amenazas a
través de Whatsapp

Las nuevas tecnologías han puesto a disposición de los agresores nuevos medios y nuevas
plataformas para llevar a cabo la violencia, pero la esencia de las agresiones es la misma. "Se ha
incrementado el porcentaje de violencia a través de internet, de mensajes y llamadas telefónicas,
de redes sociales. De hecho, muchos de los hombres que asisten ahora a terapia fueron
condenados por realizar amenazas a través de Whatsapp", cuenta Luisa. Cambian las formas, pero
no el fondo: "el perfil del maltratador es el mismo, pero con unos medios diferentes y adaptados
al momento social en el que nos encontramos", asegura.

Su propia justificación

Independientemente de los soportes, uno de los aspectos más desconcertantes de la estructura


mental de un maltratador es su forma de auto justificarse, de normalizar sus comportamientos. En
todo momento son conscientes de que están haciendo daño a otra persona, sin embargo, no lo
ven como algo incorrecto "porque consideran que es lo que realmente tienen que hacer", explica
Luisa. "Tienen tan interiorizado que su posición es diferente a la de la mujer y que tienen que
cumplir con su estatus" que, lejos que verse a sí mismos como maltratadores, se presentan como
víctimas -del sistema, de su entorno directo, de su propia pareja-.

Aquí radica una de las claves del éxito o del fracaso de una terapia con el agresor: la conciencia de
que lo son. Muchos -la mayoría- no la tienen cuando comienzan el trabajo con los profesionales y
esto retrasa los efectos de las terapias. "La evolución es mucho más lenta y se ve dificultada por
factores como lo arraigado de sus creencias o su historia personal", comenta Nieto. Otros -la
minoría- sí se hacen responsables de sus actos y esto, al igual que cuando una persona quiere
dejar de fumar y está predispuesta para lograr el reto, facilita el camino de la rehabilitación.

Hay que tener en cuenta que los agresores que acaban en un tratamiento como los que lleva a
cabo Aspacia y otras organizaciones similares llegan hasta ahí derivados por Instituciones
Penitenciarias. Todos tienen condenas por malos tratos inferiores a dos años y, en lugar de
ingresar en prisión, deben someterse a un proceso terapéutico. Es decir, todos llegan a la terapia
por obligación, con lo que su posición de partida ya está lastrada.

Pero lo que importa es la meta.

¿Rehabilitación?

¿Funcionan las terapias? ¿Puede un maltratador rehabilitarse? "No siempre la evolución es la que
nos gustaría", reconoce Luisa. El equipo de profesionales de la fundación considera un éxito que
los agresores asuman la responsabilidad de sus actos y reconozcan el mal que han causado, pero
la duración de los procesos es muy limitada y, una vez que terminan, no vuelven a tener contacto
con los pacientes, "por lo que no sabemos si esos cambios se mantienen en el tiempo".
Esta es precisamente una de las reclamaciones que desde la Fundación Aspacia plantean para
mejorar y hacer más efectiva su lucha contra la violencia de género: terapias más duraderas y un
seguimiento posterior del hombre maltratador. También piden mayor coordinación entre todos
los agentes que intervienen en la cadena para erradicar la violencia de género (sistema judicial,
instituciones penitenciarias, profesionales que trabajan con las víctimas, etc.) y sobre todo,
prevención y sensibilización.

"Es clave que desde la infancia se establezca una educación en valores, en derechos humanos y en
igualdad entre hombres y mujeres, que no haya diferenciación de roles y estereotipos entre niños
y niñas. La clave para erradicar la violencia de género es iniciar la prevención desde la infancia". Es
clave enseñar a los más pequeños que los hombres deben amar a las mujeres.