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Para satisfacer las expectativas de sus padies y conseguir su afecto, muchos nifios se ven itapelidos a realizar esfuerzos desmesurados. Adoptan entonces el papel que los demés quicren que desempefien, peto no se p sntos: han. per (oda relacién con yen cofisectiencia slo sentimientos repri- midos median depres mientos compulsivos. Reconocer hasta qué punto uno ha negado sus necesidades afec- jentos mas intensos (ira, angustia, miedo; dalor..) es, como demues- tra la prestigiosa psiquiatra alemana Alice Miller, un primer paso para recuperar la identidad. Mediante ejemplos clatificado- tes, El drama del nitio dotado, una obra que se ha convertido ya en un clésico, analiza Jas causas de la cepresién afectiva'y explora los caminos-que conducen a la recupera- in del-verdadero «yov. Cbdigo TF02s0EA Is0N 978 097-1598 97. i EL NINO DOTADO AUCE MILLER Estudi6 filosofia, psicologia y sociologia en Rasilea. Tras ef dactorado, ve forms en Zasich como psicoanalista, profesién que ejercié du= Tante veinte anos, Desde 1980, Miller se ha cid Fabula),sacé a la luz: més de nueve libros, cexgse ellos tos ensayos titulados Bf seber pros: ‘cuerpo nunca mienit, todos ellos publicados por Tusquets Bditores (olectisin Ensaga 9, 15, 37 y 59). Ite dolade.- tne. - Buenos Aes Tusquet Eos, 2000 184: 20x19 0m. -(Fsbus: 289) “Traido por Juan José De Setar ‘wenoreanr-1se4a70 1. Psicologia 2, Palauan, Juan Jee Del So, aa Fue. cpa 155 Tilo ogi: Dot Drama de Agoien Kins de Se ra atacin de a cabiat: © Ace Miler seer Reseraor oda ls deechos de ta din pars tial de os eco explain, Indice I. El drama del nifio dotado y cémo nos hicimos psicoterapeutas Todo, salvo la verdad . 1s 20 26 33 La situacién del psicoterapeuta 42 El cerebro de oro... 50 55 La ilusién del amor 63 Fases depresivas durante la terapi 85 La cércel interior . 90 ‘Un aspecto social de la “depresién 8 La leyenda de Narciso .... 103, UL. El circulo infernal del desprecio La humillacion del nitio, el desprecio de la debi- Jidad y sus consecuencias. Ejemplos de la vida cotidiana 107 EI desprecio en ai espejo jo de la terapia a 123 Epflogo 1995 ........6..seeeeeeeaee 165 9 AGRADECIMIENTOS. Siento el deseo y la necesidad de agradecer muy particularmente a la sefiora Heide Mers- mann, de la editorial Suhrkamp, toda la dedica- cién que ha venido prestando a mis libros. En el curso de mi dilatada labor orientada a esclarecer el problema de los malos tratos infligidos a los ni- fos he podido contar siempre con su incondicio- nal apoyo. Agradezco a la sefiora Mersmann no s6lo la lectura cuidadosa, comprensiva, empatica y muy atenta del presente libro, sino, en el fondo, muchisimo mas: desde la aparicién, hace quince afios, de El drama del nifio dotado, la editorial ha recibido las peticiones mas diversas de lectores, lectoras ¢ instituciones de todo tipo. Y siempre fue la sefiora Mersmann quien se encargé de dar a estas lamadas y cartas con la misma d, esmero y claridad. Quisiera asimismo agradecer al personal del departamento de produccién de la editorial Suhr- kamp la esmerada y competente preparacion de mi manuscrito en todas fas fases, pero sobre todo en la ultima y més dil No siempre resulté facil hacer coincidir la técnica con las necesidades ob- jetivas, pero tanto el sefior Rolf Staudt como el sefior Manfred Wehner hicieron todo lo posible para apoyar mis esfuerzos y asegurar la integri- dad del texto. A ellos quisicra expresarles aqui mi mas sincero agradecimiento. Mi gratitud por las numerosas cartas de lec- toras y lectores se expresa ya en muchas de las. Paginas de este libro, aunque, de todos modos, quisicra manifestarlo aqui de forma expresa. Muchos de ellos han «colaborado» realmente, sin saberlo, en la redaccién de este libro. Pero han de permanecer en el anonimato porque el contenido de sus cartas es confidencial. Sus his- torias, sus destinos trégicos y a menudo incon- cebibles, y, por tltimo, sus experiencias decep- cionantes con terapeutas incompetentes y poco honestos de todas las tendencias posibles, me hicieron ver una y otra vez con qué facilidad se puede abusar de la tragedia de las personas mal- tratadas en su infancia. Siempre me ha resultado doloroso no poder responder personalmente a las numerosas cartas recibidas. Los.motivos son diversos. Hoy dis- pongo de nuevas posibilidades de abordar pre- guntas especificas de lectoras y lectores, y hago buen uso de ellas. Espero, sin embargo, que mu- chos de los re1 respuestas a sus cartas (como también mi senti- miento de profundo agradecimiento) en esta nueva versién revisada de mi obra. Por tltimo, quisiera dar las gracias a mi hijo, 10 Martin Miller, que con su espfritu abierto, perse- verancia y atencién me hizo ver los bloqueos que, desde hacfa tiempo, yo misma no me atrevia a ad- mitir, y que seguramente no habria visto sin sus hicidos comentarios. Agradezco también a mis dos hijos, Martin y Julika, la confianza que me han demostrado en todos estos afios, aunque no siempre me la mereciera, mientras mi conciencia seguia bloqueada. Espero que atin me queden los suficientes afios de vida para ganarme realmente Ia confianza que ellos han depositado en mi. I El drama del nifio dotado y como nos hicimos psicoterapeutas PAAR Todo, salvo la verdad La experiencia nos ensefia que, en la lucha contra las enfermedades psfquicas, tinicamente disponemos, a la larga, de una sola armé trar emocionalmente la verdad de la historia tinica y singular de nuestva infancia. ¢Podremos liberarnos algtin dia totalmente de ilusiones? Toda vida esté lena de ellas, sin duda porque la verdad resultarfa, a menudo, intolerable. Y, no obstante, la verdad nos es tan imprescindible que pagamos su pérdida con penosas enfermedades. De ahi que, a través de un largo proceso, inten- temos descubrir nuestra verdad personal que, tes de obsequiarnos con un nuevo espacio de bertad, siempre nos hace dani, a no ser que nos conformemos con un conocimiento intelectual. Aunque en ese caso seguirfamos aferrandonos al ambito de la ilusién. No podemos cambiar en absoluto nuestro pa- sado ni anular los dafios que nos hicieron en nuestra infancia. Pero nosotros si podemos cam- biar, «repararnos», recuperat nuestra identidad perdida. Y podemos hacerlo en la medida en que decidamos observar mas de cerca el saber al- 15 macenado en nuestro cuerpo sobre lo ocurrido en el pasado y aproximarlo a nuestra conci cia. Esta via es, sin duda, incmoda, pero es la inica que nos ofrece la posibilidad de abando- nar por fin la cércel invisible, y sin embargo tan cruel, de la infancia, y dejar de ser victimas in- conscientes del pasado para convertirnos en seres responsables que conozcan su historia y vivan con La mayoria de la gente hace justo lo contrario. No quieren saber nada de su propia historia, y, por consiguiente, tampoco saben que, en el fond: se hallan constantemente determinados por porque siguen viviendo en una situaci6n infan no resuelta y reprimida. No saben que temen y evitan peligros que en algtin momento fueron rea- les, pero dejaron de existir hace tiempo. Son per- sonas que actian impulsadas tanto por recuerdos inconscientes como por sentimientos y necesida- des reprimidas que, a menudo y mientras per- manezcan inconscientes e inexplicadas, determi- nardn de forma pervertida casi todo lo que hagan o dejen de hacer. La represin de los brutales abusos y malos tratos padecidos en otros tiempos induce, por ejemplo, a mucha gente a destruir la vida de otros y también la propia, a incendiar casas de ciuda- danos extranjeros, a vengarse e incluso a ¢: todo esto de «patriotismo» a fin de ovultarse la verdad a sf mismos y no sentir la desesperacion del nifio maltratado. Otros prolongan de forma 16 activa las torturas que alguna vez les infligieron; por ejemplo, en clubes de flagelantes, en rituales de tortura de todo tipo, en el ambiente sadoma- soquista, y designan todo esto como liberaci6n, Hay mujeres que se hacen perforar los pezones para colgarse aros, se dejan fotografiar asf en pe- riédicos y cuentan con orgullo que no sienten do- lor alguno al hacerlo, y que incluso les resulta vertido. No hemos de dudar de la sinceridad de tales afirmaciones, pues estas mujeres debieron de aprender muy pronto a no sentir ninguin dolor. é¥ qué no harfan hoy para no sentir el dolor de Ta nifia que fue victima de los abusos sexuales del padre y tuvo que imaginarse que asi le estaba dando placer? Una mujer que haya sufrido abusos sexuales en su infancia, que reniegue de esa rea- lidad infantil y haya aprendido a no sentir dolor, huiré continuamente de lo ya ocurrido recurrien- do a los hombres, al alcohol, las drogas o a una actividad compulsiva. Necesita siempre el «pinchazo» para no dejar aflorar el «aburri to» ni dar paso al sosiego en el que sentiria la sofocante soledad de la realidad de su infancia, pues teme este sentimiento mas que a la propia muerte, a no ser que haya tenido la suerte de sa- ber que revivir y tomar conciencia de los senti- mientos infantiles no mata, sino libera. Lo que, en s{ mata a menudo es el rechazo de los sentimientos, cuya vivencia consciente podria re- velarnos la verdad. La sepresion del sufrimiento infantil no sélo 17