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comenzado por asignar a estas últimas en casi todos los casos


la producción primaria y a las primeras la comercialización)
Capítulo 5 aun allí donde se mantiene adquiere un sentido nuevo gracias
Madurez del orden neocolonial a la organización cada vez menos libre de los mercados, facili-
tada por las transformaciones técnicas pero vinculada sobre
todo con la de las estructuras financieras. Pero esa misma dis-
tribución de tareas no siempre se mantiene: algunas activida-
des primarias (sobre todo la minería) que exigen desde el co-
mienzo aportes considerables de capital, pasan precozmente
bajo el dominio de las economías metropolitanas. La misma
complejidad creciente de las actividades vinculadas con
transporte y comercialización multiplica la presencia de esa
economía en el área latinoamericana: no sólo los ferrocarriles,
también frigoríficos, silos de cereales e ingenios de azúcar pa-
san a ser, en medida variable según las regiones, enclaves de la
En 1880 -años más, años menos- el avance en casi toda Hispa-
economía metropolitana en tierras marginales; en particular
noamérica de una economía primaria y exportadora significa
son las metrópolis de presencia más reciente las que se lanzan
la sustitución finalmente consumada del pacto colonial im-
más agresivamente a la conquista de las economías depen-
puesto por las metrópolis ibéricas por uno nuevo. A partir de
dientes, que culmina en la de la tierra: en ciertas áreas, ya ha-
entonces se va a continuar la marcha por el camino ya decidi-
cia 1910, la alianza entre intereses metropolitanos y clases al-
damente tomado. El crecimiento sera aun más rápido que an-
tas locales ha sido reemplazada por una hegemonía no
tes, pero estará acompañado de crisis de intensidad creciente:
compartida de los primeros: es el caso de Guatemala, donde
desde las primeras etapas de su afirmación, el orden neocolo-
capitalistas alemanes se han apoderado ya del comercio del
nial parece revelar a través de ellas los límites de sus logros; si
café y han conquistado las mejores tierras productoras, es -to-
no puede decirse que nace viejo -por el contrario, el vigor de
davía más caracterizadamente- el de Cuba, primero española
su avance no tiene par en el pasado latinoamericano-, nace
y luego independiente, y en ambas etapas abierta a la conquis-
por lo menos con los signos ya visibles de un agotamiento que
ta de la tierra azucarera por compañías norteamericanas; co-
llegará muy pronto. Este avance por explosiones, que no siem-
mienza a ser el de Puerto Rico, el de Haití y Santo Domingo, el
pre logran dejar otra huella permanente en la tierra por ellas
de las tierras bajas de América Central, donde va a erigirse el
tocada que una devastación comparable a la de una catástrofe
imperio del banano, gobernado desde Boston...
natural, debe, sin duda, en parte -pero sólo en parte- sus tur-
bulencias a la vinculación creciente con unas metrópolis que Estos ejemplos, sin duda extremos, revelan, sin embargo,
viven ellas mismas una coyuntura económica más sacudida. una tendencia más general: el debilitamiento de las clases al-
tas terratenientes, pese a sus apoyos en las estructuras políti-
Al mismo tiempo que se afirma, el nuevo pacto colonial co- cas, comerciales y financieras locales, frente a los emisarios de
mienza a modificarse en favor de las metrópolis. La distribu- las economías metropolitanas. Ese debilitamiento va acom-
ción de tareas entre ellas y las clases altas locales (que había pañado de otro proceso, de intensidad variable según las re-
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giones, por el cual las clases altas ven surgir a su lado clases pasa a ejercer durante largos períodos funciones que van des-
medias -predominantemente urbanas- cada vez más exigen- de la percepción de impuestos aduaneros y la protección mi-
tes, y en algunas zonas más limitadas deben enfrentar tam- litar del orden interno hasta el ejercicio liso y llano del go-
bién las exigencias de sectores de trabajadores incorporados a bierno de estados que, sin embargo, retienen nominalmente
formas de actividad económica modernizadas. Este último su independencia.
proceso -que se da sobre todo allí donde la economía local es
más vigorosa y, por tanto, las clases altas se defienden mejor El tránsito del intervencionismo europeo a la tutela nortea-
contra las presiones metropolitanas- tiene su correlato polí- mericana se consuma en el conflicto venezolano; parece, por
tico en un comienzo de democratización: mientras en México tanto, necesario examinar ese conflicto con cierto deteni-
ésta se da revolucionariamente, en Argentina, Uruguay y Chi- miento. A principios del siglo xx, el Estado y los particulares
le se manifiesta a través del acceso al poder de nuevos sectores venezolanos son deudores insolventes de poderosos acreedo-
mediante el sufragio universal. res ingleses y alemanes. Como medio siglo antes Inglaterra y
Este último se da dentro del marco del orden neocolonial y Francia en el Río de la Plata, ahora Inglaterra y Alemania bus-
las tendencias que lleva al triunfo no se oponen de modo mili- can atenuar sus tensiones mediante una acción conjunta con-
tante a la persistencia de ese orden; acaso por eso mismo las tra sus inermes deudores sudamericanos: Italia se agrega a la
experiencias democráticas son tan afectadas como las oligár- alianza, y una fuerza naval tripartita bloquea en 1902 los puer-
quicas por la crisis de 1930, que revela bruscamente el agota- tos venezolanos. El presidente norteamericano Teodoro Ro-
miento del nuevo pacto colonial. osevelt había dado su aprobación anticipada a la iniciativa,
No son sólo los signos anunciadores de ese agotamiento necesaria a su juicio para devolver alguna seriedad a los res-
los que dan a la etapa de expansión febril en examen sus de- ponsables de las finanzas sudamericanas. Pero la opinión pú-
masiado brutales altibajos: influye también el hecho de que blica latinoamericana vio con alarma e indignación el retorno
América latina pasa cada vez más decididamente, de ser zona a los usos internacionales de hacía medio siglo; el agresivo na-
reservada a la influencia británica, a constituirse en teatro de cionalismo dominante en Estados Unidos veía, por su parte,
la lucha entre influencias viejas y nuevas, que con estilos pro- con preocupación la reaparición de las potencias europeas en
pios intentan repetir la conquista económica con tanto éxito un área que se había acostumbrado a considerar suya. Expre-
llevada adelante por Inglaterra luego de 1810. Esa lucha se sión de ambas reacciones fue, por una parte, la doctrina Dra-
da sobre una Latinoamérica que ha agregado a su dependen- go, en la que el canciller argentino proclamaba que el uso de la
cia mercantil una cada vez más estricta dependencia finan- fuerza militar era inaplicable a las relaciones entre deudores y
ciera y, debido a ello, va a ser teatro de múltiples conflictos acreedores, aun cuando éstos o aquéllos fuesen Estados, y el
desiguales con sus poderosos acreedores; como en Egipto, el llamado corolario Roosevelt a la doctrina Monroe, a través del
vínculo financiero servirá en algunos casos de punto de par- cual Estados Unidos (persistiendo en su actitud de fijar por
tida para un esbozo de dependencia política y militar directa, pronunciamientos unilaterales las bases del orden internacio-
que -tras de ensayos reiterados y frustrados de potencias nal americano) sostenía que en caso de que la escasa voluntad
continentales europeas, a las que se une a comienzos del si- de ordenar sus finanzas hiciese a un Estado latinoamericano
glo xx la habitualmente cautelosa Inglaterra- es finalmente deudor crónico, correspondía a Estados Unidos, y sólo a ellos,
retomado por Estados Unidos en el área del Caribe, donde persuadirlo mediante el uso de la fuerza a adoptar las refor-
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mas necesarias, así fuese en beneficio de acreedores europeos norteamericanos, y que en otros casos esos intereses se impo-
y no estadounidenses. nían utilizando procedimientos que aun los menos estrictos
De este modo Estados Unidos asumía el papel de gendarme latinoamericanos encontraban chocantes.
al servicio de las relaciones financieras establecidas en la etapa En todo caso, esa supuesta hipocresía estadounidense era el
de madurez del neocolonialismo; los hechos iban a demostrar modo con que los latinoamericanos percibían ciertos rasgos de
con cuánta seriedad estaba dispuesto a encarar sus nuevos de- la nueva potencia dominante que iban a hacer particularmente
beres en los treinta años que iban a seguir. No era ésta, sin em- pesada su hegemonía: en el pasado, frente a las fallidas cruzadas
bargo, la única innovación en las relaciones de Latinoamérica por la libertad o por la tradición católico-autoritaria emprendi-
con su cada vez más poderoso vecino, ni la única causa de las das por Francia, la más exitosa Inglaterra había prescindido de
intervenciones de éste. En algunas ocasiones éstas aparecieron dar a su hegemonía cualquier sentido militante; sin duda, ello
inspiradas en el deseo de devolver a prácticas políticas más sa- no nacía de respeto alguno por las peculiaridades hispanoame-
nas a algunas naciones hispanoamericanas; estas intervencio- ricanas, sino de que aun Gran Bretaña no había identificado su
nes algo erráticas, apoyadas en una suerte de puritanismo polí- función imperial con la de suplir las carencias de los lesser bre-
tico desmentido en otros casos, solían ser recibidas con una eds without the Law, entre los que incluía, sin duda, a los latino-
mezcla de indignación e incredulidad en Latinoamérica, y americanos. En todo caso, una consecuencia benéfica de esa
-como en el caso de la actuación contra el mexicano Huerta, despectiva indiferencia era que las comarcas sometidas al pre-
dispuesta por Wilson en 1914- tenían a menudo la consecuen- dominio británico no sufrían en general más inconvenientes
cia de comprometer la causa que se proponían apoyar. que los destinados a asegurar ventajas concretas a los intereses
Esta forma de justificar la intervención solía ser interpreta- dominantes, y se ahorraban la necesidad de escuchar respetuo-
da al sur del río Grande como pura hipocresía; con ello los la- samente las exhortaciones y reprimendas que, en cambio, iba a
tinoamericanos demostraban entender muy mal las tenden- prodigarles la nueva metrópoli en ascenso.
cias dominantes en la nueva potencia hegemónica, y ser Sería peligroso, sin embargo, buscar a esa diferencia entre
incapaces de reconocer en el horror yankee por el estilo dema- la vieja y la nueva metrópoli causas exclusivamente histórico-
siado autoindulgente practicado por los sectores dirigentes culturales. Ella se da en medio de una acentuación de la
latinoamericanos en política y finanzas un eco del horror por dependencia latinoamericana que se vincula con transforma-
el viejo Adán, que ni aun la revolución puritana ha matado del ciones muy precisas de la estructura económico-financiera
todo en ellos mismos. Pero si el contrapunto sutil de dos tra- mundial. En este marco, la vocación pedagógica estadouni-
diciones culturales, que permite hoy a Richard Morse descu- dense se transforma en un mecanismo más de dominación; se
brir, tras de la oposición entre la tradición de Locke, Smith y identifica con el esfuerzo por imponer una imagen de la rela-
Bentham y la más revolucionaria de Marx, la huella de una ción entre Estados Unidos y su área de influencia americana
oposición más vieja entre Calvino y Santo Tomás, escapaba que -elaborada por la metrópoli- refleja sin duda sus tradi-
por completo a la comprensión de los latinoamericanos, és- ciones ideológicas pero a la vez tiene como feliz consecuencia
tos, en cambio, parecían advertir con cruel claridad que estas práctica que -una vez aceptada en el área dominada- la rup-
imperiosas exigencias de pureza política sólo eran llevadas tura del vínculo de dominación se hace impensable.
adelante sin desfallecimientos cuando servían de justificativo Este interés (aparte de otras ambiciones aún más vastas) ex-
para la conquista de muy concretas ventajas para intereses plica la tenacidad con que Estados Unidos terminó por reto-
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mar luego de algunas intermitencias la institucionalización de dos Unidos en pleno triunfo de la política proteccionista con
sus relaciones con Latinoamérica, que culminaría sólo en la se- que se identifica el partido republicano, tiene por primer ins-
gunda postguerra en la formación de la Organización de Esta- pirador a Blaine: en ese fin de siglo el proyecto de unificación
dos Americanos con carácter de pacto regional en el marco de aduanera de las Américas y el de ferrocarril panamericano te-
las Naciones Unidas. La gradualidad del avance, la vaguedad nían un decidido aire de época; eran la réplica, en el clima de
de los primeros compromisos asumidos por los miembros del afirmación de los imperialismos, de proyectos como el Berlín-
naciente sistema interamericano explican en parte que hayan Bagdad y El Cairo-Capetown. Pero por varias razones se reve-
colaborado en su creación -así fuese con constantes reservas- laba menos capaz que esos modelos de arraigar en la realidad:
países que estaban aún lejos de sufrir el predominio norteame- el ascendiente de la economía norteamericana se daba sólo en
ricano y mantenían frente a sus avances una hostilidad no disi- zonas restringidas de Latinoamérica; en éstas (y aún más de-
mulada. Por otra parte -hasta la segunda guerra mundial- el cididamente en las restantes) el influjo de las nuevas y viejas
progreso de la organización interamericana, que no era aún metrópolis económicas europeas era demasiado grande para
puesta al servicio de la política estadounidense frente al Viejo que fuese fácil barrerlo en beneficio de un indisputado predo-
Mundo, parecía ofrecer acaso una alternativa más bien que minio estadounidense; por otra parte, la posición de las na-
una base legal a las formas más directas de expansión nortea- ciones latinoamericanas en el ordenamiento jurídico inter-
mericana; el establecimiento de un más estricto orden interna- nacional se había fijado en la etapa anterior bajo el signo de la
cional americano parecía, en efecto, incompatible con las agre- tanto menos exigente hegemonía mercantil británica; por
siones abiertas que no escasearon en esas décadas. Parecía muchas que fuesen las insuficiencias políticas y financieras de
confirmar esa impresión el hecho de que (luego de las prime- más de uno de los nuevos estados, su plena soberanía interna-
ras tentativas orientadas a lograr la incorporación económica cional era formalmente ineliminable, en este sentido Latinoa-
de Latinoamérica al área norteamericana) los progresos de la mérica se prestaba menos que las zonas en colonización del
idea panamericana entre los dirigentes de la política de Esta- Viejo Mundo para empresas de abierta conquista.
dos Unidos se hacían más rápidos precisamente cuando las El proyecto panamericano iba a encontrar, por otra parte,
tentativas de tutela directa eran momentáneamente abando- una resistencia abierta y eficaz capitaneada por Argentina,
nadas. Estas ventajas inmediatas explicaban los avances ue un cuya expansión, extremadamente rápida, se acompañaba de
sistema internacional que desfiguraUa meticulosamente las re- un estrechamiento de la dependencia comercial y sobre todo
laciones efectivas de poder: suponía, en efecto, la igualdad de financiera de Gran Bretaña. En la Conferencia panamericana
todos los estados que lo integraban y, por añadidura, la inde- de Washington, en 1889-90, un miembro de la delegación
fectible coincidencia de sus intereses. argentina, Roque Sáenz Peña, opuso a la fórmula estadouni-
El movimiento panamericano en sus primeras etapas ocu- dense de América para los americanos, la de América para
pa frecuentemente lugar muy marginal en la efectiva política la humanidad, que reflejaba a la vez la decisión de algunos
latinoamericana de Estados Unidos. Ésta se desarrolla bajo la países de mantener sus vínculos desiguales con metrópolis
doble inspiración de las necesidades estratégicas y del acreci- europeas y la de los sectores que dentro de otros se oponían al
do potencial económico estadounidense que, decisiva en el avance ya amenazante de la hegemonía norteamericana.
lanzamiento del movimiento panamericano, pasa en éste bien De todos modos, aún Argentina iba a participar en la crea-
pronto a segundo plano. El movimiento, difundido en Esta- ción de la Oficina Internacional de las Repúblicas America-
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ñas, una institución que, primero destinada a recoger infor- «derecho de intervención» reivindicado por Estados Unidos
mación económica, fue adquiriendo gravitación creciente a lo en las naciones latinoamericanas, cuanto al proteccionismo
largo de las sucesivas reuniones panamericanas: en México aduanero norteamericano, que gravitaba duramente sobre al-
(1901 -1902) el organismo recibió un cuerpo de gobierno inte- gunas economías latinoamericanas. Esas resistencias, vivaces
grado por todos los embajadores latinoamericanos en Wash- pero desorganizadas, no tuvieron consecuencias, salvo en la
ington y presidido por el secretario de Estado de Estados Uni- medida en que hicieron evidente al gobierno de Estados Uni-
dos; en 1910, en Buenos Aires, esa Oficina Internacional de dos la necesidad de presentar su política latinoamericana des-
las Repúblicas Americanas se transformó en Unión Paname- de perspectivas menos irritantes para sus interlocutores. Aún
ricana. Sin embargo, las tendencias a crear un ordenamiento en 1928 se mantenía la tendencia norteamericana a limitar el
regional se debilitaron progresivamente en América latina: marco en el cual debía moverse la Unión Panamericana,
la búsqueda de un sistema de normas internacionales capaz mientras eran frecuentes entre los latinoamericanos las velei-
de limitar, por lo menos en sus aspectos políticos, las ten- dades de transformarla en punto de partida de un orden re-
dencias expansivas de Estados Unidos se orientaba cada vez gional que reemplazara en las relaciones de Estados Unidos
más hacia los organismos mundiales en embrión, en especial con Latinoamérica a las iniciativas unilaterales de la gran po-
el tribunal internacional de La Haya; junto a ellos se esperaba tencia del Norte.
contar con la influencia equilibradora de las grandes poten- Esa tendencia sólo iba a invertirse más adelante, cuando a
cias europeas. La disgregación del concierto europeo, antici- las consecuencias de las olas de inversiones norteamericanas
pada desde 1911 y producida en 1914, tendió a debilitar esta de la década del veinte se sumaran las de la crisis mundial de la
orientación; aun quienes mantenían reservas frente a la he- década siguiente para dejar en pie sólo ruinas aisladas del an-
gemonía norteamericana redescubrían ahora la importancia terior orden económico centrado en Europa y aumentar la de-
de tender una barrera entre Latinoamérica y los conflictos pendencia latinoamericana respecto de Estados Unidos; cuan-
europeos; agotada la eficacia (por otra parte muy variable) do éste -en medio de las tensiones que llevarían a la segunda
que en este aspecto había tenido el poder naval británico, no guerra mundial- creyese oportuno agregar a su propia gravi-
parecía imposible reemplazarlo con una organización regio- tación internacional la del sistema interamericano, vocero de
nal interamericana apoyada en el poderío de Estados Unidos. un entero continente. Sólo entonces ese sistema volvería a ser,
La tentativa de construirla dominó la reunión de Santiago como cuando Blaine lo proyectó, uno de los instrumentos
de Chile (1923), en la que Uruguay (que en el Sur del continen- esenciales de la política latinoamericana de Estados Unidos.
te había mantenido posiciones excepcionalmente filoesta- Hasta entonces esa política había preferido cauces más di-
dounidenses) propició lo que llamaba la internacionalización rectos que el que podía proporcionar el organismo interame-
de la doctrina Monroe; Estados Unidos, vuelto al aislacionis- ricano. Ella tenía -se ha dicho ya- a la vez raíces estratégicas y
mo, se rehusó a apoyar la propuesta garantía multilateral de la económicas. La estrategia impulsaba la expansión en el área
independencia e integridad de todos los Estados americanos, del Caribe y América Central, que desde mediados del siglo
dirigida en el proyecto no sólo contra amenazas extraconti- xix estaba atravesada por una de las líneas más importantes de
nentales. Con ello confirmaba los temores que su política comunicación interna de Estados Unidos. La expansión polí-
americana hacía surgir; en 1928, en la conferencia de La Ha- tica tuvo su comienzo en la guerra hispanoamericana en que
bana, ésta despertaba resistencias muy vivas referidas tanto al desembocó en 1898 la segunda guerra de Independencia de
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Cuba, comenzada en 1895. Su increíblemente fácil victoria no te de Panamá, el 6 Estados Unidos reconocía esa independen-
sólo alentó a Estados Unidos a nuevas aventuras; le dejó un cia y el 18 Hay firmaba con Bunau Varilla, que había pasado
conjunto de posesiones ultramarinas y le permitió adquirir de ingeniero-jefe de la Nueva Compañía a agente panameño
una experiencia nueva en la administración colonial de tierras en Washington, un acuerdo que repetía en lo esencial el re-
antes españolas. chazado por el Parlamento colombiano. A cambio de la con-
cesión perpetua de una zona de diez millas entre la capital de
El tratado de París dejó a Estados Unidos dueño de Puerto
la nación y su principal puerto atlántico, Estados Unidos con-
Rico y dominante en la nueva Cuba independiente; ese resul-
cedía a Panamá un subsidio anual y garantizaba su indepen-
tado fue recibido con sentimientos mezclados por la opinión
dencia (esta función la venía cumpliendo ya, por otra parte,
hispanoamericana, en la cual la causa de la independencia cu-
con intenso celo: desde el comienzo del alzamiento paname-
bana tenía amplia popularidad. El paso siguiente -la creación
ño, buques de guerra norteamericanos habían protegido a
de Panamá sobre el territorio ístmico perteneciente a Colom-
éste de cualquier eventual expedición colombiana).
bia- causó más inmediata alarma. En el istmo existía, desde
mediados del siglo xix, un ferrocarril de propiedad norteame- La creación en Panamá de un estado protegido provocó reac-
ricana, cuya prosperidad, vinculada con la del oeste de Esta- ciones ineficaces, pero muy amplías, en toda Latinoamérica;
dos Unidos, había disminuido desde que se completó el siste- aun en Estados Unidos no fueron pocos quienes dudaban
ma ferroviario metropolitano, vinculando la costa atlántica y de la prudencia de una política que sacrificaba a ventajas in-
la del Pacífico. Algo más tardíamente Ferdinand de Lesseps mediatas, sin duda importantes, el respeto formal a las nor-
planeó construir, con autorización colombiana, un canal in- mas de convivencia internacional. El presidente Teodoro
teroceánico paralelo a la línea ferroviaria; entre 1878 y 1889 Roosevelt parecía, por el contrario, hallar en la brutal sinceri-
llevó adelante obras que resultaron más costosas de lo espera- dad de su política su mérito principal: fue él quien -de acuer-
do; en esa última fecha su compañía cayó en medio de un es- do con el gusto de la época de madurez de los conflictos impe-
cándalo político-financiero que para muchos de los adversa- rialistas había desarrollado lo que llamaba realismo político-,
rios del régimen anunciaba el fin de la tercera república la bautizó política del garrote: a su juicio, Estados Unidos no
francesa. Los restos de maquinarias y excavaciones, junto con debía vacilar en utilizar el «garrote» (bigstick) para imponer
la concesión colombiana, eran lo único que los acreedores de su disciplina a las veleidosas repúblicas del Sur.
Lesseps lograron salvar del desastre; se constituyeron en Nue- De este modo, mientras en las organizaciones panamerica-
va Compañía del Canal de Panamá con la esperanza de vender nas Estados Unidos contribuía a erigir la ficción de una co-
todo ello a precio alto. munidad de naciones libres e iguales, llevaba adelante una
política que se justificaba por una abierta polémica frente a
Luego de la guerra con España, Estados Unidos se mostró esa igualdad ficticia. Esa política encontraba sus límites en
dispuesto a comprar; en 1903 un tratado con Colombia con- los del poderío y los intereses norteamericanos: militarmente
sagraba el acuerdo previamente logrado con la Nueva Com- tenía su núcleo en el Caribe y Centroamérica; el área de inte-
pañía y entregaba en arriendo a la potencia que construiría el reses e inversiones norteamericanas, si era algo más amplia,
canal una franja territorial de diez millas de ancho de océano a tenía también allí su centro principal. Esa concentración en
océano. El Congreso colombiano se negó a ratificar el tratado; un área aún reducida de Latinoamérica iba a ser justificada
el 3 de noviembre un alzamiento dirigido por agentes locales igualmente por Teodoro Roosevelt, una vez abandonada la
de la Nueva Compañía proclamaba la república independien-
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dominación mercantil y financiera muy valioso. Estados Uni-


presidencia: sólo en el Caribe y en Centroamérica el desarro- dos se beneficiaba ahora con los triunfos del transporte auto-
llo real de las naciones latinoamericanas era tan lento que és- motor, que sin necesidad de inversiones de capital compara-
tas seguían necesitando tutela. Los grandes países del Sur bles a las que habían marcado el comienzo de la red ferroviaria,
-Brasil, Argentina, Chile- estaban, en cambio, en condicio- le aseguraban nuevos mercados. Al mismo tiempo, las inver-
nes de ejercer en los hechos su soberanía, y nada tenían que siones norteamericanas -innecesarias para ampliar el consu-
temer de los avances norteamericanos. Esta justificación mo de productos de la nueva metrópoli- iban a dirigirse no
tranquilizadora se dirigía a naciones cada vez más conscien- sólo hacia industrias extractivas o de mínima elaboración
tes de su importancia acrecida y de su responsabilidad en el orientadas hacia el mercado metropolitano, sino también ha-
mantenimiento del orden latinoamericano: si en el siglo xix cia otras dirigidas al mercado local o, en todo caso, no al esta-
las tensiones entre Brasil y Argentina habían sido muy fuer- dounidense. Gracias a este proceso iba a crecer también en
tes, si entre Argentina y Chile la guerra estuvo cercana en la otros planos la gravitación de Estados Unidos (muy caracterís-
década del ochenta y de nuevo en 1902, desde comienzos del ticamente en la tercera década del siglo xx, mientras Argentina
siglo xx el acercamiento reemplazó progresivamente a la hos- seguía buscando asesoramiento de expertos en economía en
tilidad e iba a llevar a la formación de una suerte de alianza Gran Bretaña, las misiones técnico-financieras norteamerica-
informal (el grupo llamado, por las iniciales de las naciones nas eran ya visitantes habituales en los países del Pacífico).
integrantes, ABC), que iba a ampliar su esfera de acción a tra- Pero esos nuevos avances no se apoyaban en la interven-
vés de la tentativa de mediación entre Estados Unidos y Mé- ción político-militar, que siguió limitada aún en esta etapa al
xico, en 1914. Estados Unidos, que bajo la dirección de Wil- área en que ya era tradicional. A la vez las modalidades de la
son encaraba de modo nuevo su función de tutela sobre sus expansión norteamericana (que no siempre se acompañaba
vecinos del Sur, no recibió con hostilidad la iniciativa de los de la apertura del mercado metropolitano a los productos de
países australes; la primera guerra mundial, sin embargo, al las áreas dominadas y tendía a avanzar sobre sectores de acti-
poner en crisis la totalidad del orden internacional en que el vidad económica que en la etapa anterior habían permaneci-
ABC quería integrarse, puso fin a la tentativa, que en el clima do reservados a los sectores dominantes locales) crearon una
de la entreguerra, agitado sobre todo por conflictos sociopo- resistencia que continuaba con temas nuevos la despertada
líticos dentro de cada nación latinoamericana, y menos rico por la intromisión política tan frecuente ya en la preguerra.
en cambio en tensiones entre las naciones herederas de Espa-
Frente a Estados Unidos las viejas naciones hegemónicas
ña y Portugal, cuyas derivaciones quería prevenir por su gra-
emprenden una cautelosa retirada; la más importante de to-
vitación la alianza austral, no hubo de resurgir.
das, Gran Bretaña, no está más dispuesta en su ocaso que en su
Hacia 1914, entonces, la influencia norteamericana se afir- apogeo a trocarse en inspiradora de vastos designios políticos
maba sobre todo sobre el área del Caribe y Centroamérica. En- con los cuales se identifique su hegemonía; la habilidad con
tre la guerra y la depresión el avance de esa influencia iba a ser que -ahora como antes- defiende sus concretos intereses sólo
muy rápido: los países del Pacífico serían totalmente ganados sirve para hacer más lento el ritmo de su descenso. Alemania,
por ella; Brasil y aun Uruguay y Argentina iban a sufrir tam- una presencia ascendente hasta 1914 -sobre todo en las tierras
bién su impacto. Elfinde la era del ferrocarril (más de una pe- que bordean el Caribe- no se ha de recuperar hasta 1929 del
queña nación latinoamericana no la habría conocido nunca) golpe que para su influjo implica la primera guerra mundial, y
significaba la pérdida para Inglaterra de un instrumento de
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luego la derrota. Las reducidas inversiones francesas colocan a benevolencia que se esfuerza por suscitar en las antiguas colo-
este país, aspirante en su momento a la tutela de vastas zonas nias para una aventura antiestadounidense que excede sus po-
latinoamericanas, en un irremisible segundo plano. sibilidades. Aun así, el prestigio creciente de las tradiciones
Otras son las influencias externas evocadas contra el avan- prerrevolucionarias despoja a la nueva potencia dominante de
ce norteamericano. Frente a él, la conciencia de la originali- la posibilidad de ganar sobre la vida y la cultura latinoamerica-
dad hispánica y católica de Latinoamérica se hace más viva: na un influjo comparable al alcanzado por Europa occidental
con notable ignorancia de la realidad de las cosas, ya a co- en la segunda mitad del siglo xix; al avance cultural norteameri-
mienzos del siglo xx Rubén Darío, abandonando ocasional- cano se opondrá no sólo una resistencia revolucionaria, sino
mente su tarea de modernizador del lenguaje y la poesía también una conservadora, defensora en los hechos de los lazos
hispánica para investir la representación de la entera Latinoa- establecidos con otras potencias hegemónicas a lo largo del si-
mérica, había invocado desafiantemente frente a la otra Amé- glo xix y en cuanto a ideas y cultura adicta al antes menospre-
rica encarnada en Roosevelt una superioridad apoyada en el ciado legado colonial; sólo las brutales opciones que la guerra
mantenimiento de la fe religiosa; por su parte, el uruguayo fría impone luego de la segunda guerra mundial transformarán
José Enrique Rodó había expresado en términos menos vin- esta oposición conservadora en apoyo fervoroso.
culados a la tradición cristiana una convicción análoga en su Aun antes de ello, esa oposición -orientada contra los as-
Ariel; frente al puro espíritu aéreo y desinteresado de una la- pectos culturales e ideológicos del avance norteamericano-
tinoamérica simbolizada en lafigurade Ariel, el materialismo no enfrenta sino ocasionalmente la penetración económica
de la América inglesa encuentra un símbolo en Calibán. Que que luego de la primera guerra mundial pasa a ser más impor-
un poeta de fe tan oscilante e insegura como Darío, que un en- tante que la política. Por otra parte -salvo en México, donde
sayista admirador de Renán y empapado de cultura francesa la fe tradicional, atacada por los gobiernos revolucionarios,
como Rodó, invitaran a una peregrinación a las fuentes his- encuentra defensores entre los sectores populares-, las ten-
panocristianas de Latinoamérica era significativo de una dencias culturales conservadoras sólo hallan eco significati-
tendencia. No era, sin embargo, la reacción frente a un im- vo entre las élites tradicionales, cuya evolución, a partir del
perialismo más agresivo que el inglés la única -ni acaso la progresismo de la segunda mitad del siglo xix, expresan en
principal- causa de esa tendencia nueva; sus raíces han de parte.
buscarse sobre todo en el aumento de las tensiones internas, Se ha señalado ya cómo esta evolución está guiada, antes
debido al cual las élites que a mediados del siglo xix habían co- que por las transformaciones de la constelación internacional
menzado a verse como innovadoras, sentían perplejidades en que se sitúa Latinoamérica, por cambios internos que co-
crecientes frente a las consecuencias de algunas de esas inno- mienzan a juzgarse inquietantes. La tutela que las élites (oli-
vaciones. garquías urbanas, aristocracias terratenientes, sectores mili-
Pero ese retorno afectuoso hacia el pasado español, si está tares a los que éstas han reconocido hegemonía política)
en la base de una reconciliación cada vez más sincera con la an- habían mantenido en la etapa primera del orden neocolonial
tigua metrópoli, no puede servir de punto de partida para un era cada vez más impacientemente soportada a medida que
alineamiento internacional políticamente eficaz; devuelta por ese orden desplegaba sus consecuencias. De la última década
la derrota de 1898 a una noción más justa de sus propias fuer- del siglo xix es la aparición de un movimiento obrero urbano
zas, España nada quiere menos que utilizar la vaga oleada de en México, Buenos Aires, Santiago de Chile; de esa misma dé-
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cada la formación de los primeros movimientos políticos que volucionarias de inspiración socialista (sin que sea imposible
recusan la dirección de la élite tradicional (aunque a menudo que coexistan unas con otras dentro de una misma organiza-
reclutan en ella sus dirigentes); es el caso del radicalismo ar- ción). Si dejamos de lado esas enunciaciones y examinamos lo
gentino y el partido demócrata peruano; y también la muta- realizado por los movimientos antioligárquicos en las ocasio-
ción profunda que José Batlle y Ordónez introduce en el parti- nes en que contaron con el poder político, veremos que su ac-
do colorado de Uruguay. Esas corrientes que disputan la ción es más coherente que su ideología: aumentar la gravita-
hegemonía política a las élites progresistas tienen a veces ellas ción en el sistema político de los sectores que lo apoyan en su
mismas posiciones que están lejos de ser innovadoras (si el objetivo primero; mejorar mediante esbozos de legislación
batllismo uruguayo acentúa el anticlericalismo e inaugura socia y previsional la situación de esos sectores, su finalidad
una política social, el partido demócrata peruano y el radical complementaria; en los rasgos básicos de la estructura econó-
argentino se consideran aliados de hecho de la reacción cató- mico-social que hallan no introducen, en cambio, modifica-
lica contra el anticlericalismo aristocrático de la etapa ante- ciones importantes.
rior y no innovan profundamente respecto de la política eco- Esa distancia entre una renovación ideológica, a la vez muy
nómica y social de sus adversarios); sin embargo, su sola ambiciosa y muy imprecisa, y objetivos concretos modestos,
presencia es una amenaza para los grupos cuyo predominio pero claros, se manifiesta en grado extremo en un movimien-
combaten. to que es acaso el más característico de la corriente antioligár-
Esa presencia, signo de una ampliación de los sectores polí- quica: el de reforma universitaria, que en la primera posgue-
ticamente activos, anuncia otras que sólo llegarán más tarde. rra se difunde por Latinoamérica a partir de Argentina. El
Durante esta etapa la movilización política de sectores popu- movimiento reformista confiesa la doble inspiración de la re-
lares sólo se dará de modo masivo en México durante ciertas volución rusa y la mexicana; esos ejemplos le animan a luchar
etapas de la revolución comenzada en 1910. En otras partes por una modificación de los estatutos universitarios que eli-
mine el todo poder de los profesores (reclutados demasiado
queda reducida a sectores predominantemente urbanos de
frecuentemente dentro de diques que son, a su vez, parte de
economía modernizada; la consecuencia es que los movi-
los sectores oligárquicos) obligándolos a compartir el gobier-
mientos políticos que quieren ser expresión de sectores popu-
no con los estudiantes (provenientes en parte creciente de
lares cuentan a menudo con una base numéricamente más re-
sectores sociales más modestos, aunque sólo excepcional-
ducida que los de clase media (y que, por añadidura, su
mente populares). Sin duda, el movimiento de reforma uni-
condición objetiva de voceros de sectores reducidos y relati- versitaria no agota su eficacia dentro de la Universidad, con-
vamente privilegiados de la clase trabajadora no deja de in- duce a una politización permanente del cuerpo estudiantil,
fluir en sus orientaciones, acercándolas a las de esos más vas- que -ante la sólo incipiente movilización política de los secto-
tos movimientos de sectores sociales intermedios). res populares- se constituye en más de un país en vocero de
Unos y otros -se ha dicho ya- se oponen, antes que al lazo los que aún permanecen mudos. El movimiento estudiantil es
colonial de nuevo estilo que está en la base del orden latinoa- entonces una escuela política en la que se han formado mu-
mericano, a la situación privilegiada que dentro de ese orden chos futuros líderes revolucionarios o reformistas latinoame-
se ha reservado lo que se llama la oligarquía. La lucha contra ricanos, desde Víctor Raúl Haya de la Torre hasta Fidel Cas-
esa oligarquía admite motivaciones en cada caso variables, tro; en ella han hecho también sus primeras experiencias
que van desde el tradicionalismo católico hasta posiciones re-
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(aunque se complazcan menos en recordarlo) figuras que en modo particularmente desafiante, junto con los de un juveni-
su madurez se iban a situar en el centro y la derecha del abani- lismo que pasa decididamente de la esfera cultural a la políti-
co político. ca) logra menos bien encarnarse en movimientos de peso sig-
El eclecticismo ideológico y la ambigüedad política del mo- nificativo; es reveladora la endeblez que en casi todas partes
vimiento de reforma universitaria reflejan muy bien el clima caracteriza precisamente a ese movimiento comunista que
-esperanzado y desorientado a la vez- de la década que se ex- más que ninguno se identifica con lo que la nueva coyuntura
tiende del fin de la primera guerra mundial al inicio de la de- tenía de más radicalmente innovador.
vastadora depresión económica de 1929. Ese clima responde a Es que en América latina el derrumbe del orden de pregue-
cambios en el orden mundial derivados sobre todo de la crisis rra se refleja no tanto a través de la afirmación de fuerzas nue-
de Europa como centro de poder y modelo de civilización, que vas como del agotamiento cada vez más evidente de las solu-
en el primer aspecto se refleja en la afirmación de la hegemo- ciones que han dominado hasta la víspera. Los éxitos y los
nía económica y financiera de los Estados Unidos sobre Amé- fracasos de la economía exportadora se suman para plasmar
rica latina (y no ya tan sólo sobre las comarcas centroamerica- realidades sociales demasiado complejas para que sea fácil
nas y caribeñas) y en el segundo consagra elfindel monopolio contenerlas en el marco político heredado de la preguerra, ya
de legitimidad ideológica de que había gozado desde la inde- sea éste el de la república oligárquica o el de la dictadura pro-
pendencia el constitucionalismo liberal; primero el comunis- gresista. La ampliación de las bases sociales del estado aparece
mo y bien pronto el fascismo (menos como adhesión literal al como una necesidad urgente; mientras la democratización,
modelo italiano que como apertura a las soluciones autorita- que promete satisfacerla en el marco liberal-constitucional
rias que desde la Península Ibérica hasta la Europa centro- avanza en Uruguay y Argentina, en Perú y Chile esa misma
oriental invocaban su ejemplo sin seguirlo al pie de la letra) ampliación es intentada en un marco autoritario y en México
son propuestos como alternativas para esa solución liberal- en uno revolucionario.
constitucional que tan mal se había aclimatado en América Pero esas nuevas fórmulas políticas no adquirirán el mismo
latina. vigor que en el pasado ostentaron el liberalismo constitucio-
Ese fermento ideológico iba sin duda a encontrar expresión nal o el progresismo autoritario; no sólo están marcadas por
articulada y madura en la obra del peruano José Carlos Mariá- la desorientación que se ha señalado como rasgo más caracte-
tegui, quien logró como ninguno integrar sus grandes temas rístico del clima mundial de esa postguerra de rumbo incier-
en un sólido canon interpretativo de la realidad hispanoame- to; sufren todavía las consecuencias de la menor seguridad en
ricana, bajo la inspiración de un marxismo que debe tanto a el rumbo de avance económico-social que caracteriza tam-
Sorel como a Lenin. Pero es revelador que la eficacia política bién a Latinoamérica durante esos años. En 1930, cuando los
de la acción de Mariátegui no se hiciese sentir sino décadas ecos del gran derrumbe económico de 1929 alcanzan al sub-
después de su muerte; sus contemporáneos reconocían en él a continente, ese agudísimo observador que es André Siegfried
un más exitoso agitador cultural que político. Y en efecto, si la no hallará ya diferencias profundas entre lo que encuentra en
renovación ideológica de esa década inquieta introduce mo- países de más avanzado desarrollo e instituciones más esta-
tivos destinados a quedar (los del anti-imperialismo, los de la bles y en otros de economía rudimentaria y despotismo mili-
concepción cerradamente clasista y revolucionaria del mar- tar: aun los países que se habían gloriado de ofrecer excepción
xismo que el movimiento comunista sostenía por entonces de al autoritarismo y al primitivismo político hispanoamerica-
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franja en movimiento, que deja a su paso tierras semidevasta-


nos iban a exhibir luego de 1930 un paisaje político tan carga-
das, ya en el momento inicial de la expansión paulista, zonas
do de ruinas como el de su economía.
enteras del Estado de Río de Janeiro llevan la huella de una
prosperidad pasada para siempre, junto con el vigor de la tie-
La crisis de 1930 impondrá, en efecto, un brusco anticlímax a
rra que la explotación cafetera agota sin piedad. Es ése el pre-
medio siglo de expansión; pero éste ha estado hecho de ciclos
cio de una economía agrícola que dispone de tierras más
locales, simultáneos o sucesivos, que en más de un caso se ha-
abundantes que los hombres y los capitales; en el esfuerzo por
bían clausurado ya antes de finalizar la etapa. Estos episodios
explotar esa riqueza inmensa, los terratenientes brasileños
expansivos se relacionan con el avance de la división inter-
deben recurrir al trabajo semiasalariado de inmigrantes (en
continental del trabajo en cuanto a producción de alimentos
su mayoría italianos) que, pese a su número -casi dos millo-
(vinculado, a su vez, con la mejora del nivel de consumo po-
nes llegan hasta 1914-, resultan escasos para modos de cultivo
pular en los países nucleares) que acelera la expansión de la
que no sigan siendo extensivos.
ganadería y la agricultura templada y la de ciertos cultivos tro-
picales. Se relacionan, por añadidura, con avances industria- En las tierras hispanoamericanas del café la expansión es
les y técnicos (es el caso de la minería andina del cobre y el es- menos dramática, pero conoce también menos altibajos. Las
taño; es también -en un marco más reducido- el de la tierras disponibles no dan lugar -al revés de cuanto ocurría en
expansión del henequén en Yucatán, que encuentra estímulo Brasil- a una expansión geográfica cuyas posibilidades parez-
en el uso de la fibra por las cosechadoras mecánicas de cerea- can, por comparación con los recursos disponibles, ilimita-
les que en Estados Unidos reemplazan a la labor humana). Se das; por otra parte, los recursos humanos derivados, sea de un
relacionan, por último, con la difusión del motor a explosión crecimiento vegetativo excepcionalmente alto (es el caso de la
y el transporte automotor, que da lugar al efímero ciclo del población mestiza colombiana o salvadoreña), sea de las re-
caucho y al desarrollo creciente de la explotación petrolera, servas de mano de obra proporcionadas por comunidades in-
acelerado además por el reemplazo más general del carbón dígenas hasta entonces más aisladas de una economía de mer-
como fuente de energía. cado (es el caso de Guatemala), configuran una oferta de
trabajo capaz de adecuarse constantemente a las necesidades
Entre los ciclos agrícolas, el del café transforma, a partir del de una demanda más limitada que la brasileña.
último tercio del siglo xix, las zonas intertropicales de media-
na altura, desde San Pablo de Brasil hasta Colombia, Vene- He aquí un rasgo común a la expansión cafetera hispanoa-
zuela, América Central y México. Frente a la producción de mericana; junto con él no faltarán diferenciaciones locales,
esas tierras nuevas, la de las zonas tradicionalmente produc- vinculadas sobre todo con el régimen de la tierra: explotacio-
toras de las Antillas se defiende mal; a principios del siglo xx nes medias a cargo de propietarios en parte de Colombia y
Brasil cubre el 70 por 100 de las exportaciones ofrecidas en el más limitadamente en Venezuela y El Salvador grandes ha-
mercado mundial, ellas mismas muy acrecidas. El café brasi- ciendas de café en Guatemala y México. Ambos regímenes se
leño está en la base de la expansión de San Pablo (de la capital, diferencian a su vez de la gran propiedad explotada utilizan-
vieja ciudad académica y devota, que pasa de 65.000 habitan- do trabajadores no propietarios, que reciben, junto con el sa-
tes en 1890 a 350.000 quince años más tarde, pero también del lario, una parte de los frutos, que es la forma dominante en
entero estado). En Brasil el café avanza constantemente sobre Brasil. Pero en situaciones tan variadas encontramos todavía
tierras nuevas, cuya fertilidad agota; la zona cafetera es una otro rasgo común: la debilidad de los productores frente a los
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como es ya habitual, las alternativas de la coyuntura abren el


sectores que intervienen en la comercialización, y realizan lu- terreno para batallas entre grupos financieros de las metrópo-
crativas especulaciones utilizando las oscilaciones del precio lis rivales).
del café, desde las estacionales hasta las más irregulares y vio- Aun con tales limitaciones, la estabilización de 1906 es sus-
lentas que un mercado en expansión, tanto de la oferta como tancialmente exitosa (y salva, por añadidura, de la crisis de so-
de la demanda, presenta constantemente. Los comercializa- breprodución a las zonas cafeteras de Hispanoamérica, que
dores realizan avances decisivos durante las crisis de super- gozan de las ventajas derivadas de la limitación de la oferta
producción: los precios en los centros productores caen ver- brasileña). Lo es porque está destinada a salvar una pasajera
tiginosamente; en los de consumo son mejor defendidos crisis coyuntural; mucho más riesgosa es la ambiciosa estabi-
gracias a una contención en las ventas que sólo la disponibili- lización comenzada en 1924. Ésta, en efecto, intenta eliminar
dad de vastos recursos financieros por los comercializadores las consecuencias de una sobreproducción permanente y que
hace posible: de este modo, detrás de las grandes empresas de se hace cada vez más grave. El Instituto del Café, creado en
comercialización y transporte, es la banca metropolitana la Sao Paulo, organiza la compra de la totalidad de la produc-
que recibe una parte inesperadamente alta de los lucros cafe- ción brasileña; mantiene los precios altos sólo a costa de acu-
teros. Las crisis se suceden: la de 1896, la de 1906, la de 1913... mular reservas crecientes, condenadas a crecer porque esos
A lo largo de ellas, los comercializadores alemanes del café de mismos precios estimulan la expansión de cultivos; por otra
Guatemala se apoderan del 60 por 100 de las tierras cafeteras, parte, los rivales de Brasil utilizan la limitación de su oferta
que organizan en haciendas más productivas que las conser- para aumentar sus ventas a un mercado de precios prote-
vadas en manos de terratenientes locales. Sólo en Brasil éstos gidos.
logran, gracias a su dominio del aparato político (gracias tam-
bién a que su mayor experiencia política y administrativa les La experiencia brasileña del café es en más de un aspecto un
permite elaborar proyectos sin duda demasiado complejos anticipo del futuro: un sector terrateniente se dedica aquí a la
para la comprensión de la mayor parte de los plantadores his- organización del mercado para sus productos, dejando de
panoamericanos), crear un sistema de defensa contra las ame- lado en este punto la fe en el liberalismo económico del que
nazas de sobreproducción; también en él, sin embargo, co- por otra parte no abjura formalmente. Pero esta experiencia
mercializadores y bancas obtendrán mayores ventajas que los está lejos de ser típica; la concentración de poder que en el
productores. Brasil republicano beneficia a los dueños de las tierras del café
es excepcional; también lo es su dependencia de un único fru-
El sistema, adoptado en 1906, consiste esencialmente en fi-
to (por el momento no hay alternativa al monocultivo cafete-
nanciar compras destinadas a constituir stocks que sólo gra-
ro que no implique la ruina por lo menos provisional de esa
dualmente serán lanzados al mercado; aunque la emergencia
poderosa clase); no es extraño que el grupo esté dispuesto a ir
pasa en 1910, la primera guerra mundial sorprenderá a una
muy lejos en defensa de una prosperidad de la que ve depen-
parte de esas reservas aún acumulada en Alemania... Si la ope-
der su supervivencia.
ración salva a los productores de un derrumbe vertical de pre-
cios, logra la estabilización de esos precios sólo a nivel bajo; En las tierras templadas del Sur las exportaciones primarias
los stocks acumulados se venderán, por tanto, con altas ga- para alimentos tienen un desarrollo algo menos agitado: la ex-
nancias, que irán a los banqueros que han dado apoyo finan- pansión argentina y la uruguaya, apoyadas en la lana, la carne
ciero al sistema (entre los cuales predominan los alemanes; y el cereal, son tan rápidas como la del Brasil cafetero; en 1898
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predominio se hace sentir duramente en las etapas de coyun-


las exportaciones argentinas se sitúan al mismo nivel que las tura desfavorable (como la de 1912), y son al cabo los terrate-
brasileñas (en torno a los veinticinco millones de libras ester- nientes quienes deben sacrificar una parte -modesta- de sus
linas); su crecimiento a partir de los niveles de 1880 es aún lucros para mantener el ritmo de producción, accediendo a
más rápido que el brasileño, y seguirá creciendo de modo sos- las demandas de arrendatarios y medieros. Todavía más mar-
tenido pese a sus altibajos, hasta decuplicar, en 1928, las cifras cadamente que en el Brasil entero- porque en la Pampa del
de treinta años antes. Este crecimiento es, en primer término, cereal el sector terrateniente es más débil-, la hegemonía de
consecuencia de la expansión del cereal, comenzada en la los comercializadores vinculados a las finanzas metropolita-
década del setenta y proseguida en la siguiente, que se hace nas se consolida a lo largo de la expansión cerealera.
vertiginosa luego de la crisis de 1890: en medio de la baja de
Esa misma hegemonía será alcanzada sólo más lenta y me-
precios internacionales y frente a la interrupción de las inver-
nos completamente en la pampa ganadera, cuyo núcleo sóli-
siones extranjeras, Argentina rehace su economía ampliando
do se encuentra en la provincia de Buenos Aires, firmemente
sus tierras de trigo y maíz. Santa Fe y el sur de Córdoba, tierras
dominada por una clase terrateniente acostumbrada a mante-
a las que la falta de comunicaciones había condenado a una
ner celosamente sus vínculos con el poder político nacional
ganadería escasa y pobre, son ahora el teatro de la expansión
(conservados pese al percance que significó en 1880 la federa-
cerealera, hecha posible gracias al flujo inmigratorio que, sin
lización de la ciudad que había sido a la vez capital de la na-
duda, se interrumpe con la crisis, pero que ha acumulado en
ción y de la provincia). Desde 1895 el crecimiento de la pro-
la etapa anterior una fuerza de trabajo que ya no encuentra
vincia de Buenos Aires se hace más rápido que el de Santa Fe;
empleo en las ciudades. Los refugiados de la crisis urbana tie-
en 1914, la gran provincia ganadera será también la primera
nen exigencias modestas, y se adaptan a un régimen de la tie-
productora de cereales de Argentina; junto con la expansión
rra en que triunfa el arrendamiento para dejar luego paso a la
del cereal (mediante la difusión del régimen de arrendamien-
mediería, que avanza hasta 1914 porque el dinero circula
to que no afecta el monopolio de la tierra por los grandes pro-
poco en esa pampa cerealera de donde provienen buena parte
pietarios de la etapa de predominio ganadero) se da la trans-
de las exportaciones argentinas.
formación de la explotación de ganado, inducida por la
En el sur cordobés, y sobre todo en Santa Fe, los viejos te- disminución de la demanda externa de lana y la difusión del
rratenientes comparten el predominio con nuevos propieta- frigorífico.
rios, en parte de origen inmigratorio, que han conquistado la
tierra a partir de posiciones dominantes en el comercio local. La revancha del vacuno, su mestización sistemática para
Éstos serán siempre menos poderosos que los que dominan la crear animales cuya carne satisfaga las exigencias del merca-
pampa ganadera de Buenos Aires; por una parte necesitan do europeo del producto congelado (y a partir de los años in-
mano de obra más abundante, por otra surgen en una etapa mediatamente anteriores a 1910 las aún más estrictas del en-
de mercados internacionales más estrictamente regulados friado) llenan la historia de la ganadería argentina hasta la
por las empresas comercializadoras; por último, sufren las primera guerra mundial; estos cambios son posibles gracias a
consecuencias de una vinculación menos directa con los inversiones ahora más considerables de los sectores terrate-
centros de de cisión política nacional. Ya en la primera déca- nientes: el alambrado de los campos, comenzado en rigor en
da del siglo xx el comercio cerealero es dominado por un oli- la década de 1870, prosigue a ritmo más rápido; del mismo
gopolio formado por muy escasas firmas exportadoras; su modo se acentúa la importación de reproductores... Pero
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-como antes- las inversiones más importantes corren a cargo rurales se detiene el proceso de democratización que vive el
del Estado y del capital extranjero: la red de ferrocarriles se Uruguay urbano, se defiende mal de su paulatina mediatiza -
hace más densa, hasta alcanzar los treinta y tres mil kilóme- ción por los dueños del comercio y los transportes.
tros en 1914 (habían sido dos mil quinientos en 1880); se El Brasil central, Argentina y Uruguay cuentan entre los re-
construyen a muy alto coste el puerto artificial de Buenos Ai- lativos éxitos en la tentativa de modernización emprendida
res y el de La Plata-Ensenada; un sistema de canales hace más por toda Latinoamérica. Las limitaciones de esos éxitos no ne-
utilizable la vasta zona pantanosa del centro de la provincia de cesitan ser subrayadas: en la Argentina del cereal y aún más
Buenos Aires. Los frigoríficos, salvo algunos de los primeros marcadamente en el Brasil del café se crean sociedades rura-
y más pequeños, son propiedad de empresas extranjeras: las les caracterizadas por la extrema inestabilidad; la hegemonía
inglesas, primero dueñas del campo compiten desde 1905 con de los terratenientes sólo se conserva al precio de la inseguri-
las norteamericanas. dad de los labradores, sobre los cuales el sistema se esfuerza
La consecuencia es también aquí una posición de predomi- en volcar el peso mayor de las etapas negativas de la coyuntu-
nio para transportistas y comercializadores, que son emisa- ra: la inmigración italiana que cultiva el café como el trigo (en
rios locales de las economías metropolitanas; sin embargo, la Santa Fe, en 1914, hay casi cuatro agricultores italianos por
ganadería sentirá sólo más tardíamente que la agricultura la cada argentino) tiene una altísima proporción de retornos; en
incidencia negativa de esta situación: hasta la primera guerra la primera década del siglo xx Argentina conocerá además
mundial la competencia entre frigoríficos ingleses y america- una inmigración estacional ultramarina: los cosechadores del
nos garantiza una etapa de altos precios; la guerra misma, trigo y el maíz argentino viven ahora el resto del año en aldeas
creando escasez y dificultad en el transporte marítimo, fo- de Emilia y la Baja Lombardía.
menta la exportación ganadera a la vez que pone en crisis a la Ese sistema no hubiera, sin embargo, podido surgir sin ali-
de cereal: los precios de la carne suben aún más. Sólo la prime- cientes económicos cuya existencia suele hoy ignorar una li-
ra etapa de la posguerra enfrenta a amplios sectores ganade- teratura demasiado sistemáticamente pesimista; pero esos
ros con las consecuencias de la entrega de la comercialización alicientes iban a desaparecer progresivamente a medida que
y el transporte a intereses metropolitanos: los norteamerica- la falta de nuevas tierras disponibles y el crecimiento de la
nos victoriosos dictan su ley al mercado, y los precios bajan... oferta local de mano de obra los hiciesen innecesarios: a lo lar-
Uruguay vive, en escala reducida, experiencias análogas a go de esta etapa la situación de los trabajadores en tierra ajena
las argentinas; aquí la expansión del cereal es, sin embargo, va, en efecto, a deteriorarse.
menos significativa que en la orilla opuesta del Plata, y el re- Aun así es superior a cuanto se conoce en el resto de Améri-
torno al vacuno igualmente menos marcado. Pero como en ca latina. Los booms agrícolas y mineros se dan en otras partes
Argentina se dan aumento de la producción, mestización y di- utilizando una mano de obra que no es necesario atraer me-
fusión más tardía del frigorífico, junto con progresos en el diante alicientes económicos (o, alternativamente, la emple-
transporte ferroviario; las exportaciones, que alcanzan el an en número tan escaso que sus progresos pierden significa-
nivel de los seis millones de libras anuales al comenzar el si- ción dentro del conjunto de la economía y la sociedad). Esos
glo xx, en 1919 serán veintisiete millones, con muy neto pre- booms implantan -mucho más nítidamente que en los casos
dominio de los productos ganaderos. Como en Argentina, ya examinados- islotes económicos mejor vinculados a la me-
una clase terrateniente ante cuyo predominio en las zonas trópoli que al resto del país; en el caso excepcional de afectar a
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una nación entera le imponen una dependencia aún más es- producción y comercialización se dio, por ejemplo, en Cuba
tricta que la vigente en los ejemplos anteriores. fue, sin duda, estimulada por la reducción constante de los
Es el caso de la agricultura tropical: las tierras del azúcar en márgenes de ganancia posible.
Puerto Rico, Cuba y Perú dan lugar a una concentración de La expansión azucarera tiene entonces algo de devastador:
propiedad en manos de las empresas industrializadoras que ha cambiado a Cuba y a Puerto Rico hasta tornarlos irrecono-
-aun avanzando muy rápidamente- va más despacio que la cibles para quien los había conocido antes de esa transforma-
conquista del control del mercado productor por éstas. En ción. Otros cultivos tropicales tienen capacidad de transfor-
Cuba y Puerto Rico el sistema realiza al máximo sus posibili- mación más limitada: así el henequén, localizado en las tierras
dades: los ferrocarriles privados de las grandes centrales azu- secas del Yucatán, en México, que en 1898 contribuía, sin em-
careras -que son ya casi todas norteamericanas- les aseguran bargo, con el 15 por 100 a las exportaciones mexicanas, o más
el monopolio de compra en áreas productivas cuya propiedad tardíamente la banana, típica de las zonas bajas y húmedas del
no les es entonces necesaria; por el contrario, el cultivador ha litoral caribeño y de algún rincón de la costa del Pacífico, en
perdido toda autonomía, y debe resolver como puede los pro- Costa Rica y el Ecuador. El cultivo del banano es ampliado por
blemas que le plantea una producción con ganancias decre- iniciativa de un conjunto de empresas estadounidenses que a
cientes. En Puerto Rico el proceso es aún más dramático, por principios del siglo se fusionan en la United Fruit Company.
cuanto el monocultivo azucarero se introduce bruscamente En la costa atlántica de Guatemala, de Honduras, de Nicara-
en su etapa madura, cambiando el paisaje mismo de la isla gua, de Costa Rica, de Panamá, de Colombia, de Venezuela, se
luego de su conquista por Estados Unidos. En Perú la indus- tallan vastos dominios territoriales; en Panamá, por ejemplo,
tria costeña del azúcar -originaria de tiempos coloniales, víc- la compañía posee una red ferroviaria privada casi tres veces
tima de la crisis del comercio libre (1780), y de la mano de más extensa que la pública (sin duda muy exigua). A veces es-
obra esclava en tiempos postrevolucionarios, resurgida en la tos dominios están vacíos de hombres, y la compañía induce
segunda mitad del siglo xix, capaz de proporcionar hacia 1880 las migraciones que salvarán esa carencia: en Costa Rica
saldos exportables tan importantes como los del salitre- es transforma el equilibrio étnico al crear, frente al altiplano
ahora preferida por las inversiones británicas y norteamerica- blanco, una costa de población negra y mulata (a menudo ori-
nas: su expansión en el norte del país se hace en parte gracias a ginaria de las West Indies). La banana se transforma en ex-
ellas, pero un proceso que también aquí se acelera en tiempos portación dominante de varios países centroamericanos,
de crisis concentra en manos de las compañías industrializa- cuyo mercado consumidor se encuentra en Estados Unidos,
doras buena parte de la tierra azucarera. que absorbe proporciones elevadísimas de sus exportaciones
(en Nicaragua, en 1918, es más del 90 por 100 de éstas el que
Las crisis de demanda están constantemente presentes en la encuentra ese desemboque).
historia del azúcar latinoamericano: en desventaja en el mer-
cado continental europeo frente al de remolacha, limitado en La solidez del imperio del banano, y sus avances, que son
el británico por la presencia del de las West Indies, el azúcar los del consumo de la fruta en Estados Unidos, se contrapo-
latinoamericano tenía su desemboque principal en Estados nen a la fragilidad del episodio cauchero, que introduce una
Unidos. Allí mismo una legislación proteccionista lo conde- efímera y tormentosa prosperidad en la cuenca amazónica. La
naba a compensar el aumento del volumen absorbido con una expansión del consumo del caucho, obtenido de la savia de un
caída de precios: la velocidad con que la concentración de árbol silvestre en la región, acelera el ritmo de explotación. En
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la Amazonia brasileña son campesinos fugitivos de la super- en la economía del siglo xx mediante el doble estímulo del al-
población y las sequías periódicas del sertao nordestino quie- cohol y el terror.
nes se transforman en siringueiros, en recolectores del caucho Gracias al caucho, entonces, en el corazón geográfico de
silvestre; sus avances en la cuenca tropical, sólo poblada -sal- América latina se repiten los horrores que contemporánea-
vo en las principales rutas fluviales- por tribus de indios insu- mente están haciendo célebre al África Central. Por poco
misos, se traducen en avances de la frontera brasileña, en par- tiempo; con su esplendor y su miseria el boom cauchero se di-
ticular sobre la Amazonia boliviana (compra del territorio de sipa cuando las plantaciones cultivadas de Malaya y las Indias
Acre en 1902). El caucho empieza a contar en las exportacio- holandesas logran ofrecer un producto más barato y abun-
nes brasileñas; en 1899 cubre el 19 por 100 de ellas, en 1910 dante que el silvestre. Desde entonces, ni aun los esfuerzos de
más del 25 por 100, con diecinueve millones de libras esterli- los intereses norteamericanos, deseosos de liberarse del mo-
nas. La riqueza cauchera no podría ser absorbida por ningún nopolio angloholandés, logran resucitar el episodio cauchero
sector terrateniente, puesto que surge de tierras sin dueño; los amazónico cerrado en la segunda década del siglo xx: ciuda-
siringueiros sólo participan en ella en medida mínima: han co- des semifantasmagóricas quedan como único monumento de
menzado su actividad gracias a los anticipos de los comer- ese pasado, perdidas en la selva.
ciantes locales, y nunca se librarán de su condición de deudores Menos súbitas son las transiciones en las explotaciones mi-
de éstos, muy cercana en sus consecuencias a la servidumbre. neras: en perspectiva larga éstas se muestran también, sin em-
Son los comerciantes los únicos beneficiarios locales del boom bargo, sometidas a altibajos significativos. La última etapa del
cauchero, cuyos lucros se orientan sobre todo hacia la metró- siglo xix es de recuperación de la explotación de metales pre-
poli; con lo que queda en la Amazonia basta, sin embargo, ciosos: desde Bolivia hasta México la de la plata supera por fin
para hacer surgir en el centro de la cuenca un esbozo de ciu- -y holgadamente- los más altos volúmenes de producción de
dad monumental: Manaus, con sus temporadas de ópera ita- la etapa colonial. En todas partes ello es posible gracias al pro-
liana al borde de la selva, sus cien mil habitantes y sus hoteles greso de las técnicas extractivas y al de las comunicaciones,
de lujo, es el símbolo de la alocada prosperidad cauchera. que reduce los costos de transporte hasta puertos y mercados;
En la Amazonia colombiana, ecuatoriana, peruana y vene- ambos requieren fuertes inversiones de capital, que en Méxi-
zolana, la explotación es aún más primitiva y destructiva; a co y Perú se traducen en el control de la producción por em-
falta de las reservas de mano de obra que el Nordeste ofrecía presas británicas y norteamericanas, pero en Bolivia se refleja
en Brasil, debe disciplinar mediante violencia y crueldad aún en el de los «patriarcas de la plata», sostenidos por financistas
mayores la más escasa efectivamente disponible; en la bús- anglo-chilenos y protagonistas de la regularización de la vida
queda de rápidos provechos se destruyen los árboles mismos, política boliviana bajo signo conservador en las dos últimas
que en Brasil son sólo sangrados periódicamente, pues el décadas del siglo xix. El renacimiento de la plata es muy vigo-
mantenimiento del stock está en el interés del siringueiro, que roso: las exportaciones de metal precioso cubren en 1898 el 60
no puede cosechar sino en la zona que le ha sido asignada y se- por 100 del valor total de las mexicanas y alcanzan a siete mi-
ría la primera victima de la desaparición de los árboles. La ola llones y medio de libras esterlinas, casi duplicando las de las
de explotación destructiva avanza así sobre la Amazonia pe- etapas más brillantes del apogeo minero del setecientos; las
ruana, destruyendo las plantaciones naturales y también el bolivianas cubren el 70 por 100 de las exportaciones naciona-
modo de vida de poblaciones neolíticas, arrojadas a participar les de 1897, con un millón y medio de libras esterlinas; las pe-
II. EL ORDEN NEOCOLONIAL
5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAI 313
312
mera guerra mundial, que separa a Chile de su mejor merca-
ruanas alcanzan el millón. Pero esos avances están destinados
do, el proporcionado por la agricultura centroeuropea; he-
a no continuar: los frena la caída progresiva del valor del me-
rencia permanente del bloqueo que sufre Alemania en 1914-
tal blanco, consecuencia de su desmonetarización, que avan-
19, será una producción de fertilizante sintético que entrará
za en la segunda mitad del siglo xix y se consuma en la prime-
ra década del nuestro. Hacia 1910 las exportaciones mexicanas en competencia cada vez más dura con el producto natural:
conservan el nivel de diez años antes; las peruanas y bolivia- aun los años de estancamiento que siguen hasta 1930 no son,
nas quedan decididamente rezagadas. En 1920 aún en México sin embargo, sino una débil anticipación de la crisis final del
la plata habrá dejado de dominar la estructura de las exporta- salitre, que alcanza toda su gravedad luego de esa fecha.
ciones... Son otros metales los que ahora triunfan, gracias a la Más tardía es la expansión petrolera que, anticipada desde
demanda creciente que de ellos hace la industria: el cobre, comienzos del siglo por explotaciones dispersas por todo el
cuyo consumo se vincula sobre todo a la expansión de la elec- continente, se localiza progresivamente en grandes centros
tricidad; el estaño, relacionado sobre todo con la industria de productores. Hasta la década del veinte va a la cabeza México,
conservas. seguido de lejos por Venezuela, Colombia y Perú. En medio
La expansión del cobre -cuya explotación es muy antigua de la guerra civil, que destroza el orden rural, el petróleo ofre-
en toda la zona andina y que ha tenido ya un boom más mo- ce en México el principal rubro de exportación y se expande
desto en Chile en el siglo xix- llena las primeras décadas del si- con un movimiento uniformemente ascendente que contras-
glo xx. En Perú es la Cerro de Pasco Copper Corporation -nor- ta con el de la economía general. Las compañías inglesas, y so-
teamericana- la que comienza la explotación en gran escala, bre todo norteamericanas que explotan el petróleo mexicano,
utilizando para el transporte una de las empresas de ingenie- construyen en medio del desorden general su orden propio:
ría más audaces del mundo, la línea férrea que, a través de los desde su puerto de Tampico forman un sistema de transpor-
Andes, comunica El Callao con el Cerro de Pasco, donde sur- tes y comunicaciones que logra superar las perturbaciones de
ge, a más de cuatro mil metros de altura, un complejo indus- esos años revueltos. En Venezuela, en medio del orden férreo
trial y minero ultramoderno, rodeado de las muy primitivas impuesto por Gómez, las compañías petroleras aceleran aún
poblaciones de los obreros serranos; frente a él André Sieg- más el ritmo de la explotación; la cuenca de Maracaibo co-
fried evocará a la vez al Tíbet y a las anticipaciones del futuro menzará a poblarse de torres petroleras, mientras en Curacao,
en que se complacía el cinema de la década del veinte... En tierra de la Corona holandesa frente a la costa venezolana, la
Chile la explotación del cobre avanza aún más rápidamente, compañía angloholandesa Royal Dutch Shell instala refine-
también allí progresivamente dominada por capitales norte- rías destinadas a sucesivas ampliaciones (las norteamerica-
americanos. nas, de las cuales la más importante es la Standard Oil, reti-
El cobre chileno no logra desplazar el salitre, que sigue, has- nan, por su parte, en Estados Unidos). En Colombia y Perú el
ta 1930, dominando las exportaciones chilenas. El salitre, bo- ritmo de la explotación es menos dinámico, luego de comien-
tín principal de la victoria sobre los vecinos del Norte, que zos muy prometedores; en Argentina la explotación -com-
hace surgir en el desierto costeño de Atacama Tarapacá ciu- partida entre una empresa estatal y las que dominan la activi-
dades de decenas de miles de habitantes -Antofagasta, Iqui- dad petrolera mundial- avanza también lentamente.
que-, cuya población minera recibe de lejos los alimentos y Las explotaciones agrícolas o mineras que alcanzan su ex-
aun el agua, comienza por sufrir las consecuencias de la pri- pansión en la etapa de madurez del neocolonialismo tienen
314 II. LL ORDEN NEOCOLONIAL 5. MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 315

así más de un rasgo común: la tendencia al monopolio o al oli- canzan a sectores mucho más amplios. Más de un estado no
gopolio crea empresas insólitamente poderosas; la compara- podría sobrevivir sin los aportes de impuestos y regalías, que
ción entre los presupuestos de más de un estado latinoameri- pueden ser a veces insignificantes comparados con los lucros
cano y más de una de esas empresas gigantes ha sido privados de las grandes industrias extractivas, pero que hacen
reiteradamente hecha, y es en verdad impresionante; éstas la diferencia entre el equilibrio presupuestario y una indigen-
pueden mover con mayor libertad que cualquier estado un cia que lo expondría al descontento popular y a la cólera acaso
poderío financiero a menudo mayor que el de éstos. Ese poder más inmediatamente peligrosa de las fuerzas armadas. Al
no es, sin embargo, el único que las nuevas protagonistas de la mismo tiempo, los ingresos de las exportaciones, pese a la
economía latinoamericana pueden esgrimir: se continúa en el parte a veces importante que se destina a ganancias de la in-
de corrupción, que está lejos de ser desdeñable y que va desde versión extranjera, sirven, sin embargo, para mantener un ni-
la compra lisa y llana de influencias en emergencias graves vel de importaciones para consumo que sería también peli-
hasta la mediatización de sectores altos locales empobrecidos, groso deprimir.
en los que reclutan abogados y asesores más apreciados por su Tanto más peligroso porque esta etapa es a la vez de creci-
ascendiente político que por su competencia técnica. Menos miento continuado de la población urbana; la ciudad de Méxi-
fácil de determinar es su influjo indirecto sobre las crisis polí- co triplica su población entre 1895 y 1910, y alcanza para esta
ticas internas, pese a que suele serles asignado uno muy vasto. fecha el millón con los suburbios; Buenos Aires también tripli-
No terminan aquí los resortes de los nuevos conquista- ca entre 1898 y 1918, y llega al millón seiscientos mil; La Haba-
dores de la economía latinoamericana: sus intereses son re- na, Lima, Santiago, Bogotá, Montevideo, crecen muy rápida-
conocidos como propios por una potencia metropolitana o mente. Ahora bien, si sólo en muy contadas regiones (entre
aspirante a tal; de allí, en los casos extremos, abiertas inter- ellas la más significativa es el litoral rioplatense) existe un fuer-
venciones políticas, y en la vida cotidiana otras más directas, te consumo rural de productos importados, en todas partes la
que ya cesan de sorprender: desde la guerra del Pacífico -en expansión urbana implica una ampliación de esos consumos,
que inversores ingleses, franceses y norteamericanos intentan que es preciso pagar con exportaciones. Hacerlo es cada vez
hacer pesar el prestigio de sus naciones en favor de sus intere- menos fácil: la nueva estructura institucional del comercio y
ses- hasta episodios de alcance más limitado (por ejemplo, el las finanzas internacionales consolida una tendencia vincula-
celo nuevo con que agentes franceses, en el Río de la Plata si- da por otra parte con la incorporación creciente al mercado
guen los avances del consumo de alambre francés y buscan mundial de nuevas áreas productoras de materias primas; al
acelerarlos) nos muestran las consecuencias que tienen en las revés de lo que había ocurrido durante casi todo el siglo xix, los
áreas marginales la identificación entre los intereses políticos términos de intercambio se mueven en el siglo xx en sentido
de los países metropolitanos y los económicos del sector cada predominantemente desfavorable a los productos primarios;
vez más concentrado que dirige su expansión comercial y fi- el hecho de que ascienda al papel de primera potencia indus-
nanciera. trial Estados Unidos, que necesita mucho menos de mercados
extranjeros para colocar su producción, y está por lo tanto más
Hay todavía otra causa de fuerza para esos dominadores dispuesto a acudir al proteccionismo, contribuye también a
del orden neocolonial: si las innovaciones que éste directa- acelerar este deterioro. A él responden las economías latinoa-
mente introduce suelen crear islas económicamente mal sol- mericanas aumentando el ritmo de producción, y sólo en algu-
dadas con el conjunto de la nación, sus efectos indirectos al-
316 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL
5. MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 317

nos casos extremos intentando controlar el volumen de oferta: democratización pacífica de la vida política, acompañada del
el lado de lo ensayado en este sentido con el café brasileño sólo triunfo de partidos populares, en el resto de Latinoamérica
cabe alinear lo llevado a cabo en Chile sobre las mismas líneas vive sustancialmente encerrada en las alternativas de oligar-
para defender el precio internacional del salitre, y las veleida- quía y autoritarismo militar, sin que falten situaciones inter-
des de emprender un camino análogo que afinesde la década medias.
de 1920 afloraron en Cuba respecto del azúcar.
Si en el medio siglo anterior a la gran crisis de 1929 los México elabora en las últimas décadas del siglo xix el ejemplo
avances de la economía exportadora, a través de los del petró- más maduro de dictadura progresista que se conocerá en Lati-
leo, el banano o el caucho, se han extendido a zonas antes no noamérica. Heredero muy libre de la Reforma, Porfirio Díaz
afectadas por él, esta innovación no introduce cambios tan es, ante todo, el restaurador del orden deshecho en el campo
abarcadores en el paisaje humano y social del subcontinente por la herencia demasiado pesada de las guerras; es también el
como los que se han producido ya, y siguen produciéndose, «tirano honrado» que pone su poder al servicio de la causa del
en las áreas tocadas de más antiguo por la expansión de los progreso. Bajo su gobierno se tiende lo principal de la red fe-
cultivos de exportación y serán aún más insuficientes que rroviaria mexicana, se restaura la minería de la plata, se ex-
aquéllos para eliminar a una vasta zona campesina, agrícola y pande en el Yucatán árido el henequén y retorna a sus viejos
pastoril, mal integrada al mercado, aunque cada vez más so- rincones del declive del Anahuac hacia el Pacífico la prosperi-
metida a la presión expropiadora en beneficio de haciendas dad azucarera. Para el más talentoso de los ideólogos del régi-
no siempre mejor integradas a él. En México el avance de la men, Justo Sierra, el México de Díaz es el México mestizo, sín-
hacienda contribuye a suscitar una explosión revolucionaria tesis final del pasado indio y el español. Para el régimen
que no tiene par por su violencia y duración en el siglo xx lati- mismo, es cada vez más un México europeo, a la vez proyecto
noamericano; en las tierras andinas ese avance provoca en y ficción; en las grandes ocasiones las gentes de aspecto indí-
cambio alzamientos más localizados y tan violentos como efí- gena son alejadas por la policía de las calles centrales de la ca-
meros. Salvo en México, entonces, las tensiones sociales que pital: darían a los ilustres visitantes extranjeros una idea ten-
alcanzan intensidad bastante para afectar el conflicto político denciosa del país en que se hallan... Esta actitud no es, por
son sobre todo las de las ciudades de expansión y sólo excep- cierto, nueva (aunque lo es la fundamentación racista que
cionalmente las de algunas zonas particularmente afectadas suele justificarla); junto con ella avanza la reconciliación con
por el cambio económico, como las cuencas cerealeras argen- los apoyos sociales de la anterior hegemonía conservadora: el
tinas o los distritos mineros de Chile. Pero esa politización li- gobierno de Díaz, que es el de los terratenientes, comienza a
mitada a sólo una parte de las áreas modernizadas refleja a su ser cada vez más el amigo secreto de la Iglesia que ha luchado
modo el impacto de procesos que se hacen sentir también más tenazmente contra la Reforma. Pero su conservadurismo no
allá de los límites de éstas y cuyo rumbo gobierna en buena es sino la otra cara de su progresismo: el avance de los ferro-
medida el de esa politización en avance. carriles y cultivos va acompañado de otro más rápido, el de la
gran propiedad de viejos y nuevos terratenientes, que avanza
sobre tierras de comunidades indígenas y campos despobla-
La evolución política -se ha señalado ya- presenta en esta eta- dos y es beneficiaría principal del sometimiento del territorio
pa tres aspectos distintos: revolucionaria en México y marca- antes en manos de indios de guerra.
da en los países australes (Chile, Argentina, Uruguay) por la
5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 319
318 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL

Esos avances van acompañados de una afirmación sólo reclama el retorno de las tierras de las que los campesinos han
paulatina del autoritarismo político. Aun en 1880 Díaz había sido ilegalmente despojados. Se trata aún de una reivindica-
creído oportuno atenerse a su lema revolucionario de no re- ción muy limitada, ya que propone rectificar abusos antes que
elección y darse por cuatro años un sucesor dócil a su influjo. modificar las bases jurídicas del régimen de la tierra; es sufi-
Pero a partir de 1884 iba a mantenerse ininterrumpidamente ciente, sin embargo, para que confluya en el movimiento revo-
en la presidencia hasta 1911. Al mismo tiempo iba a formar lucionario de los campesinos ya alzados bajo la jefatura de
una máquina política cada vez más sólida; la necesidad de Emiliano Zapata en el estado de Morelos, contiguo a la capital,
contar con numerosos incondicionales llevó a un deterioro en cuyas ricas tierras azucareras la ofensiva de los hacendados
progresivo del personal político; hacia el final de su gobierno contra las tierras comunitarias ha sido llevada muy adelante.
Díaz llamaría a su Parlamento la caballada. El avance hacia la Pero la base principal de la revolución se encuentra en el
dictadura vitalicia fue lo bastante lento como para poder ven- Norte, que en décadas recientes ha crecido más que el resto de
cer paulatinamente las resistencias que encontraba, que no México, sin que su mayor peso económico y social le haya
fueron nunca demasiado amplias; Díaz prefiere, por otra par- dado un lugar menos marginal en la estructura de poder del
te, la generosidad al rigor para tratar con sus adversarios; si régimen porfirista, y donde grupos sociales muy variados
este método es costoso para el erario mexicano, no cabe duda (desde trabajadores en empresas mineras hasta agricultores y
de que es eficaz. ganaderos para el mercado norteamericano) sufren con par-
En 1910 el centenario del grito de Dolores es pretexto para ticular dureza las consecuencias del lazo demasiado estrecho
que el régimen ofrezca un postrer homenaje a sí mismo; toda- con la economía del poderoso vecino desde que la crisis de
vía entonces Díaz hace en Europa y Estados Unidos figura de 1907 pone fin a una larga etapa ascendente; allí el movimiento
gobernante ejemplar. Sin embargo, el problema de la sucesión tiene una base más amplia y heterogénea, cuyo temple revolu-
está ya abierto; en 1908 el propio Díaz parece recogerlo cuando cionario no ha de ser sometido a prueba demasiado dura en
en una célebre entrevista a un periodista estadounidense de- esta primera etapa gracias al derrumbe casi inmediato del ré-
clara que ha llegado la hora en que México vuelva a tener una gimen porfirista.
fuerza de oposición. Ésta surge demasiado rápidamente; en Éste abrió el camino a la presidencia de Madero, desde cu-
sus primeras etapas los grupos opositores buscan sobre todo el yos inicios se desencadenaron choques entre los distintos sec-
favor del gobernante que parece haberlos convocado. Francis- tores revolucionarios (ampliados ahora por el grueso de los
co Madero, un hacendado del Norte, cuenta entre lasfigurasa adherentes al viejo régimen). Para vencer la insurgencia de
las que el ambiguo llamado de Díaz ha sacado del silencio: as- Zapata en Morelos, Madero usó a un general del viejo ejérci-
pirante primero a acompañar como vicepresidente opositor al to, Huerta; con menos éxito lo empleó luego para oponerse a
inevitable don Porfirio, se transforma finalmente en su rival las tentativas restauradoras del general Félix Díaz, sobrino de
desafortunado (la máquina electoral demasiado perfecta don Porfirio; después de algunos días de aparatosa batalla en
montada en un treintenio de gobierno da a Díaz millones de el centro de la capital, Huerta y Félix Díaz hicieron público su
votos, y a su rival poco más de un centenar). Arrojado a la cár- acuerdo, inspirado por el ministro de Estados Unidos. Made-
cel y luego al destierro, Madero agrega a sus lemas electorales ro, apresado por sus supuestos defensores, fue asesinado.
de sufragio electivo y no reelección otros más novedosos: en el La reacción fue lenta en desencadenarse y sólo gradual-
plan de San Luis Potosí, que lanza la revolución maderista, se mente vino a hacer de la Revolución la ola de fondo que termi-
320 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL 5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 321

nó por sacudir a la sociedad mexicana con intensidad sólo ria División del Norte y la amenaza que a las puertas mismas
comparable a la de la desencadenada en 1810. En el Norte el de la capital significaba el irreductible foco zapatista de More-
estado de Sonora desconocía la usurpación de Huerta y mien- los. Luego de la victoria ni Villa ni Zapata estaban dispuestos a
tras en la vecina Chihuahua un afortunado jefe de bandas ma- aceptar la ambición de Carranza de dotar a su Jefatura Supre-
deristas, Pancho Villa, se perfilaba -gracias a su instintivo ta- ma de una gravitación que le había faltado hasta entonces; en
lento militar y a su experiencia de marginal- como el más noviembre lo expulsaban de la capital, forzándolo a refugiarse
temible de los adversarios del ejército regular que, tras sobre- en Veracruz, junto a la más importante fuente de ingresos fis-
vivir a la caída del Porfiriato, se había constituido en la única cales.
base real del poder de Huerta, desde Guadalupe Venustiano Fue el apoyo que los revolucionarios de Sonora, bajo el li-
Carranza, senador porfirista y gobernador maderista de Co- derazgo de Alvaro Obregón, siguieron otorgando a Carranza,
ahuila, lanzaba el plan de la Revolución Constitucionalista, el que le hizo posible reconquistar un poder supremo que ha-
cuya jefatura suprema (por largas etapas bastante nominal) bía estado tan cerca de perder definitivamente. Sin nada en su
ocupó con la aquiescencia de los caudillos que defendían su opaco pasado de figura de segunda fila en la élite sonorense
causa en el campo de lucha, y cuyos objetivos circunscribió a que permitiera anticiparlo, Obregón se iba a perfilar paulati-
la restauración del orden constitucional. namente como el caudillo capaz de rastrear en el caos san-
En ese conflicto un nuevo elemento fue introducido por el griento que era la Revolución el rumbo que permitiría llevarla
presidente Wilson, que miraba con reprobación al gobernante adelante: ya en Veracruz había obtenido de Carranza la inclu-
del que la diplomacia de su país había contribuido a dotar a Mé- sión de la reforma agraria y el derecho de huelga y sindicaliza-
xico. Se negó a reconocer el gobierno de Huerta; cuando éste se ción entre los objetivos del constitucionalismo. Si retomar el
mostró poco dispuesto a abandonar el campo en favor de una control de la capital no fue difícil (la ciudad había terminado
solución constitucional, Wilson buscó sin éxito apoyo a sus pla- por constituir una carga para Villa y Zapata, que no habían lo-
nes en la ascendente revolución constitucionalista; finalmente, grado ganar adhesiones en sector alguno de ella), menos fácil
a partir de algunos incidentes entre fuerzas huertistas y otras parecía revertir la situación militar en el centro-norte. Obre-
norteamericanas que guardaban el área petrolífera de Tampico, gón lo lograría gracias a la decisiva victoria que sobre Villa al-
dispuso a comienzos de 1914 la ocupación de Veracruz. La me- canzó en 1915 en Celaya, donde este general autodidacta supo
dida fue recibida con indignación por huertistas y constitucio- aplicar con resultados deslumbradores las lecciones de la gue-
nalistas, y de la impasse en que lo dejó la persistencia de Huerta rra mundial entonces en curso. Desde entonces las fuerzas de
en el poder, Wilson buscó salir gracias a la mediación conjunta Villa y Zapata entraban en menguante y el problema central
de Argentina, Brasil y Chile, que dio lugar a una morosa confe- pasaba a ser el de la institucionalización y consolidación del
rencia que desde Niágara Falls trató de imponer un gobierno nuevo orden, corporizado en la constitución de 1917, que re-
provisional a México. Mientras tanto la impopular ocupación tomaba el anticlericalismo de la de 1857 pero lo integraba con
de Veracruz privaba a Huerta de las rentas aduaneras; el 14 de motivos nuevos, como los recogidos en el artículo 27, que na-
julio de 1914 el presidente huía, y el 20 de agosto los constitucio- cionalizaba las riquezas del subsuelo y recogía la exigencia de
nalistas conquistaban la capital, para dividirse de inmediato. reforma agraria, y en el 123, que imponía al estado la protec-
ción de los trabajadores y reconocía la personalidad moral de
En las peripecias que habían llevado a la caída de Huerta
los sindicatos.
habían sido decisivas la acción de Pancho Villa y su legenda-
5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAI 323
322 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL

hacer su sector exportador para escapar a la penuria y el retor-


Esa definición del nuevo régimen como nacionalista y sen- no ineludible a las recetas económicas del porfirismo ponía lí-
sible a las reivindicaciones obreras y campesinas debía más a mites estrechos a cualquier transformación social, a la vez que
la inspiración de la izquierda constitucionalista, cercana a hacía necesario un entendimiento con la potencia que seguía
Obregón, que a la de los amigos del Jefe Supremo, que en 1920 siendo económica y políticamente dominante.
buscó sin éxito cerrarle la sucesión presidencial. Obregón Gracias a los esfuerzos de Obregón, proseguidos más inten-
sólo pudo alcanzarla gracias a un movimiento revolucionario samente por Calles, finalmente el régimen revolucionario lo-
en cuyo curso el Jefe Supremo pereció asesinado durante su gró establecer con los Estados Unidos relaciones más estre-
fuga de su capital. chas que las mantenidas por el de Díaz. El contencioso entre
Concluía asila revolución, en cuyo curso México había per- los vecinos desiguales fue en buena medida despejado en
dido un millón de habitantes y su economía había vivido diez 1927, cuando la Corte Suprema de México, al negar carácter
años en perpetuo marasmo. El desenlace aseguraba la hege- retroactivo al artículo 27 de la constitución, pareció eliminar
monía política de la Dinastía de Sonora, que había sobrevivi- la amenaza que en él habían reconocido las empresas extran-
do a sus rivales (Zapata había sido muerto a traición por los jeras de tierras y minas.
carrancistas en 1919; Villa, tras de hacer sus paces con Obre- Los enemigos del nuevo orden eran los tradicionales del li-
gón, lo sería en un oscuro episodio, en 1923) y ahora arbitraba beralismo mexicano; si el régimen no podía contar, contra la
entre un movimiento obrero que englobaba a una fracción hostilidad de la élite económico-social prerrevolucionaria,
muy reducida de los trabajadores industriales y mineros y es- con el apoyo de los sectores de clase media urbana que habían
taba, por otra parte, corroído por la corrupción, y un campe- formado en las filas liberales y que apreciaban poco a sus do-
sinado que, si en Morelos veía realizadas las reivindicaciones minadores llegados del Norte, que junto con su séquito de di-
del zapatismo, carecía del empuje necesario para proyectarlas rigentes políticos y sindicales se entregaban a una alegre y os-
a escala nacional y se revelaba un agente más dócil y pasivo de tentosa corrupción, tampoco debía temer mucho de los
los nuevos dueños del poder que la nueva fuerza sindical. primeros, ya amargamente convencidos de que su derrota era
Obregón y Calles -su sucesor desde 1924- mostraron esca- definitiva y dispuestos a establecer, a través de esa misma co-
so entusiasmo por difundir los ejidos, que restauraban las tie- rrupción, lazos cada vez más estrechos con sus vencedores.
rras de comunidad atacadas por la revolución liberal; prefirie- Mientras las ciudades quedaban así neutralizadas, las ten-
ron repartir a título individual una parte de las tierras de las siones eran más vivas fuera de ellas; aquí la minoría de agra-
haciendas (entre las perdidas por los hacendados prerrevolu- ristas (beneficiarios de la parcial reforma agraria), herederos
cionarios, que estaban lejos de ser todas, no pocas pasaron de las haciendas, heredaba también los conflictos entre éstas y
por otra parte a engrosar el patrimonio de los triunfadores y las vecinas comunidades, que confluían con el conflicto ideo-
sus allegados). Esa limitada reforma agraria, como el avance lógico, destinado a intensificarse cuando Calles se propuso
igualmente limitado de la sindicalización obrera, estaban des- llevar a sus últimas consecuencias el programa anticlerical
tinadas a dar al nuevo poder una base en el núcleo territorial que la Revolución había heredado de la Reforma y extendió a
de la nación, que había ganado por conquista; pero si ambas todo el territorio nacional la empresa de descristianización
se mantuvieron limitadas, ello no se debió tan sólo a las ambi- comenzada más espontáneamente en los estados del Sudeste.
güedades ideológicas y políticas de los nuevos dirigentes, sino En el arco noroccidental del Anahuac, desde el Bajío hasta Mi-
a que el México revolucionario necesitaba urgentemente re-
5. MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAI 325
324 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL

mundial y sus consecuencias iban a devolver una nueva ju-


choacán, la respuesta fue en 1926 la guerra de los Cristeros. La ventud a la revolución mexicana; pero ya antes de ella la pre-
rebelión pronto cobró sus víctimas entre agraristas y esos sencia de organizaciones políticas y sindicales (por escasa que
maestros elementales que la revolución había constituido en fuese su autonomía frente a un poder político que era sustan-
misioneros de su credo; la represión iba a cobrarlos aún más cialmente militar) reflejaba los cambios irreversibles que diez
numerosos entre rancheros y campesinos; el conflicto sólo años de guerra civil habían arrojado sobre México.
cesó cuando, gracias a la gestión del representante diplomá-
tico de Estados Unidos en México, un entendimiento entre La democratización de la base política se dio en el extremo
Calles y el Vaticano comprometió al primero a renunciar a su austral de Latinoamérica de modo menos violento. En Uru-
desaforada ambición de eliminar toda huella de catolicismo guay fue el desenlace de una compleja evolución interna den-
de la vida mexicana, aunque no a seguir aplicando con máxi- tro del partido colorado. La significación de los partidos ha-
mo rigor las leyes secularizadoras. bía parecido desdibujarse luego de 1851 en la búsqueda de
La sucesión de Calles pareció abrir para la revolución una una alianza de las fuerzas políticas de la oligarquía urbana que
trayectoria política cercana a la del Porfiriato: en 1928 el prin- las liberase de la tutela de los caudillos de base rural; se borró
cipio de no-reelección era derogado para hacer posible la de aún más durante el régimen militarista de Latorre y Santos; si
Obregón. El asesinato de éste iba a imponerle un rumbo dis- ambos se proclamaban colorados (y el primero era, en efecto,
tinto; para afrontar la crisis gravísima que él desencadenaba un veterano de la Defensa de Montevideo) eran sobre todo
en la dirigencia revolucionaria, Calles emprendió la desperso- personeros del ejército profesional. El retorno al gobierno ci-
nalización del orden político mediante la creación del Partido vil pareció marcar la vuelta al predominio del sector colorado
Nacional Revolucionario, que al englobar a todas las fuerzas de la oligarquía urbana; con ello la división de partidos volvió
políticas identificadas con el nuevo orden integraba en él a los a adquirir relevancia. Pero esta solución era necesariamente
caudillos militares y regionales a quienes esas fuerzas respon- endeble: Uruguay se había transformado desde 1873; Monte-
dían, que a su vez reconocían en Calles, j efe máximo del parti- video era afinesdel siglo xix una ciudad tres veces mayor que
do unificado, al primero entre ellos, mientras la jefatura del cuarenta años antes; la campiña había sido por otra parte so-
Estado era ocupada por figuras cada vez más desvaídas. metida a un orden férreo que favorecía a los terratenientes y
De este modo parecía consolidarse un régimen que tras de hacía posible una expansión económica muy rápida. La res-
diez años de luchay otros diez de ejercicio del poder revolucio- tauración civil se tradujo en la instauración de un difícil equi-
nario, en que no había cesado de agitar consignas radicales y librio con el partido blanco, representado por los últimos
socialistas, mientras una pléyade de pintores de deslumbrador grandes caudillos rurales: los gobiernos colorados solían pac-
talento ofrecía a las masas mexicanas y a las élites del mundo tar con la oposición la entrega de varias jefaturas políticas de
una imagen épica de la revolución y de la historia mexicana departamentos rurales a jefes blancos; Uruguay se aproxima-
que en ella venía a culminar, parecía por fin capaz de devolver ba así a una de esas escisiones que habían sido frecuentes en
a México una paz no demasiado distinta de la porfiriana. su pasado, y frente al gobierno de Montevideo comenzaba a
Veinte años de revolución parecían entonces desembocar erigirse un poder rival en la campaña.
en una restauración cada vez más dispuesta a decir su nom- De esa peligrosa pendiente el país fue sacado por la renova-
bre, en la que sólo la lucha antirreligiosa -agudizada nueva- ción del partido colorado, que fue obra de José Batlle y Ordo-
mente- mantenía vivas las tensiones del pasado. La crisis
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326 II. FL ORDEN NEOCOLONIAL

nez; este hijo del patriciado montevideano armó tenazmente legiado, que permitiera a la minoría blanca compartir desde
una máquina política de base popular, con raíces en Montevi- posición subordinada el poder. El proyecto fue recogido sólo
deo y los departamentos rurales que la expansión montevidea- a medias por la constituyente de 1916 (que daba al Consejo de
na había transformado en granjeros; sobre esa parte de Uru- Gobierno funciones de administración y reservaba las políti-
guay, en que se agolpaba más de la mitad de la población del cas y militares al presidente de la República). La constituyente
país, se asentó la nueva hegemonía colorada. Presidente en marcó la quiebra de la unidad colorada; los notables del par-
1903, Batlle libró la batalla decisiva contra la resistencia blan- tido, hostiles por igual al autoritarismo y al radicalismo de
ca en la última y más sangrienta de las guerras civiles; al mis- Batlle (que haría consagrar por la Constitución su anticlerica-
mo tiempo llevó adelante un plan de reformas por vía legisla- lismo creciente) crearon un grupo disidente. La división de la
tiva que transformó a Uruguay en un estado moderno; a la vez oposición blanca salvó, sin embargo, la hegemonía política
dio fuerte impulso a las obras públicas e introdujo una inter- del jefe colorado.
vención estatal en la economía que hizo la originalidad de la Pero las bases del Uruguay batllista, que había pasado en
experiencia uruguaya: monopolios de comercialización y se- quince años de la guerra de montonera y lanza al welfare state,
guros iban a surgir para completar una legislación aduanera eran frágiles. Lo eran en lo político: ese moderno partido de
sistemáticamente proteccionista; a partir de 1920 la construc- ideas y de masas que quería ser el batllismo se apoyaba sobre
ción de carreteras iba a intentar liberar al país del monopolio todo en lafigurade su creador; el vencedor de los caudillos era
del transporte por los ferrocarriles británicos. Todo esto lo él mismo un caudillo, y su prestigio era hasta tal punto perso-
realizarían los gobiernos colorados solicitando contra la in- nal que luego de su muerte el problema de la sucesión se plan-
fluencia inglesa el apoyo de Estados Unidos (en cuyo merca- teó como problema dinástico; aun en la década del cincuenta,
do financiero el Uruguay colorado iba a encontrar mayores la querella entre la branche ainéey la branche cadette (en la
facilidades para instalar sus empréstitos que en el de Londres). que se había refugiado el talento político heredado) iba a con-
Esas transformaciones dejaban de lado, deliberadamente, a tribuir a la inestabilidad política. La muerte de Batlle debía
la zona rural ganadera y latifundista, que proveía los saldos entonces afectar gravemente la solidez del sistema, que aun en
exportables gracias a los cuales la experiencia colorada era po- sus momentos más brillantes había vivido atravesando crisis
sible: mientras la democracia política arraigaba en el resto de casi permanentes. Por otra parte, el batllismo no tenía progra-
Uruguay y se proclamaba la necesidad de continuarla con la ma sino para tiempos de prosperidad; sólo reinando ésta era
democracia social (que iba a ganar impulso a partir de la se- posible financiar la modernización política del Uruguay mer-
gunda presidencia de Batlle en 1911, con un sistema de retiros cantil, granjero y burocrático utilizando las ganancias de las
y pensiones y la benevolencia oficial ante el avance del sindi- exportaciones y sin afectar no sólo la viabilidad económica de
calismo), en los departamentos ganaderos la política seguía la producción primaria sino todavía la prosperidad de las cla-
también ella marcada por la huella de la hegemonía de los se- ses terratenientes, a las que hubiese sido políticamente muy
ñores de la tierra. Uruguay seguía más escindido de lo que po- peligroso lanzar a la desesperación. La expansión de la prime-
día advertirse a primera vista, y Batlle buscó legitimar esa es- ra década del siglo, el largo verano de la guerra y la posguerra
cisión en la estructura política del país, y con ello mismo -cuyas posibilidades Uruguay supo utilizar mejor que la veci-
privarla de su peligrosidad: esa es acaso la justificación más na Argentina, más apegada a la hegemonía británica- fueron
auténtica de su tentativa de introducir un poder ejecutivo co- el clima económico en que floreció el Uruguay batllista, cuya
5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 329
328 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL

conquista financiera del país (trató por ejemplo de reservar la


confianza optimista en las posibilidades nacionales pasó a ser expansión ferroviaria para las líneas del Estado). Bien pronto
algo más que una fe política y se transformó en un rasgo de la debió abandonar esas reticencias: el capital local se volcaba en
conciencia nacional, tan distinta en este aspecto de la que a lo la especulación en tierras, más rendidora que cualquier otra;
largo del siglo xix se había atormentado ante el espectáculo de el Estado necesitaba fondos crecientes para financiar una es-
un país que no se decidía a reconciliarse consigo mismo. tructura que el progreso demográfico y económico hacía más
La crisis iba a traer un desengaño sólo paulatino, hasta ella, compleja, y que necesidades de patronazgo político recarga-
sin embargo, Uruguay ofreció el ejemplo más feliz de demo- ban aún más. Finalmente, el crédito extranjero debió finan-
cratización política y modernización social que se dio en esta ciar aún parte del coste normal de la administración; el suce-
etapa latinoamericana. Por comparación, las experiencias ar- sor de Roca, su cuñado Juárez Celman, siguió preservando ese
gentina y chilena parecen menos logradas. ritmo de alocada prosperidad, que era la única garantía de es-
tabilidad política; para ello debió sacrificar la estabilidad mo-
La marcha hacia la democratización fue en Argentina mucho netaria, lanzándose a una inflación del papel moneda me-
más rica en incidentes. En 1880 el general Roca logró armar diante la multiplicación de bancos emisores privados.
un régimen político en que se conjugaban los intereses de las
En esa década de cambio vertiginoso también Argentina
clases terratenientes del litoral, beneficiarías principales de la
encaro -más prudentemente que en otros países- la laiciza-
modernización económica, y los de los amos extranjeros del
comercio y el transporte; serían las clases altas de las zonas ción de la vida pública; para este aspecto de su programa, que
menos modernizadas del interior las que tomarían a su cargo dio al Estado el registro de nacimientos, casamientos y defun-
lo principal de la tarea política, encontrando así a menudo ciones, creó el matrimonio civil y limitó la influencia eclesiás-
una vía indirecta para compartir individualmente la prospe- tica en la escuela, Roca contó con el apoyo de sus grandes opo-
ridad que se expandía en otras zonas. Los sectores populares sitores -Mitre, Sarmiento- que, por su parte, habían aplicado
urbanos y rurales del litoral, socios menores del proceso, per- en el pasado políticas secularizadoras aún más cautas.
dían gravitación política en la medida en que en su composi- El reemplazo de la lucha política por la administración de
ción entraban en número creciente los extranjeros; los del in- las cosas, encarada con criterios técnicos, que constataba en
terior -totalmente excluidos de los beneficios del cambio- no 1886 el presidente Juárez Celman, se reveló una innovación
tenían aún ninguna tradición política independiente de los efímera. Los esfuerzos desesperados por postergar la crisis
sectores altos locales. económica no impidieron que ésta estallase en 1890; junto
En el decenio que comenzaba en 1880, la prosperidad ar- con ella se dio un despertar político de inesperada amplitud.
gentina creció rápidamente; el país cambió más en esos diez Fracasada una revolución cívico-militar, Juárez debió renun-
años que en toda su historia anterior. Ello fue posible gracias a ciar; su sucesor fue el vicepresidente Pellegrini, que unía a la
un aumento vertiginoso de la inmigración y de la inversión confianza de los financistas europeos la del ex presidente
extranjera; la primera era predominantemente italiana, la se- Roca (lanzado a la oposición solapada por las veleidades de
gunda británica. El Estado nacional debió competir en la Bol- independencia de su cuñado y sucesor). El frente revolucio-
sa de Londres con los provinciales, y bien pronto con los mu- nario se dividió frente a esta rectificación de la línea oficial; el
nicipios, lanzados a una onerosa carrera de progreso edificio. general Mitre se manifestó dispuesto a participar en una re-
Al comienzo, el régimen roquista buscó poner un límite a esa conciliación de los sectores dirigentes devueltos al sentido de
5 MADUREZ DFL ORDEN NEOCOLONIAI. 331
330 II. EL ORDEN NEOCOLONIAI

las huellas de un pasado que proclamaba oprobioso en el


la moralidad política y administrativa por la dura experiencia cuerpo de funcionarios; con ello, a la vez que entendía cum-
de 1890. Pero la agitación había dejado como herencia una plir un deber moral impostergable, consolidaba una máquina
movilización más amplia de la habitual y poco dispuesta a electoral que sólo se hizo invencible en el gobierno. En lo eco-
desaparecer espontáneamente. De la coalición política que nómico el radicalismo innovó poco, en lo social buscó supe-
había respaldado la revolución se separó la Unión Cívica Ra- rar el enfrentamiento heredado entre un régimen que se juz-
dical que, en ruptura total con el orden conservador, procla- gaba defensor del orden social amenazado y un movimiento
maba la necesidad de volver al imperio de la verdad constitu- sindical de raíz urbana (y a menudo extranjera) que, pese a su
cional y electoral. predominante moderación, era presentado como extremada-
Si el programa del radicalismo no tenía nada de revolucio- mente peligroso. Para ello alentó a los sectores más modera-
nario, la salida revolucionaria era la única que le quedaba dos del sindicalismo, y sobre todo a los que (por no estar
abierta; el régimen conservador, tras de desembarazarse en vinculados al minoritario partido socialista, fundado en 1896)
1892, gracias a la habilidad de Roca, del «candidato nacional» podían ser discretamente utilizados por la máquina electoral
a la presidencia que parecía ser Mitre, se mostró poco dis- del radicalismo. En el campo recogió, con las primeras leyes
puesto a arriesgar su supervivencia en confrontaciones elec- de arrendamiento, las muy moderadas exigencias de los
torales honradas. El radicalismo iba a ensayar inútilmente la arrendatarios de la zona del cereal, a cuya organización -la
revolución en 1893 y 1904, pero sus fracasos no le iban a qui- Federación Agraria Argentina- otorgó apoyo también discre-
tar vigor; su amenaza siempre presente gravitaba sobre el or- to pero decisivo. Igual discreción mostró para apoyar el mo-
den conservador, que a partir de 1904 se disgregaba al desva- vimiento de reforma universitaria, pese al vocabulario extre-
necerse la hegemonía del general Roca sobre esa laxa alianza mo que algunos de sus dirigentes empleaban: esperaba de él
de grupos provinciales que era el conservadurismo argentino. que pusiera fin al predominio que miembros de la aristocra-
En 1912 el nuevo presidente conservador, Roque Sáenz Peña, cia conservadora retenían en la Universidad.
creyó llegada la hora de hacer realidad el sufragio universal, A la vez que alentaba a las tendencias renovadoras modera-
sólo nominalmente practicado en Argentina hasta entonces. das (de cuyo avance esperaba una disminución de la gravita-
Con ello se abría al radicalismo el camino del poder: en 1916 ción de los sectores conservadores en la vida del país) el radi-
el jefe de un cuarto de siglo de conspiraciones radicales, Hipó- calismo combatió con energía a menudo brutal a las que,
lito Yrigoyen, llegaba a la presidencia de la república por muy directa o indirectamente, parecían significar una amenaza re-
ajustada mayoría. volucionaria para el orden social. En 1919 una intervención
Ese radicalismo triunfante se apoyaba en las clases medias del ejército fue la culminación de la Semana Trágica, en cuyo
urbanas del litoral y en muy amplios sectores populares den- comienzo algunos jefes sindicalistas y sobre todo muchos de
tro de las ciudades; en casi toda la clase media rural de la zona sus adversarios habían creído posible la instalación del poder
del cereal, en una parte sustancial de los hacendados menores soviético en Buenos Aires; a ello siguió una represión que cau-
en la zona ganadera; en grupos marginales dentro de las clases só centenares de víctimas obreras y contó con la colaboración
altas del interior. Con esos apoyos se comprende que no pu- voluntaria de organizaciones de orientación conservadora;
diese practicar una política ni muy innovadora ni muy cohe- aún más innecesariamente salvaje fue la represión de la huel-
rente. A partir de 1916 Yrigoyen consagraría su capacidad ad- ga de peones rurales patagónicos en 1921.
ministrativa -que iba a revelarse limitada- a la eliminación de
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333
332 II. EL ORDEN NEOCOLONIAI

1913). Al año siguiente la crisis mundial comenzaría a devastar


Esa combinación de halago y rigor es menos incoherente de las estructuras de una Argentina demasiado abierta a los vien-
lo que los adversarios del radicalismo querían suponer; la clave tos del mundo. El radicalismo no había modificado un sistema
de su coherencia no había de encontrarse, sin embargo, en las impositivo que, para no golpear a los intereses terratenientes,
tomas de posición doctrinarias de los dirigentes, que se rehu- castigaba sobre todo las importaciones; la crisis comercial que
saban a admitir la existencia misma de problemas sociales; las redujo drásticamente trajo la indigencia del Estado (junto
para Yrigoyen la política se agotaba en sí misma; estrictamente con la desaparición del respaldo áureo para la moneda). Mien-
político era ese austero ideal de regeneración a cuyo servicio el tras la economía y lasfinanzasdel país se derrumbaban, Yrigo-
jefe radical ponía un arte maniobrero capaz de convivir con su yen preparaba la última de sus hazañas políticas: la conquista
elevada (si bien algo vacía) conciencia moral. Como el batllis- del Senado, que durante toda la etapa radical había sido forta-
mo, el radicalismo era difícilmente separable de ese jefe, un ex- leza conservadora. Esta suprema victoria nunca sería alcanza-
traño y admirable jefe político que sin haber hablado casi ja- da; las elecciones de comienzos de 1930 revelaban una fuerte
más en público logró gozar de una popularidad incomparable pérdida de popularidad del radicalismo yrigoyenista; en sep-
en Argentina tanto por su amplitud como por su hondura. tiembre de ese año un golpe militar ponía fin al gobierno de
La Constitución impedía a Yrigoyen mantenerse en la pre- Yrigoyen; junto con él parecía condenada la experiencia de-
sidencia luego de 1922; para sucederle eligió a Marcelo Tor- mocrática que Argentina había comenzado en 1912.
cuato de Alvear, un aristócrata que había sido ornato de París Surgido de un país de más complejo equilibrio entre lo vie-
durante la agonía de la belle époque y que Yrigoyen juzgaba jo y lo nuevo, el radicalismo se mostró menos innovador que
demasiado frivolo e insignificante para disputarle la jefatura el batllismo uruguayo; las grandes líneas del orden dado al
real del partido y del gobierno. Pero si el nuevo presidente no país por los conservadores fueron mejor respetadas; la pros-
logró socavar el predominio de su predecesor sobre la máqui- peridad -que en la etapa radical fue muy grande- no era sino
na partidaria, su estilo de gobierno neoconservador lo apartó la del último tramo de un proceso ascendente cuyo impulso
del jefe de su partido; en 1924 una escisión daba lugar a una venía de atrás, y la perplejidad frente al propio país que en la
larga prueba de fuerza, cuyo desenlace fue la elección presi- década del veinte domina en Buenos Aires, mientras Monte-
dencial de 1928. Contra el sector radical antipersonalista video celebra el éxito de una fórmula político-social que se ha
(apoyado por el presidente Alvear y los grupos conservado- encarnado en una empresa nacional, muestra muy bien las
res) Yrigoyen logró hacerse reelegir por una mayoría sin pre- consecuencias de esa diferencia. A pesar de ella, aquí como en
cedentes en el país; ese «plebiscito» en favor de un partido que Uruguay, el movimiento popular se revela muy ligado por
sólo conservaba tras de su anciano jefe a dirigentes de relativo una parte a un caudillo (y en este sentido la decadencia de Yri-
prestigio significaba el advenimiento de un radicalismo des- goyen resultó más inmediatamente catastrófica que la muerte
pojado de buena parte de los contactos con las clases altas y de Batlle) y por otra a la prosperidad económica, indispensa-
medias superiores que había sabido conservar en 1916 y 1922; ble para llevar adelante sin tormentas una moderada redistri-
significaba también el rompimiento del radicalismo con casi bución de los ingresos.
todo el personal político activo del país.
Era una situación peligrosa, aun en ese año de 1928 que mar- En Chile, ni aun en etapa de prosperidad pudo darse una am-
có el punto más alto de la prosperidad argentina, con exporta- pliación de la base política sin tormenta. La afirmación liberal
ciones de doscientos millones de esterlinas oro (dos veces las de
5. MADUREZ DEL ORDEN NEOCOI ONIAL 335
334 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL

dos sangrientas batallas tomaban Santiago, donde Balmaceda


había sido en 1871 el reflejo en el equilibrio político de la com-
se suicidaba. Esta peripecia ponía fin al avance del poder presi-
plejidad nueva que alcanzaban los sectores dirigentes chile-
dencial en Chile. ¿También frustraba una tentativa de la bur-
nos gracias al auge minero y comercial. La guerra del Pacífico
guesía nacional chilena para tomar el poder? Así se ha sugerido
iba a confirmar y acentuar las transformaciones que habían
recientemente; pero esta hipótesis no parece demasiado plau-
llevado al triunfo liberal; en el intercambio internacional Chi-
sible: en la política de Balmaceda sólo algunas iniciativas aisla-
le era cada vez menos el país del trigo y los cueros; pasaba a ser
das parecen adecuarse a los intereses de esa burguesía nacio-
cada vez más el del salitre y luego el del cobre. Y a la vez era el
nal; por añadidura, el desarrollo mismo de la crisis no permite
protagonista de una victoria militar que cambiaba en su favor
descubrir en ningún momento de ella la presencia de ese sec-
todo el equilibrio sudamericano: ese éxito daba al liberalismo
tor-clave, cuya existencia misma es sólo postulada y no de-
un arraigo aún mayor. Bajo signo liberal el presidente Santa
mostrada. Tampoco la trayectoria posterior del grupo político
María, entre 1881 y 1886, obtuvo para Chile los máximos pro-
adicto a Balmaceda -que se adaptó muy bien al sistema parla-
vechos territoriales sobre Perú y Bolivia, comenzó una políti-
mentario y se caracterizó tan sólo por su extremo oportunis-
ca de ampliación de las funciones del Estado y de obras públi-
mo hace adivinar tras de él la presencia de un sector social im-
cas (posible gracias a la abundancia traída al fisco por las
portante, postergado por la solución dominante en Chile.
rentas del salitre), llevó adelante la laicización de cementerios
y estableció el Registro Civil. La sucesión de Santa María pro- En todo caso el parlamentarismo, que provocó la fragmen-
vocó la quiebra de la unidad liberal; si los tres partidos -libe- tación progresiva de los partidos chilenos, fue acompañado
ral, radical, nacional- que formaban a la izquierda del conser- de un inmovilismo político sólo quebrado frente a las agita-
vadurismo aceptaron el candidato presidencial Balmaceda, ciones sociales, reprimidas violentamente en Santiago y Val-
ministro y favorito de Santa María, dentro de cada uno de paraíso y aun más duramente en el norte minero y salitrero.
ellos las disidencias se multiplicaron. La victoria de Balmace- Las consecuencias de la paulatina ampliación del sufragio no
da fue asegurada gracias a los vastos recursos que la prosperi- eran ya limitadas primordialmente por la acción del Gobier-
dad chilena concedía al gobierno; el nuevo presidente prosi- no, sino por la de una corrupción electoral que requería mo-
guió la obra innovadora de su predecesor pero para poder vilizar sumas demasiado grandes para que fuera posible hacer
continuarla debió recurrir al crédito extranjero de modo cada política sin contar con mucho dinero. Como en la Inglaterra
vez más frecuente. En 1890 llegaba a Chile la crisis y con ella la anterior a 1832, los partidos buscaban ante todo candidatos
reacción contra la afirmación del poder presidencial que ha- capaces de financiar su victoria.
bía sido posible gracias a la prosperidad de la década anterior. Dos coaliciones inseguras dominaban la política chilena: la
La mayoría liberal se dividió en el parlamento en torno al pro- Unión Liberal y la Alianza Liberal-Conservadora. En 1920,
blema de la sucesión de Balmaceda; éste intentó gobernar sin con motivo de la renovación presidencial, en un clima social
contar ya con ella y al comenzar 1891 promulgó por decreto el más agitado, la oposición entre ambas se cargó de un conteni-
presupuesto nacional que el Congreso se negaba a aprobar. do más preciso. A la unión conservadora se oponía la candi-
Era la guerra civil: la mayoría parlamentaria, con apoyo de datura del liberal Arturo Alessandri. Defensor de dirigentes
la marina y una parte del ejército, se hizo fuerte en el Norte y obreros del norte salitrero, Alessandri supo presentarse como
pasó a controlar así la fuente de las exportaciones chilenas; a el candidato de la renovación y de las clases populares; en al-
mediados del año sus fuerzas invadían el Chile central y tras gún momento iba a denunciar a la «chusma dorada» que go-
336 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL 5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 337

bernaba a Chile e invitar a sus seguidores a atacar sus suntuo- El gobierno de Ibáñez se caracterizó por una actividad fe-
sas residencias. La victoria de Alessandri fue ajustada, pero bril: obras públicas (carreteras y puertos, edificios escolares,
tuvo consecuencias decisivas. El movimiento obrero creció; reforma escolar y de la sanidad); al mismo tiempo se transfor-
mientras un sector, de extracción sindicalista, organizaba el mó progresivamente en una dictadura legalizada gracias al
Partido Comunista, la clase obrera en su conjunto otorgaba apoyo del amedrentado Parlamento. Esa dictadura progresis-
adhesión al nuevo presidente. Éste encontró frente a sí la re- ta (y no necesariamente hostil a las aspiraciones de los secto-
sistencia parlamentaria, mal equilibrada por la minoría que le res populares) se apoyaba en la prosperidad de los años 1925-
era adicta, formada ella también en la escuela de un parlamen- 29; a lo largo de ellos acudió sistemáticamente al crédito, en
tarismo poco amigo de la disciplina. El conflicto entre los po- especial el norteamericano, para financiar sus ambiciosos
deres transformó la elección de renovación parlamentaria de programas. La depresión la transformó en un régimen más
1924 en un plebiscito, que el presidente ganó holgadamente duro y represivo, a la vez que la privaba del apoyo popular; a
(no sin volcar en su favor los recursos del Estado). La mayoría mediados de 1931, tras de unos días agitados en Santiago, el
favorable no se mostró, sin embargo, más eficaz. Ante el ma- presidente Ibáñez cruzaba la frontera hacia el destierro. Deja-
rasmo legislativo, el 8 de septiembre Alessandri debía alejarse ba tras de sí un país arruinado -por él, según sus adversarios;
del país y dejar el poder a una Junta militar; ésta pareció sobre todo por una crisis que golpeaba los mercados extran-
orientarse hacia una salida favorable a la Alianza conservado- jeros y privaba a la moneda chilena de casi todo su valor (el
ra; por esta razón fue barrida por otro sector militar, que de- peso chileno parecía, en efecto, encontrarse en caída libre).
volvió el poder a Alessandri e impulsó la reforma constitucio- En Chile, entre las minorías tradicionalmente gobernantes
nal. La Constitución de 1925 separaba la Iglesia del Estado, y las aspiraciones modernizadoras, el ejército había ocupado
establecía el régimen presidencialista e incluía principios juz- la escena como arbitro más capaz de interpretar a estas últi-
gados socialistas por algunos (función social de la propiedad, mas que los sectores de la clase política tradicional que se pro-
protección al trabajador y a la salud popular). Resultado de la clamaban innovadores y populares. Pero las soluciones que
revolución de enero que devolvió a Alessandri a la presiden- aportaba no estaban menos ligadas a la prosperidad que las de
cia fue también la afirmación como arbitro entre los poderes los partidos civiles de más allá de los Andes; el militarismo
del Estado del ejército, que trataba ahora de imprimir un rit- progresista chileno, víctima también él del fin de los años bue-
mo acelerado al proceso renovador. Jefe de la tendencia mili- nos, fue tan gravemente afectado por la crisis como aquéllos.
tar que había dominado en enero era el coronel Ibáñez, candi-
dato a la sucesión presidencial a la vez que ministro de Guerra En el resto de Hispanoamérica las tendencias a la ampliación de
de Alessandri. La renuncia del restaurado presidente, algo fa- la participación política se hicieron sentir de modo aún más sal-
tigado de soportar la tutela de su dinámico ministro, obligó a tuario, y con consecuencias más limitadas. En los países andi-
éste a renunciar por el momento a sus ambiciones presiden- nos del Pacífico -Perú y Ecuador- hallamos desarrollos tras de
ciales; en su lugar era elegido como candidato único Emiliano los cuales gravita la división no superada entre su sector mo-
Figueroa Larraín, político moderadísimo; a su lado seguiría derno y la masa rural indígena mal incorporada a la nación.
gravitando como ministro de Guerra el coronel Ibáñez, que
en 1927, tras de la renuncia de Figueroa, era por fin ungido
En Perú la herencia de la guerra de 1879-83 fue el resurgi-
presidente en una elección en que fue candidato único.
miento del caudillismo militar, al cual se opuso el civil de Ni-
338 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL 5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 339

colas de Piérola; al adversario del civilismo, el discutido mo- Los gobiernos que sucedieron al de Piérola continuaron su
ralizador de lasfinanzasque estableció el nexo entre la econo- orientación; en la ola de progreso desigualmente distribuido
mía peruana y la casa mercantil de Dreyfus, se transformó du- las consecuencias de la movilización popular que significó la
rante la guerra en uno de los jefes de la resistencia contra el guerra civil de 1895 fueron atenuándose progresivamente; de
avance chileno; aunque esa resistencia se reveló fútil bastó ellas sólo sobrevivió la popularidad plebeya de Piérola en la
para hacer de Piérola un caudillo popular capaz de resurgir capital (el califa de los verdaderos creyentes, según lo caracte-
con acrecido prestigio en la posguerra. rizaban quienes no compartían su algo nebuloso credo) y la
Como tal capitaneó en 1895 la revolución contra el predo- tensión entre este singular caudillo civil y urbano y los secto-
minio militar (que buscaba consolidarse conservando en la res oligárquicos cuya política hacía. Pero todo esto importaba
presidencia al general Cáceres); una guerra civil extendida y cada vez menos mientras Perú se orientaba hacia la dictadura
sangrienta le dio el poder. Obtenido éste, y apoyado en una progresista, que culminó en el gobierno de Augusto B. Leguía;
popularidad muy vasta entre las clases populares de Lima, durante once años, entre 1919 y 1930, el antiguo presidente
Piérola se mostró cada vez menos el adversario y cada vez más constitucional y experto ministro de Hacienda se transformó
el continuador de los civilistas; en particular la reforma mo- en líder de la Patria Nueva, y en titular de una dictadura cada
netaria, que introdujo en Perú el patrón oro, si dio más regu- vez más severa, mientras el alud de inversiones y préstamos
laridad a la vida económica, significó también acrecida penu- norteamericanos aceleraba el proceso de expansión de la eco-
ria para los sectores populares. La acción de Piérola se tradujo nomía y las obras públicas hasta darle un ritmo frenético.
también en una reforma de la estructura impositiva; la recau- La dictadura de Leguía debía hallar resistencias en sectores
dación quedó ahora a cargo de una sociedad mixta (ya los go- de la oligarquía limeña, cuyo poderío político mediatizaba y
biernos militares que siguieron a la derrota habían entregado cuyas rivalidades internas explotaba para mejor someterla,
ferrocarriles, minas, puertos y guaneras a los acreedores ex- distribuyendo arbitrariamente las ventajas económicas que
tranjeros de Perú, librándose de ese modo expeditivo de la en Perú, y no sólo en Perú, derivan del favor político. Pero
deuda externa). Piérola comenzó a erigir una estructura ad- esas resistencias no impidieron que en lo esencial la política
ministrativa adecuada para el Perú en reconstrucción econó- económico-financiera de la Patria Nueva fuese muy escasa-
mica; la expansión agrícola en la costa y la de la minería y la mente nueva; aun en la búsqueda de apoyos políticos popula-
ganadería serrana permitieron el retorno a la prosperidad del res el régimen se detenía, por otra parte, en la plebe de Lima.
país mutilado por la derrota; esa prosperidad se distribuía se- Aunque Leguía había advertido muy bien la gravitación po-
gún líneas comparables a las de la preguerra: en primer térmi- tencial de la sierra india y buscado canalizarla en su provecho
no la gozaban las clases altas de Lima; luego, los terratenientes (con iniciativas aparatosas como la adopción por el presiden-
de la costa y los sectores medios y populares urbanos; por últi- te del título de Viracocha, pero también con otras más sustan-
mo (en medida muy escasa), los sectores populares rurales ciales, que reflejaban en influjo fugaz de algunos ideólogos del
que participaban en la expansión costera. La vasta población indigenismo en las primeras etapas de su administración, en-
indígena serrana permanecía, en cambio, al margen del pro- tre ellos el reconocimiento legal de las comunidades, que tuvo
ceso; su única participación en él se daba a través de la inci- por consecuencia sólo aparentemente paradójica una intensi-
piente emigración a la costa, en parte para proporcionar ficación de la dependencia india, al establecer lazos más estre-
mano de obra a la agricultura de regadío en expansión. chos -y necesariamente desiguales- entre la burocracia cen-
340 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL 5 MADUREZ DEL ORDFN NFOCOLONIAL 341

tral y comunidades que habían sobrevivido pese a la ausencia go de 1895 sólo fugazmente había reaparecido en él; en 1930
de ese reconocimiento) la más importante de esas iniciativas el coronel Sánchez Cerro, tenaz organizador de conspiracio-
-la conscripción vial, que comenzaba a incorporar a la sierra a nes militares contra la Patria Nueva, la derriba finalmente sin
la red de caminos que marcaba el ingreso de Perú en la era del encontrar casi resistencia.
automotor, pero recurría para lograrlo al trabajo forzado de
sus habitantes- estuvo lejos de conquistarle el agradecimiento En el origen de Ecuador moderno hay también una guerra ci-
de éstos. vil: la del caudillo liberal Eloy Alfaro contra la hegemonía
Desde que, en 1923, el gobierno de Leguía tomó un rumbo conservadora de las grandes familias terratenientes de Quito.
más decididamente conservador vio sumarse a sus enemigos Contra ellas contaba Alfaro con el apoyo de Guayaquil y la
de las filas oligárquicas los de sectores antes menos articula- costa, de donde salía el cacao que seguía siendo, como un si-
dos, que encontraban su punta de lanza en el movimiento es- glo antes, el principal aporte ecuatoriano al comercio mun-
tudiantil y tuvieron ocasión de manifestarse en la resistencia dial. Vencedor en 1895, Alfaro impulsó las constituciones de
despertada por la iniciativa del presidente que consagraba al 1895 y 1908, que marcaron la transformación progresiva de
país al Sagrado Corazón de Jesús, en la que alcanzó por pri- Ecuador en un estado laico; prosiguió la obra del ferrocarril
mera vez celebridad nacional Víctor Raúl Haya de la Torre, de Quito a Guayaquil, cuya inauguración en 1908 anunciaba,
dirigente estudiantil que ya se había distinguido en el apoyo al ajuicio del gobierno liberal, el nacimiento de un nuevo Ecua-
movimiento obrero limeño de 1919. dor mejor unido al mundo exterior. Ese anuncio era en parte
Esa celebridad fue el motivo de su destierro, desde el cual, ilusorio; el problema de las comunicaciones no era, sin duda,
si logró mantener contactos con el futuro elenco dirigente del el único que pesaba sobre la economía serrana, que tenía, por
partido de masas que organizaría a su retorno a Perú, no el momento, muy poco que ofrecer al mercado externo; tam-
pudo extender sus esfuerzos organizadores a sectores más poco en los aspectos sociales el predominio liberal introdujo
amplios. Era la organización y la acción de éstos lo que Le- allí innovaciones sustanciales; el resultado fue que la aristo-
guía buscaba sobre todo evitar; desde 1923 reprimió con cracia terrateniente, hostil al dominio liberal, seguía allí do-
mano dura la acción sindical en las ciudades y más aún en las minando. Por su parte, el liberalismo se dividió bien pronto,
plantaciones de la costa, y frente a José Carlos Mariátegui, el entre el impaciente autoritarismo y el tono popular de Alfaro
incomparable agitador político y cultural, su tolerancia -ina- y el estilo más circunspecto de los notables del partido. El re-
gotable frente a sus audacias ideológicas- cesó súbitamente torno del caudillo a la presidencia no se dio sin tormentas y,
cuando lo descubrió interesado en la reactivación del movi- abandonada ésta, terminaría su carrera linchado por la multi-
miento sindical limeño. tud mestiza de Quito, nunca ganada del todo por un liberalis-
Esa alarma era quizá excesiva; mientras duró la prosperi- mo identificado con el triunfo de la costa.
dad la Patria Nueva no tenía mucho que temer de sus enemi- Pese al recuerdo de Alfaro, transformado en bandera del li-
gos: gracias a esa prosperidad le era posible sobrevivir entre beralismo (las casas liberales de clase media comenzaron a co-
una oligarquía aún más poderosa que en los países australes y locar el busto de yeso del gran caudillo allí donde antes se ha-
sectores populares más débiles y sobre todo más heterogé- bían entronizado imágenes devotas), luego de su muerte su
neos que en éstos. El fin de la bonanza, que fue también el del partido se transformó cada vez más en expresión de la oligar-
poder de Leguía, devolvió a primer plano al ejército, que lue- quía costeña, ahora ampliada con algunos profesionales de
342 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL => MADURE7 DFI ORDFN NFOCOI ONIAL 343

clase alta vinculados con el comercio internacional (que co- de Cuba, mantiene su tutela e intenta evitar el triunfo de los li-
menzaban ya a reclutarse también en la aristocracia serrana). berales, a los que teme por igual por sus virtudes como por sus
Esa trayectoria era acaso inevitable dada la pasividad del defectos. La Constitución de 1900, surgida de una asamblea
Ecuador indígena, que sólo salía de su apatía para apoyar oca- dominada por los liberales, incluye, contra los deseos de la
sionalmente a la resistencia conservadora; en 1927 el predo- potencia protectora, el sufragio universal; incluye también,
minio del liberalismo, cada vez más fragmentado, fue quebra- por presión de esa potencia, garantías para la representación
do por un golpe militar que puso en el poder al doctor de las minorías en el Parlamento, que serán burladas median-
Eusebio Ayora; su dictadura, seguida con expectante simpa- te la invención de partidos opositores títeres, en la cual los
tía por sectores muy amplios, se lanzó a una renovación verti- sucesivos gobernantes cubanos mostrarán una infatigable
ginosa de la estructura financiera y administrativa del Estado; maestría.
esa modernización indispensable fue encarada con energía, Pero, finalmente, Estados Unidos logra algo más sustan-
pero también con extrema volubilidad en cuanto a la elección cial: el primer presidente cubano, Tomás Estrada Palma, libe-
de las soluciones, y bien pronto pudo advertirse que su efica- ral moderado, es elegido bajo su auspicio por una coalición de
cia era limitada. Fue, con todo, la crisis de 1930 la que también liberales y conservadores y se inclina cada vez más a estos últi-
aquí marcó un agravamiento de las tensiones sociales y políti- mos, mientras los primeros se vuelven en busca de protección
cas, que puso fin a la experiencia comenzada tres años antes. a Estados Unidos, que por la enmienda Platt (incorporada
bajo presión de la potencia beneficiaría a la Constitución cu-
En el resto de Latinoamérica seguía dándose, de modo más bana) tiene derecho a intervenir en Cuba para asegurar la
puro, la alternativa entre predominio oligárquico y hegemo- vida, propiedad y libertad individual. En 1906 Estados Uni-
nía militar. Notemos, sin embargo, la excepción constituida dos, llamado por los liberales, coloca a Cuba bajo administra-
por Costa Rica, donde la continuidad institucional sólo fue ción militar; en 1908, con una nueva ley electoral, que los ocu-
quebrada en la segunda década del siglo por una tentativa dic- pantes proclaman candorosamente fraud-proof, triunfa el
tatorial cuyo desenlace fue la marginación del ejército; allí el liberalismo, para dividirse en 1912 y dejar el poder al conser-
gobierno seguía en manos de la clase media rural del valle cen- vador García Menocal, que logra la reelección en 1916, contra
tral, vinculada al cultivo del café. Y otra excepción de más bul- un alzamiento liberal, contemplado esta vez con indiferencia
to, la de Cuba, donde el tardío acceso a la independencia creó por Estados Unidos, con cuya política internacional Menocal
situaciones que, comenzando por ser excepcionales, se fueron se ha apresurado a alinearse. La segunda presidencia de Me-
acercando cada vez más al cuadro latinoamericano. nocal estuvo acompañada de una enloquecida prosperidad
Cuba comienza su vida política independiente dotada de azucarera, causada por los altos precios de guerra; la clase po-
un esquema de organización partidaria totalmente ortodoxo: lítica cubana participó con entusiasmo en la danza de los mi-
un partido liberal se opone también allí a uno conservador. llones, abandonando sus últimas reticencias frente al avance
De hecho, las cosas son más complejas: en las filas liberales se de la corrupción. El anticlímax vino en 1920, con una crisis de
agolpan casi todos los que han hecho la guerra de Indepen- precios que repercutió en el conjunto de la vida cubana y que
dencia; el conservador es un partido de intereses en que abun- debió enfrentar el presidente Zayas, liberal disidente, impues-
dan quienes han sido hasta el fin partidarios del dominio es- to por Menocal contra la resistencia de sus antiguos correli-
pañol. Y además Estados Unidos, libertador y conquistador gionarios. Zayas buscó asesoramiento para salir de la crisis en
344 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL 1 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 345

el Gobierno de Estados Unidos, que envió en misión de con- En 1927, en un estudio destinado a hacerse célebre, Azúcar y
sejero al general Crowder; el resultado fue un nuevo avance en población en las Antillas, Ramiro Guerra y Sánchez profetiza-
la conquista de la tierra azucarera de Cuba por parte de las ba para Cuba un futuro comparable al de las West Indies; co-
compañías norteamericanas y un nuevo crédito de la banca lonia de plantación de una metrópoli que producía ella misma
Morgan para el Estado cubano. el azúcar que era la única riqueza cubana, un futuro de miseria
En 1924 logró ser elegido presidente el general Gerardo creciente parecía ser la prolongación verosímil de los desarro-
Machado, candidato liberal primero combatido y luego apo- llos que ya se estaban viviendo en la gran isla antillana.
yado por Zayas. Ese antiguo gerente de la sucursal habanera Las consecuencias políticas de la afirmación de la hegemo-
de la General Electric Company pudo aprovechar el retorno nía norteamericana se hacían sentir simultáneamente en un
de la prosperidad financiera internacional (mientras la eco- marco más amplio. En primer lugar, en Puerto Rico, trans-
nomía cubana seguía golpeada por los bajos precios del azú- formada por la paz de París en posesión de Estados Unidos, y
car). Si la corrupción se mantuvo, fue acompañada (como no arrasada en su economía por el impacto de la nueva metrópo-
lo había sido en época de Zayas) de la ejecución de un ambi- li, que significó el triunfo del azúcar sobre el café, transforma-
cioso plan de obras públicas, que incluía la carretera central da en su estructura demográfica por una explosión provocada
de Cuba y muy numerosas obras de sanidad. En 1928 Macha- en parte por las enérgicas campañas sanitarias de la adminis-
do lograba postergar la elección presidencial hasta 1930, tración norteamericana, sometida a una política educativa y
mientras la crisis del precio del azúcar se agudizaba, al triun- cultural que combatía el analfabetismo creando un aparato
far en Estados Unidos un proteccionismo cada vez más cerra- enseñante que usaba como lengua propia el inglés.
do. Las tentativas de disminuir las ventas creando un ente pú- Frente a esta situación colonial las respuestas abarcaron
blico destinado a comprar y almacenar azúcar no lograron desde el estadismo (partidario de la incorporación de Puerto
cambiar sustancialmente la situación. Desde 1928, por otra Rico a Estados Unidos) pasando por el autonomismo hasta el
parte, la resistencia contra el gobierno de Machado, transfor- independentismo. Pero por el momento esos movimientos
mado en dictadura abierta, se hizo más violenta: en particular conmovían tan sólo a sectores de clase alta y media urbana,
los estudiantes universitarios se lanzaron a una agitación a que por otra parte dependían en muy alta medida de la metró-
menudo terrorista, que no pudo ser sofocada pese a la brutali- poli (que enfrentó, por su parte, las disidencias con medidas
dad de los medios elegidos para ello. En 1933 un nuevo go- represivas); la eficacia de estos movimientos fue entonces
bierno de Estados Unidos, el de F. Delano Roosevelt, buscó muy restringida; más exitosa fue, en cambio, la resistencia
poner fin a la crisis permanente en que había desembocado el contra las pautas culturales del país dominante; pese a las
régimen de Machado; a mediados de año una revolución mili- transformaciones impuestas al modo de vida portorriqueño
tar expulsaba al dictador, y ponía fin no sólo a un gobierno desde 1898, Puerto Rico seguiría siendo un país hispánico.
sino a una etapa en la historia de Cuba.
Ya en 1933, en efecto, la vinculación entre las insuficiencias Mientras Cuba y Puerto Rico son sometidos a la tutela directa
de la vida política cubana y la dependencia de Cuba respecto de Estados Unidos, el resto del Caribe y Centroamérica conti-
de su metrópoli, era universalmente advertida; las consecuen- nental comienzan a vivir más plenamente las consecuencias
cias negativas que derivaban de la dependencia total de la eco- políticas de la hegemonía económica y militar norteamerica-
nomía cubana respecto a la estadounidense también lo eran. na. En particular Nicaragua y Santo Domingo pudieron sen-
II. EL ORDEN NEOCOLONIAL •> MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 347
346

tirlas. En Nicaragua el interés de Estados Unidos se vinculaba bierno por ellos instalado. Como no lograran vencer la resis-
con la posibilidad de abrir allí un canal alternativo al de Pana- tencia de éste, lo reemplazaron por una administración mili-
má; en 1907 contribuyeron a expulsar al dictador liberal Zela- tar directa, concluida en 1922. También aquí la herencia de la
ya y desde 1912 una guardia de la legación norteamericana, ocupación fue la creación de una guardia nacional más pode-
constituida por infantes de marina, sirvió de apoyo al predo- rosa y mejor organizada de lo que había sido habitual en
minio del partido conservador nicaragüense, que en 1916 América Central; en 1930 el general Rafael Leónidas Trujillo,
concedía a Estados Unidos la autorización necesaria para con la adhesión de ese cuerpo, logró hacerse presidente de la
construir, cuando lo creyera oportuno, el nuevo canal, a cam- República Dominicana.
bio de tres millones de dólares, destinados sobre todo a pagar En el resto de Centroamérica la presencia norteamericana
las deudas internacionales de Nicaragua. En 1924 se retiró la no iba a hacerse sentir del mismo modo; allí contribuyó, a lo
guardia de la legación y estalló la guerra civil, concluida insta- sumo, a favorecer lo que llamaba la estabilidad política, que
lando en el poder a un nuevo presidente conservador, mante- en palabras más pobres se traducía en la estabilidad de regí-
nido en él, ante el hostigamiento de la oposición, por fuerzas menes autoritarios; esta misma tendencia, por otra parte, era
militares norteamericanas. también favorecida por el desarrollo de la economía y la socie -
En esa guerra se hizo célebre un jefe de guerrilleros, el gene- dad centroamericanas. En Guatemala, la dictadura de Ma-
ral Sandino, capaz de jaquear tanto a la guardia nicaragüense nuel Estrada Cabrera duró desde 1898 hasta 1920; sus vence-
como a las tropas de ocupación; ante su resistencia, y a fin de dores atenuaron los rasgos tiránicos que el estilo político
liquidar el episodio nicaragüense, Estados Unidos se resignó guatemalteco había adquirido durante su largo reinado; pero
finalmente a admitir a un presidente liberal en 1928. En 1933 en 1930 iba a comenzar una nueva y larga dictadura, la del
Sandino era asesinado; aun más importante era que la guardia general Ubico... En Honduras la inestabilidad era la nor-
nacional hubiese sido armada y reorganizada durante la lucha ma; sólo en 1932 iba a instalarse, sobre la ruina de más efíme-
por el ocupante; gracias a la superioridad militar de ese cuer- ras hegemonías militares, la dictadura del general Carias; en
po, su comandante, el general Anastasio Somoza, responsable El Salvador, del mismo modo la evolución hacia dictaduras
de ese asesinato, iba a conservar hasta su muerte un papel do- estables sólo maduró luego de 1930; tampoco aquí la anterior
minante en la política nicaragüense, y la hegemonía nortea- inestabilidad había significado necesariamente una atenua-
mericana pudo perpetuarse por ese medio más indirecto y ción de los rasgos dictatoriales.
apenas menos escandaloso.
En Santo Domingo, la intervención directa norteamerica- Más sólidamente enraizado estaba el autoritarismo en Vene-
na comenzó en 1916, cuando un presidente dominicano lla- zuela; luego de las alternativas que siguieron a la caída de
mó a tropas estadounidenses para preservar la paz interior; Guzmán Blanco, entre las que no faltó un efímero triunfo le-
bajo la égida de los ocupantes fue reemplazado por el doctor galista, en 1899 se impuso, en breve guerra civil el general Ci-
Henríquez y Carvajal, que por su parte se negó a ratificar un priano Castro; con él triunfaba un nuevo grupo depositario
tratado que ponía en manos de los Estados Unidos la percepción del poder político y militar: el de los oficiales andinos, que ha-
de las rentas aduaneras, y bajo su asesoramiento las finanzas bían seguido al nuevo gobernante en una verdadera conquista
y la defensa nacional dominicana. Los ocupantes respondie- del país por sus milicias de pastores. Así el oeste andino gana-
ron confiscando esas rentas y poniendo sitio financiero al go- ba la hegemonía, para no perderla por casi medio siglo. Cas-
348 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL 5. MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 349

tro -recibido con el entusiasmo algo forzado que la élite cara- la extracción de petróleo, que pasó de un millón de barriles en
queña mostraba a sus sucesivos dominadores- se mostró dis- 1920 a más de ciento cincuenta quince años más tarde. El pe-
puesto a proseguir, a su manera algo errática, la moderniza- tróleo estaba comenzando a cambiar la vida de Venezuela se-
ción de Venezuela; el culto por el progreso y la orientación gún líneas que no eran nuevas en Latinoamérica: la prosperi-
laica continuaban en las primeras etapas de la Venezuela an- dad afectaba directamente a sectores urbanos de actividad
dina las tendencias de la época anterior. Al mismo tiempo el secundaria y terciaria; la producción primaria iba, por el con-
nuevo gobernante, surgido de las aisladas tierras montañesas, trario, a perder importancia, salvo en el rubro que pasaba a
advertía menos bien que sus predecesores la importancia del ser dominante (y que en este caso absorbía sólo una parte pe-
lazo con las nuevas metrópolis; se dejó llevar sin alarma exce- queña de la mano de obra disponible). Aun un cambio tan li-
siva al conflicto con Gran Bretaña, Alemania e Italia; salvado mitado debía tener consecuencias en el equilibrio político de
de sus peores consecuencias por la mediación algo tardía de una Venezuela dominada por la envejecida dique de oficiales
Estados Unidos, no vaciló en enfrentar otro conflicto, esta vez andinos; sólo los alcanzaría, sin embargo, luego de la muerte
con Holanda, a la que acusaba de tolerar que su posesión de de Gómez, ocurrida en 1935 y acompañada de una explosión
Curazao se transformarse en base para los adversarios del Go- de salvaje alegría popular.
bierno venezolano. Holanda no era, sin duda, una gran po-
tencia; respondió, sin embargo, con ataques navales y blo- Las tierras centroamericanas y Venezuela, dominadas por so-
queo de las costas. En pleno conflicto, Castro debió alejarse de luciones dictatoriales de base militar, muestran, sin duda, en
Venezuela a buscar en Alemania cura para sus males; el me- esta etapa grandes diferencias. Notemos, sin embargo, un ele-
nudo montañés resistía mal las consecuencias de nueve años mento común: la abundancia de las crisis productivas, la apa-
de residencia en su Capua caraqueña. Dejó en custodia el po- rición tardía de los rubros de producción que se hacen domi-
der a su fidelísimo y algo limitado vicepresidente, el general nantes, a veces la conquista de una parte de la tierra fértil por
Gómez; éste, que esperaba su momento, hizo sus paces con inversores extranjeros confluyen para provocar un debilita-
los acreedores y las potencias alarmadas por los excesos de miento de los grupos oligárquicos tradicionales; Cuba, en ri-
temperamento de Castro; en 1909 se instalaba en el gobierno, gor no los tiene ya hacia 1930; en Santo Domingo, en Vene-
para mantenerse en él hasta su muerte. zuela, en parte de Centroamérica continental estos grupos
El régimen de Gómez iba a llegar a ser, en la primera pos- sobreviven a la pérdida de la mayor parte de su poder.
guerra, algo así como el ideal-typus de la dictadura latinoame- En otras comarcas latinoamericanas las oligarquías se defien-
ricana. Nada faltaba en él, ni el respeto a las formas legales den mejor; aquí el modelo de la república nominalmente demo-
(Gómez abandonaba periódicamente la presidencia en ma- crática y de hecho aristocrática se conserva también mejor.
nos de hombres sabiamente elegidos, y vigilados de cerca) ni
la extrema ferocidad frente a los disidentes, ni una ferocidad Es en primer término el caso de Brasil. Sin duda la instaura-
análoga para custodiar el orden interno y la disciplina de tra- ción de la república había significado un aumento de poder
bajo, ni el espíritu servicial frente a potencias e inversores ex- del ejército, protagonista de la revolución triunfante, y su gra-
tranjeros, ni la corrupción del elenco gobernante, ni la fiebre vitación se hizo sentir durante toda la historia republicana de
de progreso traducida en carreteras y plantas de mejoramien- Brasil. Pero hasta 1930 ésta se dio en el marco de una política
to sanitario. Durante la época de Gómez avanzó en Venezuela dominada por los sectores influyentes en los distintos esta-
5 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 351
350 II El ORDEN NEOCOEONIAL

gentes se encontraba Luis Carlos Prestes, futuro jefe del co-


dos, que formaban ahora en el Partido Republicano, el único
munismo brasileño; se encontraban también otros oficiales
con gravitación real en la vida política brasileña; las clientelas
que tendrían trayectorias menos insólitas y que alcanzarían a
rústicas de los coroneles, dominaban más aun que las de las
gravitar sobre el ejército y la política brasileña en las décadas
oligarquías urbanas la elección de los cuerpos representati-
siguientes.
vos. Entre 1891 y 1894 gobernaron sucesivamente los jefes
En 1926 alcanzó la presidencia, por el procedimiento habi-
militares de la revolución, Deodoro da Fonseca y Floriano
tual, el paulista Washington Luis Pereira da Souza. Para su su-
Peixoto; luego del fracaso de esta experiencia de gestión direc-
cesor intentó imponer al también paulista Julio Prestes; ello
ta, en medio de la guerra civil fue elegido presidente el político
alentó a elementos de los estados marginales del Norte y del
paulista Prudente de Moraes, reemplazado en 1898 por otro
Sur a utilizar el descontento que en los políticos de Minas Ge-
político del mismo estado, Campos Salles; en 1902 era un ter-
rais provocaba el retorno al monopolio paulista de la presi-
cer político del estado hegemónico, Rodrigues Alves, quien
dencia para romper la continuidad de la hegemonía del Brasil
sucedía a Campos Salles... Fue necesaria una coalición de
central. La Alianza Liberal presentó por candidato a la presi-
clientelas políticas de los demás estados para poner en el Go-
dencia a Getulio Vargas, político que había sido ya goberna-
bierno federal, en 1906, a Affonso Penna, oriundo de Minas
dor de Río Grande do Sul y hombre de confianza de uno de los
Gerais. Muerto Penna, la lucha por la sucesión fue por prime-
grandes electores de la república oligárquica, el también rio-
ra vez acompañada de alguna participación popular: Ruy Bar-
grandense Borges de Medeiros. Prestes venció; una revolu-
bosa, el tribuno que había preparado el triunfo de la república
ción fue la respuesta de los derrotados; luego de quince días
para quedar excluido en sus elencos gobernantes, alzaba aho-
de desganada resistencia las fuerzas militares invitaron al pre-
ra su candidatura contra la del mariscal Hermes de Fonseca,
sidente saliente a abandonar el país y colocaron en su lugar,
sobrino del fundador militar del régimen y heredero de su
como presidente provisional, a Getulio Vargas.
predicamento en el ejército. La victoria del candidato militar,
a cuyo servicio obró el poder del Estado, dejó una secuela de El desenlace fue, como todas las etapas anteriores en la his-
tensiones allanadas, sin embargo, cuando Barbosa y sus adic- toria de la república oligárquica brasileña, un drama interno
tos apoyaron, en 1914, a un candidato de unión nacional, a los sectores gobernantes. El triunfo de Vargas no debía sig-
Braz, seguido cuatro años después por otro, el veterano Ro- nificar necesariamente elfindel sistema. Si lo trajo fue porque
drigues Alves. Al morir éste, Barbosa intentó de nuevo opo- éste había agotado ya sus posibilidades y porque, por añadi-
ner su nombre al del candidato oficial; de nuevo fue vencido dura, el jefe de la revolución lo advertía muy bien y adivinaba
por la implacable máquina oficial... también qué posibilidades nuevas le ofrecía la nueva situación
brasileña.
En 1922 fue elegido presidente Artur Bernardes, un político
Por otra parte, aun en sus momentos más exitosos, la repú-
de Minas Geraes que debió enfrentar una suerte de veto mili-
blica brasileña no había conocido la relativa solidez de la ar-
tar, pronunciado por Hermes da Fonseca. Su gobierno fue
gentina. Un federalismo más arraigado condenaba a la penu-
agitado por la oposición de los dirigentes veteranos del ejérci-
ria crónica al poder central; las consecuencias negativas de la
to; lo fue aún más por una rebelión de oficiales jóvenes, los te-
dependencia de un rubro de exportación casi único -el café-
jientes, que en 1924 se levantaron en favor de una ampliación
se hicieron sentir, por añadidura, en Brasil ya mucho antes de
del régimen, incapaz de superar espontáneamente su marco
la crisis de 1930. La democratización era, además, una posibi-
oligárquico. El movimiento pudo ser sofocado; entre sus diri-
1 MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 353
352 II. EL ORDEN NFOCOLONIAL

México porfiriano. En 1909 su permanencia en el poder, que


lidad sólo a medias practicable en Brasil: el predominio de una reforma constitucional había hecho posible, se vio impedi-
una población rural que sólo a través de cambios sociales, por da por protestas que tuvieron por teatro a la capital y por pro-
el momento impensables, hubiese podido liberarse de la tute- tagonistas a jóvenes universitarios reclutados en las familias
la política de las clases terratenientes hacía que las consecuen- dominantes en ambos partidos; como ya había ocurrido medio
cias previsibles de la democratización del sufragio fuese la siglo antes y volvería a ocurrir medio siglo después, la inflexión
confirmación de la hegemonía de las oligarquías rurales. Lue- autoritaria provocada por los desvarios de los refinadosgenf/e-
go de la crisis, que agravaba las dificultades de la economía men and scholars que capitaneaban los partidos colombianos
brasileña, la búsqueda de una nueva base política, iniciada se veía frustrada por la reconciliación de éstos en un esfuerzo
más tardíamente que en los países australes, debía buscar común por salvar las instituciones.
también canales distintos, capaces de dar a los sectores dis- El desenlace fue la inmediata dimisión y alejamiento de Re-
puestos a buscar una salida para la impasse de la economía na- yes y un implícito armisticio entre los partidos: por veinte
cional una gravitación mayor no sólo que la que habían alcan- años los conservadores no iban a ver seriamente disputado su
zado bajo la república oligárquica, sino también que la que control de la presidencia y lo esencial del poder estatal, mien-
hubiese derivado del empleo sincero del sufragio universal. tras el liberalismo dejaba de sufrir persecuciones facciosas y
ganaba acceso a posiciones políticas de influjo limitado. El
En la América española la república oligárquica conservó toda predominio de un partido conservador que quiere ser, ante
su pureza en Colombia y arraigó en esta etapa con inesperado todo, la expresión política del catolicismo se adecúa muy bien
vigor allí donde antes se había implantado mal: en las naciones al temple colectivo reinante en una etapa de perezoso cambio
mediterráneas sudamericanas, en Bolivia y Paraguay. En Co- económico y social.
lombia la conversión de Núñez había dado un jefe y un progra- A partir de la primera postguerra el clima económico social
ma al conservadurismo; le había devuelto además el poder polí- comienza a cambiar: en 1921 un tratado con Washington cie-
tico, que iba a conservar hasta 1930; entre 1899 y 1903 ese poder rra el contencioso abierto por la secesión de Panamá por ini-
le fue disputado en una salvaje guerra civil, la de los mil días, ciativa norteamericana, y Colombia se lanza con avidez al
que causó millares de víctimas y deshizo además la economía y mercado financiero de Nueva York, que le había estado veda-
lasfinanzascolombianas. Los partidos oligárquicos revelaban do hasta entonces. En particular desde 1926, durante la ges-
de nuevo que podían en Colombia movilizar en su séquito ma- tión presidencial de Miguel Abadía Méndez, la política fiscal
sas populares muy amplias, sin por ello perder su carácter. Esa estimula la aceleración de la expansión económica con un
calamidad y la secesión de Panamá que iba a seguirle, hicieron ambicioso plan de obras públicas que ofrece un eco atenuado
nacer por un momento fugaz en las élites colombianas la duda de los implementados en Perú y Chile, con recursos también
sobre la validez de las tradiciones políticas a la vez belicosas y aquí obtenidos del crédito y las inversiones norteamericanas.
refinadas de las que se sentían habitualmente orgullosas; el ge- El impacto de la expansión económica, que se apoya también
neral Rafael Reyes, un conservador partidario de la reconcilia- en el del café, que gana terreno en los mercados ultramarinos
ción de los partidos que, con la colaboración de Uribe Uribe, el gracias a la política de protección de precios mediante reten-
gran caudillo de la revolución liberal, estaba creando un ejérci- ción de ventas adoptada por Brasil, tiene efectos ambiguos:
to a la vez nacional y profesional, instalado en la presidencia en suben los salarios y crece la participación de sectores popula-
1904, se propuso remodelar la vida política sobre el modelo del
5 MADURFZ DEL ORDEN NFOCOLONIAL 355
354 II. EL ORDEN NEOCOLON1AL

blica oligárquica estaban sin duda contados también en Co-


res en el consumo de productos industriales e importados, lombia.
pero la mayor demanda y la diversión de recursos de la agri-
cultura que produce alimentos básicos pone fin a la estabili- En Paraguay la afirmación de una clase terrateniente podero-
dad de precios. Más que ésta, es la de la sociedad colombiana sa (si tiene raíces coloniales y postcoloniales que los historia-
la que buena parte de la opinión conservadora ve amenazada dores paraguayos prefieren a menudo ignorar) se da sobre
por el activismo del gobierno de su partido; el desencadenarse todo luego de la derrota de 1870; a partir de ella Paraguay se
de la crisis económica acrece la oposición a éste, tanto en filas orienta hacia el mercado exterior: cueros destinados a Euro-
conservadoras como liberales.
pa; tabaco y yerba para el más cercano mercado rioplatense.
Ante un conservadurismo profundamente dividido, el ar- Esto sin contar con los productos del Chaco paraguayo (ma-
zobispo de Bogotá, a quien la costumbre concede voz decisiva deras, tanino), sólo nominalmente incorporados a la econo-
en la elección del candidato a la sucesión presidencial, prepara mía nacional, pues son explotados por compañías extranjeras
la de 1930 con pulso tan inseguro que viene a hacer inevitable (inglesas y argentinas) con vistas a mercados extranjeros,
la postulación de dos candidatos rivales, que ha buscado pre- usando puertos privados y una flotafluvialtambién extranje-
cisamente evitar. El liberalismo considera llegada la hora de
ra. La política paraguaya comenzó por estar dirigida por jefes
salir de su consentida marginación del poder y postula al em-
militares veteranos de la guerra contra la Triple Alianza, aho-
bajador en Washington, Olaya Herrera, un moderadísimo li-
ra al servicio de la política brasileña; entre ellos se destacó el
beral que gracias al apoyo que otorgan a su candidatura algu-
general Caballero, fundador del partido colorado, que iba a
nas grandes figuras conservadoras puede presentarse al
gobernar Paraguay durante un tercio de siglo; el triunfo de un
electorado como candidato nacional y suprapartidario.
partido de oposición -el liberal- es un hecho del siglo xx.
La entrega pacífica del poder al partido rival fue celebrada Ni el coloradismo ni el liberalismo (llegado al poder por vía
como un signo de la ya consumada consolidación de las insti-
revolucionaria) estaban dispuestos a convivir ordenadamente
tuciones colombianas; ella no importó por cierto el acceso al
con fuerzas opositoras; tampoco hubieran podido hacerlo sin
poder de sectores sociales nuevos; si bien el liberalismo pare-
grave riesgo para su poderío: ni uno ni otro sector contaban con
cía cada vez más sensible a la presencia creciente de éstos, se-
participación popular, sino en condición de séquito de dirigentes
guía tan dominado como su rival por las alianzas y rivalida-
de élite; la vida partidaria, concentrada en éstos, se acompañaba
des de las grandes dinastías bogotanas y provinciales, y la
estabilidad de ese dato esencial se vinculaba con la supervi- de las disensiones y desgarramientos propios de organizaciones
vencia de ciertos rasgos arcaicos en la estructura nacional de que conservaban en parte el carácter de dique. El liberalismo se
Colombia, que la reciente era de cambios que no había logra- presentó con un programa modernizador y cautamente antimi-
do afectar más que superficialmente. Entre ellos seguían con- litarista; de hecho, su triunfo fue el de la influencia argentina so-
tando la compartimentación regional, el predominio rural, bre la brasileña; bajo su égida los progresos políticos fueron en
la multiplicidad de centros urbanos que sólo lentamente eran extremo modestos, y el estado de sitio fue tan empedernida-
dejados atrás por el crecimiento de la capital y, sobre todo, la mente aplicado como bajo los gobiernos colorados.
vinculación desigual de las distintas regiones con el mercado
mundial. Pero -aunque lentamente- esos rasgos estaban per- En Bolivia el surgimiento de un sistema de partidos es tardío,
diendo relieve y los días de vigencia indisputada de la repú- ya que avanza en la estela del renacimiento minero; a partir de
5. MADUREZ DEL ORDEN NEOCOLONIAL 357
356 II. EL ORDEN NEOCOLONIAL

rehabilitación de las élites urbanas se paga al precio de una ex-


la guerra del Pacífico el de la plata tiene reflejo político directo trema docilidad frente a esos intereses, y el aparato institucio-
en la instalación en el poder de una oligarquía que se procla- nal más refinado que la Bolivia del siglo xx opone a la tosque-
ma conservadora, encabezada por los grandes empresarios dad de la vida política en la centuria anterior es un velo
bolivianos de explotaciones hechas posibles por la inversión y excesivamente transparente para esa situación básica.
el crédito chilenos. La solución política que se da en Bolivia es posible sólo gra-
La transición al liberalismo se da en el marco de la decaden- cias a la división radical del país, la mayor parte del cual vive
cia de la plata y el ascenso del estaño, cuyos grandes empresa- -como se dice- al margen de la historia, gracias también a que
rios (el mayor de ellos, Simón Patino, es un mestizo oriundo a lo largo del siglo xix las élites urbanas han aprendido, a tra-
de la cuenca minera misma) no ocuparán en la cumbre del es- vés de muy duras experiencias, a ser modestas en sus preten-
tado las posiciones de sus predecesores, los patriarcas de la siones. En todo caso, el orden de la Bolivia del estaño, por in-
plata. Ellas las llenarán primero los jefes militares de la rebe- justo que aparezca, puede mantenerse, por el momento, sin
lión que en 1900 expulsa a los conservadores, movilizando el enfrentar oposiciones temibles y hace, por lo tanto, innecesa-
descontento indio ante las amenazas crecientes a las comuni- ria una gravitación militar demasiado intensa.
dades y el de la ciudad de La Paz, este principal centro urbano Como Venezuela ofrecía un ejemplo de manual de la dictadu-
del país que tolera cada vez peor su subordinación política a ra militar, Bolivia lo ofrece de la república oligárquica en la épo-
Sucre. Luego de su victoria, las grandes espadas del liberalis- ca de madurez del sistema neocolonial. Estos ejemplos son,
mo utilizarán el poder para satisfacer los reclamos paceños, como suele ocurrir, menos frecuentes que los casos más com-
pero también para aplastar la protesta india contra la liquida- plejos y de menos fácil reducción a esquema. Uno y otro (y tam-
ción de las tierras comunitarias, de la que son a la vez entu- bién los más numerosos casos intermedios) llevan en común,
siastas propulsores y principales beneficiarios y serán sólo pese a todas las oposiciones y diferencias, la huella de un cambio
paulatinamente reemplazados al frente del Estado por una que afecta a la entera Latinoamérica en esta etapa: dictaduras y
oligarquía urbana negociante y terrateniente que pronto se oligarquías son cada vez más las emisarias políticas de las fuer-
divide contra sí misma, disputándose la adhesión del país le- zas que gobiernan a Latinoamérica, y que cada vez la gobiernan
gal, ese quinto de la población que habla español y está incor- más desde fuera. Se ha señalado ya cómo la continuación del
porado al mercado internacional. Para el sector de la nación crecimiento latinoamericano tuvo como precio una redistribu-
que vive en el ritmo del mundo, el estaño adquiere importan- ción del poder entre los sectores dominantes locales y extranje-
cia creciente; el estaño son las grandes compañías que domi- ros, en beneficio de estos últimos. Pero esa redistribución no era
nan la minería y la exportación; éstas -de origen boliviano- se sino un aspecto de una transformación más amplia: a medida
han integrado en el aparato financiero metropolitano y con- que Latinoamérica se incorporaba como área dependiente al
trolan también las refinerías instaladas en ultramar. El estaño sistema económico que se estaba haciendo mundial, se hacía
son también los distritos mineros, donde trabajadores indíge- más vulnerable a las crisis generales de ese sistema. En 1929 co-
nas se han concentrado por decenas de miles y se hacen reco- menzó la más devastadora de todas esas crisis; de ella y sus con-
mendables por el momento por su sumisa disciplina. En Boli- secuencias el lazo neocolonial no iba a recuperarse nunca; ago-
via, como en pocas otras comarcas latinoamericanas, se hace tado en sus posibilidades, no por eso ha sido reemplazado por
sentir el predominio económico, social, político de los que un nuevo modo de inserción de Latinoamérica en el mundo.
dominan el único rubro exportable realmente significativo: la