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R E V I S T A

ENCUENTROS 7
J u I i o 2 0 0 1

Centro de Estudios Centro de Estudios


Interdisciplinarios Interdisciplinarios
Latinoamericanos U r u g u a y o s
19 8 6 - 2 0 0 1
15 a ñ o s

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación


U n i v e r s i d a d de la República

m
fundación de cultura universitaria
1968: Del Neobatllismo al Autoritarismo
Carlos Demasi
Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayos
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

"El país carece de partidos capaces de gobernar, con


posibilidades de gobernar. Los creará. No puede vivir
sin ellos. Si los crea en el tumulto y en la desesperan-
za, nos aguardan días todavía más sombríos que los
actuales. Si se adelanta a los acontecimientos y es ca-
paz de dar forma a esos partidos por esfuerzo delibe-
rado, en la libertad, habremos ganado una gran bata-
lla. Y esa es nuestra carrera contra el tiempo. O encau-
zamos los hechos o los hechos nos desbordarán "

(C. Quijano, 1958)

Introducción
El status democrático del Uruguay posterior a la segunda guerra mundial es un
tema que está fuera de la discusión; el país atravesó la crisis de la guerra fría sin limitar
los derechos de ningún partido político y la existencia de una competencia electoral
realmente abierta tuvo una resonante verificación en la derrota electoral del Partido
Colorado, en 1958. La democracia política se mantuvo durante los años siguientes a
pesar de los embates de la crisis económica; sin perjuicio de la relatividad del contexto
puede aceptarse sin dificultades la afirmación de L. E. González: "A mediados de los
'60 el Uruguay era el Estado más democrático de América del Sur" 1 .

En la segunda mitad de los '60 esta situación sufrió un fuerte deterioro: los signos
premonitorios visibles en la primera mitad de la década se hicieron evidentes a partir
de 1965, cuando los rumores de golpe de Estado militar se sumaron a la grave crisis
económica y financiera. El espectacular resultado electoral de la "reforma naranja"
pudo despejar el confuso panorama preelectoral de noviembre de 1966, pero la crisis
no hizo más que agravarse posteriormente.
Parece evidente que el funcionamiento del régimen democrático, tal como era
practicado, no facilitó la resolución de los problemas derivados de la crisis económica;
como concluye González, "los propios métodos para resolver problemas eran parte del
problema" 2 . Esto coloca necesariamente a los partidos políticos en el centro del debate;
en el Uruguay, el proceso de profundización de la crisis conducirá directamente al
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golpe de Estado, y en todo ese proceso las elites jugaron un rol protagónico 3 . El análisis
de ese rol es esencial no solamente para comprender la composición y el funcionamiento
del sistema político actual sino para desentrañar algunas claves de su funcionamiento: "...la
discusión sobre las perspectivas de la democracia en Uruguay, después de la restauración
de 1984, debe comenzar por las razones que condujeron al golpe de Estado de 1973"4.
A pesar de la imagen prevaleciente entre los uruguayos, sus partidos tradicionales
podían considerarse tales más allá de las ventajas que usufructuaban gracias a la
legislación electoral. Sin embargo, existían dudas sobre su vigencia que no carecían de
fundamentos: a su ya clásica debilidad estructural y su fraccionalización, a mediados
de los sesenta se agregó la desaparición de los líderes de las principales fracciones.
Las crisis y los reacomodamientos provocados por estos cambios pusieron en primer
plano las internas partidarias: los conflictos por la herencia política de Fernández Crespo
se dirimieron en una verdadera batalla campal en el local donde se reunía la Convención
del sector, y la puja por el liderazgo dentro de la " 15", luego de la muerte de Luis Batlle,
explica los comienzos del movimiento reformista de 1966. Más allá del folklore político,
estas controversias reforzaron inoportunamente (la crisis económica y social alcanzaba
sus máximos niveles históricos) la tendencia al ensimismamiento que han mostrado
muchas veces los partidos uruguayos.
La reforma constitucional no incorporó normas que apuntaran a resolver estos
problemas de organización; por el contrario, el debate reformista no se centró en la
modificación de los procedimientos de designación de candidatos o de elaboración de
programas de los partidos (algo que parecía esencial para iniciar algún camino de
recuperación), sino en la organización del Ejecutivo y en mecanismos de moralización
de las prácticas políticas 5 . Coincidiendo con muchas de las críticas formuladas por los
adversarios de la reforma, decía Aldo Solari poco después de las elecciones de 1966:
"una de las funciones de la reforma ha sido dirigir el inconformismo más sobre el
sistema que sobre los partidos, con lo que ha defendido, aunque pueda parecer paradojal,
lo más básico del sistema, cambiando en definitiva lo que desde el punto de vista
político es accesorio. [...] Al convocar a la reforma de la constitución se daba paso a
lo formalmente más importante que a lo sustancialmente decisivo" 6 .

Sin embargo, la estructura surgida de la nueva constitución (con un Ejecutivo


reforzado) tendría un efecto muy fuerte sobre el sistema de partidos. Según lo preveía
Solari poco después de la aprobación del nuevo texto constitucional, la nueva constitución
ponía a los partidos mayoritarios ante una disyuntiva de difícil solución: por un lado
mantenía la tendencia a la fragmentación, lo que (siguiendo la lógica) terminaría
provocando su división; pero, por otro lado, creaba una estructura donde la mejor
estrategia era nuclearse en torno a una o dos figuras importantes capaces de trasmitir
una "imagen positiva", lo que creaba las condiciones para el desarrollo de un proceso
de recomposición. Esta contradicción llevó a Solari a afirmar: "si estos factores
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aumentan de peso a lo que estamos asistiendo no es al fin de los partidos tradicionales,


sino a una de las crisis más profundas que han vivido o la más profunda, preludio de su
reorganización sobre bases nuevas" 7 .
El arrollador triunfo del proyecto "naranja" aventó muchas de las nubes que
ensombrecían el panorama político, y también ocultó momentáneamente las carencias
del nuevo marco constitucional. Existía confianza en que la restauración del Ejecutivo
unipersonal contribuiría a resolver los problemas de la crisis, evitando caer en el
autoritarismo. Ahora existía un Presidente en el que el electorado depositaba la
expectativa de que resolviera la crisis económica; pero que, por la fragmentación de su
partido, se encontraría maniatado por carecer de mayoría legislativa. Como advierte
González, "un partido sin mayoría legislativa no puede mantener medidas controversiales
y las medidas capaces de enfrentar con éxito una crisis profunda y generalizada sólo
pueden ser controversiales; de otra manera la crisis no sería ni profunda ni generalizada.
Y puesto que desde el inicio de la crisis los triunfadores en las elecciones no obtuvieron
mayorías parlamentarias, y [...] las coaliciones interpartidarias fueron excepcionales
en Uruguay, se concluye que el formato y la lógica del sistema de partidos parlamentario
tendió a bloquear las decisiones políticas para combatir la crisis" 8 . Por otra parte, las
posibilidades de modificar su funcionamiento desde dentro de los propios partidos se
encontraban muy limitadas por la profunda crisis que atravesaban éstos. Esto significa
que, a corto plazo, podía esperarse un conflicto entre el nuevo orden constitucional y
los partidos políticos, conflicto que tendría como escenario el espacio institucional donde
los partidos se encontraban representados: el Parlamento.
Este panorama amenazante se materializó en 1968, cuando se combinaron todas
las distorsiones institucionales con la crisis económica y el estallido social. La breve
etapa de gobierno de Gestido mostró el agotamiento de los gobiernos "de partido": el
nuevo Presidente intentó gobernar con todos los colorados pero las contradicciones
internas bloquearon su acción; luego se limitó al apoyo de los sectores mayoritarios,
aplicando la política antifondomonetarista que había reunido mayorías en las últimas
elecciones. El fracaso de esta experiencia ya había llevado a Gestido a iniciar el proceso
de integración de gabinetes con "técnicos" sin experiencia política (y sin respaldo
parlamentario)9; así se armó el escenario en el que se desarrollarían los acontecimientos
del año siguiente.
Los conflictos del año 1968 han tenido un impacto muy fuerte sobre el imaginario
colectivo; se lo recuerda como un "año terrible" en nuestra historia reciente. La
discontinuidad simbólica que representa ha eclipsado el proceso previo de acumulación
de la crisis, y absorbido un tramo de la historia posterior. Generalmente se acepta que
hay un "antes" y un "después" de 1968, una idea que ya existía en la época y que
enturbiaba su comprensión. La espectacularidad de los acontecimientos de ese año
dejó la impresión de que la crisis institucional se había desarrollado con extraordinaria
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rapidez, una idea que también tuvo recibo en ámbitos académicos (a fines de la dictadura,
un instituto sueco convocó a un concurso sobre el tema "Uruguay 1966-1973", con el
subtítulo "¿Cómo se explica el rápido deterioro de las Instituciones?") 10 . El estudio
más detenido ha reforzado la conclusión inversa: el proceso de caída de las instituciones
fue excepcionalmente lento" , aunque sin duda los acontecimientos de 1968 tuvieron
importancia decisiva: no solamente la violencia política se transformó en un componente
habitual, sino que la combinación de acontecimientos afectó de manera irreparable la
estaictura de los partidos políticos. Para la evolución del sistema de partidos, sin duda
el año 1968 significa un punto de inflexión.

Este trabajo se propone repasar la historia política de ese año, tratando de mostrar
cómo se produjo este resultado. Se admite que los partidos mayoritarios uruguayos
tienen una forma de existencia compleja: aunque se consideran integrantes de una
misma colectividad política, sus partidarios se dividen en múltiples fracciones que actúan
independientemente. La existencia de organismos comunes y (principalmente) la
presencia de liderazgos fuertes dentro de cada partido, garantizaban el funcionamiento
de bloques fuertemente mayoritarios. La desaparición de los grandes líderes en la
primera mitad de la década se combinó así con la agudización de la crisis económica.
Sin embargo, es conveniente aclarar que en el marco de este trabajo, la función de los
liderazgos es considerada como "una variable residual" 12 ; es decir, que no se supone
que los hechos puedan explicarse por las características personales de los dirigentes.
Sin embargo, es claro que su importancia, si bien no es central, tampoco es desdeñable.
Linz lo expresa así, citando a M. Weber: "No es que un factor como ése 'cree' el
resultado, sino que además de otras fuerzas operando en esa dirección es suficiente para
inclinar la balanza final a favor de uno de los posibles resultados en lugar de otro" 13 .
Sería la implantación desde el Ejecutivo de una política sin apoyo mayoritario la
que generara una reacción social que puso en primer plano los aspectos conflictivos y
le dio un gran protagonismo al Presidente. Tal vez el aspecto más destacable del año
'68 esté en que no fue la renovación de los partidos la que generó políticas para salir de
la crisis, sino que el elemento más activo fue la instrumentación de políticas sin apoyo
parlamentario realizada desde el Ejecutivo. Esto, en el nuevo marco constitucional,
resultó un elemento determinante para la recomposición de los partidos tal como lo
había anticipado Solari.
En el contexto de la crisis, los agentes políticos no inventaban ab nihilo sus
decisiones sino que las inscribían en una ya larga serie (iniciada por lo menos a comienzos
de la década), de políticas económicas. Estas fueron construyendo una "ideología de la
crisis"14 desde el Estado, que sustituyó al modelo de desarrollo clásico del neobatllismo
(explicitado a través de un discurso paternalista y solidarista) por medio de una
reestructuración económica y social que utilizaba, como elemento justificador, el discurso
conservador que había sido característica de los gobiernos nacionalistas del período
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1959-1966. Se produjo así una modificación importante en la distribución de funciones


y las representaciones dentro de los grandes partidos: el coloradismo en el poder se
apoderó del "discurso del Estado" y reforzó sus tendencias conservadoras, mientras
que el nacionalismo terminó adoptando un discurso solidarista y desarrollista que había
sido propio del coloradismo neobatllista.
Esto obligó a la elite política a tomar posición frente a hechos consumados: el
"primer mandatario" gobernaba al margen de la constitución, y ante eso tanto la acción
como la inacción de los bloques parlamentarios generaba consecuencias relevantes.
Estos factores se combinaron para producir una profunda reestructura en las fuerzas
políticas (los sectores tradicionalmente mayoritarios dejarían de serlo y un "tercer partido"
se configuraría fuera de los lemas tradicionales), mientras por otro lado la elite política
debió cambiar sus comportamientos políticos tradicionales. Hasta qué punto fue eficaz
este giro lo muestran los resultados de las elecciones de 1971, cuando estos sectores
renovados obtuvieran la mayoría dentro de sus partidos.
Este escenario reconstituido no sólo implica la redistribución de los roles políticos,
sino también la aparición de nuevos personajes, dentro y fuera del sistema de partidos;
a partir de entonces el sistema seguirá líneas de evolución impensables en el contexto
anterior y que continuarán activas por mucho tiempo.

1. El fin del Neobatllismo (XII/67-V/68)


a) El coloradismo tras la muerte de Gestido
Aunque amplio vencedor en las elecciones, la muerte de Gestido había sorprendido
al coloradismo en una profunda crisis. Su triunfo electoral en 1966 debía atribuirse más
al fracaso de los blancos que a sus méritos para presentar una renovada opción política;
el discurso electoral en la mayoría de sus dirigentes había sido una reedición del discurso
neobatllista, que en los meses de gobierno de Gestido parecía haberse demostrado
inviable en la práctica. Los acontecimientos políticos del año 1967 habían profundizado
esta crisis en el coloradismo: aunque los sectores más importantes todavía mantenían
su fuerza, ya había legisladores que se proclamaban "independientes" dentro del partido.
Este panorama se agudizó con la muerte de Gestido: aparentemente Pacheco no tenía
expectativas de ocupar el cargo y nada había previsto para el caso de que debiera hacerlo15.
Por ello, la inoperancia fue la característica de los primeros meses de su gobierno.
No todos los sectores colorados evaluaban de la misma manera la inactividad del
nuevo Presidente: si a algunos los conformaba, a otros les parecía inquietante. Años
más tarde, un protagonista colorado de la época le confiaría a Ch. Gillespie: "Los
partidos no tenían coherencia y estaban fraccionados. No funcionaban sus organismos
internos. Estos no eran centros reales de toma de decisiones sino meros ratificadores
de los acuerdos recibidos desde arriba. Todo esto empeoró con la reforma
constitucional... Los políticos del partido comenzaron a girar en tomo del presidente" 16 .
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El testimonio recogido por Gillespie define con bastante precisión las estrategias
seguidas por los dirigentes intermedios del coloradismo. En líneas generales los
"excluidos" del gabinete en octubre fueron quienes manifestaron más inquietud frente
a esta situación, porque evidentemente comprendían que les resultaba negativa. Los
dirigentes de estos sectores (concretamente, Michelini, Vasconcellos, Abdala y el
defenestrado ex-Intendente Segovia), optaron entonces por reclamar la instalación de
los órganos de gobierno partidarios, lo que en la tradición batllista significaba una forma
de control de la actuación del Presidente. Así se explica que no todos le adjudicaran
igual importancia: Unidad y Reforma y la Unión Colorada y Batllista preferían no tocar
el tema; Pacheco en su discurso del I o de marzo pareció laudar el tema al prometer la
reunión "sin dilatoria" de la Agrupación de gobierno.
Sin embargo, el acuerdo era solo aparente porque no todos estaban hablando de
lo mismo. La Convención era un organismo adecuado para aumentar el control de las
bases, en cambio en la Agrupación de gobierno participaban funcionarios que
desempeñaban cargos designados directamente por el Presidente; aunque creaba un
espacio de discusión de las políticas gubernamentales, podía desembocar en la
consolidación de un caucus dócil a las influencias de quien parecía ejercer el poder
efectivo en el partido: el Dr. Jorge Batlle.
Desde la muerte de Gestido, J. Batlle quedó en una posición particularmente
favorable. Ya era el verdadero impulsor de la política económica, que él mismo definía
como un vasto plan de medidas económicas que abarcaban desde "la estabilización de
precios y ordenamiento salarial" hasta la redefinición del papel del Estado en la
economía 17 . Realizada por algunos "técnicos" del gabinete que de hecho actuaban a
su nombre (Pintos Risso, Charlone); esta política podía gozar de cierto consenso como
herencia del difunto Presidente, y así se la ponía a cubierto de inesperados cambios de
rumbo de Pacheco.
La estrategia quedaba bastante clara: la "15"aplicaba su proyecto con su líder
actuando como el "poder detrás del trono". Luego, Batlle podría presentarse a recoger
los frutos de esta política: la realidad de los resultados haría olvidar el costo social de su
aplicación, y su coloradismo sería insospechable al haberle brindado su apoyo sin reservas
al Presidente en momentos difíciles; por otro lado el prematuro ascenso de Pacheco lo
eliminaba como potencial adversario dentro de filas en una futura carrera presidencial.
Mientras algunos grupos colorados ofrecían a Pacheco un apoyo condicionado, J. Batlle
afirmaba que estaba dispuesto a brindar su apoyo "sin cuotificar y sin condicionar
nuestra participación en este gabinete o en cualquier otro". El mensaje de J. Batlle a
Pacheco era claro: tendría su apoyo sin desmayos mientras continuara la política
económica de su antecesor, y aparentemente esa condición se cumplía, vista la
permanencia de los ministros y la continuación de las negociaciones con el F.M.I.
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La reorganización de gabinete se hizo esperar: el discurso del I o de marzo y los


cambios ministeriales que se produjeron luego parecían afirmar la continuación de las
líneas políticas anteriores: a comienzos del mes Charlone anunció que había obtenido
créditos externos "sin necesidad de firmar ninguna carta de intención" 18 . El detalle era
importante ya que en el debate político de entonces, la firma de "Cartas de intención"
era manejado como la prueba de la sumisión del gobierno a los dictados de la banca
internacional y como tal había sido uno de los centros de la propaganda colorada en la
última campaña electoral.

b) El nacionalismo en la oposición
La expectativa de cambios en la política económica encontraba paralizado también
al nacionalismo, que todavía no se había repuesto de la derrota electoral. No solamente
se vio apartado del poder por el triunfo colorado; como consecuencia de los resultados
electorales, las figuras que se habían mostrado más dinámicas en el último período de
gobierno se vieron desautorizadas por magros caudales de votos frente a la "Alianza
Herrero-Ruralista" liderada por el Dr. Echegoyen. Esta obtuvo más senadores que
todo el resto de los sectores nacionalistas, lo que le daba la posición de mayoría dentro
de la minoría (que, como recuerda Real de Azúa, podía resultar mucho más beneficiosa
que ser minoría dentro del partido vencedor 19 ); pero además le aseguraba el control
absoluto del principal órgano de dirección partidario: el Directorio. Esta era la única
autoridad orgánica del partido, lo que de acuerdo con la ley electoral implicaba la
propiedad del lema y el control de uno de sus medios propagandísticos tradicionales, el
diario "El Debate".
Un solo Directorio no suponía la unidad partidaria; por el contrario, sectores
importantes del partido se consideraban excluidos; pero el tema de la unidad era uno
de los tópicos más utilizados en las conmemoraciones partidarias aunque siempre
resultara postergada su materialización. Sin embargo, en marzo de 1968, pareció que
podía llegar a concretarse: Echegoyen anunció a los principales dirigentes nacionalistas20
que estaba dispuesto a impulsar la renovación del Directorio con participación de todos
los sectores.
El anuncio resultó sorprendente porque parecía difícil que el Presidente del
Directorio estuviera dispuesto a compartir posiciones de poder. Sin embargo, Echegoyen
había elegido bien el momento. Al amparo de los resultados electorales, podía intentarse
la elección de un Directorio "de unidad" donde los herreristas tendrían clara mayoría.
De cualquier manera los demás dirigentes nacionalistas aceptaron inmediatamente la
invitación a excepción del Movimiento de Rocha, que aprovechó el momento para
poner condiciones para su intervención y marcar así las distancias con el resto de los
grupos blancos. Desde su fundación, en 1964, el M.N.R. se había ubicado cómodamente
en el sector conservador del espectro político. Dirigido por algunas de las figuras más
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representativas del sector agropecuario, como el mismo Dr. Gallinal, no encontraban


dificultad en asumir una perspectiva elitista y presentar la vida política como una forma
de "servicio público desinteresado" donde el político, solo preocupado por el bien general,
rechazaba toda ventaja material. Su discurso había apuntado a la necesidad de
"moralizar" la actividad política, rechazando las "ventajas indebidas" y a "elevar las
miras" en la acción política concreta. Desde esa perspectiva no era difícil afirmar que
la crisis era "problema de hombres" y no de estructuras o de modelos de desarrollo.
Uno de los sectores más duramente atacados por los "rochanos" era la "Alianza",
lo que transformaba a este proyecto en una nueva manifestación del enfrentamiento
tradicional entre "herreristas" e "independientes". Las condiciones planteadas por
Gallinal fueron interpretadas como dirigidas contra el sector que lideraba Echegoyen, y
aunque se intentó un acercamiento por mediación de otros sectores, los rochanos se
mostraron inflexibles21. A principios de mayo recibieron un emisario -el senador Wilson
Ferreira Aldunate, electo por la U.N.B. y aureolado por el éxito de su reciente
interpelación al ministro Acosta y Lara-, pero tampoco logró modificar en lo sustancial
la posición del sector. El M.N.R. reconocía la importancia de la unidad en un momento
en que la situación política la hacía más necesaria (acababa de caer el gabinete en
pleno), pero insistía en lograrla "sobre bases firmes"22. La ausencia de los rochanos
volvía a fojas cero todo lo avanzado; aunque continuaran las negociaciones, la frustrada
operación terminó profundizando las diferencias entre los blancos, y esto neutralizaba
la acción de la principal fuerza de oposición.

c) Las divisiones de la izquierda


El resto de las fuerzas opositoras se desperdigaba en el conjunto de partidos
llamados "menores" o "de ideas", entre los que se destacaban (dentro de la corriente
marxista) el Partido Comunista y el Partido Socialista, y en una línea social-cristiana, el
Partido Demócrata Cristiano, a los que se sumaban partidos y movimientos de menores
dimensiones. A pesar de esta fragmentación, su imaginario estaba dominado por la
idea de pertenecer a un mismo conjunto que se encontraba dividido por razones
circunstanciales. Tal como lo había expresado Carlos Quijano unos años antes, existían
"solo dos partidos: uno de avance y otro de inmovilismo; uno de progreso y otro de
reacción" 23 . La tarea consistía en concretar en la realidad ese "partido ideal" que
reuniría a todas las fuerzas progresistas, y para ello era necesario superar dos obstáculos:
la traba legal que significaba la "ley de lemas", y (sobre todo), las porfiadas diferencias
teóricas y programáticas.

La resolución del primer problema sólo se plantearía cuando se hubieran transado


las segundas, y éstas no dependían solamente del análisis de la coyuntura nacional. El
complejo panorama internacional de la década del sesenta exigió una respuesta a
situaciones nuevas: la revolución cubana, las experiencias guerrilleras en varios países
de América del Sur, el ascenso de las Democracias Cristianas en Venezuela y Chile, a
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los que se sumaban la guerra de Vietnam, la descolonización de África, etc. En este


marco "latinoamericanista" se inscribía el análisis de la omnipresente crisis económica
nacional y sus eventuales soluciones.
La acción de estos partidos se desarrolla en dos planos, no siempre coordinados:
el de su dirigencia y el de sus bases. Estas consideraban la participación "en la calle"
como la forma más eficaz de la acción política, y así las repetidas movilizaciones
sirvieron como lugar de encuentro de militantes de diversos sectores; no solamente de
la "izquierda tradicional", sino también del PDC. Este había dejado de ser el viejo
partido católico para adoptar muchos de los compromisos de una Iglesia renovada
desde el Concilio Vaticano II, que ya no temía actuar junto a sectores marxistas 24 .
Pero aunque en la militancia coincidieran frecuentemente los integrantes de
distintos grupos, en sus dirigencias se profundizaban las diferencias: a los desencuentros
tradicionales se agregaba ahora un tema doctrinario, el de las "libertades burguesas",
que se transformó en uno de los ejes centrales de discusión. Tradicionalmente la izquierda
había defendido las posiciones democráticas, pero la presión de la crisis y el
estancamiento electoral sumado a los ejemplos externos, impulsaban la prédica en
favor de otras vías de acción política.
El tema había pasado al pimer plano como consecuencia de algunos
acontecimientos recientes: a las decisiones de la conferencia de la O.L.A.S. 25 , se
sumaron dos hechos: la fuga de un grupo de guerrilleros urbanos de un denso cerco
policial y la proscripción del grupo de "Época". De allí una parte de la izquierda extrajo
dos conclusiones: que quedaba a la vista la falacia de privilegiar la especial situación
política uruguaya en el contexto latinoamericano, y que la lucha armada era viable en
un país sin selvas ni montañas 26 . Por su parte el Partido Comunista ratificó su línea,
insistiendo en la defensa y restitución de las libertades públicas: como afirmara su
Secretario General Rodney Arismendi, en la Asamblea General, "No deseamos al
pueblo uruguayo ninguna solución violenta; por el contrario. Deseamos que el pueblo
uruguayo encuentre el camino de sus cambios [...] de la forma menos dolorosa, y por
la propia experiencia del pueblo uruguayo" 27 . El más votado de los partidos de izquierda
asumía como un objetivo la defensa de las libertades democráticas; se alejaba así de la
izquierda ilegalizada, pero legitimaba su integración en el sistema político.
Aunque esquiva en lo político, en esa década la unidad logró concretarse en el
plano sindical, otro de los espacios de acción de los militantes de izquierda. La formación
de la CNT28 había sido el resultado de un largo proceso de aproximación y negociación
procesado durante varios años; pero la unidad sindical podía verse muy comprometida
si permanecía la fragmentación política: la unidad de la izquierda era un problema que
afectaba a su viabilidad.
La dirigencia de la CNT parece haber sido consciente de este peligro y multiplicó
sus esfuerzos para crear espacios de encuentro entre movimientos sociales y partidos
1*1 ENCUENTROS

políticos. A principios de 1968 convocó a la formación de un Movimiento nacional de


carácter extrapartidario, que se reunió por vez primera el 20 de febrero en la Universidad.
Allí se aprobó un "Manifiesto a la ciudadanía", unos pocos puntos que podían convocar
aprobación: invitaba "a todos los hombres de buena voluntad y templada fe" a coordinar
esfuerzos para "defender las libertades y derechos esenciales" y llamaba a combatir el
subdesarrollo y defender la autodeterminación 29 . Sin embargo, el "Movimiento..." no
logró plenamente sus objetivos: duramente criticado por su definición democrática, su
acción quedó paralizada luego de la primera reunión. Pero algunos sucesos tales como
los incidentes del I o de Mayo donde los enfrentamientos entre los manifestantes y
la represión policial obligaron a suspender la parte oratoria, evidenciaban
dramáticamente hasta qué punto la frágil unidad sindical podía ser sensible a los
conflictos internos de la izquierda.

2. El impacto del autoritarismo (mayo-setiembre)


a) La crisis de abril: hora de definiciones
El mes de abril estuvo lleno de acontecimientos negativos para el gobierno. Primero
se divulgaron los compromisos que el gobierno había asumido con el F.M.I: no solamente
había "Carta de intención", a pesar de lo anunciado el mes anterior, sino que en ella se
comprometía a no aumentar los salarios públicos en todo el año 30 . Sobre fines del mes,
terminaba el período de tregua y en el Parlamento la oposición recuperó su actividad:
en dos jornadas parlamentarias sucesivas fueron censurados dos ministros. Uno de
ellos, el Canciller Héctor Luisi, cayó frente a la interpelación de un correligionario
(Amilcar Vasconcellos); en cambio el segundo, Guzmán Acosta y Lara (que ocupaba
la cartera de Trabajo y Seguridad Social desde la reorganización de octubre del año
anterior) fue virtualmente demolido por Ferreira Aldunate en una interpelación que
relanzó su liderazgo dentro del nacionalismo. El sábado 27, Pacheco convocó a todos
los ministros y les pidió la renuncia.
Al día siguiente, en plena crisis política, el matutino "bpColor" anunció en su
titular de primera página que al día siguiente la cotización se fijaría en $250, como
efectivamente ocurrió. La inoportunidad de la devaluación y su carácter "anunciado"
llevó a pensar que "alguien" que estaba en el secreto había forzado la decisión para
beneficiarse con la especulación: nacía así el problema de la "infidencia".
La sucesión de golpes mostraba la gravedad de la situación. El Ejecutivo carecía
de apoyo parlamentario; la renuncia del gabinete llegó con varios meses de retraso.
Entonces se reavivaron las voces que reclamaban la convocatoria de la Agrupación de
Gobierno, lo que sonaba como la amenaza de restablecer el control del partido.
Esta crisis marcó el grado más bajo de organización en los colorados y el comienzo
de una profunda reestructura partidaria que terminaría involucrando a todo el sistema
de partidos. Comenzó con la demorada reestructura de todo el gabinete: se incorporaron
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más representantes empresariales y solamente ingresó un político 31 . Pero este hecho


no debe ocultar otro detalle: la renuncia al Ministerio del Interior de A. Legnani, hasta
entonces el número uno de la Unión Colorada y Batllista 32 .
Luego de renovar su gabinete, Pacheco convocó a la Agrupación de gobierno;
aparentemente había decidido poner a los legisladores colorados ante los hechos
consumados. El 13 de mayo se instaló la "Agrupación...", y allí el "Frente Colorado de
Unidad" (grupo al que pertenecía el censurado G. Acosta y Lara) anunció formalmente
su "desmovilización" lo que dejaba en situación de independientes a diez legisladores y
varios directores de entes; paralelamente, el Director de Planeamiento Aquiles Lanza
anunció su desvinculación del sector de Zelmar Michelini. Es muy difícil encontrar otro
momento similar en la historia de un partido de tan fuerte estructuración como el
Colorado: se parecía mucho a un completo derrumbe. Aparentemente, en lo inmediato,
esta situación beneficiaba a los sectores con liderazgo más fuerte (especialmente Unidad
y Reforma) que veían aumentar su peso relativo dentro del partido, y podían alimentar
la expectativa de engrosar sus filas con alguna incorporación en el mediano plazo;
correlativamente, acotaba el marco de acción de los "rebeldes". Por entonces parecía
impensable la posibilidad de hacer oposición desde dentro o actuar fuera del coloradismo;
por lo tanto habían que optar entre el silencio o el apoyo.
A fines de mayo, el Ejecutivo debió enfrentar una nueva interpelación, esta vez al
ministro de Hacienda. El interpelante, el Dip. Dardo Ortiz (último Ministro de Hacien-
da del gobierno blanco y que inauguraba su actuación como líder de un flamante sector
político, la lista 900) no cuestionó la política económica que era esencialmente igual a la
que él mismo había impulsado, sino el hecho de haber anunciado que no había habido
"Carta de intención". En momentos de profunda crisis el interpelante ofrecía la colabora-
ción del nacionalismo "en pie de absoluta igualdad [...] con una colaboración estable" pero
con una condición: "el Sr. Ministro debe pedir disculpas al nacionalismo por todo lo que él
y su partido nos censuraron"33. Esta interpelación es reveladora de la desorganización
de los partidos y su confusión programática: si la intención de Pacheco era disciplinar
a los "rebeldes", esto no ocurrió. Por otro lado, si bien el Ministro se salvó de la
censura por la división de votos de la oposición (los blancos votaron una moción donde
criticaban el ocultamiento de información mientras que la oposición colorada votó el recha-
zo de la política), sugestivamente no tuvo ninguna moción de apoyo. Quedaba en eviden-
cia la falta de apoyo parlamentario, y muy comprometidas las iniciativas del Ejecutivo
como el proyecto de regulación salarial enviado con tan fuertes auspicios en enero.

Sin embargo, en el gabinete la distribución de fuerzas entre las diferentes tendencias


había cambiado sustancialmente: los partidarios de aplicar la política fondomonetarista
habían aumentado su influencia, mientras que Flores Mora y A. Lanza, eran los únicos
que, desde puestos de decisión, eran partidarios de la política "tradicional" de aplicar
medidas de estabilización negociadas.
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En un esfuerzo por recuperar la iniciativa, estos se movieron rápidamente e iniciaron


contactos con la CNT. El 7 de junio se alcanzó un acuerdo entre el Departamento de
Trabajadores del Estado de la central sindical y el gobierno en términos similares al
firmado con los gremios empresariales, por el cual los trabajadores recibirían aumentos
de sueldos a fines de ese mes a cambio del compromiso de aceptar sólo dos fechas
anuales para fijar aumentos de salarios de toda la actividad 34 .
Si bien significaba una importante concesión de parte de la CNT, que renunciaba
a su reclamo de aumentos acompasados con la inflación, el convenio también implicaba
concesiones de parte de los representantes gubernamentales ya que contradecía
abiertamente los acuerdos firmados con el F.M.I, especialmente el compromiso de no
fijar aumentos de salarios en la actividad pública en todo el resto del año.
Necesariamente el gobierno tenía que optar entre mantener los acuerdos con el FMI y
desautorizar a sus ministros, o respaldar a éstos y postergar el cumplimiento de los
compromisos asumidos en enero con los acreedores internacionales.

b) Los comienzos del cesarismo (VI-IX/1968)


Mientras la crisis política se profundizaba cada vez más, comenzaron a sucederse
la creciente agitación de las organizaciones sociales y estudiantiles. En parte ésta tenía
carácter periódico (los reclamos de aumentos salariales se producían cuando se
acercaban las fechas establecidas para su fijación), pero la protesta estudiantil resultaba
más original. Aunque la misma era un fenómeno que ocurría a nivel mundial (el día 3
de mayo el gobierno francés había ordenado el cierre de la Sorbona, en lo que era el
episodio más destacado de una agitación que recorría desde Nueva York a Belgrado),
la agitación montevideana poco tenía que ver con eso. Impulsada por estudiantes de
Secundaria y no de la Universidad, su originalidad no estaba en sus fines sino en las formas
de organización (en "asambleas de clase" y "juntas de delegados") que privilegiaban la
decisión de las bases por sobre la conducción de los dirigentes. En la intención, se trataba
de impedir el surgimiento de un "aparato directivo" que terminara separándose del
estudiantado y fomentando los "personalismos"35, pero en los hechos se reflejaba en mucha
actividad y poca organización. Aunque a fines de mayo sus reclamos fueron concedidos, la
movilización se prolongó por unos días hasta que comenzó a languidecer.

No era la agitación estudiantil lo que preocupaba al gobierno, sino la reacción de


los sindicatos a los que los representantes gubernamentales habían prometido aumentos
que el propio gobierno no podía pagar sin violar los acuerdos con el FMI Si optaba por
cumplir con estos, la CNT iba a reaccionar con fuerza y podría contar con el apoyo de
la oposición colorada: Vasconcellos ya anunciaba una manifestación de protesta contra
la política económica.
Por otro lado, comenzaba a notarse cierta inquietud de parte del Dr. Batlle, ya
que los vaivenes de la coyuntura política sugerían decisiones que se alejaban de la línea
• ENCUENTROS

que él respaldaba: el pactado aumento a los funcionarios no formaba parte de su proyecto.


Y se entendía que no se podían esperar buenos resultados de tal "proyecto" si no se
aplicaba íntegramente incluyendo sus aspectos más resistidos. Al día siguiente de la
interpelación de Ortiz, aprovechando un almuerzo con Pacheco, J. Batlle "lo habría
impuesto" del malestar de su grupo 36 . Aparentemente la "15" estaba dispuesta a seguir
respaldando a Pacheco si éste se decidía a aplicar "medidas complementarias" a la
política económica en curso desde noviembre; en caso contrario, el Presidente debía
ampliar su base de apoyo entre los colorados. En el estado que se encontraban las
relaciones entre Pacheco y los legisladores de su partido, esto equivalía a un ultimátum,
al que se sumaron, pocos días después, los integrantes de la "Unión Colorada y
Batllista" 37 . También el FMI movía sus piezas: envió a Montevideo a uno de sus
ejecutivos, Steria Beza, que -mientras que se concretaban los primeros acuerdos entre
los delegados del gobierno y los dirigentes de la CNT-, habría recibido la promesa del
Ejecutivo de cumplir los compromisos asumidos en enero 38 .
Para Pacheco se había acabado el tiempo de la indecisión, y debía adoptar un
rumbo políticamente definido; sus opciones no eran muchas ni dejaban mucho margen
para la duda: denunciar los acuerdos con el FMI significaba retornar a la política que el
gobierno ya había abandonado en octubre; pero si aceptaban los compromisos externos
había que establecer un conjunto de medidas preventivas para evitar que la previsible
reacción desbordara las posibilidades de control. Si hasta entonces Pacheco había
dudado, ahora dejó de hacerlo.
A partir del 13 de junio se percibió en el gobierno un fuerte giro autoritario que
aparentemente perseguía un doble objetivo: desde el punto de vista económico, crearía
las condiciones para aplicar las medidas que levantarían mayor resistencia; desde el
punto de vista político, llamaría a silencio a la oposición interna. Así se orquestó un
conjunto de fuertes medidas represivas escalonadas desde la implantación de medidas
de seguridad (el 13 de junio, fundamentadas en la agitación estudiantil y, especialmente,
en la movilización sindical), seguida de la militarización de los bancarios oficiales y
otros funcionarios públicos, el 24. Luego vino la reducción de la autonomía funcional
de algunos entes: fueron intervenidos el B.R.O.U. (el 26), U.T.E. y A.F.E. (el 28), y
luego el B.H.U. (el 15 de julio); de esta manera, el Ejecutivo permitía manejar algunos
organismos fundamentales en la aplicación del plan económico, a la vez que excluía de
los puestos de decisión a los directores menos afectos al gobierno (en su mayoría, colorados).
Estos decretos crearon el marco para las decisiones económicas "duras": se pudo implantar
por decreto la congelación de precios y salarios el 28 de junio, y dos días después el
Ejecutivo presentó un proyecto de Rendición de Cuentas sin aumentos a los funcionarios.
La presentación del proyecto fue seguida, el 1 ° de julio, por la militarización del resto de los
funcionarios públicos; luego siguió la detención de la dirigencia de la CNT 39 , mientras
comenzaba a funcionar una censura de prensa cada vez más estricta.
• ENCUENTROS

La sucesión de decretos fue dejando por el camino a los ministros que no


compartían esta política: la implantación de las medidas provocó la renuncia de A.
Roballo, C. Queraltó y M. Flores Mora (que veía desautorizada su política sindical); el
27, en vísperas de la adopción de la congelación de precios y salarios, A. Lanza abandonó
la Oficina de Planeamiento. El subsiguiente reordenamiento del gabinete franqueó la
entrada a más ministros sin respaldo parlamentario: el Dr. García Capurro (con un
lejano antecedente en el desempeño de la cartera de Salud Pública) asumió el Ministerio
de Cultura; el Dr. J. C. Espinóla, que se desempeñaba como juez letrado, pasó a ser
Ministro de Trabajo; y en la cartera de Salud Pública hizo su debut ministerial el Dr. J.
C. Ravenna, iniciando lo que sería -bien que con interrupciones- la más extensa
actuación ministerial de nuestra historia; la vacante de A. Lanza fue cubierta
inmediatamente por el Ing. A. Végh Villegas. Con estos cambios el gabinete quedó
compuesto íntegramente por empresarios o "técnicos"; la más reciente actuación política
de alguno de sus integrantes era la de Venancio Flores, que había cesado como senador
con el fin de la anterior legislatura.

La ausencia de figuras políticas no debe entenderse necesariamente como falta


de respaldo. Tal como J. Batlle lo había prometido, estaba dispuesto a apoyar esa
orientación política y varias de las figuras ministeriales le merecían confianza. El decreto
del 13 de junio no significó la ruptura de la relación entre la "15" y el gobierno; por el
contrario, ésta fue todavía más estrecha como surge de confrontar la sucesión de
visitas de dirigentes quincistas a Pacheco.
Sin embargo, esta misma actividad sugiere que la situación interna aún estaba
indecisa. Pueden señalarse dos tendencias en el seno del Gobierno: por un lado, el
gaipo de los que veían en las medidas un recurso transitorio; y por otro, los partidarios
de la "línea dura" que querían aprovechar las medidas de seguridad para introducir
modificaciones de fondo. Es interesante señalar que la divisoria entre los dos sectores
no coincidía con la existencia de grupos de "políticos" y de "técnicos"; ambos aparecen
indistintamente representados en uno y otro grupo.
Los "halcones" tenían como impulsor al Dr. Batlle, verdadero inspirador de la
"línea dura" gubernamental (fue en carta personal a éste - y no al gobierno- a quien la
CNT propuso plebiscitar la política económica)40; contarían además con el apoyo del
Ministro de Defensa, Gral. Francese (el último sobreviviente del primer gabinete
gestidista) y aún del propio Pacheco. Eran partidarios de utilizar las medidas de seguridad
para imponer un reordenamiento profundo a la sociedad civil y para eso creían necesario
mantener las medidas de excepción hasta que culminara de elaboración de la Rendición
de Cuentas; así se pondría la discusión parlamentaria a cubierto de "la demagogia con
destino a las barras llenas de funcionarios" 41 .
A pesar de las presiones de los "duros", las expectativas de distensión parecían
apoyarse sobre bases firmes. La movilización estudiantil prácticamente se había detenido,
• ENCUENTROS

y la CNT no buscó una prueba de fuerza con el gobierno y prefirió solicitar una mediación
al Parlamento42. El momento parecía apropiado para aliviar el costo social de la política
económica, pero cualquier intento en ese sentido fue rápidamente sofocado desde tiendas
de la "15"; "Acción", vocero de la "línea dura", anunció: "No hay lugar para negociaciones"43.
Las diferencias entre estos sectores no se definían solamente dentro del gabinete;
los decretos de junio tuvieron rápida aprobación de los empresarios. El Presidente
recibió una delegación de empresarios de diversas ramas de la actividad que le hicieron
llegar personalmente su apoyo entendiendo que estaba "dispuesto a asumir en toda su
plenitud las responsabilidades que le competen al P.E." 44 . Igualmente entre los
asalariados, "31 gremiales independientes de la CNT" expresaron al ministro Espinóla
"su decidido propósito de colaborar con el Gobierno [...] esbozando sus aspiraciones a que
sea mantenida la libertad de trabajo"45. Se creaba un clima de apoyo para que el Presidente
no diera marcha atrás si las consecuencias sociales o la recesión económica amenazaban
sobrepasar las posibilidades de control; parecía estarse construyendo una nueva forma de
relación con los sectores empresariales, tanto más necesaria cuanto más evidentes habían
sido las vacilaciones del Presidente para definir una posición política.
Por su parte los partidos no estaban en condiciones de enfrentar la política del
gobierno. Cierto cálculo electoralista hacía de la omisión una actitud adecuada: Pacheco
"sacaba las castañas del fuego" mientras estaban lejos las elecciones. Esta estrategia
era útil tanto para blancos como para colorados, aunque tenían una interesante
divergencia en el tramo final: para los primeros era suficiente dejar correr el tiempo y
luego, cuando se acercara la campaña electoral, capitalizar en votos el descontento;
una vez en el gobierno se recogerían los frutos de la política sin haber pagado su costo
político. Para los colorados, por el contrario, la proximidad de las elecciones indicaría el
momento de introducir un cambio en la política, suavizando sus aristas más resistidas;
para entonces se podría apostar a que el bienestar presente hiciera olvidar los problemas
pasados. En cualquier caso, por el momento no hacer nada parecía lo más apropiado.
Correspondía a la Asamblea General adoptar una decisión sobre las medidas; y
recién el 25 de junio consiguió número suficiente para reunirse. De acuerdo con la
compulsa periodística, existía una fuerte mayoría contraria al levantamiento de las
medidas, formada por los legisladores de la "15", la U.C.B., "Lucha Colorada" (Flores
Mora) y algunos ex-integrantes del "Frente Colorado", a los que se sumaban los sectores
blancos de la "Alianza" echegoyenista, la U.N.B. de W. Beltrán y el M.N. de Rocha.
En contra se contaban los legisladores de la "315", la "99" y otros colorados
independientes, y los representantes del FIDEL y del PDC. Aunque el recuento no
incluía a los legisladores heberistas, podía darse por descontado el apoyo al Ejecutivo.
En esa oportunidad, la Asamblea sesionó durante tres días (25, 26 y 27 de junio) sin
llegar a tomar decisión. Sin embargo, el confuso debate que se produjo pennitió ratificar
en líneas generales la distribución de votos que informara la prensa.
• ENCUENTROS

La Asamblea levantó su sesión pocas horas antes de que el Ejecutivo anunciara


el decreto de congelación; y luego no volvió a reunir quorum para tratar el tema. Por
su parte el Ejecutivo supo mantener la expectativa anunciando medidas "de fondo"
que sustituirían al régimen de excepción.
La inacción del parlamento reflejaba claramente la fragmentación de los partidos
y su incapacidad para adoptar ninguna decisión. Dentro del coloradismo la parálisis se
reflejó en la pérdida de dinamismo de la Agrupación de Gobierno: Pacheco no la tomó en
cuenta al adoptar sus decisiones políticas ni consultó con ellos la implantación de las medidas.
Al desactivarse el único órgano partidario la mayoría se inclinó en apoyo al Ejecutivo, pero
la oposición interna quedó fuera de control y no vacilaron en enfrentar al gobierno en
nombre de "la tradición de Luis Batlle" defendiendo las libertades públicas. Asumieron
entonces la voz de la oposición con mucho más vehemencia que los mismos blancos.
Frente a esta resistencia, el Ejecutivo planteó las opciones como una antinomia
irreductible: "o con el Presidente o contra él"46: los Directores de entes que representaban
a la 99, fueron excluidos de los Directorios mediante el uso del mecanismo de la
"intervención" (significativamente, ninguno de los Directores nacionalistas perdió su
cargo por la aplicación de ese mecanismo)47. Aunque el 13 de julio, el sustituido Director
del B.R.O.U., Julio Herrera Vargas, acusó como beneficiarios de la devaluación de
abril a varios de los integrantes del equipo económico48, era evidente que la oposición
colorada perdía posiciones dentro de su partido; sus propuestas quedaban en amplia minoría
ante las mociones del oficialismo49, y algunos legisladores pro-gubernistas como el diputado
quincista Elichirigoity reconocían que "el batllismo se va a la derecha" 50 .
Si el panorama colorado era de división, el del nacionalismo era de desconcierto:
todavía continuaban los efectos de la crisis provocada por el fracaso de la elección del
Directorio; por otra parte, la mayoría del nacionalismo no podía enfrentarse a una
política que coincidía con la que aplicaban durante el gobierno anterior. Pero la delicada
situación parlamentaria del Ejecutivo decidió a los colorados a establecer contactos
con algunos legisladores nacionalistas, principalmente el Dr. Echegoyen y W. Ferreira
Aldunate 51 ; cuando fue evidente que éste había reajustado sus tiempos políticos y
mantenía una actitud de discreto segundo plano, los contactos se mantuvieron con
Echegoyen por lo menos hasta principios de agosto.
Pero el apoyo que Echegoyen podía dar se basaba más en la omisión que en la
acción. Aunque su opinión era muy respetada entre los blancos, nadie podía controlar
al herrerismo; su actitud consistió en ubicarse en una posición equidistante entre las
demandas del gobierno y las exigencias de sus bases, lo que se resolvió en la práctica
en una actitud de quietismo que contagió a todo el nacionalismo. Eran conscientes que
estaban incidiendo en un conflicto interno del P. Colorado, pero no veían de qué lado
estaba su interés. El Presidente hizo sentir a los nacionalistas que eran una pieza clave
en la estrategia política, y era claro que la demora en adoptar una decisión comprometía
• ENCUENTROS

al nacionalismo con el mantenimiento de un espeso entramado de disposiciones legales


que iba a ser muy difícil de derogar, una situación que no habían provocado ni podían
controlar. Para entonces comenzaron a evidenciarse las divisiones entre los blancos:
junto a quienes secundarían una política de apoyo incondicional estaba quienes eran
proclives a una transacción con el gobierno y aún quienes eran partidarios de la
derogación lisa y llana del decreto de congelación, que significaba un enfrentamiento
directo y frontal 52 .
Pronto comenzaron a levantarse cada vez más las voces que reclamaban una
actitud más combativa 53 . Las denuncias de J. Herrera Vargas sirvieron de catalizador
ya que mostraba cómo, a pesar de las conclusiones de la Investigadora del Senado, los
autores directos o responsables políticos de la devaluación de abril continuaban en sus
puestos. Muchos dirigentes nacionalistas "moderados" como W. Beltrán comenzaron
a hablar de condicionar su apoyo a la creación de la COPRIN a cambio de la sustitución
de los involucrados en la "infidencia"; mucho trabajo le costó a Echegoyen evitar que esta
propuesta se transformara en una resolución. A fines de julio, cuando Pacheco enviara los
anunciados proyectos, todavía era un enigma la actitud que asumirían los blancos.
Estas iniciativas finalmente se concretaron en un proyecto que implantaba un
mecanismo de contralor de precios y salarios, basado en la acción de un nuevo organismo
(finalmente se denominaría COPRIN) que ampliaba aún más la esfera de acción del
Estado en la economía.
La difusión del proyecto levantó fuertes resistencias, y no solamente entre los
sindicatos; también las gremiales empresariales manifestaron su desacuerdo con la
iniciativa. Si bien estaban de acuerdo con las limitaciones al ejercicio del derecho de
huelga que el proyecto incluía, se manifestaban desconfonnes con las atribuciones que
el nuevo organismo concedía al Ejecutivo. La Cámara de Industrias expresaba en un
comunicado que "... se opone a la fijación de remuneraciones mínimas y a la posibilidad
de tarifación por el Poder Público de cualquier bien o servicio que no sea de primera
necesidad, ya que ello supone una alteración fundamental de la filosofía política y de la
teoría económica sobre la cual reposa todo el sistema institucional del país" 54 . La
declaración revelaba la frustración de los industriales, que veían alejarse la perspectiva de
un Estado gendarme; por el contrario, el poder político había utilizado la agitación social
como excusa para aumentar su esfera de acción, primero de hecho y luego de derecho.

Pero el distanciamiento de los empresarios pareció compensarse con el apoyo de


los blancos. Finalmente a principios de agosto éstos pudieron presentar una propuesta
al Presidente: aceptaban las medidas de seguridad pero rechazaban la militarización de
funcionarios (una medida que ya había cumplido su objetivo) y limaban los aspectos
más chocantes del proyecto del Ejecutivo 55 . Una comisión de cuatro integrantes
reelaboró rápidamente el proyecto y entre augurios periodísticos de rápida aprobación
lo envió al Senado (allí dormiría durante tres meses); por su parte Echegoyen preparó
1*1 ENCUENTROS

un erudito informe sobre las medidas de seguridad para ser leído en la Asamblea
General. Pero los sucesos de agosto volvieron a paralizar al Parlamento.
La falta de propuestas de los partidos tradicionales durante estos meses críticos,
abrió el espacio para el surgimiento de propuestas impulsadas desde los partidos
minoritarios. El 23 de junio (día que se realizaban en Francia las elecciones
parlamentarias que pondrían fin a la crisis política iniciada con las movilizaciones
estudiantiles de mayo), el diputado del PDC, Juan Pablo Terra, sorprendió al ambiente
político con una propuesta de disolución de las cámaras y nuevas elecciones, para las
que proponía presentar un frente común de todas las fuerzas opositoras 56 . Aunque fue
rápidamente desechada por algunos de sus posibles destinatarios, la propuesta era un
síntoma de una nueva dinámica de fuerzas que hasta entonces parecían condenadas a
desempeñar papeles secundarios en el escenario político.
Un mes después de la propuesta pedecista, se produjo la reactivación del "frente
nacional" convocado en febrero. En una nueva reunión realizada en julio en el Paraninfo
universitario se registró la incorporación de Héctor Gutiérrez Ruiz (heberista) y de
Hugo Batalla (99), y allí se concretó la constitución del "Movimiento de Defensa de las
Libertades" 57 . En la siguiente reunión, el Dr. Carlos Quijano llamó a la oposición "a
dejar de lado todo aquello que pueda dividir a sus diversos sectores, para unirse alrededor
de unos pocos postulados comunes que ofrezcan una real alternativa al pueblo, capaz
de sacar a la República de la crisis" 58 .
Pero los ritmos de las dirigencias políticas no eran compartidos por todos. La
implantación de las medidas logró sus objetivos: los conflictos sindicales se detuvieron,
las movilizaciones estudiantiles perdieron vigor, y los comunicados oficiales que
afirmaban "reina la calma en todo el territorio nacional" no mentían en lo esencial; si
las medidas parecían justificarse poco cuando fueron adoptadas, menos se explicaban
a principios de julio. Sin embargo, las medidas se mantuvieron.
La prolongación de las medidas de excepción, ya sin justificación aparente, fue
provocando un estado de exasperación en algunas fuerzas sociales: las movilizaciones
estudiantiles, detenidas en junio, se reanudaron en julio con mayor participación de los
estudiantes universitarios. Simultáneamente, Montevideo comenzó a verse sacudida
por atentados terroristas. Estos formaban parte de la crónica habitual (solamente en
mayo se registraron tres), y era una modalidad vinculada con los grupos de extrema
derecha. A principios de julio, en cambio, el signo de los atentados cambió: primero se
produjo la voladura de la antena de emisión de Radio "Ariel" (dirigida por J. Batlle), y
luego atentados menos espectaculares, con bombas de alquitrán. El MLN, inactivo
desde hacía varios meses, reiniciaba su actividad; el 7 de agosto saltó a las primeras
páginas con el secuestro de U. Pereira Reverbel, por entonces Presidente Interventor
de U.T.E., y a quien se le consideraba como uno de los más tenaces impulsores de la
"línea dura" en el entorno presidencial. El gobierno no se dejó arrebatar la iniciativa;
• ENCUENTROS

debía encontrar rápidamente un enemigo que recibiera los golpes en lugar de la elusiva
guerrilla, y el blanco elegido fue la Universidad.
En la madrugada del 9 de agosto allanó sorpresivamente los recintos universitarios
en una operación que, inconducente desde el punto de vista policial, tenía la virtud de
mostrar al Presidente a la ofensiva cuando todo el sistema parecía paralizado por el
desconcierto. Los estudiantes reaccionaron con manifestaciones relámpago, a las que
se respondió con represión multiplicada. La velocidad con que se desarrollaron los
acontecimientos sorprendió a todo el sistema político que vio que la situación se les iba
de las manos. Hasta el mismo MLN se vio desbordado por las consecuencias: años
después, E. Fernández Huidobro declaró que "lo que nos decidió a liberar [a Pereira
Reverbel] fue que intuimos que iban a matar a un estudiante en la calle, y entonces
nosotros íbamos a tener que responder matándolo a él" 59 . La escalada iniciada con el
secuestro de Pereira Reverbel culminó siete días después cuando se anunció la muerte
de Líber Arce, uno de los estudiantes que habían sido gravemente heridos en incidentes
en los días previos.
La muerte de Líber Arce enfrió la adhesión de algunos sectores a la política del
Ejecutivo. Mientras una extraordinaria manifestación popular acompañaba el féretro,
algunos aliados hasta entonces considerados "seguros" comenzaron a marcar distancias.
Algunos legisladores de Unidad y Reforma no ocultaron su rechazo, y las frecuentes
reuniones mantenidas entre J. Batlle y el Presidente en junio y julio se espaciaron hasta
prácticamente desaparecer en agosto. También Echegoyen adoptó una posición menos
complaciente, lo que se interpretó como "una etapa que se cierra" en las relaciones
entre el nacionalismo y el Ejecutivo 60 . Sintomáticamente, por problemas de trámite o
por falta de número para tratarlas, las escasas iniciativas del Ejecutivo se empantanaron
en las Cámaras.
La desarticulación del apoyo legislativo de Pacheco pareció dar una nueva
oportunidad a la oposición; ahora se hacían evidentes los motivos de disgusto que todos
los sectores nacionalistas tenían con el Presidente: algunos por la política económica (a
las críticas planteadas inicialmente por el sector de A. Heber se iban sumando
progresivamente integrantes de otros grupos), otros porque se consideraban "desairados"
por el oficialismo (como era el caso de Echegoyen). Sin embargo, los blancos no
llegaron a formar el núcleo de un bloque opositor en el Parlamento.
El momento tampoco pudo ser capitalizado por el "Movimiento de Defensa de las
Libertades" ya que éste estaba atravesando una profunda crisis desde los sucesos de
Checoslovaquia: el 21 de agosto se produjo el ingreso de las fuerzas del "Pacto de
Varsovia" que depusieron al gobierno reformador que presidía Dubcek. Se sucedieron
manifestaciones públicas de protesta y declaraciones de rechazo de los organismos
universitarios y de la F.E.U.U.61 En el seno del "Movimiento..." se enfrentaron los
representantes del PDC -partidarios de emitir una declaración condenatoria- con los
• ENCUENTROS

del FIDEL que se oponían frontalmente a ella; luego de algunas discusiones, el PDC
anunció su desvinculación 62 ante la satisfacción de las fuerzas conservadoras que lo
interpretaban como el fracaso de "un intento de frente popular" 63 . Mientras Pacheco
reunía apoyos a la derecha, la dispersión predominaba entre la oposición.
Cuando meses después se fue diluyendo el consenso de junio ya se había creado
una situación de difícil reversión: el levantamiento de las medidas implicaba la anulación
de todas las disposiciones dictadas a su amparo, tales como el decreto de congelación
de precios cuya derogación lisa y llana aparejaría un fuerte empuje inflacionario, o el
levantamiento de las intervenciones de los Entes, lo que se entendía crearía delicadas
situaciones funcionariales.

3. La recomposición del escenario político (octubre-diciembre)


a) El nuevo rol del Ejecutivo
Luego de la muerte de Líber Arce la agitación estudiantil se había calmado; pero
el clima permanecía muy sensible y cualquier noticia sobre incidentes callejeros ocupaba
inmediatamente las primeras páginas de los diarios. A mediados de setiembre se produjo
otra escalada de movilizaciones como la de agosto que dejó un saldo de trece estudiantes
heridos el día 20, a los que se agregó la muerte de otros dos estudiantes el 21. El
Ejecutivo reaccionó rápidamente: implantó una severa censura de prensa (había grave
responsabilidad de la policía en los sucesos) y clausuró los cursos hasta el 15 de octubre,
colocando efectivos militares en la entrada de los centros de enseñanza. Privaba así a
los estudiantes de sus principales bases de concentración, pero al riesgo de poner
frente a frente a las tropas armadas y a los estudiantes más radicalizados.
Esta vez, la muerte de jóvenes en las calles encontró eco en el ámbito legislativo.
Michelini logró interpelar al Ministro Jiménez de Aréchaga, que concurrió acompañado
por los ministros de Defensa (Gral. Francese) y de Educación y Cultura (García
Capurro). A pesar de las provocativas afirmaciones de los ministros, el Senado no
logró concretar un voto de censura: la mayoría nacionalista sólo pudo ponerse de
acuerdo para formular una declaración sin efectos políticos y los partidarios de la
censura quedaron en minoría.
Este resultado guarda una curiosa similitud con lo sucedido en mayo cuando fue
convocado Charlone. Pero las semejanzas son sólo formales; en otro nivel de análisis
las diferencias son profundas. En mayo fueron las divergencias programáticas las que
impidieron la reunión de votos contra el gobierno, mientras el Ejecutivo permanecía a
la expectativa; en octubre, en cambio, Pacheco pasó a la ofensiva y amenazó con
disolver las cámaras si el margen de votos negativos se lo permitía. Los legisladores
optaron por la prudencia: en caso de elecciones anticipadas ellos arriesgaban sus bancas
mientras que el Presidente nada arriesgaba, y le abría la posibilidad de gobernar durante
varios meses sin control parlamentario lo que podía desembocar en una dictadura.
• ENCUENTROS

Además, se veía como posible que Pacheco mantuviera su política aún contra la opinión
expresa de la mayoría del electorado.
Aunque el Ministro había escapado a la censura parlamentaria, el episodio no
dejó de tener consecuencias políticas: Jiménez de Aréchaga interpuso ineludibles
compromisos y se fue del país; el 17 de diciembre haría llegar su renuncia desde el
exterior. Pero el episodio marcó el fin de las rebeldías parlamentarias; en todo el resto
del año el Legislativo se limitó a aprobar las propuestas presidenciales con la expectativa
de que, satisfechas sus aspiraciones, aceptara retornar al carril constitucional. La
interpelación de mayo inició un ciclo; la de octubre, en cambio, lo cerró.

b) La reestructura de las fracciones


Desde los sucesos de agosto (el secuestro de Pereira Reverbel, la muerte de
Líber Arce) comenzó a hacerse evidente un cambio en la actitud del gobierno: el
discurso "tecnocrático" fue abandonado por otro de características más autoritarias 64 ,
y aparece llevada hasta sus últimas consecuencias la lógica amigo-enemigo que ya
caracterizaba al discurso del Estado. Esta radicalización del discurso no repercutió en
un aumento de calidad en las iniciativas gubernamentales: durante unos días las
prometidas "medidas de fondo" fueron postergadas por el enfrentamiento del
gobierno con la Universidad, y se sucedieron iniciativas legislativas con distintos
arbitrios para destituir al Rector.

Esta política era poco sutil pero mostraba que el Presidente tenía firmes en sus
manos las riendas del poder, y ello le acercó adhesiones inesperadas. Su ataque a la
Universidad le atrajo el apoyo del ruralismo (uno de los baluartes más conservadores),
y sus reuniones con los dirigentes más destacados (J. J. Gari y la viuda de Nardone, Olga
Clérici) tuvieron inmediatos efectos visibles: el "Movimiento Nacional de Entidades Agrarias"
(controlado por el ruralismo) pasó bruscamente de la oposición al apoyo; el Presidente,
agradecido, expresó: "Necesito mucho este estímulo y esta solidaridad"65. Se comprende
su emoción: era la primera vez que recibía apoyos explícitos poruña política aplicada por
su iniciativa y defendida (hasta ahora) solamente por sus incondicionales.
Los orígenes políticos de Pacheco explican en buena medida sus pasos en se
momento. "No era un líder de primer nivel ni tampoco un líder particularmente respetado;
tuvo que crear su propio poder dentro del partido después de asumir la presidencia
-pero entre tanto tuvo la ayuda de la constitución más presidencialista que el país
conoció desde 1918. No obstante, no fue capaz de cooptar a muchos de los dirigentes
más importantes de las otras fracciones de su partido. De hecho, nunca logró ser un
líder entre la elite colorada; sí logró tener mucho poder, pero son cosas diferentes que
no deben confundirse. Su estrategia política era simple: se inclinó hacia la derecha y se
convirtió en el campeón del orden establecido contra la subversión y - a l igual que
Terra antes que é l - dejó de respetar las reglas del juego que lo habían llevado a la
• ENCUENTROS

presidencia. No tenía mayorías parlamentarias ni dirigía en realidad su propio partido,


pero tenía sus propias ideas sobre la lucha contra las guerrillas y también sobre algunos
otros asuntos", resume L .E. González 66 .
El proceso de creación del nuevo liderazgo no fue demasiado complejo. Cuando
se aseguró de que controlaba los resortes del poder, Pacheco trató de ampliar su apoyo
parlamentario: a los legisladores de la U.C.B. trató de agregar los representantes del
disuelto "Frente Colorado", y aunque no todos fueron igualmente receptivos (la senadora
Alba Roballo no le ocultó sus discrepancias con la orientación del Ejecutivo), puede
decirse que la operación le resultó exitosa en general 67 . A éstos se fueron sumando los
legisladores "independientes" y algunos sectores de reciente formación como el
denominado "Por una Política de Partido" que integraban los legisladores A. Rath,
Carrese, Tomatti, J. L. Pintos y Aguirre.

Los admirativos comentarios de sus nuevos partidarios transformaron las


decisiones políticas de Pacheco en la expresión de un dirigente "duro". Por su parte y
desde las alturas del poder, el Presidente saltó por encima de las mediaciones partidarias
para obtener apoyo de aquel sector de la población (no solamente de la clase alta) para
quienes el "orden" era un elemento básico. Cuando a fines de agosto estableció algunas
correcciones a su política, tuvo buen cuidado de que no pareciera una marcha atrás.
Anunció sus decisiones en un discurso por cadena; y en esta oportunidad inauguró el
tono seguro de quien tiene la receta justa para solucionar los problemas del país. Según
sus palabras, su posición coincidía con la de "la mayoría del pueblo, en la capital y en el
interior del país", y la aplicación de su política se demoraba sólo por la acción de
"ínfimas minorías" que aplicaban "recursos dilatorios"; convenía enfrentarlas con toda
energía para salvaguardar la "seguridad interior" (un concepto que desarrollaba por
vez primera) 68 . Si hubiera que poner una fecha para el surgimiento del "pachequismo"
como corriente política, ésta del 2 de setiembre de 1968 podría ser adecuada. Pronto
comenzó a realizar apariciones públicas y descubrió que el interior era más receptivo a
su presencia que Montevideo: antes de fin del año fortaleció la imagen de vinculación
directa con el electorado con visitas a distintos departamentos, acompañado de una
comitiva de poco relieve; "Solo, con mi pueblo", como diría más adelante.

Para finales del año, Pacheco ya lideraba el más numeroso sector de


parlamentarios colorados, eclipsando la figura de J. Batlle: en la lucha por la imagen
pública (tan importante en el contexto de la nueva constitución, como lo señalara A.
Solari), el Presidente había derrotado por completo al líder de "Unidad y Reforma".
Los acontecimientos políticos del año '68 debilitaron la imagen arrolladoramente
"ganadora" que J. Batlle tenía desde las internas batllistas de noviembre de 1965, y
que el resultado electoral de 1966 no había logrado empañar. Pero si bien es cierto que
en el caso de J. Batlle la imagen se vio fuertemente afectada por algunos acontecimientos
de ese año 69 , la situación del líder de "Unidad y Reforma" era similar a la de cualquier
ENCUENTROS g ]

otro dirigente de primera fila de su partido. Como dice González, "...los otros líderes de
primer nivel del partido del presidente tienen que marcar sus diferencias precisamente
porque el presidente ya está en una posición cualitativamente superior; de otra manera
arriesgan perder una visibilidad demasiado cara, fortaleciendo de ese modo la
predominancia del presidente y debilitando su propio futuro político" 70 . Los dirigentes
colorados que trataron de preservar su "visibilidad" frente al titular del Ejecutivo debieron
resignarse a sufrir deserciones 71 , "aunque sólo fuera por el simple oportunismo de los
políticos menores"; estas deserciones desarticulaban los sectores y, en definitiva,
temiinaban aumentando el respaldo al gobierno. En conclusión, si era necesario definirse
era mejor hacerlo en favor del gobierno que en su contra.

Así Pacheco comenzó a adquirir contornos políticos propios y logró hacer olvidar
las indecisiones del comienzo de su mandato; a fines del año el pachequismo, de tan
reciente aparición, era ya la mayoría dentro del coloradismo. Por cierto que podía
señalar aspectos positivos en su gestión: las estadísticas señalaban la contención de la
inflación, la autoridad del Ejecutivo se veía reforzada, había logrado que el Parlamento
aprobase una Rendición de Cuentas que no incluía aumentos para los funcionarios y una
iniciativa que reglamentaba el ejercicio del derecho de huelga. También mostró que podía
devolver algunos golpes a la guerrilla: en octubre el MLN sufrió la captura de algunos de
sus más importantes dirigentes pero, sobre todo, perdió su aureola de invencibilidad.
El fortalecimiento de Pacheco no fue contrarrestado por una reacción fuerte de
parte de sus opositores. Parecía ratificarse la frase de Unamuno que recordaba con
frecuencia el Dr. Quijano: el problema del país no era el gobierno; era la oposición.
Los colorados antigubernistas no lograron elaborar una estrategia común. Mientras
Michelini buscó la coincidencia con otros sectores políticos, Vasconcellos reivindicó el
discurso neobatllista. Una y otra opción implicaban costos importantes. Así, en su
aproximación a otros grupos, Michelini debió diluir su perfil colorado y comenzó a
verse cada vez más separado de su partido. Por su parte, aunque la opción de
Vasconcellos no contribuía a sumar fuerzas con el resto de la oposición, en cambio
podía reunir al electorado que había dado el poder a los colorados en las últimas
elecciones. Esta era una estrategia política apropiada cuando el batllismo era mayoría
y el Partido Colorado predominaba claramente en las elecciones; en aquel contexto,
dominar la interna colorada equivalía a controlar políticamente el país. Pero en 1968,
con un escenario muy cambiante, ninguna de las dos opciones se revelaría eficaz.
La mayoría de los integrantes del Parlamento terminarían adoptando una "línea
media", a tono con las prácticas tradicionales pero poco adecuada a la nueva realidad
política. "Lo que ha ocurrido en este crepúsculo de una clase política -sentenciaba
Real de Azúa- es que ese estilo de compromiso es un modo eficaz de gobierno cuando
se da su caldo de cultivo, pero no un estilo de oposición cuando la orientación concreta
de la gestión estatal difiere tajantemente de él. Convertido, en la urgencia, en palabra
1*1 ENCUENTROS

de oposición, se hace, más que otra cosa, una reivindicación [...] de un ejercicio de
postergaciones" 72 . Con palabras de resignada impotencia ejemplificaba el mismo
concepto el Dr. Echegoyen: "Sin medios para colocar en su verdadero cauce
constitucional al Poder Legislativo frente al Ejecutivo que lo ha desobedecido abierta y
reiteradamente... ¿Qué podíamos hacer frente a u n Poder Ejecutivo que [...] pretendía
imponer su voluntad a la Asamblea General?" 73 .
Aunque no todos mostraron similar actitud, los acontecimientos de ese año parecen
haber incidido con mucha fuerza sobre los legisladores nacionalistas. Los liderazgos de
Ferreira Aldunate y de Dardo Ortiz, que habían asomado con fuerza en mayo, se
eclipsaron esperando mejor oportunidad; mientras otras voces se levantaban contra la
atonía del partido: el senador aliancista Francisco Rodríguez Camusso marcó distancia
con la posición de la mayoría de su sector, y Alberto Heber reivindicó el discurso
opositor de su partido. Habría que esperar hasta fines del año siguiente para que
comenzaran a asomar a la superficie los signos de las transformaciones internas; pero
ya para entonces la imagen del nacionalismo como alternativa opositora estaba
fuertemente afectada.

c) Aparición de nuevos actores


A medida que el Ejecutivo innovaba en su accionar político, contribuía a configurar
nuevas respuestas. Aunque desde un principio había apuntado contra la CNT (y esta
continuó siendo su interlocutor principal durante todo el resto del año), comenzó a
recibir respuestas del más activo MLN 74 . Si bien es cierto que, como afirma Linz, "las
posiciones extremistas son el resultado de tensiones estructurales" 75 , en el Uruguay
de 1968 la política impulsada por el Ejecutivo transformó a la guerrilla en un polo de
atracción. El MLN no tenía mucho peso en el movimiento estudiantil pero su forma de
acción no podía desagradar a quienes veían a los partidos tradicionales como "parcelas
de poder usufructuadas por camarillas plutocráticas adueñadas del destino nacional" 76 .
Como resultado, el MLN experimentó un crecimiento espectacular recibiendo muchas
incorporaciones de estudiantes. "Algunos gurises venían llenos de heridas, chumbeados
por las escopetas Riot que comienzan a utilizarse en el mes de agosto. Cada chumbazo
que recibían, mandaban el gremio al diablo". Así el MLN que "en agosto del '67 tenía
dos columnas, en setiembre del '68 tenía siete" 77 .

Aunque al principio no había contacto entre los estudiantes y el MLN, pronto


comenzaron a acercarse los que se sentían desilusionados por la táctica de los
movimientos sociales y políticos que actuaban en el marco legal; allí se encontraron
con cristianos radicalizados y sectores de "militancia crítica" provenientes de los partidos
tradicionales, y aún de sectores militantes de la izquierda legal 78 .
La estrategia del MLN que presentaba la lucha armada como una opción política
de corto plazo 79 , implicaba el involucramiento de las FF.AA. Sin embargo, no fueron
ENCUENTROS g ]

éstas las que reclamaron un lugar en la lucha contra la guerrilla, sino el poder político
quien las reclamó como pocas veces antes. "En el Uruguay se opera un fenómeno
diametralmente opuesto al comprobado en los restantes países del continente. Mientras
en derredor, miremos a donde miremos, las FF. AA. enfocan la mira hacia la conquista
del poder [...] en el Uruguay, a la inversa, es el poder político el que despliega sus
devaneos ante los hombres de uniforme" 80 .
En ese momento el poder político (quizá porque era consciente de la debilidad y
falta de preparación de las tropas 81 ), limitó su función a tareas de vigilancia: fueron
utilizadas para poner en funcionamiento los servicios públicos, vigilar funcionarios
militarizados y custodiar los locales de enseñanza hasta el 15 de octubre.
Toda esta actividad significó la irrupción de los conflictos sociales en los cuarteles.
Aunque todos coincidían en señalar el carácter "civilista" de las Fuerzas Armadas
uruguayas (y era notorio que la mayoría de sus integrantes adoptaba una actitud
políticamente prescindente), ya entonces podían distinguirse dos tendencias antagónicas,
"constitucionalistas" y "golpistas". No se trataba de enfrentamientos entre sectores
"progresistas" y "conservadores": "el choque de opiniones sólo se advierte,
objetivamente, el afán de una tendencia por mantener a las FF.AA. en la órbita
específicamente profesional, sin puntos de tangencia con la órbita política, hacia la cual
la tendencia contraria pretendería inclinarlas" 82 . Ambos grupos acababan de tener
una importante prueba de fuerza a comienzos del año, cuando se convocó una asamblea
en el Centro Militar con objeto de "rendir homenaje a los soldados caídos en la lucha
contra guerrilleros y mercenarios". Por entonces el pronunciamiento resultó
bloqueado por una mayoría que entendió que no competía al Centro realizar ese
tipo de homenajes; aparentemente, la situación de retiro de los impulsores de la
iniciativa habría sido decisiva: "muy difícilmente un grupo de oficiales, encabezados
por jefes en retiro, podrían imponerse a otro grupo de oficiales encabezados por
jefes en actividad" 8 '. En los meses siguientes el ejército volvió a su rutina. Su
marginación podía considerarse casi completa 84 .

Sin embargo, muy pronto el mismo Pacheco comenzó a involucrarlas: en su discurso


del I o de marzo las mencionó por primera vez, señalándolas como "puntales [...] de la
normalidad institucional..." 85 ; luego, cuando comenzaba a perfilarse la crisis de
junio, estrechó sus contactos con los jefes militares 86 .
Pero sin duda el impacto mayor del poder político sobre el ejército se produjo
cuando se decidió la detención en los cuarteles de sindicalistas militarizados; entonces
se manifestaron en notorias diferencias de trato y pudo hablarse de cuarteles "duros"
y "correctos" según la orientación del jefe. Mientras que la sociedad en su conjunto
comenzaba a cambiar su visión de los militares, la convivencia con militantes sociales
estaba obligando, incluso a los militares más "apolíticos", a tomar posición en temas
que hasta entonces les habían sido ajenos.
• ENCUENTROS

El derrocamiento del presidente peruano Belaúnde Terry el 3 de octubre, fue un


acontecimiento internacional que influiría en la imagen del ejército. La primeras medidas
del nuevo gobierno marcó claras diferencias con el resto de los ejércitos latinoamericanos:
nacía el "peruanismo" en el preciso momento en que se manifestaba lo que parecía ser
una profunda corriente de descontento en el ejército uruguayo.
Sorpresivamente, a principios de noviembre, se anunció que el Jefe de la Región
Militar N°1 Gral. Líber Seregni, había solicitado su pase a retiro. Aunque oficialmente
se mencionó la existencia de divergencias sobre problemas administrativos con el
ministro Francese, no demoraron en circular versiones que apuntaban a cuestionamientos
de carácter político 87 . El alineamiento del ejército con las orientaciones autoritarias del
Ejecutivo, despertaba resistencias dentro de las FF.AA. "El Gral. Seregni habría
trasmitido al Presidente Pacheco, una vez afirmada la inalterable obediencia de las
FF.AA. a su Comandante supremo y a la necesidad de mantener la seguridad y el
orden públicos, cierto malestar por el retroceso que significaba colocar a los cuarteles
como prisiones y lugares de entrenamiento de ninguna manera voluntarios para los
sorprendidos reclutas", como señalaba una crónica periodística que agregaba: "Es el
mejor de todos, dijo ayer aun periodista de "El País" un elevado militar [...] Aunque de
un modo bastante discreto se conocen sus sentimientos políticos, ubicados dentro del
Partido Colorado, pese a que no se pliegan a las actuales líneas económicas y sociales
sostenidas por el Ejecutivo" 88 .

La solicitud de retiro de Seregni fue seguida por la de otros altos oficiales, en


un movimiento que alteraba sensiblemente la correlación de fuerzas dentro del
ejército: desaparecían muchos de los mandos que, a principios de año, se habían
definido contra el "homenaje" propuesto en el Centro Militar. La lógica de los
oficiales en actividad y en retiro, que había jugado a favor de las fuerzas
constitucionalistas en enero, comenzaba a invertirse.
Los cambios en el ejército son amplificados por un escenario político en fuerte
transformación, donde se destaca la acción de los "partidos menores". Estos presentan
un fuerte contraste con la que desarrollaron los grupos mayoritarios; desde mediados
del año fueron capaces de articular propuestas y concretar un nucleamiento que comenzó
a verse como el germen de un "frente popular". Este dinamismo les permitió superar
las graves dificultades con las que tropezaron a lo largo del año, y aún incorporar a
sectores de los partidos tradicionales descontentos con la pasividad de sus mayorías.
Los acontecimientos del año '68 tuvieron un efecto muy fuerte sobre los grupos
de izquierda. La política de Pacheco impulsó a la unidad de las fuerzas opositoras, al
mismo momento que simplificó su discurso. "Por encima de los lemas y de las ideologías,
blancos y colorados, demócrata-cristianos y comunistas, han creado de hecho las dos
nuevas comunidades políticas: llámense derecha e izquierda, oficialismo y oposición,
reacción y progresismo", anunciaba por entonces C. M. Gutiérrez en "Marcha" 89 . En
• ENCUENTROS

el planteo se anotaba un hecho cierto: el escenario político comenzaba a responder a la


polarización producida desde mediados del año, y ya no se correspondía con los
esquemas clásicos. Era sintomático que algunos dirigentes como Michelini, que en
junio habían rechazado de plano la propuesta del PDC de formar de un frente político
opositor, en octubre aceptaran manejar la idea como una posibilidad. "Antes de 1968 la
decisión que la izquierda enfrentaba era particularmente espinosa, porque su oposición
desde la derecha defendía un orden inequívocamente democrático, que no era un símbolo
vacío para, por lo menos, una buena parte de la izquierda."90
La rígida dicotomía amigo-enemigo planteada por Pacheco tuvo por resultado
exasperar la oposición interna de cada partido. Aparentemente Pacheco supuso que
estas divergencias se resolverían dentro de los marcos tradicionales; tal vez no imaginó
que en el nuevo escenario político, que él mismo estaba contribuyendo a crear, la
búsqueda de un camino fuera del lema era una opción posible. En un primer momento,
este impulso se expresó en el porfiado "Movimiento de Defensa de las Libertades";
los sucesos de setiembre promovieron su reactivación: se reintegró el PDC a la vez
que recibía nuevas incorporaciones.
Pero las dificultades para concretar una coalición de todas las fuerzas opositoras
no se resolvían simplemente con la nueva situación política; mientras todavía persistía
la adhesión de los dirigentes a sus lemas, la propia izquierda se enredaba en nuevas
discrepancias. A los amortiguados debates entre sectores se agregaba ahora una
discusión sobre estrategia que encerraba una divergencia profunda. Si la izquierda
"legal" quería presentarse como una opción política válida, debía marcar distancias
con las posturas más radicales; pero, precisamente en ese momento, éstas alcanzaban
el máximo de visibilidad: el MLN comenzaba a presentarse como un actor político
relevante, y hasta un legislador electo por el FIDEL fue acusado por la policía de
ser el "autor intelectual" del asalto a un banco efectuado por un grupo "de acción
directa". Para algunos la creación de un tercer partido era prematura; para otros,
llegaba demasiado tarde.

Simultáneamente la izquierda "era abiertamente empujada hacia la deslealtad


plena por el gobierno y por la mayoría de los líderes de los principales partidos" 91 . La
"gran prensa" pretendía ver las posturas del MLN en cualquier discurso opositor, y
con la acción del Ejecutivo que hacía pocas distinciones entre una y otra (prohibió todo
tipo de actos al aire libre y clausuró medios de prensa que oficiaban de portavoces de
la oposición, como ocurrió con el diario "Extra" sin que en este caso mediara la
publicación de ninguna declaración que pudiera tildarse de "violentista"), acotaron
fuertemente el campo de acción del conglomerado de fuerzas en la misma medida que
la pasividad de los partidos tradicionales lo favorecía.

A pesar de estas limitaciones, la idea de una coalición política que actuase en el


marco legal comenzó a abrirse camino. En el mes de noviembre, Oscar Bruschera
• ENCUENTROS

publicó en "Marcha" una serie de artículos bajo el simbólico titulo de "¿Qué hacer?" 92 ,
donde planteaba los pasos a seguir para la conformación de un tercer partido. Según
su propuesta, el nucleamiento debía tener desde el punto de vista programático una
clara definición democrática y antiimperialista, con mayor hincapié en las soluciones
inmediatas que en los objetivos finalistas. Debería contar necesariamente con una
corriente colorada y otra blanca que se separaran simultáneamente del tronco de sus
partidos, reivindicando sus tradiciones progresistas; las fuerzas marxistas podrían
integrarse a éstas si aceptaban no ejercer ninguna forma "predominio o tutoría" que
impidiera la participación de los cristianos 93 . Seis meses atrás, este planteo hubiera
sonado como un ejercicio surrealista; ahora, en cambio, los destinatarios tenían nombres
y apellidos concretos.

Conclusión
En 1968 alcanzó su climax el proceso de crisis que venía incubándose en los
partidos tradicionales. El primero que manifestó los síntomas fue el Partido Colorado,
tal vez porque tenía que organizarse de alguna forma para enfrentar la tarea de gobierno,
o porque tiene una forma de funcionamiento más orgánica y no se encuentra cómodo
con la desorganización. Las definiciones políticas y la aparición de la unidad de la
izquierda, se explican en parte por las actitudes con que los sectores dirigentes de los
grandes partidos asumieron la crisis del '68: la imagen "fuerte" de Pacheco le
proporcionó enormes réditos electorales mientras que J. Batlle pagó las consecuencias
de una estrategia más apta para una época de normalidad que para una de crisis.
El Dr. Quijano acostumbraba decir "No hay gobierno porque no hay partidos".
En 1968 hubo "gobierno" en el sentido que se entiende habitualmente el término, es
decir, se implantaron lineamientos de políticas económicas y sociales que se mantuvieron
por varios años. Sin embargo, la impopularidad de esas políticas trajeron como
consecuencia una fuerte agitación social y esto obligó a las elites políticas a adaptarse a
esa realidad. Esa adaptación forzada y sorpresiva trajo aparejada un conflictivo realineamiento,
que cambió la composición y el discurso de los partidos. Por eso, el año '68 puede
considerarse como fundacional en la historia de los partidos políticos uruguayos.

La evolución posterior mostraría claramente la profundidad de los cambios. En


principio se haría evidente una inversión en los discursos tradicionales: el discurso
neobatllista (partidario del arbitraje social, el solidarismo y la protección a la industria)
sería abandonado por la mayoría del coloradismo, sustituido por un discurso del "orden"
más característico del herrerismo. El discurso abandonado por los colorados (y que tan
eficaz había sido para captar votos en las elecciones anteriores) aparecería repartido
entre dos sectores políticos: por una parte el nucleamiento que formarían "Por la Patria"
y el "Movimiento de Rocha" en el nacionalismo, y por otra, el conglomerado opositor
que comenzaría a denominarse, desde 1970, "Frente Amplio".
• ENCUENTROS

Estas modificaciones se expresarán en los resultados electorales de 1971, donde


aparecerá una novedosa distribución de los sufragios. Por primera vez el batllismo y el
herrerismo quedarán en minoría dentro de sus partidos, mientras el nacionalismo debió
ceder el segundo lugar en el electorado montevideano.
El electorado flotante, una realidad política cada vez más decisiva, se repartió
entre tres: el electorado que respaldaban las posturas "neobatllistas" se repartieron
entre Ferreira Aldunate y el Frente Amplio; en cambio, la derecha se concentró en el
novedoso "pachequismo". Aparentemente la modificación de las propuestas electorales
atrajo votantes tradicionales del herrerismo hacia el Partido Colorado, pero en cambio,
no se verificó el traslado correlativo de votantes hacia el Partido Nacional. Los votantes
del interior prefirieron mayoritariamente la fórmula Ferreira-Pereira, mientras que en
Montevideo ésta no tuvo la misma capacidad de captación (¿resultado del opacamiento
de su líder principal en los conflictivos días de 1968?).
Por otro lado, la aparición de una tercera fuerza planteó un problema institucional
que era nuevo en el país: en las elecciones siguientes, el Presidente obtuvo la mayoría
dentro de un partido que, a su vez, sólo tenía una mayoría relativa. Por lo tanto, el apoyo
parlamentario del Ejecutivo se veía más limitado aún de los que había estado
tradicionalmente, mientras que su estabilidad institucional se veía fuertemente cuestionada.
Puede decirse que desde 1968 comenzaron a surgir partidos profundamente
renovados. Pero surgieron "en el tumulto y la desesperanza", como temía Quijano diez
años antes y, tal como lo predijo entonces, "nos aguardan días todavía más sombríos
que los actuales". Sin necesidad de un golpe de Estado, simplemente haciendo un uso
desprejuiciado de la autoridad gubernamental, Pacheco logró imponer una política
autoritaria que chocaba con toda la tradición del país. Cuando en diciembre el senador
quincista A. Lepro sustituyó al renunciante Jiménez de Aréchaga, se interpretó
optimistamente como un giro importante en la política del Ejecutivo: era el primer
"político" que ingresaba al gabinete desde la crisis de junio. Los sucesos posteriores
demostrarían que tales interpretaciones tenían poco fundamento: un Presidente sin
mayoría parlamentaria igualmente ponía en una situación incómoda a los legisladores;
Pacheco ya tenía el apoyo parlamentario que necesitaba.

Notas
González, L. E., pág. 14.

-González, cit, pág 17.

Los problemas insolubles de un régimen son a menudo la obra de sus elites. Linz, J. J., pág. 94.
x
González, cit, pág. 15.
:
La nueva constitución incluyó por primera vez algunas normas sobre el funcionamiento de los partidos,
al exigirles (art. 77 inc. 11) "ejercer efectivamente la democracia interna" en la elección de autorida-
des y "dar la máxima publicidad" a sus documentos programáticos. Uno de los autores del proyecto
• ENCUENTROS

reconocía que "Al no tener sanción efectiva [...] puede quedar en meras enunciaciones teóricas", por
lo que la calificaba de "un tímido intento de legislación de partidos" (Sanguinetti, J. M . y Pacheco
Seré, A., 1967, pág. 65). Tampoco modificaba el aspecto más discutido de la legislación electoral: la
ley de lemas, aunque introducía cierta flexibilización. Si bien en la intención se trataba de impedir
que el lema accidental fuera "un arbitrio que haga posible la suma de votos emitidos en favor de
parcialidades distintas" (id, pág. 67), la reducción de las exigencias impuestas por el art. 78 del texto
de 1952 habilitó la posibilidad de que en 1971 el Frente Amplio utilizara el lema del Partido
Demócrata Cristiano.
' S o l a r i , A.: Elecciones de 1966. Cambio... sin cambiar, en Solari, pág. 187.
'Solari, cit. págs. 197-198.

"González, cit. pág. 72.

' U n resumen de los acontecimientos del gobierno de Gestido y las políticas ensayadas, en Alonso Eloy,
R. y Demasi, C., 1986.

"'"Jaque", 29/VI/1984, pág. 10

" "El proceso fue realmente largo en el caso uruguayo: tardó casi dos décadas." González, cit. pág. 17.
Más pintorescamente, E. Fernández Huidobro dijo alguna vez que se trata del "golpe de Estado más
largo del mundo".
l2
Linz, cit., pág. 17.
13
Linz, cit., pág. 15 nota 9.
14
Rico, A., págs. 15-16.
15
C. Manini Ríos diría años después, que como Vice, Pacheco "no tenía ningún interés en que faltara el
Presidente", lo que parece cierto a la vista de la pasividad de sus primeras semanas. (Reportaje de
C. di Candía a Carlos Manini Ríos en "Búsqueda", 13/VIII/1987, pág. 33). Por otra parte, la
paternidad de una de las primeras y más espectaculares medidas de Pacheco, la proscripción de los
partidos y grupos firmantes del acuerdo, es atribuida por Ch. Gillespie a Gestido: "Un poco antes
de su muerte súbita en diciembre de 1967, el presidente Gestido decretó la proscripción del Partido
Socialista, que abiertamente se había pronunciado por la lucha armada para la "liberación nacional"
(Gillespie, Ch., 1995, pág. 43). La afirmación colide parcialmente con las fechas: el "Manifiesto..."
fue publicado en " É p o c a " el 12 de diciembre, es decir, seis días después de la muerte de Gestido, y
ese m i s m o día se decretó la clausura. Sin embargo la publicación de " É p o c a " afirma que el " M a n i -
fiesto" se aprobó en un acto público "el lunes 4 de diciembre" (Demasi, C., 1996, pág. 38); por lo
tanto, era posible que el "Manifiesto..." fuera conocido ya por el gobierno, y que se hubiera decidido
la proscripción, aunque condicionada a la publicación. Esto explicaría la adopción de una medida tan
excepcional en el contexto de los primeros pasos del gobierno de Pacheco.

""'Gillespie, pág. 55. Entrevista realizada el 10 de julio de 1984.

" D i s c u r s o pronunciado el 15/11/1968, resumido en "Acción", 31/XII/1968, pág. 3.


18
"Acción", 13/III/1968, pág. 2.
19
Real de Azúa, C., pág. 77.
20
Los dirigentes nacionalistas de primera línea eran C. M. Penadés -Movimiento Popular Nacionalista-;
A. Gallinal - M o v i m i e n t o Nacional de Rocha-; W. Beltrán - U n i ó n Nacional B l a n c a - y A. Heber -
Movimiento Herrera-Heber-, además del propio M. Echegoyen que lideraba la Alianza Herrero-
Ruralista.
21
"El País", 23/IV/1968, pág. 3.
• ENCUENTROS

22
"El País", 8/V/1968, pág. 3.
23
C. Quijano: Los verdaderos dos partidos; "Marcha", 14/IX/1962, pág.5.
24
La "Carta Pastoral de Adviento", de diciembre de 1967, expresaba: "Quiérase o no, aquellas reformas
estructurales han de venir porque la historia es irreversible. Nosotros no sólo no podemos resistirlas
sino por el contrario, debemos ser sus impulsores" ("Carta Pastoral de Adviento", 1967, pág. 12.).
Este llamado a la acción no excluía la posibilidad del trabajo con sectores marxistas con los cuales,
según la Encíclica "Pacem in Terris", "puede a veces suceder que ciertos contactos de orden práctico
[con sectores marxistas] sean provechosos, o puedan llegar a serlo" ("Carta Pastoral...", pág. 18.)
25
Reunida en La Habana en agosto del año anterior para coordinar la lucha revolucionaria en América
Latina, había destacado el papel de la lucha armada. La decisión no tuvo el apoyo de la mayoría de
la delegación uruguaya, a u n q u e no la del P. C o m u n i s t a , y esto generó un debate que se p r o l o n g ó
en M o n t e v i d e o .
26
Alfaro, M.: El M.L.N. en la coyuntura de 1968 (Inédito, 1987), cap. 2.
27
D.S.A.G„ T. 49, pág. 393.
2!i
Ver Rodríguez, H., 1965.
29
Un frente nacional en "Marcha", 23/11/1968, págs. 6 y 14.
30
"E1 País", 3 de abril, pág. 4; comentarios de D. Ortiz en "El País", 4 de abril, pág. 4; D. Rodríguez Larreta
publicó extensos fragmentos en "Mirador Económico"; "El País", 14 de abril, págs. 3 y 2.
31
El industrial J. Serrato corno Ministro de Transportes, Comunicaciones y Turismo sustituyó a J.
Can-ere Sapriza; el banquero J. Peirano Fació por S. de Brum en Industria y Comercio, y el ganadero
C. Frick Davies pasaba a ocupar el Ministerio de Ganadería en lugar de M. Flores Mora. Este
ocuparía desde ahora el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social en lugar del censurado G. Acosta
y Lara, y Venancio Flores, que ocupara una banca en el Senado en representación del PDC entre
1963 y 1967 fue designado Canciller en lugar del también censurado H. Luisi. El único ingreso de un
político fue en la cartera de Educación y Cultura, donde A. Roballo sustituyó a L. Hierro Gambardella.
32
En 1966 el Dr. Legnani había declinado el ofrecimiento de la Vicepresidencia y ocupaba una de las
carteras clave del gobierno. Sin embargo, aunque mostraba poca vocación por el cargo su renuncia
fue rechazada en varias oportunidades. Esta vez le fue aceptada un tanto sorpresivamente, cinco
días después de las d e s i g n a c i o n e s anteriores y c u a n d o ya se c o n s i d e r a b a c o m p l e t a d a la rees-
t r u c t u r a c i ó n . Por otra parte, t a m b i é n es c u r i o s a la elección del sucesor, un a b o g a d o q u e no
residía en el país.
33
"El País", 28/IV/1968, pág. 5.

-"'Texto de los acuerdos en "Marcha", 12/VII/1968, pág. 6.


35
Bañales, C. y Jara E., 1968; pág. 71.
"'"El País", 23/V/1968, pág. 3.
3
"~E1 País", 4/VI/1968, pág. 3.

"Extra", 13/VI/1968, pág. 2.


" D . S . A . G . , T. 49, págs. 339 y sigs.

""Texto en: C.N.T.: Documentos y Congresos /1. Montevideo, CUI, 1986, págs. 10 y 11.
* - E l Diario", 14/VI/1968, pág. 4

' - N o t a de la C.N.T. al Presidente de la Asamblea General en "El Popular", 4/VII/1968, I a pág.


• ENCUENTROS

43
"Acción", 3/VII/1968, pág. 3.
44
"El Popular", 16/VI/1968, pág. 1; "El País", 22/VI/1968, pág. 3; 29/VI/1968, pág. 5 y 7 / V I I / 1 9 6 8 ,
pág. 3.
45
"bpColor", 13/VII/968, pág. 8.
46
Palabras de J. Pacheco el I o de julio, en "bpColor", 3/VI1/1968, pág. 2.
47
"bpColor", 14/VII/1968, pág. 11.
4S
Conferencia brindada en el Paraninfo de la Universidad; texto completo en "Marcha", 20/VIT/l 968,
págs. 8 a 15.
49
"bpColor", 24/VII/1968, pág. 2.
50
"El País", 26/VII/1968, pág. 3.
51
"El País", 23/VII/l 968, pág. 4. Echegoyen habría hecho algunas sugerencias sobre la fundamentación
("Marcha", 5/VII/1968, pág. 8, y 21/VI/1968, pág. 7).

" " E l País", 8/VII/1968, pág. 3.


53
D.S.A.G., T. 49, pág. 525; "Marcha", 20/VII/1968, pág. 2.
54
"bpColor", 2/VIII/l 968, pág. 2.
55
"El País", 3/VIII/1969, pág. 3.
5(
' "Marcha", 28/VI/1968, págs. 8, 9 y 20.
57
"El Popular", 10/VII/1968, pág. 12.
51i
"El Popular", 25/VII/1968, pág. 5.

^ D e c l a r a c i o n e s de E. Fernández Huidobro a M. Alfaro (Inédito, 1987); pág. 49.

"""El País", 15/VIII/1968, pág. 3


61
Ver en Landinelli, J., pág. 92, las características de este documento.
2
" "bpColor", 5/IX/1968, pág. 3.
63
"El País", 17/IX/1968, pág. 3.
64
Durante el año 1968 el discurso económico de gobierno abandonó la argumentación basada en los
criterios desarrollistas de la CIDE y adoptó los del CIAP, más próximos a la política del FMI; ese
cambio comenzó a producirse durante los últimos meses de la presidencia de Gestido (A. Rico, cit.,
págs. 34-35). En ese discurso, la C.N.T. era "el centro principal de su razonamiento político del
"orden" (id, pág. 36).

»5 "bpColor", 17/VIII/1968, pág. 4.


''''González, cit., pág. 68.

" R e a l de Azúa agrega algunos datos sobre las estrategias desarrolladas por Pacheco para atraer a los
dirigentes intermedios: "Aun en estos casos [la sustitución de los Directorios de los entes autóno-
mos mediante el mecanismo de la intervención en el marco de las medidas de seguridad] ha primado
el más craso criterio de reparto político en la distribución de los cargos, ofrecidos a tal o cual grupejo
para que éste designe a quien crea conveniente, incluso en funciones de la naturaleza de las que
cumple el Instituto de Colonización o el Tribunal de Cuentas." (Real de Azúa, cit., pág. 153 nota
ENCUENTROS g]

105). Aparentemente, los dirigentes intermedios habrían aprendido las lecciones de las elecciones
de 1966, más rápidamente que el propio Pacheco: según el análisis de A. Solari, los resultados de
1966 demostraron la inutilidad de los "laboriosos compromisos" preelectorales por el descaeci-
miento de las maquinarias partidarias electorales. Pacheco habría mantenido la estrategia de acuer-
dos con caudillos menores, mientras que éstos se habrían nucleado en t o m o a una figura "de
alcance nacional capaz de trasmitir una imagen positiva, justa o injusta, a los electores" (A. Solari,
cit, pág. 197).
í,s
"Acción", 3/IX, pág. 2. Análisis de este discurso en A. Rico, cit., pág. 39 y F. Panizza, (1990), pág.
136-137.
69
Los adversarios políticos volcaron sobre él las sospechas de haberse beneficiado con la devaluación de
abril, mientras que su tibio apoyo luego de la muerte de Líber Arce, f u e visto como una señal de
debilidad por los "duros".
70
González, cit., pág. 74.

" Vasconcellos soportó la separación de dirigentes intermedios como A. Huerta de Font y J. J. A m a r o , y


Michelini las de Cersósimo y A. Lanza. En el nacionalismo, el pasaje del sector heberista a la
oposición le costó la separación del Dip. B. Medero, lo que representó un paso importante en la
aproximación entre el movimiento ruralista y el P. Colorado.
72
Real de Azúa, cit., pág. 51.
73
En la sesión del Senado del 10/XII/1969, según "De Frente", 14/1/1970, pág. 3.
74
El gobierno de Pacheco demoró bastante en encontrar al M.L.N. como justificador de sus acciones,
aunque luego la utilizó como justificador retroactivo, una idea que ha alcanzado también a la
academia. Sin embargo, el interlocutor principal durante todo el año 1968 fue la C.N.T.; ver A. Rico,
cit., pág. 57.
75
Linz, cit., pág. 26.
76
Landinelli, cit., pág. 94.
77
Declaraciones a M. Alfaro, cit. págs. 17 y 21.
7S
Alfaro, M., cit, págs. 12 a 21.

"''"'SO preguntas a un Tupamaro" (2 de junio de 1968), en Harari, J., págs. 211-220.


v0
Ramírez, G., cit, pág. 194. Las "insinuaciones" del personal político hacia las fuerzas armadas ya había
comenzado con el primer gobierno blanco; ver Alonso, R. y Demasi C., cit. pág. 20.
1
El anónimo portavoz del M.L.N. las definía como "uno de los aparatos represivos más débiles de
América" (Id, pág. 217).

'-Ramírez, G., pág. 155.

'- Ramírez, G., cit, pág. 155, donde puede leerse una crónica de la asamblea.
u
La aparente calma que siguió al episodio de enero, sólo fue alterada por el rumor (que corrió a media-
dos de mayo) de que los superiores de las tres amias le habían exigido a Pacheco la investigación
de los antecedentes de la devaluación (entre ellos la publicación de los nombres de los comprado-
res de moneda extranjera y los montos adquiridos en los días previos) y la atenuación de la "ima-
gen de frivolidad" que presentaba el equipo gobernante. ("Marcha", 17/V/1968, pág. 12).

""A. Rico, cit., pág. 55.


1*1 ENCUENTROS

Sí>
Inició "una serie de visitas protocolares" a los cuarteles (C. Demasi y otros: "La caída..." cit., págs. 58
y 59) y decidió incluir en la Rendición de Cuentas (la misma que no incluía aumentos de salarios) una
partida de seis millones de pesos destinados a la adquisición de inmuebles para la Cooperativa de las
FF. AA. (Ramírez, cit. pág. 248).

" R a m í r e z juzga duramente la actitud de Seregni, calificándolo de "Artillero que abandonó la trinchera"
(Ramírez, cit. pág. 253) y reproduce una versión "no del todo peregrina", según la cual "Seregni
habría preferido deponer el bastón de mando a cambio de [la candidatura a] la suprema magistratura
del país" (id, págs. 255-256), aunque por otro lado atribuye la renuncia de Seregni a las consecuen-
cias de la asamblea del Centro Militar del 4 de enero, (id., pág. 156).
SS
"E1 País", 8/XI/1968, pág. 4.
S9
C. M. Gutiérrez: ¿Hacia un tercer partido? en "Marcha", 18/X/1968, pág. 11.
90
González, cit, pág. 67.
91
González, cit, pág. 67. La excepción que agrega González a continuación, no es válida para el año '68.
92
O. Bruschera: ¿Que hacer?. "Marcha", 25 de octubre, pág. 6; I o de noviembre, pág. 6; 8 de noviembre, pág. 8
93
"Marcha", 8/XI/1968, pág. 8.

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