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4. De Thingol y Melian
Melian era una Maia, de la raza de los Valar. Moraba en los jardines de Lorien, y no había allí nadie más hermosa que
Melian, ni más sabia, ni que conociese mejor las canciones de encantamiento. Se dice que los Valar abandonaban el trabajo
y que el bullicio de los pájaros de Valinor se interrumpía, que las campanas de Valmar callaban y que las fuentes dejaban de
fluir, cuando al mezclarse las luces Melian cantaba en Lorien. Los ruiseñores iban siempre con ella y ella era quien les
enseñaba a cantar; y amaba las sombras profundas de los grandes árboles. Antes de que el Mundo fuera hecho, Melian se
parecía a la mismísima Yavanna; y en el tiempo en que los Quendi despertaron junto a las aguas de Cuiviénen, partió de
Valinor y llegó a las Tierras de Aquende, y allí poco antes del alba la voz de Melian y las voces de los pájaros llenaron el
silencio de la Tierra Media. Pues bien, cuando el viaje estaba por concluir, como ya se dijo, el pueblo de los Teleri descansó
largo tiempo en Beleriand Oriental, más allá del Río Gelion; y en ese entonces muchos de los Noldor estaban todavía al
oeste, en esos bosques que luego se llamaron Neldoreth y Región. Elwë, señor de los Teleri, atravesó a menudo los grandes
bosques en busca de Finwë, su amigo, en las moradas de los Noldor; y sucedió una vez que llegó solo al bosque de Nan
Elmoth, iluminado por las estrellas, y allí escuchó de pronto el canto de los ruiseñores. Entonces cayó sobre él un
encantamiento y se quedó inmóvil; V a lo lejos, más allá de las voces de los lómelindi, oyó la voz de Melian, y el corazón se le
colmó de maravilla y de deseo. Olvidó entonces por completo a su gente y los propósitos que lo guiaban, y siguiendo a los
pájaros bajo la sombra de los árboles, penetró profundamente en Nan Elmoth y se extravió. Pero llegó por fin a un claro
abierto a las estrellas, y allí se encontraba Melian; y desde la oscuridad él la contempló, y vio en el rostro de ella la luz de
Aman.

No dijo Melian ni una palabra; pero anegado de amor, Elwë se le acercó y le tomó la mano, y en seguida un hechizo operó en
él, de modo que así permanecieron los dos mientras las estrellas que giraban por encima de ellos medían los largos años, y
los árboles de Nan Elmoth se volvieron altos y oscuros antes de que ninguno pronunciara una palabra.

Así, pues, el pueblo de Elwë, que lo buscó, no pudo encontrarlo, y Olwë fue rey de los Teleri y se pusieron en marcha, como
se cuenta más adelante. Elwë Singollo no volvió nunca a través del mar a Valinor, y Melian no volvió allí mientras los dos
reinaron juntos; pero de ella tuvieron, tanto los Elfos como los Hombres, un aire de los Ainur que estaban con Ilúvatar
antes de Eä. En años posteriores él se convirtió en un rey renombrado, que mandaba a todos los Eldar de Beleriand; se
llamaron los Sindar, los Elfos Grises, los Elfos del Crepúsculo; y él era el Rey Mantogrís, como se lo llamó, Elu Thingol en la
lengua de esa tierra. Y Melian fue la Reina, más sabia que hijo alguno de la Tierra Media; y habitaban en las estancias
ocultas de Menegroth, las Mil Cavernas, en Doriath. Gran poder le dio Melian a Thingol, que fue grande entre los Eldar;
porque sólo él entre todos los Sindar había visto con sus propios ojos a los Árboles en el día del florecimiento, y aunque
era rey de los Umanyar, no se lo contó entre los Moriquendi, sino entre los Elfos de la Luz, poderoso en la Tierra Media. Y
del amor de Thingol y Melian, vinieron al mundo los más hermosos de todos los Hijos de Ilúvatar que fueron o serán.

3. De la llegada de los elfos y el 5. De Eldamar y los príncipes de


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cautiverio de Melkor los Eldalié

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