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La Mujer en la Masonería

Por Alfredo Corvalan

Soy plenamente consciente que al abordar el tema de la mujer en nuestra


Orden se incursiona en uno de los campos conceptuales que ha sido la causal
de múltiples conflictos y divisiones en la misma.

Albert Mackey, el autor de la “Enciclopedia de la Francmasonería” incluyó entre


los “Antiguos Limites” (Landmark) exigidos a los candidatos a la iniciación en la
orden la pertenencia al sexo masculino, excluyendo expresamente a la mujer.
Al respecto la marca XVIIIª expresa: “Esta marca exige de los candidatos a la
iniciación ciertas cualidades: que sea bien nacido, sin lisiaduras ni mutilación
corporal y de edad viril; esto es, que una mujer, un lisiado, o un esclavo o
nacido en esclavitud no están calificados para ingresar en la masonería.
Cierto es que de cuando en cuando se han publicado estatutos en que se
demanda una explicación de estos principios, pero las cualidades requeridas
dimanan de la misma esencia de la masonería y de sus simbólicas enseñanzas y
han sido siempre una marca de la institución”.
La Gran Logia Unida de Inglaterra, que se autoproclama la Logia Madre de la
Masonería en razón de la antigüedad de su fundación, se ve como “la
guardiana de los usos y costumbres tradicionales de la masonería regular". En
una resolución de 1929, relativa a los criterios de regularización de las
obediencias proclama:
“Que la Gran Logia y las logias particulares estarán exclusivamente compuestas
de hombres; y que cada Gran Logia no mantendrá ninguna relación masónica
de cualquier naturaleza que ésta sea con logias mixtas o con cuerpos que
admitan mujeres en calidad de miembros”.
En épocas más reciente, la Gran Logia Unida de Inglaterra aprueba y difunde
un documento, en el año 1989, revisando y redactando nuevamente los
principios básicos que había formulado en 1929, quedando así:
“Para ser reconocido como regular por la Gran Logia Unida de Inglaterra, una
Gran Logia debe cumplir las siguientes normas:”
“1) La Gran Logia debe estar legalmente establecida por una Gran Logia
Regular o por tres Logias particulares o más, cada una de ellas garantizada por
una Gran Logia Regular.”
“2) Ella debe ser verdaderamente independiente y autónoma, tener autoridad
incuestionable sobre la Masonería Simbólica (es decir, sobre los Grados
simbólicos de Aceptado Aprendiz, Compañero del Arte y Maestro Masón) dentro
de su jurisdicción, y no ser dependiente de ninguna manera, de algún otro
poder o cuerpo Masónico.”
“3) Todo Masón de su jurisdicción debe ser varón, y ni ellos ni las Logias deben
tener contacto Masónico con Logias que admitan mujeres como miembro”
“4) Los Masones de su jurisdicción debe creer en un Creador Supremo”
“5) Todo Masón de su jurisdicción debe tomar sus obligaciones sobre o la vista
de un Volumen de la Ley Sagrada (es decir, la Biblia) o el libro que él considere
sagrado.”
“6) Las tres “Grandes Luces” de la Masonería (es decir, un Volumen de la Ley
Sagrada, la Escuadra y el Compás) debe ser expuestos cuando la Gran Logia o
sus Logias subordinadas se encuentren abiertas.”
“7) Las discusiones sobre religión y política en las Logias deben ser prohibidas.”
“8) Ella deberá adherirse a los principios establecidos y a los Usos (los Antiguos
Landmarks) y Costumbres de la Orden, e insistir en que ellos sean observados
en sus Logias.”
De una atenta lectura comparativa de los textos de los de los Principios
Básicos” de 1929 y de 1989, se desprenden algunas conclusiones importantes:
La obligación de prestar juramento sobre o a la vista de un Volumen de la Ley
Sagrada se mantiene en ambas redacciones, con el añadido aclaratorio, entre
paréntesis, en 1989 de que se trata de la Biblia; de igual manera se mantiene
la obligación de mantener expuesta las tres Grandes Luces cuando la Gran
Logia o sus Logias subordinadas se encuentren abiertas.
La prohibición de tener contactos masónicos con Logias que admitan mujeres
como miembro solo permanece en el texto de 1989 para las Logias y los
Masones, pero nada dice para la Gran Logia, dando pie a interpretar que estas
pueden tenerlo.
Convento Ordinario de Paris, 27/29 diciembre 1927.
Las decisiones allí adoptadas son principios constitucionales conforme al artículo
2º de la Constitución de la GLMU por su carácter de Antiguos Límites.
Entre ellos el siguiente: “Sólo pueden recibirse masones hombres libres de
buena costumbre y de edad adulta”.
Presencia de la mujer en las logias operativas
Los hechos históricos demuestran lo contrario de lo afirmado por Mackey. Jean
Palou en su libro “La Francmasonería” nos habla de la existencia de un célebre
arquitecto medieval, Erwin de Steinbach, que hizo edificar el portal y la torre de
la catedral de Estrasburgo.
A continuación, en una nota a pie de página, se refiere a Sabina, hija del
citado arquitecto, que “ejecutó esculturas en el portal sur, lo que confirma lo
que ya sabíamos, afirma Palou: que las mujeres en la edad media tanto en
Inglaterra, como Alemania y también en los países escandinavos eran
admitidas, con el mismo título que los hombres, en todas las sectas de
mercaderes y artesanos”.
Los estatutos de la secta de Norwich de 1375 se dirigen “a los hermanos y
hermanas” y el “Livre des Métiers” del Prevoste Etienne Boileau (1268) habla de
la admisión de las mujeres en el dominio del oficio.
Además, un texto de 1693, a propósito de la recepción en la logia de nuevos
masones observa: “uno de los ancianos toma el libro; aquel o aquella que debe
convertirse en masón coloca las manos sobre el libro, y entonces son dadas las
instrucciones” (manuscrito masónico inglés de 1693 en posesión de la logia de
York, citado por G. Bord). A este propósito, H. F. Marcy escribe: “según este
texto habrían sido iniciadas mujeres”.
Esto nos parece en absoluto probatorio y justifica la filiación masónica regular
de las mujeres a pesar de la opinión bien conocida de Anderson en sus
Constituciones de 1723: “las personas admitidas como miembros de una logia
deben ser hombres de bien y leales, nacidos libres, y de edad madura y
circunspecta, ni siervos ni mujeres, ni hombres sin moralidad o de conducta
escandalosa, sino de buena reputación” (artículo III), y el de Rene Guenón en
“Apreciaciones sobre la iniciación”: “....la iniciación masónica excluye
notoriamente a las mujeres”.
Paul Naudon escribe asimismo: “los ingleses tienen una organización para las
mujeres, “la Honorable Fraternidad de la Masonería Antigua”, que sigue el rito
“emulación”. En América – afirma Palou – las organizaciones masónicas
femeninas agrupan más de tres millones de miembros (“Orden de la Estrella de
Oriente”, “Orden del Arco Iris”).
Si en la logia se actuara solamente en el nivel de conciencia superficial o
puramente verbal, como puede ser el caso de cualquier club de debate o
ateneo, el ser masculino o femenino no tendría especial relevancia.
Pero si el vínculo relacional que se establece no es sólo de comunicación, sino
también de comunión, esa diferencia del ser masculino o femenino adquiere
mayor relevancia y protagonismo.
Nada tiene que ver en esto el debate sobre la igualdad jurídica de los sexos,
pues aquí nos referimos a una esfera de la realidad más íntima que la que
regula las normas jurídicas.
La masculinidad exclusiva se justifica en la posición tradicional, que incluye a su
vez dos posiciones diferenciadas:
- la que considera que el simbolismo mismo de la construcción es
excluyentemente masculino, su camino iniciático necesariamente
antipático para la mujer, y sus símbolos masónicos propios de la fratria
masculina: piedra inorgánica y estéril, las herramientas de cantería,
duras y cortantes, el simbolismo de la luz de lo seco, lo claro; y
- en segundo lugar una posición, también tradicionalista pero más
comprehensiva, que admite que la mujer puede encontrar en la logia
una vía de iniciación, pero entiende que debe separarse la iniciación
masculina de la femenina, por cuanto el trabajo en logia propone
tácitamente un proyecto de construcción personal que debe diferenciarse
para mantener la polaridad de lo humano, ya que la arquitectura interior
de la mujer y del hombre no son iguales.
Para la postura más tradicionalista, según René Guenón, la mujer vendría
condicionada por su propia biología a encontrar un camino iniciático
espontáneo en la generación.
La “via génitrix”, de este modo el proceso de gestación, parto y crianza,
serían los tres grados naturales de la mujer, que precisan de una forma de
destreza y maestría diferentes de los de la construcción, ya que la obra no se
realiza en el exterior sino en el interior. No se lleva a cabo colectivamente sino
en solitario, no implica un ejercicio de reflexión, fuerza y diseño, sino de
introspección y esperanza. No es una obra hecha de piezas inorgánicas sino un
ser humano vivo y orgánico.
En definitiva se trata, desde este punto de vista, de dos caminos alternativos y
necesariamente paralelos. Esta misma posición masónica tradicionalista ha
investigado la pervivencia de tradiciones profesionales típicamente femeninas, y
de hecho ha propiciado la creación de una obediencia iniciática exclusivamente
femenina en Holanda, bajo el título distintivo de Vita Femenina Textura.
Esta ha desarrollado un ritual iniciático a partir del trabajo de las hilanderías, es
decir, sobre la metáfora de la textura del tejido en lugar de sobre la
construcción. Esta alternativa se fundaría en la mayor simpatía psicológica entre
el tejido y las herramientas de tejer y lo femenino. Por otro lado, y al margen
de los argumentos de carácter psicológicos o estrictamente simbólicos y afectos
de la logia, tenemos la presencia de Eros en la figura de una mujer joven, o de
la madre en el caso de una mujer de cierta edad.
No se trata de posturas determinadas por simples inercias masculinas o
femeninas, ni tampoco de actitudes simplemente caprichosas: solo responden a
una concepción determinada del método masónico.
La posición favorable a la mixticidad parte también de una reflexión sobre el
método masónico, pero añadiendo cierto atrevimiento a las consideraciones
exclusivamente metodológicas y al análisis psicológico del simbolismo,
reivindicando la necesidad del equilibrio andrógino (que presenta caracteres
sexuales masculino y femenino) incluso en el interior de la logia, como el mejor
camino de crecimiento personal. Por cuanto el proceso de individualización, de
acuerdo a la psicología analítica de Jung, implicase equilibrio andrógino.
La fórmula de la mixticidad sintoniza con una visión espiritual que, entendiendo
el mundo como una armonía de contrarios, permite un tipo de iniciación que a
pesar de sus riesgos (y todo lo valioso tiene riesgos) está llamado a enriquecer
la tradición masónica.
En todo caso, es preciso ser consciente de que lo masculino y lo femenino no
son magnitudes fungibles e intercambiables indiferentemente. La mixticidad no
implica la pérdida de la conciencia de la diferencia, sino todo lo contrario, su
aceptación gozosa y su combinación constructiva.
De otro modo sería una simple frivolidad carente de significado iniciático.
Tanto la masonería femenina como la mixta tuvieron su origen histórico en
Francia. La Gran Logia Femenina de Francia, la más importante de las
obediencias exclusivamente femeninas, tuvo su origen en un conjunto de logias
de adopción (logias femeninas conducidas por oficiales masculinos) creadas por
la obediencia masculina Gran Logia de Francia, y su autonomía plena se obtuvo
en la asamblea de 1935.
La Orden Masónica Mixta del Derecho Humano, que agrupa indistintamente
hombres y mujeres en pie de igualdad, es la obediencia mixta más antigua y
se remonta a 1882.