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ESCUCHANDO AL ESPÍRITU SANTO, ESPERANDO LO MILAGROSO

STEVE SAMPSON

Contenido

Introducción 7

1. ¡Asómbranos, Señor! 9

2. Cuando Dios habla, suceden cosas 25

3. Anhelo apasionado 43

4. No puedo hacerlo ahora, Señor;¡Mi ministerio me necesita! 57

5. Incitado a salir de la esterilidad 71

6. ¡Haz algo! 79

7. El mayor milagro: ¡Liberación de sí mismo! 89

8. Escuchando al Espíritu 97

INTRODUCCIÓN

La vida cristiana es una vida de escuchar al Espíritu Santo. Sin embargo, muchos
cristianos en vez de escucharlo, han sustituido este privilegio por un montón de cosas... e
incluso orando. Con demasiada frecuencia fallamos porque no escuchamos a Dios. Estamos
tan empeñados en hacer todas las cosas conectas, que nos interponemos en el camino de
Dios. Tenemos la tendencia a servir al vehículo que El quiere usar, en vez de a Dios mismo.
Nos encontramos teniendo fe en la fe, en lugar de responder a Dios en fe; y orando por orar,
en vez de escuchar a Dios en medio de nuestra plegaria, diciéndonos cómo tenemos que orar.
Por espacio de muchos meses Dios ha estado quemándome el espíritu con esta verdad:
que el método del diablo para atacar, incluso al más sincero de los cristianos, es la distrac-
ción. Muchos caen rápidamente en esta trampa de identificar como sinónimos la laboriosidad
afanosa y la efectividad. Pero los afanes producen esterilidad. Dios tiene prioridades para el
cristiano; prioridades que producirán el engrandecimiento del Reino de Dios y no solamente
la liberación temporal de la culpa, o la satisfacción del ego.
Dios nos está trayendo de regreso a la realidad de esas gloriosas palabras de Jesús:

Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano


no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en
la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí

Juan 15:4
Estos son tiempos emocionantes para el cuerpo de Cristo. Dios está demostrando Su
poder en medio nuestro. Tenemos que esperar mucho más de lo que hasta ahora preveíamos,
con nuestros ojos puestos en El. Es importante pedirle a Dios que nos ayude a sintonizar
nuestros corazones con el Suyo, porque los que están escuchando lo que Él está diciendo son
quienes podrán experimentar la demostración de Su poder hoy en día. Cuando actuemos
obedeciendo lo que El nos dice, siempre tendremos resultados.

CAPÍTULO UNO

¡ASÓMBRANOS, SEÑOR!

Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente.

Marcos 5:42

Un domingo de una mañana de octubre, cientos de personas se habían reunido para


celebrar el último encuentro en una convención en Pittsburg. Cuando todos se iban uniendo
en jubilosos coros de alabanza, el sonido era impresionante, tan maravilloso como si
estuviésemos experimentando un pedacito del reino celestial, sintiendo la casi tangible
presencia de Dios. Mientras el director decoros nos conducía a mayores alturas y entrábamos
en adoración, cantando en el Espíritu, de pronto el Espíritu Santo habló suavemente a mi
espíritu diciendo: “Hay alguien aquí con una cicatriz de cirugía en su pecho. Dile que se la
voy a quitar dentro de quince minutos”.
No me tocaba predicar, y esta palabra del Señor sí que me tomó de sorpresa, pero actué
inmediatamente, antes de darme oportunidad de arrepentirme. Después de transmitir la pala-
bra desde la plataforma, regresé a mi asiento en el auditorio. Cinco minutos después, el
Espíritu Santo me habló otra vez:
“Ponte de pie y dile a esa persona: ‘¡Sólo tienes diez minutos más!”’. Tan pronto como fui
hacia la plataforma y dije aquello, un hombre se levantó en la parte de atrás del auditorio y
salió corriendo hacia el vestíbulo en dirección a los servicios, para quitarse la camisa. Todo el
mundo aplaudió, sintiendo el gozo de ver cumplirse la palabra del Señor. Tres minutos
después, el hombre regresó. Su rostro expresaba asombro. Se me acercó y se detuvo frente a
mí. Yo tampoco había experimentado antes algo así, de modo que le pregunté: —¿Desa-
pareció?
—Sí que se borró; ¿quiere verlo? —él contestó.
Antes de que tuviera tiempo de responderle, se sacó la camisa por la cabeza para
enseñarlo.
El hombre (la mayoría de la iglesia lo conocía) había sufrido una operación de urgencia
cinco años antes, en la cual los doctores le hicieron una incisión de dieciocho pulgadas. Su
esposa y su hijo me contaron que la cicatriz parecía una línea de tren. En efecto, los cirujanos
no habían cosido la incisión, sino que le habían puesto presillas o grapas. ¡No había rastros de
cicatriz alguna! ¡Dios había realizado un milagro asombroso!

Este es el día de la manifestación


Estos son días en que Dios está manifestando Su poder a Su Iglesia. Este es el momento de
atreverse a creer a Dios. Dios le está diciendo a Su Iglesia: “¡Entusiásmate!” Tenemos que
arrojar lejos todos los ropajes de tibieza e incredulidad, y permitir que El nos vista con Su
expectativa. Dios se moverá en esos últimos días en forma mucho más grandiosa de lo que la
Iglesia primitiva presenció, según lo relata el libro de los Hechos. Hageo proclamó:

La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera.

Hageo 2:9
Durante demasiado tiempo hemos predicado y escuchado el Evangelio sin esperar
experimentar una manifestación de poder de Dios. No obstante, siempre que se predique 1a
Palabra, Dios quiere confirmarla a continuación con señale y maravillas.

Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la


Palabra con las señales que la seguían.

Marcos 16:20

Pablo escribió a los corintios:

Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría,


sino con demostración del Espíritu y de poder..

1 Corintios 2:4

El mismo escribió a los tesalonicenses:

Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en


poder..
1 Tesalonicenses 1:5

Necesitamos presentarnos ante el Señor cada día con una actitud de “¡Asómbranos,
Señor!” Podemos aumentar nuestra fe y pedir: “Haz cosas que nos asombren de Ti y de Tu
poder!” Durante demasiado tiempo nos hemos dejado asombrar por los hombres y sus logros.
Es tiempo ya de asombrarnos de Dios, por El mismo.

Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras!...


Venid, y ved las obras de Dios, temible en hechos
sobre los hijos de los hombres.

Salmo 66:3,5
El Nuevo Testamento está lleno de relatos donde los discípulos y las multitudes quedaban
asombrados y estupefactos por las cosas que Jesús decía y hacía.
Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera
que todos se asombraron, y glorificaron a Dios diciendo: “¡Nunca hemos visto tal
cosa!”

Marcos 2:12

Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y


se maravillaban.

Marcos 6:51

Y en gran manera se maravillaban diciendo: Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír
y a los mudos hablar

Marcos 7:37

Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.

Lucas 4:32

Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los
que estaban con él.

Lucas 5:9

Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó;... Y sus padres estaban


atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.

Lucas 8:55-5 6

Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la
Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.

Hechos 3:10

Claves para los milagros


1. Embriagado de expectación
Recientemente, el Señor me habló: “Es tiempo de que Mi pueblo se embriague de
expectación y anticipación, en lugar de permanecer sobrios con aburrimiento e incredulidad”.
Los hijos de Dios son quienes le ponen un límite a El. Por consiguiente, Dios nos está
diciendo que aumentemos nuestro nivel de expectación. David dijo:
Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza.

Salmo 62:5

A fin de creer a Dios, tenemos que deshacernos de nuestras inhibiciones de miedo e


incredulidad. Podemos tener tanto afán por tratar de ser espirituales y de andar por el camino
“recto y estrecho” que nos olvidemos de embriagarnos con el Espíritu Santo.
En el mundo, la gente pierde sus inhibiciones y miedos bebiendo alcohol. Los cristianos
necesitan perder su timidez embriagándose con la presencia del Señor. Pablo escribió a la
iglesia de Éfeso:
No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.

Efesios 5:18
¡Él no estaba amonestando a la Iglesia para que se mantuviera sobria! Le estaba diciendo
que debía embriagarse con el Espíritu y no con el vino hecho por los hombres.
El poder de Dios siempre se manifiesta más en una atmósfera de alegría y regocijo que en
una atmósfera de inseguridad y conflicto. Dios tiene libertad para manifestar Su poder cuando
no estamos empeñados en ser tan religiosos, tan perfectos. Necesitamos beber en la presencia
de Dios, desatando todas nuestras inseguridades e incredulidad y dejando que Dios sea Dios.
Momentos antes de que Jesús entregara Su espíritu al Padre, después de llevar nuestros
pecados sobre la cruz, gritó aquellas gloriosas palabras: ¡Consumado es! (Juan 19:30). La
traducción más precisa de esas palabras sería: “Está completamente terminado”. La obra que
Jesús vino a hacer estaba terminada. Su misión estaba cumplida. Mediante Su propia sangre
estaba pagado el precio del pecado y la redención se había puesto al alcance de todos los
seres humanos (2 Corintios 5:21).
Sin embargo, el problema con la Iglesia es que no nos hemos comportado como si la obra
hubiera sido concluida. Todavía vivimos bajo la culpa, nos abrazamos a la tristeza y la
desesperación, y aceptamos la derrota demasiado fácilmente. Hemos sido lentos para alabar y
celebrar la obra terminada de la cruz de Jesucristo.
¡La mayoría de nosotros se toma a sí mismo muy en serio! Personalmente, mientras más
libre soy para reírme de mí mismo y de mis errores, más hace Dios a través de mí. El mundo
no está sobre mis hombros (o los de usted). Más personas serán traídas a Dios cuando nos
vean a nosotros, los cristianos, disfrutando de Su presencia, que las que atraería el vernos
vivir sobria y religiosamente culpables. ¡El Evangelio significa buenas noticias!
En el mundo, tan pronto llega el viernes, la .persona promedio se siente alegre. ¿Por qué?
Porque el trabajo se acabó y la semana ha terminado. “Gracias a Dios es viernes”. En otras
palabras: “¡Es hora de celebrar!” Incontables veces he oído decir a quienes están perdidos que
van a estar de fiesta y bebiendo todo el fin de semana. Nosotros, los cristianos, tenemos lo
que ellos andan buscando, pero nos hemos olvidado de celebrarlo. ¡Debemos regocijarnos y
celebrarlo, porque Alguien ha pagado por nuestros pecados! Somos coherederos con
Jesucristo. Podemos “hacer fiesta” viviendo en la presencia del Señor, celebrando con
alabanza y adoración, y permitiendo que Dios manifieste Su poder en medio nuestro.
Cuando celebramos la obra terminada en la cruz del Señor Jesucristo, El se une a nuestra
celebración. Es en esta atmósfera donde vemos la manifestación del Espíritu Santo y suceden
los milagros. No se trata de pedirle a Dios que sane nuestros cuerpos y libere a las almas
atormentadas, ¡porque Dios está más interesado que nosotros en hacerlo! ¡El pagó por
nuestras enfermedades antes de pagar por nuestros pecados! (Isaías 54:5 y 1 Pedro 2:24). Por
consiguiente, no tenemos que convencer a Dios, tenemos que embriagamos de expectación y
permitir que Su Espíritu se mueva.

2. Como niños
Jesús dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en
el reino de los cielos (Mateo 18:3). Dios nos está llamando a humillamos como niñitos. La fe
no necesita ser más complicada que la manera en que un niño confía en sus padres. Los
niñitos son humildes y la humildad es la atmósfera en que Dios se mueve. Tal como el agua
fluye hacia abajo, así mismo es con el Espíritu Santo
—que Jesús comparó con el agua (Juan 7:38), quien fluye hacia el nivel más bajo: el nivel de
la humildad. Los niños nunca calculan los recursos de los padres cuando les piden algo, se
limitan a pedir convencidos de que se puede confiar en sus padres. La cuestión no es cómo El
contestará nuestra petición, sino más bien quién la hará realidad.
He notado, en las reuniones donde se permite moverse al Espíritu de Dios, que son las
personas con actitud inocente las que son sanadas. Algunas veces somos “demasiado listos” y
razonamos lo que Dios está haciendo porque no encaja en el molde en que hemos encasillado
a Dios. Incontables veces mientras hemos estado en la presencia de Dios, el Espíritu Santo
puede ordenarle a cualquier enfermo de los ojos, de los oídos o las piernas, que se ponga en
pie. Cuando hay una respuesta inocente, muchos experimentan la sanidad del ojo o el oído, y
muchas veces he presenciado cómo desaparecían en segundos las enfermedades de la piel
mientras estaban de pie. Muchas sanidades, aunque ligeras, son imposibles desde el punto de
vista médico. Verdaderamente, si nuestro Dios sólo puede hacer lo que a nuestros ojos es
posible, servimos a un Dios insignificante.

3. No analice
Pensar demasiado puede traer como resultado la incredulidad. Mientras más meditamos
en las circunstancias y lo imposible de nuestra situación, más se arraiga la incredulidad.
Algunos están tan cementados en la incredulidad que no pueden escuchar las “buenas
noticias”. Primero necesitan un milagro en su hombre espiritual: el milagro de someter su
mente analítica y escrutadora a la mente del Espíritu Santo.
Por ejemplo, cuando Pablo estaba predicando en Listra, observó a un hombre que lo
escuchaba. Al instante percibió que el hombre tenía fe para ser sanado:

Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser
sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo.

Hechos 14:9-10

Tan pronto Pablo comprendió que el hombre tenía fe para recibir sanidad, dijo en voz alta
(o le gritó): ¡levántate derecho sobre tus pies! El hombre saltó y anduvo. Nunca había
comprendido por qué Pablo había gritado al hombre hasta que me señalaron que si Pablo o el
hombre hubieran tenido tiempo de pensar acerca de lo que sucede, el razonamiento sin duda
hubiera disipado el milagro. ¿Pueden inimaginarse a Pablo preguntándole al hombre los
detalles de su enfermedad y enterándose de que aquel hombre adulto había sido inválido
desde el vientre de su madre? Probablemente se hubiera sentido abrumado por la
imposibilidad de la situación. Pero Dios lo impelió a gritarle al hombre para que actuara
rápidamente y, por consiguiente, no tuviera tiempo para analizar lo que Dios estaba haciendo,
sino más bien limitarse a obedecer Su orden. La urgencia del mandato, creo yo, empujó a
obrar al hombre.

4. Respuesta inmediata
Además de negarnos a analizar, debemos tomar la determinación de responder
inmediatamente. Alguien dijo: “Obediencia demorada es desobediencia”. Tal como este
hombre de Listra respondió de inmediato a la Palabra del Señor y Dios cumplió con él y lo
sanó al instante, así sucede con nosotros. Veremos más resultados cuando respondamos de
inmediato. Pablo no esperó a terminar su prédica para obedecer a Dios, sino que le ordenó al
hombre que se pusiera en pie en ese momento. Si él hubiese esperado hasta terminar su
sermón (como hacemos la mayoría de nosotros), creo que Dios no hubiera correspondido a la
obediencia pospuesta, yno hubiesen visto manifestarse la gloria de Dios. David aprendió
acerca de contestar en seguida:

Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, Señor buscaré.

Salmo 27:8
David se proponía contestar enseguida la orden del Señor y su respuesta provenía del
corazón, porque dijo: “Mi corazón” y no “Mis labios”.
Ya no basta con sólo sentir la presencia de Dios, tenemos que responder a lo que Él nos
dice. Si Dios nos impele a orar por alguien, debemos hacer todos los esfuerzos posibles por
orar inmediatamente. Si nos impulsa a escribir una carta, debemos hacerlo tan pronto como
podamos y no esperar dos o tres semanas.
En una reunión en el oeste medio, el Señor habló de que Él estaba sanando un problema
de la piel. Un joven sentado cerca del frente se puso de pie y abandonó el salón. Minutos
después regresó y alzó su mano pidiendo autorización para decir algo. En cuanto le entregué
el micrófono, contó que él había padecido una erupción en sus piernas (contraída en
Vietnam) durante dieciocho años y que había gastado miles de dólares en tratamientos
médicos sin resultado alguno. Cuando se dirigió al baño para quitarse los pantalones, para su
asombro, ¡la erupción había desaparecido! El respondió inmediatamente y el Señor cumplió
su promesa.

5. Aférrese a lo que Dios está diciendo


Es muy importante aferrarse a lo que Dios nos dice. Tanto si es una promesa bíblica, una
palabra hablada a través de un profeta, como si es algo que Dios ha hablado directamente a
nuestro espíritu refiriéndose a algo que Él hará por uno, es importante no quedarse en actitud
pasiva. Cuando el ángel Gabriel habló a la virgen María aquellas asombrosas palabras que
contenían una orden y una promesa de que el Espíritu Santo vendría sobre ella y el Poder del
Altísimo la cubriría con Su sombra, y que daría a luz al Hijo de Dios, ella se aferró a la
palabra del Señor y dijo: Hágase conmigo conforme a tu palabra (Lucas 1:38). Nótese que
ella dijo de acuerdo con “tu palabra” y no de acuerdo con lo que sentía o los terrores que
podían haberla invadido en aquel momento.
Nuestros sentimientos con frecuencia serán opuestos a la palabra que Dios nos ha
hablado. A veces las personas dirán que no están seguras de que lo que Dios está hablando se
encuentra dirigido a ellas. Por ejemplo: cuando el Espíritu Santo se mueve, puede revelar que
el poder de Dios está ahí para sanar dolencias de la espalda. En vez de preguntarse si Dios le
está hablando a uno, hay que asumir la actitud de:
“¿Qué puedo perder?” y decir: “Hágase en mí conforme a la palabra del Señor”.
Recientemente, durante un culto por la tarde en una convención en Rochester, New York,
el Espíritu Santo dijo que estaba sanando a una criatura con una pierna torcida. En medio de
la multitud de varios cientos de personas, una joven se levantó y dijo:
—Esa es mi niñita de tres años.
—¿Dónde está su hijita? —le pregunté.
—En la guardería —ella replico.
Pensé que debía traer a su hijita inmediatamente a la reunión. Mientras la joven salía del
salón para traerla, todos se regocijaban. Sin embargo, de pronto me vino el pensamiento: “¿Y
si nada sucede?” Fue un pensamiento fugaz, porque en ese momento fue como si el Espíritu
Santo me dijera: “¿Y si sucede?”
En pocos minutos la joven regresó llorando, con su hija caminando a su lado. La pierna
(cuya torcedura los médicos habían diagnosticado como producida por una tibia torcida)
¡estaba perfectamente derecha! Hablé con ella a la mañana siguiente. Me contó que al
despertarse por la mañana su primer pensamiento fue que todo había sido un sueño. Era
demasiado bueno para ser verdad. Fue al dormitorio de su hijita, pidiendo que fuera verdad.
La pierna estaba perfectamente derecha. ¡Esas son buenas nuevas!
A partir de ese momento, cuando el diablo me dice: ‘¿Y si nada sucede?” Sólo tengo que
responderle: “¿Y si sucede?” ¿Qué puedo
¿Malas noticias o buenas nuevas?
Nos hemos programado para recibir malas noticias con más facilidad que las buenas. Por
ejemplo: si un amigo se nos acerca diciéndonos: “¿Sabes que has heredado $100.000?”
podríamos contestarle: “¡Deja de bromear!” Sin embargo, si otro amigo viniera a decirnos
que nos iban a llevar a la corte por una demanda judicial, podríamos responderle:
“¿Cuándo?”
A menudo, el pueblo de Dios está con en este molde mental mundano, en guardia contra
las buenas noticias. Pero el Evangelio significa buenas nuevas, ¡agradables novedades!
Isaías tiene que afrontar el problema cuando profetiza:

¿ Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del Señor?

Isaías 53:1 (B.d.l.A)

No todos creyeron el anuncio del Mesías, aunque era una buena nueva. ¡Su llegada era
una buena noticia! Cuando fue a Su propia aldea nativa, se asombró de la incredulidad que
encontró en ella, lo cual era un rechazo de las buenas nuevas. El mismo Jesús no pudo darle
buenas noticias a Su propia aldea, porque se negaron a reconocerlo como Quien era El. No
creyeron las agradables novedades.

Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó


a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las
manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de
ellos.

Marcos 6:5-6

La Iglesia (igual que el mundo) necesita oír buenas noticias hoy día. Estamos
programados para oír malas noticias. En efecto, suena muy espiritual decirle a la gente que no
busque lo milagroso. Pero no he podido encontrar una Escritura que respalde esa manera de
pensar. Si Dios está en medio nuestro, ¡debemos esperar que sucedan milagros! ¿Cómo puede
Dios manifestar Su presencia sin que los resultados sean milagrosos? En realidad, los
discípulos oraban para que el Señor manifestara Su poder en señales y maravillas.

Y ahora, Señor mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen
tu palabra,
mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante
el nombre de tu santo Hijo Jesús.

Hechos 4:29-30

La expectación mueve a Dios


Hace poco el Señor le habló a mi esposa, Marilyn, estas palabras: “Mi pueblo necesita creer
en una manifestación diaria de lo sobrenatural”. Cuando ella quiso que el Señor le aclarara
esta afirmación, Él le reveló que con frecuencia lo tratan como una última alternativa, o como
Alguien a quien volverse tan sólo “si todo lo demás fracasa”. Sin embargo, el Señor desea
que nos volvamos primero a El en todas nuestras necesidades. No tenemos que esperar por un
culto de milagros para que Dios nos toque, sino más bien “conectamos” a El cuando se
presenta la necesidad. Él quiere ser lo primero y estar antes que todo en todos los campos de
nuestras vidas, y desea manifestarse a nosotros cada día. Los milagros no deben ser raros,
sino algo común en la vida de un cristiano. ¿De qué otra forma podrá conocer el mundo el
glorioso poder de Dios?
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo
que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.

Efesios 3:20

Debemos siempre esperar y creer que Dios se manifestara. ¿Por qué no permitir que Dios
sea Dios? Jesús pasó mucha parte de Su ministerio haciendo milagros. Permitió que el poder
de Dios se manifestara. La gente entonces necesitaba milagros tanto como los necesita ahora.
No obstante, Dios no puede manifestarse si la gente no está esperando que Él haga algo. Dios
siempre se mueve de acuerdo con la expectación de Su pueblo. En verdad, Él no está limitado
más que por las personas. Nuestro deseo y expectación determina cuánto va a hacer Dios. ¡Es
hora de recibir las buenas noticias!
Cuando el centurión que tenía un sirviente moribundo le envió un mensaje a Jesús
diciendo:

pero di la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo
autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven y
viene; y a mi siervo: Haz esto y lo hace.

Lucas 7:7-8

Jesús se maravilló de él y dijo a la multitud: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta
fe (v.9).
¡Este hombre esperaba buenas nuevas! Reconocía que Jesús era Dios y simplemente le
dijo que pusiera manos a la obra y actuara como Dios. El sabía que si Dios hablaba, iban a
suceder cosas. Jesús se maravilló de la fe y la expectación de este hombre. Otros estaban
preparados para las malas noticias, pero este hombre reconocía que cuando Jesús hablaba,
traía buenas nuevas. Hoy necesitamos decirle a Dios:
“Adelante, y actúa como Dios”. Sencillamente, necesitamos esperar que Dios nos asombre
haciendo cosas que nosotros no podemos hacer. Si esperamos que Dios sólo haga lo que es
posible, nuestro Dios es muy insignificante.
Cada vez que Dios contesta nuestras oraciones y se mueve en beneficio nuestro, es
siempre para hacerlo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos (Efesios
3:20). Para El es imposible obrar con limitaciones o restricciones.
No tengo nada que ver con quienes predicen desastres y siempre están trayendo malas
noticias. Es verdad que todos necesitamos arrepentimos, pero la culpa hace que la gente huya
de Dios. La Iglesia no necesita malas noticias. Los pecadores no necesitan malas noticias. Ya
saben lo malos que son. Lo que necesitan son las nuevas de liberación del Evangelio.
Los que traen un mensaje áspero todavía están ensayando ese viejo método de motivar
por medio de la culpa. La culpa debilita a la gente con el desánimo e incluso la desesperanza,
pero darles ánimo les hace crecer.
La más excelente forma de reprender es el estímulo. La manera en que Dios reprende a
Sus hijos, más a menudo, es alentándolos a obedecerlo:

¿ O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando


que su benignidad te guía al arrepentimiento?

Romanos 2:4

Si todavía estamos tratando de enderezar las vidas de la gente, en realidad no hemos


comprendido el Evangelio. Dios no ha llamado a nadie a enderezar las vidas de las personas y
señalarles su pecado. Tenemos un mensaje: Arrepentios y creed [las buenas nuevas de] el
Evangelio (Marcos 1:15).
Entonces, ¡permitamos que Dios nos asombre con Su bondad!

CAPÍTULO DOS
CUANDO DIOS HABLA,
SUCEDEN COSAS

Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya


no la podían sacar por la gran cantidad de peces.

Juan 21:6

Este será un año monumental para ti”, le dijo el Señor a mi esposa, mientras conducía el
auto hacia la iglesia, un jueves por la tarde. Era el día de su cumpleaños y ella se regocijó al
oír inesperadamente la voz del Señor.
No obstante, en todo el año nada monumental sucedió... hasta la semana antes de su
siguiente cumpleaños. Durante aquella semana recibió en su cuerpo una sanidad espectacular
por la cual habíamos orado durante años.
También aquella semana el Señor me habló para decirme que debíamos renunciar al
pastorado de la iglesia en que habíamos permanecido durante ocho años, porque Él estaba
cambiando nuestro ministerio. En la mañana del domingo siguiente a su cumpleaños
renunciamos oficialmente.
Cuando Dios habla, suceden cosas, pero con frecuencia no pasan hasta la oncena hora.
Durante todo aquel año mi esposa le recordaba continuamente al Señor las palabras que le
había hablado, pero Él decidió no cumplirlas hasta aquellos últimos días.

¿Qué está diciendo Dios?


Comenzábamos la primera noche de cultos en una iglesia en el centro de Kentucky. Después
de predicar, pedí a mi esposa que subiera al estrado y anunciara a los fieles lo que Dios le
había dicho para ellos. Ella declaró: “El Espíritu Santo me dijo que ha liberado a alguien del
hábito de la nicotina”. Ambos continuamos ministrando los dones del Espíritu Santo, y el
Señor se movió con poder, sanando y alentando a los presentes. Al terminar la reunión una
joven salió afuera para encender un cigarrillo, y apenas lo encendió empezó a vomitar. A
partir de aquella noche, jamás volvió a sentir deseos de fumar. Después nos contó que el
Señor la había salvado milagrosamente unos meses atrás liberándola de una vida de pecado,
pero que no había sido capaz de vencer el hábito de fumar. Muchos le habían ministrado
orando, reprendiendo y atando, pero nada había dado resultado... hasta que el Señor
pronunció la palabra de liberación.
Semanas después, cuando le conté a un amigo ese incidente, él me explicó la
interpretación que Dios le había dado:
“Las cosas no suceden cuando le hablamos a Dios, sino cuando Dios nos habla a nosotros “.
Estas palabras expresaron lo que yo había estado tratando de explicar durante mucho tiempo.
Mi experiencia había sido ésa: cuando Dios habla, ¡suceden cosas!
Por consiguiente, he dejado de confiar en mi fe. Mi fe está en Su fidelidad para hablarme
y estar junto a mí en cualquier circunstancia. Mi fe en la fe no ha aumentado, pero mi fe en
Su fidelidad ha crecido a pasos agigantados. Nuestra fe aumenta cuando vemos la fidelidad
de Dios. Pablo dijo a los gálatas:
... vivo en la fe del Hilo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gálatas 2:20

Él había aprendido a vivir no tratando de fabricar su fe sino p~r la fe del Hijo de Dios.
Cuando actuamos por la fe de Dios, El produce resultados.

¿De quién era esa fe?


Dios no nos ha pedido que fabriquemos fe. Él es quien crea la fe. Nuestra parte es escuchar y
responder A menudo nos entusiasmamos en seguida con nuestras propias ideas, que
pensamos van a ayudar a Dios. Pero he descubierto que Dios quiere que nos apasionemos
sólo con lo que Él está entusiasmado., El desea que vivamos en un estado de disponibilidad
para El. En cualquier momento en que actuemos por una orden que emana de El, hay
resultados.
Cuando la mujer del flujo de sangre oyó acerca de Jesús, lo siguió por entre la multitud y
tocó el borde de su vestido diciendo para sí: Si tocare tan solamente Su manto, seré salva
(Marcos 5:28). Pero ¿de dónde había sacado aquella idea? ¡Pienso que el Espíritu Santo la
impulsó! Ella había llegado al borde de la desesperación, habiendo gastado todo lo que tenía
en médicos y medicinas durante doce largos años, sin haber obtenido resultados. Pero es en
esos momentos de desesperación cuando con más frecuencia somos capaces de oír a Dios.
Cuando ella empezó a abrirse paso por entre aquella multitud, no se movía por su propia
iniciativa, sino por la de Dios. Estaba reaccionando a la voz de Dios, repitiéndose: “Si sólo
pudiera tocar sus vestiduras, me pondría bien”. En cuanto tocó Su manto, inmediatamente se
detuvo su flujo de sangre y ella supo que estaba sana. Jesús también supo que de Él había
salido poder y se volvió preguntando:
¿ Quién ha tocado mis vestidos? (fr. 30). Después que reconoció que había sido ella, cayó
ante El atemorizada y temblando.
Pero Él le respondió: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote (y. 34).
Jesús atribuyó este milagro a la fe de ella ¿Pero era así? No, ¡fue la fe de Dios! Pero
como ella había actuado por iniciativa de Dios y se abrió paso por entre la multitud en
obediencia, ¡Jesús se lo atribuyó a su fe! A Dios no le interesa nuestra iniciativa, sólo nuestra
respuesta obediente. El se regocija cuando escuchamos Su voz en nuestro ser interior.
Durante demasiado tiempo he tratado de acopiar fe por mi propia cuenta. Pero hay una forma
más fácil, que es escuchar al Espíritu Santo. Cuando actuamos a instancias de El, obtenemos
resultados.
Sobre este principio dijo Jesús que edificaría Su Iglesia. Cuando Pedro le declaró a Jesús:
“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Él llamó a Pedro bienaventurado y dijo:
sobre esta roca edificaré mi iglesia ... (Mateo 16:18) ¿Cuál roca? La roca de la revelación
y el entendimiento de los cual es Pedro era el destinatario. ¡Pedro lo había oído del Padre! El
Padre había hecho saber a Pedro que Jesús era el Cristo, no gracias al razonamiento o la
inteligencia de Pedro. Jesús declaró que en este tipo de experiencia Él edificada Su iglesia:
cuando los hombres escucharan la revelación de Dios, no el razonamiento de su mente.
No en balde Jesús se complació tanto con la mujer del flujo de sangre. Ella había
escuchado al cielo, y su decisión de abrirse paso por entre la multitud para tocar a Jesús fue
una respuesta a la orden del Padre. Las cosas suceden cuando Dios le habla a la gente ... si
ellos escuchan.

¿Quién recogió el pescado?


Días después que Jesús fue resucitado, Pedro le dijo a los demás discípulos que se iba a
pescar. Los otros decidieron ir también con él. Después de pasarse la noche tratando de
pescar en el mar de Tiberias no habían logrado capturar ni un pez.
Pero cuando llegó la mañana, Jesús los esperó en la orilla. (El acostumbra a dejamos
agotar todos nuestros esfuerzos
antes de actuar en favor nuestro.) Y les dijo: Bultos, ¿tenéis algo de comer? Ellos
respondieron que No. Entonces Jesús les dio una orden sencilla: Echad la red a la derecha de
la barca, y hallaréis (y. 6). Después que echaron la red obedeciendo a Su voz no fueron
capaces de sacarla a causa de la gran cantidad de peces que había dentro. Cuando llegaron a
la orilla arrastrando la red llena de pescado, vieron un fuego de brasas y un pescado encima
de ellas y pan. Entonces Jesús les dijo:

Traed de los peces que acabáis de pescar

(v.l0)

Observen que Jesús les dio el crédito por pescar los peces, ¡ pero ellos no habían
capturado ninguno! Ya ellos habían intentado pescar toda la noche sin resultados. Sin
embargo, como fueron obedientes a su orden, la red se llenó de ciento cincuenta y tres
pescados grandes. Dios todavía obra en la misma forma en la actualidad. Su voz llega a
nosotros, dándonos la oportunidad de obedecerlo. La cuestión es, ¿estamos escuchando?

La fe es una respuesta
Al tiempo que Jesús sanaba a algunas personas, les encargaba algo que debían obedecer,
como por ejemplo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (Juan 9:7), Levántate, toma tu lecho y
anda (Juan 5:8),Id, mostraos a los sacerdotes (Lucas 17:14), Ve, tu hijo vive (Juan 4:50), que
eran muy frecuentes en su modo de ministrar.
Todavía en la actualidad, Dios nos da órdenes, a través del Espíritu Santo, a las cuales
debemos responder La palabra de Dios nos llega en una enorme variedad de modalidades, y
si sólo la escuchamos y la obedecemos, se verán los frutos.
Este es el día de la manifestación. Dios desea que sus ministros le den una oportunidad al
Señor para manifestar Su poder. Muchas veces quienes padecen dolencias o enfermedades
reciben una sanidad instantánea cuando Dios revela su estado de salud y ellos responden a la
Palabra de Dios. Cuando el Espíritu Santo habla de esta manera, hemos visto cómo sanaba a
una incontable muchedumbre, de dolencias como sordera, artritis, pérdida del olfato, várices,
desvanecimientos, abultamientos en el cuerpo, enfermedades gástricas, bizquera, incluso
cicatrices que desaparecen. Muchos de estos padecimientos no tenían cura médica, así que
toda la gloria sea para Dios.
Hemos aprendido lo importante que es responder inmediatamente cuando el Espíritu
Santo nos habla. Una demora en responder es, por lo regular, una muestra de duda.
Una respuesta rápida no sólo es obediencia, sino también el rechazo a permitir que la
mente analice lo que Dios está diciendo. Por lo general, cuando el Espíritu Santo habla, Su
voz no está de acuerdo con lo que hemos estado pensando o lo que hemos planeado hacer No
obstante, tanto si habla a través de una Escritura, una persona, un sueño, una visión o
directamente a nuestro propio espíritu, es importante responder obedientes en seguida.

No piense el pro y el contra, ¡obedezca!


Cuando estamos criando una familia, muy rara vez una solicitud o una orden de los padres
obtiene una respuesta inmediata. Por lo general, escuchamos la conocida frase:
“Espera un minuto”. Dios también se cansa de escuchar que nosotros Sus hijos también le
digamos: “Espera un minuto”. Nuestra demora equivale a decir: “No he decidido si responder
a tu llamada o no, Señor”. Por otra parte, cuando Dios nos habla, Su voz y estímulo con
frecuencia son tan débiles que nos preguntamos si no nos estamos haciendo la idea. Decimos:
“Dios, ¿eres tú?” Siempre es un riesgo caminar en fe. “Tenemos que estar dispuestos a perder
a Dios, porque si no
estamos dispuestos a perderlo, vamos a estar renuentes a obedecerlo”. Por consiguiente,
debemos actuar osadamente con fe y atrevemos a obedecer.
Cuando Jesús le dijo a Pedm que remara hacia mar adentro y lanzara las redes, Pedro tuvo
una dilación al responder:

Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche


hemos estado trabajando y nada hemos pescado ; mas
en tu palabra echaré la red.

Lucas 5:5

En otras palabras, Pedro le estaba diciendo a Jesús que se limitara a predicar y que ellos
se limitarían a pescar. Pero aunque su expresión no fuera muy buena, su obediencia fue
maravillosa. En cuanto respondió, la red se llenó inmediatamente de peces.
Si de alguna manera fuéramos capaces de hacer regresar por cinco minutos a algunos de
los grandes patriarcas de la fe, como Noé, Abel, Enoc, Abraham, Sara, Elías, Eliseo y otros
por estilo, y les pidiéramos que nos definieran la fe, creo que oiríamos una respuesta más o
menos así: “Nosotros no pretendimos aumentar nuestra fe, sino que nos propusimos obedecer
y responder a la voz del Señor”.

Esclavos de las obras


Muchos cristianos, por no comprender el Evangelio, todavía están tratando de complacer a
Dios por medio de las obras. Aunque están salvos de sus pecados, todavía no han oído las
buenas noticias. Dios no le pide a ningún cristiano que cumpla ninguna obra para Él, sino
más bien una vida de obediencia. Lo que Dios deseaba que se cumpliera era la muerte de
Jesús en la cruz: el sacrificio supremo del Cordero sin mancha, quien pagó el precio por todo
el pecado (2 Corintios 5:21). Una vez que recibimos el Evangelio, aceptando Su sacrificio,
recibiendo el
perdón y la limpieza de nuestros pecados. Él nos llama a una vida de respuesta. Sin embargo,
el único modo en que podamos responder es escuchar primero a lo que Él nos está diciendo.
El hombre fue creado para escuchar. Cuando Dios habló a Israel a través de Moisés, dijo:

Y te humilló, y te dejó tenér hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus
padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no sólo vive de pan, sino
que vive de todo lo que procede de la boca del Señor

Deuteronomio 8:3 (B.d.l.A)

Del escuchar viene la respuesta. Adán y Eva vivían una vida de oyentes mientras andaban
en comunión con Dios. Se paseaban con El por el Huerto del Edén al fresco del día. Pero en
cuanto pecaron comiendo del árbol de la ciencia del bien y del mal, dejaron de escucharlo y
se escondieron de Él.

Y oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día; y el hombre y su
mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto.

Génesis 3:8

Todavía hoy la gente se sigue escondiendo de la presencia del Señor. Se esconden tras los
árboles de las actividades religiosas, del fu-me trabajo para su iglesia, o de mil otras cosas
“buenas” que pueden distraerlos de dedicar tiempo para escuchar la voz del Señor Poco
tenemos que darle a los demás si antes no lo recibimos de Dios. Es de Su presencia de donde
fluye la vida.
Por supuesto, que la actividad y el trabajo duro no son malos. Pero la clave es poner en
orden nuestras prioridades y, primero, escuchar a Dios. Entonces el Espíritu Santo dará
vida a nuestras actividades, Dios impulsará nuestras ideas, y nuestros esfuerzos no nos
agotarán porque sabemos que Dios va delante de nosotros.
Jesús tenía muy en orden sus, prioridades: Deseaba seguir el plan del Padre, decir lo que
El decía, hacer lo que había visto que Él hacia.

De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve
hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.

Juan 5:19

Ningún esposo desea una esposa que se limite a desempeñar su papel, sino una que pueda
responderle, compartir sus sueños, vivir de acuerdo con él y con sus metas. Jesús también nos
llama a uncimos en acuerdo con El, no a batallar para cumplir nuestros propios planes sino a
andar en unión con Él. Lo que desea es que le respondan, no que le cumplan.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de m4 que soy manso y humilde de corazón, y
hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.

Mateo 11:29-30

Tenemos que sujetar nuestra carne a Dios. La carne prefiere encaminarse hacia la
actividad religiosa, antes que dedicar tiempo para escuchar al Espíritu. A la carne le encanta
abrirse camino por medio del cumplimiento, y no entiende la gracia de Dios. En efecto,
muchos que son esclavos de cultos trabajan largas horas cada día para aliviar la culpa. La
carne arde en deseos de “ganarse” la salvación, y de esa manera aliviar los sentimientos de
culpa. Pero las buenas nuevas son que la sangre de Jesús nos ha hecho libres.
Necesitamos escuchar otra vez las noticias de que el precio por el pecado está pagado por
completo y que la voluntad de Dios es que disfrutemos nuestra unión con Jesús. Quienes
están todavía tratando de cumplir no tienen tiempo para escuchar a Dios. Pero cuando Dios
habla, suceden cosas.

El poder de la Palabra hablada


Dios siempre habla antes de manifestarse. Ciertamente el Señor Dios no hace nada sin
revelar su secreto a sus siervos los profetas (Amós 3:7). A continuación presentamos cinco
puntos concernientes a la respuesta del cristiano a la Palabra hablada.

1. Nos pasamos tanto tiempo tratando de creer la Palabra escrita, que no escuchamos la
Palabra hablada.
Cuando Gabriel vino ante Zacarías quien estaba en el templo quemando incienso, le
declaró majestuosamente:

Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un
hijo, y llamarás su nombre Juan.

Lucas 1:13
Pero la respuesta de Zacarías fue de incredulidad (aunque había estado orando por un
hijo toda su vida), y le dijo al ángel, ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer
es de edad avanzada. Gabriel se encolerizó por su incredulidad ante la promesa de Dios y
dijo:

Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas
buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que esto se
haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.

Lucas 1:19-20
Aunque Zacarías era un hombre devoto y un estudioso de las Escrituras, cuando Dios
habló, no lo creyó. Rechazó la Palabra hablada de Dios y el castigo fue quedarse mudo hasta
que Juan nació. La incredulidad y el analizar las promesas de Dios no solamente disgustan al
Señor, sino que nos impiden recibir más. ¿Por qué habría de hablamos Dios si no lo creemos?
Después cuando Zacarías escribió que el nombre del bebé sería Juan, su lengua se soltó. La
obediencia siempre nos libera.

2. Las cosas no suceden cuando nosotros le hablamos a Dios, sino cuando Él nos habla.
Pedro había aprendido la clave. Él sabía que si conseguía que Jesús le ordenara a hacer
algo, eso ocurriría. Por consiguiente, cuando Jesús se acercó a Sus discípulos caminando
sobre las aguas, él le pidió:
Señor si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
Mateo 14:28

Quizá unos segundos después lamentó haberlo pedido, ¡pero era muy tarde! Jesús ordenó:
“Ven”. Pedro caminó por la palabra “Ven”, no sólo sobre el agua. Si Jesús no hubiese dicho
“Ven”, no hubiera podido dar un paso.
Cuando el centurión mandó a sus sirvientes a Jesús, diciendo que no era necesario que Él
viniera, reconoció el mismo principio. Vio la autoridad de la palabra hablada de Jesús,
pidiéndole solamente: Di la palabra, y mi siervo será sano (Lucas 7:7). Jesús se maravilló de
él y atribuyó su solicitud a su gran fe. Dios habla hoy a través del Espíritu Santo. Cuando El
dice que va a hacer que suceda algo, es como si ya estuviera hecho. ¡El sí que cumple Su
Palabra!

3. La razón por la que nuestras mentes luchan contra lo que Dios dice, es que Dios
habla de algo que todavía no existe.
La Palabra de Dios es creadora. Cuando Él habla puede. suceder cualquier cosa. Las
situaciones varían, los cuerpos se sanan, los corazones cambian. Lo que era imposible se
vuelve posible, lo que era inamovible comienza a moverse. Cuando Dios habla es tan
maravilloso que nuestros sentidos naturales tienen una tendencia a rechazarlo. Pero Dios
sigue llamando a ser a aquellas cosas que no existen.
Imagine la primera reacción de Gedeón cuando el ángel del Señor le dijo: El Señor está
contigo, valiente guerrero (Jueces 6:12). Probablemente él no se sentía como un hombre
valiente, pero Dios lo había llamado para que hiciera algo determinado.

.Dios ... el cual da vida a los muertos, y llama a las


cosas que no son, como si fuesen.

Romanos 4:17

Los niños no tratan de comprender cómo mami y papi van a cumplir una promesa,
simplemente lo aceptan. Saben que cumplimos nuestra palabra. Dios quiere que
mantengamos una aceptación como la de un niño de las promesas que nos hace. Sólo hay que
estar seguros de que Dios nos está hablando y no estamos siendo presuntuosos actuando sin
que Él nos lo haya dicho. La clave es entusiasmarse con lo que alegra a Dios. Me gusta decir:
“Si uno llega adonde Dios se está moviendo, ¡eso le sienta!”

4. Regocíjese cuando Dios habla, no después de ver la


manifestación.
No hace falta tener fe para creer algo que uno ve. Entonces cualquiera se alegra. Pero si
creemos de verdad la Palabra de Dios, nuestro gozo no tiene por qué ser mayor cuando
vemos la manifestación que cuando Dios habló por primera vez. Durante demasiado tiempo
hemos sido esclavos de lo que ven nuestros ojos.
Cuando Dios habla, Su palabra es una concepción. Su Palabra es igual a la manifestación.
Por ejemplo: cuando el médico nos anuncia que nuestra esposa está en cinta, sería ridículo
decir: “No lo creeré hasta que tenga al bebé en mis brazos”. No, porque la palabra afirmativa
del doctor de que el bebé fue concebido vale tanto como el bebé ya nacido, aunque no se
vea”evidencia” alguna. En efecto, la noticia del embarazo produce por lo regular más alegría
que el nacimiento del niño, porque han transcurrido meses para pensar en ello.
Tanto si Dios habla por medio de una Escritura, un profeta, un amigo o directamente al
espíritu de uno, todo se reduce a una sola pregunta: “~,Habló Dios?” Si habló, es el momento
de regocijarse, no después cuando se ve el cumplimiento de Su palabra.
David dijo: Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió (Salmo 33:9). Jeremías
afirmó:
Fueron halladas tus palabras y yo las comí; y tu

palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón.

Jeremías 15:16

El ángel Gabriel anunció a la virgen María:

~Salve muy favorecida! El Señor es contigo; bendita


ni entre las mujeres.

Lucas 1:28

Le mandaba a alegrarse no en la manifestación, sino en la palabra hablada de las buenas


nuevas.
Si alguien me invitara a su casa a comer, inmediatamente me alegraría y contestada con
un entusiasta: “~Gracias!” Qué tonto sería que alguien presente me dijera: “tPor qué le das
las gracias, si no ves la comida ni la has probado?” Porque mi alegría no es por el gusto o la
vista de la comida, sino por
el hecho de que creo lo que dijo quien me invitó y le tomo la palabra. Mi confianza en quien
me invita no permite que lo insulte con mi desconfianza, sino que se lo agradezca. Rego-
cijarse en Dios es creer en Dios.
Tres ejércitos vinieron contra Josafat y su pueblo, pero el Señor habló a través de Jahaziel
diciendo:

No temáis ni os acobardéis; delante de esta gran


multitud, porque la batalla no es vuestra, sino de
Dios.

2 Crónicas 20:15 (B.d.l.A)


Tras esta profecía, el pueblo adoró al Señor. Creyeron Su

palabra antes de ver al enemigo denotado.


Y Josafat se inclinó rostro en tierra, y todo Judá y los habitantes de Jerusalén se
postraron delante del Señor; adorando al Señor

vs. 18 (B.d.l.A)

Al día siguiente, ellos vieron la manifestación cuando Dios derrotó al enemigo.

5. ¡Hay que ver antes de verlo!


Dios no se sorprende cuando Su palabra se cumple. Tampoco nosotros deberíamos
sorprendernos, pues antes de ver la evidencia, podemos “ver” por el Espíritu que El lo está
haciendo. Ninguna madre se sorprende cuando nace su bebé, aunque nunca antes lo haya
visto. Jesús tuvo que Ver lo que el Padre estaba haciendo antes de ver al Padre hacerlo. Antes
de levantar a Lázaro de entre los muertos, El vio al Padre levantándolo.
Dios nos permite ver en oración cosas que veremos con nuestros ojos naturales después.
Cuando los profetas profetizan, ven en el Espíritu antes de ver con sus ojos naturales.
Pero tan pronto Dios nos permite ver por el Espíritu algo que Él está haciendo, es tan real
como si lo viéramos con los ojos naturales.
Tomás estaba atado por sus sentidos. Se negó a creer a menos que pudiera ver y sentir las
huellas de los clavos en las manos de Jesús y poner su mano en Su costado. Pero Jesús
escuchó a Tomás y apareció en medio de los discípulos diciéndole a Tomas:

Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas
incrédulo, sino creyente.

Juan 20:27

Cuando Tomás exclamó creyendo: “¡Señor mío y Dios mío!”, Jesús se sentía
decepcionado porque Tomás se limitaba a creer lo que veían sus ojos; no pudo ver por fe
hasta que vio con sus sentidos, y Jesús dijo:

Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados

los que no vieron, y creyeron.

Juan 20:29

David dijo: “Hubiera yo desmayado, sino hubiera creído que había de ver la bondad del
Señor en la tierra de los vivientes” (Salmo 27:13 B.d.l.A)

Dejemos que Dios sea Dios


Dios sólo quiere que los ministros permitan que el Espíritu se mueva: Está levantando a
aquellos que están dispuestos a reconocer lo que El está haciendo y a seguirlo. Jesús nada
hizo por iniciativa propia, sino escuchando a Su Padre:
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio
mandamiento de lo que he de decir; y de lo que he de hablar

Juan 12:49
Muchas veces porque los líderes se sienten inseguros, temen que se les vaya de las manos
el control de las reuniones, y por ser demasiado prudentes, reprimen al Espíritu. Pero Dios no
puede moverse si la unción es siempre interrumpida con una canción, una exhortación o un
testimonio dado a destiempo. Nada hay de malo en que la congregación permanezca en un
silencio ungido, aunque sea el domingo por la mañana. Tristemente, los domingos por la
mañana son con frecuencia las ocasiones en que los ministros no permiten que el Espíritu se
mueva en total libertad, por miedo a que alguien pueda sentirse ofendido. Pero, ¿es que Dios
nos da esa opción? Dios simplemente desea manifestarse y nuestra primera prioridad debe ser
dejarlo hacer lo que hay que hacer. Si se permite que el Espíritu se mueva, El siempre
producirá resultados.
Un predicador habló de lo que había aprendido a lo largo de los años: prepararse y
estudiar como si no hubiera Dios; y después en la reunión, depender de Dios como si nunca
se hubiese preparado. La mayoría de nosotros se siente frustrado o incluso amenazado cuando
el Espíritu empieza a moverse de un modo diferente al que habíamos planeado, e incluso
llegamos a “luchar contra Él” inconscientemente durante toda la reunión. Pero la mayor
revelación que podemos tener es simple: que Dios es más listo que nosotros.

La verdadera adoración
Con frecuencia oigo hablar de iglesias donde la gente alardea y dice: Ahí sí que se adora a
Dios. Sin embargo, cuando voy a ver por mí mismo, escucho maravillosos coros de alabanza,
pero poca adoración. ¡Qué gran diferencia hay entre un director de coros y un guía de
alabanza! Un director de coros sólo hace eso. Pero un guía de adoración entiende la necesidad
de conducir a la gente a la presencia de Dios, hasta el Lugar Santísimo. Puede que comience
con varios coros alegres (que son de alabanza) pero cuando la unción aumenta, conducirá al
pueblo a la adoración (que es cantar en el Espíritu). El Señor me dio una comparación hace
unos cuantos años. Me mostró que los coros de alabanza son para ir entrando en calor” y que
satisfacen al alma. Tal como un avión a chorro calienta sus motores corriendo por la pista, la
alabanza sirve para entrar en calor y prepararse, con el propósito de poder despegar. Sin
embargo, una vez que esta “alabanza” es suficiente, es tiempo de entrar en una dimensión
más elevada, dejando la pista de la alabanza y despegando hacia la adoración. No importa lo
hermosos que sean los coros, no se convierten en adoración hasta que el Espíritu Santo fluye
a través del pueblo. La adoración es una dimensión más alta: sobrepasamos nuestra
comprensión y nos entregamos totalmente a El. Ya no tenemos la salvaguarda y la seguridad
de la pista.
Debido a que los directores de coros a menudo no comprenden la diferencia entre
alabanza y adoración, harán lo que los pilotos cuando están entrenando: despegar y aterrizar
de inmediato; subir y bajar enseguida. Se sienten frustrados al sentir que pierden el control,
así que traen a la gente otra vez a la pista con otra canción, constriñendo al Espíritu muy
seriamente al hacerlo. De hecho, este proceso de subir y bajar agota a la gente.
Mi pregunta es: “¿Se mueve el Espíritu en esa iglesia?” El buen canto, la buena prédica,
y la buena administración nada tienen que ver con el movimiento del Espíritu Cuando Dios se
mueve, habla, y cuando Dios habla, suceden cosas.
CAPÍTULO TRES

ANHELO APASIONADO

¿ Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se
tardará en responderles?
Lucas 18:7

Frustrado, le dije a mi esposa que me iba al dormitorio a orar y no parada hasta que Dios me
diera una orientación. Diez meses antes el Señor me había despertado de un profundo sueño
a media noche y me había dicho que diera un salto gigantesco de fe y renunciara a la iglesia
que había pastoreado durante ocho años. El Señor había correspondido a nuestra obediencia y
había abierto puertas para que viajáramos como evangelistas. Pero sabíamos que era hora de
que dejáramos nuestro hogar en Beaumont, Texas. Habíamos tratado de vender la casa
durante muchos meses, pero sin resultado. Las tasas de interés eran muy altas y era difícil
vender No obstante, cuando oramos, el Señor nos había aclarado muy bien que no
matriculáramos a nuestros hijos en la escuela, porque tendríamos que mudamos a otro estado.
Así que yo estaba enojado con Dios. La escuela empezaba en tres días y todavía no había
comprador para nuestra casa. Los vecinos nos preguntaban para dónde íbamos, pero puesto
que el Señor no nos lo había dicho, nos limitábamos a sonreír y a contestar que todavía no
estábamos seguros. Mientras me sentaba en el suelo en aquel dormitorio oscuro, le decía a
Dios lo mal que me sentía pues estaba tratando de obedecerlo, pero la escuela empezaba ya y
la casa no se vendía; e incluso cuando se vendiera, no sabíamos adónde iríamos. No sé por
cuánto tiempo oré, pero sé que mi oración fue apasionada y honesta. De repente, el Señor le
habló a mi espíritu una frase: “Serán tardíos”. Segundos después que escuché Sus palabras,
experimenté paz en mi espíritu. Supe que Dios había escuchado mi oración y que Su paz era
la indicación de que podía descansar en el entendimiento de que Él iba a actuar en favor
nuestro.
A la mañana siguiente tuve una visión en cuanto me desperté. Aunque tan fugaz que sólo
duró un segundo, todavía hoy puedo verla. Se trataba de un hombre que se arrodillaba y
observaba con atención el anuncio de venta colocado en mi jardín. Pude ver con claridad su
peinado, sus espejuelos metálicos y su aspecto de tener más de treinta años. Más tarde, ese
mismo día, una mujer tocó a nuestra puerta. Nos dijo que había visto el letrero y nos preguntó
si podía ver la casa. Nos contó que su esposo era un banquero y que ella lo traería más tarde
para enseñarle la casa. Por su tono de voz comprendimos que en realidad le gustaba. Cuando
trajo a su esposo al atardecer, me sorprendí: ¡era el mismo hombre que había visto en la
visión! Me confió mientras recorría la casa que él era uno de los pocos que podía conseguir
una tasa de interés razonable porque estaba en el negocio bancario.
Antes de veinticuatro horas nos estaban haciendo una oferta por nuestro hogar muy
cercana al precio que pedíamos, y firmamos el contrato. En pocos días el Señor nos guió a
mudarnos a Birmingham, Alabama, donde habíamos de vivir y tener la base de operaciones
para el ministerio al cual nos había llamado.
No oren solamente... ¡oren con vehemencia!
No tengo la menor duda de que la respuesta a aquella oración vino porque oré con
vehemencia. Desde luego, otras personas estaban orando por nosotros también.
Cuando la palabra del Señor llegó a Ezequías a través del profeta Isaías: “Así dice el
Señor: Pon tu casa en orden, porque morirás y no vivirás, de inmediato Ezequías oró
apasionadamente.

Entonces Ezequías volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor; y dijo: Te ruego, oh
Señor que te acuerdes ahora de cómo he andado delante de ti en verdad y con corazón
integro, y he hecho lo bueno ante tus ojos. Y Ezequías lloró amargamente.

Isaías 38:2-3

Inmediatamente después que Ezequías oró con aquella intensidad, Dios ordenó a Isaías
que volviera atrás y le diera otro mensaje:
Véy di a Ezequías: Así dice el Señor; Dios de tu padre David: He escuchado tu oración, y
he visto tus lágrimas; he aquí añadiré quince años a tus días.

(v.5)

Debido a que Ezequías oró con pasión, Dios prolongó su vida otros quince años.
Muchas oraciones quedan sin respuesta porque oramos con ligereza o sin mucho
entusiasmo. A un famoso evangelista le preguntaron recientemente por qué Dios contestaba
todas sus oraciones. Su respuesta fue: “Es fácil: soy un hombre desesperado”. Debido a su
gran responsabilidad, él siempre tenía una desesperada necesidad ante Dios, y reconocía
que a causa de sus oraciones desesperadas Dios le respondía enseguida.
Dios se mueve de acuerdo con la expectación y deseos de la gente. Si esperamos poco de
Dios, por lo regular recibiremos poco. Debemos elevar nuestras miradas. Somos culpables de
no pensar en grande.
Los historiadores dicen que el rey David tenía alrededor de treinta y tres millones, pero
cuando le pedía a Dios, decía:

Inclina, oh Señor tu oído, y respóndeme, porque estoy


afligido y necesitado.

Salmo 86:1

Aunque era ostentosamente rico, era vehemente en la necesidad que sentía de Dios.
Jesús, con frecuencia, pasaba toda la noche orando después de ministrar durante todo el
día. Era fervoroso en Su deseo por el Padre y por hacer Su voluntad.

En aquellos días él fue al monte a orar; y pasó la noche orando a Dios.

Lucas 6:12

Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto,
y allí oraba.

Marcos 1:35

Con el fervor de un niño


Cuando mi hijito se dio cuenta de que en la zona donde vivíamos había una nueva juguetería,
no pasaba un día sin que me pidiera que lo llevara allí. Se propuso visitar aquella tienda y
comprar algo. Aunque para mí no era un problema grave el llevarlo, probablemente no lo
hubiera hecho si no me lo hubiese pedido con tanto ahínco. Mientras insistía en pedírmelo,
opté por asignarle algunas tareas menores para que se ganara el dinero que deseaba gastar
Tan pronto terminó sus tareas, nos fuimos allá. Desde el primer día en que empezó a pedirme
que lo llevara, él ya “vio” aquel juguete en sus manos.
Nuestras oraciones son contestadas o no en dependencia de la intensidad de nuestro
deseo. Creo que Dios tiene un “medidor de la intensidad del deseo” para medir nuestro
interés y responde de acuerdo a eso.
Los padres, igual que Dios, tienen la capacidad de conceder solicitudes a los niños. Sin
embargo, las solicitudes quedan sin respuesta si no se muestra mucho interés en la petición.
En efecto, yo acostumbro a decir “No” cuando mis hijos me piden algo que no es una
necesidad. Si llegan a tenerlo al final no es cosa mía, sino del afán que muestren por ello. La
mayoría de los hijos, una vez que saben lo que quieren, tienen confianza en que pueden lograr
que sus padres digan “Sí”. No les preocupa el volvemos locos en el proceso; todo lo que
quieren ¡es el permiso!
Los niños saben cómo “cogerle la palabra” a sus padres. En efecto, si llego a decir algo
que parezca una promesa, me reclamarán lo prometido. Por ejemplo, si dicen algo como:
“¿Nos llevarás al parque el sábado?”; puede que yo les responda: “Es posible, si no llueve y
duermo lo suficiente la noche del viernes, y si no estoy demasiado ocupado y la inflación no
aumenta”. Aun cuando todas las condiciones no se cumplan, para ellos eso significa “sí” y al
llegar el sábado están listos para ir, incluso si a mí se me ha olvidado el asunto.
Ellos comprenden la fe. Es tan simple como “cogemos la palabra”. Si nos atrevemos a
pronunciar una promesa, en sus corazones ya está hecho; saben que nosotros cumpliremos
nuestra palabra.
Dios quiere que lo miremos con esa misma expectativa. Quiere que “le cojamos la
palabra”. Desea que tomemos en serio Su Palabra y dejemos de insultarlo con nuestra duda e
incredulidad.
Desesperadamente vehementes
Jamás ha quedado sin respuesta una oración desesperada que yo haya hecho. El problema es
que no sigo desesperado por mucho tiempo. La mayoría de la gente ora apasionadamente en
una crisis. Como en ese momento somos vehementes, Dios responde. Sin embargo, cuando
las cosas van bien, y no hay desesperación, oramos con menos afán y Dios responde menos.
Nadie puede sentirse desesperado en lugar nuestro. No importa cuán importante sea para
mi que alguien se sane, o se llene del Espíritu Santo, él mismo tiene que sentir la urgencia del
asunto. Dios jamás violará la voluntad de una persona. Los oradores tibios obtienen poco
resultado. Algunos tienen la actitud de “Si el Señor me sana, espléndido, y si no lo hace,
magnífico también”. O la de “Si el Señor se mueve en nuestra iglesia, será colosal, pero si no
lo hace, está bien”. Oran con la actitud de “Que sea lo que Dios quiera”. Pero no se trata de lo
que Dios quiera, sino de lo que queramos nosotros. Dios está dispuesto, pero somos nosotros
los que debemos volvernos específicos acerca de lo que deseamos, y ser desesperadamente
vehementes.
Nadie quiere darle regalos a quien no los aprecie o responda con un débil “Gracias” o
“Qué bien”. Como tampoco agradan a Dios los peticionarios sosos de gratitud insípida. A Él
le agradan la intensidad vehemente y la gratitud ferviente.
Cuando Ana clamó a Dios por un hijo varón, en el colmo de su desesperación, Dios
respondió. Abrió la boca del profeta Elí para decir:
Ve en paz; y que el Dios de Israel te conceda la

petición que le has hecho.

1 Samuel 1:17
Un año después dio a luz a Samuel. Dios utilizó a Penina, quien provocaba a Ana por su
esterilidad, haciendo que deseara apasionadamente un hijo. Entonces, después que ella dedicó
a Samuel al Señor, Dios le dio cinco hijos más (1 Samuel 2:21).
A Jesús acudió una mujer cananea que tenía una hija poseída por el demonio. Clamó
tanto a Él que hasta Sus discípulos le pidieron a Jesús que la despidiera. Al fin El le contestó:

No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa


de !srael.

Mateo 15:24

Mas ella siguió adorándolo y diciendo: ¡Señor, ¡socó rreme! Entonces El le respondió:
“No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos “. Pero ella no cejó ni
aunque Él la llamara perra. A causa de su afán de ver libre y bien a su hija, su fe aumentó (así
como su percepción espiritual) y vio que los israelitas rechazarían lo que Jesús les estaba
ofreciendo. Tal como los padres saben que los hijos a veces toman la comida que no desean y
la tiran bajo la mesa, comprendió que Israel dejada caer esta comida bajo la mesa, así que
dijo:

Sí Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas

que caen de la mesa de sus amos.


Mateo 15:27

Jesús le concedió su deseo a causa de su fe para ver más allá de las circunstancias
naturales y por su afán apasionado.

Entonces, respondiendo Jesús, dijo: “Oh mujer;


grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su
hija fue sanada desde aquella hora.

Mateo 15:28
Se cuenta una historia acerca de un joven que le preguntó a un sabio caballero cómo
podía lograr conocer mejor a Dios. El anciano llevó al joven a un lago y le mantuvo la cabeza
bajo el agua por casi un minuto. Cuando al fin soltó al joven que jadeaba por aire, le preguntó
qué era lo que deseaba mientras estaba bajo el agua. El joven replicó: “¡Aire!” El anciano
caballero le dijo: “Cuando desees a Dios con ese mismo deseo intenso, ¡lo encontrarás!”
Cuán sorprendentemente rápido se esfuma cualquier otro deseo cuando nos falta el aire.

La mediocridad: nuestro mayor enemigo


Como pastor no me tomó mucho tiempo comprender que mi mayor desafío era mantener a la
gente ardiendo en fuego por Dios. Siempre me sorprende la forma en que Dios contesta la
oración, cambia situaciones desesperadas en buenas y trae cambios gloriosos en gentes
agobiadas de problemas. Sin embargo, lo que detiene Su mano poderosa es una actitud
mediocre que puede aquejar incluso al más prometedor soldado cristiano. Dios liberará a las
almas abatidas, desesperadas e indefensas, pero poco puede hacer por quienes están llenos
espiritualmente. No en balde le dice a la iglesia de
Laodicea:

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente.


¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres
tibio, y no frío o caliente, te vomitaré de mi boca.

Apocalipsis 3:15-16

El dicho familiar de: “Uno puede llevar a un caballo al agua, pero no puede obligarlo a
beber”; describe la tibieza. El mismo Dios no puede hacemos beber, aunque tiene mucho que
darnos. El prefiere tratar con un corazón frío que va hacia donde no debe, que con uno tibio,
que no se mueve en absoluto.
No permita que lo “bueno” desaloje a lo “mejo?’ que tiene Dios. Demasiado a menudo
empezamos a experimentar las bendiciones de Dios y a los pocos sorbos de Su fuente eterna,
no deseamos mas.

Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo;


porque dice: El añejo es mejor
Lucas 5:39

Es posible mantener nuestra hambre y sed de Dios. Tal como El ordenaba a los laodiceos:
Sé, pues, celoso y arrepiéntete (Apocalipsis 3:19). Podemos abandonar esa actitud de
mediocridad y permanecer ardiendo en fuego por Dios. Si no, ¿cómo puede ser glorificado a
través de un cristiano complaciente o una iglesia apática?
Cuando Eliseo estaba en su lecho de muerte, Joás, el rey de Israel, vino ante él. Eliseo le
ordenó que tomara las flechas y golpeara la fiera. Y él la golpeó tres veces y se detuvo (2
Reyes 13:18). Entonces Eliseo se enojó con él y dijo:

Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria


hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces
derrotarás a Siria.

(y. 19)

Eliseo se enojó porque él pasivamente se detuvo después de golpear tres veces la tierra.
Su respuesta fue mediocre y, por lo tanto, obtuvo resultados mediocres. Decidió limitarse a
golpear la tierra sólo tres veces. Debió haber golpeado hasta que Eliseo le dijera que parara.
La mediocridad es nuestro peor enemigo.

Agotando la paciencia de Dios


Jesús se comparó al juez injusto, quien no temía a Dios ni a hombre alguno. Sin embargo,
cuando una viuda lo asedió con persistencia pidiéndole protección legal, él se la otorga
porque vio que ella lo vencería por cansancio con su persistencia al rogarle. Comprendió que
ella no se daría por vencida. Cada vez que él la despedía, es probable que ella respondiera:
“Nos veremos mañana”.
Este juez le concedió su deseo, no porque su petición lo mereciera ni porque le pareciera
razonable, sino simplemente porque comprendió que ella le agotaría la paciencia.

Sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le


haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me
agote la paciencia.

Lucas 18:5

Dios quiere que vayamos ante Él en oración con esactitud de agotar Su paciencia. Jesús
concluyó la parábola diciendo:

¿ Y acaso Dios no ha rá justicia a Sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se
tardará en responderles?

Lucas 18:7

Nos damos por vencidos con mucha facilidad. Isaías dijo

Sobre tus murallas, oh Jerusalén, he puesto centinelas; en todo el día y en toda la noche
jamás callarán. Los que hacéis que el Señor recuerde, no os deis descanso ni le
concedáis descanso hasta que la restablezca, hasta que haga de Jerusalén una alabanza
en la tierra.
Isaías 62:6-7
El profeta estaba clamando a la iglesia, para que no le diera descanso a Dios
(manteniendo esa actitud de agotar Su paciencia) hasta que Él Se manifestara.
Mientras yo estaba ministrando a una iglesia, el pastor pasó por la guardería y escuchó a
los niños cantando: “Yo lo exalto”; pero para diversión suya no lo habían aprendido bien y
cantaban: “Yo lo agoto”. Mediante esto Dios nos hace percatamos de que aunque esto fue
divertido, nosotros los adultos pensamos que estamos agotando la paciencia de Dios.
Tenemos mucho cuidado de no “cansarlo”. Pero sin fe es imposible agradar a Dios, y ¿qué
sería la fe si fuese algo que pudiéramos manejar nosotros mismos? Jesús dijo que tenemos
que ser violentos para entrar al Reino de Dios.

- ..el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos


lo arrebatan.

Mateo 11:12

¿Eres tu, Señor, o no?


Cuando venimos ante Dios, debemos estar seguros, en nuestro corazón, de que
recibiremos una respuesta de El, aun en pocos minutos. Santiago decía:

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos


abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada;
porque el que duda es semejante a la onda del mar que es arrastrada por el viento y
echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del
Señor El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Santiago 1:5-8
Constantemente mi esposa y yo vamos ante el Señor para pedir sabiduría en las
decisiones, tanto grandes como pequeñas, y la mayor parte del tiempo oímos la voz del Señor
inmediatamente. Dios le habla a todos Sus hijos. ¡El no retendría sabiduría de ninguno que se
la pida! El problema de la mayoría de la gente que dice que no oye a Dios es que están
esperando que Dios les hable a su mente. Pero el Espíritu de Dios no se comunica con
nuestras mentes, sino con nuestros espíritus.
Dios tiene muchas formas de hablar. Por supuesto que generalmente Él habla por medio
de la Escritura. Puede llamamos la atención hacia un versículo relacionado con nuestra
situación. También nos habla dándonos una sensación de conocimiento en nuestro hombre
espiritual. Esto se llama palabra de ciencia (1 Corintios 12:8) o simplemente con la voz del
Señor. Algunos escuchan una palabra o una frase en su espíritu. También el Espíritu Santo
nos habla dándonos visiones y cuadros en el Espíritu. A través de Oseas Dios dijo:

Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y


por medio de los profetas usé parábolas [imagen
mental].

Oseas 12:10

La palabra hebrea para imagen mental es damah, que significa una “imagen o cuadro
mental”. Es muy similar a una visión, pero no tan prominente. Es común oír comentar a los
cristianos: “Mientras estaba orando vi por el Espíritu...” Por lo general, el Espíritu Santo les
da una imagen mental y esto es lo que el Señor les habla y les da entendimiento en el asunto
por el que estaban orando. Una vez le pregunté al Señor por qué El hablaba por imágenes y
en seguida me recordó: “Una imagen vale más que mil palabras”.
Lo más importante es no obsesionarse en cómo Dios habla, sino nada más desear que Él
hable y que se regocije cuando Él lo hace. También es muy importante orar por la
interpretación. La cosas del Espíritu siempre requieren interpretación. Esta por lo común
llega muy fácil, porque viene también por el Espíritu. Pienso que es sabiduría si la interpre-
tación de lo que Dios nos ha dado, tanto si es un cuadro, una visión o un sueño; no llega fácil,
sino que hay que dejarlo en la “repisa” hasta que Dios lo aclare todo. Cuando tratamos de
analizar, entramos en disensiones, y es muy difícil escuchar a Dios cuando estamos
discutiendo.
El escuchar a Dios debe ser común a cada cristiano. En Hechos capítulo dos, Dios dice a
continuación del derramamiento del Espíritu Santo:

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros jóvenes verán visiones, y


vuestros ancianos soñarán sueños.

Hechos 2:17

La oración es una conversación en dos direcciones. Debemos tener esa tenacidad de


deseos y vehemencia mientras oramos, esperando oír del Señor. No abriguen dudas de que
Dios les hablará. !No piense, pues, quien tal haga (dudar) que recibirá cosa alguna del Señor
(Santiago 1:7).
Jesús dijo:

Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y me siguen.

Juan 10:27

No debemos seguir esperando que Dios conteste peticiones como esta: “Si esto es tuyo,
Señor haz que la luz se ponga verde al contar tres “, o ésta: “Si esto es de Ti, permite que
pase por aquí un auto con la placa de la Florida”. ¡Podemos discernir la voz del Señor en
nuestro espíritu! Esas son buenas noticias.
En el pasado, cada vez que Dios nos hablaba, esperábamos al menos tres confirmaciones,
para estar seguros de que era Dios, pero si el diablo nos decía algo como: “Eres un
fracasado”, ¡ se lo creíamos a la primera vez! Esos tiempos se acabaron. Podemos saber que
es la voz del Señor. Como me gusta decir: “Uno sólo sabe, que uno sabe, que uno sabe”.
Dios escucha cuando uno se apasiona en su deseo. No nos limitemos a orar; oremos con
vehemencia.
CAPÍTULO CUATRO

NO PUEDO HACERLO
AHORA, SEÑOR;
¡Ml MINISTERIO ME
NECESITA!
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres.
Lucas 10:40

Tienes algún lugar para Jesús?” oí una tarde con claridad, esta pregunta inaudible —pero sin
lugar a dudas— del Espíritu Santo. Era un típico día de pastorado. Ocupado como siempre,
estaba haciendo gestiones, tratando de cumplir todo lo más que pudiera antes de que el día se
acabara. Esta no era la primera vez que el Espíritu Santo me enfrentaba con esta pregunta.
Durante muchos días había estado oyendo en mi interior las palabras familiares de aquella
vieja tonada; un himno famoso que había oído incontables veces mientras crecía en la iglesia:

¿ Tenes algún espacio para Jesús?


Aquél que llevó tu carga de pecado
Cuando Él toca y pide entrar
Pecador ¿lo dejarás pasar?
El Señor estaba tratando con mi corazón; mi entretenido corazón. Aunque andaba
entregado al ministerio, no me estaba entregando a El. Y Él me estaba llevando al
arrepentimiento, porque yo había dejado de servirlo enteramente, y estaba sirviendo a mi
ministerio.
He encontrado pocos pastores que no anduvieran ocupados; demasiado ocupados. Pero la
ocupación no garantiza los frutos, sino que produce más bien la esterilidad espiritual.
Esto no quiere decir que esté mal andar ocupado. Pero es urgente que pongamos nuestras
prioridades en orden. Nuestra primera prioridad, por supuesto, es el mismo Dios.

Después subió al monte, y llamó a sí a los que él


quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce para que
estuvieran con él.

Marcos 3:13-14

Para todos los cristianos, nuestro primer ministerio es para Él. Si no sabemos cómo tener
compañerismo con El, no tenemos ministerio. Del ministerio hacia El viene la dirección,
recibimos la guía y fluye la vida.
En la Iglesia primitiva, los discípulos admitían este peligro de las distracciones. Se estaba
fraguando un problema en la distribución del alimento y las provisiones. Debido a la
persecución, la gente compartía todas sus propiedades (ver Hechos 2:45-46) y alguien tenía
que supervisar la distribución diaria. No dejándose engañar por esta distracción de las
ocupaciones, la cual hubiese paralizado su efectividad, convocaron a la multitud de los
discípulos y dijeron:

No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad,
pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu
Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en
la oración y en el ministerio de la palabra.

Hechos 6:2-4
Las distracciones son traidoras
Hace varias semanas el Señor me habló mediante un sueno. En éste Él estaba sentado a la
mesa frente a mí y me decía:
“Las distracciones traicionan; te mantienen en una forma de esclavitud”. Cuando desperté del
sueño Sus palabras repercutían como un eco por todo mi ser. ¡Cuán exacta era esta
descripción del mismo Espíritu Santo! Las distracciones siempre tienen la atracción de lo
importante, pero nos quitan la libertad de escuchar al Señor
Rara vez me he propuesto dedicar algún tiempo para orar sin que me vengan a la mente
mil pensamientos. La televisión parece venir por sí misma, la revista Newsweek me pide que
la lea y el diario me cae en el regazo. Estos traidores vienen en otras formas también. Apenas
me comprometo a dedicar una hora sólo para el Señor, suena el teléfono. De repente me
acometen deseos impostergables de arreglar una silla, ordenar mi mesa de trabajo o echar una
carta al correo. La lista es interminable, pero son todos traidores con un solo propósito:
mantenerme prisionero para que no pueda escuchar a Dios.
El diablo no es ningún tonto. Él sabe Quién es la fuerza de nuestro poder. Por
consiguiente, su plan de ataque es distraer. Le importa poco si nos preocupamos por el
ministerio, siempre que no nos preocupemos por Dios. El tiene una misión: la de mantenemos
preocupados y entretenidos para impedimos un rato de intimidad con Dios. Mientras que
nuestro tiempo se disperse entre mil actividades religiosas, su reino no está en peligro. El
sabe que aunque no puede robamos la salvación, sí puede detener nuestro crecimiento
distrayéndonos.
No hay más que un remedio para el cristiano entretenido:
arrepentirse y, con simplicidad de niño, buscar al Señor.
La distracción del éxito
Una de las distracciones más comunes para el cristiano es el éxito. La naturaleza humana
tiene tendencia a volverse superconfiado cuando las cosas van bien. Con frecuencia es en
medio de las bendiciones de Dios cuando el cristiano se afloja, se deja dominar por la pereza
y pierde su fervor por Él. Verdaderamente esas épocas relajadas miden con exactitud la
intensidad de nuestro amor por Dios. La mayoría de la gente ora con fervor y se entrega a
Dios cuando están en medio de una crisis, pero la verdadera profundidad de la dependencia
en Dios y nuestro amor por El se revela cuando estamos disfrutando del éxito.
Tanto si obtenemos el éxito en logros espirituales o en reconocimiento ante otros, así
como en éxitos materiales o ganancias financieras, El nos advierte que no olvidemos que El
sólo es la razón para ello.

Cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra que juró a tus padres Abraham,
JsaacyJacobque te daría, una tierra con grandes y espléndidas ciudades que tú no
edificaste, y casas llenas de toda cosa buena que tú no llenaste, y cisternas cavadas que
tú no cavaste, viñas y olivos que no plantaste, y luego que comas y te sacies, cuidate de
no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

Deuteronomio 6:10-12

Hay dos zonas de distracción que acompañan al éxito y que obstaculizan lo que Dios
desea hacer mediante la iglesia local. Estas distracciones son los mayores enemigos de la
Iglesia, y son: 1) La mediocridad o complacencia, y 2) el profesionalismo o espíritu de
organización.
La mediocridad es una actitud que por lo general sigue a la bendición de Dios. ¡Qué
peligroso es sentirse satisfecho con la medida en que hemos visto a Dios moverse y bendecir,
y dejar de desear más! Este espíritu de apatía e indiferencia ha paralizado a muchos cristianos
e iglesias, y les ha robado el experimentar todo lo que Dios tenía planeado para ellos. Cuando
la gente se siente espiritualmente satisfecha, cesan de clamar a Dios. Y cuando no se le busca
ardientemente, poco puede hacer Él por nosotros. Lo bueno se ha convertido en el enemigo
de lo mejor.
También el profesionalismo sigue a las bendiciones de Dios. Debemos ser profesionales
en todo lo que hacemos, ya sea en el vestir, en las capacidades, los equipos, etcétera. Pero el
profesionalismo es una actitud de “sabelotodo”. Cegados por el éxito obtenido, nos aferramos
a las fórmulas, y buscamos conocer a las personas conectas y seguimos la corriente de lo que
oímos que se está predicando en otras iglesias. Con un engañoso sentimiento de
independencia, ya no sentimos la necesidad de acercamos a Dios. Ya nos sabemos las can-
ciones apropiadas, las frases manidas y probablemente podríamos dirigir una preciosa
reunión, aun cuando Dios nunca se presentara. Pero Dios desea que oigamos continuamente
una palabra fresca de Su boca. Cada movimiento de Dios comenzó fresco. Sin embargo, al
final, los hombres sofocan lo que Dios ha hecho, organizando lo que había nacido del
Espíritu hasta convertirlo en una herramienta para promover su nombre o su ministerio. Es
más fácil para la carne reclamar para sí un método, antes que depender de Dios para algo
fresco y nuevo.

La distracción de las personalidades


Un evangelista con una reputación dudosa celebró una serie de reuniones en una iglesia. Los
dones del Espíritu operaron a través de él de un modo que sorprendió a la gente. Sin
embargo, muchos comenzaron a sentir cierta inquietud con respecto al hombre que muy
pronto quedó confirmada por el “mal fruto” que tenía la reputación de este hombre. Quedó
desenmascarada su falta de integridad.
Después que el pastor admitió esto y se puso en contacto con otros pastores que habían
tenido malas experiencias similares con el hombre, rehusó permitir que continuara en su
iglesia. Pero por desgracia, muchos salieron en defensa del evangelista, cegados por la
sensación de ver los dones del Espíritu operar a través de él. Por consiguiente, ignoraron su
obvia falta de carácter e integridad, su codicia por el dinero y su lengua peligrosa y lo
siguieron a través de la ciudad adonde él continuaba “ministrando” a otro grupo de gente con
un timo parecido.
Esta gente hicieron ostensiblemente oídos sordos a cualquier consejo que les diera su
pastor. Habían sido distraídos y engañados porque habían fijado sus ojos en los dones del
hombre, apartando su mirada del Señor. Sin embargo, Jesús no dijo que los conoceríamos por
sus dones, sino por sus frutos: Así que, por sus frutos los conoceréis (Mateo 7:20).
Obviamente su fruto estaba podrido, pero ellos se dejaron deslumbrar por la sensación de los
dones y la elocuencia del hombre.
Algunos pueden preguntar por qué Dios usaba a un hombre que carecía de integridad y se
había entregado a la codicia de la carne. La respuesta es simplemente que cuando Dios otorga
un don nunca lo retira.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

Romanos 11:29

Dios le había concedido a este hombre los dones del Espíritu en un punto de su ministerio
cuando se había comprometido a andar con El. Y cuando el hombre dejó de permitir que Dios
disciplinara su vida, el Señor no le quité el don.
Esto es una tragedia cuando los jóvenes cristianos suponen inocentemente que los dones
del Espíritu Santo operan solamente en una persona cuya vida está complaciendo a
Dios. (Por supuesto que esto suena razonable a la mente natural.) Cuando los jóvenes ven a la
persona hacer cosas malas o carnales, naturalmente se confunden y tropiezan. ¡Ay de quien
les hace caer! ¡Qué responsabilidad tenemos de andar en el carácter de Jesucristo en todo
momento!

Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le
fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo
profundo del mar

Mateo 18:6
Dios nos adviene que no nos dejemos distraer por la personalidad. El prueba nuestra
lealtad y nuestro compromiso con El.

Si se levantare en medio de ti un profeta, o soñador de sueños, y te anuncia una señal o


un prodigio, y la señal o el prodigio se cumple, acerca del cual él te había hablado,
diciendo: “Vamos en pos de otros dioses <a los cuales no has conocido) y sirvamos les,
no darás oído a la palabra de ese profeta o de ese soñador de sueños; porque el Señor tu
Dios te está probando, para saber si amas al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con
toda tu alma.

Deuteronomio 13:1-3 (B.d.l.A)

El mismo instrumento que nosotros elogiemos puede ser una distracción de nuestro andar
íntimo con Dios. Pablo llamaba carnales, faltos de espiritualidad y recién nacidos en Cristo a
aquellos que declaraban ser “de” Pablo o “de” Apolos (1 Corintios 3:1-4). El resumía la
perspectiva de Dios en:
Yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios.

1 Corintios 3:6

Podemos apreciar lo que Dios está haciendo a través de otros vasos, incluso vasos de gran
integridad, pero Dios tiene una visión mucho mayor de cada cristiano como para que sea una
copia al carbón de otro. Cada persona es maravillosamente única a Sus ojos.

La distracción de la necesidad de sentirse necesario

Todos queremos sentimos importantes e incluso indispensables. Unido a una necesidad de


reconocimiento, qué fácil es servir a un ministerio bajo el disfraz de servir a Dios.
Hace poco me contaron de un pastor en Texas que está aconsejando doce horas diarias.
Aunque esto tenga la apariencia de dedicación al ministerio, suena como si el hombre
padeciera de una grave necesidad de sentirse necesario. Primero que todo, la mayoría de las
necesidades de asesoramiento pueden resolverse en la forma en que Dios manda, que es por
la predicación ungida de la Palabra. Por supuesto, hay excepciones, pero bajo la exposición
ungida de la predicación, el Espíritu Santo corregirá, condenará, instruirá, iluminará y
censurará en las situaciones de necesidad. Para santificarla [la iglesia], habiéndola
purificado en el lavamiento del agua por la palabra (Efesios 5:26).
En segundo lugar, el pastor le estada prestando a la gente un servicio mucho mayor si
empleara esa misma cantidad de tiempo en la oración y el estudio de la Palabra, sintonizando
Su corazón para oír lo que Dios está diciendo.
Debido a esta necesidad de ser necesario, a la larga se priva a la gente de aprender a
depender de Dios. El es un Dios celoso. Ese ministro, alimentando su ego inseguro, está
enseñando
mal a la gente a depender de él en lugar de hacerlo en Dios. El quíntuple ministerio del
apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro está llamado para equipar a los santos a fin de
que estén preparados para ministrar. Cada ministro debiera mantener una actitud de enseñar
para dejar todo en otras manos. Aquellos a quienes él ministra deben ser preparados para
hacer lo que él está haciendo. El ministerio verdadero es mucho más que impartir
información: es multiplicar nuestra vida (lo que Dios nos ha conferido) en la vida de otro.
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros,
pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para
la edificación del cuerpo de Cristo.

Efesios 4:11-12

Marta tenía la necesidad de ser necesaria. Estaba distraída con su propio deseo de
aprestarlo todo. Jesús la reprendió, no por servir, ¡sino por excederse al hacerlo! María había
estado en la cocina ayudando en los preparativos; entonces, sintiendo que era suficiente, salió
de la cocina y se sentó a los pies de Jesús. Ella sí tenía sus prioridades en orden; no estaba
sirviendo por la necesidad de sentirse necesaria, así que era libre de hacer lo que era mucho
más importante, estar a la disposición de Jesús.

Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres (excederse) y acercándose, dijo:


Señor ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
Respondiendo Jesús, le dijo:
Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas, pero sólo una cosa es
necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Lucas 10:40-42
Marta no sólo se enfadó con María, sino también con Jesús. Esto es común cuando
entramos en conflicto. Hacemos cosas para alimentar nuestro propio ego: esa necesidad de
ser necesarios. Entonces nos enojamos con otros que no ven las cosas como nosotros las
vemos. María complació al Señor, sin embargo. Ella escogió estar libre para sentarse a los
pies de Jesús. Su satisfacción era El, no su ministerio.

La distracción de lo sensacional

A la carne le fascina lo sensacional, pero el deseo de seguir únicamente lo que atrae nuestros
sentidos nos priva de oír la voz de Dios.
Como la voz del Señor a veces es difícil de oír, muchos se sienten frustrados y deciden
llevar a cabo sus propios planes en vez de tomarse el tiempo que necesitan para escuchar a
Dios.
Con frecuencia es una famosa personalidad destacada que viene a la zona (quien ha
tenido cieno éxito como cristiano), más bien que alguien que puede no tener más credenciales
que las de que “oye a Dios”.
Cuando Elías se paró en la montaña ante el Señor, Dios no estaba en el poderoso viento
que rompía los montes y quebraba las peñas; Dios no estaba en el terremoto; ni en el fuego.
Después que pasaron aquellos sucesos sensacionales fue cuando Elías oyó el susurro de una
voz apacible:

¡... pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento un terremoto; pero el Señor
no estaba en el terremoto. Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el
fuego. Y después del fuego el susurro de una brisa apacible.

1 Reyes 19:11-12 (B.d.l.A)


Dios está entrenando nuestros oídos, para que ya no nos satisfaga lo sensacional, porque
nuestros espíritus están clamando por una palabra fresca del Señor.
Eliseo también tuvo que pasar la prueba de la distracción. Él tuvo la oportunidad de ser
distraído por lo sensacional. La condición para que recibiera o no la “doble porción” estaba
en que no quitara sus ojos de Elías cuando éste le fuera arrebatado:
Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere
quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.

2 Reyes 2:10

Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí apareció un carro de fuego con caballos
de fuego que separó a los dos. Y Elías subió al cielo en un torbellino.

(y. 11)

Eliseo tuvo que mirar más allá de toda esta conmoción y mantener sus ojos en Elías; y
pasó la prueba.
Cuando yo era un joven cristiano alguien me dijo que mientras más andamos con el
Señor, más débil se escucha Su voz. Al principio no pude entender esto, porque Su voz
parecía ya difícil de escuchar. Años después, cuando conocí a Marilyn, la que sería mi
esposa, el Señor me dio entendimiento.
Cuando me presenté a ella le dije: “Hola, yo soy Steve Sampson”. Pero ala siguiente vez
sólo dije: “Hola, es Steve”. Después de eso me limité a decir: “Hola”. Ella reconocía mi voz y
yo no tenía que explicar nada mas.
Ahora, después de años de matrimonio ambos sabemos lo que el otro está pensando sin tener
que hablamos. Podemos comunicarnos en muchas otras formas, como una mirada, una cierta
expresión y cosas por el estilo. Nos conocemos bien uno al otro.
Es igual cuando tenemos nuestro primer encuentro con el Señor. El dice algo como:
“Hola, soy Jesucristo, te estoy salvando de tus pecados”. Cuando vuelve a hablamos, dice:
“Hola, es Jesús, y te bautizaré con el Espíritu Santo”. Después Su voz para nosotros se liniita
a “Hola”. No siempre experimentamos la sensación de oírlo que tuvimos al principio. Según
andamos con Él a diario, empezamos a conocer Su voz. Conocemos Su voz por Su espíritu
que habla a nuestro ser interior
No tenemos que ser esclavos de lo sensacional, porque conocemos Su voz.

La distracción de la culpa y la condenación


Un común denominador entre muchos cristianos que conozco es el problema de no sentirse
espiritual. Esta idea de que tenemos que sentimos espirituales antes de que Dios pueda
usamos por supuesto que es una mentira. Las veces en que Dios me ha usado más, son esos
momentos en que probablemente me siento menos espiritual.
Mucha gente que conozco lucha contra la condenación. La palabra “condenación”
significa juicio o acusación. Dios no condena a Sus hijos. El Espíritu Santo nos da convicción
de pecado, pero Su convicción es suave, dejándonos conocer en nuestro ser interior que
estamos haciendo algo mal.
Nos pasamos demasiado tiempo pidiendo perdón por los errores que cometemos (y
debemos tener un corazón arrepentido) pero Dios es pronto en perdonamos y simplemente
nos dice que nos levantemos de nuevo y continuemos andando en el Espíritu. El no cuenta las
veces que caemos, sólo las veces que nos levantamos.
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que
están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a
la carne, sino conforme al espíritu.

Romanos 8:1

No tenemos que vivir con sentimientos de culpa como “No estás haciendo lo suficiente
para Dios”. En vez de eso podemos disfrutar nuestra unión con Jesucristo. No tenemos que
tratar de forzar sentimientos espirituales, sino más bien regocijamos de que El nos ha hecho
herederos junto a El. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí... (Mateo
11:29).
No te esfuerces para estar unido a Dios; ¡disfruta el hecho deque lo estás!
Uno de los trucos del diablo es el de hacernos pensar que uno es el único que tiene
batallas. Dice mentiras como:
“Nadie tiene que rechazar pensamientos como esos. Nadie más tiene esos temores. Si fueras
espiritual como todo el mundo, no tendrías esos problemas”. Por supuesto que dice eso
mismo a todo el mundo.
Pero después que uno sabe que cada tentación “es común al hombre” (ver 1 Corintios
10:13) uno puede resistir esas milenarias tentaciones del enemigo.
¡Dios está de nuestro lado!

La distracción de tomarse uno


demasiado en serio
Cuando aprendí a reírme de mí mismo y admitir mis propios fracasos y debilidades, empecé a
experimentar una fortaleza y una confianza en Dios que nunca antes parecieron disponibles.
Cuando nos esforzamos demasiado y nos dejamos engañar hasta pensar que el reino de
Dios es responsabilidad absolutamente nuestra, damos todavía menos fruto. Sin
embargo, cuando nos relajamos y simplemente procuramos estar disponibles para Dios,
logramos mucho más.
Dios siempre se mueve en una atmósfera de gozo y libertad, y no en una atmósfera de
inseguridad y esfuerzo. Nosotros, como instrumentos de Dios, no podemos “salvar” gente, o
sanar gente, pero sí podemos escuchar al Espíritu Santo. Mas cuando estamos esforzándonos
tanto para ser “superespirituales”, inconscientemente ahogamos el flujo del Espíritu Santo a
través de nosotros. Se sana más gente cuando estamos conscientes de que no somos nosotros
quienes lo hacemos, sino que sólo nos corresponde alentar a la gente a disfrutar la presencia
del Señor. Es por Su presencia que suceden las cosas y ¡en Su presencia hay plenitud de
gozo! (Salmo 16:11).
Deseo decirles a estos cristianos superserios: “Alégrense! Relájense en la presencia del
Señor y estén atentos a lo que ustedes reconocen como Él obrando por Su Espíritu. No se
tomen tan en serio y Dios hará más a través de ustedes.

CAPÍTULO CINCO
INCITADO A SALIR
DE LA ESTERILIDAD

Y su rival la provocaba amargamente para irritarla, porque el Señor no le había dado


hijos.

1 Samuel 1:6 (B.d.l.A)

Después que había pastoreado mi primera iglesia por unos pocos meses, se unió a la misma
un hombre enormemente grande. Al principio le gustaba el compañerismo, la alabanza y la
adoración, y era muy receptivo a la enseñanza y la predicación.
Pero el Señor empezó a tratar con él; y mientras más trataba Dios con el hombre por
causa de sus motivos y actitudes, más se encolerizaba éste. Pero el problema era que dirigía
su enojo contra mí; en cada servicio se sentaba allí con una deprimente nube de odio, los
brazos cruzados sobre el pecho y con los agresivos ojos clavados en mí mientras yo
predicaba. Me iba muy bien hasta que mis ojos se cruzaban con los suyos, entonces me sentía
tan intimidado y tan odiado, que, una vez que lo percibía, se me escapaba la unción y las
ideas se me dispersaban.
Así que empecé a orar: “Señor, saca a este hombre de la iglesia, porque obstaculiza mi
predicación”. Pasaron varias semanas y entonces el Señor me habló: “No voy a sacarlo,
porque Yo lo he traído”.
Sabiendo que me había colocado entre “la espada y la pared”, comprendí que no tenía
adónde volverme, excepto ceder al propósito de Dios (que era fortalecerme). Así que me
propuse predicar a pesar de aquel hombre, fijando mis ojos exactamente por encima de la
línea de su pelo. Pronto me fue cada vez más fácil predicar con los ojos de él clavados en mí.
De hecho empecé a disfrutarlo, porque sentía que me alzaba en las alas de la unción del
Espíritu.
No mucho después de mi victoria, recibimos una llamada telefónica. El hombre y su
familia se mudaban a California. Me sentí tan feliz que dancé por toda la habitación.
Pero antes de una semana otro hombre se unió a la iglesia. Era más grande que el
primero, dirigió su ira hacia mí y la nube de depresión que había sobre su cabeza era aun
mayor que la del otro. ¡Era obvio que Dios todavía no había terminado su obra conmigo! Por
supuesto, traté de aconsejar a ambos hombres, pero ninguno de ellos quiso admitir que
estaban enojados con Dios. Dios los había enviado para cambiarme. Más tarde, el segundo
hombre se mudé también, pero ya yo había pasado la prueba. Nunca más permitiría que el
rostro de un mero hombre obstaculizara la predicación del Evangelio a través de mí. Dios
había usado a estos dos hombres como instrumentos en Su mano para fortalecerme.

Los instrumentos ocultos de Dios


La mayor parte de la gente no se acerca a Dios hasta que están desesperadas. Por
consiguiente, a menudo Dios suscita una situación o trae a una persona que nos saque de
nuestra cómoda actitud y nos arroje en Sus brazos.
Un hombre llamado Elcana tenía dos esposas. Una se llamaba Penina y la otra, Ana. A la
hora de hacer ofrendas al Señor, Elcana le daba porciones a Penina y a sus hijos e hijas.
Pero a Ana él siempre le daba una doble porción (Ver 1 Samuel, capítulo 1).
Pero el Señor había cenado la matriz de Ana. Y a no dudarlo, ella hubiese permanecido
estéril, pero Dios usó a la otra esposa, Penina, para provocarla y hacerla sentir disgustada y
miserable:

Y su rival la provocaba amargamente para irritarla, porque el Señor no le había dado


IÑos. Esto sucedía años tras años; siempre que ella subía a la casa del Señor la otra la
provocaba. Y Ana lloraba y no comía.

1 Samuel 1:6-7

Probablemente Ana no lo sabía entonces, pero Penina era un instrumento en la mano de


Dios para hacer que ella se desesperara por tener un hijo. Si Penina no la hubiera provocado,
¡ella nunca hubiese clamado a Dios! La continua mortificación a que la sometía su rival
magnificó su esterilidad.
Dios tenía en mente un propósito, que era hacer nacer al profeta Samuel. Pero Samuel
nunca hubiese nacido si Ana no hubiera clamado al Señor en su desesperación. Y nunca
hubiese clamado al Señor si Penina no la hubiera provocado. Dios tuvo que incomodarla
antes de poder usarla.
Incluso su esposo Elcana trató de consolarla, pero sin éxito.
Entonces Elcana su marido le dijo: “Ana, ¿por que lloras y no comes? ¿Por qué está
triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?

(y. 8)

La mayor necesidad de la iglesia


La iglesia en la década pasada ha sido como Ana. Hemos sido bendecidos. Nuestro “Esposo”
ha sido bueno con nosotros.
Hemos experimentado de verdad las bendiciones de Dios. Hemos aprendido mucho acerca de
la fe, las bendiciones de Dios, la riqueza de nuestra herencia... pero somos estériles. Estamos
bendecidos, pero somos estériles. Aunque podemos señalar rápidamente bendiciones externas
como casas, autos, templos y cosas por el estilo, hay poco fruto en nuestras vidas. De tarde en
tarde un alma viene al Reino de Dios a través de nosotros. Bendecidos por Dios como Ana lo
estaba por su esposo, Elcana, nos hemos mantenido carismáticamente cómodos y ciegos a
nuestra esterilidad espiritual.
Así que Dios nos ha enviado Peninas. Vienen en muchas formas. Sentimientos de
insatisfacción, vacío espiritual u otra gente usada por Dios cuando nosotros no estamos
haciendo lo que El espera de nosotros. Otros tienen la forma de políticos liberales,
organizaciones como la ACLU (Unión de libertades civiles norteamericanas), tratando de
declarar inconstitucional el orar en la escuela o el exhibir públicamente el pesebre en
diciembre, lo cual es parte de nuestra herencia judeocristiana: el cimiento mismo sobre el
cual se fundó nuestro país. Instrumentos como Madelyn Murray O’Hare han sido en realidad
una bendición invisible, porque nunca habían estado tantos cristianos tan preocupados por la
libertad religiosa hasta que ella empezó su embestida contra el cristianismo.
Dios ha usado estas Peninas para estimular a la Iglesia (el gran gigante dormido) a fin de
sacarlo de su esterilidad. Dios nos está provocando para que podamos buscar quedarnos en
cinta de Sus propósitos. Cualesquiera que sean las Peninas, nos sentimos muy incómodos..,
provocados. Las bendiciones materiales ya no nos satisfacen. Hay un clamor, más profundo
de lo que podemos explicar, muy hondo adentro de nosotros. Como una madre que anhela
tener un hijo, la Iglesia también está llorando por tener un fruto.
Como Ana, nos vemos diciendo: “Aunque estoy muy bendecida, ya no puedo soportar ser
estéril. Esta aridez debe terminar. Señor, ¡permite que tenga fruto que haga crecer a Tu
reino!”
La importancia de la desesperación
Cuando Ana llegó a este punto de desesperación, Dios escuchó su oración.

Ella muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente. E hizo voto y dijo: Oh
Señor de los ejércitos, si tú te dignas mirar la aflicción de tu sierra, te acuerdas de mil y
no te olvidas de mil sino que das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al Señor por todos los
días de su vida, y nunca pasará navaja sobre su cabeza.

1 Samuel 1:10-11 (B.d.l.A)

Ella no dijo: “Señor, seda muy bueno tener un hijo”, sino que oró con toda su alma, con
vehemencia. Tan grande era su angustia que Elí, el profeta, pensó que estaba ebria y le dijo:
¡Echa de ti tu vino! (v.l4). Claro que ella le explicó la angustia de su corazón diciéndole: . .
.no he bebido ni vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante del Señor (v.15)
(B.d.l.A)
Fue en este pináculo de la desesperación que Dios abrió la boca de Elí y le hizo Su
promesa a ella:

Ve en paz, y que el Dios de Israel te conceda la

petición que le has hecho.

(v.17, B.d.l.A)

Ana oró sin egoísmo. Tan grande era su deseo de dar fruto que nada pidió para ella. Pidió
un hijo varón que entregaría por completo al Señor para engrandecer Su Reino: Yo lo
dedicaré al Señor por todos los días de su vida, y nunca pasará navaja sobre su cabeza (y.
11).
Ana ni siquiera pedía un hijo que ella pudiera conservar, sino meramente ser el
instrumento que Dios pudiera usar para
hacer nacer al niño. ¡ Qué ejemplo para todo cristiano! “Señor, sencillamente úsame como el
canal de bendiciones para el engrandecimiento de Tu Reino”.
Dios recompensó la solicitud altruista de Ana. No sólo la usó para hacer nacer a Samuel,
uno de los más grandes profetas que hayan existido jamás, sino que también le dio a Ana
cinco hijos para ella.

Y el Señor visitó a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres


hijos y dos hijas.

(y. 2:21)

Cuando oramos primero por el engrandecimiento del Reino, entonces Dios es libre de
bendecimos en formas inesperadas.

La insatisfacción divina
El año pasado el Señor me habló diciéndome que le estaba otorgando un nuevo don a Su
Iglesia. Cuando le pregunté cuál era, me contestó: “La insatisfacción divina”.
Poco después empecé a notar una inquietud en el pueblo de Dios. Todo aquél con quien
hablaba parecía sentirse frustrado. Muchos me han dicho que se sienten como si estuvieran
sujetos a un patrón. Sin embargo, existe un sentimiento de expectación de que Dios se está
preparando para hacer algo nuevo. Antes de que Dios pueda darnos más, tenemos que
sentirnos descontentos con el estado en que estamos.
Primero debe ser un clamor. Isaías dijo:

Pues Sión apenas estuvo de parto, dio a luz sus hijos.

Isaías 66:8 (B.d.l.A)

Hasta que los hijos de Israel no clamaron a Él de en medio de su esclavitud, Dios no


levantó a Moisés como su liberador (ver Éxodo 3:9).
Dios entregó a Israel en las manos de Madián durante siete años (ver Jueces 6:1). Pero
cuando estuvieron desesperados por su esterilidad e indefensión y clamaron a Dios, El
levantó a Gedeón para que los liberara.

Y cuando los hijos de Israel clamaron al Señor a


causa de Madián...
Jueces 6:7 (B.d.l.A)

Hace poco tuve un sueño. Una joven mujer caminaba hacia su prisión. En el sueño yo
trataba de convencerla para que no lo hiciera, sugiriéndole que apelara la sentencia o algo asi.
Entonces ella me contestó: “i,Qué tiene de malo la prisión?” En realidad el Señor me permitió
ver que la atadura (la cual representa la prisión) se vuelve tan cómoda que Su pueblo se
acostumbra a ella. Pablo alentó a los gálatas:

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos


hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de
esclavitud.

Gálatas 5:1

El pueblo de Dios nunca debía sentirse cómodo en atadura, ni estar contento con ser
estéril:

Grita de júbilo, oh estéril, la que no ha dado a luz; prorrumpe en gritos de júbilo y clamo
en alta voz, la que no ha estado de parto; porque son más los hijos de la desolada que los
hijos de la casada, dice el Señor Ensancha el lugar de tu tienda, extiende las cortinas de
tus moradas; no escatimes; ala rga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te exten-
derás hacia la derecha y hacia la izquierda; tu descendencia poseerá naciones, y
poblarán ciudades desoladas.
CAPÍTULO SEIS

¡HAZ ALGO!

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros


mismos.

Santiago 1:22

El diablo no está amenazado por lo que los cristianos tenemos: está amenazado por lo que
estamos usando. Demasiado tiempo hemos estado engañados en la inactividad. Justificamos
nuestra posición letárgica razonando que si Dios desea que hagamos algo, El sabe dónde
encontramos.
Pero Dios no está obligado a damos más hasta que usemos lo que ya nos ha dado. No está
dispuesto a hablamos otra vez hasta que actuemos en obediencia a lo que Él nos habló hace
tiempo.
La mayor parte de los progresos que he experimentado en Dios no tuvieron lugar cuando
estaba ocioso, sino cuando estaba progresando en la luz que ya tenía. Casi todas las
revelaciones de las Escrituras que he recibido, me han llegado mientras estaba predicando, o
entregándome en cuerpo y alma a prepararme para predicar.
Hasta que no estemos obedeciendo Dios, no nos hablará del siguiente paso que debemos
dar.
Estar dispuesto a correr riesgos
Siempre es un riesgo dar un paso de fe. Sin fe no podemos agradar a Dios. No sería fe si Dios
tuviera un anuncio de luz neón parpadeando enfrente de nuestra casa cada mañana, que nos
dijera los pasos que debíamos dar ese día.
Sentarnos en la cabina de un enorme camión y tratar de dar vuelta al timón puede parecer
imposible, pero apenas Comience a moverse el camión, el timón girará con facilidad.
Igualmente, Dios no puede dirigir nuestras vidas hasta que empezamos a movemos. Si nos
movemos en dirección contraria, Él puede ajustarnos, pero el secreto de conocer la guia del
Señor es empezar a movernos en la luz que ya tenemos.
Un hombre se acercó a un amigo mío que es pastor y le dijo que él había sentido que el
Señor lo estaba llamando a prepararse para el ministerio, pero añadió: “Si voy ahora a la
Escuela Bíblica, ¡tendré cincuenta y tres años cuando salga!” Creo que Dios le dio a mi
amigo la sabiduría para responderle: “Bueno, ¿qué edad tendrá si no va?”

Use lo que ya tiene


El profeta Eliseo fue enviado a una viuda que tenía un problema desesperado, y que le dijo al
profeta:

Tu siervo, mi marido, ha muerto; y tú sabes que tu


siervo temía al Señor; y ha venido el acreedor para
tomar a mis dos hijos para esclavos suyos.

2 Reyes 4:1 (B.d.l.A)

Es interesante señalar que el profeta (representante de Dios) no le dio a ella nada


adicional a lo que ya tenía, ni reprendió a su enemigo, sino que le habló del mismo modo en
que Dios nos está hablando a nosotros hoy:
Y Eliseo le dijo: ¿ Qué puedo hacer por ti? Dime qué
tienes en casa. Y ella respondió: Tu sierva no tiene en
casa más que una vasija de aceite.

(v.2)

La viuda, como muchos de nosotros, no veía “ninguna cosa” ante sí. El problema es que
ella no entendía que ya tenía algo que no estaba usando. Estaba paralizada por el problema
que parecía insuperable. La solución no estaba en recibir algo más, sino en usar el aceite que
ya tenía y liberarse de la parálisis vertiendo este aceite en vasijas vacías. ¡

Él le dijo: Ve, pide vasijas prestadas de todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías;
no pidas pocas. Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos; y echas el aceite
en todas estas vasijas, pon iendo aparte las que estén llenas.

(vv. 3-4, B.d.l.A)

El aceite representa al Espíritu Santo a quien tenemos en nuestra “casa”. Cada cristiano
tiene disponible al Espíritu Santo. La clave no está en pedirle más a Dios, sino en derramar el
ánimo del Espíritu Santo que está en nosotros sobre la gente necesitada y vacía. Liberamos el
poder y la capacidad de Dios al denamarlo. La clave para tener siempre algo fresco de Dios
es no dejar de deinmar jamás su amor a los demás.
La naturaleza humana tiene la tendencia a acumular. Tenemos miedo a que las cosas se
nos acaben. Sin embargo, acumular y conservar es el equivalente a decirle a Dios que corte el
flujo hacia nosotros porque no queremos más. Los predicadores a veces son remisos a
hablarle a otros de las revelaciones que Dios les ha dado por miedo a que otro predicador lo
predique y “gane el crédito” por ello. Pero es importante darlo a otms, y entonces Dios
añadirá rápidamente revelaciones adicionales. A veces personas que están atnvesando
malos tiempos dejan de dar diezmos y ofrendas, razonando que necesitan conservar lo poco
que tienen. Pero nada podía estar más equivocado. Al retenerlos, detienen el flujo de Dios
hacia ellos.
Hay otro mensaje poderoso en este incidente: Eliseo le dijo a la viuda que apartara las
vasijas llenas. Los cristianos llenos y satisfechos siempre están en peligro de ser apanados por
el Señor. Dios mismo nada puede hacer por un cristiano “satisfecho”. Tiene que haber ese
continuo derramamiento hacia afuera que cree una sed mayor de Dios. El mejor camarero del
mundo no puede llenar un vaso lleno de agua.
Jesús dijo:
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de

justicia, porque ellos serán saciados.

Mateo 5:6

Lo único que hizo cesar el flujo de aceite (no fue Dios ni el diablo) fue que no había más
vasijas vacías.

Y sucedió que cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo ella a un hijo suyo: Tráeme otra
vasija. Y él le dijo: “No hay más vasijas”. Entonces cesó el aceite.

(y. 6, B.d.l.A)

Acérquese a Dios
Muchos sermones se han predicado acerca del sueño que tuvo Salomón en que Dios le dijo:
Pídeme lo que quieres que yo te dé (2 Crónicas 1:7). Sin embargo, esta poderosa invitación
de Dios a pedir cualquier cosa de El no se hizo por accidente:
antes de este sueño ¡ Salomón le había ofrecido mil holocaustos! Se requería solamente un
holocausto, pero Salomón ofreció mil. Salomón se aceitaba a Dios con vehemencia. Le
estaba ofreciendo un mil por ciento más de lo que se requería. Había puesto todo su corazón
en agradar a Dios:

Subió Salomón allt delante del Señor; al altar de


bronce que estaba en la tienda de reunión, y ofreció
sobre él mil holocaustos.

2 Crónicas 1:6

No en balde Dios fue tan generoso en Su oferta a Salomón, ¡porque Salomón se acercaba
a El con vehemencia! ¿Cuántas veces los cristianos tratamos de pasar con lo imprescindible
en vez de acercamos todo lo posible a Dios?
Cuando Salomón pidió únicamente sabiduría y ciencia para guiar al pueblo de Dios en
lugar de pedir con egoísmo, Dios le concedió no sólo sabiduría y ciencia, sino también
riquezas, bienes y gloria. Necesitamos acercamos a Dios con una actitud de ofrecerle un mil
por ciento de nosotros mismos, y buscando engrandecer Su Reino. A Su vez, Dios irá hasta el
final para complacer nuestras necesidades y mucho mas.
Otro que se acercó a Dios así fue un romano llamado Cornelio. El mensaje del Evangelio
era algo extraño para Cornelio, pues él no era descendiente de judío. Sin embargo, amaba a
Dios. Con sus actos y su corazón buscaba a Dios en un esfuerzo de un mil por ciento.
Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la
Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al
pueblo, y oraba a Dios siempre.

Hechos 10:1-2

Mientras Cornelio se acercaba a Dios, siendo devoto, temeroso de Dios y enseñando a su


familia a temer a Dios, dando muchas limosnas y orando todo el tiempo, Dios lo visitó. Una
vez más, no fue por accidente. Dios visitó a
Cornelio porque éste se acercaba a Él con gran vehemencia, con toda su alma.
Como Cornelio se estaba poniendo a disposición de Dios, el Señor lo usó para abrir la
puerta a fin de que el Evangelio fuera predicado a los gentiles. El centurión vio en visión a un
ángel que se le acercaba y le decía: “~Corneio!” Eso, por supuesto, llamó su atención:

Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿ Qué


es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han
subido para memoria delante de Dios.

Hechos 10:4

Entonces dio instrucciones a Cornelio para que mandara a buscar a Pedro, quien vino a
Cesarea y le predicó a los amigos íntimos y parientes de Cornelio. Y mientras Pedro les
estaba predicando, el Espíritu Santo cayó soberanamente sobre todos los creyentes gentiles.
Dios había usado poderosamente a Cornelio como una puerta para abrir el Evangelio a los
gentiles, porque él se acercaba a Dios.

Continúe moviéndose
Muchas veces he oído decir a alguna persona que uno jamás permanece estático en Dios: o se
retrocede, o se adelanta. Jeremías dijo:

Mas ellos no escucharon ni inclinaron su oído; sino que anduvieron en sus propias
deliveraciones y en la terquedad de su malvado corazón, y fueron hacia atrás y no hacia
adelante.

Jeremías 7:24

Realmente no hay espacio para la pereza en Dios. No se pueden tomar vacaciones del
Espíritu Santo, sino que hay que vivir en una actitud de disponibilidad hacia Dios.
Cuando Pablo, Silas y Timoteo fueron en una misión de evangelización, el Espíritu Santo
les prohibió por dos veces que predicaran en dos lugares distintos. Dios los estaba guiando
mientras se movían, y entre tanto el Espíritu Santo les habló en visión durante la noche,
diciéndoles que fueran a Macedonia:

Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo
hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el
Espíritu no se lo permitió ... Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón mace-
donio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.

Hechos 16:6,9

Dios los guió en su andar y ellos supieron que Dios los estaba enviando a Macedonia a
predicar. Mientras estaban en Filipos, en Macedonia, encontraron a una mujer llamada Lidia.
Su corazón estaba abierto para ellos y la bautizaron a ella y a su familia. Mientras iban en
camino a la casa de ella para orar, una muchacha esclava, poseída por espfritu de adivinación,
les salió al encuentro y daba voces diciendo:
Éstos hombres son siervos del Dios altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación (y.
17). Pablo no se dejó engañar por aquellas palabras de adulación y ordenó al espíritu que
saliera de la muchacha. Cuando sus amos vieron que el espíritu maligno se había ido,
agitaron a la multitud y los magistrados echaron a Pablo y a Silas en prisión.
¡Pero Pablo y Silas siguieron adelante! Aunque tenían las manos y los pies asegurados en
el cepo, empezaron a orar y a cantar himnos a Dios. Se estaban acercando hacia Dios.

Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.
Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que
los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante
se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos

se soltaron.

(y. 25-26)

Mientras Pablo y Silas seguían adelante cantando en medio de una situación imposible,
Dios en cambio se acercó y causó un poderoso terremoto. Como resultado de éste se soltaron
las cadenas de todos, no solamente las de Pablo y Silas. Nuestra actividad en Dios siempre
causará yictoria no sólo para nosotros, sino para los que nos rodean.
La mayoría se hubiera detenido allí y hubiese huido, mas no Pablo. La Escritura dice que
el carcelero despertó de su sueño y, viendo que las puertas estaban abiertas, supuso que los
pnsioneros habían escapado, y pensó suicidarse.

Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas

ningún mal, pues todos estamos aquí.

(y. 28)

¡ Pablo no podía haber sabido que el carcelero tenía intenciones de suicidarse si no


hubiese sido por el Espíritu Santo! La cárcel estaba a oscuras. Pero debido a la preocupación
de Pablo por las almas y al hecho de que él no estaba pensando en salvar su propia piel,
estaba sintonizado con el Espíritu Santo, quien le mostró que el hombre estaba presto a
matarse. ¡Pablo todavía se estaba acercando a Dios! Imagínense la sorpresa del carcelero al
oír esas palabras: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí”. Probablemente se
preguntó cómo Pablo sabía que él se disponía a cometer suicidio, y Pablo obviamente no
podía verlo pues el carcelero tuvo que pedir que le trajeran una luz para correr a arrodillarse
ante Pablo y Silas.
Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo
y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos
dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.

(vv. 29-31)

Por haber seguido Pablo moviéndose en el flujo del Espíritu Santo, sin atender al instinto
de conservación, sino deseando la mente y la voluntad de Dios, toda una familia fue traída al
reino de Dios.
No hay registro de ningún otro que se haya salvado en esa zona. Evidentemente, el Señor
les envió allí por aquel único hombre y su familia. ¡Alabemos a Dios por la obediencia de
Pablo!

Quien tenga miedo al fracaso


no trate de servir a Dios
El miedo al fracaso ha impedido que muchos obedezcan a Dios. Muchos de nosotros estamos
esperando a ser perfectos antes de obedecer, o ser ricos antes de dar, o ser otro Isaías antes de
profetizar. Pero verdaderamente, el miedo al fracaso es una sobreprotección a nuestro
orgullo. Tenemos que estar dispuestos a quedar como tontos por Cristo antes de que podamos
abandonamos a la obediencia. Así muchos de nuestros esfuerzos son más bien para evitar ser
humillados en vez de arriesgarnos para ver a Dios glorificado. Pero en cualquier momento en
que nos atrevamos a correr un nesgo al responder a la voz de Dios, Él nos respaldará. Pero
aun si no lo hace, debemos tener la actitud de que es mucho mejor estar dispuesto a quedar
como tontos por Dios, que no hacer nada y quedar bien a los ojos de los hombres.
CAPÍTULO SIETE

EL MAYOR MILAGRO:
¡LIBERACIÓN DE SÍ MISMO!

El que vive aislado busca su propia deseo.

Proverbios 18:1

Mientras me comía un sandwich encendí la televisión por un momento. Un conocido


anfitrión de espectáculos en vivo estaba entrevistando a un hombre que tenía la
“enfermedad” de la timidez. El hombre de treinta y pico de años tenía un aspecto agradable,
pero su problema de timidez había sido un impedimento para él toda su vida, pues no podía
relacionarse con otras personas.
Ese día también estaba un prominente psiquiatra en aquel programa. El famoso
presentador le preguntó: “Díganos doctor, ¿qué es la timidez exactamente?” El psiquiatra
respondió:
“La timidez es fácil de definir: es ciento por ciento preocupación por uno mismo
Mientras meditaba en esta afirmación, se me hizo obvio que la timidez es mucho más que
cohibición, es más bien un egocentrismo extremo.
La clave para el gozo
El verdadero gozo llega cuando dejamos de vivir para nosotros mismos. Empezamos a
encontrar la vida al olvidamos de nosotros. La gente egocéntrica no sólo es desdichada, sino
que por lo regular lucha contra la depresión. Cualquiera que continuamente se regodea en sus
propias necesidades egoístas experimentará muy poco gozo. Jesús dijo:

Porque todo el que quiera salvar (vivir para sus


propios intereses) su vida, la perderá; y todo el que
pierda su vida por causa de m4 éste la salvará.

Lucas 9:24

Cuando unos nuevos vecinos se mudaron a la casa de al lado nuestro, durante meses nos
contaron acerca de sus vidas, sus empleos, sus hijos, sus padres, dónde se criaron, y cuánto
les gustaba la ciudad. Sin embargo, ni una sola vez le preguntaron a mi esposa o a mí cómo
nos ganábamos la vida, o acerca de nuestros hijos; ni una pregunta acerca de nosotros. Dios
usó su egocentrismo para hablarme. El egocentrismo nos cegará a las necesidades de otros y
nos privará de innumerables bendiciones de Dios. Una cosa es que la gente del mundo sea
egocentrista, pero es inexcusable que un cristiano permanezca en ese estado mental. Pablo
dijo:

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba


como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui
hombre, dejé lo que era de niño.

1 Corintios ¡3:11

¿Qué es hablar, pensar o juzgar como niño sino egocentrismo? Cuando crecemos hasta la
madurez espiritual, empezamos a perder de vista la importancia de nuestras propias
necesidades y deseos, y nos damos cuenta de las necesidades de otros.
El mayor obstáculo
El mayor obstáculo que enfrenta todo cristiano es uno que se ve en el espejo cada mañana.
¡Qué fácil es culpar al diablo de algo y de todo! Pero la verdadera victoria viene cuando
aprendemos a reconocemos culpables de nuestras propias faltas. La verdadera cuestión que
cada persona tiene que encarar, es Dios. El es Aquél a quien cada uno tiene que responder, no
uno a otro, y por cierto, no al diablo.
El propósito esencial de Dios para cada uno de nosotros ¡es que nos volvamos igual que
Él!

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos
conformes a la imagen de su Hijo.

Romanos 8:29

La única fonna de ministrar la vida es tener la vida. La única forma de que podamos
ministrar el gozo es estar sintiendo el gozo del Señor. Ministramos lo que somos, no lo que
hemos aprendido. Es posible decir todas las palabras correctas, y así y todo no ministrar la
vida. La vida viene de tener compañerismo con el Dador de la vida, Jesús.
Hace unos meses mientras estaba escuchando predicar a otro predicador, el Espíritu Santo
me dijo: “Ya tú no cuentas”. Y tuve que estar de acuerdo con El. Si verdaderamente yo estaba
entregándole mi vida a El, entonces mi experiencia y mis derechos ya no contaban. Siguiendo
esta palabra del Señor empecé a sentir una gran libertad. Ya no tenía que gastar tanta energía
reclamando mis derechos, o protegiendo mi orgullo. La verdadera libertad se siente más,
cuanto más se hace cargo El de nuestras vidas.
Más allá del temor a la muerte física que algunos combaten, está el miedo a la muerte de
nuestra propia identidad. ¿Qué pensarán otros de nosotros? ¿Qué dirán ellos de nosotros?
Mientras estemos preocupados por aferrarnos a nuestras identidades egoístas,
permaneceremos atados.
Y librar a todos los que por el temor de la muerte

estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Hebreos 2:15
Cuando dejamos de preocupamos acerca de la protección de nuestros propios egos, nos
volvemos libres de obedecer a Dios.
La mejor cosa que podemos hacer es aprender a animarnos en el Señor, porque ¿cómo
podemos ser una bendición para alguien si estamos descorazonados nosotros mismos?
Me he cansado de tratar de encontrar a alguien que toque a Dios para mi bien. Cuando
David sufrió una gran pérdida en Siclag y los amalecitas habían tomado cautivas a las
mujeres, hijos e hijas, su propia gente hablé de apedrearlo. Mas David se fortaleció (alentó)
en el Señor su Dios (1 Samuel 30:6, B.d.l.A) Él sabía cómo relacionarse con Dios por sí solo.
Una vez que él mismo se animó fue capaz de perseguir al enemigo y recuperar todo lo que
habían perdido, beneficiándose todos.
Si David se hubiera atrevido a volver sus ojos hacia sí mismo y no los hubiera mantenido
en Dios, no hubiese ganado ninguna batalla.

¡El Espíritu Santo no te lo han dado para ti!


Hace años yo estaba conversando con un ministro que me acababan de presentar, quien me
dijo:
—He encontrado algo acerca de esta cosa de las lenguas.
—~Qué cosa? —le pregunté curioso por saber lo que tenía que decir. Y él prosiguió:
—Eso es todo egoísmo, porque en 1 Corintios 14:4, Pablo dice que cualquiera que habla
en una lengua desconocida se edifica a sí mismo.
Desafortunadamente soy una de esas personas que no siempre tiene una respuesta rápida,
pero el Espíritu Santo
contestó instantáneamente a través de mí antes de que yo tuviera tiempo de pensar, y me oí
decir:
—Si, pero ¿cómo puede usted edificar a otro si primero no se ha edificado a sí mismo?
Dios nos ha concedido graciosamente la lengua del Espíritu Santo para que podamos
edificamos y animamos en la fe (ver Judas 20). Pero no podemos detenemos ahí. El nos
quiere edificados, para que podamos alentar y fortalecer a otros.
El bautismo del Espíritu Santo libera el poder del Espíritu Santo dentro de nosotros, para
que podamos convertimos en un canal a través del cual fluyan Su vida y Su poder. Esta
bendición no es una “recompensa espiritual” o un sello de aprobación, más bien es un don
para que nuestras vidas puedan derramarse hacia otros.
Pedirle a Dios esta experiencia es una solucitud nada egoísta, porque estamos pidiéndole:
“Señor, úsame como un canal a través del cual fluya Tu poder”. La pregunta no es si
deseamos o no los dones del Espíritu; la pregunta es ¿cómo puede Dios tenemos a cada uno
de nosotros a Su disposición?
Es por este motivo que debemos desear más del flujo del Espíritu en nuestras vidas. Por
supuesto, el diablo usará cualquier mentira para tratar de convencemos de que no debemos
entregamos al Espíritu, usando tácticas como “Estás haciendo un espectáculo” o “Estás
inventando esto nada más”. Pero si resistimos esas mentiras, tenemos confianza en que nos
estamos entregando al Espíritu por una razón: para edificar y engrandecer el Reino de Dios.
Pablo escribió a los corintios:

Seguid el amor; y procurad los dones espirituales,


pero sobre todo que profeticéis.

1 Corintios 14:1

¿Por qué debemos desear profetizar? Porque la profecía es para nuestra edificación,
exhortación y consolación, y ¿qué
puede ser menos egoísta que edificar el cuerpo de Cristo de esta manera?
Entregarse al Espíritu es lo más altruista que podemos hacer. A través de nosotros Su
poder y Su voz alcanzarán incontables vidas. Arder en fuego para Dios, entusiasmarse,
aprender a oir a Dios más claramente, y orar por una más amplia visión, son todos actos
altruistas que influirán en el Reino de Dios.
Dios ha concebido el don del Espíritu Santo en cada uno de nosotros para ser anhelado.
Esta manifestación en nuestras vidas debe provocar siempre en otros un deseo de decir: “Yo
quiero lo que él tiene”. Aunque nadie más se entregue al Espíritu, no debemos detenemos.
Nuestra obediencia a entregamos a los dones del Espíritu puede ser la única oportunidad que
algunos tengan en la vida para ver la manifestación del Espíritu.

Mirando desde la perspectiva de Dios


Cuando yo estaba en los negocios del mundo, un ejecutivo me dio importantes consejos. Me
dijo que los compradores que ordenan ropa del fabricante, siempre ordenan demasiados de
una talla: la suya. Por ejemplo, un comprador que tiene treinta y dos pulgadas de cintura
siempre ordenará la mayor parte de su pedido con esa talla. El me aconsejó no ver este
trabajo a través de mi perspectiva, sino de la del cliente. Si quiere saber de cuál perspectiva
usted está viendo las cosas, ¿a quién busca primero al ver una foto de grupo?
Cuando nuestra hija creció un poco, entró un día en la cocina, preguntándole a mi esposa
si había algo en que ella pudiera ayudar. Mi esposa me contó más tarde que por poco se
desmaya, pues nunca antes había oído de ella un ofrecimiento altruista.
Pensé para mis adentro que eso debe ser lo que Dios siente cuando al fin empezamos a
madurar y, en vez de pedir algo para nosotros, decimos: “~Hay algo que pueda hacer para
ayudar a engrandecer Tu Reino?” “~Hay alguno de Tus
hijos a quien yo pueda ayudar u orar por él?” Pensé para mi capote: ¡Quizás oiríamos un
enorme “crash” porque Dios se desmayó!
Pablo vio desde la perspectiva de Dios cuando fue a predicarle a los corintios. Decidió
olvidarse de si mismo y dejar a un lado su capacidad natural para que la gente viera
solamente a Jesús. Qué acto de compasión altruista fue ése!

Así que, hermanos, cuando fu a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui
con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa
alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y
mucho temor y temblor y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas
de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder para que vuestra fe
no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

1 Corintios 2:1-5.

Si Pablo hubiese llegado para impresionar al pueblo con su propia sabiduría y capacidad,
hubiera bloqueado la oportunidad que Dios tenía de manifestarse El.

Orando por otros


¡ Qué bendición somos para Dios cuando decidimos orar por las necesidades de Su pueblo!
Tal como nos sentimos refrescados cuando las personas demuestran interés en nuestra
familia, cuán complacido se sentirá Dios cuando deseamos ver bendecida a Su familia. Es un
tipo de oración altruista, la cual libera a Dios para hacer más por nosotros: ... Yel que saciare,
él también será saciado (Proverbios 11:25).
He oído a Dios hablarme más claramente cuando estoy orando por otro y no por mí. Si
empiezo a orar por otros en la primera oración de la mañana, escucho más claramente a
Dios acerca de las decisiones relativas a mi propia vida en lo que resta del día. Esto de buscar
primero el Reino de Dios, como orar para que otros sean edificados, hace que Su Reino se
engrandezca. Por otra parte, es entusiasmador cuando uno se vuelve ferviente en la oración,
sentir que el Espíritu Santo nos trae a la mente los nombres y rostros de las personas por
quienes Él nos está instando a orar. ¡ No hay emoción mayor que saber que el Espíritu Santo
nos está diciendo cómo orar y por quién hacerlo! Es conveniente orar en el Espíritu por la
persona después que uno menciona su nombre en la oración. Cada palabra que oramos en el
Espíritu está de acuerdo con la voluntad de Dios (ver Romanos 8:27).
Pablo nos dice que una vez que nos ponemos nuestra armadura, ¡debemos orar en el
Espíritu por todos los santos!

Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en


el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia
y súplica por todos los santos.

Efesios 6:18

Gracias a Dios por el Espíritu Santo, porque ¿cómo podríamos orar por todos los santos
sin Su ayuda? Qué alivio es saber que no tenemos que depender de nuestra memoria para
cada necesidad y persona, sino que tenemos la ayuda del Espíritu Santo.
Usar nuestro lenguaje de orar es muy altruista, porque cuando nos entregamos a la lengua
del Espíritu estamos beneflciando a otros que necesitan oración. Desgraciadamente, a muchos
no les gusta orar en el Espíritu porque sienten poca sensación, y sus mentes procuran
controlarlo todo. La mente siempre quiere estar entretenida, pero debemos someter nuestras
mentes al Espíritu. Así es como sentimos la verdadera liberación: liberación de uno mismo.
CAPÍTULO OCHO

ESCUCHANDO AL ESPÍRITU

Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios


el Señor uno es.

Deuteronomio 6:4

Hace dos años mi esposa y yo asistimos a una enorme iglesia en el sur del país, donde un
conocido evangelista estaba ministrando. Debido a la música y los muchos preliminares, este
evangelista no llegó al púlpito hasta casi el mediodía. Pasados veinticinco minutos ya había
transmitido claramente su mensaje. Pero, en vez de detenerse, continuó por otra hora,
insistiendo en su mensaje una y otra vez. Terminó predicando casi dos horas —sin decir nada
que no hubiese dicho en los primeros veinticinco minutos. Nos fuimos muy entristecidos. El
Espíritu Santo no había podido moverse, aunque este hombre tenía una reputación de ser muy
usado en los dones proféticos, y durante su ministerio habían ocurrido grandes sanidades.
Muchos ministros predican con la necesidad de lucirse, pero tristemente pocos permiten
en realidad que el Espíritu se mueva. Las sanidades, los milagros y la manifestación del don
de profecía no son instrumentos que se sacan de la repisa
y se usan solamente una vez al mes o en servicios anuales “especiales”. Dios destinó los
sucesos sobrenaturales para que formaran parte de nuestra vida diaria, pero sobre todo en
cualquier momento en que los santos están reunidos juntos. Todo lo que necesita el Espíritu
Santo es “espacio” para manifestarse tal como es.
Las ocasiones en nuestras vidas en que la gente ha hecho el esfuerzo de entregarse al
Espíritu para dar lo que el Señor les ha dado a ellos para nosotros, han hecho siempre
cambios drásticos en el curso de nuestras vidas. Los dones de profecía se les concedieron al
Cuerpo de Cristo para edificación, exhortación y consolación. Todo el pueblo de Dios
necesita aliento.
No es necesario tener un poderoso manto profético o un gran ministerio de sanidad para
entregarse a lo que Dios quiere hacer. Lo que más se necesita son personas sensibles al
Espíritu, que dan espacio para que Dios se mueva. La gente de todas partes está clamando por
la demostración del Espíritu. El único problema de Dios es encontrar vasos dispuestos a
través de los cuales pueda fluir Él.
Hace años yo estaba en una gran ciudad y había predicado en unas pocas iglesias. Una
noche, después de predicar en una iglesia pequeña pero llena, cerré el servicio sintiéndome
satisfecho de haber predicado con la unción del Espíritu Santo. Después de regresar al motel,
seguí adelante y me fui a dormir. Alrededor de las tres de la mañana, el Señor me despertó de
repente. Su poderosa presencia llenaba la habitación. De inmediato me senté en la cama,
sabiendo que estaba a punto de oír un mensaje de Él. Inmediatamente, habló claro a mi
espíritu con estas palabras:”No quiero que vuelvas a predicar otra vez sin dar espacio para
que mi Espíritu se mueva en demostración y poder”.
Desde entonces he tenido cuidado de obedecerlo en este punto. En efecto, El me ha
hablado para que predique menos, por lo regular de veinticinco a treinta y cinco minutos, y
entonces escucho a lo que El está diciendo qué quiere hacer, mientras se mueve en la
demostración y el poder de Su
Espíritu. Dios logra mucho más mediante los dones del Espíritu durante esos minutos
siguientes, de lo que yo pudiera hacer con una docena de sermones. El mensaje de Dios es
claro: El quiere que su pueblo sea alentado. El estímulo produce crecimiento. ¡Un milagro de
sanidad disemina muchas buenas noticias!

El escuchar no es una opción


La parte más emocionante de la vida cristiana es oír las órdenes e incitaciones del Espíritu
Santo. Todo lo que Dios inicia, lo llena de energía y tiene siempre la promesa de mucho
fruto.
El Señor dijo:

Escucha, oh Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor

uno es.

Deuteronomio 6:4

Observe que Su primera orden es “Escucha”. Antes de que podamos obedecer, primero
debemos oír lo que Dios está diciendo.
Escuchar al Espíritu no es una opción, sino una orden. Si estamos en el Reino, ¿qué
opción podemos tener sino escuchar al Rey? Isaías profetizó:

Escuchadme atentamente, y comed lo que es bueno, y se deleitará vuestra alma en la


abundancia. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; escuchad, y vivirá vuestra alma.

Isaías 55:2-3

El mayor obstáculo para la obediencia no es el diablo. Es la mente analítica y razonadora. Por


lo regular lo que Dios nos hable con esa vocecita apacible, será lo contrario de lo que
habíamos planeado hacer. Dios ve una perspectiva mucho más amplia que la nuestra, y por
consiguiente, su derrotero será diferente del que hayamos razonado. Una vez más, Isaías dice:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis


caminos, declara el Señor Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis
caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros
pensamientos.

Isaías 55:8-9

Ya pasaron los días en que íbamos a Dios y orábamos por su dirección, y después
seguíamos adelante con lo que habíamos planeado hacer antes de orar. No podemos damos el
lujo de llevar a cabo nuestros propios planes y esperar que Dios los bendiga.
Es posible oír a Dios y recibir dirección inmediata y específica. La equivocación que
comete la mayoría de la gente es esperar que Dios les hable a su mente. Sin embargo, Dios no
se comunica con la mente del hombre, sino con su espíritu. Escuchamos a Dios con nuestro
hombre espiritual, y no con nuestra mente. La razón por la que muchos declaran con razón
que no oyen a Dios es porque sus mentes son como un radio puesto muy alto. Mientras la
mente gira velozmente con innumerables ideas y decisiones, la apacible vocecita del Espíritu
pasa inadvertida.
Yo acostumbraba a incomodarme con Dios, insistiendo en que le obedecería sitan sólo Él
me hablara claramente. Pensaba que sería muy fácil para todos si Dios se limitara a hablar
audiblemente por unos pocos minutos cada día, o a damos una especie de lista para que la
cumpliéramos. Pero el Señor me recordó que es imposible agradar a Dios sin fe (Hebreos
11:6) y el oír la voz audible de Dios o ver una lista de instrucciones no necesitaría fe alguna.
Hace falta disciplina para someter a nuestras mentes razonadoras al Espíritu Santo. La
mente razonadora natural es enemiga de Dios (Romanos 8:7). Algunas veces tengo que
estarme tranquilo ante Dios y aguardar en Su presencia por treinta minutos hasta que mi
mente se relaja. Muchas veces oigo al Señor temprano en la mañana apenas me despierto. La
razón es que mi mente todavía está relajada, y todavía no se ha atascado con las
preocupaciones del día.
Del mismo modo, tomarse un lapso precioso para escuchar al Espíritu Santo le da tiempo
a la mente para relajarse. Esto no significa que una persona tenga que ir a esperar ante la
presencia de Dios antes de que pueda escucharlo. El problema es conseguir que el hombre
espiritual adopte una actitud de escuchar y se sintonice con el Espíritu. La oración temprano
en la mañana, antes de que empiece el ajetreo del día, parece facilitarme el oír al Señor el
resto del día.

El oír significa descanso


Hay algo en la naturaleza humana que retrocede ante la responsabilidad de tener que escuchar
a Dios. Es más fácil para la carne hacer un patrón o una fórmula basándose en experiencias
pasadas y entonces esperar que Dios se comporte de acuerdo con eso.
El oír a Dios y responder a lo que Él nos está diciendo evita que tengamos que pasar por
muchas pruebas duras e innecesarias. Escucharlo es siempre el modo más descansado. Un
niño escapa de muchos castigos si sencillamente escucha y obedece a sus padres. A través de
Isaías Dios dijo:

En verdad, con tartamudez de labios y en lengua extranjera, El hablará a este pueblo, al


cual había dicho: Aquí hay reposo, dad reposo al cansado; y:
Aquí hay descanso. Pero no quisieron escuchar

Isaías 28:11-12
Algunos de los dilemas que todos tenemos que atravesar se evitarían si aprendiéramos a
escuchar lo que nos dicta el Espíritu. Muchas de las cosas que tuve que pasar fueron
simplemente porque no me tomé el tiempo de escuchar y consultar con el Espíritu Santo
antes de decidir una trayectoria. Una vida de escuchar al Señor como aquélla a que Isaías se
refería, que es el bautismo en el Espíritu Santo (ver también 1 Corintios 14:21), es una vida
de descanso y refrigerio. Somos libres para actuar según esos planes de acción que Dios ha
preparado para nosotros. Ya no tenemos que sentirnos culpables porque no estamos haciendo
algo que otro se ha sentido llamado a hacer. El gozo acompaña siempre a la voluntad de Dios,
así como el descanso y la paz.
Aunque una oportunidad tenga la apariencia de ser una “puerta abierta”, eso no
necesariamente significa que Dios la ha abierto. Demasiadas veces los cristianos entran por
cualquier puerta disponible, sin buscar jamás al Señor para determinar si en realidad ha sido
Él quien la ha abierto para ellos. Esta presunción revela falta de confianza en el Señor y una
inseguridad en su andar cristiano. Si el Espíritu Santo nos dirige a no entrar por una puerta
que parece buena a los ojos naturales, El es perfectamente capaz de guiamos en otra
dirección. Es obvio que tiene en mente algo mejor. Cuando andamos en el Espíritu no
debemos juzgar por las apariencias naturales, sino que debemos escuchar al Espíritu, aunque
El contradiga a nuestro razonamiento.
¿Cómo podemos acusar al mundo de ser humanista cuando no nos molestamos en
tomamos el tiempo de escuchar al Espíritu, sino que tomamos cada decisión fundándonos en
nuestros razonamientos y emociones? Si nosotros como cristianos y como líderes cristianos
tomamos cada decisión concerniente a empleos, asentamiento, a qué iglesia pertenecer,
compromisos para hablar, a quién invitar a predicar, etcétera; basados en nuestras ideas y
razonamientos, ¿para qué necesitamos al Espíritu Santo?
El Espíritu Santo puede ayudamos a conocer la diferencia entre las emociones de nuestra
alma y Su voluntad.
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y
penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los
pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

El rey Asa fue un ejemplo de alguien que abandonó la dependencia de Dios por la
independencia de Dios. Al comenzar su reinado se propuso andar con Dios:

Y Asa hizo lo bueno y lo recto ante los ojos del Señor su Dios, porque quitó los altares
extranjeros y los lugares altos; destruyó los pilares sagrados, derribó las Aseras; y
ordenó a Judá que buscara al Señor; Dios de sus padres, y cumpliera la ley y el manda-
miento.

2 Crónicas 14:2-4

Después, cuando claxnó a Dios, derrotó a los etíopes. También fue notable por quitar
todos los abominables ídolos de la tierra de Judá y de Benjamín, y restaurar el altar del Señor
(ver 2 Crónicas 15:8).
El, incluso, hizo que todo Israel entrara en un pacto para buscar al Señor, y quienquiera
que no buscara al Señor sería muerto, tanto si era grande o pequeño, hombre o mujer (ver 2
Crónicas 15:12-13). También depuso a Maaca de ser la reina madre, porque había hecho una
imagen obscena de Asera. El rey Asa aplasté la estatua y la quemé (y. 16). El tenia un
corazón leal.
Sin embargo, en el trigésimo sexto año de su reinado hizo alianza con Ben Hadad rey de
Siria. Por causa de haber escogido apoyarse en una ayuda camal, vino a él palabra del Señor a
través de Hanani el vidente, diciendo:
Por cuanto te has apoyado en el rey de Aram, y no te has apoyado en el Señor tu Dios,
por eso el ejército del rey de Aram ha escapado de tus manos. ¿No eran los etíopes y los
libios, un ejército numeroso, con muchísimos carros y hombres de a caballo? Sin em-
bargo, porque te apoyaste en el Señor El los entregó en tus manos. Porque los ojos del
Señor recorren toda la tierra, para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente
suyo. Tú has obrado neciamente en esto. Ciertamente, desde ahora habrá guerras contra
ti.

2 Crónicas 16:7-9

El rey Asa actuó como muchos en la actualidad. Empiezan con un corazón puro y
completa dependencia del Señor. Mas en algún momento, sintiendo el éxito y la confianza en
la familiaridad de conocer a la gente y los lugares adecuados, dejan de pedir a Dios como su
fuente esencial, entrando en transacciones y dejando de seguirle a El por completo.
Asa empezó a apoyarse en el poder carnal y aunque se enfermé gravemente de los pies,
de nuevo buscó a los médicos en lugar de mirar primero al Señor y muflo.
En la actualidad, Dios está buscando a esos a través de quienes El puede mostrar Su
fortaleza para beneficiarlos. Permanecer dependiente de Dios es una clave para ver mani-
festarse Su gloria en favor nuestro.
Hay una forma de complacer siempre a Dios y permanecer fecundo. Esa es la de escuchar
al Espíritu.