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Celebramos hoy el día de la Bandera .

En los
difíciles momentos que nos tocan vivir nos
viene bien levantar los ojos hacia ella y
sentirnos todos congregados por sus colores de
cielo. Para mirar un poco más el cielo, pero sin
olvidar que habitamos el suelo.
“Levantemos los corazones para saludarla en
su heroísmo de ayer, en su noble simplicidad
de hoy, y en su futura y portentosa grandeza”;
decía Nicolás Avellaneda.
Es que la Bandera nos representa a todos. Sus
colores nos hablan de una historia, de un estilo
de vida, de un conjunto de ideales.
Porque la Bandera es patria. Y patria quiere
decir todos nosotros, los que nos llamamos
argentinos y queremos serlo de veras. La patria
es el techo de nuestros abuelos, es el hogar de
nuestro padre, es el lugar bendecido donde
dimos besos a nuestra madre. Es nuestro culto,
es el idioma, es la poesía, es el aire que
respiramos. Es el sol que nos alumbra desde la
cuna, es el carácter nacional del cual
participamos todos. Es el aroma del país natal
que sólo nosotros podemos percibir, es el jugo
nutricio de la tierra, de las aguas y del cielo.
Esencia misteriosa sin la cual el árbol
trasplantado se marchita en tierra extranjera y
que entristece y hace morir al ave que se la
enjaula.
La Bandera simboliza todo eso y mucho más.
Por eso la queremos, por eso la defendemos.
La patria nos pide hoy un esfuerzo
extraordinario de generosidad. Dejemos de
lado mezquinos intereses. Es tiempo de pensar
en grande. Digamos tal vez menos vivas a la
patria, y vivamos más dispuestos a servirla con
amor. Ya lo decía un viejo adagio: “La patria no
es la tierra. Los hombres que la nutren son la
patria”.