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Ángeles

Introducción

El término ángeles (Latín angelus; griego aggelos;hebrea MLAK, a partir de la raíz


LAK que significa "uno que va" o "enviado"; mensajero, y en hebreo es usada para
designar tanto a un mensajero divino como a unohumano. La Versión de los
Setenta lo traduce poraggelos, palabra que también tiene ambos significados.
La versión latina, sin embargo, distingue al mensajero espiritual o divino del
humano, y traducen el primero como angelus y el segundo como legatus o o más
generalmente como nuntius. En algunos pasajes la versión latina es engañosa,
pues usa la palabra angelusen lugares donde nuntius habría expresado mejor el
significado, por ejemplo en Isaías 18,2; 33,3.6.

Aquí sólo trataremos sobre los espíritus-mensajeros y se discutirán los siguientes


puntos:

 el significado del término en la Biblia,


 los oficios de los ángeles,
 los nombres asignados a los ángeles,
 la distinción entre espíritus buenos y malos,
 las divisiones de los coros angélicos,
 la cuestión de las apariciones angélicas, y
 el desarrollo de la idea bíblica sobre los ángeles.

A través de la Biblia se representa a los ángeles como un cuerpo de seres


espirituales intermediarios entreDios y los hombres: "Lo creaste (al hombre) poco
inferior a los ángeles" (Salmo 8,6). Ellos, al igual que los hombres, son seres
creados; "Alabadle, ángeles suyos todos, todas sus huestes, alabadle! Alaben ellos
el nombre de Yahveh, pues Él ordenó y fueron creados" (Salmo 148,2.5; Col. 1,16-
17). El hecho de que los ángeles fueron creados, fue establecido en el Cuarto
Concilio de Letrán (1215). El decreto "Firmiter", contra los albigenses, declaró tanto
el hecho de que fueron creados como el de que los hombres fueron creados
después de ellos. Este decreto fue repetido por elConcilio Vaticano I, "Dei Filius". Lo
mencionamos aquí porque se ha sostenido que las palabras: "El que
viveeternamente lo creó todo por igual" (Eclo. 18,1) demuestran una creación
simultánea de todas las cosas; pero en general se admite que "igual" (simul) aquí
puede significar "igualmente", en el sentido de que todas las cosas fueron
"igualmente" creadas. Son espíritus; el escritor de la Epístola a los Hebreos dice:
“¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que
han de heredar la salvación?” (Heb. 1,14).

Presentes en el trono de Dios

Es como mensajeros que con mayor frecuencia aparecen en la Biblia, pero como
expresa San Agustín, y luego San Gregorio: angelus est nomen officii ("ángel es el
nombre de su oficio") y no expresa ni su naturaleza ni su función esencial, es decir:
la de asistentes en el tronode Dios en esa corte celestial de la que Daniel nos ha
dejado un cuadro vívido:

"Mientras yo contemplaba: Se aderezaron unos tronos y unAnciano se sentó. Su


vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su
trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego corría y
manaba delante de él. Miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban
en pie delante de él. El tribunal se sentó, y se abrieron los libros.” (Libro de
Daniel|Daniel]] 7,9-10; cf. Sal. 97(96),7; Sal. 103(102),20;Isaías 6, etc.).

Esta función de la hueste angélica es expresada por la palabra "presencia"


(Job 1,6; 2,1), y Nuestro Señor se refiere a ella como su ocupación perpetua
(Mt. 18,10). En más de una ocasión se dice que hay siete ángeles cuya principal
función es la de "estar siempre presentes ante la gloria de Dios"
(Tobías 12,15; Apoc. 8,2-5). Esta misma idea puede denotar "el ángel de Su
presencia" (Is. 63,9), una expresión que también aparece en elpseudo-
epigráfico "Testamentos de los DocePatriarcas".

Mensajeros de Dios para la humanidad

Pero estas ojeadas de vida más allá del velo son sólo ocasionales. Los ángeles
de la Biblia aparecen generalmente en el rol de mensajeros de Dios para
lahumanidad. Son los instrumentos con los que comunica su voluntad a
los hombres, y en la visión de Jacob se les describe ascendiendo y
descendiendo la escalera que se extiende desde la tierra al cielo, mientras que
elPadre Eterno contempla al caminante de abajo. Fue un ángel quien encontró a
Agar en el desierto (Gén. 16); unos ángeles sacaron a Lot de Sodoma; fue un
ángel quien le anunció a Gedeón que salvaría a su pueblo; un ángel anuncia el
nacimiento de Sansón (Jueces 13), y el ángel Gabriel instruye
a Daniel (Dan. 8,16), aunque no se le llama ángel en ninguno de estos pasajes,
sino "el hombre Gabriel" (9,21). Este mismo espíritu celestial anunció el
nacimiento de San Juan Bautista y la Encarnación del Redentor, mientras que
la tradición le atribuye también el mensaje a los pastores (Lucas 2,9), y la misión
más gloriosa de todas, la de fortalecer al Rey de los Ángeles en su agonía (Lc.
22,43). La naturalezaespiritual de los ángeles se manifiesta muy claramente en
el relato que Zacarías hace de las revelaciones que recibió por medio de un
ángel. El profeta describe al ángel como hablando "dentro de él", lo cual parece
implicar que él era consciente de una voz interior que no era la de Dios sino la
de su mensajero. El textomasorético, los Setenta y la Vulgata concurren en esta
descripción de las comunicaciones hechas por el ángel al profeta. Es una pena
que la "Versión Revisada", en aparente desafío a los textos antedichos, haya
oscurecido este rasgo al empeñarse en traducirlo como: "el ángel que hablaba
conmigo": en vez de "dentro de mí" (cf. Zac. 1,9-14; 2,3; 4,5; 5,10).

Estas apariciones de ángeles generalmente duran sólo el tiempo requerido para


dar el mensaje, pero frecuentemente su misión se prolonga, y se les representa
como los guardianes constituidos de las naciones en alguna crisis particular, por
ejemplo, durante el Éxodo (Éxodo 14,19; Baruc 6,6). Del mismo modo, es el
punto de vista común de los Padres que por "el príncipe del Reino de Persia"
(Dan. 10,13.21) debemos entender el ángel a quien se le confió el cuidado
espiritual de ese reino, y quizá podamos ver en el "hombre de Macedonia", que
se le apareció a San Pablo en Tróada, al ángel guardián de ese país (Hch.16,9).
Los Setenta (Deut. 32,8) nos ha conservado un fragmento de información sobre
este punto, aunque es difícil calibrar su significado exacto: "Cuando el
Altísimorepartió las naciones, cuando dispersó a los hijos deAdán, estableció las
fronteras de las naciones según el número de los ángeles de Dios.” De la
expresión “como un ángel de Dios” se desprende cuán grande era la parte del
ministerio que los ángeles desempeñaban, no sólo en la teología hebrea, sino
también en las ideasreligiosas de otras naciones. David la usa en tres ocasiones
(2 Sam. 14,17-20; 14,27) y Akiš de Gat la usa una vez (1 Sam 29,9).
Incluso Ester la usa para designar a Asuero (Ester 5,24), y se dice que la cara
de San Esteban parecía "como la de un ángel" cuando estaba de pie ante
el Sanedrín (Hch. 6,15).

Guardianes personales

En toda la Biblia encontramos que repetidamente se da a entender que


cada alma tiene su ángel de la guarda. Así, cuando Abraham envió a su siervo a
buscar una esposa para Isaac, le dijo: "Él enviará su Ángel delante de ti"
(Gén. 24,7). Son muy conocidas las palabras delSalmo 91(90),11-12 que
el diablo le citó a Nuestro Señor(Mt. 4,6), y Judit (13,20) relata su hecho heroico
diciendo: “¡Vive el Señor! Porque su ángel me ha protegido…” Estos pasajes y
muchos como ellos (Gén. 16,6-32; Oseas 12,5; 1 Rey. 19,5; Hch. 12,7; Sal
34(33),8), a pesar de que no demuestran por sí mismos la doctrina de que
cada individuo tiene designado su ángel de la guarda, reciben su complemento
en las palabras de Nuestro Salvador: "Guardaos de menospreciar a uno de
estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven
continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt. 18,10),
palabras que ilustran el comentario de San Agustín: "Lo que está escondido en
el Antiguo Testamento, se hace manifiesto en el Nuevo". De hecho, el libro
de Tobías, más que cualquier otro, parece destinado a enseñarnos esta verdad,
y San Jerónimo dice, en su comentario sobre las antedichas palabras de
Nuestro Señor: "La dignidad de un alma es tan grande, que cada una tiene un
ángel de la guarda desde su nacimiento".
La doctrina general de que los ángeles son nuestros guardianes designados es
considerada una cuestión de fe, pero que cada miembro individual de la raza
humana tiene su propio ángel de la guarda individual no es de fe (de fide); sin
embargo esta idea tiene tan fuerte apoyo por parte de los Doctores de la
Iglesia que sería temerario negarlo (cf. San Jerónimo, supra). ). Pedro
Lombardo (Sentencias, lib. II, dist. XI) se inclina a pensar que un ángel está
encargado de varios seres humanos individuales. Las
hermosas homilías de San Bernardo (11-14) sobre el Salmo 91(90) respiran
el espíritu de la Iglesia pero sin resolver la cuestión.

La Biblia no sólo representa a los ángeles como nuestros guardianes, sino


también como nuestros intercesores reales. El ángel Rafael (Tob. 12,12) dice:
"Ofrecí oraciones al Señor por ti" [cf. Job 5,1 (los Setenta), y 33,23
(Vulgata); Apoc. 8,4]. El culto católico a los ángeles es, pues, totalmente bíblico.
Quizás la primera declaración explícita sobre esto se encuentra en las palabras
de San Ambrosio: "Debemos orar a los ángeles que nos son dados como
guardianes" (De Viduis, IX); (cf. San Agustín, Contra Faustum, XX.21). Un culto
indebido a los ángeles fue reprobado por San Pablo (Col. 2,18), el Canon 35
del Sínodo de Laodicea evidencia que esta tendencia permaneció por
mucho tiempo en este mismo distrito (Hefele, Historia de los Concilios, II, 317).

Como agentes divinos que gobiernan el mundo

Los pasajes anteriores, especialmente aquellos relacionados con los ángeles


encargados de diversas regiones, nos permiten entender la visión prácticamente
unánime de los Padres de que son los ángeles quienes ejecutan la ley de
Dios respecto al mundo físico. Es bastante conocida la creencia semítica en los
genios (genii) y en espíritus que causan el bien o el mal, y en la Biblia se hallan
rastros de ello. Por ello, la peste que devastó a Israel por culpa
del pecado de David por censar al pueblo de Israel, se le atribuye a un ángel el
cual se dice que David vio realmente (2 Sam. 24,15-17, y de manera más
explícita en 1 Cro. 21,14-18). Incluso el susurro del viento en las copas de los
árboles era considerado como un ángel (2 Sam. 5,23-24; 1 Cro. 14,14-15). Esto
es declarado de forma más explícita en el pasaje de lapiscina Probática
(Juan 5,1-4), aunque hay algunas dudas sobre este texto; en este pasaje se
dice que el movimiento de las aguas es debido a las visitas periódicas de un
ángel.

Los semitas estaban convencidos de que toda la armonía del universo, así
como las interrupciones de esta armonía, se debían a Dios como creador, pero
eran llevadas a cabo por sus ministros. Este punto de vista está claramente
manifiesto en el "Libro de los Júbilos", en el cual la hueste celestial de ángeles
buenos y malos está siempre interfiriendo en el universo material. Santo Tomás
de Aquino (Summa Theol., I, Q. 1, 3) cita que Maimónides (Directorium
Perplexorum, IV y VI) afirma que la Biblia frecuentemente llama ángeles a los
poderes de la naturaleza, ya que ellos manifiestan
la omnipotenciade Dios (cf. San Jerónimo, In Mich., VI, 1, 2; P. L., IV, col. 1206).

Organización jerárquica
Si bien los ángeles que aparecen mencionados en las primeras obras
del Antiguo Testamento son extrañamente impersonales y quedan
ensombrecidos por la importancia del mensaje que llevan o por la obra que
realizan, no faltan pistas acerca de la existencia de una cierta jerarquía en el
ejército celestial.

Después de la caída de Adán, el Paraíso quedó vigilado contra nuestros


Primeros Padres porquerubines que son claramente ministros de Dios, aunque
no se dice nada acerca de su naturaleza. Sólo una vez más aparece el querubín
en la Biblia, a saber, en la maravillosa visión de Ezequiel en la que los describe
con muchos detalles (Ez. 1), y que son llamados realmente cherub en Ezequiel
10. El Arca era custodiada por dos querubines, pero sólo nos queda conjeturar
acerca de cómo eran. Se ha sugerido, con gran probabilidad, que tenemos sus
homólogos en los toros y leones alados que cuidaban los palacios asirios, y
también en los extraños hombres alados con cabeza de halcones pintados que
están representados en las paredes de algunas de sus construcciones.
Los serafines sólo aparecen en la visión de Isaías 6,6.

Ya hemos mencionado a los siete místicos que están de pie ante Dios, y parece
que en ellos tenemos una indicación de un cordón interno que rodea el trono. El
término archangel sólo aparece en San Judasv. 9 y 1 Tes. 4,16; pero San
Pablo nos da otras dos listas de nombres de las cohortes celestiales. Nos dice
(Ef. 1,21) que Cristo está "por encima de todo Principado, Potestad, Virtud,
Dominación"; y, escribiendo a los Colosenses (1,16), dice: "porque en él fueron
creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles,
los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades". Hay que señalar
que San Pablo usa dos de estos nombres de los poderes de la oscuridad
cuando (2,15) dice que Cristo "una vez despojados los Principados y las
Potestades… incorporándolos a su cortejo triunfal". Y no es poco notable que
sólo dos versículos después advierta a sus lectores a no dejarse seducir por
cualquier "culto de los ángeles". Aparentemente pone su sello en una cierta
angelología lícita, y al mismo tiempo advierte en contra de entregarse a
la superstición sobre ese asunto. Tenemos un indicio de tales excesos en
el Libro de Henoc, en el que, como ya dijimos, los ángeles juegan un papel
bastante desproporcionado. Del mismo modo, Josefo nos dice (Bel. Jud., II, VIII,
7) que los esenios tenían que hacer un voto para preservar los nombres de los
ángeles.

Ya hemos visto como (Daniel 10,12-21) se asignan varios territorios a varios


ángeles, que se les llama sus príncipes, y este mismo rasgo reaparece de
manera más notable en "los ángeles de las siete Iglesias" apocalípticos, aunque
es imposible decidir cuál es el significado preciso de este término.
Generalmente a estos siete Ángeles de las Iglesias se les considera
los obispos que ocupan estassedes. San Gregorio Nacianceno en su discurso a
los obispos en Constantinopla en dos ocasiones les llama "Ángeles", en el
lenguaje del Apocalipsis.

El tratado "De Coelesti Hierarchia" atribuido a San Dionisio Areopagita, y que


ejerció tan fuerte influencia en los escolásticos, trata con muchos detalles de las
jerarquías y órdenes de los ángeles. Generalmente se reconoció que este
trabajo no pertenece a San Dionisio, sino que debe datar de varios siglos
después. Aunque la doctrina que contiene acerca de los coros de ángeles ha
sido aceptada en la Iglesiacon unanimidad extraordinaria, ninguna proposición
referente a las jerarquías angélicas es vinculante para nuestra fe. Los siguientes
pasajes de San Gregorio Magno (Hom. 34, In Evang.) nos dan una ideaclara del
punto de vista de los Doctores de la Iglesia sobre este punto:

”Sabemos por la autoridad de la Escritura que existen nueve órdenes de ángeles,


a saber: ángeles, arcángeles, virtudes, potestades, principados, dominaciones,
tronos, querubines y serafines. Casi todas las páginas de la Biblia nos dicen que
existen ángeles y arcángeles, y los libros de los profetashablan de querubines y
serafines. San Pablo, también, al escribir a los Efesios enumera cuatro órdenes
cuando dice: 'sobre todo principado, potestad, virtud y dominación'; y en otra
ocasión, escribiendo a losColosenses dice: 'ni tronos, dominaciones, principados o
potestades'. Si unimos estas dos listas, tenemos cinco órdenes, y si agregamos
los ángeles y arcángeles, querubines y serafines, tenemos nueve órdenes de
ángeles.”

Santo Tomás (Summa Theologica I:108), siguiendo a San Dionisio (De


Coelesti Hierarchia, VI, VII), divide a los ángeles en tres jerarquías cada una
de las cuales contienen tres órdenes. Su proximidad al Ser Supremo sirve
como base para esta división. En la primera jerarquía pone a los serafines,
querubines y tronos; en la segunda, a las dominaciones, virtudes y
potestades; en la tercera, a los principados, arcángeles y ángeles. La Biblia
sólo nos provee tres nombres de ángeles individuales, a
saber, Rafael,Miguel y Gabriel, nombres que denotan sus respectivos
atributos. Libros judíos apócrifos, como el Libro de Henoc, nos dan los
nombres de Uriel y Jeremiel, mientras que muchas otras fuentes apócrifas
nos dan muchos más, como los que nombra Milton en su "Paraíso Perdido".
(Sobre el uso supersticioso de estos nombres, vea arriba).

El número de ángeles

Frecuentemente se afirma que el número de los ángeles es prodigioso


(Dan. 7,10; Apoc. 5,11; Sal.68(67),18; Mt. 26,53). Del uso de la palabra
huestes (sabaoth) como sinónimo del ejército celestial es difícil resistirse a
la impresión "Señor de los Ejércitos" se refiere al mandato supremo
de Dios sobre la multitud angélica (cf. Deut. 33,2; 32,43; los Setenta).
Los Padres ven una referencia al número referente de hombres y ángeles
en la parábola de las cien ovejas (Lc. 15,1-3), aunque esto pueda parecer
extravagante. Los escolásticos, nuevamente, siguiendo el tratado "De
Coelesti Hierarchia" de San Dionisio, consideran la preponderancia de
los números como una perfección necesaria de las huestes angélicas
(cf. Santo Tomás, Summa Theol., I:1:3).

La distinción entre ángeles buenos y ángeles malos aparece


constantemente en la Biblia, pero es instructivo señalar que no existe señal
alguna de cualquier dualismo o conflicto entre dos principios iguales, uno
bueno y otro malo. El conflicto descrito es más bien el librado en la tierra
entre el Reino de Dios y el reino del Maligno, pero siempre se supone la
inferioridad del último. Entonces, se debe explicar la existencia de
este espíritu inferior, y por consiguiente creado.

El desarrollo gradual de la conciencia hebrea sobre este tema está


claramente presente en los escritosinspirados. El relato de la caída de
nuestros primeros padres (Gén. 3) se expresa en términos tales que es
imposible ver en él otra algo más que el reconocimiento de la existencia de
un principio del mal que está celoso de la raza humana. La declaración
(Gén. 6,1) de que los "hijos de Dios" se casaban con las hijas de
los hombres se explica de la caída de los ángeles, en Henoc VI-XI, y en
los códices D, E, F y A de los Setenta dice frecuentemente, por "hijos de
Dios", oi aggeloi tou theou. Desgraciadamente, los códices B y C son
defectuosos en Génesis 6, pero es probablemente que ellos, también,
lean oi aggeloien este pasaje, pues constantemente traducen así la
expresión "los hijos de Dios"; cf. Job 1 6; 2,1; 38,7; pero por otro lado,
véase Sal. 2,1 y (89)88,7 (los Setenta). Filón sigue a los Setenta
al comentario sobre este pasaje (en su tratado "Quod Deus sit immutabilis".
Para la doctrina de Filo sobre los ángeles vea "De Vita Mosis", III,2; "De
Somniis", VI; "De Incorrupta Manna", I; "De Sacrificiis", II; "De Lege
Allegorica", I, 12; III, 73; y para la opinión sobre Génesis 6,1 vea San
Justino, Apol. II, 5.

Debe además señalarse que la palabra hebrea nephilim, que es traducida


como gigantes en 6,4, puede significar "los caídos".
Los Padres generalmente lo refieren a los hijos de Set, el linaje escogido.
En 1Sam. 19,9 se dice que un espíritu malo posee a Saúl, aunque es
probablemente una expresión metafórica; más explícito es 1 Rey. 22,19-23,
en donde se describe a un espíritu en medio del ejército celestial y que se
ofrece, por invitación del Señor, para ser un espíritu mentiroso en la boca de
los falsosprofetas de Ajab. Siguiendo a los escolásticos, podemos explicar
esto como un malum poenae, que es realmente causado por Dios debido a
las faltas de los hombres. Una verdadera exégesis, sin embargo, insistiría
en el tono puramente imaginativo de todo el episodio; lo que está destinado
a ocupar nuestra atención no es tanto la forma en que se lanza el mensaje,
sino el contenido real de ese mensaje.

El cuadro que nos da Job 1 y 2, es igualmente imaginativo; pero Satanás,


quizás la primera individualización del ángel caído, se presenta como un
intruso que está celoso de Job. Él es, evidentemente, un ser inferior a
la Deidad y sólo puede tocar a Job con permiso de Dios. A partir de una
comparación de 2 Sam. 24,1 con 1 Crón. 21,1 aparece cómo el
pensamiento teológico avanzó a medida que la cantidad de
la revelación creció. Mientras que en el primer pasaje se dice que
el pecado de Davidfue debido a que "la ira del Señor" "incitó a David", en el
segundo leemos que "Satanás incitó a David a censar a Israel". En Job 4,18
nos parece encontrar una declaración clara sobre la caída: "Y aún a sus
ángeles achaca desvarío". En los Setenta, Job contiene algunos pasajes
instructivos respecto a ángeles vengadores en quienes quizá podamos ver a
los espíritus caídos, así en 33,23: "Si hay mil ángeles mediadores de la
muerte en su contra, ninguno de ellos le hará daño"; y en 36,14: "Incluso si
sus almasmueren en plena juventud (debido a su imprudencia), aun así
su vida será herida por los ángeles"; y en 21,15: "Las riquezas injustamente
aumentadas serán vomitadas, un ángel lo sacará de su casa";
cf. Prov.17,11; Sal. 35(34)34,5-6; 78(77),49, y especialmente Eclo. 39,33, un
texto que, hasta donde se puede deducir por el estado actual
del manuscrito, estaba en el original hebreo. En algunos de estos pasajes,
es verdad, se puede considerar a los ángeles como los vengadores de
la justicia de Dios, sin ser, por lo tanto, espíritus malos. En Zac. 3,1-3 se le
llama a Satanás el adversario que declara ante el Señor contraJosué,
el sumo sacerdote. Isaías 14 y Ezequiel 28 son para los Padres el loci
classici respecto a la caída de Satanás (cf. Tertuliano, Contra Marción,
2.10); y el Señor mismo le dio visos de probabilidad o verdada esta opinión
al usar las imágenes de este último pasaje al decir a sus Apóstoles: "Yo veía
a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lc. 10,18).

En tiempos del Nuevo Testamento se establece claramente la idea de los


dos reinos espirituales. Eldiablo es un ángel caído que en su caída arrastró
consigo multitudes de la hueste celestial. NuestroJesús le llama “el príncipe
de este mundo" (Juan 14,30); él es el tentador de la raza humana y trata de
involucrarlos en su caída (Mateo 25,41; 2 Ped. 2,4; Ef. 6,12; 2 [Epístolas a
los Corintios|Cor.]] 11,14; 12,7). La representación cristiana del diablo bajo
la forma de un dragón se deriva especialmente delApocalipsis (9,11-15;
12,7-9), donde se le llama "el ángel del abismo", "el dragón", "la serpiente
antigua", etc., y se le representa como si realmente hubiese estado en
combate con el Arcángel Miguel. Es muy llamativa la similitud entre estas
escenas como éstas y los antiguos relatos babilónicos sobre la lucha entre
Merodak y el dragón Tiamat. Es una cuestión discutible si trazamos su
origen a las vagas reminiscencias de los poderosos saurios que
antiguamente poblaron la tierra, pero el lector curioso puede consultar a
Bousett, "The Anti-Christ Legend" (tr. por Keane, Londres, 1896). El
traductor le ha prefijado un interesante debate sobre el origen del mito
babilónico del dragón.

El término "Ángel" en la Versión de los Setenta

Hemos tenido ocasión de mencionar la Versión de los Setenta más de una


vez, y no estará de más indicar unos pasajes en los que es nuestra única
fuente de información con respecto a los ángeles. El pasaje más conocido
es Isaías 9,6, en que los Setenta da el nombre del Mesías como "Ángel del
gran Consejo". Ya hemos llamado la atención sobre Job 20,15, donde los
Setenta dice "Ángel" en lugar de "Dios", y a 36,14, donde parece ser
cuestión de ángeles malos. En 9,7 los Setenta (B) añade: "Él ha inventado
cosas difíciles para sus ángeles; pero lo más curioso de todo es, en 40,14,
donde la Vulgata y el hebreo (5,19) dicen "Behemot": "Él es el principio de
los caminos de Dios, el que lo creó hará su espada para acercarse", los
Setenta dice: "Él es el principio de la Creación de Dios, creado para que sus
ángeles se mofen"; y exactamente el mismo comentario es hecho sobre
"Leviatán" (41,24). Ya hemos visto que los Setenta generalmente traduce el
término "los hijos de Dios" por "ángeles", pero en Deut.32,43 los Setenta
tiene una adición en la que aparecen ambos términos: menciona ambas
condiciones: "Exultad en Él todos los cielos, y adórenle todos los ángeles de
Dios; exultad las naciones con su pueblo, y glorifíquenle todos los hijos de
Dios". Tampoco los Setenta nos da aquí meramente una referencia
adicional a los ángeles; a veces nos permite corregir pasajes difíciles sobre
ellos en la Vulgata y en los textos masoréticos. Así, el difícil Elim del texto
Masorético en Job 12, 17, que la Vulgata traduce como "ángeles", se
convierte en bestias salvajes en la Versión de los Setenta.

Las primeras ideas en cuanto a la personalidad de las


diferentes apariciones angélicas son, como hemos visto, notablemente
vagas. Al principio los ángeles eran considerados en una forma bastante
impersonal (Gén. 16,7). Son vicarios de Dios y a menudo se les identifica
con el Autor de su mensaje (Gén 48,15-16). Pero mientras leemos que “los
ángeles de Dios” se encuentran con Jacob (Gén. 32,1), otras veces leemos
sobre uno que es llamado "el Ángel de Dios" par excellence, por ejemplo
Gén. 31,11. Es verdadque, debido al idioma hebreo, esto puede significar
sólo "un ángel de Dios", y los Setenta lo traduce con o sin el artículo a
voluntad; sin embargo, los tres visitantes en Mambré parecen haber sido de
diferente rango, aunque San Pablo (Heb. 13,2) los consideró a todos
igualmente ángeles; según se desarrolla la historia en Gén. 13, el que habla
es siempre "el Señor". Así en el relato del Ángel del Señor que visitó
aGedeón (Jc. 6), al visitante se le llama tanto "el Ángel del Señor" como "el
Señor".

De igual manera, en Jueces 13, el Ángel del Señor aparece, y tanto Manóaj
como su esposa exclaman: "Seguro que vamos a morir, porque hemos visto
a Dios". Esta falta de claridad es particularmente evidente en los varios
relatos del ángel del Éxodo. En Jueces 6, mencionado anteriormente, los
Setenta tiene mucho cuidado en traducir el hebreo "Señor" por "el Ángel del
Señor"; pero en la historia del Éxodo es el Señor que va delante de ellos en
la columna de nube (Éx. 13,21), y los Setenta no realiza ninguna
modificación (cf. también Núm. 14,14, y Neh. 9,7-20). Pero, en Éx. 14,19 a
su guía se le llama "el Ángel de Dios". Cuando vamos a Éx. 33, donde Dios
está enojado con su pueblo por adorar al becerro de oro, es difícil no sentir
que es Dios mismo quien ha sido su guía hasta ahora, pero que ahora se
niega a seguir acompañándolos. Dios les ofrece a un ángel en su lugar,
pero a petición de Moisés, dice (14) "Mi rostro irá delante de ti", el cual los
Setenta traduce por autos aunque el versículo siguiente demuestra que esa
traducción es claramente imposible, pues Moisés objeta: "Si no vienes tú
mismo, no nos hagas partir de aquí". Pero, ¿qué quiere decir Dios con "mi
rostro?" ¿Es posible que se denote algún ángel de rango especialmente
alto, como en Is. 63,9? (cf. Tobías 12,15). ¿No podrá ser esto lo que se
quiere decir con "el ángel de Dios?" (cf. Núm. 20,16).

Apenas hace falta decir que un proceso de evolución en el


pensamiento teológico acompañó el desarrollo gradual de
la revelación de Dios, pero es especialmente notable en los diferentes
puntos de vista respecto a la persona del Dador de la Ley. El texto
masorético así como en los caps. 3, 19 y 20 del Éxodo de
la Vulgata representan claramente que es el Ser Supremo según se le
aparece a Moisés en la zarza y en el Monte Sinaí; pero la versión de los
Setenta, si bien concurre en que fue Dios mismo quien le entregó la Ley, sin
embargo, dice que fue el "ángel del Señor" quien se apareció en la zarza.
Durante la época del Nuevo Testamento prevaleció el punto de vista de los
Setenta, y es ahora no solo en la zarza que el ángel del Señor, y no Dios
mismo, quien aparece, sino que el ángel también es el dador de la Ley
(cf. Gál. 3,19; Heb. 2,2; Hch. 7,30). La persona del "ángel del Señor"
encuentra su equivalente en la personificación de la sabiduría en los libros
sapienciales, y en por lo menos un pasaje (Zac. 3,1) parece representar a
"el Hijo de Hombre" que Daniel (7, 13) vio ante "el Anciano". Zacarías dice:
"Me hizo ver después al sumo sacerdote Josué, que estaba ante el ángel de
Yahveh; a su derecha estaba el Satánpara acusarle". Tertuliano considera
muchos de estos pasajes como preludios de la Encarnación; comola
Palabra de Dios prefigurando el carácter sublime con el que Él un día se
revelará a los hombres (cf. Adv, Prax. 16: Adv. Marc. 2.27; 3.9, 1.10, 1.21-
22).

Tertuliano se refiere a muchos de estos pasajes como preludios de la


Encarnación, como la Palabra de Dios presagiando el carácter sublime en la
que Él es un día para revelarse a los hombres (cf. Adv. Prax, XVI, Adv Marc,
II, 27 ; III, 9; I, 10, 21, 22). Es posible, entonces, que en estas opiniones
confusas podamos rastrear tanteos vagos
ciertas verdades dogmáticas sobre la Trinidad, reminiscencias quizás de la
primera revelación, de la cual el Protoevangelio de Gén. 3 es sólo una
reliquia. Los primeros Padres, ciñéndose a la letra del texto, sostuvieron que
era realmente Dios mismo quien apareció. El que aparecíaera llamado Dios
y actuaba como Dios. Por ello, no fue raro que Tertuliano, como ya hemos
visto, considerase tales manifestaciones a la luz de preludios de la
Encarnación, y la mayoría de los PadresOrientales siguió esa misma línea
de pensamiento. Fue sostenido incluso en 1851 por Vandenbroeck,
"Dissertatio Theologica de Theophaniis sub Veteri Testamento" (Lovaina).

Pero los grandes Padres Latinos, San Jerónimo, San Agustín y San
Gregorio Magno, sostuvieron la opinión contraria, y los escolásticos como
cuerpo los siguió. San Agustín (Sermo VII, de Scripturis, P. G. V) al tratar
sobre la zarza ardiente (Éx. 3) dice: "Es muy difícil de entender que la
misma persona que lehabló a Moisés deba considerarse tanto el Señor
como un ángel del Señor. Es una pregunta que prohíbe aseveraciones
precipitadas, sino que demanda una cuidadosa investigación. Algunos
afirman que es llamado tanto el Señor como el ángel del Señor porque
era Cristo; de hecho el profeta (Isaías 9,6,Versión de los Setenta) llama
claramente a Cristo el ‘Ángel del gran Consejo’". El santo procede a
demostrar que tal opinión es sostenible, aunque debemos tener cuidado de
no caer en el arrianismo al afirmarlo. Señala, sin embargo, que si decimos
que fue un ángel el que se apareció, debemos explicar por qué se le llamó
"el Señor", y luego procede a demostrar cómo esto pudo ser: "En otro lugar
de laBiblia, cuando un profeta habla, se dice que es el Señor el que habla,
no porque el profeta sea el Señor, sino porque el Señor está en el profeta; y
de esa misma manera, cuando el Señor se digna hablar a través de la boca
de un profeta o de un ángel, es igual que cuando Él habla por medio de un
profeta oapóstol, y al ángel se le llama correctamente ángel si lo
consideramos en sí mismo, pero es igualmente correcto si le 'llama el Señor'
porque Dios mora en él". Concluye diciendo que: "Es el nombre del
morador, no del templo.” Y un poco más adelante dice: "Me parece que
deberíamos decir más correctamente que nuestros antepasados
reconocieron al Señor en el ángel", y aduce la autoridad de los escritores
del Nuevo Testamento que lo entendieron claramente así y sin embargo a
veces permitieron la misma confusión de términos (cf. Heb. 2,2, y Hch. 7,
31-33).

El santo discute más elaboradamente el asunto en su obra "In


Heptateuchum", lib. VII, 54, P. G. III, 558. Como un ejemplo de cuán
convencidos estaban algunos Padres defendiendo la interpretación
contraria, cabe destacar las palabras de Teodoreto (In Exod.): "El pasaje
entero (Éx. 3) demuestra que fue Dios quien se le apareció. Pero (Moisés) lo
llamó un ángel para hacernos saber que no era Dios Padre a quien vio ---
pues ¿qué ángel pudo el Padre ser?--- sino al Hijo Unigénito, el Ángel del
gran Consejo" (cf.Eusebio, Hist. Eccles., I, II, 7; San Ireneo, Adv. Haer., III,
6). Pero la interpretación propuesta por los Padres latinos estaba destinada
a perdurar en la Iglesia, y los escolásticos la redujeron a un sistema
(cf.Santo Tomás, Quaest., Disp., De Potentia, VI, 8, ad. 3am); y para una
exposición más amplia sobre ambas interpretaciones, cf. "Revue biblique"
1894, 232-247.

Los ángeles en la literatura babilónica

La Biblia nos ha mostrado que la creencia en los ángeles,


o espíritus intermediarios entre Dios y elhombre, es una característica de los
pueblos semitas. Es por consiguiente interesante rastrear esta creencia
hasta los semitas de Babilonia. Según Sayce (The Religions of Ancient
Egypt and Babylonia, Gifford Lectures, 1901), el injerto de creencias
semíticas sobre en la primera la [religión]] sumeria de Babilonia está
marcado por la entrada de los ángeles o sukallin en su teosofía. Por ello,
encontramos un interesante paralelismo con "los ángeles del Señor" en
Nebo, "el ministro de Merodac" (ibid., 355). También se le llama el "ángel" o
intérprete de la voluntad de Merodac (ibid., 456), y Sayce acepta la
declaración de Hommel de que se puede demostrar por las inscripciones
minoicas que la religión semítica primitiva consistió en el culto a la luna y a
las estrellas, el dios-luna Attar y un dios "ángel" que está de pie a la cabeza
del panteón (ibid., 315).

El conflicto bíblico entre los reinos del bien y del mal tienen su paralelo en
"los espíritus del cielo" o los Igigi ---quienes constituían la "hueste", de la
que Ninip era el campeón (y de quien recibía el título de "jefe de los
ángeles") y los "espíritus de la tierra", o Annuna-Ki que vivían en el Hades
(ibid. 355). Lossukalli babilónicos corresponden a los espíritus-mensajeros
de la Biblia; ellos declaraban la voluntad de su Señor y ejecutaban sus
órdenes (ibid., 361). Algunos de ellos parece haber sido más que
mensajeros; eran los intérpretes y vicarios de la deidad suprema; así, Nebo
es "el profeta de Borsipa". A estos ángeles incluso se les llama "los hijos" de
la deidad cuyos vicarios son; así Ninip, en un tiempo mensajero de En-lil, se
transforma en su hijo así como también Merodac se convierte en hijo de Ea
(ibid., 496). Los relatos babilónicos de la Creación y del Diluvio no
contrastan muy favorablemente con los relatos bíblicos, y lo mismo debe
decirse de las caóticas jerarquías de dioses y ángeles que la investigación
moderna ha revelado. Quizás estamos justificados al ver en todas las
formas de religión vestigios de un primitivo culto a la naturaleza que a veces
ha logrado rebajar la más pura revelación, y que, donde esa revelación
primitiva no ha recibido incrementos sucesivos, como entre los hebreos, trae
como resultado una abundante cosecha de hierba mala.

Así la Biblia ciertamente sanciona la idea de que algunos ángeles tienen a


su cargo pueblos específicos (cf. Dan. 10, y arriba). Esta creencia persiste
en forma degradada en la noción árabe de los Genii, o Jinni, quienes
aparecen en algunos lugares particulares. Una referencia a ello se
encuentra quizás enGén. 32, 1-2: "Jacob se fue por su camino, y le salieron
al encuentro ángeles de Dios. Al verlos, dijo Jacob: 'Este es el campamento
de Dios'; y llamó a aquel lugar Majanáyim, es decir, 'Campamento'".
Exploraciones recientes en el barrio árabe cerca de Petra, han revelado
ciertos recintos delimitados con piedras como los domicilios de los ángeles,
y las tribus nómadas los frecuentan para la oración y elsacrificio. Estos
lugares llevan un nombre que corresponde exactamente con el de
"Majanáyim" del antedicho pasaje del Génesis (cf. Lagrange, Religions
Semitiques, 184, y Robertson Smith, Religion of the Semites, 445). La visión
de Jacob en Betel (Gén. 28,12) puede quizá caer dentro de la misma
categoría. Baste decir que no todo lo que está en la Biblia es revelación, y
que el objeto de los escritosinspirados no se limita a
darnos verdades nuevas, sino también a hacer más claras ciertas verdades
que enseña la naturaleza. El punto de vista moderno, que tiende a
considerar todo lo babilónico como completamente primitivo y que parece
pensar que porque los críticos le asignan una fecha tardía a los escritos
bíblicos la religión contenida en ella debe ser también tardía, puede verse
en Haag, "Theologie Biblique" (339). Este escritor ve en los
ángeles bíblicos sólo deidades primitivas rebajadas a semi-dioses por el
victorioso progreso del monoteísmo.

Los ángeles en el Zendavesta

También se han hecho esfuerzos por trazar una conexión entre los ángeles
de la Biblia y los "grandes arcángeles" o "Amesha Spenta" del Zendavesta.
Que la dominación persa y la cautividad babilónicaejercieron una gran
influencia en la concepción hebrea de los ángeles se reconoce en
el Talmud deJerusalén, Rosch Haschanna, 56, donde se dice que los
nombres de los ángeles se introdujeron deBabilonia. Sin embargo, no es
claro de ningún modo que los seres angélicos que aparecen tantas veces en
las páginas del Avesta se refieran a la antigua religión persa de la época de
Ciro, y no más bien al neo-zoroastrismo de los sasánidas. Si éste fuera el
caso, como lo sostiene Darmesteter, debemos más bien invertir la posición y
atribuirles los ángeles del zoroastrismo a la influencia de la Biblia y de Filón.
Se ha hecho hincapié sobre la similitud entre los "siete que están de pie
ante Dios" bíblicos, y los siete Amesha Spenta del Zendavesta. Pero debe
señalarse que estos últimos realmente son seis, y que el número siete sólo
se obtiene contando a "su padre, Ahura Mazda", entre ellos como su jefe.
Por otra parte, estos arcángeles del zoroastrismo son más abstractos que
concretos; ellos no son individuos encargados de importantes misiones
como en la Biblia. Un buen examen de todo el asunto se encuentra en "Rev.
Biblique" (enero y abril de 1904); y para el punto de vista similar abrigado
por De Harlez vea "Rev. Bibl,." (1896), 169.

Los ángeles en el Nuevo Testamento

Hasta aquí nos hemos detenido casi exclusivamente sobre los ángeles
del Antiguo Testamento, cuyas visitas y mensajes no eran de ningún modo
raros, pero cuando llegamos al Nuevo Testamento sus nombres aparecen
en cada página y el número de referencias a ellos iguala aquellas dadas en
el Antiguo. Fue su privilegio el anunciar a Zacarías y a María la aurora de
la redención, y a los pastores su cumplimiento real. Nuestro Señor en sus
discursos habla de ellos como uno que los vio realmente, y quien, mientras
"habla con los hombres", recibe todavía la silente e invisible adoración de
las huestes delcielo. Él describe sus vidas en el cielo (Mt. 22,30; Lc. 20,36);
nos dice como se forman un cuerpo de guardaespaldas a su alrededor y
que con sólo una palabra suya se vengarían de sus enemigos (Mt. 26,53);
es el privilegio de uno de ellos ayudarlo en el momento de su agonía y
sudoración de sangre. Más de una vez habla de ellos como auxiliares
y testigos del Juicio Final (Mt 16,27), el cual de hecho prepararán (ibid.,
13,39-49); y por último, ellos son los felices testigos de su
triunfante Resurrección(ibid., 28,2).

Es fácil para las mentes escépticas ver en estas huestes angélicas el mero
juego de la fantasía hebrea y el rango de crecimiento de la superstición,
pero, ¿los relatos sobre ángeles que figuran en la Biblia no nos
proporcionan la progresión más natural y armoniosa? En la página inicial de
la historia sagrada de lanación judía, ésta es escogida de entre otras como
depositaria de la promesa de Dios; como el pueblo de cuyo tronco nacería
el Redentor. Los ángeles aparecen en el curso de la historia de este pueblo
escogido, ya como mensajeros de Dios, ahora como guías de ese pueblo; a
veces son los otorgadores de la ley de Dios, otras veces prefiguran
al Redentor cuya misión divina ayudan a madurar. Conversan con
los profetas, con David y Elías, con Daniel y Zacarías; acaban con los
ejércitos acampados contraIsrael, sirven como guías a los siervos de Dios, y
el último profeta, Malaquías, lleva un nombre de especial significado, "el
Ángel de Yahveh". Parece resumir en su mismo nombre el anterior
"ministerio por las manos de los ángeles", como si Dios con ello recordara
las glorias de antaño del Éxodo y del Sinaí. Los Setenta, de hecho, parece
no conocer su nombre como el de un profeta individual, y su traducción del
versículo inicial de su profecía es peculiarmente solemne: "La carga de
la Palabra del Señor de Israelpor la mano de su ángel; colóquenla en sus
corazones". Todo este ministerio amoroso por parte de los ángeles es sólo
por amor al Salvador, cuyo rostro desean contemplar.
Por ello, al llegar la plenitud de los tiempos, fueron ellos quienes trajeron el
gozoso mensaje, y cantaron "Gloria in Excelsis Deo". Guiaron al recién
nacido Rey de los Ángeles en su presurosa huida a Egipto, y lo atendieron
en el desierto. Su segunda venida y los temibles eventos que le precederán
son revelados a su siervo predilecto en la isla de Patmos. Se trata
nuevamente de una revelación, y en consecuencia, sus antiguos ministros y
mensajeros de antaño aparecen una vez más en la historia sagrada, y el
registro del amor revelador de Dios termina dignamente casi como había
comenzado: "Yo, Jesús, he enviado a miÁngel para daros testimonio de lo
referente a las Iglesias" (Apoc. 22,16). Es fácil para el estudiante rastrear la
influencia de las naciones circundantes y de otras religiones en el
relato bíblico sobre los ángeles. De hecho, es necesario e instructivo
hacerlo, pero sería un error cerrar los ojos a la línea superior de desarrollo
que hemos mostrado y que pone de manifiesto tan claramente la
maravillosa unidad y armonía de toda la historia divina de la Biblia. (Vea
también REPRESENTACIONES CRISTIANAS PRIMITIVAS DE
ÁNGELES, ÁNGEL DE LA GUARDA, ÁNGELES DE LAS IGLESIAS.

Bibliografía: Además de los trabajos antes mencionados, véase Santo


Tomás, Summa Theol., I, QQ. 50-54 y 106-114; Suarez De Angelis, lib. I-IV.

Fuente: Pope, Hugh. "Angels." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New


York: Robert Appleton Company, 1907. 17 Dic. 2012
<http://www.newadvent.org/cathen/01476d.htm>.

Traducido por Bartolomé Santos. lhm

Enlaces internos

[1] Ángeles de las Iglesias.

[2] Ángel de la Guarda.

[3] Angelología en el libro de Daniel.

[4] El misterio de los santos ángeles y nuestra vida terrestre .

[5] Jerarquía celeste.

[6] Oraciones de León XIII a San Miguel Arcángel.

[7] Pinturas de los ángeles en común

[8] Pinturas de los arcángeles.

[9] Pinturas de los serafines.


[10] Querubicón.

[11] Ángeles y demonios: catequesis de Juan Pablo II.

[12] Representaciones primitivas de los Ángeles.

[13] Ángeles: textos elegidos por los monjes de Solesmes.

[14] Angelus.

[15] Tratado sobre los ángeles.

[16] Imágenes de los Ángeles.

[17] Participación de los ángeles en la dichas y sufrimientos del purgatorio.

[18] Novena del Santo Ángel de la Guarda compuesta por un Padre de la


Congregación del Oratorio de Lima.

[19] Especial sobre los Santos Ángeles en Aci Prensa, preparado por José
Gálvez Krüger.