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“Spleen e ideal” (primera parte).

Presenta diversas formas de huida del mundo como la belleza, el


arte, la poesía, y más adelante el amor y el erotismo. Tras haber comprobado el fracaso de estas
formas de ideal, nos encontramos con el “spleen” o el hastío. Baudelaire ve la belleza como un
ideal inalcanzable pero que le sirve de consuelo al hombre. El poeta debe perseguirla
estableciendo correspondencias o puentes de unión entre las diversas realidades, para reconstruir
la unidad del mundo. Esta sagrada misión choca con su naturaleza humana, sujeta a las miserias y
al pecado.
“Cuadros parisinos” (segunda parte). Es un segundo intento de huida pero a través de la ciudad de
París, en la que aparecen sus habitantes más desvalidos, con los que el poeta se siente solidario.
Las descripciones de la ciudad no son realistas, sino simbólicas: la soledad de sus moradores son
imagen de su propia alma.
“El vino” (tercera parte) y “Las flores del mal” (cuarta parte). El poeta, fracasadas sus aspiraciones
anteriores, busca refugio en la bebida y la lujuria, de las que ofrece cuadros desoladores. Aparece
pues el tema del viaje, que consiste en un deseo de fuga radical que intenta a través del alcohol,
las drogas,el sexo o la vida bohemia. Disconforme con la realidad, aspira a una vida “ideal” libre de
angustia, de culpa y de pecado.
En “Rebelión” (quinta parte) surge el poeta satánico, necesitado de un padre que sólo encuentra en
Satán, por lo que desafía al Creador con sus blasfemias. El poeta cree en el poder universal del
mal. La persona no puede escapar de su naturaleza humana, que lo arrastra hacia lo más bajo. Su
spleen, su abatimiento, tiene su origen también en este mal inevitable.
En “La muerte” (última parte) el poeta ve en ella el último recurso a la huida. La muerte supone una
eternidad que ignora lo perecedero.
3.Contenido del fragmento y relacionarlo con la totalidad de la obra
El tema que predomina en la cuarta parte de Las flores del mal (esa cuarta parte lleva el mismo
título de la obra) es la huida infructuosa del poeta a través de la lujuria. El poeta acabará
encontrando en ese intento de fuga de la realidad el spleen o hastío otra vez.
Esta cuarta parte titulada “Las flores del mal” está formada por nueve poemas.
- En “La destrucción” el Demonio elige como instrumento de corrupción a la mujer. El poeta creerá
que está cerca del ideal y libre de penas pero finalmente acabará en el hastío, que provoca en el
escritor actos de crueldad y el afán de destrucción.
- En “Una mártir” el poeta retrata con cierta morbosidad el cadáver de una dama (“sin cabeza un
cadáver derrama, como un río, roja y viva sangre”), la cual se había entregado a una lujuria de
“besos infernales”. El poeta recrea al asesino satisfaciendo su deseo carnal en el cuerpo inerte
(“¿sobre tus dientes fríos dejó los supremos adioses?”).
- En “Mujeres condenadas” Baudelaire habla del amor lésbico, que es una prueba más de
provocación, modernidad y de actitud transgresora. Esas mujeres buscan en el lesbianismo el
infinito y el poeta se compadece de ellas por su deseo no saciado.
- En “Las dos buenas hermanas” la Orgía y la Muerte se presentan positivamente como amables
chicas llenas de salud y de besos. Sin embargo, el poeta advierte que los placeres que producen
son terribles. De hecho, la Lujuria está corrompida (“sus mirtos infectos”) y conducirá a la Muerte al
poeta.
- En “La fuente de sangre” el poeta siente correr la sangre pero no encuentra la herida. Intenta
refugiarse en el vino para escapar porque el amor para él sólo fue “un colchón de agujas” hecho
para que beban la Orgía y la Muerte.
- En “Alegoría” se representa a una prostituta de manera sagrada (“como diosa camina”), pues su
belleza “consigue el perdón de todas las infamias”. Está por encima de toda moral y por ello
contemplará la cara de la Muerte sin arrepentimiento ni odio.
- En “La Beatriz” los demonios han venido a burlarse del poeta. La Beatriz de Dante, esa “donna
angelicata” intermediaria entre el hombre y Dios, se encuentra ahora con los demonios
acariciándose con ellos y riéndose del propio poeta.
- En “Un viaje a Citerea” el poeta se encuentra en una isla en la que se rinde culto a Venus y, por
tanto, donde se da rienda suelta a los impulsos amorosos. Pero el poeta tan sólo ve en ella a su
propia imagen colgado de una horca.
- En “El amor y el cráneo” se recrimina al amor que esparza con sus pompas el cerebro, la sangre
y la carne del propio poeta, tildándolo de “mostruo asesino”.