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The Legend of Zelda:

Breath of the Wild.

Solamente al leer o escuchar que una nueva entrega de la saga de


The Legend of Zelda saldrá al mercado, inmediatamente se empiezan
a generar expectativas altísimas en todas las personas que han sido
cautivadas por esta magistral obra de Nintendo, que desde el año
1986 nos ha venido deleitando con sus éxitos.

Breath of the Wild no fue la excepción y desde que Eiji Aonuma,


productor del juego, anunció en la E3 de 2014 que Nintendo estaba
trabajando en dicho título, ésta información causó un importante
revuelo por lo que prometía podría ser una de las mejores entregas
de la saga.

Usado como punta de lanza por Nintendo para sacar al mercado su


nueva consola, Nintendo Switch, el juego tenía la responsabilidad de
ser ese título emblemático que enganchara al público y lo
posicionara en lo alto del mercado, para lo cual los desarrolladores
apostaron a desafiar muchísimos de los esquemas que estaban
establecidos dentro de la saga en busca de innovar y generar nuevas
sensaciones en los jugadores, tomando todos los riesgos posibles
para marcar pauta en el futuro cercano de los videojuegos.

Vaya que Nintendo se lució al respecto, Breath of the Wild nos


plantea su historia en un mundo abierto, inmenso en comparación a
cualquier entrega anterior, con total libertad de movimiento para
Link a lo largo y ancho del territorio de Hyrule, en el que factores
como el clima o la temperatura tienen relación directa con su
rendimiento, que también presenta como novedad que el personaje
deba buscar por sus propios medios sus alimentos, que a su vez,
influirán directamente en sus habilidades y desarrollo de las mismas.

Éstas y un sinfín de cosas más que hacen que el jugador se sumerja


en esta nueva realidad sin precedentes que nos presenta el juego,
acompañándolo con una jugabilidad bastante acertada y práctica, un
gran número de nuevos objetos, equipaciones y acciones que hasta
hace poco eran improbables que Link pudiese ejecutar.

Otro punto a destacar es que el juego no posee un orden específico


para poder avanzar, cada jugador puede ingeniárselas e intentar
avanzar según sus convicciones hasta lograr completar el juego,
siendo esto un reto desafiante que explota al máximo la capacidad
imaginativa del jugador.

Aunado a esto se le introdujeron numerosas misiones secundarias


ubicadas estratégicamente a lo largo del vasto mapa de Hyrule, que
resultan bastante recreativas y divertidas paralelamente a la historia
principal.

El apartado musical es sumamente ingenioso e innovador, bajo la


pluma maestra de Hajime Wakai y supervisión de Koji Kondo, el
soundtrack de carácter minimalista, con protagonismo total del
piano, construye una atmósfera completamente única en esta
aventura.

Otros aspectos a destacar son la inclusión de la Tableta Sheikah


como complemento de la aventura, así como también la aparición
del principal antagonista de la saga, Ganon, en una colosal e inédita
forma presentada como Calamity Ganon.

Sin lugar a dudas The Legend of Zelda: Breath of the Wild logró el
objetivo de innovar y mejorar una saga que parecía estar perfecta y
completa, llevando la experiencia del jugador a un nivel nunca antes
alcanzado, Nintendo lo volvió a hacer en el 2017 con Breath of the
Wild tal cual como lo hizo en el año 1998 con Ocarina of Time,
reinventó la saga y la llevó al escalón más alto de admiración posible.