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“Sistema Autónomo Triune” en los bebés

Catherine Vitte

El sistema Nervioso autónomo ha evolucionado en estos últimos siglos y han sido identificado tres
estadios:
1. Social
2. Simpático
3. Parasimpático

A veces la posibilidad de equilibrar el sistema se ve alterada.


Un bebé bien equilibrado se mueve lentamente de un sistema a otro. El trauma le da a los bebés dos
posibilidades: activarse o dormirse.
El SNA tiene la capacidad de orientarse a sí mismo hacia un lugar neutral, “punto de asentamiento”,
para la auto-corrección. En caso de activación el punto de asentamiento se mueve hacia uno de los
estadíos simpático o parasimpático y tiende a ser considerado como normal en esta posición.

1. Social
El sistema nervioso social es el primer recurso del bebé para cualquier asunto de supervivencia que
sea percibido. El bebé puede orientarse hacia su mamá mediante sonidos o expresiones faciales y
conseguir de ella una respuesta. Desafortunadamente los procedimientos del parto o las grandes
intervenciones médicas con frecuencia sobrecargan este nivel, debido a que no hay suficiente
tiempo o transición para integrar la experiencia interna con el mundo externo. Se necesita tiempo
para orientarse.
¿El bebé es capaz de responder? ¿Cómo responde el bebé a los sonidos? ¿Al contacto visual? ¿A un
movimiento dirigido hacia su cuerpo? (¿responde hacia el movimiento o se aleja de él?)

2. Simpático
Si las estrategias del compromiso social no funcionan, los bebés cambiarán al sistema simpático.
Produciendo adrenalina, que los prepara para luchar o huir, contracciones, espasmos, se acumula un
montón de energía en el sistema, hipertonía. El sistema no es capaz de regresar a un estado de
equilibrio.

3. Parasimpático
Asumiendo que el simpático ha fallado en resolver el problema, el sistema va hacia la respuesta
parasimpática.
La respuesta del parasimpático es congelarse con la esperanza de que el peligro pasará. Esto se
suele combinar con disociación y colapso, hipotonía. El bebé duerme todo el tiempo, no le gusta ser
alimentado, no controla sus movimientos. ¡¡¡Ellos son “buenos bebés”!!! Tienen la tendencia de irse
hacia adentro, de alejarse de los recursos (no hacen contacto visual, se duermen para evitar el
compromiso o el contacto)

Cuando los bebés están bajo estrés se orientan hacia la mamá para que inmediatamente los proteja
del sufrimiento. Si la mamá está anestesiada, su capacidad para encontrarse con el bebé se ve
comprometida (tanto como lo está el sistema del bebé). Si se lleva al bebé para examinarlo, la
secuencia de vinculación se interrumpe. Si se le hace algo al bebé sin darle explicaciones, se socava
su experiencia de ser protegido por la mamá.
Los bebés no pueden movilizar sus respuestas simpáticas. Las respuestas del sistema simpático en
los bebés pueden presentarse como hipertonía o tensión en los tejidos, falta de sueño, llanto
inconsolable o estados similares de activación o excitación. Esto puede venir con el agregado de
temor, enojo o incluso terror o furia. Es común ver que los bebés que lloran parecen enojados o
asustados. No pueden dormir o alimentarse, no se pueden orientar hacia su mamá como recurso,
mientras que su respuesta simpática ignora al sistema social.
El estado parasimpático es la última estrategia del bebé. Incapaz de hacer contacto, incapaz de
moverse, el bebé trata con la amenaza que percibe (la ausencia de la mamá, dolor físico)
inmovilizándose y disociándose. Esto puede presentar un retirarse del contacto, retirarse de la
presencia, la voz o los sonidos del entorno o una hipotonía que lo inhabilite para orientarse hacia la
mamá o al terapeuta, dormir excesivamente o una inhabilidad para mover la cabeza.
Los niños con un shock parasimpático comúnmente no son reconocidos como problemáticos hasta más
adelante en su vida. Pueden aparentar ser bebés tranquilos que duermen mucho y que no traen
problemas y si a ellos no les gusta tu contacto, probablemente se aparten en lugar de llorar.
Más adelante pueden tener dificultades para el aprendizaje y en la vida adulta temas tales como
fatiga crónica, depresión y falta de motivación. A pesar de esto, hay una extraordinaria resistencia
en el sistema nervioso y una enorme capacidad para sanarse.
Una respuesta al estrés autónomo-límbico establecida en la infancia, se puede convertir en un modo
habitual de respuesta por muchos años y en la vida adulta.
Bajo estrés el niño o el adulto comienza a vivir en “tiempo de trauma” (término acuñado por Peter
Levine) y la habilidad de responder al estrés está muy disminuida por mucho tiempo. Lo que se llama
el autónomo “punto de asentamiento” oscila entre las estrategias simpática o parasimpática en lugar
de tener el amplio rango de respuestas disponibles.