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310-S06

REV. 15 DE JUNIO, 1990

JOHN B. GOODMAN

DAVID PALMER

Gran Bretaña: ¿decadencia o renovación?


La principal contribución de Margaret Thatcher ha sido inculcar en una nación, que había creado
casi una industria a partir de la racionalización de su propio fracaso económico, la creencia de que el
futuro puede y debe ser mejor que el pasado.

John Banham, Director General de la


Confederación de la Industria Británica.

Los historiadores futuros concluirán que [durante el gobierno de Thatcher] (...) el entorno se volvió
más sucio, la economía más desequilibrada, la sociedad más dividida y el pueblo más endeudado.

Neil Kinnock,
Líder del Partido Laborista1.

En las elecciones al Parlamento de 1987, el Partido Conservador encabezado por la Primera


Ministra Margaret Thatcher ganó su tercera legislatura. Desde el siglo XIX ningún jefe de gobierno
británico había tenido un mandato tan largo. Los ocho años en los que había ostentado su cargo,
habían traído grandes cambios a la economía y la sociedad británicas. Tras un siglo de decadencia
económica, parecía ser que muchos votantes estaban de acuerdo con el lema de los tories: «¡Es
fantástico volver a ser grandes!». Pero los resultados no gustaban a todos. Citando el aumento en el
desempleo y el recrudecimiento de los problemas sociales, algunos observadores ponían en tela de
juicio la nueva prosperidad de Gran Bretaña. Según su opinión, las políticas de Thatcher habían
llegado a su fin. Thatcher, no obstante, no tenía ninguna duda al respecto; seguía convencida de que
los últimos resultados en las elecciones representaban un mandato para seguir cambiando las bases
de la economía británica.

La decadencia económica de Gran Bretaña


Gran Bretaña fue la cuna de la revolución industrial en el siglo XVIII. Rápidamente se convirtió en
el principal fabricante del mundo de productos textiles. Con los innumerables puertos de su imperio
colonial, Gran Bretaña estableció un mercado global para éstos y muchos otros bienes. Durante el
siglo XIX, Gran Bretaña consolidó aún más su posición como el poder industrial dominante del
mundo al desarrollar nuevas industrias, como las del hierro, el acero y los ferrocarriles.

1 The Economist, 29 de abril de 1989.


________________________________________________________________________________________________________________
El caso de LACC número 310-S06 es la versión en español del caso de HBS número 9-389-011. Los casos de HBS se desarrollan únicamente para
su discusión en clase. No es el objetivo de los casos servir de avales, fuentes de datos primarios o ejemplos de una administración buena o
deficiente.

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Pero a finales del siglo XIX surgieron nuevos poderes industriales que empezaban a desafiar su
posición de liderazgo de la economía internacional. Los primeros signos de decadencia aparecieron
hacia la década de 1890. El acero fue la primera gran industria en la que otros países superaron a
Gran Bretaña. Pronto siguieron los equipos eléctricos, los productos químicos, los automóviles y las
máquinas-herramienta. A pesar del declive relativo de la fabricación, el sector financiero británico
siguió prosperando. La City de Londres seguía siendo uno de los principales centros financieros del
mundo incluso después de la segunda guerra mundial.

Los economistas, los historiadores y los analistas de la política tienen opiniones muy dispares
sobre las causas de las dificultades británicas. Un grupo se ha centrado en los cambios que se
produjeron en el entorno internacional. Algunos consideran que el declive era inevitable a medida
que otros países empezaban a industrializarse; otros consideran que el declive resultó acelerado por
el hecho de que Gran Bretaña no se dio cuenta de que el imperio colonial suponía una sobrecarga
para sus recursos financieros. Un segundo grupo se ha centrado en las prácticas y los hábitos
nacionales de Gran Bretaña. Algunos estudiosos razonan que Gran Bretaña no adoptó nuevas
tecnologías y una organización corporativa moderna. Otros consideran que Gran Bretaña no siguió
invirtiendo suficientemente en la industria, mientras que, finalmente, otros creen que el empresariado
y los trabajadores británicos nunca llegaron a aceptar del todo una ética laboral moderna. Un tercer
grupo culpaba del declive de Gran Bretaña a la ineficacia de las políticas e instituciones económicas.

El declive relativo de Gran Bretaña se hizo aún más evidente tras la segunda guerra mundial. Su
productividad y el crecimiento de su producción cayeron por debajo de los principales países
europeos y en algunas ocasiones incluso cayó por debajo de Japón (véanse los Anexos 1 a 3). Estas
circunstancias plantearon un reto tanto para el Gobierno como para la sociedad británicos.

Marco institucional de la gestión económica

Gobierno
Parlamento. Desde el siglo XVII, el sistema parlamentario británico se compone de la Cámara de los
Comunes y la Cámara de los Lores. El poder activo para legislar correspondía a la Cámara de los Comunes,
cuyos miembros eran elegidos desde distintas circunscripciones electorales. La Cámara de los Lores tenía un
papel más limitado, con el poder de vetar dos veces las leyes del Parlamento antes de que éstas entraran en
vigencia. Los miembros de la Cámara de los Lores tenían sus escaños a título vitalicio.

El Primer Ministro, el centro del gobierno británico desde el siglo XIX, era el líder del partido
dominante en el Parlamento. Los miembros del Consejo de Ministros eran elegidos por la Cámara de
los Comunes o la Cámara de los Lores. Aunque teóricamente el Consejo de Ministros tenía la
responsabilidad colectiva sobre la política del gobierno, es el Primer Ministro quien en última
instancia toma las decisiones. Los líderes parlamentarios del partido mayoritario mantenían una
disciplina entre sus diputados. En cuestiones importantes, todos los diputados del partido
mayoritario votaban según las instrucciones de su partido. Dado que el partido del Primer Ministro
controlaba el Parlamento, éste solía poder implantar la política que deseara. Sin embargo, políticas
excepcionalmente controvertidas del Primer Ministro o del Gabinete podían erosionar esta disciplina
y forzar un compromiso legislativo o incluso una elección. Los Anexos 4 y 5 ofrecen los resultados de
las elecciones desde 1946.

Sistema electoral y partidos. Las elecciones se realizan al menos cada cinco años. No obstante, los
Primeros Ministros a veces convocan antes las elecciones, si creen que su partido saldría victorioso o

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ya no podría contar con una mayoría segura en el Parlamento. Desde la primera guerra mundial, la
política británica había estado dominada por el Partido Laborista, que representaba los intereses de
los trabajadores, y el Partido Conservador (tories), que mantenía relaciones más estrechas con el
mundo empresarial británico.

Administración. Los miembros del Consejo de Ministros que dirigían los distintos ministerios
estaban asistidos por un secretario permanente, que era un alto funcionario de carrera. Los cargos
más altos de la burocracia tendían a ser un enclave para generalistas formados en Oxford o
Cambridge. Había quien pensaba que el carácter permanente del funcionariado (en comparación con
la menor duración de los cargos de los ministros del gobierno) limitaba considerablemente el control
político sobre la dirección de la política pública. De todos los ministerios, el del Tesoro pasó a jugar
un papel especialmente importante en el período de posguerra a causa de la creciente intervención
del Gobierno en la economía. La posición del Ministerio del Tesoro se vio reforzada en 1946 con la
nacionalización del Banco de Inglaterra. Al contrario del Sistema de la Reserva Federal en Estados
Unidos, que es independiente del control directo del Gobierno, el banco central británico depende y
funciona bajo las instrucciones del Ministerio del Tesoro.

Sindicatos
En el siglo XIX, los sindicatos británicos sólo existían para los trabajadores manuales especializados,
en base a sus distintos oficios. Pero en el siglo XX los sindicatos pasaron a representar una gran variedad
de trabajadores, incluyendo a los empleados directivos y profesionales. En los años setenta, los
sindicatos representaban a la mayoría de los empleados británicos y al 74% de todos los trabajadores de
empresas manufactureras medianas y grandes. El multisindicalismo (más de un sindicato dentro
de una sola empresa) era la práctica predominante en Gran Bretaña. En la fabricación, por ejemplo, el
36,3% de todas las empresas medianas y grandes y el 46% de todas las plantas de producción
de vehículos y metales reconocían a más de un sindicato. En estas empresas, los sindicatos intentaban
coordinar sus acciones, lo cual facilitaba en cierto modo las negociaciones y representaciones2.

A finales de los años setenta, el Congreso de Sindicatos (TUC) representaba al 90% de los
trabajadores sindicados y a los sindicatos más grandes. El TUC no tenía un control directo sobre
las operaciones diarias de los distintos sindicatos, pero hablaba en su nombre. A través del TUC, los
sindicatos tenían una fuerte presencia política dentro del Partido Laborista. Formaban la mayor
circunscripción del partido, influían en su política y en la elección de sus altos cargos y aportaban casi
tres cuartas partes de sus ingresos.

Los trabajadores no sólo estaban representados por sindicalistas con dedicación exclusiva, sino
también por los representantes sindicales en el lugar de trabajo. Mientras que los temas más amplios,
como los aumentos de salarios y las prestaciones extrasalariales, se solían negociar a niveles
sindicales superiores fuera de las fábricas, otros temas como la retribución por trabajo a destajo, las
horas extra y el control de las condiciones de trabajo, eran tratadas por los representantes sindicales.
Los directivos a menudo se oponían a la presencia de representantes sindicales, porque creían que
contribuían a aumentar la militancia en el lugar de trabajo. Es más, a menudo se ha afirmado que los
trabajadores británicos tienen un sentido de identidad de clase especialmente fuerte. En los Anexos 6
y 7 se muestran datos sobre la afiliación a sindicatos, huelgas y salarios.

2 Brown, William (ed.), «The Changing Contours of British Industrial Relations», Basil Blackwell, Oxford, 1981, págs. 51 y 59-60.

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La patronal
En 1965 se creó la Confederación de la Industria Británica (CBI) para unificar a las distintas
asociaciones empresariales. Aproximadamente el 75% de todas las empresas británicas (incluyendo
muchas empresas nacionalizadas) eran miembros de asociaciones empresariales. Originalmente, estas
asociaciones ayudaban a sus miembros a coordinar sus relaciones laborales y representaban sus
intereses ante el Gobierno, pero en los años setenta, las empresas británicas se acostumbraron más a
actuar individualmente en las negociaciones colectivas y en las relaciones con el Gobierno. Como
resultado, tanto la CBI como las asociaciones empresariales británicas tenían menos influencia que
sus homólogos en Alemania y Japón.

Muchos observadores criticaban la patronal por su responsabilidad en el declive de la economía


británica. Elbaum y Lazonick, por ejemplo, consideraban que las empresas británicas, al contrario de
las alemanas y las francesas, seguían bajo control familiar hasta bien entrado el siglo XX. La poca
voluntad de estas empresas para adoptar estructuras corporativas modernas dificultaban aún más la
adquisición de habilidades para cargos directivos, la obtención de economías de escala y la capacidad
de competir a nivel internacional3.

Dahrendorf, en cambio, consideraba que los problemas de las empresas británicas eran más de
tipo cultural que estructural. En su opinión, eran debidos principalmente a los valores de la clase alta.
Estos valores estaban «más orientados hacia relacionarse con los miembros de su misma clase, vivir
cómodamente y en armonía con los demás y dedicarse a actividades de ocio y quizás al deporte, que
hacia los valores industriales (...). Ciertas profesiones son aceptables, pero otras ocupaciones [como la
fabricación] no». La cultura de la clase trabajadora británica era un reflejo de la de la clase alta. Para
la clase trabajadora, el deseo de «solidaridad prevalece sobre la competencia individual». Según
Dahrendorf, lo que le faltaba a Gran Bretaña era una cultura de clase media «donde se genera gran
parte de la motivación del progreso industrial»4.

El auge del consenso en la posguerra, 1945-1970


A finales de la segunda guerra mundial, Estados Unidos había desbancado a Gran Bretaña como
la mayor potencia económica y política del mundo. No obstante, «la debilidad básica de la economía
británica quedó encubierta por la euforia de la victoria. Se aceptó sin ningún tipo de dudas que Gran
Bretaña seguía siendo una potencia mundial y, por tanto, debería tener una presencia en el mundo»5.
Los líderes británicos se enfrentaban a muchos retos económicos, algunos de los cuales eran un
legado del pasado y otros el resultado de sus esperanzas de un futuro mejor.

Políticas macroeconómicas
En 1945, el Partido Laborista obtuvo la mayoría en el Parlamento por primera vez en la historia de
Gran Bretaña. Dirigido por el Primer Ministro Clement Attlee, sus objetivos eran conseguir el pleno
empleo y el crecimiento económico mediante la aplicación de la gestión keynesiana de la demanda.
Cuando la economía parecía perder ritmo, se utilizaban los déficit presupuestarios para estimular el

3 Elbaum, Bernard y William Lazomick, «An Institutional Perspective on British Decline», en Elbaum y Lazonick, (eds.), «The
Decline of the British Economy», Oxford University, Oxford, 1986, págs. 3-11.
4 Dahrendorf, Ralph, «Why Has Britain “Failed”», Case HBS Nº 387-148.

5 Cairncross, Alain, «Years of Recovery: British Economy Policy, 1945-1951», Metheun, Londres, 1985, pág. 11.

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consumo y la inversión, y cuando la economía parecía recalentarse, se recortaban los gastos y se


aumentaban los tipos de interés para reducir la demanda. (Los Anexos 8 a 12 muestran los
indicadores de las políticas y resultados macroeconómicos). En los años cincuenta, los conservadores,
bajo Winston Churchill y Harold Macmillan esencialmente, continuaban las políticas
macroeconómicas de sus antecesores laboristas.

Ambos partidos mayoritarios estaban de acuerdo sobre la importancia de obtener un tipo de


cambio alto para la libra esterlina, una política que fue enérgicamente respaldada por la City de
Londres. Se consideró que una libra fuerte sería «el apoyo clave para mantener la posición de Gran
Bretaña como una potencia mundial»6. Desgraciadamente, el deseo de mantener una libra fuerte
entraba en conflicto con los esfuerzos del Gobierno por lograr el pleno empleo. Los aumentos en el
gasto público condujeron a un aumento en el consumo, que a su vez «atrajo a las importaciones y
produjo un déficit en la balanza de pagos. En vez de devaluar el tipo de cambio para corregir este
desequilibrio, los gobiernos británicos optaron por deflacionar la economía nacional. Así, tras un
período de expansión, se produjo una deflación abrupta que dio lugar a una famosa serie de ciclos
«stop-go»7, que plagaron tanto los gobiernos conservadores como laboristas. A finales de los años
sesenta, las políticas deflacionistas que eran necesarias para frenar el aumento de los precios y los
salarios se volvieron tan severas que muchos funcionarios empezaron a creer que la inflación se había
convertido en un problema estructural de la economía británica.

El estado de bienestar social


Las políticas del bienestar social tuvieron su origen en las reformas que se realizaron a finales del
siglo XIX y a principios del siglo XX. Durante y justo después de la segunda guerra mundial, el
gobierno conservador introdujo parte de la primera legislación para el bienestar social. Estas
reformas, que incluían pensiones, seguros de desempleo y pagos mínimos para el seguro sanitario, se
adoptaron en respuesta a las grandes huelgas y a la escalada de posiciones del Partido Laborista.

El informe Beveridge, que se elaboró durante la segunda guerra mundial, despertó por primera
vez un amplio interés público en la instauración de unas políticas globales de bienestar social a las
cuales pudieran acceder todos los británicos. La oposición de los conservadores al informe reforzó el
apoyo electoral al Partido Laborista entre la clase media, lo cual condujo a la victoria del partido en
1945. Algunos de los programas más importantes que introdujo el nuevo gobierno laborista después
de la guerra incluían seguros para el desempleo, la enfermedad, los accidentes laborales, la vejez; la
asistencia médica para todo el mundo, independientemente de sus prestaciones para pagarla, y la
nacionalización de todos los hospitales; mayores posibilidades económicas para las madres con hijos
menores de edad; una mayor ayuda para la enseñanza, incluyendo becas para el 73% de los
estudiantes universitarios; y subvenciones y ayuda para viviendas.

La victoria electoral del Partido Laborista obligó a los conservadores a replantear muchas de sus
posturas. Para salir de la oposición, sabían que tendrían que seducir al electorado laborista entre la
clase obrera. Puesto que la mayoría de electores de clase media eran muy partidarios de la asistencia
sanitaria nacional y la enseñanza subvencionada, los conservadores consideraban que era prudente
apoyar estas políticas. También comprometieron el partido a la consecución de las metas de pleno
empleo, el estado del bienestar y una nacionalización limitada de la industria británica.

6 Blank, Stephen, «Britain: Politics of Foreign Economic Policy», en Katzenstein, Peter J. (ed.), «Between Power and Plenty»,
Foreign Economic Policies of Advanced Industrial States University of Wisconsin, Madison, Wisconsin, 1978, pág. 96.
7 Hall, Peter, «Governing the Economy: The Politics of State Intervention in Britain and France», Oxford University, Oxford,
1986, pág. 50.

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Aunque en los años cincuenta los gobiernos conservadores introdujeron cuotas en el sistema
sanitario nacional y promovieron la construcción privada sobre la pública en el área de viviendas, el
estado de bienestar social que se estableció con el Primer Ministro Attlee, permaneció intacto en gran
medida. Cuando el Partido Laborista recuperó el poder en 1964, amplió aún más las medidas de
bienestar para incluir reformas como la democratización del sistema educativo (más escuelas
secundarias «integradas» para todos y la creación de más plazas universitarias).

Intervención del Gobierno


Entre 1945 y 1951, el gobierno laborista nacionalizó varias industrias, incluyendo las
telecomunicaciones, el carbón, el transporte nacional (ferrocarriles, transporte por carretera, canales,
muelles y puertos), el hierro, la industria del acero, el gas y la electricidad. Inicialmente, el Gobierno
llevó a cabo una mejora de la eficacia (necesaria desde hacía mucho tiempo) de algunas industrias,
como la del carbón, que estaba desfasada tecnológicamente, y el acero, donde había que practicar
recortes de plantillas. Algunas empresas nacionalizadas, como las compañías eléctricas, mantenían
elevados niveles de rentabilidad, mientras que otras, sobre todo las del carbón y el acero, eran
deficitarias.

Los sindicatos esperaban que el gobierno laborista también acabara con las desigualdades en los
salarios de los trabajadores, garantizara el empleo y les proporcionara una voz en la empresa
mediante comités conjuntos de trabajadores-dirección. Pero este último objetivo fue tachado de la
lista, porque el control de estas empresas se puso en manos de juntas gubernamentales.

En 1949, el gobierno de Attlee llegó a la conclusión de que nacionalizar más no iba a solucionar
los problemas económicos del país. A partir de entonces, el Gobierno concedió un mayor énfasis a la
gestión keynesiana de la demanda. Cuando en 1951 los conservadores volvieron al poder, el Primer
Ministro Winston Churchill desnacionalizó la industria del acero y otras, pero conservó gran parte de
la estructura que habían establecido sus predecesores laboristas. Aunque a mediados de los años
sesenta el Partido Laborista volvió a nacionalizar estas empresas, las nacionalizaciones ya no eran su
primera prioridad.

Ambos partidos parecían estar de acuerdo en la necesidad de que las empresas y los sindicatos
cooperaran en la revitalización de la industria británica y en el control del crecimiento de los salarios.
En 1962, a instancias de las asociaciones empresariales británicas, el Primer Ministro conservador
Harold Macmillan creó el Consejo Nacional de Desarrollo Económico (NEDC), para que recomendara
políticas para el crecimiento económico y la renovación industrial. Cuando el consejo de sindicatos
(TUC) accedió a participar, la junta consultiva del NEDC quedó formada por miembros del Gobierno,
de la patronal y de los sindicatos. El carácter de foro tripartito para el consenso de la organización le
otorgó inicialmente un aire de legitimidad. Pero a medida que avanzaban los años sesenta, sus dos
objetivos (revitalizar la fabricación y controlar la inflación) entraron en conflicto. A partir de este
punto, las perspectivas que tenían los laboristas y los conservadores de la situación empezaron a
divergir. Los conservadores consideraron que era más importante controlar la inflación e intentaron
utilizar el NEDC como un medio para limitar el crecimiento de los salarios.

Los laboristas, por otro lado, concedían una mayor importancia a la necesidad de una
revitalización industrial. Cuando en 1965 el Partido Laborista subió al poder, reforzó el papel del
NEDC en la formulación de la política industrial. El Primer Ministro Wilson también creó el
Departamento de Asuntos Económicos, que elaboró un plan nacional industrial, así como un
Ministerio de Tecnología para que administrara los fondos destinados a investigación y desarrollo.

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Sin disponer de los recursos suficientes, los nuevos planes fijaron objetivos poco practicables para
revitalizar la industria británica y fueron un fracaso estrepitoso8.

A finales de los años sesenta, el crecimiento económico de Gran Bretaña había empezado a
agotarse. Los líderes gubernamentales advertían que la inflación y el déficit de la balanza de pagos
estaban alcanzando proporciones alarmantes. En 1966, el Primer Ministro Wilson implantó un
programa de austeridad que incluía recortes presupuestarios, una congelación obligatoria de los
salarios y una postura más intransigente hacia los sindicatos. Estas políticas provocaron el enfado del
electorado laborista. Muchos trabajadores, instigados por representantes sindicales que actuaban
desafiando las órdenes del TUC, respondieron con huelgas espontáneas para exigir aumentos
salariales. La explosión de los salarios, combinada con las manifestaciones estudiantiles en 1969,
dieron lugar a una pérdida de confianza pública en la Administración Wilson. Los electores
recurrieron a los conservadores como alternativa.

El declive de la política de consenso, 1970-1979

El deterioro del clima económico


A principios de los años setenta, las condiciones económicas en Europa occidental y en Estados
Unidos empezaron a deteriorarse. Los aumentos salariales y del gasto público agravaron las
tensiones inflacionistas. Entre 1968 y 1971, los precios de los productos alimenticios aumentaron un
32%; el transporte, un 28%, y los servicios generales, un 37%9.

La solución conservadora
Edward Heath, el nuevo Primer Ministro elegido en 1970, se enfrentaba a un desalentador abanico
de problemas: los salarios y los precios subían a un ritmo descontrolado, el crecimiento económico
era lento, el índice de desempleo era el mayor desde 1939 y los déficit de la balanza comercial habían
alcanzado niveles históricos; todo esto se vio exacerbado por la cuadruplicación de los precios del
petróleo en 1973. Convencido de que el futuro de Gran Bretaña estaba estrechamente unido al de
Europa, Heath solicitó el ingreso en la Comunidad Económica Europea. Aunque el Partido Laborista
se opuso a ello, Heath consiguió que Gran Bretaña fuera admitida en 1973.

Heath consideraba que la inflación era el problema número uno en Gran Bretaña y que los
sindicatos, con sus exigencias excesivas en materia de salarios, eran la causa principal de ese
problema. Ordenó a las agencias gubernamentales que no cedieran a las exigencias de los sindicatos
del sector público y también intentó limitar el poder de los sindicatos en el sector privado. Su
gobierno promulgó una Ley de Relaciones Industriales, que obligaba a los sindicatos a inscribirse en
un registro oficial y estipulaba que sólo se podían hacer huelgas si una mayoría de votos dentro del
sindicato estaba a favor de la huelga. Los sindicatos que no cumplieran estas condiciones serían
legalmente responsables de los daños que ocasionaban las huelgas. Cuando los sindicatos
manifestaron su desacuerdo con la Ley, muchos empresarios decidieron ignorarla para conservar la
paz laboral.

8 Ibídem, pág. 88.

9 Hawkins, Kevin, «British Industrial Relations, 1945-1975», Barrie y Jenkins, Londres, 1976, págs. 137-138.

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Heath no pudo controlar los sindicatos y limitar la inflación. Esto dio lugar al famoso «giro de
180°» de 1972 para alejarse de la confrontación directa y volver al consenso. El Gobierno inició
conversaciones con la Confederación de Industrias Británicas y el Consejo de Sindicatos a través del
Consejo Nacional de Desarrollo Económico y creó una comisión especial para administrar una nueva
política de rentas.

Aunque el TUC se abstuvo de una oposición abierta, muchos sindicatos, especialmente del sector
público, se opusieron abiertamente a la limitación de los salarios. Los mineros, por ejemplo, exigieron
un aumento salarial del 25% en 1974, que el Gobierno denegó, y al cual siguieron doce amargas
semanas de huelga. Heath declaró el estado de emergencia e impuso una semana laboral de tres días a
causa de la falta de corriente eléctrica. Estas medidas demostraron ser muy impopulares. Cuando Heath
anunció que el lema principal de la campaña de 1974 debería ser «¿quién gobierna?», los votantes
declararon en las elecciones que no serían los conservadores. El Partido Laborista convenció a los
electores que conseguiría dirigir mejor la economía y volvieron a elegir a Harold Wilson como Primer
Ministro.

La solución del Partido Laborista


El método de Wilson. El Primer Ministro Wilson puso fin al estado de emergencia y a las huelgas
concediendo a los mineros un aumento del 27%. Prometió ampliar el sector público, llevar una mayor
democracia al lugar de trabajo y reducir lo que el Partido Laborista consideraba un poder excesivo de
las multinacionales sobre la economía. Para evitar repetir la ruptura entre el gobierno y el TUC que
había sufrido la primera Administración de Wilson, el Partido Laborista y el TUC afirmaron su
intención de trabajar conjuntamente a través de un «contrato social». En este acuerdo de 1973 se
incluía un compromiso para sustituir los controles salariales por controles obligatorios de los precios.

Esta colaboración entre el Partido Laborista y los sindicatos duró tres años. En el primer año de
Wilson, la Ley de Relaciones Industriales de los conservadores fue sustituida por una legislación más
favorable para los sindicatos. No obstante, la inflación siguió incontrolada y, en 1975, el gobierno de
Wilson emprendió una política de rentas voluntarias durante doce meses con el apoyo del TUC. Los
sindicalistas esperaban que la política de rentas de Wilson iría acompañada de un plan para
revitalizar la fabricación y crear nuevos puestos de trabajo. Pero Wilson se opuso a cualquier
iniciativa nueva y volvió al Consejo Nacional de Desarrollo Económico con sus 39 «grupos de trabajo
sectoriales» de directivos y sindicatos, formados para determinar qué sectores de la industria
necesitaban ayuda oficial. Al igual que antes, los fondos se utilizaron para sacar de apuros a las
empresas en crisis, en vez de crear incentivos para la productividad, la inversión y la innovación.
Quien más se benefició de estas medidas fueron los sectores de astilleros y automóviles.

Astilleros. Gran Bretaña había sido el líder mundial en el sector astillero desde finales del siglo
XVIII hasta 1950, cuando todavía producía casi el 40% de todos los barcos mercantes10. Tras la
segunda guerra mundial, los cambios en el transporte marítimo internacional crearon oportunidades
para nuevos modelos y métodos de producción, pero los astilleros británicos no supieron adaptarse a
estas nuevas condiciones. Los fabricantes japoneses, por otro lado, desarrollaron una técnica de
producción modular que exigía una mayor inversión de capital y que empleaba gigantescos bloques
prefabricados en vez del antiguo método de «construir desde la quilla», que dependía enormemente
de mano de obra cualificada. Con estas técnicas, los japoneses se especializaron en la construcción de
petroleros. Con la crisis de Suez de 1956, aumentó enormemente la demanda de grandes petroleros

10 Mottershead, P., «Industrial Policy», en Blackaby, F.T. (ed.), «British Economic Policy, 1960-1974», Cambridge University,
Cambridge, 1978, pág. 461.

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japoneses, que estaban especialmente indicados para el largo viaje alrededor del cabo de Buena
Esperanza. Ese año, Japón superó a Gran Bretaña en la construcción de barcos.

Otros astilleros europeos se adaptaron a estas presiones produciendo barcos especializados que
no se podían construir fácilmente en los astilleros japoneses. A pesar de que el porcentaje europeo en
el mercado mundial disminuyó, el tonelaje bruto producido en países como la R. F. de Alemania,
Suecia y Francia siguió creciendo. Los astilleros británicos simplemente no podían seguir el ritmo. La
mayoría de astilleros británicos eran relativamente pequeños y no disponían de amplias redes de
contactos comerciales que les proporcionaran mercados estables. No tenían las estrechas relaciones
con las compañías navieras basadas en su país que tenían sus competidores en el extranjero. Es más,
las compañías navieras británicas tenían sus propios departamentos de diseño y a menudo
solicitaban buques hechos a medida para sus necesidades en vez de buques estándar. Como
resultado, los astilleros británicos no podían construir barcos especializados de forma estandarizada
como lo hacían otros astilleros europeos. Los niveles de producción británicos se estancaron y su
participación en el mercado cayó en picado.

Para hacer frente a esta crisis, el gobierno de Wilson creó en 1967 una junta especial y distribuyó
préstamos y subvenciones gubernamentales para facilitar las fusiones de astilleros y promover las
economías de escala. Cuando los conservadores revelaron al Partido Laborista en el poder a
principios de los años setenta, Heath inicialmente se opuso a la intervención estatal en la economía.
Sin embargo, a medida que empeoraba la recesión durante los primeros años de la década, la
Administración Heath, como su antecesor, empezó a proporcionar ayudas a varias industrias en
crisis, incluyendo Upper Clyde Shipbuilders. Estas políticas de ambas Administraciones consiguieron
crear entidades más grandes, pero las prácticas de gestión y producción siguieron iguales. Japón,
R. F. de Alemania y otros países con un importante sector de construcción naval no dudaban en
aplicar extensas medidas proteccionistas para sus sectores nacionales, mientras que Gran Bretaña
seguía aplicando una política más informal y no intervencionista.

A pesar de los esfuerzos de sucesivos gobiernos conservadores y laboristas para reavivar los
astilleros británicos, el sector seguía siendo deficitario. En 1977, tras varios años de financiación a
gran escala, la Administración de Wilson acabó nacionalizando los astilleros, una decisión que
muchos observadores creían que estaba destinada principalmente a asegurar el empleo en las áreas
deprimidas del país.

Automoción. En los años cincuenta, el sector británico de la automoción había sido bastante
rentable, pero a mediados de los sesenta empezó a perder participación en el mercado, tanto a nivel
nacional como a nivel internacional. En 1968, British Leyland absorbió varias grandes empresas y
formó British Leyland Motor Corporation (BLMC). La Administración laborista de Wilson prestó a la
flamante BLMC 25 millones de libras para aumentar su capacidad de producción y modernizar su
tecnología. La Administración conservadora de Heath mantuvo la ayuda financiera en los años
setenta, pero BLMC seguía arrojando pérdidas. Líderes empresariales y gubernamentales atribuían la
crisis de la empresa a los paros y las huelgas de celo, ya que creían que el descenso de la producción
había impedido el rápido acceso de BLMC a los mercados. Otros sostenían que la empresa no había
conseguido ampliar sus redes de distribución nacionales y extranjeras y ajustar su diseño o calidad a
los estándares que el público esperaba de los competidores de BLMC. En 1975, el gobierno laborista
de Wilson nacionalizó BLMC para salvarla de la quiebra11.

11 Tolliday, Steven, «Competition and the Workplace in the British Automobile Industry, 1945-1988», Business and Economic
History, 2ª serie, vol. 17, 1988, págs. 63-77.

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El fracaso de Callaghan. En abril de 1976, el Tesoro propuso unos importantes recortes en el gasto
público que desataron una rebelión entre los diputados laboristas de la izquierda más radical. Wilson
dimitió y le sustituyó Jamas Callaghan como Primer Ministro laborista.

Callaghan heredó un grave déficit en la balanza de pagos y una crisis monetaria: la libra esterlina
se había convertido en el objetivo de la especulación internacional y como consecuencia se había
depreciado rápidamente. Al gobierno británico apenas le quedó más remedio que recurrir al Fondo
Monetario Internacional (FMI) para solicitar un préstamo de contingencia. A cambio, acordó
establecer un techo salarial y recortes sustanciales del gasto público como parte de un nuevo
programa de austeridad.

Los sindicatos habían tolerado tres años de controles salariales voluntarios bajo el gobierno
laborista, pero no estaban dispuestos a cargar más tiempo con ello. En el invierno de 1979, el conflicto
entre el Gobierno y los sindicatos alcanzó su fase más crítica cuando el desempleo alcanzó un nuevo
récord histórico y los salarios de los trabajadores iban a remolque de la inflación. Muchos
funcionarios o empleados de empresas públicas cobraban sueldos próximos o por debajo de la línea
oficial de la pobreza. Los miembros sindicales decidieron que ya habían aguantado suficiente la
austeridad de Callaghan e iniciaron una serie de huelgas en todos los sectores industriales y de
servicios en lo que se conoció posteriormente como el «invierno del descontento». Los mineros, que
eran el electorado principal del Partido Laborista entre las filas sindicalistas, se unieron a la ola de
huelgas y dirigieron la oposición al gobierno laborista. El público, incluyendo muchos votantes que
tradicionalmente eran laboristas, culparon al Gobierno de estas graves huelgas.

La oposición de los sindicatos a Callaghan dejó al Partido Laborista fuertemente dividido.


Algunos líderes del partido consideraban que deberían seguir apoyando los objetivos de los
sindicatos, mientras que otros pensaban que los sindicatos habían ido demasiado lejos. Callaghan se
mantuvo contra viento y marea en su impopular programa de austeridad. En 1979, las divisiones
dentro del partido se habían agravado tanto que Callaghan sólo podía gobernar a través de una
coalición con el Partido Liberal, de corte centrista. En marzo de 1979, Callaghan perdió una votación
de confianza en el Parlamento por sólo un voto, lo que le obligaba a convocar elecciones generales.
Estas elecciones, en las cuales el tema crucial fue el declive económico, ofrecieron a Margaret
Thatcher y al Partido Conservador la oportunidad que estaban buscando12.

El gobierno de Thatcher, 1979-1987

Los objetivos de la Primera Ministra Thatcher


Los conservadores consiguieron una victoria abrumadora en las elecciones de 1979. Después de
entrar en el número 10 de Downing Street, la Primera Ministra Thatcher dejó claro que su política se
basaría en una «política de convicción» y no en el antiguo consenso de la posguerra. Su intención era
cortar con las políticas keynesianas que no sólo defendían los anteriores gobiernos laboristas, sino
también los «blandos» como Heath dentro de su propio partido. Sus objetivos eran los siguientes:
impulsar el crecimiento económico y recuperar la posición de líder mundial para Gran Bretaña. Ella
creía que el modo de alcanzar estos objetivos era seguir rigurosamente los principios del
monetarismo y restringir la intervención del Estado tanto en la economía como en la sociedad.

12 Jenkins, Peter, «Mrs. Thatcher’s Revolution: The Ending of the: Socialist Era», Harvard University, Cambridge, Mass, 1988,
pág. 48.

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Thatcher elogiaba los beneficios de la empresa privada y prometía que el Gobierno «intentaría
dejar de entrometerse y tomar decisiones para ustedes que ustedes deben poder tomar libremente
solos». Ello no obstante, observaba, «la limitación del Gobierno no significa un gobierno débil... Si el
papel del Gobierno está claramente delineado, entonces significa un gobierno muy fuerte»13.

La filosofía de gobierno de Thatcher provenía principalmente de su educación. Había crecido


como hija de comerciante en el sur de Inglaterra. En su juventud, había aprendido a respetar los
valores del empresario individual, lo cual la puso en contra del estado de bienestar de la posguerra
que había diseñado el Partido Laborista. Aunque originalmente se había formado como química, se
convirtió en abogado y de ahí se introdujo en la política como diputado para el Partido Conservador.

Más tarde fue Secretaria de Educación en el gobierno Heath. Cuando Heath dio su giro de 180°
para evitar la confrontación de 1972, Thatcher se opuso abiertamente a su vuelta a la política del
consenso, especialmente sus concesiones al Sindicato Nacional de Mineros (NUM), y no tardó en
convertirse en su principal rival dentro del partido. Aquellos que estaban a favor del giro de 180°
recibieron el nombre de «blandos», mientras que aquellos que se agrupaban en torno a Thatcher y
que estaban a favor de una postura más intransigente, recibieron el nombre de «duros». El fracaso del
giro de 180° de Heath supuso el auge de Thatcher que, a finales de los años setenta, logró desplazar a
Heath y convertirse en líder del Partido Conservador.

Política macroeconómica: la lucha contra la inflación


Según Sir Douglas Wass, Secretario Permanente del Tesoro a principios de los años ochenta, «el
Partido Conservador decidió que antes de cualquier otro objetivo económico era necesario eliminar la
inflación»14. Para disminuir la inflación, el gobierno de Thatcher se fijó un objetivo para el
crecimiento de la masa monetaria. La rigurosa política monetaria hizo entrar la economía en recesión
y provocó la apreciación de la libra. (El Anexo 14 facilita los datos sobre la producción manufacturera
de Gran Bretaña.) Crecía la presión a favor de la moderación, y en 1980, incluso la Confederación de
la Industria Británica (CBI), que generalmente apoyaba las políticas de Thatcher con entusiasmo,
exigía una reducción de los tipos de interés. El descontento sobre los efectos del estricto control
monetario finalmente se propagó a su propio Gabinete, obligándola a cambiar su política.

La segunda parte del plan de Thatcher era mantener un mayor control de la política fiscal
limitando el gasto público. Se recortó el empleo en la Administración pública y se redujeron los
aumentos de sueldos, a pesar de la oposición de los sindicatos. En otras áreas, la Primera Ministra no
tuvo tanto éxito. El presupuesto seguía aumentando como consecuencia de las prestaciones sociales
pagadas durante la recesión de principios de los años ochenta. Thatcher intentó mantener una línea
dura respecto a los recortes, pero tuvo que aceptar un objetivo más realista después de una pequeña
revuelta que tuvo lugar en su Consejo de ministros en 1981. Poco después despidió a estos «blandos»,
recompensando a sus leales con los ministerios que habían quedado vacantes. Sus posturas
intransigentes contra la oposición interna y externa contribuyeron a la popularización de su apodo de
la «Dama de Hierro». Un comentarista observó que Thatcher dominaba «a su Consejo de Ministros
más que ningún otro Primer Ministro de este siglo, incluyendo a Churchill»15.

13 Citado por Margaret Tatcher en «The New York Times», 4 de mayo de 1979.

14 Sir Douglas Wass, entrevista de despedida en The Times, 31 de marzo de 1983, citado en Riddell, Peter, «The Thatcher
Government», Basil Blackwell, Oxford, 1985, pág. 57.
15 Entrevista con Anthony Sampson, en ABC Nightly News, 2 de mayo de 1989.

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Finalmente, Thatcher intentó recortar los impuestos sobre la renta para incentivar la inversión. La
base imponible para las rentas más altas se redujo del 83 al 60%. La base mínima se redujo del 33 al
30%. Se redujeron los impuestos sobre rentas del capital, mientras que se aumentaron los impuestos
gravados sobre los bienes de consumo. Globalmente, los ingresos procedentes de los impuestos
aumentaron del 34% del PNB en 1978-1979 hasta el 40% en 1982-198316.

La inflación no tardó en alcanzar su nivel más bajo en los últimos 15 años. A partir de 1983, el
poder adquisitivo de los grupos de renta media y alta aumentó gracias a la reducción de la tasa de
inflación y los impuestos. (El Anexo 15 facilita datos sobre la distribución de la renta.) Estos ingresos
adicionales contribuyeron a crear inversiones en nuevos sectores y empresas, especialmente en el sur
de Inglaterra. En esta próspera región, los trabajadores empezaron a cosechar los frutos de una
economía revitalizada, tanto en cuanto a nuevas instalaciones de fabricación (a menudo empresas
más pequeñas) como en nuevas construcciones. El área de mayor crecimiento del empleo fue el sector
de servicios. La mayoría de los trabajadores que se beneficiaron de esta nueva afluencia votaron a los
conservadores en 1983 y 1987. A pesar de estas mejoras, el nivel de desempleo siguió siendo alto en
las regiones deprimidas en el Norte de Inglaterra, Escocia y el País de Gales, donde estaban los viejos
centros industriales del país.

Reordenado el estado de bienestar social


Al igual que muchos críticos conservadores, la Primera Ministra Thatcher creía que las numerosas
prestaciones sociales eran una carga financiera demasiado grande para el Gobierno y que frenaban la
iniciativa individual. No obstante, tuvo la precaución de no recortar las políticas populares entre
la clase media, como las pensiones de jubilación y el National Health Service (seguridad social
británica).

Thatcher y su Consejo de Ministros diseñaron varias medidas para reducir el gasto social. Una de
ellas era fijar techos muy estrictos sobre la ayuda local, que se distribuía a través de un gobierno local
como el Greater London Council, controlado por los laboristas, y que solía canalizarse hacia las áreas
urbanas más deprimidas. Otra área de ahorro presupuestario provino de la venta de viviendas
municipales de propiedad estatal. Entre 1979 y 1985 se recortaron en un 59% los fondos previstos
para la construcción, reparación y subvención de estas viviendas. Según un analista, «el número de
viviendas de propiedad aumentó en 1,61 millones, mientras que el número de viviendas municipales
en régimen de alquiler disminuyó en 560.000 entre 1979 y 1983»17. Esto creó una crisis de la vivienda
para aquellos que no tenían trabajo o con unos niveles de renta bajos, pero demostró ser una medida
muy popular entre aquellos que podían permitirse la compra de una vivienda propia. La mayoría de
los habitantes de viviendas municipales, que en su mayor parte se habían convertido en propietarios,
votaron a los conservadores en 1983 y 1987.

Otro medio de reducir el gasto destinado a prestaciones sociales era recortar subsidios
individuales como el de desempleo y las prestaciones suplementarias para los hijos. No obstante, la
recesión de 1979-1981 y el aumento en los niveles de paro condujo a un aumento en el número de
beneficiarios y exigió un aumento presupuestario general para las partidas de bienestar social. En
total, entre 1979 y 1986, los gastos en subsidios de desempleo aumentaron en un 67,2%, y la
seguridad social en un 33,7%. Dado que el 94% de los puestos de trabajo destruidos entre 1979-1986
se concentraban en los Midlands y el norte de Inglaterra, además de Escocia y el País de Gales, era allí

16 Riddell, «The Thatcher Government», págs. 62 y 70-72.

17 Hall, «Governing the Economy», pág. 126.

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Gran Bretaña: ¿decadencia o renovación? 310-S06

donde los recortes de las prestaciones tuvieron repercusiones más negativas18. El desempleo no sólo
afectaba a aquellos que trabajaban en sectores en declive, sino también en las áreas urbanas, donde el
desempleo alcanzó un 20% entre los adolescentes y el 50% entre los negros19.

En el verano de 1982, estas condiciones en las ciudades provocó una serie de motines. Sólo en
Londres hubo disturbios en 19 barrios. Parecían existir muchas causas: problemas raciales, aversión a
la policía, frustración sobre la escasez de viviendas y empleos (que afectaba a todos los grupos
raciales) y vandalismo sin más. Michael Foot, líder de los laboristas, culpó de los disturbios a las
políticas económicas del Gobierno, las cuales, según él, habían desembocado en el «mayor aumento
del paro juvenil que este país ha conocido». Thatcher, por otra parte, razonaba que nada «ha ocurrido
con el desempleo [que] pudiera justificar estos motines». Para ella, la principal prioridad seguía
siendo la lucha contra la inflación y, en su opinión, los alborotadores eran impulsados principalmente
por «un vandalismo criminal, lo que lo hacía aún más importante restablecer la ley y el orden»20.

Thatcher consiguió sobrevivir a la tormenta. Aunque su popularidad bajó hasta el 25% en 1981, su
posición política se benefició de dos acontecimientos21. En primer lugar estaba su decisión de
recuperar las islas Malvinas en junio de 1982, lo cual parecía renovar el orgullo nacional; y en
segundo lugar, la confusión en el seno del Partido Laborista. Se logró frustrar un intento por el ala
izquierda de hacerse con la dirección del Partido, pero consiguió un apoyo mayoritario para una
política de desarme unilateral. El nuevo jefe del Partido Laborista, Michael Foot, demostró ser
extremadamente débil. En 1981, varias destacadas personalidades del partido, entre las que se hallaba
Shirley Williams, lo abandonaron para formar un partido centrista, los demócratas sociales. En la
primavera de 1983, Thatcher creía que era el momento adecuado para convocar elecciones nacionales.
El Partido Conservador logró ampliar su mayoría parlamentaria y muchos se preguntaban si el
Partido Laborista conseguiría recuperarse a corto plazo.

La intervención gubernamental en la economía


Los sindicatos. Aunque la Primera Ministra Thatcher consideraba la batalla contra la inflación
como su objetivo principal, muchos creían que su logro más importante en sus dos legislaturas fue el
doblegamiento del poder de los sindicatos. Eliminó el Consejo Nacional de Desarrollo Económico,
limitando la voz de la Comisión de Sindicatos dentro del Gobierno, y declaró que los sindicatos
alborotadores representaban al «enemigo interior». Su gobierno ganó los primeros conflictos con los
sindicatos en las industrias nacionalizadas del acero, automoción y construcción naval. Pero el
Sindicato Nacional de Mineros (NUM), el sindicato británico más poderoso, fue un hueso duro de
roer. Norman Tebbit, Secretario de Empleo, se hacía eco de los sentimientos de Thatcher cuando
criticaba el poder del NUM: «A no ser que consigamos librarnos de la camisa de fuerza de las
actitudes tradicionales de los sindicatos, seguiremos corriendo con desventaja en las carreras para
mercados, clientes, pedidos y puestos de trabajo»22. La prueba de fuego de su nueva política fue un
enfrentamiento con los mineros.

El Sindicato Nacional de Mineros (NUM) había sido el más militante y unificado de todos los
sindicatos británicos. Fue el NUM que obligó a Heath a emprender su famoso «giro de 180°» y quien

18 Jenkins, Peter, «Mrs. Thatcher’s Revolution», pág. 330.

19 Hall, Peter, «Governing the Economy», pág. 125.

20 The Economist, 18 de julio de 1981; Financial Times, 9 de julio de 1981, 13 de julio de 1981 y 25 de junio de 1981.

21 Riddell, «The Thatcher Government», pág. 12.

22 Goodman, Geoffrey, «The Miners’ Strike», London: Pluto, 1985, pág. 45.

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hizo caer el Gobierno. Cuando el NUM retó por primera vez a Thatcher en 1982, ésta accedió a sus
exigencias salariales, ya que creía que todavía no tenía la fuerza suficiente para enfrentarse a los
mineros. Pero en 1984 decidió que ya era hora de liberar al sector nacionalizado del carbón de la
presión de los sindicatos. Al romper el poder del sindicato, quería racionalizar el sector, reducir el
empleo sobrante y hacer más eficiente la dirección. Previendo una huelga larga, el Gobierno
almacenó discretamente carbón en las centrales eléctricas y algunas instalaciones fueron equipadas
para quemar petróleo; la policía fue entrenada y equipada especialmente para hacer frente a una
revuelta social de grandes dimensiones.

El conflicto empezó cuando el Gobierno anunció el cierre de la mina Cortonwood en Yokshire y


que seguirían otros 20 cierres más. Ian McGregor, presidente de la Junta del Carbón, afirmó que se
destruirían al menos 20.000 puestos de trabajo en esta reconversión. El NUM, con Arthur Scargill a la
cabeza, convocó inmediatamente una huelga sin dejar votar a los afiliados debido a las opiniones
encontradas que suscitaba la cuestión del cierre de explotaciones. A diferencia de las demandas
salariales, que todos los mineros apoyaban, los cierres significaban que algunos trabajadores
perderían su empleo mientras que los que trabajaban en otras minas podían sacar provecho de la
situación. Scargill era muy popular entre los mineros, especialmente los más jóvenes, que se sentían
atraídos a su estilo de acción militante en las negociaciones. Pronto surgieron diferencias entre las
filas del sindicato cuando los mineros de Nottinghamshire y otras zonas mineras no amenazadas
directamente por los cierres se negaron a unirse a los huelguistas. Enjambres de mineros se
desplazaban a las minas en un esfuerzo por cerrarlas, pero encontraron su camino cortado por miles
de policías. Muchos ingleses simpatizaban con los esfuerzos de los mineros de proteger sus empleos,
pero la mayoría se alinearon con el Gobierno debido a la violencia de los choques entre policía y
huelguistas, la preocupación por los daños económicos y el hecho de que el NUM no hubiera
convocado una votación nacional sobre la huelga.

A muchos les sorprendió la lealtad que expresaban los huelguistas por Scargill. Las comunidades
mineras, más que cualquier otra región donde vivían personas de la clase trabajadora, representaban
una manera tradicional de vivir que muchos ahora veían peligrar. Un periodista escribía: «Para la
mayoría de los mineros, fue una amenaza a lo que era suyo por derecho propio. Intuitivamente,
reconocieron en el cierre de los pozos –sus pozos– un ataque contra su patrimonio. Esto es lo que hizo
tan especial la disputa... No era sobre dinero... [ni] tampoco fue un conflicto tradicional con la
dirección... Fue una lucha contra los fríos contables que estaban intentando destruir “nuestro” modo
de vida»23.

Miembros del Partido Laborista movilizaron apoyos por todo el país a favor de la huelga, pero
muchos, incluyendo el nuevo líder del Partido, Neil Kinnock, no estaba muy de acuerdo en cómo se
llevaba la huelga. Aunque Kinnock simpatizaba con la situación de los mineros, temía que las tácticas
militantes de Scargill restaran el apoyo popular para los sindicatos y el Partido Laborista. Por su
parte, el TUC prometió que sus sindicatos afiliados marcharían «hombro con hombro» con el NUM,
pero este amplio apoyo sindicalista no se materializó.

La huelga duró un año. Miles de miembros y simpatizantes del NUM que intentaban cerrar las
minas abiertas fueron detenidos. El Gobierno gastó alrededor de 5.000 millones de libras para
combatir la huelga. El apoyo por la huelga empezó a erosionarse a principios de 1985, a medida que
los mineros, ya escasos de dinero, se incorporaron nuevamente a sus trabajos. Finalmente, el NUM
desconvocó la huelga sin haber ganado nada. La derrota del hasta entonces poderoso NUM llevó a
muchos a pensar que ningún sindicato tendría muchas posibilidades contra la política
antisindicalista.

23 Ibídem, pág. 15, énfasis en el original.

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La privatización. Entre 1979 y 1987, el Gobierno privatizó numerosos sectores y empresas


públicos y subcontrató servicios gubernamentales como los autobuses y la recogida de basuras
(Anexos 16 y 17). Como decía un ministro: «Miren, estamos hartos de ellos. Pierden ingentes
cantidades de dinero, tienen sindicatos bolcheviques y están demasiado subvencionados. Es casi
imposible hacer algo con ellos; por este motivo, nos vamos a deshacer de ellos»24. Pero no era una
tarea fácil. Cuando Thatcher llegó al poder en 1979, los sectores nacionalizados representaban el 10%
del PNB, un 15% de la inversión nacional y un 8% del empleo. El sector público, tanto industrial
como no industrial, representaba casi el 30% del empleo británico25. En 1983, la privatización también
se utilizó como un modo de obtener ingresos para un presupuesto gravemente afectado por tres años
de crisis. En 1984, la mayoría de privatizaciones se realizaron como ofertas públicas de acciones,
permitiendo al ciudadano medio convertirse en accionista. De este modo, Thatcher esperaba implicar
al público directamente en la revolución empresarial de los tories.

Muchos creían que el mercado libre fue el responsable del nuevo auge económico de Gran Bretaña
en los años ochenta. En 1987, Gran Bretaña consiguió la tasa de crecimiento económico más alta de
Europa. Sin embargo, algunos observadores señalaron que la economía todavía dependía del
petróleo del Mar del Norte. El petróleo del Mar del Norte había pasado de representar el 2,5% del
PNB en 1979 al 5,3% en 1983. Los ingresos tributarios provenientes de este sector habían aumentado
desde 562 millones de libras a 8.900 millones de libras durante el mismo período. El 27% de toda la
inversión industrial en Gran Bretaña en 1983 se destinó al petróleo del Mar del Norte, o el 7% de la
inversión total para la economía entera.

Otros observadores advirtieron que el acero, la construcción naval y la automoción (todos los
cuales todavía estaban nacionalizados en 1987) seguían estando deprimidos y con poca capacidad
para competir. No obstante, los sectores modernos de alta tecnología no habían abandonado Gran
Bretaña a su suerte. Se estaban estableciendo empresas más pequeñas y avanzadas en el sur,
especialmente en ciudades como Cambridge, donde los ingenieros y economistas universitarios
colaboraban conjuntamente en las nuevas empresas (Anexo 18).

Centralización del Gobierno


A pesar del dominio del Partido Conservador a nivel nacional, el Partido Laborista seguía siendo
mayoritario en los gobiernos locales, sobre todo en las diputaciones metropolitanas y en el Greater
London Council (GLC, órgano de gobierno local de Londres). Los gobiernos locales disfrutaban de
una sustancial autonomía cunado Thatcher llegó al poder. Sus gastos en bienes y servicios
representaban el 9,5% del PIB de Gran Bretaña y daban empleo a 2,9 millones de personas, muchas
más que el gobierno central26.

El GLC se convirtió en un baluarte de la oposición izquierdista a Thatcher, y seguía gastando en


servicios sociales a pesar del recorte de fondos practicado por la Administración central. También se
convirtió en un foro contra las nuevas políticas de Thatcher. Para hacer frente a tales desafíos y
promover el sector privado, el gobierno Thatcher extendió la privatización a los servicios sociales y
municipales; recortó las subvenciones gubernamentales e impuso techos sobre aumentos de los
impuestos locales (que anteriormente había sido prerrogativa del gobierno local), y restringía la toma
de decisiones a nivel local. Cuando estas medidas no lograron cambiar la actitud del GLC, el
Gobierno promulgó legislación para disolverlo en 1986.

24 Entrevista privada anónima Kavanagh, «Thatcherism and British Politics», págs. 220-221.

25 Ibídem, págs. 218-219.

26 The Economist, 19 de noviembre de 1983.

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El gobierno central también estableció un mayor control sobre la educación. Thatcher intensificó la
intervención gubernamental en las contrataciones en la enseñanza superior y se elaboraron planes
para instituir un nuevo plan nacional de estudios elegido principalmente por el gobierno central. La
demócrata social Shirley Williams, expresaba la opinión de muchos críticos del Gobierno cuando dijo:
«Gran Bretaña se está convirtiendo en un sociedad más autoritaria... La doctrina de la soberanía
parlamentaria se ha convertido en la doctrina de la soberanía del Ejecutivo en el Parlamento»27. Los
defensores entre las filas conservadores respondían que Thatcher simplemente estaba corrigiendo un
desequilibrio originado por la influencia prolaborista. También afirmaban que Thatcher había
aportado a los británicos una mayor libertad económica, puesto que en 1987 el 20% de los adultos
británicos poseían acciones y el número de propietarios de viviendas había alcanzado niveles
históricos28.

Las elecciones de 1987


Cuando se convocaron elecciones nacionales en 1987, el Partido Laborista retó a la Primera
Ministra Thatcher y a los conservadores, obteniendo mejores resultados en 1987 que en 1983, pero
Neil Kinnock no consiguió llevar el partido a la victoria. Aunque la parte del voto popular obtenida
por los conservadores había aumentado, su control sobre el Gobierno había disminuido
considerablemente. El 58% del electorado nacional había votado en contra de los conservadores. Sólo
8 de los 38 escaños en el País de Gales y 10 de los 72 escaños en Escocia estaban en manos de los
conservadores, y la oposición controlaba ahora todos los grandes ayuntamientos urbanos en las
ciudades del norte de Gran Bretaña, a excepción de uno29.

No obstante, muchos afirmarían que el margen de victoria de Thatcher confirmaba que tanto ella
como su partido eran más populares que nunca. Después de todo, gran parte de Gran Bretaña estaba
disfrutando de una nueva prosperidad, a pesar de que fuera a distintos niveles de renta. El 10% de
los trabajadores del país seguía sin empleo, pero Thatcher estaba convencida de que su enfoque
traería una renovación económica sostenida a Gran Bretaña.

27 Williams, Shirley, «The New Authoritarianism», The Political Quarterly, vol. 60, nº 1, enero de 1989.

28 The Wall Street Journal, 6 de octubre de 1988.

29 The Washington Post, 14 de noviembre de 1988.

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Anexo 1 Tasas de crecimiento del PNB (en porcentaje)

Reino Unido Francia Alemania Estados Unidos Japón


1950-1960 2,8 5,0 8,8 3,3 4,2
1960-1970 2,9 5,6 4,5 3,8 11,7
1970-1980 1,9 3,9 2,7 2,8 4,7
1980-1987 2,3 1,7 1,5 2,6 3,8

Fuente: FMI, «IMF Yearbook», 1987.

Anexo 2 Producción por hora-hombre en la fabricación (índice: 1977 = 100)

Reino Unido Francia Alemania Estados Unidos Japón


1950 45,7 22,7 19,3 51,1 9,4
1960 55,9 36,6 40,3 62,2 23,2
1970 80,4 70,0 71,2 80,8 64,8
1980 101,9 110,6 108,6 101,4 122,7
1987 148,1 141,2 132,4 132,4 170,5

Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistiscs, «International Comparisons of Manufacturing Productivity and Labor Cost Trends»,
Government Printing Office, Washington, D.C., 1987.

Anexo 3 Participación en las exportaciones mundiales (en porcentaje)

Reino Unido Francia Alemania Estados Unidos Japón


1950 10,6 5,2 3,3 17,3 1,4
1960 8,8 5,7 9,5 17,2 3,4
1970 6,7 6,2 11,8 14,9 6,7
1980 5,8 6,1 10,2 11,7 6,9
1987 5,6 6,3 12,5 10,6 9,8

Fuente: FMI, «International Financial Statistics, 1988».

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Anexo 4 Gobiernos y elecciones

Laboristas Conservadores Laboristas Conservadores Laboristas Conservadores


(Attlee) (Churchill/Eden/McMillan/Douglas-Hume) (Wilson) (Heath) (Wilson/Callaghan) (Thatcher)

1945 1950 1951 1955 1959 1964 1966 1970 1974 1974 1979 1983 1987
(Feb.) (Oct.)

Conservadores 39,8 43,5 48 49,7 49,4 43,4 41,9 46,4 37,9 35,8 43,9 42,4 43,3

Diputados 213 298 321 344 365 304 253 330 297 277 339 397 376

Laboristas 47,8 46,1 48,8 46,4 43,8 44,1 47,9 42,9 37,1 39,2 36,9 27,6 31,5

Diputados 393 315 295 277 258 317 363 287 301 319 269 209 229

Liberales 9,0 9,1 2,5 2,7 5,9 11,2 8,6 7,5 19,3 18,3 13,8 25,4 ª 23,1 ª

Diputados 12 9 6 6 6 9 12 6 14 13 11 23 22

Otros 3,4 1,3 0,7 1,2 0,9 1,3 1,6 3,2 5,7 6,7 5,4 4,6 2,1

Diputados 22 3 3 3 1 0 2 7 23 26 16 21 23

Fuente: Cook, Chris y John Paxton, «European Political Facts, 1918-1984», Facts on File Publications, Nueva York, 1986, págs. 186-189; The Economist, 20 de junio de 1987, pág. 60.

a Alianza con el Partido Democrático Social en 1983 y 1987.

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Anexo 5 Cambio en el porcentaje de votos conservadores entre 1979 y 1987

Escocia

Más de +1

+1 a -1

-1 a -5

-5 a -10

Más de -10

Gales

Londres

Fuente: The Economist, 20 de junio de 1987, pág. 60.

Anexo 6 Nivel de afiliación a los sindicatos y días de trabajo perdidos por huelgas

Días de trabajo perdidos


por huelgas
54 30

50 25
Porcentaje de afiliación a
las sindicatos como 20
46
porcentaje del empleo total
15
42

10
38

0
1945

1948

1950

1952

1954

1956

1958

1960

1962

1964

1966

1968

1970

1972

1974

1976

1978

1980

1982

1984

1986

1988

1945 48 50 52 54 56 58 60 62 64 66 68 70 72 74 76 78 80 82 84 86 88

Fuente: The Economist, 29 de abril de 1989, pág. 57.

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Anexo 7 Desempleo, inflación y salarios (en porcentaje)

Precios al
Precios al consumo en la Salarios en la
Desempleo en la consumo en Comunidad Salarios en Comunidad
Desempleo en Comunidad Reino Unido Europea (9) Reino Unido Europea (9)
Reino Unido Europea (9) (tasa de crecimiento (tasa de crecimiento (tasa de crecimiento (tasa de crecimiento
(media anual) (media anual) anual compuesta) anual compuesta) anual compuesta) anual compuesta)

1950-1960 1,6 3,0 3,3 2,5 5,7 4,4

1960-1970 1,9 2,1 4,1 3,4 6,1 7,5

1970-1980 4,4 4,1 13,7 8,6 15,5 11,3

1980-1987 10,5 9,6 6,2 6,4 9,5 7,7

Fuente: «European Economy», 1988, pág. 150; FMI, International Financial Statistics, 1988; OCDE, «Manpower Statistics», 1950-1962.

Anexo 8 Crecimiento de la masa monetaria, tipos de interés y tipos de cambio (en porcentaje)

Tasa de Tipo de los Tasa de cambio dólar/


crecimiento M1 bonos del Tesoro 1 libra esterlina

1970 9,4 7,0 2,4


1971 15,0 5,6 2,4
1972 14,2 5,5 2,5
1973 5,1 9,3 2,5
1974 10,8 11,4 2,3
1975 18,6 10,2 2,3
1976 11,4 11,1 1,8
1977 20,8 7,7 1,7
1978 16,3 8,5 1,9
1979 9,1 12,9 2,1
1980 4,0 15,1 2,3
1981 17,7 13,0 2,0
1982 11,3 11,5 1,8
1983 11,1 9,6 1,6
1984 15,4 9,3 1,3
1985 18,1 11,6 1,3
1986 22,1 10,4 1,5
1987 22,8 9,3 1,6

Fuente: FMI, International Financial Statistics, 1988; Central Statistical Office, «Economic Trends», págs. 153-154.

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Anexo 9 Cuentas de la renta nacional (datos en precios de 1980 - mil millones de libras)

1952 1964 1970 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1986 1987
Consumo privado 67,8 98,6 110,7 127,3 124,8 124,6 137,2 137,2 144,5 152,3 160,5 168,7
Consumo público 32,1 34,6 38,5 43,1 46,4 46,2 48,3 49,2 50,6 51,1 52,0 52,5
Formación bruta de capital 14,6 31,6 40,1 43,4 41,5 41,5 43,9 37,6 41,6 46,9 47,3 49,9
Aumento en los stocks 0,2 3,4 1,4 5,3 –2,6 2,4 2,5 –2,4 1,0 0,4 0,4 0,4
Exportaciones 19,5 29,1 41,3 49,5 51,6 60,2 63,6 63,0 65,1 73,4 76,2 80,5
Importaciones 18,5 32,1 41,1 52,9 49,7 52,9 60,2 56,4 63,0 71,0 75,6 81,2
PIBa 113,7 164,4 190,0 215,5 211,9 221,9 235,3 228,1 239,8 252,9 260,7 270,5

Deflactor del PIB (1980 = 100) 13,2b 20,3 27,1 34,3 50,2 65,6 83,4 111,6 125,9 139,3 144,2 151,0

Población (millones) 50,4 53,9 55,4 55,9 55,9 55,9 55,9 56,4 56,4 56,6 56,8 56,9

Componentes en porcentaje de la formación bruta de capital:

Construcción residencial n.d. n.d. 17,3 18,9 22,3 21,1 20,7 19,7 21,5 20,0 21,9 n.d.
Construcción no residencial n.d. n.d. 31,0 31,6 33,4 28,3 26,1 30,2 27,3 24,9 24,9 n.d.
Maquinaria, equipos y
transporte n.d. n.d. 51,6 49,6 44,4 50,6 53,2 50,1 51,2 55,1 53,2 n.d.
Ahorro familiar neto en
porcentaje de la renta
familiar disponible 3,9 9,0 9,4 10,8 12,3 10,4 13,0 13,1 10,6 9,3 7,4 5,6

Fuente: FMI, «International Finance Statistics Yearbook, 1988»; OECD, «National Accounts: Main Aggregates», vol. I, 1952-
1981; OECD, «National Accounts: Main Aggregates», vol. I., 1960-1987.

a La suma de las cifras puede no cuadrar con el total debido al redondeo.


b Interpolación sobre la base de datos de 1950 y 1955.

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Anexo 10 Precios actuales, miles de millones de libras (en porcentaje)

1964 1966 1970 1974 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985

Gastos totales 9,8 12,1 18,2 33,3 76,2 93,4 104,7 116,9 127,2 132,3 145,8

De los cuales:
Servicios públicos generales --- --- 8,9 9,5 8,3 8,5 8,5 8,4 8,2 8,5 8,2
Defensa 20,5 18,3 13,6 12,3 11,5 12,3 12,1 12,4 12,5 13,0 12,5
Educación 14,6 14,8 15,0 15,0 13,1 13,7 13,7 13,1 12,9 12,9 12,0
Sanidad 11,3 11,3 11,1 11,8 11,2 12,5 12,8 12,0 12,5 12,7 12,3
Seguridad social y prestaciones sociales --- --- 26,1 25,6 32,9 30,4 33,3 34,6 34,5 35,9 35,6
Vivienda e instalaciones públicas municipales --- --- 8,6 10,9 8,8 7,7 5,7 4,4 5,5 6,0 5,1
Otros servicios municipales --- --- 1,1 1,5 1,4 1,5 1,5 1,5 1,5 1,6 1,5
Otras aplicaciones 53,6 15,6 13,3 12,8 13,5 12,4 13,6 12,4 9,4 12,9

Total ingresos 9,4 11,6 19,1 29,4 65,1 82,4 92,3 107,8 113,7 122,1 133,9
Superávit/(déficit) financiero -0,4 -0,5 0,9 -3,8 -11,2 -10,8 -12,4 -9,1 -13,5 -10,2 -11,8

Fuente: FMI, «Government Finance Statistics Yearbook, 1987», pág. 953; OCDE, «National Accounts: Detailed Tables», vol. 1,
1964-1981; vol. 2, 1980-1987.

Anexo 11 Exportaciones de Reino Unido

20

15

10 Exportaciones de servicios (neto)

5
Millardos de dólares

-5 Exportaciones de mercancías
(neto)
-10

-15
Mercancías excluyendo
-20 petróleo (neto)

-25
1960 1965 1970 1975 1980 1985

Fuente: FMI, «International Financial Statistics Yearbook, 1989»; Central Statistical Office, «Annual Abstract of Statistics», 1988.

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Anexo 12 Balanza de pagos en cuenta corriente de Reino Unido (como porcentaje del PNB)

40

Capital a corto plazo


30

20
Millardos de dólares

10

-10
Inversión directa

-20
Inversión en valores
-30

1965 1970 1975 1980 1985

Fuente: FMI, «International Financial Statistics Yearbook, 1989».

Anexo 13 Balanza exterior. Cuenta corriente de Reino Unido (como porcentaje del PIB)

3,0

2,0

1,0

0,0
Porcentaje

-1,0

-2,0

-3,0

-4,0

1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985

Fuente: FMI, «International Financial Statistics Yearbook, 1989».

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Anexo 14 Índice de producción manufacturada (1985 = 100)

120

110

100

90

80
Índice

70

60

50

40

1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985

Fuente: Central Statistical Office, «Economic Trends», suplemento anual, 1989, pág. 93.

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Anexo 15 Distribución de la renta (porcentaje de la renta familiar total)

Grupo de renta familiar 1957 1964 1970 1974 1979 1985


10% superior 25,4 25,3 24,1 23,2 23,4 26,5
II 15,3 15,3 15,9 15,8 16,3 16,6
III 12,5 12,6 12,9 13,2 13,5 13,0
IV 10,7 10,8 11,2 11,4 11,3 10,4
V 9,4 9,3 9,7 9,4 9,3 8,6
VI 8,1 8,1 8,3 7,8 7,7 7,1
VII 7,0 7,0 6,9 6,4 6,4 6,0
VIII 5,7 5,6 5,3 5,3 5,1 4,9
IX 3,9 3,8 3,6 4,4 4,1 4,2
10% inferior 2,0 2,2 2,1 3,1 2,9 2,7

Fuente: Central Statistical Office, «The Distribution of Household Income in the United Kingdom, 1957-1972», Central
Statistical Office, «Economic Trends», mayo de 1978, pág. 90; julio de 1984, pág. 97.

Anexo 16 Los resultados de las empresas del sector público (cambios porcentuales en la tendencia
anual en producción per cápita)

1968-1973 1973-1978 1978-1985


British Rail 2,7 –1,2 3,9
British Steel 2,5 –2,7 12,6a
Correos –1,4 –1,2 2,3
British Telecom 7,7 8,6 5,8b
British Coal 0,0 –1,4 4,4
Electricidad 8,7 1,9 3,9
British Gas 10,8 6,2 3,8
National Bus 1,9 –3,0 2,1
British Airways 7,7 5,7 6,6c

Fuente: Molyneux, R. y D. Thompson, «Nationalised Industry Performance: Still Third-Rate?», Fiscal Studies 9, págs. 58-59
(febrero de 1987), citado en OCDE, «Economic Surveys», United Kingdom, 1987-1988, pág. 68.

a 1981-1982 a 1985-1986.
b 1979-1980 a 1985-1986.
c 1978-1979 a 1984-1985.

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Anexo 17 Programa de privatizaciones (ventas de privatizaciones, 1979-1980 a 1986-1987)a


(millones de libras)

Total

1979-1980 British Petroleum 276


Otros 94 370
1980-1981
British Aerospace 43
Licencias para la explotación de yacimientos petrolíferos en el Mar del Norte 195
Otros 167 405
1981-1982
British Sugar Corporation (24%) 44
Cable and Wireless (49%) 181
Amersham International (100%) 64
Otras 204 493
1982-1983
Britoil (51%) 334
Associated British Ports (51%) 46
International Acradio (100%) 60
British Rail Hotels (67%) 30
Licencias para la explotación de yacimientos petrolíferos en el Mar del Norte 33
Otros 75 578
1983-1984
British Petroleum (7%) 543
Cable and Wireless (31%) 263
Britoil (41%) 293
Otros 58 1.157
1984-1985
Associated British Ports (49%) 51
British Gas (Wytch Farm Oil) (100%) 82
Enterprise Oil (100%) 382
Sealink (61%) 40
Jaguar (100%) 297
National Enterprise Board Holdings 142
Licencias para la explotación de yacimientos petrolíferos en el Mar del Norte 121
British Telecom (34%) 1.396
Otros 40 2.551
1985-1986
British Aerospace 346
Cable and Wireless (68%) 576
Britoil (59%) 426
British Telecom 1.307
Astilleros para la construcción de buques de guerra 54
Otros 78 2.787
1986-1987b
British Airways (51%) 431
British Gas (35%) 1.796
Deuda de British Gas 750
British Telecom (34%) 1.387
Otros 125 4.489

Fuente: OCDE Economic Surveys, «United Kingdom», 1987, pág. 68.

a Incluyendo ingresos de las ventas de filiales desde 1982-1983 en adelante.


b Estimadas parcialmente.

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Anexo 18 Resultados comparativos de las exportaciones según nivel de tecnología, 1970-1986

Reino R.F. de Estados


Unido Francia Alemania Unidos Japón
Porcentaje de las exportaciones de la OCDE
1970 9,2 8,2 16,7 17,8 9,7
1980 8,9 9,5 16,8 15,4 11,9
1986 7 8,4 18,1 13,2 16,2

Índice de ventaja comparativa revelada (media


OCDE = 100)

Productos de alta tecnologíaa


1970 105 86 97 158 124
1980 122 82 93 157 142
1986 127 84 81 166 149

Productos de tecnología mediab


1970 117 94 125 110 78
1980 108 99 118 107 105
1986 96 97 120 92 109

Productos de tecnología bajac


1970 82 110 76 64 114
1980 80 109 83 64 76
1986 86 114 86 64 55

Fuente: OCDE, «Directory for Science, Technology and Industry», Industrial Outlook, 1987.

Nota: El índice de ventaja comparativa revelada para el país A y los productos de tipo X se define como:

Participación de X en las exportaciones de productos manufacturados del país A


100 × ––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Participación de X en las exportaciones de productos manufacturados de todas las
naciones de la OCDE

Como resultado, este índice supera 100 cuando el país A exporta proporcionalmente más
productos X que la media de todas las naciones de la OCDE. En general, cuanto mayor es el
índice, mayor es la ventaja comparativa del país en ese producto. Por ejemplo, la tabla muestra
que la ventaja comparativa de Estados Unidos en productos de alta tecnología disminuyó
ligeramente entre 1970 y 1980, pero volvió a subir entre 1980 y 1986.
a Aeroespacial, máquinas de oficina, ordenadores, componentes electrónicos, productos farmacéuticos, instrumentos y
maquinaria eléctrica.
b Equipos de transporte, productos químicos, maquinaria no eléctrica, caucho, plásticos y metales no ferrosos.
c Cerámica y vidrio, alimentos y bebidas, construcción naval, refinería del petróleo, metales ferrosos, productos metálicos
fabricados, papel, productos de madera, cuero y textil.

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