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Tutela procesal civil de los derechos fundamentales

Amparo ordinario y constitucional


Dispone el art. 53.2 CE que todos los ciudadanos podrán recabar la tutela de los
derechos fundamentales "ante los Tribunales ordinarios por un procedimiento basado en
los principios de preferencia y de sumariedad y, en su caso, a través del recurso de
amparo ante el TC".

Principio de subsidiariedad en la protección de los derechos fundamentales, según el


cual, en materia de derechos fundamentales, ostentan los Juzgados y Tribunales
ordinarios la "primera palabra", en tanto que al TC le asiste la "última".

Por consiguiente, nuestro sistema de tutela de los derechos fundamentales se caracteriza


por tener que acudir el ciudadano, en primer lugar, a su Juez legal ordinario a fin de
obtener la protección de su derecho fundamental vulnerado y, si no obtuviera de él la
tutela, habrá de reproducir su pretensión ante los Tribunales superiores del Poder
Judicial hasta agotar dentro de la Jurisdicción ordinaria los medios de impugnación (art.
44.1.a LOTC). Tan sólo cuando su petición de restablecimiento del derecho
fundamental vulnerado no fuera atendida por el Poder Judicial estará facultado para
recurrir en amparo ante el TC.

Subsiste, así, en nuestro ordenamiento dos tipos de amparo, el ordinario y el


constitucional.

El amparo civil ordinario


Procedimiento adecuado

A fin de dar cumplimiento a las exigencias de "preferencia" y de "sumariedad",


establecidas en el art. 53.2 de la CE, la Ley 62/1978 de Protección Jurisdiccional de los
Derechos Fundamentales de la Persona (LPJDF) instauró tres conjuntos de "garantías
jurisdiccionales", procedimientos especiales, penal, civil y contencioso-administrativo.
Sin embargo, las sucesivas reformas de nuestras leyes procesales han dejado sin
contenido a la mencionada LPJDF.

Olvidó el legislador instaurar similar procedimiento en la esfera laboral. Hubo que


esperar hasta la promulgación de la Ley del Procedimiento Laboral de 1990 para su
instauración.

El proceso especial de amparo civil, común a todos los derechos fundamentales


(salvedad hecha de los derechos al honor, intimidad y propia imagen, y de rectificación)
se encuentra, pues, previsto en el art. 249.1.2º de la LEC.

La pretensión civil de amparo

Pretensión civil de amparo: es la petición de reconocimiento y de restablecimiento de un


derecho fundamental, fundada en su violación por un particular y sustanciada en normas
del Derecho Constitucional de incidencia en el Derecho Privado. Notas fundamentales
del objeto procesal:

La petición

La petición de las pretensiones de amparo, carácter mixto, son: declarativo y de


condena. Así establece el art. 55.1 LOTC "La sentencia contendrá alguno o algunos de
los pronunciamientos siguientes": a) Declarativa: "reconocimiento del derecho o
libertad pública, de conformidad con su contenido constitucionalmente declarado" y
"declaración de nulidad de la decisión, acto o resolución que hayan impedido el pleno
ejercicio de los derechos o libertades protegidos, con determinación en su caso de la
extensión de sus efectos"; y, b) De condena: "restablecimiento del recurrente en la
integridad de su derecho o libertad con la adopción de las medidas apropiadas, en su
caso, para su conservación".

De lo dicho se infiere [deduce] que, tanto en el amparo ordinario, como en el


constitucional, no tienen cabida las pretensiones declarativas "puras", porque la función
de los Tribunales, en esta materia, no puede quedar limitada a efectuar declaraciones
teóricas sobre la existencia de los derechos fundamentales, cuya efectividad está
suficientemente proclamada por la propia CE (arts. 9.1 y 10.1). Sin embargo, aunque no
sea lo usual, sí podría utilizarse el amparo para la preservación de un derecho
fundamental, cuyo ejercicio pudiera fundadamente estimarse en peligro, y así lo declara
el art. 41.3 LOTC, en cuya virtud "en el amparo constitucional no pueden hacerse valer
otras pretensiones que las dirigidas a restablecer o preservar los derechos o libertades
por razón de los cuales se formuló el recurso".

La fundamentación fáctica

La causa petendi de la pretensión de amparo viene determinada por la vulneración,


cometida por los particulares, de un derecho fundamental. Al proceso de amparo tan
sólo cabe acudir cuando se ha producido la violación de alguno de los derechos
especialmente protegidos por la CE, catálogo de derechos fundamentales, como objeto
del amparo los previstos en los arts. 14-29 y 30.2.

La vulneración del derecho fundamental, como regla general, ha de proceder de un


órgano del Estado, pues el recurso de amparo surgió en la Historia para proteger al
ciudadano frente a las vulneraciones de los derechos fundamentales cometidas por el
Poder Ejecutivo.

La diferencia de la pretensión civil de amparo con las penales, administrativas y


laborales radica en que el causante de la lesión o persona contra quien se dirige la
pretensión es siempre "un particular".

En la pretensión civil de amparo ordinario, el causante de dicha vulneración no es un


poder público (Ejecutivo, Legislativo o Judicial) del Estado, sino un particular. Podría
suceder que el causante de dicha vulneración fuera un funcionario o autoridad pública,
pero, en tal caso, el amparo "civil" ordinario tan sólo resultaría procedente, si dicha
autoridad pública actuara despojada de su potestad de imperio, porque, en cualquier otro
caso, el procedimiento para enjuiciar el amparo ordinario ha de ser el contencioso-
administrativo de la LJCA y no el civil contemplado en la LEC. Así, pues, al proceso
civil de amparo, tan sólo cabe acudir cuando el sujeto causante de la lesión actúe
sometido a las normas del Derecho Privado.

Dicha vulneración, cuando se invoca, por vez primera, ante los Tribunales ordinarios
puede efectuarse mediante la individualización del derecho fundamental material
infringido (el derecho al honor, la libertad de expresión, etc.) por un particular, y ello,
porque, aun cuando el causante de la lesión sea un ciudadano, en el amparo ordinario
rige la teoría de la eficacia inmediata de los derechos fundamentales.

Ahora bien, si el Poder Judicial no satisficiera la pretensión de amparo, la invocación de


la lesión ante el TC habrá de efectuarse mediatamente también como vulneración del
derecho a la tutela, esto es, en calidad de amparo judicial ordinario y como violación del
art. 24.1 CE porque el art. 41.2 LOTC impide demandar en amparo exclusivamente a un
particular y cuando el Juez ordinario no protege el derecho fundamental infringe dicho
Juez el derecho a la tutela.

La individualización jurídica

Todas las pretensiones de amparo han de estar sustanciada en la CE. Los arts. 41.1 y
43.3 LOTC; dispone, en este sentido que "el recurso sólo podrá fundarse en la
infracción por una resolución firme de los preceptos constitucionales que reconocen los
derechos o libertades susceptibles de amparo".

Pero el amparo civil ofrece la singular característica de que tales normas


constitucionales han de tener una incidencia directa en el Derecho Privado, este segundo
requisito (art. 249.1.2º LEC). Así, pues, tan sólo cuando no sea un delito, un acto
administrativo o laboral los causantes de la lesión, será procedente el amparo civil
ordinario. Ahora bien, dicha lesión es preciso que se acometa mediante actos externos y
anteriores al proceso.

Si la vulneración se produce por un Juez civil en la esfera del proceso, bien mediante la
vulneración de una norma constitucional de carácter material (así, el principio de
igualdad del art. 14 CE en la aplicación de una norma civil o el derecho a la
inviolabilidad del domicilio del art. 18.2 CE en una entrada civil, dictada al amparo de
la "diligencia preliminar"), bien de una norma constitucional procesal (por ej. todas las
del art. 24 CE), en realidad no nos encontramos ante una pretensión "civil", sino ante un
amparo judicial ordinario del art. 44 LOTC. Las únicas violaciones evidenciables ante el
amparo civil ordinario son las de las normas tuteladoras de derechos fundamentales que
tengan una incidencia directa en el Derecho Civil.

Los principales exponentes de la pretensión civil de amparo lo constituyen la


vulneración del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen
del art. 18.1 y la del derecho de asociación del art. 22.

Legitimación

Activa

Ostentan legitimación activa para interponer la pretensión de amparo y comparecer en el


proceso en calidad de parte principal los sujetos de derecho que ostenten un interés
legítimo en el restablecimiento del derecho fundamental vulnerado (art. 249.1.2º LEC,
en relación con los art. 24.1 y 162.1.b CE).

Art. 24 CE "Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces
y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún
caso, pueda producirse indefensión". Art. 162.1.b CE "Para interponer el recurso de
amparo, toda persona natural o jurídica que invoque un interés legítimo, así como el
Defensor del Pueblo y el Ministerio Fiscal". Art. 249.1.2º LEC "Las que pretendan la
tutela del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, y las que pidan la tutela
judicial civil de cualquier otro derecho fundamental, salvo las que se refieran al derecho
de rectificación. En estos procesos, será siempre parte el MF y su tramitación tendrá
carácter preferente".

Los particulares

El silencio del art. 249.1.2º implica la remisión a las normas generales sobre la
capacidad para ser parte, que sí incluyen a los entes sin personalidad jurídica (art. 6.1.5º
LEC). Y, en segundo lugar, la directa aplicación de lo dispuesto en los arts. 24.1 y
162.1.b CE, al conferir la legitimación activa a todo sujeto de derecho titular de un
"interés legítimo".

El Ministerio Fiscal

El MF goza en todos estos procedimientos de una doble legitimación:

 Por sustitución, en el caso de los menores y personas desvalidas con respecto a


las cuales se produzcan la violación de un derecho fundamental, y
 Originaria, en su calidad de defensor de las normas constitucionales tuteladoras
de los derechos fundamentales (lo que, con independencia de su cualidad de
parte, lo convierte en un amicus curiae). Puede interponer con autonomía la
pretensión de amparo, está facultado para oponerse a los actos de disposición de
la pretensión y puede efectuar la totalidad de los actos de alegación, prueba e
impugnación con independencia de los titulares del derecho fundamental.

El Defensor del Pueblo

También está legitimado "ex Constitutione" el Defensor del Pueblo con la legitimación
originaria (y, por tanto, con estatus de parte principal).

Pasiva

La legitimación pasiva la asume el particular causante de la lesión, frente al cual se


interpone la pretensión de amparo.

 En el amparo civil ordinario: el sujeto pasivo es un particular.


 En el amparo constitucional: el sujeto pasivo es un "poder público del Estado".

Competencia
La competencia objetiva la ostentan los Juzgados de Primera Instancia (art. 45 LEC), y
la territorial los del "domicilio del demandante, y cuando no lo tuviere en territorio
español, el tribunal del lugar donde se hubiera producido el hecho que vulnere el
derecho fundamental de que se trate".

Dos fueros legales imperativos y determinantes de la competencia territorial: el fuero


del domicilio del actor, siempre que lo tenga en España, y, en su defecto, el de la
comisión del hecho lesivo del derecho fundamental (forum delicti commissi), esto es, la
demarcación judicial en cuyo lugar se haya producido la vulneración.

Procedimiento

El procedimiento es el del juicio ordinario de la LEC (arts. 249.1.29 y 339 y ss.),


preferencia en su tramitación y ejecución provisional (art. 524.5 LEC).

El proceso civil de amparo especial del derecho al


honor, la intimidad y la propia imagen
La tutela de tales derechos fundamentales consagrados en el art. 18.1 de la CE se
encuentra regulados por la LO 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la
Intimidad personal y familiar y a la propia Imagen (LODH).

Art. 18.1 CE "Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la


propia imagen". Art. 18.2. CE "El domicilio es inviolable...".

Objeto procesal

En objeto procesal suelen discutirse no uno sino dos derechos fundamentales en


conflicto: el derecho al honor, a la intimidad o a la propia imagen del ciudadano (art.
18.1 CE), y en de otro el derecho a la información, libertad de expresión o ideológica
(arts. 20 y 16.1 CE), del autor de aquella supuesta lesión que, en la práctica, suele ser
algún profesional de la información.

En la historia de la jurisprudencia de nuestros Tribunales sobre la protección de tales


derechos fundamentales pueden señalarse tres fases o etapas decisivas:

1. Fase de tutela hegemónica del derecho al honor, que se extiende desde la


promulgación de la CE hasta la publicación de la STC 104/1986, y que se
caracterizaba por una tutela exclusiva del derecho al honor.
2. Fase de tutela hegemónica de las libertades de información y expresión: dicha
etapa se extiende desde la STC 104/1986 hasta la publicación de la STC de 1990
y, como reacción a la doctrina anterior, se caracteriza por invertir la regla y
conferir a las libertades del art. 20 una situación hegemónica (hasta el punto de
privar de protección al derecho al honor). Esta doctrina constitucional aparece
como consecuencia de la importación de la jurisprudencia del TEDH plasmada
en el caso LlNGENS; la doctrina se fundamenta en el principio de
proporcionalidad y en el papel preponderante que juega la libertad de expresión
en un sistema democrático en el que contribuye a la formación de una opinión
pública libre y plural, lo que justificaría, caso de conflicto, siempre el sacrificio
del derecho al honor o a la intimidad.
3. Fase de prevalencia condicionada de las libertades de información y de
expresión: en que la anterior doctrina sobre la prevalencia de la libertad de
expresión permanece vigente, pero el ejercicio de las libertades del art. 20 no
pueden llevar al sacrificio de los derechos del art. 18.1. Esta corrección de la
anterior doctrina se inicia con la STC 1990, los derechos en conflicto, con
arreglo al principio de proporcionalidad, a fin de decidir cuál ha de ser el
prevalente y cuál el objeto de sacrificio.

La pretensión ordinaria de amparo ha de estar sustanciada en la violación de alguno de


los derechos fundamentales del art. 18.1 de la CE. Pero, frente a la misma, el
demandado puede oponer, en calidad de defensa material y como causa de justificación
de la intromisión en el honor, intimidad o imagen del demandante, el libre ejercicio de
alguna de las libertades de los arts. 16.1 ó 20 de la CE (libertad ideológica, de
información o de expresión). En tal supuesto, el demandado, más que una actitud
meramente defensiva, en realidad lo que hace es incorporar al proceso un nuevo objeto
o pretensión de amparo de su libertad fundamental, en su opinión vulnerada, es decir, lo
que efectúa es una reconvención implícita de una segunda pretensión civil de amparo,
que debiera ser objeto de contestación y de articulación de la oportuna actividad
probatoria por el primitivo demandante.

Por esta razón, si en este conflicto entre el ejercicio de dos derechos fundamentales, el
Juez decidiera tutelar alguno de los derechos del art. 18.1, podrá el demandado-
condenado invocar la violación de su libertad ideológica, de información o de expresión
y ejercitar, contra la sentencia, los medios de impugnación, incluido en última instancia
el recurso constitucional de amparo, transformándose de esta manera el amparo civil
ordinario en un amparo "judicial" del art. 44 LOTC

Legitimación

Activa

Legitimación activa: los particulares titulares de tales derechos fundamentales y, en su


caso, el MF.

Los particulares

Pueden interponer la pretensión de tutela del derecho al honor, la intimidad y la propia


imagen todos los particulares legitimados para la interposición de la pretensión civil de
amparo que ostenten la titularidad originaria o por sucesión testada o intestada de
alguno de los derechos del art. 18.2.

A ninguna otra persona, fuera del titular del derecho al honor [se refiere a todos los
derechos del art. 18.1 CE], se le puede otorgar interés legítimo para instar judicialmente
su restablecimiento. Ello es así, como consecuencia del carácter personalísimo, el
derecho al honor es "irrenunciable, inalienable e imprescriptible". El titular del derecho
al honor goza del más amplio dominio sobre la pretensión (civil y penal).
Todas las personas físicas, los incapaces y las personas fallecidas gozan de legitimación
activa.

Con respecto a éstas últimas, la legitimación activa se efectúa mediante la "sucesión"


procesal prevista en los arts. 4-6 LODH. Esta sucesión legal contempla la sucesión
testada y la intestada, tanto la sucesión de acciones cuanto la de pretensiones.

La legitimación activa de las personas jurídicas constituye uno de los extremos más
polémicos de la tutela de los derechos del art. 18.1 CE. La tesis clásica de la
jurisprudencia ha sido la de conferir dicha legitimación activa; pero, este criterio cambió
con la STC 107/1988, el TS cambió su jurisprudencia partiendo del carácter
personalísimo del derecho al honor; y, por consiguiente, tanto la jurisprudencia del TS,
como un sector doctrinal negaron la legitimación a las personas jurídicas.

Hay que tener en cuenta, de lege data [ex lege ferenda: relativo a la ley deseable; y ex
lege data: relativo a la ley existente], ni la CE, ni las Leyes ordinarias, no sólo no
prohíben, sino que autorizan la legitimación activa de las personas jurídicas para la
defensa de su derecho al honor vulnerado. Así, la propia LODH, en su art. 4 faculta al
testador a designar a una "persona jurídica" y la propia LO 1/1982 se remite a lo
dispuesto en el art. 12.1 LPJDF que manifiestamente confería legitimación activa a las
personas jurídicas para la interposición de la pretensión civil de amparo.

En la práctica, STEDH otorgó legitimación activa a una persona jurídico pública; y en


STC 214/1991 había legitimado a los miembros de etnias y colectividades de
extranjeros para accionar en defensa del honor del grupo, con lo que se llegó a admitir
las "acciones de grupo", es decir, la de entes sin personalidad jurídica para la defensa de
los "intereses difusos".

Tanto al TS como al TC rectifica y vuelve a la doctrina clásica, es decir, a otorgar a las


personas jurídicas la más amplia legitimación activa en la tutela del derecho al honor.

El MF aquí carece de legitimación originaria, estando facultado exclusivamente al


ejercicio de la acción por sustitución procesal en interés de los incapaces o de las
personas fallecidas cuando no concurra sucesión testada o intestada para el ejercicio de
la acción.

Pasiva

La legitimación pasiva la tiene el causante (un particular: persona física o jurídica) de la


intromisión ilegítima en el derecho al honor, intimidad o propia imagen. Respecto de la
responsabilidad de los medios de comunicación por la difusión de informaciones
atentatorias al honor, el TS ha recordado que la misma tiene carácter "solidario", lo que
supone que el perjudicado puede demandar a cualquiera de los solidarios o a todos ellos,
a su elección; no existe, pues, ningún litisconsorcio pasivo necesario Litisconsorcio:
cuando en un litigio aparecen varios sujetos en una o ambas partes.

Litisconsorcio pasivo: cuando un solo actor se dirige frente varios demandados.

Prejudicialidad
Dispone el art. 1.2 de la LODH que "el carácter delictivo de la intromisión no impedirá
el recurso al procedimiento de tutela judicial [...]. En cualquier caso, serán aplicables los
criterios de esta Ley para la determinación de la responsabilidad civil derivada de
delito".

Debido a la circunstancia de que las vulneraciones más graves de los derechos


fundamentales del art. 18.1 CE están tipificadas como delito (injuria, calumnia,
descubrimiento y revelación de secretos...), suelen ocurrir no pocos problemas sobre las
relaciones proceso penal y proceso civil dé amparo, los cuales son susceptibles de ser
reconducidos a los siguientes supuestos:

 Incoación de proceso penal con acumulación de la pretensión civil. Si se ha


incoado un proceso penal y el perjudicado no ha reservado en el mismo el
ejercicio de la acción civil, la Sentencia penal que recaiga producirá también
efectos de cosa juzgada en su parte civil dispositiva, por lo que no podrá
suscitarse, ni paralela, ni posteriormente proceso civil de amparo alguno.
 Incoación de proceso penal con reserva de la acción civil Arts. 111 y 112.1
LECRIM en cuya virtud puede el ofendido efectuar dicha reserva. Pero, en tal
caso, no podrá incoarse hasta que recaiga sentencia firme en el proceso penal.
 Incoación de un proceso civil por hechos subsumibles en un delito privado Art.
112.2 LECrim que "si se ejercitase sólo la (acción) civil que nace de un delito de
los que no pueden perseguirse sino en virtud de querella particular, se
considerará extinguida la acción penal". Por delitos, que han de ser perseguidos
"en virtud de querella particular", tan sólo cabe entender los delitos privados y
no los semipúblicos, que únicamente requieren la interposición de denuncia por
el ofendido. En tales casos, por el mero ejercicio de la acción civil el legislador
entiende que existe una renuncia presunta del ofendido al ejercicio de la acción
penal que queda extinguida.
 Incoación de un proceso civil por hechos subsumibles en un delito semipúblico
La redacción dada al art. 1.2 de la LODH, así como la conversión dada por el CP
a los delitos relacionados con el art. 18.1 CE en semipúblicos (y, por tanto,
necesitados de la previa interposición de denuncia por parte del ofendido por el
delito, salvo el caso del epígrafe anterior), han puesto fin a la criticable situación
anterior, en la cual el ofendido gozaba de la doble vía jurisdiccional, la penal o
la civil; pero, si se decantaba por la vía civil, podía quedar en suspenso el
proceso declarativo, si el Juez decidía a limine, como era su obligación, deducir
testimonio, en cuyo caso no podía dictar sentencia hasta que se resolviera la
cuestión prejudicial penal, pudiéndose producir esta suspensión durante la
casación, es decir, una vez recorridas dos instancias, con las dilaciones que ello
suponía.

En la actualidad, la obligación judicial de suspender el proceso civil por apreciar una


cuestión prejudicial penal no comprende, pues, estos supuestos relacionados con el art.
18.1 CE, por así imponerlo el mencionado art. 1.2 LODH, y, consiguientemente, la
víctima de la intromisión ilegítima podrá acudir directamente al proceso civil de amparo
sin el temor de que el juzgador proceda a suspender el procedimiento y le remita al
proceso penal en contra de su voluntad.

Procedimiento adecuado
Al igual que el amparo civil, el único procedimiento adecuado para deducir esta
pretensión es el juicio ordinario de la ley procesal común (art. 249.1.2º). El plazos
respecto del tiempo para iniciar este amparo especial: "4 años desde que el legitimado
pudo ejercitarlas".

Medidas cautelares

Art. 9.2 contempla todo un conjunto de medidas cautelares innominadas destinadas a


obtener "el cese inmediato de la intromisión ilegítima", de entre las que pueden
entenderse incluidas "el secuestro de las publicaciones" al que se refiere el art. 20.5 CE.

Sentencia

Junto al reconocimiento del derecho fundamental vulnerado, la Sentencia habrá de


adoptar las medidas necesarias para su restablecimiento que, si se tratara del derecho al
honor, a la intimidad o a la propia imagen, pueden contener el cese inmediato de la
intromisión ilegítima, el reconocimiento del derecho de réplica, la difusión de la
sentencia y la condena a la indemnización de daños y perjuicios (art. 9.2), la cual
contendrá, además del daño emergente, el "daño moral", para lo cual habrá de valorarse
la "difusión o audiencia del medio a través del que se haya producido" (art. 9.3).

Con independencia de tales requisitos legales, la doctrina legal del TC exige un peculiar
deber de motivación derivado, no sólo del deber de tutela (art. 24.1) que conlleva
siempre el de motivar las sentencias (art. 120.3), sino del principio de proporcionalidad
reclamable ante cualquier limitación de los derechos fundamentales, cuya primera
exigencia consiste en efectuar y plasmar en la sentencia una adecuada ponderación entre
los derechos o intereses constitucionales en conflicto. Esta ponderación (o "balancing"
en la doctrina anglosajona) requiere, en primer lugar, una calificación apropiada del
derecho fundamental que pueda erigirse en una causa de justificación del derecho al
honor, esto es, de la libertad ideológica, de expresión o de información que, en cuanto a
la intensidad del sacrificio de aquel derecho fundamental, ofrecen una valoración
decreciente.

Así, en el caso de la libertad ideológica, su único límite constitucional lo constituye "el


mantenimiento del orden público protegido por la Ley" y la dignidad e igualdad de las
personas (STC 214/1991), por lo que es insuficiente el criterio del animus iniuriandi).

Tratándose de la libertad de expresión, tampoco se encuentra limitada por la veracidad,


si bien no ampara el derecho al insulto, estando constitucionalmente condicionada por la
dignidad, igualdad e intimidad de las personas.

Finalmente, la libertad de información está constitucionalmente condicionada por todas


estas limitaciones (dignidad, igualdad e intimidad), a las que hay que añadir la
obligación de "veracidad"; pero esta obligación de veracidad no se extiende a la "verdad
objetiva", sino que requiere tan sólo una diligencia especial por parte del periodista a la
hora de contrastar sus fuentes de información, encontrando como límite infranqueable la
intimidad de las personas o exigencias de que la noticia, aunque sea veraz, ostente
"relevancia pública" (SSTC 172/1990...); ha de tenerse también en cuenta, a este
respecto, que la denominada clase política está expuesta a la crítica, por lo que, si la
noticia es veraz, por muy dura que sea, debe ampararse la libertad de información,
permitiéndose siempre, a tal efecto, el ejercicio por el periodista de la exceptio veritatis
(STEDH).

Si la sentencia omitiera este juicio de ponderación o, conteniéndolo, no respetara la


doctrina del TC al respecto (art. 5.1 LOPJ), será susceptible de amparo judicial a través
de los medios de impugnación ordinarios (apelación y casación) y, en su caso, a través
del recurso constitucional de amparo.

El proceso civil de amparo sumario del derecho de


rectificación
LO 2/1984 LODR nuevo proceso civil especial y sumario de amparo del derecho de
rectificación.

Objeto procesal

El objeto de este proceso civil especial lo constituye la pretensión de reconocimiento del


derecho de rectificación y la condena a un medio de comunicación social a publicar en
dicho medio la rectificación pretendida.

La pretensión ha de fundamentarse en la publicación de una noticia, en un medio de


comunicación, que carezca de veracidad y que ocasione un perjuicio al destinatario de la
noticia (art. 1 LODR).

La relación jurídico material debatida, al igual que el amparo civil de protección del
honor, intimidad y de la propia imagen, ofrece también un marcado carácter
bidimensional, pues, en un polo de la relación ha de encontrarse el derecho al honor,
perturbado por la inexactitud de la noticia, y, en el otro extremo, el derecho a comunicar
libremente información veraz. Como afirma la STC 35/1983 "por su naturaleza y
finalidad, el derecho de rectificación... debe ser regulado y ejercitado en términos que ni
frustren su finalidad ni lesionen tampoco el derecho que también la CE garantiza a
"comunicar y recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión", "el
derecho de rectificación, así entendido, además de su primordial virtualidad de defensa
de los derechos o intereses del rectificante, supone un complemento a la garantía de la
opinión pública libre que establece también el citado precepto constitucional, ya que el
acceso a una versión disidente de los hechos publicados favorece, más que perjudica, el
interés colectivo en la búsqueda y recepción de la verdad que aquel derecho
fundamental protege".

En este procedimiento, queda excluida de la pretensión la indemnización de daños y


perjuicios, es exclusivamente la condena al titular del medio a la publicación de la
rectificación.

La pretensión ha de estar sustanciada en la violación del derecho al honor del art. 18.1
CE, del que el denominado derecho de rectificación no constituye más que una de sus
manifestaciones o, para ser más exactos, una medida de restablecimiento.

Legitimación
Están legitimadas activamente todas las personas, naturales y jurídicas (incluidas las
jurídico públicas, como ejemplo, una Universidad) que consideren inexacta y perjudicial
una determinada noticia, pudiendo ejercitar la acción el perjudicado, por sí mismo o a
través de representante, e incluso los herederos del titular del derecho, si éste falleciera.
La legitimación pasiva la tiene el medio de comunicación social, debiendo comparecer
en el proceso su director o representante.

Debido a la circunstancia de que el derecho de rectificación no es más que una solicitud


de restablecimiento parcial del derecho al honor, todas las notas configuradoras de la
legitimación activa y pasiva de este derecho fundamental le han de ser del todo punto
aplicables.

Procedimiento adecuado

A diferencia de los demás amparos ordinarios, en los que la pretensión ha de ser


ejercitada en el juicio ordinario, el derecho de rectificación sólo puede solicitarse a
través del juicio verbal (arts. 250.1.9º y 249.1.2º LEC), con las especialidades
contempladas en el art. 6 LODR, norma que no autoriza al actor a interponer la
pretensión en ningún otro proceso declarativo. Por consiguiente, si el demandante
ejercitara la acción en otro tipo de procedimiento habrá de prosperar la excepción de
procedimiento inadecuado.

Actos previos: autocomposición

Si el medio destinatario de la rectificación fuera de la titularidad del Estado, no será


necesaria la "reclamación administrativa" previa (art. 7 LODR).

Pero la exoneración de este privilegio del Estado no exime al particular, sea el medio de
la propiedad de una persona jurídico pública o privada, de la carga de efectuar el
requerimiento de rectificación, con carácter previo a la presentación de la demanda. Se
trata de un presupuesto procesal singular de este procedimiento, cuyo incumplimiento
faculta al Juez a repeler a limine la demanda, por ser "manifiestamente improcedente"
(art. 5.II).

El procedimiento de esta solución "autocompositiva" es el siguiente: los sujetos activos


dirigirán al Director del medio un "escrito de rectificación", que contendrá los hechos de
la información que se desea rectificar, dentro de los 7 días naturales al de su publicación
o difusión, solicitándose similar publicación o difusión del mismo, a lo que deberá
acceder el Director, de manera gratuita, dentro de los 3 días siguientes a la recepción del
escrito, siempre y cuando el solicitante acompañe a su escrito la documentación que
apoya la rectificación que se pretende.

Si, transcurrido dicho plazo, la rectificación no se publica o difunde, o ante la negativa


del Director a la publicación o divulgación del escrito, "podrá el perjudicado ejercitar la
acción de rectificación dentro de los 7 días hábiles siguientes"; dicho ejercicio también
resultará procedente cuando la publicación o difusión se efectúe en forma distinta a la
determinada por el art. 2 LODR, si bien ha de tenerse en cuenta que "la rectificación no
puede superar en importancia, relieve informativos y extensión al texto de la noticia
rectificada si no hay motivos especiales".
Para aquellos supuestos en los que por la periodicidad de la noticia publicada o
difundida en el medio de comunicación no sea posible rectificarla en el plazo
mencionado de 7 días, el art. 68 LOREG crea una norma especial de tutela del honor de
los candidatos o dirigentes políticos en período electoral por la que se obliga, en su
caso, al director del medio de comunicación a publicar o difundir la rectificación en el
plazo de 3 días "en otro medio de la misma zona y de similar difusión".

Competencia

La competencia objetiva la ostentan los Jueces de Primera Instancia y la territorial se


determina a través del fuero del domicilio del actor o del lugar de la dirección del medio
de comunicación social, a elección de aquél (art. 4). Presentada la demanda y sin
haberle dado traslado de la misma al demandado, el Juez examinará su propia
competencia objetiva y territorial, estando facultado para inadmitirla cuando se
incumpla este presupuesto procesal (art. 5.II). Pero, en tal caso, el actor goza de un
plazo de 7 días para volver a reproducir su demanda ante el Juez competente.

Postulación

En esta modalidad "especial" del juicio verbal no rige la obligatoriedad de comparecer


mediante Abogado y Procurador (art. 5.1 LODR). Esta ley, con rango de LO y que, por
tanto, no podía verse afectada, dentro de su ámbito propio de reserva de Ley, por la
LEC (ley ordinaria) 1/2000, crea una especialidad respecto de lo previsto en la ley
procesal común, en la que el demandante sí precisa de la capacidad de postulación
(Procurador y Abogado) en los juicios verbales por razón de la materia y por razón de la
cuantía, cuando es superior a 900 euros.

Juicio verbal y sentencia

El juicio verbal se sustanciará de forma acelerada (art. 5.II: 7 días para la comparecencia
de las partes). Dicha celeridad procedimental se justifica en la finalidad preventiva que
atesora este procedimiento: TC "El derecho de rectificación es sólo un medio de que
dispone la persona aludida para prevenir o evitar el perjuicio que una determinada
información pueda irrogarle en su honor o en cualquiera otros derechos o intereses
legítimos, cuando considere que los hechos lesivos mencionados en la misma no son
exactos". No contempla la LODR expresamente la posibilidad de que el Juez pueda
disponer medidas cautelares.

El fallo se limitará a denegar la rectificación o a ordenar su publicación (art. 6.II).


Respecto a este extremo, ha afirmado el TC que "la sumariedad del procedimiento
verbal... exime sin duda al juzgador de una indagación completa tanto de la veracidad
de los hechos difundidos o publicados, como de la que concierne a los contenidos en la
rectificación, de lo que se deduce que, en aplicación de dicha Ley, puede ciertamente
imponerse la difusión de un escrito de réplica o rectificación que posteriormente pudiera
revelarse no ajustado a la verdad"; de ahí que "la resolución judicial que estima una
demanda de rectificación no garantiza en absoluto la autenticidad de la versión de los
hechos presentada por el demandante, ni puede producir, como es obvio, efectos de cosa
juzgada respecto de una ulterior investigación de los hechos efectivamente ciertos".
Contra la sentencia cabe recurso de apelación.

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